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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 176 - ver ahora
Transcripción completa

Está bien, lo voy a solicitar, a ver qué nos pueden ofrecer.

¿Qué? ¿Os creéis muy valientes?

Pues venga, de uno en uno.

(SE QUEJA)

-Tenéis que mandar un doctor o algo.

-"Voy para allá. No la toques y no la muevas, ¿me oyes?".

-Vale, pero daos prisa, por Dios.

Todavía no he localizado a Beto,

pero he encontrado a una tal Estrella,

una gogó que le tiene loquito.

¡Quedas detenido, desgraciado! Se acabó lo de zurrar a mujeres.

¿Eh? Apártate, Estrella.

¡Eh, adónde vas, espabilado!

Vamos, adentro.

Vas a pagar por lo que le hiciste a mi compañera, mamón.

Ese tipo está en el calabozo y va a tener un juicio justo.

He hecho mi trabajo.

¿Había que dejarle la cara como un mapa?

¿Quieres tener un lío con Régimen disciplinario?

Me importa un bledo, ¡que vengan a por mí!

¿Alguna bronca más que echarme?

No por el momento, pero hablaremos

cuando estés en condiciones de escuchar.

Me ha dicho que está preparando el próximo objetivo.

Va a ser Transportes Quintero esta misma tarde.

Pues avísale con tiempo

y que vaya guardando lo que no quiera que le pillemos.

Me alegro que hagas ese comentario, Róber,

porque tenéis que estar mentalizados que, en este operativo,

Quintero es única y exclusivamente una posible víctima a proteger.

"Lo del atentado de esta tarde era una trampa

para ver si me habías delatado y has picado.

Planeta libre no ha muerto y ajusticia a los traidores".

-Oye, ¿qué está pasando con la Policía?

Hay mucho movimiento fuera.

-Nada, han retirado la protección, nada más.

-¿Y cómo es que la han retirado?

-Pues porque la amenaza de atentado se ha quedado en una falsa alarma

y yo he aprovechado para solicitar

que retiren la protección de los alrededores de esta empresa.

-A veces me gustaría ser más como tú

y dejarme llevar por mis impulsos más de vez en cuando,

impulsos como este.

-Lo de mi ceguera tal vez sea un síntoma

ocasionado por un daño cerebral mayor,

algo que los hematomas no hayan dejado ver hasta ahora.

-Tranquila. (LLORA) -No.

Es que los médicos creen

que si no encuentran la solución de mi problema,

mi vida corra peligro.

-¿Tú no te das cuenta del daño que nos ha hecho tu padre?

-Ahora me estoy dando cuenta, mamá, de verdad, por favor.

No hace falta que te vayas con Róber,

quédate conmigo, confía en mí. -Que no, que no,

que yo me voy con tu hermano.

-Dile que estoy arrepentido de corazón.

Eres el único que me puede ayudar.

Eh.

-¿De qué parte estás tú?

-Estoy con mi madre, lo tengo clarísimo.

(Música emocionante)

(Puerta)

¿Tú qué haces aquí?

-¿Qué pasa, no puedo venir a ver a mi hijo favorito?

-Espera, espera,

¿no sabes que tienes una orden de alejamiento?

-Solamente vengo

a que me invites a una birra, ya está.

Escúchame, una birra.

(ASIENTE) -Una birra y te vas.

-Una birra.

-¿Te dejan beber con lo del tercer grado ese?

-No se lo decimos al juez, hombre.

(SUSPIRA)

Ay, Dios mío.

Esto es lo que se echa de menos en la cárcel, hijo mío.

Bueno, esto y la familia, claro.

-Ya, claro.

-Tú, ¿qué? ¿Eh?

¿No piensas formar familia o qué?

-¿Yo? Yo soy muy joven para eso.

-Pero tendrás novia o una amiga

o varias, ¿no? ¿Eh, canalla?

-Nada, he salido de una relación hace poco

y no me apetece meterme en más líos ahora.

-Mujeres, no se puede vivir con ellas,

pero sin ellas tampoco. ¡Ay, hijo!

¿Cómo le va al Róber con la parienta, con la morenaza esa, eh?

Tiene clase.

-Espera, espera, espera.

¿Tú cómo sabes qué aspecto tiene Alicia?

¿La has visto?

¿Cuándo la has visto?

-Tranquilo, hombre, tranquilo.

Coincidimos en un bar por casualidad.

Estaba comiendo con un señor elegante,

supongo que sería el padre.

Por la conversación, deduje que era la parienta del Róber.

-Tuviste suerte de que el Róber no apareciera por ahí.

-Mira,

mientras yo no me acerque a tu madre

y vaya todas las noches a prisión, puedo ir donde me dé la gana.

-No te lo estoy diciendo por eso,

te lo estoy diciendo porque me temía que te habías pasado por su casa.

-No, no lo he hecho,

pero ganas no me han faltado.

Bueno,

¿cuándo vas a hablar con tu madre de lo que te dije esta mañana?

-Te vas a tener que aguantar.

-¿Por qué?

-Lo siento, pero mamá, por ahora, no quiere volver a verte.

-¿No quiere que le pida perdón?

-Es mejor dejar las cosas como están

y si ella cambia de opinión, yo te lo voy a decir,

pero por ahora lo tiene claro,

tiene claro que no.

-O sea, ¿que a ti te parece bien?

Yo creía que tú me apoyabas en esto.

-Yo he hecho lo que he podido,

pero a mamá le da ansiedad con solo mencionarte.

-¿Cómo voy a demostrarle que he cambiado si no quiere verme?

¡Manda huevos!

-Bueno, pues no puede y punto. ¡Apechuga!

Tienes que aceptarlo.

Ella sufrió mucho, todavía te tiene miedo.

-¿Que ella sufrió mucho?

O sea, que ella sufrió mucho.

Y yo, ¿qué? ¿Eh? Yo, ¿qué?

Fui yo el que ha estado en la cárcel, ¿eh?

El que ha perdido a su familia. -Tú te lo has buscado.

-¡Pero ya te he dicho que estoy arrepentido!

¿Cuántas veces quieres que te lo repita?

¿Quieres que me arrastre por el suelo o qué?

-No quiero que hagas nada, quiero que entiendas

que es normal que no confíe en ti

y que no te quiera ver, al menos de momento.

Tienes que entenderla, tienes que respetar su decisión.

La tienes que dejar que siga con su vida.

-¿Cómo, cómo?

¿Que siga con su vida?

¿Qué quiere decir eso?

¿Que ha conocido a alguien o qué?

¿Eh? -No, no, no.

No tiene nada que ver con eso, pero vamos, que te digo una cosa,

que si se echase un novio, a mí me parecería bien.

-O sea, que te parece bien que a tu padre le ponga los cuernos.

-¿Qué cuernos si no tenéis relación? A ti no te tiene que importar.

-¿Cómo no me va a importar? Es mi mujer.

¡Mía y de nadie más!

-Pues no haberla usado como un saco de boxeo.

-Mira, niñato,

si tu madre está con alguien, más vale que me lo diga ahora

porque como me entere por ahí fuera, va a ser peor.

Esa mujer es mía, ¿te has enterado?

Ni tú ni tu hermano tenéis vela en este entierro.

-Pírate de mi casa, que eres un impresentable

que no has cambiado absolutamente nada.

