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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 311 - ver ahora
Transcripción completa

¿Por qué mi tío haría algo así?

-Con la financiación de Quintero levantó su bufete.

El precio era llevar la contabilidad B de su empresa,

y el dinero que no podía blanquear, se ocultaba en paraísos fiscales,

mediante una red financiera creada por Marcelino.

-Doña principios encubriendo los delitos de papá.

Sergio te está manipulando y no te ha dicho toda la verdad.

Yo sí que... ¿Tú qué?

Ayer me echabas en cara que comprometiera mis ideales

por ayudar a mi padre.

Si Sergio no me quita la venda de los ojos,

seguiría pensando que no estoy a vuestra altura.

-Ahora irán contra mí.

Te dirán que soy el diablo y que no creas nada de lo que digo.

He cometido errores, pero no soy el monstruo que ellos pintan.

-Yo estaba a punto de entregarme, aún conservo la carta para el juez.

Pero el borró todas las pruebas contra mí y contra Quintero,

para salvarse a sí mismo.

Me dijo exactamente lo que me advertiste que diría.

-Y te habrá hecho creer que yo estaba involucrado en el blanqueo.

-Evidentemente, pero eso ya lo pensaba yo solita.

-Le dije que ni la mirara.

-Se ha acercado a saludar. -Le voy a decir una cosa, Mayoral.

No juegue conmigo porque va a salir perdiendo.

-Siento que me he desentendido de Alberto.

-¿Qué vas a hacer? ¿Vas a ir unos días a Valladolid?

-No, precisamente de eso quería hablaros.

Quería proponeros que Alberto se quede unos días aquí.

Así lo sacamos de su entorno y no lo mezclamos con mi madre,

que no le ayudaría mucho.

-No, mujer, Jesús y yo te vamos a dar unas clases particulares.

-¿Qué? -Que se vienen con nosotros.

-Ah, qué bien.

-¿Pasa algo? -No, un pedido que se ha retrasado.

-Ay, que todo lo malo sea eso.

Hasta luego, Paty. -Pasadlo bien.

-Somoza mandó matar a mi padre.

Me arrebató la empresa,

y no ha tenido la delicadeza de cambiar el nombre.

-¿En serio?

-Habla con Somoza y dile que lo cambie.

-Tú no estás bien.

-¿Si fuera tu padre no te daría vergüenza?

-Si Quintero hubiera sido mi padre,

me daría vergüenza haber arruinado su empresa.

-¡No quiero volver a verte!

No te acerques a ninguna empresa de Somoza,

si nos encontramos por la calle, te cambias de acera.

¡Vete a Miami!

Con tu mamaíta.

Si nos cruzamos habrá más que palabras.

-Olga, vente conmigo. Empecemos de cero en Miami, juntos.

-Transportes Quintero tenía una contabilidad paralela,

y usted me la va a proporcionar.

-Lo que usted dice me suena muy raro.

Aunque es posible, es una empresa muy grande,

y yo no sé lo que entraba en esos camiones, pero le diré algo,

si se movió dinero negro o hubo ingeniería fiscal,

fue a mis espaldas.

-Mire, Mayoral, no ha nacido la persona que mienta y robe

a Alejandro Somoza, y viva para contarlo.

(LAHOZ SE QUEJA)

-Eso sí...

antes de morir me va a decir todo lo que quiero saber

sobre el dinero de Quintero.

-Quería revisar el plan con usted,

en especial esta transferencia.

-Un millón de euros.

No, mi hijo, ¿y a qué santo?

Son mis honorarios.

No pienso rebajar ni un céntimo. -Está bien.

Va a manejar usted mis cuentas de Colombia.

Manejará mucho más dinero que Transportes Quintero.

Desde hoy se convierte usted en mi contable personal.

-Siempre que me dé tiempo a huir de España antes del juicio.

(Música emocionante)

Por si no teníamos suficiente lío,

hoy van dos grupos de escolares a comisaría.

¿Y eso?

Porque retrasamos una visita cuando el operativo de la fuga de Petrovic,

y el otro ha coincidido en fecha.

¿Qué vamos a hacer?

No le vamos a suspender a uno de los grupos,

no vamos a dejar a los chavales sin salida.

Como si no hubiera museos y sitios interesantes para los niños.

Pero es muy importante que conozcan nuestro trabajo,

que se familiaricen y pierdan el miedo a los uniformes.

Además, a mí me gusta tener chavales en comisaría.

Siempre dan mucha alegría.

¿No querías alegrías? Toma taza y media.

¿Qué te pasa a ti con los niños?

Cualquiera diría que no has sido padre.

Me gustan los niños, pero no en el trabajo.

Si quisiera niños en la consulta me habría metido pediatra.

Ya lo has oído, el día que quieras tener un niño y hacernos abuelos,

tu padre va a ser un cascarrabias.

¿Cómo?

Que ha perdido mucha práctica con los niños

Ah... -¿Te pasa algo?

-No, nada.

Tu madre ha mencionado la posibilidad de hacernos abuelos,

y no ha dicho ni mu. Eh, tu madre ha mencionado

la remota posibilidad de que nos hagas abuelos.

Todavía no se me ha ido la cabeza.

Sería un poco raro dado lo que piensas de mi novio, ¿no crees?

-¡Cómo nos lo pasamos! Hacía que no me reía tanto...

-¿Y Teresa se animó a bailar?

Nos costó convencerla para que os acompañara.

-No sé por qué. Se metió en la pista y no se le da nada mal.

-¿En serio? -En serio.

Estuvo toda la noche bailando con Nacha.

No veas la de moscones que se les arrimaron. Unas risas...

-¿En serio? Si se les ve a la legua que son pareja.

Solo hay que verlas aquí, que se comen con los ojos,

me lo imagino a las dos bailando.

-Aquellos creían que eran amigas, como estaban las dos tan monas...

Qué risa: uno, otro, otro... No pararon en toda la noche.

Tenéis que venir un día.

Verás cómo se liga allí, y tú ligarías muchísimo.

Una noche cerramos y te vienes con nosotros.

