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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 227 - ver ahora
Transcripción completa

¡Enfermera! Ha entrado en parada.

Mateo podía estar vivo, la medicina le podía haber curado.

-Tienes que hacer un blog. ¿Cómo se llama el fulano este?

-Justo Ramírez. -Justo Ramírez.

Bueno, tú avísame cuando publiques tu primer post.

Tengo un amigo en el departamento de prensa del cuerpo

y seguramente nos ayudará a difundirlo.

-Estoy dispuesto a compensarle por el sufrimiento que siente

y por las molestias que supondría cerrar ese blog.

De acuerdo, gracias. Voy enseguida. ¿Qué ha pasado?

Antonio ha sufrido una agresión en la consulta.

O sea, que te intenta sobornar, tú te niegas

y, a las dos horas, te dan una paliza.

Pues blanco y en botella.

Él es el que te ha mandado a los matones.

Esta es una detención completamente ilegal.

Yo no contraté a nadie, lo sabéis, yo soy inocente.

-Muy bien, señor inocente,

pues a ver si mantiene las mismas palabras

en la sala de interrogatorios. Dale. -Quiero hablar con mi abogado.

Tú no te preocupes, que lo vas a tener,

pero porque lo vas a necesitar, ¿eh?

En el registro hemos incautado las vitaminas

que recetaba nuestro brujo.

El informe de Científica ha determinado

que contenían grandes dosis de anfetaminas.

Y bueno, no solo eso,

es que en la consulta tenía colgado un título de médico.

Cariño, tú tenías razón.

Teníamos por donde meterle mano a este tipo.

Unas patucos.

¡Son preciosos!

(LEE) "Felicidades, mami".

Alejandro Somoza.

Es usted muy brava, eso le puede hacer daño al bebé.

¿Qué quiere decir con eso?

No, pues nada,

es que me preocupa que esa criatura vaya a salir con el carácter suyo

o con el de su abuelo, Fernando Quintero.

-Julio sospecha y si no sospecha,

le falta el canto de un duro para sospechar

y, además, esta noche nos llega un cargamento gordo.

-Toda la comisaría sabe que es un narcotraficante

y nadie va a atraparlo.

-¡Jairo! -¡Quieto!

-¡Jairo, devuélveme eso!

¡Tú no me puedes dar órdenes! ¿Te enteras?

-Piénsate bien si quieres seguir con esto.

-Le dije que nadie que no fuese ni él ni yo

podía entrar en mi despacho y eso también te incluye a ti.

-¡Una y otra vez pones a Jairo por delante de mí en todo!

Lo que ha pasado ahora solo es una prueba

de lo insignificante que soy para ti.

-Está bien, Julio, tranquilízate, por favor.

Vamos a hablar de todo esto con calma, ¿te parece?

Por favor, vamos a hablar con calma. -Déjame en paz.

-¡Cuidado, Nacha!

-¿Está viva? ¿Está viva?

-Sí, tiene pulso. ¡Corre, una ambulancia!

No, acabo de hablar con el médico de Sandra

y me ha dicho que no hay novedades, sigue en coma,

pero tenía unos cortes autoinfligidos

con forma de triángulo en la parte interior del antebrazo.

¿Os acordáis de "La ballena azul"?

Sí, era un juego "online"

que consistía en diferentes tipos de retos, ¿no?

El último de ellos era quitarse la vida.

¿Te crees que te voy a contar mi mierda,

que no te conozco de nada? -Podemos llegar a conocernos.

-Pues lo llevas claro, no te pienso contar nada.

(Música emocionante)

Oye, muchísimas gracias por enseñarme la comisaría.

No me podía imaginar que era así por dentro.

-¿Qué es lo que más te ha gustado?

-¿Qué va a ser? Mis dos anfitrionas de lujo.

¿A que son un encanto, Poli?

-El que es un encanto es Poli.

Los compañeros, cuando lo han visto con la camiseta del cuerpo,

lo querían adoptar.

-Podríamos nombrarlo mascota oficial de la comisaría, ¿no?

A ver si se queda.

-No, a este bicho peludo lo quiero en mi sofá.

-Hola. -Hola, Fede, ¿qué tal?

Mira, este es Ramón y ese es Poli, tu nuevo compañero de piso.

-Así que tú eres el informático adorable.

He oído hablar un montón sobre ti.

-Qué bien. -Sí, sí, sí.

Que si Fede esto, que si Fede lo otro...

-No sabía yo que era tan popular.

-Sí, todos los tíos te deben tener un montón de envidia, ¿no?

-¿Y por qué?

-Nada más llegar al curro ya estás compartiendo piso

con las dos agentes más guapas del Distrito.

-Sí, la verdad es que son unas compañeras de piso estupendas.

Oye, Ramón, te quería yo preguntar,

en Madrid no te vas a quedar mucho tiempo, ¿no?

Tienes un proyecto en Sevilla, ¿no? Un edificio o algo, ¿no?

-Bueno, quién quiere construir edificios

teniendo al lado un monumento como este.

-¡Oh!

-Oye, hablando de trabajo, yo tengo una reunión ahora.

-Sí, yo también tengo que volver a mi puesto.

-Bueno, bueno, perdón.

Me presento aquí de sorpresa, os tengo enseñándome la comisaría...

Debéis pensar que soy un pesado, ¿no?

-¡Qué dices! Además, que has tenido el detalle de Poli.

-Que los policías nos tomamos nuestros tiempos libres, ¿o no?

-Claro.

-Oye, que te veo luego.

¿Eh? -Por supuesto.

-Te doy las llaves y así dejas a Poli y descansas un rato.

-No, no hace falta. Tengo que ir al centro,

que tengo una reunión dentro de media hora.

Eh, ¿puedo dejar aquí a Poli?

-Como lo vea el comisario, ya te digo yo dónde acaba el oso,

en el contenedor de basura.

Y encima una bronca al responsable...

-A lo mejor lo puedes dejar en tu coche.

-No, el coche lo he dejado en el parquin disuasorio

que tenéis a tres kilómetros.

-En algún sitio habrá que esconderlo. -Sí.

-¿Qué estáis mirando?

No, no, no.

-Venga, Fede, en tu despacho va a estar genial.

-Que no es serio, que no es serio, que no.

-Fede, yo te prometo

que, en cuanto salga de mi turno, lo recojo.

-Vamos a ver, no puedo dejar un peluche en el despacho,

que no puedo. -No es un peluche, es Poli,

es tu nuevo compañero de piso, un poco de hospitalidad.

-Claro, hombre. Que eres un monstruo, muchas gracias.

-Que no me mires, que no me mires.

Vaya gracia.

-¡Eh!

Hola, Paty, ¿me pones un cafelito, por favor?

-Claro, ¿para llevar?

-No, para tomar aquí, que he quedado con Nacha.

-¿Qué tal está? Hace días que no la veo.

-Bueno, pues ahí está.

Va llevándolo, la mujer.

-Bueno.

Hola. -Hola.

-Tranquila, que no te voy a pedir nada ilegal.

