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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 237 - ver ahora
Transcripción completa

Dentro de una hora Petrovic se estará confesando.

Dejará la mochila con la pistola y cogerá el maletín.

-¡Suéltala! -¡No os acerquéis más

si no queréis que acabe con ella! ¡Tirad las armas!

¡Yo no tengo todo el día! ¡Vamos! Alicia, ha habido un tiroteo.

Petrovic ha salido huyendo por el callejón.

Elías y Nacha van tras él.

Si lo que quieres es un rehén, llévame a mí.

Colaboraré, te lo juro.

-El chaval es más creíble como rehén.

Da más pena.

No tienes cojones para matar a nadie.

-Ve a buscar a la policía.

-No es la primera vez que apuntas a alguien con un arma.

No eres un simple tendero.

-Mire, se lo agradezco, pero no hace falta que venga

porque no voy a contar nada.

-¿Quién era? -Nadie, nadie, un periodista.

-Ahora que la he visto con otro hombre, pues...

me he dado cuenta de lo que he perdido.

María es una mujer muy especial. -Sí, lo es, sí.

-María se merece tener al lado a alguien que la haga feliz.

-En eso estamos de acuerdo.

¿Dudas de que yo pueda hacerlo? -No, no, en absoluto, no.

Pero si vas a salir con ella, que vayas en serio.

-Soy estudiante de segundo curso de Criminología,

y me gustaría poder entrevistarle para un trabajo.

Pásese mañana por aquí y buscamos un hueco.

¿De verdad crees que tengo una aventura con esa chica?

No, yo no. Tú no. Luego alguien sí, ¿no?

No sé, pero ver entrar a una chica desconocida tan joven

en tu despacho ha dado pie a comentarios.

-Creo que estoy empezando a sentir algo por ti.

-Nacha, esto ocurre muchas veces.

En cuanto a ti, el código deontológico

nos obliga a interrumpir las sesiones inmediatamente.

-Según Teresa, no me he enamorado de ella,

sino que estoy proyectando mis deseos de amor

en su figura profesional, o una vaina así. No sé.

Dice que pasa en las terapias, que acabas viendo al terapeuta

como una persona maravillosa y perfecta y crees que es amor.

A mí Teresa me gusta un montón, Elías.

Sí, sí, soy yo.

Sí, exactamente, Isabel Fernández Zafra.

No estudia en esa facultad, ¿verdad?

Ya.

No quiero estudiar medicina, quiero ser policía.

Quiero trabajar para servir a la gente.

Para evitar que sufran como nosotros ayer.

Me gustaría...

que le echarais un vistazo a este arma,

y me dijerais si os suena de algo.

A ver, oficial,

¿a qué va todo esto?

A que si no queréis que presente el arma mañana en Balística,

quiero 30 000 euros, en efectivo y antes del mediodía.

Si Somoza se piensa que me ha comprado

con una simple pistola, está equivocado.

Yo no me vendo tan barato. ¿Quién habla de vender barato?

Yo hablo de una colaboración.

De una amistad que merezca la pena. En ese caso,

seré yo quien decida qué trabajos,

a qué tiempos,

y a qué precio.

(Música emocionante)

¿Nos vamos, o qué?

-¿No esperamos a Fede? Todavía está en la ducha.

Anda, ayúdame.

-Te ayudo, pero no quiero llegar tarde.

¿Qué sabes de Bremón?

¿Averiguaste algo sobre la chica que le visita?

-Ayer estuve, precisamente, hablando con él de eso.

-¿Y tienen algo?

Perdona. Ya sé que ha sonado un poco mal, pero...

-Pero estás equivocada.

Me dijo que no sentía absolutamente nada por ella.

Es más, se enfadó por haberlo insinuado.

-¿Y le crees? -Pues claro que le creo.

Además, me dijo que lo nuestro no fue una aventura sin más...

que fue amor de verdad.

-Igual fue amor de verdad,

pero empezó siendo una aventura entre un hombre casado

y su subordinada más joven. -Eso no te voy a negar.

-Y esta chica...

Estudiante de Criminología...

jovencita, mona...

fácil de impresionar...

Es que... a veces los tíos van a lo que van, ¿eh?

-Bueno, no generalices,

no todos son unos babosos y unos salidos,

mira Fede qué majo es.

-Ya, Fede no es ningún baboso ni ningún salido, es verdad,

pero es mal ejemplo, porque a ti no te quita ojo.

-¡Qué obsesión tienes con que todos están detrás de mí!

-No es una obsesión, es una constatación de la realidad.

-A exagerada no te gana nadie.

-A lo mejor todos los tíos del planeta

no están locos por tus huesos, pero Fede sí.

-No. Fede es una persona cariñosa, amable,

es un sol, un compañero increíble. -Y le gustas.

Por eso es tan amable y cariñoso. Blanco y en botella.

-No te voy a negar que al principio no lo pensara,

pero luego vi que... no sé,

que era tan majo y tan amable.

Mira cómo nos ayudó a Ramón y a mí con lo del móvil.

-Porque quería quedar bien contigo. -No.

Lo hizo porque nos tenía aprecio.

-Yo tengo mucha experiencia en compartir piso

con compañeros muy babosos

y te aseguro que Fede no es así, es un sol.

Es más, es el compañero perfecto.

Tengo la sensación de compartir piso con una chica.

-¿Perdona? ¿Qué me estás queriendo decir?

-¿Tú alguna vez a Fede le has oído hablar de novias?

-No. -¿Alguna vez lo has visto

sentado en la tele como uno de estos hombres diciendo:

"Pues mira qué buena está esa"?

-No, no es un capullo. En eso estamos de acuerdo.

-Yo no voy a decir que sea hetero u homosexual,

ahí no entro,

pero no negarás que tiene un lado femenino indudable.

(CARRASPEA)

-Muy buenos días, perdonad el retraso.

-Sí que has estado tiempo en la ducha.

-Y luego dicen de las chicas... -La verdad es que he estado...

Vamos, que ni me he duchado. Ya sabes...

leyendo la prensa deportiva.

¡Qué buenas están las tías del equipo de voleibol!

Es que... Bueno, me tomo un cafelito y nos vamos.

-Se habrá quedado frío ya.

-Como a mí me gusta: frío, sin azúcar y... repugnante, vamos.

Luego me aprieto un par de huevos con chistorra en La Parra,

y ya he desayunado. Y no me tomo un par de cazallitas,

porque... porque voy a estar de servicio.

-¿No coges tu mochila? -Pues no, hoy voy a ir...

a cuerpo gentil, así, como los caballeros montañeses.

(MARÍA) -¡Hola! -Hola.

-Tú buscabas el otro día al comisario Bremón, ¿verdad?

-Sí, pero hoy busco el famoso pincho de tortilla

del que tanto me habló. -Pues ahora mismo te pongo uno.

¿Quieres algo de beber? -Un cortadito.

-¿Y para qué lo buscabas?

Tú eres muy joven, no tienes pinta de policía.

-Es que necesito hacerle una entrevista

para un trabajo de la facultad. -¡Ah! ¿Y qué tal ha ido?

