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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 238 - ver ahora
Transcripción completa

y me gustaría poder entrevistarle para un trabajo.

Pásese mañana por aquí y buscamos un hueco.

Sí, exactamente, Isabel Fernández Zafra.

No estudia en esa facultad, ¿verdad?

Ya.

¿Por qué me espías?

Solo quería conocerte.

¿Me puedes dejar, por favor?

No te voy a soltar.

¿Qué razones son esas?

¿Algún problema, comisario?

-No quiero estudiar Medicina,

quiero ser policía.

Quiero trabajar para servir a la gente.

-Vas a estudiar Medicina, punto. -Punto.

Mi opinión no cuenta.

-Perdona, no puedes acusarme de ser un déspota.

-No he dicho que seas un déspota. -He hecho lo que he podido.

No te ha faltado de nada

y vas a tener estudios superiores, ¿me oyes?

-¡Suéltala!

-¡No os acerquéis más si no queréis que acabe con ella!

¡Tirad las armas al suelo!

¡Venga, que no tengo todo el día! ¡Vamos!

Alicia, ha habido un tiroteo.

Petrovic ha salido huyendo por el callejón.

Elías y Nacha van tras él.

Si lo que quieres es un rehén, pues llévame a mí.

Colaboraré, te lo juro.

-El chaval es más creíble como rehén, da más pena.

No tienes cojones para matar a nadie.

-Ve a buscar a la policía.

-No es la primera vez que apuntas a alguien con un arma.

No eres un simple tendero.

-¿Qué? ¿Contento con el exitazo del artículo?

-¿Qué artículo?

-No me digas que no lo has leído.

Pero si te ponen por las nubes, encima.

Mira.

(LEE) "El tendero que salvó Distrito Sur".

-¿Quién te dice a ti que esa banda de croatas

no están en activo en algún lugar del mundo?

A ver, no lo digo yo, lo dice la policía.

¿Entiendes ahora por qué no quiero airear más este asunto?

-Sí, sí.

Me gustaría

que le echarais un vistazo a este arma

y me dijerais si os suena de algo.

A ver, oficial,

¿a qué va todo esto?

A que si no queréis que presente este arma mañana en Balística,

quiero 30 000 euros

en efectivo y antes del mediodía.

Si Somoza se piensa que me ha comprado

por una simple pistola, está muy equivocado.

Yo no me vendo tan barato. ¿Quién habla de vender barato?

Yo hablo de una colaboración,

de una amistad que merezca la pena.

Hicimos un trato, los dos salimos ganando. Punto final.

Yo no tengo ningún compromiso con usted,

así que ahórrese los numeritos y las amenazas

porque como alguien tire de la manta,

usted sale peor parado que yo.

Conviértase en mi abogada personal y yo le aseguro un sueldo

con el que va a poder financiar esos proyectos sociales.

-¿Quiere decir que puedo poner ahí cualquier cifra?

-Exactamente

y yo se lo voy a pagar con todo el gusto del mundo.

Espero pronto contarla como una de mis aliadas.

¿Mónica es tu madre?

Mónica era mi madre.

Murió el año pasado.

Cáncer.

Que conste que ella no me pidió que viniera.

De hecho, no le hubiese gustado.

¿Y por qué has venido, entonces?

Porque

todo el mundo tiene derecho a conocer a su padre, ¿no?

(Música emocionante)

¿Se puede saber qué haces?

-Vengo de correr, ¿y tú?

-Yo tenía sed y me he levantado a por un vaso de agua,

pero vamos, lo tuyo sí que es sorprendente.

-¿Por qué?

-Porque no sabía que salieses a correr tan temprano.

¿Desde cuándo lo haces?

-¿Desde que me cuentas cosas que me hacen preocuparme

y me quitan el sueño, a lo mejor?

-¿Quién? ¿Yo? -Sí, tú, ¿eh?

Después de haberme contado todo el temita de Fede,

que te quedas tan tranquila.

Bueno, eso y la mala conciencia por la situación

que se generó por culpa de mis comentarios.

Pobre chico, de verdad.

-Tampoco es el fin del mundo.

El malentendido yo creo que quedó resuelto anoche

y el tema ya está zanjado.

-¿También está zanjado el enamoramiento?

-Eso ya no lo sé yo.

Pero bueno, tampoco es para que te quite el sueño.

Yo creo que estás exagerando un poco.

-Ya, pero es que me fastidia haber roto el equilibrio

y el buen rollo que teníamos en el piso.

Me da miedo que ahora, sabiendo lo que sé,

mi relación con él cambie. -Pero ¿por qué va a cambiar?

Lo que tienes que hacer es comportarte con naturalidad.

-Ya, si la teoría está muy bien, pero en la práctica no sé

si voy a ser capaz de comportarme con él,

de no evitarle, de no estar tirante,

de no contarle mis temas íntimos.

-Cuantas menos vueltas le des, mejor.

Yo creo que en unos días se olvidará y todo volverá a la normalidad.

(RECHISTA) -Oye, y

¿no es mejor abordar el tema con él?

-Abordarlo, ¿cómo?

-Pues no sé, a lo mejor le puedo decir que,

que me halagan sus sentimientos,

pero que yo, ahora, no le veo con esos ojos.

-Pero eso es que parece una respuesta

como si él se hubiese declarado.

No sé, suena así,

dicho sin venir a cuento, más rechazo total.

Yo creo que puede humillarle un poco.

-Sí que me estás ayudando mucho.

-Chica, no sé, pues tira de experiencia.

No creo que sea la primera vez que te pasa,

me ha pasado hasta a mí.

-Ya.

No, si me ha pasado más veces,

pero yo, las veces que he dado calabazas,

ha sido con plastas, con pelmas,

con tíos que me importaban un pimiento,

pero es que Fede, no sé, me parece tan especial

que no le quiero hacer daño.

-Lola, pues precisamente

porque Fede es tan importante para ti,

sabrás qué decirle en el momento adecuado.

-Ya, si dicho suena muy fácil,

pero de verdad que no le quiero hacer daño.

-Sé sutil y cariñosa,

que todo va a salir muy bien.

Anda.

(SUSPIRA) -Buenos días.

¿Interrumpo algo?

-¿Eh? No, nada, nada.

-Yo me voy a la ducha que me he quedado helada.

-No, yo tengo que entrar al baño un momento

que tengo que recoger la ropa para poner una lavadora

-Bueno, yo me voy a cambiar.

Papá, tenéis que ir al restaurante que te dije.

Sí, os va a encantar, hacen la mejor carbonara de todo Roma.

Que sí, de verdad que estoy bien.

Está todo bajo control. Nerea está echando más horas que un reloj,

así que no te preocupes y disfruta.

Venga. Sí, un beso para los dos.

Y otro beso de parte de Nerea. Vale.

Un beso. Chao, chao.

Déjame adivinar: con los pies en Roma y la cabeza en el trabajo.

Exacto. Cómo le conoces.

No ha dejado de llamar al bufete ni un solo día desde que se fue.

