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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 188 - ver ahora
Transcripción completa

-¿Tú estás loco?

Queremos un millón de euros dentro de dos horas.

-¿Un millón? Pero habían pedido 100 000.

Vamos a acudir a la cita.

Vamos a seguirles el juego hasta el último momento,

hasta que Marcelino esté a salvo.

¿Y de dónde vamos a sacar el millón de euros?

Utilizaremos un señuelo. No.

Dime, Alicia, ¿qué pasa?

Mi padre está secuestrado.

¿Cuánto piden? Un millón de euros.

Voy a hacer todo lo posible por tener aquí ese dinero.

-Veo ahora que puedes ser buen jugador.

-Ahora ves que puedo ser buen jugador.

¿No estarás jugando tú conmigo?

-Mira, nadie nace enseñado.

Los principios son duros y lo más normal es cagarla.

-Se llama Queco

y es normal que te dé mala espina

porque siempre anda metido en movidas raras.

Timbas de póker, concretamente.

-¿El Queco es peligroso?

-Le jodió la vida a un amigo mío, ¿eh?

-¿Qué es lo que le hizo?

-Le llevó por un circuito de tumbas de póker,

le animaba a apostar...

Todo empezó siendo un pasatiempo, pero acabó siendo su perdición.

-Yo debo favores a gente a la que te aseguro

que no me gustaría deberle nada,

pero bueno, eso es asunto mío.

Lo importante es que aquí tienes lo que necesitas

para liberar a Marcelino.

(RESPIRA FUERTE)

Karim, ¿lo tienes localizado?

Afirmativo.

-No nos interesa soltarle.

-Paco, Paco, mírame.

Si nos lo cargamos, la Reme no me lo perdonará.

-Tenemos que asegurarnos de que no pueda hacer ruido.

Vamos a tumbarle en la cama.

-Karim y yo todavía no nos hemos acostado juntos.

-¿Tiene que ser esta noche?

Lo digo porque llevo dos días aquí encerrado.

-Pues cada mochuelo a su olivo, ya está.

-Te he dicho que estoy cansado, no que me quiera ir solo.

-Tenemos que llegar a Marruecos antes de que encuentren a este.

Vámonos.

Me habéis dejado con el culo al aire frente a la prensa.

¿Crees que estoy contenta con ese artículo?

Entiendo que quieras salvar la cara,

pero me importa la reputación de la comisaría.

Si de verdad te importara, no iríais por ahí

aireando los trapos sucios de esa manera.

Yo intenté evitarlo, Emilio, te lo prometo.

¡Pues te salió fatal!

No quería irme sin antes darte las gracias.

Ese gesto ha significado mucho para mí, eres,

eres una persona generosa en algunos aspectos.

Me han advertido de ti.

(SE RÍE) -¿Y qué te han dicho?

-Que lanzaste a un tío al hoyo a base de insistirle

y engatusarle para que jugara a las cartas.

-No insisto a nadie ni les obligo a sentarse en una mesa a apostar.

-Y acabo de enterarme

de que ha sido Quintero quien ha pagado mi rescate.

Bueno, fue solo un préstamo.

No quería arriesgarme a darles un señuelo.

Detesto deberle favores a ese tipejo.

-No me gusta beber sola.

¿Tu nombre? Katia.

Emilio.

¿Estás bien?

(Música emocionante)

O sea que, por fin, todo ha terminado.

Pues sí.

Por suerte pudimos liberar a Marcelino

sano y salvo.

¿Y los secuestradores? Ni un rasguño, ya te lo he dicho.

Fue un operativo rápido y limpio. Me alegro mucho por ti,

bueno, y sobre todo por Alicia y por Montse,

han tenido que vivir un infierno estos días.

Pues sí porque tiene que ser durísimo

estar investigando el secuestro de tu padre

y saber que, en cualquier momento,

puede peligrar su vida. Qué horror.

Lo has dicho siempre, Alicia tiene una gran sangre fría.

Sí, sí, y esto me lo ratifica, vamos.

La he visto muy entera y no sé yo

si estuve tan a la altura de las circunstancias

con el secuestro de Olga. ¡Hombre!

Un caso no tiene nada que ver con el otro, hombre.

Había asesinado antes.

Era un psicópata muy inteligente que quería vengarse de ti,

quería hacerte daño. No, hombre, no.

Por lo que me has contado, estos son unos pobres diablos.

Sí, pero también eran unos pobres diablos

los del secuestro de Anabel y mira cómo acabó la cosa, ¿eh?

Que nunca se sabe.

Ya, sí, nunca se sabe, la verdad, pero bueno,

quería comentarte que eso, que las circunstancias en este caso

son totalmente diferentes a las de ese abogado.

Mira, en cualquier caso, no quiero más secuestros,

ni chapuceros ni no chapuceros,

es que los secuestros son como una caja de nitroglicerina,

en cuanto se mueven un poco, pueden salir por los aires.

¿Sabes lo bueno de todo esto? ¿Qué?

Que, estadísticamente, es difícil

que todo te vaya a ir tan mal como ayer, ¿sabes?

Hoy seguro que es un día más tranquilo.

Tranquilo. Es cuestión estadística.

¿Tranquilo? ¿Un día tranquilo?

¿Cuándo he tenido yo un día tranquilo en Distrito Sur?

¿Me quieres decir? No.

Y mucho menos ahora, con Bremón así. No.

Sí, Bremón ha cometido muchos errores últimamente, sí.

Además, la verdad, nos ha faltado al respeto.

Cierto.

En fin, espero, no obstante, que se recupere

y que pronto se pueda incorporar al trabajo.

Pues no las tengo yo todas conmigo, ¿eh?

Está desquiciado, no te puedes imaginar el pollo

que nos montó ayer a Lola y a mí

porque nos acusaba de que habíamos sido nosotras

las que habíamos filtrado a la prensa lo de su suspensión.

Ha perdido el control.

Pero no solo de su vida profesional, también de su vida personal.

La verdad es que esa rueda de prensa nos ha hecho mucho daño.

Lo leí en la prensa digital, sí.

Nunca hubiera imaginado

que el comisario pudiera acusaros de nada.

Yo tampoco.

No te puedes imaginar cómo está, está fuera de sí

y no sé cómo le podemos ayudar.

Pues obvio, necesita tratamiento.

Ya, ¿y crees que no lo sé?

No puede ir por ahí

echando la culpa a los demás de todos sus males.

Además, ha sido muy injusto

acusándote de conspirar para quitarle su puesto.

(Móvil)

Mira,

hablando del rey de Roma.

Espero que sea para pedirte perdón, ¿eh?

Cuélgale si despotrica, no entres al trapo.

Claro.

Dime, Emilio.

Miralles,

ha ocurrido algo.

"¿Qué ha pasado?".

Es algo muy grave.

Necesito que vengas cuanto antes, por favor.

"Miralles, solo puedo confiar en ti".

Claro, dime dónde estás, voy enseguida.

Habitación 435, hotel Puerta del Sur.

Emilio...

¿Emilio?

Buenos días.

-Buenos días, Espe.