-Bien, aunque...

es una persona muy reservada, sobre todo en lo personal.

-Claro. Lógico.

-¿Por qué lo dice?

-Porque supongo que todo el mundo es más reservado

con su vida íntima que con la vida profesional, ¿no?

Sobre todo si no has tenido una vida fácil.

-Ya. Se refiere al accidente de su mujer, ¿no?

Tiene que ser tremendo: dos hijos, una mujer discapacitada

y un trabajo con tanta responsabilidad.

-Voy a traerte el pinchito.

-Una pregunta,

¿el comisario viene aquí a desayunar? -Pues depende.

Hay días que sí y otros que no. -Ya.

Y cuando viene, ¿sobre qué hora suele pasar?

Es que me quedaron unas preguntas en el tintero y me gustaría...

hacérselas, pero me da corte volver al despacho.

No sé, es un hombre tan ocupado...

-Pues, mira, estás de suerte, entrando por la puerta.

Hola, María. Ponme lo de siempre. Muy bien.

Tú por aquí, qué sorpresa.

Pensaba que no vivías por el barrio.

Bueno, no quería quedarme sin probar

el famoso pincho de tortilla de La Parra.

Además, me gusta trabajar al lado de comisaría,

por si me surge alguna pregunta o alguna entrevista

que me ayude a completar el proyecto.

Claro. Muy bien pensado.

Si vas a desayunar,

puedes sentarte. Claro que sí.

Bueno, ¿qué tal?

¿Cómo ha quedado ese trabajo?

Pues aún lo estoy rematando.

Si quiere añadir algo a la entrevista, aún está a tiempo.

No, no. Si te soy sincero,

me siento más a gusto preguntando que respondiendo preguntas.

Pero todavía no me has dicho para qué asignatura era el trabajo.

Investigación criminalística.

¡Anda! Entonces estudias con el profesor Martiñán, ¿no?

Sí. Dale recuerdos de mi parte.

Sí, muy bien. Mira, no sabía yo que...

se impartía Investigación criminalística

en segundo curso.

El otro día dijiste que estabas en segundo curso,

pero que yo recuerde bien, hasta tercero

no se cursaba esa asignatura.

Ya, pero... No, tampoco es extraño,

teniendo en cuenta que tampoco existe

ningún profesor Martiñán en esa facultad.

Ni hay ninguna alumna registrada a tu nombre.

Ni en segundo ni en tercer curso.

Tengo otra pregunta para ti.

¿Qué quieres de mí?

¿Y a qué viene esta sarta de mentiras?

Espera, espera un momento, a ver...

Te he hecho una pregunta y vas a responderla.

¿Qué pretendes con este absurdo montaje?

¿Qué quieres de mí? Déjame ir.

Escúchame, soy policía,

y en tu comportamiento veo indicios de delito,

así que te puedo complicar la vida desde ahora mismo.

Quiero irme. ¡Ni hablar!

Escúchame y tranquilízate un poco.

Podemos hablar aquí amigablemente,

o responder a mis preguntas en comisaría.

¿Qué prefieres? Yo no he cometido ningún delito,

solo te he hecho una entrevista.

Proporcionar una identidad falsa es delito.

No te he dado ninguna identidad falsa,

me llamo Isabel Fernández Zafra.

Te has hecho pasar por estudiante y has mentido deliberadamente

para sacar información.

Periodista no eres porque lo habrías dicho,

así que, ¿quién eres?

¿Por qué me espías?

No te estoy espiando, solo quería conocerte.

Tengo mis razones. Ah, ¿sí?

Cuenta, ¿qué razones son esas?

¿Prefieres ir a comisaría? ¿Me puedes dejar, por favor?

No te voy a soltar. ¿Qué razones son esas?

¿Algún problema, comisario?

No, no. Todo en orden.

¿Qué está pasando, Emilio? Nada de lo que te estás imaginando.

No te estoy juzgando, te lo estoy preguntando como amiga.

¿Quieres que te ayude en algo?

No, no pasa nada. O sí...

La verdad es que todavía no lo sé.

Esa chica me está persiguiendo y haciendo preguntas muy extrañas.

Ha tomado una identidad falsa, pero no sé por qué ni para qué.

¿Quieres que la identifiquemos?

No, no, no. No quiero malgastar recursos públicos

en esta tontería, ya me ocupo yo.

Cuando averigüe algo, serás la primera en saberlo.

¿No vas a decir nada en todo el día?

-Te he dicho que lleves el pedido a La Parra.

-Muy bien. ¿Y nada más?

-Si quieres que hablemos de algo en concreto,

me lo dices claramente.

-Ayer te dije que no quería estudiar medicina,

que quería prepararme para ser policía.

-Ya, eso...

Pensé que no te interesaba lo que tenía que decir al respecto.

Pensé que lo tenías todo controlado, que mi opinión no contaba para nada.

-¿Podemos hablar del tema sin discutir, por favor?

Estás en contra, ¿verdad? -¿Tú qué crees?

-Mira, entiendo que lo que pasó con Petrovic fue muy traumático,

y entiendo que valores el trabajo de la policía,

pero de ahí a cambiar tus planes de forma tan drástica...

-Querrás decir tus planes de vida.

-¿Es un error pensar en el futuro de los hijos?

¿Preferirías que no tuviera el menor interés en tu porvenir?

-Preferiría que tuvieras interés y me apoyaras en mis decisiones

en lugar de imponerme las tuyas.

-Pues yo preferiría que tomaras decisiones sensatas.

No pienso dejar que abandones una carrera sólida y con futuro

por un arrebato pasajero. -¿Qué arrebato?

Llevo meses pensando cómo decirte que no quiero ser médico.

-Ya.

¿Y por qué no quieres ser médico?

-Porque no me gusta, no me atrae. No es mi vocación.

¿Cómo lo sabes si no lo has probado?

-No necesito probar el puenting para saber que no me apetece hacerlo.

-Anda, que vaya ejemplito, ¿eh?

¿Y cómo sabes que ser policía es tu vocación verdadera?

-Porque cada vez lo tengo más claro.

Al menos quiero probarlo. -¿Probarlo?

Para ti una carrera es como ir a una tienda,

probarte unos pantalones, y si te gustan, te los compras.

Estamos hablando de algo mucho más serio, no se trata

de que te atraiga o que te guste,

es algo muy importante.

Para eso tienes que pensar con la cabeza.

-Parece un poco insultante.

Como si yo fuera tonto o un irresponsable.

-Perdona, pero yo no he dicho eso.

-Hay miles de personas que trabajan en la policía.

Creo que no es ninguna locura. -Mira, no quiero...

seguir perdiendo el tiempo hablando de todo esto.

Está claro que lo que te ha pasado es una ventolera.

-No es verdad, desde que llegamos al barrio

me he fijado mucho en la gente de la comisaría.

He conocido unos cuantos, he charlado con ellos,

y hay algo allí que me llama mucho la atención.

-Ya.

¿Sabes lo que creo?

Que no quieres sacrificarte. -¿Qué dices?

-Sí, sí, porque estudiar medicina es muy duro.

