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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 211 - ver ahora
Transcripción completa

y por eso me negué a tener una relación contigo.

Ahora sé que estaba equivocado.

-Muchas gracias.

-¡Epa ahí! ¡Cuidado!

Eres rápido de reflejos, gracias.

No quería molestarte, pero me encantaría quedar.

¡Ya vale!

¿No queda claro que no quiero nada?

Ese chico,

aunque simplemente quedes para tomar un café,

te puede ayudar a darte cuenta de que tu vida sigue.

-Alicia es inspectora de policía

y hace cosa de dos meses se iba a casar

y mataron a su novio en el altar.

Desde que se fue con Olga a París apenas hemos hablado.

No se pone al teléfono.

Es su manera de castigarme. Además es que...

no veo claro que lo vayamos a arreglar.

Me dijiste que ya no es tan comprensivo

con la dedicación que exige tu trabajo.

¿No eres tú el que dice que los problemas se solucionan

con ayuda de profesionales?

Pues en este caso, no.

Para discutir ya discutimos gratis en casa

y no delante de una extraña.

-Pues la verdad que sí, que está estupenda.

Dan ganas de probarlo todo.

-Hemos intentado que sea un local en el que apetezca entrar

y que la gente se sienta como en casa.

-¿Has hecho las paces con María?

-Me parece que sí.

La verdad es que es una mujer increíble.

-Desde que se pasó por la tienda

a hacer las paces, el tío está en una nube.

-¿En serio?

-No se le borra la sonrisa de la cara.

En la cena no paró de hablar de ella.

María esto, María aquello.

-Mira, no tengo por qué darte ningún tipo de explicaciones.

Pero como soy maja, te las doy: no, no es mi novio.

Como te dije, es un amigo, ya está.

-¿Qué? (RÍE) -Ya, ya.

-En fin, ¿qué te pongo?

-No, no. Se me ha hecho tarde.

Tanto esperar... me tengo que ir. Gracias igualmente.

-¿Podrías darme tu número de móvil?

No hace falta.

Sabes dónde trabajo.

¿En serio puedes involucrarte personalmente

con alguien relacionado en un caso y ser objetivo?

Si no ha empezado bien, ahora es momento de atajarlo.

Se distrae con mucha facilidad cada vez que ve a un mujer.

¿Te gusta la bossa nova?

Hay concierto esta noche en un local del que hablan bien.

¿Por qué no?

Me apetece salir y así conozco gente en Madrid.

-Por sus negocios en España y en Europa.

-Gracias, Tano.

-Si tus enemigos saben tus intenciones,

estás perdido; pero si vas y se las dices

tú mismo es que eres tonto.

Así que no vas a ir a esa fiesta.

¿Te queda claro?

-¿Cuánto concretamos una cita?

-Pues no lo sé, la verdad.

Últimamente tengo la agenda muy apretada.

-Seguro que encontrará un hueco.

Quería mirarle a los ojos y decirle que es un asesino.

Y que en España...

los asesinos acaban en la cárcel.

Hay que tener paciencia.

Esperar a que Somoza cometa un error

y, entonces, caer sobre él.

Necesitaba decirle lo que pienso de él.

Usted mató a mi hermano.

Y yo voy a hacer lo mismo.

-Mi hijo, tengo demasiado tiempo en este negocio

como para no tomar precauciones.

Si lo dejé llegar hasta aquí es porque quería verle la cara, huevón.

(Música emocionante)

(Música tranquila)

(Llaman a la puerta)

¡Permiso!

Traigo las diligencias del caso del robo de relojes, ya sabes,

del amigo del comisario.

Gracias, Elías.

Al final el prenda del hijo no tenía que ver.

Ah, ¿no?

Al final la ladrona era su mujer, compinchada con su amante.

Vaya...

Pues eso, le sisaba los relojes

y luego los vendía y le daba el dinero

a su exnovio. Bueno, no tan ex,

seguían intimando, por lo menos hasta ayer.

Menuda tiene el comisario para contarle a su amigo

el culebrón que tiene en casa. (RÍE)

Oye, Claudia, ¿has escuchado alguna de las palabras que he dicho?

Disculpa.

Discúlpame. Tenía la cabeza en otro sitio.

En un sitio muy lejos de comisaría, ¿no?

Me hablas del robo de los relojes, ¿no?

No te vas a centrar en nada

hasta que no sueltes lo que tienes dentro.

¿Es por Antonio?

Por Antonio, por Olga, por todo.

Tengo la impresión de que mi vida se derrumba ante mis narices.

Pero antes de que se derrumbe el edificio entero,

vayamos por plantas. ¿Qué le pasa a Antonio?

¿Sabes lo que me ha dicho hace un rato?

Que no quiere volver a hacer terapia de pareja.

Eso es muy raro, siempre pide ayuda profesional

siempre es muy partidario de consultar a expertos.

Pero me ha dicho que no.

Que para discutir ante extraños mejor discutimos en casa solos

y sale más barato. ¡Y se ha largado!

Se ha ido así, tal cual.

Tengo la impresión de que...

ha tirado la toalla y ya no quiere pelear por lo nuestro.

No sé qué decirte, tampoco me quiero meter mucho

en vuestra relación.

Como decía Tolstói, cada familia es infeliz a su manera.

¿Tolstói?

Eso ha sonado a intelectual.

Bueno, uno tiene mucho tiempo libre cuando ha dejado la botella.

¿Y qué diría Tolstói de mi relación?

Diría que cuanto más viejo te haces, menos entiendes las relaciones.

Si no, mira a estos dos del robo de los relojes.

¿A ti te parece normal una relación donde robas a tu pareja

para dárselo a tu amante? ¿Qué relación es esa?

¿Hum?

(Llaman a la puerta)

Hombre, comisario.

¿Ha conseguido hablar con su amigo?

Detendremos a su mujer cuando quiera.

Gracias, pero no hace falta.

Perdone, pero no le entiendo.

Tenemos pruebas más que claras de que fue ella.

Félix me ha dicho que prefiere no continuar con este asunto.

Ya. ¿Y por qué?

Me ha explicado que no le importa lo del robo

con tal de seguir con ella.

¿Y tampoco le importa lo de su amante?

Parece que tampoco.

¿Lo ves? Lo que te decía. Cada pareja es un mundo.

Algunos de esos mundos son completamente indescifrables.

