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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 199 - ver ahora
Transcripción completa

-No he estado nunca, pero creo que es muy bonito.

Aunque no cuenta nada explícitamente,

dice que la oficial es una antigua gogó de gran talento,

pero todos dudan de las razones por las que fue ascendida.

¿Se puede saber qué estás cotilleando?

¿Eh? Que...

No es cotilleo, comisario, es ficción pura y dura.

A ver, trae.

Yo he tratado de aunar entretenimiento y documentación.

Siempre con el objeto de humanizar a la Policía.

-Martín ha escrito algo atractivo

para gente que, en principio,

no está interesada en saber qué se cuece

en una comisaría de barrio.

Al final voy a tener que leérmela entera.

Creo que me precipité a la hora de valorarla.

A ver ahora quién es el payaso.

-No puedes hacer eso, Róber.

No voy a consentir que te metan en la cárcel.

Se lo he prometido a mamá y es lo que voy a hacer.

Yo iba a entrar y Andrés Somoza me sorprendió con su pistola.

Y suerte que sonó un petardo

y lo pude desarmar porque se despistó.

Si no, no hubiera podido.

Lo que tu hermano está dispuesto a hacer por ti le honra.

Además, tiene todo el sentido,

porque siendo policía no le va a pasar nada.

-Examinadas todas las diligencias,

se ha decidido no tomar ninguna medida disciplinaria.

-Se acercaron, lo rociaron con gasolina y le prendieron fuego.

Somoza quería dejarle un mensaje muy claro a Quintero.

Necesitábamos esto para pedir la orden de registro del Valentina.

He matado al hijo de un capo colombiano, ¿vale?

Esto nos puede afectar a todos mucho.

Pero tienes que separar las cosas,

has actuado como un buen policía y Régimen Disciplinario

se ha pronunciado al respecto. Lo sé. No estoy preocupado por eso.

¿Por qué no quieres que te pregunte? Es incómodo estar preparando la boda

con la sensación de que me ocultas algo.

Yo sé que pase lo que pase siempre podré apoyarme en ti.

Y tú en mí también. -Claro que sí.

-¿A ti qué te pasa hoy? ¿No quieres ir a La Parra?

-¿Qué tonterías dices?

-A ti no te pasa nada con La Parra, a ti te pasa algo con María.

-"Ernesto Guerrera es un policía de raza y con un gran carisma".

"Y aunque para algunos solo es un viejo cascarrabias,

la realidad es que se mantiene en una gran forma física

y resulta muy atractivo para los ojos de muchas mujeres".

Lo que faltaba esta mañana...

-Fue un momento de enajenación.

Los dos sabemos que ese beso no significaba nada.

-Claro que no, qué va a significar.

-Menos mal que estamos los dos en el mismo punto,

que si no, vaya faena.

-Claro que sí, lo de anoche fue la tontería del siglo.

Vamos...

-Karim,

yo no quiero ser la culpable de que des un frenazo a tu carrera.

Te tienes que ir.

Si no, te arrepentirás toda la vida.

-Una maravillosa persona de esta comisaría me ha hecho ver

que un policía debe estar donde sea más útil.

Y, por lo visto ahora,

en La Haya, requieren un perfil como el mío.

Se me parte el alma pensando que me tengo que alejar de ti.

-Pues no lo pienses.

Es lo que estoy haciendo yo.

(Música emocionante)

-¡Que sí, que voy!

-¡Ay, Dios!

Estaba a punto de llamarte al móvil. Pensaba que te habías dormido.

-Sí, me he dormido.

-Me ha extrañado porque tú eres puntual abriendo el bar.

-Ya, pero es que he pasado una nochecita toledana.

-Ah, ¿sí? ¿Has tenido otra cena con Elías?

-Te dije que no lo nombraras.

-Perdona, perdona.

Entonces, dime qué te ha pasado.

-Nada, que llevo unas noches oyendo ruidos

y luego no concilio el sueño.

-¿Ruidos en el bar?

-Eso es.

Primero parece que vienen de la calle,

pero luego parece que los oigo aquí dentro, sí.

-Quizá han sido los borrachos que están detrás del callejón.

Esos nunca te dejan dormir.

Oye, María...

¿Y esto?

-Yo estoy segura de que anoche lo recogí todo antes de irme.

-Igual es que alguien ha entrado

y los ruidos que oías no eran del exterior.

-¡Ay la caja! -¿Qué?

¡No me digas que falta algo!

-No, está todo.

Tampoco dejé mucho, dejé lo suelto.

-Entonces, no han podido ser ladrones.

-Qué raro, ¿no?

-¿Y si se ha colado algún gato?

-¿Cuántos gatos conoces tú

que se abran una lata de sardinas y se echen una caña?

-No sé, lo mismo se ha colado algún graciosillo.

O algún borracho del callejón.

¿Estás segura de que cerraste bien el bar?

-Sí, como todos los días.

-¿Y dices que llevas un par de noches oyendo ruidos?

(MARÍA ASIENTE)

-¿Ayer notaste algo raro? -No.

Ahora que lo dices, había un cajón abierto.

-Entonces es que han estado aquí las dos noches.

Esto me recuerda a una novela que leí yo de Agatha Christie.

"El misterio del ladrón que entraba a las habitaciones cerradas".

-Déjate de misterios.

Vamos a recoger y abrir el bar. -¡No, no, no!

No toques nada. -¿Qué pasa?

-No podemos eliminar las pruebas

hasta que venga la Policía científica.

Yo me quedo a cargo de la escena del crimen y tú avisas a Elías.

-No le voy a dar yo el follón a la Policía por un tontería.

-Por favor, a mí no me hace gracia que la gente venga aquí alegremente.

Además, tú vives arriba.

¿No te da miedo que puedan volver a entrar?

-Que no, mujer, habrán sido un par de gamberros.

-Llama a la Policía.

-Que no voy a molestar a la Policía para tonterías.

Si vuelve a pasar los llamo.

Ahora vamos a recoger y vamos a abrir el bar.

-Llama a Elías, por lo menos. -¡Que no me nombres más a Elías!

¡Muchacha!

Tira. Abre.

-¡Cómo es posible!

