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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 314 - ver ahora
Transcripción completa

Te presento a Espe, mi mejor amiga y compañera de piso.

Y ella es Paty. -Ya nos conocemos.

Me ha invitado a salir. -Retiro la invitación,

no me gustan las chivatas.

-Si tuvieras encima unas copas de garrafón,

y te das ese golpe, habrías caído redondo.

-Yo me piro, y le prohíbo que utilice mis datos contra mí.

-Manía persecutoria, un síntoma del consumo de cocaína.

-Esto es rarísimo, a mi hermano le pasa algo.

¡Tú estás loco, estás echando tu vida a perder!

-Solamente quiero divertirme un poco, ¿vale?

Por favor, dame eso. -Ni de coña.

Me llamó tantas veces, Espe, y yo he pasado de él...

-Ay...

-Me siento fatal.

-¿Y si hundo la empresa como hundí la de mi padre?

-Eso que habremos aprendido. El que no arriesga no gana.

-¿Socios? -¿Te quedas en Madrid conmigo?

-¿Tú qué crees?

-Reformará su casa para empezar allí el negocio.

Parece que Julio se está implicando en serio en esto, ¿no?

¿Cómo no se va a implicar si es nuestro futuro?

Gracias, mamá.

-Yo estaba a punto de entregarme. Aún conservo la carta para el juez.

Pero él borró todas las pruebas contra mí y contra Quintero.

-Me dijo exactamente lo que me advertiste que diría.

-Y te habrá hecho creer que yo estaba implicado en el blanqueo.

-Evidentemente. Pero eso ya lo había pensado yo sola.

-Le dije que ni la mirara.

Le voy a decir una cosa, Mayoral.

No juegue conmigo porque va a salir perdiendo, ¿oyó?

-Tú eres como Quintero, o como Somoza.

Estás aquí porque lo has elegido, soñabas con ocupar ese puesto.

Y te daba igual cargarte a quien fuera. Hazme un favor,

no me vuelas a insinuar que me entiendes.

-¿Qué le apetece tomar? -Nada, ya me voy.

Vine a darte las gracias por tus indicaciones.

Hasta otra. -Que pase un buen día.

-Te pido que respetes mi decisión, si queréis reunir la banda,

me parece estupendo.

Pero no contéis conmigo.

-Cuidado, no tomes la decisión equivocada.

Sí.

"Deje lo que está haciendo y se marcha a Algeciras inmediatamente".

Lo voy a esperar en la gasolinera de Saladillo.

Ahí va a recibir instrucciones. Salgo de inmediato.

"Demuéstreme que puedo confiar en usted".

Casares era de su confianza, Tano.

Hice correr la voz de que lo habíamos pillado,

y esa era la prueba definitiva. Su huida delata que estaba pringado.

¿Por qué lo dejó escapar?

-Esa cagada es mía, patrón.

Si Iker tiene razón yo debo arreglarla.

-"He de reconocer que sus servicios valen lo que cuestan".

"No solo encontró al ladrón,

también puso en evidencia una debilidad en mi organización".

Me alegra oír esas palabras.

"¿Cree que tiene lo que se necesita para continuar?"

¿De qué está hablando?

"De un envío de suma importancia que va a llegar desde Colombia".

Por supuesto.

Estoy dentro.

(Música emocionante)

Alberto, por favor, llámame.

Estoy muy preocupada por ti.

-¿Sigue sin aparecer?

-No coge el teléfono, ni me devuelve las llamadas...

No sé cuánto mensajes le he dejado. Espero que esté bien.

-Claro que sí. Tranquila, mujer.

-¿Qué pasa?

-Mi hermano, que no ha dormido en casa y no coge las llamadas.

Como le haya pasado algo, me muero.

-Seguro que está con un resacón en algún garito.

-O tomando chocolate con churros, lo hace mucha gante.

-Ojalá tengáis razón, porque yo me siento culpable ahora mismo.

-¿Culpable por qué?

-Por la bronca que le eché ayer cuando encontré la cocaína.

Tendría que haber estado más calmada,

y no se habría ido de mal rollo.

-Cualquiera habría hecho lo mismo, la coca es algo muy serio.

-Pero no me sirvió ponerme hecha una furia.

Así no me voy a ganar su confianza.

-Pero no sirve de nada que te sientas culpable.

Si Alberto tiene una adicción, cuanto antes lo afronte, mejor.

-Yo estoy con Espe, has hecho bien en hablar con tu hermano.

Porque hablando se entiende la basca.

-Yo estoy al borde de un ataque de nervios.

-Tranquila, seguro que está bien.

-Ya, ¿y si no?

¿Y si no?

(Bocina)

-Ay....

(Sirena)

¡Joder...!

Ay...

Mierda...

Joder...

-Qué mal rollo, ojalá no le haya pasado nada malo a Alberto.

-Teniendo en cuenta

el desfase que lleva el chaval,

sin dormir, con el alpiste, la farlopa...

Yo no me espero nada bueno. -Ya te digo.

En tres días que lleva aquí, solo se ha metido en líos.

-¡Chaval! ¿Estás bien?

-¿Me dejas el móvil?

Es un segundo.

-Luego nos vemos, chicos.

-¿Te vas sin desayunar? -Sí, tengo muchísima prisa.

-Pero ¿adónde vas?

-A buscar a mi hermano, tengo que dar con él como sea.

-Te acompaño.