(SUSPIRA)

-¿Tú no tienes la sensación

de que ha días en los que parece que todo te sonríe?

-Eh, ¿por qué vienes tan contenta?

-Bueno, vale, te lo cuento,

pero te juro que no pensaba decirte nada.

-¡Venga, suelta!

-He pasado una noche maravillosa con Karim.

(GRITA) -¡Te has acostado con él!

(RECHISTA) -¡Cállate!

Sí, eso también,

pero no hace falta que lo grites a los cuatro vientos.

-Quiero ya todos los detalles.

(SUSPIRA)

-Y luego soy yo la cotilla, ¿eh?

Bueno, vale, te lo cuento,

pero te sigo diciendo que yo no pensaba decirte nada.

(SE RÍE) -Seguro.

¡Conociéndote!

(SUSPIRA)

-Es que ha sido fantástico.

Dulce, romántico...

Una noche de pasión como en las películas,

vamos, que me siento Julia Roberts.

-¿En "Pretty woman"?

-No, no, en "Pretty woman", no.

Que era un ejemplo, solamente.

-Lola, ¿y por qué en "Pretty woman" no?

-Ay, déjalo.

-Porque tú no eres así, ¿no?

-Que lo importante es que

ha superado todas mis expectativas.

Un diez.

-No sabes cómo me alegro. -Ya.

-¿Ves como al final no era para tanto

y no había que ponerse así? -Ya.

-Que siempre te preocupas por tonterías.

-Es que soy tonta, si ya llevas razón siempre.

Bueno, venga.

¿Y tú qué tal? ¿Cómo estás?

-Pues no tan bien como tú, desgraciadamente.

-Ya, me imagino.

Es por el artículo de esa periodista sobre Bremón, ¿no?

-No es tanto por el artículo,

sino por la reacción de Bremón ante el artículo.

Ayer se presentó como una fiera

en el despacho de Miralles para quejarse de la noticia.

-Le debe haber sabido a cuerno quemado.

-A ver, en realidad lo de la noticia es comprensible,

lo que no es de recibo es que me acuse a mí

de ser la culpable de absolutamente todo

por no saber llevar una rueda de prensa.

-Vamos, ese hombre ha perdido la cabeza por completo.

-Pues no lo sé, Espe, creo que, en el fondo, lleva razón.

-¿Pero por qué dices eso?

-Porque no fui nada hábil con los periodistas,

porque tendría que haber impedido que esa mujer publicara el artículo.

La verdad es que nos hace mucho daño a todos.

-Hombre, para el carro, ¿eh, Lola?

Y no te machaques más

porque esa mujer venía con toda la información desde casa.

-No lo sé. -Pues yo sí lo sé.

Ella lo iba a publicar te pusieses como te pusieses,

así que no te fustigues más por lo que diga Bremón.

-Es que tendrías que haberle visto, Espe.

Entró hecho una furia al despacho, lleno de rabia.

Me dijo cosas tan injustas...

-Lola, escúchame.

Tú no tienes la culpa de nada, ¿eh?

El comisario se ha complicado la vida él solito

y más le vale que se vaya relajando porque, si no, va a acabar muy mal.

Tú no le des más vueltas, hombre,

que vas a acabar deprimida, como él.

-Tienes razón.

(Puerta)

¿Quién es?

Abre, Emilio, soy Claudia.

¿Qué ha pasado?

Me has preocupado mucho por teléfono.

Mejor que lo veas tú misma. Pasa, rápido.

Dios mío.

Está muerta.

¿Eso es una herida de bala?

No lo sé.

¿Le has disparado tú? No lo sé.

Mira, yo no lo recuerdo, no tengo ni idea de lo que ha pasado.

¿Cómo que no te acuerdas? ¿De qué no te acuerdas?

Lo único que sé es que, cuando me desperté,

esta mujer estaba a mi lado, pero ya estaba así

y no sé por qué está muerta ni nada.

Emilio,

comprenderás que eso es muy difícil de creer.

Miralles, ya lo sé, pero es la verdad.

Mira, ayer bebí,

mezclé alcohol con las pastillas y,

y tengo la noche como en una nebulosa.

Ni siquiera recuerdo cómo vine aquí, a esta habitación de hotel.

Bueno, es posible que estés en shock y por eso no recuerdas nada.

Es como si tuviera una enorme laguna de memoria.

A ver, vamos a empezar por el principio, ¿vale?

Haz un esfuerzo,

¿qué es lo último que recuerdas?

Lo último, Emilio.

Bueno, estaba

en el bar La Parra.

Estaba furioso porque había discutido contigo

y con Lola, entonces llegó Martín

y tuve otra discusión con él y, cuando se fue,

me entró una mujer y me preguntó

que si podía acompañarla tomando una copa.

¿Una mujer? ¿Qué mujer?

¿Esta mujer?

Creo que sí.

No, creo, no. Dime, ¿era esta mujer o no?

Sí, era ella, era ella.

¿Y recuerdas cómo se llamaba?

Katia, eso es lo único que tengo claro.

Ya sabemos algo.

¿Después qué pasó?

Bueno, allí, en La Parra, tomamos una copa

y luego fuimos a un sitio, pero es que no consigo recordar

dónde fui, Miralles.

A partir de ese momento,

a partir de ese momento todo se me nubla.

Bueno, tranquilo, a ver.

Vamos a recordar, ¿vale?

¿Dónde fuiste después de salir de La Parra?

(LLORA) No lo sé.

Piensa, es muy importante. ¡No lo sé!

Miralles, no lo recuerdo, no recuerdo nada.

Es imposible,

no puedo recordar bien lo que ocurrió.

¡No puedo, no puedo!

No puedo.

Miralles, escucha.

Por eso te he llamado a ti,

para que tú averigües lo que ha ocurrido.

No es fácil, si no me das más datos, ¿qué puedo hacer?

Ahora mismo, tú eres el único testigo.

Miralles,

eres la mejor policía que conozco.

Solo tú me puedes ayudar.

Por favor.

Quizá la verdad no nos guste saberla a ninguno.

Lo sé, pero quiero saberlo,

sea lo que sea.

Eres policía,

sabes cuál es el siguiente paso.

Esta habitación se ha convertido en el escenario de un crimen.

Tengo que precintarla y tengo que llamar a Científica.

Haz lo que tengas que hacer.

Tendrás que acompañarme a comisaría.

Vale.

Una pregunta más. Dime.

Sé que no podías llevar tu arma reglamentaria

porque estás suspendido,

pero también sé que tienes una segunda arma

de tu propiedad.

Respóndeme a la pregunta:

"¿Tú llevabas ese arma contigo ayer?".

Sí.

¿Y dónde está el arma en este momento?

A ver,

atiéndeme.

Respuesta automática:

¿dónde dejas el arma nada más llegar a casa?

(RESOPLA)

Miralles.

Sí, necesito que mandes a Científica al hotel Puerta del Sur.

Un asesinato.

Yo también tengo muchas ganas de volver a veros.

Es que no os imagináis lo que os he echado de menos.

Hasta pronto.

-Oye, cariño.

¿Estás bien?

¿Ha pasado algo?

-Estaba hablando con mis padres.

