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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 112 - ver ahora
Transcripción completa

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

Es muy complicado olvidar a una persona de un día para otro.

Sobre todo si ha sido importante para ti.

¿No te ha preguntado si estás con otra persona?

Sí.

Y le he dicho que no. Ya.

Hablarle de ti...

solo le hubiera hecho más daño del necesario.

Sole ha venido a denunciar la desaparición de su hija.

Estaba con las preguntas del protocolo.

-No sé nada de ella desde anoche.

Hay indicios que nos hacen creer que Fátima se ha marchado

por propia voluntad, pero no a Estados Unidos.

¿Qué sabemos del ordenador?

Laura lo ha rastreado y no ha encontrado nada raro.

Lo raro es que apenas navegaba por Internet.

Dime, Róber. Estaba en los baños del instituto.

Pensamos que es de Fátima.

No, ese móvil no es de Fati.

Quizá no sea el que tú conoces, pero sí el que utilizara

para leer en secreto aquello que estaba ocultando.

Su historial de navegación está lleno de páginas

de islamistas radicales, de apología al terrorismo...

A esa chica la ha captado el Estado Islámico.

Ha habido una escaramuza de la policía turca de fronteras

con un grupo de yihadistas en la frontera de Siria.

En el tiroteo han muerto varias personas.

Una de ellas llevaba documentación española.

¿Era ella?

Me temo que no hay ninguna duda.

¿Pudiste sacar las muestras del cepillo de dientes y el puro?

"Basándose en los resultados de ADN,

la probabilidad de paternidad es del... 99,9 %". (RÍE)

Ella es hija de Carmen y de otra persona.

-Estoy dispuesto a asociarme contigo con dos condiciones.

La primera, que te comprometes a no revelar la identidad

del padre de biológico de Alicia nunca.

-La segunda, quiero ese informe de paternidad.

-En cuanto firmemos los papeles.

Como habrá podido comprobar, tomo mis propias decisiones.

He visto una oportunidad y la he aprovechado.

Y pienso seguir aprovechando

las oportunidades que la vida me brinde.

¿Cómo has podido readmitirlo en el bufete y en calidad de socio?

Tenemos ciertos problemas en el bufete y...

Sergio tiene una gran capacidad para conseguir clientes importantes.

Sabes que el único cliente que lleva es a Quintero.

He quedado con Emilio para cenar.

-¿Dónde? ¿En aquel maravilloso restaurante de la sierra

apartados del mundanal ruido?

-No. Hemos quedado como una pareja normal

en un restaurante normal en Madrid.

-Tú eres amiguita del Jairo, ¿verdad?

-¡Lárgate o llamo a la policía!

-Vale, tranquila. -¡Vete!

-El baboso ese se llama Fiti. -¿Y qué quiere de ti?

-Se le ha metido en la cabeza que yo le he "traicionao",

pero yo no le he hecho nada.

-Me encanta verte suplicar, pero te juro que no te vas a librar.

Porque te juro que ha llegado tu hora.

(Disparo con silenciador)

-Deberías darme las gracias por haberte salvado la vida.

Ahora tenemos que pensar cómo resolvemos este marrón.

(Música emocionante)

(RESPIRA NERVIOSO)

(Se abre puerta)

-Ya he vuelto. -Che, che, che.

Ven aquí, no te muevas mucho

que me vas a poner el despacho hecho una mierda.

-Ah, perdone. Quería avisarle de que ya he "entregao" la mercancía.

-¿Por qué has tardado tanto?

(RESOPLA) -Porque el sitio que me dijo está a tomar por saco.

-¿Querías dejarlo en la puerta de la comisaría?

-Pues no te quejes tanto, que apenas estaba a una hora de aquí.

-Una hora ir, otra volver.

Y la cantidad de horas que me tiré allí con la pala.

Madre mía, la tierra está muy dura.

No es como en las películas, cuando uno ve que están cavando.

-Vamos a ver, ¿hiciste el hoyo tan profundo como te dije?

-Mire mi mano.

-Hay que asegurarse de que no puedan encontrar el cadáver, ¿no?

-No lo van a encontrar. Está muy bien enterrado.

-Perfecto. Ahora cuéntame con todo lujo de detalles,

todo lo que has hecho desde que yo me fui de aquí

y te dejé solo con el encargo. Empieza.

-¿Ahora que estoy molido y no he dormido nada?

-Sí, Jairo, tiene que ser ahora.

Porque si la has cagado, me quiero enterar ahora, y no después.

-Más o menos hice todo lo que me dijo.

-¿De qué me estás hablando con más o menos?

-No me explico bien con el cansancio.

Hice todo lo que me dijo. A rajatabla.

-Si hiciste a rajatabla todo lo que te dije,

quiero que me lo vayas diciendo paso a paso. Todo, Jairo.

Empieza.

(JAIRO RESOPLA)

-Lo primero que hice fue envolver el cuerpo en un plástico.

Me llevó mucho rato, porque parecía que Fiti me estaba mirando.

(QUINTERO SUSPIRA HASTIADO)

Y tuve que esforzarme mucho para no sentir nada.

-Vale, no quiero que me cuentes esto

como si fuese una película de miedo, chaval.

Si te quieres ir pronto a descansar, será mejor que vayas al grano.

(SUSPIRA)

-Una vez que estaba bien envuelto,

lo cargué... y lo llevé al almacén de atrás.

Lo metí en la furgoneta vieja, negra, la que no tiene logo de la empresa.

Es la que me dijo. -Sí, esa es. Continúa.

(SUSPIRA)

-Después salí de aquí. No me fijé si me grababa alguna cámara.

-De las cámaras de seguridad, ya me he encargado yo.

¿Qué hiciste cuando saliste de aquí con la furgoneta?

(SUSPIRA) -Tirar millas.

-¿De qué demonios me hablas? ¿Qué es eso de tirar millas?

¿Seguiste el itinerario que yo te indiqué o no?

-Sí, seguí el itinerario evitando

las calles con gasolineras, que están más controladas.

Déjeme que me vaya. -No, te vas a quedar aquí

y me lo vas a contar todo hasta el final.

¿Qué pasó cuando llegaste al vertedero?

-Cuando llegué al vertedero,

encontré el sitio más apartado que pude...

y empecé a cavar el hoyo.

A cavar y cavar y cavar, como un bestia.

Y cuando ya estaba suficientemente hondo,

fui a la furgoneta,

cargué el cuerpo...

lo eché al fondo, tiré toda la tierra encima...

y la alisé para que no se notara que la habían removido.

-Bien. -Es imposible que lo encuentren.

-Muy bien, Jairo. Muy bien.

Hay que ser precavidos, aunque...

en este caso, jugamos con algo de ventaja.

