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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 214 - ver ahora
Transcripción completa

Tú eres un chico supermajo, de verdad, y me caes genial,

y eres monísimo, pero...

-Pero solo podemos ser amigos.

-Pero ¿tú lo has intentado? -Sí, sí, sí.

Pero me he lanzado a la piscina y no había agua.

-¿Y si tú y yo olvidamos todos los malos rollos y empezamos de cero?

Desde que has llegado al barrio ni hemos hablado.

-Ya he redactado el anuncio de compañera de piso.

-Qué bien,

pero el texto solo es un reclamo para que llamen,

lo importante es la entrevista a las candidatas.

-Preferís a una zumbada desconocida que a un compañero que conocéis.

(AMBAS) Sí.

-No quería molestarte, pero me encantaría quedar contigo...

¡Ya vale! ¿No te ha quedado claro que no quiero nada contigo?

Ese chico,

aunque solo quedes con él para tomar un café,

te puede ayudar a darte cuenta de que tu vida sigue.

-Siento que tengo una conexión muy fuerte con ella.

-Es especial y parece que también tiene un buen carácter, ¿no?

-Sí, y eso le hace más atractiva todavía.

¿Me vas a decir dónde vas a trabajar?

¿O quieres seguir con ese aire de chico misterioso?

Mira, hablando del rey de Roma: la empresa de mi padre.

-Usted mató a mi hermano y yo voy a hacer lo mismo.

-Mira, yo tengo demasiado tiempo en este negocio

como para no tomar precauciones.

-No se preocupe, esto no se va a volver a repetir.

-Quiero que venga y se disculpe delante de mí.

-Lo hará.

"Tenemos que ser muy inteligentes,"

si queremos atacar a esos malditos colombianos

y acabar con ellos, y no es nada inteligente

hacer esperar a Somoza.

-Mire, joven, los dos hemos perdido a alguien en esta guerra,

creo que es suficiente como para no derramar más sangre.

Lo que podemos hacer es construir, aguantarnos las tripas,

para eso fue que vino, ¿no?

Me cuesta mucho expresar mis emociones,

pero yo quiero mucho a Antonio, tú lo sabes, ¿verdad?

Claro que lo sé. -Pero hay que demostrarlo.

Quiero que hagáis una lista

con las virtudes que reconocéis en el otro.

Cariño, si yo soy la mujer que tú describes en este papel,

es porque desde que nos conocimos has estado siempre a mi lado.

Eres la luz de mi vida, Claudia.

-Siento comunicarle, inspector Lemos,

que esta noche, la única mujer a la que tiene que impresionar

es a mí.

Y siento decirle que las expectativas son muy altas.

-Julio no sabe nada de mis negocios en B,

y así tiene que seguir siendo. -Vale.

-Con respecto a Somoza, tampoco quiero que sepa ni una palabra.

No quiero que tenga ninguna relación con esa gente.

-Vale.

-Si te fusionaras con él podrías multiplicar tus beneficios.

-Somoza no quiere que fusionemos nuestras empresas,

ni integrarme en su negocio,

Somoza quiere absorber Transportes Quintero

para luego quitarme de en medio.

Solo quería mirarle a los ojos y decirle que es usted un asesino.

Y que en España,

los asesinos acaban en la cárcel.

Las dos tienen una moral intachable. -Así que parecen incorruptibles.

-Eso parece, sí. -Pues ya lo veremos.

Tano, de momento,

la que más me interesa es Alicia Ocaña.

Ella no va a dejar de buscar cosas en mi contra,

así que, por favor, indaga más sobre ella.

(Música emocionante)

Buenos días, prima.

Hola.

Pensaba que estabas en tu habitación.

No he dormido en casa.

Eso ya lo veo.

Venga, dilo. Sé lo que estás pensando.

No estoy pensando nada,

o, al menos, nada que tenga que ver contigo.

Te lo leo en la cara.

Crees que me equivoco saliendo con Iker.

Yo no soy nadie para opinar sobre tu vida.

A ver...

ya sé que es un ligón y un poco bastante...

chulito, pero me lo paso muy bien con él.

Y me apetece disfrutar del momento. Eso no está mal, ¿no?

Por supuesto que no.

Me parece genial y no tengo nada más que añadir.

Solo una cosa,

tienes todo el derecho del mundo a pasarlo bien.

Me está entrando un hambre, ¿puedo?

Toda tuya.

Esto solo.

¿Sabes?

No me cuadra que Iker te caiga tan mal

conociéndolo de tan poco tiempo. No me cae mal,

y, de hecho, empiezo a pensar que es un buen policía.

Pero sigue sin gustarte que yo salga con él.

No es eso. Cada vez que sale el tema te tensas.

Porque ya es el tema principal en nuestras conversaciones

y me parece excesivo.

¿Tú sabes algo de Iker que no me hayas contado?

¡Venga ya!

Lo había dicho por decir, pero es verdad.

He acertado, ¿no?

Vale, pero no veo ningún motivo para contártelo.

Yo soy tu prima favorita y acabo de pasar la noche con él.

Yo creo que me incumbe.

Cuéntamelo, sea lo que sea. Está bien.

Pero prométeme que serás discreta y no se lo dirás a nadie.

Palabra de abogada, soy una tumba.

Iker tuvo un lío con la mujer de un comisario en el norte.

Se lo quitaron de en medio y lo destinaron a Distrito Sur.

¿Te estás quedando conmigo?

No, y me estoy arrepintiendo de habértelo contado.

No, no, por favor,

me viene bien estar al tanto para saber a qué atenerme.

Siento haberte cortado el rollo.

No te preocupes, no pienso dejar de verlo.

Siempre he sido tan racional

que por una vez en la vida me apetece ser espontánea

y no darle tantas vueltas a todo.

¿Tanto te gusta Iker?

Todavía no lo sé.

Lo que tengo claro es que me apetece vivir el presente.

Yo lo único que quiero es que no lo pases mal.

Y, tienes razón,

ojalá yo supiera vivir sin tantas preocupaciones

y sin dar tantas vueltas a las cosas.

De eso se trata.

¡Ay! Bueno...

Me voy a darme una ducha

y a cambiarme que se acabó la fiesta.

Ahora toca trabajar.

Gracias.

-Yo no creo que tenga nada roto, la verdad,

si no...

no podría haberme levantado por mi propio pie,

subir la compra a casa y venir hasta aquí.

-Dices que te duele el costado y el brazo, ¿no?

¿Cómo fue la caída?

-Pues iba muy cargada,

estaba subiendo la escalera, di un mal paso y me resbalé.

