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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 101 - ver ahora
Transcripción completa

Solo eres un divertimento para ella, un capricho de niña bien.

Le da morbo liarse con un pandillero con aires de malote.

Nos podríamos ir ya a vivir juntos.

(DIVERTIDA) Sí, corriendo. ¿Hablas en serio?

No he hablado tan en serio en mi vida.

Al final pensaré que Sergio tenía razón.

¿Qué pinta Sergio en esto?

Pues que me avisó. Para ti solo soy un experimento.

El chaval de barrio enamorado de la niña bien.

Me han ofrecido colaborar con una ONG internacional.

-Toda ayuda allí es poca. -Lo estarán pasando muy mal.

-La verdad es que alguien como Eugenio sería de gran utilidad.

-Lo he pensado mejor. Deberías ir.

-Hala, qué fotones. Y qué pedazo de ofertas.

-No te preocupes. Nosotros vamos a hacer un folleto fantástico.

En cuanto estén las fotos, me avisas. Venga, hasta luego.

-Mira, vamos a hacer una cosa.

Tú estas fotos las tiras a la basura.

Y tú y yo vamos a hacer unas buenas fotos, bien modernas.

Eso sí, que no se entere mi padre.

Puede que con esto de los folletos

me haya convertido yo en la imagen del Atlas

y que tú aparezcas un poquito menos.

O... -Que aparezca nada.

-Vamos a ver, papá, el gimnasio sin ti no sería nada.

-Ha estado muy bien la entrevista, ¿eh, Martín?

Espero que me avises cuando esté publicada.

Te daré mi opinión más sincera, aunque me fío totalmente de ti.

-¿Y por qué no me la das mientras cenamos juntos mañana?

-Siempre que me cuentes más anécdotas de tus comienzos como periodista.

He quedado con Martín. -¿Con Martín?

-Prefiero que te enteres por mí antes que por algún cotilleo.

-¿Y a mí qué más me da? -Como antes os llevabais tan bien...

-Yo nunca he salido con él.

Y si lo hubiera hecho, no pasaría nada.

No voy contando mi vida por ahí, ni espero que lo hagan los demás.

-Pásate por el sótano del bar La Parra y recoge un fardo de hachís

para llevárselo a nuestros contactos en el barrio.

Toma, aquí he apuntado el teléfono del contacto.

Llámalo y queda con él a una hora. Quiero que lo hagas hoy mismo.

-¿Te hace un cine esta noche? Te invito yo.

-No, no, no, no puedo.

Lo mejor es que no se relacione conmigo.

Si alguna vez me vuelven a meter preso

o si acabo muerto, no quiero que ella sufra.

No quiero que esté mal por mí.

Usted con su vida haga lo que quiera,

pero como le pase algo a mi hermano,

como se meta en algún lío, acabe muerto o en la cárcel,

le juro que se va a acordar de mí de por vida.

(Ruido fuerte papeles)

Solo podríamos tener la certeza de que es su madre

si accediera a hacerse unas pruebas de ADN.

-No tengo ningún inconveniente en hacerme pruebas.

-Pues el resultado es que las pruebas dan negativo.

Compruébalo tú misma.

Es muy difícil, por no decir imposible, que se equivoquen.

(LLORA) -No creo que a mi padre le quede mucho.

-Sofiya no estás bien, no puedes hacer este viaje sola.

Yo iré contigo a Rostov.

-¿Dónde dices que se va a ir Olga? -A Rusia, ¿no?

Se lo oí comentar a esa señora amiga suya hace un rato.

-Es verdad que yo me ofrecí

para acompañar a Sofiya a ver a su padre.

Pero ella me ha convencido de que no fuese.

-No os enfadéis con ella, por favor.

Si Olga quería venir conmigo, es porque tiene corazón enorme.

(Música emocionante)

(Pasos que se acercan)

Mira qué bien, justo para el desayuno.

Buenos días. Pero no hacía falta, tía.

He preparado el muesli como los suizos.

Lleva toda la noche remojándose en leche.

Y acabo de añadir la fruta.

Tiene muy buena pinta. (ASIENTE)

Qué tarde se despierta tu padre. Qué va, ya se ha ido.

Ah, ya decía yo.

Siempre le recuerdo adicto al trabajo.

Esta vez no ha ido a trabajar.

Ha ido a visitar a una amiga que tiene cáncer.

Está ingresada en una clínica un poco lejos de Madrid.

¿Y esa amiga es...?

¿Era amiga de tu madre o compañera de trabajo?

Pues ni lo uno ni lo otro.

Se conocieron poco después de morir mamá.

En... en el despacho, por un tema laboral.

¿Y esa amiga es... muy amiga? Ya me entiendes.

Pues sí, ya te entiendo.

Están saliendo juntos.

Ah.

¿Ocurre algo?

No, nada, qué va a ocurrir. Venga ya, tía.

Bueno, ya que insistes, ocurre que...

que me extraña que Marcelino... tenga amiguitas

tan poco tiempo después de la muerte de tu madre.

No es una amiguita. Es una mujer madura

que también ha pasado por un momento difícil ella sola.

Y es policía como yo.

Además, tiene un puesto bastante importante.

De todas formas, tía, creo que mi padre ya es mayorcito

para saber lo que tiene que hacer y lo que no.

Bueno, perdona, no quería ser impertinente.

Solo que pensaba que Marcelino

sentía devoción por mi hermana.

Amor de verdad.

Y no me cabe en la cabeza que...

que con tan poco tiempo, quiera rehacer sentimentalmente su vida.

No sé, yo... pienso que...

el amor verdadero es eterno

y puede vencer hasta a la muerte.

No sabía que eras tan romántica.

La verdad es que se ve muy pocas veces.

Me considero una mujer moderna, ¿eh?

He viajado mucho, he visto de todo, pero...

Bueno, en este aspecto sí que pienso que...

el amor auténtico solo viene una vez en la vida.

Si nunca te has casado. Ni te he conocido un novio.

¿Y qué pasa? ¿No puedo saber lo que es el amor verdadero?

No, claro que no, no quería decir eso.

De muy joven lo sentí, sentí ese amor.

Pero... no fui correspondida.

Y por eso nunca me he vuelto a enamorar.

Vaya.

Bueno, he tenido mis aventuras, no te vayas a creer.

(RÍEN)

Pero es cierto que no he querido casarme porque...

no podía hacerlo con el hombre que quería.

Yo creo que en el amor es todo muy relativo.

Y personalmente me alegro mucho de que mi padre recupere la ilusión.

Pero me da miedo que...

que vuelva a sufrir otra pérdida. Aunque no se puede controlar.

Cuando te gusta alguien, te gusta y ya está.

