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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 124 - ver ahora
Transcripción completa

Aquí te dejo marca y modelo del móvil

(ASIENTE) Ya he recibido las instrucciones.

Vale, nos pondremos en contacto. Ahora mismo no puedo hablar.

Te pediría que no fueras tan rápido con él.

A ver, mamá, nosotros no estamos corriendo,

estamos yendo al ritmo que queremos los dos.

Que conste que a mí Quico me parece un chico estupendo,

por eso no me gustaría que centraras toda tu vida en él

y aparcaras todo lo demás.

Yo entiendo que no se fíen de mí, si apenas me conocen.

-A ver, Quico, no es que no se fíen de ti,

es que mi madre pues preferiría que fuésemos más despacio.

-Yo no quiero que tengas ningún problema con ellos.

-Pues no parece tan poca cosa esta quemadura.

-Prometiste no ser alarmista. -¿Cómo te la hiciste?

-Pues estaba friendo unas patatas para una tortilla

y le di al mango sin querer y se me volcó el aceite.

¿Tú no ibas a cambiar el chip con Quico?

Lo he cambiado hasta que me dijo que la herida estaba creciendo

y en esas quemaduras no es normal. En las de aceite, por lo menos.

Estás en modo policía buscando indicios de fraude.

¿Quieres que te ayude con la investigación?

Estoy en modo médico que hace bien su trabajo.

-No habrá venido él contigo, ¿no?

-No, tranquilo. Tu padre no está aquí.

-Ese hombre ya no es mi padre.

-Haz el favor de hablar con él y decirle esto,

que has perdido la cabeza, que te equivocaste.

-¿Te dijo que no quería que contase que era gay

para no avergonzarse de mí? -¿Después de contarte eso...?

-Lo convencí para que te diera una oportunidad.

Quiere verte esta tarde en la presentación de su cómic.

¡Fuera, fuera!

(GRITAN)

(GRITA)

He intentado odiarte.

Con toda mi alma.

Pero no he podido.

-Me has hecho muy feliz volviendo a mi vida.

-Venga, María, una mujer como tú,

en el Caribe. -¿Qué? En el Caribe, ¿qué?

Que yo no estoy en edad de rollitos caribeños, hija.

¡Qué alegría que me llames!

No, buenísimo, buenísimo.

Si me pasé el viaje entero durmiendo. Sí, sí, sí, sí.

¿Reni?

-Pero bueno, criatura, ¿tú qué haces aquí?

Si ayer mismo estábamos hablando y estabas en Cuba.

-Claro, en el aeropuerto internacional

José Martí de La Habana.

-¡Pero bueno! -¿No te alegras de verme?

-No sé...

-¿Tú crees que podría quedarme en tu casa a dormir esta noche?

Solamente esta noche, ya mañana me busco la vida.

-Está bien, por una noche no pasa nada.

-Te lo guardo, ¿eh? -Es que necesito una cosa.

-Quiero que consigas el contenido de esa bandolera

de la que dices que no se separa ni para ir a mear.

-Ahí hay un cajero, si quieres...

(LEE) -Pruebas de paternidad.

¿Qué has hecho, Sergio?

Tú y yo fuimos las personas más importantes en su vida.

Estoy seguro de que tu madre

estaría muy feliz si tú y yo nos llevásemos bien.

No me queda otra que aceptar

que mi madre y tú tuvisteis una relación,

pero no pienses que voy a compartir recuerdos de ella contigo.

Lo que he encontrado dentro de esa bandolera me tiene...

bastante preocupado.

-No se la estará jugando con las cuentas la serpiente esta.

-No, no, no, no es eso.

Se trata de algo mucho más importante que el dinero.

(Música emocionante)

Tengo la cabeza que me va a estallar.

Si es que me van a suspender.

Rober, ¿por qué no te tranquilizas y confías en ti?

Son las pruebas de la fase general y estás preparado.

No me tenía que haber metido en un embolado así.

Alicia, la universidad no es para mí.

No, claro, tú eres más de la calle. Vamos a centrarnos.

¿Qué es la polisemia?

Pues la polisemia

es cuando una palabra tiene más de un significado, ¿no?

Depende de cómo sea la frase.

Pues por ejemplo, blanco, que es un color,

blanco, que es un hombre de raza blanca

Bien. A ver, ¿y qué me dices de la homonimia?

Pues...

Que me he quedado en blanco.

Mira, otra forma más de usar la palabra.

Vale, bien, pero vamos a centrarnos en la homonimia.

Pues la homonimia, había dos tipos, ¿no?

Las palabras homófonas y las palabras homo...

Lo tenía en la punta de la lengua, pero estas palabrejas se las traen.

A ver, ¿qué son las palabras homófonas?

Pues las palabras homófonas...

Mira, que yo paso, que no me presento.

¿Pero qué estás diciendo? Quedan unas horas para el examen.

Lo siento, haberte hecho perder el tiempo,

pero que no, que paso.

Muy bien. Lo siento, pero no voy a dejar que te rindas.

Y menos después de tu esfuerzo.

Mira, los exámenes nunca han sido lo mío.

Y si me van a catear. Que no, que no me presento.

¿Me estás hablando en serio? Vamos, lo tengo clarísimo.

Muy bien.

¿Pero adónde vas?

(Puerta)

(RESOPLA)

Claudia, anoche...

¿Qué?

Pues que tampoco...

Llevamos mucho tiempo así.

No creo que se acabe el mundo por eso, ¿no?

Es que ya no recuerdo cuándo fue la última vez que hicimos el amor.

Ay, no exageres.

No exagero.

Solo constato una realidad.

Ay, Antonio, no sé.

No creo que solo sea responsabilidad mía.

No, hombre, no, no, claro.

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

Hijo, para esas cosas hay que estar a gusto, no sé.

Crear un clima, estar los dos tranquilos... No sé.

Tampoco somos adolescentes

que tengamos que estar haciéndolo cada dos por tres,

ahí, todo el rato... No sé.

Será el estrés.

Estoy teniendo una época muy dura en comisaría,

ya sabes, no sé, pues igual...,

después de estar todo el día por ahí peleando,

pues llego a casa cansada.

Pero que estas cosas en la pareja son importantes.

(RECHISTA) Déjalo.

Antonio.

Tú sabes que yo te quiero, ¿no?

Pero no se trata de amor, se trata de deseo

y tengo la impresión de que tú ya no...

Bueno, hombre.

Tampoco es eso.

El deseo es la fuerza que mueve el mundo.

Estoy cansado de verlo en la consulta.

Cuando eso falla, falla todo lo demás.

Cuántas parejas se van al traste por eso.

(SUSPIRA)

¿Hay algo que te moleste de mí, que te haga sentir mal?