-No hace falta, voy al "after" que hay detrás del Red Star.

(Teléfono)

-¿Es tu hermano? -Número desconocido.

¿Sí? -Lola, soy yo.

-Alberto...

¿Dónde estás? ¿Está bien?

-Creo que sí.

-¿Dónde estás, Alberto?

-No lo sé, no lo sé...

Ahora te mando ubicación con el móvil que me han dejado unos amigos.

Vale.

-Alberto, ¿estás bien?

-Tranquila, tranquila. -¿Se puede saber qué ha pasado?

-No tengo ni idea. Me he despertado aquí sin móvil, sin cartera...

-¿Y no sabes quién te ha robado?

-No lo sé. -¿Qué hiciste cuando saliste de casa?

-Fui a la Red Star. -¿Y estuviste allí toda la noche?

-Creo que sí. -Estamos a una hora de casa,

¿cómo has llegado aquí? -No tengo ni idea, Lola.

Todo esto es culpa tuya. -¿Culpa mía?

-Si no me hubieses quitado la coca, no habría recurrido a esta mierda.

-¿A quién le compraste y qué tomaste exactamente?

-No me acuerdo bien.

-Tienes que recordar, joder. -¡Deja de gritarme!

Me duele muchísimo la cabeza.

-Alberto, escúchame.

Será mejor que vayamos a comisaría y pongas una denuncia por robo.

Así podremos iniciar una investigación.

-¿Puedo pasar antes por casa y darme una ducha?

-Tú verás lo que haces, pero tienes que ponerte las pilas.

Seguro que en la cartera llevabas la tarjeta del banco.

-Claro.

Tendré que anularla, ¿no?

-Y tendrás que dar de baja el teléfono hasta que aparezca.

-Tú siempre dando ánimos.

Más vale que aparezca porque me costó un pastón.

-Eso deberías haberlo pensado antes de ponerte hasta arriba.

-Mira, Lola... -Ya está bien, vamos a calmarnos.

Vámonos.

Ven, yo te ayudo.

Buenos días.

Oficial Lemos.

Me quedé intrigado con su llamada anoche.

Me imagino, por eso lo cité a primera hora,

para darle los detalles de todo.

Bien, cuénteme, soy todo oídos.

El próximo cargamento que llegará de Colombia,

va a llegar en un jet privado.

Imagino que no aterrizará en Barajas.

Por supuesto que no.

Va a aterrizar en un aeropuerto privado al sur de Madrid.

Llegado el momento, en un par de días,

le daré todas las especificaciones.

Después, usted llamará a sus superiores y les informará de todo.

¿Perdón?

No me tome por loco, oficial.

En ese cargamento nada más habrá 50 kilos.

Ya, es una forma de distraer a la autoridades.

Así es.

Ese mismo día y a esa misma hora, llega un cargamento

mucho más grande a otro lugar de la región.

¿Y cuál es mi misión con esa otra mercancía?

Con esa otra mercancía usted no tiene nada que ver.

Usted se va a encargar de que la policía este distraída con ese alijo.

Con eso hará usted un excelente trabajo.

Así como hizo el descubrir a Casares.

Tuvo una brillante actuación.

Gracias por las palmaditas en la espalda, Somoza,

pero todavía no hemos fijado mis honorarios.

No se impaciente, oficial, quédese tranquilo.

No tengo ningún empleado que se queje por lo que le pago.

Hablaremos de ello cuando pasemos esta operación,

con la que me voy a colgar una medalla.

Así lo creo, y el cuerpo de policía lo va a reconocer.

Y mis jefes me mirarán de otra manera.

Y yo tendré la oportunidad de trabajar con un oficial

respetado, y valorado.

Le ofrezco un ron para celebrar que todo está marchando bien.

Sí, gracias.

Si quiere se sienta.

Excelente.

Dulce, pero con carácter.

Así es, yo tengo debilidad por esas cualidades,

tanto en el ron como en las mujeres.

Imagino que el cargamento principal

llegará a un sitio apartado del aeropuerto privado.

¿A usted qué le importa eso? Es simple curiosidad.

Usted no necesita esa información para cumplir con su misión.

De eso se va a encargar Tano.

Tiene razón, prefiero no complicarme con más información.

Con la que me ha dado,

tengo bastante para ganar puntos con mis jefes.

(SUSPIRA) Entonces, a ver...

Saliste de casa y fuiste directo a la Red Star

sin pasar por otro sitio, ¿no? -Sí.

-Vale. Y cuando entraste, ¿qué hiciste?

-Fui a la barra y pedí una copa.

Me puse a bailar. -¿No fuiste al baño?

-No empieces... -No, no empieces tú.

Dices que no te acuerdas porque te avergüenza admitir lo que pasó.

-¿Y qué pasó según tú?

-Que te pasaste con la coca y el alcohol.

-Estoy muy cansado, me da igual si me crees o no.

¿Me puedo ir a dormir? La cama donde dormí hoy no era muy cómoda.

-Me sorprende que lo tomes a cachondeo.

-¿Me tengo que poner a llorar?

-No, pero reflexionar un poco no te iría nada mal.

Me lo has hecho pasar muy mal.

¿Qué tal, Lola? Bien, este es mi hermano Alberto.

Encantada, inspectora jefe Miralles. Hola.

-Ha venido por unos días y ha tenido la mala suerte de que le roben.

Sí, Espe ya me ha puesto al día.