Como tú con tu novio policía, ¿no? (RÍEN)

Que te gusta y no puedes hacer nada por evitarlo, ¿verdad?

¿Qué pasa, no sientes verdadero amor por ese chico?

La palabra amor es muy seria.

No hay nada de malo en amar. Ya lo sé.

Pero quiero tomarme las cosas con calma.

Pero ¿qué le pasa a la juventud?

En mis tiempos, el amor no se llevaba ni despacio ni deprisa.

Era algo que te llevaba a ti,

algo arrebatador, que te dejaba sin sentido.

Está claro que los jóvenes de hoy sois más...

no sé, más materialistas.

Tampoco me malinterpretes.

Rober me gusta muchísimo y estoy muy a gusto con él.

Pero de ahí a que me vaya desmayando por las esquinas por amor...

Crees que estoy loca, ¿verdad?

No, claro que no.

Espe,

¿se puede saber qué haces con mi foto?

¿Por qué se la enseñas a todos los tíos que entran?

-Eh, para el carro. Yo no estoy haciendo nada malo.

-¿Quién era?

-Es un profesor. Da clases en un instituto del barrio.

-¿Y?

-Se le ha acercado una chica para contarle una situación de acoso.

No sabía que estaba sufriendo acoso hasta que ha leído el artículo.

La ha acompañado para poner la denuncia,

y como era muy majo, me he quedado charlando con él.

-Vale, perdona.

-Como puedes ver,

el artículo de Martín está siendo muy útil.

-Genial, la verdad es que me alegro. -Oye, sabes...

el profesor este, además de guapetón, listo y educado,

está soltero. (RESOPLA)

No te lo mereces por desconfiada, pero...

si quieres tengo su teléfono. Le puedes llamar algún día.

-No lo necesito, de verdad. Muchas gracias.

Y la próxima vez, lo enseñas sin foto, el artículo.

Esto no es un chat de ligoteo. Es una comisaría, Espe.

-Pero si estás guapísima.

A ver si no voy a poder yo presumir de compañera y amiga guapaza.

-Que me da igual. En serio. -Uy, uy, uy.

Ya sé lo que te pasa a ti, que...

estás nerviosa porque has quedado con Martín.

(RESOPLA) Vais a cenar, ¿no?

-Hemos quedado a cenar como amigos, nada más.

(ASIENTE) -Pero una cita es una cita.

-Pero qué cita ni qué cita, si hemos quedado en La Parra.

-Vaya cutre. Yo creía que te iba a llevar

a un sitio más moderno, del centro.

No sé, bueno, lo importante es el contenido, no la forma.

-¿Qué contenido ni qué contenido? -Lo llames como lo llames,

esta noche tienes una cita. Ese es el contenido de la historia.

(RÍE) Está más claro que el agua.

Una cita con Martín. (RÍE)

Comisario. Perdonad.

Lola, solo quería que supieras

que me acaban de llamar de Jefatura para felicitarnos

por el artículo de la UFAM.

Y estoy de acuerdo con ellos.

El artículo es magnífico.

Además, funciona.

Ha venido una chica para poner una denuncia después de leerlo.

Me alegro.

Bueno, solo era eso.

Oye, ¿tú crees que habrá oído lo de tu cita con Martín?

-Pues mira, no lo sé. Ahora mismo Bremón me da igual.

-Ah, ya no dices "Emilio".

-¿Sabes qué? Que si ha oído lo de la cita con Martín, mejor.

-Así me gusta.

Guerrera. (RÍE)

(Llaman a la puerta)

¿Sí?

Hola. Ah, hola, cariño. ¿Todo bien?

(Se cierra puerta)

Sí. He venido por trabajo.

¿Ah, sí? Menos mal. Menos mal que no le seguimos

dando vueltas a lo de Olga, quiero decir.

No, es que al Dr. Francisco Santiago

le han robado un talonario de recetas con el sello.

Antúnez se está ocupando, pero al ser tu centro de salud,

he querido acompañarlo.

Un talonario de recetas y el sello. (ASIENTE)

Espera a ver.

El mío está aquí, como nuevo.

Con las recetas electrónicas, casi ni lo usamos.

Pero esas recetas con el sello son perfectamente legales.

Claro que sí.

¿Han forzado la entrada? ¿Ha sido por la noche? No sé nada.

Es que el Dr. Santiago había salido cinco minutos a hacer un recado.

Y no tuvo la precaución de cerrar la puerta de la consulta.

Así que cuando entró, se encontró que se lo habían llevado.

¿Sabéis quién ha podido ser?

Todavía no sabemos nada.

Nadie ha visto nada,

nadie se ha fijado en que entrara alguien.

¿Tú has visto algo?

No. Como no sean estas cuatro paredes...

Me he pasado la mañana revisando expedientes.

Muy bien. Te saco de la lista de sospechosos.

Pero le diré a Antúnez que te vigile de cerca.

¿Ah, sí? Voy a hablar con un abogado.

(BURLONA) Mmm.

Esto lo hacen para conseguir opiáceos y anfetaminas.

Cosas que solo venden con receta. Es lo primero que hemos pensado.

Ya, bueno, pues espero que lo pilléis.

A mí el Dr. Santiago me cae muy bien.

Y no solo me cae muy bien, es un gran médico

y muy buena persona. Espero que no tenga problemas.

Hombre, creo que no. Antúnez está hablando

con los celadores, a ver si han visto algo.

Eso es, habla con los celadores. Esos se enteran de todo.

Vale. Un momento, un momento.

¿Qué tal Olga esta mañana?

(RESOPLA) Pues... pues con esa carita de pena,

que me parte el alma.

Pero no le he preguntado nada, no quería agobiarla.

Ya, pensé que se había desbloqueado y que te había contado algo.

Nada de nada. Me he tenido que morder la lengua.

Sé que tiene algo en la cabeza.

Y cuando Olga no dice nada, me preocupa.

Lo de Sofiya ha sido tremendo. No lo estará pasando nada bien.

Es que han sido un montón de emociones todas seguidas.

Primero que aparezca Sofiya, luego la posibilidad de que sea su madre

y después el batacazo con las pruebas de ADN.

Aunque, si quieres que te diga la verdad,

y sintiéndolo mucho por esa mujer...

Que te alegras de que no sea su madre.

Pues sí. Sí, me alegro, me alegro, vaya.

Bueno, anda. A ver si recobra fuerzas

y nos cuenta qué pasa por su cabecita.

(ASIENTE) Venga, me voy, que tengo un montón de malos que atrapar.

Eh.

Ay.

(Beso)

(RÍE)

(Se abre puerta)

(Se cierra puerta)

Bueno, llámame cuando llegues a Rostov.

Y me cuentas qué tal está tu padre.

