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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 185 - ver ahora
Transcripción completa

(Disparos)

H50 para K8, ¿me recibe?

(RADIO) "Adelante, K8 para H50".

Soy Roberto Batista, de Distrito Sur.

Informar de un tiroteo a la entrada del bosque del Fresno.

"¿Víctimas?".

Dos muertos,

uno de ellos mi compañero.

Aguanta, aguanta, que está viniendo la ambulancia.

Valentina.

Valentina.

(SE QUEJA)

-Ha estado tomando Bromazepan.

Me juró y me perjuró que ya no tomaba esas pastillas

desde hace tiempo, pero yo sabía que no

y le pillé

y yo creo que esa es la causa de que esté perdiendo la cabeza

y de que no se acuerde de las cosas.

Precisamente hoy iba a hablar con él de las pastillas.

¿Tomas Bromazepan sin receta médica?

(RESOPLA)

Voy a repetir... ¡Vale, sí! Sí, sí.

Siento comunicarte que Régimen disciplinario

ha abierto un expediente contra ti.

Te van a llamar para citarte.

Lo más probable es que te suspendan de empleo y sueldo

y durante este tiempo dejes de ser comisario del Distrito Sur.

Emilio, céntrate en tu rehabilitación.

¡Pero por favor, Miralles, por favor!

Métete tus consejos donde te quepan, ¿eh?

Qué gran venganza, ¿eh? Qué gran venganza.

Emilio, déjame. -¿Qué ocurre, comisario?

Que te lo cuente ella. Tú eres su confidente, ¿verdad?

Que tenga problemas no le da derecho a tratar así a Lola.

Hágase un favor, comisario,

no siga perdiendo la dignidad.

-Últimamente, tengo a demasiada policía

merodeando por aquí.

Así que no le conviene para nada en absoluto

intentar acercarse a mí, ¿de acuerdo?

Ni él

ni ninguno de sus hombres.

Estos colombianos y la familia Somoza no van a aceptar un no por respuesta.

Tenemos que tener cuidado, Jairo.

Se avecinan tiempos difíciles.

Hay que coordinarse muy bien con Distrito Dos.

Estaba llamando a H50

y, de repente, empezó a toser Toreno.

Cuando me agaché a ayudarle, me dijo algo antes de morir,

me dijo Valentina.

¿Valentina?

Solo le pido que se dé prisa

y que no se alargue mucho, ¿de acuerdo?

Y tenga cuidado dónde coloca la escalera,

no me vaya a manchar algún papel que está encima de la mesa.

-Vaya tranquilo, coloco la escalera ahí.

¡Que no puedo pagar esos recibos!

Sí, son muchos, ¿y?

Usted me habla de números y yo le hablo de mi casa, ¿entiende?

De mi casa, de la casa de mi familia.

-¿Pero qué haces aquí?

¡Ay, por favor!

Oye, no vuelvas a hacerme esto nunca más, ¿eh?

-Sí que me echabas de menos, ¿eh?

-¿Qué haces? -¿Eh? Nada.

-¿Cómo que nada?

-No, es que... -¿Me estabas robando?

-Que vi los billetes y pensé que... -Voy a llamar a la Policía.

-No lo haga. -¿Cómo no voy a llamar?

-¡No lo hagas! ¡Que no vas a llamar a nadie!

(SE QUEJA)

(Música emocionante)

(Puerta)

Adelante.

Buenas noches, inspectora.

Hola, Martín. Pasa, por favor. Siéntate.

Eh... Quería comentarte un asunto importante.

Siéntate, por favor.

¿De qué se trata?

Como sabes, mañana es la rueda de prensa para comentar

las actuaciones y las estadísticas del último trimestre.

Sí, ya he recibido la convocatoria.

Me estaba preparando las preguntas que tengo para el comisario.

Pues precisamente eso es lo que quería comentarte.

El comisario no comparecerá ante los medios.

Ya. Ya imagino

que con una situación familiar tan difícil

no tiene más remedio que ausentarse.

Supongo que más tarde o más temprano te ibas a enterar,

así que prefiero informarte yo.

El comisario va a ser apartado de sus funciones temporalmente.

¿Lo han suspendido?

No, aún no, pero lo harán.

Martín,

tú no eres un periodista cualquiera,

tú tienes una vinculación muy especial con esta comisaría

y me gustaría pedirte que nos echaras una mano.

¿En qué sentido?

Admitiendo que tienes todo el derecho del mundo

a preguntar lo que quieras, me gustaría pedirte que...

Que mañana en la rueda de prensa no haga ninguna pregunta

sobre la ausencia del comisario.

Sabía que lo entenderías a la primera.

No se preocupe,

no tengo intención de hacer leña del árbol caído.

La situación del comisario ya es suficientemente difícil

como para que le echemos más tierra encima.

Pues no sabes lo que te lo agradezco.

Lo único que pienso es que, a estas alturas,

ya me he ganado el derecho a conocer las verdaderas razones

que han provocado la suspensión del comisario, ¿no?

(Puerta)

-¿Inspectora?

Eh, adelante, Lola. Pasa, por favor.

Mira, precisamente estaba, en este momento,

comentando con Martín la rueda de prensa.

Ella es quien puede darte los mejores datos.

¿Sí? ¿Hay buenas noticias de la UFAM?

-Pues la verdad es que sí.

Y en parte quiero que sepas que es gracias a ti.

-Vaya, ¿y a qué debo ese honor?

-Tus preguntas incómodas en la anterior rueda de prensa

sirvieron para que desde Jefatura dieran más medios a mi unidad.

-Pues no tenía ni idea, pero en fin,

me alegro mucho de haber aportado ese granito de arena.

Y ahora Martín,

si no te importa, tengo que hablar en privado con la oficial Ramos.

Claro que no me importa, inspectora.

Pero no crea que me olvido

de esa última pregunta que le he hecho.

(Puerta)

¿Cómo estás?

Bien.

Siéntate, Lola.

No sé si sabes ya

lo de Emilio.

Si te refieres a su posible suspensión, sí,

he tenido un encontronazo con él en la plaza.

¿Qué ha pasado?

Ha sido un episodio horrible.

Me ha llamado de todo.

Pero, en resumen, me ha echado en cara

que te haya contado que toma Bromazepan sin receta.

Según él, es el motivo por el que le van a suspender.

Pues no, ese no es el motivo, ni siquiera es el desencadenante.

El desencadenante es que ayer provocó un altercado

en un bar de copas, el Red Lion.

Por casualidad había allí un compañero de Jefatura

y por eso ha llegado a oídos de Régimen disciplinario

y de Ibarra.

No reconozco al comisario.

Parece otra persona.