Así que has amanecido...

en mitad de una calle en un polígono.

Sin cartera y sin móvil.

¿Es eso? Eso es, sí.

¿Y cómo estás?

Bien.

¿Te ha visto un médico?

Pensábamos ir al centro de salud después de que declarara.

Muy bien.

Deberían hacerle una analítica completa

para descartar que le hayan suministrado alguna droga

que le dejara fuera de combate.

¿Recuerdas si soltaste tu copa en algún momento?

No.

No me acuerdo si la solté o no.

No solo me tomé una, sino...

¿Ingeriste alguna sustancia aparte de alcohol?

Yo no te voy a juzgar, pero necesito conocer los detalles

para poder ayudarte.

Me metí una raya de coca.

Igual fueron dos. No me acuerdo.

¿Dónde las consumiste?

En el baño.

¿Recuerdas si contigo había alguien en ese momento?

¿Estabas hablando con alguna persona?

No... -Buenas.

¿Alguna novedad?

Sí, tengo el extracto que me ha mandado el banco.

Alguien se puso las botas con tu tarjeta de crédito.

¿De cuánto estamos hablando?

Hasta el último céntimo de lo que tenías como límite.

5000. -Joder...

Me han dejado seco.

¿Cómo sabían mi clave?

-Hay dos opciones:

una que quien te robó la tarjeta la haya hackeado,

y otra que se la hayas dado tú mismo.

-Eso es imposible, yo no haría eso en mi vida.

-Consciente no, pero con lo puesto que ibas...

-Del teléfono móvil no hay rastro.

Está apagado. Ya lo habrán vendido.

Fede, muchas gracias. Cuando tengas novedades

me informas, ¿de acuerdo? Muy bien.

-A mí también, por favor. Pero la informas por teléfono.

Ahora mismo te vas con tu hermano al médico,

y después os vais a descansar los dos.

Yo quería... Nada, Lola.

Me ha dicho Espe que no has dormido, necesitas descansar.

Tómate el día libre, ¿de acuerdo? Gracias.

(ALBERTO RESOPLA)

-Qué cargado vas, si quieres te ayudo.

-Gracias, no hace falta.

-¿No te aburre acarrear cajas de fruta?

-No. -No te creo.

Ese disfraz de trabajador honrado te queda muy estrecho.

-Me da igual lo que pienses de mí.

-Te saldría más a cuenta acarrear sacas de dinero.

Como aquella vez en Talavera de la Reina, en aquel banco.

Sé que estás como loco por sentir el subidón de adrenalina,

mientras revientas la caja fuerte.

Lo sé. -No.

Ni lo sueñes. Jamás, bajo ningún concepto,

volveré a hacer algo así. -Nunca digas jamás.

-En este caso sí, porque es la verdad.

No tengo intención de ir a la cárcel.

-¿Quién habla de ir al trullo? Yo tampoco quiero.

-Ah, ¿no? Mira para allá.

Hagas lo que hagas, no podrás escapar de esos.

-Me pillaron una vez, pero he aprendido de la experiencia.

-Mira, Toño, haz lo que te dé la gana,

pero apártate de mi camino. -¿Por qué?

¿Me vas a pegar, aquí, en mitad de la plaza?

Echarías por tierra tu fama de ejemplar padre de familia.

-Toño, ¿qué pretendes?

Sabes de sobra que no me voy a unir a la banda.

-No estés tan seguro.

pienso hacer lo que haga falta para convencerte.

-Ah, ¿sí?

¿Qué vas a hacer?

¿Llevarme al banco a punta de pistola?

-Gracias por la sugerencia, pero no.

Pensaba en algo más sencillo, después de tantos años en la cárcel,

he aprendido mucho de psicología.

-¿Cuántas veces tengo que decírtelo? Déjame en paz.

-Estás empezando a tocarme las pelotas.

Métete esto en la cabeza, Chispas:

vamos a dar un palo, uno solo.

Y será tan grande, que nos retiraremos para siempre.

¿Entendido?

-¿Qué tal, Jesús? ¿Todo bien? -Bien.

Bien, sí.

He tenido un desencuentro, una chorrada.

-No creo que ha sido por una chorrada, te he visto muy cabreado.

Si no quieres decirme de qué iba, vale.

-Tienes razón,

ha venido a pedirme dinero.

Estoy harto, es un jeta, no es la primera vez que lo hace.

Hace años me pidió dinero y nunca me lo devolvió,

y ha vuelto a las andadas. -Y por eso discutíais.

-Le he dicho que no quería seguir subvencionándole la vida.

Y se ha puesto hecho una furia.

-Menuda joyica.

Ya te dije desde el primer momento que no me gustaba ni un pelo.

-Sí, tenías razón.

-Pero, te digo una cosa:

contra el defecto de pedir, la virtud de no dar.

Te invito a un café. -No puedo, tengo que entregar esto.

Nos vemos luego, ¿vale?

-Vale.

-Cómo me duele el pinchazo.

Me han sacado cinco litros por lo menos.

-No exageres.

Te han sacado más de lo habitual para el análisis toxicológico.

-Me han dejado seco.

-Tendrás que comer algo para reponerte.

¿Quieres que preparemos algo?

-Tengo más sueño que hambre, y tú tienes que volver a comisaría.

-No, mi jefa me ha dado el día libre, ya lo has oído.

-Te podías haber cortado y no decirle lo de la coca.

Menudo marrón.