Vale, y le enseñas fotos y vídeos míos.

No, no lo voy a dejar.

Había pensado que el próximo vídeo podría ser de la tarta Medovik.

Así, en tu honor, y te lo dedico.

No.

Pero no llores, Sofiya.

Yo no lloro porque vamos a seguir

hablando y haciendo videollamada y todo.

No me voy a olvidar de ti.

Adiós.

(Pasos que se acercan)

(RESOPLA)

-Uy, ¿y esa carita?

-Acabo de hablar con Sofiya, que ya ha aterrizado en Moscú.

Al final no era mi madre biológica.

Las pruebas de ADN dieron negativo. -No me digas, ¿en serio?

(RESOPLA) Olga, ¿y tú cómo estás?

-Pues hecha polvo, la verdad.

No me esperaba un resultado así.

Es que te... teníamos tantas cosas en común.

Nos llevábamos tan bien.

No sé, a las dos nos encantaba cocinar,

veníamos del mismo sitio

y teníamos una conexión tan especial en tan poco tiempo.

-Ella no es tu madre.

-Ya.

Pero, en ocasiones, cuando estaba con ella, sentía

que me entendía mejor y que tenía

más cosas en común con ella que con mi propia madre.

-Claro, pero porque Sofiya quería llevarse bien contigo a toda costa.

Por eso era todo tan fantástico y tan maravilloso.

Pero tú piensa, ¿cuántas veces te ha dicho que no?

-¿Que no a qué?

-Pues a cualquier cosa.

¿Cuántas veces te ha negado algo por tu propio bien?

¿O... te ha llevado la contraria?

¿O te ha dicho que estás haciendo algo mal?

Una madre, una madre de verdad,

te educa, te corrige y se enfada contigo aunque le duela muchísimo.

Eso es ser madre.

-Tienes razón.

-Tía, tú lo que tienes que hacer ahora es...

olvidarte del pasado y centrarte en tu futuro.

-Hola, chicas. ¿Qué queréis tomar?

-Ponme unos bollitos de esos tan ricos que hace mi amiga, porfa.

-Qué más quisiera yo.

-Es que con todo lo de Sofiya no he tenido tiempo casi de cocinar.

-Y no veas las quejas.

Después de probar tus dulces,

me tiran la bollería industrial a la cara.

-Pues normal.

-Pues ya está. A esto hay que ponerle remedio.

-No, no, no. No quiero que te sientas obligada.

-Si me va a venir fenomenal para tener la cabeza ocupada.

(ALEGRE) -Esa es la actitud, hombre. Claro que sí.

Ahora a centrarte en tu examen y en entrar en la escuela.

-Voy a hacer unos bollos de miel rusos.

En honor a Sofiya.

-Muy bien.

-Oye, guárdame dos o tres.

Bueno, Sali, luego te veo. -Vale, chao.

Qué serio.

¿Cómo ha ido en la ONG?

Ay, no me lo digas.

No quieren que vayas a Elliniko porque dijiste que no.

-Ha ido de maravilla.

No tienen a nadie con mi experiencia y me han dado el puesto.

-¿Y cuál es el problema?

-Pues que tengo que irme hoy.

Bueno, esta noche, de madrugada.

-¿Y por qué tan rápido?

-Es el vuelo más barato.

Y no solo es el más barato,

sino que tengo que hacer tres escalas hasta llegar allí.

-Vaya, no vamos a tener tiempo casi ni de despedirnos.

-Lo siento.

-Qué raro se me va a hacer no verte mañana mismo.

-Y yo no sé qué voy a hacer

cuando me despierte y no estés conmigo.

(SUSPIRA)

Esta noche va a ser la última vez que nos veamos en mucho tiempo.

(SUSPIRA)

-Sí.

Bueno, tú no te preocupes por nada.

Solo preocúpate de recoger tus cosas.

Y luego ven a buscarme al bar.

(Beso)

(Llaman a la puerta)

-Pasa, Marisa.

-Hola, Fernando.

(SORPRENDIDO) -Eh, hola.

Bueno, me habían dicho que quería verme

para hablar de un asunto personal,

pero si le soy sincero,

no sé si la conozco.

Su cara me suena de algo, pero...

no sé muy bien de qué.

-Que si me conoces...

Soy la hermana de Carmen.

-¿Inma? (RÍE)

Por Dios santo, qué alegría me da verte, mujer.

(RÍEN)

(Beso)

¿Cuánto hacía que no nos veíamos? Puede hacer ya...

casi treinta años.

-Ay, qué exagerado eres. -Pero siéntate.

Siéntate, por favor. ¿Quieres tomar un té, un café, agua?

-No, gracias, estoy bien. -¿No?

Bueno, pues no sé, ¿qué te trae por aquí, qué...

qué ha sido de tu vida todo este tiempo?

-He estado en el extranjero,

trabajando como traductora, en Ginebra.

-Eh, sí, algo así me habían dicho,

que estabas en Suiza, pero tampoco...

sé mucho más, la verdad.

-He venido a Madrid unos días por asuntos personales

y, bueno, para recuperar viejas amistades.

-Bueno, eso está muy bien. Volver a casa siempre está muy bien.

Aunque tú ya sabes que yo tenía una relación

mucho más estrecha y cercana con Carmen que contigo.

-Sí, es verdad.

En aquellos años yo era demasiado tímida

y bobalicona como para acercarme al chico

más guapo y canalla que conocía.

(RÍEN)

-Canalla, canalla... Mujer, no seas exagerada.

-Me quedo corta y lo sabes. (RÍE)

Pero, bueno, el amor es así.

Por muy canalla que fueras, no pude evitar enamorarme de ti, Fernando.

-Eh... vaya... no...

no tenía ni idea, no... no sé muy bien qué decir.

Supongo que en aquella época éramos muy jóvenes y...

y yo tampoco me enteraba de nada, no sé.

-Tú fuiste mi único y verdadero amor.

Ahora no hace falta ser hipócrita y que lo oculte.

¿No crees?

(RÍE INCÓMODO) -No, desde luego que no.

Verás, yo...

no sé, me... me siento muy halagado,

pero, ya te digo, no... no sé qué decir.

Me acabo de quedar... (RÍE)

un poco descolocado.

-No te preocupes.

Estoy tan acostumbrada a hablar de mis problemas que lo hago

cada vez que me siento con alguien. (RÍE)

Tranquilo, que no he venido a Madrid a seducirte.

-Ya, ya, lo imagino.

Supongo que habrás venido para que hablemos de...

de los viejos tiempos, de nuestra adolescencia,

de cuando nos tomábamos las litronas detrás del instituto.

(RÍE)

Tampoco es que hiciésemos mucho más, ¿no?

-Bueno, sí, hablábamos, ¿no?

