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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 267 - ver ahora
Transcripción completa

Entonces, ¿quedamos esta noche?

-Justo esta noche no puedo.

Viene una amiga de Barcelona para el congreso y cenaremos juntas.

-¿Y tu amiga también es psicóloga? -Sí, se llama Mar.

En Barcelona se portó muy bien y le debo esta cena.

-¿Que vais en serio?

-¿En serio...?

No sé. Nos estamos conociendo,

no nos hemos prometido fidelidad ni nada de eso.

Yo soy más de relaciones abiertas. -Lo sé.

Por eso no entiendo qué hacemos hablando de ella,

en vez de hablar de nosotras.

-Ahora me doy cuenta, tú dabas sentido a todo.

Pero, no quiero verte así, Paty.

Lo mejor es que me vaya.

¿Verdad?

-Yo hablándote de alquilar piso y de futuro como un imbécil...

-Yo estoy muy bien contigo, de verdad,

me encanta estar contigo, me haces muy feliz.

Lo que siento por ti es muy fuerte.

-No tan fuerte si te has liado con otro.

Tú y yo no tenemos nada que decirnos.

-Mañana Fernando Quintero muere.

-Alejandro Somoza te manda saludos.

(Disparo)

¡Al suelo, jefe!

-Tranquilo, tranquilo...

-Mate a ese cabrón de Somoza.

¡Jairo!

-¿Cómo que le han disparado? ¿Y quién ha sido?

-No te puedo dar más detalles, la investigación está abierta.

-Sabes perfectamente...

que yo habría dado mi vida por la suya.

Bonitas palabras.

Pero yo ahora tengo que decirle a una madre

que su hijo menor ha muerto igual que murió su hijo mayor.

Y que la única persona que podría llevarnos a los asesinos

se niega a colaborar.

Estamos en una guerra y usted me quitó el factor sorpresa.

¿Cuándo nos acercaremos a Quintero de nuevo?

-Volveremos a intentarlo. -¿Cuándo?

-No podremos hacerlo durante un tiempo,

pero lo hemos debilitado. -¡Es todo lo contrario!

Quintero tiene más fuerza para buscar su venganza.

-Nacha lo ha visto...

-Cuando esto termine...

me tienes que contar

quién mató a mi hijo y por qué.

No me escondas nada.

Quiero saberlo todo, quiero saber toda la verdad.

-Aléjate de mí.

Aléjate todo lo que puedas de mí ponte a salvo, te lo pido por favor.

No lo podría soportar, porque...

todo lo que quiero en mi vida tarde o temprano termina muriendo.

-Yo no me voy a ninguna parte. No pienso dejarte solo.

-Te lo pido por favor.

No quiero que corras ningún peligro. -Tranquilo.

Tranquilo.

(Música emocionante)

Buenos días.

Hola.

¿Has podido dormir un poco?

No mucho, la verdad. Desayuna algo, te sentará bien.

Tengo el estómago cerrado, Alicia. Haz un esfuerzo.

Me tomaré un café.

Y unas tostadas que he preparado.

¿Crees que lo habrán llevado al tanatorio?

No, todavía es pronto.

Será a media mañana.

Yo irá para allá a esperarlo.

Si vas a ir a tu casa yo te puedo acercar.

Y otra cosa, Felisa...

Tienes que tener cuidado con estas pastillas.

Es que no me aguanto en pie. Porque necesitas descansar.

Ya descansaré cuando me muera.

Eso es lo que yo querría. No digas eso.

Mira que le dije veces,

que le advertí

que no se acercara a ese hombre.

Que no tuviera tratos con él.

Y él no me escuchaba.

Estaba ciego con él.

Cuando le sacaba el tema se ponía como loco.

Me mandaba a paseo.

Y, míralo... Si es que yo...

En el fondo, yo sabía que algo malo le iba a pasar, yo lo sabía.

Tú no le podías obligar a nada, él era adulto.

No, para mí era un niño.

Yo tendría que haberlo conseguido.

Tendría que haber insistido más.

Felisa, tú no eres culpable de su muerte.

No, yo no.

Aquí solo hay un culpable:

Fernando Quintero.

No sabes cuánto te entiendo.

Pero tienes que ser fuerte, hazlo por ellos,

aunque no estén aquí. ¿Ellos?

Yo solo les tenía a ellos.

Solo tenía dos hijos, dos hijos como dos soles.

Y me los han quitado.

Mi vida ya no vale nada.

Cuando este niño nazca,

y puedas sostenerlo en brazos,

tendrás otro motivo para seguir viviendo.

(Teléfono)

Hola, Macu.

Sí, hija, sí.

Así ha sido, sí.

Mi pobre Jairo...

Una desgracia, me lo han matado.

Sí, luego lo llevarán al tanatorio.

Sí, allí nos vemos.

Mi prima Inmaculada.

La familia está hecha polvo.

Es que a mi Jairo lo querían mucho.

Lo sé.

Era muy bueno.

Muy bueno...

Y muy cariñoso.

Siempre tan atento conmigo...

(Puerta)

Hola. Hola.

¿Qué tal estás?

Pasa, estoy con mi suegra.

Felisa, él es Iker, mi compañero.

Encantada.

Le acompaño en el sentimiento. Gracias.

Pasaba para ver cómo estabais, por si necesitáis algo.

Gracias, Iker.

No quiero molestaros, os dejo desayunar tranquilas.

Cuídese mucho, Felisa. Gracias.

Cualquier cosa que necesitéis, avísame.

Gracias por venir.

Qué majo tu compañero. Sí.

¿Vamos a tu casa y te cambias? Sí, mejor.

Sí, es muy difícil de encajar.

Alicia estaba muy unida a él.

Cuéntame, cómo va el congreso.

Tienes que intentar disfrutar un poco.

Olga me ha dicho que viene la semana que viene, pero...

Ya sabes, igual le sale un curso y lo retrasa.

Sí, no te preocupes, se me pasará.