En fin, espero que la suspensión le haga recapacitar

y que, por fin, se deje ayudar.

Sí, yo también lo espero.

Y, sobre todo, que deje de tomar esas pastillas por su cuenta.

Pero mientras ese momento llega, nos tenemos que organizar.

¿Eh? Por supuesto.

Mañana quiero que estés conmigo en la rueda de prensa.

Estaremos codo con codo.

El informe más relevante

que vamos a presentar ante los medios

va a ser el de la UFAM,

así que copará la mayoría de las preguntas de los periodistas.

De acuerdo.

¿Y si hay alguna otra pregunta incómoda sobre otro tema?

Tú por eso no te preocupes, ya las torearé yo, ¿eh?

Está bien.

(Puerta)

(RECHISTA)

¿Me estás diciendo que los psicópatas que mataron a Laura

fueron los mismos tipos que te secuestraron a ti?

-Y si no llega a ser por Nacha y Elías, que me rescataron a tiempo,

esos dos malnacidos me habrían matado.

-No puede ser.

Es que parece que me estés contando una pesadilla horrible

o una película de terror. -No, cariño.

Tan real como la vida misma.

Pero bueno, por suerte esos malnacidos ya están entre rejas.

Ojalá se pudran en la cárcel.

-No entiendo

cómo no me has dicho nada hasta ahora.

-Un día estuve a punto de contártelo por teléfono,

pero justo me dijiste que estabas preparando la salida

de unos refugiados hacia Alemania.

Entonces, en ese momento pensé que lo mío era una tontería

comparado con lo de esa pobre gente.

-¿Una tontería? Salima, estuviste a punto de morir.

-Ya, pero si lo piensas, cuando tuve la ocasión de contártelo,

ya estaba fuera de peligro.

-¿Y qué?

Seguro que estabas muy angustiada después del shock

y a mí me hubiera gustado apoyarte y darte ánimos,

aunque fuera por teléfono.

-Sí, pero es que tú no te habrías conformado con eso.

Tú te habrías plantado aquí,

desatendiendo tus obligaciones en el campamento.

-Pues sí porque soy tu pareja,

por muy lejos que haya estado estos meses.

-Venga, va, no te enfades.

-Si no me enfado,

bueno, no me enfado contigo, pero con María, sí.

Ella tendría que haberme llamado en cuanto desapareciste.

-Cariño, pero todo pasó muy rápido.

Además, María estaba muy nerviosa.

Y menos mal que avisó rápido a la Policía

porque así pudieron encontrarme a tiempo.

-Mira, no voy a pensar más en el tema porque me entra una angustia...

(SUSPIRA)

¿Y dónde está María?

-Te lo dije el otro día por teléfono, en su pueblo, en Barinas.

-Es verdad.

¿Pero todavía sigue con el lío ese de la herencia de su tía?

-Está toda la familia como el perro y el gato

y la pobre ahí, de mediadora.

-No sabes las ganas que tenía de verte, Salima.

Estaba como loco por estar contigo y abrazarte.

-Yo también.

-¿Sabes? Estos meses

he pensado en muchas cosas y

me reafirmo en que...

-¿Te reafirmas en qué?

-En que estoy deseando que cierres el bar

y nos vayamos a tu casa.

-¡Pero bueno! Eugenio, ¿eres tú?

Chico, es que así estás irreconocible, ¿eh?

¡Sin el mocho en la cabeza!

Pensaba que, por un momento,

Salima se había decidido a ponerte los cuernos.

-Bueno, tal y como lo dices,

parece que la hubieras estado animando a que lo hiciera.

-¿Pero qué dices, hombre? ¿Cómo voy a hacer eso?

Además, aunque quisiera,

cuando un amor es de verdad, ¿eh?, y el vuestro lo es,

hay poco que pueda destruirlo.

-¿Cómo estás?

Ya me ha contado Salima lo de Laura.

-Pues no sé, no sé qué decirte, Eugenio.

Roto, pero bueno.

Prácticamente no puedo hablar del tema sin venirme abajo.

Así que no sé si me recuperaré,

pero lo llevo como puedo.

-Me cuesta creer

que haya gente en el mundo tan despiadada.

-Por suerte también hay gente como tú,

gente que solo piensa en ayudar a los demás,

haciendo que el mundo sea un poco menos repugnante.

-Bueno, yo hago lo que puedo.

-Oye, Martín, si quieres cenar, aprovecha.

He preparado un plato especial. ¿No te llega el olor?

-Pues no, la verdad,

no sé, debo tener el olfato atrofiado.

Como no me des una pista... -Lleva berenjenas

y es una receta en homenaje a Eugenio.

-Espérate, ¿has hecho musaka?

¡Ole! ¡Ole!

-Ahora mismo te saco una ración.

-Bueno, ¿y tú, qué?

Tendrás muchas historias que contar, ¿no?

-Sí, la mayoría bastante tristes.

Aunque también me han pasado anécdotas bastante curiosas.

-Pues ya estás tardando, venga.

Cuéntame algo.

(SE QUEJA)

-Como hagas cualquier tontería no lo cuentas, abogado.

-Oye, tú, no entiendo nada.

-Es que lo único que tienes que entender de momento

es que se acabó eso de tratarme con desprecio, ¿entiendes?

-Oye, yo no creo haberte tratado mal.

pero bueno, reconozco que he tenido que ser más comprensivo contigo

y haberte dejado que te fueras con el dinero.

Lo sé.

-Ah,

qué amable te has vuelto de repente, ¿verdad?

¿No será porque te estoy clavando

la punta de un punzón de diez centímetros?

-Oye, mira, no sé lo que quieres de mí,

pero aún estás a tiempo

de no cometer una tontería

de la que te vas a arrepentir toda tu vida.

-No estás en condiciones de darme consejos,

así que vamos, tira.

-¿Pero cómo que tira?

Oye, de verdad,

puedes cogerte el dinero

y llevártelo, no voy a llamar a la Policía ni a nadie.

-Eso, eso es calderilla, no me soluciona nada.

¿Pero tú te crees que soy imbécil

y te voy a dejar libre para que vayas enseguida a la pasma?

-Te doy mi palabra. -Palabra.

Los abogados no tenéis palabra

ni los jueces ni los banqueros, que sois todos iguales.

¡Os importa una mierda la gente!

-Bueno, ¿qué quieres hacer?

¿Vas a salir de aquí apuntándome con un punzón,

a la vista de todo el mundo?

No van a tardar ni cinco minutos en detenerte.

-Lo tengo todo controlado.

Están todas las oficinas cerradas del edificio.

Vamos a bajar en el ascensor hasta el parking

y subiremos a mi furgoneta.