-No te preocupes, estoy muy tranquila.

¿Qué te pongo?

-Una bolsa de patatas y un vaso de agua.

Para eso no hace falta DNI, ¿no?

-No, no hace falta DNI

y si antes te lo he pedido no ha sido por joderte, ¿vale?

Es mi obligación, ¿lo entiendes?

-Pues no, no lo entiendo.

-Vender alcohol a menores de edad está prohibido por la ley.

-La ley, ya, como si nunca te la hubieras saltado.

-Pues procuro no hacerlo, la verdad.

-Ya, cuando te conviene, ¿no te digo?

¿Sabes qué? Tanta prohibición es lo que lo está jodiendo todo

y los viejos, vale,

pero la gente joven debería reivindicarse un poco, ¿no?

-Lo que tú digas, chica.

¿Qué prefieres?

-Tía, que te estoy diciendo que espabiles un poco,

que pareces tonta.

Que acabas de perder dinero por la chorrada de la ley,

como si fuera a venir la policía a vigilar

si me pones una caña o no.

¿Encima te vas a reír en mi cara? ¡Serás payasa!

-Oye, oye, niña.

No insultes, que a ti nadie te ha insultado, ¿no?

-Y a ti nadie te ha pedido tu opinión, viejo.

-Oye, tranquilita conmigo, a ver si te vas a buscar algún problema.

-Mira, paso de vosotros.

La bolsa de patatas te la metes por donde te quepa.

¡Qué asco dais!

-¿Y esta de dónde ha salido?

-Pues no lo sé,

pero es la segunda vez que me monta un pollo el mismo día.

-Vaya tela, vamos.

-Si es que, de verdad, lo que hay que aguantar.

(SUSURRA) -Me cago en el puñetero oso de los huevos.

¡Eh!

¿Qué pasa, Fede? ¿Se puede? Claro que sí, ¿qué me traes?

Verás, vengo de Juzgados.

Acaban de clonarme el disco duro del detenido por amenazas.

¿Podrías echarle un vistazo? Sí, ahora mismo.

Vaya,al final, eres tú quien ha adoptado a Poli,

¡muy bien, eh! ¿Ah, sí?

¿Tú también le llamas...? Poli, Fede, se llama Poli.

¿Qué pasa, que no te gusta el mote? Pues vamos...

Reconozco que es un poco obvio, pero tiene su gracia, ¿no?

Esta Ramón es la monda. Sí, la monda lironda, vamos.

Yo es verle y es que se me desencaja la mandíbula de la risa.

¡Huy, huy, huy!

Que creo que no te ha gustado mucho, ¿no?

No, no, vamos a ver,

si me das a elegir entre pasar diez minutos con Ramón

o que me hagan un tacto rectal, vamos, no sé, yo casi...

Pues eso, pues igual.

A todo el mundo en la comisaría le ha caído genial

y el tío cuenta unos chistes...

Escucha, ¿te ha contado este, el del guardia civil?

(AMBOS) En la isla desierta.

Seis veces he escuchado el chiste en la última media hora.

Vaya, qué suerte. Sí, vamos, una suerte...

Oye, ¿tú no decías que esto de Ramón iba a ser pasajero?

Pues a mí se me está haciendo más largo que un día sin pan.

Fede, lo dije por animarte,

pero lo cierto es que te ha salido un durillo competidor.

Es que este Ramón es alto,

guapo,

simpático.

Vamos, que si no se lo lleva Lola a casa, me lo llevaré yo

porque hay que ver qué gracioso es el tío.

Tú me estás vacilando.

Bueno, mira el lado positivo de esto, ¿eh?

Ahora has hecho un nuevo colega, ya no puedes decir

que te sientes solo en esta madriguera.

Hala, mira, venga, desfila que tengo que trabajar.

Vale, vale, pero no te mosquees, ¿eh? Míralo.

¡Ay, Dios!

¡Que no me mires, hombre, ya!

-¿Qué, Elías, quieres algo más? -¿Eh? No, no. Gracias.

¡Hombre!

-Hola, ya estoy aquí. -Sí que has tardado, ¿eh?

-Perdón, no sé qué me ha pasado, me he despistado,

pero menos mal que hoy ya se acaba todo eso.

-¿Cómo que se acaba todo?

-Pues que me ha convocado Ibarra. -¿Y?

-¿No te das cuenta? Me van a expulsar del cuerpo.

-¿Qué dices? Pero ¿quién te ha dicho eso?

-No, no me lo han dicho, pero...

-Oye, Nacha, tranquila, que todo se va a arreglar.

-Elías, no me des más falsas esperanzas,

yo sé lo que hice y conozco las consecuencias.

-Yo también lo sé porque estaba allí.

-He dejado a una chica al borde de la muerte,

he arruinado la reputación del cuerpo,

en definitiva, la he cagado, pero bien cagada.

¿Tú qué harías en su lugar?

-No tienes de qué preocuparte, por eso he quedado contigo,

para contártelo.

-No entiendo.

-Lo de esa chica fue un intento de suicidio.

-¿Un suicidio? Pero qué disparate estás diciendo.

-Sí, además, parece ser

que no fue ella sola la que lo intentó.

-¿Cómo dices, Elías?

-Sí, tenemos constancia, por lo menos, de dos.

-¿Tú estás seguro de eso?

-Sí, ambas siguieron el mismo "modus operandi".

Mira.

-"Llegó el día.

Voy a cumplir lo que acordamos, Ainhoa".

-¿Eso es real? -¿Qué? Sí, ya lo has visto, ¿no?

Ella se tiró adrede, tú no tienes la culpa.

Si te he citado aquí, precisamente, es para enseñártelo

porque te conozco, guapa.

¿Qué? ¿En qué piensas?

Que aunque ella lo hiciera adrede, se podía haber evitado,

pero yo no estaba en condiciones de conducir.

-No se te ocurra decirle eso a Ibarra, ¿eh?

-Mejor responder siempre con la verdad.

-La verdad es que esa chica intentó suicidarse

y este vídeo lo demuestra, esa es la verdad.

Oye, Ibarra, seguramente, te ha convocado

para decirte que tu expediente está cerrado

y que no te va a pasar nada.

Nacha,

te necesitamos, de verdad.

El cuerpo no puede prescindir de una agente tan buena como tú.

¿Eh?

-Bueno, gracias, pero

yo me voy a ir yendo, tampoco quiero llegar tarde.

-Cuidado con lo que dices, ¿eh? Hazme caso.

-Que sí, que sí, que sí. -Haz caso al abuelo.

-Vale.

-¿Tienes ahí las capitulaciones matrimoniales

que hicieron el año pasado?

-Por aquí deben de estar.

-Mira a ver a nombre de quien estaba cada coche.

-Permiso, señor Ocaña,

el señor Somoza ha venido a verle.

-¿Quién?

-Alejandro Somoza. No tiene cita, pero insiste.

-¿Tú sabías que iba a venir?

-No. Imagino que querrá asesoría legal.