No te apetece, tú prefieres, pues...

trabajar un poco aquí, juntar algo de dinero,

y, hala, de juerga.

Sí, sí, sí, lo de policía, una excusa para no estudiar.

-¿Se pude saber de dónde sacas eso?

-¿Qué pasará si dentro de seis meses te cansas de ser policía?

¿Vas a cambiar de opinión cada rato?

¿Vas a estudiar 16 carreras distintas?

¿Y las vas a dejar todas a medias? -No me hables así

que no soy ningún niño. -No eres ningún niño,

pero tampoco eres tan adulto, ¿eh?

Soy yo el que te paga los estudios, y no voy a tirar mi dinero

por un capricho como ese.

(MOLESTO) -Muy bien...

Muy bien...

Pero hay algo que no me ha quedado claro.

-¿Qué? -¿Estás en contra

de cualquier opción que no sea medicina?

¿O estás en contra de mi futuro en particular?

-Estoy en contra de que tomes decisiones a la ligera.

-No has contestado a mi pregunta.

Me da la sensación que tener un hijo policía

te molesta especialmente.

Si te hubiera dicho que quiero ser bombero, ingeniero, actor,

¿también te enfadarías? -No estoy enfadado,

estoy preocupado.

-Sigues sin contestar a mi pregunta. -¡Claro que me molesta especial...!

A ver, hijo...

¿Han pensado en los riesgos que conlleva ser policía?

¿Quieres pasarte la vida lidiando con gentuza como Petrovic?

-Quiero pasar mi vida protegiendo a la gente de los criminales.

Alguien tiene que hacerlo, ¿no?

Igual que alguien tiene que abrirnos en canal y operarnos,

que tampoco es agradable.

-Como veo que no vamos a llegar a ninguna parte...

Tú querías que lo hablásemos, ¿verdad?

Pues ya está hablado. Olvídate de la academia de policía,

vas a estudiar medicina. Punto. -Punto.

Mi opinión no cuenta para nada.

-¡No puedes acusarme de ser un déspota!

-Yo no he dicho que lo seas. -He hecho todo lo que he podido.

No te ha faltado de nada, tienes una casa,

un plato de comida en la mesa,

y vas a tener estudios superiores, ¿me oyes?

Pero ¿de qué te quejas? (IRÓNICO) -De nada, de nada.

Tengo una vida ideal.

La vida perfecta.

Me voy a llevar el pedido.

-David...

(SUSPIRA)

-Buenos días. Espera, que te ayudo.

¿Y a ti qué te pasa? ¿Estás bien?

-Bien, sí.

-Pues traes una carita...

-He tenido días mejores, la verdad...

-A ver...

Cuéntame.

-Bastante te he llorado ya con mis desgracias, ¿no te parece?

-Pues no, es que hay confianza.

Si necesito un hombro sobre el que llorar,

te pienso llamar a ti el primero.

¿Un vasito de agua? -Vale.

Gracias.

-Cuenta.

-Le he dicho a mi padre que no quiero estudiar medicina,

que quiero ser policía.

-Y se lo ha tomado fatal. -No veas cómo se ha puesto.

Ni que le hubiera dicho que quiero ser traficante de armas.

Hemos tenido una bronca... -Bueno, igual es porque tiene miedo

de que te pase algo siendo policía o algo así, ¿no?

-Yo qué sé.

Primero, que medicina es una carrera más sólida,

luego, que ser policía es una excusa para escaquearme de estudiar...

-Yo qué sé...

Los padres siempre se meten en las decisiones de sus hijos.

Tendrías que ver la cara de mi padre

cuando le dije que quería trabajar en su gimnasio.

No sé, supongo que quieren otra cosa diferente para nosotros.

-A lo mejor mi padre piensa que no tengo lo que hay que tener

para ser policía. Que también es normal, porque...

en el secuestro del otro día en la tienda,

casi me muero del miedo que pasé.

-Y él, todo lo contrario, se comportó como un héroe.

-Pero no creo que sea por eso, David.

Pero él ya te veía como el doctor Merino,

y ahora se tiene que acostumbrar a verte como el inspector Merino.

-Sí, inspector, para eso aún me quedarían unos años.

Sin título universitario no se puede entrar en la escala ejecutiva.

¿Qué? ¿Qué miras?

-Nada.

De repente, eso de "agente Merino" me ha sonado muy sexy.

(RÍEN) (DAVID) -¡Genial!

Aunque dudo que pueda convencer a mi padre con ese argumento.

Oye, gracias por animarme.

-No, gracias a ti por contármelo.

(Música emotiva)

-Bueno...

Me voy. Hasta luego. -Hasta luego, David.

Hola, Jairo, ¿qué te apetece?

-Me apetece lo que le das a él.

Pero me imagino que no está en la carta, que es un trato VIP.

-De verdad, tío, ya te vale. -Ya te vale a ti.

No finjas más conmigo. -Finjo, ¿el qué? Si se puede saber.

-Finge que seguimos siendo amigos.

Finge que tenemos confianza, que eres sincera...

Pero si te pregunto si tienes una relación con David

me dices que no.

-¿Cómo te explico que no tengo ninguna relación con nadie?

-Si la tienes, no pasa nada, me molesta que me mientas.

¿Entonces qué haces? ¿Metes a los clientes en la cocina?

¿A darles abrazos de buena mañana? -Y si lo hiciera, ¿qué pasa?

¿Qué pasa? ¿Quién eres tú para decirme lo que puedo hacer?

Te voy a decir una cosa muy clara,

no tienes derecho a controlarme, a interrogarme,

ni mucho menos a juzgarme. ¿Te ha quedado claro?

-Me queda claro que la verdad duele y que no eres sincera.

Eso me ha quedado claro.

Fede... ¡Qué susto me has dado!

Te traigo un disco duro para clonar, el contable de...

Un momento...

"Código alfa", ¿en serio?

No me digas que estás aprendiendo a ligar con este librito.

Yo alucino.

Con lo inteligente que eres, ¿cómo lees esta basura?

¿Lo conoces?

Un colega mío se hizo neoalfa,

así se llaman los capullos que leen estas chorradas

de seducción científica. Macho, no te metas ahí.

Yo no me he metido, me lo han regalado en el quiosco

con el periódico. Ya, te lo han regalado...

¿Y dónde has dejado el periódico?

Eh... No...

Que me lo he comprado.

Ya. Aquí pone...

Mira, una cosa de seducción,

pero seria y científica

para las relaciones entre hombre y mujer.

Mira, chaval,

yo te lo digo. "Capítulo 1.

La mujer para elegir pareja sexual

se rige por la parte reptil y mamífera del cerebro,

donde se encuentran el instinto y la emoción".

Sí, supercientífico, ¿eh?

¿Eso pone ahí? Menuda gilipollez.

Y además sugiere clasificar a las mujeres del uno al diez

para saber a qué rango de mujeres puedes acceder.

Venga ya, hombre... La verdad que es patético.

Pero tú bien que te conoces el libro.

Me lo leí cuando mi colega me habló de la seducción científica.