¡Mecachis en la mar!

Antonio, ¿te pasa algo?

Los pantalones...

que han encogido en el armario.

Sí, va a ser eso.

¿Qué va a ser si no? Habrá sido en la tintorería,

pero esto está mal.

¿No será que has ensanchado de barriga?

¡Qué barriga! ¿Dónde está la barriga?

Vamos a ver...

¡Qué barriga! Estoy mejor que nunca.

¿Cuánto tiempo hace que no te pesas?

Yo qué sé.

Hace mucho, pero no hay que obsesionarse con la balanza.

Uno va cambiando de peso a lo largo del día.

Pues te ha debido de pillar la hora del aumento de peso

porque el pantalón no engaña.

Qué lista.

¿Y se puede saber por qué me queda bien

el pantalón vaquero?

Porque te lo abrochas por debajo de la barriga,

y con ese pantalón no puedes hacer trampas.

Vamos a dejarlo.

¿Qué hago yo ahora? Comprarte un traje nuevo.

No irás en vaqueros a la boda. Cómo voy a ir en vaqueros a la boda.

Ya veremos.

¿No estarás pensando en don Cosme?

Pues sí, ¿qué pasa?

¿Vive todavía?

Él te arregló el traje de nuestra boda.

Claro que está vivo. Está hecho un chaval.

A nuestra boda llegué tarde,

pero muy elegante.

No me lo recuerdes.

Había atasco por un partido en el Calderón.

Yo solo te pido que no te atrases en la boda de Alicia.

No me voy a retrasar, no hay partido,

y si lo hubiera ya no se juega en el Calderón.

¡Ay! Pero si te pongas lo que te pongas

vas a ir hecho un figurín.

Como en nuestra boda. Estabas de guapo...

Iré hecho un figurón.

Después de la boda me voy a poner a régimen,

eso sí, sin obsesionarse con el peso que tampoco es bueno.

¿Qué andas tocando ahí? Si no tengo nada que tocar.

-Salima. -Hola, Elías.

¿No te tomas tu cafecito?

-Lo siento, hoy no tengo tiempo.

-Vale. ¿Y no te ha hablado María?

-¿Por qué tenía que hablarme María?

-Pensaba que te lo había dicho.

-¿Ha pasado algo?

-Sí, esta noche han entrado en el bar.

-Pues no sabía nada. ¿Se han llevado algo?

-Poca cosa, unas latas de la cámara,

pan, embutidos... Eso sí, la caja no la han tocado.

-¿Han forzado la puerta?

-No, eso es lo más raro. No sabemos cómo han entrado.

María no le ha dado importancia, pero...

Habrá sido un gamberro.

-A lo mejor se trata de un robo, y María vive arriba.

Que no se lo tome a la ligera. -Yo pienso lo mismo, Elías.

Pero está un poco rara contigo después de lo que pasó.

-¿Y qué es lo que pasó?

-Yo no tendría que saber nada,

pero María me contó que... -¿Qué?

-Que os besasteis. -¿María por qué va contando eso?

-Solo me lo ha contado a mí y ya se ha arrepentido.

-Va a parecer que voy por ahí besando a las mujeres.

-O sea que fue un señor beso. -Oye, Salima...

-Vale, me callo. Y tú olvida lo que yo he dicho.

Lo que importa es lo que pasó anoche en el bar.

No veo bien que María lo quiera callar.

-No te preocupes que yo me encargo de esto.

Ahora no puedo, pero luego vengo a echar un ojo.

-¡Hola, mi amor! -Hola.

-¿Qué tal? -Muy bien.

Con unas ganas locas de estar en Guatemala,

he estado mirando el sitio en internet y es alucinante.

¿Sabes que tienen un lago entre volcanes?

Una pasada.

-Vale, pero te recuerdo que vamos a trabajar.

-Ya lo sé, pero no será igual que cuando fui a Grecia.

Ahora vienes tú conmigo y quiero disfrutar de mi esposa.

-Yo también tengo muchas ganas de ir a Guatemala.

Sobre todo porque no voy a dejar a María sola.

-¿Habéis encontrado alguien que te sustituya en el bar?

-No, yo hablo de lo sentimental.

Le tengo mucho cariño a María y...

no quería que estuviera sin compañía.

-¿Quién es esa compañía? -No puedo decirte nada.

Solo puedo decirte que muy pronto se va a emparejar.

-¿Y no me vas a contar nada?

-Si digo esto en alto luego no se cumple.

-Pues no me cuentes nada. Me quedo con las ganas.

-¿Quieres tomar algo? -No, ya he desayunado.

Luego te veo, ¿vale? -Vale.

-Contestad ya, cabrones.

-Hola, Lucy, ¿qué tal?

¿Cuándo has llegado? -Hola, Salima.

-¿Estabas de viaje? Hace mucho que no te veo por aquí.

-Sí, he estado fuera.

En Perú. -Qué guay.

¿Quieres tomar algo? -No...

Sí, mola mazo. Estuve recorriendo el Camino Inca

y luego dando tumbos por la selva en Sudamérica.

-Qué pedazo de viaje. Te habrás gastado una pasta.

-Qué va. Si vas de mochilera durmiendo en cualquier esquina

y comiendo lo que comen allí,

puedes aguantar mucho tiempo.

-Yo no sé si podría ir en ese plan.

-No sé,

para mí es la única manera de viajar y de conocer los países.

-No sé si tendrá algo que ver,

pero yo me voy con mi novio a Latinoamérica.

A Guatemala.

-No he estado nunca, pero creo que es muy bonito.

Cuando lleguemos allí ya estaremos casados.

-No sabía nada.

Enhorabuena. Me alegro por ti. -Muchas gracias.

Oye, Lucy,

¿estás bien? No te veo buena cara.

-Sí.

Solo estoy cansada, debe ser el "jet lag".

Acabo de aterrizar de Colombia.

-A lo mejor es algo que has comido.

-No, no te preocupes, Salima, solo es cansancio.

Si no te importa, tengo que llamar a un amigo.

-Claro. Hablamos en otro momento.

-Mierda, mierda, mierda...

-¿De verdad que estás bien?