Pero he decir en su favor que se nota su ausencia, ¿eh?

De hecho, me voy ya

o ni loca termino con todo lo que tengo que hacer.

¿Y no vas a desayunar?

Ya tomaré algo en el despacho.

Nerea, no sabes lo que me alivia saber

que te estás encargando del bufete ahora que mi padre está fuera.

No sé, la última vez que se fue de viaje

estuvieron a punto de arruinarle la luna de miel.

No sabía nada. (ASIENTE) Fueron días horribles.

Sergio Mayoral intentó vender el bufete a los ingleses

y después, cuando le detuvimos acusado de homicidio,

todos los clientes huyeron. Madre mía, no sé qué sería peor,

si el desprestigio o la traición. Ya.

Pero bueno, ahora no hay nada por lo que preocuparse.

De verdad, no sabes cuánto me alegro.

Que te traicione alguien tan cercano tiene que ser horrible.

¿Hay algo que me quieras contar? No, no, nada.

Y entonces, ¿por qué te has puesto así hablando de traiciones?

¿Por algo que te ha pasado? No, nada, no me ha pasado nada.

Cuéntamelo.

(SUSPIRA)

Eh, a ver.

Si no te lo he dicho antes

no era porque quisiese ocultarte nada,

era para no preocuparte.

Voy a decir que no, así que no te pongas nerviosa, ¿vale?

Vas a decir que no, ¿a qué?

Ayer, Alejandro Somoza me ofreció

un cheque en blanco para que trabajase para él.

Un cheque en blanco.

Sí.

Y está dispuesto a pagar lo que sea, ¿por qué?

¿Y por qué precisamente tú? ¿Qué es lo que quiere?

¿Que trabaje para él?

Ojalá lo supiese, Alicia, No sé.

Debiste decirle que no inmediatamente.

No entiendo por qué has necesitado un día para pensar.

Porque ese hombre impone a cualquiera.

Me quedé en shock.

Me hizo quedarme con el cheque y pensarme la oferta.

No tenía otra opción.

Si insinúas otra cosa, te vas a equivocar.

Te advertí sobre él.

No es el empresario de éxito que aparenta ser

y aunque no he podido probarlo, sé

que está detrás del asesinato de Rober.

Lo recuerdo perfectamente,

pero parece que por haberle escuchado soy culpable de algo.

Vale, muchas gracias por tu voto de confianza.

Nerea, por favor, espera.

Hola.

Buenos días. Un café con leche, por favor.

-¿Y no te pongo nada de comer?

¿Una tapica? ¿Un pinchico de tortilla?

-No, no.

-Hombre, que los héroes tenéis que alimentaros.

-María, por favor, deja el tema ya.

Con la noticia del periódico ya es suficiente.

-Hombre, yo sé que te ha molestado que la publicaran,

pero la verdad es que no entiendo por qué

porque para mí eres mi héroe y deberías sentirte muy orgulloso.

-Perdona, ¿eh?

Pero es que estoy harto del tema del secuestro.

Desde que salió la noticia, todo el mundo habla de lo mismo

y venga, y venga, y todo el rato ahí...

-Ya, pero tú no estás así solo por eso.

A mí me da que a ti te ha pasado algo más

y que tiene que ver con tu hijo.

(SUSPIRA)

-Son muchos años tratando con la gente.

A ver, ¿qué ha hecho la criatura?

-Pues nada,

que ahora dice que no quiere estudiar Medicina.

-Bueno, te habrá dado sus motivos, ¿no?

Habréis hablado de ello. -¿Hablar? Imposible, no.

Cada vez que saco el tema, terminamos discutiendo.

Yo lo intento arreglar, ¿eh?

Pero él está a la defensiva, no se le puede decir nada.

-Bueno, ten paciencia con él. Seguro que está hecho un lío.

-No, si el que está confundido soy yo.

A ver, ¿tú te crees que ahora va y me dice

que no estaba seguro de su vocación?

¿Y sabes lo que más me duele?

Que no me lo dijo porque,

pues porque no se atrevía.

(RESOPLA)

-Pues claro.

Si la criatura sabe la ilusión que te hacía que fueses médico.

No te lo dijo por no darte el disgusto.

Seguro que se lo ha estado pensando bien hasta el final.

-No, es que, precisamente, me acusa de eso, de decidir por él.

Dice que me empeñé en que fuera médico

casi sin preguntar.

-Y, siendo totalmente sinceros,

¿fue así?

-La verdad es que no sé cuándo surgió la idea ni cuándo,

ni cuándo empezamos a hablarlo por primera vez, pero

imagino que quería lo mejor para él y me empeñé en que,

en que escogiera esa vocación.

Pero vamos, que es como tú ahora, ¿no? Que has pensado que,

que quería comer y por eso me has puesto un pincho de tortilla.

-Claro, porque yo te quiero

y creo que es lo mejor para ti.

Yo te pongo la tortilla, pero tú te la comes si quieres

y si no quieres, pues no. Es tu decisión.

Mira, yo no soy madre

y no me gusta opinar de cosas que no sé,

pero veo a muchos padres por aquí

y todos queréis lo mismo,

no meter la pata y hacerlo lo mejor posible.

-Ya.

Pero creo que, en este caso,

las buenas palabras y el cariño no son suficientes, no.

-Lo que digo es que tu hijo está en las mismas que tú,

quiere hacerlo lo mejor posible,

pero, a lo mejor, tiene derecho a meter la pata.

-Entonces, ¿qué? ¿Que tire su futuro a la basura?

¿Tú crees que es un error intentar guiar a mi hijo

para que tenga una vida mejor que la de su padre?

-No, pero, a lo mejor, el error está

en que él no quiere esa vida que tú crees que es mejor.

-Ya.

Bueno, pero el problema ya está subsanado, sí.

Le he dado permiso para que estudie lo que quiera.

-Ah, eso está muy bien.

-Sí, pero con una condición, ¿eh?

Que no, que no sean las oposiciones a policía. Eso, no.

-Pues eso me parece muy mala decisión por tu parte.

-María, la cuenta. -Voy, corazón.

-Deberías probar salir a correr algún día conmigo,

seguro que te engancha.

-¿Yo? No, no, no.

Ya sabes que yo soy más de fútbol y de pádel.

Pero bueno, igual tendría que probarlo, ¿no?

Si mis hijos salen a correr todos los días,

a lo mejor tendría que intentarlo yo también.

-Oye, papá. -¿Sí?

-¿Sabes por qué Alicia no quiere saber nada de ti?

¿Solo por lo de su madre?

-Eh...

Hijo, no lo sé.

Creo que esa es una pregunta

que tendrías que hacerla mejor a ella, ¿no te parece?

-No sé, es que creo que tiene que haber algo más,

algo que provoque ese rechazo tan visceral que tiene por ti.

(Móvil)

-Disculpa un momento. Parece una llamada importante.

-Vale.

-¿Sí? Luciano, ¿qué tal? ¿Cómo estás? Cuéntame.

Entendido.