He aprovechado bien el tiempo

mientras tú te estabas echando una siestecita, ¿eh?

¿Quién es?

-Es mi mujer, tengo que coger, si no se va a preocupar.

-Está bien,

pero invéntate cualquier excusa

y le dices que te tienes

que quedar trabajando hasta las tantas.

Vamos, cógelo.

Y no te tengo que recordar lo afilado que está el punzón, ¿verdad?

-Hola, cariño, ¿qué tal?

-"Bien, preparando la cena, ¿y tú?

¿Estás todavía en el despacho?".

-Sí, al final

la cosa se va a alargar más de lo que te dije.

Tengo que terminar un nuevo contrato

de un cliente nuevo que bueno,

los de Adosados Cifuentes, que vuelven a contar con nosotros.

-"¡Qué buena noticia! Tenemos que celebrarlo".

-Claro, en cuanto llegue a casa.

-Cuelga.

-"Es tarde, ¿por qué no lo dejas para mañana y te vienes a casa?

¿Me has oído, Marcelino?

¿Estás bien?".

-Sí, intentaré acabar en cuanto pueda

y que sepas que te quiero mucho.

-Vamos, se acabó la cháchara.

Como intentes cualquier tontería, eres hombre muerto.

Vamos, tira.

¡Que tires! ¡Vamos!

(Puerta)

(SE RÍE) ¡Eh!

-¿Cómo lo llevas, Karim?

-Pues bien. Ya sé que habíamos quedado,

pero no podía dejar esto a medias.

-Tranquilo, ya me lo imaginaba.

Además, que yo tampoco estoy tan desesperada

para dar ese paso que tenemos pendiente.

Tú ya me entiendes.

-Tú, Espe, siempre me haces sonreír.

Eres genial.

-Bueno, al menos te hago reír, ¿no? -Bueno, y digo yo

que alguna cosita más me harás después.

-¡Quieto, fiera!

Vamos a ceñirnos a lo estrictamente profesional.

Venga, dime,

¿has encontrado algo en el móvil del confite de Salva?

-Pues no.

Pero la buena noticia es que ya he terminado de analizarlo

y soy libre como un pajarito para hacer lo que quieras.

-¿Ah, sí? (ASIENTE)

-Pues yo ahora tengo una dudita.

-¿Dudas ahora?

-Sí, que no sé si quieres que durmamos en tu casa

o en la mía. -Mujer, vaya duda.

No te preocupes, que lo echamos a suertes

y lo solucionamos ya.

-No, Karim, que eso es muy frío

para decidir nuestra primera noche juntos, ¿no?

-Sí, tienes razón, pero mujer,

vámonos a la que nos pille más cerca, si es que

yo de lo único de lo que tengo ganas es de llegar a casa y...

Una cena y tomar una copita de vino...

(Portazo)

(CARRASPEA)

Los compañeros de Distrito Dos han encontrado otro móvil de Toreno.

Lo tenía escondido en el altillo de su dormitorio.

No sé qué planes tendrías para esta noche,

pero necesito que lo analices de inmediato.

Ahora mismo me pongo con ello, inspectora.

Muy bien.

De la compañía de teléfono te van a mandar un listado

de las últimas llamadas de ese móvil.

Te lo van a mandar a tu correo.

Es posible que lo tengas ya, les he metido prisa

y, si encuentras algo significativo, por favor, avisa a Rober.

Le he prometido que le informaría de todo.

Está muy afectado por la muerte de Salva

y quiere estar informado del caso puntualmente.

Así lo haré, inspectora.

Muy bien.

Otra cosa.

Como es natural, podéis tener la relación que queráis,

pero en horas de servicio, por favor,

mantened la compostura, ¿entendido?

Bien.

(SE RÍE)

-¡Menuda pillada, madre mía!

No había pasado tanta vergüenza con Miralles

en la vida y eso que he tenido ocasiones.

-Yo creo que, si tenía duda de que éramos pareja,

ya no.

-Bueno, no pasa nada.

Las relaciones no están prohibidas dentro del Cuerpo, ¿no?

-Pues menos mal porque

si no me iba a tener que saltar la ley

y tampoco es plan.

-Bueno, no te preocupes por Miralles,

es que estamos todos muy tensos con lo del comisario.

-¿Y qué ha pasado con el comisario?

-Ah, ¿que no te has enterado?

Que es posible que le suspendan.

-Mujer, si es que aquí encerrado no me entero de nada.

¿Y qué ha hecho?

-No, es que es una historia larga de contar.

-Bueno, si es larga de contar, ya me la contarás.

Ahora voy a ponerme con el móvil

que, si no, no salgo de aquí hasta mañana.

-Eso, tienes razón, pero...

Hala, que te sea leve.

Ya quedaremos para dar ese pasito que tenemos pendiente, ¿no?

-Pasito a pasito,

suave, suavecito.

(SUSPIRA)

-Bueno, pues después de más de una hora

hablando en inglés con el tipo que me había regalado las botas,

resulta que los dos somos españoles y los dos de Pamplona.

-¿Pero qué me dices? Mira que es casualidad, ¿eh?

-Claro, luego nos pusimos a investigar

y tenemos un montón de amigos en común.

-Os tenían que haber hecho un programa:

"Pamplonicas por el mundo".

-¿Qué quieres tomar, colega? Esta ronda la pago yo.

-Que no hables de tomar nada más, tío.

Debería irme a mi casa.

-Venga, si es muy temprano. Vamos a tomar otra caña.

-No vamos a tomar otra, nos hemos tomado varias.

No quiero seguir tomando, de verdad. -No seas muermo, tío.

-Que no es muermo. ¿Tú tienes que madrugar mañana?

Porque yo, sí.

-Joder, Jairo, como sigas así de formalito

vas a acabar convertido en monje.

No todo en la vida es trabajar.

-Ya sé que todo en la vida no es trabajar,

pero no me gusta ir a trabajar con resaca, muerto de sueño.

-Ya te ha vuelto el tono bajonero.

-No es tono bajonero. Además... A ver, ven. Ven.

Aquí me conoce todo el mundo

y con un poco que me pase la gente se irá de la lengua

que si soy esto, lo otro, que si soy un fiestas y la lío.

-¿Ves tú? Eso sí que lo entiendo.

Si el problema es el sitio, nos vamos a otro garito.

-Hola, chicos, ¿qué os sirvo?

-Pues al final no vamos a tomar nada, gracias.

El colega está hecho un currante y debe irse a dormir.

-Llevo en pie desde las seis y no me responden ni las piernas.

-Hala, pues a dormir.

-Sí, a casita a dormir. Nos vemos otro día.

