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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 268 - ver ahora
Transcripción completa

Ahora me doy cuenta. Tú dabas sentido a todo.

Pero no quiero verte así, Paty.

Así que lo mejor es que me vaya, ¿verdad?

-Lo que yo siento por ti es muy fuerte.

-No tan fuerte si te has liado con otro.

Ya no tenemos nada que decirnos, Paty.

-Mañana, Fernando Quintero muere.

(Disparo)

-¡Al suelo, jefe!

(LLORANDO) -Tranquilo, hijo, tranquilo.

Felisa, tú no eres culpable de su muerte.

No, yo, no.

Aquí solo hay un culpable: Fernando Quintero.

Nos va a costar encontrar la implicación de Somoza en esto.

Lo que está claro es que el "modus operandi" del asalto

no responde al de un simple ratero.

Debes hallar la implicación de los sicarios con Somoza.

Como sea, Elías, como sea. No sé de qué me está hablando.

Marque en un calendario los días de libertad que le quedan.

Si cree que Quintero es su enemigo, no sabe quién soy yo.

Solo tenía dos hijos y a los dos me los han quitado.

¡Me los han matado gente mala, hombres malos como usted!

¡Yo le deseo la muerte!

¡Le deseo la muerte a usted y a los suyos!

-David, yo creía que tu ruptura con Paty

que era una peleílla de enamorados. No sé, creía que te ibas a alegrar

cuando te dijera que nos quedamos para que os pudierais reconciliar.

-Entérate, he roto para siempre y cuanto más lejos me largue, mejor.

-A Jairo lo mataron anoche.

Unos tíos entraron a robar a Transportes Quintero

y le metieron un tiro.

-Entonces, ¿quedamos esta noche? -Justo esta noche no puedo.

Viene una amiga de Barcelona para el congreso

y hemos quedado para cenar.

-¿Y tu amiga también es psicóloga? -Sí, se llama Mar.

En Barcelona se portó tan bien que le debo esta cena.

-Me dijo mi compañera Espe que pusiste una denuncia

porque te robaron una cazadora en un pub.

-Sí, fuimos a cenar a un indio y a tomar unas copas.

El local era un poco tugurio

y sin verlo nos levantaron la cazadora de una silla.

-Oye, Teresa, ya que tienes tanto tiempo libre,

¿te parece si vamos a cenar esta noche

y mira, luego me llevas a uno de esos bares que tú conoces?

-Esta noche tenemos una cena con los del congreso.

-Creo que Teresa me engaña.

-¿Con la amiga de la cazadora "fashion"?

-Esta mañana nos hemos cruzado en la plaza,

Teresa iba con ella y no sé, es que me dio muy mala espina.

Para mí eres muy especial. ¿Y por qué debería creerte?

Esto es diferente, tú eres diferente y yo no soy el mismo.

Te juro que nunca he sentido esto por nadie.

Me has estado mintiendo durante semanas.

¿Y qué pretendías que te dijera? ¡Si ni yo sabía lo que me pasaba!

¡Habérmelo contado! ¿Sabes que ya no puedo confiar en ti?

-Solo puedo decir que entiendo tu enfado.

Sé lo que se siente cuando alguien de tu familia te traiciona

y no se lo deseo a nadie. ¿Vas a vivir aquí otra vez?

Si me aceptas.

No sabes cuánto te he echado de menos.

Quiero que sepas que has matado a un chico inocente.

-Pues usted escogió la guerra.

Debió aceptar que el que manda aquí soy yo.

-Nunca, ¿me oyes? Nunca. -Pues se atiene a las consecuencias.

-¡No, el que se va a atener a las consecuencias eres tú!

Te voy a hacer sufrir. Esto no va a quedar así.

Te mataré con mis propias manos.

(Música emocionante)

(Móvil)

Buenos días. -"Hola, Teresa. Buenos días".

"No te he despertado, ¿verdad?". -No, no te preocupes.

-"Oye, es que"

le he estado dando vueltas al encuentro que tuvimos ayer

y la verdad es que la embarré, me porté borde contigo

y con tu amiga. Lo siento.

-Sí, la verdad es que te noté un poco rara,

pero vamos, pensé que era por temas de trabajo.

-"No, si el mal rollo que llevaba"

no tenía nada que ver por temas de curro, es solo que,

Teresa, me supo mal que ayer tampoco pudiéramos quedar para vernos.

-"Bueno, pero fue"

porque no quisiste. Mar te dijo que vinieras al karaoke.

-"Sentí que lo hacía por compromiso"

y no sé, pensé que queríais estar más a vuestro aire.

Tú tampoco me insististe para que fuera con vosotras.

-No te insistí porque no quería presionarte

para que hicieras algo que no querías.

-"Pensé que pasabas de mí".

-Pero ¿cómo voy a pasar de ti? ¿Por qué dices eso?

No sé, es que ayer tuve como un ataque de celos

"y me sentía hasta insegura".

"Teresa, ¿estás ahí?". -Sí. Un ataque de celos, ¿eh?

-"Mira, no te preocupes, no tengo motivo para desconfiar de ti y"

estos celos no tienen sentido.

Fue una película que me monté yo en la cabeza.

-Ya. Nacha, creo que de este tema deberíamos hablar con calma,

¿no te parece? -"Sí, claro".

-Vale. Justo ayer me anuló un paciente una cita a las 12.

¿Podrías pasarte por la consulta a esa hora?

-Vale, genial, pues me voy a organizar

para pasarme a verte a esa hora. -"Vale. Pues nos vemos luego".

-Un beso. Te quiero. -"Chao".

-¿Todo bien? -No lo sé.

-Esa no es una respuesta de una buena psicóloga como tú.

-Nacha tuvo un ataque de celos cuando nos vio en la calle.

-¿Por eso estuvo tan borde?

-Yo pensé que era por temas de trabajo, pero no.

Se imaginó que entre nosotras había algo.

-A ver, Teresita, tú le has dicho a tu chica

que te gustan las relaciones de pareja abiertas, ¿verdad?

-Bueno, yo pensaba que sí, pero igual no.

-¿Cómo que pensabas? ¿No lo has hablado con ella?

-A ver, de forma explícita igual no, pero vamos,

hemos hablado sobre las relaciones y yo di mi opinión

sobre el amor, sobre las relaciones...

-Si ayer tuvo un ataque de celos, igual no lo tiene tan claro.

Pienso que os ha fallado la comunicación.