-Muchísimas gracias, pero yo creo que voy a pasar.

No tengo el cuerpo para muchos bailes, y para ligues mucho menos.

Aunque lo del bar, sí que te lo compro.

Mucho hablar de las chicas, pero ¿tú qué?

Ibas guapísima, seguro que se acercó más de un moscón.

¿O estaba Jesús bien arrimado?

-Jesús no estaba ni para arrimarse, ni para nada.

Ayer estaba, no se... Ausente.

Estuvo bailando con nosotras y se reía,

pero le costaba un esfuerzo, estaba...

con la cabeza en otra parte.

-¿Y no te contó lo que le pasaba?

-No quise insistir mucho, no era el sitio.

Pero yo creo

que está con lo del croata.

-Después de lo que le ha pasado...

Es normal que le venga todo el mal rollo.

-Pues sí, tiene que ser muy duro acabar con la vida de una persona.

-Y que no se supera tan fácilmente,

por mucho que quiera hacerse el fuerte.

Incluso a la policía, que está entrenada, le supone un trauma.

-Eso es, Paty,

yo creo que es por eso.

Y me da mucha rabia que no se apoye en mí,

que no confíe en mí para cualquier circunstancia.

Porque esas cosas luego salen.

Al principio estás en shock,

y estás anestesiado por dentro, pero luego...

-Como cuando me contaste lo de Jairo.

Yo no podía creerlo, solamente quería...

volver a esa discoteca porque pensaba que estaría allí.

-No se me olvidará esa noche mientras viva.

-Ni a mí.

-Ojalá nunca te habría dado esa noticia.

-Me acuerdo de él todos los días.

Pero lo más duro, sin duda, fue cuando pasaron unas semanas y...

me di cuenta de que todo era real,

que Jairo estaba muerto y que lo vería más.

Tienes que hacerle saber a Jesús que es normal lo que le está pasando,

y que puede apoyarse en ti.

Que si necesita ayuda la tiene que pedir.

-¿Tú sabes que eres una joya?

Tú eres mi joyica.

No sé lo que haría sin ti.

Cariño, ¿tienes algo que contarnos de Julio?

¿Ha ocurrido algo con él?

No ha pasado nada. Y perdona, porque no te quería dar un corte.

Lo último en lo que pienso ahora es en tener hijos.

Pues no sabes lo que me alegro.

¿Y en qué estabas pensando?

-En nada importante.

Bueno, que tengo un compañero que se va a hacer un "stage" en Miami.

-¿Unas prácticas? ¿Qué compañero?

Santi.

-No me suena, ¿lo conocemos?

-Creo que os he hablado de él.

Es este chico que aprendió a cocinar con su vecina,

porque sus padres lo dejaban con ella.

Yo juraría que no nos has hablado de él.

Da igual.

El caso es, que con esta decisión de Santi,

me ha dado que pensar.

A lo mejor, después de París, la escuela se me ha quedado pequeña.

-Perdona, pero vas a la mejor escuela de Madrid.

Con lo que te costó entrar en ella.

-Que sí, yo estoy encantada con la escuela.

Pero en clase nos dicen que es el momento de viajar,

de conocer otras culturas que influyan en tu cocina,

de experimentar...

Experimentar está bien,

pero ¿por qué no terminas antes la escuela?

Aparte que, digo yo,

Miami no me parece la capital de la gastronomía, precisamente.

No sé qué va a hacer tu amigo allí.

¿Estás intentando decirnos algo?

Espera, espera...

¿No estarás pensado en irte? Prácticamente, acabas de llegar.

Que no, mamá, por Dios.

Y dejad el interrogatorio que voy a llegar tarde.

-Buenas. Os traigo lo vuestro.

-Gracias, corazón.

¿Vas con prisa o te puedo invitar a un café?

-Tengo un poco, pero para un café siempre hay tiempo.

Y más si me invitas. -Yo te lo pongo.

-Oye, David,

quería hacerte una pregunta sobre tu padre.

-Sí, ¿qué ocurre?

-A ti, últimamente, te ha...

te ha comentado algo sobre el croata? -No, ni palabra.

-¿No crees que le está afectando? ¿No lo ves un poco mustio?

-Sí, seguramente.

Pero ya sabes que a mi padre

hablar de las cosas verdaderamente importantes,

le cuesta un mundo. -Pues sí.

Es bastante reservado.

Pero no me va a quedar más remedio que sonsacarle.

Muchas gracias. Me llevo esto para adentro.

-¿Y tú qué tal estás?

¿Cómo llevas las oposiciones? -Pues así así.

He decidido apuntarme a una academia para ir más seguro.

Ahora voy a pagar la matrícula. -Qué bien.

Yo soy incapaz de estudiar si no tengo alguien pendiente de mí.

Que te voy a contar...

Cuando quieras nos ponemos a entrenar para las pruebas físicas.

Ese era el trato, ¿no? -Sí, claro.

Se me ha hecho tarde.

Me voy.

Hasta luego. -Que vaya bien el día.

Adiós.

-¡No pises ahí que acabo de fregar!

-Ya veo.

Te recuerdo que el invitado es tu hermano pequeño,

no la reina de Inglaterra.

¿Es alérgico o solo un poco tiquismiquis?

-Ninguna de las dos. Es un desastre, eso sí.

No lo hago por él. -¿Entonces? ¡Ah!

Que me he olvidado de mi turno de limpieza otra vez, ¿no?

-Te parecerá una tontería, pero a mí limpiar me ayuda muchísimo.

Ordenando la casa ordeno mis ideas.

Tendrías que ver mi piso durante la oposición.

Estaba de revista. -Pues a mí me pasa todo lo contrario,

cuando tengo lío, tengo la habitación hecha una leonera.

Si quieres puedes ordenar tus ideas y te pasas por mi habitación.

-Anda, no digas tonterías y ayúdame a mover el sofá.

-Espera, espera...

-Madre mía, ¿qué?

¿Nerviosa por la visita de tu hermano?

-Ya ves.

-Yo no entiendo por qué, sinceramente.