Que no, Antonio, que no eres tú, que soy yo. Ya está.

¿Tú? Sí, yo, yo, yo.

Yo, yo.

Que se acerca mi cumpleaños y ya está.

Y no paro de darle vueltas a la cabeza.

¿En qué piensas?

Pues no pienso, es que me miro al espejo

y no reconozco a la señora que veo enfrente, eso me pasa.

¿Pero qué estás diciendo?

Nada, no estoy diciendo nada,

ya te he dicho más de lo que tenía que decir.

Si lo entiendes bien, y si no lo entiendes,

¿qué quieres que te diga? Ya está.

Culpa mía.

(Puerta)

¿Qué os pasa, tíos? Sois un coñazo, ¿eh?

Nada, que dice que no se quiere presentar al examen.

A ver si lo puedes convencer.

Yo ya sabía que no se presentaba a ningún examen.

Este es un moña, un cobarde.

De pequeño hacía lo mismo, se quedaba en la cama

y cuando nuestra madre lo llevaba a rastras,

lloraba como un bebé. ¿Qué cobarde?

El único que lloraba eras tú. Cobarde, sí.

Pareces un cobarde, ahí tirado ante tu novia.

Te digo una cosa, me alegro, se demuestra que no somos distintos.

Eres otro Batista que teme la universidad

porque le queda muy grande.

¿Sabes qué te digo? Que tu hermano tiene razón.

Me has tenido engañada este tiempo. Estoy muy decepcionada contigo.

A mí no me extraña, siempre se enfrenta así a los problemas.

Venga, va, que ya me habéis tocado las pelotas, hombre.

Toma, pregúntame por la homonimia.

Bueno, no me preguntes, ya te lo digo yo.

Hay de dos tipos: las palabras homógrafas

y las palabras homófonas. (ASIENTE)

Ejemplos de palabras homógrafas.

Pues mira, vela, que puede ser un trozo de tela grande

que se pone en los barcos para navegar con el viento

y vela, un cilindro de cera que se usa para alumbrar.

Muy bien.

Muy bien, sí. A ver si ahora puedo sobar de una vez.

(SUSPIRA)

(RESOPLA)

¿Y a qué hora dices que ocurrió?

-Pues hace dos horas.

Salí de mi casa para ir al gimnasio.

-¿Y cómo ocurrió?

-Estaba paseando tranquilamente por la calle, a mi bola,

y me metí en el callejón que hay al lado de El grifo

-¿Y por qué pasaste por ese callejón? No está de camino al gimnasio.

-Porque estaba buscando algo. -¿Qué buscabas?

-Monstruos. -¿Monstruos?

¿Qué pasa, que hay monstruos en el barrio de El grifo o qué?

-Que sí, hay monstruos.

En ese callejón había anacondrias, Espe.

-¿Ana, qué? -Anacondrias.

-Ah, ya sé de lo que hablas, el jueguecito ese.

-Es que Monster Catch mola muchísimo.

Sus bichos están por todas partes:

en cementerios, en museos, incluso en esta comisaría.

Mira, si te descargas la aplicación, puedes verlo.

-Quita, que no sabía que eso era tan peligroso.

-Peligroso, peligroso no es.

-¿Ah, no? ¡Es superadictivo!

-Eso, sí. -¡Hombre!

Yo no me pienso descargar la aplicación esa.

Y te recomiendo que, después de lo que ha pasado,

te centres en el gimnasio y te dejes de monstruitos.

Que, por cierto, ¿qué tal Max? ¿Cómo le va la vida en Barcelona?

El catalán se le resiste todavía un poco,

pero las catalanas no tanto.

-Genio y figura, el tío, ¿eh?

-Bueno, ¿necesitas algo más? Que me tengo que ir.

-¿Cómo se produjo el asalto?

(RESOPLA) -No sé, debieron de seguirme

y, cuando me metí en el callejón, me acorralaron.

Eran dos chavales con navajas.

-¿Cómo sabes que eran chavales? ¿Les viste la cara?

-No, pero por cómo hablaban...

(ASIENTE) -Vale.

¿Te fijaste en algún otro detalle?

-Qué va, Espe.

Me pidieron el móvil, se lo di y es que eché a correr

hasta que llegué a mi casa.

Me he pegado una buena ducha y me he intentado tranquilizar un poco

y, cuando lo he conseguido, he venido aquí.

-Pero piensa un poco, que a veces retenemos más información

de la que conscientemente recordamos. -¡Es que no sé!

(RESOPLA)

Vestían ropa de deporte.

No eran quinquis, ¿eh?

-Vale. -No sé, no sé más.

-Espera, ¿eh? Que recapitulamos.

Entonces dices que, aproximadamente, a las 07:30 de la mañana

tú pasaste por un callejón del barrio de El grifo

para buscar anacondrias

y te asaltaron dos chavales

que vestían ropa de deporte.

(ASIENTE) -Es eso, ¿no?

Te robaron el móvil.

Pues mira.

Apúntame aquí la marca de tu móvil. -Espera, Espe, Espe, Espe.

¿Y si me tendieron una trampa?

-¿Y por qué dices eso?

-Claro.

¿Y si fueron ellos los que cebaron el callejón con las anacondrias

y se quedaron ahí a esperar a que un "pringao" como yo

entrara ahí para robarles?

-Tomo nota.

-Pues mira.

Aquí te dejo marca y modelo del móvil

y cuando mi madre se entere me va a echar una peta...

¡Madre mía! -Paty, ¿y tú por aquí?

-Hola, Nacha. Sí, ya ves.

-Hola. Espe, este chico viene a denunciar un robo.

¿Te puedes ocupar de él un momento, que tengo que hacer una llamada?

-Claro, ¿qué le ha pasado?

-Estaba cazando monstruitos cuando le robaron el móvil.

Mi compañera se ocupa de ti, ¿vale?

-Otro que ha caído en la trampa.

¿A que te metiste en un callejón y te asaltaron con navajas?

-Sí, justo eso.

No soy la única, esto es una trampa. ¡Estaba claro que era una trampa!

(ASIENTE) -Puede ser, sí. Bueno, pues ahora me cuentas,

aunque me parece que la película me la voy a saber de memoria.

-Si apareciera mi móvil me avisáis, ¿verdad?

-Hombre, claro. -Muy bien.

Pues me voy, que tengo que abrir. -Guapa.

-Y tú, mucha suerte. -Gracias.

-Y tú, siéntate y me vas contando.

Nunca pensé que Rober llegaría a presentarse

a las pruebas de acceso a la universidad.

No eres la única que dudaba de él.

Él también ha tenido que enfrentarse a sus propios miedos.

Esta mañana, horas antes del examen, ha decidido no presentarse.