-Eso me temo. -Sí.

-¡Mierda!

Tenía que haber hablado con ella muy claro desde el principio

y no dar nada por sobrentendido.

-Aclárale las cosas cuanto antes o lo va a pasar fatal.

-Creo que ya lo está pasando mal.

-Hola, compañeras. Buenos días.

-Hombre, parece que hoy estás más contenta.

-Menuda bronca nos echaste, guapa. -Ay, lo siento.

Fui una imbécil. Ayer se me cruzaron los cables

con el tema de Teresa y cometí un error con vosotras y con mi chica.

-Bueno, me alegro de que veas las cosas de otro modo.

-Sí, bueno, es que Teresa y Mar son amigas desde hace muchos años,

es normal que exista esa complicidad. -Claro.

-Nunca hay que montarse películas raras.

-No, y hemos estado hablando y me lo aclaró todo.

No sé por qué me puse tan paranoica con eso,

si ella me quiere mucho y jamás me sería infiel.

-Me alegra mucho escucharte así. -Y tenías razón con lo que dijiste.

Lo más importante de una pareja es la confianza,

¿así que sabéis lo que os digo?

Que a partir de hoy nada de malos rollos ni celos con Teresa.

-Así se habla. Ponerse en lo peor no sirve para nada.

Bueno, sí, para pasarlo fatal.

-De verdad, gracias, chicas, por escucharme y por la paciencia.

-De nada, mujer. Solo queríamos darte otro punto de vista.

Pero el mérito lo tienes tú.

Has transformado esos celos en algo no destructivo.

-Sí. Bueno, voy a seguir currando. Chao.

-Chao. A ver esto cómo sale. No sé yo.

Alicia. -Alicia.

Hola.

¿Cómo estás? Regular, la verdad.

Todavía no me puedo creer que Jairo esté muerto.

¿Y qué haces aquí? ¿Ya ha sido el entierro?

No, es dentro de una hora, pero Miralles me mandó un mensaje

diciendo que quería verme. Cualquier cosas que necesites,

lo que sea, cuanta con nosotras. Gracias.

¿Cómo estás? Todavía impactada.

Me ha hecho revivir el asesinato de Róber.

Es demasiado doloroso.

Vas a necesitar mucho tiempo para reponerte de unos golpes tan duros.

¿Cómo está Felisa? Destrozada.

No quiero dejarla sola mucho tiempo. Haces bien en darle todo el apoyo.

¿Qué es eso tan urgente que no podía esperar?

Vamos al despacho.

Alejandro Somoza me ha llamado a primera hora

para decirme que ayer le hiciste una visita. ¿Es cierto?

Sí.

Cuéntame tu versión para cotejarla con la suya.

Es muy sencillo. Fui a decirle que sé que está detrás

de los asesinatos y que no se irá de rositas.

¿Eso encaja con su versión? Al milímetro.

Entonces, creo que no tenemos más de qué hablar.

Puedo irme ya al entierro de Jairo, ¿no?

Como te he dicho, no quiero dejar a Felisa.

No.

Todavía tenemos que aclarar unas cuantas cosas.

Siéntate, por favor.

¿Por qué fuiste a verle sin consultarlo conmigo antes?

Porque sé que no me hubieras autorizado

y porque soy inspectora de policía

y puedo dar los pasos oportunos en una investigación.

Voy a pasar por alto tu tono porque sé que estás muy afectada

por la muerte de Jairo, pero no voy a aceptar

de ninguna manera son tus explicaciones.

Sabes que detrás del robo en Transportes Quintero

está la mano de Somoza.

De momento debemos investigarlo como se supone que fue,

un robo con violencia. Todavía no hemos encontrado pruebas

de la conexión entre Somoza y esos atracadores.

Yo no necesito encontrarlas.

Sé perfectamente que iban a por Quintero

y en el camino se llevaron por delante a Jairo.

Esos atracadores eran sicarios contratados por Somoza.

Esas conjeturas sin pruebas no son nada. Somos policías.

Si esos hombres eran sicarios contratados por Somoza,

tenemos que demostrarlo.

Si no, no sirve de nada. No podemos dar pasos en falso.

Ya. Pues andar con pies de plomo

solo ha servido para que asesinen a Salva, a Róber y a Jairo.

Esto es una guerra entre narcos, ¿no lo ves?

Alicia, soy tu superior. No me hables así.

Lo siento, pero ¿cuántas muertes más hacen falta

para que podamos llegar al fondo de este asunto?

Ya veo. Estás lanzando una enmienda a la totalidad de mi labor

como inspectora jefe al frente de esta investigación, ¿no?

No quería decir eso. Lo siento. Alicia, estoy de acuerdo contigo.

Estoy convencida también como tú de que es una guerra entre narcos,

entre Quintero y Somoza, pero no podemos darles ventaja.

¿Crees que se la he dado yendo a presionarle?

Sí, sí, se la has dado.

Ahora sabe que lo relacionamos con la muerte de Jairo

y eso no nos conviene.

Aparte de que tú y yo teníamos un acuerdo.

Me habías prometido que no te ibas a meter

en ninguna situación que pudiera entrañar peligro o estrés.

¿Sabes qué es lo que me genera estrés?

Tener que asumir tantas muertes, gestionar tanto dolor y venir aquí

y tener que archivar expedientes. Alicia, por Dios,

eso sabes perfectamente que es una situación...

Somoza es un narcotraficante que ordenó la muerte de Róber

y de Jairo. Tranquilízate, por favor.

No puedo tranquilizarme, ¿sabes por qué?

Porque llevo meses llorando de dolor y de rabia

y solo estoy embarazada, no estoy inválida.

Así que no me pienso quedar de brazos cruzados.

Entiendo tu dolor, pero estás demasiado afectada

para tomar decisiones sin consultarlas conmigo.

¿Qué quieres decir? Lo que has oído.

Te ordeno que no des ni un solo paso en este caso sin mi autorización.

Lo siento, pero le he prometido a Felisa

que encontraré a los asesinos de sus hijos

y pienso cumplir mi promesa, con tu permiso o sin él.

Venga, gracias. Hasta luego.

-Buenos días. -Buenos días.

Enseguida estoy contigo. -Tranquilo. No tengo prisa.

-Si quieres fruta o verduras, cógelas tú mismo.

Después ya te lo peso.

-No, no venía a comprar. Quería charlar contigo.

-¿Charlar? ¿Sobre qué? -Quería saber si es cierto eso

de que, finalmente, no traspasas la tienda.