Bueno, yo me largo, que tengo otros casos que atender.

Gracias, buen trabajo. Pero de este mejor olvídate.

Pues sí, señor.

Cada familia...

es infeliz a su manera.

¿Perdona?

Eh... ¡Nada!

Cosas de Tolstói.

Si no tiene nada más, tengo mucha tarea pendiente.

Por supuesto. Aquí te dejo esto.

¿Seguro que estás bien?

Cualquier cosa que necesites, ya sabes.

(Música emotiva)

¿Qué tal con Fede?

¿Solucionó tu problema informático?

-No, no solo eso.

Reconfiguró la seguridad de la red y aumentó la señal.

Ahora tengo wifi en todo el piso y los vecinos no me roban Internet.

-¿Viste como era buena idea pedirle ayuda?

-Sí, es una chico majísimo. Tenías razón.

-No sé por qué te daba miedo pedirle que te ayudara.

-Que no era miedo, era vergüenza.

Su trabajo no consiste en arreglarle Internet a los compañeros.

Tenía la sensación de que era una aprovechada.

-Qué va, él está encantado. No hay más que verle la cara.

-Sí, la verdad es que es muy majo. Te ayuda sin esperar nada a cambio.

Es...

-¡Epa, Fede! Cuidado, que nos chocamos.

-Perdón, estaba un poco... "atolondrao".

(RÍE) -¡No hace falta que lo jures!

¿Se puede saber qué mirabas?

(NERVIOSO) -Eh... Pues mira, una cosa de informáticos.

La última novedad en servidores de seguridad.

-No sé qué veis en ese cuento para fliparos tanto.

-¿Los servidores de seguridad? ¡Eso es lo más divertido que hay!

Yo me puedo pasar horas mirándolo.

Me quedo como abducido.

-Chica, cada loco con su tema.

(ASIENTE) Tú lo has dicho. Y los míos me reclaman.

-Espe, ¿hablaste con Lola?

-¿Eh?

¿Con Lola por qué?

-Por la habitación libre que tenéis en el piso.

Cada día sin alquilar, perdéis dinero.

-Ya. La verdad es que es una pena tenerla vacía.

-¿Y la vais a alquilar?

-No, no creo, no creo.

Lola prefiere estar tranquila

y, aunque pierda un poco de dinero,

no creo que la convenza.

-Pero tenerla cerrada es de locos.

-No, no está cerrada.

Lola quiere poner ahí un "gym".

Dice que el Atlas no le gusta con la nueva dirección.

-Yo no lo veo.

No lo veo. Mira, está estadísticamente probado

que los "gyms" que se instalan en casa

no funcionan.

-Bueno, ¿por qué?

-El rendimiento baja mucho.

Ya verás cómo Lola lo ve en un momento.

-No me importaría compartir piso con una tercera persona.

-¡Hum! ¡Claro!

Con una tercera persona amable, responsable, ordenada...

Y no tener un gimnasio que no conduce a nada.

(ASIENTE) -¡Huy, espera!

(Móvil)

Ay, mira. Lola.

Precisamente.

Lola, ¿qué tal?

¿Sigues en Tenerife o qué?

-"No, estoy cogiendo el avión. Esta noche llego".

-¡Esta noche! Qué ganas tengo de verte ya.

-Yo también, ¡la de cosas que tengo que contarte!

-Pues nada, te espero para cenar.

Chao bonita. Chao, buen viaje.

¿Qué?

-No, que la saludaras, así... de mi parte.

-¿Te puedo ayudar?

-No, estoy curioseando un poco.

-Pero, pero... ¿tú no eres amigo de Paty?

¿No te acuerdas de mí?

Nos conocimos hace un par de días en la plaza.

-Sí... David, ¿no? -Eso es, sí.

Pensé que ni te acordarías porque no hiciste ni caso.

-Ese día estaba yo un poco rayado. No lo tengas en cuenta.

Trabajas aquí, ¿no?

-Sí, la tienda es de mi padre.

Yo le echo una mano. ¿Te gusta?

-Sí, está bien.

Lo que no sé es qué diferencia hay con un frutería de siempre.

-¿Me vas a comparar la fruta ecológica y la industrial?

¿Sabes qué de metales tóxicos lleva la que comes?

Aparte del porcentaje mayor de antioxidantes

del producto cultivado de forma natural.

Dos raciones de verdura ecológica

equivalen a cinco de fruta o verdura industrial.

-Ya, ya...

Pero... ¿y el sabor qué?

Al final el sabor es lo que cuenta.

A mí donde se me ponga una buena tortilla

de patata de La Parra, que se quite lo demás.

-Vamos a surtir de cebollas y patatas a La Parra.

También les llevamos huevos de gallinas en libertad.

¿Por eso te veo tanto por allí, porque les llevas cosas?

-Bueno, también me gusta, como a ti, la tortilla.

-La tortilla y la Paty.

¿No?

Porque siempre te veo de charleta con ella.

-La verdad es que está portando fenomenal conmigo.

-¿Sí? -Sí, sí.

Es una tía estupenda.

Como soy nuevo en el barrio, me está ayudando a integrarme.

-Qué bien. Invítala a salir, se nota que te gusta.

-Sí, bueno, me gusta. Es muy guapa.

Pero ya te digo que solo somos amigos.

Hace muy poco que la conozco.

-Pero si alguien te gusta, te tendrás que lanzar con todo.

-Bueno... ¿te vas a llevar algo o qué?

-No, hoy no.

Pero gracias por enseñarme la tienda.

-Vale.

-Cada vez que te escucho hablar de Paty

estás más embobado con ella.

-¿Ahora espías mis conversaciones?

-Reconoce al menos que se gusta.

-Claro que sí, ¿y?

-¡Claro, dice!

Lo que te pasa es que estás enamorado hasta las trancas.

-¿Qué dices, enamorado yo? ¡Venga!

No tienes ni idea de lo que hablas. -Claro.

-¿Jesús Merino, por favor?

-Sí, soy yo.

Por fin ha llegado.

Gracias.

-Una firmita por aquí. -Sí.

-¿Qué es lo que esperabas?

-Pues un regalo para ti. -¿Para mí? ¿Y eso?

-¡Espérate! Ahora lo verás.

Toma.

Espero que te guste, lo compré por Internet.

-¿Un libro?

-"Vademécum farmacológico".