-Porque le quiero ayudar, y no sé si voy a estar a la altura.

-¿Cómo no vas a estarlo? Te pasas la vida

ayudando a gente con problemas de verdad,

y lo de tu hermano es mal de amores.

-Que no es mal de amores.

-Es un duelo por la pérdida de su padre que no está superado.

Es algo que les afecta a los dos.

Enfrentarse a heridas emocionales abiertas asusta mucho.

-Tú sí que me entiendes, Espe.

-Llamadme excéntrico, loco o lo que queráis.

No sé qué tiene que ver menear unos cojines,

y levantar el polvo con una parte del duelo.

-Deja los cojines y ven a desayunar con nosotros.

Seguro que cuando veas a tu hermano, todo fluye de manera natural.

-Ojalá.

Es curioso, pero me cuesta menos abrirme con vosotros que con Alberto.

-Eso es normal.

Dale tiempo, deja que se instale, nos lo presentas, que esté a gusto...

Luego encontrarás el momento de ordenar tus emociones.

Ya verás que cuando paséis un rato llorando juntos,

la cosa va a ir mucho mejor.

-Si queréis yo puedo preparar una cena de bienvenida.

-Pues muy bien.

Y si en algún momento queréis estar solos,

no tenéis más que decirlo.

-Gracias a los dos por estar ahí.

Si no lo hubiera hablado con vosotros,

no le hubiera dado a Alberto la importancia que merece.

-Para eso estamos. -Claro que sí.

Para eso y para todo lo que quieras.

Ahora bien, yo creo que le estamos dando...

demasiada importancia, más de la que merece.

Que ha sufrido mucho con la chica,

pero lo que necesita es sentar la cabeza,

aposarse un poquito.

Ya te digo yo que...

Los chicos somos infinitamente más básicos que vosotras.

-No lo sé, yo creo que hay una razón detrás.

Está encadenando relaciones, es muy raro.

-Esto solo constata que el mundo está muy mal repartido.

Y los cabezas huecas se los llevan de calle.

-Cuidado con esa boca, ¿eh?

Nadie se lleva a nadie, las chicas eligen con quién estar,

míranos a nosotras.

Estamos solas por decisión propia, ¿verdad?

-Por supuesto. -Por no soportar a cabezas huecas.

-Menuda bronca me está cayendo.

El Casanova es tu hermano, y no yo.

-Tú solo eres un poquito cenutrio y bastante metepatas.

Pero te queremos igual.

-Muchas gracias, muchas gracias...

-Nerea, ¿qué haces aquí?

-He venido...

-Tú primera. -Vengo de hacer una visita.

Una cliente del turno de oficio con quien hice amistad.

Está un poco sola y de vez en cuando, vengo a tomar café con ella.

-No sé si eres muy solidaria o que tú también estás sola.

Si necesitas un amigo, aquí me tienes.

-Bueno, la diferencia entre ella y tú, entre otras cosas,

es que ella era inocente de todos los cargos.

Se autoinculpó de un robo que cometió su hija,

para pagarse una papelina.

Sorprende tantos delitos en el turno de oficio por las drogas.

-Me acuerdo cuando tenía que defender a algún yonqui.

Al principio, me echaba para atrás.

Pero luego conoces a su familia, como esa amiga tuya,

y cambia la perspectiva. -Espera un momento,

¿me estás diciendo que tú también fuiste abogado de oficio?

-Sí.

Lo recuerdo como un trabajo muy gratificante.

Lástima que esté tan mal pagado. -No te pega nada.

-Eso es porque no me conoces.

Y mira que lo intento. -Ya...

Ahora dime tú por qué has venido al barrio.

-Viene a visitar a unos antiguos amigos

de una ONG con la que colaboraba.

-Me estás tomando el pelo...

-No.

Me llamaban cuando algún sin papeles se metía en un lío.

Te puedo dar la dirección, está ahí. -No, no, te creo.

Sería muy rebuscado que te inventaras esa excusa.

¿Y cómo ha ido la visita?

-Pues no me han recibido con los brazos abiertos.

La gente de la calle juzga más rápido que los tribunales.

-No sé de qué te extrañas.

Lo raro es que vengas por el barrio después de lo que ha pasado.

Eres muy osado. -Otra de mis cualidades.

Soy una caja de sorpresas. Es lo que estás pensando, ¿verdad?

-De sorpresas o de incógnitas, diría yo.

-¿Quedamos a cenar?

Te resuelvo todas las incógnitas que quieras.

-En realidad, no tengo tanto interés.

-Entonces, tendré que conseguir que lo tengas.

-La perseverancia es otra de tus cualidades, ¿a que sí?

-Me gusta hablar contigo.

Eres la única persona que no me trata mal.

Bueno, a veces.

No quiero ponerme pesado, perdona si lo he hecho.

-No te preocupes, estábamos charlando.

-Me tengo que ir.

-Hasta otro rato.

-¿Qué pasa, pichón? ¿No tienes trabajo?

-Lo mismo podía preguntarte yo.

A no ser que te dediques a espiarme. -No, yo no espío a nadie.

Estaba tomando un café en la terraza y he visto cosas.

Cositas...

-¿Y qué cositas se supone que has visto?

-Las suficientes para decirte que no sigas por ahí con Nerea.

Es intocable para mi patrón.

-Tal vez, deberías informar a tu patrón,

de que la época en que las mujeres pertenecían a hombres

ya quedó muy atrás. -¿De verdad quieres que le diga eso?

-Mira, Nerea ya es mayorcita.

Ella decide con quién se relaciona.

-No te conviene meterte en problemas, hazme caso.

-Si te creías en el deber de advertirme, ya lo has hecho.

Mi única responsabilidad con Somoza es laboral.

Y hoy tengo muy buenas noticias que darle.

Si me disculpas...

-¡Hala!

-Qué poco rato se ha quedado David. -Sí, iba con prisas.

Se ha apuntado a una academia para preparar las oposiciones.

Se está poniendo nervioso a medida que se acerca el examen.

-Verás cómo la saca a la primera, y no es nada fácil.