-Venga. -Hasta luego.

-No sé, pero me da un poco de mala espina

el chaval ese con el que va Jairo.

-¿Quién es? No lo había visto nunca.

-Solo lo he visto salir de vez en cuando del Atlas,

pero fíjate que va bien vestido, pero hay algo en él que no me gusta.

-¿Cómo se llama?

-Queco, Quico o algo así.

-Queco,

se llama Queco.

Y es normal que te dé mala espina

porque siempre anda metido en movidas raras.

Timbas de póker, concretamente.

No tiene oficio ni beneficio

y, sin embargo, siempre maneja grandes cantidades de dinero.

De dinero y de problemas.

-Te veo bien informado.

-Soy periodista.

(CARRASPEA)

-Hay algo más personal, ¿verdad?

-Sí, porque tengo un colega en la sección de Deportes

que se metió en más de un lío por culpa de Queco.

-¿Y eso por qué?

-Porque el Queco este le buscaba timbas de póker clandestinas, ¿eh?,

para jugar a las cartas

y en esos ambientes es normal que se te vaya la mano apostando.

Efectivamente, a mi amigo se le fue.

Que yo no digo que no sea culpa suya,

pero el Queco este

le empujó a la ruina.

Sí, me acabo de acordar de algo

que igual nos ayuda a encontrar alguna pista.

Mejor voy en persona y te lo cuento. Estoy saliendo para comisaría.

Venga, hasta ahora.

¿Te vas a comisaría a estas horas?

Sí, me está esperando Karim allí.

Acabo de recordar lo que me dijo Toreno antes de morir

y quiero comentárselo.

¿Por qué no se lo has dicho ahora? Has hablado con él.

Porque prefiero ir en persona y echarle una mano,

a ver si encontramos una pista.

Igual el nombre de Valentina no es la novia de Toreno

ni nadie que le quisiera mucho.

Igual tiene que ver con algo de los capos colombianos

y es alguna pista que me lleve a ellos, ¿entiendes?

¿Qué estás pensando?

Mira, Alicia,

tengo miedo de que esto se instale en el barrio

y echen aquí raíces.

Hay que pararles los pies como sea.

Cariño, tienes razón.

Pero hoy has tenido un día duro, deberías dormir.

Pero si he estado tumbado un rato

y he conseguido cerrar los ojos una hora.

En cuanto los he abierto

he pensado otra de las palabras: Valentina.

Ya, y necesitas irte a comisaría y sentirte útil.

Si yo estuviera en tu situación, haría lo mismo.

Mira, en estos casos tener una pareja policía

ahorra muchas explicaciones.

Pero no te líes mucho que te conozco.

Vale, pero tú tampoco, ¿eh?

Estaba revisando el informe trimestral

que me ha dado Miralles y presentará a los medios,

pero como hemos tenido jaleo, se me había olvidado.

¿Qué pasa?

Que no me puedo quitar de la cabeza lo que me dijo Salva antes de morir,

eso de que me admiraba y era buen policía.

Pero es verdad, eres un buen policía.

Pero no es el Salva que estoy acostumbrado a ver,

ese que me saca de mis casillas.

Y va justo y me lo dice antes de morir.

Bueno, no te preocupes que no llego tarde, ¿vale, cariño?

Vuelve pronto.

Me voy.

Hola, cariño.

¿Qué tal te ha ido?

Bueno, creo que me estoy haciendo muy mayor

para hacer visitas a domicilio.

No sabes la cantidad de edificios

que hay con cuatro pisos sin ascensor.

Me alegro que hayas probado de tu propia medicina.

Siempre les dices a todos que es buenísimo subir escaleras.

Sí, pero las de mi casa, no las de todo el barrio.

¿Viene alguien a cenar o qué? No, ¿por?

Ay, Dios mío.

Le he puesto cubierto a Olga.

Te advierto una cosa, ¿eh?

Que esto nos va a pasar más de una vez.

Si es que hace años teníamos que haberla mandado a un campamento,

así estaríamos más entrenados para no notar su ausencia.

Si es ella la que no ha querido ir a esos campamentos.

De todas maneras, la vamos a echar de menos igual.

Solo hace 24 horas que está fuera de casa.

No es para tener este bajón.

Ya, si el bajón no es porque eche de menos a Olga,

es que hemos tenido una desgracia en comisaría.

¿Ah, sí? ¿Cómo de grave?

Ha muerto otro compañero en acto de servicio.

Salva Jerez.

Qué horror. Cuánto lo siento.

Sí,

acababa de ascender a oficial.

El comisario del Distrito Dos le había mandado con nosotros

para coordinar una investigación.

Salva Jerez.

Sí, antes estaba con nosotros,

antes de que lo trasladaran a Distrito Dos.

Ah, sí, ya me acuerdo de él, sí.

Vino a la consulta por una torcedura en el tobillo

en una persecución.

¿Cómo fue? ¿Cómo murió?

(SUSPIRA)

Pues un horror, le han ametrallado.

Batista estaba con él.

Gracias a Dios, se ha salvado de milagro.

Y yo aquí quejándome de las visitas a domicilio

porque tengo que subir muchos pisos.

Y por si nos faltara algo en comisaría,

van a suspender a Bremón de empleo y sueldo.

No, si eso ya lo sabía. ¿Ah, sí? ¿Quién te lo ha contado?

Tuve un encontronazo con él en La Parra.

¿Tú también? Sí.

¿Qué te dijo?

Cargó contra ti.

Está convencido de que le mueves la silla, ¿sabes?

Y eso me dolió mucho

y se lo reproché.

Bueno, si es que está desquiciado.

Mezclar constantemente las pastillas y el alcohol

le tienen fuera de sí. Lo peor es que no se deja ayudar.

Le dije que tendría que ir a un psicólogo

y se puso echo una fiera.

Yo, por más vueltas que le doy, no sé cómo le voy a ayudar.

¿Sabes por qué le van a suspender?

Porque se han enterado en Jefatura

que montó un altercado en un bar de copas.

Qué desastre.

Pues lo que le faltaba para hundirse del todo.

Bueno, o no, yo qué sé.

A lo mejor le hace falta tocar fondo

para salir de esa espiral enloquecida

en la que se ha metido y dejarse aconsejar.

(Móvil)

¡Ah, es Olga!

Sí, cariño, qué alegría.

(SE RÍE)

Claro, ya me imagino que ha tenido que ser un día de locos.

Ya.

Sí, claro, mándanos fotos de las vistas que tienes.

Sí.

Sí, le tengo al lado.

Está impaciente porque le dé el móvil.

Vale, sí, ahora se lo paso, venga.

Un besito, cariño, que te quiero. Te lo paso.