De acuerdo, no te preocupes. Te devolveré la llamada. Adiós.

-¿Ocurre algo? -No, bueno.

Es un contacto, un amigo que tengo dentro de la consejería de Trabajo

que me ha llamado para decirme

que esta mañana vamos a tener una visita sorpresa

de un inspector de trabajo en la empresa.

Ya ves, hay que tener amigos hasta en el infierno.

-¿Y por qué pareces tan preocupado?

Vamos, me consta que Transportes Quintero

cumple a rajatabla con la Normativa de Riesgos Laborares.

-La cumplimos, yo no estoy preocupado,

pero este amigo, este contacto me ha comentado

que ese inspector de trabajo es nuevo en la oficina

y que no saben de qué pie cojea, así que no me fío.

-Sigo sin ver el problema si está todo en regla.

-Sí, está todo en regla, pero verás, hijo,

esto es como cuando vas conduciendo por la carretera

y tú sabes que no te has saltado los límites de velocidad,

no has bebido y tienes todos los papeles del coche,

pero, de pronto, te encuentras por delante

un control de la Guardia Civil. Siempre tienes la sensación

de que te van a terminar metiendo una multa.

-Menuda comparación, papá. -¿Qué quieres que te diga?

Es la única que se me ha ocurrido así, ahora.

-Bueno, nos vemos luego. -Venga, hasta luego.

(Puerta)

Jairo, ¿qué tal? Soy yo. Oye, mira, me acaban de llamar.

Vamos a tener una inspección de trabajo sorpresa en la empresa.

Te quiero ver en mi despacho en media hora.

De acuerdo. Adiós.

-Hola.

-Hola, corazón, ¿qué te pongo?

-Eh, un zumo de piña, por favor.

-¿Vas a tomar algo de comer?

-No, de momento, no. Estoy esperando a alguien.

-Siéntate si quieres en la mesa. Yo te lo sirvo.

Pues claro que es una profesión arriesgada,

pero también aporta mucho a la gente.

Nos protegen todos los días.

Yo los veo aquí y los admiro mucho.

-Ya, ya, ya.

Pero solo de pensar que le puede pasar cualquier cosa

me entra una angustia que...

-Ya.

(SUSPIRA)

Qué hay.

Comisario.

-Emilio, ¿te vas a sentar con la joven?

¿Te pongo tu café?

Eh, no, mejor pónmelo aquí.

¿Qué haces aquí?

Te esperaba.

Ayer no terminé de contarte todo lo que quería.

Ya, bueno, este no es el mejor sitio para hablar.

¿Por qué no te pasas en una hora por mi despacho, eh?

Yo también tengo cosas que preguntarte.

Muy bien.

Ahora supongo que querrás tomarte tu cafetito tranquilamente

sin levantar sospechas, ¿no?

Haz lo que quieras.

(Puerta)

¿Estás ocupado? -Pues sí, tengo bastante lío, sí.

-Bueno, si quieres vuelvo en otro momento.

-No, no. Dime, dime, ¿qué me traes?

-Te traigo un expediente para ver

si este individuo se ha saltado la orden de alejamiento.

-¿Tiene el dispositivo de localización?

-Sí.

Y, de paso,

quería hablar contigo.

-Ya, bueno, pues si vienes para disculparte

por tu metida de pata por mi condición sexual,

no te molestes. Anoche quedó todo bastante claro.

-Va a ser solo un momento. De verdad, es muy importante.

-Bueno, pues dime.

-Verás, valoro mucho nuestra amistad

y no soy quien para hablar de tu vida privada.

En las últimas semanas,

te has convertido en una persona muy importante para mí,

en un gran amigo y siento que, de alguna manera,

te he traicionado, te he decepcionado.

-Traición y decepción no sé,

eso suena un poquito melodramático, ¿no crees?

-Ya, pero es que de un amigo

no se debería hablar así a sus espaldas,

las cosas hay que decírselas a la cara,

solo así se puede construir una relación bonita.

-Nada, tú tranquila que todos metemos la pata alguna vez.

En fin, tú y yo seguimos siendo amigos.

-Claro, porque

eso es lo que somos, ¿no? Amigos.

-Sí, a mí me ha quedado clarísimo, somos amigos

y solo amigos.

-Grandes y buenos amigos, pero amigos.

-Sí. Mira, creo que ya sé lo que está pasando aquí, ¿eh?

Creo que Espe te ha ido con el cuento de que yo siento algo por ti.

(CARRASPEA)

Ya que estamos dejando las cosas claras,

quiero que haya una cosa que quede muy clarita.

-Fede, yo lo siento mucho si te he dado falsas esperanzas.

-No eres mi tipo.

Nunca has sido mi tipo, ¿eh?

Y tampoco lo considero una opción para el futuro.

-Ya.

Pues me dejas mucho más tranquila.

Yo pensaba que lo tenía claro, pero ya veo que tú

lo tienes cristalino. -Sí, cristalino.

Yo creo que es mucho mejor hablar con las cartas boca arriba

y sin medias tintas, ¿eh?

Para que luego no haya mal entendidos.

(CARRASPEA)

Y ahora, cuando localice al tipo este, ya te aviso yo.

-Ya, claro, el expediente.

Porque está solo, Iker, y no tiene quien le ayude.

Yo ya avisé a Servicios Sociales.

Ellos están más cualificados que la policía

para ir a su casa cuando se cae. ¿Y crees que les va a dejar entrar?

Don Andrés es muy desconfiado.

De verdad, yo me quedo más tranquila si me paso personalmente.

Esperamos a que lleguen los de Servicios Sociales,

le convenzo de que son de fiar y que le pueden atender mejor.

Desde luego, no dejas de sorprenderme.

¿Por?

No sabía que te movías tan bien por las calles.

¿Ves? Seguro que pensabas que estaba siempre en un despacho

y ahora resulta que hasta me mojo por la gente del barrio.

¿Una inspectora tan pija en una comisaría de barrio?

¡Por favor! ¡Serás...!

Buenos días, inspector Ocaña.

Acaban de dejar de serlo.

Es que yo no termino de entender a estos españoles, ¿eh?

Uno les hace un regalito y ellos se ponen furiosos

como macacos en una jaula.

Es que en mi tierra son más agradecidos.

¿Así es todo el mundo aquí o solo su familia?

La verdad es que yo solo hablo por mí

y soy bastante agradecida,

pero no soporto los regalos envenenados

y mucho menos las amenazas.

Pero ¿qué es lo que tiene de malo

que un hombre le regale unos patucos a una mujer embarazada?

Eso lo que me hace suponer es que usted es una malpensada.

No sabe lo que me tranquiliza saber que sus intenciones eran honestas

como supongo que también lo será

intentar meterse en el bufete de mi padre

o el acoso y derribo que le está haciendo a mi prima Nerea.

Yo no sé qué significa eso que está diciendo,

pero suena feo.

Yo lo único que hice fue ofrecerle trabajo

a una abogada talentosa.