-¿Qué ventaja?

-Muy fácil, chaval.

Ese amigo tuyo, ese tal Fiti, era un desgraciado

que no tenía dónde caerse muerto.

Con un poco de suerte, nadie lo va a echar de menos.

Incluso pensarán que como estaba acosado por la policía,

se volvió a Portugal.

-La verdad es que Fiti se convirtió

en una persona muy chunga al final de su vida.

Pero haber "terminao" así, en el hoyo de un vertedero...

(SUSPIRA HASTIADO) -Él solo se lo buscó, Jairo.

Él solo se lo buscó, maldita sea.

Si yo no te lo llego a quitar de en medio,

el que estaría hoy a dos metros bajo tierra durmiendo serías tú.

No él. -Lo sé.

-Pues grábate esto bien en la cabeza, chaval.

Pero muy bien grabado, aquí. Dentro.

En este negocio, si quieres sobrevivir,

solo puedes fiarte de la gente que está dispuesta

a cubrirte las espaldas hasta el final.

(GOLPEA LA MESA) Con fidelidad y con lealtad. ¿Entiendes?

Si yo llego a dudar solo un momento,

si llego a apretar ese gatillo solo medio segundo después,

el que estaría muerto hoy serías tú.

No lo olvides. -Lo sé.

Gracias. -Bien, chaval, bien, bien.

Me salvaste la vida con el Algecireño.

Ahora yo te la he salvado a ti con Fiti.

A partir de ahora, todo nos irá mejor, ¿eh?

Date una ducha aquí mismo en la empresa

y cámbiate de ropa. Ponte uno de los uniformes.

No quiero que llegues a casa y tu hermano te vea así.

-No, no, no. -Podría sospechar algo.

-Buena idea. Voy a darme una ducha aquí.

-Vete a descansar. Jairo...

Buen trabajo.

Buenos días.

Buenos días.

¿Qué hora es?

Temprano.

Qué sueño.

¿Llevas mucho tiempo despierto?

Un rato.

Oye...

no te habrás arrepentido, ¿verdad?

(RÍE) ¿Tengo cara de haberme arrepentido?

(Móvil)

Creo que es el tuyo.

Que esperen, ahora no me apetece cogerlo.

Es muy pronto.

Qué pesados.

Es Espe. ¿Qué querrá tan temprano?

Espe, ¿qué pasa? ¿Estás bien?

-"No pasa nada. Te llamaba para ver

si nos tomamos luego un café en La Parra".

-¿De verdad me llamas tan temprano para eso?

-¿Qué pasa? ¿Qué tiene de malo?

-Venga, Espe, que nos conocemos.

-Nada, era para preguntarte qué tal fue tu cenita de anoche con Bremón.

(RÍE) -¿En serio me llamas una hora antes de que nos despertemos

solamente para saber eso? Mira que eres cotilla.

-"Pero ¿qué cotillear?".

Las amigas no se cotillean, las amigas se cuentan las cosas.

Y yo ya estoy en la comisaría.

Anda, ¿nos tomamos ese café antes de que entres?

Perdona que te diga, pero voy a aprovechar

estos últimos minutos de sueño para dormir un poco, ¿vale?

Venga, luego nos vemos.

Ay, mira que es pesada.

La quiero, pero es que se pone de un pesado a veces.

Ya, parecía ansiosa de que la pusieras al día, ¿no?

Ya has visto que no me ha sacado nada.

Ni me lo va a sacar, vamos.

Aunque habrá que pensar qué le vamos a decir a la gente de comisaría,

porque tarde o temprano se van a enterar.

Sí, pienso igual que tú.

Es lo que tiene estar rodeado de buenos policías.

(RÍE)

¿Y qué hacemos?

Pues ¿qué vamos a hacer?

Actuar con naturalidad, ¿no?

¿Y que lo asuman poco a poco?

(ASIENTE)

Voy a ir a cambiarme, como Espe me vea con esta ropa,

me va a someter a un tercer grado. (RÍEN)

Hasta ahora. Vale.

(Móvil)

(SUSPIRA)

Hola, hijo.

¿Cómo estás, cariño?

Eh, sí, ¿por qué?

¿Cómo no me voy a acordar de que cumples 11 años?

¿Por qué lo dices?

Un regalo. A ver, ¿qué quieres?

Un móvil.

Yo no sé si ese es el mejor regalo para un niño de tu edad.

Ya veremos, lo hablaré con tu madre.

Oye, Marquitos, que te tengo que colgar.

Venga, un beso muy grande. Y otro para Jaime.

Venga, te quiero. Adiós.

(SUSPIRA)

¿Y sigues dándole vueltas a lo de Fátima?

No me quiero imaginar que la captación de jóvenes

en el barrio se convierta en algo habitual.

Tu trabajo es ponerte en lo peor para que no haya más casos.

Pero ¿no lo estás llevando muy lejos? Pues no creas.

Empiezo a pensar que una célula terrorista

se ha podido instalar en el distrito.

¿No me has dicho que a Fátima los radicales

la contactaron a través de la página web?

Sí, pero se tuvieron que comunicar de otra manera.

A ver, para que te vayas a Siria y te unas al ISIS,

tiene que haber alguien comiéndote la cabeza

y empujándote al precipicio, ¿no?

(Se abre puerta)

No es un sueño, ¿verdad? He aprobado el examen.

No es un sueño, cariño. Lo has aprobado y muy merecidamente.

Y yo estoy muy orgullosa de ti.

Y lo siento mucho porque ayer no estuve muy efusiva.

No te preocupes, yo noté que estabas cansada.

-¿Cuáles son tus planes hasta que empiecen las clases?

-De momento, voy a leerme los libros que me han recomendado.

De hecho, voy a ir esta tarde a por ellos a la biblioteca.

Nada, me voy ya.

No, espera, Olga.

Quiero hablar contigo antes de ir a comisaría.

¿De qué?

De Fátima.

¿Qué ha pasado? ¿La habéis encontrado?

Siéntate, por favor, es un poco delicado

y no me gustaría hablarlo de cualquier manera.

Mamá, me estás asustando.

Verás, no sabemos cuándo, pero Fátima entró en contacto

con unos radicales islamistas.

¿Qué quieres decir?

Que intercambió mensajes a través de páginas web

y de foros de Internet.

La debieron manipular

y la convencieron para unirse a la yihad.

No me lo puedo creer.

A ver, yo no la conocía mucho, pero me parecía una chica tímida.

Me cuesta creer que se haya hecho terrorista.

Pues, desgraciadamente, sobre eso no hay ninguna duda.

Qué palo.

Y ahora, claro, la tenéis que detener, ¿no?