Hablábamos de la vida, del futuro, de lo que queríamos hacer.

Veo que a ti te ha ido muy bien. Eres un empresario de renombre.

-Hace más de 20 años, nadie habría apostado un céntimo por mí.

Ni siquiera yo. Y, sin embargo, ahora fíjate.

Jamás me habría imaginado llegar hasta aquí.

-Sobre todo después de acabar en la cárcel.

-Bueno, la vida da muchas vueltas, Inma.

Y a medida que vamos creciendo,

nos vamos haciendo mayores y las cosas cambian.

-Bueno, hay cosas que no, ¿eh?

En casa te siguen poniendo a parir.

¿No será que sigues siendo un canalla?

(RÍE SIN GANAS) -Verás, no...

no... no sé muy bien hacia dónde quieres llevar todo esto...

y tampoco sé muy bien

lo que te hayan podido contar sobre mí.

-Pues los mismos comentarios que oía a mi padre,

que, como sabes, jamás aprobó tu relación con mi hermana.

-Disculpa.

-Perdón, no sabía que estaba ocupado. -No te preocupes. Sergio, pasa.

Pasa, hombre, pasa.

Eh, mira, te presento a Inma.

-Hola.

-Es la tía de Alicia, Alicia Ocaña.

-Ah. La tía de Alicia. Un placer.

-Conoces a mi sobrina.

-Sí. Bueno, fuimos juntos a la facultad.

Y hasta hace poco trabajaba en el bufete de Marcelino

y volvimos a reencontrarnos.

La verdad es que por su sobrina siento algo especial.

Le tengo mucho aprecio.

-Se te nota cuando hablas de ella.

Lo que no entiendo es que te dejara escapar.

Le diré que hizo muy mal.

-No, no, no le diga nada. Mejor que...

Están las cosas un poco... (RÍE)

-Tranquilo, ¿eh?, que estaba bromeando.

(RÍEN)

-Bueno, me voy.

Fernando, ha sido un placer verte.

-Lo mismo digo, Inma.

(Besos)

Un verdadero placer. Cuídate mucho.

-Hasta luego. -Hasta luego.

(Se cierra puerta)

-No entiendo nada. ¿De verdad es tía de Alicia?

-Sí que lo es, sí. Es la tía de Alicia Ocaña.

Lo último que supe es que estaba ingresada

en un sanatorio mental en Suiza.

No he querido sacar el tema para no herir sus sentimientos.

Pero te aseguro que esa mujer es capaz de desquiciar a cualquiera.

-Pues a mí me ha parecido una mujer muy agradable.

-Puede ser tremendamente agradable.

Pero también puede ser capaz de todo lo contrario.

Hace casi más de 30 años que no nos vemos

y se ha presentado aquí a comentarme...

no sé, unas cosas muy raras o muy extrañas.

Pero, en fin, nosotros a lo nuestro.

Si te he llamado para que vinieses,

es para otra cosa.

Toma, a ver qué te parece. -¿Qué es?

-Tu contrato.

¿No decías que querías trabajar conmigo en esta empresa?

-Sabía que entraría en razón. (ASIENTE BURLÓN)

Todos ganamos.

-Hola, Max. -Hola.

Dame un segundo. Enseguida estoy contigo, Eugenio.

Tengo que hacer cuentas. Es lo que tiene ser emprendedor.

Empiezas haciendo cuentas

y terminas haciendo rosarios.

-Pues yo siento decírtelo, pero vengo a darme de baja.

-¿Por qué? ¿Qué pasa? ¿Te tratamos mal?

-No, no tiene nada que ver con el gimnasio.

Me voy a Elliniko, cerca de Atenas, a ayudar en un campo de refugiados.

-Ah, si es por una buena causa, me alegro.

Un segundo, que te recalculo la cuota y te devuelvo el dinero.

-Muchas gracias, no me lo esperaba. -Bueno, faltaría más.

-También quiero darte las gracias

por todo lo que me has ayudado desde que llegué al barrio.

-Bueno, es... es mi trabajo, Eugenio.

Gracias a ti. Eres un gran tipo.

Y tienes espíritu luchador, ¿eh?

-Bueno, tampoco muy luchador. -¿Cómo que no?

Cuando llegaste, eras un tirillas que no levantabas peso, y mira.

El otro día te vi haciendo 30 flexiones.

-31. -Pues ya sabes, no dejes de entrenar.

Aunque estés en el fin del mundo. Y sabes cómo se hace.

Ya sabes, unas flexiones, una carrerita

y derecho a la vida saludable.

-Bueno, también tengo que admitir que...

de no ser por tus consejos,

nunca habría empezado a salir con Salima.

-De eso sí que estoy orgulloso.

De haber sido vuestro Cupido.

Ay, el primer amor.

Qué maravilla, qué pureza.

Hay gente que piensa que el primer amor es

el más importante de la vida.

-¿Tu primer amor fue la madre de Paty?

-¿Qué dices? No, hombre, no.

Nuria vino después.

Mi primer amor.

Mi primer amor se llamaba Rosamar.

Yo tenía 15 años.

Era una morena,

con el pelo rizado, guapísima.

Yo jugaba al básquet, y ella siempre venía a vernos jugar.

Su ilusión era hacer un equipo femenino de básquet.

Pero no podía, solo era una niña.

Y entonces, bueno, pues estaba ahí insistiendo, insistiendo...

y al final se puso a jugar con nosotros.

-Sería una adelantada para aquellos años.

-Y tanto. El colegio lo acababan de hacer mixto, ya ves.

Y ahí estaba Rosamar, con sus ideas locas.

A los curas los traía de cabeza.

-¿Y duró mucho en el equipo? -Claro, si jugaba bien.

Estábamos todos picados

porque no queríamos jugar peor que una niña.

A mí me encantaba estar con ella, la verdad.

No era la más guapa, ni la más popular, pero...

No sé, me gustaba.

Le encantaban los deportes. Sobre todo el básquet.

Era cuando ganamos la medalla de plata

por las Olimpiadas, ¿te acuerdas?

-Sí, con Corbalán, Iturriaga, Epi...

-Exacto. Fernando Martín, Romay, De la Cruz, la caña.

Buah, qué momentos.

No sabes la de días que fuimos a...

a animar al Estu con La Demencia.

Fueron los mejores momentos de mi vida, la verdad.

-¿Y que pasó?

-Pues qué va a pasar, que me fui a la mili.

Ya sabes cómo era aquello, ¿no? -Sí, se lo he oído a mucha gente.

-¿A mucha gente más mayor que tú?

Como yo, ¿no? (RÍE)

-¿Y no os escribíais durante ese tiempo?

-Claro que nos escribíamos. Al principio, mucho.