¿Y a él le funcionó? Bueno, algo consiguió.

Pero no más de lo que conseguiría comportándose de forma normal.

Normal, claro, para ti está muy bien decir eso,

tú nunca has tenido problemas para ligar.

Yo llevo comportándome de manera natural toda la vida,

y lo máximo que he conseguido es que las tías pienses que soy...

¿De verdad? Sí, esta mañana mismo.

Cuéntame esto que se pone interesante.

Vale, pero no te rías.

Tengo cara de chiste, ¿o qué?

El caso es que esta mañana,

he escuchado a Lola decirle a Espe:

"Esto de vivir con Fede es genial porque es como vivir con una chica.

Para mí que es un poquito gay", ha dicho.

"Porque no me habla ni de novias, ni de mujeres,

y encima tiene su lado femenino como muy marcado".

Macho, te he dicho que no te rías.

Reconoce que cierta gracia tiene la cosa.

¡Venga, arranca de mi despacho!

Solo estaba esperando para darte el disco duro.

Pues ya me lo has dado. ¡Venga, pista!

Escucha, Fede, y esto no va de coña,

tío, tú molas como eres, eres un tío estupendo,

y a las tías les encanta tu rollo. Sí, segurísimo.

Sí, pero te falta una cosa: creértelo.

No hay nada más atractivo que transmitir confianza

en uno mismo... ¡Y deja de hacer eso!

¿Rascarme?

Sí, lo haces cuando te sientes inseguro.

Lo que me faltaba, ya tengo hasta tics.

¿Cómo voy a proyectar seguridad en mí mismo?

¿Salimos esta noche y hacemos trabajo de campo?

Para acostumbrarte a hablar con mujeres igual que con hombres,

sin expectativas: una conversación, un minuto o dos...

Vamos a ver si nos centramos.

Yo quiero que Lola se fije en mí,

y que sepa que soy hetero.

Para eso necesitas autoconfianza. Creértelo.

Fede, suéltate. Soltar.

Soltar. Ahí.

¿Está clonado el disco duro del contable?

Estamos en ello.

¿Qué está pasando aquí?

(AMBOS) Nada.

No tardéis mucho, ¿vale?

Ha sospechado, ¿y sabes por qué?

Porque me estaba rascando.

Exacto. Bueno, veo que vamos avanzando.

Esta noche quedamos al salir del curro, ¿eh?

¿Eh? Sí.

Aquí tienes. -Hasta luego.

-Que vaya bien.

-David, no vamos a hacer lo típico de quedarnos callados durante horas

para demostrar que estamos enfadados, ¿no?

-Tú no estás enfadado, estás preocupado.

Lo has dicho antes. -Pero ¿tú sí que estás enfadado?

-Estoy decepcionado, la verdad.

-Lo entiendo.

Pero no por eso vamos dejar de hablarnos.

-Podemos hablarnos todo lo que quieras.

Pero ahora mismo tenemos un problema

y no se va a solucionar simplemente charlando.

Entiendo tu punto de vista, pero me parece injusto

que tomes decisiones sobre mi futuro.

-Hola, buenas. ¿Qué tal, Jesús? -Bien.

¿A por tu ración de uchuvas? -Me conoces bien, ¿eh?

-Todavía las tenemos en el almacén. Voy por ellas.

-Vale. ¿Me pones unas nueces también, "porfa"?

¿Qué? ¿Contento con el exitazo del artículo?

-¿Qué artículo?

-No me digas que no lo has leído, si te ponen por las nubes...

Mira: "El tendero que salvó Distrito Sur".

¿Eh?

Y dan un montón de detalles de lo que hiciste con Petrovic.

Mira, ¿ves? "Lo desarmó, con ágil movimiento".

O aquí donde dice:

"Lo amordazó y lo inmovilizó para retenerlo

mientras llegaba la policía".

Va hasta con foto tuya.

Te ponen mejor que a nosotros.

A este paso te vamos a llevar a la comisaría

para que nos des un cursito.

¡Ay, las uchuvas, qué ricas!

-Te he puesto la ración de siempre, ¿vale?

-OK.

-Las nueces... -Espera.

Está completo ahí, ¿vale? -Muy bien, gracias.

-La próxima semana vuelvo a por más, eso si consigo contenerme,

porque conociéndome...

pasado mañana estoy aquí por otra ración de uchuvas.

Bueno, chicos, muchas gracias. -Toma.

Y muchas gracias por enseñarme el artículo.

No sabía que se iba a publicar. -Pues ya ves.

Hasta luego. (AMBOS) Hasta luego.

-Anteayer fue la primera vez que la vi por aquí.

¿Y te preguntó por mí?

Me preguntó si venían por aquí muchos policías.

Luego me preguntó si usted solía venir a comer.

-Sí, y ayer también estuvo.

Estuvo hablando con Espe y con Lola.

No las escuché hablar, pero creo que estaban hablando de usted.

-A mí me preguntó por su vida personal.

¿Mi vida personal? Sí.

Por supuesto, yo no le conté nada, pero ella ya sabía algunas cosas.

Del accidente de su mujer, que usted tenía dos hijos...

En fin... Gracias por la información.

No sé qué pretende esta joven, pero lo averiguaré.

¿Está fichada o tiene antecedentes?

Todavía es pronto para aventurar nada,

pero tarde o temprano lo descubriré.

Lo dicho, gracias. Y cualquier cosa que recordéis,

me lo decís, ¿de acuerdo? Por supuesto, cuente con ello.

(Teléfono)

Dígame. "Hola, soy Isa".

Ah, hola, Isa. Escucha.

Siento si esta mañana he estado un poco agresivo.

Te he asustado, ¿verdad?

Sí, un poco.

Siento haber salido corriendo.

No ha sido culpa tuya, pero entiéndeme,

no sé quién eres ni lo que buscas de mí.

"Mira, estoy dispuesta a contarte la verdad".

No quiero que pienses que soy una mentirosa,

y, mucho menos, una delincuente.

¿Puedo ir esta noche a tu despacho?

Quiero que veas que no tengo nada que esconder.

Está bien. ¿Te parece bien sobre las diez?

Allí estaré. "Perfecto".

Cóbrate. Hasta luego. Adiós.

-María, ¿has visto el periódico de hoy?

-¿Qué pasa? -Mira, sale tu Jesús.

"El tendero que salvó Distrito Sur".

-¡Ay, madre mía!

Hasta dicen que es un héroe y todo.

Toma, te quedas sola un rato. -¿Adónde vas?

-A imprimir eso y a sacar 20 000 copias,

esto lo tiene que ver todo el mundo.

-¡Qué fuerte!

(LEE EN VOZ BAJA)

-Qué sarta de exageraciones.

Ya te dije que los periodistas siempre hinchan las cosas.

Aunque este no ha tenido que hacerlo

porque ya te has ocupado tú de adornar la historia.

-Eso no es verdad.

Yo he contado las cosas como pasaron.

¿A qué vienen estas expresiones de novela barata?

"El héroe anónimo de Distrito Sur".

"Lo desarmó con un ágil movimiento". Por favor...