-¿Y por qué quieres saberlo?

¿Estás pensando en hacer guardia en la puerta para vigilarme?

-Venga, Jesús, no te pongas a la defensiva.

-A ver, Elías, ¿a ti te extraña? Es normal.

Cada vez que te veo me recuerdas mi pasado.

-Ya, pero ahora no se trata del pasado, sino del futuro.

Quiero saber si los rumores del barrio son ciertos.

-Pues mira, sí, son ciertos. No voy a traspasar la tienda.

David y yo nos quedamos en Madrid. ¿Te parece bien?

-Bueno, ni bien ni mal.

Lo que pasa es que me parece rara la decisión.

El otro día te vi convencido de marcharte.

-Sí, no sé, he cambiado de opinión. -¿Por algún motivo importante?

-¿Qué pasa, Elías?

¿Quieres saber si tengo en mente robar la Casa de la Moneda?

-Dímelo tú.

-¿O quieres saber si me quedo en el barrio por María?

Pues sí, sí, es por ella. Hemos decidido retomar la relación.

-Bueno, ya sabes que aprecio mucho a María

y siempre deseo lo mejor para ella.

-Sabes que eso, en parte, depende de ti.

Si le cuentas a qué me dedicaba hace años,

a lo mejor a ella no le hace gracia, pero...

-Amigo, ya te dije que no le iba a contar nada sobre tu pasado

y yo soy un tío de palabra, siempre que mantengas tú la tuya

y no vuelvas a las andadas con los butrones.

-Por eso no tienes que preocuparte.

Hace muchos años que me gano la vida con mi trabajo

y así quiero seguir.

-Pues nada, me alegro de que lo tengas tan claro.

Con respecto a tu relación con María, pues, sinceramente,

os deseo todo lo mejor, ¿eh? -Gracias.

-De nada, amigo.

Y ha terminado diciendo que lo iba a hacer igual,

con mi permiso o sin él. ¿Qué te parece?

Bueno, creo que no te deberías enfadar demasiado con ella.

¿Ah, no? Pues lo estoy y mucho. Alicia no puede desafiar

la autoridad de esa manera. No se lo voy a consentir.

¿Has tenido en cuenta sus atenuantes?

El asesinato de Róber está muy reciente

y ahora lo de Jairo. Es normal que no dé pie con bola

y que esté fuera de sí. ¿Crees que no me pongo en su lugar?

Entiendo perfectamente por lo que está pasando,

pero eso no lo justifica todo. Por supuesto que no.

Pero creo que deberías ser más comprensiva.

Ah, ¿y eso lo dices tú?

Por mucho menos le habrías abierto un expediente.

A ver, escúchame, estoy de acuerdo contigo

en que no debía haber visitado a Somoza

y me parece todavía mucho peor que te desafiara de esta manera.

Entonces me das la razón. Sí y no.

Me parece muy bien que le dieras un toque,

pero también deberías entender su grado de ofuscación.

Lo sufrimos todos cuando estamos implicados en un caso.

Te pasó a ti con el agresor de la máscara cuando atacó a Olga

y a mí con Castillo cuando secuestró a mi hija.

Es verdad que todos sufrimos, pero nunca me he saltado el protocolo

y tú tampoco, al final, en el asunto de tu hija.

Porque tú me lo impediste, ¿eh?

Y me ayudaste a reconducir la situación.

Ahora no he sido capaz de reconducir la situación.

A ver, si Alicia ha actuado así ha sido un arrebato pasajero,

pero estoy convencido de que entrará en razón

y acatará tus órdenes, ya lo verás. ¿Sí? Yo no estoy tan convencida.

Tenías que haberla visto. Estaba hecha una fiera.

(Puerta)

Tiene visita, inspectora. -Hola.

Hola, ¡cuánto tiempo!

Te has cambiado el pelo y todo. ¿Qué tal por París? ¿Bien?

Pues muy bien. Ha sido una experiencia muy positiva.

Y no solo por la escuela, sino porque he aprendido otro idioma

en otra cultura, he conocido mucha gente...

Qué interesante. Me alegro mucho, de verdad.

Gracias, comisario. Mamá, te espero fuera, que termines la reunión.

No te preocupes. Tu madre y yo ya habíamos terminado.

Si quieres seguir hablando, estoy en mi despacho,

pero yo lo daría por zanjado, ¿eh? Chao.

¡Hombre! ¿Se puede saber dónde te habías metido?

Hay un montón de pedidos para entregar.

-Lo siento, papá.

Ayer me acosté muy tarde y he dormido muy poco.

-¿Qué pasa? ¿Que estás mal por lo de Paty y Jairo?

-Ojalá fuera eso. -¿Qué pasa?

-Jairo ha muerto. No, mejor dicho, lo han matado.

-¿Cómo? Pero ¿qué ha pasado? -Hubo un atraco en su empresa.

Por lo visto Jairo plantó cara a los ladrones

y le dispararon.

-Pobre chico, qué mala suerte, ¿no? -Jairo era un buen tipo.

Si no hubiera sido el ex de Paty, hubiésemos sido colegas.

Es que me siento tan culpable. -Culpable, ¿por qué?

-Cuando me enteré de que Paty estaba volviendo con él,

deseé con toda mi alma que desapareciera del mapa.

Pensaba que si él no existiera, podría ser feliz con Paty

y eso es justo lo que ha pasado.

-David, por favor, no te tortures por eso, ¿eh?

¿Y Paty cómo está? ¿Has hablado con ella?

-Ayer estaba muy mal y hoy no me ha cogido ni el teléfono.

Tiene el móvil apagado. (SUSPIRA) -Debe estar en shock.

Cuando se te muere alguien tan cercano, eso impacta mucho.

David, ¿por qué no te tomas el día libre? ¿Eh?

Tú también necesitas despejarte. -No sé lo que me vendrá mejor.

Pero voy a entregar los pedidos y luego ya veré qué hago.

-Como quieras.

Buenas. Precisamente, aquí tengo tu comanda.

A ver.

-He llamado a Paty un montón de veces desde que me contaste lo de Jairo,

pero no me lo coge.

Bueno, a estas horas, a ver, está en el entierro.

Eso me ha dicho María, pero Paty lleva siempre el móvil. Es muy raro.

Lo habrá desconectado, cariño.

Precisamente por eso, para poder desconectar de todo.

Jo, tengo unas ganas de darle un abrazo...