-Por el consumo propio no pueden decirte nada, no es delito.

Yo sí, pero no como policía, sino como hermana.

Me parece fatal que te metas esa mierda.

-Me duelen los tímpanos de los gritos que me diste ayer,

y de la vara de hoy.

-¿Qué quieres que haga? Me parece increíble

hasta dónde llega tu enganche. -¿Qué enganche?

Solo me meto de vez en cuando para divertirme.

-Anoche no creo que lo pasaras muy bien.

-Anoche, precisamente, no.

Pero no soy ningún yonqui, yo controlo lo que hago.

-Esa es la frase que dicen todos los adictos a alguna droga.

A ver, mírame a los ojos.

¿Cuándo fue el último día que no consumiste coca?

-¿Eso a qué viene?

-Intento hacerte ver que tienes un problema.

A ver, dime...

¿Cuántos días a la semana consumes una raya o más?

-Paso de ti.

-Alberto, no te vayas otra vez cabreado, por favor...

Si me pongo pesada es por tu bien.

Te puedes meter en un lío muy gordo. -¿Qué más te da?

-Me importas mucho y solo intento ayudarte,

y que me digas qué te pasa para consumir coca cada día.

Algo debes tener dentro para haber llegado a esta situación.

-No me pasa nada, y no tengo ganas de hablar.

-Te juro que no te voy a dejar solo.

Pero necesito que admitas que tienes un problema.

-Lola, estoy muy cansado,

solo quiero ir a dormir, ¿puedo, por favor?

-Perdona, no es el mejor momento.

Vete a la habitación, que descansarás mejor.

-No creo que pueda dormir.

Pondré música, a ver si consigo relajarme.

-¿Qué pasa?

-La música me acaba de venir...

-¿Qué dices?

-No lo recordaba, pero me ha venido una imagen de anoche.

-Sí, sí.

-Coincidí con una chica en el baño y estuvimos hablando de...

de música electrónica, y nos besamos...

-¿Qué más?

-Me invitó a tomar algo.

-Bien. ¿Una copa?

-Creo que sí, pero no sé qué era,

ni si me invitó ella o la pedí yo...

Veo la cara de la chica y su sonrisa. -¿Me lo puedes describir?

-Era...

morena con el pelo largo, y muy guapa.

Tenía un tatuaje en el hombro en forma de media luna.

Recuerdo que le hice una broma con eso.

-¿Qué más?

-No recuerdo nada más.

-Vale.

Gracias, Alberto, está bien. Vete a descansar.

Ya es suficiente por hoy, y date una ducha que te vendrá bien.

(LOLA SUSPIRA)

Tenía el aspecto típico de resaca.

Vamos a ver lo que arrojan los resultados de la analítica.

Yo creo que le pusieron algo en la copa para dejarlo KO,

y así robarle todo. Yo pienso lo mismo.

Pero no tenemos ni idea quién puede estar haciendo esto en la Red Star.

¿Seguro que fue allí?

No tenemos seguridad al cien por cien,

pero él no recuerda nada a partir de pedir la primera copa.

Parece que el chaval pagó con un billete de 50,

iba solo, y no tardaron en ficharle.

-Pero le salió caro, porque se despertó en una calle

sin saber cómo había llegado allí.

No sé cómo lo veis vosotros,

pero a mí me parece que el robo está muy bien organizado,

y no es fruto de la improvisación.

Yo opino lo mismo. No creo que Alberto sea la primera víctima.

-No recuerdo ninguna denuncia reciente sobre algo parecido aquí.

-En los casos que la víctima no recuerda nada,

prefieren no poner una denuncia porque le da vergüenza.

De eso se aprovechan los malos.

No sabemos cuánto tiempo llevarán actuando en el barrio.

De momento, vamos a hablar con los dueños del Red Star.

Hablaremos con todos los empleados,

a ver si recuerdan algún detalle sospecho por pequeño que sea.

-A ver si encontramos algo. Con toda la gente que pasa por la Red Star,

será como buscar una aguja en un pajar.

No os vayáis. Lola, dime.

¿Te ha dado alguna descripción de la chica?

Vale.

Si tu hermano recuerda algo más, me llamas inmediatamente.

Elías y Nacha están saliendo para la discoteca.

Hasta luego.

Parece que tenemos algo, ¿no?

El hermano de Lola ha recordado a una chica

con la que entabló conversación.

Y, además, le invitó a una copa. ¿Y recuerda cómo era la chica?

Morena, atractiva, con el pelo largo, y...

y llevaba una media luna tatuada en uno de los hombros.

Bueno, parece algo sólido. Vamos, Nacha.

A ponerse las pilas. -Con permiso.

Ya sé que no puedes contarme detalles,

pero dime si la reunión con Somoza fue como esperabas.

Bueno, más o menos.

Lo mejor es que ya estoy dentro de la organización.

¿Y tienes suficiente información para ir a por él?

Todavía no.

Pero Somoza confía cada vez más en mí.

Ten mucho cuidado.

No me quiero imaginar que un día te pueda descubrir.

No lo hará, tranquila.

No puedo estar tranquila sabiendo dónde te metes.

Ya sabes que mi trabajo implica... Vale, vale.

¿Cambiamos de tema?

¿Quieres entrar a saludar?

Me encantaría, pero no quiero causar un revuelo,

y que despierten a Leo que está dormido.

Es normal que el pequeño despierte expectación.