-¿Con tus padres?

Pero si hacía años que no hablabas con ellos.

-Desde que me marché del pueblo.

-A ver, a ver, ven aquí y siéntate y así te calmas.

Y vamos a hacer los ejercicios de relajación.

que seguro que estos meses no has hecho nada.

Venga, inspira conmigo,

expira.

Venga, inspira.

-Cariño, que estoy bien.

De verdad.

Que las lágrimas son de alegría,

les he dicho a mis padres que me voy a casar.

-¿Se lo has dicho?

¿Y cómo les ha sentado?

-Hombre, al principio se han quedado mudos

y no oía nada al otro lado del teléfono

y me he dicho: madre mía, ahora sí que en diez años no me van a hablar.

Pero luego...

-¿Luego?

-Luego se han puesto muy felices, están locos de contentos.

-¿Y no les importa que te vas a casar con un chico de otra religión

que iba para cura?

-A ver, eso no se me ha ocurrido decírselo

y a ti tampoco se te ocurra soltarlo.

Pero lo que más me ha sorprendido de la llamada

ha sido lo cariñosos que han sido conmigo.

-Bueno, como tiene que ser, son tus padres.

-Y mi madre.

Se ha puesto a llorar de la alegría y todo.

Pero es que mi padre también.

-Me alegro muchísimo, pero oye, ¿cómo me has vendido?

O sea, ¿qué les has dicho de mí?

-¿Qué les voy a decir? Pues la verdad.

Que eres un chico muy bueno, muy cariñoso,

que me cuidas mucho y que vives para ayudar a los demás.

-A ver si se van a llevar una decepción

cuando me conozcan. -¡Que no!

Además, se han sorprendido mucho cuando les he contado

que los últimos meses has estado de voluntario en Grecia.

Tienen muchas ganas de conocerte.

-Yo también estoy deseando conocerles,

pero estoy seguro de que, si se han puesto tan contentos,

ha sido por volver a oír tu voz.

-Supongo que sí.

-¿Lo supones? Seguro.

Mira, por muchos problemas que hayáis tenido,

seguro que ellos te echaban muchísimo de menos.

-Y yo a ellos.

No te imaginas las ganas que tengo de volver a verlos.

-Oye, ¿y quién ha llamado a quién? ¿Tú o ellos?

-Yo, es que, además, llevaba tiempo queriendo hacerlo,

pero, en el último momento, siempre me echaba atrás

y esta mañana me he dicho: Salima, de hoy no pasa.

-¡Esa es mi chica! (SUSPIRA)

-Es que quería que supieran lo feliz que soy

y que me voy a casar

con el hombre más maravilloso del mundo.

-Se van a llevar un chasco cuando me vean.

-¡Eugenio, que no!

Eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

Sin ti nunca me habría atrevido a llamarles.

-Si lo sé, te pido antes matrimonio.

-Oye, pues sí porque, al hacerlo, me has hecho doblemente feliz.

Voy a pasar el resto de mi vida contigo

y me voy a reconciliar con mis padres.

¡Soy la mujer más feliz del mundo!

(Puerta)

-Pasa, Jairo, pasa.

¿Qué tal va todo en el muelle? ¿Hay algún problema?

-No, todo en orden, todo bastante bien.

Están ahora mismo cargando

los frigoríficos que salen para Francia.

-Estupendo. ¿Y la partida de aceite?

-Descargando el camión que ha llegado de Jaén.

-Muy bien. Encárgate personalmente

de que ese camión salga a su hora para Alemania,

no quiero que haya ningún retraso.

-No se preocupe, que esta tarde sale para allá.

-Estupendo.

¿Qué pasa? ¿Algo más?

-Pues sí, quería pedirle un favor.

-Muy bien, tú dirás.

-En primer lugar, quería pedirle perdón

por usar el reservado sin su permiso.

-No te preocupes por eso, lo hemos hablado

y está todo perdonado.

-Pero quiero que usted vea que he entendido perfectamente

que con usted no hay que ir nunca por atrás

y siempre hay que hablar las cosas directo.

-Eh, Jairo, será mejor que vayas al grano, hijo,

porque no tengo todo el día, tengo mucho follón, ¿vale?

¿Qué pasa?

-Quiero entrar en una de sus partidas de póker.

-¿Como jugador? -Claro, como jugador.

(RECHISTA) -Imposible.

-Imposible. -Ajá.

-¿Y por qué, si tengo el dinero y me sé las reglas a la perfección?

-Sé que te conoces las reglas perfectamente,

pero parece que se te ha olvidado el motivo

por el que organizo esas partidas.

Tú sabes bien que a mí el juego me importa un pimiento,

si organizo esas timbas es

para sentar en la mesa a empresarios importantes

con los que poder hacer negocios, ¿de acuerdo?

No puedo invitar a uno de mis empleados.

-Vale.

-Entiéndelo, Jairo, no estaría bien visto.

-No pasa nada, comprendido.

-Muy bien. Espera un momento, Jairo.

(CARRASPEA)

¿Se puede saber desde cuándo juegas tú al póker?

-Que desde cuándo juego al póker.

Pues un tío mío me enseñó cuando tenía yo nuevo o diez años

y llevo jugando con mis amigos toda la vida.

-No me estoy refiriendo a las partidas

que juegues con tu hermano o con cuatro colegas,

me estoy refiriendo al póker profesional.

-¿Al profesional? Pues...

poco tiempo.

La verdad es que he jugado unas partidas sin importancia,

ahora me apetece subir "the level".

-Subir un poco "the level".

Menudo pieza estás hecho.

¿Y se puede saber por qué demonios lo haces, eh?

-Porque me gusta, me gusta mucho.

-¿Qué pasa? ¿Es por dinero?

¿Crees que no te estoy pagando lo suficiente?

-No, usted me paga muy bien, no tiene que ver con el dinero.

-Entonces, ¿por qué es?

-No es por el dinero, don Fernando, el dinero es... Es por otra cosa.

-¿Quieres dejar de darle vueltas y decirme por qué?

-Porque tengo los dedos calientes, no sé si me explico.

-Los dedos calientes, ya.

Crees que estás en racha, ¿no?

-No lo creo, estoy en racha.

Ayer partí la mesa y me llevé un picazo

y la tengo aquí,

a la suerte, a mi lado

y quiero no desaprovecharla antes de que se vaya.

-Pero tú sabes bien que la suerte es algo que viene y va, ¿no?

-Claro que lo sé, perfectamente, no soy idiota, por eso mismo.

-Eso espero, Jairo,

porque lo que menos me conviene ahora mismo

es que te despistes

y pases las noches jugando al póker

con todos los problemas que tenemos encima.

-No, don Fernando, yo sé perfectamente

que lo primero es el trabajo.

El póker es algo que va después y eso no va a cambiar.

-Más te vale

porque sabes muy bien lo cabreado que se fue Somoza de aquí

el otro día, cuando rechacé su oferta

y, a partir de ahora, tenemos que estar muy atentos,

¿te queda claro?

-Sí, don Fernando, lo sé.

Yo no dejaría que nada se interpusiera entre yo y mi deber

y mucho menos una afición como es el juego,

que es una afición.