Ahora, me extraña

que un pez gordo como él no tenga ya abogado.

-¿Adónde vas?

-A recibirle, ¿no? Puede ser una cuenta importante.

-Siéntate, por favor.

Siéntate.

Miriam, que espere,

estamos en medio de una reunión urgente.

González, por muy pez gordo que sea, esto no es una sala de Urgencias.

Aquí, o se viene con cita, o se espera.

-No sé si estará acostumbrado a esperar.

-Bueno, si no puede esperar cinco minutos,

no me interesa como cliente, ¿de acuerdo?

Anda, pásame esas capitulaciones.

-Lo que tú digas.

(Puerta)

Adelante.

Permiso.

Pasa, Nacha.

Siéntate, si quieres.

Prefiero quedarme de pie.

Tranquilízate, Nacha, de verdad.

Todo está bien.

Régimen Disciplinario ha hecho una investigación exhaustiva

y no se han encontrado pruebas de negligencia por tu parte.

Revisando, además, el móvil de Sandra,

hemos descubierto que la chica provocó el atropello

al intentar suicidarse.

Y tus pruebas médicas han resultado negativas.

No hay secuelas de tu lesión craneal

que hayan podido influir en tus capacidades.

Conclusión: caso cerrado.

-Bueno, con permiso, ahora sí me voy a sentar.

Muchas gracias, comisario, de verdad. Gracias también, inspectora.

-Gracias a ti por tu paciencia y por tu buena disposición

para colaborar con la investigación.

Espero que hayas descansado estos días

porque te reincorporas al servicio activo mañana mismo.

¿Mañana?

Sí. Pero no puedo volver tan pronto.

¿Por qué no puedes?

A ver, comisario, yo no estoy preparada.

Es que desde el día del accidente... Nacha, por favor, no sigas.

Ibarra, me gustaría hablar con Nacha a solas un momento.

Sí, por supuesto.

De todas maneras, yo ya me iba. Me alegro de que todo haya ido bien.

Hasta luego. -Hasta luego.

Pero ¿cómo se te ocurre decir eso delante de Ibarra?

¿Quieres que nos abran otro expediente?

Lo siento.

A ver, ¿por qué dices que no puedes volver a trabajar?

Soy incapaz de conducir, no puedo hacerlo.

Es que me quedo bloqueada, paralizada.

Cada vez que me pongo ante el volante, entro en pánico.

Bueno, ahora es lo normal,

pero, poco a poco, ya te irás acostumbrando.

Ayer, por ejemplo, tenía que llevar el coche a la ITV.

No lo pude ni sacar del garaje.

Fue meter primera y empecé a sudar frío,

las manos se me quedaron agarrotadas, es que no puedo.

Era la primera vez que lo cogías después del accidente, ¿no?

Sí, la verdad, fue horrible.

El corazón me iba tan deprisa

que dejé el coche a la entrada del garaje.

No podía entrar ni salir nadie.

Bueno, y al final qué pasó, ¿eh?

Echaste un poco de valor

y conseguiste sacarlo de allí, ¿es así o no?

Pues sí, lo saqué, le di la vuelta a la manzana

y lo volví a meter al garaje.

Bueno, pero condujiste, ¿no?

Y no atropellaste a nadie.

Sí, pero tardé una hora para ir a dar la vuelta a la manzana,

¿cómo me voy a poner así a conducir una patrulla policial?

Vamos a ver, Nacha, los médicos dicen que estás bien,

Régimen Disciplinario ha cerrado el caso.

Estás perfecta para trabajar.

Que me dices que ahora no te atreves a conducir,

bueno, pues que conduzca Elías

o, si quieres, te dejo unos días en comisaría,

pero Nacha, no puedo prescindir de una policía como tú,

lo entiendes, ¿verdad?

Ayer, por ejemplo, mientras que daba la vuelta,

le juro que iba dando frenazos todo el rato.

Pensaba que, en cualquier momento, me iba a salir un niño

y lo iba a atropellar.

Eso es porque tienes complejo de culpa

y ese sentimiento indica que eres una buena policía, ¿eh?

A ver,

llamas a este número

y pides cita.

Toma.

¿Es un psicólogo?

Es una psicóloga, Teresa Ronda.

Es una buena profesional, te va a ayudar,

te lo digo por experiencia.

Si no fuera por ella, yo no hubiera levantado cabeza.

Llamaré.

Eso espero.

Y ahora buscas a Miralles y le dices que te dé un turno.

Gracias.

Nacha,

me alegro de tenerte de vuelta.

Gracias, comisario.

(Puerta)

Disculpe que le hayamos hecho esperar,

estábamos en una reunión urgente.

-No, por favor, no se preocupe, es totalmente comprensible.

Es más, muchas gracias por atenderme.

Yo es que, normalmente, no hago estas visitas sin avisar,

pero es que me gusta ver la sede de mis proveedores y mis asesores.

Ver el ambiente donde trabajan, verle las caras.

-Muy buena política.

¿Puedo ofrecerle un licor, un café, un refresco?

-No, muchas gracias, ya su secretaria se ocupó de eso.

Además, yo no vine aquí a tomar café, yo vine a hablar de negocios.

-Muy bien.

Entiendo, entonces, por favor,

que lo que necesita usted es asesoría legal.

-Sí, señor, exactamente.

Yo lo que necesito es una firma que me represente aquí, en España.

Como usted sabe, mis negocios se gestionan todos en Colombia,

pero tienen presentación en todos los países de Latinoamérica.

-Lo sabemos, lo sabemos.

-Ahora es que estoy en un proceso de expansión internacional

y necesito asesoría legal aquí, en Madrid.

Empiezo por España,

pero la idea es abarcar todos los países de Europa.

-¿Y en qué área necesita asesoría, señor Somoza?

-Pues en todas:

en lo laboral, en lo fiscal, en lo administrativo.

La verdad es que necesito una atención integral,

de 360 grados, como dicen.

Eso sí,

tienen que ponerse en contacto con la matriz en Colombia.

-Muy bien,

¿nos podría dar detalles de su actividad empresarial?

-Dígale a su secretaria

que se ponga en contacto con mis administrativos.

Ellos le van a dar un dosier explicativo de todo.

Ya después, cuando usted tenga un presupuesto,

entonces hablamos.

-Muy bien, como usted quiera.

-Bueno, señores, muchísimas gracias por su atención.

Me ha gustado mucho su oficina y me gustó mucho lo que vi,

obviamente, mientras esperaba.

-Huy, perdón, no sabía que estaban... -Nerea,

te presento al señor Somoza.

Ella es Nerea Ocaña, es mi sobrina y mi más reciente fichaje.

-Encantada.

-Nerea, un placer conocerla.

Señores, no les molesto más, no les quito más tiempo.

Gracias por todo y por su atención. Que tengan un feliz día.

-Gracias a usted por su confianza. Hasta pronto.

-¿Es Alejandro Somoza, el empresario colombiano?

-Sí, y quiere ser cliente nuestro, ¿te lo puedes creer?