Verás, Olga, no te lo he contado todo.

Fátima viajó a Turquía y de ahí cruzó a Siria.

¿Cómo puede ser? ¿Nadie se dio cuenta de lo que estaba pasando?

Verás, los extremistas que adoctrinan a sus víctimas

saben perfectamente cómo enseñarles a ocultar sus intenciones.

Por eso son tan peligrosos.

Y el carácter introvertido de Fátima

contribuyó a que nadie sospechara nada.

¿Y ahora dónde está? ¿Sigue en Siria?

Entonces habéis conseguido rescatarla, ¿no?

Fátima ha muerto.

¿Qué?

Unirse a un grupo terrorista no es ningún juego.

Hubo una escaramuza con la policía turca

y ella murió en el tiroteo.

No me puedo creer lo que me estáis contando.

A ver, yo no hablaba mucho con ella, pero...

me parecía una buena persona.

Y seguramente lo era, pero de repente se vio...

bajo la influencia de unos terroristas

y le lavaron el cerebro.

La Fátima que tú conociste no tenía nada que ver

con la que cruzó a Siria.

Bueno, tampoco te queremos asustar.

Pero los jóvenes del barrio tenéis que estar informados de esto.

Tenéis que saber que los terroristas saben perfectamente

cómo manipular y adoctrinar a los adolescentes

y hacerlos creer que los van a convertir en héroes.

Por eso no te preocupes, que a mí no me va a pasar.

Y también espero que por todo esto

ahora no estéis más encima de mí controlándome.

(RÍE) -Solo queríamos contártelo, que estuvieras al tanto.

Conviene que tengas esta información, ¿no?

Lo que le ha pasado a Fátima es terrible.

A ella, a su familia y a todos.

Pero no te preocupes, que vamos a impedir que vuelva a suceder.

Anoche no te quise decir "na", porque venías "cansá".

Pero me di cuenta de que algo te pasaba.

¿Te apetece contármelo, o qué?

Pues que no entiendo a mi padre.

A veces cuando contamos las cosas, no son tan graves como parecen.

Esto sí que lo es.

Te prometo que no lo entiendo y...

no consigo digerirlo.

Razón de más para que me lo cuentes y te desahogues.

(SUSPIRA) Después de todo el daño que nos ha hecho Sergio

y de haber borrado los documentos de Quintero,

vuelve a trabajar para el bufete.

¿Tu padre ha vuelto a contratar a ese impresentable?

Sí, y no solo eso, sino que también lo ha hecho socio.

Pero ¿qué necesidad tiene?

Eso es lo que más me duele.

Solo me ha dado justificaciones estúpidas.

Dice que el bufete no va bien y que Sergio traerá nuevos clientes.

Y eso te lo crees tú, ¿no? Por supuesto que no.

Y sé que el único cliente de Sergio es Quintero.

Ahora pretende llevar los asuntos desde Ocaña Abogados.

No me puedo creer que tu padre trague con eso.

Pues yo tampoco.

Pero va a llevar los asuntos del amante de su mujer

y del responsable de su muerte.

Es incomprensible, de verdad. Aquí hay gato "encerrao".

No me puedo creer que tu padre lo haya "contratao", y de socio.

Yo tampoco. Y te aseguro que no me creo ni una palabra.

Todo eso de que el bufete va mal es un cuento chino.

Hola, parejita.

¿Qué pasa, hermano? ¿Quieres un cafelito?

Negativo. Me voy, acabo de terminar el turno y estoy...

pero "reventao". Me voy a la cama ya.

Oye, vienes muy limpio para haber "terminao" el turno.

Sí, porque me he "duchao" en el trabajo.

¿Y desde cuándo te duchas tú en el trabajo?

Desde que se me ha caído una porquería encima,

me ha puesto "to" perdido y no podía esperarme a llegar a casa.

Pues no veas si vas limpio, ¿no? ¿Qué porquería era esa?

No está aquí, por eso me he "cambiao".

Era un líquido pringoso, era un detergente, yo qué sé.

¿Quieres que vaya y mire la marca?

¿Más preguntitas o me puedo ir a la cama?

Te lo he preguntado por curiosidad, no seas paranoico.

El único paranoias que hay aquí eres tú.

No me vengas con la curiosidad, que siempre estás igual.

Me voy a la cama ya, que paso de discutir con este.

Estoy muerto.

¿Y eso que te has hecho en la mano?

Esto descargando camiones. Qué "pesao" es tu novio.

¿Qué más te da con qué se haya manchado?

Le has tratado como a un mentiroso compulsivo.

Porque es bastante mentiroso.

Sobre todo con los temas relacionados con Quintero.

¿No has visto cómo se pone a la defensiva?

A ver, Róber, ¿qué piensas?

No sé si será un sexto sentido que tengo,

pero ya te digo yo que Jairo me oculta algo.

¿Cómo estás tan seguro?

Viene limpio, se ha cambiado de ropa y lleva los pantalones del uniforme.

A ver, Jairo no trabaja precisamente en un quirófano.

Trabaja en una empresa de transporte de mercancías.

No es tan raro que se haya manchado. Nunca se ducha en el curro.

Tú lo has visto, viene hecho un asco y del tiro a la ducha.

Igual las mercancías llegaban sucias o se ha roto algún envase.

Ha dicho que era algo pringoso.

Sí, él tiene siempre respuestas para todo.

Pero te digo que me está ocultando algo.

Sí que estamos buenos los dos.

No basta con las mentiras de los malos.

Ahora tenemos que lidiar con las de mi padre y de tu hermano.

¿Te quedaste desvelada después de tu cenita con Bremón?

Porque tienes una carita...

-Hubiera dormido más si alguien no me hubiera llamado

tan temprano para cotillear.

-Oye, que no, que yo insistí llamándote al móvil

porque estaba preocupada.

Te llamé al fijo y como no contestabas...

¿Qué pasa, que no lo oíste? -Sí, sí lo oí.

a veces llaman tanto que pensé que sería una equivocación.

-Y las mentiras tienen las patas muy cortas.

Porque yo no te llamé al fijo. Te he "pillao".

-Ya sabes lo pesados que se ponen las compañías de teléfono.

-Venga, Lola, no me vengas con cuentos

que ya somos mayorcitas, ¿no?

Tú anoche no dormiste en casa.

(BAJA LA VOZ) -Vale, pesada, pero cállate ya.

No lo queremos esconder, pero que se entere

toda la comisaría de que hemos dormido juntos.

"Joer". -Pero ¿por quién me tomas?

Te he demostrado muchas veces que soy capaz de guardar un secreto.

-Te lo digo por si acaso.

Que nos conocemos. -Tranquila, que soy una tumba.