-Muy bien.

Vete ahora al muelle y controla que ese camión sale a su hora

para Alemania con la partida de aceite.

-Voy a controlar la partida de aceite para que salga todo perfecto.

-Eso es lo que te he dicho, vete al muelle ahora.

-Ya hablamos en otro momento.

(Puerta)

Hola, Martín, ¿qué tal?

Hola, Claudia, ¿qué te sirvo? No, nada, gracias.

Solo venía a hacerte unas preguntas, si tienes un momento.

¿A mí? Sí. ¿Estás muy liada?

No, pregúntame lo que quieras.

Es con respecto al comisario Bremón,

estuvo un rato aquí ayer por la noche, ¿verdad?

Sí, estuvo antes de que cerrase.

¿Y qué hizo?

Salima, no pretendo que critiques al comisario,

solo quiero saber lo que pasó aquí anoche.

¿Le serviste alguna copa?

Sí, me pidió una copa nada más llegar. Whisky.

Ya. ¿Y habló con alguien?

Bueno, con Martín.

Lo primero que hizo nada más verle fue discutir.

Ya. Martín, Salima me estaba diciendo

que ayer hablaste con el comisario Bremón ayer por la noche.

Sí, bueno, es que hablar, lo que se dice hablar,

eh..., la verdad es que no.

Lo que estaba es muy enfadado por el artículo

que se publicó sobre su cese.

¿Mencionó a alguien en concreto?

Pues digamos que cargó

contra toda la profesión periodística,

incluido un servidor. ¿Dijo algo más?

Mira, Claudia, no estaba en condiciones

de tener una conversación, así que le dejé solo.

Ya.

Vale, gracias, Martín.

Salima, y después de que se marchara Martín,

¿habló con alguna otra persona?

Sí, habló con una mujer.

¿La conocías? No, nunca la había visto por aquí.

¿Y recuerdas cómo era, qué aspecto tenía?

Pues era de unos treinta y pocos,

rubia, ojos azules,

piel clara...

No sé, parecía rusa o de un país del este.

¿Y te dio la impresión de que se conocían

o que hubieran quedado ellos aquí para verse?

No, a mí me pareció que se conocieron aquí mismo.

Además, ella parecía que estaba ligando con él.

Y él le siguió el juego.

Sí, se le veía muy a gusto.

¿Estuvieron mucho rato?

Pues no mucho porque yo estaba a punto de cerrar.

Luego les oí que hablaban de ir a tomar una copa a otro sitio.

Imagino que se fueron a uno de los pubs que cierran más tarde.

¿Recuerdas qué hora era cuando se fueron?

Pues las 12 o así.

Vale. Gracias, Salima.

Hasta luego, Martín. No, no, espera un segundo.

¿Por qué estás haciendo tantas preguntas sobre Bremón?

Diría que le estáis investigando. Adiós, Martín.

Es eso, ¿verdad? Le estáis investigando,

le estáis investigando, ¿se ha metido en un lío?

Dímelo, ¿tiene que ver con la suspensión?

No tiene nada que ver con eso, solo estoy preocupada por un amigo.

Yo también te estoy preguntando como amigo, no como periodista.

Si se ha metido en algún lío, me gustaría ayudarle.

Martín, sé que lo dices de corazón,

pero de verdad que no puedo decirte nada.

Venga, Claudia, no me puedes dejar así.

¡Que no, Martín!

Hablaremos en otro momento, ¿de acuerdo? Gracias.

Adiós.

Hola, papá, ¿te pillo mal? Ojalá.

González,

dame un beso,

que me vigila como si estuviese enfermo

y solo me deja leer contratos sencillos

como si fueran para becarios.

Bueno, y hace bien,

tienes que tomarte con calma la vuelta al trabajo.

¿Tú también?

Alicia, necesito trabajar de verdad, no esas tonterías.

Así no voy a dejar atrás el maldito secuestro.

Papá, pero tienes que entender que te va a costar pasar página.

Pero tratándome como a un inválido, aún va a ser más difícil.

No sé, igual deberías buscar ayuda.

¿Qué quieres decir?

Pues que has pasado por una experiencia traumática

y es normal que puedas tener miedos o te cueste dormir por las noches.

Igual un psicólogo te vendría bien.

No creo que sea necesario.

Pero prométeme que, al menos, lo tendrás en cuenta.

Te lo prometo.

¿Contenta? Ajá.

Venga, y ahora dime qué te ha traído por aquí.

En realidad es un tema relacionado con el secuestro,

pero igual es mejor que no te diga nada y dejarlo pasar.

Por favor, Alicia, cuéntame lo que hayas venido a decirme.

Tiene que ver con la mujer del secuestrador.

Sé que estabas preocupado ante su posible desahucio.

Pero bueno, ella no ha tenido culpa de nada.

Claro, por eso he hablado con un abogado de una ONG

que trabaja en Distrito Sur

y que están especializados en estos casos.

Qué bien, eso sería estupendo.

Sí, me ha llamado y me ha dicho que ha estado revisando el caso

y cree que puede conseguir la dación en pago,

así se quitaría la deuda con el banco.

Pero perdería la casa.

Pero ella tampoco tiene ganas de seguir viviendo allí,

dice que esa casa solo le trae malos recuerdos.

Pero tendrá que vivir en algún sitio.

Va a irse, de momento, a casa de sus padres

y el abogado me ha dicho que la ONG cree que podrá conseguirle trabajo.

Ojalá sea así.

¿Sabes que dice mucho de ti

que te preocupes por la mujer de tu secuestrador?

A ver, ella no tiene por qué pagar por lo que no ha hecho.

El propio Telmo no deja de ser una persona desesperada

y me da mucha lástima,

por eso he querido dejar bien claro en la declaración

que nunca tuvo intención de matarme.

Te entiendo.

Para mí también es difícil detener a gente

que ha cometido delitos por desesperación.

La cosa es distinta cuando lo hacen por codicia o por simple maldad.

¿Lo dices por alguien en concreto?

Ahora mismo estaba pensando en Sergio Mayoral.

Telmo y él son dos delincuentes totalmente opuestos.

Pues sí, es verdad.

En el caso de Telmo,

solo estaba preocupado por el bienestar de su familia,

pero Sergio, en cambio, se movía por ambición

y fue capaz incluso de matar para proteger su carrera.

Pues pensaba, cuando hablabas de alguien ambicioso,

que te referías a Fernando Quintero.

Bueno, Fernando Quintero sigue el mismo modelo,

pero en su caso no hemos podido demostrar

que sea un criminal.

Bueno, papá, voy a tener que volver al trabajo.

Espera un segundo, Alicia.

Verás,

quería pedirte perdón

por la reacción tan fría que tuve ayer

cuando, cuando me enteré que habías recurrido a Quintero

para conseguir el dinero del rescate.

No tienes que pedirme perdón por nada.

Es que me pilló por sorpresa y no supe cómo reaccionar.

No te preocupes.

Lo único que espero es que entiendas por qué lo hice.

Estabas desesperada, hija, claro que lo entiendo.