-¿Qué tal, Fede?

-¿Qué quieres, Espe?

-Pero bueno, chiquitito, que te has caído al suelo,

¿pero qué...?

-Vamos a ver, ¿no ves que estoy liado?

-Yo solamente venía a dar un achuchón al osito.

-¡Qué perra tenéis con el osito!

Mira lo que he encontrado en internet.

Mira.

Mira, 19,99, gastos de envío incluido.

Para esto se podía haber ahorrado el viaje en coche.

-Qué poco romántico eres, de verdad. Lo que le da valor es el viaje.

-Ah, el valor. ¿Tú sabes a lo que ha venido él?

A mojar el churro.

-¡Qué bruto eres!

-Hay que llamar a las cosas por su nombre.

-A ti lo que te pasa es que no eres nada romántico.

-Ah, que yo no soy romántico.

Tú no me has visto a mí en un karaoke cantando tangos.

"El día que me quieras", "Volver".

Vamos, ni un ojo seco en la concurrencia queda.

-Eso tengo que verlo yo con mis propios ojos.

-Oye, una pregunta, de verdad, porque yo estoy...

¿Qué le veis a este Ramón?

Es que yo, por más que lo intento, no veo nada.

-Hombre, pues el chico es simpático y romántico,

guapo, inteligente...

-¿Inteligente? Eso habrá que verlo.

-¿Qué? Pero que es arquitecto.

-¿Y?

Yo no me meto en una casa diseñada por ese tío

ni "jarto" de vino. Ninguna confianza me inspira.

-Queda clarísimo

que te ha caído fatal el tal Ramón, ¿no?

-Te veo que eres muy observadora.

-Pero a Lola le cae divinamente y él se porta con ella fenomenal,

así que hombre, trátalo bien.

Y a Poli también, ¿eh?

Que no lo vea yo más en el suelo. Anda, toma.

Que te veo, ¿eh? Cuidado.

(CARRASPEA)

A ver.

Ramón Tejerina.

Mira, perfil en Friendly.

Vamos a ver cómo se vende aquí Míster Giralda de Sevilla.

(SE RÍE) ¡Por favor!

Te lo juro, María, desde que estoy embarazada,

solo veo a mujeres con carritos de bebé.

Y antes también las veías, mujer, pero no te fijabas.

Oye, el otro día me dijiste que te hubiera gustado tener hijos,

¿por qué no lo has hecho?

Pues

estuve embarazada una vez,

pero no es una cosa de la que me guste hablar, la verdad.

Perdona, María, no quería ser indiscreta,

no tenía que haber sacado ese tema.

No, si lo que pasa es que es una historia que,

que no tiene un final feliz y estando así tú, como estás,

prefiero no contártelo, de verdad que no te iba a hacer bien.

Lo siento, soy una bocazas.

No, hombre, ¿tú qué vas a saber?

Además, tenemos confianza, ¿no?

(Móvil)

Perdona, María, me voy a tener que ir.

¿Me cobras, por favor?

No, mujer, te lo apunto, que llevarás prisa.

Gracias.

Alicia, ¿qué tal? Qué sorpresa, ¿cómo te encuentras?

Perdona, pero tengo que salir a un operativo.

¿Operativo?

Pero ¿estás patrullando en la calle en tu estado?

¿Algún problema?

No, no, ningún problema,

solo que, no sé, pienso que no,

no creo que sea la labor más adecuada para una mujer

que está embarazada, ¿no?

Embarazada o no,

una inspectora de policía tiene los mismos derechos

que cualquier trabajadora, así que, hasta que no me den la baja,

seguiré en mi puesto.

No sé, lo único que digo es que hay otro tipo de trabajos

de labores que no tienen tanto riesgo ni tanto peligro, ¿no?,

que puedas hacer en la oficina, por ejemplo.

Hay que ver,

de repente, todos los narcotraficantes

de Distrito Sur se preocupan por mi estado de salud.

¿De qué estás hablando, Alicia?

Tu amigo Somoza

ha tenido la desfachatez de regalarme unos patucos.

Mira, Somoza ni es mi amigo

ni tengo ningún tipo de relación con él.

Quintero, no tengo tiempo de charlas, ¿eh?

Buenos días, Fernando, ¿te pongo un cafecico?

-Sí, gracias, María, pónmelo.

Oye, una cosa.

Verás, esta noche van a venir unos trabajadores de mi empresa

para dejar unas cajas en el sótano.

Son cajas de ropa usada para una ONG, ¿sabes?

Pero, como llegarán tarde,

creo que ya tendrás el bar cerrado para esa hora.

-Tampoco pasa nada si vienen durante el día,

que nadie se va a molestar por algún ruido.

-Ya, lo que pasa es que como llegan a esa hora de la ruta,

pues no hay más remedio.

Les he dicho que sean discretos, que no hagan ningún tipo de ruido,

pero, no sé, por si en algún caso te despertasen,

no quiero que te asustes ni te alteres, ¿sabes?

-¿A mí? Si yo caigo en la cama muerta.

A mí no me despiertas ni a cañonazos. Te pongo el café.

-Gracias, María.

-Lola, acaba de llegar esta denuncia por internet.

Una mujer agredida ha visto a su expareja

merodeando la plaza donde vive.

-Sí, a esta mujer la atendí yo

y el marido tenía una orden de alejamiento.

-Ahí tienes el número de diligencias del juzgado.

Mañana vendrá ella a firmar la denuncia.

-Aquí dice que el marido se presenta a la hora que ella acaba de trabajar,

así que nos podíamos pasar esta tarde

y echarle un ojo para vigilar y así le cazamos, ¿no?

-Muy bien.

Y, por cierto, también le podías echar un ojo a Ramón.

-A Ramón, ¿por qué?

-Pues porque es un sol y no le haces ni caso.

-Espe, entre tú y yo, es un sol, pero es que a mí,

entre tanto regalito, tanto chistecito

y tanto piropito, pues para un ratito está bien,

pero más, cansa.

Además, ese oso es un mamotreto, ¿qué hacemos con él?

-¿Quién viene por ahí?

-No os vais a creer lo que me ha pasado,

me han robado el móvil.

-Pero ¿un atraco o...?

-No, que me lo han birlado limpiamente,

eso o que me lo he dejado en el taxi, que puede ser.

-¿Cuándo fue la última vez que lo viste?

-Yo ni me acuerdo.

Me he bajado del taxi, he mirado en el bolsillo y nada, desaparecido.

-¿Has pedido un ticket en el taxi para localizar al conductor?

-No he pedido ticket.

-¿Y no recordarás la matrícula, por un casual?

Aunque sean las letras.

-Qué va, si es que yo me he bajado del coche,

he guardado la tarjeta en la cartera y ahí lo había perdido de vista.

-¿Has pagado con tarjeta? -Ahora que lo pienso,

igual el taxista ha visto que me había dejado el móvil

y ha dicho: "Este móvil es para el menda".

-Si has pagado con tarjeta, tienes que tener un ticket.

-Ah, pues creo que sí.