-Siéntate, vamos a verlo. -Ay, Antonio, que no hace falta,

solo he venido para que me des algo para el dolor.

-Luego te doy unos analgésicos,

pero vamos a echar un vistazo para quedarme tranquilo,

que no tengas nada roto. Siéntate.

¿Qué tal tu hijo Miguel?

Debe estar hecho un hombretón.

-Sí, está muy grande. -¿Y los estudios?

-Mal, mal, fatal.

No hay manera de que se centre.

-Lo bueno de la enfermedad de la adolescencia es que se cura,

cuando se le pase mejorará en los estudios.

-Ojalá se interese por algo cuando acabe el instituto.

De momento no quiere ni oír hablar del tema.

-Le pasó lo mismo a Olga, no sabía por dónde tirar,

y ahora está perfectamente encarrilada,

está estudiando cocina en París.

-Estará encantada.

Cuando trabajaba en La Parra se veía que tenía muy buena mano.

-Fui a verla el otro día y está feliz de la vida.

Los moratones de la rodilla no tienen más problema.

Descúbrete de la cintura para arriba, vamos a ver el costado y el brazo.

-¿No puedes mirármelo por encima?

Yo me resfrío con nada, y la garganta la tengo fría.

-Quítate, al menos, el pañuelo

y descúbrete un poco el hombro.

¿Te duele al respirar? -No, no mucho.

-¿No? -No.

-Déjame ver, anda.

Ya.

Y dices que te caíste por las escaleras.

-Sí. -Que no rodaste hacia delante,

que no te hiciste daño en la espalda, ¿no?

-No lo sé, fue todo muy rápido.

-Ya.

-¿Qué pasa, Antonio? Te has puesto muy serio.

¿Crees que tengo algo roto?

-¿Quieres que te sea franco?

Da la impresión de que no te has caído por las escaleras,

al menos, no como me lo has descrito.

-Claro que sí.

-Llevas muchos años viniendo aquí y ya tenemos confianza,

por lo menos cuéntame cómo te hiciste esos moratones.

-Te he dicho la verdad, me caí por las escaleras.

No sé qué estás insinuando.

-Si alguien te ha hecho daño, dímelo.

-¿Qué? A mí nadie me ha puesto la mano encima.

-¿Qué tal con tu novio?

-Con Santiago bien.

Hace tres meses que lo dejamos. -¿Cómo se lo tomó?

-Ya sé por dónde vas y te estás equivocando.

Santiago es un buen hombre.

Un buen hombre que jamás me haría daño.

-No te vayas, mujer, solo quiero...

Solo quiero ayudarte. -Ya, ya lo veo...

-Llévate unos analgésicos por lo menos, venga.

-No hace falta, no me duele nada.

-¡Alicia!

¿Hoy no haces "running"?

Salí a correr cerca de casa, no tuve tiempo de ir al parque.

¿Y para un café tienes tiempo?

Tampoco, tengo que entrar a comisaría.

Claro. Perdona.

Entiendo que no te apetezca hablar con nadie,

tiene que ser un trauma horrible

que asesinen a tu pareja delante de ti.

¿Cómo sabes eso?

¿Qué más da? El caso es que lo sé.

Y quiero dejarte claro que soy consciente

de lo mal que lo estarás pasando.

Julio, es un tema muy íntimo y doloroso

y no me apetece hablarlo contigo, por favor...

Tranquila, lo entiendo.

Es que me encantaría verte sonreír otra vez, como el otro día.

Las cosas no funcionan así.

Vale, tienes razón.

Pero me gustaría que me respondas a algo,

¿a ti te pasa algo conmigo?

Tengo la sensación de que alguien te ha hablado mal de mí.

Te equivocas. Entonces, no lo entiendo.

Ya habíamos empezado a hablar con cierta confianza,

y de pronto me tratas como si fuera un apestado.

De verdad, Julio, tengo mis motivos.

Tendré que asumir que no has conectado conmigo

tan bien como yo contigo.

No se trata de eso. Entonces, ¿de qué se trata?

Por favor, cuéntamelo.

Sé que igual no me crees,

pero mi mayor interés es conocerte.

Para mí no hay nada más importante que empezar una buena amistad.

Así que ahora se le llama ser amigos, ¿no?

¿De qué hablas?

¿No crees que es demasiado joven para ti?

Aunque no lo creas hay gente que valora más otras cosas

que acumular ligues. ¿Por quién lo dices?

Vamos a dejarlo, no me apetece hablar del tema.

Mira, Alicia, ese amigo tuyo

está utilizando el clásico truco del pagafantas,

pero lo que quiere es otra cosa, como todos los tíos.

Para empezar, no te he pedido tu opinión,

y por ser hombre no puedes hablar por boca de todos los de tu género.

Y para terminar,

afortunadamente, no todos los hombres son como tú.

Tampoco tienes que tomártelo así.

Yo solo te estoy diciendo lo que veo,

por si tú no te has dado cuenta.

Para que luego no te lleves ningún disgusto.

Sé cuidarme yo solita, gracias.

Si tiene fiebre la tapáis un poco, pero no en exceso.

Que no sude mucho.

No, antibióticos de ninguna manera,

solo el medicamento que os he recetado.

Sería contraproducente.

No te preocupes,

tú hija en dos días estará perfectamente, ¿vale?

Venga. Un abrazo.

Hola, ¿qué puedo hacer por ti?

-¿Qué tal, Antonio?

La asistenta social me ha pasado un parte de lesiones,

una posible víctima de maltrato. -Ah, sí, sí.

Palmira García, sí.

-He visto el informe, pero quería verte en persona

para que me lo cuentes.

-Bueno, vino aquí con un tipo de lesiones

hice la exploración y me di cuenta de que no correspondían

con una caída por las escaleras. -¿Por qué?

-Porque dice que no rodó,

y tenía moratones en la espalda, el hombro,

en la cara interna del brazo...

-Parece que no te ha contado toda la verdad.

-Eso es.

Cuando se lo comenté se puso a la defensiva y salió corriendo.

-El caso es que me suena mucho su nombre, Palmira García.

Miraré en los archivos a ver si encuentro alguna denuncia.

-Si te sirve de algo, trabaja en la zapatería junto al parque.

-Ah, vale, ya sé de qué me suena.

Creo que vino el año pasado a declarar como testigo

sobre un robo de un bolso.

Dijo que lo había visto mientras cerraba la tienda.

-No sé cómo lo ves, pero...

da la impresión de que ha sufrido una agresión.

-¿Sabes si tiene algún episodio parecido en su historial?

