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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 241 - ver ahora
Transcripción completa

No quiero que te desentiendas de ella en caso de ser tu hija.

Pero, ¿y si no lo es?

¿Tú no has pensado que ya tienes bastantes cargas familiares?

No hago otra cosa, Claudia,

pero ¿y si de verdad es mi hija?

Si no os hacéis la prueba nunca saldréis de dudas, ninguno.

¿Nervioso? La verdad es que sí.

No todos los días me hago pruebas de paternidad.

Estate tranquilo,

no quiero complicarte la vida ni hablar con tu mujer.

Solo quiero que me des el dinero para desaparecer del mapa.

Los hombres de Quintero te suministran la mercancía, ¿verdad?

No sé de qué me hablas. Alicia, ¿estás bien?

Sí.

En cuanto a ti...

Una noche en el calabozo te refrescará las ideas,

y mañana estarás más colaborador. ¿Qué hace el Flaco en libertad?

Que te lo cuente su abogada. Yo solo he hecho mi trabajo,

y si no hay pruebas no podéis mantenerlo en el calabozo.

Lo sabes, Alicia.

-Esto no lo ha hecho usted, ¿verdad?

-¿Falta algo? -No, no, están todos.

-Ha tenido que ser Julio, estoy seguro.

-¿Cree que sería capaz de denunciar a su propio padre?

-Necesito estar solo, no quiero hablar con nadie.

Dejadme en paz de una vez. -Julio...

¡Espera, hijo, por favor!

Tienes pruebas de que es un narcotraficante

y usa su flota de camiones para mover la droga.

Estás desvariando, Alicia.

Ayer parecías a punto de delatarle. Esa sería tu percepción.

Pero no tiene nada que ver con lo que pasó.

¿Con qué te ha manipulado para que cierres la boca?

Aquí la única que me está manipulando eres tú.

Creo que hay una cosa que no has pensado.

-Ah, ¿sí? ¿El qué?

-Si trabajo contigo,

podrás estar seguro de que jamás te denunciaré.

-¿Por qué has hecho eso, Elías?

-Llevo mucho tiempo reprimiéndome y sabía que si no hacía esto,

me iba a arrepentir toda la vida y...

En la vida hay que ser valiente, y con este beso intentaba...

expresar lo que siento por ti.

-La verdad que tiene que tener morbo

elegir entre los dos favoritos del barrio.

-¿Morbo? Estoy que me subo por las paredes sin saber qué hacer.

-Alguno te gustará más que el otro, ¿no?

-Jesús me gusta un montón, y es un encanto...

Y congeniamos superbién. Y Elías, pues...

también me atrae.

-A mí también me pareces una...

una persona muy especial. -¿Y ahora qué?

No sé qué hacemos.

-No hagas tonterías, ¿de acuerdo? -Lo mismo le digo.

Con los nervios como los tengo, soy capaz de cualquier cosa, ¿eh?

-Vamos a subir a Enfermería,

a ver si encuentro algo para ayudarte.

-Vale. Venga, venga...

Cuidado con hacer nada raro que te clavo la navaja.

Antonio... Hola, Alicia, ¿qué tal?

-Eh, eh, tira la pistola al suelo...

o le rajo el cuello, ¿eh?

No, no, no, tírala más lejos, dale una patada.

Mi hijo... ¡Alicia! ¡Alicia!

(Música emocionante)

Que el Flaco trapichea está más claro que el agua.

No teníamos pruebas y tuvimos que soltarlo.

Ya he leído que no se encontraron huellas

en la caja que apareció en el parque.

Yo estoy convencido de que era de él.

Encontramos esa caja en una papelera cerca de donde lo pillamos.

Pero el Flaco, a pesar de su juventud,

se las sabe todas.

Sabía que no tenía que dejar huellas en la caja.

Solo llevaba tres gramos encima, y declaró que era para autoconsumo.

Lo típico en estos casos. Siéntate.

Aunque en eso, el chaval no nos mintió del todo.

Porque, además de trapichear, tiene un enganche importante.

Me imagino. Por desgracia, este tipo de delincuentes

trapichean con droga para pagarse su adicción.

Pero no conseguimos sacarle si quien le pasa el material

es Quintero o Somoza.

Es que no está probado que sea alguno de los dos.

Alicia está convencida de que sí.

Por eso quería dejarlo en el calabozo el plazo máximo,

para ver si hablaba y delataba a uno de los dos.

Ya, pero sin pruebas, tenemos que dejarlo en libertad.

No podemos saltarnos los protocolos de ninguna de las maneras.

Por cierto, ¿dónde está Alicia? Tenía que estar contigo.

Ha tenido que salir al centro de salud.

Hoy comenzaba un cursillo de preparación al parto.

¡Es verdad! Me lo ha dicho Antonio esta mañana.

Pues ya está.

Una cosa más...

Yo le dejé muy claro a Alicia

que no quería que participara en ningún operativo.

¿Me quieres explicar qué hacía deteniendo al Flaco contigo?

Es que lo sabía...

Le pedí que no viniera, pero insistió en que no había peligro.

De todas formas,

no se puede considerar un operativo propiamente dicho.

Un toxicómano siempre es imprevisible.

Sobre todo cuando, como en este caso,

no consigue su dosis.

Alicia ha corrido un riesgo innecesario.

De verdad, intenté impedirlo,

pero ya sabes cómo se pone si le llevas la contraria.

Sea como fuere, eres su compañero de patrulla.

Esto no puede volver a suceder, ¿vale?

Lo intentaré, pero no te aseguro nada.

Alicia, además de cabezota, es mi superior.

Alicia es tu inmediata superior,

pero yo soy la inspectora jefe de esta comisaría,

y los dos haréis lo que yo diga.

Esto no puede volver a suceder, ¿está claro?

De todas maneras, hablaré con ella.

Me preocupa este tema, me preocupa que esté obsesionada

con Somoza y con Quintero.

Entiendo que busque justicia, pero...

estando embarazada tiene que extremar las precauciones.

Estoy de acuerdo. Hola, Claudia.

¿Tienes un minuto? Sí, Lemos ya se iba.

Hola. Hola.

Dale cobertura a Márquez

en la investigación del asalto a la gasolinera, ¿vale?

Cuente con ello.

¡Hasta luego!

Bueno, ¿qué tal por Roma?

¿Cómo ha ido ese congreso de Europol?

Muy bien, aunque agotador.

Había ponencias a todas horas, sin descanso.

Siéntate, por favor.

Pero ¿no has podido librarte de ninguna?

Solo de la que había sobre la Ley Orgánica de Régimen Disciplinario.

Esa me la sé de memoria.

Y pude hacer un poco de turismo con Marcelino,

y luego fuimos a cenar al Trastevere.

Pues eso está muy bien.

Bueno, ¿qué te trae por aquí? Cuéntame.

Precisamente, venía a ver qué tal va el oficial Lemos.