-Así lo recuerdo yo.

Un hombre normal hizo algo extraordinario.

Redujo a un criminal peligroso y salvó la vida de su hijo.

Normal que te llamen héroe.

¿Por qué no puedes disfrutarlo? -Porque yo no pedí esto.

Hice lo que hice por desesperación, no por heroísmo.

Y no quiero publicidad. -Si es por eso, tranquilo,

es solo una noticia en un digital.

-Mira, sale mi foto.

-Sí, se la pasé yo.

No te ralles, papá.

En estos tiempos una noticia breve de un digital

es como un grano de arena en el desierto.

En pocas horas quedará enterrado en un montón de noticias,

igual no la lee nadie. -Pero, bueno...

¿dónde está mi héroe del barrio?

Qué orgullosa estoy de ti, madre mía. ¿Tenéis cinta adhesiva?

-¿Para qué? -Para poner esto por el barrio.

No veas cómo está la gente con lo tuyo,

alucinan con la historia.

-¿Puedo hablar contigo un momento? -Sí.

-Buenos días, Iker.

Buenos días. Qué saludo tan descortés,

parece que no fuéramos amigos.

El otro día estaba más simpático.

No sé de qué me está hablando. Ah, ¿no se acuerda?

El día que fue a mi despacho a pedirme los 30 000 euros.

¿Está loco o qué le pasa?

Tranquilo, hombre, no tenga miedo.

Solo una broma. Aquí no nos va a escuchar nadie.

Guárdese las bromitas para los días de fiesta.

Aquí estoy trabajando, y ese tipo de bromas

podrían salir muy caras. A los dos.

Estaría bonito seguir cultivando esta amistad que tenemos, ¿cierto?

El otro día no pude estar para cerrar el trato,

pero estaré la próxima vez. ¿Próxima vez?

No habrá próxima vez. No diga tonterías, hombre.

Por supuesto que habrá próxima vez,

usted es demasiado inteligente para rechazar un buen negocio.

Ya le dije a su matón que a mí no me mangonea nadie.

Este orgullo vasco...

¿Cómo sabe usted que soy vasco?

En la información está el poder, hombre.

Entonces, también sabrá que no me gusta que me amenacen.

Mire, oficial,

yo le voy a dar un consejito.

No deje que su orgullo nuble su raciocinio.

Verá, Somoza, hicimos un trato,

los dos salimos ganando. Punto final.

Yo no tengo ningún compromiso con usted.

Así que ahórrese los numeritos y las amenazas,

porque como alguien tire de la manta...

usted sale peor parado que yo.

¿De verdad va a rechazar una oferta sin antes escucharla?

No tengo ningún interés en escuchar ofertas suyas.

¿Ha quedado claro?

Que tenga buen día.

Buenos días, señorita Nerea, qué gusto verla por aquí.

-Buenos días, señor Somoza.

-¿Algún problema con la ley aquí?

-Bueno, sí, pero ese es mi trabajo.

-¿Algún caso con Ocaña Abogados? -No, por supuesto que no.

Lo que pasa es que hoy tengo guardia con el turno de oficio.

-Yo no sé qué me impresiona más, si la fortaleza de su vocación

o la intensidad que tiene para rechazar un buen dinero.

-No sé si le entiendo.

-Simplemente, que usted prefiere defender un pobre diablo

que se mete en problemas con la policía por un...

módico sueldo, pero rechaza representar a mi empresa

en donde puede ganar un buen dinero y prestigio profesional.

-Quien lo rechazó fue Ocaña Abogados.

Yo solo era el mensajero, no tengo voz ni voto

en las decisiones del bufete.

Pero si algún día lo detienen y no puede pagarse un abogado,

cuente conmigo.

-Siempre es un gusto verla, señorita Nerea.

Aunque preferiría sea en diferentes circunstancias.

-No se preocupe,

vista la frecuencia con la que nos encontramos últimamente,

seguro que volveremos a vernos pronto.

Buenos días. -Buenos días.

Seguro que sí nos vamos a ver.

-Buenas.

-¿Era el último pedido? -Sí.

¿Tú qué tal por aquí? -Bien, cerrando caja.

Ya terminamos por hoy. -Vale.

¿Me voy a casa y voy preparando la cena?

-No, espera. Quédate.

Tenemos que hablar de lo que ha pasado.

-Espero que no me eches a mí la culpa.

-No te voy a echar la culpa. He hablado con María

y está todo arreglado.

-No entiendo a qué viene tanta timidez y recato con la prensa.

-Hijo, no es timidez.

Es prudencia.

Es que...

me quita el sueño ver tu nombre y el mío

asociados al de Petrovic.

Ese hombre, algún día, saldrá de la cárcel.

-¿Piensas que vendrá a vengarse como en las películas?

-No, como en las películas no.

Como en la vida real.

¿Te acuerdas de Areces,

el banquero que trabajaba en El Bonillo?

-Uno un poco redicho, ¿no?

Que trabajaba en la caja de ahorros. -Sí.

Pero ¿ese no murió en fiestas

porque se metió en una pelea de borrachos?

-No, ni pelea ni borrachos.

Lo mató un expresidiario,

un tipo que había estado diez años por intentar atracar

el banco donde trabajaba Areces.

-¿Y el señor Areces se enfrentó a los atracadores?

-No los desarmó con un ágil movimiento, pero sí,

los entretuvo el tiempo suficiente

para pulsar el botón de alarma.

En esa época, Areces era más echado para adelante,

más joven... No tenía miedo.

-¿Y el atracador mató a Areces en venganza?

-Sí.

Tres días después de salir de la cárcel.

¿Y sabes por qué tenía tantas ganas de vengarse?

-No me digas que fue porque Areces presumió de...

-Justo, justo, sí.

Durante las siguientes semanas empezó a conceder entrevistas,

y no paraba de decir lo fácil que le había resultado

engañar a los ladrones,

y lo bien que se lo había recompensado el banco.

A ver, no...

no quiero ser tremendista, pero...

¿quién te dice a ti que esa banda de croatas

no está en activo en algún lugar del mundo?

No lo digo yo, lo dice la policía.

¿Entiendes ahora por qué no quiero airear más este asunto?

-Sí, sí.

Siento haberte puesto en esa situación.

Creo que no es lo mismo, pero te entiendo.

Y siento haber concedido esa entrevista a tus espaldas.

-Me alegro que lo comprendas.

Vamos a casa a cenar, anda.

¿Qué pasa?

Ah, ahora es el momento en el que yo tengo que mostrarme

comprensivo y tengo que pedirte perdón.

-No estaría mal, la verdad. (JESÚS SUSPIRA)

-Mira, hijo, he luchado mucho

para que seas feliz y nunca me he quejado.

Pero, es que me duele.

Me duele que hayas escogido algo tan distinto y tan por debajo

de lo que yo había soñado para ti.

-Era tu sueño, no el mío.

Yo solo quiero que sepas que...

que ser policía no es ningún arrebato.

Nunca he querido ser médico.

Y creo que sería un error

estudiar algo que no me llama para nada.