-Estuve mirándolo, y hace tres meses vino

con unas lesiones de poca importancia.

Decía que se había caído en la cocina,

pero ahora pienso que el motivo podría ser otro.

-Es probable. Habrá que investigar si se trata de un delito puntual

o de un posible caso de maltrato.

-Os corresponde a vosotras valorarlo.

-Sí.

He visto que lleva diez años separada de su marido,

¿sabes si ahora tiene pareja?

-Me comentó que tenía un novio, que lo dejó hace tres meses.

-De acuerdo.

Me vendría muy bien encontrarme con ella, pero...

será difícil que se abra por primera vez.

-Bueno, tú tienes mucha experiencia,

seguro que acabas ganándote su confianza.

-Lo más difícil es abordar por primera vez y que se abra.

A lo mejor, si me la encuentro casualmente,

quizá sea más fácil.

-Me la suelo encontrar en el mercado, a la hora de la compra.

-Ah, ¿sí? Perfecto,

voy a ver si me la cruzo. -Que tengas suerte.

Si me necesitáis aquí estoy, mi testimonio o lo que sea.

-De acuerdo, Antonio, te voy contando.

-Vale. Adiós. -Hasta luego.

-Don Fernando, me han dicho que quería verme.

-Sí, sí, pasa. Siéntate.

Hay un asunto del que te quería hablar.

Verás,

Julio está empeñado en conocer a fondo la empresa,

así que, quiero que te lo lleves

y le hagas una visita para enseñarle todas las instalaciones.

-¿Otra vez? -Sí.

-Ya estuve con él el otro día. -Lo sé, hijo, lo sé, pero...

aquello fue como una visita turística,

ahora quiere conocer la empresa a fondo,

saber cómo funciona la logística y lo que tiene que ver

con la optimización de recursos.

-¿Usted quiere que le cuente todo? -¡No, hombre!

Ya sabes que hay cosas que no quiero que sepa.

-Una pregunta, ¿su hijo piensa que yo soy un inútil?

-¿Por qué va a pensar eso?

-Porque le veo con muchas ganas de meter las narices en mi trabajo.

-No, no, no te vuelvas paranoico.

Julio solo quiere sentirse útil, y aportar ideas nuevas a la empresa,

yo no me puedo negar. -No, claro, es su hijo.

-Antes de enseñarle la nave ni enseñarle nada,

asegúrate bien de que no encuentre nada que no deba ver.

¿De acuerdo? -Sí, lo he pillado a la primera.

-Mira, hablando del rey de Roma.

-Buenos días. -¿Qué tal, Julio?

Me pillas hablando con Jairo, diciéndole que...

que quiero que te enseñe a fondo las instalaciones

y que vaya resolviendo todas las dudas que te surjan.

-Genial. Estoy deseando empezar. -Sí, genial.

Julio, dame un segundo, ¿vale?

Tengo que hacer una llamada y ya estoy contigo.

-Claro, lo que quieras.

-¿Qué tal? ¿Cómo va todo, hijo?

-Pues bien,

y como empieza a ser costumbre,

me he vuelto a encontrar a esa chica que me gusta.

-Pues sí que estás teniendo suerte. -Bueno, según se mire.

No la veo con muchas ganas de tener nada conmigo, la verdad.

-No te impacientes, si no me equivoco,

todavía no sabes ni cómo se llama. -Sí que lo sé.

Por fin me he enterado. -¿Cómo se llama?

Para buscarla por internet. -Julio...

Cuando quieras.

-Vale, luego seguimos hablando del tema.

-Claro. Luego hablamos. -Hasta ahora.

-Cuídalo.

-Hola, Jesús. -Hola.

-¿Tienes un par de aguacates verdes? Los de fuera están muy maduros.

-Alguno debo de tener en la trastienda,

pero esos están para comérselos hoy mismo.

-Ya, pero yo me los como cuando no está mi hijo,

y a él le dan repelús.

Si los compro tan maduros se me ponen malos enseguida.

-Es que es una fruta muy delicada, por eso voy sacándola

según el grado de madurez.

La gente se empeña en comer frutas y verduras bonitas,

y se olvida de que la fruta es como las personas:

que la belleza está en el interior.

¿He dicho algo que te haya molestado? -Qué va, son cosas mías.

Estoy agobiada en el trabajo y...

al oírte me ha salido la vena sensible.

-¿Seguro que estás bien? -Sí, sí, sí.

¿Me traes los aguacates, por favor? -Sí.

-Palmira...

soy Lola, no sé si te acuerdas de mí.

-Sí, claro, perfectamente.

Tú eres la policía que me trató tan bien cuando tuve que...

dar testimonio del tirón en la zapatería.

-Así, es. Gracias a tu testimonio pudimos identificar al autor.

-Tu compañera y tú os portasteis muy bien conmigo.

-Espe. Espe es un sol.

-Tiene que ser duro, ¿eh?

Vuestro trabajo, todo el día con delincuentes...

-Y con ciudadanos tan concienciados como tú,

que nos ayudan a cumplir nuestra tarea de servir y proteger.

-Ya, de todas formas, tenéis una tarea digna de admirar.

-Muchas gracias.

En comisaría estamos dando

unas charlas informativas a los ciudadanos

sobre los pormenores de nuestro trabajo, ¿te gustaría pasarte?

-Tengo que ir a casa a comer antes de volver al trabajo.

-¿A qué hora abres la zapatería? -A las cinco.

-Pues tenemos tiempo,

el tour no va a durar más de 15 minutos, te lo prometo.

-Mejor otro día, ¿no?

-Otro día tendrás cosas que hacer,

y la verdad es que me haces un favor.

-Vale, vamos, pero que no sean más de diez minutos, por favor.

-Prometido, de vedad. Acompáñame.

-Palmira,

los aguacates.

-Jesús, perdóname, déjalos ahí y luego vuelvo a por ellos.

Tengo que salir un momento. Gracias.

-Mi función como responsable de la ODAC

es atender todo tipo de denuncias por parte de los ciudadanos.

-Ya le he comentado a tu compañera

que la otra vez que estuve aquí me tratasteis muy bien.

-Espe atiende a todos de maravilla. -Lola también hace bien su trabajo.

Dirigir una unidad como la UFAM es muy complicado.

-¿Sabes lo que es la UFAM? -No.

-Ya decía yo que estas jornadas informativas eran necesarias.

-Siéntate y te lo explicamos todo.

¿Quieres tomar algo? -No, gracias.