Y tú le has dado un buen empujoncito para que no tirara la toalla, ¿no?

Un megaempujón.

(SE RÍE) No sabe la suerte que tiene contigo.

Bueno, es normal que le apoye, soy su pareja.

Además, creo que puede ser un muy buen inspector de policía,

previo paso a la universidad, claro.

Oye, y tu padre, ¿qué tal va?

Bien, bastante recuperado y con los preparativos de la boda.

¿Quién iba a decir que acabaría casándose con Montse Ibarra?

Pues sí y, dentro de nada, estarán de luna de miel.

No te veo muy entusiasmada.

No, no.

Si me alegro mucho por él, pero la verdad es que...

cuesta asimilarlo.

(SUSPIRA)

En un año, la vida ha dado un vuelco.

Y no solo por la muerte de mi madre

y las circunstancias que la rodearon,

sino también por la imagen que tenía de mis padres.

Bueno, te afectó mucho saber que se iban a divorciar.

Y descubrir que mi madre tenía un amante

y que esa persona era Fernando Quintero.

Son muchas cosas, Claudia.

Pero lo que más me duele es la decepción.

Yo pensaba que mis padres estaban hechos el uno para el otro.

Eso ya te lo he dicho en varias ocasiones:

detrás de un matrimonio modélico

hay, a menudo, grietas enormes.

Y, en este caso, hay un socavón.

Y, para rizar más el rizo, mi padre va y se casa en tiempo récord

y con la inspectora Ibarra. ¿Es para alucinar o no?

Pues sí, yo también alucino, como dices.

Ya sabes que...

el pasado de Ibarra y el mío

tienen conexiones no demasiado felices.

Llegué a odiarla tanto... Lo sé, lo sé.

Pero la vida da muchas vueltas y me alegro por ella y por tu padre.

Ojalá sean muy felices.

Sí, yo también lo espero.

Pero para mí va a ser un shock verla moverse por los espacios

por donde lo hacía mi madre. (ASIENTE)

Cada vez que pienso en eso se me hace un nudo en el estómago.

Tendrás que hacer un esfuerzo, Alicia.

Además, tu padre sabrá ser ecuánime.

Te adora, eres su niña.

Ya veremos.

Y a favor de Ibarra te diré

que la enfermedad le ha dulcificado mucho el carácter

y que es extremadamente inteligente,

por lo que no hará nada que te pueda hacer sentir mal.

Ojalá.

(SUSPIRA)

¿Ocurre algo?

No, no, no, nada.

Otra cosa. Eh...

Quiero que hables con Laura

sobre un tema de clonación de tarjetas de crédito.

Es un poco urgente. Muy bien.

Venga. Hasta luego, Claudia.

(Móvil)

(SUSPIRA)

¡Hola, Paty!

Paty, ¿qué te pasa? Que no me haces caso.

-Tía, ¿no ves cómo estoy? En serio, ponte a la cola.

-No, si a la cola ya estoy desde anoche,

que no me contestas al mensaje.

-Si no te he contestado ha sido porque no he podido.

-No, si ya lo sabía yo.

Jairo va a querer exclusividad para ti

y yo, que soy tu mejor amiga, a la cola.

-De verdad, dices unas tonterías... ¡Que me han robado el móvil!

-¿Cómo? -Pues lo que oyes.

Dos tíos me apuntaron a punta de navaja y hala...

-¿Qué dices? -Lo que oyes.

Iba superdistraída jugando al Monster Catch de las narices

y claro, vi un callejón en el que había una baliza roja

y de nivel 25 en el que había mazo de anacondrias.

-¿Pero qué me estás contando, Paty?

Que por mi culpa, por estar cazando monstruitos,

me han robado el móvil. Ya está.

-¿Y les viste la cara?

-Pues no, tía, iba acojonada.

-Bueno, ¿pero cómo vestían? ¿Te dijeron algo? ¿Qué te dijeron?

-Pero bueno, ¿tú te estás escuchando? Que eres igual que tu madre.

En vez de preguntarme por mis sentimientos,

¿me haces un interrogatorio policial? -Paty, para ayudarte.

Ya te dije que el jueguecito ese te iba a traer problemas.

(RECHISTA) -Pues tía, yo qué sé.

Ellos me pidieron el móvil, yo se lo di y salí corriendo.

-Vale, ¿pero has puesto ya la denuncia?

-Sí, he puesto la denuncia, pero no sé si va a servir de algo.

Pero tía, en serio, tú no sabes qué vergüenza he pasado, ¿eh?

Teniendo que explicar a toda la comisaría

que me han robado el móvil por estar cazando monstruitos.

-Bueno, pero esa es tu única opción de recuperarlo.

-¡Hombre! (RECHISTA)

-¿Qué pasa, que te gusta hacerte la dura conmigo o qué?

-Hacerme la dura contigo, ¿para qué?

-Te llevo llamando desde que me he despertado

y no me has puesto ni un mensaje.

-¡Que me han robado el móvil! ¿Qué hago, pongo un cartel

en mitad de la calle para que todos se enteren?

-Pues habérmelo dicho.

Te han robado el móvil, ¿y cómo dejas que te lo roben?

-Oye, no he dejado que me lo roben.

Iba distraída, jugando y bueno...

-¿Jugando? ¿No sería jugando al Monster Catch este?

-¿Lo conoces? -Pues claro que sí.

Si Quintana ha despedido a un carretillero

porque iba por el almacén con la carretilla

y cazando monstruos con el móvil.

-Cómo está la peña. -¿Que cómo está?

Y hace poco se colaron dos en el almacén

persiguiendo a una manada de macandrones.

Estamos unos cuantos pensando que nos querían robar,

con las llaves inglesas para pegarles, macandrones.

¿Nos estamos volviendo locos? -Mi padre me ha contado

que fue un niño con la nariz rota a la consulta.

Y todo por ir jugando por la calle, se chocó con una farola

y la madre, mientras le curaban, le daba collejas.

Pero si es que este juego es la leche,

te lo digo en serio.

-Y tú, Jairo, ¿cómo es que no te has enganchado?

-No, yo no quiero probarlo porque me engancho seguro.

Bueno, dime dónde te robaron,

que me voy a enterar de quién ha sido.

-¿Para qué?

-¿Pues para qué va a ser, Paty? Para cortarle la mano.

-No, tú te quedas aquí, tranquilito, que yo ya he denunciado.

-Ah, ¿has denunciado a la Policía? Muy bien.

Pero si quieres conseguir tu teléfono, me avisas.

¿Se puede?

-Justo en este momento estaba pensando en ti.

-Espero que cosas bonitas.

-¿Tú qué crees?

-Ya sé que estás muy ocupado,

pero es que no dejo de darle vueltas a lo que hablamos ayer.