-Por mucho que me duela,

en este caso, tengo que darte la razón.

-¿En serio? ¿No me vas a obligar a estudiar medicina?

-Claro que no, no soy ningún déspota.

Al final, lo que un padre quiere es la felicidad de un hijo.

-Gracias.

-Pero...

quiero que me prometas dos cosas.

La primera es que te des un tiempo

en pensar qué opción vas a escoger;

unas semanas, unos meses...

-Sí, sí, sí, ningún problema. ¿Y la segunda cosa?

La segunda es que no me voy a oponer a lo que elijas tú.

Pero con una excepción:

policía. Sí, sí, sí.

Puedes elegir, literalmente, la carrera que te dé la gana,

pero no policía, no, lo siento. Lo siento.

¿Qué vida me espera si te metes a policía?

-¿Estás hablando en serio? -Claro que hablo en serio.

Eres mi único hijo, eres todo lo que tengo.

¿Quieres que esté todas las noches preocupado?

Sin saber si llegarás, si estarás en peligro...

-Vale, vale, sí. No hace falta ponerse tan dramático.

Ya lo he pillado, cualquier cosa menos policía.

-Eso. -Pues creo que lo mejor será

que nos vayamos ya a cenar que tengo hambre.

-Entonces, ¿cómo es el plan?

No hay ningún plan, iremos a un garito para tomar algo,

charlar tranquilamente y conocer gente.

Vale. Yo les entro

y tú me haces la cobertura. ¿De qué hablas, tío?

Capítulo cuarto, que te he pillado.

¿No te dije que te olvidaras del "Código alfa"?

Olvídate de esos rollos del siglo XIX

para conquistar mujeres, que no eres el rey Arturo,

y ellas no son castillos que tengas que conquistar.

Vale. Perdón.

¿Sabes cuál es tu punto fuerte? Yo no tengo punto fuerte.

Vaya... La sonrisa, chaval.

La sonrisa, ¿en serio? Es contagiosa, sincera,

demuestra que estás relajado y que tienes...

(AMBOS) ¡Autoconfianza! Eso es, tío.

Prueba a sonreír más, ya verás qué bien.

¿Así? Sí.

Chicos, ¿cómo va todo por aquí? ¿Alguna cosita más?

-No, estamos estupendamente.

Iker y yo charlando de cosas...

¿Tú qué tal estás? -Yo muy bien, corazón.

¿Te duele algo? -Qué me va a doler, no, no.

Estoy hablando de cosas de chicos...

(RÍE) -No sé, como te veo

ese gesto de dolor...

No queremos nada más, María. Gracias.

La cuenta, cuando puedas. Muy bien. Aquí te la dejo.

No te rasques la cabeza, ¿quieres?

¿No me has dicho que me ría? Sí, tío, pero no como el Joker.

Como le sonrías así a una tía, va a salir espantada.

Mira, es que yo nunca le he entrado a una tía,

nunca le he entrado y no creo que sepa hacerlo.

Y dale con entrarle. Esto no es un partido de fútbol.

Te van a sacar la roja directa. No tienes que entrar a nadie,

solo tienes que hablar con ellas. ¿Y qué les digo?

No lo pienses, no hay palabras mágicas.

Recuerda, suéltate.

Suéltate.

Eso es, suéltate. Vale.

Mira... ¿Qué?

Ve a hablar con aquella tía. ¿Con qué tía?

Aquella, la de la mesa. ¿Yo?

Sí, tú, tú. Que no.

Que sí.

¿Y qué le dio?

Vale, que no hay palabras mágicas...

Que me suelte y que...

Mira, voy a hacer el ridículo más grande de mi vida.

Suéltate.

Eso es.

(RÍE) Perdón...

Qué noche más buena se ha quedado, ¿verdad?

Con estrellas y...

-Pues aquí dice que va a llover a cántaros.

-Qué estampa tan bonita, ¿eh? Lloviendo y...

¿Me dejas el servilletero?

Gracias.

Pues no sé qué he hecho mal.

Todo, Fede, todo.

Te has quedado mirándola como si fuera un cuadro.

La tía se ha espantado.

No sé, yo le he sonreído, he sido amable...

Escucha una cosa.

Se tarda medio segundo en decidir si una persona te gusta.

En medio segundo las palabras no cuentan,

es cuestión de actitud. Sí. Actitud,

autoconfianza y relax.

Nada de rascarse la cabeza,

ni acercarse temblando como si fueras un chihuahua,

ni quedarte mirando como si fuera la Mona Lisa.

Todo esto para mí es muy complicado.

Yo no sé si quiero seguir haciendo esto.

Tú verás, Fede, nadie te obliga.

Pero escucha una cosa, y te lo digo en plan colegas,

no dejes que ninguna tía mine tu autoconfianza.

Eso te lo tienes que currar tú.

Quizá solo tienes que hablar con Lola

y decirle que no eres gay. Pues sí, mira.

Yo creo que voy a hablar con Lola...

Esto es un poco absurdo.

Yo te agradezco todo lo que estás haciendo por mí.

No pensé que eras tan majo.

Pensabas que era un capullo como piensa todo el mundo, ¿no?

Quizá me sobra autoconfianza, que también puede ser.

Pues a ver si me dejas un poco de esa autoconfianza

y me sirve para ligar a mí, y para que tú no parezcas tan...

¿Capullo? Eso, capullo.

Venga...

Hasta mañana. Agur.

-¿Se puede? -Señor Somoza...

-¿Tendrá usted cinco minutos para mí?

-Lamentablemente, a estas horas no queda nadie que pueda atenderle.

-Fíjese que con la única persona que quiero hablar sí está.

Claro, si no puede, podemos dejarlo para otro día.

-No sé... Si puedo ayudarle en algo...

-Esta mañana cuando nos encontramos dijo algo que me dejó pensando.

Dijo que no fue usted quien me había rechazado,

sino Ocaña Abogados, ¿cierto?

-Sí, sí, así fue.

-Pues qué lástima que una persona con su preparación

tenga un puesto tan bajo en el escalafón de este bufete.

Yo creo que usted no debería seguir más instrucciones

de Marcelino Ocaña.

-Es usted muy amable, pero sigo sin entender el motivo de su visita.

-¿Qué es esto?

-Una oferta de trabajo.

-Señor Somoza, yo ya tengo un trabajo.

De hecho, tengo dos, trabajo en este bufete

y en el turno de oficio.

Y Marcelino Ocaña es mucho más que mi jefe,

es mi tío, y está haciendo mucho por mi carrera.

-Ah, si yo lo comprendo.

Es una persona muy inteligente,

y, además, se dio cuenta de su potencial.

Yo, quizá, no soy muy inteligente,

pero sí puedo ser mucho más generoso y hacer mucho más para su carrera.

-No entiendo.

-Fíjese que llevo toda la tarde pensando,

¿qué será lo que yo le puedo ofrecer?

¿Cuánto le puedo ofrecer a una persona con su valía y entrega?

-Aquí no hay ninguna cantidad. -Exactamente.

Es que una persona como usted no tiene precio.

-¿Qué quiere decir?