-Bueno, cuenta, cuenta.

¿Cómo es el comisario Bremón en las distancias cortas?

-Que no te voy a contar ese tipo de detalles, pero bien.

(RÍEN)

-Hola, chicas. -Hola.

-Hola.

-¿Qué tal, Nacha? ¿Cómo llevas el combate?

-Bien, un poco nerviosa, ya queda nada.

-¿Cuándo es?

-Faltan dos días.

-¿Y lo dices así, tan sonriente?

Si yo supiera que me van a dar de guantadas, estaría atacada.

-No es cuestión de guantazos.

El boxeo no tiene que ver con violencia.

Es de los pocos deportes nobles que hay.

Los rivales acaban fundidos en un abrazo.

-Sí, al final terminan fundidos en un abrazo,

pero previamente se han dado de lo lindo, ¿no?

(RÍE) -No, pero ese no es el objetivo,

sino ganarle a tu rival en la estrategia.

Más o menos, como el ajedrez.

-La diferencia es que en el ajedrez estás sentada tan a gusto

enfrente de tu rival, no hay contacto físico.

-Pero el objetivo es el mismo aunque no te lo parezca.

El boxeo es una cuestión de cabeza y concentración

más que de fuerza bruta.

-Oye, ¿y quién es tu contrincante?

-Vicky Martos. -Ah, ¿sí? ¿Es buena?

-Ha ganado varios campeonatos "amateur"

aunque ahora está un poco estancada a causa de unas lesiones...

y por lo visto no está en muy buena forma física.

Así que tengo posibilidades de ganarla.

-Si ha ganado tantos combates, será una tía supergrandullona.

Muy fuerte, más fuerte que tú.

-En el boxeo eso está muy controlado.

Solamente puedes combatir contra alguien

de tu mismo rango de peso y de tu misma categoría.

-Madre mía, tú dirás lo que quieras,

pero esta tía parece una mala bestia. Mira.

-A ver. Jo, menuda cachas, ¿no?

Pues no parece de tu complexión física.

-Pero lo es. Mi categoría es superligero.

Y en un combate aficionado son mínimo 57 kilos y máximo, 60.

-Entonces, ¿no estás preocupada por tu contrincante?

-Para nada. Lo único que me preocupaba

era la reacción del comisario al saber que me iban a entrevistar.

Pero no ha puesto pega ni una. -¿En serio?

No sé, con lo sieso que es, algo te habrá dicho, ¿no?

-A ver, me dijo lo que yo ya sabía,

que ojito con Martín y que me limitara a contestar

preguntas respectivas al combate.

Pero, por lo demás, solo tuvo palabras de aliento

y, no sé, hasta me pareció

como más sensible y humano de lo normal.

-No sé, pues estará últimamente más contento por algo.

Más sensible...

-Bueno, ¿qué? Se acabó la cháchara, ¿no?

¿Hemos venido a currar o qué? (RÍE) -Sí.

Venga, hasta luego. -Chao.

-Todavía no me lo puedo creer.

Esos terroristas le tuvieron que lavar el cerebro a Fátima.

-Ahora entiendo cómo estaban de preocupados sus padres.

Con él, hablé bastante y me pareció un hombre educado y sensible.

-Mi madre dice que en la adolescencia somos más vulnerables.

Y eso es lo que utilizan esos radicales para manipularnos.

Nos hacen creer que nos van a convertir en héroes...

-Mucha gente todavía no se da cuenta de que el terrorismo

no tiene nada que ver con la religión.

-Hay tantos prejuicios...

-Hola.

¿Me pones una bebida isotónica, por favor?

-¿Con sabor a limón o a naranja? -A limón.

-Parece que vienes de correr una maratón.

-Sí, bueno...

He salido a rodar un poco... unos diez km de calentamiento.

-Vaya. (ASIENTE)

-Bueno, sí, lo sé, debo tener una pinta "to sudao", pero...

-No, bueno, te miraba porque vienes llamativo.

-Como tus ojos.

-¿Qué les pasa a mis ojos?

-Que molan mucho.

Que es como... como mirar al mar, y a mí me encanta el mar.

-A lo mejor tú eres el faro, ¿no?,

porque con esos colores...

-Lo que pasa es que no me gusta jugarme la vida.

-Ah, ¿y hace falta salir a correr con esas pintas?

-En mi caso sí, porque vengo de Parque del Sur

y tengo que pasar por un tramo de carretera,

así que prefiero hacer el ridículo a...

a que no me vea un coche y no contarlo.

-Eso lo entiendo.

-¿Cuánto es? -Dos euros, por favor.

Adiós.

(OLGA RÍE)

-Parece que al "superrunner" le has gustado.

-¿Yo? Qué va.

Tiene pinta de entrarle a todo lo que se mueve.

-A mí ni me ha mirado cuando me ha pagado.

No te ha quitado ojo. Y encima te dice lo del mar...

-Qué chorrada, si eso está superanticuado.

-Hombre, hay cosas que siempre funcionan.

-Mira, si ese quiere algo conmigo, lo lleva claro.

Con un tío con mallas, no voy ni a la vuelta de la esquina.

(RÍE) -Iba un poco ridículo. Pero tenía un cuerpazo el chaval.

-Ah, ¿sí? No sé, no me he fijado.

-¿Seguro que no te has fijado?

-Bueno, a ver, a lo mejor sí que tenía un cuerpazo,

pero es que yo con esas mallas y así tan deportista, no me gustan.

-Ya, lo que tú digas, Olga.

(RÍEN)

-Hola, ¿qué tal? ¿Podría hablar con Espe Beltrán?

-Pues acaba de salir, pero yo la estoy sustituyendo.

¿En qué te puedo ayudar? -Soy Sergio Mayoral, abogado.

Colaboro con Horizontal, la ONG del barrio.

Me acaban de llamar porque habéis detenido

a una persona inmigrante por no llevar la documentación.

(ASIENTE) -Está en calabozos.

Un agente te acompañará. -Vale, gracias.

Oye, ¿nos hemos visto antes?

-Pues tú a mí no creo, pero yo a ti sí.

-Ah, ¿sí? ¿Dónde?

-Aquí en comisaría.

Te he visto que vienes bastante.

Y, además, Espe me ha hablado de ti. -Espero que bien.

Hola, Alicia. ¿Qué tal?

Deseando perderte de vista.

de la chica educada que conocí en la facultad.

Y tú cada vez estás más cerca de ser un cínico de manual.

De verdad, Sergio, me das mucha pereza.

No te ha sentado muy bien mi vuelta al bufete.

A saber qué hiciste para convencer a mi padre.

A estas alturas, me espero cualquier cosa de ti, ninguna buena.