¿Ha hecho algún movimiento extraño...?

Por el momento no.

Se está comportando como un buen profesional.

Quizás las sospechas que teníamos sobre él

sean solo eso, sospechas. Ojalá.

De lo contrario, me llevaría un buen disgusto.

(Teléfono)

Es Antonio, ¿te importa...? No, no, nada.

Dime, cariño. "Hola, Claudia,

no te asustes, estoy en el hospital".

¿Cómo que estás en el hospital? ¿Qué ha pasado?

"Un toxicómano se coló en mi consulta y me amenazó con una navaja".

¿Estás bien? ¿Te ha hecho algo? "A mí no. Alicia está herida".

"Ven rápido".

Alicia... Pero ¿qué ha pasado?

-Paty, ¿me pones un café con leche, por favor?

-Ahora mismo. -Gracias.

Hola. -Hola.

-Perdona el retraso,

la última sesión se alargó más de lo habitual.

-No te preocupes, todavía tengo un ratito libre.

-¿Qué tal? ¿Cómo estás? -Bien, muy bien.

-Ya lo veo. ¿De qué te ríes?

-Del salto que dimos las dos en tu consulta cuando sonó el timbre.

No sé cuál de las dos se asustó más.

-Claramente, tú.

-Yo sí pasé vergüenza, nos llega a pillar alguien y...

a mí me da algo. -Eso es imposible,

siempre llaman antes de entrar.

De todas formas, te recuerdo que fui yo la que me lancé.

-Bueno, yo puse de mi parte yendo a declararme.

-Tu café.

¿Quieres algo de comer? -No, muchas gracias.

-¿Y tú? -No, cariño. Gracias.

Es bueno saber que las dos estamos en el mismo punto

para iniciar esta relación.

-Eso es cierto, porque no es tan fácil ser correspondido.

-Yo sobre eso tengo mi teoría.

Yo creo que todos los amores son correspondidos.

-Es una teoría muy interesante.

¿Me la cuentas?

-Yo creo que, al final,

siempre te acabas enamorando de alguien

a quien de alguna manera también le atraes.

Eso no implica que tenga que convertirse en tu amante,

pareja... No sé.

-No es una teoría muy científica, pero me gusta.

-En todo caso, me alegra que sientas lo mismo que yo.

-Sobre eso yo también tengo una teoría.

Dos personas nunca sienten exactamente lo mismo.

-¿Cómo así, Teresa?

¿Tú no quieres tener una relación conmigo?

-Claro, claro que sí.

Pero no voy a volver a besarte.

-¿Por qué no?

-No voy a volver a besarte en la consulta, fuera sí.

-¡Tonta!

Mañana acabo mi turno pronto,

¿te apetece que quedemos juntas? -Claro. ¿En qué habías pensado?

-Nada en concreto,

pero podemos ir a un concierto, a una obra de teatro, al cine...

-Bien. Podemos ver qué es lo que hay.

-Yo prefiero que elijas tú.

Últimamente me gusta más hacer planes que no sé de qué van.

-¿Te gustan las sorpresas? -Sí.

Oye, se me ha hecho supertarde, me tengo que ir a trabajar.

Paty, ¿me cobras? -Claro.

-¿Todo junto o separado? -Sí, todo junto.

-Pero me cobras a mí, por favor.

-La próxima vez te invito yo.

-¿Y María dónde está? -En la cocina haciendo croquetas.

-¿Y eso? -Cosas suyas...

Que se le acumulan las ofertas amorosas.

-Es lo que tiene la primavera.

-Como siga así tendrá que pedirte cita.

Bueno, chicas, pasadlo bien. (AMBAS) Chao, Paty.

-No me digas que Somoza te ofreció un cheque en blanco.

-Me dijo que podía escribir la cantidad que me diera la gana.

-Es la primera vez en mi carrera

que me encuentro una proposición como esa.

¿Y tú cómo reaccionaste?

-Al principio, me quedé muda de la impresión, y luego...

Tampoco tuve mucho tiempo de reaccionar.

Somoza me dijo que me lo pensara y se fue.

-Por lo que me cuentas, no te lo has pensado mucho.

-Hombre, desde el principio tenía claro

que no iba a trabajar para ese mafioso.

Fui a devolverle el cheque, y ya está.

-No le sentaría muy bien, claro. -¿La verdad?

Ni siquiera pestañeó.

Es un hombre inquietante, me tiene descolocada.

-Te agradezco que me lo hayas contado, y sobre todo,

que le hayas dado calabazas.

(Teléfono)

Es Montse.

Dime, cariño.

¿Qué te pasa? ¿Por qué tienes ese tono de voz?

¿Cómo?

Pero, pero... ¿cuándo ha sido?

¿Y cómo está Alicia?

¿Y el niño?

Sí, claro. Salgo ahora mismo para el hospital.

-¿Qué le ha pasado a Alicia?

-Que le han dado un navajazo.

-¿Qué?

¿Cómo está? -No sé.

Montse no me ha podido contar nada más,

solo que perdió el conocimiento, y la llevaron al hospital.

-Tío, estás muy nervioso, yo te llevo.

-No te preocupes, cojo un taxi. -Me voy contigo,

no me voy a quedar sin saber nada.

-Prefiero que esperes a González. ¿De acuerdo?

-Pero cuando llegues al hospital me llamas.

-Por supuesto, sí.

-Paty, te dejo un ratico sola, que me voy a por harina.

-¿Todavía sigues haciendo croquetas? -Sí.

-Espera, que te has puesto perdida.

-Hoy no pienso hacer otra cosa.

-Pues vamos a tener que regalarlas. -Que no. En el arcón congelador

todavía tengo espacio para tres o cuatro docenas más.

-¿Y no has probado a tomarte una tila?

Igual te sale más a cuenta. -Que no, que yo me conozco,

cuando estoy así, me relaja mucho hacer croquetas.

-Pues no veo que te esté haciendo mucho efecto.

Te ha dado fuerte con el tema de Elías, ¿eh?

-A ver, no es para menos.

Vino el hombre y se me declaró con el corazón en la mano.

-Menos mal que era agua pasada, que si no...

-Con lo a gusto que estaba yo empezando mi relación con Jesús,

y tuvo que venir el cascarrabias este y declararse.

-Tampoco te pongas así, que ha sido algo bonito.

-No, bonito no. Lo que es, es un problema.

Estoy todo el día dándole y no tengo cabeza para otra cosa.

-¿Tú has probado...

la táctica de la visualización?

-¿El qué?

-Un ejercicio que hace mi padre con Vicky Martos, la boxeadora.

Para liberar tensión.

Consiste en visualizar los objetivos que quieres conseguir.

A ella le funciona para relajarse,

y para ganar combates. Le va superbién.

-Ya, pues me alegro por ella.

Pero eso en mi caso no creo que funcione.

-¿Tú quieres olvidarte de Elías y continuar tu relación con Jesús?