Señor Somoza, soy policía,

huelo las mentiras antes de que se pronuncien.

Sé que está intentando montar una tela de araña a mi alrededor,

pero pierde el tiempo.

Ya le dije que no voy a parar hasta verle entre rejas.

Mire, yo le prometo que voy a hacer todo lo posible

por demostrarle que lo que usted cree no es así.

Usted está persiguiendo fantasmas.

Deje esos fantasmas atrás, hombre.

Recuérdelos quizás nada más el Día de los Difuntos.

Por el momento, su prima no ha rechazado mi oferta.

Usted lo ha dicho,

por el momento.

Buenos días.

-Pues dime, Fede,

¿qué es eso tan importante que tienes que decirme

que no puede esperar ni cinco minutos?

-Que dejes de entrometerte en mi vida.

-¿Yo? -Sí.

-Pero bueno, ¿a qué viene esto?

-Mira, Espe, sé que has sido tú la que, de una manera u otra,

le has dicho a Lola que siento algo por ella.

(SUSPIRA)

-Le he hablado a mi amiga de ti, sí,

y siento mucho que te haya molestado.

-No me gusta que la gente hable de mí a mis espaldas, solo eso.

-Vale, pues lo siento mucho. No sé qué decirte. Perdona.

-Mira, ya ha quedado todo muy claro para los tres.

Ya he hablado con Lola

y ya le he dicho que no siento nada por ella

y que tampoco lo voy a hacer en un futuro.

-Vale, vale, pues si tú lo tienes tan claro,

yo ya no... -Por supuesto que lo tengo claro.

¿Qué te crees, que sabes más que yo de lo que siento?

-No, no, no, y perdóname otra vez, ¿eh?,

por meterme donde no me llaman, que yo no sé...

-Pues disculpas aceptadas.

Voy a seguir trabajando.

-Y las barandillas de las escaleras que estén todas puestas.

-Vale, vale, vale, vale. Todo eso está.

Y los carteles de seguridad y de evacuación y de salida,

todos esos están también pegados con remanche de hace tiempo

porque con la silicona estaban en el suelo.

-Importante: hoy no se fuma en esta empresa,

ni siquiera en el muelle de carga y descarga.

No quiero encontrarme

ni una sola colilla en el suelo, ¿vale?

-¿Y la mercancía? ¿La mercancía la inspeccionan?

-No, normalmente, no.

A no ser que quieran comprobar el peso

que puede soportar cada persona

o el peso que pueden soportar las estanterías

según su carga máxima en la que viene la etiqueta

de lo que te estoy diciendo,

pero hoy, según me ha dicho mi contacto

por el chivatazo que me ha dado,

viene un inspector nuevo, se ha incorporado hace poco al cargo,

así que no me fío.

Lo mejor será, Jairo,

que esa mercancía delicada

subamos las cajas aquí

y las guardemos en mi despacho, debajo de la mesa.

-¿Otra vez?

No me parece buena idea, don Fernando.

La última vez que hicimos eso, su hijo casi nos descubre.

-No te preocupes por eso.

Julio está bastante ocupado ahora mismo

con su nuevo cargo de director de marketing

y estoy pensando a ver qué se me ocurre

para que esté más liado todavía.

También vamos a hacer una cosa,

cerraremos la puerta del despacho con llave

y solo podremos entrar tú o yo.

-Bien, pero sigue siendo mucho riesgo.

¿Por qué no lo llevamos a otro sitio?

Al sótano de La Parra, por ejemplo.

-¿A plena luz del día

vamos a llevarlas al sótano del bar La Parra,

justo al lado de la comisaría?

Eso sí sería sospechoso, ¿no te parece?

Hazme caso, hombre, aquí van a estar más seguras.

-Vale, si es lo que usted quiere, me pongo a ello.

-¿Se puede?

-Sí, Julio, pasa, pasa. Jairo ya se iba.

Dime. Cuéntame.

-Mira, aquí traigo el presupuesto y el contrato definitivo

para la renovación de la imagen definitiva.

Ya la ha revisado Jurídico y solo faltaría tu firma.

Ah, y mañana me reúno con el equipo creativo.

-Vaya, cuánta eficacia, ¿no?

¿Y dónde dices que será esa reunión? -Aquí.

Los creativos quieren conocer la empresa

para empaparse del espíritu de Transportes Quintero

y poder trasladarlo a su diseño.

-Bueno, eso es estupendo.

¿Y para qué vamos a esperar, entonces?

¿Por qué no empezáis hoy mismo?

Si gabinete jurídico ya ha dado el visto bueno

a todo este papeleo, solo tengo que firmarlo, ¿no?

-Pero papá, ¿hoy no teníais la inspección esa?

¿No será muy precipitado?

-No, hombre, no, no te preocupes, si aquí lo tenemos todo controlado.

Además, tengo muchas ganas de ver cuáles son esos cambios

y cosas que quieres proponer aquí, dentro de esta empresa.

Tengo ganas de ver cómo entra la sangre nueva.

-Bueno, puedo intentarlo. Les llamo y te digo, ¿vale?

Ellos están deseando empezar también.

He de confesar que yo también.

Me reconforta que hayas confiado en mí

para la renovación de la comunicación de la empresa.

Gracias.

-Toma, anda.

No hay nada que agradecer, hijo.

¿Sabes?

El día de mañana, todo esto será tuyo

y yo estoy deseando.

Quiero que, poco a poco, se vayan introduciendo esos cambios

que vayan renovando y modernizando la empresa

que vas a dirigir

ese día de mañana, ¿vale?

En cuanto hables con esos publicistas

y te digan la hora nueva de esa reunión,

dímelo cuanto antes

e intentaré hacer todo lo posible para estar con vosotros, ¿eh?

-Eso está hecho.

-Venga. -Nos vemos.

-El cáncer de pecho lo superó luchando como una jabata.

Cuando pensábamos que ya todo había terminado,

le diagnosticaron metástasis,

primero en los huesos y luego en el hígado.

Debió de ser un golpe durísimo en plena recuperación, ¿verdad?

Sí, pero no cayó en la autocompasión ni un solo día.

Luchó mucho contra la enfermedad y los medicamentos.

Tenía claro que iba a vencerlo y no dejó de sonreír nunca.

Lo siento mucho.

Debes sentirte muy orgullosa de ella, ¿verdad?

Sí, pero ni su lucha ni mi apoyo sirvieron de mucho.

Cuando la metástasis le llegó al cerebro,

se consumió en pocas semanas.

Lo que no entiendo es por qué no te pusiste en contacto conmigo

para contármelo, por qué no recurriste a mí.

Yo también le decía lo mismo.

Pensaba como tú,

que nos haría bien tener alguien al lado.

Pero ella siempre me decía lo mismo,

que si no habías estado a su lado por amor,

tampoco quería que lo estuvieras

ni por pena ni por lavar tu conciencia.

Bueno, yo ya te expliqué que había sido

un amor de verano y sin compromiso.

Yo apenas me acordaba de ella.