Luego las cartas se fueron distanciando. (SUSPIRA)

En fin, yo... empecé a boxear en la mili y...

La verdad es que cuando regresé,

hacía ya varios meses que no nos escribíamos.

Yo me obsesioné con el boxeo y ella...

yo creo que encontró nuevos amigos. No sé, nuevos intereses.

-Vaya, lo siento.

-"Na". La vida.

Lo que tengo claro es que lo que nos separó fue la mili.

-Nunca sabremos qué habría pasado...

-¿Que no? A mí siempre me ha pasado lo mismo.

La distancia me ha jodido muchas relaciones.

Ya sabes, ojos que no ven, corazón que no siente.

-¿En serio? -Sí, claro.

Distancia, sinónimo de fracaso en todas las relaciones.

Pero a ti no tiene por qué pasarte eso, Eugenio.

Tranquilo. Ahora los tiempos han cambiado.

Ahora hay mucha más comunicación, móviles, Internet.

-Ya, pero... -Pero nada.

Haces una videoconferencia y lo de "ojos que no ven" se acabó.

Y alegra la cara,

que creo que te sale a devolver una pasta.

-Entonces, ¿qué? ¿Qué te parece?

¿Es lo que esperabas?

-Esperaba una oferta generosa, y esta lo es.

No hay nada a lo que pueda poner una sola objeción.

(RÍE) -Bien.

Entonces...

-Estoy muy orgulloso de trabajar para usted.

A partir de ahora, voy a dedicarle el 100 % de mi tiempo.

-¿El 100 %? ¿Hasta ahora has estado trabajando para alguien más?

-No, no.

Colaboro con una ONG

ayudando a gente sin recursos del barrio.

No sé muy bien por qué me metí. He estado perdiendo el tiempo.

-Ah, no te creas. A mí me parece que has hecho muy bien.

Fíjate que la primera orden que te voy a dar como tu jefe

va a ser que sigas trabajando en esa ONG.

Como parte de tu horario de trabajo.

-No entiendo por qué. -Muy sencillo.

Por lo mismo por lo que yo construyo centros cívicos

y hago importantes contribuciones a causas benéficas, ¿no?

Tenemos la obligación de ayudar a los que más lo necesitan, Sergio.

Aquí en este barrio hay mucha gente que no tiene nada.

Absolutamente nada.

Y nosotros somos los únicos que les podemos ofrecer

algún tipo de ayuda desinteresadamente.

-Ese discurso que ha dicho es muy conmovedor.

-No es ningún discurso.

Es lo que hay.

-También es cierto que este tipo de acciones solidarias

le brindan a usted una fachada de honorabilidad.

(ASIENTE DIVERTIDO) -Chico listo.

-Está bien, seguiré trabajando en la ONG.

Por los más necesitados.

Y para tener un fácil acceso a la comisaría.

Eso siempre nos puede venir bien.

-Me parece estupendo.

(SUSPIRA)

Pasa, Jairo, pasa.

-Buenas, don Fernando. -¿Qué tal?

Ya sé que Sergio y tú os conocéis.

Solo quería decirte que a partir de ahora,

va a trabajar con nosotros en la empresa.

Su incorporación es inmediata.

Así que quiero que le enseñes un poco cómo funciona todo

y que hagáis un buen equipo, que os compenetréis muy bien, ¿eh?

Vosotros vais a ser mis hombres de confianza a partir de ahora.

Sabéis que se avecinan tiempos difíciles.

Tengo a la policía siguiendo cada paso que estamos dando

y tenemos que tener mucho cuidado, ¿de acuerdo?

-Será un placer trabajar contigo.

-Lo mismo digo. -Muy bien.

Sergio, si no te importa ahora, ¿puedes dejarnos solos?

Me gustaría hablar algo personal con mi amigo Jairo.

-Claro. Llevaré el contrato a Recursos Humanos

y me voy poniendo al día.

-Estupendo.

-Hasta luego. -Cierra al salir.

Siéntate, Jairo, siéntate.

(SUSPIRA)

Verás, eh...

Anoche vino a verme tu hermano.

Estaba harta de que robaran en el bar a sus clientes.

Lo típico, uno les distraía y otro les quitaba el teléfono.

En cuanto los vio, avisó a los clientes a gritos.

Ellos la agredieron y salieron corriendo.

¿Los tenéis localizados?

Tengo a uno de mis confites tras ellos. Están en el polígono.

Cuando llegue, tendrá una pila de móviles robados.

Muy bien.

Sacadles a esos chorizos una lista de clientes

y notificadla a Enlace.

Están detrás de una banda que roba en domicilios

y maneja móviles de segunda mano.

Ahora quiero asignaros otro asunto.

Miralles, que estamos a tope.

No me llores, Batista, no me llores,

que lo de los móviles estáis a punto de cerrarlo.

Han robado en el centro de salud.

Antúnez ha iniciado la investigación, pero...

Es más lento que el caballo del malo.

No hables así de un compañero. Perdón.

¿Qué es lo que han robado en el centro?

Un talonario de recetas en blanco

y el sello del Dr. Francisco Santiago.

¿Nada más?

Aprovecharon un descuido del doctor,

entraron en la consulta y no se llevaron nada más.

Seguro que han sido yonquis. Siempre están detrás de opiáceos.

No sé, pero me parece raro que solo se llevaran eso.

En los centros de salud hay material muy valioso y podrían sacar dinero.

Si están con el mono, les da igual.

Van a lo que van y no les importan las cámaras de seguridad.

Los pillaremos enseguida.

Yo creo que en esta ocasión te equivocas, Rober.

Antúnez ha recabado información en otros centros de salud

y resulta que les ha ocurrido exactamente lo mismo.

Están robando recetas y sellos de los médicos.

Creo que detrás hay una organización.

Pues igual ha sido otro vendedor cualquiera.

Compran legalmente en las farmacias

y luego lo pican y lo venden como polvo en la calle.

Podría ser, pero no os limitéis a esa línea de investigación.

A ver qué podéis sacar de las pistas que ya tenemos, ¿vale?

Las recetas están numeradas y con los nombres de los médicos,

sabremos si las están usando.

Bueno, yo preguntaré a mis confites del barrio.

A ver si ellos saben algo.

Bueno, pues yo sigo el rastro de las recetas.

Perfecto.

(Se abre puerta)

No me puedo creer que el capullo de mi hermano haya hecho algo así.

-No te pongas así con tu hermano. Tienes suerte, eres afortunado.

No todo el mundo puede ir diciendo

que tiene un hermano mayor dispuesto a cuidarle.

-Creí que le había quedado claro que no puede meterse en mi vida,

pero ya veo que no.

-Tu hermano solo quiere lo mejor para ti.

Y yo también.