-¿Y esto para qué es?

-Para estudiar Medicina. Tendrás que aprender

medicamentos, formulaciones... Esas cosas.

-Claro, muy práctico, sí señor, aunque...

No sé, parece una edición un poco antigua.

Seguro que hay información más actualizada en Internet.

-Seguro, pero esto se puede tocar, se puede oler...

Huele, huele. ¿A qué huele?

¡A conocimiento, a sabiduría!

A lo mejor es verdad, no lo vas a usar,

pero creo que es como un símbolo

de tu carrera y en lo que te convertirás.

David Merino:

doctor en Medicina.

-Claro, el símbolo...

Bueno, pues... muchas gracias.

-¿No te ha hecho ilusión?

-Sí, mucha. De verdad, papá.

Es solo que no me lo esperaba.

Voy a guardarlo, no se vaya a ensuciar con la fruta.

-Buena idea.

(Música agradable)

-Tu infusión.

Gracias. De nada.

¡Paty! Dime.

Eh...

¿Qué sabes de Olga?

¿Cómo que qué sé de Olga?

Llevo días sin hablar con ella

y como estáis conectadas siempre por el chat...

Bueno, no sé qué me ha podido contar a mí que no te haya contado.

Paty, por favor.

Tú sabes que una hija le cuenta más cosas

a una amiga que a su propia madre.

Yo sé que le gusta un compañero de clase.

Un japonés.

Toriumi.

Ya sabes más que yo, ni idea del nombre.

Pero vamos, que es amor platónico lo de este chico.

Yo digo que es un amor entre fogones:

le gusta más por cómo cocina que por cómo es.

(ASIENTE)

¡Cuenta más!

¿Qué más quieres que te cuente?

A ver, no sé... (PIENSA)

Chocan mucho.

Chocan porque a Toriumi le pone de los nervios

que Olga sea tan de improvisar y de calcular a ojo.

Sabes cómo es. Sí, sé cómo es,

pero me gusta recordarlo. Ya.

Y Toriumi, en cambio, es más serio, más estirado,

todas sus recetas están al milímetro...

Se está preparando para cocinar pez globo,

que parece ser que si te sales un poco de la receta,

puedes envenenar al que lo coma.

No me extraña que no improvise.

Cuando vuelva, me ha dicho que podremos un local.

Ella en la cocina y yo en la barra.

Pero vamos, que es solo una idea.

(ASIENTE) Sí.

Yo tengo unas ganas de que vuelva... locas.

Se me cae la casa encima, sin ella es muy aburrido.

¿De verdad?

Y yo que pensaba que tú y Antonio estabais montando fiestas diarias

con los amigos y recuperando el tiempo solos y eso.

¿Fiestas? Pues no.

No, no es el caso.

Hola. ¿Me pones un café con leche, "porfa"?

-Ahora mismo.

-Hola, Claudia.

¿Qué tal, Teresa? Bien.

¿Y tú? ¿Todo bien?

(DUDA) Eh...

Verás...

Es por... (TOSE)

Es por la sesión de terapia.

Antonio no se ha sentido muy cómodo

y me ha pedido que anule la próxima cita.

(RÍE) Ni te preocupes.

Es una reacción que sucede a menudo.

No, no, no. Pero en Antonio no.

En Antonio no es normal porque él siempre...

siempre es partidario de buscar ayuda profesional.

Bueno...

Y no...

Gracias.

No te imaginas cómo me ha dicho que no quería volver.

Ya...

Mira, el ser humano es muy resistente al cambio.

Cuando se acostumbra a que algo

sea de una manera es muy difícil variarlo,

para lo bueno y lo malo.

¿Pero qué hago para que cambie de opinión?

¡Claudia, si es que...! ¡Ay, lo siento!

Guerra de guerrillas.

Se lo vas diciendo de vez en cuando, se lo recuerdas,

sin insistir demasiado, porque se puede atrincherar.

Ya veo que también eres experta en táctica militar.

(RÍE) Hay que saber de todo en esta profesión.

Ya... ¡Paciencia!

Verás cómo cambia de opinión.

Ojalá tengas razón.

Bueno... Ya no molesto más, venga.

(Música melancólica)

(SUSURRA) Otra vez las riñas.

(Música tensa)

¿Tienes un minuto? Es un asunto personal.

Tú dirás. ¿Pasa algo¿

Es por Nerea, mi prima.

Sé que esta noche vas a salir con ella.

Pues sí. ¿No te parece bien?

Pues no mucho, la verdad.

Con tu historial, no me puedo esperar nada bueno.

¡Mi historial! Ni que me conocieras de siempre.

Tampoco me hace falta.

Con lo ocurrido con Carol me es suficiente.

No creo que eso sirva para juzgarme.

Solo me gustaría que a mi prima la tratases mejor.

¿No crees que es un asunto de mi vida que no te incumbe?

Por muy jefa mía que seas, no tienes por qué meterte.

Nerea es mi prima.

Y mayor de edad, no es ninguna cría.

Seguro que sabe tomar decisiones, elegir con quién sale

y hacer lo que le dé la gana.

Muy bien. Solo te estoy avisando.

Pues muchas gracias, inspectora.

Pero dudo que Nerea necesite que su prima vaya por detrás

intentado protegerla.

Tienes razón, la verdad.

No debería preocuparme, le he avisado del tipo que eres.

(RÍE) Ah, ¿sí? ¿Y qué le has dicho?

¿Que soy un chulo que se acuesta con todas?

Muchas gracias de nuevo, me has hecho un favor.

Por experiencia, nada pone más a una tía

que dar con un tipo como yo.

Eres un machista. No.

Simplemente sé disfrutar de la vida.

Te aseguro que ninguna chica con la que he salido

ha quedado defraudada.

De hecho, me vuelven a buscar para quedar.

Te estás pasando.

La única que se pasa eres tú,

mezclando lo personal y lo profesional.

No estoy haciendo nada malo.

¿Eh? ¿Algún problema?

Si tenéis algo que discutir, mejor en un sitio privado.

Disculpe, comisario.

Nos... nos ha dado por hablar de fútbol

y nos hemos calentado un poco.

¿Es eso cierto, Alicia?

Sí.

No sabía que eras aficionada al fútbol.

Hasta ahora nadie se había metido con mi equipo.

¿Y qué equipo es ese?

El Zaragoza.