Esto es el pan nuestro de cada día.

Estoy bien.

Yo también te quiero, cariño.

Ay...

(Puerta)

¿Unas porritas?

Que luego no me va a caber el uniforme...

Hoy necesitamos un buen chute de grasa y azúcar.

¿Cómo estás?

Fastidiada. Pues ya somos dos.

Huele a café.

Sí, te sirvo uno. Por favor...

¿Tú has podido dormir algo?

La verdad es que nada, vengo directo de comisaría.

Sí, sí, sí, gracias.

¿Han acabado los de Científica en Transportes Quintero?

Sí, pero no hay nada relevante.

Ni lo van a encontrar...

Pero una noche de desvelo da para mucho,

y creo entender lo que ha pasado.

Que Somoza está detrás de todo y que iban a por Quintero, ¿no?

¿Eso es lo que crees? Estoy convencido de ello.

Y que Quintero lo sabe, pero...

no lo va a confesar nunca.

Ayer se lo dije claramente y se indignó.

Alicia lo puso contra las cuerdas, pero no soltó prenda.

Es desesperante.

Desde que han desembarcado los narcos colombianos en el barrio,

no hay más que desgracias: primero Salva, luego Robér, Jairo...

Igual la guerra no ha empezado todavía.

¿Qué quieres decir?

Que Quintero no se va a quedar cruzado de brazos,

seguro que él la devuelve ahora.

Según la reconstrucción de los hechos,

parece que iban a por Quintero, lo del robo es una cortina de humo.

Jairo volvió a por las entradas, se encontró con el pastel,

y al defender a su jefe mató a uno de los sicarios,

y él otro le disparó antes de ser abatido.

Un panorama dantesco.

A ver si Científica arroja algo de luz sobre esto, no sé...

Yo he pedido informes sobre los sicarios,

a ver si hay relación con Somoza. También es mala suerte

que nos haya pasado como con Yanakis.

Se mueren los sicarios y perdemos el rastro de quien los contrató.

Nos va a costar implicar a Somoza en esto.

Está claro que el "modus operandi" del asalto

no responde al de unos simples rateros.

Sin pruebas fehacientes no tenemos argumentos delante del juez.

Tienes que encontrar la implicación de los sicarios con Somoza.

Elías, como sea.

Te juro que me voy a dejar la piel en esto.

Ya...

No hace falta que me acompañes, tendrás mucho trabajo.

Hoy no voy a trabajar, solo quiero estar contigo.

Felisa, lo siento muchísimo.

-Marcelino...

Esto es horrible.

Parece que estoy viviendo una pesadilla. No me lo creo.

-Me imagino.

-Hace unos días estuvo comiendo en casa.

Pobrecito mío, se le veía tan contento...

Tan ilusionado...

Hace tiempo que no lo veía así.

Le hice broma con que se buscara una chica y...

Y no paraba de sonreír.

Era un muchacho extraordinario. Pero tú eres fuerte...

Juntas encontraremos esa fuerza para luchar.

Ya no, yo solo pienso en que...

no volveré a abrazar a mi niño nunca más.

-¿Queréis que tomemos algo?

-No, gracias. Yo prefiero caminar un poco

antes de ir al tanatorio, y...

encontrarme con toda la gente, los amigos y todo eso.

Como quieras, pero llámame. Sí, yo te llamo.

Yo te llamo luego.

Adiós, Marcelino. -Adiós.

Pobre mujer...

No sé si va a poder levantar cabeza.

Esto es demasiado sufrimiento para ella.

Estaban muy unidos.

He leído que los asesinos murieron en el tiroteo.

Parece que fue un intento de robo.

Sí, eso parece.

Pero estoy convencida de que hay algo oscuro en todo esto.

¿No crees que fuese un intento de robo?

No vamos a parar hasta saber quién movió los hilos

para que Jairo muriera así.

Ahora solo podemos investigar.

Tú no vayas a correr ningún riesgo, hija.

Suerte que tengo de tenerte cerca.

-Que tenga un buen día, Alejandrina. Adiós.

¿Has llenado la cámara? -Sí.

Me da pena pensar que esta será de las últimas veces.

-De eso quería hablarte. Ven.

Es que, he decidido que no vamos a vender la tienda.

-¿Cómo que no? -Anoche estuve sopesando la decisión.

Valorando los pros y los contras. -No lo entiendo.

¿No habías acordado el traspaso con la empresa de La Rioja?

-Ya saben que no hay trato. Los he llamado.

-Muy bien.

Y yo soy el último en enterarme. -El último no.

-¿Y se puede saber la razón de este cambio tan radical?

-María... Me ha pedido que me quede.

-¿Cómo que te lo ha pedido?

-Me ha dicho que no podría soportar que me fuera.

-Yo lo flipo, tío...

¿Eso significa que estáis juntos?

-Sí, vamos a darnos una segunda oportunidad.

-¿Estás seguro?

-Anoche me pareció muy sincera. Me habló con el corazón en la mano.

En otra ocasión te dijo que quería salir contigo, y luego...

cambió de opinión y te llevaste un buen chasco.

-Me ha dicho que se ha equivocado, me ha jurado que está arrepentida.

-Bueno, a ver si es verdad.

-Buenos días.

¿Te preparo algo para desayunar? -No, no, no...

No quiero nada. Gracias.

¿Qué haces aquí todavía?

¿No habías quedado con los creativos de la agencia?

-Sí, pero cancelé la reunión para quedarme aquí.

Trabajo mejor desde casa.

Tú no irás a trabajar hoy, ¿no?

-Sí, hijo, voy a tener que ir.

Tengo que hablar con Marisa para darle instrucciones

que alguien se haga cargo del trabajo que hacía Jairo.

-¿Me ocupo yo? -No, sigue con lo que estás haciendo.

-Llámala y quédate descansando, por favor.

-No puedo, hijo, ya quisiera.

Estoy hecho una mierda, pero tengo que estar al pie del cañón

por los trabajadores, y...