Tiene la misma sonrisa irresistible que su madre.

Antes de irte, ayúdame con la cremallera,

se ha enganchado y no puedo abrirla.

¿Quieres tomar un café en La Parra? Serán solo cinco minutos.

-Tengo una reunión con un cliente en Transportes Quintero.

-Admite que ya no te parezco un ser tan despreciable.

Buenos días, familia.

Qué alegría veros.

Yo no puedo decir lo mismo, no me gusta encontrarme contigo.

Lo siento, no quería molestar.

Si cambias de opinión, estoy en La Parra.

Y si no te veo, suerte en la reunión.

-Yo también me voy. Nerea, espera.

Me gustaría hablar contigo.

Te veo luego, ¿vale?

¿Puedo?

Es precioso.

Y da gusto verle dormir tan feliz.

A mí también me da mucha paz mirarle.

Oye...

lo que pasó el otro día fue muy doloroso.

Sí, para mí también lo fue.

Nos acusaste de un montón de cosas. Y no pudimos darte nuestra versión.

Tu padre me la dio al día siguiente.

Aunque no saqué nada en claro.

Marcelino aceptó dinero de Quintero y tú lo aceptaste. Fin.

Eso son verdades a medias.

En cuanto me enteré de eso, presioné a mi padre para que confesara.

Y estaba dispuesto a hacerlo.

Si no confesó, fue porque...

Porque Sergio Mayoral eliminó las pruebas.

Esa historia me contó tu padre. No es una historia, es la verdad.

Sergio borró los archivos porque quería protegerse a sí mismo.

También trabajó para Quintero.

Además de un homicida, es un manipulador

que cuenta lo que le conviene. Sé que no es ningún angelito.

Pero le agradezco que me abriera los ojos respecto a vosotros.

Genial.

Ahora la visión que tienes de nosotros se basa...

en lo que te ha contado ese desgraciado.

Descubrir vuestra doble moral,

ha dolido mucho.

¿De qué doble moral hablas?

Me crucificasteis por trabajar para Somoza.

Cuando vosotros vivisteis a todo tren con el dinero de Quintero.

Mucho dar lecciones de ética a los demás,

pero no tuvisteis reparos en aceptar dinero de un narco.

Me parece muy injusto que me hables así.

Pues no hablemos de esto.

Ni de nada más.

La última cosa.

Ten mucho cuidado con Sergio.

Lo tengo, no soy tonta.

Te lo digo por tu bien.

Por mi bien, déjame en paz.

(Puerta)

Hola. Emilio...

Espero no venir en mal momento. Claro que no, pasa.

Te llamé varias veces, y como no contestabas...

Lo tenía en silencio para no despertar a Alberto.

¿Ha pasado algo? No, no, tranquila.

Es que, Claudia me ha contado lo de tu hermano.

¿Cómo está?

Bien, ya recuperado del susto, dando una cabezada.

Despertase en un polígono sin saber cómo has llegado allí...

debe ser un gran shock.

Estaba muy desconcertado, la verdad.

¿Quieres un té? Sí, mira.

Nacha y Elías ya están con el tema.

Se han ido a la Red Star para hablar con los empleados.

A ver si alguno conoce a esa mujer del tatuaje.

Menos mal que, al menos, le ha venido una imagen a la cabeza,

y tenemos un hilo del cuál tirar.

Con un poco de suerte, verás que esto se resuelve rápidamente.

¿Y tú cómo estás? Pareces cansada.

Llevo dos noches sin dormir nada, la verdad.

Y, aunque mi hermano ya está bien...

estoy muy preocupada por él.

Al menos, no ha ocurrido nada grave.

La cosa podría haber sido mucho peor.

No es el robo lo que me tiene preocupada.

Es por otro motivo.

¿Qué ocurre?

Mi hermano sufre una adicción a la cocaína.

Vaya...

Ese sí que es un motivo para estar muy preocupado.

¿Has hablado con él del problema?

Él lo niega rotundamente.

Así es casi imposible que se deje ayudar.

Al menos, ¿admite consumirla?

Sí, pero dice que lo hace para divertirse,

que él controla...

Este tipo de cosas que dicen los adictos a alguna droga.

Ya.

Está claro que está evadiéndose.

Pero si tienes paciencia con él, entenderá que tiene un problema.

Eso espero, pero no lo creo.

Para él yo soy una pesada, una aguafiestas...

Es muy difícil.

Cuando yo tomaba Bromazepam sin control,

me costó mucho darme cuenta que tenía una adicción.

Me mostraba agresivo con todos vosotros.

Con los que queríais ayudarme.

Tengo la sensación de que mi hermano es adicto a la coca y al alcohol,

para evadirse de algún conflicto, pero no sé cuál.

Lo entiendo. Cuando yo tomaba pastillas, también...

era para huir del dolor que sentía entonces.

Me pasaron muchas cosas en poco tiempo,

y se me vino el mundo encima, no supe cómo digerirlo bien.

El accidente de Natalia...

Sí, pero no solamente eso.

También...

fue muy angustioso para mí cortar nuestra relación.

Perdonad, no quería interrumpir.

-Alberto.

Mira...

te presento al comisario Emilio Bremón.

-Hola. Encantado.

¿Cómo te encuentras? Un poco mejor.

Me alegro. Verás cómo pronto atrapamos

a los culpables de lo que te ha pasado.

Gracias.

Yo me tengo que marchar.