(SUSURRA) Tiene prisa.

¿Qué tal, hija? ¿Qué tal el apartamento?

Dicen que hay mucho cuchitril en París, ¿no?

¿Eh? Ah, bueno.

Vale, venga, no te preocupes, ya hablamos en otro momento.

Sí.

Nosotros también te queremos muchísimo, hija.

Besos, besos.

Ha tenido que irse a un acto de bienvenida en la escuela.

Tiene prisa. Parecía contenta, ¿eh?

Sí, sí.

Se me va a hacer raro cenar sin ella, ¿eh?

Sí. Tenemos que animarnos,

está viviendo una situación extraordinaria.

Hay que celebrarlo. Pues sí.

(Puerta)

Montse! Buenas noches, Alicia.

¿Puedo pasar?

Claro.

¿Va todo bien?

No estoy muy segura.

¿Qué pasa?

Que he hablado hace un rato con tu padre por teléfono

y se ha comportado de una manera muy extraña.

¿Por qué? ¿Qué ha hecho?

Su manera de hablar, no sé, me parecía muy poco natural,

como si tuviera a alguien delante.

Y luego me ha colgado de golpe.

No sé, igual se quedó sin batería.

No, no, le he vuelto a llamar dos veces

y me daba línea

y luego he insistido y ya me daba que estaba apagado.

No sé, a lo mejor estaba reunido y no podía hablar.

¿A esas horas?

¿Has llamado al despacho?

Sí, y no contesta nadie

y estaba tan preocupada que incluso me he pasado por allí

para ver que estaba todo bien

y no me han abierto la puerta.

Así que ahora estoy preocupada de verdad.

-¿Y tú puedes entrar a este chiringo cuando te dé la gana?

-No, es la primera vez que vengo por mi cuenta,

así que nos tomamos una y arreando.

-Joder, tronco,

parece que estoy saliendo de fiesta con un fugitivo,

no hay manera de tomarse dos copas en el mismo sitio.

Seguro que tu jefe organiza alguna timba de póker por aquí.

-¿Y eso de dónde te lo sacas, espabilado?

-Como veo tantas fichas nuevas...

-¿No te he dicho que no toques nada antes de que entremos?

¿Para qué tocas?

Pareces un crío.

Además, no sé si mi jefe organiza o no, no tengo ni idea.

Ya, no te quedes conmigo. Seguro que sí lo sabes,

pero tranquilo, que no te voy a denunciar ni nada.

Yo también organizo alguna que otra de vez en cuando.

-¿Ah, sí? ¿Tú organizas timbas? -Sí, es mi forma de evasión.

Ya sabes, poner sal a la vida. ¿Tú has jugado alguna vez?

-Yo he jugado, lo que no he hecho es apostar.

-Joder, pues no sabes lo que te pierdes.

Te da unos subidones de adrenalina que lo flipas.

-Parece que tienes mucha experiencia tú.

-Las partidas es mi manera de escapar de la monotonía.

Y tú deberías probarlo, Jairo, seguro que te molaría.

-No, yo paso de esos rollos, pero absolutamente, vamos.

-Escúchame, no son rollos.

Te puedo asegurar que, cuando estás jugando,

estás en otro mundo.

Se te olvidan los problemas, los malos rollos... Todo.

-Ya, ya.

(Móvil)

-Dime.

No, hoy no me toca, ¿por qué lo dices?

Vale.

Ahora veré lo que hago, pero seguro que encuentro alguna solución,

así que tú tranquilo.

Venga.

(TOSE) -Oye, tío.

Vétela terminando que nos tenemos que pirar,

que como mi jefe aparezca, se me cae el pelo.

-Tranquilo, si yo también me tengo que ir.

Había organizado una timba de póker para hoy,

pero se ha caído uno de los jugadores, así que...

-No me digas. Y en esos casos, ¿qué haces?

-Pues buscar un sustituto, pero como no encuentre uno rápido,

voy a tener que mandar a la gente a su casa

y eso significa que pierdo mi comisión.

-Madre mía, tío, vaya faena. Espero que no sea mucha pasta.

Venga, tío, vamos a pirarnos. -Espera.

¿Por qué no juegas tú, tío? -No.

-Escúchame, Jairo. -Que no.

-Escúchame, hazlo por mí, tío.

Y, además, te puedo asegurar una cosa:

jugarías contra unos auténticos paquetes.

A nada que te saque unas cartas, seguro que te los meriendas.

-Queco. -¿Eh?

-Queco, termínate la copa y nos vamos de aquí,

que no voy a jugar ninguna timba hoy, ¿vale?

Venga. -¡No seas muermo, tío, Jairo!

Mira, yo te digo una cosa:

como yo me llamo Queco tú hoy terminas jugando una partida.

-¿Qué es esto, Jairo? -¿Qué está pasando aquí?

-¿Qué tal, don Fernando?

¿Qué tal ha ido la reunión? Tenía una, ¿no?

-Perdona, ¿me estás pidiendo explicaciones tú a mí?

-No, no, hombre, por favor, claro que no.

-Entonces, responde a mi pregunta, ¿qué está pasando aquí?

-Se me habían olvidado unas llaves, pero ya las tengo,

estaban por ahí así que nada, ya nos vamos, ¿verdad?

-Sí. -Venga, puerta.

-Muy bien.

Jairo, mañana por la mañana te quiero en mi despacho.

Quiero hablar contigo.

-Vale.

-Pasa, Jesús, pasa.

Disculpa la interrupción, ¿vale? Siéntate.

Nada, no hay ninguna Valentina en los contactos de Toreno.

Bueno, de ser así nos habría tocado la lotería.

Teníamos que chequearlo, por si acaso.

Había que hacerlo.

El siguiente paso será mirar todos sus contactos

y hablar con ellos,

a ver si alguno se pone nervioso con el tema

o les suena el nombre.

Eso llevará un tiempo.

Unos días, pero mientras no tengamos otra cosa...

Sí.

¿Tú has encontrado algo en las imágenes de los Almendros?

Qué va, nada.

Pero confío en que, si Toreno tenía tantas llamadas al hotel,

tarde o temprano aparecerá por allí.

Él o alguno de los suyos que haga algún movimiento raro.

Yo he pedido el listado de huéspedes del último mes,

a ver si por ahí encontramos algo o aparece alguna Valentina.

A ver, ¡para, para! ¿Puedes ampliar esa zona?

Anda, mira esto.

Míralo, Valentina no hacía alusión a ninguna mujer.

Voy a mirar en internet a ver si enfrente de Los Almendros

hay algún garito que se llame así.

Perfecto. Yo voy a llamar al hotel.

Hola, buenas noches.