-Que usted puede poner la cantidad que quiera ganar en ese cheque.

-¿Quiere decir que puedo poner ahí cualquier cifra?

-Exactamente. Y yo se la voy a pagar con todo el gusto del mundo.

-¿Es una broma?

-Señorita Nerea, yo la entiendo.

Usted es joven, es idealista,

usted no es por el dinero, sino que quiere ayudar a la gente

con bajos recursos.

Vamos a hacer algo.

Conviértase en mi abogada personal y yo le aseguro un sueldo

con el que va a poder financiar todos esos proyectos sociales.

Mi intención no era apabullarla, realmente.

Tómese todo el tiempo que quiera, no me tiene que responder hoy.

Espero pronto contarla como una de mis aliadas.

Buenas noches, señorita.

-Buenas noches.

Hola, María. Hola, cariño. ¿Qué te pongo?

Una tila. Ahora mismo.

Gracias. Ahora estoy contigo.

¿Qué tal, Alicia?

Me acabo de encontrar a Fede y parecía el Joker.

¿Perdona? Sí, tenía una sonrisa muy extraña,

me ha llamado la atención y le he preguntado,

y me ha dicho que era cosa tuya.

Fede es una persona bastante especial.

¿Me he perdido algo? No, se ha ido contento

porque le di un par de consejos sobre seducción.

Como si no tuviéramos suficiente con un Don Juan.

A pesar de lo que puedas creer, no es mi filosofía.

¿Y cuál es tu filosofía?

Pasarlo bien.

O, dicho de otro modo, usar y tirar.

Yo no lo veo así.

Me gusta el sexo sin compromiso, lo admito; es más divertido,

menos exigente, más fácil...

Pero yo no uso ni engaño a nadie.

Además, también creo en el amor.

Ah, ¿sí? Sí.

El amor también es divertido, pero porque es peligroso.

Cuando te enamoras, todo se vuelve caótico...

impredecible, incontrolable...

Pero también es especial y maravilloso.

Así que el cabeza loca oficial de comisaría,

resulta que, en el fondo, es un romántico enamoradizo.

Te advierto que estos sándwiches no son nada del otro mundo.

-Tranquila, contigo en la cocina no me había hecho muchas ilusiones.

-Mira, gracias por el voto de confianza.

-Oye,

una cosa...

¿sabes algo de la nueva amiga quinceañera de Bremón?

-No es quinceañera y tampoco es su amiga.

-Habrá que creer al comisario.

-Esta mañana los he visto en la plaza discutiendo a gritos.

-Yo creo que esos tienen algo.

-Que no, Espe. Me ha acabado confesando

que esta chica se ha hecho pasar por alguien que no es

para acosarlo. Es todo muy extraño.

Fede, pero ¿tú no ibas a salir hoy?

-Es que estoy muy cansado.

-Y, ¿qué tienes aquí? -Pues nada...

fruta, que he ido a la frutería a comprar fruta.

-Genial, pues hacemos una ensalada de fruta, ¿verdad?

Será mejor que lo que está preparando Lola.

-Yo también lo pienso. -¿Qué es esto?

-¿"Código alfa"?

Pero ¿qué haces tú leyendo este libro? (RÍE)

-¿Qué es el "Código alfa"?

-Es un tratado sobre seducción científica

que pretende convertir al típico machirulo

en un seductor irresistible.

-Es... es de un amigo,

que lo estaba leyendo y le estaban comiendo el coco...

y yo le he dicho: "Trae 'pa ca'"...

Para tirarlo, obviamente.

(CARRASPEA)

Os voy a decir una cosa.

El libro lo he comprado yo.

Sí, lo he comprado yo.

Es un panfleto machista repugnante y asqueroso.

Pero tengo mis razones. -¿Y qué razones son esas?

-¿Quieres escuchar las razones? Te las voy a contar.

Esta mañana, cuando he salido de la ducha,

os he escuchado cómo cuchicheabais de mí como brujas.

Estabais diciendo que vivir conmigo era como vivir con una chica

y que podía ser gay.

-Yo no quería ofenderte, Fede, de verdad.

-Pues me has ofendido, fíjate tú. Pero no es culpa tuya.

Lo que quiero es aclarar las cosas y, como hay confianza,

porque hay confianza, ¿verdad? -Sí, por supuesto,

confianza máxima. -Pues muy bien.

Yo quiero que quede una cosa clara:

yo soy hetero.

Machirulo, no lo sé, creo que no.

Pero soy hetero, a mí me gustan las mujeres.

Y me gustan bastante algunas mujeres.

¿Vale? Así que...

vamos a dejarlo ahí y vamos a dejarlo estar, ¿eh?

Lo que tengáis que decirme, me lo decís a la carita,

que para eso hay confianza. A los ojitos.

Mirándome bien, ¿vale?

Y, toma.

Sí, sí, toma y tíralo al contenedor de basura,

que es donde tiene que estar.

Qué bien me he quedado.

Buenas noches.

-Buenas noches.

Madre mía... Anda, vamos a cenar...

-Madre mía, madre mía, Espe...

Lo que he dicho...

Pero ¿cómo he podido decir algo así? Qué burra soy...

Ahora me va a odiar. -¿Odiar?

Pero serás ingenua...

¿No te das cuenta de que está coladito por ti?

Hasta le tiembla la voz cada vez que te habla.

Si se ha tenido que comprar un libro

para hablarte, por fin, con seguridad.

-Que no, Espe, de verdad. Creo que te estás equivocando.

-Y tú estás ciega como un topo.

Tú tendrás mucha experiencia reconociendo las miradas de pasión,

pero las miradas de amor...

se te escapan.

Que está loco por ti, que te lo digo yo.

-¿Qué has dicho de las miradas de pasión?

-Es de una novela romántica inglesa

de esas que me gustan a mí. -Pues te ha quedado muy bonito.

-Ah, ¿sí?

¿Va todo bien?

Sí, estaba revisando unas diligencias para el juzgado 17.

Pero son casi las diez de la noche,

¿no crees que deberías irte a casa?

Tranquila,

mi cuñada se queda con Natalia y con los niños.

Te lo agradezco, pero está todo controlado.

Esas diligencias,

¿no serán sobre el clonado del disco duro del contable?

Sí, lo mismo, en el juzgado las necesitan

para mañana a primera hora. ¿Sí?

¿Por eso las envié a media tarde?

En cuanto Fede tuvo los registros.

¿En serio ya estaban enviadas?

Sí, Emilio, y te mandé un correo confirmándotelo.

Tú respondiste a los cinco minutos.

¿Qué te pasa?

Nada, que estoy un poco despistado, nada más.

Venga, vete a casa. No, no, todavía...

me tengo que quedar un rato.

¿Has quedado con alguien?

Disculpa si me meto donde no me llaman,

pero no he podido evitar fijarme en esa jovencita

que te anda rondando últimamente.

No eres la única que se ha fijado.

Emilio, cuando estabas tonteando con Lola,

también estabas muy despistado.

Te equivocas, esto no tiene nada que ver

con aquello, pero...

reconozco que sí es cierto, he quedado con esa joven esta noche.