-Verás, la UFAM es la Unidad de Familia y Atención a la Mujer

que ofrece ayuda especializada y personalizada

a víctimas de violencia de género doméstica o sexual.

-Ya.

-Para nosotros es muy importante la concienciación y la prevención.

Así como hay maltratadores que no son conscientes de que lo son,

hay muchas mujeres a las que les cuesta identificar

que están sufriendo malos tratos.

-Me parece muy interesante,

pero yo tengo que irme a hacer la comida.

Ya me paso otro día con más tiempo. -Espera un momento, por favor.

Verás, lo de las jornadas informativas

era una excusa para hacerte venir.

-Ya me he dado cuenta de que es una encerrona.

Y creo que sé por dónde vas.

-Era muy urgente hablar contigo y no quería hacerlo en la calle.

El doctor Torres nos ha pasado un informe diciendo

que no concuerdan las heridas que tienes con tu explicación.

-Antonio está muy equivocado,

no sé por qué se empeña en que no me caí por las escaleras.

-Los hematomas que tienes, no te pudiste hacer de ese modo.

Por eso hemos activado el protocolo de prevención de violencia de género.

-No estamos diciendo que es tu caso,

pero tenemos que hacerte unas preguntas.

-Muy bien. ¿Qué queréis saber?

-Siéntate ahí, por favor.

Palmira,

queremos saber si has sufrido una agresión.

-No.

Y si sospecháis de Santiago, igual que Antonio,

os digo que no me ha puesto una mano encima.

-Nadie está acusando a nadie,

pero necesitamos hacerte unas preguntas

para saber que todo está bien. -Muy bien. Venga.

-Por ejemplo,

¿quién de los dos decidió poner fin a la relación?

-No sé qué importancia tiene eso, pero lo dejé yo.

-¿Y cómo reaccionó Santiago a la ruptura?

-Normal, al principio estuvo de bajón y...

y luego empezó a salir del hoyo.

Y ahora, aunque no estemos juntos, tenemos buena relación.

-Debes saber que hay hombres que no aceptan la ruptura

y ejercen la violencia contra sus exparejas.

-Ese no es el caso de Santiago.

No sé por qué os empeñáis en que sea una mujer maltratada.

-No nos estamos empeñando,

pero hay muchas mujeres que tienen miedo a denunciar

por las represalias. -Y por el control psicológico

que los agresores ejercen sobre ellas.

-Yo no lo dudo,

y compadezco a esas mujeres, pero no tienen nada que ver conmigo.

-Hemos visto que tuviste una relación

con el padre de tu hijo, ¿qué relación tienes ahora con él?

-Ninguna.

Nos dejó cuando Miguel tenía diez años,

y ya no lo he vuelto a ver. Bueno, sí, una vez,

para firmar los papeles del divorcio.

¿Cuánto tiempo va a durar el interrogatorio?

-Esto no es un interrogatorio, simplemente,

queríamos hablar contigo, aclarar el origen de tus heridas,

y ofrecerte la posibilidad de que denuncies

en caso de sufrir malos tratos.

-Y por nuestra experiencia en estos casos,

hemos puesto el punto de mira en tu pareja reciente, Santiago.

-Pues ni él ni nadie me ha puesto una mano encima.

¿Me puedo ir ya?

¿O me vais a detener por haberme caído por las escaleras?

-Puedes irte, pero recuerda que...

Siempre puedes contar con nosotras para lo que necesites.

-Aquí le traigo a su hijo, sano y salvo.

-Muy bien, muchas gracias, Jairo.

¿Qué, qué tal ha ido el tour?

-Bien, pero me ha faltado ver los camiones

que hacen las rutas internacionales.

-Ya te he dicho que hoy no había ninguno por aquí,

mañana habrá un par cargando mercancías,

mañana te los enseño. -Vale.

-¿Vale? Bueno, me voy.

-Gracias, Jairo.

Cierra la puerta.

Siéntate, anda.

¿Qué tal? ¿Cómo ha ido todo con Jairo?

-Muy bien, la verdad es que el tío controla mucho.

Aunque lo he visto un poco tenso, como...

si estuviera en un examen y fuera a pillarlo haciendo trampa.

-También puede ser normal,

Jairo es un chico muy responsable,

y muy exigente con sigo mismo,

siempre hace más de lo que le pido.

Y se habrá sentido algo nervioso

e intranquilo porque estaba atendiendo al hijo del jefe.

-Claro, puede ser eso.

¿Desde cuándo trabaja aquí?

-Poco más de un año, creo.

-¿Y cómo lo conociste?

-Necesitaba un mozo de almacén y se lo comenté a María,

la dueña del bar La Parra. Ella se lo dijo a Jairo,

se presentó para el puesto, y ya está.

-Sí que ha ascendido rápido en poco tiempo.

Ahora es encargado de seguridad del muelle

y tu mano derecha en la empresa

-Es porque se lo ha ganado a pulso, créeme.

Jairo es un chico que trabaja muy duro,

siempre dispuesto a dar la cara por la empresa

y a mí me viene bien tener a alguien de confianza

y delegar responsabilidades de vez en cuando.

-Pues en la asignatura de gestión aprendí

que si le das demasiado poder a un empleado,

acaba creyéndose imprescindible,

y eso, a la larga, es un problema.

-No creo que pase nada de eso con Jairo, no.

Pero si ocurriese, no te preocupes, porque sé manejarlo muy bien.

-Otra cosa,

no me ha dejado ver la contabilidad, dice que te lo pida a ti.

-Sí, eso es cosa mía y de Alfredo, el contable, pero...

¿De verdad te quieres meter en todo ese follón?

Mira que es un montón de números.

-Sí, me gustaría echarle un vistazo

para tener una visión global de la empresa.

¿La tienes a mano?

-Eh... no.

Ahora mismo no.

Pero se la pediré a Alfredo,

le diré que te prepare un informe fiscal del año pasado

y que te la pase en un pen drive.

¿Te parece bien? -Perfecto.

-¿Sabes qué me parece a mí perfecto en este momento?

Que tú y yo nos vayamos a comer. -Venga, vamos.

-Es normal que Palmira esté a la defensiva,

si está sufriendo malos tratos se sentirá insegura y vulnerable.

-Tendrá el susto en el cuerpo,

así es muy difícil abrirse y confiar en nadie.

-Hola, chicas, ¿qué vais a tomar?

-De primero paella y de segundo...

salmonetes. -Muy ricos.

-Yo lo mismo, que no me apetece pensar.

-Sentaos ahí y ahora os lo llevo a la mesa.

-Aunque el exnovio de Palmira no tenga antecedentes,

estaría bien tener una charla con él, ¿no te parece?