Sí, míralo, aquí está.

¿Con esto lo podéis localizar? -Es posible,

deja que haga unas llamadas a empresas de taxi, a ver.

-Esto está perfecto.

Muchas gracias por hacerlo tan rápido.

Es importante que tu tío pueda tener una visión general

de cómo está el negocio de Somoza. -Entonces, ¿vamos a firmar con ellos?

-Hombre, ¿a ti te parece que podemos rechazar

una cuenta de este tamaño?

-Lo digo porque pensaba que la cartera de clientes estaba completa.

-Sí, pero es una oportunidad que no se puede dejar pasar.

Si hace falta, ampliamos plantilla.

Es decisión de tu tío, pero es que es una montaña de dinero.

No se puede rechazar.

Además...

el otro día oí que...

-¿Qué pasa?

-Fui al colegio de abogados a hacer una gestión

y me encontré con un compañero de facultad.

Me dijo que por ahí se comenta que el bufete ya...

está rancio. "Huele a naftalina", me dijo.

-Este sitio tiene solera, pero de rancio nada.

-Se refiere al tipo de clientes que llevamos.

Que hay mucha fortuna pasada de moda, mucha empresa vieja,

pero ninguna "startup", ninguna empresa en expansión.

-Ya, ya, te entiendo,

y firmar con Somoza nos daría el empujón

que necesita el bufete. -Exacto.

Y esas cosas son muy beneficiosas a largo plazo.

Hay que construir una imagen de marca.

-Perdonad por el retraso.

-Nada, hombre.

-Bueno, González, tú dirás.

-Hemos preparado, con mucha ayuda de Nerea

un borrador del acuerdo con Somoza.

Ahí tienes un panorama general

de la situación de su empresa y nuestra propuesta.

-Pues veréis, siento...

que hayáis trabajado en balde.

Pero he estado dándole vueltas,

y he tomado la decisión de rechazar a Somoza.

-¿Cómo?

Marcelino, hace mucho tiempo

que no tenemos una cuenta nueva de este tamaño.

Es el impulso que necesita el bufete para acabar de salir del bache,

para volver a posicionarse. -Lo sé, lo sé.

Tienes razón, y es una oportunidad de oro,

y que podríamos ganar mucho dinero.

Pero es dinero sucio.

-¿Somoza está metido en algo ilegal?

-Su empresa es una tapadera para el narcotráfico.

-Un momento, Marcelino...

¿De dónde sacas eso? -Bueno, tengo mis fuentes.

-Un momento, a ver...

¿Estás seguro? No te lo tomes a mal,

pero me suena un poco prejuicioso:

como es colombiano y ha ganado mucho dinero rápido,

tiene que ser un narco.

-Obviamente no hay pruebas porque está en la calle a sus anchas,

pero te aseguro que es más que un rumor.

-Bueno, vamos a ver,

quizá el tipo tenga sus cadáveres en el armario,

pero su empresa de construcción en España

va a levantar cientos de pisos

y eso son miles de altas en la Seguridad Social.

Todo legal, ¿qué nos impide llevar la parte laboral?

-¿Qué nos impide?

La ética, la dignidad, el sentido común...

Y que cuanto más lejos estemos de ese tipo de personas,

mucho mejor. Y yo he tomado la decisión

y no voy a discutirlo más.

-Pues nada, muchas gracias de todas formas.

Sí, sí, lo tengo apuntado aquí.

Gustavo Oliver, sí.

Nada.

Buenas tardes. Gracias.

Nada, no lo conocen ni tienen el contacto.

Será independiente. -Pero vamos a ver,

que sois la policía, ¿tan difícil es

encontrar la dirección y el teléfono de un taxista?

-Ramón, eso es muy fácil,

pero la Ley de Protección de Datos nos impide hurgar

en datos de los ciudadanos sin una denuncia previa.

-Pues vaya. -Créeme que es mejor así,

aunque te parezca poco práctico.

-¿Y qué hacemos? En ese teléfono tengo media vida.

-No te preocupes que lo vamos a encontrar, de verdad.

Me voy a llevar a Ramón al centro,

a ver si en un bar de taxistas nos dan alguna pista

sobre el tal Gustavo Oliver.

Y, si no, nos tomamos unas cañas.

-Hombre, sarna con gusto no pica.

-Yo ya he acabado mi turno. Me cambio y nos vamos.

-Siéntate un ratito a esperar.

¿Qué me miras? Es que da gusto verte comer.

Lo estás disfrutando, ¿eh?

Sí, desde que estoy embarazada disfruto mucho más la comida.

Eso sí, tengo que tener cuidado,

porque con esto de que tengo que comer por dos,

me atiborro a dulces y bocadillos.

He leído que eso de engordar mucho en el embarazo

es todo un mito, que es mejor mantener el peso.

Eso dice mi ginecóloga. Nueve o diez kilos, ¿no?

Estás muy puesta, ¿no?

¿Estás pensando en tener hijos? ¿Yo?

Qué va, soy muy joven...

¿Y yo qué soy, muy vieja?

Mejor me voy a por el segundo plato, ¿eh?

-Buenas noches.

Que aproveche.

Gracias.

¿Qué tal llevas el embarazo?

Ya veo que estás comiendo por dos.

Julio, ¿querías algo?

Pero ¿qué te pasa ahora?

¿Te ha molestado?

A mí no me pasa nada.

Desde que estoy embarazada parece obligatorio

hacerme comentarios absurdos

sobre cuánto como o qué aspecto tengo.

No sé lo que hace todo el mundo,

pero es lógico que si acabo de descubrir que tengo una hermana

y que voy a ser tío haga algún comentario de vez en cuando.

Igual a ti te parece normal,

pero yo no quiero compartir nada de mi vida contigo.

Aparte de los pocos genes que tenemos en común.

Por favor, ¿me pones el segundo para llevar?

Tengo que volver a comisaría. Ahora mismo.

-¿No crees que es injusto hacerme pagar a mí

por lo que te ha hecho mi padre y ni siquiera me los cuentes?

Ponte en mi lugar...

Es porque es narcotraficante, ¿verdad?

¿Por qué dices eso?

Es lo que se cuenta de él.

¿Has hablado con tu padre de ello? Por supuesto.

Él lo niega todo.

Pero cuando el río suena...

Alicia, tú eres policía,

seguro que me puedes contar qué hay de cierto en esos rumores.

Ya te he dicho que no quiero compartir nada de mi vida contigo.

Y mucho menos voy a compartir contigo información policial.

Aquí tienes.

¿Quieres postre? No, gracias. Así está bien.

Hasta mañana, Paty. Buenas noches.

-Alicia, espera un momento.

¿De verdad no me vas a contar nada?

Lo único que te puedo decir es que harías bien en volver a Miami

y olvidarte de mí, de tu padre y de sus negocios.

Aquí solo vas a encontrar problemas.

Ya es mala suerte, pobre Ramón, perder el móvil cuando está de viaje.

-Es una manera de verlo.