No tenía que haber quedado, no quiero volverte a ver. Pírate.

-¿Me vas a traicionar?

Eres una nenaza, como tu hermano.

-¡Que te vayas, no te quiero ver!

-Siempre en la falda de tu madre. ¡Siempre!

-¡Fuera!

-A veces las cosas improvisadas salen mejor que las que se organizan,

¿verdad? -Sí.

-Felisa, un placer.

-Bueno, yo también he echado un rato muy agradable

y la cena estaba riquísima.

-Deliciosa,

sobre todo el revuelto ese con espárragos trigueros.

Felisa tiene muy buena mano para la cocina, igual que Róber.

Anda, que has hecho una ensalada tropical

que estaba para chuparse los dedos.

-No hay duda de que formáis un buen equipo.

Más que un buen equipo, somos familia.

Te felicito, has educado a una hija estupenda.

Bueno, vale ya que vais a conseguir que me ponga roja.

También tengo que decirte que, a medida que conozco a Róber,

más cariño le tengo.

-Es que mi Róber es canela fina. Mi Jairo también, ¿eh?

Yo, como madre, no tengo preferencia por ninguno,

aunque cada uno tiene su genio, también.

-Bueno, que hay que descansar.

Que paséis una buena noche. Encantada, Felisa.

-Igualmente.

Adiós. Alicia, gracias.

De nada.

Eh... Queda pendiente la cena de familia.

-Sí, sí, en cuanto podamos.

Hala, que descanséis.

-Buenas noches. -Buenas noches.

Qué buena gente sois, ¿eh?

A mi hijo le ha tocado la lotería contigo.

Ya recojo yo. ¡Que no!

Lo hacemos las dos, que para eso somos un equipo.

A veces Montse tiene ese tipo de salidas.

Se nota que es inspectora de policía.

Descuida, a mí me ha encantado.

Se nota que se quieren mucho, ¿eh? Sí.

Aunque yo he de decirte

que tu madre me parecía mucho más guapa.

Pues no te lo voy a discutir, soy su hija.

¿Sabes lo que más me gusta de ti, Alicia?

Que es que eres generosa, tienes un corazón de oro.

Me has abierto las puertas de tu casa,

me tratas con cariño, si es que... Qué menos, Felisa.

Además, también es la casa de Róber

y puedes quedarte todo lo que necesites.

Ya, pero yo espero que todo se arregle pronto

y pueda volver a mi casa. Seguro que sí.

(Móvil)

¿Es Róber otra vez?

No, es un compañero de comisaría que está de guardia. Perdona.

Dime, Raúl.

¿Seguro que es la misma moto?

Vale, voy para allá.

Pedid un Z que vaya a reforzar la zona,

pero no levantéis la liebre.

Venga, gracias. Luego te llamo.

Felisa, me tengo que ir, pero no quiero dejarte sola.

No, mujer, tú vete, vete. Si tienes que trabajar, ve.

No, voy a llamar a Róber, a ver cuánto tarda.

(Puerta)

Mira, ya está ahí.

Qué raro, si tiene llaves.

Ay, no vaya a ser Pedro.

Que no, Felisa, es imposible.

Si él no sabe de mí, no sabe que estás aquí.

Espera.

Es Jairo.

(SUSPIRA)

Hola, Jairo.

Mira, llegas que ni pintado.

¿Te importa quedarte con tu madre hasta que llegue Róber?

A mí me ha surgido una urgencia. Claro.

Te dejo en buenas manos, Felisa.

Chao. Adiós.

(Puerta)

Mamá. -¿Tú has cenado?

-No. -Pues venga.

Siéntate, que te preparo algo.

Que si, Emilio, que yo luego te llamo.

No te preocupes. Buenas noches.

El colmo, tener que reportar... Pasa.

al comisario cada cinco minutos.

Los de arriba están de los nervios. Dime, Alicia.

Ha vuelto a saltar la alarma con Planeta libre.

¿Qué ha pasado ahora?

El vigilante del polígono industrial ha llamado para advertirnos

de que ha visto una moto similar a la de Nadia.

Menos mal que tenemos a los vigilantes de seguridad

de las naves del polígono a favor.

Por la cuenta que les trae,

Transportes Quintero no es la única amenazada.

Me he permitido enviar un Z para allá.

Han salido Salgado e Iriarte, que ya estuvieron vigilando.

Bien hecho, no tenemos tiempo que perder.

Que rastreen la zona, a ver si encuentran la moto.

Ya lo han hecho,

pero la persona que conducía la moto,

que podría ser una mujer,

la dejó aparcada en el acceso de entrada al polígono.

¿Y no hay rastro de la persona? No.

Hemos comprobado la placa de la moto.

¿Y qué tenemos? Fue robada hace semanas en Toledo.

¿Y el vigilante de seguridad que vio a la mujer en la moto,

se fijó si ella llevaba algún bulto sospechoso?

No lo vio. ¿Tú qué opinas?

Que podrían estar localizando para su próxima acción.

Lo que está claro es que Planeta libre no va a parar.

Desde luego, si ella está en el polígono

es por algo, es evidente.

A lo mejor se ha convertido en su nueva guarida,

ahora que no tiene el piso de Quico como base.

¿Qué crees, que está en una nave abandonada?

Tal vez, alrededor del polígono hay inmuebles abandonados

que han sido ocupados ilegalmente en más de una ocasión.

Yo peinaría la zona y pediría dotación TEDAX

para anticiparnos a posibles riesgos.

(RESOPLA) Tienes razón, pero estando el comisario ausente...

Dependemos de ti, Claudia, y no tenemos tiempo que perder.

Está bien, lo voy a solicitar, a ver qué nos pueden ofrecer.

Tenemos que localizar a esa mujer cuanto antes

y no va a ser fácil,

el polígono es grande y tiene recovecos.

Yo iría a su primer objetivo, Transportes Quintero.

Yo misma iré personalmente a echar un vistazo.

Vale, pero no descuidemos las otras empresas.

Puede que Transportes Quintero sea un señuelo para engañarnos.

Me voy para el polígono. ¡Otra cosa, Alicia!

No esperes muchos refuerzos para esta noche.

Los de arriba se ponen exquisitos pidiendo resultados,

pero para dar no abren el puño.

Me estoy adelantando a lo que me van a decir.

Comprendo.

Lo que diría Elías es: "Esto es lo que hay".

Ponme con Jefatura, por favor.

¿Te ha gustado?

(ASIENTE)

-¿Tienes más hambre?

No me extraña,

como te has comido tu propia lengua...

Mírame a la cara un poco, ¿no?

-¿Y cómo quieres que te mire, mamá, si he metido la pata hasta el fondo?

Me he dejado engañar como un imbécil. -Como un imbécil, no,

como un hijo. Es normal que tengas sentimientos por tu padre.

Si no viste ni la mitad del calvario que nos hizo pasar.

Tu hermano Róber, al estar más en casa,

sí vio más cosas. -Ya.

Pero ya me he dado cuenta del bicho que es.

-Pues menos mal.

Pero ándate con ojo, ¿eh?

Que no se va a rendir fácilmente.

Te va a querer liar, se hará el bueno.

-No, a mí no me camela nunca más.

Vamos, le acabo de decir que no quiero volver a verlo.

-¿Pero es que os habéis visto otra vez?