Pero ese crío tiene un coco privilegiado.

-¿Eso te lo ha dicho su padre?

-Ya ves. Poco presume él del expediente académico de su hijo.

-Él vive los estudios de David como algo propio.

Acuérdate cómo se puso cuando le dijo que no estudiaría medicina.

-Fue un chasco, la verdad. Y es comprensible.

Jesús ha hecho lo imposible para que su hijo tuviera los mejores estudios.

-En matemáticas es un puñetero crack.

Y se explica superbién, conmigo tuvo una paciencia...

-Porque es muy buen chaval. Y, además, muy bonico.

No sé por qué no te animas a tener algo con él.

-Porque no me sale. Y no le des más vueltas.

Yo sé que David es el chico perfecto para mí.

Claro que lo sé, pero no me sale de aquí.

-Yo te entiendo, no me tienes que dar más explicaciones.

Estás pasando un duelo y esas cosas llevan su tiempo.

Pero la vida sigue, y tú eres muy joven.

-Tengo tiempo de volver a enamorarme, ¿no?

Yo, de momento, no quiero forzar nada con David.

-Hola, buenas. -Buenas.

-Usted debe ser la dueña, María. -Sí.

¿Nos conocemos? -No, qué va.

Hasta ahora no tenía el gusto. -Encantada.

-Leí una reseña sobre La Parra y usted,

decía que tenía una mano excelente para la cocina.

-Eso dicen. Ahora estaba preparando el menú.

Si quiere pasar luego, tenemos lentejas,

que tienen muy buena fama. -Qué ricas.

Hoy no puedo, tengo gestiones pendientes.

-¿Qué le apetece?

-Una caña, de momento. -Muy bien.

Paty, ¿le quieres tirar una caña al señor?

-Ahora mismo.

-Lo que me gustaría probar

es la hamburguesa que salió en el periódico.

Pero en la carta no la tendrá. -La hamburguesa jabata.

Eso fue una cosa puntual, pero si quiere una normal,

solo tiene que pedirla. -No, es un poco pronto.

Otro día no le digo que no.

Aunque un pincho de tortilla no digo que no.

Tiene una pinta de escándalo. -Riquísima.

Aquí tiene.

-Gracias.

-¿Y este señor tan simpático? -No lo sé, hija.

Pero con menos jabón me lavo yo la cara.

Me voy dentro para seguir cocinando. Buen provecho.

-Gracias. Hasta otro rato.

Qué calor hace hoy.

-Sí, normal en estas fechas.

Usted no es de por aquí, ¿no?

-No, pero viví en Madrid durante un tiempo.

Hace ya bastantes años.

¿A quién se le habría ocurrido hacer ese concurso

de hamburguesas con zumo de frutas?

Donde esté una caña fresquita...

-Lo dice porque no ha probado los zumos de El color de la huerta.

Es la frutería de unos amigos

que ese día hicieron un combinado superdigestivo.

Estaba buenísimo.

-Si me dice dónde están, igual me paso.

-No pasa nada, devolvemos este chisme y punto.

Papá, lo siento, es deformación profesional.

Tranquila, si el colgante ha pasado a la lista de juguetes peligrosos,

no hay nada más que hablar.

-A mí me sigue pareciendo exagerado.

Pero ¿quién soy yo para discutir con la autoridad competente?

¿Estás molesto? No, hija, yo lo entiendo.

En mi época las cosas eran más sencillas.

Un chupete se sujetaba con un cordón, y no se hablaba de riesgo de asfixia.

-Algún caso habría, no te extrañe.

-Da igual, devolvemos esto y ya está.

¿Qué te gustaría? ¿Un humidificador, un contenedor para pañales,

un robot de cocina...? Te veo muy informado.

En la tienda me han puesto al día.

Es increíble la cantidad de chismes que se fabrican para los bebés.

-En tu época no había nada de eso.

-Por supuesto que no.

-Deja de hablar como si estuvieras muerto,

esta época es tan tuya como cualquier otra.

Bien dicho, Montse. Supongo que sí.

Tal vez, esto de ser abuelo de golpe, me ha convertido en carcamal.

Mira, papá, hay algo que no cambia.

Y es que los abuelos siempre están para malcriar a los nietos.

Cómprale lo que quieras, yo no necesito nada.

Muy bien. A ver qué se nos ocurre.

¡Hola! ¿Qué tal, Iker?

Bueno, vuestro nieto por las noches es un fiestas,

pero se hace querer.

Tenéis cara de haber dormido muy poco.

Venga. -Ánimo.

-Hasta luego. Adiós.

Bueno, esto sí que es un buen recibimiento.

Bueno...

creo que te lo mereces.

Esta mañana me ha venido bien dormir dos horas.

Gracias por tomarte el día libre.

Vaya...

Creo que es un buen momento...

para recordarte cuando estaba enamorado de ti,

y tú sistemáticamente me mandabas a paseo.

Si alguna vez me encuentro a la Alicia del pasado,

le echaré la bronca por haber sido tan injusta.

Y le dices que se relaje en el trabajo,

que me tenía estresado.

Yo pensaba que eras un egoísta, y mira...

Y mira...

¿Qué has comprado? Un poco de fruta,

verdura, legumbres, frutos secos...

que son buenos para la lactancia, y pañales.

¿Me he olvidado de algo?

No.

Que es todo muy sano, pero...

Me esperaba algún capricho.

Ay...

¿Algo como esto?

Vale. Definitivamente, mi yo del pasado es una pringada.

Sí.

(Teléfono)

Número oculto.

Igual es Somoza.

¿Diga?

"Oficial Lemos, me pregunto si su oferta de colaboración sigue en pie".

Cuente conmigo.

"Quiero verlo en dos horas en Transportes Quintero".

Allí estaré.

Parece que mi día libre se ha ido al garete.

No pasa nada. ¿Qué quería? Quiere que vaya a verlo.

Parece que tiene un encargo para mí.

Por fin. Sí.

Por fin.

¡Corre, Fede!

-¿Qué tal, cómo estás? -Muy bien.