Espera, lo siento, lo siento. No tenía que haber dicho esto.

Para ella fuiste mucho más que un rollo de verano.

Siguió con el embarazo porque,

como ella siempre me repetía,

uno tiene que ser consecuente con la vida.

Te juro que ella nunca se puso en contacto conmigo

para decirme que estaba embarazada. No sabía nada.

Ya, a mí tampoco nunca me dijo quién era mi padre.

¿Y entonces cómo,

cómo supiste que...?

Bueno, yo me construí mi propio retrato mental

con las cosas que se le escapaban.

Un día me dijo que trabajabas en un hotel,

otro día me habló de tus ojos

hasta que murió y, entre sus cosas, descubrí esa foto

con tu nombre y la fecha.

Ahí supe que tenías que ser tú.

Aunque nunca hubiera dicho que estabas hecho todo un comisario.

Siento mucho que hayas tenido que pasar sola por todo esto

y veo que te pareces muchísimo a ella:

los ojos, la naricilla respingona,

la sonrisa, incluso la forma de hablar.

Ya, pero en muchas cosas éramos muy distintas.

Yo soy mucho más concienzuda, más organizada, más detallista

y eso sabía que lo tenía que haber heredado de mi padre.

De verdad, es que

sigo sin entender muy bien

por qué así, de esta forma

y ahora.

Bueno, ya sé que ella nunca te permitió

que hablaras conmigo.

Ni siquiera sabías que yo era tu padre

y yo tampoco podía estar contigo porque no sabía de tu existencia.

Ni siquiera sé si es posible ahora mismo

recuperar el tiempo perdido, es decir, si...

Mira, es que no,

no he venido buscando un padre.

He venido porque necesito dinero.

Ya lo sé, suena fatal y parezco una oportunista, pero

me lo has preguntado. No te quiero engañar.

Mira, mi madre me sacó adelante con lo justo

y, cuando enfermó,

la pensión no nos llegaba para nada

y, cuando murió, me dejó muchas deudas:

médicos privados para segundas opiniones,

medicamentos y, por último, ya el funeral.

Así que se trata solo de eso, de dinero.

Mira, no me juzgues.

Tú lo has dicho, es tarde para recuperar el tiempo perdido.

Solo te estoy pidiendo una pequeña compensación

por todos estos años en los que no has estado.

Veo que lo tienes todo muy claro.

¿Cuánto tiempo llevas maquinando este plan?

Mira, nos lo debes.

Es lo mínimo que puedes hacer

por no haber estado ni a mi lado ni al suyo.

Puede que tengas razón,

pero dudo mucho que el dinero te devuelva lo que echaste de menos.

No, pero me ayudará a seguir adelante.

No hace falta que me lo digas ahora.

Llámame y ya me dirás qué has decidido.

¿Y si no lo hago?

Sé que tienes obligaciones familiares.

Sé que tienes hijos y que tienes una mujer que

tuvo un accidente y está en una silla de ruedas.

Lo averigüé antes de venir aquí.

Pero es que yo te estoy pidiendo dinero

porque lo necesito. No quiero causarte ningún problema.

De hecho, tu familia no hace falta que se entere.

En cuanto me des el dinero, yo desapareceré.

(Puerta)

-No, descuida, compadre.

Sí, todo bien,

pero me lo mandas a su señora madre, ¿sabe?

Hasta luego.

Cuénteme, pues, Tano, qué es lo que tiene para mí.

Me acabo de atrancar con la gente de Cali.

Están preocupados porque no tenemos la ruta marcada aquí.

Yo soy un hombre que no me gusta dar excusas.

-Tras el estudio que me pidió, he seleccionado varias empresas

para sustituir a Transportes Quintero.

-Siendo esa la que necesitamos

y el necio de Quintero que no entra en razón.

Lástima que aquí no podemos usar nuestros métodos de persuasión.

-Sí, es una pena.

Espero que alguna de estas empresas se ajuste a nuestras necesidades.

Esta primera tiene la misma ruta que Quintero por el sur.

Es una empresa moderna

con un alto índice de satisfacción del cliente.

El dueño es muy estricto con las normas.

Según los empleados, ni una factura sin IVA

ni un contrato irregular...

-Bueno, pues esto puede ser la tapadera perfecta,

así podemos mantener a la policía alejada, ¿no?

-Lástima que tenga un cuñado inspector de Hacienda.

-Recuérdeme no cruzarme ni los buenos días con esa persona.

Y esta, ¿qué?

Transportes Cali.

Ese nombre promete.

-Es el acrónimo de Carlos, el dueño, y Lidia, su mujer.

Es una empresa familiar. Muy currantes.

Están creciendo rápidamente

porque tienen unos precios muy competitivos.

La flota no está mal,

pero creo que nuestro negocio se les queda grande.

-Bueno, pero pues fíjese

que quizás podamos ayudarles a crecer.

Si hacemos eso, pueden estar agradecidos

y así los podemos controlar.

-Ya, puede ser.

Y esta última que yo creo que también es de nuestro acuerdo.

-Esto no tiene mucha información.

-Precisamente por eso. Es todo lo que he podido conseguir,

por eso tengo la sensación de que ocultan algo.

Necesito un abogado inteligente

para analizar las cuentas anuales y los papeles oficiales

-Sí.

(Teléfono)

Sí.

Ah, no, pues hágala pasar.

Gracias.

Tano, vamos a tener que hablar esto después.

-Muy bien, patrón.

(Puerta)

¿Te pillo en buen momento?

Te recuerdo que me aplazaste la reunión

para repasar los informes mensuales de los departamentos.

Es verdad. Quedé en avisarte en cuanto tuviera un hueco.

Miralles, ¿crees que puede esperar hasta mañana?

De verdad que no tengo la cabeza para hacer números.

Bueno, yo no tengo inconveniente, pero la hemos aplazado tres veces.

Ya, tienes razón, te pido disculpas, pero de verdad que hoy no puedo.

Vale, vale, pues nada, la hacemos mañana.

¿Ocurre algo?

¿Qué te pasa, Emilio?

A ver, es difícil de entender hasta para mí.

(ASIENTE)

Es por esa chica, ¿no?

La que vino a verte al despacho.

Sí.

Si es que no sé por dónde empezar.

Mira, la historia esta es tan enrevesada

que a veces me digo que no puede ser cierta

y, sin embargo, a la vez pienso que sí,

que tiene que ser verdad.

Esa chica asegura

que es mi hija.

Adiós.

¿Y eso desde cuándo lo sabes? ¿Te lo ha soltado así, sin más?

No, las primeras visitas vino con la excusa

de que estaba preparando un trabajo para una asignatura de Criminología.

Insistió tanto en hacérmela que, al final, tuve que aceptar.

Sí, si eso es lo que me contaste ayer.

Pero todo era una excusa

para acercarse a mí sin levantar sospechas.

El caso es que me pareció todo muy raro

porque todas las preguntas eran de índole personal.

Imagino que querría conocerte, no sé,

tantearte un poco antes de soltarte la bomba.