¿Por qué no vas al médico?

-No, estoy bien, de verdad,

solo que...

había quedado con un amigo y no consigo localizarlo

y debo verlo urgentemente.

-¿Lo conozco? Igual puedo avisarlo yo.

-No, no, no te preocupes,

ya lo localizaré.

Me voy a tener que ir.

Hasta otra. -Vale.

-¿Es amiga tuya?

-De vista.

Me ha contado que se fue de viaje por ahí.

-Me pones un cortado, ¿por favor?

-Espe, ¿estás bien? Te veo un poco triste.

-Ay...

Es por Karim.

No sé si lo sabes,

pero le han ofrecido un trabajo fuera de España

y se va. -¿Qué?

No tenía ni idea, lo siento mucho.

-Ya. Para él es una gran oportunidad y tiene que aprovecharla,

pero...

La verdad es que...

a mí me ha dejado hecha polvo.

-Normal.

¿Por qué tenemos que enamorarnos de chicos viajeros?

Primero Eugenio se va a Grecia,

y luego a Guatemala. ¿Y ahora el tuyo se va?

-Yo qué sé.

Será el destino que quiere que suframos.

-Te digo una cosa, al final las relaciones a distancia

no son tan duras como las pintan.

A mí no me fue tan mal.

-A mí no me va a pasar eso, Salima.

He roto con Karim.

-¿Qué dices? Ay...

Con lo bien que se os veía...

-Sí, la verdad es que estábamos bien bien.

Pero...

yo necesito otro tipo de relación más cercana, no sé...

A veces fantaseo con la idea de formar una familia

y sé que eso es imposible a distancia.

-Lo siento mucho, me sabe muy mal por ti.

-Bueno, no te preocupes,

que voy a estar bien.

En la vida las cosas siempre suceden por algo,

y seguro que aparecerá un hombre maravilloso...

O no.

Pero ¿sabes lo qué te digo?

Que no me voy a amargar.

-Perdona el retraso, sé que tienes una urgencia.

¿Qué te pasa? -Tengo temblores, pero...

no tengo frío, al contrario, me aso de calor.

-Estás ardiendo.

-Seguro que es algo que me ha sentado mal.

-Tienes mucha fiebre.

Levántate la camisa que te voy a auscultar.

Hace mucho que no se te ve por el barrio.

¿Has estado viajando? -Sí, he estado fuera.

-Siempre te ha gustado viajar en plan aventura, ¿no?

-Sí, de mochilera.

-¿Has estado en algún país tropical? ¿En la selva?

Lo pregunto porque esto puede coincidir

con alguna enfermedad exótica.

Algo que hayas contraído en la selva. -¿Cómo qué?

-Dengue, malaria...

Pero si me dices que no has estado en el trópico...

-Sí que he estado, sí.

-Has bebido agua sin tratar?

-Quizá sí, pero haga algo porque sigo con temblores.

-Tengo que hacerte más preguntas para ver cuál es el diagnóstico.

-Haga algo porque cada vez me siento peor

y el corazón me va a mil por hora.

-¿Qué te pasa? Tienes el pulso muy acelerado.

¿Por qué estás tan nerviosa?

¿Qué ocurre?

Mírame. -¿Qué pasa?

-Lucy,

¿has tomado drogas en las últimas horas?

-No, no, yo no...

-Lucy,

no estoy aquí para juzgar si lo que has hecho está mal,

pero si has tomado drogas puedes estar ante una sobredosis,

y eso hay que tratarlo inmediatamente.

Dime la verdad, ¿has tomado drogas?

Una sobredosis puede tener graves secuelas

o lo peor...

-Ha sido un error...

Me dijeron que todo iba a ser más fácil.

-¿De qué estás hablando? -Que no correría ningún peligro.

-Estoy aquí para ayudarte. Cuéntame.

-Podría ganar mucho dinero,

y no tenía que hacer prácticamente nada.

-¿Qué te han hecho?

-Soy una mula.

Tengo el estómago lleno de bolas de cocaína.

No llame a la Policía. -Estoy llamando a una ambulancia.

Se te puede haber roto alguna,

si es una sobredosis, hay que ingresarte en el hospital,

o puedes morir.

Necesito una ambulancia en la puerta

y que preparen una dosis de benzodiacepina.

-Yo no quiero ir...

-¡Lucy!

¡Lucy! ¡Lucy!

-Aquí tenéis, chicos.

¿Le pasa algo a la ventana? Estás muy raro.

-Me han dicho que esta noche han entrado en La Parra.

Y quería investigar qué había pasado.

-No hace falta, hombre.

-Ya sé que no quieres tratar esto conmigo,

intentaré no molestarte, de verdad.

-Elías, no quiero que te sientas ofendido,

pero lo único que le dije a Salima es

que no quería molestar a la Policía por estas cosas.

-Han entrado en el bar, María.

-Pero no ha pasado nada.

La Policía está para cosas más importantes.

-Pero del bar a tu casa hay un paso, yo no lo tomaría tan a la ligera.

-Si te digo la verdad, me dio cosa ir a la comisaría

a decir que me habían robado embutidos,

pensaba que os ibais a cachondear. -Pues ya ves que no.

Lo peligroso es que no pidas ayuda.

-Ahora me doy cuenta,

no sé en qué estaría pensando. -Pues yo sí.

Me molestaría que pienses que voy a tratarte de forma especial,

yo haría esto por cualquier ciudadano.

-Bueno, te pido perdón.

-Tampoco hace falta.

Cuéntame qué ha pasado.

-La verdad es que esta mañana

cuando íbamos a abrir el bar hemos visto restos

de haberse comido un bocadillo,

y restos de una caña de cerveza.

Pero tampoco había más lío.

Solo eso.

-Hola. ¡Cariño! ¿Qué haces aquí?

¿No tenías pacientes?

¿O has empezado tu vida sana con un paseo?

Ojalá fuera eso. Vengo por un tema policial.

¿Qué ha pasado? ¿Te acuerdas de Lucy?

¿De la tienda de electrodomésticos?

Sí, esa chica que siempre estaba haciendo viajes de aventuras.

Esa es. ¿Qué ha pasado?