Y porque hay que dar imagen de fortaleza ante Somoza.

-Sí, tienes razón.

(Puerta)

-Quiero hablar con Fernando Quintero.

-Claro. Pase.

Siento mucho lo de su hijo.

Éramos grandes amigos.

-Asesino...

-Julio, será mejor que...

vayas a tu habitación y nos dejes solos.

Por favor.

Si quiere que nos sentemos para hablar...

más tranquilamente. Yo quiero que sepa usted que...

Jairo era como un hijo... -Mejor que se guarde sus mentiras.

Ni Jairo era un hijo para usted, ni a usted le importaba un carajo.

Mi hijo ha muerto por su culpa.

-No...

su hijo ha muerto...

porque, lamentablemente, volvió al despacho

a recoger unas entradas que se había olvidado,

y se encontró con ese ladrón

que quería matarme. -Pues ojalá lo hubiera hecho.

Ojalá lo hubiera matado a usted.

Si usted muriera, viviríamos todos mucho más tranquilos.

-En eso tiene usted toda la razón.

Ojalá hubiera muerto yo en lugar de Jairo.

Quiero que sepa que sería capaz de hacer cualquier cosa,

cambiaría mi vida por la suya.

-Déjelo,

no se haga el buen hombre conmigo porque no cuela.

-Te has quedado callado desde que te he contado lo de María.

-Es que estoy pensando. -¿En qué?

-En que no entiendo cómo puedes ser tan egoísta.

-¿Qué quieres decir?

-¿Te parece que es manera de actuar conmigo?

¿Yo qué soy?

¿Un muñeco que metes y sacas de la maleta según tus planes?

-¿Por qué te pones así ahora?

-Hace cuatro días te ibas porque María rompió contigo,

y yo debía seguirte aunque no me gustara.

Ahora, ella te dice cuatro cosas y te quedas.

Y yo me tengo que aguantar y quedarme.

Lo que yo piense o sienta, te importa una mierda.

-Vamos a ver, David,

tú me dijiste que si yo me iba tú te quedabas.

Pensé que la decisión de dar marcha atrás te alegraría.

-Además te tengo que dar las gracias...

Lo que me faltaba. -David, te estás pasando.

Tú sí que me importas,

y creo que hablas así porque has roto con Paty.

-Pues, para ser tan listo,

no me has preguntado cómo me encuentro

por el palo que me han dado.

-Porque a veces te muestras esquivo, y no quieres hablar de ella.

-Ya, la culpa es mía, que soy esquivo.

Mientras tanto, tú a tu bola.

-David, no te reconozco. ¿A qué viene tanta mala baba?

-A que estoy harto de ser el típico buenazo estúpido

que paga siempre el pato.

Has decidido que nos quedamos y me lo presentas como un hecho.

¿Y yo, qué?

¿Eh?

-Perdóname, perdóname, yo no quiero imponerte nada.

Ya no eres un niño.

-Pues parece que no te has dado cuenta.

-Yo creía que tu ruptura con Paty era una pelea de enamorados.

Creía que te iba a alegrar al decirte que...

que nos quedamos, para poder reconciliarte.

-Pues entérate:

he roto para siempre con ella, y cuanto más lejos me largue, mejor.

-Pero ¿tan grave es?

-Paty me ha puesto los cuernos con Jairo.

-¿Y cómo lo sabes? -Porque me lo confesó ella.

Eso sí, con mucha delicadeza y compungida,

porque lo último que quería era hacerme daño.

-Hola, ¿qué le pongo?

-En el polígono me advirtieron que si trabajaba para usted,

tendría problemas, que acabaría mal.

Yo le supliqué una y mil veces que lo dejara.

Pero, nada, usted lo tenía como embrujado.

Ni Alicia ni Róber fueron capaces de convencerlo.

Y, mírele,

ha acabado de la peor manera.

-Verá, yo...

yo quiero que sepa que...

que lo siento con toda mi alma.

-Pues yo no le creo.

Yo no le creo.

Porque a usted solo le importan sus negocios.

Mi Jairo no era más que un peón.

-No se equivoque...

Aunque yo...

entiendo cómo se puede estar sintiendo, porque...

también tengo hijos.

-¿Y qué me quiere decir con eso?

-Que me pongo en su lugar... -Ni se me acerque,

Ni se le ocurra tocarme.

Yo no le deseo ningún mal a sus hijos,

bastante tienen con tenerlo de padre.

Eso sí...

yo les diría que no se acerquen a usted, que se mantengan bien lejos.

Para que no acaben tan mal como Jairo.

-Quiero que sepa que yo

he hecho lo que he podido para proteger a su hijo.

-Ah, ¿sí? ¿Cómo? ¿Cómo?

¿Metiéndolo en el mundo de la droga? -No.

No.

Jairo nunca tuvo que ver con ningún negocio ilegal ni sucio.

No se haga usted mala conciencia.

-¿Que no me haga mala conciencia?

Es usted quien debería tener mala conciencia,

y no dormir tranquilo por las noches.

Que todo el mundo sabe que trafica con droga,

y quien se le arrima acaba pringado.

-No siga por ahí, Felisa,

ya le he dicho que Jairo, desgraciadamente, ha muerto

por culpa de unos ladrones. Podrían haberme matado a mí,

o podrían haber matado a mi hijo. -Pero no lo hicieron.

Seguro que a su hijo lo protege mucho mejor.

En cambio mi Jairo, mire...

está muerto.

-Le voy a decir una cosa...

De verdad, Felisa, con el corazón en la mano.

Cuando conocí a Jairo era...

un chico que tenía mucha falta de cariño,

fue él quien vino a mí.

Yo no lo busqué.

Él se refugió en mí como si fuese un padre,

y yo lo quería como a un hijo.

-Jairo no tuvo un buen padre, esa es la verdad.

Pero usted se aprovechó de eso.

-Yo nunca me he aprovechado... -Claro que sí.