-Se ha presentado en mi casa hace un rato

con la excusa de que te quiere recuperar,

al principio haciendo el papel este que está haciendo

de que ha cambiado, la psicóloga, no sé qué...

Pero le ha salido el bicho de dentro

y se lo he podido ver.

Se cree que eres de su propiedad,

el muy imbécil.

Qué equivocado he estado, mamá.

-Bueno. -Pero mi hermano tenía toda la razón.

-Tú no te martirices más.

Además, que aquí no nos puede encontrar.

-Ya, pero no te puedes pasar toda la vida escondiéndote

por miedo a que te haga algo.

-Mi única esperanza es que, como es tan animal,

se meta en un lío y le enchironen pronto.

-Pues mira, ojalá y no está mal pensado

porque, como es incapaz de controlar su rabia,

posiblemente ocurra.

-Madre mía, a ver qué hago yo.

-Tú no te preocupes, mamá,

porque nos vas a tener al Róber y a mí

unidos para protegerte, ¿vale? -Sí.

(Puerta)

Mira, mira a ver si es tu hermano, que estaba al caer.

-¡Eh! -¡Venga, aparta, Jairo!

-¿Cómo has encontrado esto?

-Pues siguiéndote, tonto lava.

Vaya chabolo, ¿no?

¿Dónde está la reina de la casa?

¡Felisa!

¡Felisa!

-Pírate, que mi madre no está aquí.

-Ya, y yo me chupo el dedo.

Anda, lárgate al cine o a tomarte unas birras,

que tengo que hablar con mi mujer.

-¡Te estoy diciendo que te vayas! -¡Ten un respeto a tu padre!

¿Vale?

-¡Ténselo tú a mi madre primero! -Deja al niño en paz.

-Con que no estaba, ¿eh?

-Que le dejes, te digo.

-No, si yo lo dejo.

Que se vaya. Venga, gorrión, vuela.

Quiero hablar contigo a solas, cara a cara.

-No tengo nada que hablar contigo.

Además, que el juez dijo que no...

-Deja al juez en paz.

Es una cosa entre tú y yo y de nadie más.

ni jueces ni hijo ni Policía.

Eres mi mujer y tienes que rendirme cuentas.

-Mamá, vete dentro y déjame con él.

-No te metas en esto o vas a salir caliente.

-Como se te ocurra ponerme un dedo encima,

te vas a arrepentir...

(GRITA) -¡Ay, mi niño!

-Deja al niño en paz.

Si se ha hecho daño, peor para él.

-¿Pero cómo puedes decir eso? -Que no se hubiera metido.

-¡Pero que no tiene la culpa!

-¿Y yo, Felisa? ¿Eh?

¿Yo sí tengo la culpa?

Todavía no sé la razón

por la que me he chupado tres años en la trena.

-Por lo que me hiciste, Pedro. -¿Y qué te he hecho? ¿Qué?

-Mira, no me hagas recordarlo, por favor.

-Vaya, hombre, ahora se hace la víctima.

Pero qué falsa e hipócrita eres.

-Yo no soy nada de eso y lo sabes.

-No.

Yo lo único que sé

es que todo este tiempo has estado viviendo como has querido.

Mientras yo me pudría en la trena,

tú has estado viviendo la vida al lado de tus hijos,

rodeada de lujo y riéndote de mí.

-Yo no me he reído de ti.

-Lo sé todo.

Sé que tienes un fulano.

-¿Hay alguna novedad?

-Se la han llevado para hacerle pruebas.

-¿Más pruebas?

Pero bueno, ¿hasta cuándo la van a tener así?

-Los médicos creían que, al reabsorberse la hemorragia,

volvería a ver, pero no ha sido así

y ahora hay urgencia para saber cuál es el problema

porque... -Porque...

-Porque Nacha corre un grave peligro, Martín.

-Bueno, venga, no nos pongamos en lo peor.

-No, si no lo digo yo, lo dicen los médicos.

Están corriendo contrarreloj

para ver qué se esconde tras ese hematoma.

-Es que es una pesadilla.

¿Has podido hablar con ella?

-Sí, ella misma me lo dijo,

dijo que los síntomas de la ceguera

podían esconder un mal cerebral mayor.

Estoy que me subo por las paredes, de verdad, Martín.

-¿Sabes cuánto tardarán en subirla?

-No, ni idea.

-Oye,

estás agotado, ¿por qué no te pasas por casa

y duermes un rato? Yo me quedo. -¿Estás de broma o qué?

-Bueno.

Y del tipo que lo hizo, ¿sabéis algo?

-Sí, está en el calabozo, detenido.

Yo mismo le puse las esposas.

-Bueno, buenas noticias, ¿no? -Bueno, no sé yo.

-¿Cómo que "no sé yo"? ¿Por qué lo dices así?

-¿Cómo quieres que te lo diga?

-Se supone que estabas empeñado en atraparlo.

-Ya, pero me he jugado mi carrera.

Me salté el reglamento sin dudarlo, Martín.

-¿Qué hiciste?

-Monté un operativo a espaldas de Miralles.

Y menos mal que se lo conté a Nacha y ella se lo contó a Róber

y Róber se empeñó en venir

porque si no ese tipo estaría ahora suelto.

-Bueno, sea como sea, pagará por lo que ha hecho.

-Sí, pero nada va a cambiar las cosas,

ni que esté detenido ni que le haya partido la cara yo.

-¿Que hiciste qué?

-Le metí un buen golpe con las esposas puestas.

-Y eso no te hizo sentir mejor, ¿verdad?

Te comprendo perfectamente.

Conozco esa sensación.

¿Sabes? Cuando estuve delante del asesino de Laura,

el tal Carlos, en el calabozo,

lo habría matado con mis propias manos.

De hecho, lo llegué a enganchar.

-Sí. -Por suerte, Nacha me contuvo.

-El instinto nos juega malas pasadas,

pero la venganza no es el camino más fácil.

-Ya lo sé, pero en determinadas circunstancias,

actuamos como animales por instinto.

-Sí, pero ese instinto saca lo peor de nosotros.

-Así es.

Y luego en frío, si te has pasado de la raya,

pues te sientes hasta peor.

-Bueno,

el tipo está entre rejas, ¿no? Pues ya está. Olvidémoslo.

Oye,

¿por qué no bajamos, buscamos un bar y comemos algo sólido?

-No, no me entraría nada.

Además, prefiero estar aquí pendiente, Martín.

-Como quieras.

Voy a bajar, me cojo un bocata y subo.

-Pero tranquila, Felisa, que no te voy a hacer daño.

Solo vengo a hablar contigo.

-¿Pero tú no ves que el niño sigue en el suelo?

-Y dale con el niño.

Esto es una cosa entre tú y yo y de nadie más.

-Pero puede necesitar un médico.

-Bueno, pues que se aguante.

Venga, vámonos.

-¿Qué?

-Que nos vamos tú y yo.

-Que no, que no me voy contigo a ningún lado.

-Claro que te vienes conmigo.

Nos vamos solitos, donde nadie nos moleste.

Eres mi mujer y me debes obediencia.

¿Eh? Y eso es lo que tiene que hacer una buena esposa.

-Que no,

que yo no me voy contigo a ninguna parte.

Además, ¡que yo no soy tuya!

-Claro que sí, que eres mía.

Te casaste conmigo, ¿no te acuerdas?