Pues nada raro, tu padre y yo somos dos hombres de negocios.

Sabemos separar lo personal de lo profesional.

Por eso nos hemos dado cuenta de que nos convenía

seguir trabajando juntos.

Sobre todo a ti, ¿no?

Así puedes traicionarle

y volverle a clavar un puñal por la espalda.

Tu padre va a sanear sus cuentas de un plumazo gracias a mí.

Solo por volver a representar a Quintero,

recibirá una importante inyección de capital.

¿Me estás diciendo que le has hecho un favor a mi padre

metiendo a ese delincuente otra vez en el bufete?

Ese al que tú llamas delincuente es en realidad...

un empresario ejemplar.

De hecho, le distinguieron hace poco como mejor empresario del año.

Vaya, pues entonces me callo.

Además de Transportes Quintero, representaré a otros clientes

que reportarán grandes beneficios.

No sé a qué viene estar tan enfadada.

No me creo ni una palabra de las que sueltas por esa boca.

Y conozco perfectamente a mi padre.

No le importa tanto el dinero como para convertirte en su socio.

Pues mira, creo que lo idealizas.

Marcelino nunca le ha hecho ascos al dinero.

De hecho, no te ha faltado de nada desde que viniste a este mundo.

Tengo cosas más importantes que hacer que hablar contigo.

Yo también tengo prisa.

Habéis metido en el calabozo a un hombre

cuyo único delito es huir de una guerra

y venir a España buscando refugio y un futuro digno.

Ya veo que eres como el resto de canallas

que intentan lavar su cara y su conciencia.

En este caso, con la causa de esa pobre gente.

Vaya, parece que no te llevas muy bien con ese abogado.

¿Y a ti qué más te da cómo me lleve yo con Sergio?

Bueno, perdona, no quería meterme en tus cosas.

Simplemente veo que viene bastante por aquí

y prefiero estar prevenida.

Elena, será mejor que te centres en tus prácticas

y trates lo menos posible con Sergio Mayoral.

Es lo único que te puedo decir.

Gracias por recoger todo, cariño.

Después de tantos días tumbada, me mareo solo de ponerme de pie.

-Es lógico, Montse.

Pero, de aquí a nada, estarás haciendo tu vida normal.

-Si entiendes por normal volver a recibir sesiones de quimio...

(TENSO) -Al menos recibirás alguna más.

Pero ya ha pasado lo peor.

Has superado una operación muy delicada.

-¿Estás un poco alterado o me parece a mí?

(SUSPIRA) -Ay, perdona, no tendría que haberte hablado así.

-¿Te ha pasado algo?

-El trabajo, que tenemos un problema que nos trae de cabeza.

-Nunca te he visto tan nervioso por un tema profesional.

-Vale.

No es un asunto de trabajo.

-Entonces, ¿ha pasado algo con Alicia?

-Ay, Montse, no quiero agobiarte con mis problemas.

Acaban de darte el alta

y lo importante ahora es llevarte a casa.

-No tenemos prisa,

y seguro que te vendría bien desahogarte un poco.

(CHASCA LA LENGUA)

-Pues anoche, mi hija y yo volvimos a discutir.

Pero no quiero entrar en detalles.

-Está bien, lo entiendo.

Pero, sea lo que sea, lo que te ha pasado con ella,

no te olvides de que eres un buen padre.

-¿Por qué dices eso? -Porque es la verdad.

La has educado para ser una persona íntegra,

y siempre la has apoyado.

Incluso cuando no quiso ser abogada y descubrió su vocación de policía.

-Montse, no quiero seguir hablando de Alicia.

-¿Te crees que porque no he sido madre

no entiendo lo importante que es Alicia para ti?

-No es eso.

Es que no quiero seguir hablando de ello.

(SUSPIRA)

(EMOCIONADO) Es que lo peor que me puede pasar en esta vida

es distanciarme de Alicia.

-¿Tan fuerte ha sido la discusión?

-Enhorabuena, Montse.

He hablado con mis compañeros y todo pinta muy bien.

-Ya me han dado el alta, pero tengo que seguir con la quimio.

-Venga, no solo veas la parte negativa.

Eso significa que estás más cerca de la curación.

-Sin el apoyo de vosotros dos,

no sé cómo hubiera sido capaz de superar

esta etapa tan complicada. de mi vida.

(RÍE) -Marcelino y yo hemos puesto nuestro granito,

pero quienes más te han ayudado ha sido el equipo médico.

-Eso le he dicho, tiene una entereza envidiable.

-La actitud es lo más importante

para enfrentar el curso de la enfermedad.

-Bueno, si lo decís vosotros...

(RÍE) -Sí. ¿Os echo una mano?

-Por favor.

Hola. Hola.

Por si te interesa, Sergio ya no está en la comisaría.

Acabo de ver cómo se marchaba.

Pues la verdad es que de ese no me interesa nada.

Me sorprende que te caiga tan mal.

Con esos ojos y esa sonrisa...

(IRÓNICA) Creía que tu capacidad de observación era más aguda, Elena.

Sergio es pura fachada, no es de fiar.

Y si lo conocieras, te darías cuenta.

Desde luego, con lo que cuentas, no dan ganas de relacionarme con él.

Pues no lo parece, porque no haces más que preguntarme por él.

Solo por... saber a qué atenerme.

De todas formas, si te altera tanto

es porque habréis tenido una relación personal.

Yo que tú reservaría las preguntas para interrogar a los malos.

No quería molestarte, lo siento.

Y sí, Sergio y yo salimos juntos durante un tiempo.

Por eso sé de lo que hablo.

(SUSPIRA)

Pues la verdad es que iba muy, muy ridículo.

¿A ti no se te ocurre haber visto a alguien así por aquí?

-Olga, esto es un gimnasio.

La gente viene así, vestidos de "ultrarrunners".

Superhorteras.

Aquí pasaría desapercibido seguro.

-A lo mejor me lo puedo volver a encontrar aquí.

-No tengo ni idea. Pero ¿a qué viene ese interés?

-No es interés, Paty.

Es un tema de conversación, por hablar de algo.

-A ti te ha dado un flechazo muy "heavy", ¿eh?

-Si le estoy poniendo a caer de un burro. No.

-Claro, pero llevas media hora hablando de él

y le has visto diez minutos en tu vida.

-¿Cómo me voy a flechar por verle diez minutos?

No, eso es imposible, porque yo necesito...

conocernos, poco a poco, con tranquilidad.

-Claro. Te está creciendo la nariz a cada segundo, tía.

Tú estás supercolgada de él.

Y a mí me das mucha envidia,

porque me gustaría sentir eso también.

-¿Y eso? ¿Tú no estabas empezándote a pillar por Jairo?