Está ingresada en el hospital por sobredosis,

vengo de allí ahora.

¿La has atendido tú? Sí, vino a la consulta.

Empecé a sospechar de ella porque tenía las pupilas dilatadas.

Estaba llamando a la ambulancia cuando se desplomó.

Qué horror. Siéntate, Antonio.

No sabía que estaba enganchada.

No, puede que no lo estuviera.

Antes de quedar inconsciente,

me comentó que venía de Colombia,

que transportaba droga en el estómago.

Una mula. Una mula.

En el hospital le han extraído más de 50 cápsulas de cocaína.

Tuvo suerte. Una de ellas estaba rota,

pero solo era un pequeño rasguño.

Si llega a salir toda la cocaína, ahora estaría muerta.

No sería la primera que muere por las cuatro perras que les dan.

Siempre que pasa algo así me pregunto ¿por qué?

Porque va a ser, cariño, por el maldito dinero.

¿Cómo puede haber gente tan miserable

que ponga en peligro la vida de estas chicas?

Se lo venden como un viaje sin problemas,

y se les olvida comentar los riesgos.

Tienen más probabilidades de acabar en la cárcel o muertas,

que de disfrutar la miseria de dinero que les dan.

Eso a los que no se quedan por el camino.

Sí, porque los verdaderos responsables se van de rositas.

Si la droga llega a su destino ganan un fortuna,

y si no, las consecuencias las pagan los mensajeros.

En fin... ¿Cómo está Lucy en este momento?

Ahora mismo está en una cama de hielo,

intentan bajarle la temperatura y le administran benzodiacepinas.

Espero que hayamos llegado a tiempo y sobreviva.

Gracias por avisar, cariño.

Voy a mandar una patrulla

para vigilarla y que hablen con ella cuando despierte.

Supongo que la meteréis en la cárcel.

Desde luego. Pero primero tiene que salir de esta.

Nos tiene que contar muchas cosas.

Sobre todo,

si fue enviada a España por la gente del cártel de Somoza.

Me voy. Que tengas buen día.

Misterio resuelto.

-¿No me digas que ya has encontrado al ladrón?

-Tampoco es eso, pero sé por dónde han entrado.

He visto que han manipulado la ventana del almacén.

La han quitado y la han vuelto a poner.

-Si la han vuelto a poner es que piensan volver.

-Tú me dijiste que habías oído ruidos más veces,

por la noche, ¿no? -Sí, pero es que...

me choca que alguien se caliente tanto la cabeza

por una chispa de comida.

-Eso es alguien que le interesa más la comida que el dinero.

-Pobrecicos, si solo quieren un bocadillo...

-Ahora solo queda arreglarla,

si la ven puesta otra vez, dudo que vuelvan a intentarlo.

-Voy a llamar al cristalero. -Ya lo he hecho yo.

No puede venir inmediatamente,

pero mañana a primera hora lo tienes aquí.

-Muchas gracias, Elías.

-Yo tengo hoy turno, así que me quedaré vigilando la ventana.

-No hace falta que te pases la noche mirando una ventana.

-No pasa nada, estoy acostumbrado.

-¿Eso lo harías por cualquier otra ciudadana?

-Sí.

-Pues no me apetece que estés toda la noche pasando frío.

-Es mi trabajo, estoy acostumbrado.

-Pero no tengo ganas de que estés a la intemperie toda la noche.

Entras, te hago una cena, o lo que sea...

Que es lo que haría cualquier ciudadana

agradecida de que la Policía le vigile el local.

-Puede que todavía esté bajo los efectos de la medicación

y no esté en las mejores condiciones de responder preguntas.

-Puedo responder a lo que quiera. Ya estoy mejor.

Te lo agradezco, Lucy.

¿Han venido a llevarme a la cárcel? No.

Primero te tienes que recuperar y recibir el alta.

¿Qué me ha pasado?

-Una de las cápsulas que llevabas en el estómago se rajó.

Por suerte, no del todo, y la cocaína pasó a tu organismo

produciéndote una intoxicación muy grave.

Menos mal que fuiste a la consulta.

Si llega a pasarte en otro sitio, no lo cuentas.

-Gracias por salvarme la vida, doctor.

De todas maneras,

cuando te den el alta vamos a tener que detenerte.

Pero yo estoy muy arrepentida de todo lo que he hecho.

Ya, y eso te ayudará delante del juez.

Eso y la colaboración que nos puedas prestar ahora.

Lo haré. Quiero colaborar.

¿Sí? Bien.

Pues...

lo primero...

necesito que me cuentes con detalle lo que pasó.

Todo empezó en Cali.

Conocí...

a una persona de allí.

Era un chico muy divertido y enseguida nos entendimos.

Me llevó de fiesta y lo pasamos muy bien.

¿Y fue ese chico quien te propuso que transportaras la cocaína?

No, exactamente.

Cuando supo que quería volver a España

me presentó a alguien que me dijo

que había una manera muy fácil de ganar mucho dinero.

Y a ti te pareció bien.

Necesitaba dinero

y me lo había gastado todo en Sudamérica.

Quería comprarme una furgoneta cuando llegara a España.

Fue por esa maldita furgoneta...

He destrozado mi vida.

¿Qué van a pensar mis padres cuando se enteren?

Pasado el primer momento tu familia te ayudará,

ya lo verás.

Me he convertido en todo lo que ellos odian.

Voy a acabar en la cárcel, ¿cómo me van a perdonar?

Porque los padres estamos dispuestos

a hacer cualquier cosa por amor a nuestros hijos.

Pero ahora necesito que te concentres en el relato.

¿Qué sabes de la persona que te contactó en Colombia?

Aparte de su nombre,

Pacho, no...

no sé mucho más.

Lucy, intenta recordar,

quizá oíste algo...

sobre él, lo viste en algún otro sitio...

Oí a alguien decir que...

que Pacho estaba relacionado con algún cártel de la droga.

Pero...

yo en ese momento no quería saber mucho más.

¿Oíste hablar del clan de los Somoza?

No.

¿Esto era la primera vez que lo hacías?

De verdad que sí, lo juro.

Si oí algún nombre traté de no prestar atención.