Supongo que sí.

Qué sé yo.

El caso es que me puse a investigar y he descubierto

que no estudia en ninguna facultad ni nada por el estilo

y cuando le increpé con esto fue cuando me contó la verdad.

¿Y qué datos te ha dado?

¿A ti te cuadra la historia que te ha contado?

Es hija de una chica que conocí un verano,

típico amor de juventud.

Duró lo que dura el verano

y luego ni nos vimos ni volvimos a saber el uno del otro.

¿Cuándo?

No, fue antes de casarme con Natalia.

¿A ti te coinciden las fechas?

Sí,

nació nueve meses después de ese verano.

¿Y la madre qué dice? ¿Has hablado con ella?

No, la pobre murió hace menos de un año de cáncer.

Al parecer, esta chica se ha quedado sola.

Se volcó con la madre durante toda la enfermedad.

Jolines, que historia tan triste.

Oye, ¿y físicamente,

no sé, tú has visto algún rasgo

en ella en el que te reconozcas?

Qué sé yo, Miralles.

¿Qué pasa? ¿Que crees que esto no es cierto, verdad?

¿Y quién soy yo para dudar de nadie?

No sé, igual la chica no está mintiendo.

Igual piensa, verdaderamente, que eres su padre.

A ver, si la madre se murió convencida de que lo eras...

Sería muy cruel de no ser cierto, ¿no?

Pero no por ello menos verdadero.

A ver, escúchame, Emilio.

Yo ya he pasado por esto, ¿eh?

En casa, de repente, nos apareció una mujer

que decía que era la madre biológica de Olga

y las dos estaban encantadas de haber encontrado por fin

lo que llevaban tanto tiempo buscando.

Pero con desearlo no basta.

Luego resultó que Olga no era la hija que anhelaba Sofiya.

Ya, si yo he pensando en la posibilidad

de pedirle las pruebas de paternidad,

pero Miralles, si te soy sincero,

mira, la chica acaba de perder a su madre.

Perder aunque sea la posibilidad de tener un padre ahora

es muy cruel y no dejarla sola, ¿no?

Emilio, esos sentimientos te honran.

Sin embargo, a mí me resulta muy sospechoso

que esta chica haya aparecido un año después de morirse la madre.

A ver, no quiero que te desentiendas de ella

en caso de ser tu hija, pero ¿y si no lo es?

¿Tú no has pensado que ya tienes bastantes cargas familiares?

No hago otra cosa, Claudia,

pero ¿y si es verdad que es mi hija?

Pero si no os hacéis la prueba, nunca vais a salir de dudas,

ni ella ni tú.

Tienes toda la razón y te voy a hacer caso.

Voy a pedirle la prueba de paternidad.

Señorita Nerea, qué gusto verla por aquí de nuevo.

Le ofrezco un cafecito. -No, no, muchas gracias.

-Ah, pues si me lo permite, me voy a servir uno.

Siéntese, por favor.

Usted sabe que a mí me gusta lo mejor de lo mejor.

Este cafecito es traído directamente de Colombia.

Seguro que usted no ha probado nada como esto.

La esperaba más temprano,

pero pues la vida me ha enseñado que lo bueno se hace esperar.

-No he podido venir antes, tenía que atender otras obligaciones.

-Espero no me meta a mí dentro de sus obligaciones.

Eso sería muy feo.

¿Qué pasó?

¿Es que no encontró una cifra?

No le dé vergüenza, ponga ahí el número que usted quiera,

que yo se lo voy a pagar.

-No hay cifra porque no voy a trabajar para usted.

Solo he venido a devolvérselo.

Ya le dije que yo no me muevo por dinero,

sino por convicciones

y mi trabajo ha de aportar algo al mundo.

-Pues ya somos dos.

Deme la oportunidad.

Trabaje conmigo y yo se lo demuestro.

-Permítame que lo dude.

Viendo su oficina,

creo que no estamos hablando de la misma aportación.

-Usted se está dejando engañar por esto.

Me está juzgando nada más por eso, ¿verdad?

Usted sabe muy bien que las apariencias engañan,

¿si no cómo le va a ofrecer una defensa justa a sus clientes?

-Aproveche el cheque para contratar a otra persona,

dónelo o rómpalo. Nunca va a llevar mi nombre.

-Pues esa palabra, nunca, es muy contundente.

Usted sabe muy bien que yo no me rindo así de fácil.

-Necesito saber una cosa.

-Dígame.

-¿Por qué esta obsesión conmigo?

Con la de abogados que hay en Madrid,

no me puedo creer que no encuentre a otra persona.

-No es que no encuentre a otra persona,

yo sé que hay muchos abogados,

pero ya le dije que a mí me gusta reunirme con lo mejor.

Usted tiene algo que me puede aportar que los demás, no.

Y, además, ya nos caemos bien, ¿cierto?

-Siento no poder decir lo mismo.

(CARRASPEA)

En cualquier caso,

me parece un criterio muy pobre para elegir un abogado.

Buenos días.

-Adiós. Buenas tardes.

(SUSPIRA)

David, he estado pensando... -Quiero decirte algo.

-Adelante. Tú primero.

-Es sobre lo que hablamos ayer.

Yo también he estado pensando.

Después de nuestra discusión,

he estado investigando un poco y he descubierto

que hay otras alternativas a las que podría dedicarme.

He descubierto que los bufetes de abogados

y las compañías de seguros contratan detectives privados

y también le he estado echando un vistazo

a la carrera de Criminología

por todo aquello de ser universitario.

Incluso guardia de seguridad y policía judicial.

-Hijo, escucha. -No, espera, espera. Déjame terminar.

Lo he estado pensando mucho,

de verdad que he pensado en todas las opciones

y aún a riesgo de decepcionarte

y de tirar por la borda todos tus sueños,

he llegado a la conclusión de que quiero hacer

lo que verdaderamente quiero ser, policía.

-Muy bien, pero hijo, no me decepcionas.

-¿De verdad? -De verdad.

-Sé que todos estos años de esfuerzo

han sido con el objetivo de verme estudiar Medicina

y lo siento mucho.

Pero es que no puedo engañarme dedicándome a algo

que no es lo que quiero hacer.

-No sería honesto

para tus futuros pacientes

y lo más importante de todo es que no serías honesto contigo mismo.

Hijo, estoy muy orgulloso de ti.

Eres una gran persona

y que te quieras dedicar al servicio público

lo demuestra.

La verdad es que cualquier padre daría lo que fuera

por tener un hijo como tú.

-Bueno, tampoco te pases.

-No, que en serio, te lo digo como lo siento

y, además, creo que te debo una disculpa

por haber sido tan cafre.

Intentar imponerte algo tan importante como la profesión

ha sido una cagada de las gordas.

-Eh, ¿dónde está mi padre y qué has hecho con él?

De verdad que estoy flipando con tu cambio de actitud.

¿Qué es lo que te ha hecho cambiar de opinión?

-Buenas. -Hey. Hola.