-Pues sí, me gusta. Pero es que no sé...

desde que me dio plantón

cuando quedamos para ir a la Red Star,

no hemos vuelto a hablar ni a quedar ni nada.

Yo creo que me está dando largas y no sé por qué.

Está de un raro...

(RESOPLA)

(SUSURRA) -Es él, es él, es él.

Es él, es él. -Ah, ah, ah.

Hola, ¿te puedo ayudar en algo?

-¿Otra vez tú? ¿Es casualidad o me estás siguiendo?

-¿No será al revés? Este es mi barrio, ¿sabes?

-¿No será que estás buscando el faro?

-¿Qué faro? Si aquí no hay faros.

(DIVERTIDA) -Cosas nuestras.

Que sepas que te queda mucho mejor esa ropa que la de antes.

-Pues lo tendré en cuenta.

Tú, te pongas lo que te pongas, vas a estar igual de guapa.

Y el mar sigue estando ahí.

-Deja de vacilar a mi amiga. ¿Qué quieres?

¿Has venido a apuntarte o qué? -No, venía a hablar con el dueño.

-Vale, el dueño se llama Max y yo soy su hija.

Y no está, se ha ido a un recado.

-Ah, pues, encantado. ¿Cuándo podría encontrarle?

-No soy su secretaria.

Pero le puedes dejar un recado y yo se lo doy.

-No, prefiero hablar con él en persona.

Ya me paso hoy por la noche o mañana, si eso.

Y que sepas que me gusta mucho tu gimnasio.

-Gracias.

-Hasta luego.

-Chao.

Ahora vas y me dices que no estás colgadísima de él.

-Paty, no me gusta. (IRÓNICA) -No.

Espera. Tía, se te está cayendo toda la baba, por favor.

(RÍE) Anda ya, tía, si no parabais de lanzaros miraditas.

¿Y todo el tema ese del faro y del océano?

-No, no ha dicho faro, ha dicho mar.

-¿No ha dicho faro? -Mar.

Eso es por mis ojos.

Pero que no, que no. (PATY RÍE)

No hay nada ni lo va a haber en un futuro.

Nunca, jamás, en la vida.

-Vale, vale, lo que tú digas, tía.

(RÍE) -Bueno...

A lo mejor en un futuro lejano...

-Pero vamos a ver, tía.

¿Tú no estabas deseando enamorarte?

Pues ahí tienes a tu Romeo.

El chico es muy mono, ¿eh?

Aunque un poco misterioso.

-Misterioso, ¿por qué?

-No sé, ¿de qué querrá hablar con mi padre?

-A lo mejor es comercial y os quiere vender unas máquinas.

-Pero me hubiera dejado un catálogo o una tarjeta, ¿no?

¿Y si te ha visto entrar

y te ha seguido para fingir un encuentro casual?

-No, porque se le veía muy seguro de que quería hablar con tu padre.

-Madre mía, tú estás muy colgada. ¿Y ese suspirito de qué es?

-Eso no ha sido un suspirito. -Sí.

Lo que pasa es que yo estoy cansada porque tengo mucha presión

de lo del examen y todo, y estoy agotada.

(IRÓNICA) -Claro, tía, pobrecita. Y yo nací ayer, ¿eh?

(RÍE)

¿Qué pasa? Te estaba buscando.

¿Y eso?

Tengo que interrogar a un sospechoso de pegar palos robando coches.

Y me gustaría que estés delante,

porque es un perro viejo y se las sabe todas.

Y mejor que estemos los dos, ¿no? Claro, te acompaño.

¿Qué te pasa?

¿Sigues disgustada por la discusión con tu padre?

Sí, y además, la nueva ha tocado las narices haciendo preguntitas.

¿Sí? ¿La inspectora Ruiz?

Ha hecho preguntas personales y ha metido el dedo en la llaga.

(Móvil)

Es tu padre. ¿No se lo vas a coger?

Oye, a un padre no se le cuelga así.

No me apetece hablar con él y que me siga mintiendo.

Entiendo que estés enfadada,

pero no te va a durar toda la vida el enfado.

Tendrás que arreglar las cosas. Sí, y lo haré.

Pero ahora tengo otras prioridades.

¿Vamos a la sala?

Tengo una idea.

El ladrón este se puede esperar.

Tu padre igual no.

¿Te piensas el hablar con él y solucionarlo,

y yo mientras te espero tomando un cafelito en la puerta?

Guapa.

(SUSPIRA)

Ya, y eso sin contar que tenemos a cinco efectivos

en la Comisión de Servicios,

lo que significa que desarrollan su trabajo

en otra comisaría distinta de la mía.

Mira, escúchame, Ramírez, por favor.

Pues escúchame, mira.

Si funcionan los servicios y funcionan los turnos,

es gracias a labor y a la profesionalidad

y al buen empeño que desarrollan nuestros agentes. ¿Está claro?

Pues que no estamos sobrados ni de efectivos ni de recursos.

Pues a ver si es verdad.

Vale, venga. El mes que viene me lo cuentas.

Vale, adiós.

(SUSPIRA)

Siento no haberte podido atender, pero llevo un día fino

discutiendo con los jefes.

Ya, no pasa nada.

A ver, ¿cuál es ese problema que te preocupa tanto?

No me andaré por las ramas, Emilio.

Creo que una célula yihadista se ha podido instalar en el barrio.

No creo que sea ninguna locura plantearse esa posibilidad.

Pero ¿tienes indicios para pensar algo así?

¿Te parece poco lo de la hija de Omar y Sole?

De la noche a la mañana, se une a la yihad

y se va a Siria con unos terroristas.

Esa chica ha sido captada

por los radicales en los foros de Internet.

Y eso no es menos peligroso, pero...

No tenemos ninguna constancia de que se reuniera físicamente

con alguien de la organización terrorista,

lo que quiere decir que da igual el barrio en el que residiera.

Estoy convencida de que tuvo que haber alguien cercano

que la animara a hacer una cosa tan grave.

A ver, al decir alguien cercano, quieres decir alguien

que vive en este distrito, ¿no?

Exacto.

¿Tienes pruebas o son meras conjeturas?

Alguien tuvo que darle la documentación a Fátima.

Ni en sus teléfonos ni en el ordenador

había ningún mensaje referente a ese tema.

Alguien se lo tuvo que dar físicamente.

Bueno, eso no quiere decir que los captadores

estén instalados necesariamente en este distrito.

Pudieron venir de otro sitio, darle las instrucciones y marcharse.

Lo habitual es que los radicales capten a gente de su entorno.

Claudia... Para lavarles el cerebro,

necesitan estar encima de ellos.