¿El Real Zaragoza?

El equipo de Pardeza, ¿no?

Sí.

Me gusta mucho su escudo.

El león es mi animal favorito

y no me gusta que me recuerden que seguimos en segunda.

Está bien, la próxima vez que queráis hablar de fútbol,

lo hacéis en un bar. ¿Está claro?

Sí, comisario.

Si me disculpáis...

Oye...

Siento haberte levantado la voz.

No quiero problemas contigo ni con tu prima.

Tienes razón en una cosa:

es un asunto personal que no debería sacar aquí.

Bueno, por si te interesa,

solo la llevaré a un concierto.

Somos nuevos en la ciudad y queremos divertirnos.

No hay nada de malo en eso.

Estoy de acuerdo.

A Nerea le vendrá bien salir un rato.

(Música tranquila)

Alicia, si quieres, puede venirte.

Sí, relajarte y disfrutar un poco te vendrá bien.

En la vida hay que ver de vez en cuando el lado bueno.

O todo se convierte muy pronto en una mierda.

Gracias, pero os lo pasaréis mejor sin mí.

¿Seguro?

Seguro.

No sé si podré volver a ver el lado bueno de nada.

Vivir en las desgracias del pasado no sirve para nada.

Lo siento, no puedo olvidar tan fácilmente.

Y... ¿lo del Real Zaragoza?

Era el equipo favorito de Rober.

No sé por qué, pero lo era.

Él me contó lo del escudo con el león.

¡Cómo no te va a doler la espalda! ¡Mira qué postura!

-¿Cómo quieres que me ponga? Soy un culo inquieto,

que no paro un momento.

-¡La espalda recta!

Rodillas a 90 grados, pies en el suelo,

hombros un poco para atrás.

-Es peor. Antonio, leches, es como más me duelen las lumbares.

-Ya. Tendrás que hacer más ejercicio.

-Si hago remo y musculación y...

Bueno, hacía. Vamos, que...

-¿Lo ves? Haz ejercicio con un monitor.

-Está bien.

Me ha quedado claro: aguantar el dolor y punto.

Como hacen algunos en comisaría.

-¿Qué has querido decir con eso?

-Me refiero a Claudia, Antonio.

Verás, Antonio, no he venido aquí por lo de la espalda.

Es que...

veo a Claudia muy preocupada

y creo que tú tienes algo que ver con eso.

-¿Qué pasa?

¿Va contando en comisaría nuestras terapias o qué?

-No, tu mujer no va contando nada. Yo le he tirado de la lengua

y la he interrogado. La veo muy tocada.

-También estoy tocado y no lo voy contando.

-Cálmate y cuéntame por qué no quieres volver a terapia.

-Porque salgo más cabreado que entro.

¡No quiero hablar de mis problemas! Prefiero centrarme en otras cosas.

-Ya, pero, si me lo permites,

déjame que te diga que estás equivocado.

Con Raquel, mi mujer, me pasó lo mismo.

Decía que no pasaba nada, que no tenía importancia...

y un día llegué a casa y no estaba, se había marchado.

-No creo que sea nuestro caso.

-Yo no digo que lo sea, solo te cuento lo que me pasó.

Y todas esas crisis con Raquel, y con mi hijo también,

acabaron haciendo de mí un alcohólico.

Eso por no tratarlo a tiempo.

-Nuestra relación no va tan mal ni seré un alcohólico.

Perdona, no quería ofenderte.

-No lo has hecho, no tienes por qué pedir perdón.

Lo único que quiero es que no le des la espalda a los problemas.

-No es fácil, ¿eh?

-Ya, pero cuanto más tarde, más difícil será.

Mira, por una vez voy a hacer yo de doctor, ¿vale?

En la pareja, como en la vida,

hay que ver los síntomas cuando empiezan a dar problemas

y así ya atacar la enfermedad en profundidad.

Yo os aprecio mucho a los dos y...

y solo quiero lo mejor para vosotros, ¿vale?

Así que haz el favor de... de cuidarte

y de cuidarla a ella, ¿eh?

-Gracias, Elías. Gracias.

(Música emotiva)

-Vale, vale.

-Perdona, no encuentro los contratos de compraventa

de los terrenos de construcciones SIMA en el ordenador.

-Esa operación es de hace más de 10 años.

Debimos llevarlo al archivo hace tiempo.

-¿Al archivo?

-Claro, no vamos a conservar toda la documentación en la oficina,

estaríamos sepultados.

-Sí, claro, lo entiendo.

Pero me extraña que nadie me haya hablado de ese sitio.

-Deberían haberlo hecho.

En cualquier caso, no creo que haya nada tan importante en la oficina

como para trabajar a esta hora.

-Mañana te contaré todo lo que haga falta.

-No te preocupes.

Hacía tiempo, me recogerán para un concierto

y quería aprovechar para adelantar para mañana.

-¿Vas con Alicia? No me lo ha comentado.

-No, con un compañero suyo.

-¿Un policía? -Sí.

(RÍE) -No sé qué afición tiene esta familia

por los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado.

(RÍEN)

-También te quería contar otra cosa. -Dime.

-Me he apuntado al turno de oficio.

Lo quería hacer hace tiempo.

Creo que tenemos la obligación de defender

a quienes no se pueden costear una defensa.

-Me parece bien, ¿pero crees que podrás con todo?

Me parece demasiada carga el bufete y el turno de oficio a la vez.

-Sacaré tiempo de donde sea.

Sabes que soy abogada de vocación.

Aunque te pueda sonar un poco ingenua,

defender solo a grandes empresas

me haría sentir que me traiciono a mí misma.

-Que sepas que te voy a exigir lo mismo.

No quiero que el trabajo aquí se resienta.

-Lo sé, pero voy a poder.

Para mí es fundamental atender esos pequeños casos

que me recuerdan que la justicia es para todos.

-Adelante, por mí no hay problema.

Siempre y cuando no sufra el trabajo en el bufete.

-Gracias, tío.

(Llaman a la puerta)

Perdón, no sabía sí... Pasa, Iker.

Te presento a mi tío Marcelino, el padre de Alicia.

Encantado. Soy el nuevo compañero de su hija.

Me alegra conocerte porque quería pedirte un favor.

Usted dirá.

Que cuides de Alicia.

El Distrito Sur, ya sabes... Marcelino...

no se preocupe.