-¿Qué te preocupa, cariño?

-Lo que dijiste de vivir en tu casa.

Me incomodaría ocupar el puesto de Carmen.

-No ocupas nada,

ni en mi corazón ni en esa casa.

-Ya, pero me sentiría como una invasora

viviendo en la casa que los dos planeasteis juntos.

-Enseguida te harás con la casa.

Y, si necesitas que cambiemos muebles o la decoración,

lo hacemos sin problema.

-En la casa hay libros, fotos... Un montón de recuerdos

que son tuyos y de Carmen, pero también son de Alicia.

¿Cómo se sentiría ella si metemos todo eso en una caja

y lo llevamos al desván?

-Sí, dicho así, pues no sé...

De todas formas, Alicia es muy comprensiva

y apenas hace vida en la casa, ya.

-Ya, pero no deja de ser su hogar.

Y un hogar es un lugar prácticamente sagrado.

Yo, personalmente, no me atrevería a tocar nada.

Pero, a la vez, tampoco me sentiría cómoda viviendo tal cual está.

-Pero no veo tanto problema, la verdad.

-Pues piénsalo al revés.

¿Por qué no te vienes tú a vivir a mi casa?

Es grande y tengo una habitación de invitados

por si Alicia quiere quedarse alguna vez.

Tú no estarías cómodo en mi casa como yo no estaría cómoda en tu casa.

-Bueno, ¿y qué me quieres decir?

¿Que no nos vamos a ir a vivir juntos tras la boda o qué?

Pero a mí me haría mucha ilusión crear nuestro propio espacio.

Y, para eso, tendríamos que alquilar un piso que nos gustara a los dos

-Me parece una gran idea.

Solo hay una cosa que me sabe mal.

-¿Cuál?

-Que no se me haya ocurrido a mí.

-Ah, otra cosa, el viaje de novios.

-A ver, ¿qué?

-Ya sé que tú estás mirando Maldivas, Indonesia...

Pero es que a mí me haría mucha ilusión ir a Nueva York.

-Pues no se hable más.

Nos vamos a Nueva York de viaje de novios.

-Perdón.

-Pasa, Sergio, si yo ya me iba.

Bueno, te dejo, cariño.

-Adiós, Montse.

-Muy bien. Ya los miraré y se los daré a Miriam.

-Felicidades.

En el despacho no se habla de otra cosa que de tu boda.

-No sabía que los empleados tuvieran tiempo para los cotilleos.

-Me ha parecido oír que vais de viaje a Nueva York.

Ya sabes que yo hice mi máster allí.

Conozco un montón de sitios preciosos a los que podéis ir.

-No hace falta, muchas gracias.

-Nueva York es una ciudad que no te la acabas,

así que no tengáis prisa por volver.

Ya sabes que yo, sin problemas, me quedo al frente de la nave.

-Sergio, no me chupo el dedo.

Sé que pretendes, poco a poco, hacerte con el control del bufete

hasta desplazarme del todo, pero no te lo voy a permitir.

Soy el socio mayoritario, ¿eh?

Mal que te pese.

(Teléfono)

-Hola, guapa. -"Hola, Sergio.

¿Estás ocupado? -Para ti, nunca.

-Oye, ¿quieres que coja entradas para un espectáculo de danza

para esta noche o tienes otros planes?".

-Soy todo tuyo.

Oye, Salima, las lentejas estaban buenísimas.

Tienen un toque que me ha recordado a mi madre.

Qué bien, me alegro. Espero que el salmón también te guste.

Seguro que sí. ¿Qué es de María?

Desde que ha vuelto, casi no la he visto.

Calla, calla, que me tiene contenta.

Se cree que todavía está de vacaciones.

¿Dónde? ¿Aquí, en Distrito Sur?

Desde que se presentó Reinaldo, sí.

(SE RÍE) ¿Y quién es Reinaldo?

Reinaldo es un cubano que conoció estando de viaje.

Lo tiene instalado en casa y no hace más que distraerla

y, cuando viene, está más pendiente de él que de otra cosa.

Bueno, te dejo comer tranquila que si no te lío.

Gracias.

¿Qué pasa? ¿Qué hay de plato del día?

De primero, lentejas.

Bueno, ¿qué? ¿No me vas a contar nada del examen?

Pues no porque te vas a quedar muy decepcionada conmigo.

Anda ya, Rober, sé perfectamente que ibas muy nervioso.

Pues no he dado una, toda la mañana ahí para nada.

No me tenía que haber presentado.

Lo importante era intentarlo.

Y ahora que ya sabes cómo lo hacen,

la próxima convocatoria te es más fácil.

No, para mí no va a haber próxima.

No sé, yo creo que deberías volverlo a intentar,

pero bueno, es tu decisión.

No puedo volver a intentarlo porque...,

porque he aprobado.

¿Pero cómo me haces sufrir así?

Tenías que haber visto la cara que has puesto:

"Hombre, yo lo volvería a intentar, ¿eh?".

Ah, muy bien, muy bonito. Y encima, te burlas.

¿Pues sabes qué te digo? No mereces ni que te felicite.

El resultado oficial lo dirán en una semana,

pero he comprobado las preguntas y me ha salido de diez.

Qué bien, me alegro un montón.

¿Qué pasa? ¿No me vas a dar un besito para celebrarlo?

Además, si no hubiera sido por ti, nunca lo hubiera conseguido.

Has sido tan pesada que solo por no oírte más,

mira, me lo he tenido que sacar.

A ver, ¿qué te han preguntado? Pues por las palabras homónimas.

¿Te puedes creer la potra que he tenido?

Pues a pensar en la universidad.

Yo de universitario.

Ya verás cuando llame a mi madre y se lo cuente,

se va a poner de contenta... ¿Por qué no la llamas ahora?

(SUSPIRA)

¿Qué pasa, mamá? Que soy el Rober.

Oye, que tengo que darte una noticia.

No, no, qué va, buena, buenísima.

Como ya os habrá contado Espe,

se están produciendo una serie de robos de móviles

y todo indica que los responsables son dos jóvenes

que aprovechan el juego este virtual de los monstruitos,

este que se ha puesto de moda. Sí, el Monster Catch.

No es un juego virtual, sino realidad aumentada.

-¿Cómo realidad aumentada?

¿Los monstruos son más grandes, gigantes?

A ver, yo tampoco estoy muy puesta en esto.

Instrúyenos un poco, Laura.

¿Qué es eso de la realidad aumentada?

-Pues se trata de combinar los dos mundos, el real y el ficticio,

a partir de procesos informáticos. Es como dos mundos en uno.

-Quiere decir que, en este despacho, puede haber monstruos virtuales.