Ya me apunté a la academia. -¿Por cuál te has decidido?

-Por la que tú me recomendaste.

Me pilla más lejos, pero saber que fuiste profesor allí

me hizo decantarme.

-Yo no te voy a dar clase, pero hay gente muy válida.

-He conocido a un tal Capdevila

-¡Ahí va! Capdevila. Madre...

Menudo pájaro... Es broma.

Dale un abrazo de mi parte. -Sí, sí, lo haré.

-Te veo absolutamente enfilado con la oposición, ¿no?

-Más me vale, me presento a la próxima convocatoria.

Cuando decidí que iba a ser policía, eché la instancia para el examen.

Ahora no puedo rajarme.

-Me alegro de que te presentes con esta academia.

Verás cómo os vais apoyar todos con las dudas,

la motivación...

-Así no me siento un bicho raro por querer ser policía.

-Por ahí hemos pasado todos.

Ese sentimiento de pertenencia te ayuda, no es un camino de rosas.

Hay momentos en que la moral está baja,

pero entre todos subís la motivación, ya lo verás.

-¿Cuántos años cuesta aprobar la oposición?

Se lo he preguntado a Capdevila, pero no ha querido mojarse.

-Depende un poquito.

No hay un tiempo estándar, ¿sabes lo que quiero decir?

Depende de las circunstancias de cada uno.

Lo más importante es el tiempo que tengas para estudiar.

-A mí, la verdad, con la tienda, no...

no tengo tantas horas libres.

Y tampoco quiero dejar a mi padre solo.

-Ya.

¿Y qué piensa de que te vayas a la academia de Ávila?

-Será durillo, llevamos toda la vida juntos.

Pero ya tiene asumido que seré policía.

-¿Y las pruebas físicas cómo las llevas?

-Todavía me estoy mentalizando.

Me da más pereza entrenar que estudiar.

-Tú eres de los míos. Yo me estoy dejando un poquito,

porque estoy en el piso con las chicas...

Para ser inspector de la UIT también hay que hacerlas,

no creas que es siempre con el ordenador en el zulo...

Tú estás fuerte, pero a ver si te das un poquito de caña.

-Lo haré, aunque creo que voy a necesitar ayuda para eso.

-Tú dale duro que merece la pena.

-Gracias por los ánimos, Fede.

-Me voy a tomar un café, que el sol me trastoca.

¡Fede! Inspectora, iba a tomar un café...

¿Te importa tomarlo en comisaría?

Necesito que vengas conmigo para un asunto urgente.

Ha sido culpa mía, me puse a charlar con él. Lo siento.

-David se va a presentar a las oposiciones para el cuerpo.

Me alegro.

Me he apuntado a una academia que me recomendó Fede.

Si te la ha recomendado Fede es muy buena recomendación, seguro.

-Disculpa. Te necesito para mirar unas imágenes.

Hasta luego. Hasta luego.

-Me alegro que tenga bien encaminada la solución de mis problemas

con la Hacienda colombiana.

Ese pervertido me tiene en tremendo problema.

-Ya le dije que valía la pena pagar mis honorarios.

Si son tan altos, es porque soy bueno.

-Eso espero, porque por más plata que yo gane,

no me gusta regalar un millón así por así.

Me gusta que mis empleados estén bien, que estén contentos,

pero sin abusar. -No se arrepentirá.

Por cierto, me gustaría resolver algunos flecos de nuestro acuerdo.

-¿Unos flecos?

¿Cómo es eso? Yo pensé que ayer había quedado todo clarito.

-Tal vez no fui explícito en el tema de los plazos.

Estoy encantado de que me confíe su contabilidad,

pero nuestro trato tiene fecha de caducidad.

-Cuénteme qué es lo que le pasa.

-Quiero estar seguro de que me podré marchar

cuando salga la fecha del juicio.

Y a partir de ese momento,

cuando se acerca el día, más difícil será desaparecer.

-Mire, Mayoral, usted y yo tenemos un contrato de trabajo,

y tiene que terminarlo.

Donde sea que lo quiera terminar.

Después de eso lo dejaré libre.

-Verá, una vez que salga del país,

no quiero tener contacto con nadie, no voy a permitir que me encuentren.

Por eso usaré una identidad falsa.

Pero me comprometo a dejarlo todo resuelto

antes de la fecha del juicio.

-Pues que no se hable más.

Usted termine su trabajo, y después desaparezca si le da la gana.

Ahora vaya, que tiene mucha faena por delante.

-Ya lo creo.

-Perdón, no sabía que estaba reunido.

Hola, otra vez, señor Mayoral. -Señorita Ocaña.

-Buenos días, señorita Nerea.

La estaba esperando.

¿Tiene los permisos de construcción?

-Sí, acabo de sellarlos en el ayuntamiento.

-Eso me contenta mucho, es muy buena noticia.

Me estaba impacientando con tanto trámite burocrático.

Menos mal que la tengo a usted aquí. Adelante.

Le ofrezco un cafecito.

-Tengo un poco de prisa. Le enseño los permisos y me voy.

-Al menos, acépteme un vasito de agua.

-No se moleste.

-Par mí no es molestia.

Yo me preocupo por su bienestar.

Si me lo permite, déjeme darle un consejito de padre.

-Gracias, pero yo ya tengo un padre, y no me ha ido demasiado bien.

-Es, precisamente, por eso.

Como no está aquí, me gustaría decirle lo que pienso.

-Sospecho que me lo dirá de todos modos.

Como con el agua.

-Igual que con el agua.

Yo se la sirvo y usted decide si lo toma o no.

Igual con el consejo.

Yo le aconsejaría que se aleje de Sergio Mayoral, no le conviene.

-Con todos mis respetos, señor Somoza,

usted no es nadie para decirme con quién debo relacionarme.

Soy su abogada, no su sirvienta, ni nadie de su propiedad.

-No se moleste, señorita Nerea.

-Mi interés era bueno, no quería importunarla.

-Quién lo diría. Después de perseguirme y chantajearme

para que trabajase para usted.

-No diga la palabra chantaje que es muy fea.