-Pues sí, es lo que más me conviene.

-Pues déjame que yo te guíe y poco a poco lo vamos a conseguir.

¿Te fías? -Sí.

-Venga. Siéntate.

Vale, ahora quiero que cierres los ojos,

que respires profundamente y te concentres, ¿vale?

Así, muy bien. Vale.

Es de noche,

estás sola en el bar porque es muy tarde

y estás cerrando, ¿vale?

Estás haciendo caja...

y la puerta está abierta.

-¿Cómo voy a tener la puerta abierta si estoy haciendo la caja?

-Era un ejemplo... Venga, otra vez.

Vuelve otra vez. Concéntrate. Respira.

Estás sola en el bar, es tarde, de noche,

estás barriendo... -Que te toca a ti esta semana...

-María, no ayudas. ¿Te quieres concentrar?

-Sí, sí, perdona. -Esta es la buena. ¿Va?

Estás sola en el bar, es de noche,

estás recogiendo mesas.

La puerta está abierta,

y, de repente, entra un hombre,

maduro, atractivo, y que además está loco por ti.

Es Jesús.

-No, no, no, se ha colado Elías.

-No, no, pues Elías que se pire.

Fuera Elías. -Sí, sí, lo echo. ¡Ya!

Venga, ya. -Vale.

Estás sola, de noche, es tarde, en el bar...

estás recogiendo mesas y...

entra un hombre que es Jesús.

-¡Vaya tela! -¿Y ahora qué pasa?

-¡Que se ha vuelto a colar Elías! -¡Dios mío!

-De verdad, esto conmigo no funciona,

yo soy dueña de un bar, no deportista de élite.

-Como sigas haciendo croquetas a ese ritmo,

lo vas a convertir en deporte olímpico,

no de élite, olímpico.

-Bueno, me voy a por harina.

Aquí te quedas.

Yo, de verdad...

Hasta luego, cariño. -Adiós.

Pues con mi padre funciona.

¿Cómo está Alicia? Está en el quirófano.

Estoy esperando noticias de un momento a otro.

-¿Cómo pinta la situación?

-No lo sabremos hasta que no vean la profundidad de la herida.

Pero ¿ha perdido mucha sangre?

Cuando le hice los primeros auxilios la taponé

para que perdiera la menos posible.

¿El niño? Está bien, cuando veníamos...

el médico del SAMUR dijo que estaba bien, de momento.

-Menos mal... Has dicho de momento.

Bueno, depende de la evolución de Alicia.

Todo se puede complicar.

A ver...

Yo confío en que la cuchillada no haya tocado ningún órgano vital.

No lo podemos saber hasta que los médicos no nos lo confirmen.

¿Puedes darme algún dato del toxicómano?

La verdad es que me sonaba del barrio, ¿sabes?

Me amenazó...

quería metadona. Entró en la consulta.

Pero no se la diste. No, no tengo en la consulta.

Aparte, no se la podía dispensar.

Se me ocurrió ir al cuarto de enfermería a por un calmante,

y por el camino nos encontramos con Alicia, y ya la conocéis...

Por evitar que me pegara un navajazo, se lo dio a ella.

-¿Y dices que no conocías al agresor?

-No, pero Alicia sí.

¿Recuerdas si le llamó por algún nombre?

Sí, Alberto.

E incluso el apodo: el Flaco. Alberto Carrascal, el Flaco, claro.

Voy a avisar a Elías para que lo busque debajo de las piedras,

no sea que la vuelva a liar. Yo voy a hablar con los médicos.

Ya deberíamos tener noticias.

¡Elías! Escucha,

acabo de hablar con Antonio, y, por lo que me ha dicho,

ya sabemos quién ha agredido a Alicia.

¿Sabes si ha pasado algo en el centro de salud?

Dicen que hay mucho revuelo en la puerta.

-Solo sé que Nacha y Elías salieron para allá hace un rato.

-Claudia, no te preocupes, que daremos con él.

Si tiene el mono, es una bomba de relojería.

Por favor, mantenme informado de cualquier cosa, ¿vale?

Venga. Hasta ahora.

-Elías, ¿qué ha pasado en el centro de salud?

-Un yonqui que ha amenazado a Antonio con una navaja

para sacarle metadona. -¿Y le ha pasado algo?

-No, a él no, pero...

a otra persona sí.

A Alicia. -¿Qué?

No puede ser...

-¡Ostras! Hoy empezaba el cursillo de preparación al parto

en el centro de salud. -Por eso estaba allí,

y se ha encontrado con el percal. -¿Y cómo está? ¿Es grave?

-Pues Antonio le hizo los primeros auxilios,

y la mandó para el hospital. La están operando ahora.

-¿Y el niño?

-No tengo ni idea. Claudia está con ella,

y en cuanto sepa algo, nos llamará para informarnos.

-Después de lo de Rober, no me puedo creer que ahora...

-Bueno, ya está, Lola...

No les va a pasar nada.

Madre mía, qué caretos... ¿De quién es el funeral?

Alicia está en el hospital, la están operando, y parece grave.

Si hablé con ella hace un rato y me dijo que iba al cursillo ese.

Pues en el centro de salud se ha encontrado con un yonqui

que la estaba liando y se ha llevado un navajazo.

¿Un yonqui? ¿Cómo se llama?

Lo acabo de encontrar: el Flaco.

¡Me cago en...!

Esta mañana lo soltamos por falta de pruebas.

Ahora sí que tenemos pruebas para meterlo en el trullo.

Voy a ver si encuentro a ese desgraciado.

Me voy contigo. Oye... Vamos a ver, Iker,

yo entiendo tu preocupación,

pero Nacha me está esperando...

¡No me pienso quedar de brazos cruzados! ¿Vale?

Iker, vale...

Sé por experiencia lo que supone que te toquen a un binomio,

pero también sé que puedes perder los nervios.

Es mejor que te quedes aquí, ¿vale?

Está bien, pero mantenme informado. Y si necesitáis que vaya, avísame.

Venga, hecho.

A ver, el Flaco sabe que ha cometido un atentado contra la autoridad,

y eso son palabras mayores.

Me temo que se habrá buscado un buen escondite.

Ya, pero está con el mono,

en algún momento tendrá que salir a buscar una dosis, o una farmacia.

Ese es el momento en el que Elías y Nacha pueden cogerle.

Eso sí.

-Bueno, ¿qué ha pasado? ¿Dónde está Alicia?

Alicia todavía está en el quirófano. Tenemos que esperar.

¿Y cómo está el niño? -Bien. Confía, Marcelino.

Va a ir todo bien, ya verás.

-Voy a hablar con el equipo médico, no soporto esta incertidumbre.

No, tranquilo. Antonio ha ido a hablar con ellos,

y ahora vendrá a informarnos. No creo que tarde.

¡Maldita sea!

¿Qué ha pasado, exactamente?