(SUSPIRA)

He estado pensando mucho

después de la conversación que tuvimos anoche y...

Tú ya sabes que eres como un hijo para mí.

Así que no quiero que te pase nada malo.

También he estado pensando sobre...

todo lo que me estuviste comentando el otro día...

de esa chica, esa tal Paty, que te gusta tanto,

que no querías que se viese involucrada

o que se metiese dentro de nuestro mundo. Así que...

te voy a dar una última oportunidad.

-No le entiendo. -Muy fácil, Jairo.

O te vas o te quedas.

Si te vas, tranquilo. No pasa nada, no...

voy a tomar ninguna represalia contra ti,

no voy a pensar que me has traicionado

ni te voy a tener ningún tipo de rencor. No pasa nada.

Quedaremos como dos buenos amigos, lo que somos.

Al fin y al cabo, me has salvado la vida, ¿no?

Así que te debo una.

Sé que eres un tío fiel y leal y que...

confío totalmente en ti.

Cualquier cosa que sepas sobre mí, sobre esta empresa,

sobre nuestros negocios, contigo estará a buen recaudo.

-Todo eso está muy bien, pero ¿para qué iba a querer irme?

-No lo sé. Dímelo tú.

Pero si te quedas, Jairo,

si te quedas, tendrá que ser con todas las consecuencias,

porque tendrás un serio compromiso conmigo.

Y ese compromiso tiene que estar por encima de todo.

Por encima de tu hermano, por encima de las mujeres

y por encima de tu familia.

-Don Fernando, de hombre a hombre,

yo sé muy bien quién ha hecho por mí

mucho más que cualquiera de mis familiares.

Así que se lo digo una vez más.

Cuente conmigo para lo que sea.

¿De acuerdo?

Para mí, mi familia es usted.

-¿No quieres pensarlo un par de días o tres?

-No.

No hace ninguna falta.

(RÍE)

-Está bien.

Está bien, hijo.

Tú y yo vamos a hacer grandes cosas juntos, ya verás.

Por cierto, tengo aquí algo para ti.

(Se abre cajón)

Toma.

Es un modelo muy básico.

No tiene ni GPS ni Internet.

Así que no puede dejar rastro. -Ajá.

-Nuestros teléfonos podrían estar pinchados.

Si no ahora, dentro de poco.

Así que para cualquier llamada, cualquier cosa urgente

que tengas que decirme sobre trabajo,

los negocios, la empresa, lo haces por ahí.

El tuyo déjalo solo para asuntos personales.

¿Eh? -Okey, sin problema.

-Una última cosa.

Eh...

Ten mucho cuidado con tu hermano.

-Sí. Sí, sí. No se preocupe.

-Vale.

(Se abre puerta)

(Se cierra puerta)

-Gracias, bonita.

-Ayer me quedé con el nombre del cóctel que me pidió

y lo busqué por Internet. Nunca se sabe.

Igual algún cliente me lo vuelve a pedir.

Y por el nombre, negroni, pensaba que era un cóctel con café.

Y luego vi que el nombre venía de un duque.

-Conde. Conde Camillo Negroni.

-Eso. (RÍEN)

¿Quiere que le ponga alguna rodajita de limón o de naranja?

-Bueno, no soy mucho de experimentos.

Pero, bueno, por probar, ponme una de naranja, por favor.

-Lo que no ponía en la receta

es si sube rápido a la cabeza.

Parece un poco fuerte.

-Bueno, por uno no pasa nada,

pero como dijo Anthony Bourdain, después del cuarto es

como si te hubiera pasado por encima un tren de mercancías.

(RÍEN)

No sabes quién es, ¿verdad?

-No.

-Solo es uno de los chefs más famosos del mundo.

Teniendo un restaurante, te convendría saber estas cosas.

-Sí, tiene razón. Yo lo intento, lo que pasa

es que no llevo mucho tiempo en la restauración.

Mire.

(RÍEN)

-Bueno, tienes iniciativa, eso está muy bien.

-Gracias. Había pensado en preparar algunos

y dárselos a probar a los clientes.

Igual entre las dos lo volvemos a poner de moda.

-El negroni nunca ha pasado de moda, querida.

El problema es la gente, que no sabe distinguir

una bebida con clase de cualquier porquería.

(Pasos que se acercan)

-¿Inma?

-Hola.

Sergio, ¿verdad? -Eso es.

(Besos)

-¿Es la casualidad o el destino quien nos ha vuelto a unir?

-No creo en la casualidad ni en el destino.

Te vi y me acerqué a saludar.

-Quizá ha sido el destino quien te ha hecho mirar dentro.

-Quién sabe. -En fin, me has alegrado el día.

-¿Yo? -Sí.

Siempre es un placer para la vista encontrarse con un galán.

(RÍEN)

Qué palabra tan "vintage", galán, ¿no?

Pero así soy yo. Me aferro a las cosas con clase.

Como el negroni. -Un cóctel delicioso.

Pero un poco fuerte, ¿no? Después del tercero,

es como si te hubiera atropellado un mercancías.

(RÍE)

-Es después del cuarto, pero sí, eso dicen.

(RÍEN)

Así que mi sobrina te dejó escapar.

-Bueno, yo no tenía intención de escapar a ningún lado.

Fue cosa suya.

-Mi sobrina es muy caprichosa, o muy tonta.

Un abogado tan alto, tan guapo, con esos ojos tan azules.

(RÍE) -Sí, sí, sí, yo tampoco lo entiendo.

Junto con la extinción de los dinosaurios,

es uno de los grandes misterios de la vida.

(RÍE) -Y encima, con sentido del humor.

-No, la verdad es que lo pasé bastante mal.

Sobre todo porque me dejó por un compañero de la comisaría.

Un chico de barrio.

Feo, sin clase...

(RÍE) Pero, bueno, en fin...

Eso es lo más fascinante de las mujeres.

Que sois impredecibles.

-Sí, qué frase más certera.

Aunque sospecho que detrás de esa ruptura,

hay mucho más de lo que dices.

En cualquier caso, yo no me preocuparía tanto.

-¿Por?

-Igual no van tan en serio como tú crees.

Ese novio policía le ha propuesto que vaya a vivir con él.

Y ella ha dicho que no. (RÍE)

-No me digas.

-Lo he oído en casa.

No creo que Alicia esté tan enamorada de él.

Aún hay esperanzas.

(ASIENTE)

Me recuerdas a Fernando Quintero cuando era joven.

Un poco más elegante y... más guapo.

(RÍE) -Gracias.

Pues me encantaría saber cosas del pasado de Quintero.

Me voy a pedir algo. ¿Usted?

-No, yo estoy bien. -Deje que la invite a algo.

Podrá contarle a su sobrina lo galán que soy.