Yo solo le ofrecí un trato que a usted le convenía.

-Ya está bien, señor Somoza, estoy aburrida de este juego suyo.

Quería que trabajase para usted y lo consiguió.

Aquí estoy.

Y ahora dígame, ¿qué quiere realmente de mí?

-Que haga su trabajo y nada más.

Usted es muy buena en lo que hace, por eso la contraté.

Lo ha demostrado. -¿Por qué no se quita la careta

y me dice qué es lo que verdaderamente espera de mí?

Yo seré igual de sincera,

y le diré qué no puede esperar que pase.

-Señorita Nerea, yo creo que usted se equivoca conmigo.

Yo no tengo ningún interés romántico con usted,

si es eso lo que piensa.

-¿Y sexual tampoco? -No, por favor, ¿qué está diciendo?

-¿Y a qué viene tanto interés por mi entorno masculino?

-Porque no quiero que mis empleados se distraigan

de sus labores en la empresa.

Yo sé que usted es una profesional que no se alejará de su cometido.

Pero es mi obligación advertirla.

-No parecía una advertencia, más bien, sonaba a amenaza.

-Disculpe entonces.

-Acepto sus disculpas.

Asunto zanjado.

-Bueno, enséñeme los permisos del ayuntamiento.

-Pero, tía,

y si no encuentras allí trabajo, ni prácticas ni nada, ¿qué?

Eso es mucha dependencia.

-No lo he pensado tanto.

-Es una cosa como para pensarla bien.

-Igual tienes razón.

-Es que, al final...

Julio vuelve a Miami porque no quiere que tú seas la única razón

para quedarse en Madrid, porque sería injusto para ti.

Pero él es la única razón para que tú te vayas a Miami.

-No es lo mismo, yo allí no tengo malos recuerdos.

-Tú allí no tienes nada.

No tienes nada, salvo a tu novio.

Cuando yo me fui a Barcelona,

me sentía muy sola, y eso que conocía a mi padre.

Y podía volver cuando quisiera porque estábamos al lado.

-Lo que más palo me da es la distancia.

Son nueve horas de vuelo y los billetes cuestan un pastón.

Pero no me quiero separar de Julio.

Estoy muy enfadada.

-Igual soy una mala consejera.

No quiero que te vayas, te voy a echar de menos.

No te vayas, Olga, no te vayas...

-Hola, chicas.

-Hola, Antonio. ¿Te pongo lo de siempre?

-Sí, por favor.

-¿Qué tal la mañana, papá? -La mía muy bien.

¿Qué haces aquí a estas horas? ¿No tendrías que estar en clase?

-Sí, pero el profe de Tecnología Alimentaria se ha puesto malo.

Así que, vine a charlar con Paty. -Ya.

A hablar de eso que te preocupa

y que no has querido decirlo en el desayuno.

Que te conozco...

Yo también sondeo a tu madre

si tengo que decirle algo que la puede contrariar.

Lo que has contado del compañero de clase suena a globo sonda.

Y luego ese abrazo con Paty.

¿Qué pasa? ¿Estás pensando en marcharte otra vez?

-Igual sí, pero es solo una idea.

-¿Y adónde te vas a ir ahora?

¿A Nueva York, a China, Laponia? -Papá, no te pongas así.

No os lo quería contar antes de tenerlo claro.

-¿Te estás planteando de verdad esa posibilidad?

-Sí, pero es solo una posibilidad.

-¿No te parecería todo un detalle

pensar primero en la opinión de tus padres

de una decisión así?

-No, porque ya sé lo que pensáis vosotros.

Pero ya que insistes...

Estaba pensando en buscar un "stage" en Miami.

-¿En Miami? Como ese tal Santi.

-No me digas que allí no tienen cultura gastronómica,

porque hay restaurantes alucinantes. -¿Y qué más hay?

-De todo, supongo. ¿Por?

-Porque no me chupo el dedo, Olga.

A ver si crees que voy a pensar que te vas a Miami

por culpa de ese tal Santi, del que nadie ha oído hablar.

No, tú te vas porque es una idea de tu novio.

-Julio ha decidido volver a Miami y quiere que vaya con él.

Yo solo lo estoy pensando. -Pero ¿qué tienes que pensar?

Pero si lo acabas de conocer. ¿Qué pintas tú allí?

-Tranquilízate, papá, no voy a hacer ninguna locura.

-Eso está muy lejos, estás a mitad de curso...

Le darás un disgusto a tu madre

cuando sepa que te vas con Julio Quintero.

-Lo sé.

Y lo tendré en cuenta antes de tomar mi decisión.

He madurado mucho en estos meses, confía en mí.

-Vale, confío en ti.

Espero que tomes la decisión correcta.

-Pero, hasta que me aclare, no se lo cuentes a mamá.

-Piénsalo.

Piénsalo bien.

-Lo voy a pensar, de verdad.

Hasta luego.

-Esta no se va.

Me voy a encargar yo. No te preocupes.

-Adelante, oficial.

Tranquilo.

Ni que fuera la primera vez que viene a este despacho.

Ciertamente. He estado más veces, pero por motivos distintos.

¿Ahora va a ocupar esta oficina?

No, yo no.

Pero mi director fiscal, sí, Sergio Mayoral.

No debería fiarse de él.

Procesado a la espera de juicio,

no parece buen compañero de viaje.

Yo no le estoy pidiendo opinión.

Además, ese no es problema suyo.

Solo le digo que preferiría que...

gente como Sergio Mayoral no supiera de nuestra colaboración.

Y no lo sabe.

¿Usted cree que yo voy contando todo por ahí?

Él anda es sus cosas y usted en las suyas.

Pero si en comisaría se enterasen de que yo...

¿De qué?

¿De que es un policía corrupto y asesino?

Sí, lo pasaría mal, yo lo sé. Exacto.

De todas formas, es importante

establecer los términos de nuestra colaboración

antes de empezarla. Por supuesto.

¿Ha pensado en qué puedo serle útil?

Mire, oficial, le voy a recordar algo.

Aquí las preguntas las hago yo.