-¿Es que a ti no te parece mala suerte o qué?

-Mala suerte o mala cabeza, y en su caso, poquita cabeza.

Vamos a ver, yo me bajo de un taxi

y lo primero que hago es mirar si me he dejado algo.

O pedir una factura para poder contactar con el taxista.

-O sea, tú siempre miras, y siempre pides factura.

-¿Yo? Por supuesto que sí.

¿Tú? -¿Yo?

Yo sí, pero es que yo soy muy maniática.

-Maniática no, eres precavida,

que no es lo mismo. -Bueno...

Lo de Ramón le puede pasar a cualquiera.

-A cualquiera menos a ti o a mí,

y seguro que a Lola tampoco le pasa.

-Buenas.

-Hola, chicos, ¿ha habido suerte? -Qué va.

-Hemos localizado al conductor,

pero dice que no había nada en el asiento.

-Dice que subió gente al bajarme yo y no puede saber si alguno lo cogió.

-Qué faena...

-Encima, me costó una pasta porque es último modelo

y no le hice seguro ni nada. -¿Y tenías el localizador puesto?

-¿Lo del GPS? Creo que sí.

-¿El GPS...?

Creo que sí.

A ver...

Dame tu clave y voy a ver si puedo hacer algo.

-Un, dos, tres...

A, B, C.

-¿Me estás vacilando?

-No, ¿por qué?

-Un, dos, tres, A, B, C.

¿Tú te crees que estamos con don Pimpón,

el Monstruo de las galletas, en Barrio Sésamo?

-Es para acordarme fácil.

-Fácil, ya.

-El teléfono es... -Tu teléfono ya lo tengo.

-¿Tú de qué tienes mi teléfono?

-Porque lo tienes en el perfil de Friendly, a la vista.

-¿Y tú cómo sabes que tengo perfil de Friendly?

-Porque es lo primero que sale al teclear tu nombre en internet.

Tu móvil está

en la calle Mariano de Cavia.

Al lado del Retiro, o estaba.

Ahora mismo la señal está apagada. -¿En serio?

Pues vamos para allá, es un robo, habrá que detenerlo.

-Claro, podemos ir todos juntos

o podemos llamar a los geos también para que vayan.

-Fede, por favor,

¿puedes parar el rollo sarcástico de una vez?

-Fede, ya te vale.

-Lo que quiere decir es que no tenemos datos suficientes

para movilizar a nadie. Tu teléfono está desconectado.

-Y probablemente lo hayan vendido.

-Y un modelo de última generación como este, se vende rapidísimo.

-A ti que se te da tan bien esto de internet,

quizá puedes poner el modelo del móvil

y buscarlo en alguna de estas páginas.

-Sí, pero para eso necesito el número IMEI,

y me apuesto un sueldo a que este figura no se lo sabe.

-¿Cómo no me voy a saber mi "email"?

-Tú número IMEI, IMEI...

Si es tan nuevo, no habrá muchos a la venta.

¿Serías capaz de reconocerlo a simple vista?

-Sí, eso es fácil,

tiene una raja en la parte de atrás porque se me cayó.

-Madre mía de mi vida,

qué te habrá hecho la tecnología para que la odies tanto.

-Fede, por favor, ¿puedes tener un poco de empatía?

Que lo está pasando mal. -¿Empatía?

Pero si soy yo el que va a solucionar la historia.

¿Empatía? Toma, apunta ahí.

El modelo, la marca y el color.

-¿Dónde se escribe? -Trae la tablet...

No me la vayas a rajar o algo de eso...

Empatía...

(Puerta)

-¿Sí? ¡Adelante!

Hola. -¿Teresa?

Soy Nacha Aguirre. -Pasa, por favor.

Perdóname, no sé dónde tengo la cabeza.

Tenía una agenda...

No queda bien que una psicóloga diga eso, ¿verdad?

Eh...

Aquí está.

¿No te sientas?

-Bueno, no sé, es que...

estoy un poco nerviosa, nunca he ido a un psicólogo,

y no sé dónde me siento, aquí, allí...

-Esta es tu casa, Nacha,

puedes sentarte, quedarte de pie... lo que prefieras.

-¿Así que es aquí donde vienen algunos policías a...?

Porque esto es así, ¿no?

Yo empiezo a hablar y usted no dice nada.

-Lo primero tutéame, por favor.

Y lo segundo, no hay una manera de hacerlo.

Si prefieres hablar y que yo te escuche...

¿Prefieres? -No, eso es un poco raro,

lo normal es que dos personas conversen.

-Entonces hablamos de lo que tú quieras.

-Claro, es que...

lo normal sería que yo empezara a hablar,

soy yo la que tiene... un problema.

-Como tú te sientas más cómoda.

-Lo que pasa es que no sé por dónde empezar.

-Bueno, ya has empezado,

has dado el primer paso que es pedir ayuda.

-Esto me lo sugirió mi comisario, Bremón.

Bueno, no es algo que me hayan impuesto,

también yo soy consciente que necesitaba venir aquí.

Pero fue él quien me dijo que...

que le habías ayudado bastante.

-Preferiría que habláramos de ti.

-Sí, claro, perdone. -No, no tienes que pedir perdón.

Aquí estás en un lugar seguro.

Yo no voy a juzgarte ni a dudar de ti.

Y, por supuesto, es todo confidencial,

así que puedes hablar con total libertad.

-¿Y cuánto tiempo me va a llevar curarme?

-¿Eso es lo que necesitas? ¿Curarte?

¿Te sientes enferma?

-No, bueno...

no sé, pero está claro que tengo un problema.

(LA DOCTORA ASIENTE)

-Tengo miedo a conducir.

Hace unos días atropellé a una chica

en el K, ella se atravesó...

El K es el coche que llevamos algunos policías,

están los Z que llevan los uniformados y el K que...

Bueno, pues...

se atravesó y no pude frenar,

no la vi. Esta chica está ahora en el hospital

en estado de coma y...

Y...

siento que toda la culpa es mía.

Se supone que soy policía, yo debería saber prever estas cosas.

-¿A qué cosas te refieres?

-Lo de la chica.

-Como lo has dicho en plural...

"estas cosas", pensé que te referías a algo más.

-¿Tanto se me nota? -¿El qué?

-Que me pasa algo más.

-¿Qué es lo que te pasa, Nacha?

-Es que, aparte, no puedo dormir.

No estoy nunca tranquila,

tengo la sensación que me estoy perdiendo como una...

señal de alerta constantemente,

como que en cualquier momento va a ocurrir otra desgracia,

y no voy a estar preparada.

-¿Qué tipo de desgracia?

-Hace unos meses asesinaron a una compañera de la comisaría.

Era mi amiga, era muy especial para mí.

Ya que estamos, te lo voy a contar. Era...

la chica de la que yo estaba enamorada, se llamaba Laura.

Y aunque yo...

he intentado levantar cabeza, me doy cuenta que no.

Obviamente, nadie sabe nada de esto porque yo...

voy y estoy bien, es la sensación que quiero transmitir, pero...

pero en el fondo me doy cuenta que...

estoy jodida.