Al parecer, Alicia estaba mediando...

con un toxicómano para que dejara de amenazar a mi marido

con una navaja.

En ese momento, el tipo se puso nervioso,

y ella se abalanzó hacia él

para evitar que le diera una cuchillada a Antonio, y...

En definitiva, se la dio a ella.

¡Ay! -¿Cómo está mi hija?

-Ha habido suerte.

Ha habido suerte, la herida no ha afectado a ningún órgano vital.

El niño está bien, y los dos están a salvo.

-¿Y puedo ver a mi hija? -No, espérate,

está cerrando la herida,

y tiene que despertar de la anestesia.

Esta noche la podrás ver.

-Don Fernando, ¿quería verme?

-Pasa, Jairo, cierra la puerta y siéntate.

Verás...

te he hecho llamar para...

para hablar de una cosa.

Ahora que Julio ya está al tanto

de todas nuestras cosas, creo que va siendo hora

de que los tres hablemos con absoluta franqueza.

Julio me ha pedido formar parte del negocio.

-Me imagino que le ha dicho que no. -Te equivocas.

Le he dicho que sí, él se ha empeñado y yo...

no puedo negarme.

-¿Estamos de broma, o de qué cojones va esto?

-Esto va de que yo soy un Quintero,

y debo empezar a actuar como tal. -Sí, tú te apellidas Quintero,

pero este negocio es muy peligroso y arriesgado.

No sé si tu padre te habrá dicho lo suficiente.

Y da la casualidad, con todo el respeto, don Fernando,

de que tú no tienes ni idea. No tienes experiencia.

-Yo sé bien lo que hago y asumo todas las consecuencias.

Es mi decisión, y punto.

-Pero tu decisión no solo te va a afectar a ti.

Le afecta a tu padre, me afecta a mí y a muchísimas personas

que forman esta organización.

Si por un casual, tú metes la pata,

te vas de la lengua o haces cualquier tontería,

va a repercutir en mucha gente, no solo en ti.

-Yo tampoco quiero acabar en la cárcel, no soy tan idiota.

-Jairo, no gastes más saliva.

Todo lo que le puedas decir ya se lo he dicho yo,

y no ha servido para nada.

La decisión ya está tomada.

-Me parece muy bien, pero antes de tomar una decisión así,

no le parece... -Vale ya, por favor.

Esto no es ningún debate, ¿de acuerdo?

Si te he hecho venir es para que hablemos entre los tres,

y dejar claro de una vez que a partir de ahora,

no va a haber más secretos con Julio.

No va a haber más secretos entre nosotros.

¿Sí?

-Venga, hombre, seguro que empezamos a llevarnos mejor ahora.

Ya no hay motivos para malos rollos, ¿no?

-Por mi parte nunca ha habido malos rollos,

pero te digo una cosa:

más te vale que hagas las cosas bien.

Porque no te garantizo que a partir de ahora no los haya.

Es así, don Fernando. -Está bien, Jairo, está bien.

Ahora, si no te importa, déjanos solos.

Todavía hay un par de cosas que quiero hablar con Julio.

-A tu mano derecha no le ha sentado muy bien la noticia.

Parece que no se fía mucho de mí.

-No te preocupes por él, ya se le pasará.

En cuanto empecéis a trabajar codo con codo,

se irá relajando un poco.

-No lo tengo yo tan claro.

-Verás, Julio,

Jairo es un chico bastante desconfiado y es normal,

se ha criado en un barrio muy conflictivo,

ha echado los dientes en la calle, y ha tenido un padre que...

Bueno, de eso ya te habló él en su momento.

Yo confío en él, es un chico que tiene buen fondo.

Es noble y muy leal, nunca me ha fallado.

-A lo mejor es porque nunca ha tenido la oportunidad.

-No te creas, ha tenido unas cuantas, y nunca lo ha hecho.

Ya te he dicho que confío en él.

Pondría la mano en el fuego por él.

Y sé que va a hacer todo lo que yo le diga.

Escúchame bien esto, Julio.

Tú eres mi hijo,

y yo te quiero con toda mi alma,

pero a ese chico, a Jairo,

también lo quiero como si fuese mi hijo.

Así que quiero que entre los dos,

os terminéis llevando como hermanos. ¿Te queda claro?

Quiero que me prometas que vas a hacer todo lo posible

por llevarte bien con él.

-Por supuesto.

¿A caso lo dudas?

-Está bien. Ahora, vete.

-¿A la inspectora Ocaña?

¿Un yonqui le dio un navajazo para conseguir su dosis?

-Así es, patrón. Pensé que le gustaría conocer esta información.

-Por supuesto que me encanta, muy bien en decírmelo.

Usted sabe que todo lo que tiene que ver con la inspectora Ocaña

me interesa. ¿Sabe algo de su estado?

-Nada más que se la llevaron en ambulancia al hospital.

-Me imagino que el oficial Lemos

me podría dar más detalles al respecto.

-Sí, yo también lo creo. Va siendo hora de llamarle.

Hola, oficial.

Sí, sí, ya lo sé.

Pero el señor Somoza quiere verlo en su despacho.

No, mañana no, ahora.

De acuerdo.

En media hora está aquí. -Perfecto.

-Parece que este pichón empieza a obedecer.

-No se confíe de las apariencias, Tano.

No sabes cómo me alegro, Claudia.

Sí, son buenas noticias, por supuesto.

De acuerdo.

Lo hablamos mañana, si te parece. Venga. Adiós.

¡Adelante!

¿Puedo pasar? Claro. Pasa, Lola.

Me iba para casa, pero quería saber si tenías novedades de Alicia.

Acabo de hablar con Miralles,

y me ha dicho que tanto Alicia como el niño están fuera de peligro.

¡Ay, qué bien!

Menos mal...

Voy a decírselo a los compañeros porque están de los nervios.

Yo también estaba agobiado esperando las noticias,

y he aguantado el chaparrón de Jefatura por este tema.

¿Y eso?

Han dado por hecho que le han pegado el navajazo estando en un operativo.

Pero hace mucho que no participa en operativos.

Pues eso les he explicado, que ha sido algo fortuito.

Que Alicia estaba en el centro de salud

asistiendo a unos cursillos y tuvo la mala suerte

de encontrarse con este desgraciado. Pero, ya sabes,

ellos primero te regañan y luego te preguntan.

Ya, siempre igual.

Voy a contárselo.

Perdóname, que con todo el ajetreo,

no te he preguntado por Isa.

Mañana tendré los resultados de la prueba de ADN,

así que esta noche no voy a pegar ojo.

Bueno, mañana sabrás a qué atenerte.

No es el momento de quejarse,

estoy muy contento porque Alicia y el niño estén a salvo.

No me quiero imaginar lo mal que lo ha tenido que pasar,

temiendo por su vida y por la de su hijo.

Ha tenido que ser horrible.

¿Alguna vez te has plateado tener hijos?