Claro que se aprovechó, es muy fácil

hablar así cuando se tiene poder,

cuando se maneja el destino de los demás como le da la gana.

Usted es un hombre muy poderoso, sí, ¿y yo qué soy?

Yo no soy más que una pobre mujer que no tiene nada.

Yo solo tenía dos hijos,

solo tenía dos hijos, y a los dos me los han quitado.

¡Me los han matado!

Gente mala, hombres malos como usted.

Usted es un criminal, ¡es un desgraciado!

¡Yo le maldigo!

¡Le maldigo a usted y a toda su raza!

Yo le deseo la muerte,

le deseo la muerte a usted y a todos los suyos.

¡Le maldigo a usted y a toda su legión!

-Papá,

¿ella no sabe que Alicia es tu hija?

-No.

No lo sabe y así tiene que seguir siendo.

Si lo supiese,

solo complicaría más las cosas.

¿Sabes? En el fondo,

entiendo su necesidad de venir a...

a desahogarse conmigo.

-Papá, escúchame.

Tú no tienes la culpa.

-Sí que la tengo, hijo, maldita sea, yo tengo la culpa de todo.

-¿Por qué no acabamos de una vez con todo esto?

-¿Acabar con qué?

-Con esta guerra.

-No creas que no estoy pensando, que Somoza se quede con el negocio

y con lo que le dé la gana.

Pero antes,

te juro por Dios que voy a vengar la muerte de Jairo.

Aunque me cueste la vida.

Aunque me cueste la empresa, el negocio y todo el oro del mundo.

Porque se lo prometí.

Mataré a Somoza con mis propias manos,

aunque sea lo último que haga en esta vida.

Se lo debo a Jairo.

-Yo tampoco como tan mal.

Mira qué tipín.

-Necesitas poner más vitaminas en tu dieta.

Siempre tiras mucho de hidratos de carbono,

y grasas chungas. -Pero qué exagerada eres, ¿no?

-A ver, ¿qué desayunaste esta mañana?

-Desayuné un cafelito y unos churros buenísimos.

-¿Lo ves? Necesitarías un zumo multivitaminas.

Si te da pereza hacerlo te vas al Color de la huerta,

y Jesús te lo prepara.

-Me parece que ese poco zumo va a vender ya.

-¿Por qué? -Porque va a chapar, me lo ha dicho.

-Que no te enteras. Iba a cerrar, pero ha cambiado de opinión.

-¿Qué?

-Cuando fui a comprar las uchuvas me lo dijo.

Uchuvas, eso es lo que necesitas en tu dieta.

Son multivitaminas, antioxidantes...

-¿Y este por qué ha cambiado de opinión?

-No se lo pregunté, pero lo vi muy animado.

-Ay, qué bien que te encuentro, Nacha.

Os presento: mi amiga Mar que ha venido de Barcelona

para el congreso de psicología,

y Nacha y Elías, policías del barrio. -Encantado.

-Encantada, Elías.

Y Nacha.

Teresa me ha hablado mucho de ti. -Ah, ¿sí? ¿Y qué te ha contado?

-Cosas buenas...

-Nacha, yo voy tirando, tengo que ir un momento al quiosco.

Encantado. -Igualmente.

-Perdón.

-Me dijo mi compañera Espe

que pusiste una denuncia porque te robaron una cazadora.

-Sí, fuimos a cenar y luego a tomar unas copas.

El local era un poco tugurio,

y nos levantaron la cazadora que estaba en una silla.

-Aunque sea un fastidio, de noche hay que mantener las cosas vigiladas.

-Hay gente que tiene la mano muy larga.

-Eso siempre, de noche y a plena luz del día también.

-Yo siempre he sido muy despistada.

-Según me dijo Espe, lo tuyo no fue por un descuido.

-Podíamos haber estado más atentas.

-Yo no me enteré. Entre los bailes que nos dimos...

-Y las copas que nos tomamos. -Me di cuenta cuando salimos de allí.

-Pero ¿tú no venías a un congreso?

-Hay que tener tiempo para todo...

-Es que...

Si salgo la noche anterior, no podría estar concentrada.

-Pero hay que tener tiempo para unos bailes, unas copitas...

Y más en una ciudad como esta.

Madrid me mata, ¿a ti, Teresa?

-¿Madrid me mata?

-No le hagas caso, es un eslogan de la Movida Madrileña.

-Tú eres muy jovencita, Nacha.

-Nosotras éramos unas niñas cuando la Movida.

-Teresa, ya que tienes tanto tiempo libre,

¿qué te parece si vamos a cenar esta noche

y luego vamos a uno de esos tugurios que tú conoces?

-Esta noche tenemos cena con los del congreso, lo siento.

-¿Una copita después de cenar?

-Remataremos la noche en un karaoke, como cuando salíamos por Barna.

-No sabía que te gustaba cantar.

-Tiene mucho talento con el micro. ¿Por qué no te vienes al Karaoke?

-No, gracias, yo, más que cantar,

acabaría rompiendo los cristales.

-No hay que saber cantar, se trata de pasarlo bien.

-No, id vosotras y pasadlo bien con vuestras diversiones.

Yo tengo mucho curro.

-Un poquito seca tu amiga, ¿no?

-Paty, ¿qué haces aquí? Te dije que no vinieras.

-No puedo estar más tiempo en casa, te lo juro.

No puedo más.

No he pegado ojo en toda la noche.

A las cinco de la mañana harta, de dar vueltas, me fui a correr.

A ver si me despejaba...

O yo qué sé para qué.

Cuando conseguí dormir,

tuve una pesadilla horrible.

-¿Qué has soñado?

-Pues que Jairo...

corría por un bosque, superasustado,

y alguien lo perseguía, no sé quién.

Y yo estaba ahí...

y no podía ayudarlo.

No podía.

Estaba paralizada, viendo cómo estaba muerto de miedo,

y no podía hacer nada.

María, por favor, dame algo de trabajo,

me va a estallar la cabeza. -Sí, sí...