-¿Cómo va a haber aquí monstruos? Estarán en el ordenador.

-A ver, Nacha tiene razón.

Este despacho podría ser un nido de monstruos,

lo que pasa es que no los vemos.

-Necesitas una aplicación del móvil, ¿no?

-Sí, la aplicación del "Monster catch".

-A ver, que igual yo soy muy tonto, ¿pero qué gracia tiene ese juego?

-Bueno, a ver, la gracia es que acumulas puntos

cuando vas cazando monstruitos de estos en el mundo real.

¿No has visto últimamente

que la gente siempre va por la calle con el móvil en la cara?

-Sí, a mí esta mañana una tía me atropelló

porque dijo que iba cargada de dragones.

-¿Qué me estás contando? ¿Nos estamos volviendo locos o qué?

-Bienvenido al futuro, Elías.

que no le veo la gracia a cazar monstruos con un móvil.

-Pues no diré nombres, pero conocemos a mucha gente

enganchada al juego este.

Bueno, eso da igual. Vamos a centrarnos.

Nacha y Elías, atrapad a esos dos chavales

que van asaltando a los cazadores de monstruos.

Este caso no debería de tener mayor dificultad.

-Creo que deberíais bajaros la aplicación.

Va a ser un minuto. -Ya lo he hecho.

-¿No te irás tú a poner a jugar a eso ahora?

-A ver, si queréis cazar a los cacos,

lo mejor es familiarizaros con el juego.

Debéis ser jugadores del "Monster catch", vamos.

-Ya. Y para eso estoy yo.

Si tienes que cazar monstruos, los cazas y ya está.

¿Tenemos que hacer las tronchas con el móvil?

Anda. Díselo a otro que entienda.

Pídeselo a Rober.

Elías, que te bajes la aplicación y te pongas a cazar monstruos.

-Hay una cosa que debéis saber sobre el modus operandi.

Lo que hacen estos tíos es poner comida virtual

en algunos lugares para cebarlos de monstruos.

Suelen ser lugares oscuros, poco transitados

y, así, pues dan el palo al primer pringado que pasa por ahí.

-¿Y cómo consiguen los monstruos esos?

-Los compran. Eso no es nada comparado

con lo que consiguen con los teléfonos inteligentes.

-Yo cada vez entiendo menos.

-Tú tranquilo que yo lo tengo claro, compañero. Vámonos de caza.

-Oye, ¿tenemos alguna descripción de estos tipejos?

Según todos los testigos, no hay nada que los identifique,

pero, eso sí, todos coinciden en que llevan ropita de marca.

-Toma. Ya la tienes instalada, hala.

-Bueno, pues nada.

Venga, ¡a jugar!

No saben lo que es, Miralles.

(SE RÍE) Qué lástima.

(SE RÍE) ¡A jugar!

¡Ay, Dios mío!

Echaba de menos tus escapadas a Kabul.

Oye, nunca me has explicado por qué llamáis a este barrio Kabul.

Bueno, me lo puedo imaginar, la verdad.

Es de otra época.

Pues me parece mentira

que seas capaz de moverte por estas calles como pez en el agua.

No sé si viniendo de ti eso es un piropo.

Cariño, es un piropo.

Porque tienes un don que yo no tengo.

Te mueves igual de bien por ambientes refinados

que por ambientes populares.

No sé, será que he salido a mamá.

Bueno, ¿me vas a contar por qué has venido?

Supongo que no es para tomarte un café.

Simplemente quería verte.

Ayer te vi un poco tocada por lo de Quintero.

No me apetece hablar de eso, papá.

Además, hoy es un día de celebración.

Rober ha aprobado el examen de ingreso en la universidad.

¡Qué bien! Pues felicítale de mi parte.

Lo haré. Y, esta noche, no me esperes a cenar.

Entonces, he hecho bien en venir a verte

porque quería comentarte un par de cosas.

La primera, que Montse y yo hemos decidido ir a Nueva York

de viaje de novios.

Eso es fantástico. Además, es la mejor época del año para ir.

Central Park tendrá unos colores rojizos preciosos.

Montse nunca ha estado.

Pues seguro que le encanta.

Bueno, y la otra cosa que quería comentarte

es que esta mañana hemos estado hablando ella y yo

sobre dónde vamos a vivir.

A ver, no me preocupa demasiado, pero a ella, sí.

Digamos que no se siente muy cómoda con la idea de vivir en nuestra casa.

¿Pero es por mí?

Ya sabes que yo tengo un pie en nuestra casa

y otro en la de Rober. No es por ti, es por ella.

La casa está cargada de recuerdos de mi vida con Carmen.

Ya.

Supongo que es normal.

(ASIENTE) Así que hemos decidido alquilarnos un piso.

Si los dos estáis de acuerdo, me parece una buena decisión.

Pues vamos a alquilar uno con una habitación para ti.

Gracias, papá.

Pero no te preocupes por mí.

(Móvil)

Es de comisaría. Perdona.

¿Qué narices quieres?

-"Verte, Alicia, solo quiero verte.

Estoy con mi padre. Voy a colgar.

Pásate por mi despacho esta noche, por favor.

Tengo que confesarte algo. A las diez. Es importante".

-¿Qué pasa, Alicia? ¿Es grave o qué?

Gente a la que le gusta tocar las narices.

Papá, tengo que volver a comisaría. Sí, yo también tengo que trabajar.

-Esta noche podemos hacer una paella también, ¿no?

¡Hola! Hola, María.

Hasta luego. -Buenos días.

-Sí que has tardado. No veas cómo estaba el bar esta mañana.

-Ay, perdona, cariño. Lo siento.

-No le eches la culpa a María.

Aquí el responsable soy yo.

Quería hacer un poquito de turismo

y no podía hacerlo solo, ¿eh?

(SE RÍE) -Lo único que sé es

que me he tenido que comer el marrón del bar sola.

-¿Comer el marrón? ¿Eso qué es? ¿Una metáfora o...?

-Eso es que me tengo que poner a trabajar,

que Salima ha estado sola y está agobiada.

-Sí. Además, el dinero no lo regalan.

Y no, Reni, eso no es una metáfora.

-Caballero, el "guano" no es tan importante.

No lo es todo en la vida. -¿El qué?

-"El guano", "el guaniquiqui", el "money", el dinero,

como lo quieras llamar.

Mi abuelo Pipo, el de Cienfuegos, él lo decía siempre:

"el dinero no da la felicidad, caballero, no da la felicidad".

Mírame, yo soy el ejemplo perfecto de ello.

¿Eh? Sin riqueza, pero contento.

-No, de verdad, que alegría tienes un rato largo.

-Alegre, simpático, honrado y buen bailarín.

(GRITA) ¡Lo tengo todo, mi negra! ¡Ja!