Perdóname, no tenía que haberte hecho esta pregunta,

ha sido una estupidez por mi parte.

No te preocupes, Emilio. La respuesta es sí.

Me lo planteé cuando empezamos a salir juntos.

¿Te sorprende?

Creo que he metido la pata sacando este tema. Perdona.

No, no pasa nada,

es algo del pasado y ya está muy superado.

Voy a contarle a los compañeros lo de Alicia,

quiero que todos se vayan a casa tranquilos.

Buenas noches.

¿Para qué querían verme con tantas prisas?

Me decepciona, oficial, y por partida doble.

Pues cuanto lo siento.

¿Y puedo saber los motivos?

Primero, por su falta de perspicacia.

No sabe para qué le hice venir.

Pues no, la verdad, todavía no tengo una bola de cristal.

Pero qué chistoso está este hombre, ¿cierto, Tano?

-Me parto.

-¿No habíamos quedado que me iba a mantener al tanto

de todo lo que pasara con la inspectora Alicia?

¿No lo recuerda? Por supuesto que sí.

Tengo buena memoria.

Pues fíjese que no lo parece.

Y esa es la segunda razón por la cual me siento decepcionado.

¿Por qué no me dijo que le habían dado un navajazo

hace un par de horas?

Di por hecho, que solo quería información

sobre las posibles actuaciones de la inspectora Ocaña contra usted.

Nunca pensé que le interesara su vida personal.

Cuando yo le digo que me interesa todo de una persona,

significa exactamente eso.

Todo.

Después yo veré si es importante o no.

Tampoco ha hecho falta que le pasar el parte.

Por lo que veo, se ha enterado por sus propios medios.

Don Alejandro sabe que Alicia está en el hospital,

pero desconoce su estado.

Pues siento decepcionarles, pero la inspectora y su hijo

están a salvo. ¿O, acaso, los prefería muertos?

Supone usted mal, oficial.

Yo no soy ninguna alimaña

que se alegra con la muerte de cualquier persona inocente,

y mucho menos de una mujer embarazada, ¿sabe?

Al contrario de lo que usted cree,

a mí me alegra que ellos se encuentren bien.

Pues, entonces, puede mandarle flores al hospital.

Me gustaría, pero creo que no las recibiría con agrado.

Ya, yo también lo creo.

Bueno, oficial, se puede marchar.

Muchas gracias por haber venido a informar todo.

Cualquier novedad usted me la dice. Por supuesto.

Pero no se preocupe, porque creo

que tenemos inspectora Ocaña para rato.

Alicia, hija...

Papá, ¿qué ha pasado?

Un toxicómano te agredió con una navaja en el centro de salud.

¿No lo recuerdas?

¿El niño está bien?

Sí, todo está bien,

los dos estáis fuera de peligro.

¿Y Antonio?

¿Está bien? Recuerdo que estaba en el pasillo...

Sí, Antonio te practicó los primeros auxilios

y se encargó de que te trajeran al hospital.

Supongo que ahora me vas a echar una buena bronca.

¿Yo? ¿Por qué, hija?

Por haberme enfrentado a ese tipo.

Hace mucho tiempo que asumí que tengo una hija policía.

Y, lo que es peor,

que lo es la 24 horas del día.

Aunque no esté de servicio.

No sabes lo que me alegra oírte hablar así.

Me duele todo el cuerpo...

y no tengo energía para discutir. No lo vamos a hacer.

Tenemos que estar contentos de que todo ha salido bien.

Papá, de todos modos, quiero que sepas,

que lo que ocurrió...

no fue en acto de servicio.

Si pasó, fue por casualidad.

Lo sé, tranquila. Antonio y Claudia me lo han contado todo.

Antes de perder el conocimiento,

pasé mucho miedo pensando...

que podría perder el niño.

Menos mal que no le ha pasado nada, papá.

Cariño, todo está bien. No le des más vueltas.

Ahora, lo que tienes que hacer es concentrarte en recuperarte.

-Hola, ¿puedo pasar? -Claro, pasa, Nerea.

Alicia acaba de despertar.

-Qué ganas tenía de verte...

¿Cómo estás?

Vaya susto nos has dado, ¿eh?

Lo siento. No digas eso.

Tú no tienes culpa de nada.

El único responsable es el desgraciado que te atacó.

Me imagino que todavía no le has dado su descripción a tus compañeros.

Seguro que ya están con el tema.

Puede que tengan alguna pista. ¿Tú...

tú serías capaz de identificarlo?

-Nerea...

acaba de despertar de la anestesia.

-Ya, perdonadme. Es que solo pienso en que ese tío

acabe en la cárcel cuanto antes.

Y a mí que no me llamen del turno de oficio

para defenderle, porque no pienso hacerlo.

-Bueno, vamos a dejar que Alicia descanse.

Que lo que menos necesita es hablar de trabajo.

-María, escúchame, no hace falta que me des explicaciones.

Lo único, que me parece un poco raro que no quieras ir al cine,

sobre todo, porque fue idea tuya.

-"Ya lo sé, pero he terminado muy cansada,

y, encima, el dolor de cabeza que no se me termina de quitar".

Bueno, pues...

podríamos hacer una cenita tranquila...

Los dos solos...

-"Ahora mismo, solo tengo ganas de cerrar el bar

y meterme en la cama. Mejor hablamos mañana".

-Oye... (MARÍA CUELGA)

-¿Qué?

¿Ha vuelto a fallar el pedido de frutos secos?

-Ah, no, no, qué va. Han llamado hace un rato

y han dicho que lo traerán mañana a primera hora.

-¿Y por qué tienes ese careto? -Por María.

Está... está rara.

Teníamos planes, y me ha dicho que está cansada.

-Tampoco es tan raro.

Con el trabajo que tiene todo el día en el bar,

no me extraña.

-No sé, a mí eso del cansancio me suena como excusa.

Tengo la sensación de que no quiere verme

por alguna otra razón. -Papá,

María es una mujer muy transparente, no creo que se ande con tonterías .

-Sí, supongo que sí.

Deben ser cosas mías.

Bueno, voy a seguir haciendo cuentas.

Por favor, ¿puedes reponer las estanterías?

-Sí.

Oye, papá. -¿Sí?

-¿Tú sabes quién es la inspectora Ocaña?

-Eh... Sí, Alicia, ¿no?

Es la poli esa que viene a comprar leche de soja

y estas cosas. ¿Por qué? ¿Qué ha pasado?

-No, porque le han clavado una navaja

por defender a un médico en el centro de salud.

-No fastidies. ¿Y cómo está?

-Creo que está bien,

pero en comisaría, por lo visto, han estado de los nervios.

-Oye, ¿y el crío? Porque estaba embarazada, ¿no?

-Sí, el crío también está fuera de peligro.

-Ah, bueno.

-De verdad, es que me ha impactado mucho esta noticia.