Prometo hacerlo lo mejor que pueda.

(Pasos acercándose)

¿Estás lista? Te estaba esperando.

Pues vamos.

Buenas noches, Marcelino. Buenas noches.

Diviértanse.

Estás preciosa. (RÍE)

(Timbre)

¡Ah! No me digas que has olvidado las llaves.

-Las dejé en la maleta y me daba pereza sacarlas

Bueno, ¿qué?

¿No me vas a dar una abrazo?

(RÍEN)

-¡Te he echado mucho de menos!

La casa necesita más de una para armarla.

-Yo también te echaba de menos.

Siento no haber estado con lo que has pasado

con la caldera, las psicofonías...

-Tú ríete, pero pasé un miedo...

-Me tienes que contar con detalle. No me enteré bien.

-Te lo contaré con calma.

Pero tú, ¿cómo te lo has pasado en Canarias?

-De miedo: ha sido bajar del avión y ver el frío

¡que cómo echo de menos la playa!

-Con lo bien que se está de verano. -Ya te digo.

¿Qué con el arquitecto sevillano? ¿Era Ramón?

-Ramón.

Pues superbién. Mejor de lo que esperaba.

-¿Sí? Cuenta, cuenta, que la cosa promete.

(RÍEN)

-Al principio esta reacia a irme con él,

pero me lo he pasado tan bien...

Hemos hecho de todo, hemos ido a la playa,

hemos buceado, ido al Teide... Hemos hecho de todo.

-¿Y qué tal el todo, todo? -¡Ah! No te voy a contar detalles.

-Lo que pasa en Canarias se queda en Canarias.

-¡Exacto! (RÍE)

Oye, te ha quedado genial la casa.

-Sí, ¿verdad?

O sea, ¿vais en serio?

-No, que no hayamos ido de viaje no significa que seamos pareja.

-¿Entonces?

-Entonces nada, somos amigos con derecho a roce.

-Pero a lo mejor el roce pasa a otra cosa.

-No, no, no. ¡Ni hablar!

No quiero novio ni enamoramientos. Estoy feliz así.

Lo que quiero es pasarlo bien.

-A ver si piensas que quiero pasarlo mal.

-Chao, María. -Hasta luego, Bea.

-Hombre, Jesús. -¡Hola!

-¿Te pongo tu bocata de lomo? -No, quita.

Demasiado tarde para meterme un bocadillo.

-¿Qué te trae por aquí?

-Quería saber qué les había parecido a tus clientes

la nueva tortilla de patatas.

-La he hecho como siempre, No sé a qué te refieres.

-¿Que a qué me refiero?

A las patatas ecológicas que te traje ayer.

Los huevos de gallinas en libertad, las cebollas sin sulfitos...

No me puedo creer que no hayan notado la diferencia.

-Me quedaban patatas en el almacén y la he hecho con las dos.

-¿Cómo? ¡Pero cómo se te ocurre hacer eso!

Eso es como mezclar angulas con gulas.

-Bueno, pues tampoco nadie me ha dicho que estuviera diferente.

-Claro, las has adulterado.

Has mezclado mis patatas con patatas industriales.

-A ver, que patatas son patatas, tampoco...

-Cosa diferente sería

si estuviéramos hablando de calabazas.

Ahí ya...

-¿Por qué hablas de calabazas? No te habrá contado algo mi hijo...

-Hombre, algo he oído de...

que tuviste una calabaza a la que querías mucho,

que te dieron muchos premios por ahí.

(RÍEN)

-Buenas noches, María. -Buenas.

-Un café, por favor. -Ahora mismo.

-Mira, sí, lo confieso.

A esa calabaza la quería, pasamos momentos inolvidables.

Oye, que las calabazas son muy especiales, ¿eh?

Son tan suaves, con esa carne tan prieta...

-Son buenísimas. -A nadie le gusta que se las den.

-Cuidado, me pones aquí una calabaza de 300 kilos

y yo encantado.

-¿Se puede saber qué os ha dado hoy con las hortalizas?

-Pues nada, son cosas nuestras. "Mu" largo de explicar.

-A ver si somos más pesados que una calabaza.

(RÍEN)

-Ya... Bueno, yo...

Yo os dejo hablando de vuestras cositas.

-No, si son chistes de hortalizas.

-Sí, ya... Lo que pasa es que yo soy de Madrid

y no entiendo de calabazas. Además, tengo trabajo.

-Venga, hasta luego, Elías.

-Bueno, a lo que íbamos: Mañana tienes que hacer una tortilla

con mi patatas y el aceite de mi tienda.

¡Espera, mejor! Tengo una idea.

Mira, deberías hacer dos tortillas.

Una con patatas industriales y otra con mis patatas.

Eh, pero no las mezcles, ¿eh? Y a ver si notan la diferencia.

Sí, pero te digo que te has emperrado con eso

y a la gente le va a dar igual. -Bueno.

Es porque tienen el sabor embrutecido

de no comer sano.

-Oye, aquí no se envenena a nadie.

-Bueno, poco a poco. Quizá ahora no notan diferencia,

pero ya verás que si comen sano, al final les sentará mejor.

Seguro, seguro, vamos.

-¿Qué haces aquí? -¿Está tu padre?

-¿No te los has cruzado por el camino?

Ha ido al bar a ver a María. -Pues no.

No lo he visto, qué raro.

-Si has venido a buscarle, no creo que vuelva.

Me ha dejado cerrando.

-En realidad no le buscaba a él, sino a ti.

Pregunté por si había moros en la costa.

-¿Para qué querías verme?

-Te traigo la mercancía.

-¿La mercancía? (ASIENTE)

A ver...

-¡Pero si son torreznos...! (CHISTA)

-¿Quieres bajar la voz?

A ver si te oye algún cliente vegetariano

y te denuncia por tráfico de mercancía grasienta o algo así.

-¡Pero deliciosas!

-Eso sí.

-¡Hum!

-¡Buenísimos! -Sí.

-Además,

que nuestra tienda se llame El Color de la Huerta

no significa que seamos contrario a la carne

ni que nos clientes sean solo vegetarianos.

De hecho, yo como carne.

Eso sí, siempre acompañada por verduras naturales.

-No te embales, te sentarán mal. -Da igual.

Si luego me duele el estómago, lo arreglo con una sopa de apio.

Mano de santo.