Yo solo pensaba en la furgoneta que me iba a comprar.

Quería hacer el trabajo rápido

cobrar el dinero y olvidarme del asunto.

Ya, pero...

tendrías algún contacto en España,

a algún sitio tendrías que llevar la droga.

Me dieron...

un número y un lugar,

la discoteca Valentina, en un hotel a las afueras de Madrid.

Valentina.

Eso es.

Pero cuando llegué allí

la discoteca estaba cerrada y...

en el número que me dieron no contestaba nadie.

Nadie te va a contestar, Lucy.

Nadie te va a pagar nada.

Hace unos días tuvimos una operación antidroga

y clausuramos la discoteca Valentina.

Era el centro de operaciones

de esos narcotraficantes colombianos.

He sido una imbécil.

Bueno,

piensa que has tenido mucha suerte salvando la vida.

Cometiste un error,

la vida te ha dado otra oportunidad.

Aprovéchala.

-María, si quieres me quedo un ratito más.

Hasta que llegue Elías.

-Que no. Tu turno se ha terminado y tienes que irte a descansar.

-De verdad que no me importa quedarme un rato más.

A no ser que prefieras estar a solas con Elías.

-Mira, Salima, no sé qué intentas insinuar,

pero, de verdad,

que me arrepiento mucho de haberte contado nada.

-María, no te enfades que somos amigas.

-Por eso lo digo, como amigas.

Por favor, olvídalo como lo he olvidado yo.

Elías esta noche solo viene a trabajar

a ver quién se está colando en el bar.

-Me ha quedado claro.

Como me ha quedado claro lo que te has currado la cena.

-Eso es como muestra de agradecimiento.

-Sí, sí, ya me lo has dicho antes.

-Para que quede claro. -Clarísimo.

Y como Elías se coma todo lo que has preparado

no va a tener fuerza ni para atrapar al ladrón.

O para lo que surja. Ya me entiendes.

-Tira para tu casa que al final me voy a mosquear contigo.

Anda. -Está bien, os dejo solos a los dos.

-No quiero que hagas bromas con esto, es muy importante lo del ladrón.

Adiós.

-¡Buenas noches, Elías!

María, que se te dé bien la noche.

-¿Me he perdido algo? -No, las tonterías de Salima.

¿Tienes hambre?

-No he comido más que un bocata en todo el día...

-Pues no sabes lo que me alegro.

Te he preparado dos platos típicos de mi tierra

que te vas a quedar loco:

ensalada murciana y caldero. -¿Caldero?

-Caldero, hijo. No estamos en el Mar Menor

pero creo que ha salido bueno.

-Pero no tenías que haberte molestado.

-No es molestia, es solo agradecimiento

de una ciudadana a su policía

por vigilarle el negocio.

-"S'il vous plait". -Muchas gracias.

¿Te sirvo?

-Por favor.

(Puerta)

¿Sí? ¿Se puede, comisario?

Sí, pasa, Martín.

¿Vienes a recabar información para tu próxima novela?

Entonces tendré que andar con mucho ojo.

No sea que lo vea luego en boca del comisario Remón.

No tendrá que preocuparse por eso.

En realidad, vengo a decirle que me voy.

¿Te vas de vacaciones? ¿O te vas del barrio?

Me voy bastante más lejos.

A escribir mi próxima novela. ¿Y qué pasa con el periodismo?

¿Vas a dejar tu gran vocación de azote de los corruptos?

De momento, va a tener que esperar.

Ya que "Kabul" está resultando ser un bombazo...

la editorial me ha pedido que me ponga con la siguiente.

Siéntate, por favor.

Yo pensaba que hoy en día vivir de la literatura

era casi imposible.

Y, efectivamente, lo es.

Lo que me está pasando a mí es prácticamente un milagro.

Ahora quieren hacer una adaptación al cine de mi libro.

Y la editorial me ha dado un anticipo.

Un anticipo

para que escriba mi próxima novela.

Lo que no entiendo es por qué te tienes que marchar,

¿de qué va la novela, que te obliga a irte?

Va a ser una especie de "Ciudadano Kane" en el desierto.

¿En el desierto?

Al final te vas a convertir en una especie de Indiana Jones.

Es un desierto físico, pero también metafórico.

En realidad, me gustaría hablar de la ausencia de valores morales

en la sociedad actual.

Caray, Martín,

te estás convirtiendo en todo un intelectual.

No, yo no diría tanto.

Lo que es cierto es, que escribir este libro

me ha servido para quitarme esa máscara de periodista cínico

con la que vivía.

Creo que he descubierto una parte de mí

que ni yo mismo conocía.

¿Así que una especie de "Ciudadano Kane" en el desierto?

Bueno... Si te digo la verdad, Martín,

no me estoy enterando sobre qué va tu próxima novela.

El argumento sería algo así como un periodista

que investiga el trabajo

de estos escritores tan fascinados por el orientalismo y el desierto.

Ya sabe, Paul Bowles, Goytisolo...

Ya.

Reconozco que...

Me temo que tu próxima novela me va a gustar poco.

No, hombre, no, también va a tener

sus dosis de aventura y...

En definitiva, me gustaría meterme en ese mundo árabe

que está tan estigmatizado por el yihadismo, por la violencia...

Una buena idea.

El mundo necesita que nos conozcamos más unos a otros.

Hay que tender puentes y no romperlos.

Yo le he contado mi idea a la editorial

y les ha debido de gustar, así que...

Por supuesto, me han sugerido que meta fuertes dosis de acción.

Como en "Kabul".

Es un negocio y querrán vender muchos libros, es normal.

Sí, pero que no se quejen porque con "Kabul" se están forrando.

¿Y cuándo será tu marcha?

Tengo poco que me retenga aquí.

Así que...

mañana mismo me cojo un avión a Marraquech.

En ese caso,

no queda más que desearte buena suerte.

Lo mismo digo, comisario.

¿Sabe qué?

Tengo la sensación de que hoy

estoy cerrando una etapa y abriendo una nueva.

Hoy es un gran día.

Es como si estuviera escribiendo el primer episodio

de mi próxima novela.

¿No me digas que también estoy en la próxima?