(ASIENTE)

-Ya te lo he dicho muchas veces, ¿eh?

Pero la profesión que has escogido es muy peligrosa.

Vamos, que si quieres podemos hablar de tu posibilidad...

-Para el carro.

Lo de Alicia no ha hecho que me replantee ser poli.

Me ha impactado porque me ha hecho recordar a mamá.

-Ya.

-¿No dices nada?

-¿Qué quieres que te diga?

-No sé, algo de ella.

-David, sé que ha sido muy duro crecer sin tu madre,

pero yo he hecho todo lo que he podido

para que no te faltara de nada. -Lo sé

y no te estoy echando nada en cara,

pero me gustaría que me hablaras más de ella.

-Es que no sé qué más contarte.

Ya te he explicado cómo nos conocimos,

cómo nos enamoramos...

-Sí, un montón de veces, pero de ahí no sales

y me gustaría saber más cosas.

¿Por qué te cuesta tanto hablar de mamá?

(SUSPIRA) -Pues porque es muy doloroso.

Mira, David,

tu madre era una persona fantástica

y te quería con locura, pero

cuando tuvo el accidente de coche y murió,

yo me quedé realmente muy hundido.

Me costó mucho levantar la cabeza.

-Ya es mala suerte que no tuviera hermanos

y que sus padres murieran tan pronto.

Podrían haberme contado detalles de su vida

porque, por lo que es tú, está claro que no vas a hacerlo.

-Vamos a hacer una cosa.

Te prometo que, algún día,

hablaremos largo y tendido de tu madre,

pero ahora necesito que me des un poco de tiempo.

¿De acuerdo? Es que necesito estar preparado.

-Está bien.

Pero, cuando llegue ese momento,

tienes que contármelo todo. ¿Me lo prometes?

-Sí.

Las estanterías.

Alicia, ¿cómo estás?

Contenta de veros.

No veas lo que nos ha costado convencer a tu padre

de que bajara a picar algo.

Bueno, estarás un poco aturdida todavía, ¿no?, por la anestesia.

Sí, un poco.

Pero la verdad es que, sabiendo que estamos los dos a salvo,

no me importa.

Pues eso es lo más importante.

Menudo susto hemos pasado.

Nunca pensé que apuntarse a una clase de preparación al parto

fuera tan peligroso.

Bueno, pues así te vas haciendo a la idea

de lo dura que puede llegar a ser la maternidad.

(RECHISTA) No hagas caso para nada.

Está chupado.

Solo hay que estar 24 horas al día con el pelo de punta

y en tensión, nada más.

Antonio, todavía no he podido darte las gracias.

Gracias, ¿por qué?

Por lo rápido que actuaste cortando la hemorragia.

Venga ya.

El único mérito lo tienes tú por aguantar como una campeona.

No, de verdad, si no llega a ser por ti,

igual no lo cuento

o hubiera perdido a mi hijo.

Alicia, el que tengo que estar en deuda contigo soy yo

por evitar que me dieran un navajazo.

Pusiste en peligro tu vida.

Hice lo que debía como policía. Y yo como médico. ¿Estamos en paz?

Me parece justo.

Claudia, ¿se sabe algo de El Flaco?

Pero bueno, ¿de verdad quieres hablar de trabajo?

No me lo puedo creer, ¿eh?

Me preocupa que pueda estar por la calle

y agredir a alguien más.

(RECHISTA) Pues siento comunicarte que no hemos dado con él.

Es como si se lo hubiera tragado la tierra.

Pero bueno, Nacha y Elías están detrás y lo pillarán.

Seguro que sí.

Además, ahora tendremos más pruebas para retenerlo en el calabozo

y para presionarle

y que nos lleve hasta Quintero y Somoza.

Eso en el caso de que tengan algo que ver

porque no está probado.

Pero bueno, ¿qué hacemos hablando de trabajo?

¿Me quieres decir?

Lo que tienes que hacer es descansar.

Estoy de acuerdo con Claudia como médico.

Tienes que descansar, dormir. Mañana será otro día.

Está bien, os haré caso,

pero mantenme informada si hay novedades.

Claro que sí, cariño.

No te preocupes.

Venga, te dejamos descansar.

Vamos.

No lo entiendo. Por más vueltas que le doy, no puedo entender

por qué ha metido a Julio en el negocio.

No tiene ni idea de nada.

Yo creo que se lo toma esto como un juego.

-No, no, no es ningún juego para él. Se lo está tomando muy en serio.

Quiere aprender el negocio desde abajo, como hiciste tú.

-Ya, pero él y yo no tenemos que ver, venimos de mundos distintos

y él tiene otra forma de ser y no tiene necesidad de estar aquí.

-Lo sé, lo sé, lo sé.

Si el primer sorprendido

de que quiera formar parte de todo esto soy yo.

Pero, una vez que ha descubierto el pastel,

quiere su trozo, quiere su parte, lo que le corresponde

y yo no me puedo negar.

Además, todos estaremos más seguros.

-¡Uh!

No me diga que le ha amenazado con irse de la lengua

si no le da usted su parte.

-Cuidado, Jairo, a mí no me amenaza nadie,

ni siquiera mi hijo, ¿vale?

-Está bien. Olvídelo.

De todas formas, yo he pensado una cosa.

He pensado que

podemos dejar que Julio forme parte,

cubriéndonos las espaldas al mismo tiempo.

-Que has pensado tú.

Bueno, vamos a ver qué es eso que has pensado. Cuéntame.

-Pues mire,

podemos dejar que Julio esté dentro, no hay ningún problema,

pero no tiene por qué saberlo todo.

No tiene que llegarle toda la información. Por ejemplo,

los horarios y las rutas de las mercancías especiales.

(Teléfono)

No tiene por qué saberlas.

-Sí.

Gracias, Sebastián. Acompáñalo a mi despacho.

No vamos a hacer nada de eso, Jairo.

A partir de ahora,

se han acabado las mentiras con Julio, ¿de acuerdo?

Quiero que se involucre al 100 %

y que lo aprenda todo sobre el negocio

y tú le vas a ayudar.

-Muy bien, muy bien.

Llámeme paranoico, llámeme lo que le dé la gana,

pero a mí me dan sudores fríos solo de pensarlo, se lo digo ya.

-Pues yo estoy la mar de contento, fíjate.

-Yo le conozco bien

y perdone que le diga, pero no lo creo.

-¿Por qué no?

A partir de ahora, ya no voy a tener que mentir

ni que fingir más delante de Julio.

Voy a poder mostrarme tal y como soy, con mis luces y con mis sombras.

Ojalá pudiese hacer lo mismo con Alicia.

(Puerta)

-Buenas noches, señores.

-Gracias, Sebastián. Puedes irte.

Vaya, señor Somoza,

parece que usted no se cansa nunca de molestar, ¿no?

Cualquier hora le parece bien

para venir aquí a incordiar un poquito.