Vale, vale.

Pero primero desayuna algo. Mira, tómate un zumo de naranja,

y unas magdalenas que están recién hechas.

Venga... Toma.

Aunque sea el zumo.

(Teléfono)

¡Joder! Tenía cita con la ginecóloga...

Han tardado tres meses en dármela... -¿Te pasa algo?

-No, la revisión anual, pero voy a anularla.

-No, no anules nada, vete.

Déjame aquí. María, por favor, déjame aquí.

Ve, por favor.

De verdad.

-¿Estás segura? -Sí, cien por cien.

-Pero hoy tendrás que ir tú al tanatorio...

-Que no, voy más tarde. -¿Tú cuánto tardas?

-Media hora como mucho, está aquí al lado.

-Hay tiempo de sobra. Ve, por favor.

Me quedo yo, me quedo yo.

-Me da cosa dejarte así. -No te preocupes, estoy bien.

-Vengo ya.

-Y así es que Transportes Quintero se va directo a la tumba.

-No hemos matado a ese cabrón.

Pero le hemos hecho un daño irreparable.

-No crea que se me olvida que la cagó al no cumplir el objetivo principal.

Por lo menos le estamos sacando una tajada.

-Me apuesto a que habrá una desbandada de clientes.

Que todos los distribuidores estarán muertos de miedo.

Ahora le estarán abandonando todos.

-Reconozco que le estoy viendo la ventaja de haber matado a ese perro.

Va usted ver sufrir a Quintero antes de que se muera.

(Teléfono)

Sí.

Hágala pasar, Maricarmen. Muchas gracias.

-Quiere que salga? -No.

Es la inspectora Ocaña, que viene a tocarnos las narices.

-Claro...

Jairo era su cuñado. -Eso lo sé.

No es problema nuestro.

Hay que ser bastante listo para saber a quién se arrima.

-¿Qué te pongo, David? -Un quinto.

-Pero si tú no bebes... -¿A ti qué te importa?

Tú ponme el botellín.

A las chicas os gustan así, ¿no?

Malotes, como Jairo.

¿Y qué? ¿Anoche bien?

Sí, seguro que sí.

Os debisteis reír a mi costa, ¿no?

A lo mejor no tuvisteis tiempo porque ibais a la vuestra.

Unos bailes, unas copas, y un buen polvo.

-No hubo nada de eso. -No me des explicaciones.

Ponme el quinto.

Estoy harto que me ninguneen.

Empezando por mi padre.

Ahora no traspasa la tienda,

¿y a quién se lo ha consultado? ¿A ti?

Porque a mí no.

-Me alegro mucho de que os quedéis, de verdad.

-Pues yo no.

¿Y sabes por qué no?

Porque mi novia me ha puesto los cuernos con su ex,

un capullo integral, y la tía me lo dice con mucho tacto.

Y yo como soy un gilipollas integral,

me resigno. -¿Te puedes callar de una vez?

-¿Encima me mandas callar? -Cállate

-Claro, entre mis cualidades está mantener la boca cerrada.

Porque soy un tío muy comprensivo.

Si me cruzo con Jairo le daré unas palmaditas en la espalda,

para felicitarle en lugar de partirle la cara.

-No podrías aunque quisieras, no podrías...

-¿No me ves capaz?

-A Jairo lo mataron anoche.

-¿Cómo?

-Unos tíos entraron a robar a Transportes Quintero,

y le metieron un tiro.

¿No lo sabías?

-No, Paty.

-Pues ya lo sabes.

¡Joder!

-Inspectora Ocaña,

¿a qué se debe esta visita?

Sabe muy bien por quién estoy aquí.

Me voy a dejar la piel para que pague

por todo el dolor que está causando.

Por favor, no se deje la piel, que no se va a ver tan bonita.

Cuénteme, ¿qué dolor es ese? ¡Basta ya!

Deje de tratarme como si fuera una estúpida.

Usted lo ha matado igual que mató a su hermano.

Como siga así, yo seré el responsable del asesinato de Kennedy.

No sea cínico.

Usted es un criminal y yo lo meteré en la cárcel.

Inspectora, usted me está haciendo graves acusaciones

sin tener pruebas.

Puedo ir a donde su comisario a pedirle explicaciones.

-A Jairo Batista lo mató un ladrón

que entró a robar en Transportes Quintero. Punto.

Demostraremos que eso fue un amaño, que el objetivo era otro.

¿Según usted cuál era el objetivo?

Fernando Quintero, su enemigo.

Están librando una guerra

por el mercado de la droga en nuestro país.

Vino de Colombia para desbancar al capo del narcotráfico

en Distrito Sur.

Eso suena fantástico, ¿cierto?

-Parece la telenovela que veíamos en su país, ¿cómo se llamaba?

¿Tanto quiere su negocio

que no le importó sacrificar la vida de su hijo?

Mire, inspectora,

a mi hijo lo mató un policía...

su novio.

Eso no tiene que ver con ninguna guerra.

Y para vengar su muerte, llenó mi boda de sangre.

Recuerde una cosa, señor Somoza,

que yo tampoco perdono ni olvido.

No sé de qué demonios me está hablando.

Marque en un calendario los días de libertad que le quedan.

Si cree que Quintero es su enemigo es porque no sabe quién soy yo.

Ah, ¡es verdad!

Se me había olvidado eso.

Es cierto que son padre e hija.

Clavaditos los dos.

Por eso tienen tan mala leche, ¿no?

Usted sabe que en Colombia le habrían pagado si escribiera telenovelas,

porque usted tiene una mente brillante.

Ya sabe que nosotros somos los reyes de eso.

¿De qué? ¿Del narcotráfico?

De las telenovelas. Ponga atención.

Y con respecto a las acusaciones que me está haciendo,

¿usted tiene alguna prueba?

No revelaré lo que tenemos contra usted.

La investigación está en curso y es confidencial.