-Eh, perdonad, tampoco quiero interrumpiros,

Ya sé que el dinero no da la felicidad,

pero tampoco queremos llevar el bar a la ruina, ¿no?

-Ay, por Dios, qué exagerada que eres a veces.

-Aguafiestas.

No te preocupes, caballero,

yo me voy a dormir un ratito la siesta.

-Muy bien.

-A no ser que... -Que, ¿qué?

-Que te quieras tú venir conmigo a dormir la siesta un ratico.

Súbete tú, que yo me quedo aquí a trabajar un rato, ¿vale?

-A sus órdenes.

Cambio y fuera.

-¡Ay!

-Anda, ¿ya has hecho las tortillas? -Por supuesto.

-Bueno, ¿y qué queda que hacer por aquí?

-No sé, a ver, la cocina...

¡Los platos!

-Voy.

(Pasos)

-¿Algún progreso con los ladrones de móviles?

Llevamos todo el día pateándonos las calles

cazando monstruitos y no aparecen por ningún lado.

Se deben haber ido a otro barrio.

-¿Y qué tal se te da? ¿Te engancha?

-La verdad es que no me motiva mucho.

Comparado con Elías, soy una papa frita.

El tío está hecho todo un crack. Tendrías que ver cómo los inserta.

-¿Elías? ¿Qué me estás contando?

-Le ha pillado el tranquillo y ya tiene muchos puntos acumulados.

-Pues quién lo diría, ¿no? Con lo cavernícola que es.

(SE RÍE) -Sorpresas te da la vida.

Bueno, guapa, me voy que te debe estar esperando tu media naranja.

-No tengo media naranja.

-Bueno, pues tu medio limón.

-Martín y yo lo hemos dejado.

-¿Cómo así?

¿Os habéis peleado?

Pero si estabais superbién, ¿no?

Dame detalles, ¿qué ha pasado?

(SUSPIRA) Bueno, voy a tener que aplicarte un tercer grado.

¿Has sido tú o ha sido él?

-Yo. -¡Ah!

Ya me lo figuraba.

Has descubierto algo que no te gusta, ¿no?

(ASIENTE)

-¿Relacionado con su curro?

-No, con su reloj biológico.

-¿Qué?

-Que lo tiene apagado o muerto. Yo qué sé.

-¿Estás diciendo que Martín no quiere tener hijos?

-Eso es.

Y yo, sí.

-Bueno, igual eso es algo

que debe surgir de una manera más paulatina.

Tal vez, cuando llevéis más tiempo juntos, pues...

-Me estoy mirando lo de la inseminación artificial.

-¿Estás valorando lo de ser madre soltera?

-Sí.

Estoy dispuesta a asumir todo lo que conlleva.

Ya sabes que yo no me tomo las cosas a la ligera.

-No sé, mira que...

ha habido un montón de veces que he sentido celos de Martín

y otras cuantas veces que he deseado que rompierais.

Sin embargo ahora, no sé, no me alegro para nada.

Me sabe mal por los dos.

-Bueno, porque eres buena gente.

A mí también me sabe muy mal haber roto con él,

pero si no estamos de acuerdo en algo tan importante,

prefiero seguir sola.

De las mayores alegrías que he tenido a mi vuelta

ha sido enterarme de que has arreglado las cosas con tu hijo.

-Estoy que no me lo creo.

Hoy me he despertado creyendo que lo había soñado todo,

pero me estaba haciendo un café

y enseguida he recibido un mensaje muy cariñoso de París.

-Vamos, que te veo viajando a Francia ya mismo.

-Bueno, no tengas tanta prisa que a mí viajar me marea.

-Bueno, pues París bien vale una misa, o eso dicen.

-¿Yo? Qué va.

Si yo soy como tú, de viajar más bien poco.

Por eso me ha sentado tan bien el crucero por el Caribe.

-Oye, pero ponme un poco los dientes largos.

Cuéntame, que no te he visto desde que has llegado.

-Ni yo. Si se ha traído un trozo de Cuba con ella.

-De verdad, podrías alegrarte por mí, hija mía.

Que a mi edad me apetezca tanto disfrutar de la vida.

-Sí, sí, disfrutar de la vida está muy bien.

-Oye, no, pero María,

la verdad es que te veo un brillo especial en la cara, ¿eh?

-¿Lo ves? Él sí que se alegra de que me haya ido bien el viaje.

Pues mira, Elías, me ha cambiado la vida.

(ASIENTE) -Te lo tengo que decir.

No solo por los sitios que he visto, que también.

Pero es que la gente, la gente que he conocido,

tú no sabes cómo son, qué encanto tienen.

Tienen una alegría, una alegría que ya no se ve aquí.

Sobre todo La Habana, Cuba es... ¡Cómo son los cubanos!

-¿Cómo son los cubanos?

A ver, a ver.

-¿Y eso?

-Eso es Reinaldo, el amiguito de María.

-¿Qué pasa, bombón?

¿Me has echado de menos? -Mucho.

-Bueno, pues mira, ya yo estoy listo. Suelto y sin vacunar.

¿Qué? ¿Nos vamos ya?

Me han dicho que aquí, en Madrid, hay una salsa... ¡Candela!

Bueno, a ver.

¡Pero bueno!

¡Oye, qué bien! ¡¡Muy bien, muy bien!

porque, si no, se te va a olvidar todo lo que te enseñé.

-Bueno, pero vamos a dejarlo para luego

porque todavía me queda mucha faena. -¿Y qué? ¿Y si yo me muero mañana?

No, no, qué va, camina.

No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy.

¿Eso no se dice aquí?

-¿No nos vas a presentar, María?

-Eh..., sí, él es Reinaldo, un amigo que ha venido de Cuba.

Y él es Elías, que es un... -Compañero oficial.

-Ah, yo conozco a los policías a kilómetros.

No tengo nada en contra de ustedes,

al contrario, me gusta la ley y el orden.

-Igualmente. ¿Pero cómo has sabido que era policía?

-Yo es que tengo buen ojo.

No. María me dijo que la mayor parte de sus clientes son policías.

Bueno, ¿y qué tal por Madrid? ¿Te gusta?

-¿Que si me gusta Madrid? Oye, esto está buenísimo.

Esto es lo mejor.

¡Los edificios, los monumentos!

Pero, sobre todo, la gente.

Los españoles son gente "mamei". -"Mamei".

-"Mamei", son gente buena, abierta

y muy hospitalarios.

-Pues mira, me alegra que te lleves esa impresión.

-¿Sabes que yo tengo un tío patrullero?

Primero fue patrullero, después fue policía

y después le hicieron mayor del ejército en armamento

de la Revolución cubana y lo mandaron a Angola a luchar.