Papá, para mí también fue muy difícil acudir a Quintero,

pero si lo hice fue

porque necesitaba su dinero para salvarte.

Lo hice porque te quiero

y porque la idea de perderte era insoportable.

Dame un abrazo.

(SUSPIRA)

Ahora sí que tengo que marcharme. Claro, no te quiero entretener.

Adiós, papá. Adiós, hija.

-Eh, eh, Claudia.

Elías, no te hacía en comisaría hasta mañana.

Ya, no, si no vengo a trabajar,

soy consciente de que mi suspensión dura hasta mañana.

Vengo por, vengo por Bremón.

¿Por el artículo que se ha publicado con la suspensión?

Sabes que no me refiero a eso.

Me refiero al rumor que corre por ahí

que relaciona a Bremón con la muerte de una joven.

¿De dónde has sacado eso? Bueno, tengo mis fuentes.

Que no me vas a revelar.

Sé que estás llevando esto con discreción,

pero las noticias vuelan y más si son malas.

Pues muy mal.

Esto no tenía que haber salido de aquí.

Ya, bueno, tú sabes que puedes confiar en mí,

pero menudo marrón, ¿no?

Pues sí, marrón, pero de los gordos.

Ya. ¿Qué es lo que tienes?

Efectivamente, hay un cadáver,

lo que pasa es que no se sabe si la responsabilidad es de Bremón.

Hemos abierto una investigación para determinar lo sucedido.

¿Quién está al frente? ¿Quién va a estar? Yo misma.

Sabes que puedes contar conmigo para lo que quieras,

pero me tienes que decir lo que sabes.

De eso nada, ¿no recuerdas que estás suspendido?

¿Eh? No quiero que se invalide una investigación

por una irregularidad.

Claudia, no me vengas con legalismos.

Sabes que necesitas mi experiencia para enfrentarte a este marrón,

estás investigando a un comisario. Ya, y te lo agradeceré mucho,

pero a partir de mañana, cuando puedas actuar como policía,

nunca antes. Está bien, se hará a tu manera.

No, no es mi manera, son las normas.

No sabes cómo me arrepiento

de haberme pasado con el malnacido ese del Beto.

Bueno, tranquilo,

solo te queda un día para volver con nosotros.

No seas impaciente.

Mañana estoy como un clavo para incorporarme al caso.

Gracias, Elías.

Ahora vete a descansar que mañana te necesito fresquito.

Gracias, inspectora.

-¡Claudia!

Hola, ¿vienes de Jefatura?

Sí, y están muy alarmados por lo ocurrido.

A estas alturas no puedo asegurar quién lo sabe y quién no.

En Jefatura han insistido en la importancia

de resolver el caso cuanto antes. Tenemos que darle máxima prioridad.

¿Qué has investigado hasta ahora?

He estado rastreando los movimientos de Bremón anoche.

¿Y has encontrado algo?

Los testigos corroboran la versión que me ha dado esta mañana.

Entonces, está colaborando con nosotros.

Sí, claro.

Él es el máximo interesado en que esto se aclare.

¿Y le crees cuando dice que no se acuerda de lo sucedido?

Sí, en este momento es un hombre desesperado

y abatido, ¿no?

No tiene por qué fingir con nosotros.

Ahora iba a preguntarle a ver si se ha acordado de algo más.

Venga, te acompaño.

(Puerta)

-¿Qué pasa, socio?

-Hombre.

¿Qué pasa, campeón? ¿Qué haces por aquí?

-Nada, pasaba por aquí y me he dicho: "Voy a hacer una visita a mi colega".

En qué pedazo empresa trabajas, ¿no?

Qué poderío, macho.

-Pues sí, tío.

Ojalá no estuviera tan liado y te pudiera enseñar todo,

pero me pillas un poco aquí, con esto.

-Nada, tranqui,

si simplemente pasaba por aquí para saber qué tal has dormido

después de arrasar ayer en la timba.

-¿Qué tal, qué? ¿Qué tal he dormi..., qué?

¿Tú te crees que yo he pegado ojo, hermano?

Con el subidón que tenía con el pastizal que gané.

-Estabas "on fire", hermano. Fue la leche, pillar mano tras mano.

-La verdad es que tuve la suerte de mi lado.

-Tuviste la suerte y el talento

y cuando se tienen las dos y uno está en racha,

hay que seguir picando en la brecha y aprovechar a tope el momento

y ganar cuanto se pueda.

-Hombre, yo te digo una cosa, yo me pongo a pensar y digo:

"Me tocan dos más o tres más como la de ayer y yo me retiro".

-¿Sí? -¿Entiendes lo que quiero decir?

-A eso, precisamente, he venido.

Hay una partida potente para esta noche.

Entrar está difícil,

pero tengo un colega que me debe un favor

y te puede dejar jugar.

-Ya, pero no, tío, esta noche...

Déjame que digiera un poco lo que pasó ayer,

que fue "heavy", tío.

-¿Pero tú qué eres, un viejo, tío?

¿Eres un viejo como Quintero, tu jefe?

-Eh. -No.

¿Vamos a volver al tono bajonero?

Ya tendrás tiempo de descansar cuando seas viejo.

Ahora mismo no puedes dejar pasar esta oportunidad.

-Pero hermano...

A ver, tío, yo tengo un trabajo.

¿Vale? -Sí.

-Yo tengo un trabajo, tío y estamos a tope

y yo no puedo venir aquí habiendo dormido una hora

como hoy, que estoy que me caigo. -Escúchame.

Tú eres consciente de que una oportunidad como esta

no se tiene todos los días, ¿no? Esta racha.

-Ya, ya.

Ya.

Bueno, déjame que termine esto, que me lo piense y te doy un toque.

-Bueno, vale.

(CARRASPEA) -Sí.

Es un colega que ya se iba, ¿no? -Sí.

Bueno, hablamos.

-Un colega tuyo, ¿no, Jairo?

Últimamente, me estoy encontrando mucho con este colega tuyo,

este pimpollo parece que está en todos los sitios.

-¿Sí? ¿Con el Queco?

Pues qué raro, es un colega del gimnasio, sin más.

-Se llama Queco, ¿no? -Sí.

-Ya.

Primero lo vi en el reservado,

ahora viene a hacerte una visita a la empresa...

Cualquiera diría que sois pareja o algo.

-Está usted graciosillo, don Fernando.

-Sí, será eso, que hoy tengo ganas de guasa.

Sabes muy bien que no quiero

que se presente ningún extraño en esta empresa.

¿Te quedó claro?

Por muy amigo tuyo que sea.

-Don Fernando, don Fernando,

perdone, tiene usted toda la razón

y se lo voy a dejar claro cuando vuelva a verlo.

Lo que pasa es que estaba emocionado

porque hay una partida de cartas esta noche

y me lo quería contar, le ha entrado prisa y ha venido.

-Una partida de cartas. Estás jugando mucho, últimamente.

Este nuevo amigo tuyo no será

el que te ha metido la afición por el póker, ¿no?

-Sí, pero tampoco ha sido para tanto. Ha sido un par de partidillas.

-¿Un par de partidillas?