Pero...

debería estar muy preocupado.

Yo no estoy preocupado, a mí no me importa.

Averigüen lo que les dé la gana.

Ni aquí ni en Colombia me van a culpar

de lo que me están acusando.

Aquí trabajamos de forma distinta a Colombia.

Eso ya lo sé.

Aquí, en la madre patria parece que todos fueran racistas.

Déjeme decirle que no todos los colombianos somos narcos.

-Está, por ejemplo, Gabriel García Márquez.

Otro rey del realismo mágico.

Por supuesto que no.

No todos los colombianos son narcotraficantes,

pero usted sí que lo es.

Y muy pronto demostraré los crímenes que ordenó.

¿Por qué no se relaja un poco y se toma un ron con nosotros?

-Que no puede, patrón,

está embarazada.

-Es cierto...

¿Para cuándo espera ese bebé?

Para cuando usted esté entre rejas.

Marisa, necesito que me hagas un pequeño favor personal.

Necesito que vayas a la floristería

y que encargues la corona de flores más grande que tengan.

Pídeles que pongan esto, ¿vale?

"Siempre en tu recuerdo. Fernando Quintero".

Que tenga muchas flores...

y de muchos colores.

Que hagan el favor de llevarla cuanto antes al tanatorio.

-¿Usted irá?

-¿Yo?

No lo sé. La verdad, no lo creo.

"Con permiso".

Comisario, qué sorpresa.

Fernando. He venido para darle el pésame

por la muerte de su empleado. Lo siento mucho.

Se lo agradezco en el alma, de verdad.

Es la única persona de la comisaría que ha venido.

Aunque, supongo que no habrá venido solo por eso.

También me gustaría que me diga qué pasó, exactamente, aquí anoche.

Por favor, ¿otra vez con el mismo cuento?

Eso es, precisamente, lo que quiero,

demostrar que todo esto no es un cuento.

El atraco de ayer demostró una violencia desmedida.

Mire, ya le dije a la inspectora Miralles

todo lo que vi y todo lo que sé.

Supongo que habrá escrito unas diligencias,

como ustedes lo llaman, y que lo habrá leído.

Lo siento, pero...

en estos momentos hay una investigación abierta

para esclarecer hechos muy graves.

Dicha investigación todavía no ha concluido.

Y yo necesito que entienda de una maldita vez

que la persona que murió ayer en mis propios brazos,

era alguien a quien yo quería como un hijo.

Como un hijo...

Y que siento un dolor muy grande ahora mismo.

Le pido, por favor, que lo respete.

Lo primero que he dicho es que sentía la muerte del chaval.

Y, sí, sé que usted lo apreciaba de verdad.

Mira, Emilio, me da exactamente igual si me crees o no.

Te juro por Dios, que si pudiera volver atrás en el tiempo,

me pondría en medio, entre ese chico y esas balas

para recibirlas yo en el pecho. Haría cualquier cosa

con tal de cambiar mi vida por las suya.

Verás, Fernando...

recientemente sufrí mucho,

por una hija que estuvo a punto de morir

a manos de un desalmado.

Así que, te creo,

y...

te comprendo perfectamente.

Si entiendes por lo que estoy pasando, sabrás que...

lo único que necesito, ahora mismo, es estar solo.

Adiós, Fernando. Gracias.

Gracias, Emilio.

Gracias.

-La verdad, que esa familia tiene la negra.

-Qué pena me da Felisa.

Perder a sus dos hijos en tan poco tiempo...

-¿Y Alicia, qué? Primero lo de Róber y ahora esto.

-¿Qué te pasa, Nacha?

¿Es por Jairo?

-Sí, claro, también.

Pero es por otra cosa.

-¿Problemas con Teresa?

-No se te escapa ni una, ¿eh?

-¿Qué os pasa?

Si quieres contarlo, claro.

-Creo que Teresa me engaña.

-¿Con la amiga de la cazadora "fashion"?

-Sí, esta mañana nos hemos cruzado en la plaza,

Teresa iba con ella, y...

Me dio muy mala espina.

-Que te dé mala espina no significa que te esté engañando.

-Claro, tienes que confiar en Teresa.

-Tú misma me dijiste que cuando vinieron a poner la denuncia

había muchísima complicidad entre ellas, ¿sí o no?

-Sí, pero yo tengo mucha complicidad con algunas amigas.

No veo dónde está el problema.

-A ver, Espe, hay complicidades y complicidades.

¿La de ellas de qué tipo era?

-Yo qué sé...

Se las veía a gusto juntas...

Bromeaban... -¿Bromeaban?

Después de que le robaran la cazadora, ¿no es un poco raro?

-Estás paranoica, ¿eh?

-Sé que estuvieron cenando, bailando,

bebiendo toda la noche, y después que si jijí, que si jajá...

-No hay nada de sospechoso en salir, beber y divertirse,

nosotras también lo hacemos con nuestras amigas.

-Os digo yo que estas dos tienen rollo.

-Qué película te estás montando...

-Tú disimula, pero estás pensando lo mismo que yo.

-¿Yo? ¿Por?

-Cuando me dijiste que había complicidad entre ellas,

fue insinuando que había algo más y ahora te echas atrás.

-Que no, yo no insinúo nada, yo no he visto nada.

Yo qué sé.

-Espe, dime una cosa,

¿había chispa cuando se miraban? Porque eso se nota a leguas.

-Yo hice una diligencia, no me dediqué...

a descifrar miradas.

-Nacha, de verdad, no te rayes.

Los celos no son buenos en una relación,

y mucho menos para tu salud.

-Yo flipo con vosotras, que no tenéis pareja ni nada,

y venís a decirme cómo conservar una relación.

-Nacha...

¡Nacha!

¿Has visto cómo se ha puesto?

-Está más rayada de lo que pensaba.

-Visto el percal...

qué a gusto se está sola.

Venga, vamos.

-Felisa, ¿qué haces aquí?

-Porque han cerrado el tanatorio, si no, me quedo allí.