Estoy bastante peor de lo que parecía, ¿no?

-¿Eso es lo que piensas?

-Teniendo en cuenta que no llevo aquí ni diez minutos

y ya estoy destapando una olla llena de problemas...

-¿Quieres saber lo que pienso yo?

-Por favor.

-Que tienes la mitad del trabajo hecho.

En pocos minutos me has dicho cómo te sientes

y por qué crees que estás así.

A la mayoría de la gente le cuesta llegar ahí.

-También ha sido porque...

me has transmitido mucha confianza y...

me has hecho sentir muy cómoda.

-Me alegro.

¿Quieres...

seguir contándome?

-No, no tiene por qué darme las gracias, señora.

Era mi obligación como médico y como ciudadano.

Buenas noches y muchas gracias.

¿Quién es toda esa gente con la que hablas?

Llevas media hora al teléfono.

Gente que llama para darme las gracias por lo de Justo Ramírez.

Familiares, amigos, personas que van a ir a la consulta...

Colgué en el blog la resolución del caso

para que se enterara todo el mundo.

Muy bien hecho, cariño.

Hemos evitado muchas desgracias, Claudia.

Lo que hacía ese personaje era realmente monstruoso.

Ese tío no volverá a hacer daño a nadie.

¿Qué tal si cenamos? Eh, que puedo yo solo...

No te hagas el machito ahora. Venga.

Déjate cuidar.

Vaya festín, ¿eh?

Voy a seguir haciéndome el enfermo

para que me cocines así todos los días.

No exageres y cuéntame lo que te decía esa mujer.

(ANTONIO SE QUEJA)

Esta mujer llevaba tres semanas intentando convencer a su marido

de que dejara de ir a la consulta de Ramírez

y que empezara con la quimioterapia.

Pero nada...

¿Y vio el blog? Exacto.

Pues igual le ha salvado la vida.

Pues, mira, según me ha contado,

le daban como máximo dos meses de vida.

¿Qué me dices?

Ha vuelto a la quimioterapia y el oncólogo

dice que tiene, al menos, 50 % de posibilidades de curación.

Estoy muy orgullosa de ti, cariño.

Bueno, esto ha sido cosa de los dos, ¿no?

Oye, si es otro paciente agradecido

dile que espere a después de cenar.

Es Olga. ¡Ah!

Olga, cariño, ¿qué tal?

¿Sí? Menuda noticia...

¿No me digas? ¿De verdad? ¡Enhorabuena!

Cuéntaselo a tu madre.

Ah, que no puedes.

Sí, que tienes prisa, como siempre.

Vale, cariño. Adiós, adiós.

Siempre con prisa. ¿No ha querido hablar conmigo?

Sí, quería hablar contigo, pero no ha podido.

Dice que te llama mañana. A ver si es verdad.

Bueno, ¿qué te contaba? Verás,

le han dado una beca.

¿Le han dado una beca? Sí, sí.

No oía bien, había mucho ruido de fondo.

Pero, al parecer, se la han dado

por ser la primera en su promoción.

¿Que Olga es la primera de su promoción?

(ASIENTE)

Antonio, creo que voy a llorar. Pues espera que te cuente todo.

Creo que le va a dar para estar tres meses más

en París.

Ay, Dios mío...

Tres meses más de espera...

Bueno. Y de cenas románticas, ¿no?

¿Tú crees que volverá algún día?

Por el camino que va, me parece a mí que se queda a vivir en París.

No sé, me da un poco de pena. ¿Y a ti?

Bueno, a mí también, pero me consuelo pensando

que vamos a reformar su habitación y convertirla en un gimnasio.

Eso no, vamos, mientras esté yo viva,

esa habitación no se toca. Es la habitación de mi niña.

Contigo no hay manera de ponerse en forma.

Con todas estas comilonas que me haces.

Calla y come, que está muy bueno el jamón.

Gracias, papá. Gracias, amor.

-Las horas que son y tu prima sin venir.

Acaba de decirme que estará un par de horas más trabajando.

¿Un par de horas? Pero, bueno, esta chica...

¿A qué hora piensa acostarse?

-Marcelino, cariño, que no es una niña de 12 años

que tiene que ir mañana al colegio.

-Al cole no, pero al bufete sí,

y a los juzgados, que mañana le espera un día duro,

y tiene que descansar. A ver, papa,

cuando tú tenías la edad de Nerea y tenías un juicio al día siguiente,

¿te ibas a dormir para descansar o pasabas la noche en vela

preparando alegaciones y cosas por el estilo?

Qué listilla eres.

A Nerea le encanta su trabajo, ya lo sabes.

Sobre todo su labor en el turno de oficio.

Por eso prefiere estar toda la noche sin dormir

antes que dejar trabajo sin hacer. Si yo le entiendo,

pero no siempre uno puede hacer lo que prefiere,

a veces uno debe hacer lo que le conviene.

Y aplícate el cuento.

¿Yo? ¿Por qué?

Pues porque en tu estado,

no deberías estar patrullando la calle,

sino estar detrás de un escritorio.

¿Cómo has dicho?

Nada, Alicia,

que hoy se ha empeñado en trataros como dos crías.

¿Has hablado con Quintero?

Yo... Eso mismo que acabas de decir,

que en vez de patrullar las calles debería estar en la oficina,

eso mismo me lo ha dicho Quintero esta tarde palabra por palabra.

Pues por una vez tengo que darle la razón.

Contesta mi pregunta.

¿Has hablado con Quintero de mí?

Alicia, no saques las cosas de quicio, por favor.

Yo solo pensaba en lo mejor para ti y para el bebé.

Pues el bebé tiene una madre,

y es una adulta que sabe tomar sus propias decisiones,

que está muy orgullosa de su trabajo y que seguirá haciéndolo

hasta que ella quiera con permiso del ginecólogo.

Alicia, solo era una sugerencia.

Evidentemente, tú con tu vida puedes hacer lo que te dé la gana.

Solo faltaría.

Pero lo que me molesta no es la sugerencia,

lo que me duele es que hayas hablado con ese desgraciado a mis espaldas

de lo que me conviene, como si a mí no me preocupara

la salud de mi hijo. Siento que te haya molestado,

pero no era mi intención.

Papá, ese bebé es lo más importante de mi vida.

Pero no por eso me voy a encerrar bajo siete llaves

porque lo digáis tú o Quintero.

¿Qué pasa, que ahora sois amigos?

Pues hablad de fútbol, pero no os metáis en mi vida.

Perdona, Alicia...

Vamos a dejar las cosas claras.

¡Yo no soy amigo de Quintero ni lo voy a ser nunca!

La verdad es la verdad,

y en tu trabajo te expones a peligros innecesarios.

Tu postura ha quedado muy clara y la mía también.

Como es evidente que no nos vamos a entender, prefiero no discutir.

Buenas noches.

Y no os preocupéis por esto, lo recogeré mañana.

Marcelino, déjalo estar así que es mejor,

de verdad, hazme caso.