No.

Estaba pensando en que he tenido una conversación

con el editor del medio digital para el que trabajaba.

Le he dicho todo lo que pensaba sobre su periódico.

Lo he mandado a la mierda.

Pero me he quedado a gusto.

Ten cuidado, no tengas que volver a llamar a su puerta.

Yo creo que no.

He decidido que a partir de ahora voy a escribir

sobre lo que realmente me interesa.

No voy a volver a escribir al dictado.

Si es por eso, me alegro.

Y yo también me alegro.

Me alegro de dejarle aquí.

Al pie del cañón,

tal y como lo encontré.

Gracias, Martín.

Que tengas mucha suerte. Lo mismo digo, Emilio.

Otra cosa, Martín.

Dices que van a hacer la adaptación cinematográfica de tu novela.

Sí, eso me han confirmado.

Parece ser que tienen productora y todo.

¿No sabrás que actor va a interpretar

el personaje del comisario Remón?

Me temo que suena con fuerza el nombre de...

Hugo Ferrer.

Suerte. Adiós, comisario.

-Estaba todo buenísimo. -¿Te preparo un café?

Si te vas a quedar toda la noche en vela

vas a necesitar uno. -Y más de uno.

Pero déjame que te ayude. -Que no, que no.

Esto lo recojo en un momento.

-Encima de que me invitas no me dejas ayudarte.

Y me conviene moverme un poco después de lo que he cenado.

-Que no, que te quedes ahí vigilando.

Toma, un cortico.

¿Te ha gustado el caldero?

-Es el mejor arroz que he comido nunca.

Creo que es la troncha que mejor he comido en mi vida.

-¿La troncha? -Es como llamamos a la vigilancia.

-Ah, sí.

¿Y ahora qué hacemos? -¿Ahora?

Actuar como si fuera un día normal.

Te vas a casa, cierras el bar, y a dormir.

Como cualquier día.

-¿Y tú? -Yo buscaré algún escondrijo

para esperar al caco y pillarlo con las manos en la masa.

-¿Y si no viene?

-Pues arreglas la ventana y olvidamos este asunto.

¿Te importa prepararme otro café para luego?

-Voy a preparar dos, uno para ti y otro para mí

porque me pienso quedar aquí contigo.

-Esto puede ser peligroso,

no sabemos quién puede aparecer. -Mejor, así no nos aburrimos.

-Está bien, pero solo un ratito.

Cuando te entre sueño te vas para casa.

-Vale.

A ver quién aguanta más.

Lo que saco en claro de las declaraciones de Lucy

es que la red empezaba a operar desde la discoteca Valentina.

Lucy formaba parte de los primeros envíos.

Y la muerte de Andrés Somoza les desbarató los planes.

Según tú, aún no se habían establecido.

Estaban en ello.

Si las sospechas de Distrito 2 son ciertas,

la muerte del cabecilla

precipitó la huida de los hombre.

Esta vez hemos podido adelantarnos al problema.

Bueno, eso espero.

Tenían su centro de operaciones en la discoteca Valentina

y está clausurada.

Espero que se hayan desanimado y cambien de rumbo.

¿Y las mulas que llevaban la mercancía?

Las han dejado a su suerte.

Lucy se puede considerar afortunada por haber caído...

en la consulta de Antonio, pero...

no sé qué va a pasar con el resto.

Pobre gente.

Ojalá localicemos a todos antes de que sea demasiado tarde.

Ojalá, pero lo tiene difícil.

En fin. Buen trabajo, Miralles. Gracias.

(Puerta)

Buenas.

He oído que habéis identificado a una mula

que puede estar relacionada con el Valentina.

Sí, está recuperándose en el hospital de una sobredosis.

Pues debería ir a hacerle algunas preguntas.

No te preocupes, ya me he ocupado yo.

En todo caso, debería preguntarle

si conoce a alguno de los sospechosos

que detuvimos en la discoteca. Tú te casas mañana, ¿no?

Al día siguiente te irás de luna de miel,

espero que a un sitio muy lejano, a descansar.

Sí, a Canarias. Donde sea.

Lo importante es que desconectes, Róber.

Que disfrutes de tu luna de miel, y que te vayas a casa ahora mismo.

Ya, pero este caso es muy importante, de verdad.

Tu boda también es importante, Róber.

Hazle caso al comisario, por favor.

Mañana va a ser un día muy largo.

Con su permiso. La que faltaba...

Claudia, si tienes un momento, me gustaría comentarte un asunto.

¿Es de vida o muerte?

No.

Venga, ahora mismo los dos a casa.

¡Venga! Es una orden.

Pues nada. Vámonos, Alicia.

Hasta luego.

¿Qué, nos vamos para casa?

Ya te dije que hoy quiero dormir sola.

Si dormimos juntos todos los días, ¿qué más da?

Pero esta es nuestra última noche de solteros.

¿Y?

Son cosas de novias, es un homenaje a mi madre.

Y mañana no se te ocurra venir a verme antes de la boda.

Llámalo superstición o como quieras. Tendré que aguantarme sin ti.

Y la próxima vez que nos veamos

estaremos a punto de convertirnos en marido y mujer.

Vas a ser la novia más bonita del mundo.

Hasta mañana.

Adiós, mi amor. Te amo.

Elías...

-¿Qué pasa?

-El hombre que no dormía nunca.

-Solo estaba pensando un poquito.

-¿Y cuándo piensas roncas?

-La culpa es de todo lo que hemos comido.

Estaba riquísimo ese arroz. -Pues ha sobrado, si quieres...

-No, esto es un operativo serio,

a ver si el ladrón nos pilla con un plato de arroz en la mano.

-Será todo lo serio que tú quieras,

pero esto me recuerda a cuando jugaba al escondite.

-La mitad de la vida del policía es esperar.

Por la hora que es, no creo que aparezca nadie.

-Pues vámonos a dormir. Mañana será otro día.

Yo siento haberte hecho perder el tiempo.

-Yo no siento haber perdido el tiempo.

Yo creo que ha sido una velada muy bonita.

-Una velada entre policía y ciudadano.

-A veces la distancia entre trabajo y diversión es corta.