-Me gustaría tener un poco más de información

antes de iniciar el procedimiento,

y solicitar protección para ella. -Y para su hijo.

Que, por cierto,

el chico podría contarnos cómo era la relación de su madre

con el tal Santiago.

-No me gustaría meter a un menor en este caso.

-Pero tiene ya 17 años, creo.

Y, si nuestras sospechas son ciertas,

seguro que ha presenciado algún episodio de violencia.

-La verdad es que el asunto pinta muy mal,

el comportamiento de Palmira

concuerda con el patrón de una mujer maltratada.

-Y el parte de Antonio describe lesiones muy graves,

yo insisto que habría que hablar con el chico.

No sé, nos aclararía muchas cosas.

Por cierto, ¿cómo se llamaba?

Lo miré, pero se me ha olvidado. -Miguel.

No debe ser bueno en los estudios porque ha repetido dos cursos.

-Perdonad que me meta,

¿estáis hablando de Miguel, el hijo de Palmira?

Es normal que repita.

-¿Por qué lo dices? -Porque está siempre de pellas.

Se pasa aquí las tardes jugando a las cartas con sus amigos.

¿Por qué lo buscáis? ¿Ha hecho algo?

-No, pero nos vendría bien hablar con él.

-Si no ha hecho nada, ¿por qué queréis hablar con él?

-No te lo podemos decir, pero te agradeceríamos

que si viene por aquí nos avises.

-Claro, yo os aviso.

Buen provecho. -Gracias.

-Qué buena pinta, ¿no?

Todo esto me parece una broma de mal gusto,

no puedo creer que Julio sea mi hermano.

¿En qué te afecta que tengáis el mismo padre?

En que es muy extraño.

Tengo una mezcla de sensaciones y todas muy confusas.

Ha sido un golpe muy fuerte enterarme de que tengo un hermano.

Pero eso no es culpa de Julio. Claro que no.

Además, él no me cae mal, de hecho, creo que es un buen tío.

¿Te sientes jugando con ventaja?

¿En qué sentido?

Tú sabes que sois hermanos, pero Julio no.

Pero yo estoy deseando que se entere.

¿Por qué?

Porque no quiero que me tire los trastos

ni que piense que puede tener algo conmigo.

Pero te ha dicho que quería ser solamente tu amigo.

No te lo crees.

Consciente o no, quiere algo más, esas cosas se notan.

Entonces, vas a decirle que sois hermanos.

No creo que sea yo quien deba darle esa información.

Ya.

Antes de seguir con este tema quiero hacerte una pregunta.

¿Tú te sentías atraída por Julio antes de saber que erais hermanos?

No.

¿Por qué me preguntas eso?

No pasa nada, no tienes que sentirte culpable

si fuera así. Pues no es el caso.

Ahora mismo para mí fijarme en alguien es ciencia ficción.

solo con pensarlo se me revuelve el estómago.

¿Por qué?

Tú no le quieres decir a Julio que sois hermanos,

¿quién crees que debe darle esa información?

Lo lógico sería su padre.

¿Y no lo va a hacer?

No.

Si tuviera esa intención lo habría hecho

cuando vino a vivir al barrio.

¿Qué puedes hacer tú para que tu padre dé ese paso?

Me imagino que si yo se lo pidiera,

se lo contaría, pero no tengo ninguna gana de hablar con él.

Entonces, tendrás que aceptar esa incomodidad

que sientes cada vez que te encuentras con Julio.

También puedes llamarlo por teléfono.

Llamarlo o hablar con él es lo mismo, a mí me da igual.

¿Y qué es lo que no te da igual?

Sentir que le debo un favor.

Que tengo una deuda con él, eso ya lo viví una vez

y fue muy desagradable. Por un lado me dices

que Quintero no le va a decir que sois hermanos,

por otro, tú estás deseando de que lo haga

y crees que si tú se lo pides él lo haría.

¿Por qué no haces lo que es más conveniente para ti?

Se lo pides, sin darle más vueltas y ya está.

No es tan sencillo.

Cada vez que lo veo pierdo los nervios.

Esa actitud forma parte de tu pasado.

Creo que ahora puedes manejar tus emociones

de una forma mucho más madura.

Creo que tienes razón.

Voy a hablar con él.

Mira que sois pesados,

lo he repetido mil veces, no puedo venderos alcohol,

¿queréis que me echen?

¿Y Miguel dónde se ha metido?

-¿Qué tal, guapa? ¿Me echabas de menos?

-Muchísimo.

-Pues ya estoy aquí para lo que necesites.

-Pues como no sea para barrer...

A ver, qué te pongo. -Pues...

ponme una birrita, ¿no? -Otro igual, madre mía...

Tiene que ser sin alcohol.

-¿Me vas decir siempre que no o qué?

-Hasta que no seas mayor de edad,

te voy a decir siempre que no.

-Pues yo qué sé, ponme un zumo.

-¿De qué lo quieres? -De cebada.

-¡Qué gracioso el niñato!

-Venga, chavales, vamos a echar unas cartitas.

A ver si no os desplumo como la última vez.

Vete repartiendo.

-Lola, soy Paty,

no, no ha pasado nada.

Te llamo para decirte que ha habido suerte,

acaba de entrar Miguel, el hijo de Palmira.

Está jugando a cartas con sus amigotes.

Vale.

De nada. Adiós.

-Ves. -Pues estamos bien.

No, no, dame el "pen drive",

que tengo que devolvérselo a Adolfo, el contable.

-Claro, toma.

-¿Y qué? ¿Cómo has visto las cuentas de la empresa?

-Están bastante saneadas.

-Menos mal, me habías asustado por un momento.

Me alegra comprobar que el dinero que he invertido en tus estudios

ha servido para algo,

porque descifrar todos esos números no lo hace cualquiera.

-Aunque mirando lo bien que marcha Transportes Quintero

no es que te hayas estirado mucho con la pensión.

-¿Por qué dices eso, hijo?

Yo creo que he sido bastante generoso y que no te ha faltado de nada.

-Que no, era broma.

Ahora en serio.

Veo que una gran parte de tus ingresos

proviene del transporte de materiales de construcción.

-Sí, sí, es el sector que deja más margen de beneficio

y con el que más trabajamos.

-Pero entiendo que no quieres hacer negocios con Construcciones SZ.

Si te aliaras con Somoza,

tus ingresos dependerían en exceso del ladrillo,

y es arriesgado.

Si se pinchara la burbuja inmobiliaria...