Si necesitáis cualquier cosa, me llamáis.

A la hora que sea.

Nos vemos mañana. Gracias por venir, Emilio.

-El temario de las oposiciones no me preocupa mucho.

Pero las pruebas físicas sí, todos dicen que son durísimas.

-Pero tú vas a tener una entrenadora de lujo.

-No me gustaría agobiarte, Paty.

Igual, tienes mucho lío. -Anda, no digas tonterías.

Te dije que te iba a ayudar y lo voy a hacer.

-Sí, pero bastante tienes con el curro,

y con las clases de FP, cuando empiecen.

-No te preocupes, no me va a llevar tanto tiempo.

Consiste en controlar los tiempos,

y las tablas de ejercicios para que vayas mejorando.

Y que sepas que me voy a poner superdura.

En plan sargento y sin dejar pasar ni una.

-Pues no se hable más.

Estaré encantado que me ayudes a entrenar.

-Perfecto, voy a buscar el cronómetro.

Y apúntamelo, ¿vale?

Hasta luego.

-¿Qué pasa, chavalote? -Hola.

-Tu padre no está, ¿verdad? -Salió a llevar unos pedidos.

-Sí, lo he visto por ahí...

pringando con el carrito de la compra.

-¿Quiere que le sirva algo?

-No, venía a charlar un rato contigo. -¿Conmigo?

-Sí. -¿Sobre qué?

-Sobre nada en particular.

Me apetece conocer más al hijo de mis buenos amigos, Jesús y Marina.

-¿Conoció a mi madre? -Sí.

Una gran mujer, Marina.

Lástima que se echara a perder por la heroína.

Me dijeron que murió hace tiempo con el hígado hecho polvo.

¿Es cierto? -Murió hace unos meses.

-Pobrecilla, qué mala cabeza.

Mira que engancharse a las drogas...

-Tengo mucho trabajo...

Si no quiere llevarse nada, prefiero que vuelva en otro momento.

-¿Me estás echando?

-No me apetece hablar con usted de mi madre.

-La verdad duele, ¿no?

Ya...

Me parece que tu padre te ha sobreprotegido

y te ha criado entre algodones.

Tú ya tienes una edad, no tienes que vivir tan engañado.

-Si se refiere a mi madre,

yo lo sé todo sobre ella. -No.

Yo estaba pensando en tu padre.

Seguro que hay cosas de su pasado que ni sabes, ni te imaginas.

Por ejemplo,

a mí no me conoce de la mili. -¿Y de qué lo conoce?

-De otro tipo de aventuras.

Tu padre y yo éramos inseparables, lo pasábamos muy bien.

-¿Por qué no va al grano?

-¿Tú no vas a ser policía?

Pues ponte a investigar.

Te voy a dar una pista:

13 de septiembre de 1994,

joyería Andrade.

Bucea en internet y, a lo mejor, descubres

de qué nos conocemos tu padre y yo.

Le dijiste al juez que Sergio y yo habíamos sido pareja, y que...

lo manipulé para que se inculpase,

movida por mi ánimo de venganza.

¿Quién te lo ha contado? ¿Tú quién crees?

Sergio vino a restregármelo al hospital.

Lo siento mucho. Si Sergio no salía libre...

Tu padre habría pagado las consecuencias.

Así van las cosas, ¿no?

Quien la caga se va de rositas, pero si respetas escrupulosamente la ley,

eres menospreciado en público.

¿Podrás perdonarme algún día? No lo sé.

No por mí, sino por lo que te estás haciendo a ti misma.

(Teléfono)

Dime, Sergio.

"¿Quería saber cómo fue la reunión en Transportes Quintero?"

-Pues mal. El cliente quiere incluir cláusulas leoninas en el contrato.

Si no aceptamos, contratará a otro transportista.

-"Menudo imbécil. ¿Has informado a Somoza y a Tano?"

-No, prefiero solucionarlo yo sola.

Estoy intentando redactar un borrador nuevo del contrato.

-"Cómo lo llevas?"

-Regular, no logro concentrarme.

Y no sé cómo hacer para que quede satisfecho,

pero sin darle todo lo que pide.

-"Dos cabezas piensan mejor que una. ¿Quieres que te eche una mano?"

"A cambio me invitas a una copa,

y me cuentas con pelos y señales tu encuentro con Alicia".

-No voy a hablarte de mi prima.

Lo de la copa está hecho.

Te espero en el hotel.

-No sabía que se te diera tan bien cocinar.

-No tiene mucho misterio.

Son huevos rellenos con guacamole del súper.

-Yo no valgo ni para freír un huevo.

Pero tenemos a Fede, que es un gran cocinillas.

-Parece un tío majo, y Espe también. -Son los dos muy buena gente.

Espe, además, es mi mejor amiga.

-Parece que tienes muy buen rollo con todos tus compañeros.

Incluso con el comisario.

-Que haya venido es una excepción, ha venido a interesarse por ti.

-Yo creo que ha venido a verte a ti.

Te miraba con unos ojos...

Perdona, creo que no tenemos confianza para hablar de estas cosas.

-Ya es hora de que la tengamos, ¿no?

Emilio y yo estuvimos enamorados.

-¿En serio?

-Lo intentamos, pero no funcionó.

-¿Y por qué no?

-Emilio está casado, tiene hijos.

-Pero si tanto os queríais...