Ay...

-Felisa...

te acompaño mucho en el sentimiento.

-Yo sé que tú apreciabas mucho a mi hijo.

-Sentaos, Paty. Te voy a hacer una tila.

-Gracias.

-¿Por qué no te has ido todavía a casa?

-Es que he subido a su piso a recoger unas cosas, y...

me he agobiado tanto que he bajado a verte.

-Siéntate.

-Ay...

Me ha gustado mucho tenerte cerca hoy.

-Voy a estar siempre aquí.

Para cualquier cosa que necesites estaré aquí, de verdad.

-Tú no te preocupes, que yo...

poco voy a necesitar ya.

-Oye, no hables así que a Jairo no le gustaría nada.

-Mi Jairo te quería mucho.

Siempre hablaba de ti, todo cosas buenas.

Que Paty esto, que si Paty lo otro...

Creo que has sido la única chica que ha querido de verdad.

-Yo a él también lo quería muchísimo.

Muchísimo...

Lo voy a echar tanto de menos, de verdad...

-Pobrecita mía...

Me sabe muy mal que las cosas no cuajaran contigo.

Cuando todo esto pase,

tienes que estar bien, yo quiero que tú estés bien.

Tienes que ser feliz por él.

-¿Encima me das ánimos tú a mí?

-Aquí la tienes, corazón.

-Muchas gracias, María.

-Tómatela que te va a venir muy bien.

-Mira lo que he encontrado.

-¿Qué has encontrado?

¿La guardaba? -¿Que si la guardaba...?

La tenía en su dormitorio.

-Me acuerdo mucho de este día...

Fuimos al parque de atracciones y estaba como loco.

Cantaba en las montañas rusas... Es que no paraba.

Qué ataques de risa.

Lo pasamos como niños.

-Pobrecillo...

A Jairo nada le gustaba más que hacernos reír, ¿a que sí?

No te podías enfadar con él.

-Era el chico más generoso...

y más tierno...

a su modo...

que he conocido nunca.

-Tenía muy buen corazón.

Aunque algunas cosas las hizo mal.

Como fiarse de su jefe.

(Puerta)

A ver qué ha ocurrido ahora, por Dios...

¡Olga!

¿Se puede? ¡Cariño!

¡Cariño, cariño, cariño! ¿Tú no venías la semana que viene?

Te engañé porque quería darte una sorpresa.

Pues creo que me la has dado.

¡Qué bien estar en casa!

A ver, que te vea.

Estás muy cambiada, estás muy guapa.

¿Antes no lo estaba, o qué? No seas tonta...

Lo que te noto es, no sé...

Muy parisina, muy chic.

Sí, mamá, es que aquello te cambia, es maravilloso.

Bueno, pues...

Siéntate. Cenamos y mientras me lo cuentas todo.

Vale, ¿y papá? ¿Papá?

Está en Méjico en el congreso de medicina familiar.

Pensé que ya había vuelto. Todavía le quedan unos días.

Si quieres le hacemos una videollamada,

le hará mucha ilusión. ¡Espera!

Todavía no. Dame otro abrazo,

que no me puedo creer que ya estés aquí.

Pues créetelo, que te queda Olga para rato.

-Anda, Alicia, come un poco.

-¿Había mucha gente en el tanatorio?

Sí.

Familiares, vecinos, amigos del polígono...

Es increíble cómo...

una sola persona puede acumular tanta desgracia en tan poco tiempo.

Todo esto es como si una maldición hubiera caído sobre los Batista.

¿Quién va a ser el siguiente, mi hijo?

Te prohíbo que hables así, Alicia.

Aquí no hay ninguna maldición que valga.

A tu hijo no le va a pasar nada. -Quítate de la cabeza

esos pensamientos negativos ahora mismo.

Sabía que esto iba a pasar.

Soñé la muerte de Jairo.

¿Qué estás diciendo? Tuve una pesadilla en la que...

Jairo moría, y ese sueño lo tengo clavado.

Pero tú no creerás en esos sueños, ¿no?

Yo no sé lo que creo, Montse.

Vamos a ver, Alicia,

Jairo no murió porque tú lo soñaras,

sino porque era la mano derecha de Fernando Quintero.

Bien que le dijiste muchas veces que lo dejara.

¿O no es así?

Y su madre también.

Pues ahí lo tienes.

Olvídate de maldiciones y de pesadillas.

-Tu padre tiene razón.

Nosotras somos policías

y sabemos que hay una explicación científica para todo.

Nerea... Hola, familia.

-¿Qué haces aquí?

Terminé el trabajo antes de lo previsto

y cambié el billete del AVE. -¿Y por qué no has avisado?

-Llamé a Alicia y estaba desconectado.

Sí, apagué el móvil en el tanatorio.

Me he enterado por los periódicos.

Lo siento mucho, prima.

Es tan triste...

¿Cómo está su madre?

Destrozada.

Qué injusticia, pobre mujer... Es...

un palo enorme.

Ahora estoy aquí para cuidarte.

Y para quedarme contigo.

¿Vas a vivir aquí otra vez?

Si me aceptas.

-Cómo no te va a aceptar, por favor...

No sabes cuánto te he echado de menos.

Ay, y yo a ti...

-Voy a por platos y cubiertos para que cene Nerea.

-Sentaos.

¿Quieres una copita de vino? -Sí.

-¿Tienes hambre? -Me comería una vaca.

-Qué bien que hayas vuelto, y...

nos hayas devuelto a Alicia.

Voy por el vino.

-Es el mejor partido de fútbol que he visto en mi vida.

Valderrama no pudo jugar mejor ni Higuita parar más.

-A mí no me gusta el fútbol, patrón, yo solo veo partidos para apostar.

-Esas apuestas lo van a meter en problemas,

ya le pasó en Colombia.

-Hay que aprender de los errores.

-"¡Que te quites de en medio y me dejes pasar!"

"¡Gilipollas, quita!"