Que yo sepa, esta semana ya llevas tres.

¿O me equivoco?

-Pues no, no se equivoca, la verdad es que sí,

llevo todas las noches jugando.

-Jairo, mira, te lo voy a decir bien claro:

no me gusta nada, pero nada ese nuevo amigo tuyo.

Tiene toda la pinta de ser un jugador profesional de póker

y no me gustaría estar sentado a su lado en una timba.

-¿Y eso por qué, a ver?

-Pues mira,

precisamente porque tiene toda la pinta de ser de esos

que hacen trampas.

-Yo he estado sentado en su mesa y no ha hecho trampa, don Fernando.

Y, sinceramente, no creo que sea de los que hacen trampa.

Al Queco este lo conozco del gimnasio

y es un tío bastante sanote,

buena gente,

un tío, usted lo ha visto, bien vestido y un tío...

-Sí, sí, sí, hombre, sí.

Buena gente, como aquel otro amigo tuyo también,

el Tote, que también era buena gente, ¿verdad?

Francamente, Jairo,

no sé de dónde te sale esta afición tuya nueva tan repentina

del póker, de las apuestas y del juego, hombre.

¿Qué pasa, no tienes otra cosa mejor que hacer?

-¿Y qué se supone

que debería estar haciendo, según usted?

-Yo qué sé, chico, yo a tu edad

estaría intentando divertirme por ahí con cualquier chica

y no metido en un tugurio asqueroso con cuatro gordos sudorosos

que lo único que saben es hablar de política,

de empresa y de cartas.

-Ya, lo que pasa es que la chica que me gustaba, me dejó

porque no le gustaba mi trabajo, ¿se acuerda?

-Perdona, perdona,

¿me estás haciendo culpable de que te dejara?

-Que no estoy pensando en culpa ni quién es el culpable ni nada,

sencillamente, cuando estoy jugando al póker no pienso en ella.

Ni pienso en ella ni pienso en mi amigo, el Tote,

que está en la cárcel ahora

ni pienso en el otro desgraciado de mi amigo, ¿se acuerda?

Ni pienso en otro amigo al que se han cargado

ni pienso en mi padre intentando clavarle un cuchillo a mi madre...

-Vale, vale, está bien. -Ni pienso en...

-Está bien, hijo, está bien. Ya, ya,

ya lo he captado.

Te entiendo, te entiendo perfectamente.

Te han pasado demasiadas cosas

y todo esto te tiene que estar pasando factura,

pero ya está. -Es como un,

como un terremoto, cuando me quedo solo,

que no para y tengo que pararlo.

Y la única manera que encontré es jugando a las cartas.

Ahora es lo único que me funciona. -Bueno, tranquilízate.

A ver si encontramos la forma de parar ese terremoto

que sientes en la cabeza, yo qué sé.

Algo que te pueda entretener

y que pueda hacer que te olvides por un rato del póker.

-Vale. -¿Sí?

-Sí, usted dirá.

-Vamos a ver.

¿Conoces una discoteca que se llama Valentina?

Parece ser que los hombres de Somoza

están parando mucho por allí últimamente

y me gustaría mucho saber lo que hacen.

-Vale, sí, sé cuál es.

-¿Sabes cuál es? -Sí, la conozco de oídas.

-Muy bien, estupendo.

-Pues quiero que te pases por allí, hijo.

Con mucha discreción, no vayas a llamar la atención

y, desde luego, no vayas a llevar al mierda de pimpollo este.

-Don Fernando, por favor.

-Vale, quiero que averigües todo lo que se cuece por allí.

-Vale, en cuanto termine, me paso por allí.

-Muy bien, gracias.

Jairo, un momento.

-Mira, no me fío ni un pelo de este nuevo amigo tuyo.

Ni de él ni de ningún jugador profesional de cartas.

Tenlo en cuenta.

-Lo tendré en cuenta.

Gracias, Augusto.

Te agradezco mucho y a tu mujer

que hayáis ido tan pronto a cuidar de Natalia y de los niños.

Mira, si te parece, le dices a mi mujer que,

bueno, que se ha complicado la cosa en comisaría

y que no iré a casa, ¿de acuerdo?

Ya, ya sé que vas a hacer todo lo que esté en tu mano.

Te lo agradezco mucho.

Eso espero.

Adiós, Augusto, adiós.

Muchas gracias, necesitaba hablar con mi familia.

Bien con Augusto, ¿no?

Sí, se va a hacer cargo de todo.

Ahora que sé que Natalia va a estar bien cuidada,

estoy más tranquilo. Lo agradezco.

Pues a ver si esa tranquilidad te ayuda a refrescar la memoria.

A ver.

¿Recuerdas algo más de lo sucedido?

No, nada diferente de lo que te conté esta mañana.

Esa amnesia puede ser producida por el alcohol y el Bromazepan,

pero corrobora el informe toxicológico.

¿Habéis conseguido localizar

a algún familiar de esta pobre mujer?

No, no llevaba ninguna identificación encima.

Katia, Katia, estoy seguro de que llamaba Katia.

No hemos podido averiguar nada más sobre su identidad.

Tampoco llevaba móvil encima,

no sé, eso es una cosa muy extraña.

¿Pero tú no recuerdas si habló con alguien

o recibió algún mensaje en el teléfono?

No, no me suena que lo hiciera.

No sé, en algún lugar puede

que haya alguien esperando que regrese.

Esta mujer tendría hijos, familiares,

alguien que la echara en falta.

No hemos tenido ninguna denuncia por desaparición

de ninguna mujer de esas características.

A estas alturas ya lo sabríamos.

Si os parece, os propongo repasar de nuevo

toda la secuencia de movimientos de Bremón y Katia anoche.

De acuerdo.

A ver, hasta ahora lo que sabemos es

que Bremón y Katia abandonaron La Parra,

de ahí fueron a un bar de copas

llamado Dixie.

La presencia ha sido confirmada por dos camareros del local.

Allí estuvieron, aproximadamente, media hora,

se tomaron una copa

y se dirigieron a una sala de fiestas llamada Galaxy,

donde tomaron otra copa,

local del que se marcharon en un taxi

que les dejó en el hotel Puerta del Sur.

Las camareras del hall grabaron la entrada de Bremón y Katia

a las 02:12 minutos de la madrugada.

En las grabaciones de dichas cámaras

se les ve entrar a los dos con claros síntomas de embriaguez.

Desgraciadamente, el hotel no cuenta con cámaras en los pasillos

y en el ascensor, por lo que no tenemos imágenes

de vosotros entrando en la habitación.

A ver, Emilio,

¿toda esta información te sirve de algo?

¿Recuerdas algo más de lo que sucedió anoche?

No, lo siento, no.

Haz un esfuerzo, Bremón.

No puedo, de verdad, lo intento, pero es que estoy en blanco.

¡Joder! ¡Es que soy un inútil, de verdad!

Emilio, tranquilízate, por favor. Cálmate.

Venga.

Si queréis que me calme, devuélveme mis pastillas.

No te voy a dar las pastillas, Emilio, no te las voy a dar.

En este momento, las pastillas son una prueba.