"En la salud y en la enfermedad hasta que la muerte les separe".

¿Te acuerdas?

Eres mía,

aunque me engañes con otro.

-Que yo no te engaño con otro.

-¡Y dale!

¡Y dale, siempre lo mismo, siempre una mentirosa!

¿Pero por qué te empeñas en negar que me engañas con otro tío?

¿Eh?

Pues métete esto en la mollera:

"Si no eres mía, no serás de nadie".

-Mira, Pedro,

se acabó.

¡Se acabó!

Estoy harta de la mala vida que me has dado.

Me has roto costillas, me has insultado,

me has pisoteado... ¡Eres un mal hombre!

-Mira, yo venía en son de paz para hablar contigo tranquilamente

y me estás calentando la sangre.

Todo lo que pase será por tu culpa.

-No puedes hablar conmigo ni acercarte a mí.

El que va a tener problemas vas a ser tú.

-¿Ah, sí?

¿Qué vas, a chivarte al juez?

¿Eh? ¿Qué es lo que quieres, verme en la trena?

¿Quieres ver al Pedro pudrirse en la cárcel?

Pues te digo una cosa:

"Antes de entrar en el trullo te mando al cementerio".

-Por Dios, Pedro.

Vamos a hablar tranquilamente, vamos a hablar.

-¿Pero qué quieres que hable, qué quieres que hable?

¿Qué quieres, que te repita lo mismo?

¿Eh? ¿Todo lo que he hecho por vosotros?

¿Cómo me he arrancado la piel para sacar a mi familia adelante?

¿Para traer un plato caliente a la mesa,

para que a ti no te faltara de nada?

¿Y tú qué has hecho, eh? ¿Qué es lo que has hecho tú?

Chuparme la sangre

y poner a mi hijo de tu parte haciéndote la víctima.

Eres una víbora, Felisa.

-Ay, pero que Jairo sigue en el suelo.

Hay que llamar a una ambulancia, ¿no te hace nada verlo así?

-¡Y dale! ¡Deja al Jairo en paz!

Le dije que se fuera y no me hizo caso

y a ti te va a pasar lo mismo si no me haces caso ahora.

¡Venga, vámonos!

¡Suelta a mi madre ahora mismo o te calzo un tiro, vamos!

Venga, venga.

Vamos, suéltala, que no me va a temblar el pulso.

¡Suéltala!

Dispara, dispara, mata a tu padre.

¡Venga!

¡Lo estás deseando!

-Róber, Róber, no.

(Móvil)

¡Hijo!

Pero bueno, ¡qué sorpresa!

Oye, ¿por qué me llamas? ¿Pasa algo?

Ah, pues eso es muy bonito.

No, sí, sí, estoy bien, sí.

No, no estoy triste, hijo, es que ha sido un día duro en comisaría.

Bueno, como todos los días en mi trabajo, ya sabes.

No, no estoy en comisaría, es que estoy en un bar.

Sí, está muy en silencio porque no hay casi nadie, sí.

Oye, pero cuéntame, ¿qué...?

Bueno, pero eso es muy buena noticia,

es la editorial belga que me comentaste, ¿no?

Enhorabuena, hijo.

Sí, sí, yo también te quiero mucho.

Gracias por llamar.

Un beso.

-Elías. -Dime.

-¿Ocurre algo? ¿Hay malas noticias?

-No, que me acaba de llamar mi hijo desde París.

Me ha llamado solo para escuchar mi voz,

para saber cómo estaba.

-Es un buen hijo.

-El mejor.

Nacha y él son las dos personas que más quiero del mundo.

-Escucha,

no me ha dado tiempo a llegar al bar.

Me he cruzado con el médico

y me ha dicho que están subiendo a Nacha.

-¿Qué te ha dicho? ¿Novedades? -No me ha dicho nada,

pero está subiendo, quiere hablar contigo.

Que oye, si tú quieres, me voy.

Vamos, yo... -No, no, no. Todo lo contrario.

Quédate, por favor,

no soportaría esto solo.

-Por supuesto.

-Buenas noches.

Elías, ¿nos sentamos?

-Eh, suelta la pistola

si tanto te importa la vida de tu madre.

Suelta a mi madre o te pego un tiro.

No tienes lo que debes para matar a un padre.

Hace mucho que dejaste de ser mi padre, no eres nada.

Ya, sí.

-Róber, hazle caso, por favor.

-Te lo está pidiendo ella.

Está deseando volver conmigo porque yo le doy lo que le conviene.

Me da igual, no te la vas a llevar. ¿Ah, no?

Es mi mujer hasta que la muerte nos separe.

Tú con mi madre de esta casa no vas a salir.

Esta casa, ¿eh?

Qué bien te lo has montado, chaval.

Es de listo como tu madre.

Sí, te mueve el interés.

Ella primero me quitó de en medio

y luego se largó del polígono.

¿Eh? ¿A que sí?

Eres lista, Felisa, siempre detrás de tu hijo.

¡Por supuesto, para protegerla de ti!

¿Sí? ¿De mí? ¿Y qué vas a hacer, eh? ¿Qué vas a hacer?

¿Qué quieres, quieres ver cómo la mato delante tuya,

así es como la proteges?

Está bien, está bien.

Bajo el arma, pero, por favor, no le hagas daño.

Esto va a acabar mal, Róber.

-¿Lo ves? Hasta ella se da cuenta.

Además, si yo le pego,

si le pego es porque la quiero, para que aprenda.

Tú mismo, pero no te vas a ir de rositas, te lo digo.

Te has saltado la orden del juez y vamos a por ti.

Es lo que quieres, quitarme de en medio.

¿Eh?

Pero mira,

prefiero que me pegues un tiro y acabes con todo ya.

-Róber,

Róber, tu hermano está muy mal. Hay que llamar a una ambulancia.

Yo me voy con él.

-Ya la estás oyendo, así que nos vamos.

Está bien, vale, vale, vale.

Pero, antes de irte, vamos a hablar tranquilamente.

¿Tranquilamente?

Sois unos traidores,

¿sabías que tu madre me engaña con otro?

¿Eh? -Que no te engaño con otro.

¿Pero eso de dónde te lo sacas?

Me lo dijo Jairo.

Hace un rato me dijo: "Mamá ha rehecho su vida".

¿Eso es verdad, eh? ¡Dime!

-Yo, yo te lo cuento todo.

Pero déjame que me explique. Yo te pido perdón, Pedro.

-O sea que lo reconoces, ¿eh?

-Sí, pero vamos a hablar con calma, anda.

-¿Con calma? -Sí.

-¿Con calma? ¡Estás loca! -No te enfades.

-Di, ¿con quién es? ¿Alguien del polígono o qué?

¡Que me digas!

-Que no hay ningún hombre,

que yo no sé cómo Jairo te ha dicho eso.

Tú lo habrás entendido mal.

-¿Me estás llamando tonto? Está bien, está bien, por favor.

Mira, me voy a guardar el arma.

Por favor, ¿por qué no sueltas el cuchillo

y hablamos como personas, papá?

Por favor, papá.

¿Papá?

¿Ahora me llamas papá? -Claro.

Claro, vamos a hablar.

Vamos a hablar, como hacen las familias.

-¿Como las familias?

¡Pero si aquí todos me queréis quitar del medio!