Son suposiciones nada más. (TAJANTE) No, no son suposiciones.

Son ejemplos de casos concretos sucedidos en...

barrios de Bruselas o de París.

Me he estado documentando

y sé que es imprescindible que sea gente que esté cerca.

Por eso debemos hacer algo.

Para evitar otra desgracia como esta.

Claudia, me acabas de oír reclamar a Jefatura más medios.

Yo, hoy por hoy, no puedo más que atender el protocolo

de prevención y de vigilancia, no puedo más.

Muy bien. Pues si esto es así, como se haya instalado una célula

en el distrito, no vamos a poder hacer nada para evitar

que se repita un caso como el de Fátima.

Claudia, creo que te estás alarmando sin motivo.

Nos conviene ser prudentes, no podemos crear alarma social.

(ENFADADA) No quiero crear alarma social, Emilio.

Quiero efectivos que se dediquen exclusivamente

a investigar en profundidad este caso.

Pues remite todo el expediente

a la Comisaría General de Información.

Ya lo hice al cerrar el caso de Fátima.

Si te quedas más tranquila, expones lo que me estás contando.

Vale. Vale.

Perdón, comisario.

Pasa, Claudia ya se marchaba.

Pasa.

He venido a disculparme, comisario.

¿A disculparte, por qué?

El caso de Fátima ha sido el primero en el que he colaborado

y tenía la esperanza de que saldría bien.

Me dio mucha rabia que todo esto terminase así.

Vamos a ver, tú no tienes que culparte de nada.

Tú, al igual que tus compañeros, solo habéis hecho un buen trabajo.

Tiene razón, comisario, pero me impliqué mucho en este caso.

Pensar que todo lo hecho no ha servido de nada...

Mira, en este oficio conviene mantener cierta distancia emocional.

Así que no lo olvides, por favor.

Gracias, comisario, tendré en cuenta sus consejos.

Con permiso.

-No entiendo qué hace aquí Sergio.

Me dijiste que no querías volver a verlo nunca más.

-He cambiado de opinión.

Necesitamos gente de su generación y de su valía profesional.

Nos va a venir muy bien, ya verás.

-Por lo que veo, no te ha importado mi opinión.

-Soy socio mayoritario, no necesitaba hablarlo.

-Lo sé, pero después de tantos años, creo haberme ganado el derecho

a que tengas en cuenta mi opinión.

Meter a un socio nuevo siempre es algo arriesgado.

Y más aún siendo Sergio Mayoral.

-González, por favor, no quiero seguir hablando más de este tema.

Por favor, te ruego que te pongas con el informe de Javier.

Y yo no doy abasto con tanto asunto pendiente.

-Está bien, Marcelino.

Pero en algún momento me gustaría

que hablásemos sobre tu decisión unilateral.

-No esperaba que González me recibiera así, la verdad.

Parece que no le ha sentado nada bien mi vuelta.

-¿Qué esperabas, una alfombra roja?

Sabes de sobra que no eres bienvenido en Ocaña Abogados.

Y aunque en su momento no les di detalles,

todos saben que te despedí porque me traicionaste.

-Lo entiendo. Pero pronto os voy a demostrar

que ha sido buena idea volver a abrirme las puertas.

-Cuando te oigo, me dan ganas de estamparte contra la pared.

(RÍE) -Ya se te irá pasando el cabreo, Marcelino.

A medida que veas cómo clientes importantes llaman a la puerta.

(Llaman)

Mira.

-¿Y tú qué haces aquí?

-He venido al bufete que se encarga

de mis asuntos contables y fiscales de mis empresas, claro.

-Una cosa es que trates con Sergio y otra, que entres en mi despacho.

-Vaya, lo siento, veo que no soy bienvenido.

Discúlpame, yo solo quería saludar a un viejo amigo,

pero ya veo que te pillo un poco cascarrabias, ¿no?

(FURIOSO) -Fuera de aquí.

-Está bien, tranquilo, Marcelino.

No te vayas a alterar, que estas cosas,

sobre todo por la tensión, no son muy buenas para la salud.

-Por favor, señores, mantengamos la calma.

-Eres un miserable, Fernando.

-Me gustaría pensar que podemos trabajar todos juntos

sin tener que caer en insultos ni descalificaciones.

-Por mí...

-Será mejor que pasemos a mi despacho, Fernando.

Parece que Marcelino aún no ha encajado

nuestra nueva relación profesional.

Está un poco nervioso.

(SECO) -Sergio, quiero hablar contigo a solas.

Cierra la puerta, por favor.

-Miriam, acompaña al señor Quintero a mi despacho, por favor.

Ahora voy yo.

-Esta es la última vez

que ese impresentable pone los pies en mi despacho.

-No deberías ser tan beligerante con un cliente como Quintero.

Nos conviene tratarlo bien.

-Mira, Sergio, que no haya tenido más remedio que aceptar tu chantaje

no implica que vaya a soportar tus chulerías y las de Quintero.

Cuando quedes con él, lo harás en su empresa.

Y si viene aquí, entrará solo en tu despacho, ¿entendido?

-Cuenta con ello.

Aunque no lo sepas valorar,

soy una persona muy comprensiva.

Y entiendo perfectamente que debe ser difícil de asimilar

que Fernando Quintero sea el padre de Alicia.

-Como vuelvas a recordármelo,

no sé de lo que soy capaz, ¿eh?

-¿Qué miras? El gimnasio ya está cerrado.

-No, es que estaba la puerta abierta y las luces encendidas

y estaba buscando al dueño.

-Max ahora sale, está en los vestuarios.

-Vale. ¿Te importa si le espero aquí?

¿Puedo comentarte algo? -Dale.

-Cuando lanzas la zurda, bajas la guardia de la derecha

y deberías tener un pelín de cuidado con eso.

-¿Tú quién eres?

¿Qué haces aquí?

darme la brasa con mi guardia derecha cuando lanzo la izquierda.

-No serás un ojeador de Vicky Martos, ¿no?

-No, para nada, no soy ojeador ni un experto en boxeo.

Estoy buscando trabajo.

-Ya. Pues lo siento, no puedo ayudarte,

no hay trabajo para nadie aquí.

-Te quiero dejar mi currículum por si surge algo.

un máster en Gestión Deportiva.

-Ajá. Buena formación.

Aquí los puestos de entrenadores personales y demás

están cogidos, pero con este currículum,

supongo que podrás encontrar trabajo fácilmente.

-Me ofrecieron trabajo en una cadena de gimnasios, pero dije que no.

-¿Por qué? Parece una buena oportunidad.

-Porque prefiero trabajar

en un gimnasio con personalidad, como el Atlas.

Me he informado y me han dicho que es un gimnasio auténtico.