Mire, soy el oficial Roberto Batista,

que hablé con usted hace media hora.

Sí, no, no le llamo por el listado de huéspedes.

¿Me podía decir cómo se llama el pub que está justo enfrente?

Así que Valentina.

Ya me lo podía haber dicho

cuando le he preguntado si tenía a alguna trabajadora llamada así.

Eh... Sí, sí, no se preocupe, no hay ningún problema, perfecto.

Tiene usted razón.

Bueno, le dejo. Muchas gracias. Buenas noches.

¿No va el tío y me dice que no le había preguntado?

Y lo peor de todo, ¿sabes lo que es? Que ese local pertenece al hotel.

Bueno, míralo por este lado, ya tenemos un sitio por el que tirar.

Aquí, en internet, lo que aparece

es que Valentina es un lugar de música latina.

y que, por lo visto, tiene bastante éxito.

Montse, igual mi padre te quería dar una sorpresa

y se ha ido para comprar esa comida japonesa

que tanto os gusta.

Conozco a tu padre

y a estas horas no se iría a darme una sorpresa,

sabe que me preocuparía.

Además, yo le dije que estaba preparando la cena.

(Timbre)

Ojalá sea él.

-Hola, Alicia.

¿Qué pasa, González? ¿Por qué vienes a estas horas?

Tengo que comentarte algo y prefería hacerlo en persona.

-Hola. -Hola, qué hay, Montse.

-¿Qué pasa, González? ¿Le ha pasado algo a Marcelino?

-No lo sé, ¿desde cuándo no hablas con él?

-Pues hace un par de horas, pero se cortó la llamada

y no he podido volver a contactar con él.

Por favor, cuéntanos todo lo que sepas.

Un hombre me ha llamado y me ha dicho que tiene secuestrado a Marcelino.

-¿Qué? ¡No puede ser! -Sí.

¿Cuándo te ha llamado y qué te ha dicho, exactamente?

Hace un ahora, más o menos. Me ha dicho que volvería a llamar

para pedir una cantidad de dinero por su rescate.

-Lo sabía, sabía que le había pasado algo.

-Al principio pensé que podía ser una broma pesada,

no quería alarmarme ni alarmar a nadie,

pero como Marcelino no contestaba al teléfono,

fui al bufete y, al llegar, vi su despacho encendido

y vacío.

Por eso he venido hasta aquí directamente.

(Móvil)

Seguro que él.

También ha llamado antes desde un número desconocido.

-Déjame hablar a mí. No, mejor contesto yo.

Llama a Karim de la UIT de comisaría

y cuéntale todo esto.

Sí.

Por favor, ¿quién es?

"¿Quién eres tú?

Yo estoy llamando al socio de Marcelino Ocaña".

Soy Alicia Ocaña, la hija de Marcelino.

Ahora mismo estoy con el señor González.

Me imagino que ya te habrá contado

que tengo a tu padre secuestrado, ¿verdad?

"Sí, y si no quieres pasarte una temporada en la cárcel,

te recomiendo que lo sueltes de forma inmediata".

Eh, que aquí el que dice lo que hay que hacer soy yo.

No me he metido en esto para irme con las manos vacías.

Mira, espero que no hagas tonterías.

Mi padre no puede soportar situaciones de tensión,

acaba de sufrir un... "No me cuentes milongas".

Si tanto cariño le tienes a tu padre,

preocúpate de conseguir 100 000 euros

"o no vuelves a verlo nunca más".

100 000 euros es mucho dinero, no es fácil conseguir esa cantidad.

Desde luego que para mí no es fácil conseguirlo,

pero para la familia de un abogado tan importante,

seguro que sí.

Escúchame, el bufete no está pasando por su mejor momento,

¿no podríamos negociar otra cantidad?

"No".

Así que te recomiendo que busques ese dinero

"debajo de las piedras, si hace falta".

Y como llames a la Policía, tu padre es hombre muerto.

Antes quiero hablar con mi padre para asegurarme de que está bien.

Se acabó la charla.

(TOSE)

(SUSPIRA)

-Nunca has hecho esto antes, ¿verdad?

-¿Y tú qué sabes?

-Se ve lo inexperto que eres.

Estoy seguro de que no tienes ni antecedentes penales.

-¿Y tú por qué estás tan seguro?

-Cualquier profesional habría recabado información sobre mí

y sabría que mi esposa y mi hija Alicia

son inspectoras de policía.

-No, eso es mentira.

Lo dices para intimidarme.

-Para mi suerte, es verdad.

De modo que

no creo que tarde mucho en encontrarme.

Mira,

si de verdad me dices para qué quieres el dinero,

yo podría ayudarte.

Yo sé lo que es pasar apuros económicos.

-Tú no tienes ni idea de lo que es pasar apuros económicos.

Con lo que vale uno de tus trajes

doy de comer a mi familia un mes entero.

Además, ya te escuché hablar con tu socio

de la situación tan buena que tenéis ahora.

-Es cierto que hemos recuperado algunos clientes, pero

hemos estado al borde de la quiebra no hace mucho.

Ni de lejos

vamos a poder conseguir esos 100 000 euros que pides.

-¡Cállate!

-Oye, mira, no vas a sacar nada positivo de todo esto.

Si me dejas ahora libre,

yo me voy a ir y no voy a decir nada a la Policía.

-¿Y pretendes que yo me lo crea?

Pero que me acabas de decir que tu mujer e hija son policías.

-Entonces veo que ya me crees. -¡Que te calles ya!

-Oye, si me sueltas ahora,

ellas no van a ir contra ti, te lo prometo.

-Cierra la boca,

que ya me estás poniendo muy nervioso.

(RESPIRA FUERTE)

-No tengo ni idea de dónde vamos a sacar 100 000 euros.

Ahora mismo, las cuentas del bufete están bajo mínimos.

Aunque estemos remontando la mala racha,

no tenemos tanta liquidez.

A ver, yo no perdería el tiempo pensando en conseguir el dinero,

si no en pensar quién ha podido secuestrar a mi padre.

No paro de darle vueltas todo el rato a lo mismo,

pero el único enemigo de Marcelino es Quintero

y no creo que esta chapuza haya sido cosa de él.

No, también lo descarto.

Por favor, hagamos memoria.

¿Ha tenido alguna discusión fuera de lo normal con alguien?

Por asuntos profesionales, no.

El hecho de que hayamos reducido el volumen de negocios

tiene una parte positiva, llevamos una temporada tranquilos,

sin conflictos ni clientes problemáticos.

Está claro que la persona que ha secuestrado a mi padre

cree que es un objetivo perfecto

para conseguir dinero con un secuestro exprés.