El Róber me odia,

con todo lo que he hecho por ti cuando eras niño.

-Claro, si tú hiciste muchas cosas por él.

¿Te acuerdas cuando le compraste la bici?

Que le compraste la mejor bici que había

y no paraste hasta que le enseñaste a montar.

¿Tú te acuerdas de eso, Pedro? -Claro que sí.

Él es el que no se acuerda.

Sí que me acuerdo, sí.

Pues si te acuerdas, ¿por qué no me lo agradeces?

¡Otro igual que tu hermano!

-¿No ves que tus hijos te quieren?

Mamá, que no le des coba.

¡Róber!

Vamos, quietecito si no quieres que te haga daño.

¡Suéltame!

Vamos, que te vienes conmigo a comisaría,

que te va a caer pero un buen puro.

Mamá, quédate aquí con Jairo.

Pasa aquí la noche, que estás tranquila.

No te preocupes, luego te llamo.

¡Tira, que vas a ver lo que es bueno!

¡Felisa, Felisa, dile que me suelte!

(SE QUEJA)

(Puerta)

¡Hijo!

¿Tú estás bien? -Sí.

Estoy bien, estoy bien, no tengo nada.

(LLORA)

-Sí, aquí, en España, ya es de noche, sí.

No, no conozco Nassau, aunque, si le soy sincero,

el único interés que tengo por su ciudad

son los bancos.

Espero que mi dinero esté seguro y a buen recaudo por allí.

No, no, no,

le estoy llamando, precisamente, por eso.

Sergio Mayoral ya no se va a hacer cargo de mis asuntos.

A partir de ahora, todas las transacciones

se las haré personalmente, ¿de acuerdo?

Eso es, eso es.

Quiero ser el único autorizado a hacer movimientos en mis cuentas.

Muy bien. Estupendo.

Bueno, pues no sé, si consigo sacar unos días

y me puedo dar unas vacaciones,

estaré encantado de visitaros allí, en Bahamas, ¿eh?

Venga, hasta luego. Chao, chao, adiós.

Buenas noches.

(SUSPIRA)

Qué tal, Alicia. ¿Cómo estás? Qué sorpresa.

El vigilante me ha dejado pasar.

Sí, claro, es normal, es lógico,

últimamente pasáis tanto tiempo por aquí

que ya casi formáis parte de la familia

de Transportes Quintero.

Lo dices como si te molestara nuestra presencia.

Pues mira, sí, me molesta un poco, para qué te voy a engañar.

¿Qué crees,

que podemos encontrar algo incómodo para ti en tu empresa?

Alicia, sabes de sobra que no tengo nada que ocultar.

Si me molesta es, precisamente, porque todo esto

ya está empezando a dañar la imagen de mi empresa.

Tengo bastantes clientes que no paran de llamarme

preguntando por qué tengo

tanta policía en los alrededores de la nave.

y por más que les explique

que se debe a las amenazas de esos malditos terroristas,

cada uno se monta su película en la cabeza.

Bueno, ese es su problema, ¿no?

Bueno, y el mío.

La reputación de esta empresa, por desgracia,

solo es asunto mío.

En cualquier caso, pediste

que retiráramos la protección a tu negocio y así lo hicimos.

Y yo os lo agradezco mucho.

Por eso mismo no entiendo muy bien el motivo de tu visita,

sobre todo a estas horas.

A no ser que vengas, únicamente, en calidad de inspectora.

Si vienes a título personal,

no tengo ningún problema. Sabes que siempre estoy encantado de verte.

No estoy aquí para estrechar ningún tipo de lazos.

Vaya, eso al menos ya suena bien, ¿no?

Al menos reconoces que entre nosotros hay

algún tipo de lazo, por pequeño que sea.

He venido a Transportes Quintero

igual que he inspeccionado el resto de empresas amenazadas.

No es nada personal.

Bueno, ya, lo supongo,

pero, de todas formas, tampoco está mal que te dé las gracias, ¿no?

Buenas noches. Alicia.

(CARRASPEA)

(SE RÍE)

Eres una mentirosa.

¿Cómo?

Que sí.

Eres una mentirosa porque

mientes cuando dices

que tu única preocupación por mí es profesional.

En el fondo de tu corazón

sabes que yo soy tu padre.

Eres tan cabezota como yo.

-Quiero ver a mi hijo.

Que venga ahora mismo, ¿eh? -Vendrá cuando pueda.

Ahora mismo está haciendo las diligencias.

-¡Que venga mi hijo, que venga a dar la cara!

¡Que venga a dar la cara!

Un segundo, déjame a solas con él. Muy bien.

-Hijo.

¡Eh!

Estás contento, ¿eh?

¿Cómo puedes pensar que estoy contento

tras el infierno que hemos vivido hoy?

No disimules,

estás loco de alegría porque has conseguido lo que querías,

verme otra vez entre rejas. Eso es lo que te has buscado.

¿Así me pagas todo lo que he hecho por ti?

Claro, porque tengo mucho que agradecerte

como las noches en vela escuchando cómo pegabas a mi madre

o el sinvivir de verte entrar borracho

o mira, lo peor de todo,

el miedo que llevo pasando durante estos años

por no ser un animal como tú.

Porque están estas rejas, si no te partía la cara.

Claro, como en los viejos tiempos.

¿De qué tiempos hablas?

¿De cuando te enseñaba a montar en bicicleta

o cuando te llevaba al descampado a jugar a la pelota?

Te hablo de cuando me partiste la cara y la ceja

por meterme para que no pegaras a mi madre.

Eres igual de traicionero que tu madre.

No, soy como mi madre, tengo dignidad

y no daño a los que quiero.

Tú no eres un hombre de verdad.

Yo no sé cómo puedes pensar las cosas de esa manera,

eres un machista asqueroso.

Un hombre de verdad se viste por los pies

y se hace respetar por su mujer para que no se cachondee de él.

Las mujeres ahora se han tomado la libertad

y no rinden cuentas a nadie.

Nos convierten en calzonazos

y nos tratan como a perritos falderos

y eso es lo que te pasa a ti con la tuya.

¿Con la mía? Sabrás tú.

Sí, sí, con esa ricachona con la que andas.

¿Sabes por qué está contigo, eh?

Porque eres su perrito faldero.

Vives en su mansión y te dejas llevar por la correa.

¿Cómo se llama?

Alicia, ¿no?

Mira, ni se te ocurra nombrarla.

Y te voy a decir algo, las personas no son de la propiedad de nadie.

El hombre que utiliza la fuerza contra los que le quieren,

ya sea su mujer o sus hijos, se merece acabar en el talego.

El Robin Hood,

el salvador de los débiles,

pero métete esto en la cabeza:

"Tu madre es mía

y tarde lo que tarde en salir de aquí,

volverá a ser mía,

viva o muerta".

¿Eh?

¿Cómo te quedas? Pobre de ti.

Te lo advierto,

cuando salgas te voy a estar esperando

y te voy a decir algo más,

cuando te duermas en la soledad de tu celda,

piensa que yo, mi hermano y mi madre estamos tranquilos por tenerte lejos

y lo más importante de todo,

que no dedicamos ni un minuto en pensar en ti.

Ahí te quedas.

Ya.

(SUSPIRA)

-¿Quién es? ¿Elías?

-Sí, soy yo. Estoy aquí, a tu lado.