(RÍE)

-Bueno, está bien, pero con una condición.

-¿Cuál?

-Que me tutees.

-Por supuesto. (RÍE)

Pensé que sería una condición más difícil de cumplir.

-Ya lo ves, soy una mujer fácil.

(Se abre puerta)

(SUSPIRA) -No sé cómo me he dejado convencer para venir a Madrid.

(Se cierra puerta)

-Ay, tenías que salir de esa clínica,

dar un paseo, ver gente.

Si hasta el médico te lo ha recomendado.

(SUSPIRA) -Gente...

No me gusta cómo me miran por la calle.

Y cuando hemos entrado a tomar el café,

¿los has visto?

Eran tan indiscretos.

-Bueno, tampoco te miraban tanto.

Y si lo hacen, es por lo guapa que eres.

-Seguro.

Era como si todos llevaran escrito en la frente: "Pobrecita".

-Lo que tienes que hacer es olvidarte de la gente,

centrarte en nosotros

y sobre todo, en estar fuerte y en curarte.

(Se abre puerta)

(Beso)

-Hola.

-Hola.

Mira, Montse,

esta es Inma, mi cuñada.

-Encantada.

Me ha dicho Marcelino que estás unos días por aquí de visita.

Que vives en el extranjero.

-Sí, allí vivo.

-Qué bien.

-Pero, tranquila, que no me voy a quedar aquí mucho tiempo.

-¿Y tú?

-Yo tampoco.

Me tengo que ir.

-¿Entonces te llevo?

-No, no te preocupes, me cojo un taxi.

Es tarde y mañana tienes que trabajar.

No quiero molestar más.

-Si no es ninguna molestia.

-No, insisto, de verdad. Quiero marcharme.

Esta noche duermo en casa y mañana vuelvo a la clínica.

-Vale.

(Se abre puerta)

(Beso)

(Se cierra puerta)

¿A qué ha venido eso? -¿El qué?

-Lo sabes perfectamente. Has hecho que se sintiera incómoda.

-¿Qué le has contado de mí?

-Eso, que ibas a estar aquí unos días.

-Ya.

Y que cuando vine al entierro de mi hermana,

fue con permiso de la clínica psiquiátrica donde estaba ingresada.

Eso también, ¿no? -No.

Soy más discreto y respetuoso de lo que crees.

Te lo voy a volver a preguntar.

¿A qué ha venido esa agresividad contra mi invitada?

(RÍE IRÓNICA) -"Invitada".

Pensaba que era tu querida. -Inma.

-Acabas de enterrar a mi hermana

¿y ya estás buscando otra mujer que te caliente la cama?

Qué decepción se llevaría Carmen contigo.

Si es al revés, ella hubiese guardado un luto largo.

¿Ya nadie respeta nada aquí o qué? -Te estás pasando.

Hablas sin conocimiento de causa.

-No necesito más conocimiento de causa que la que he visto.

Acabas de besarla en el hogar que construiste con mi hermana.

Carmen merece mucho más respeto del que demuestras.

-¿Quieres hablar de respeto? Pues no menciones a tu hermana.

-No te hagas el ofendido ahora.

Siempre he pensado que Carmen era mucha mujer para ti.

-¿Tú quieres saber dónde estaba tu querida hermana cuando murió? ¿Eh?

Estaba de juerga, con su amante.

-Eso es mentira.

-Esa Carmen perfecta que tenías en tu mente jamás ha existido.

-Yo nunca la engañé. Y ella, en cambio, sí.

Si hasta estaba tramitando el divorcio a mis espaldas.

-Yo... no sabía nada.

-Bueno, pues ahora sí lo sabes.

Y ya que estás aquí de invitada,

espero que muestres un poco de respeto

por los que aún seguimos vivos.

Buenas noches.

-La cara de Espe cuando le he dicho que veníamos a La Parra.

Te ha puesto de cutre para arriba.

-Perdóname, esto ha sido cosa tuya.

(ASOMBRADA) No, sí, sí.

Tú dijiste que querías que fuéramos

a un sitio informal porque era una cena de amigos.

Que esto es lo que es. Que es donde estamos tranquilos.

(ASIENTE)

No, en esto que llaman la "friend zone".

(RÍE) "Friend zone".

-"Friend zone" total, eso sí.

-Digo yo que para una cosa así, tampoco hacía falta irse muy lejos.

Aquí lo importante es la compañía. Y yo estoy con la mejor.

-Muchas gracias. También es importante la comida,

y fíjate tú que yo prefiero muchísimo más

los restaurantes auténticos como este,

que las estrellas Michelín con 14 platos y todo eso.

-Olé, olé, olé, brindo por eso.

-Si fuera supersticiosa ya habría salido corriendo

para no atraer la mala suerte.

-No, no, perdóname, tú no te mueves de aquí.

No me dejas tirado hoy que me he puesto

mi trozo de cortina favorito. (RÍE)

-Brindo por las supersticiones.

-Brindo por ello.

Buenas noches.

Hombre, comisario, venga.

No quiero interrumpir.

Veo que estáis celebrando algo.

Sí, de alguna manera, estamos celebrando

que haya salido un gran artículo sobre víctimas de maltrato.

Felicidades. Ha tenido un resultado inmediato.

Una chica ha llamado para denunciar un caso de abusos nada más leerlo.

Qué bueno, ¿no?

Bueno, pues así tenemos otro motivo para brindar.

¿Se sienta y brinda con nosotros? No, gracias.

He venido a cenar algo rápido y me vuelvo al despacho.

Como sabes, vivo allí prácticamente.

Ya, no, sí, ya, me hago cargo.

Últimamente, se le debe ver poco el pelo por casa.

(RÍE) Así es. Buenas noches.

¿Lo de siempre, comisario? Sí, mi tortilla. Gracias, Salima.

Ya la tenía preparada.

(Murmullos)

-Salima, ¿me cobras, por favor?

-Esto lo pagamos a medias.

-No, hombre, de eso nada. De eso nada.

-Las cenas de amigos se pagan a medias.

-Bueno, pues nada, como tú digas.

Oye, me dejarás que al menos te invite a tomar algo, ¿eh?

Conozco un sitio que no está lejos de aquí.

Y, además, dan música en directo.

¿Qué, te apetece? -Pues ¿sabes lo que me apetece?

Bailar.

-¿Qué me estás contando? Pero ven, ven.

(RÍE) -Pedazo de propina.

Disculpe, comisario.

Si no le importa, hoy me gustaría cerrar pronto.

¿Pasa algo?

No. Bueno... es que mi novio se va mañana,

y quiero prepararle una sorpresa.

Mmm, qué bonito es el amor.