-Cuando decidió divorciarse de su mujer para estar conmigo,

Natalia tuvo un accidente de trafico muy grave, y se quedó inválida.

-¿Volvió con su mujer por pena?

-No creo que fuera por pena, pero fue una situación dura para todos.

A mí me costó mucho digerirlo, pero ahora entiendo que...

que no podía abandonar a Natalia y a sus hijos en un momento así.

-Ya.

Pero a ti él te sigue gustando.

-Me imagino que por eso no me ha funcionado

ninguna relación posterior.

¿Y tú por qué no duras con ninguna novia?

-Supongo que se hartan de un imbécil que solo piensa en la fiesta.

-Tú no eres ningún imbécil.

Eres un buen tío. -Gracias, pero yo me siento un...

un pringado desde hace tiempo.

-No entiendo por qué, Alberto.

-Todo viene de muy lejos.

-Por favor, cuéntamelo.

-Cuando...

papá y mamá se separaron,

yo empecé a sentirme muy culpable.

Tú eras más mayor y lo veías de otra forma, pero yo estaba...

convencido de que no se querían por mi culpa.

-Es lo típico que suelen pensar los niños a esa edad.

Debiste pasarlo fatal.

-Pues sí.

Además de culpable, me sentía...

inseguro. -¿Y por qué no me pediste ayuda?

-Porque eso no encaja conmigo, y menos de pequeño.

Yo quería ser alguien fuerte, alguien al que nada le hacía daño.

-De pequeño eras muy arisco, pero yo no le di importancia.

-Ni tú ni nadie.

Al morir papá me vine abajo.

Yo nunca dejé que nadie lo viese.

En apariencia tenía que seguir siendo...

un tipo duro.

-Cuando te di el abrazo en el entierro,

sentí algo muy extraño.

Sentí que estabas agarrotado, te querías hacer el fuerte.

-Estaba muy perdido.

No...

no sabía cómo reaccionar.

-Y te lo tragaste tú todo.

Tendría que haber estado más tiempo en Valladolid contigo.

-No, Lola, tú tienes aquí tu vida, y...

el problema era mío.

-Lo siento mucho.

-Nunca le dije a...

a papá lo mucho que lo quería.

Y, ahora, ya no puedo hacerlo.

Me di cuenta de que...

me olvidaba de los problemas, me olvidaba de sufrir,

cuando salía de fiesta y consumía.

Tienes razón, Lola, no controlo para nada la coca.

Ni de mi vida, ni controlo nada de nada.

-Al menos, reconoces que tienes un problema.

¿Eh? Es el primer paso para salir adelante.

Con ayuda profesional y cariño, seguro que lo consigues.

Yo no te voy a dejar solo.

Voy a estar contigo siempre.

-Gracias. (LOLA LLORA)

-Lo siento mucho.

(Puerta)

-Buenas noches. -Pasa, por favor.

-¿Tanto te ha afectado el encuentro con tu prima?

-Olvídate de ese tema.

-Me conformo con un titular.

-Situación tensa y desagradable. No voy a contarte nada más.

-Lo que sí quiero es mi copa.

Qué previsora.

-¿Tú no me vas a envenenar, verdad?

-¿Nos ponemos a trabajar?

-Claro. No hay nada que me apetezca más.

¿Qué ideas estás valorando?

-Había pensado ofrecer al cliente algún tipo de bonificación,

dependiendo del volumen anual de su facturación.

-Es buena idea.

Pero dime que cláusulas leoninas pedía el cliente.

-Que lo indemnicemos con un 500 % más de lo habitual

en otros contratos, si le extraviamos alguna mercancía.

En ese caso, para que sea más atractiva tu oferta,

yo le haría un escalado en la bonificación.

Así estará más contento y tendrá un incentivo para facturar más.

Y eso le gustará mucho a nuestro patrón.

-Seguro que sí.

Me parece tremendo que Tano llame patrón a Somoza, es del siglo pasado.

-¿Te importa que me ponga cómodo? -No, no.

Todavía no hemos terminado,

me falta repasar algunas cláusulas del contrato.

-¿Sabes?

Me da la sensación de que no me has dicho que viniera para trabajar.

-Ah, ¿no? ¿Y entonces para qué?

-Te sentías sola.

Necesitabas alguien que entienda cómo te sientes.

-Si tú lo dices...

-Yo sé lo que es que tu entorno más cercano te retire su apoyo.

Solo personas fuertes como nosotros estamos por encima de eso.

Lo quieras o no, tenemos eso en común.

Además, quienes nos dieron la espalda,

son las mismas personas: tu tío y tu prima.

-No quiero hablar de ellos.

-Yo tampoco...

-No sé si ha sido buena idea que vinieras.

-Yo creo que sí.

Estás aprendiendo a permitirte ser libre.

Y a ser honesta contigo misma, y con lo que quieres.

-¿Así es como vives tú?

-Por supuesto.

¿Qué tal si empiezas a ser simplemente tú?

-¿Sabes? Estoy harta de ser la buena de la película.

-¿Me ayudas a recoger? Ya basta de trabajar por hoy.

¿En qué andas?

-Investigando una cosa en internet.

-Qué misterioso. ¿Se puede saber qué es?

-Estaba investigando un robo que ocurrió hace mucho tiempo.

-Ah, ¿sí? ¿Cuál?

-Un golpe en la joyería Andrade.

En septiembre de 1994.

Los ladrones se llevaron 1700 relojes de lujo.

¿Te suena?