Tu amiga te va a necesitar mucho.

Te va a necesitar mucho para salir de esta situación tan difícil.

¿Cómo puede haber gente así, mamá?

Me refiero, cómo una persona, de repente,

decide apretar el gatillo y terminar con la vida de otra.

No lo sé, cariño.

Para personas como nosotras es incompresible,

pero voy a llegar al fondo del asunto.

Tampoco creo que haya mucho que investigar.

Dijiste que los ladrones habían muerto en el atraco.

Siempre hay algo que investigar, pero no te lo voy a contar.

Ya. De eso estabas discutiendo con Bremón, ¿a que sí?

No, bueno, no tengo ningún problema con Bremón.

Entonces, ¿con quién? Con Alicia.

¿Con Alicia? Si siempre la pones de ejemplo de buena policía.

Y lo es, pero hemos tenido un pequeño roce y eso...

En fin, da igual. Alicia está mal, mamá.

Y mira, yo no sé lo que habrá pasado,

pero cuando pasan cosas que nos afectan,

todos decimos cosas sin pensarlas.

Vaya si has madurado en estos meses en París.

¿Has visto qué buena inversión habéis hecho mandándome allí?

Pero ¿tú qué vas a ser, chef o psicóloga? ¡Anda!

Me alegra que te hayas podido escapar.

-Sí, tenía muchas ganas de verte tras lo de ayer.

Por cierto, esta mañana no te pregunté cómo te lo pasaste anoche.

-No estuvo mal. En la cena muchos chistes malos de psicólogo

y en el karaoke haciendo el ridículo, como todo el mundo.

-Me hubiera encantado escucharte cantar.

-No te perdiste nada, de verdad.

-Espero que no hayas agotado tus energías

porque he cogido unas entradas para un concierto esta noche.

Y he contado con Mar

para compensar un poquito que ayer fui como borde.

-No, pero si no tenías que compensar nada.

-No, claro que sí. Así también ella me conoce

y se da cuenta que soy chévere, que no soy tan borde.

-Vale, bien. Luego le pongo un mensaje.

-Cariño, me voy que tengo mogollón de lío en comisaría,

pero esta noche, después del concierto,

te vienes a casa sí o sí. Te voy a dedicar todo el tiempo del mundo.

¿Vale?

-Vale. No, Nacha, espera un momento. -Dime, ¿qué quieres?

-Bueno, es que quiero hablar contigo.

Que no me gusta que lo pases tan mal por mí.

-Que no, tranquila, entendí

que eso de los celos fue una cosa absurda y yo confío plenamente en ti.

-Ya, pero lo que ha pasado no es por falta de confianza,

es por falta de comunicación.

-Si lo dice mi psicóloga preferida... -Nacha,

es que creo que partimos de un concepto distinto

de lo que es una relación. -¿En qué sentido?

-Yo creía que había dejado claro que no me gustan las relaciones posesivas

ni que me controlen.

-Sí, pero a mí tampoco me va lo de las relaciones asfixiantes.

Lo hemos hablado y estamos de acuerdo.

-Sí, pero cada una lo vive con sus propios matices

y mi manera de estar en pareja es distinta a la tuya.

Hasta que no me contaste tus celos, no me había dado cuenta.

-A ver, Teresa, explícate. Hasta dónde quieres ir a parar.

-Nacha, que creo en las relaciones de pareja de una forma abierta.

-No te entiendo. -Que me gusta estar en una relación

donde me pueda sentir con libertad para acostarme con otras personas.

Creo que eso no tiene que ver con la relación de amor con mi pareja.

-¿Cómo?

-El concepto de fidelidad es algo con lo que no comulgo.

Me parecen más coherentes las relaciones abiertas

porque así concibo el amor, con libertad.

-¿Y me lo sueltas ahora?

-A ver, Nacha. Nos estamos conociendo.

Nunca hablamos de exclusividad.

Di por sentado que ambas veíamos la relación igual.

-No, pues te estás equivocando y mucho.

Yo soy incapaz de traicionarte con otra persona.

Pero ni a ti ni a ninguna pareja. -No hables de traición, por favor.

-No conozco otra forma de expresar esto.

-¿Ves? No estamos en sintonía en este tema, por eso quería aclararlo.

-¿De verdad quieres decirme con cuántas personas te has acostado

a mis espaldas este tiempo? -No, te estás confundiendo.

-Perdona, la que me está confundiendo eres tú, Teresa.

-No he estado con nadie, solo con Mar.

-Ah, qué chévere, solo me has traicionado con Mar.

-No lo veo como una traición. Para mí Mar es una amiga

con la que tenemos una relación desde hace tiempo

y ya está. No me voy acostando con la primera que se me cruza.

Eso quiero que lo tengas claro. Creo en las relaciones

o no estaría contigo, pero de otra forma,

de una manera abierta, con libertad.

-Encima te voy a tener que dar las gracias

porque solo te has acostado con Mar y ya está.

-No hables así porque desde ahí... -No, Teresa, cállate.

No te quiero oír decir ni una palabra más.

Ya me sobra y me basta para sentirme hecha una mierda.

-Nacha, ¡Nacha! Espe...

Joder.

-Sé fuerte, Felisa.

-Mi más sentido pésame.

-Lo siento mucho.

-Pero ¿por qué me has hecho esto?

Para mí vas a estar vivo siempre. Siempre.

Vas a estar a mi lado. -Mi pésame.

-Cada día me voy a acordar de tu risita.

-Vámonos, mejor dejarla a solas. -De la forma en la que me mirabas.

Y todo lo que hemos vivido juntos.

Te voy a echar tanto de menos. Tanto.

Te quiero, te quiero mucho.

Te quiero mucho.

Creo que deberíamos irnos a casa.

No, yo no me quiero ir.

No puedo dejar solo a mi niño.

Déjame un poquito más.

Ay, Jairo.

¡Hijo mío! ¡Mi niño!

Que te han matado.

Que ya no voy a verte más.

Solo me mantengo en pie porque sé que vas a estar con tu hermano.

Deja que se desahogue.

Si es que no os merecíais acabar así ninguno de los dos.

Con toda la vida por delante y tan buenos.

Con un corazón que no os cabía en el pecho, hijos míos.

No es justo.

Yo voy a ser fuerte,

voy a ser fuerte porque sé que vosotros lo querríais así.

Cuidaos mucho, hijos. Os quiero.

Os quiero mucho.