Además, no creo que te hagan mucho bien tenerlas.

Ya te ha hecho bastante daño tomarlas, Bremón.

(Puerta)

Gracias, puedes irte.

Es el informe de balística.

¿Qué dice?

(LEE) "El análisis demuestra de forma concluyente

que el disparo que causó la muerte de la mujer de identidad desconocida

fue hecho por la pistola encontrada en el lugar de los hechos".

La mía.

En efecto.

"En el cargador de la pistola faltaba una bala

y esta coincide con la encontrada en el cuerpo de la fallecida

en la autopsia". ¡Dios!

También se han encontrado restos de pólvora en tus manos.

Todo indica que fuiste tú quien cometió el disparo.

Pero yo no he podido matar a esa chica,

pero es que no me acuerdo de nada, de verdad.

Lo siento, Emilio.

Voy a tener que detenerte por sospechoso de asesinato.

El detenido tiene derecho a guardar silencio,

a no declarar si no quiere,

a no contestar a alguna o algunas de las preguntas

que se le formulen,

a manifestar que solo declarará delante de un juez,

a no declarar contra sí mismo

y a no declararse

culpable.

¡Hombre, enhorabuena! ¡Qué buena noticia!

No sabéis cuánto me alegro.

¿Y qué, cuándo será la boda?

-Bueno, todavía no hemos puesto fecha.

-Ni lo hemos pensado, aún quedan muchas cosas por preparar.

-Sí, demás Eugenio no conoce a mis padres

ni yo a los suyos y queremos hacer las cosas bien.

-Sí, pero tampoco hay que atrasarlo mucho.

Lo ideal sería en verano.

-Ay, ¿en verano?

Mejor en primavera, ¿no?

Es que en mi pueblo hace un calor tremendo.

-¿En tu pueblo? -Sí.

-Pero yo pensaba que nos íbamos a casar en Pamplona.

-¿Pamplona? ¿Y eso?

-Pues mujer, a mi madre le haría mucha ilusión

y, además, que tengo un montón de tíos y primos

y es un follón hacer que se desplacen a tu pueblo.

-Cariño, yo también tengo un montón de invitados.

¿Qué te crees, que me he criado sola?

-Bueno, ya veo que no lo tenéis muy claro.

Ya tendréis tiempo para decidirlo. -Sí, mejor lo hablamos con más calma.

-Eso es, lo importante es que nos queremos

y que estamos decididos a estar juntos.

-Hola, Espe, ¿te has enterado de la nueva?

¡Que se van a casar!

-¿Qué? ¡Ah!

Bueno, pues me alegro mucho.

Enhorabuena. -Muchas gracias.

-Bueno, yo me marcho que tengo que pasar por la ONG.

-Cariño, y la boda en mi pueblo, ¿eh?

-Bueno, lo discutimos luego.

Hasta luego. -Hasta luego.

-Oye, olvidaos de Pamplona.

A este le caso en La Mancha como que me llamo Salima.

(SE RÍE)

-¿Y a ti qué te pasa, que estás tan seria?

-Hace un buen rato llegó Bremón a comisaría con Miralles

y no se ha movido de su despacho.

-Ya, pues es que no me ha dado tiempo a nada.

He estado visitando a una antigua víctima de maltrato

y no me he enterado de nada. ¿Ha pasado algo?

-Si es verdad lo que cuentan,

algo muy gordo.

¿Tú no has oído nada?

-No, no he oído nada, ¡cuéntame!

-Pues es un rumor, ¿eh, Lola?

Pero un compañero de la Policía científica

me ha dicho que Bremón

está implicado en una muerte.

-¿Una muerte? ¡Pero eso es absurdo!

-Según lo que cuentan,

ha aparecido una mujer muerta por un disparo

en una habitación de hotel.

-¿Y eso qué tiene que ver con Bremón?

-Que él

había pasado la noche con ella en esa habitación.

-Alicia.

Lo siento, pero tengo que salir de patrulla.

Solo será un momento.

Me gustaría saber qué tal se encuentra Marcelino.

Bien, ya se ha incorporado al trabajo.

Bien, me alegra mucho, creo que es lo mejor que puede hacer

para recuperarse cuanto antes.

Gracias, pero no es necesario.

¿El qué no es necesario?

Que simules que te preocupa mi padre.

Perdona, pero yo no simulo ni finjo nada.

Mi preocupación por Marcelino es sincera, es de verdad.

A pesar de los desencuentros que hayamos tenido,

yo le sigo teniendo mucho aprecio.

No le habrías contado quién puso el dinero

para tenderle la trampa a los secuestradores.

Yo no creo que hiciera nada malo.

Tampoco creo que tuviese que ocultarlo.

Quintero, sabías perfectamente que eso le iba a molestar.

Pues no, no lo sabía.

No tenía ni idea.

De hecho, pensaba que ya se lo habrías contado.

Si no lo hice fue, precisamente, porque sabía que no le iba a gustar.

¿Qué pasa? ¿Habéis discutido por eso?

¿Se ha enfadado contigo porque vinieses a pedirme ayuda?

Eso es lo que te gustaría, ¿verdad?

Pues no, no ha sido así.

Entre mi padre y yo está todo bien, siento decepcionarte.

Verás, Alicia, no sé, me sorprende mucho todo esto

porque, en cierta forma, me duele que vuelvas a desconfiar de mí.

Perdona, ¿que vuelva?

¿Cuándo crees que yo he confiado en ti?

Perdona, pero pensaba que después de haberte dejado

todo el dinero que necesitabas para salvar a Marcelino,

nuestra relación, tú y yo,

habíamos entrado en una etapa de mayor confianza, no sé.

Ya te di las gracias,

pero eso no significa que me fíe de ti

ni de tus intenciones. Entre nosotros sigue todo igual.

No sabes cuánto lamento oír eso, Alicia.

¿Interrumpo algo?

No, no interrumpes nada,

yo, en fin, yo ya me iba.

Ah, por cierto, Rober,

cuando tengas algo de tiempo, me gustaría hablar contigo

de tu hermano Jairo. ¿Qué pasa con mi hermano?

Pues nada, me tiene bastante preocupado

porque parece que le ha entrado

una afición muy repentina por jugar al póker.

No sé de qué me hablas.

Vaya, pensaba que estabas más atento a las cosas

que le pasaban a tu hermano.

¿Te puedes dejar de tonterías y decirme qué pasa con mi hermano?

Últimamente, se está aficionando a jugar

a unas partidas de póker profesional

que se están organizando aquí, en el barrio,

Parece ser que se ha echado un amigo nuevo,

un tal Queco, que le está metiendo en ese mundillo.

¿Y eso desde cuándo? No hace mucho,

pero me preocupa mucho cómo le escucho hablar sobre el póker

porque ya he escuchado a otras personas hablar así

y no han terminado muy bien por culpa de esa adicción al juego.

Muy bien, gracias por la información.

No hay de qué.

Si te lo digo es

porque tu hermano Jairo me preocupa de verdad.

Ya, y me lo tengo que creer.

Mira, te vas a creer

lo que te salga de las narices, Rober,

pero quiero que los dos sepáis una cosa:

aunque no me creáis,

no todo lo que hago en la vida tiene un doble sentido.