Es otra condición de nuestro acuerdo.

Nunca recibirá información de antemano.

Tendrá las órdenes con el tiempo justo y necesario

para que ejecute lo que le pedimos.

Espero que no sea un problema para usted.

Me las apañaré.

Va a recibir una llamada con el primer encargo.

Nuestra colaboración empieza en breve.

Quería ser yo quien le dijera personalmente

todo esto para que esté preparado.

Lo estaré.

Pero...

todavía no hemos hablado de mis honorarios.

No se preocupe, oficial.

Respeto a las personas que valoran el dinero tanto como yo.

Tenga por seguro que va a recibir el pago directamente proporcional

con el riesgo que esté tomando.

Pues a sus órdenes, patrón.

Espero su llamada.

Quintero, Quintero...

-Toma. -Gracias.

-Hola, buenas. ¿Qué te pongo?

-Un botellín de cerveza.

-¿Algo para picar? -Sí, porque me muero de hambre.

¿Tienes algo dulce?

-Tengo una tarta recién hecha, pero creo que no pega.

-¿De qué es? -De cerveza negra.

-Cerveza con cerveza pega de maravilla.

-Tú sabrás...

Tú tienes pinta de que te molan las discotecas.

-No te creas. Antes salía más, pero hace tiempo que no piso una.

-Pues habrá que remediarlo, ¿no?

Tú me dices cuál es el garito más guapo de la zona, y yo te invito.

-¿Por qué no hacemos otro?

Te lo digo gratis y te ahorras la invitación.

¿Qué música te gusta?

-Pues... techno, house, trance...

¿Cómo está la Red Star? Me han dicho es tocha.

-Sí, es muy grande.

Y solía estar petada, pero hace mucho que no voy.

-¿Por qué no me acompañas?

Salimos de fiesta, lo pasamos bien... Solo estoy unos días por aquí.

-Y has decidido no perder el tiempo. -Eso nunca.

Prohibido perder el tiempo.

-Pues no lo pierdas y no insistas más,

porque no voy a salir de fiesta contigo.

-Alberto, no te esperaba hasta la tarde. ¿Qué haces aquí?

-Es que, anoche salí de fiesta,

y pensé que venía del tirón o me quedaba sobado.

-Anda, que vaya tela...

-No empieces como mamá.

-Te presento a Espe, mi mejor amiga y compañera de piso.

-Encantada.

Bienvenido, Alberto. He oído hablar mucho de ti.

-Y ella es Paty.

-Ya nos conocemos, me ha invitado a salir.

-Retiro la invitación, no me gustan las chivatas.

-¿Qué os pongo, chicas?

-Dos cortados para llevar.

Para mí, no sé si tú quieres quedarte.

-Imposible, tengo muchísimas citas hoy. No te importa, ¿no?

-No te preocupes, me quedo con esta camarera tan simpática.

-Si quieres te pasas luego por comisaría, te enseñamos todo,

y conoces a nuestros compañeros. -Hecho.

-Me encanta tenerte por aquí.

-A mí también.

-Gracias, chicas. (AMBAS)-Hasta luego.

-Así que Paty, ¿eh?

-Sí.

-Tenía que haberme matriculado antes en la academia.

He sido tonto. -¿Por qué?

Me han pasado resúmenes, esquemas, tablas comparativas...

Habría ahorrado mucho tiempo.

Yo me había currado el temario, pero no hay color.

-Sí, claro.

-Estoy deseando empezar las clases, hacer los test,

a ver qué tal me va. ¿Sabes lo que me ha sorprendido?

Que también te preparan para el psicotécnico,

es de la pruebas más difíciles de pasar.

Hay muchas preguntas trampa,

para detectar conductas asociales,

tendencias violentas...

Supongo que es normal, no van a dar un arma a cualquiera.

-Sí, sí, es lo normal.

-Papá, ¿me estás escuchando?

-Sí, que te han dado unos esquemas para hacer unos psicotécnicos.

-Casi.

Venga, suéltalo.

¿Qué te pasa? ¿Dónde tienes la cabeza?

-No me pasa nada. Esta noche no he dormido bien.

-¿Y eso por qué?

Deja de disimular, es evidente que algo te pasa.

María también se ha dado cuenta.

-¿Habéis estado hablando de mí?

-Lo dices como si fuera algo sospechoso.

Es normal que si te nota raro me pregunte.

Los dos nos preocupamos por ti.

Si no fueras tan cerrado contigo mismo...

A ver, ¿me vas a contar?

-¿Sabes que pasa...? -Es por lo de Petrovic, ¿no?

Parecía que no era para tanto, pero...

Ahora te vuelven las imágenes a la cabeza.

-Sí, creía que no me había afectado mucho, pero parece ser que sí.

Supongo que por eso no duermo bien estos días.

-Ya...

Es lo más normal del mundo.

Y aunque duela, deberías hablar de ello.

Conmigo o con María.

No te hagas el duro, que no vamos a juzgarte.

No eres Bruce Willis.

-Solo soy un pobre frutero,

que va a perder un buen cliente como no termines el pedido.

-No nos podemos permitir perder clientes.

¿Has notado que han bajado las ventas desde lo de Petrovic?

Supongo que a algunos les da cosa venir aquí.

-Sí, pero, tranquilo, ya nos recuperaremos.

El tiempo hace que la gente lo olvide todo.

-Y cuando necesites desahogarte,

cuenta conmigo.

-Gracias. -Me voy a llevar el pedido.

-No recuerdo esta foto.

-Te la hice yo cuando tenías seis años, creo.

-Estaba aquí o la has puesto por mí. -Siempre ha estado aquí.

Fue la primera foto que puse tras la reforma

y el cambio de decoración de la casa cuando me instalé.

Yo nunca te olvidé.

-Gracias por acogerme.

-No hay nada que agradecer, soy tu padre.

-Yo creo que sí.

Apenas hemos tenido relación desde vuestro divorcio.

Y en todos estos años no te lo he puesto muy fácil.

-Eso ya es agua pasada.