-Muy bien visto, hijo, me alegro que lo hayas visto

porque eso mismo es lo que yo pienso.

-Haces bien en cubrirte las espaldas,

y diversificar tu clientela, pero yo daría un paso más.

-Ah, ¿sí? ¿Cuál?

-Intentaría hacer negocios en sectores en alza.

El de las renovable es buena opción.

-Parece interesante.

-Lo primero que haría sería un estudio de mercado.

-No sé, también podemos llamar

a algunas de esas empresas energéticas

para que nos digan cuáles son sus necesidades, ¿no?

-Papá,

déjame hacerlo a mi manera, por favor,

quiero demostrarte lo bien que has invertido tu dinero en mi carrera.

-Está bien, tú ganas,

tienes vía libre para hacer ese estudio de mercado

o lo que quieras, y ya me contarás. ¿Vale?

-Genial. Y ahora me voy que...

quiero dar una vuelta. -¿Vas al centro?

-No, voy a dar una vuelta por el barrio,

quiero encontrarme con alguien. -Ah, ¿sí? ¿Con quién?

-Con esa chica que me tiene tan desconcertado.

-Todavía no me has contado nada de esa chica.

-Es que sé muy poco sobre ella.

Solo sé su nombre y su profesión:

Alicia Ocaña, inspectora de policía.

-¿Cómo? -Eso, papá, que es policía.

Trabaja en la comisaría que hay en la plaza de La Parra.

¿Te imaginas que, al final, acabe...

formando una familia con una poli?

-Espera un momento...

Julio, no estarás pensando en formar una familia

con una chica a la que acabas de conocer, ¿verdad?

-No, sobre todo, porque ella sigue pasando de mí.

Aunque es normal, después de lo que me han contado...

entiendo muchas cosas.

-¿Y qué es lo que te han contado

sobre ella, si se puede saber?

-Verás, la camarera de La Parra me dijo

que hace poco mataron al novio de Alicia delante de ella.

Pobrecita,

tiene que haberlo pasado fatal y...

Pero yo no me voy a rendir.

-A ver, a ver...

un momento, hijo. Verás, yo...

no sé, sobre esa chica, es...

No sé, hay muchas chicas en Madrid, ¿no?

¿Te parece? -Sí.

Pero a mí la que me gusta es ella,

y haré lo que pueda para seguir conociéndola.

-Sí, sí, me parece muy bien, pero...

pero pienso que...

igual te estás precipitando.

Por lo que dices que te han contado sobre esa chica,

no lo está pasando nada bien últimamente, y...

Bueno, seguro que está...

bastante inestable emocionalmente y...

sería un error que empezases una relación con...

¿Se puede saber qué te resulta tan gracioso?

-No, no, papá...

Es que no entiendo esta charla

para intentar frenar una relación que, ni siquiera, ha empezado.

He visto a Alicia un par de veces, pero no me está dando bola.

-Sí, sí, pero, no sé...

debes saber que...

Yo solo estoy intentando protegerte, Julio,

quiero evitar que te lleves ningún desengaño.

La verdad, todo esto te lo digo por tu bien.

-Parece que sabes algo de Alicia y no me lo quieres contar.

-¿Yo? No, no, no.

-¿No hay nada que deba saber de ella? -No, nada. Nada.

-Es curioso,

con ella, esta mañana, también tuve la sensación de que me ocultaba algo.

-Supongo que será una casualidad.

¿No? (DUDANDO) -Sí.

Será eso.

Bueno, nos vemos luego en casa.

-Sí, vale. -Hasta luego.

-Hasta luego.

-Hola, Lola, ¿qué te pongo? -Un zumo de piña.

(GRITA MIGUEL)

-¡Madre mía! Si yo apostara de verdad,

me quedaría con tu móvil, con tu consola,

y más de uno me tendría que dar una moto, seguro.

-Aquí tienes.

-¿Me puedes decir cuál de ellos es Miguel?

-El que acaba de ganar, con chaqueta plateada.

-¿Qué tal van las apuestas?

-Que nosotros no estamos haciendo nada chungo,

jugamos sin dinero de por medio.

-Lo sé, lo sé. Me llamo Lola Ramos

y quería hablar un momento contigo si no os importa.

-Yo soy un tío legal, no he hecho una apuesta en mi vida.

-Tranquilo, no es para hablar de apuestas.

-Entonces, ¿de qué? -Ven conmigo y te lo cuento.

-Bueno, id repartiendo, y al loro,

que voy a estar atento por si hacéis trampa.

-Ahora os lo devuelvo, va a ser un momentito.

Verás, Miguel,

quería hablar contigo de un tema muy serio

que tiene que ver con tu madre. -¿Qué le ha pasado a mi vieja?

-Nada, es simplemente... Tenemos...

Tenemos indicios de que está sufriendo malos tratos.

-¿Malos tratos?

¿De quién? -Eso todavía no lo sabemos,

pero tenemos algunas sospechas.

-No sé de dónde sacáis que mi madre es una mujer maltratada.

-Mira, Miguel, si sientes vergüenza

por haber sido testigo de malos tratos sobre tu madre,

que alguien le haya pegado y no has denunciado, no te preocupes.

-Es que yo no he sido testigo de nada,

nunca he visto a nadie pegar a mi madre.

-Yo sé que la quieres mucho y que la quieres ayudar.

Te pido, por favor, que me mires a los ojos y digas la verdad.

¿En algún momento has presenciado

que alguien ejerza violencia sobre tu madre?

¿Y en algún momento ella te ha confesado

que alguien le haya pegado?

-Tampoco.

-De acuerdo, no te voy a presionar más.

Pero si en algún momento quieres contarme algo, lo que sea,

me llamo Lola Ramos y trabajo en esta comisaría.

Pregunta por mí, ¿vale? -Vale.

-Si necesitas llamarme, esta es mi tarjeta.

¿Me la apuntas, Paty? -Claro.

-Hasta luego.

¿Qué?

No me lo puedo creer.

-Pues me voy a cambiar.

Si no te queda mucho te espero y vamos juntas a casa.

-Ya he terminado,

pero intento digerir el mensaje que me acaba de llegar.

-¿Qué pasa? No me asustes.

-Paula ya no quiere la habitación, ¿te puedes creer?

-Estás de coña.

-Mira el mensaje que me acaba de enviar por la aplicación.

Es muy fuerte. -A ver.

"Chicas, lo siento, me apetecía mucho vivir con vosotras,

pero por un asunto familiar me voy de Madrid unos meses.

Lo siento, espero que encontréis alguien.

cuando vuelva os llamo por si todavía está libre la habitación."