Hay cosas que las hago de verdad

porque la gente que quiero me importa.

Vámonos, Ali.

Puedes irte a tomar un café.

Muy bien.

¿Le traigo algo, comisario? No, gracias.

Supongo que todo el mundo se habrá enterado ya.

Y los que no lo sepan se van a enterar enseguida.

No es fácil ocultar que el comisario de Distrito Sur

está implicado en un caso de homicidio.

Lo sé.

Y te agradezco mucho todo lo que has hecho hasta ahora

para mantener este asunto con la máxima discreción.

Somos compañeros, Emilio,

sabes que puedes contar conmigo siempre.

¿Qué estás pensando?

(SUSPIRA)

No dejo de preguntarme

en qué momento empecé a tirar mi vida por la borda, Miralles.

¿Fue cuándo me enamoré de Lola o cuando Natalia tuvo en accidente?

No lo sé.

Emilio, deja de darle vueltas al pasado.

Ya no tiene remedio.

Lo que tienes que hacer es estar fuerte por ti y por tu familia.

No hago más que pensar en ellos,

sobre todo en mis pobres hijos,

que tendrán que vivir con la vergüenza

de tener a su padre en la cárcel.

No hables así, por el momento solo eres sospechoso.

No te condenes tú antes que el juez, ¿vale?

¿De verdad crees, Miralles, que puedo ser inocente?

Yo no te creo capaz de matar a esa mujer indefensa,

por mucho alcohol o pastillas que hubieras ingerido.

Te conozco y no eres de ese tipo de personas.

Se agradece que alguien tenga más fe en mí de la que tengo yo.

Mira,

todos tenemos unos frenos

que dudo mucho que no hayan funcionado en ti, ¿eh?

Confía en mí.

Confío plenamente, Miralles. Escucha.

Ahora mismo eres la única esperanza que tengo.

Voy a llegar al fondo de este asunto.

En este caso hay muchas incógnitas que quiero desvelar.

Para empezar, la identidad de la víctima.

Miralles, escucha,

eres una gran amiga.

Siento mucho haber sido tan injusto contigo,

no tenía que haberte acusado de quererte quedar con mi puesto.

Escucha, ahora, ahora sé perfectamente que no era así.

Me conformo con que no te rindas.

Tienes que ayudarme, tienes que colaborar conmigo

para que averigüe qué es lo que ha pasado realmente,

quién es el verdadero asesino de esa chica.

No sé, Miralles.

Escucha,

quizá no merezca la pena tanto esfuerzo,

quizá la respuesta más sencilla en este caso sea la verdadera.

¿Por qué dices...?

Si no puedo recordar lo que ocurrió,

puede que no sea solo por mezclar las pastillas y el alcohol,

sino porque

mi cerebro no,

no quiere recordarlo.

Pero entonces,

¿por qué crees que puede estar bloqueado ese recuerdo?

Porque es demasiado horrible como para poder enfrentarse a él.

No hables así. Miralles,

tengo que empezar a afrontar la verdad.

Creo que yo maté a esa chica.

Creo que soy un asesino.

No veo motivos

para que no podamos trasladar ya a Bremón

a dependencias judiciales.

¡Solo hace unas horas de su detención!

Lo podemos retener tres días

antes de llevarlo a disposición judicial.

En Jefatura no quieren que trascienda que un comisario de policía

es sospechoso de homicidio.

Las únicas filtraciones de información que ha habido

han salido de Jefatura.

¿No estarás nervioso por conocer a mis padres?

-Un poco.

-Les vas a caer genial.

-Ya, si lo sé, si soy yo, que soy un cobardica.

-¿Pero qué dices de cobardica?

-Ayer me andabas preguntando

por las andanzas de Bremón en La Parra

y hoy me entero por un contacto en Jefatura

que está detenido, sospechoso de asesinato.

No me negaréis que es un notición.

-Mira, cariño, me he encontrado un móvil en el baño de las chicas.

Lo raro es que no haya venido nadie a por él.

-A lo mejor iba un poco perjudicada

y está todavía durmiendo la mona.

-Creo que ya sé de quién es este móvil.

Lo acabo de encontrar en el aseo de mujeres de La Parra

y creo que es de la mujer que estuvo anoche con el comisario.

-Yo te he enviado allí para que averiguaras

qué se cocía en esa discoteca,

no para que me vengas con cuatro chismes de vieja.

No sé a qué demonios estás jugando.

-No estoy jugando a nada, le estoy diciendo lo que sé.

-No quiero que me faltes al respeto

porque para mí lo que está pasando es muy serio.

Los Somoza ya han desembarcado en España

y no se van a andar con tonterías.

-¡Pero bueno, María! -¡Mujer!

-¡Dios mío!

-¿Y tú cuando has vuelto? -¡Hola, María!

-Tú no eres capaz de hacerle daño a una mujer indefensa, Emilio.

Ojalá tengas razón.

Si no puedes confiar en ti, confía en mí, al menos.

-"Soy Andrés Somoza".

-Encantado. ¿Qué puedo hacer por ti?

-"Me gustaría hablar con usted, pero no por teléfono,

prefiero que nos veamos en persona".

-Estupendo.

-Vengo a proponerle que hagamos negocios juntos.

-Qué interesante.

-Queremos abrir una nueva red de distribución en Europa

y es ahí donde entra Transportes Quintero.

-Ya.

-La gran mayoría de los mensajes son promociones

y publicidad de compañías telefónicas.

Pero hay varios mensajes escritos en rumano

que se han enviado a una chica que se llama Dana.

¿Vas a ir a jugar con tu nuevo colega al póker?

¿A ti quién te ha dicho eso? Me lo ha dicho Quintero.

Rober, no hace falta que te preocupes por mí, tío.

Ni tú ni Quintero, ninguno.

-He revisado el padrón municipal

filtrando a todas las Danas procedentes de Rumanía

que viven en Madrid. Buen trabajo.

Lo mejor de todo es que solo hay una que vive en el Parque de la Dehesa.

Ahí es donde quedaban las chicas.

-No entiendo por qué la Policía tiene que intervenir en estos asuntos.

A pasar la noche en el calabozo.

No tengo ganas de pasar la noche en una celda.

¿Qué tal si me deja libre?

Sí, ahora mismo.

Piénselo bien,

yo creo que un oficial de policía no gana mucho dinero.

-Una mala noche la tiene cualquiera, el juego es así.

-Ya "una mala noche la tiene cualquiera",

"el juego es así, no es para tanto"...

Hermano, he perdido todo lo que llevaba,

que le debo 5000 pavos a los organizadores de la partidita.

  • Capítulo 188

Servir y proteger - Capítulo 188

30 ene 2018

Bremón despierta en un hotel junto al cadáver de una joven. Miralles se encarga de la investigación del homicidio. Quintero advierte a Rober sobre la peligrosa afición por el juego de Jairo. Tras anunciarles que se va a casar, Salima se reconcilia con sus padres.

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  1. Tomás

    Kabul y su brigada menuda cagada

    31 ene 2018