-Oye, ¿por qué no sigues durmiendo?

-¿Qué es, de día o de noche?

-No, son las 00:30.

Te han tenido un buen rato ahí abajo, ¿eh?

-¿Y qué, van a pasar los médicos a decirme algo

o me tengo que esperar aquí hasta mañana?

-Bueno, yo te puedo adelantar algo.

-¿Son malas noticias?

-Bueno, son buenas

y no tan buenas.

Han localizado el origen de la lesión.

-¿Esa es la noticia buena?

-Sí, bueno, la menos buena es que, para atacarlo,

hay que pasar por una operación complicada.

-¿Puedes ser más específico?

-Yo es que en la jerga médica me pierdo.

Parece ser que se ha reabsorbido el hematoma,

pero no del todo.

-¿Y por eso sigo sin poder ver? ¿No hay otro tipo de lesión?

-Bueno, sí, hay unos capilares que están rotos

e impiden que el riego llegue a la zona afectada.

-Pero no es mortal, ¿no?

-No, no, lo que pasa es que la operación,

la operación está llena de riesgos.

Puedes tener una hemorragia postoperatoria

o alguna infección.

Pero bueno, ya conoces a los médicos, que se curan en salud y...

-Me da igual.

Yo quiero que me abran el coco ya

y me reparen mañana mismo, si hace falta.

-Bueno, tampoco hace falta que te precipites.

-No, yo no me precipito,

si ya sabes que tengo mente de boxeadora

y si hay que arriesgarse, pues me arriesgo.

-Ya, bueno, pero tampoco te tienen que abrir el coco como tú dices.

No, hay una técnica más moderna que es menos invasiva.

-¿Cómo funciona?

-Pues te meten un catéter por una vena de la ingle

y que sube hasta tu cabecita y...

-Huy, qué forma más rara, ¿no?

¿Así, sin abrirme ni nada?

-Sí, si puedes estar hasta despierta.

Lo que pasa es que a mí me daría un poco de grima

notar que me están...

-Tú porque eres un cagado.

A mí, ahora mismo,

cualquier avance médico me suena fenomenal.

(SUSPIRA) Así es que,

sabiendo que me puedo recuperar de cualquier manera

y estoy segura de que esos médicos lo harán todo bien,

¿por qué tienes que ser tan cenizo?

-No soy un cenizo, yo soy realista.

-Sí, eres cenizo.

Algo he aprendido estos días con la ceguera

y noto por tu tono una cierta reticencia.

¿Me estás ocultando algo más?

-No, bueno, pero ya me conoces, es que yo veo

el vaso medio vacío siempre.

-¿Lo ves? Cenizo.

Pero,

pero eso no quita que seas

la mejor persona que he conocido en toda mi vida.

Solo un padre se portaría conmigo como lo haces tú.

Elías. -¿Qué?

-No llores, caramba.

-No estoy llorando.

-No, qué va, me lo estoy inventando yo.

Que ya te he dicho que estos días

he desarrollado superpoderes con mi ceguera.

-Es que estoy sufriendo lo que no está en los escritos.

-Mira el vaso medio lleno.

Ahora ya sabemos que lo mío tiene solución,

que me puedo curar.

Por lo menos no me voy a morir, de momento.

Y ahora, si no te importa,

voy a descansar un poquito. Como diría Max:

"Voy a coger fuerzas para el gran combate".

-Sí, claro.

Buenas noches, preciosa.

O sea que Quintero está encantado de no tener nuestra protección.

Yo creo que nuestra presencia le molesta,

aunque no sé si se queja únicamente para tocarme las narices.

Quintero es un toca narices en general,

no solo contigo.

Sí, pero la relación que mantiene conmigo

no la puede mantener con el resto. Vamos a dejar a Quintero.

Lo importantes es

que no ha aparecido nuestro objetivo allí.

No, el vigilante de la nave no vio nada extraño.

Pasa lo mismo con el resto de empresas amenazadas.

Falsa alarma.

Menos mal que no nos concedieron llevar la caballería.

¿Por qué dejaría la moto en la entrada del polígono?

No lo sé.

Mañana la analizaremos en busca de huellas,

aunque dudo que podamos extraer nada claro de eso.

Nadia es muy lista, sabe lo que se hace.

No sabes las ganas que tengo de echarle el guante,

aunque sea por no darle más explicaciones a Quintero.

Bueno, mañana empezaremos de nuevo.

Vete a descansar, que ha sido un día duro

y llévate a Róber, ¿eh?

¿Róber? ¿Qué hace aquí?

Ha detenido a su padre.

¿Cómo?

Pregúntale a él, ahí lo tienes.

¿Qué pasa, Ali, cómo ha ido lo de Planeta libre?

Pues al final el aviso ha quedado en nada,

pero ¿has detenido a tu padre?

Pues casi mata a mi madre.

Pero si la dejé con Jairo.

Ya, pues cuando llegué, Jairo estaba KO en el suelo,

pero no te preocupes, está bien.

¿Y cómo descubrió que estaban allí? Pues le siguió.

Ojalá que se pudra en la cárcel, ¿sabes?

Te juro que nunca voy a olvidar esta noche.

Chicos, venga, ha sido un día muy complicado

iros a descansar, se lo estaba diciendo a Alicia.

¿Y tú?

Voy a aprovechar para darle a Bremón el reporte

que me piden en Jefatura cada cinco minutos.

La presión no va a desaparecer porque pasen unas horas.

Lo mejor es que te vayas a descansar.

No te preocupes, así le mantengo informado.

A descansar los dos.

Pues lo que te decía,

que una de las peores noches de mi vida.

Bueno, ya ha pasado.

Ya, pero no me voy a poder borrar en la vida esa imagen de la cabeza,

mi padre agarrando a mi madre, insultándola,

Jairo tirado en el suelo, yo no sabía si vivo o muerto...

Ha sido horrible.

Tranquilo.

Piensa que ha sido una pesadilla de la que has conseguido despertar.

Y hace un rato, cuando he bajado al calabozo,

he sentido una vergüenza...

¿Por qué dices eso?

Me da vergüenza ser su hijo.

Róber,

tú no debes sentir vergüenza de nada.

Eres una persona maravillosa

y estoy muy orgullosa de que seas mi pareja

y ojalá nuestros hijos se parezcan a ti.

Gracias por apoyarme y estar siempre a mi lado.

Juntos vamos a superar todos los obstáculos.

Claro.

Vamos.

Buenas noches, no sabía que había nadie.

-¿Se puede saber dónde está la chica que viene a limpiar todos los días?

-Está enferma, me ha mandado la empresa

para sustituirla.

-Qué raro, mi secretaria no me había dicho nada.

¿Cómo te llamas? -Nuria.

-Nuria. -Hago sustituciones aquí y allá.

Es la primera vez que me envían aquí, ¿eh?

-Bueno, muy bien, Nuria,

¿sabes si vas a estar viniendo muchos días?

-Pues no lo sé, aunque

si no lo veo más, me gustaría que me tuviera en cuenta

para otras veces.

Tengo una boca que alimentar, mi marido está en paro

y si no hay para mí, quizá para mi marido.

Tiene todos los carnets de conducir.

-Eso siempre puede resultar interesante.

¿Ha conducido tráiler también?

-Sí, sí, ha conducido camiones grandes.