-Tienes remedios naturales para todo, ¿no?

-No, para todo no.

Pero la sopa de apio es ideal

para limpiar el organismo y adelgazar.

-Eso no lo sabía yo. -Aunque...

a ti no te haría falta.

No hay más que ver la piel y el tipo que tienes.

-Muchas gracias.

-Pero espera, igual demasiado delgada, ¿eh?

No te vendría mal comer un par de torreznos.

-Uf, quita. Ya pico suficiente tras la barra.

La cocina de María es irresistible.

-Míralo.

Tan crujientito...

No me digas que no te mueres por darle un mordisco.

-Bueno, vale. Pero solo uno.

Malo.

-Esta vez no te engaño.

-Ya, claro. ¿Seguro? (ASIENTE) -Seguro.

-Eh...

Se me ha hecho tarde.

Tengo que volver a La Parra antes de que cierre María el bar.

Nos vemos luego.

-Espera, Paty. Lo siento, no... ¡No te vayas!

(SUSPIRA) Soy idiota.

(RESOPLA)

-Mira qué suerte, tía.

Sol, playa, comida rica...

Y encima un morenazo con ese cuerpo que tiene...

¡Quién lo pillara!

-La verdad es que no está mal. -¿Que no está mal?

Está bien, pero que bien, bien.

-Se nota que hace ejercicio. -Sí.

Ya te dije que practica remo en el Guadalquivir.

Por eso necesita estar así.

Pero tú no te preocupes, que dentro de nada

el día menos pensado te viene uno de estos.

-Huy, el día menos pensado...

¿tú crees que me va a venir uno de estos?

-Fede... -¡Hola!

-¿Qué haces aquí tan tarde?

-Estaba paseando por el barrio y digo:

"Voy a casa de Espe a ver cómo lleva la señal inalámbrica".

-Me la has arreglado esta mañana, no se rompe en 10 horas.

-Es que las 10 horas primeras son claves.

Además, como...

como venía Lola, a ver si va a tener algún problema

con la clave y eso y a ver si no puede conectar o algo.

-¿Cómo sabías que venía?

-Porque lo has dicho esta mañana en la comisaría,

en la zona de descanso.

¿No vas a presentarnos?

-Sí, claro. Fede, Lola; Lola, Fede...

No, me he liado.

Hum... Fede, Lola; Lola, Fede.

(RÍEN)

-¿Qué tal, Fede?

Encantada de conocerte. Espe habla maravillas de ti.

-¿Sí? Yo también he escuchado muchas cosas de ti.

-¿Sí? ¿El qué? ¿Qué te han contado?

(NERVIOSO) -Bueno, pues... de todo.

Un poco de esto, un poco de lo otro.

Que te gusta mucho bailar

y que casi llegas a profesional como gogó y eso.

-Espero que esté de coña, porque no hace gracia hablar de eso.

-Tampoco te lo decía en plan mal.

-Bueno, pero que tú ya te ibas. Fede se iba ya.

-Sí... No, yo era por la wifi.

¿Has tenido algún problema para conectarte?

-Pues sí, porque sigo tirando de datos.

-Claro, es que no te he dado la contraseña nueva.

La tengo aquí. Toma.

Si quieres, te la meto.

-¿Cómo?

-La... la contraseña.

-Eh... No, gracias. Ya me arreglo sola.

-Bueno, Fede, ¿qué?

Eres un crack, ¿eh?

Ya conoces a Lola, has triunfado.

-He dicho lo la gogó y le ha sentado mal, ¿no?

-Hombre, llámame loca...

-Ya, pero es que tengo la imagen en la mente todo el rato...

-Bueno, ya, que lo vas a empeorar.

Y tú ahora sí que sí ya... ¿te ibas?

-¡Ah! Sí. Sí, sí.

Pues nada, hasta mañana.

Adiós.

¡Adiós!

-Yo creo que la camarera esa te estaba poniendo ojitos.

-Venga, venga, hombre.

-Has estado genial, papá.

Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien.

-Parece que te ha gustado bastante la noche madrileña.

-No me ha gustado, me ha encantado.

-Supongo que en Miami también te divertirías bastante, ¿no?

-Sí, pero es muy diferente.

Allí hay mucha discoteca, mucho baile, demasiado alcohol...

-En España también hay alcohol y se bebe mucho.

No eres un niño, pero tienes que tener cuidado.

-"Tranqui", que yo controlo.

-Me alegra mucho, hijo.

Me alegra que te lo hayas pasado bien con tu viejo.

Aunque deberías salir con gente de tu edad.

-Papá, no eres un viejo. -¡No, qué va, no!

-Me va a encantar repetir.

Me lo estoy pasando tan bien en Madrid

que me gustaría quedarme.

(CARRASPEA)

-¿Quedarte?

Creía que tras acabar Económicas quería hacer un máster importante

en una universidad americana. No hay problema de dinero.

Puedes elegir la que quieras.

-Estoy harto de estudiar y de tanta teoría económica.

Yo lo que necesito es experiencia,

aprender trabajando.

(RÍE) -Ya, bueno...

No sé, está muy bien.

¿Quieres hacerlo en España? Estupendo.

Pero ¿has pensado dónde?

-Claro, contigo.

(RÍE)

-¿Conmigo? ¡Vamos, hombre!

¿Qué te voy a enseñar que no aprenderías en uno de esos másteres

en Yale o en Harvard? -Pues todo.

¡Todo!

Las facultades están llenas de teóricos

que no se han enfrentado a la vida real.

¿Cuántos ha levantado una empresa desde la nada?

¿Cuántos empezaron con una furgoneta y acabaron con una gran empresa?

-Espera, espera un momento, hijo. Te aseguro

que empezar un negocio desde cero no es ningún camino de rosas.

Por eso mismo. Quiero aprender a trabajar duro.

Seguro que aprendo más contigo en un año

que en siete másteres en Estado Unidos.

-Ya...

¿Ese es el único motivo por el que te quiere quedar?

-También me apetece cambiar de aires.

Estoy harto de Miami.

Aquí he conocido a gente interesante y me encanta el ambiente.

-¿Te encanta el ambiente?

-Podría estar un par de años trabajando contigo

y luego, si lo veo necesario, me saco el máster.

(Móvil)

-¿Te parece bien? -Sí, me parece bien. Discúlpame.

-¿Sí? (SOMOZA) -"Señor Quintero".