-Estoy por no arreglar la ventana.

A ver si vienes otra noche a hacerme compañía.

-Bueno, la Policía está...

a disposición del ciudadano.

Siempre que lo necesite.

-Pues yo soy una ciudadana dispuesta a dejarse ayudar.

(Ruidos)

-¡Alto, Policía! -¡Papá!

-Te digo una cosa,

por mucho que la casa siga siendo tuya y te cases mañana,

no te dejo la habitación grande.

Pues me quedo con el cuarto antiguo tuyo.

Tú no te agobies.

Estoy muy nervioso, seguramente que dormiré en el sofá.

¿Que te vas a quedar en el sofá?

Y que mañana mamá me eche la bronca

por verte hecho unos zorros sin haber dormido.

Ni de broma. Déjalo, Jairo.

Como si te tengo que cantar una nana,

pero duermes como Dios manda, mañana tienes que estar despejado.

Pues se agradece.

Se agradece, dice.

Aquí el único que tiene que agradecer algo soy yo.

Jairo, olvídalo.

No, olvídalo no, Róber.

Lo que tú has hecho por mí...

Eso es muy grande, tío, y te honra como persona.

Tú hiciste lo mismo por mí, ¿no?

Lo que yo hice por ti sí que está olvidado.

Pues me alegro.

Me alegro de que esté olvidado y de que quieras irte del barrio.

Ya verás qué bien te va a venir.

¿Te has dado cuenta que vas a tener tu propia familia?

A lo mejor pronto tenéis un churumbel,

o una "churumbela", y me hacéis tío.

Yo padre. Quién me lo iba a decir.

¿Sabes cómo me gustaría ser para mis sobrinos?

Como el tío Ramón. ¿Estás de coña?

¿Por qué, tío? Anda que no hacíamos cosas guapas con el tío Ramón.

Pero si el tío Ramón era un descerebrado.

Lo único que hacía era cazar pájaros y matar conejos.

¿Para qué quiero que mis hijos aprendan eso?

Alguien tendrá que enseñarles a tirar una piedra,

a sacar una navaja y a cargarse un conejo.

No me imagino a mis hijos como nosotros.

Ellos vivirán en un buen barrio, irán a un buen colegio,

y no sabrán nada de navajas ni de peleas.

No sé si el tío Jairo podrá con unos sobrinos tan pijos.

Yo solo quiero que les enseñes una cosa:

la amistad entre hermanos.

Lo importante que es la familia.

Y con eso me vale. Eso está hecho.

-Cómo lo voy a denunciar, Elías.

Este hombre lo único que tenía era un hambre...

-¿Estás segura?

-Claro que estoy segura.

Este lleva un siglo sin soplarle a una cuchara.

No sabe lo que es comer caliente.

-Pero sí sabe entrar en La Parra.

Te ha entrado tres veces.

La verdad es que está hecho una pena.

-Si tuviera una chispa de maldad

se hubiera llevado cosas de más valor que una lata de sardinas.

-Eso es verdad.

-Yo creo que no anda bueno de la cabeza.

Este hombre necesita ayuda psicológica.

-Ahora que lo dices,

el albergue donde colabora Eugenio abre toda la noche.

Seguro que ahí le echan una mano.

-¿Tú lo podrías acercar? -Claro, por supuesto.

Eh, caballero,

que le voy a acercar a un sitio para que esté más confortable.

-Hay que ver la mano que tienes con el arroz.

-Muchas gracias.

Elías, como ciudadana,

te agradezco mucho

que hayas cumplido con tu deber de policía esta noche.

-Y yo como policía, te agradezco mucho el apoyo.

el apoyo al cuerpo de servicio de vigilancia nocturna.

Y ese arroz tan bueno que has hecho. -Hombre, qué menos.

-Venga, caballero, si sigue rebañando el plato,

no vamos a poder usar el lavaplatos.

Ahora sí que me voy.

-Hasta mañana. -Que descanses.

-Y tú también, cuando puedas.

-Buen hombre, ¿no ha traído usted nada más de abrigo?

Póngase esto.

A ver si se le va a cortar la digestión

con ese arrocito tan bueno que nos han hecho.

Así, muy bien. Por aquí.

-Adiós.

-Cierra bien. -Sí.

Adiós.

No ha dejado ni un grano.

-¿Qué tal, Alicia?

¿Qué haces aquí? Te dije que no quería verte.

Tranquila, por favor, vengo en son de paz.

Ya me dijiste que no querías que fuese a la boda

y no tengo intención de ir.

Entonces, ¿a qué has venido?

He venido a...

traerte un regalo de boda.

De ninguna manera.

Te dije que no quería ningún regalo tuyo.

A mí no me vas a comprar como al resto de la gente.

Solo se trata de una vieja foto, no tiene...

ningún valor, si no es un valor sentimental.

No me irás a dejar en la puerta, ¿no?

Está bien.

Pero que sea rápido. Necesito descansar.

Gracias.

Verás...

solo es una foto vieja

que plastifiqué hace mucho tiempo

para que no se estropease más.

Es una foto de mi madre cuando era joven.

La encontré en un viejo armario cuando lo estaba revisando.

Era muy guapa. Sí que lo era.

A veces, cuando la veo

me recuerda a ti.

Le hice esa foto con una cámara Polaroid

que le robé a un turista en el centro de Madrid.

En aquella época yo no tenía un duro.

¿Dónde se la hiciste? En la sierra,

cerca de... No recuerdo.

A tu madre y a mí nos encantaba escaparnos

en una vieja moto que yo tenía entonces.

¿Qué edad tendría aquí?

La misma que tú, más o menos.

¿Sabes?

Creo que ese día estuvo

a punto de decirme que estaba embarazada de ti.

Dos o tres días después,

la Policía me detuvo, me metieron en la cárcel y...

nos separaron para siempre.

Si te separaron de ella no fue culpa de la Policía.

Lo sé.

Lo sé.

Yo soy el único responsable

de que me separaran de ella.

y no sabes cuánto lo lamento.

A veces

me gustaría volver en el tiempo

y decirle al gilipollas ese que hizo la foto

que no fuese tonto y que no pierda a la mujer de su vida.