Hazme caso.

-Ay... esto es la gloria...

-Si te hago daño me dices, ¿vale?

-Pero cómo me vas a hacer daño, tonto, con esas manos que tienes...

Ay, no sabes cuánto las echo de menos...

Tus masajes me salvaron la vida en Sevilla.

-Solo a mis manos, ¿no?

-Ya sabes a lo que me refiero, tonto.

Estaba tan estresada...

-Yo sí que estoy estresado con el tema del móvil.

-Si acabas rápido el masaje puedo hacerte algo para que te relajes.

(RÍEN)

-No digas eso que acabo ahora mismo.

-Pues venga...

¡Qué morro tienes!

-¡Creo que lo tengo!

-Perdón, perdón, no sabía que estabais en ese plan...

-¿A ti no te han enseñado a llamar a las puertas?

-Oye, que he llamado. -A ver, Fede, ¿qué quieres?

-Ayudar.

Vosotros aquí con vuestros masajitos y los aceititos,

y yo partiéndome los cuernos para recuperar el móvil.

-Yo te estoy muy agradecido, pero tampoco hay que obsesionarse

con el móvil, ya mañana tranquilamente lo recuperamos.

-Es que igual no hay que buscar más.

Mira, vamos a ver...

¿Tú reconocerías este como tu móvil?

-¿Eso qué es, una web de segunda mano?

-Sí, es que he puesto una alarma para que me avise

cada vez que se publica un anuncio de la marca.

Y este es el último en publicarse. -Sí, podría ser perfectamente el mío.

-Como he visto que tenía un desperfecto en la parte de atrás,

he dicho: "Pues no vaya a ser..."

-Esa es la raja que se me hizo el otro día al caerse.

-Voy a escribir al vendedor y hacerle una oferta,

no sea que se adelante alguien. -Estupendo, eres un fiera,

mañana por la mañana vamos y lo recogemos.

-¿Cómo que mañana? Ahora mismo. ¿Has visto el precio que ha puesto?

Se lo van a quitar de las manos.

-A ver, una cosa es que el vendedor reciba muchas ofertas

y otra es que la gente salga de madrugada

a comprar un móvil de segunda mano. -Mañana lo arreglamos todo.

-Creo que os estáis equivocando, que yo lo hago por vosotros,

que a mí me da exactamente igual el móvil.

-¿Te puedes ir, por favor?

-¿De verdad que no pensáis hacer nada ahora mismo?

-Mira, Fede, yo sí tenía pensado hacer algo ahora mismo.

¿Tú qué haces, te unes o te vas?

Te vas, ¿verdad?

-Vale. Mensaje captado.

Una cosa...

que yo voy a estar con Espe en el salón viendo una película,

y con el osito de marras en el sofá.

Por si os desveláis o cualquier cosa.

-Sí, sí, ¿te vas ya? -Sí.

Venga. Hasta luego.

-¿Por dónde íbamos? -Me estabas haciendo un masaje.

-Yo creo que eso lo habíamos acabado. -¡Tendrás morro!

(RÍEN)

-¿Hablaste con Somoza? -Pues quiero dejarlo pasar,

si es listo entenderá el mensaje y nos dejará en paz.

-Yo creo que eso es un error. -¿Por qué?

-Primero, porque si de verdad es un delincuente,

nos conviene dejar la puerta bien cerrada.

-¿Y segundo?

-Porque la gente como Somoza respeta más la firmeza

que la ambigüedad.

-Ramón, déjate guiar por Fede que sabe de lo que habla.

-Si yo me fío de él al cien por cien,

de hecho, creo que deberías contactar tú con ese tipo y no yo.

-Bueno, Ramón, algo tendrás que hacer tú, ¿no?

Fede ha sido increíblemente desinteresado con su tiempo,

te ha buscado el vendedor, el móvil... No sé...

Pedirle más me parece abusar de alguien muy generoso.

-Quiero que sepas que es muy común abandonar en la primera sesión.

Pero me gustaría pedirte otra oportunidad.

-No te preocupes tanto por mí,

la vida me ha enseñado a solucionar mis problemas sola,

y pienso hacerlo a mi manera.

-¿Y cómo lleváis el caso?

Por el mensaje grabado, Ainhoa y Sandra se conocían

y parece que tenían algún tipo de contacto.

Pero no hemos podido averiguar el vínculo que existía entre ellas.

Es posible que hayamos encontrado el vínculo.

Las dos chicas asistieron al mismo campamento de verano:

El Pinar. Y eso no es todo.

El monitor recuerda que había una tercera chica.

Debemos estar preparados para el tercer escenario.

Encontrar a esa chica es una prioridad. A por ello.

¡Toma! Ha picado.

-¡Olé, olé y olé!

En la próxima Feria de Abril de Sevilla

te vienes a mi caseta de invitado de honor.

Se está dando un currazo, y todo por recuperar mi móvil.

-Mira, Ramón, esto ya no es solo por tu móvil,

he estado hablando con la inspectora Miralles,

y le he dicho que si tiramos del hilo

podemos desenmascarar un negocio de material robado.

-Entiendo perfectamente el mensaje,

un fracaso es un fracaso.

Mi único consuelo es que usted ha logrado

que ese trago amargo sea un poco más dulce.

-En ese caso, creo que va siendo hora de marcharme.

-Por favor,

si se puede quedar un par de minutos más...

-¿Y de qué quiere que hablemos en esos dos minutos?

-Quizá de usted.

-Nosotros no vamos a actuar hasta que tengamos visual del dispositivo

y confirmación de que es él, ¿de acuerdo?

¿Estás nervioso? -Un poco.

-Dos horas, chicas,

dos horas para reunirme con vosotras.

La tenemos, es la tercera chica: Lidia Velasco Mendizábal,

nacida en Madrid. Vive en Distrito Sur, 17 años.

Su monitor ha buscado en sus archivos y nos ha dado sus datos.

Esta es su foto. Si esta chica quisiera matarse hoy

tenemos menos de una hora para impedirlo. ¡A trabajar!

"Hemos contactado con los padres de Lidia,

tenemos el móvil de la chica". ¿Lo habéis rastreado?

"Sí, está en el Parque de la Torre, ha caminado hasta allí,

lleva como tres minutos parada". ¿En la Torre?

Son casi las cinco. Venga, nos vemos.

Voy sacando el K. -Vale.

-¡Espera un segundo!

¿Qué pasa si llegáis y está a punto de saltar?

A lo mejor no os deja acercaros, tendréis que convencerla, ¿no?

-Sí. -Para esa chica

lo más importante son sus amigas.

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Servir y proteger - Capítulo 227

26 mar 2018

Nacha se enfrenta al dictamen de Régimen Disciplinario, que finalmente decide exonerarla de cualquier responsabilidad en el atropello. La llegada de Ramón, íntimo amigo de Lola, pone celoso a Fede. El policía, pese a todo, intentará llevarse bien con él y ayudarle a recuperar un teléfono móvil perdido.

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