-Y ni siquiera se digna a llamarnos.

-Pero era la candidata ideal como compañera de piso.

-Tú lo has dicho, era.

Vuelta a la casilla inicial. -Otra vez a empezar de cero.

-Yo no sé si tenemos mala suerte o el destino trata de decirnos algo.

-¿Qué nos quiere decir el destino?

-A lo mejor no tenemos que alquilar la habitación.

-No, que entonces iríamos muy justas de pasta,

yo ya contaba con ese dinero para la luz, agua, teléfono...

Todo eso. -Sí, yo también.

Pero no le quiero alquilar la habitación a cualquiera.

-Oye, ¿y si el destino nos quiere decir que...

que aceptemos a Fede como compañero de piso?

-Que no, que no... ¡Que no!

Aunque diga que es muy ordenado y que va a hacer turnos de limpieza,

no me lo creo, seguro que es un desastre.

-Que no, que sabe cocinar.

Y, además, es un manitas con la tecnología,

seguro que es un chollo.

-Ya, pero habíamos quedado en que iba a ser una mujer.

-¡Buenas!

¿Ya se muda vuestra compañera de piso?

-Pues no, porque se ha echado para atrás en el último momento.

-No me digas... Pues ya lo siento.

-Más lo sentimos nosotras.

Además, no se ha dignado en llamar, nos ha mandado un mensaje.

-Hay que ver, qué cobardía más absoluta.

-Cobarde, o que realmente ha pasado algo raro,

porque la actitud de esta chica no es normal.

-Otra vez a empezar,

a poner un anuncio en internet, y otra vez...

-Bueno, tranquilas.

Estas cosas pueden cambiar, que hay mucha gente.

Mi oferta para alquilar la habitación ahí está siempre.

-Pues mira, sobre eso mismo estábamos deliberando.

-¿Y qué habéis decidido?

-No hay "quorum" todavía,

no te hagas ilusiones. -Bueno.

Vosotras tomároslo con calma,

lo pensáis y si queréis me lo decís.

¿Vale?

Yo me voy a trabajar ahora,

que soy muy responsable y eso es lo primero.

-Mira, Lola, a mí Fede cada vez me parece más majo,

además, estoy harta de hacer casting de compañera de piso,

una y otra vez. Que no, que no...

-Hola, quería hablar contigo.

-Claro, Miguel. Acompáñanos. -Vale.

(Puerta)

-Sí, pasa.

Gracias, Sebastián.

¿Qué tal, Alicia? ¿Cómo estás?

Bien.

Me alegra que, por fin,

te hayas reincorporado al trabajo.

Sí, ya me imagino.

¿No me crees?

Por favor, Quintero, ahórrate los sentimentalismos.

Sigo pensando de ti lo mismo que la última vez que nos vimos.

¡Alicia, por favor...!

A ver...

Ya te he dicho mil veces

que yo no tuve nada que ver con todo aquello,

no sé qué más puedo hacer para que...

dejes de culpabilizarme por la muerte de Rober.

Dejar de ser un delincuente, pero no quiero hablar sobre eso.

Solo te digo es que no pararé

hasta que los responsables del asesinato de Rober

paguéis por ello.

Ojalá algún día tú y yo podamos tener una relación más...

normal, no sé, una relación de padre e hija

Te aseguro que ese día no va a llegar nunca.

Alicia... Constantemente haces méritos

para que no me olvide de quién eres.

Y la verdad es que te lo agradezco,

a veces, la memoria es débil.

Supongo que este es el precio que me toca pagar

por haber sido un padre ausente todos estos años.

Deja de hacerte la víctima.

Y no he venido a hablar ni de ti ni de mí, sino de Julio.

Sí, ya...

ya sé que os habéis conocido.

¿Y sabes que intenta ligar conmigo?

Sí, sí, sí...

Lo sé.

Lo sé todo.

Y te juro que estoy haciendo todo lo posible

por quitárselo de la cabeza y alejarlo de ti.

¿Y con qué excusa lo has hecho esta vez?

Conociéndote, seguro que no le has dicho

que somos hermanos.

No puedo decirle algo así a Julio, tan...

de golpe, de buenas a primeras, no...

Julio es un chico muy sensible

y sufrió mucho durante mi divorcio con su madre.

Lo de hacer sufrir es algo que dominas a la perfección.

Eso es un golpe muy duro por tu parte, Alicia.

Como tantos otros que tú me has dado antes.

Y respecto a Julio, ¿se lo vas a contar, sí o no?

Sí.

Se lo voy a contar,

pero en su momento.

¿Y a qué esperas?

¿A que se termine de enamorar de mí o a que sea demasiado tarde?

¡Alicia, por favor, no digas tonterías!

¡Te exijo que hables con Julio hoy mismo!

Y que le cuentes que llevamos la misma sangre.

¡Lo voy a hacer, maldita sea!

Pero cuando llegue su momento, Alicia.

Tienes que entenderlo, te lo pido por favor.

Julio acaba de llegar a Madrid, lleva muy poco tiempo aquí,

y nos estamos conociendo.

No solo como padre e hijo, también como personas.

Maldita sea, no...

no puedo agobiarlo soltándole algo así de golpe.

¿Agobiarlo?

Ya.

¿Prefieres mentirle?

Hay veces que creo que no te oyes.

Tú hablas, pero todo lo que dices está vacío.

Julio tiene derecho a saber la verdad.

¡Pues ve y díselo!

¿No tienes tantas ganas de contárselo?

¡Corre, corre! Y díselo ahora mismo.

Yo no tengo ningún problema en hacerlo,

pero te guardará rencor para toda la vida.

No creo que me tenga más rencor del que me tienes tú.

Por tu bien espero que no sea tanto.

Haz lo que tengas que hacer, Alicia.

¿Qué quieres que haga yo?

Si al final siempre vas a hacer lo que a ti te dé la gana.

¿Quieres ir a decírselo?

Ve y cuéntale todo.

Te pasas la vida pidiéndome que te ceda un sitio como padre.

Que te reconozca.

Pero cuando tienes la oportunidad de hacerlo

le das esa responsabilidad a otro.

No te equivoques, Alicia, ¡maldita sea!

Julio tiene todo el derecho a saber la verdad,

y tengo que ser yo quien se lo diga,

pero cuando llegue su momento.

Y mientras yo tengo que aguantar que se monte una película conmigo

porque no sabe que soy su hermana.

Lo sé, Alicia, lo sé, maldita sea,

sé que esta situación es muy jodida para ti.

y lo siento mucho, pero... Pero nada.