-Lo que sé sobre ti es la versión de mamá,

y por eso no tuve una relación fluida contigo.

Ahora sé que estaba equivocado.

-Ven aquí, hijo...

Maldita sea,

nunca pensé que te oiría decir esto.

(Puerta)

Hola, pasa.

-¿Ya estás con la mudanza?

-Sí, debo pensar qué voy a hacer con las cosas de mi padre.

No se empaqueta una vida en dos días.

-Tiene que ser duro.

-¿Y tú cómo estás?

-Bueno, no he dejado de darle vueltas a tu propuesta.

-¿Y qué has decidido?

-Julio, no es fácil.

Me pilló de sopetón. -Lo sé...

Puede parecer una locura

pedirte que te vengas conmigo, apenas estamos empezando.

Pero no te lo dije a la ligera.

Yo lo he pensado mucho, y pienso que podemos ser felices en Miami.

Lo que yo...

Lo que yo siento por ti es...

-Estoy enamorada de ti.

No me mires así, ¿no me ibas a decir eso?

-Ya verás, va a ser alucinante.

En Miami hay restaurantes de todo el mundo,

y mi madre tiene contactos... -Julio, para, para...

No he dicho que me voy contigo.

Yo te quiero, pero no me puedo ir ahora,

para mí es muy importante acabar los estudios.

¿Me estás proponiendo una relación a distancia?

-No.

Quiero que te quedes.

-Lo siento, pero ya está decidido.

Entiendo que no renuncies a todo por mí,

pero no me puedes pedir que me quede aquí,

rodeado de las cosas de mi padre, recordándome todo lo que perdí.

-¿Y por qué no te propones crear recuerdos nuevos?

Puedes empezar una nueva etapa aquí conmigo, sin mudarte.

-Ya te lo expliqué,

no quiero ser una carga para ti.

Cuando me dé un bajón te echaré la culpa, y no quiero.

-Yo no te pido que te quedes solo por nuestra relación,

te quiero proponer algo.

Podemos poner en marcha el proyecto de la pastelería online,

el del trabajo de marketing.

Piénsalo, podría funcionar.

Tú mismo dijiste que era una buena idea

y que había oportunidad de negocio.

Sería crear algo tuyo desde cero.

Algo de lo que sentirte orgulloso.

-No sé si lo veo.

-Me dijiste que invertirías en algo así.

Si ahora lo niegas, pensaré que lo hiciste por ligar conmigo.

-No, no, a ver...

Sí lo dije, pero era una hipótesis.

-¿Por qué no lo hacemos realidad? Tenemos todo lo necesario.

-Bueno, bueno, bueno...

Si no lo veo no lo creo.

El Chispas reconvertido en frutero.

-Hola, Toño.

-¿Eso es todo?

Podrías alegrarte de ver a tu viejo jefe después de tantos años.

Venga, dame un abrazo.

¿Por qué me miras así? Ni que fuera un desconocido.

Después de todo lo que hemos vivido juntos.

-Sí, te conozco,

demasiado bien.

Y apuesto a que no has venido solo para ver qué tal estoy.

¿Qué quieres de mí?

-Regresar al pasado.

-Espero que para atender a los demás no tardes tanto.

-¿Perdona?

-Tengo prisa.

-Un poquito borde, por ejemplo.

-Cuando quiera clases de modales, las pediré.

-Tranquilo, no hay razón para ponerse así.

-¿Tú siempre vas tan a saco con las tías?

-No, siempre no.

Pero con una chica guapa como tú, es mejor ir directo y de frente.

Me he cruzado con David en la plaza, y ni se ha parado a saludarme.

Llevaba una cara... -Mira, ni me hables.

Me acaba de montar una escenita que flipas.

-¿Una escenita por qué?

-Eso me pregunto yo, ¿por qué me monta una escenita?

-Él es Alberto, el hermano de Lola. -¿Qué tal?

-¿Pasa algo?

-No, que nos hemos visto en la frutería.

-¿Qué le apetece tomar?

-Nada, solo venía a darte las gracias por tus indicaciones.

Hasta otra. -Pase un buen día.

-Dejadme en paz.

No pienso volver a trabajar con vosotros,

ya se lo dejé claro a Rodrigo. -Sí, clarísimo, pero es que...

yo no acepto un no por respuesta.

-¿Y qué vas a hacer?

¿Obligarme?

He intentado vivir con la cabeza bien puesta,

y no involucrarme en la vida de otras personas, pero...

Llegas a un sitio,

estás lo que dura la misión y vuelves a desaparecer.

¿Me lo cuentas para que opine o para que me quede callada?

Depende. Si me vas a criticar todo... Yo no pretendo criticarte.

Solo que... Que no me vas a apoyar en esto.

Yo sé que usar testaferros tiene su complejidad,

para eso está usted aquí y no pudriéndose en Soto del Real.

Haga el trabajo para el que lo contraté.

-En ello estoy, señor Somoza.

Pero han surgido algunos problemas...

-¡Yo no lo contraté para que me cuente sus problemas!

Lo contrate para solucionarlos.

Si no tiene solución no venga a joderme, ¿oyó?

-Tienes la pupila dilatada, no me extraña que te hayas caído.

-¿Ves un halo alrededor de la luz? -Sí, ¿cómo lo sabe?

-Porque soy médico, hijo.

Una midriasis bilateral, más una herida en la ceja,

a la una de la madrugada y una taquicardia,

es compatible con haber tomado cocaína.

-Este rollo canalla de ir de empalmada,

de ir a la discoteca y ponerse a discutir...

Esto es rarísimo, a mi hermano le pasa algo.

Sí.

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Servir y proteger - Capítulo 311

26 jul 2018

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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  1. Miguel

    La verdad que la cadena demuestra poco respeto al televidente. Y más teniendo un canal de deportes para poner ahí el tour o el deporte que sea y no destrozar la programación cada dos por tres

    27 jul 2018
  2. Juan

    Que asco de cadena,, desorganizados, cambian los horarios a su antojo. Quieren acaparar todos los deportes sin importarles el tiempo de los televidentes .

    27 jul 2018