No se ha informado muy bien. Tenemos que actuar rápido.

¿Sabéis si ha recibido algún email o alguna llamada extraña

en los últimos días?

Yo no tengo constancia de que haya sucedido nada de esto.

-Yo tampoco.

Si quieres, puedo acercarme al despacho

y revisar sus cosas y, no sé, puedo mirar su correo.

Sí, González, es una buena idea.

¿De verdad que no queréis que me mueva

para conseguir el dinero por otro lado?

Somos policías, no pagamos rescates.

Tenemos previstos otros mecanismos para este tipo de casos.

Vale. Bueno.

Aunque no sé si piensas lo mismo, Montse.

Te has planteado pagar el rescate, ¿verdad?

¿Por qué lo dices?

Porque no has llamado a Karim, como te pedí.

Por un momento pensé

que se podría poner en peligro la vida de Marcelino.

Alicia, no soportaría que le pasara algo.

Vamos a encontrar a mi padre muy pronto, Montse.

Empiezo a pensar que este tipo es un aficionado

y sé que, muy pronto, va a comenzar a cometer errores.

Pues sí, Salima,

no estoy seguro de que haya sido buena idea

marcharme a Grecia de cooperante todos estos meses.

-¿Pero por qué dices eso?

No sé, con el montón de cosas buenas que has hecho desde que llegaste,

ayudando a los refugiados que llegaban huyendo de las bombas.

-No, si de eso estoy muy contento,

aunque con todo lo que hay que hacer allí,

mi trabajo me parece poco.

-Bueno, a ti te parecerá poco,

pero todas las personas a las que has ayudado

te lo agradecerán de por vida.

Si es que me emociono de pensar en todas las historias

que me has contado desde que llegaste.

-Ya, si tienes razón, pero...

-¿Pero qué?

-Pues que he estado a punto de perderme

la historia que más me importa, Salima.

¿Y si te hubiera pasado algo mientras estaba fuera?

-¿Todavía estás con lo del secuestro?

-Es que no puedo olvidarme tan fácilmente

de que has estado a punto de morir

mientras yo estaba a miles de kilómetros de distancia.

-Cariño, pero ahora estamos aquí, juntos los dos,

queriéndonos igual o más que antes de que te fueras.

Tenemos que aprovechar el tiempo que tienes de vacaciones.

-Ya, seguramente tengas razón.

-¿Qué pasa?

No sé en qué piensas.

-Mira, todo esto que me has contado

me ha hecho replantearme muchas cosas.

-¿Como cuáles?

-A ver, sé que, a lo mejor, no ha pasado el tiempo suficiente

desde la primera vez que te lo pedí, pero

yo sigo igual de enamorado

y tan seguro de mis sentimientos como aquel día.

Así que te lo vuelvo a preguntar: Salima,

¿quieres casarte conmigo?

No tienes que darme una respuesta ahora,

te digo lo mismo que aquella vez.

Puedes tomarte el tiempo que necesites para pensártelo.

-No hace falta que me tome tiempo,

lo tengo muy claro, Eugenio.

-Ya.

Ya, que no quieres casarte conmigo.

Claro, si es que me he vuelto a precipitar.

Y esta vez lo he hecho peor

porque ni tengo un buen anillo de compromiso.

¡Sigo siendo el mismo ingenuo

que se piensa que esto sale igual que en las películas...!

-Eugenio, para.

No tengo nada que pensar

porque la respuesta es sí,

claro que quiero casarme contigo.

-¿De verdad? ¿Me lo estás diciendo en serio?

-Hombre, pues claro, con lo a pecho que te tomas estas cosas,

no se me ocurriría gastarte una broma.

-Menos mal, pensaba que lo había vuelto a estropear todo.

Estaba nerviosísimo,

me temblaba todo el cuerpo por dentro.

-Te ha salido genial, mira, mejor que la primera vez.

Ni siquiera has puesto la rodilla sobre la basura.

-No, es verdad.

-Sí, tú ríete, tú ríete.

Muy guay que me quieras sacar de fiesta y toda la pesca, muy bien,

pero eso de ponerme a beber y apostar dinero

no ha sido buena idea, coleta.

Un poco más y llego en pelotas a casa.

-Ha sido un descojone, colega.

Tenías que haberte visto el careto

cuando ese tío te ha pedido las zapatillas.

(RESOPLA) -¡Al vacilón ese! Poco más y se las meto en la boca.

Pero soy un caballero, si tengo una deuda de juego, se la pago.

Si no, ese tío muere hoy ahí, muere. -Ha sido una risa.

-Pues no te rías. Vete al baño y a tu casa.

Venga. -Solo estaba de broma, ¿eh?

No quería molestarte.

-Vale, no pasa nada, tranquilo.

Pero no vuelvas a recordarme este episodio en la vida.

-Descuida, no te saco más el tema.

De todos modos, es normal que la primera vez

que uno juegue a una timba, acabe palmando pasta.

-No me gusta hacer el imbécil así.

Tenía que haber parado a tiempo. No, no tenía que haberte dejado

que me convencieras para jugar, es lo que no tenía que haber hecho.

-Entiendo que no estés para tirar cohetes,

pero no hagas un drama por perder unos euros.

No querrás ser el más rico del cementerio, ¿no?

Además, tu jefe seguro que te paga un buen sueldo.

-Sí, pero que no, tío.

Que desde que se fue mi hermano yo tengo más gastos

y tengo la cabeza en ahorrar.

Yo no soy así, yo no pierdo el dinero en chuminadas.

-¿No serás el típico burguesito que quiere comprarse una casa?

Porque no te pega nada.

-A mí, no, a mí me da exactamente igual,

pero a mi madre le quiero comprar una casa.

-¿A tu madre? -Sí. Se han acabado las preguntas.

No te voy a contar lo que hago con mi dinero.

-Tienes razón, eso es cosa tuya,

pero yo te he sacado de fiesta porque me contaste lo de Paty

y quería que te evadieras un poco, pero vamos, ya me piro

y te dejo dormir. -¡Espera!

¿No querías ir al baño?

Pues ve al baño. Está ahí, a la derecha.

-No te preocupes, me las arreglo fuera.

-Espera, Queco.

Toma, no me digas que no.

Y no me vaciles, que no estoy para vaciles,

aunque sé que no ha sido tu culpa que pierda dinero.

Joder, macho, no sabes lo solo que me siento, tío,

desde que se fue mi hermano y la Paty a Barcelona...

Antes de esta noche llevaba semanas,

y cuando te digo semanas, semanas

que solo hablaba con gente del trabajo.

¿Cómo te quedas?