-Bien, vamos a hacer una cosa.

Le vas a dejar tu número de teléfono a mi secretaria en la mesa

y mañana nos ponemos con el asunto.

-Muchas gracias, señor.

Si no le importa dejarla abierta para que pueda limpiar.

-¿No te han dicho antes de venir

que no quiero que nadie entre en mi despacho

si no estamos mi secretaria o yo? ¿No te lo han explicado?

-No, no.

-Bueno, pues, en fin, tengo mis manías

y no me gusta que nadie ande merodeando en mi despacho

si no estamos ninguno de los dos.

De todas formas, no está tan mal,

así que no hace falta que lo limpies hoy,

ya lo harás otro día, ¿vale?

-De acuerdo. -Buenas noches.

-Buenas noches, señor. -Hasta luego.

(Teléfono)

Disculpa.

Sí,

Marisa se acaba de ir hace un rato, Sebastián.

Me importa un pepino si el mecánico se está retrasando,

te quiero ver mañana a las seis de la mañana

en el muelle de descarga, ¿te queda claro?

Vale, mucho cuidado con saltarte los controles de velocidad

y no me vayas a tocar el tacómetro, que nos conocemos.

Venga, hasta luego. Adiós.

No me van a dejar tranquilo en toda la noche.

Nuria, si vuelve a sonar el teléfono, no lo cojas,

que me saltará la llamada en el móvil.

Y otra cosa,

no te olvides de dejar tu número en la mesa de mi secretaria.

¿De acuerdo? -Gracias.

-Buenas noches. -Adiós.

-¿A ti qué te pasa?

¿Qué te pasa?

-Que tu hijo ha sido valiente

y te ha salvado, siempre te ha salvado de nuestro padre

y yo soy un cobarde que ha metido la pata.

-No, tú no eres ningún cobarde.

Tú has saltado como un lobo para defenderme.

-Sí, a bruto no hay quien me gane,

pero él se ha presentado aquí porque me siguió,

porque yo le creí y caí en su trampa porque pensé que podía cambiar.

Pero no sirvo para pensar, no sé para qué pienso.

-No, mira, verás.

Tu padre es un manipulador.

A mí también me ha engañado, mira cómo me ha ido.

-Yo soy tonto, mamá.

-Que no. -Que sí, que soy tonto,

que me hacía ilusión poder ser una familia unida.

-Claro, normal.

Pero es que tu padre se cargó esa familia.

Ahora tenemos que estar contentos,

contentos y unidos los tres.

-A ver si, a partir de ahora, podemos vivir un poco en paz.

-Verás que sí.

¿Te duele la cabeza?

-Me duele un poco, pero es de la situación en general.

-No, hijo, tiene que verte un médico.

(RESOPLA)

-Mañana quizá vaya, yo soy duro de mollera.

-Ya.

¿Sabes que he conocido al padre de Alicia

y a su mujer?

-¿Ah, sí? -Sí.

-¿Y qué te han parecido? -Majos.

Me decías tú que Marcelino era un tieso y un estirado

y me ha parecido muy sencillo, muy normal.

Ay, hijo, por fin.

Ya tenemos a Pedro entre rejas

y mañana pasará a disposición judicial.

Se lo advertí, ¿eh? Se lo advertí.

¿Cómo estás tú, Felisa?

Pues todavía con el susto en el cuerpo.

Es normal, pero no quiero que te preocupes.

Le va a caer una buena condena por homicidio en grado de tentativa

por saltarse la orden de alejamiento e incumplimiento del tercer grado.

Madre mía.

Podría haber ocurrido una desgracia esta noche,

Róber, qué mal lo hemos pasado. Bueno, pero ya está. Ya ha pasado.

Menos mal que os tengo a vosotros,

a ti y a Jairo.

Os habéis portado como unos valientes.

Jairo, tienes que ir al médico, el golpe ha sido muy fuerte.

-Mamá, ya me lo has dicho. Haz caso a tu madre.

Voy a preparar un chocolate caliente para todos.

Mira, muy buena idea, nos vendrá bien.

Yo te ayudo. Vamos.

Mañana te coges y te das un pirulo por el médico

y haces caso a mamá, ¿eh?

Róber, no te preocupes por mí, tío.

Pues macho, soy tu hermano mayor, No sé quién se va a preocupar si no.

Además de por vida me voy a preocupar.

Ya, porque además siempre tienes la razón.

No, siempre, no.

¿Pero qué te pasa? ¿Encima te enfadas o qué?

Claro que me enfado,

Pero no me enfado contigo, me enfado conmigo.

Me advertiste con todas tus fuerzas contra nuestro padre

y no te hice caso y mira lo que ha pasado,

casi la mata por mi culpa.

Bueno, Jairo, mira, al menos te has dado cuenta

de que a ese hombre ni agua, ¿vale?

Los maltratadores que no lo reconocen

y que no se someten a ningún tratamiento,

esos no cambian nunca.

Mira que he hecho cosas feas en mi vida

y que he visto cosas chungas en mi vida,

pero hoy siento como si hubiera perdido algo.

La inocencia, tío.

Te has llevado un palo muy gordo

y te ha hecho madurar, abrir los ojos.

¿Así es como se madura?

No veas cómo duele.

Porque en el fondo de tu alma querías pensar

que tu padre era buena gente y buena persona.

Mira, hoy mamá me ha hecho pensar cuando yo era inocente,

cuando papá me regaló mi primera bicicleta,

que yo estaba todo ilusionado

y él estaba como loco porque aprendiera a montar.

Sí, me acuerdo de esa bici que luego fue mía.

Pero a mí no me enseñó él, me enseñaste tú.

Recuerdo la primera vez que me anduve la calle entera.

Papá me cogió en brazos y empezó:

"Ole, ole". ¡Ese es mi hijo, ese es mi hijo!".

Hay recuerdos que no podemos borrar, Jairo,

pero sí que podemos entender una cosa:

que la familia solo está compuesta por mamá, por ti y por mí.

Por nadie más, hermano.

Y dentro de poco por tu mujer.

Bueno, sí, por Alicia.

Ella me ha hecho entender

que no hay que tener vergüenza por lo que ha pasado.

Te tengo que dar las gracias, Róber, por no enfadarte conmigo

porque me he portado como un cobarde

y he hecho cosas que no tienen perdón y, aun así, me perdonas.

De eso nada, no has sido un cobarde.

Y es más, sé que a veces te sermoneo y te echo la chapa, Jairo,

pero, en el fondo, estoy orgulloso de ti.

Estoy orgulloso, hermano, ¿y sabes desde qué día?

Desde el día que te vi marcharte con las esposas puestas

que te comiste el atraco por mí.

Me miraste con una cara... Se me clavó en el corazón.

De verdad, dije: "Mi hermano está dando la cara por mí.

Ojalá algún día sea tan valiente como ha sido él".

Te quiero, Róber, tío.

Y yo a ti.

¿Se puede saber

cómo demonios has entrado ahí dentro?

¿Cómo has entrado?

¿Eh? Si yo he dejado esta puerta cerrada con llave.

-Ya termino, señor.

-¿Qué estás buscando en mi empresa?

¡Dime, porque no me creo que hayas venido a limpiar!

¡Habla!

-Te busco a ti, Fernando Quintero.

-Vaya. Anda, baja eso.

Será mejor que llame a la Policía.