-¿Qué tal? ¿En qué quedó el cónclave de los Merino?

¿Se han resuelto esos problemillas?

-Mi padre es muy cabezota,

pero me parece que, últimamente, se está ablandando.

Debe ser la edad

o el amor.

-Oye, un respeto, ¿eh?

Que aunque vayas a ser policía, aquí la autoridad sigo siendo yo.

-Entonces, ¿qué? ¿Se acabaron las discusiones?

-Por el momento,

pero ya encontrará otra cosa con la que fastidiarme.

-Bueno, eso, seguro.

-Anda, tira al almacén antes de que me canse de tus bromitas.

-Bueno.

Entonces, parece que las aguas han vuelto a su cauce, ¿no?

-Sí, y todo gracias a ti.

-No, hombre, no.

Yo he sido solo tu voz de la conciencia.

Pero hay gente muy soberbia que piensa

que su opinión es la única válida. -Sí.

-Tú, sin embargo, has tenido el coraje de rectificar.

-Y supongo que eso tiene algún premio, ¿no?

-Y bueno,

esta es la zona de dirección de Transportes Quintero.

Ella es Marisa, la secretaria de dirección

y al otro lado del cristal

tenemos el despacho del CEO, Fernando Quintero.

Como os he comentado, fundó la empresa de la nada

y él solo la ha convertido en lo que es hoy.

Podéis volver cualquier otro día, para sacar las fotos

siempre y cuando me aviséis con un día de antelación, ¿vale?

Eh, me imagino que querréis hacer fotos

con los trabajadores y con el director ejecutivo.

-Sería lo suyo, sí.

-Eh, perdón.

Marisa, por favor, ¿serías tan amable de abrirme la puerta del despacho?

-Es que el señor Quintero me dio orden

de que no entrara nadie.

-Ya. Es que cuando salió esta mañana el señor Quintero,

no sabía todavía que he logrado adelantar la reunión,

como él me pidió.

Le he estado llamando para avisar, pero no me ha contestado el teléfono.

Adelante, por favor.

Y por aquí tenéis una buena perspectiva de la empresa.

Por allí delante pasan todos los trabajadores

en algún momento del día.

Allí, al fondo, tenemos la máquina de fichar

junto a la ventana del muelle de carga y descarga.

Poneos cómodos para tomar vuestras notas, por favor.

Y si tenéis cualquier cosa que preguntar, aquí estoy, ¿vale?

-Podemos hacer un "stop motion", ¿cómo lo ves?

-"¡Julio!". -"¿Qué haces?

Me has dado un susto de muerte". -"¿Que qué hago yo? Qué haces tú".

-"¿Y a ti qué te importa? Yo soy el hijo del jefe, ¿no?

A ti no tengo que explicarte nada".

-"¿Estás intentando abrir la caja?". -"Sí, ¿qué pasa?

Quiero saber si es verdad lo que he escuchado".

-"¿De qué hablas?".

(CARRASPEA)

-Perdonad.

Eh, ¿es todo?

-Por nosotros, sí.

-Bien, ya sabéis que podéis consultarme cualquier cosa

que tengáis. Eh...

Espero los primeros bocetos en 15 días, como acordamos.

Si me perdonáis, tengo mucho trabajo que hacer.

Marisa, Marisa, por favor,

acompáñales a la salida.

Gracias por todo.

Espero noticias.

(RESOPLA)

-Estupendo, Amancio, mañana te veo.

Julio, ¿qué tal? Me ha dicho Marisa

que acabas de terminar la reunión con los publicistas.

Lo siento mucho, no me ha dado tiempo a llegar.

Me hubiese gustado mucho conocerlos.

-Te he estado llamando para avisarte, pero no he podido dar contigo.

Tienen que volver otro día, ya los conocerás en persona.

-Sí, bueno, ya te he dicho que no me ha sido posible.

¿Qué tal ha ido todo? ¿Bien?

-Fenomenal, se han quedado muy impresionados.

-Estupendo, ¿qué te parece

si entramos a mi despacho y me lo cuentas todo?

-¿Te importa si lo dejamos para después?

Quiero mandarles un mail con lo que hemos acordado.

Ahora lo tengo fresco. -Estupendo, como tú quieras.

-Señora Langa, gracias.

Le llamo para decirle

que hemos encontrado las cenizas de su marido,

pero que no se encontraban en muy buena...

Que no estaban en, lo que viene siendo...

(RESOPLA)

Venga, Espe, que tú puedes.

Venga, segundo intento, a ver.

(CARRASPEA)

Eh, ¿Elisa?

Sí, buenos días.

Soy Esperanza Beltrán, le llamo de comisaría.

Me he puesto en contacto con usted

para informarle sobre las novedades sobre su marido.

Bueno, no, de su marido, no,

de las cenizas de su marido, que se va usted a reír, pero que...

¿Cómo se va a reír la mujer, Esperanza?

Se va a poner a reírse...

-Pero ¿qué es lo que es tan gracioso?

(RESOPLA)

-Nada, que estoy ensayando para darle la noticia a la mujer

que puso la denuncia

por la desaparición de las cenizas del marido

y que no es mi día, no dejo de decir tonterías.

-Pero ¿qué es lo que pasó?

-Pues que entraron en el panteón

y se lo llevaron para poner flores a otro muerto.

Se pensaron que era un simple jarrón

y ahora las cenizas están ahí,

nadando en un caldo putrefacto con tallos pochos en descomposición.

-¡Madre mía!

Pues ensaya, ensaya que lo mismo acabas metiendo la pata.

-Anda, que tú también, qué buena era dando ánimos.

-Que no, hombre, te lo digo por experiencia,

que esta mañana he metido una pifia de las gordas.

-¿Qué ha pasado?

-Que llevo una racha con Fede que no sé.

He ido a hablar con él esta mañana para aclarar la situación

y decirle que es importante para mí, pero que somos solo amigos

y la cosa no ha ido muy bien, que digamos.

-Qué me vas a contar.

Después de hablar contigo,

me ha llamado para que vaya yo a su despacho

y me ha dicho que no me entrometa en su vida.

Me ha dicho que soy una cotilla

y me ha dado un corte del 15.

-Pues sí que estamos buenas, de verdad.

Yo estoy descolocadísima.

Bueno...

Lola, ¿tienes un momento? Quería hablar contigo.

Eh, comisario, ¿pasa algo o...? No, no.

Gracias, Espe.

Bueno, pues yo me voy

que tengo que hacer una llamada y tengo que...

-Mucho ánimo, ¿eh?

Lola, quería hablarte de Isa,

la chica por la que me preguntaste ayer.

No, de verdad, no te sientas obligado,

no es asunto mío. Tenías toda la razón.

Lola, te prometí que serías la primera en conocer

lo que averiguara de ella y aquí estoy.

Además, quiero que lo sepas.

¿Qué pasa con ella?

Verás, esa chica por fin me reveló

el verdadero motivo de sus insistentes visitas.

Asegura que es mi hija.

Pero...