Felisa, Felisa.

(LLORA)

-Va, Felisa, va.

Vamos, tienes que tomar algo caliente.

No, no, yo no quiero comer nada.

Sin mis hijos en este mundo, yo me quiero morir.

-Oye, no. -Yo no quiero vivir más.

No sé cómo no me he tirado por un barranco.

-Para ya de decir eso, ¿eh?

A Jairo y a Róber no les gustaría escucharte hablar así.

Paty tiene razón. Siempre van a estar contigo.

-Prueba las pataticas que están hechas en sartén.

Ya estoy contigo, cariño.

-Hola, María. ¿Me pones una tónica, por favor?

-Sí, cariño, ahora mismo. Espera, que hoy estoy sola.

Como Paty se ha ido al entierro de Jairo.

Toma, reina. -Debe estar muy afectada, ¿no?

-Calla, calla, está rota, la pobre.

Es que esas criaturas se querían muchísimo

y aunque estuvieron separados, eran el uno para el otro.

-Ya, es muy duro perder de golpe a alguien cuando le quieres tanto.

-Ya. Supongo que te refieres a tu familia de Colombia, ¿no?

-No, no, no exactamente.

Para perder a alguien de un día a otro no hace falta que se muera.

-Hola. -Buenas.

-Ponme un zumito de piña, por favor. -Ahora mismo.

-¿Qué pasa? ¿Por qué me has citado con tanta urgencia?

-Elías, es que acabo de sufrir una decepción muy grande con Teresa.

-¿Qué ha pasado?

-Elías, ¿te pongo algo de picar? -No, no, gracias, no.

Venga, suéltalo, ¿Qué? -Ven para acá, que te cuento.

-A ver. ¿Qué? ¿Qué ha pasado?

-Pues que Teresa me ha puesto los cuernos.

-¿Qué me dices? ¿Qué me estás contando?

-Que sí. Lo peor de todo es que tenía una espinita clavada

que me decía que me estaba siendo infiel

y soy tan ingenua que he ido y le he pedido perdón

pensando que todo era una paranoia mía.

Pero no, resultó ser cierto.

Y lo peor de todo es que a Teresa la fidelidad le parece algo desfasado

y le va el rollo de parejas abiertas. -¿Tú sabías que ella iba de ese palo?

-¡Pues no, qué va! Me lo acaba de soltar todo.

Pero ella daba por hecho que lo habíamos hablado

y que para mí estaba bien.

-Ya. Este tiempo que no os habéis visto estaba con otras mujeres.

-No, con otras, no. Encima parece que le tengo que dar las gracias

porque solo ha estado con su querida Mar,

esa que vino de Barcelona.

-Ya, pues hija, no sé qué decirte. Me dejas descolocado.

-Pues imagínate cómo me siento yo.

-A ver, yo estoy de acuerdo con todo tipo de relaciones,

pero eso de las parejas abiertas no va mucho conmigo,

llámame carca, si quieres, vamos.

-Que no, no tiene que ver con la edad. A mí tampoco me va.

Y lo peor es que yo no sé qué hacer.

No sé, pensaba que tenía una novia y resulta que la tengo que compartir.

-Hombre, yo no soy el mejor para darte consejos en estas cosas,

pero, no sé, te diría que veas lo que más te conviene

y tomes una decisión.

-Gracias, compañero. Siempre estás ahí cuando más lo necesito.

Oye, me voy a ir yendo porque me he alargado con el descanso.

¿Te vienes? -No, vete adelantándote tú,

que llevo toda la mañana liado y quiero descansar un poco.

-Vale. Oye. -Sí.

-¿Me pagas la tónica?

Como tengo la cabeza así no me traje la cartera ni nada.

-No, no. Que sí, que es broma, tonta. -¡Anda!

-Eh... Oye, pues nada, María, cóbrame. ¿Qué te debo?

-Cinco euricos. -Toma.

Oye, que estarás contenta, ¿no? -Yo, ¿por qué?

-Bueno, he oído que Jesús no traspasa la tienda

y se queda en Madrid con su hijo.

-Pues sí, parece que al final no se van.

-Bueno, también he oído que volvéis a estar juntos.

-Bueno, cómo vuelan las noticias en el barrio.

-Ya sabes que yo no soy ningún cotilla, ¿eh?

Solo quería desearte suerte. -Muchas gracias, Elías.

No te creas que no me costó dar el paso, ¿eh?

Lo que pasa que bueno, llega un punto en que ya él se iba y,

y lo vi claro, así que fui y le dije que no se marchara.

-O sea que fuiste tú quien dio el paso, ¿no?

-¿Eso no te lo ha contado? -Pues mira, no.

Para que veas que tu novio es todo un caballero.

Bueno, pues nada, María, te deseo lo mejor.

Bueno, os deseo lo mejor. -Muchas gracias, Elías.

-¿Cómo tiene la poca vergüenza de presentarse aquí?

-Verá, me he mantenido alejado durante el entierro

porque no quería molestarla, Felisa.

Pero creo que tengo derecho a estar aquí para despedirme de Jairo.

-Pero qué cínico es usted. Usted no tiene derecho a nada

porque es el principal responsable de la muerte de mi hijo.

-No voy a tener en cuenta sus palabras

porque entiendo que son las palabras que salen del dolor más profundo

que puede sentir una madre por perder a su hijo.

Solo quiero que sepa que estoy dispuesto a ofrecerle

toda la ayuda que necesite, aunque también entiendo

que usted no quiera aceptarla. -Pues claro que no.

Además, no quiero volver a verle nunca más.

Solo quiero que cargue sobre su conciencia toda su vida

con la muerte de mi hijo.

Y mire, si quiere ayudarme, saque la droga de este barrio.

No se lo pido por mí, se lo pido por mi nieto,

para que pueda crecer feliz y tranquilo.

Vámonos, Felisa. No merece la pena.

El día que fui a verte a tu despacho te supliqué

que dejaras en paz a Jairo, te lo supliqué.

No me hiciste ni caso. Me echaste a patadas de ahí

y después hiciste lo imposible para que no se viniera conmigo.

Lo imposible para retenerle a tu lado.

Muy bien, lo consiguió. -Te equivocas, Paty.

Cuando te fuiste a Barcelona, Jairo se presentó en mi despacho

para decirme que dejaba el trabajo y la empresa

y yo no se lo impedí, al contrario, le apoyé y respeté su decisión.

-¿Tú te crees que yo soy tonta?