-Vas a pagar por el daño que haces.

-¿Tú que eres, una de esas de Planeta libre o qué?

-Yo lo cree y voy a impartir justicia en nombre de Gaia.

-¿En nombre de quién, perdona? ¿Quién has dicho?

¿Quién es esa Gaia

y por qué te ha enviado aquí

a que me apuntes con esa mierda de pistola?

-Tú eres poca cosa.

En su nombre, voy a reventar tu empresa.

-Vaya.

Vas a reventar mi empresa, ¿no?

¿Sí?

¿Eso es lo que hacéis ahora

los que os dedicáis a luchar por la ecología en el mundo?

¿Habéis pasado de la paz y el amor

a sembrar el terror, poner bombas y matar inocentes o qué?

-Hay momentos en los que las luchas justas

se libran con métodos drásticos.

Lo que voy a hacer contigo es una medida higiénica.

Considérame una mujer de la limpieza a gran escala.

Limpio el mundo de basura.

-Ya, o sea que has sido tú

la que ha atentado contra la empresa de pinturas

de aquí al lado, ¿no? -Impartí justicia.

-¿Sabes que mataste a un hombre inocente?

¿No?

¿Eso es justicia, también?

-En todas las guerras hay daños colaterales.

Déjate de charlas y siéntate.

¡Siéntate!

-Vale, vale, vale.

-Dime,

¿cuántos camiones tiene tu empresa?

-Bastantes. ¿Por qué lo quieres saber?

Mira, niña,

yo doy trabajo a mucha gente en este barrio,

pago mis impuestos religiosamente

y cumplo con toda la normativa que impone medio ambiente.

Gran parte del beneficio de mi empresa

lo dedico para ayudar a la gente de este barrio,

a mi gente.

Construyo y hago cosas por ellos.

¿Qué hacéis vosotros, eh?

Aparte de poner bombas y matar a gente inocente.

-El fin justifica los medios. El planeta está en peligro.

-¿Ah, sí?

¿Y yo soy tan importante

para que tengas que venir aquí a amenazarme, a matarme

para salvar el planeta?

-Te mandamos avisos

para que modificaras tus protocolos ecológicos

y te los pasaste por el forro.

-Está bien, está bien, ¿qué quieres que haga, eh?

¿Quieres que cambie mis camiones por camiones eléctricos?

¿Es eso? No tengo ningún problema.

Estoy dispuesto a ponértelo por escrito,

a firmarlo si hace falta.

Lo haré siempre y cuando el gobierno ponga las facilidades necesarias

para que eso se pueda hacer.

Mientras tanto, como no quieras que mis transportistas

lleven las mercancías en carros tirados por mulas,

no sé qué otra cosa puedo hacer.

-No te hagas el gracioso.

Se acabó tu tiempo de rectificar.

De hecho, se acabó tu tiempo y punto.

-¡Morales, Morales, ven aquí! -No chilles, no chilles.

El vigilante no puede oírte.

Me tomé la molestia de dejarlo fuera de combate antes de subir.

Tranquilo, no está muerto,

solamente inconsciente con una brecha en la cabeza.

-Sí,

estoy seguro porque tú serías incapaz de hacer

cualquier otra cosa con esa pistola, ¿verdad?

Serías incapaz de apretar el gatillo, ¿no?

Porque, en el fondo, no eres más que una maldita cobarde

que busca protagonismo

y ser una heroína por un día, ¿no?

Que la gente te vea así,

pero en realidad no eres más que un maldito fraude

Anda, dame esa pistola antes de que te hagas daño.

¡Dámela!

-Otro fuera de combate.

Ahora, manos a la obra.

Yo sé que, ahora, voy a estar unos días destrozada,

pero en cuanto vuelva a mi rutina, a mi casa,

pues se me irá pasando.

Lo que me tranquiliza es saber que Pedro está entre rejas.

Mamá, por eso no te preocupes, de verdad.

Va a pasar a disposición judicial a lo largo de la mañana.

¿Por qué crees que me voy tan pronto?

Lo voy a supervisar todo personalmente.

Tienes un brillo en la mirada...

-¿De verdad, Salima?

-He visto cómo Karim te daba un pico.

Estáis saliendo, ¿no?

-Sí, pero

queremos llevarlo con discreción.

-Elías no ha dejado ni un resquicio para la duda.

No te niego que está en un buen lío.

(Puerta)

Por separado se puede lidiar,

pero juntas la verdad es que metéis un poco de miedo.

Siéntate, por favor.

Casi mejor me quedo de pie por si tengo que salir corriendo.

-Iré al grano.

En Régimen disciplinario estamos estudiando suspenderte.

-¿En casa qué tal?

¿Quieres que te cuente la versión oficial

o la de confianza?

Yo creo que, conmigo, puede tirar de "off the record".

La situación en mi casa es un auténtico infierno,

pero bueno, cada día que pasa la cosa va a peor.

¿Qué te pasa, hija? ¿Por qué lloras?

Que me han llamado de la escuela, que me van a expulsar.

-¿Pero por qué?

-Porque dicen que he suspendido exámenes,

que he faltado a clase,

que no he entregado los trabajos a tiempo...

Pero te darán la oportunidad de recuperarlo, ¿no?

No, ellos dicen que tienen unos mínimos

y que, quien no los cumple, va a la calle.

Karim ha propuesto

pinchar tu teléfono.

Ni pensarlo, vamos.

Perdonadme, pero esto, esto es un instrumento de trabajo.

Yo aquí recibo llamadas de colaboradores.

Vosotros tenéis vuestros confidentes y yo los míos.

Comprendemos tus obligaciones y deberes como periodista,

pero apelo a tu sentido del deber como ciudadano.

No me digas que no estás deseando atrapar a esa terrorista.

No sabes la rabia que me da no haberla pillado.

Hay que cazarla antes de que haga más daño.

¿Tú le has explicado bien los riesgos

que entraña una operación tan delicada?

-Por supuesto,

pero ella prefiere jugársela antes que quedarse ciega.

La verdad es que me quedé de piedra ante su determinación,

no tardó ni un minuto en decidirse.

-Genio y figura.

-Tengo yo más miedo que ella.

¿Y si le pasa algo?

-Vamos a intentar no ser agoreros, Elías.

En estos últimos tiempos, la medicina se supone

que ha hecho unos avances increíbles.

-¿Sabes cuándo es la operación?

-Mañana, aunque por mí, cuanto antes, mejor.

-Bueno, todo va a salir bien, ¿eh?

-Lo dices con un tono que da miedo.

-Es que la operación está llena de riesgos y...

-Pasará lo que tenga que pasar.

(GRITA)

(Gritos)

Quintero, ¿qué pasa?

¡Quintero!

Te quedan diez minutos de vida.

-No lo hagas. -600 segundos.

-¡No lo hagas! -Empieza la cuenta atrás.

Tic, tac, tic, tac.

  • Capítulo 176

Servir y proteger - Capítulo 176

12 ene 2018

Pedro sigue a Jairo hasta la casa de Alicia. Nacha tiene que someterse a una peligrosa operación. La policía sospecha de un posible atentado en Transportes Quintero. Alicia se ve obligada a visitar a Quintero, para alertarle.

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  1. Jandro28

    Capitulazo increíble en serio el mejor capitulo de la serie

    14 ene 2018