-¿Dónde vas? ¡Dónde vas!

-Déjelo pasar, Tano, que voy a atender a este.

-Eres un maldito hijo de perra.

Y pagarás muy caro lo que has hecho. -Tranquilo, Tano.

Que saque todo el veneno que tiene por dentro.

A mí no me amedrenta.

-Te juro que terminaré matándote con mis propias manos.

-Tengo un ron que me llegó importado de Colombia,

¿le apetece?

-Puedes meterte tu maldito ron donde te quepa.

Matar a Jairo es el peor error que has cometido en tu vida.

-¿Quién le dijo a usted que yo maté a Jairo?

-Yo lo digo.

-Le voy a decir lo mismo que dije a la policía cuando estuvo aquí,

su hija, por cierto.

¿Qué pruebas tienen contra mí para acusarme de eso?

-Yo no necesito ninguna prueba.

Sabes perfectamente que Jairo era como un hijo para mí.

Y también sabes perfectamente...

que no me voy a quedar de brazos cruzados.

-No lo niego, yo sé lo que es perder un hijo.

Y también se lo que es sentir esa sed de venganza.

-A mí tu hijo me importa una mierda.

Solo quiero que sepas que vas a sufrir.

Y mucho.

-Tranquilícese, Quintero.

Recapacite.

¿Quiere seguir jodiendo o va a reconocer

que quien gano esta guerra fui yo? -Si hubiera aceptado

asociarse con mi patrón cuando tuvo la oportunidad,

Jairo estaría vivo.

-No solo eso, Tano,

estaríamos disfrutando de los beneficios de este negocio.

-Vosotros no mandasteis a vuestros sicarios a por Jairo,

venían a por mí, uno de ellos me lo dijo antes de morir.

-¿Sabe qué, Quintero?

Usted tiene razón,

vamos a quitarnos las caretas.

Por supuesto que fui yo quien lo mandó matar,

¿y sabe por qué?

Porque lo quiero muerto.

Usted conoce mi lema: plata o plomo.

Usted escogió plomo, ¿qué es lo que quiere?

-Quiero que sepas que has matado a un chico inocente.

-Usted escogió la guerra.

Debió aceptar que quien manda aquí soy yo.

-Nunca, ¿me oyes?

Nunca. -Pues se atiene a las consecuencias.

-No, el que se va atener a las consecuencias eres tú.

Porque te voy a hacer sufrir bastante,

esto no va a quedar así.

-¿Sabe qué?

Tengo que reconocer que esta situación me da demasiada risa.

-Ah, ¿sí? ¿Te da risa todo esto?

Espero que también te dé la risa cuando esté a punto de matarte

después de haberte despellejado vivo, porque, te juro por Dios,

que no voy a parar en esta maldita vida hasta que lo consiga.

Te mataré con mis propias manos.

¡Que te quites de en medio!

-Pero ¿cómo voy a pasar de ti? ¿Por qué dices eso?

-No sé, ayer tuve como...

un ataque de celos y me sentía insegura.

"¿Teresa, estás ahí?"

-¿Un ataque de celos?

Alejandro Somoza me ha llamado para decirme

que ayer fuiste a hacerle una visita. ¿Es cierto?

Fui a decirle que está detrás de los asesinatos de Róber y Jairo.

¿Encaja con su versión? Al milímetro.

Creo que no tenemos nada más de lo que hablar.

¡No!

Todavía tenemos que aclarar unas cuantas cosas.

Siéntate, por favor.

¿Le has dicho a tu chica que te gustan las relaciones abiertas?

-Yo pensaba que sí, pero...

Pero igual no. -Pero ¿no lo has hablado con ella?

-De forma explícita igual no, pero...

Pero hemos hablado sobre las relaciones

y yo di mi opinión sobre el amor, las relaciones...

-Si ayer tuvo un ataque de celos, igual no lo tiene tan claro.

Yo pienso que os ha fallado la comunicación.

-No voy a traspasar la tienda.

David y yo nos quedamos en Madrid.

¿Te parece bien? -Bueno, ni bien ni mal...

Pero me parece un poco rara la decisión,

el otro día te vi convencido de marcharte.

-Sí, he cambiado de opinión.

-¿Por algún motivo importante?

Esos atracadores eran sicarios contratados por Somoza.

Esas conjeturas sin pruebas no son nada.

Somos policías.

Si esos hombres eran sicarios contratados por Somoza,

tenemos que demostrarlo.

Si no, no sirve de nada, no podemos dar pasos en falso.

Esto es una guerra entre narcos.

Soy tu superior, no me vuelvas a hablar así.

Lo siento, pero...

¿Cuántas muertes más hacen falta para llegar al fondo de este asunto?

Cuando me enteré que Paty estaba volviendo con él,

deseé con toda mi alma que desapareciera del mapa.

Pensaba que si él no existiera, podría ser feliz con Paty.

Eso es justo lo que ha pasado. -Por favor, no te tortures por eso.

-Ayer estaba muy mal y hoy no ha cogido el teléfono.

-Ese hombre no es bueno, no es bueno, María.

Si Jairo no hubiera trabajado para él, ahora estaría vivo.

-¿Qué culpa tiene Fernando que una banda de desalmados

entraran a robar en su empresa?

-¿Lo estás diciendo en serio?

Qué engañada te tiene ese hombre.

-Hola, Nacha. ¿Mucho trabajo?

-Como siempre. ¿Qué haces aquí?

-Espe me ha devuelto la chaqueta, así que ya puedo volver a Barna

con buen sabor de boca.

-¿Por la chaqueta o por liarte con mi chica?

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Servir y proteger - Capítulo 267

23 may 2018

Tras la muerte de Jairo, Felisa arremete contra Quintero. Jesús cuenta a David su intención de no vender la tienda y quedarse en Madrid. Nacha sufre un ataque de celos por la relación que tiene Teresa con Aurora, su amiga de Barcelona. Olga, por fin, vuelve de Paris.

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