Sé que tú le comiste la cabeza para que se quedara

y no se viniera conmigo. -Yo no hice nada de eso.

Después de la muerte de su hermano, Jairo decidió quedarse

porque no quería dejar sola a su madre.

-Qué bien te vino esa situación, ¿eh?

Aprovechaste que Jairo estaba en su momento más débil

para terminar de convencerle. -Yo nunca me he aprovechado de él.

¿Sabes lo que yo hice?

Después de la muerte de Róber, Jairo estaba roto por el dolor,

estaba destrozado. Yo siempre estuve a su lado.

Fui el único que estuve ahí, consolándolo, animándolo

y apoyándolo en todo lo que necesitaba.

¿Dónde estabas tú? ¿Qué hiciste por él entonces? Dime.

-Por si no lo sabes, dejé a Jairo el día que descubrí

que iba con una pistola todo el día encima

y él jamás me dijo que habías sido tú el que se la había dado.

Jamás porque era incapaz de traicionarte.

Y tú sabías perfectamente cómo lo ibas a manipular.

Sí, solo tenías que decirle que lo querías como a un hijo

porque sabías que tenía un padre maltratador del que renegaba

y así es como conseguiste ganártelo.

Conseguiste que se pusiera a tu servicio hasta su último día.

-Yo siempre he querido lo mejor para él.

-No, eso es mentira. Si hubieras querido lo mejor

para Jairo, no le habrías dado una pistola.

-Si Jairo tenía una pistola era para protegerse.

Trabajaba en una empresa muy grande, la mía, una empresa

que es el objetivo de muchas bandas de esas profesionales

que quieren hacer dinero rápido y a la vista está.

Jairo ha muerto defendiendo su vida y su empresa.

-Mira, que me da igual lo que me digas.

Aquí lo único que importa es que quien está bajo tierra

es Jairo, no tú.

Tú te protegiste muy bien detrás de él.

Te ha salido la jugada redonda.

Te doy mi más sincera enhorabuena.

Vamos, Paty. Felisa ya está en el coche.

Hola, Espe.

Tengo una llamada vuestra. ¿Hay novedades?

-Sí, y muy buenas. Hemos conseguido recuperar la chaqueta.

-¡Ay, qué bien! Gracias.

-Ahora necesito que me firmes aquí

para que conste que la has recuperado.

-Claro. ¿Cómo la habéis encontrado?

-En la calle del pub hay un par de cámaras de seguridad.

Rastreamos las imágenes y vimos a varias chicas

saliendo con bolsas y con actitud sospechosa.

Nos dimos cuenta de que eran las mismas chicas

que aparecían en el selfi de la otra noche.

-Me alegro de que haya servido.

-Las citamos aquí y nos las trajeron muy arrepentidas.

¿Vas a poner la denuncia? -No voy a tomarme tanta molestia.

Además, daba por hecho que me había quedado sin ella y mira.

Solo quería mi chaqueta, lo demás me daba igual.

Ya te dije que tenía mucho valor sentimental.

-Pues nada, que la disfrutes.

Si me perdonas, tengo que hacer unas gestiones.

-Claro.

Hola, Nacha, ¿mucho trabajo? -Como siempre. ¿Qué haces aquí?

-Tu compañera Espe me ha devuelto la chaqueta.

Ya me puedo volver a Barna con buen sabor de boca.

-¿Por la chaqueta esa o por haberte liado con mi chica a mis espaldas?

-Eh, perdona, Nacha, pero creo que con quien tendrías que hablar

es con teresa, no conmigo. -Sí, ya lo he hecho.

Me ha explicado todo clarito. Me dijo que se acostó contigo

sin ningún remordimiento porque resulta que para ella

es la cosa más normal del mundo. Os habéis reído bien de mí.

-No, eso no es así, no nos hemos reído de ti.

Nuestra relación es independiente de que lo tú tengas con ella.

-Mi novia acostándose contigo

y yo sintiéndome fatal por haber sido una borde.

-De verdad, tendrás que hablar con Teresa sobre tu relación, no conmigo.

Yo no tengo nada de qué hablar. -Esta mañana me pasé por su consulta

para llevarle unas entradas para un concierto de jazz.

Compré tres, una para ti, otra para ella y otra para mí.

Menuda imbécil, ¿no? -A mí no me lo pareces.

Mira, siento que lo estés pasando mal, de verdad,

pero no queríamos hacerte daño. -Pues lo habéis hecho.

Ah, por cierto, es evidente que no voy a ir a ningún concierto,

así que mira, un regalito. Que os divirtáis.

-"No sabes cómo están tus compañeros de la empresa".

"No se creen que ya no estés allí para meterles caña

o para felicitarles por hacer bien su trabajo".

Porque tú eras muy bueno en eso de motivar a la gente.

"¿Sabes qué?".

"Alguien ha puesto una foto tuya en el corcho del muelle

y los compañeros han ido corriendo a escribir mensajes para ti".

"La he traído porque sé que te gustaría saber lo que dicen".

"Has tenido que irte antes que yo

y eso es lo peor que le puede pasar a un padre".

"Sí, porque tú eras mi hijo,

aunque nadie crea en mi dolor".

"Con el que mejor me entendía,

el que siempre me ha aceptado tal y como soy

y, curiosamente, el que más se parecía a mí".

"Si pudiera, cambiaría mi vida por la tuya ahora mismo

sin pensarlo dos veces".

"En el fondo no les falta razón, ¿sabes?".

"No tenía que haber dejado que volvieras a mi lado

después de la muerte de tu hermano, de Róber".

"Tenía que haberte empujado para que te fueras a Barcelona con Paty".

"Por cierto, quédate tranquilo, cuidaré de ella y de tu madre".

"No les faltará nunca de nada. Las protegeré".

"Y al nieto que va a darme Alicia

también le haré más de un regalo de tu parte, no te preocupes".

"Sé que tenías tanta ilusión por el nacimiento de ese niño".

"Ya ves, parece que estábamos destinados

a tener lazos familiares, ¿verdad?".

"Y no solo de corazón, sino también de sangre".

"Has dado tu vida por mí, Jairo,

y yo no me lo merezco".

"Nunca olvidaré lo que has hecho, hijo".

"Y te juro por Dios

que vengaré tu muerte y la de tu hermano,

aunque sea lo último que haga en esta maldita vida antes de,

antes de reunirme contigo en el cielo o en el infierno".