Yo, hasta hace unos días, no tenía ni idea de su existencia

y la verdad es que, Lola, no sé cómo encajar esto.

Cualquier cosa que necesites, aquí me tienes.

Gracias.

Pues ha ido como la seda, don Fernando.

Efectivamente, las preguntas eran las esperadas

y las respuestas, las correctas, así que dudo

que el inspector se haya quedado con la mosca detrás de la oreja.

-Solo espero que no nos hayamos pasado de frenada,

no vaya a ser que ahora resulte demasiado sospechoso

que la visita del inspector no era una visita sorpresa

porque nos habían dado el chivatazo.

-No, no, para nada.

He dejado a propósito algunas cositas de menor importancia

para desviar la atención.

Nos has recordado que tenemos que ser más severos con el fumeteo.

-Muy bien, muy bien, Jairo.

Me alegra que hayas aprendido tan rápido

y tan bien. -Con el mejor maestro.

¿Sacamos esto de aquí o qué? -Sí.

Será mejor que lo saquemos de aquí cuanto antes.

Empieza sacando todo lo que hay ahí, debajo de mi mesa,

que es lo que más me molesta.

Yo, mientras, voy a ir llamando al contacto

que tengo en la consejería para agradecer lo del chivatazo.

Luciano, ¿qué tal? ¿Cómo estás? Soy yo, Quintero.

(SE RÍE)

Por eso te llamo, precisamente,

porque quería agradecerte lo del aviso de esta mañana.

Sí, sí, sí, todo bien. Se acaba de ir hace un momento.

Eh, no, no, no ha habido ningún problema.

Bueno, alguna que otra minucia sin importancia,

pero todo bien, todo bien, todo bien.

Eh...

Sí, hombre, claro, no te preocupes.

Tú ya sabes que yo soy muy generoso con mis amigos.

Quedamos, si te parece, dentro de un par de días, ¿vale?

Y resolvemos eso.

Venga, te tengo que dejar ahora, Luciano.

Hasta luego. Chao, chao.

-Esto no lo ha hecho usted, ¿verdad?

-¿Falta algo?

-No, no, no, están todos.

-Ha tenido que ser Julio, estoy seguro.

-¿Cómo lo sabe?

-Porque me lo he encontrado por aquí hace poco

cuando terminaba esa reunión que tenía con los publicistas

y es el único que puede andar por aquí

sin levantar ningún tipo de sospecha.

Además, estaba bastante tenso.

Lo voy a llamar por teléfono.

¡Dios, Dios, Dios, Dios!

Maldita sea, no contesta, sale el buzón de voz.

-¿Sabe dónde ha podido ir? ¿Dónde puede estar?

-No tengo ni la más mínima idea de dónde puede estar,

solo espero que no haya ido a la comisaría.

-¿Usted cree que sería capaz de denunciar a su propio padre?

-No lo sé, Jairo, no lo sé.

Ahora mismo tiene que estar bastante cabreado, la verdad,

y puede ser capaz de hacer cualquier cosa.

(RECHISTA)

-Escúchame.

Será mejor que intentemos dar con él cuanto antes.

-En cuanto me des el dinero, desapareceré.

No quiero meterme ni en tu vida ni en la de tu familia.

No pienso darte ninguna cantidad de dinero

sin estar seguro de que eres mi hija.

Crees que me lo estoy inventado todo.

Creo que solo hay una forma de estar al 100 % seguros.

Quieres que nos hagamos una prueba de ADN, ¿no?

Sí.

¿Estarías dispuesta?

A nadie le duele más que a mí dejar un paciente,

sobre todo cuando hay una evolución.

-Nacha es la persona más valiente que conozco.

-Se ha ganado mi respeto, desde luego.

Ojalá todos fuésemos igual de valientes

para hablar de nuestros sentimientos.

Se le veía muy preocupada y solo ha dicho cosas buenas de ti.

Supongo que eso muestra cierto afecto, ¿no?

-¿Y qué te dijo ella?

-Pues que eres una persona muy sensible

y, sobre todo, muy valiente.

-Valiente, ¿por qué?

-Por haberle expresado tus sentimientos.

Lo que está claro es que si Somoza está dispuesto

a poner encima de la mesa tanto dinero,

no es para que le lleven sus negocios de la constructora.

Han venido para quedarse.

Que es lo que, precisamente, nos temíamos.

¿Y qué crees que debemos hacer, Claudia?

De momento, vigilarle bien de cerca

y, sobre todo, creo que lo más importante

es saber si han puesto ya en marcha

la maquinaria de distribución de su mercancía.

¿Estás bien?

He tenido días mejores.

-¿Te ha pasado algo?

-No es nada, Paty, es solo que, a veces,

la gente en la que más confías te acaba sorprendiendo

y no precisamente para bien.

-Créeme que te entiendo.

Y eso son los golpes que, al final, duelen más.

A ver, este es un tema lo suficientemente personal

como para que yo no dé mi opinión ni consejos,

pero reflexiona lo que podría venir después

de que le des dinero así, por las buenas.

Un chantaje.

¿Qué quieres que piense? Soy policía.

Era una de mis confites.

Acaban de ver a un tipo trapicheando en el parque de la dehesa.

Hay que ir para allá.

No, Alicia, ya voy yo. Tú será mejor que te quedes.

No hay peligro, probablemente será "El Flaco".

No va a poner resistencia, Iker, sé lo que digo.

Pero no se lo digas a Miralles. Me vas a meter en un lío.

Tienes que estar orgullosa, ¿no?

-¿Orgullosa, yo? ¿Por qué?

-Tienes un novio muy valiente.

-A ver, Elías, que estamos empezando.

-¿Y qué tal? ¿Cómo os va?

-Bueno, de momento, bien.

-Todos me han felicitado por tener un padre tan valiente.

-Ya.

-Estaban sorprendidos de que un simple civil

se hubiera enfrentado así con un tipo tan peligroso.

-Ya. Vamos a olvidarnos ya del tema, ¿eh?

-¿Qué tal tu día?

-Pues bien.

-Bien.

-Ya están todas las cajas escondidas, don Fernando.

-Me parece muy bien.

Lo que quiero ahora es saber dónde demonios está Julio.

Lo estoy llamando y no contesta a la llamada,

maldita sea.

-A lo mejor está en comisaría tan ricamente

denunciando el alijo que descubrió.

-Eso es lo que me temo, Jairo.

-Hay algo que me ha hecho mucho daño que no esperaba.

Es algo que tiene que ver con tu padre

y que te ha hecho sentir muy decepcionado.

Algo que ha conseguido que la imagen

que tenías sobre él se rompa en mil pedazos.

Julio, has descubierto que es un narcotraficante, ¿verdad?

  • Capítulo 238

Servir y proteger - Capítulo 238

11 abr 2018

Alicia discute con Nerea acerca de la oferta de Somoza. Isa revela a Bremón la razón por la que ha aparecido en su vida. Julio descubre unas cajas con droga en el despacho de su padre. Lola se preocupa por los sentimientos de Fede.

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