-Le aseguro que tengo una buena razón.

Lo único es que tengo que decírselo a solas.

-Está bien.

Jairo, será mejor que te vayas a casa a descansar

y, si no, bájate por ahí, por el muelle.

-Me voy a quedar en el muelle por si me necesita.

-Señor Quintero, me extraña verlo tan tranquilo

tomándose una copa.

-¿Por qué no iba a hacerlo?

Me gusta tomarme una copa después de un día duro de trabajo.

-Ya veo que es que no sabe lo que le pasó a su hija Alicia.

-¿Cómo? ¿De qué está hablando?

-A Alicia le dieron un navajazo

y, en este momento, está en el hospital

luchando entre la vida y la muerte. -¿Qué? ¿Cómo ha sido eso?

-Así, como lo está escuchando.

Y como yo sé que usted no tiene una relación cercana con ella,

pues quise venir a decírselo.

-¿Qué le has hecho a mi hija, desgraciado?

-Tranquilo, Quintero, tranquilo.

No se me ponga ya al brinco, ¿sabe?

Si es que no quiere terminar en el hospital

como su hija.

Si yo le hubiera querido hacer algo a Alicia,

estuviera en la funeraria y no en el hospital.

-Cuénteme ahora mismo qué es lo que ha ocurrido.

-Un yonqui que le dio una navajazo fuera, en el centro de salud.

(SUSPIRA) -¿Y cómo está Alicia?

¿Está bien? ¿El niño también está bien?

-Pues es que no tengo ni idea.

-Se está divirtiendo bastante con todo esto, ¿verdad, Somoza?

-No, señor Quintero, no se equivoque.

Lo único que me extraña es

que no haya salido corriendo a interesarse por ella.

-Te voy a decir una cosa:

como me entere que has tenido algo que ver

con lo que le ha pasado a Alicia, te juro que eres hombre muerto.

-Quintero, no diga cosas que no va a poder cumplir, ¿sabe?

Y le voy a decir algo:

dadas las circunstancias, voy a obviar

que me habló de la manera que me habló

y, por su bien, espero que sea la primera y última vez

que lo haga.

Buenas noches.

¡Nerea!

¿Qué haces por aquí a estas horas?

Me han llamado del turno de oficio para defender a un chaval

que ha robado un coche. Pero ¿no estás cansada?

Con el día de curro que llevas y con lo de Alicia

supongo que estás agotada.

Sí, pero prefiero trabajar y no pensar en lo que le ha pasado.

Oye, ¿cómo está?

Tú has ido a verla al hospital, ¿no?

Sí, pero me quedé muy poco rato para dejarla descansar.

Le di un abrazo y apenas hemos hablado.

¿Habéis detenido ya al tarado que la atacó?

No, todavía no, pero caerá pronto.

De esta noche no pasa que metamos a El Flaco de nuevo en el calabozo.

¿Ha sido El Flaco?

Pensé que lo sabías.

No.

No, le pregunté a Alicia, pero no me dio ninguna respuesta.

Ahora lo entiendo.

Nerea, esto fue una maldita casualidad.

Tú solo estabas haciendo tu trabajo, nosotros no teníamos pruebas

y tuvimos que dejarlo suelto.

Joder, igual no lo hubiera defendido. Lo hubiera hecho otro abogado.

El resultado hubiese sido el mismo.

Por mi culpa, Alicia y su hijo podrían haber muerto.

No, ahí te equivocas. El único culpable es El Flaco.

Nerea, este es Samuel.

Creo que te vas a encargar de su defensa.

-Lo siento, Espe, pero no puedo.

-¿Cómo dices?

Acaba de enterarse

de que fue El Flaco quien agredió a Alicia.

Pero ¿y eso qué tiene que ver?

-Yo fui su abogada y por mi culpa estaba libre.

-Pero ¿cómo que por tu culpa? Tú solo hiciste tu trabajo, Nerea.

Eso es lo mismo que le he dicho yo.

Tapies, por favor, lleva al chico a la zona de espera.

Ahora mismo voy.

Nerea, entiendo perfectamente que te sientas mal,

pero ese chico necesita una abogada competente como tú.

-En este momento, solo podría perjudicarle.

-Su madre lo crio sola

y siempre ha intentado mantenerlo alejado de líos,

pero ahora el chico está pasando una mala racha

y se está dejando influir por malas compañías.

Nerea, tienes que hacer un esfuerzo.

Eres una gran abogada y ese chico te necesita

para no tirar por el mal camino.

¿Qué cargos hay, exactamente, contra Samuel?

-Intentó hacerle un puente a un coche

tras hacer una apuesta con unos amigos.

Un vecino nos llamó,

y llegamos en el momento que arrancaba el coche.

-¿Tiene antecedentes? -No, ninguno.

Y está, asustado...

Y... muy arrepentido.

-Está bien, me encargaré de su defensa.

-Muchas gracias, Nerea.

-No, gracias a vosotros.

-¡Ay...! ¿Cómo está Alicia?

-Pues está bien, ya se ha quedado dormida.

-¿Y tú qué vas a hacer?

¿Te quedas aquí o vas a venir a casa? -Pienso quedarme.

He probado el sillón y es muy cómodo.

-Seguro que sí.

-Tú vete a casa y descansa.

-Había pensado quedarme un rato más

por si necesitas que te suba algo de comer.

-Te lo agradezco, pero solo quiero quedarme con ella en la habitación.

Y, si puedo, daré una cabezada.

-Ha sido un día muy duro para ti, debes estar agotado.

-Sí, pero lo importante es que todo ha salido bien y...

No sé...

Gracias por apoyarme, Montse.

-No hay de qué.

Te veo mañana. Descansa. -Y tú.

Buenas noches o buenos días, González,

no sé a qué hora vas a escuchar esto.

Quería confirmarte

que Alicia y el niño están muy bien.

Y... bueno...

quiero pedirte, por favor, que te ocupes mañana

de los asuntos más urgentes.

Yo dormiré en el hospital esta noche,

y no sé cuándo podré pasarme por el bufete.

Hasta luego.

Quintero. -¿Qué tal, cómo estás?

-¿Qué haces aquí?

-He venido cuando me he enterado de lo que ha ocurrido.

¿Cómo está Alicia? -Mi hija está muy bien,

y no se la puede molestar, y mucho menos tú.

-Solo quiero saber cómo están Alicia y el bebé, nada más.

Te lo pido por favor, ¡maldita sea!

Solo quiero saber si están bien.

-Los dos están fuera de peligro.

-Gracias a Dios...

-Pues ya que estás informado,

ya te puedes marchar por donde has venido.

-Me gustaría entrar un momento a verla, solo un momento.

-Eso no puede ser.

Los médicos han prohibido expresamente las visitas.

-Marcelino, te lo pido por favor,

será solo un momento, no quiero despertarla,

entraré sin hacer ruido. Solo un minuto.