-Papá, venga, creo que deberíamos irnos.

Joder, pobre Jairo. No se merecía todo esto.

-Ahora tenemos que ser más fuertes que nunca.

Se nos avecinan tiempos muy duros y oscuros.

-Lo sé.

(Móvil)

Te aseguro que voy a estar preparado para lo que venga.

(SUSPIRA)

-"Me imaginé que estaría afectado por la muerte de su perro más fiel

y quería presentarle mis condolencias".

"De paso le recomiendo que se busque mejores guardaespaldas,

los va a necesitar". -Escúchame bien.

Eres tú el que tienes que buscarte un buen ejército

para protegerte porque te juro que aunque te escondas

en el último rincón, te voy a encontrar

y te voy a matar con mis propias manos.

-Aquí tienes, cariño. -Gracias.

-Paty, corazón, eres muy cabezona.

Te dije que te quedaras en tu casa descansando,

tienes que reponerte antes de volver al trabajo.

-María, me vuelvo loca en mi casa pensando en Jairo, no quiero.

-Pues vete con tu madre. -Está de viaje.

-Yo qué sé, pues... -María, por favor.

Venga, va, déjame trabajar aquí. Haré lo que pueda.

No te prometo estar al 100 %, pero bueno.

-Ni falta que hace.

Yo qué sé, si crees que vas a estar mejor aquí,

por mí no hay problema. -Gracias.

-¿Y cómo fue el funeral? Supongo que fue mucha gente, ¿no?

-Sí, bastante.

Aunque bueno, yo no he hablado con casi nadie.

Estaba todo el rato con Alicia,

intentando que Felisa no se viniera abajo.

-Madre mía.

No quiero ni pensar lo hundida que estará la pobre.

-La culpa de que esté así la tiene tu amigo, Fernando Quintero.

-A ver, Paty, no digas eso de Fernando.

Él quería mucho a Jairo. -Sí, lo quería mucho.

A su manera le quería.

Ese hombre no es bueno, no es bueno, María.

Y si Jairo no hubiera trabajado para él, ahora estaría vivo.

-Mujer, ¿qué culpa tiene Fernando de que una banda de desalmados

entraran a robar en su empresa? -¿Lo estás diciendo en serio?

Qué engañada te tiene ese hombre, ¿eh?

¿Acaso no escuchas lo que dice la policía sobre él?

-Mira. -Hola.

-Hola, cariño.

-¡Olga!

-Ya me lo ha contado mi madre.

Te he llamado un millón de veces, pero tienes el móvil apagado.

-Ya, tía, no sé ni dónde tengo el móvil.

Llevo un par de días que soy un zombi.

-Me contabas en el último mensaje que estabas volviendo con él.

-Habíamos vuelto a conectar y estábamos empezando algo muy bonito.

No podíamos resistir ya las ganas que teníamos de estar juntos.

-Lo siento, Paty, es horrible.

-Lo sé. Y te voy a necesitar mucho.

Yo no sé si voy a poder asumir algún día

que no voy a volver a ver a Jairo. -Sí, sí que lo vas a superar.

Pero es poco a poco, Paty.

Me vas a tener a tu lado para todo lo que necesites.

-Ha sido una conversación un poco violenta.

Y, como guinda, prácticamente me ha tirado las entradas.

Había comprado para las tres.

-Siento que hayas pasado por esa situación, de verdad.

-Yo sí que lo siento por ti.

Yo, al final, me voy a Barna y tan feliz.

Pero a ti aún te queda trabajo

intentando recomponer tu relación con Nacha.

-No entiendo cómo lo he podido hacer tan mal,

cómo no se lo he explicado desde el principio.

-Teresa, tampoco te machaques, no querías herirle.

Solo has actuado de manera coherente con tu manera de pensar.

-Ser coherente no me va a ayudar para solucionar mi relación.

-No. -Se lo ha tomado tan mal

que nos hayamos acostado juntas que...

-A ver, está muy cabreada y desde su manera de ver las cosas, es normal.

-Ya.

-Pero yo creo que, si te quiere, acabará entendiendo tu opinión.

-O no. De la misma manera que yo no puedo cambiar como soy, ella tampoco.

-Estás muy pillada por ella, ¿verdad?

-Pues creo que sí.

Es que es atractiva, es inteligente, tiene sentido del humor,

admiro cómo ha superado sus traumas para salir adelante.

-Ya, te entiendo. Hasta que no hables con ella no vas a saber cómo respira.

-Sí. -Yo me voy ya para el hotel.

-¿Quieres que cenemos?

-No. Es que mañana cojo el primer AVE y prefiero descansar,

que han sido unos días muy intensos. -Sí, tienes toda la razón.

-¿Quieres venir al hotel y nos tomamos un bocadillo?

-No, mejor no. -Bueno, como quieras.

-No, no voy a ser buena compañía.

Hablamos. -Vale.

(Puerta)

-Hola. -Hola.

-Hola, Mar. Por cierto, ya que te veo,

aprovecho para disculparme por lo que te dije.

Estuvo fuera de lugar. -No te preocupes, no pasa nada.

-Bueno, mejor vuelvo en otro momento. -No, no. Si ya se iba.

-Sí, que mañana madrugo mucho y tengo que hacer la maleta.

Te llamo. Hasta luego. -Chao.

-¿Y Felisa qué ha hecho? ¿Se ha ido sola a su casa?

Sí. Ha dicho que no quería molestar.

Mañana le diré si quiere venir unos días.

A ti no te importa, ¿verdad? Por supuesto que no.

Nerea, no sabes cuánto te agradezco que estés aquí.

Si hubiera llegado a casa tras el entierro

y me hubiese encontrado sola, habría sido muy duro.

Me imagino.

Pero ya que estoy aquí, voy a cuidarte.

Me voy a currar algo de cenar, aunque he visto

que en la nevera no hay casi de nada, pero me inventaré algo.

Gracias.

(Timbre)

Yo no espero a nadie, ¿y tú? Tampoco.

Hola, buenas noches. Buenas noches.

Disculpad que me haya presentado tan tarde,

pero es que necesitaba hablar contigo, Alicia.

Claro, por favor. Siéntate. Gracias.

Os dejo que habléis.

Me voy a la cocina a preparar algo para picar.

¿Te quedas a tomar algo? No, muchas gracias.

Hablo dos minutos con Alicia y enseguida os dejo cenar tranquilas.

Ha sido un día muy intenso y las dos tenemos la emoción a flor de piel.