-No te preocupes, socio, ya vendrán días mejores

y por perder a las cartas no te quemes,

seguro que la próxima vez ganas pasta a mansalva

y se te olvidan todos los malos rollos.

Voy al baño.

¿Qué pasa? ¿Que tú tampoco puedes dormir?

Tampoco y por la misma razón que tú.

No paro de pensar en Olga.

Me gustaría verla por una ventanita, ver lo contenta que está.

Si buscas las galletas, están aquí, ¿eh?

Ya no quedan muchas.

¿Te acuerdas lo pequeñita que era cuando la trajimos?

Sí que era pequeñita, sí.

Tenía un timbre de voz que hacía temblar los edificios

cuando lloraba, ¿eh?

Sí, ¿te acuerdas que teníamos que turnarnos

para sacarla a pasear y que se calmara?

Porque no había manera

de que dejara de llorar.

Tenía cuatro años y lloraba como un bebé.

Bueno,

tuvieron que ser muy duros esos primeros años suyos en Rusia.

Y mírala,

ahora volando sola.

Estoy muy orgullosa de ella ¿eh?

Y yo también, por eso

no tenemos ninguna razón para estar tristes.

¿No crees que nos hemos precipitado dejándola ir sola a París, verdad?

Es que no sé...

Con todo lo que le ha pasado este año,

estar ahí, en un país diferente y

con un idioma diferente, ¿no?

Para hacer lo que más le gusta, aprender cocina.

Si no hubiera estado preparada, nos lo hubiera dicho.

Ya sabes que no se calla nada.

Ya, pero a lo mejor no era consciente

de todo lo que le esperaba.

Me da un poco de miedo que, al verse sola, se venga abajo.

¿Qué se va a sentir sola, hombre?

La gente de esta generación está conectada

a través de internet en cualquier parte del mundo.

Seguro que ahora está chateando con su amiga Paty.

Ya, pues yo, en cuanto se haga de día,

la voy a llamar para ver qué tal,

qué tal fue la fiesta de bienvenida que les dieron en la escuela.

Tranquila, tranquila, Claudia.

Es jovencita, pero nos ha demostrado en más de una ocasión

que tiene la cabeza muy bien amueblada.

(RESOPLA) Pero es que se me ocurren tantas cosas malas

que le pueden pasar...

¿Ah, sí? En el peor de los casos, no más que aquí.

Pero aquí estamos nosotros, es la diferencia.

¿Sabes lo que leí el otro día? ¿Qué?

Que el 99,99 % de los peligros que imaginamos

pueden ocurrir, no suceden nunca.

¿Para qué vamos a elucubrar sobre eso?

Ya, cariño, pero es que yo en mi trabajo

veo tantas cosas dentro de ese 0,01 %...

Ya, pero es que son las excepciones que confirman la regla.

Por eso, muchas veces tienes una idea muy sesgada de la realidad.

Odio cuando tienes razón.

¿Sabes lo que pienso? ¿Qué?

Que estás intentando buscarte excusas

para sentir que tu hija todavía te necesita.

Ahora te odio mucho más porque tienes más razón.

(Timbre)

Es Alicia. ¿Alicia?

Alicia, pasa.

¿Qué ocurre? ¿Qué haces aquí?

Siento haber venido sin avisar, pero es urgente.

¿Quieres un vaso de agua? ¿Una infusión?

No, no, gracias.

¿Qué ha pasado? Han secuestrado a mi padre, Claudia.

¿Has secuestrado a este hombre? -Sí, ya te lo he dicho.

-¿Estás locos? ¿Cómo se te ocurre? -Claro que estoy loco.

Loco y desesperado.

-¿Sabes el lío en el que te has metido?

¿Y quieres meterme a mí también? -A ti no te conoce.

-Somos policías,

no vamos a negociar con secuestradores.

-¿Ni siquiera por tu marido o por tu padre?

Pagar nunca es la solución.

No garantiza la vida del secuestrado, sea o no mi padre.

¿Te suena el nombre de Valentina?

Pues no, no conozco ninguna discoteca con ese nombre.

Este local podría estar relacionado con narcotraficantes colombianos

a los que estamos investigando.

¡Ya está bien, por Dios santo y la Virgen del Carmen!

Estoy hasta las narices de que vengáis una y otra vez

con el mismo cuentecito de los narcotraficantes.

-¿Me estás diciendo que has secuestrado al padre

y al marido de unas policías? -Yo qué coño iba a saber.

-Tienes que soltarlo ahora.

Tienes que tener a toda la Policía detrás de ti.

-Por eso hay que seguir adelante, Paco.

-¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar?

-Donde haga falta.

Te estaba buscando.

Quería hablar por la rueda de prensa sobre los índices de criminalidad.

¿Algún problema? Cambio de planes.

Vas a tener que llevarla tú sola.

¿Yo sola?

-"Tendrás el dinero",

pero antes queremos asegurarnos de que el señor Ocaña está bien.

"Papá, ¿estás bien?". Sí, estoy bien.

Esta gente lo único que quiere es dinero.

Vale, lo más importante es que mantengas la calma.

¿Tienes las pastillas?

No, no llevaba las pastillas encima.

-Esa voz...

-¿Qué pasa?

-Esa voz, que la he oído en algún sitio.

-¿De qué pastillas hablabas?

-Pues hace no demasiado tiempo sufrí un ataque al corazón.

Tengo que tomar una medicación todos los días.

-Lo único que quería era

poder tomarme una copa con un amigo tranquilamente

sin tener que aguantar las miraditas de siempre.

-¿A qué te estás refiriendo?

-Antes era Jairo, el que ha salido del correccional

y, desde que trabajo para usted, peor.

-Déjame ir y te juro que no te voy a denunciar.

Es más, te consigo el dinero que necesitas, los 100 000 euros

que habéis pedido y un poco más.

-Me han dado un soplo cojonudo.

Para hoy se ha montado una partida de las de salir forrado.

Hay jugadores muy malos y con mucha pasta

y que están pidiéndote que les desplumes.

-Suena demasiado bien, desgraciado.

-Vente y, si crees que exagero, las bebidas corren de mi cuenta.

-"Dígame".

-Queremos un millón de euros dentro de dos horas.

-Es imposible juntar ese dinero en dos horas.

  • Capítulo 185

Servir y proteger - Capítulo 185

25 ene 2018

Marcelino ha sido secuestrado y sus captores piden un rescate a cambio de su libertad. Rober no deja de dar vueltas al nombre de Valentina. Jairo se deja llevar por los planes de su amigo Keko, alguien que Martín conoce del pasado. Eugenio, el novio de Salima, regresa al barrio.

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  1. Tomás

    Kabul sigue siendo una ful

    25 ene 2018