-No, ¿por qué tenía que sonarme?

-Porque tu amigo de la mili, Toño,

era el jefe de la banda que cometió ese atraco.

-Eso no puede ser. Tiene que ser un error.

-El error es que tú no conoces a ese hombre de la mili, ¿verdad?

En internet se descubren muchas cosas.

Por ejemplo, que años más tarde de aquel robo,

detuvieron a Toño y a otros miembros de la banda,

por un golpe que les salió mal.

Y allí fue cuando...

tu amigo de la mili se cargó a dos personas.

-David, ¿hasta dónde sabes?

-Aquel tipo grandote, Rodrigo,

el que quería invertir en la tienda,

también estaba en el ajo.

Le apodaban "Goliat".

Pero seguro que tú no tienes ni idea de todo eso.

También he descubierto que mi tío, Jorge Merino,

alias "Fitipaldi",

también formaba parte de la banda.

Pero murió en un accidente de tráfico, huyendo de otro palo.

-Si me dejas que te explique... -¿Que me expliques el qué?

Lo único que quiero es que me confirmes

que formabas parte de esa banda de ladrones.

-Sí.

Yo formaba parte de esa banda.

Pero la...

la abandoné la noche en que murió el tío Jorge.

Tú eras solo un bebé, merecías otra vida.

(DAVID SUSPIRA)

-Ahora me cuadran muchas cosas.

Por eso sabías manejar un arma.

Por eso pudiste enfrentarte a Petrovic y matarlo.

Igual no era la primera vez que matabas a alguien.

-No, eso no es verdad, yo nunca había matado a nadie.

Solo me dedicaba a reventar cajas fuertes.

-Solo reventabas cajas fuertes...

Cuando yo formaba parte de la banda,

nunca, nunca habíamos usado la violencia.

-Ya, claro.

Seguro que no.

Perdona, pero dudo de todo lo que me digas.

Me contaste que mamá había muerto en un accidente, y era mentira.

Me has ocultado toda la vida que eras un atracador.

¿Alguna vez en la vida me has contado la verdad sobre algo?

-Por supuesto.

Estas son las dos únicas mentiras que te he dicho.

Y lo hice por tu bien.

-No te creo nada.

De hecho, pienso que estás tramando otro golpe con la banda,

y si no, ¿por qué vienen tus viejos amigos a verte?

-No, David, te lo juro.

Nunca volvería a participar en un atraco,

por nada del mundo.

David, por favor, tienes que creerme.

-A estas alturas, eso es imposible, papá.

¿O debería llamarte, "Chispas".

Elías, ¿qué haces aquí todavía?

Poca cosa, comisario, revisando unos archivos.

Unos archivos tan viejos, que ni están informatizados.

¿Conoce la sensación de haber visto una cara y no recordar el nombre?

¿Crees que puede ser un delincuente? Es una corazonada.

¿No estarás pensando en hacerlo, verdad?

-Para nada. ¿Por qué me preguntas eso?

-Hace unos meses te visitó "Goliat", y ahora te visita Toño,

el jefe de la banda.

Sé quién es. Me crucé con él y me sonaba su cara.

Ahora he descubierto de qué.

¿Qué sabemos del caso del hermano de Lola?

Hemos estado investigando en la discoteca Red Star.

¿Y?

Como tú bien pensabas, ha habido más casos parecidos.

-Hola, al final has venido.

-No vengo a trabajar como si no hubiese pasado nada.

Vengo a despedirme.

-¿Cómo que a despedirte? ¿Dónde vas a ir?

-Al pueblo, tengo la maleta hecha.

Según Somoza, se realizarán dos envíos simultáneos.

Uno de ellos de 50 kilos en un aeródromo al sur de Madrid.

Ese lo utilizarán de señuelo para distraernos.

Entonces, recibiremos un chivatazo,

para aprehender ese alijo menor. Exacto.

Teóricamente lo recibiré yo a través de un "confite".

Enviaremos allí la caballería para incautar la droga,

les trincaremos, saldremos en los periódicos,

y aprovecharán para realizar la entrega

por una cantidad mayor.

Paty me contó el negocio, me parece muy buena idea.

Ojalá tengáis suerte y os vaya bien.

-Gracias. ¿Y tú qué tal con las oposiciones a policía?

-Ni bien ni mal.

-Tenemos que empezar a entrenar para las pruebas físicas.

No te irás a rajar ahora, ¿eh? -No, no me rajo.

Pero vamos a tener que esperar un poco.

Me voy al pueblo esta noche.

-He conseguido las imágenes

en las cámaras de seguridad de los cajeros automáticos.

Ya he localizado a la chica joven morena y a su compinche.

En esta foto están Alberto y la chica.

Quizá habría que poner un seguimiento especial a Tano.

Tano es muy escurridizo y precavido.

Será difícil hacerle un seguimiento, si se da cuenta,

me pondría en una situación comprometida.

No soporto discutir con ella.

Y solo consigo seguirle el juego a Somoza y a Sergio.

A estos les interesa teneros a malas,

porque así les es más fácil ponerla en tu contra.

Pero la quiero demasiado para dejarla en manos de esa gentuza.

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Servir y proteger - Capítulo 314

31 jul 2018

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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  1. María

    Alicia sí que tiene doble moral. Su prima solo protege a su padre. Ya sé que esta historia no se sostiene por parte de los guionistas pero es lo que hay.

    05 ago 2018