¿No es mejor que hablemos mañana, tranquilamente?

-Yo estoy tranquila y no tengo ni la más mínima intención de discutir.

Seré muy breve, Teresa. -Bueno, si lo tienes tan claro.

-¿Sabes? Hay una cosa que no acabo de entender.

¿Por qué no me dijiste que te habías acostado con Mar?

Tuviste oportunidades, sin embargo, obviaste ese mínimo detalle.

-Bueno, porque tener una relación abierta no implica dar esos detalles.

-¿De verdad crees que no tendría por qué saberlo?

-No, ahora sí lo creo, lo que pasa que, si pudiese dar marcha atrás,

lo habría hecho todo de otra manera. Nos ha faltado comunicación.

Siento muchísimo que lo pases así de mal.

-Jugaste con mis sentimientos. -No, eso sí que no.

No jugué con tus sentimientos. Me gustas y no quiero hacerte daño.

-Pues lo hiciste. Para mí una pareja es un espacio de intimidad entre dos

y esa es la relación a la que aspiro. Creí que había sido clara contigo.

Por eso mismo he tomando la decisión de dejarlo.

-No, por favor, por favor, no seas tan drástica.

Vamos a hablarlo, en otras cosas nos compenetramos bien, ¿no?

-No, para mí esto es un aspecto muy importante

y yo tampoco puedo obviar lo que siento.

Lo siento, Teresa. Ah, y por cierto,

para no volver a tener malos entendidos entre nosotras

o por lo menos para evitarlo, me gustaría dejarte claro

que no quiero estar en tu lista de amigas con derecho a roce.

Yo no voy de ese palo, ¿sabes?

No sabes cómo te agradezco que hayas venido.

¿Sí? Pues no tenía tan claro que fuera buena idea.

Lo es. Así puedo pedirte perdón por lo que te dije esta mañana.

No estuvo bien, pero también es verdad que tenías motivos

para estar fuera de tus casillas,

así que la que tiene que disculparse soy yo.

No, cumplías con tu obligación de llamarme al orden.

Alicia, yo soy muy estricta con las normas, ya lo sabes.

Pero creo que hay que serlo y si te llamé al orden

es porque me da miedo que una visita a Somoza no te sea suficiente.

¿Eh?

Pero podía haber esperado hasta mañana para decírtelo.

Alivia escucharlo, gracias.

Esa visita al despacho de Somoza fue una imprudencia y un error.

Pero si hubiera estado en tu lugar, habría hecho lo mismo.

Pues, conociéndote, seguro que sí. Fui muy dura y muy inoportuna.

Así que lo siento. Disculpas más que aceptadas.

Pero metí la pata yendo a ver a Somoza

y desafiando tu autoridad.

Podemos estar así toda la noche sin salir del bucle.

Te disculpas tú, luego yo, luego tú otra vez y yo, ¿eh?

Estaba preocupada con este tema.

Bueno, vamos a correr un tupido velo.

Solo quiero que me dejes decirte una cosa más.

No te pongas en el punto de mira de Somoza, ¿eh?

No soportaría perderte. Ya hemos tenido demasiadas pérdidas.

Venga.

Hija, yo sé que vas a hacer algo por ayudar a Felisa,

pero recuerda, siempre piensa antes en ti y en tu hijo.

-Puedes contar conmigo para lo que sea.

-Sí. Lo único que quiero es que estés bien alerta.

Tenemos que hacer lo posible para que la policía siga pensando

que todo lo que ha sucedido ha sido un robo.

-No te preocupes, sé bien qué decirles si me preguntan.

No tenía que haber ido a ver a Somoza y sin informarla.

Fue una imprudencia.

Miralles estaba preocupada por ti y por la investigación.

Con todo esto, necesitaba desahogarme.

La próxima vez cuentas hasta diez antes de ir a desahogarte

con un narcotraficante que te podía pegar un tiro

y volar la tapa de los sesos. No, todo está bien.

Quería preguntarte si puedes mandarme más pastillas.

Aquí todo va muy lento y las que me ofrecen no hacen el mismo efecto.

-No te puedes imaginar cómo se puso cuando le di la noticia.

Era como si no admitiera la realidad, ¿me entiendes?

-Ella es una chica fuerte, ¿no?

-Ya, pero todo el mundo tiene sus límites y esto...

-¿Qué quieres?

¿Que la vaya a consolar por la muerte del tío con el que me engañó?

-Tú no eres rencoroso y nunca lo has sido.

Seguro que agradecerá que estés a su lado.

-Estás muy seguro de eso. -Sí que lo estoy.

Antes de que fuerais novios, erais amigos y de los buenos.

Julio, si colaboras podrías evitar más finales como el de Jairo.

Esa persona podrías haber sido tú.

No merece la pena lo que pueda ofrecerte Quintero

a cambio de tener la conciencia limpia.

¿De verdad crees que los únicos responsables de la muerte de Jairo

fueron quienes apretaron el gatillo?

¿Sí? "El señor Somoza quiere verte".

¿Qué haces llamándome ahora? Podría estar en comisaría.

"Esta noche en su despacho. Es urgente".

Hay una pista nueva sobre el asesinato de Jairo.

Aunque no llevas la investigación, imagino que quieres saberlo.

He convocado una reunión dentro de 15 minutos.

¿Hemos dado con alguien relacionado con ellos?

Sí, con la novia de uno de ellos.

Confesó que sabía que él había robado alguna vez,

pero no creía que fuera capaz de asesinar a alguien.

¿Os dio datos de gente sospechosa con la que se relacionara el novio?

¿Algo de lo que fuese a hacer?

Quiero saber qué tiene la policía

sobre el asesinato del lugarteniente de Quintero.

Sé que no es fácil lo que has hecho, pero es lo mejor que podías hacer.

Además, él ya no está aquí, no puede hacerte nada.

-Pero él tiene muchos amigos.

Si se enteran de que he contado cualquier cosa...

No te preocupes, tendrás vigilancia todo el día

el tiempo que sea necesario, ¿eh?

No vamos a permitir que te ocurra nada.

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Servir y proteger - Capítulo 268

24 may 2018

Miralles reprende a Alicia por visitar a Somoza y acusarle de la muerte de Jairo. Quintero jura ante su tumba que le vengara. Paty destrozada se apoya en Olga. Elías se entera de que María ha retomado su relación con Jesús. Nacha descubre que Teresa le ha sido infiel con Aurora.

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