Tienes de margen hasta mañana, si no se lo cuentas tú, lo haré yo.

Y no creo que le guste enterarse por mí

y no por su propio padre.

Te recuerdo...

que es una experiencia muy desagradable.

"¿Sí?"

-Julio, ¿cómo estás?

Te llamaba porque quería...

E...

¿Vas a cenar en casa esta noche?

"No, voy a salir, ¿por?"

-No, por nada.

-"Perdona, debería haberte llamado".

-No, no, no te preocupes,

tranquilo, pásatelo bien y diviértete.

Ya hablamos mañana, ¿vale?

-"Venga. Buenas noches".

-Hasta luego, hijo.

-Yo no estoy seguro cien por cien,

pero tiene que ser él quien le pega.

-Te refieres a Santiago, ¿no? La expareja de tu madre.

-Yo no sé si es su ex o no.

Lo han dejado muchas veces y...

al final acaban volviendo.

-¿Alguna vez le ha pegado a tu madre delante de ti?

-No.

Aunque a veces viene a casa llorando después de estar con él.

-¿Dirías que tu madre le tiene miedo a Santiago?

-Sí, seguro.

-¿Y a ti te ha pegado alguna vez?

-No.

Aunque una vez estuvo a punto.

-Ya. Siéntate, Miguel,

y nos cuentas con más detalle qué es lo que pasó.

-Pues...

mi madre y su novio

estaban discutiendo y...

como casi siempre, era por mi culpa.

-Por tu culpa, ¿por qué?

-Es que yo nunca le he gustado.

Siempre me ha visto como un estorbo

en su intento de irse a vivir con mi madre.

Por eso nunca le he caído bien.

-¿Y ahora qué relación tenéis?

-Nos saludamos cuando nos cruzamos en la cocina, pero nada más.

-Ya.

Vamos a tener que hablar con tu madre para que denuncie,

pero creo que no va a ser tarea fácil.

-Bueno, a lo mejor yo puedo convencerla.

-Esa es mucha responsabilidad,

no creo que te corresponda a ti asumirla.

-Pues no sé quién podría hacerlo,

nosotros no hemos conseguido que Palmira se abra,

y no será porque no lo hemos intentado.

-Bueno, dejadme a mí,

a lo mejor yo lo consigo, ¿no?

-Eso facilitaría mucho las cosas.

-Y...

una pregunta, ¿qué le va a pasar a Santiago?

-De momento, vamos a iniciar una investigación oficial,

trataremos de que confiese lo antes posible.

-Es que...

tengo miedo de que le haga más daño a mi madre.

¿No lo vais a meter en la cárcel?

-Eso no depende de nosotras, Miguel.

Probablemente el juez como medida cautelar

le ponga una orden de alejamiento.

Eso es todo, Miguel.

Muchísimas gracias por la información que nos has dado.

Seguramente contactaremos contigo más adelante.

-Cuando queráis.

-Pues muchas gracias y...

a ver si hay suerte y consigues que tu madre venga a vernos.

-Hasta luego. -Hasta luego.

-Ayer lo pillé hablando con uno de los camioneros.

-Volveré a decirle que solo hable contigo y conmigo.

Tú habla con los que están en el ajo.

Diles que no se tomen muchas confianzas con él.

-El problema es que su hijo hace demasiadas preguntas.

Y lo peor de todo es que no es tonto.

¿Tú no habías ido a buscar al ex de Palmira?

¿Se ha negado? No estaba en casa.

Los vecinos lo vieron por última vez hace dos noches.

¿Sabemos dónde trabaja? Está parado desde hace varios meses.

-Ha podido huir si sabe que lo andamos buscando.

No podemos descartar la posibilidad

de que Palmira esté protegiendo a su agresor.

Podría estar atrayéndola para volver a agredirla.

-Si tienes que ir al instituto vete, no vayas a llegar tarde.

-Si sabes que a mí el instituto me la trae floja.

Pesada, que eres una pesada.

Nunca estás contenta con nada,

siempre con ese careto que parece que vienes de un funeral.

-Vete si quieres, Miguel, voy a comprar solo un par de cosas.

-¿Que a Julio le gusta Alicia?

-Mira que hay mujeres en Madrid

para tener que fijarse, precisamente, en ella.

-Buenos días.

¿Qué, Jairo, seguimos?

-No, Julio, prefiero que te quedes,

me gustaría hablar sobre un asunto contigo.

Déjanos solos, Jairo.

-Palmira, qué maja.

Y qué mal que lo está pasando, ¿no?

-La verdad es que lo está pasando muy mal, tiene problemas.

-Sí, bueno, problemas familiares

que tienen nombre propio.

-¿De qué hablas?

-Más bien de quién hablo.

Del bestia que la maltrata.

-Le agradecemos que haya venido, no sé si los vecinos se lo han dicho.

-He venido lo antes que he podido. -Gracias por la rapidez.

-¿De qué se trata? ¿En qué puedo ayudarlas?

-Es referente a Palmira García.

Queríamos hacerle unas preguntas. -Por supuesto.

-Esta noche toca Absalon en un bar de Malasaña.

¿No los conoces? No.

Son un grupo "indie" muy guay, seguro que te gustan.

Me pillas fatal, esta noche tengo otro compromiso.

Estoy haciendo el seguimiento de las visitas

de nuestro anuncio para buscar compañera de piso.

-¿Qué tal? ¿Cuántas ha habido?

-Ni una. Cero.

-"Os adjunto mi última nómina

en una empresa de cosmética

donde soy técnica perfumista".

"Siempre me acompañan buenos olores".

Bueno, a ver cómo te lo explico yo, querida amiga perfumista.

-¿Tienes una hija?

-Tengo una hija, sí.

Mi relación con ella es bastante complicada,

ella sigue diciendo que su verdadero padre

es el hombre con el que se casó su madre.

-Si tengo una hermana, me gustaría conocerla.

-Esa es la cuestión, hijo, que...

que la ya conoces.

-¿Recuerda que me pidió investigar el pasado de Alicia Ocaña?

-Y de la inspectora Miralles también.

-En este caso le traigo información sobre Ocaña.

-Cuénteme, pues.

-Es hija de Fernando Quintero.

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  • Capítulo 214

Servir y proteger - Capítulo 214

07 mar 2018

Todavía en shock por saber que Julio es su hermano, Alicia le da un ultimátum a Quintero: o él le dice la verdad, o tendrá que hacerlo ella. Antonio pone en alerta a Lola sobre el caso de una vecina, Palmira, que acude a su consulta con lesiones que relaciona con malos tratos.

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