(Música tensa)

(SERIO) -¿Qué quiere?

-"Quiero verle en mi despacho en una hora.

Tenemos un tema serio del que hablar".

-Ahora mismo no va a poder ser, estoy ocupado.

-"Mejor no se niegue si no quiere que le pase algo

a alguno de sus hombres,

concretamente a Jairo".

-Está bien, dentro de una hora estaré en su despacho.

Adiós.

Hijo, verás, ha surgido un imprevisto

que tengo que atender ahora mismo, así que...

Bueno, no hace falta que me esperes levantado.

Ah, oye, una cosa. Hum...

No quiero que dejemos esta conversación así.

Si te parece, mañana seguimos hablando de tu futuro.

-Claro.

(Música emotiva)

¿Qué significa esto?

Bueno...

Hoy es un día especial.

Ah, ¿sí? Pues no sé yo.

Porque, según mis cálculos no es ni mi cumpleaños ni el tuyo.

No sé, no me irás a decir que es el aniversario

de aquella fiesta de la facultad.

No, no es ningún aniversario, no. Simplemente es que...

quería pedirte disculpas por las tonterías que dije.

Bueno.

Tampoco eran tonterías.

Estás en tu derecho de expresar lo que sientes.

Además, en una cosa tienes razón:

la sesión de terapia fue especialmente dolorosa.

No, si eso lo dije de verdad.

La tontería fue decir que no volvería a la terapia.

Tirar la toalla así, ya,

en un primer momento y no seguir luchando por nuestra relación.

Es una soberana irresponsabilidad. Bueno...

Últimamente los dos hemos hecho alguna tontería.

Pero no reconocerlas es una tontería aún mayor.

Así que para compensar,

he decorado nuestro nido y he preparado lo que más te gusta:

atún con tomate.

¡Pues es un detalle!

Te lo agradezco mucho, Antonio.

Menos hablar y más comer, que se enfría.

Venga, dame tu plato.

Oye...

¿y te puedo preguntar una cosa?

Dígame usted.

¿Qué te ha hecho cambiar de opinión sobre la terapia?

Yo siempre estoy dando los mismos consejos,

que te tienes que cuidar, ir a un especialista,

y resulta que soy el primero en no aplicármelo.

Vaya.

¿Y has llegado a esa conclusión así, de repente?

No, vino de la mano de Elías.

¿Elías? Sí.

Me repitió lo que le aconsejaba para la espalda.

Para curar, se hace en profundidad

y no paliar los síntomas.

Desde luego, este Elías es una caja de sorpresas.

Le quiero mucho y nos aprecia mucho también.

Bueno...

Me convención de que hay que disfrutar de estos momentos,

que ya vendrán los malos.

(Móvil)

No lo cojas cariño, no.

Esta noche es para los dos. Es Olga.

¡Ah!

¡Olga! Dime.

Un momento, espera, espera.

Espera, que te paso con tu madre, que no pudiste hablar con ella.

¿Vale?

(Música emotiva)

Hola, cariño. ¿Cómo estás?

Bien, con mucho trabajo. Ya sabes, como siempre.

Bueno...

Pero tu padre me compensa de todo.

¿Sabes lo que ha hecho hoy?

Cuando he llegado a casa me había decorado la mesa,

preciosa, con pétalos de rosa, con una velitas... Sí.

Y me ha hecho atún con tomate.

Que me gusta mucho, ya sabes.

Que, por cierto, a propósito de atún,

tú no me has contado nada del Turiumi este.

Me he enterado porque soy policía. Tengo informadores en todas partes.

Que sí, que sí, que...

No te preocupes, ya sé que es cosa privada.

Ya me lo contarás si quieres.

Sí, cuando quieras. Si no quieres, no me lo cuentas.

Ya está, bueno.

Bueno, cariño, te dejo.

Que te quiero mucho. Venga.

Un besito, mi amor.

Como siempre, tenía prisa.

¿Te ha hablado del japonés? No, nada.

No ha soltado prenda. ¿Lo conociste?

Qué va, no me lo quiso presentar.

De todas formas, sé lo que voy a pensar de él.

¿Qué vas a pensar?

Que no me va a gustar. He llegado a la conclusión

de que los novios que se eche no me van a gustar, ya está.

Esto está buenísimo.

¡Hola!

¿Ya estás aquí?

Pues sí.

Pensaba que llegabas más tarde.

Mañana toca trabajar, no soy una irresponsable.

Sé que eres muy responsable con tu trabajo,

pero creí que llegarías más tarde.

Pensabas que me iba a acostar con Iker.

(RÍE) Yo no pensaba nada.

Pero conociéndole, lo habrá intentado.

Siento decepcionarte, pero no. No sé por qué piensas eso.

Lo he visto con otras mujeres.

Para que lo sepas, Iker se ha portado como un caballero.

Me buscó al bufete, me invitó al concierto

y me ha traído hasta la puerta como una señora.

¿Hablamos del mismo Iker?

Del mismo, tu compañero de patrulla, ese que pones a caldo.

Ni se ha intentado acostar conmigo ni se ha portado como un baboso

y, lo más importante, me lo he pasado tan bien

que no me importaría repetir.

Vale, capto el mensaje.

¿Qué tal el concierto? Genial, me encantó.

Era un guitarrista brasileño que tocaba una mezcla

de flamenco y bossa nova...

alucinante, tendrías que verlo.

No creo que pueda.

¿Por qué no? Si quieres, vamos juntas.

Vamos un día, no me importaría volver a verlo.

No, de verdad que no.

No estoy para conciertos y menos para...

ver a un guitarrista.

¿En serio? ¿Qué te han hecho los guitarristas?

A Rober le encantaba tocar la guitarra.

Lo siento, prima, no sabía nada.

Era lo que más le gustaba hacer.

Había días que nos quedábamos solos en casa

y sacaba la guitarra y la tocaba durante horas para mí.

(SUSPIRA) ¿Me perdonas?

Es que no lo sabía. No te preocupes.

¿Hacemos una cosa?

¿Preparo unas infusiones y charlamos un rato?

No, tranquila.

Mañana te levantas pronto, necesitas descansar.

No me importa, lo prometo. Me siento falta.

De verdad, vete a dormir.

No quiero ser responsable de que mañana te quedes dormida

delante del ordenador y mi padre te riña.