¿Y no prefieres contármelo. Es que no sé qué contarte.

Miralles, de verdad, que todavía...

no tengo clara esta situación.

Como quieras. Yo todavía me tengo que cambiar,

así que estaré un rato por aquí.

Y, si no, me llamas por teléfono. Venga.

Buenas noches. ¿Se puede?

Sí, claro. Te mantendré informada, Miralles.

Pasa, pasa, por favor.

Bueno, por fin vamos a poder hablar y aclarar esta situación.

Sí.

Eso es lo que quiero.

¿Quién eres, y por qué andas preguntando cosas sobre mí?

Porque ella...

nunca me contó gran cosa. ¿Ella?

¿Quién es ella?

¿Recuerdas a Mónica?

¿Mónica?

Sí, claro que sí.

En la playa de Oliva, en los años 90.

Por entonces, yo en verano trabajaba de cualquier cosa

para pagarme los estudios.

Os conocisteis en un hotel.

Ella era camarera.

Lo recuerdo, sí.

Y tuvisteis una relación.

Sí, tuvimos una aventura de verano, cierto.

Pues para ella fue una relación en toda regla.

¿Mónica es tu madre?

Muy bien...

la respuesta es sí.

Bueno... sí, pero no.

Mónica era mi madre.

Murió el año pasado.

Cáncer. Lo siento.

Que conste que ella no me pidió que viniera.

De hecho, no le hubiese gustado.

¿Y por qué has venido entonces?

Porque...

todo el mundo tiene derecho a conocer a su padre, ¿no?

-Creo que estás exagerando un poco.

-Ya, pero me fastidia haber roto el equilibrio,

y el buen rollo que teníamos en el piso.

Me da miedo que sabiendo lo que sé, mi relación con él cambie.

-Pero ¿por qué va a cambiar?

Tú solo tienes que comportarte con naturalidad.

-Si vienes para disculparte por tu metida de pata,

por mi condición sexual,

no te molestes, anoche quedó todo bastante claro.

-Será solo un momento, de verdad, es muy importante, Fede.

¿Hay algo que me quieres contar? No, no. Nada.

¿Y por qué te has puesto así hablando de traiciones?

¿Te ha pasado algo a ti? No ha pasado nada.

Venga, Nerea, cuéntamelo.

¡Ay...!

Eh.... A ver...

Si no te lo he dicho antes,

no era por ocultarte nada, era para no preocuparte.

-Lo único que hice fue ofrecerle trabajo a una abogada talentosa.

Señor Somoza, soy policía, huelo las mentiras

antes de que se pronuncien.

Sé que intenta montar una tela de araña a mi alrededor.

Pero pierde el tiempo, ya le dije que no pararé

hasta verlo entre rejas.

¿Qué es eso tan importante que tienes que decirme,

que no puede esperar ni cinco minutos?

-Que dejes de entrometerte en mi vida.

-Pero ¿a qué viene esto?

-Sé que has sido tú, la que de alguna manera,

le has dicho a Lola que siento algo por ella.

-Le he dado permiso para que estudie lo que quiera.

-Eso está muy bien. -Sí, pero con una condición,

que no sean las oposiciones a policía, eso no.

-Pues eso me parece muy mala decisión por tu parte.

Si te soy sincero, la chica acaba de perder a su madre.

Perder la posibilidad de tener un padre, ahora,

es muy cruel y dejarla sola.

Emilio, esos sentimientos te honran.

Sin embargo, a mí me resulta muy sospechoso

que esta chica aparezca un año después de morirse la madre.

No quiero que te desentiendas de ella en caso de ser tu hija,

pero ¿y si no lo es?

No he venido buscando un padre.

He venido porque necesito dinero.

-"Transportes Cali",

ese nombre promete.

-Es el acrónimo de Carlos, el dueño, y Lidia, su mujer.

Es una empresa familiar, muy currantes.

Y esta última, que también creo que es de nuestro acuerdo.

-Esto no tiene mucha información. -Precisamente por eso.

Es todo lo que he podido conseguir.

Por eso tengo la sensación de que ocultan algo.

Necesito un abogado, inteligente,

para analizar las cuentas anuales y los papeles oficiales.

-¿Por qué esta obsesión conmigo?

Con la de abogados que hay, no creo que no encuentre a nadie.

-No es que no encuentre otra persona,

yo sé que hay muchos abogados,

pero ya le dije que a mí me gusta reunirme con lo mejor.

Usted me aporta algo que los demás no pueden.

-De acuerdo, no te preocupes, te devolveré la llamada.

Adiós. -¿Ocurre algo?

-No, bueno...

Es un amigo que tengo en la Consejería de Trabajo,

que me ha llamado para decirme que esta mañana

vamos a tener una visita sorpresa de un inspector de trabajo.

Lo mejor será, Jairo, que esa mercancía delicada

subamos las cajas aquí y las guardemos en mi despacho,

debajo de la mesa. -No me parece buena idea.

La última vez que hicimos eso, su hijo casi nos descubre.

-No te preocupes por eso, Julio está bastante ocupado

con su nuevo cargo de director de "marketing",

y, además, estoy pensando qué se me ocurre

para que esté más liado todavía.

-Y, por aquí, tenéis una buena perspectiva de la empresa.

Podemos hacer un "stop motion". ¿Cómo lo ves?

-Por supuesto.

  • Capítulo 237

Servir y proteger - Capítulo 237

10 abr 2018

Bremón tiene claro que Isa no es quien dice ser. Jesús y David siguen enfrentados por la decisión del joven de renunciar a la carrera de medicina para hacerse policía. La mediación de Paty ayudará a que ambos se reconcilien. Somoza hará a Nerea una oferta difícil de rechazar.

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  1. Amanda Rodríguez

    El capítulo 305 cuando lo subirán? Esta serie esta genial, me encanta y no me pierdo un capítulo, la sigo desde Miami Florida exitos y que hayan más capítulos.

    18 jul 2018
  2. Naranjas de la china

    Señores guionistas, sigo su serie desde el extranjero y les felicito. Es entretenida, rápida y resolutiva. Ahora bien son muy incoherentes con sus tramas. Paty trabajaba en el gimnasio. ¿Por qué hace de niña veleta en el bar de María? Paty y David siguen el mismo guión y son muy cansinos además de aburridos con pretender ser celestinos. No aportan nada a la serie. Lo mismo les pasa a Lola y Espe que son tal para cual. Cotillas y pendientes todo el día de Bremón. Además Lola es sosa y bastante inmadura. Siempre mirándose al ombligo y pensando que todo gira a su alrededor. Al menos Fede aporta alegría y es muy gracioso, además de ser mucho mejor actor que Lola. Marcelino es un celoso insoportable que debería dejar a su hija en paz. El resto son muy bastante buenos y sus tramas tienen más sentido. Pero no olviden ser más coherentes y no olviden que Rober era el personaje favorito de la audiencia. Quiten a personajes insulsos (como Olga) y acuérdense de que su audiencia no es idiota y tiene memoria.

    11 abr 2018