Después se fue a Miami y, desde entonces, yo no le veo.

Mucho tiempo, ya.

-Es duro tener a familiares lejos, ¿verdad?

(ASIENTE) -Sí, pero mira.

La vida es demasiado corta para desperdiciarla en penas y llantos.

¿Para qué vamos a ponernos así?

-Pues la verdad es que es un buen punto de vista, amigo.

-Oye, "mamirriqui", ¿nos vamos ya?

¡Vamos a bailar, que la fiesta se acaba!

Se nos hace tarde y nos cierran la discoteca

y este cuerpo quiere azúcar.

-A ver, Salima, por favor, ¿puedes cerrar tú, vale?

Otro día lo recuperas. Cariño, muchas gracias.

-Oye, que encantadísimo de conocerte, Elías.

-Elías. Un placer, Reinaldo.

-Bueno, oye, a gozarla. -A la orden.

Cambio y fuera.

-Hasta luego.

-Bueno, este tipo es un figura.

-Sí, bueno, otro que cae rendido a sus pies, ¿no?

-Ya, bueno, solo quiero decir que es un tipo agradable.

Oye, ¿pero María se lo ha traído de verdad de Cuba?

-No, formalmente, no. Ha venido por su cuenta y riesgo.

-Bueno, pues que lo disfrute,

que María lleva toda la vida trabajando como una burra

y ahora le toca un poquito de distracción.

-¿Ah, sí? No sé yo.

(Puerta)

¡Un momento, un momento, un momento! ¡Quieta, quieta, quieta!

¿Qué pasa? ¡Quieta!

Pase usted, por favor.

Y "voilà".

¿Y esto?

¿La señora va a querer champán o vino?

¿Champán?

¿Tiene usted algún problema con el champán?

Pues no, pero... Pero nada.

¿Puedes ir, por favor, a ponerte un vestido

que te he dejado en la cama?

Precioso, para que no tengas que pensar qué ponerte.

Antonio, no entiendo nada.

Te iba a llamar por teléfono, pero como siempre estás ocupada

y no quería darte la lata, mejor así, en plan sorpresa, ¿no?

(SUSPIRA) Cariño,

estoy muy agotada.

Señora inspectora jefe, por favor,

vaya usted a cambiarse.

Vale.

No te asustes, no van a ser disparos, va a ser el champán.

Es que yo no sé, así, el champán a palo seco...

No te preocupes,

Olga nos ha hecho unos canapés riquísimos antes de irse.

Antes de irse, ¿adónde?

Se ha ido al cine con Quico a ver una tercera parte de una trilogía.

No sé qué pasa con el cine ahora, que son todo trilogías

y para saber quién queda vivo hay que esperar varios años.

Pero no te preocupes.

Van a llegar muy tarde.

Pasa, Alicia, pasa.

Gracias por venir. Siéntate, por favor.

Solo he venido porque has dicho que tenías que confesarme algo.

¿Por qué me miras así? ¿Qué quieres?

Calma, por favor. Relájate.

Lo único que quiero es contarte algo muy íntimo y personal, nada más.

Espero que no se te ocurra mencionar a mi madre.

Toma.

Esto es para ti.

¿Qué es?

Ábrelo.

Esto era de mi madre, ¿por qué lo tienes tú?

Lo llevaba el día que tuvo ese maldito accidente.

Se le cayó al suelo en un restaurante en el que estuvimos cenando antes.

Me pidió que lo guardase, creí que te alegraría mucho recuperarlo.

¿Me lo estás regalando? Es lo justo, ¿no?

¿Qué pretendes? Nada, Alicia.

No pretendo absolutamente nada.

Muy bien.

Pues entonces me lo quedo.

Seguro que a mi padre le hace ilusión recuperarlo.

No creo que debas decirle nada, no le va a sentar bien.

Verás, Alicia, si te lo doy es porque me gustaría mucho

que lo tuvieses tú.

Si no te importa, preferiría que fuese nuestro pequeño secreto.

Tú y yo no tenemos secretos al margen de mi padre.

Ni este ni ninguno.

Está bien, como tú quieras, pensé que no...

querrías hacer sufrir a..., a Marcelino.

Me voy, ya he escuchado bastantes tonterías.

Si crees que vas a influir en mi trabajo, no lo vas a conseguir.

Te recuerdo que soy policía

y tú eres un criminal al que estoy investigando.

Tarde o temprano vas a caer.

Alicia, no tienes nada contra mí ni lo vas a tener nunca.

Yo creo que sí.

Y te vas a pasar una larga temporada en la cárcel.

¿Sabes, Alicia? Creo que el día de mañana te vas a arrepentir

y mucho de estar tratándome de una forma tan dura.

Pero, hasta que llegue ese momento, me da igual.

¿Sabes por qué? Porque yo estoy dispuesto a perdonártelo todo.

Lo único que quiero es que tengas ese broche y nada más.

Devolverme el broche no va a hacer

que mis sentimientos hacia ti cambien.

Lo sé, lo sé, lo sé.

Ya sé cuánto me odias, Alicia.

Y, en cierta forma, lo entiendo

porque crees que fui yo quien te quitó a tu madre.

Pero, con el paso del tiempo, te darás cuenta

de que hay tantas verdades como personas

y cada persona tiene su propia verdad.

Mira, Quintero, no sé de qué me estás hablando,

pero si quieres confesarme algo, es el momento.

Pues mira, sí, quiero decirte algo más.

Yo...

Yo quiero que sepas que siempre voy a estar ahí,

que mis puertas van a estar abiertas para ti

para lo que sea.

Y cuando me necesites, sea lo que sea,

cuando sea, como sea, yo siempre voy a estar ahí,

dispuesto a ayudarte siempre.

¡Estás guapísima!

¿Qué?

¿Brindamos?

¿Por qué brindamos?

¿Por qué va a ser, tonta?

Por nosotros.

Después de todos los años que llevamos juntos

y las cosas que nos han pasado,

que sigamos aquí, mirándonos a los ojos,

es un motivo de alegría, ¿no?

(SUSURRA) Todavía no.

(SE RÍE)

Ahora los canapés.

Mira qué canapés nos ha hecho Olga.

Da pena comerlos de lo bonitos que están, ¿no?

Pues sí, la verdad es que son una obra de arte.

Tenemos suerte de que nuestra hija se dedique a la cocina.

Sí, pero nosotros vamos a acabar como esculturas de Botero.

Esculturas de Botero, dice.

(SE RÍE)

Cariño, qué lejos estoy de la jovencita esa

de la que tú te enamoraste, ¿no?

Pues a mí me sigues gustando igual o más

que cuando eras jovencita y, además, yo por el camino

he perdido también un poco de pelo, ¿no?