No creo que te hiciera caso.

No, yo tampoco.

Cuando era joven no aceptaba consejos de nadie,

me creía el rey del mundo.

Si has venido para decirme

que te arrepientes de haber sido un delincuente

o de seguir siéndolo, no me interesa.

No, no...

No he venido para decirte nada de eso.

Ya sé cuánto me odias, Alicia.

Y también sé que hay cosas que no me perdonarás jamás.

Entonces, ¿a qué has venido?

Verás, he venido...

a pedirte...

a suplicarte...

que no odies a tu madre.

No odies a la mujer que sonríe en esa foto.

Ella era una mujer feliz,

alegre, aventurera...

que cometió muchas locuras en su vida y, quizá,

la locura más grande fue enamorarse locamente de mí.

Una desgracia para todos.

Sí, quizá tengas razón.

Quizá yo sea responsable

de todo lo que nos ha sucedido a Marcelino, a ti, a tu madre...

a mí.

O quizá, la responsable fuese ella

por ocultarnos la verdad durante todos estos años.

¿Quién lo sabe? Eso no importa.

Lo importante es que ese día que nos hicimos la foto

tu madre y yo fuimos muy felices dando vueltas con aquella moto vieja,

haciéndonos planes de futuro.

Unos planes que nunca se cumplieron.

No sé si quiero seguir escuchándote. Solo una cosa más,

Alicia, una cosa más...

Ese día, al atardecer, antes de volver a Madrid,

tu madre me dijo que si algún día teníamos una hija ella y yo

quería ponerle de nombre Alicia.

Como "Alicia en el país de las maravillas".

Ella quería que fuese una niña alegre, divertida,

aventurera, que no tuviese miedo a nada...

Feliz.

Libre.

Que supiese coger las riendas de su vida

para disfrutar al máximo.

Mañana...

mañana no estaremos en tu boda ni tu madre ni yo,

pero estoy seguro de que si ella estuviese allí

se sentiría la mujer más feliz del mundo

por ver que te has convertido

en la hija que ella siempre quiso tener.

Ese es mi verdadero regalo, hija.

Quería traerte

las palabras que tu madre me dijo

aquel día en el que fuimos tan felices.

Hacía mucho que nadie

me contaba la historia de mi nombre.

Mi madre me decía de pequeña que quería que fuera

valiente y aventurera como "Alicia en el país de las maravillas".

Ojalá ella... Estuviese aquí mañana

para acompañarte, ¿verdad?

Gracias por recordármela.

No hay de qué.

No hay de qué, hija, no hay de qué.

No hay de qué.

Por favor, te ruego que te marches.

Sí.

Ya me voy. Solo...

Que seas muy feliz, Alicia.

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

(Teléfono)

¿Papá?

¿Pasa algo?

"No, solo quería hablar contigo

para saber qué tal vas con los nervios de la boda".

Bueno, lo normal.

Pero ha habido un cambio de planes.

Quería que fuera una sorpresa,

pero no me aguanto las ganas de contártelo.

"Canceláis el viaje a Canarias y optáis por las Maldivas,

dime que sí, por favor". No.

Te va a hacer mucha más ilusión.

Me voy a casar con el vestido de mamá.

"Vas a estar preciosa".

-Solo digo que has pasado una noche de vigilancia con María

y te has vuelto más bondadoso, más solidario.

Tendremos que quitarte el título de policía cínico de la comisaría.

-A lo mejor, antes no era tan ogro ni ahora soy tan santo.

Pero te aseguro que pasar unas horas con María

no ha tenido nada que ver. -No tan pocas.

-El otro días os besáis, y luego os pasáis la noche hablando.

¿Me vas a decir que no ha pasado nada más?

-Si te parece poco

que hemos descubierto quién era el ladrón.

-María, a mí no me tomes el pelo.

-Yo sé que fuisteis muy buenos amigos,

por eso no entiendo que vayas a Barcelona y no le digas nada.

-Hombre, dicho así... -No es cuestión de quedar bien o mal,

es hacer las cosas como tienen que hacerse.

Aunque sea por educación deberías decirle que vas.

-¿Y si ella no quiere saber nada de mí?

-"¿Sí?"

-Hola, Paty, soy Jairo.

-Yo soy de la opinión que llegada una edad

es mejor que las cosas se queden como están.

-Seguro.

-Sé que no me vas a perdonar nunca y que jamás volveremos a ser amigos,

pero...

De verdad, Marcelino, me gustaría que me escucharas.

-¿De verdad que todavía tienes algo que contarme?

-Sí.

Ya sabes que a mí me hubiese gustado mucho estar en tu lugar,

pero hoy sé que eres tú quien tiene que estar a su lado.

Muchísimas gracias por aguantarme

todos estos años, que no es poco.

Lo segundo, que sois los mejores compañeros

que un policía pueda tener.

Y lo más importante,

que os preparéis, porque después de casarme

voy a ser el triple de cabroncete.

(TODOS) ¡Brindemos por eso!

¡Por ti, Róber! ¡Por el cachorro!

Parece que está siendo un día muy tranquilo.

Parece que los malos se han puesto de acuerdo

para dejar que Alicia y Róber se casen tranquilos.

-"Ni perdonamos ni olvidamos".

-Pero ¿qué haces aquí con el teléfono?

-¿Qué hago con el teléfono?

-Es una falta de respeto.

¿Vas a estar jugando a los marcianos durante la ceremonia?

-Mamá, lo voy a poner en modo silencio,

es una cosa para que no suene.

-En modo silencio no, lo vas a apagar del todo.

-¿Para mí?

Está bien. Gracias.

"NI PERDONAMOS NI OLVIDAMOS".

Maldita sea...

Vamos, Jairo, cógeme el teléfono de una maldita vez.

  • Capítulo 199

Servir y proteger - Capítulo 199

14 feb 2018

María descubre que alguien entra por las noches en el bar. Antonio atiende a Lucy, una joven que acaba de volver de Colombia y se encuentra muy mal. Martín Díez ha recibido una oferta laboral que le puede cambiar la vida. Quintero entrega un emotivo regalo de boda a Alicia.

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