-Eso parece un piropo. Gracias por lo que me toca.

-De nada. Te juro que es lo que he oído.

-Ya.

En fin, lo siento, se te ve deportista,

tienes una buena formación, pero...

De verdad, no puedo ofrecerte nada.

-Bueno, de todos modos, muchas gracias por atenderme.

-A ti.

-Y suerte con el combate. -¿Qué combate?

¿Cómo sabes que tenemos un combate?

-Si estáis preocupados por que entre un ojeador

y estáis entrenando a estas horas, supongo que tenéis un combate.

-Claro. Hasta luego.

-Hasta luego.

-Eh, no te distraigas,

que cualquier extraño ve que llevas la guardia baja. Venga, dale.

-Lo que me faltaba ahora. -Dale.

Bien. Sube la guardia.

Eso es. Muy bien. Uno, dos.

Bien, vamos. Eso es.

-Hola.

Pensé que al final no aparecerías.

Me hubiera gustado venir antes, pero se me ha complicado el día.

Lo importante es que estás aquí.

¿Tienes hambre? Yo no tengo mucho apetito,

pero si quieres... No te preocupes.

Ya he tomado algo antes.

(SUSPIRA) Gracias por venir, Alicia.

Dáselas a Róber.

Si no me hubiera convencido, no estaría aquí.

No me gustaría que una decisión de los negocios

arruinara nuestra relación.

Eso es precisamente lo primero que quiero que me aclares.

¿De verdad has vuelto a meter a Sergio en el bufete

por una cuestión de negocios?

¿Y por qué otra razón iba a ser?

Sergio puede conseguir importantes clientes para el bufete.

Tiene contactos, se mueve muy bien, es joven, con ganas.

Es justo lo que necesitamos.

Sabes de sobra el potencial de Sergio.

Lo sabías hace unas semanas cuando decidiste despedirlo

y no te importó en absoluto. Pues ahora es distinto.

El bufete está pasando por una mala racha a nivel económico.

¿De verdad te crees que me voy a creer algo así?

Tus compañeros te dieron un premio hace no mucho por tu solvencia.

Y de la noche a la mañana, el bufete poco menos que está en bancarrota.

No he dicho eso. No es lo mismo estar al borde de la quiebra

que tener algunos problemas.

¿Por qué tengo la sensación de que no haces más que mentirme?

Bastante doloroso es saber que Sergio es socio del bufete.

Y me duele más saber que no me estás contando la verdad.

Bueno, está bien.

He convertido a Sergio en socio del bufete

no solo por una cuestión económica.

Entre la depresión que pasé por la muerte de tu madre y...

y lo pendiente que estoy de la enfermedad de Montse,

apenas voy por el bufete.

Y González tampoco tiene edad para echar muchas horas extra y...

No sé, necesitamos sangre nueva como Sergio.

Sabes lo ambicioso que es, las ganas...

(GRITA) ¡Basta ya, papá!

¿De verdad te crees que todo esto cuela?

Cuéntame la verdad de lo que está pasando.

Es que no hay nada más, tienes que creerme, por favor.

¿De verdad has cambiado así, de la noche a la mañana?

Habrías ido a la cárcel para hundir a Quintero.

Y ahora le abres las puertas de tu bufete,

a él y al impresentable de Sergio.

No... (GRITA) ¡No me creo nada! Nada.

A veces para mantener lo que queremos tenemos que pagar un precio muy alto.

¿Qué quieres decir?

No voy a esperar más a que me cuentes la verdad.

(SUPLICANTE) No puedes irte así.

Por supuesto que puedo.

Es muy decepcionante que tu padre te trate como a una imbécil.

No digas eso. Por favor, no te vayas.

¡Alicia!

(QUEJIDOS)

(TOSE)

(RESPIRA AGITADO)

Solo he venido a pedirte en persona lo que no me respondes por mensaje.

Ven a casa a cenar esta noche.

Natalia, no puedo. Tengo una cena de comisarios.

Seguro que es otra de tus excusas

y que has quedado con... otra persona.

Elena, cuando deje las prácticas, nos va a poner a todos derechos.

Sí, ambición no te falta.

(RÍE) No, lo mío no es mandar. Es servir.

Qué buen rollito con la nueva.

Aunque parezca lista, está más perdida que un camello en altamar.

pero esa mosquita muerta, de perdida, nada.

Martín me ha dicho que mañana publican tu entrevista.

-¿Qué tal lo lleváis?

-Parece que, a pesar de todo, nos hemos acoplado.

Somos personas especiales.

Nunca había sentido una conexión así con alguien.

No puede ser. Vale, sí, sí, enseguida voy para allá.

Vale. ¿Qué pasa, Alicia?

Que a mi padre le ha dado un ataque al corazón.

Me pasé un rato a verlo por la noche y...

tuvimos una discusión horrible.

(EMOCIONADA) Le dije cosas muy duras.

No sé, a lo mejor la... la angustia le afectó al corazón.

Si vine por aquí era porque quería trabajo en el gimnasio Atlas

y el jefe no ha querido ni considerarlo.

-De verdad, Paty, tienes que ayudarme.

-Si le gustas, se dejará caer por aquí pronto.

-No, si tu padre no le contrata, se ira a un barrio mejor

y a un gimnasio mejor.

-Es licenciado en INEF, experto en Gestión Deportiva

y, encima, sabe de boxeo.

-Y además, le mola el Atlas un montón.

Dice que viene gente auténtica, no de estos de postureo.

No sé, yo creo que deberías contratarle.

-¿Te cobras Salima cuando puedas?

-Espe.

Natalia, la mujer de Emilio.

-Hola, Natalia.

Perdone, como estaba hablando con mi amiga, no me he dado cuenta.

-Soy Natalia Contreras, encantada.

-Yo soy Ramos, la oficial Ramos.

Estás como aquella vez. ¿Qué vez?

Como cuando pegaste tu primer palo. Por cierto, con el Fiti.

Llegaste a casa, no parabas de dar vueltas, temblando, sudoroso.

Estabas hasta delirando. No me gusta verte así.

Tranquilo, no me vas a ver más.

No me he podido concentrar pensando en anoche.

Yo, al contrario. Estoy superactiva.

Como en una nube, flotando.

¿Cuándo volveré a estar contigo?

(Llama a la puerta)

  • Capítulo 112

Servir y proteger - Capítulo 112

03 oct 2017

Jairo se ha deshecho del cadáver del Fiti, pero su actitud sospechosa llama la atención de Rober. Miralles sospecha que existen en el barrio captadores relacionados con el terrorismo islámico. Una discusión entre Alicia y Marcelino acaba con fatales consecuencias para el abogado.

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