Te has convertido en un hombre muy interesante.

Bueno.

Y tú eres la persona que me vuelve loco todos los días.

Antonio, me gustaría disculparme

porque he estado un poco fría estos días.

No hay nada de qué disculparse.

Lo único que tienes que saber es que eres

la persona de la que estoy totalmente enamorado

y que me sigues gustando muchísimo.

(Móvil)

No me lo puedo creer, ¡no lo cojas!

¿Y si es una urgencia, cariño?

¿Sí?

(SE RÍE)

Sí, muchas gracias, mi vida.

Sí, nos han gustado mucho.

Venga.

Hasta luego. Te quiero. Gracias.

Era Olga.

Que si nos habían gustado los canapés.

¿Proseguimos?

Bueno.

Yo diría que sí.

(BOSTEZA) Hola.

-Hola, dormilón.

-Perdona, pero es que estaba tan a gustito.

-No hay nada que perdonar.

-¿Por qué estás ahí sentada y no aquí, a mi lado?

-He ido al baño.

-Venga, anda, que te veo un poco triste.

¿Estás triste?

-No, ¿por qué iba a estar triste? Ha sido muy bonito.

-Ha sido maravilloso y estoy deseando repetir.

-Eres insaciable, ¿eh? -Contigo, sí.

Me gustaría que no se acabara nunca.

-Pues todo se acaba.

Y si uno repite mucho, termina por cansarse.

-¡Pero si cada día me gustas más!

Me pasaría cada hora del día haciéndote el amor.

(SE RÍE)

-Eres muy adulador tú, ¿eh?

Seguro que no soy la primera a la que le dices estas cosas.

-Pues sí, sí que eres la primera

porque no había conocido otra chica como tú.

Y no te miento.

-Ya.

Todas somos diferentes y únicas.

Pero no soy ni la primera ni la última.

-Mujer, pues virgen no era cuando te conocí.

Pero ya te digo que ninguna me dejó huella.

-¿Nunca te has enamorado?

-Bueno, antes creía que sí,

pero hasta ahora, no.

-¿Ni siquiera de Alicia Ocaña?

-De Alicia un poco, pero eso ya es cosa del pasado.

Contigo siento cosas que son nuevas.

Me gustaría alimentarlas y cuidarlas.

Las demás solo fueron una diversión.

-Me choca que hables así de ellas, con tanta ligereza.

-Bueno, no pretendo menospreciar a nadie.

-No, a ver, me refiero a que habiendo tenido tantas mujeres

que habrían hecho cualquier cosa por ti,

tú nunca te hayas comprometido con ninguna.

-Porque ninguna me gustaba tanto como tú.

-O porque eres un don Juan.

(SE RÍE) -Era un don Juan, si me quieres llamar así.

Contigo eso se acabó.

-¿Tampoco encontraste a alguien especial en Nueva York?

-¿Especial?

¿La verdad? Ni siquiera me acuerdo de la cara de esas chicas.

Y menos de sus nombres.

-Y ellas, sin embargo, debieron enamorarse de ti.

-Si se enamoraron, nunca lo supe.

Y, si lo supe,

me dio igual.

¿Y tú?

¿Estás enamorada de mí?

-¿Te gustaría que lo estuviese? -Me encantaría.

Sobre todo porque la chica que viva conmigo

debe estar enamorada de mí.

-Te estoy proponiendo que vivamos juntos.

-Si no hace nada que nos conocemos.

-Pero sé muy bien lo que quiero.

Y, aunque te suene cursi,

me gusta seguir los impulsos de mi corazón.

¿A ti, no?

-Olvidamos que no soy una persona tan impulsiva.

Me gusta más controlar las cosas.

-¿Ah, sí? Pues cuéntame qué tienes preparado para mí.

-Mejor te lo demuestro.

Oye, ¿a ti qué te pasa?

Que parece que estás un poco arisca conmigo.

-A ver, no es culpa tuya.

-Habla claro. -Es por Reinaldo.

-Mira, Reni, tenemos que hablar, ¿eh?

-¿Tú qué piensas de lo que pasó entre nosotros la otra noche?

-Que fue una noche muy bonita y muy especial.

Ay, no sé, ¿tú qué piensas? -Pues... que no fue tan bonita.

-¿Ah, no?

-Es el último plato que os voy a poder preparar en La Parra.

Al menos de momento. -¿Y eso? ¿Es que nos dejas?

-Es que tengo que hacer muchas probatinas

y solo me da tiempo a preparar uno o dos platos al día

y vosotras necesitáis un menú.

Tengo que dejar La Parra.

-Oiga, cuando uno tiene hijos es porque tiene un plan, una idea,

es para educarlos bien.

Y yo, ahora mismo, no me siento preparado

para asumir semejante responsabilidad.

Así que supongo que lo racional es no seguir adelante con la relación.

¿Y vas a renunciar a la mujer que quieres

por una convicción racional?

¿No es eso lo que ha hecho usted?

-Sergio, te he oído perfectamente.

-Espero que no te hayas molestado.

Ya sé que te da vértigo que las cosas se precipiten.

Ayer me lo dejaste bien claro.

-Una cosa es que hables de mí como tu pareja

y otras es que me vaya a vivir contigo.

Y sí, prefiero seguir disfrutando de esto poquito a poco.

-¿Tú estás pensando lo mismo que yo?

-No, no creo que estemos pensando lo mismo.

-A ver, justo el día en el que se nos va Olga,

que necesitamos un ayudante, pasa esto.

¿No te parece una cosa del destino?

-A ver, María, pero es que Olga sabía cocinar.

-No, sabía, no, quería cocinar.

Porque aprender, aprendió aquí.

Como tú.

-Me has mentido a la cara. -¿Mentirte, yo?

Sabes que no te lo has hecho haciendo una tortilla.

Está producida por algo más abrasivo, algún agente químico.

O me das una explicación convincente o no vuelves a ver a mi hija.

-Acaban de denunciar otro robo de móvil

por culpa del jueguecito ese.

-¿Qué ha pasado? -Otra vez dos agresores.

-Los responsables de esto son poco prudentes.

Trabajan de día y sin control.

Yo creo que si montamos un operativo, los trincamos.

¡Eh! (GRITA)

-Oye, eso que tengo detrás no será una navaja, ¿verdad?

-Si no quieres que te pinche, suelta el móvil.

-Sí, tranquilo. Oye, tranquilo, por favor, no me haga daño, ¿vale?

-¿Te falta mucho? Te echo de menos.

-Pasa. Aquí hay sitio para los dos.

-No, te espero fuera.

Te estoy preparando una sorpresa.

-Dame cinco minutos.

  • Capítulo 124

Servir y proteger - Capítulo 124

23 oct 2017

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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