¡Ay!

Descansa. Tú también.

(Música melancólica)

(Puerta)

(Música de tensión)

Señor.

-Déjanos solos.

-Con su permiso. -Adelante.

(SUSPIRA) -Y bien, ¿qué es eso tan urgente que tenía que decirme?

(RÍE)

-Qué diferentes somos de un lado y al otro del charco.

No parece que viniéramos de la misma sangre.

Aquí todo es apurado, todo son prisas.

Están perdiendo el gusto por las buenas maneras.

Mire, Somoza, soy un hombre muy ocupado.

No tengo mucho tiempo, preferiría que fuese al grano.

-A eso es a lo que me refiero.

Siempre apurado, con urgencia.

No, amigo, así no se hacen las cosas.

Quiero respeto.

El respeto para mí es algo muy importante.

Es importante para la convivencia, para los negocios.

Quiero el respeto de mis amigos y enemigos.

-No sé en qué le he podido faltar al respeto.

-Uno de sus sicarios lo hizo, es como si lo hubiera hecho usted.

-Yo no tengo sicarios.

-Bueno, llámelo como quiera.

Su empleado, su seguridad...

Lo que sea, que se la pasa para arriba y abajo con usted.

Vino a visitarme hace unas horas.

Me amenazó de muerte, ¿no le parece una falta de respeto?

-No tenía ni idea de que Jairo había venido por aquí.

Desde luego, no ha sido en mi nombre.

-Ah, eso yo lo sé.

-Fernando Quintero es un hombre de honor.

Un hombre que sabe comportarse, pero...

Eso no sabe hacer que su gente se comporte.

Tiene que enseñar a sus hombres que no es educado

entrar en casa de alguien de luto por la muerte de un hijo

y amenazarlo de muerte.

No señor, así no se hacen las cosas.

-Sin duda se ha tratado de un lamentable error.

-Erro que pudo haber tenido consecuencias muy desagradables,

-Afortunadamente para los dos, no ha sido así.

-Le voy a decir algo, Fernando.

Lo dejé salir vivo porque compartimos el mismo dolor,

pero no lo voy a volver a permitir.

Ahora usted tiene dos opciones.

O lo corrige usted o lo corrijo yo.

-Sé muy bien cómo tratar a mi gente. No hace falta que me lo diga usted.

-Tiene que aprender a controlar a sus muchachos.

Tiene que enseñarles respeto, lealtad...

¿Lo hará?

Porque si termino haciéndolo yo,

a Jairo no lo vuelve a ver con vida.

-Controle a su gente, yo controlaré a los míos.

No se preocupe, esto no se va a volver a repetir.

Eso no es suficiente.

-¿El qué no es suficiente?

-Quiero que ese Jairo se comporte como un hombrecito de verdad

y se disculpe delante de mí como lo hace la gente de honor.

¿Me entendió?

Quiero que venga y se disculpe delante de mí.

-Está bien, está bien.

Lo hará.

-Sabía que con usted no iba a tener ningún tipo de problema.

-Ya le he dicho que soy un hombre ocupado.

Si me disculpa, tengo asuntos más importantes que atender.

-Por supuesto, sé que somos hombres de negocios

y le he quitado mucho tiempo.

Pero eso sí, Quintero,

si quiere que Jairo siga con vida,

asegúrese de que venga a pedirme perdón.

-Tenemos una percepción de cómo somos

y de nuestra relación que poco coincide con la del otro.

Es un choque del que saldréis reforzados.

Ya.

Pero reconozco que...

no me gustó lo que vi reflejado.

No me gustaba la imagen que Antonio proyectaba en mí.

Las empresas familiares son una institución.

Quiero ser parte de esa cultura.

Debes ser el único padre del mundo al que no le ilusiona

que su hijo siga sus pasos.

¿No confías en mí? ¿Alicia?

(RÍE) ¡Julio!

Qué casualidad.

He hecho un poco de trampa.

Busqué en foros parques para correr por el barrio

y varios policías recomendaban este.

Tenía la esperanza de encontrarte y, mira, ha funcionado.

-Lo de Jairo es muy reciente todavía.

Aunque sé perfectamente que no podemos estar juntos,

que es imposible,

cada vez que lo veo...

se me sale el corazón por la boca.

-Tenerlo en el barrio no ayuda.

-Cuéntame qué te pasa.

Veras como seguro que no es tan grave.

Seguro que entre los dos lo solucionamos.

-Es por Paty. -Ajá

-Ayer la besé.

-¿Eso es malo?

-Por cómo reaccionó, creo que sí.

-Se marchó seria, sin decir nada. -Vaya.

-Y hoy no se ha pasado por aquí.

Por una vez que me lanzo, la chica sale corriendo.

No he pegado ojo y me ha costado un mundo venir.

Le he dado muchas vueltas.

Es que no voy dando besos por ahí.

Era la primera vez.

Normalmente no soy tan impulsivo.

-A veces está bien dejarse llevar.

-Siempre y cuando no te pases. -Claro.

-Verdad. -Bueno.

-Me voy para el bufete, tengo que acabar unas cosas.

Te veo esta noche, iré a cenar.

Esta noche no puedo, tengo plan. ¿No te has olvidado, verdad?

No me he olvidado,

pero no he tenido tiempo de reservar.

No te preocupes, lo hago yo.

-Sé que me jugaba la vida, pero no podía contener las ganas

de enfrentarme a él.

Y me sentó muy bien hacerlo.

-Es sensación te va a durar bien poco.

Porque vas a ir a pedirle perdón.

-No, no voy a ir. -¿Cómo?

-Lo siendo, no puedo hacerlo ni aunque usted me lo pida.

-Rebeca... Escúchame, no me cuelgues.

Te lo suplico, solo quiero decirte que...

Intentamos contactar, tiene el teléfono apagado.

Te buscas la vida. Te doy media hora.

Si no está para entonces, me verás abajo con un tiro en la cabeza,

Vamos a intentar localizarla, necesito que te calmes.

¡No me digas lo que tengo que hacer!

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Servir y proteger - Capítulo 211

02 mar 2018

Miralles se ha quedado muy preocupada ante el rechazo de su marido de la terapia de pareja. Jairo, celoso, indaga en la relación de Paty y David. Julio confiesa a Quintero que quiere quedarse en Madrid. Lola regresa a Distrito Sur.

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