-De ninguna de las maneras vas a entrar a la habitación de Alicia.

Tú no pintas nada. ¿Te queda claro?

-¿Ni siquiera en un momento tan duro como este

vas a ser capaz de ponerte en mi lugar?

-Mira, no me creo nada de ti.

Además, tú para Alicia

eres un ser despreciable, y nunca me perdonaría

que te dejase entrar a verla. -Os guste o no,

Alicia es mi hija, y me preocupa mucho

todo lo que le pueda ocurrir.

Tengo todo el derecho del mundo a verla.

-Tú no tienes derecho a nada.

Alicia te quiere fuera de su vida.

-¡Maldita sea! Ya estás siendo tan cabezota como siempre.

Sobre todo, porque la culpa de lo que ha sucedido la tienes tú.

-¿Perdona?

Pero ¿cómo puedes decir semejante barbaridad?

-Deberías haberla convencido para que no patrullase las calles,

si lo hubieses hecho, nada de esto habría pasado.

-Alicia no estaba patrullando,

ni en ningún operativo.

El tipo que la atacó es un toxicómano con síndrome de abstinencia

que se cruzó en su camino.

El único culpable

es el indeseable que llena de drogas Distrito Sur.

¿Lo conoces?

Yo voy a pasar la noche junto a Alicia,

porque soy el único padre que tiene.

Así que, ¡márchate!

Y no vuelvas a entrometerte en nuestra vida.

Nerea, ¿qué ha pasado?

¿Es por algo del bebé? ¿Le ha pasado algo?

No, no, tranquila, estáis los dos bien.

No hay ningún peligro. Entonces, ¿qué pasa?

Es por ti, siento que todo ha sido culpa mía.

No entiendo cómo puedes estar tan tranquila.

No estoy nerviosa porque yo sé lo que dirán esos resultados.

Pronto saldremos de dudas, ¿no? ¡Adelante!

Es el sobre que estaba esperando, acaba de llegar.

Gracias, Espe. Déjanos a solas.

¿Ya has pensado qué vas a hacer?

No tengo ni idea. Por eso he venido, para que me ayudes.

¿Yo? Tú siempre me aconsejas muy bien.

Estos días me has ayudado mucho a lidiar con Isa.

La verdad es que, ahora, me encuentro más perdido todavía.

Iker, deberías descansar. No te preocupes.

Estoy bien.

Ahora que no estás en comisaría hay que trabajar el doble.

Ese cabrón ha apuñalado a nuestra mejor inspectora.

No tienes que hacerme la pelota.

No lo estaba haciendo.

Alicia...

tú nunca me habrías fallado a mí.

ojalá pudieras decir lo mismo de mí.

Yo no sé nada del Flaco. Lo sé, es un don nadie.

Pero también sé que tienes oídos en todas partes.

Diste con el cabecilla de los croatas antes que nadie.

Sabes rastrear muy bien entre la basura.

Señor Céspedes... ¿Qué tal Iker?

Nos hemos encontrado por casualidad el oficial y yo.

-Tenemos que mejorar tu imagen,

que te vean como un referente entre los emprendedores del país,

y conseguir nuevos aliados influyentes.

-¿Y en qué estás pensando?

-En la Cámara de Comercio, un puesto en la Cámara Regional.

-¿De verdad estás queriendo que yo haga una carrera política?

-Hola, ¿qué tal?

-Bien, bien. ¿Qué tal tu dolor de cabeza?

-Pues ahí vamos: se viene, se va, vuelve...

-¿Y no es posible que el remedio esté, precisamente,

en lo que intentas evitar? -No sé a qué te refieres.

-Te tienes que dejar cuidar.

-Marcelino tiene sus motivos, y es normal que quiera proteger a su hija.

-¿Y en mi piel quién se pone?

¿Quién demonios se pone en mi piel, Julio?

Yo también tengo derecho a ver a mi hija,

lo único que yo quería era estar allí

para que Alicia supiese que me tenía cerca

por si me necesitaba.

Supongo que era inevitable.

¿Era inevitable que viniese o que lo echase?

Las dos cosas. Desde que...

siento a esta personita aquí dentro,

veo algunas cosas de forma distinta.

Mi madre está muerta. -¿Y fue hace mucho?

-Ni siquiera la conocí, yo era muy pequeño.

En realidad, no sé nada de ella ni de su familia.

Y esa es una de las razones por las que quiero ser policía,

quiero aprender a investigar para saber más cosas de mi madre.

-Para eso no hace falta que vayas a la academia.

Tienes aquí al inspector de la UIT,

soy experto en informática.

-Entonces, ¿tú me podrías ayudar? -Por supuesto.

No puedo dejarle entrar en mi vida, y él lo sabe.

Pero, Alicia, ponte en su piel.

¿Qué sentiste tú ayer, cuando tu hijo estuvo en peligro?

Que mi vida no tendría sentido si lo perdía.

Pues él sintió exactamente lo mismo

al saber que estabas entre la vida y la muerte.

Pero con una diferencia, él no podía ni acercarse

a su hija y a su nieto para saber cómo estaban.

-Fede, ¿qué pasa? -¿Tienes un momento?

Quería comentarte unas cosas. -Sí, claro.

¿Estás bien? -Bueno...

estoy bien, pero un poquito confundido.

-Pues tú dirás. -Es sobre tu madre.

  • Capítulo 241

Servir y proteger - Capítulo 241

16 abr 2018

Tras el navajazo, la vida de Alicia y la continuidad de su embarazo están en peligro. Quintero comunica a Jairo que Julio va a trabajar con ellos en el negocio del narcotráfico. María, que tiene grandes dudas sentimentales, sigue evitando a Jesús.

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  1. Yeyo

    No entiendo por qué Claudia cuenta a Marcelino los hechos sobre el incidente de Alicia de forma totalmente distinta a como ocurrieron. Alicia soltó el arma, la alejó con el pie, "el Flaco" seguía agarrando a Antonio, entonces, se oye gente cerca, "el Flaco" soltó a Antonio y se fue a apuñalar a Alicia antes de huir. Claudia cuenta que Alicia se avalanzó sobre el Flaco para evitar que acuchillara a Antonio. Son detalles demasiado recientes (final del capítulo anterior) y versiones tan diferentes, que no se conciben en este tipo de series.

    20 jul 2018
  2. Carla

    La amistad de Lola y Espe, Alicia y su prima son ejemplos de la linda amistad entre mujeres,niñas,jovencitas. Nacha no tiene amigas por que no se relaciona con mujeres sin avisarlas. Y esto de este personaje pinta una mala imagen. A ver si la vemos con amigas que tenga sólo amistad y no para avisarlas. La historieta de la psicóloga es pésima, no se si se permite en España, pero no es ético tener amoríos con pacientes presentes o pasados en la mayoría del mundo. No podrían conseguir otro personaje para Nacha? Esta serie es la mejor en TVE.

    16 abr 2018