(Pasos que se acercan)

Me he recorrido el polígono entero, de arriba abajo.

Hasta he ido a las cabañas.

¿Y? ¿Has averiguado algo?

No he encontrado a nadie

que estuviese pasando ni recetas ni medicamentos.

Nadie sabe nada del tema.

A ver si el policía lento vas a ser tú y no Antúnez.

Parecías muy seguro de seguir esa pista.

Es lo que hacemos siempre y funciona.

Los malos no suelen tener mucha cabeza, y menos los yonquis,

que bastante tienen ya.

Yo he estado investigando farmacias.

Tendrán que ir con esas recetas a algún lado.

He preguntado si han vendido más medicamentos o anfetaminas.

O sea, algo que se salga de lo normal.

¿Y has encontrado algo?

Un par de ellas tienen una actividad sospechosa.

Pero ya están cerradas y no están de guardia.

Mañana iré a hacerles una visita.

Pero ahora me voy a casa porque estoy agotada.

Oye, Alicia...

llevo todo el día queriendo hablar contigo.

¿Y no puede ser mañana?

Pues no, porque si no te lo digo, reviento.

A ver, ¿qué pasa?

Aunque pueda llegar a entenderlo,

me jodió mucho que no vinieras a vivir conmigo.

Por lo menos cuando hablas, vas directo al grano.

Ya sé que yo no tengo un casoplón.

Si crees que a mí me importa eso, es que no me conoces de nada.

Ese casoplón es de mi padre, y yo ni quiero ni necesito algo así.

Me da exactamente igual la casa.

Lo que me importa es con quién la comparta.

Pues no entiendo por qué no te viniste conmigo.

Si es por dejar solo tu padre, es mayorcito ya, ¿no?

Rober, para.

¿Qué?

Tu hermano, mi padre, la casa...

estás buscando razones justamente donde no las hay.

¿Y dónde están las razones?

Aquí.

La razón soy yo.

Mira, de verdad, quiero... tomarme las cosas con calma.

Llevamos poco tiempo saliendo y ya tendremos tiempo

de vivir juntos y de otras muchas cosas.

Cuando te dije que no, no era un no para siempre.

Simplemente quería decir que ahora no.

Cuando llegue el momento, buscaremos una casa y una zona

que podamos pagar y que nos guste a los dos.

Y ya veremos si Jairo vive con nosotros.

Pero todo a su debido tiempo.

Vale, lo entiendo.

Ya sabes que nunca se me ha dado bien

hacer las cosas con cabeza y con tranquilidad.

Pues deja que yo me encargue de esa parte de la relación.

Vale. Pues yo me encargo de ser el impulsivo, ¿no?

(Beso)

¿Qué pasa? ¿No te gustan mis besos ya?

Sí, sí me gustan, pero aquí es mejor cortarse un poco.

Pues entonces vámonos a otro lado, ¿no?

Venga, anda.

(RÍE)

(SORPRENDIDO) Salima.

-Cierra la puerta, por favor.

(Se cierra puerta)

(Ruido de llave)

-¿Has... preparado todo esto para mí?

-He echado a la gente pronto del bar y he cocinado solo para nosotros.

¿Te suena la comida?

-Es la misma cena que tomamos en nuestra primera cita.

-Sí.

Pero esta vez no la ha preparado María.

Sino yo, con todo mi corazón.

Quería recordar cómo nos conocimos.

-Cuando nos conocimos, las cosas no fueron muy bien.

(RÍE) -Es verdad. Madre mía, te acusé de ser el violador.

Y te detuvieron y todo.

Yo no sé cómo seguiste hablándome.

-Bueno, yo me refería a...

las primeras veces que salimos juntos.

-Bueno, también tuvimos nuestros problemillas.

-Fueron un desastre.

Me puse enfermo, me desmayé...

-Igual ha sido un error recordar nuestra primera cita.

(SUSPIRA)

-Salima, estos meses han sido los mejores de mi vida.

-Parece que lo dices con pena.

(SUSPIRA)

-Es que me da mucha pena que todo esto se acabe.

-Eugenio...

¿estás cortando conmigo?

-No, no... Dios mío, qué torpe soy. No, no quiero cortar.

-¿Entonces? Si solo te vas unos meses,

no entiendo qué tiene que cambiar.

-Le he estado dando muchas vueltas a la cabeza.

Yo me voy muy lejos, mucho tiempo.

Tú eres la chica más guapa del mundo.

Trabajas de camarera y es imposible que no te salgan mil pretendientes.

Y yo no quiero que te quedes aquí esperando.

-¿Quién te crees que eres para decidir lo que tengo que hacer?

Si te espero, será porque a mí me da la gana.

-Nada me haría más feliz.

Pero no quiero obligarte a tener una relación a distancia.

No suelen acabar bien.

-¿Ah, sí?

Dime, ¿cuántas relaciones a distancia has tenido?

-Ninguna.

Sabes que tú eres mi primera novia.

-Entonces.

¿Quién dice que no podemos superarlo?

Eugenio, ¿tú quieres esperarme

aunque sea en la distancia y no nos veamos en meses?

-Yo sí.

-Y yo también.

Podría esperarte años si hiciera falta.

¿Dónde voy a encontrar a un hombre tan bueno y tan cariñoso como tú?

Es imposible.

¿Y qué son unos meses comparado con todos los años

que he tenido que esperar para que apareciese alguien como tú?

Puedo esperar sin problemas.

(Besos)

-Oye, ¿queréis que os eche una mano?

-No, hoy cocinamos nosotros.

Nos estás malacostumbrando, cariño.

Nos estás haciendo unos padres vagos.

Pero qué dices, si vosotros trabajáis todo el día.

Anda, ¿y tú qué?

Hoy has pasado un buen rato en La Parra.

¿Qué has hecho?

Pues he hecho pasteles de miel rusos.

La receta que me dio Sofiya.

A los clientes les han encantado.

Una pena que ella no los haya podido probar.

Ya estará llegando a Rostov.

Es que el viaje por carretera es muy largo.

Ya.

Ha sido un golpe muy duro, cariño, pero...

tenemos que mirar hacia delante.

Ya, mamá, pero yo no me puedo olvidar

de todo lo que ha pasado estos días de un plumazo.

Bueno, ya. ¿Qué ha pasado con lo del robo de las recetas?

Rober y Alicia están en ello, pero, para tu consuelo, te diré

que han robado en más centros de salud.

Ya no se respeta nada. Cuando nosotros éramos niños,

nos obligaban a llevar el traje de los domingos al médico.

(DIVERTIDA) En esa época, también había ladrones.

Bah.

-Papá, mamá, eh... tengo una cosa importante que deciros.

Lo que pasa es que no sé cómo expresarlo.

Tranquila, cielo, dinos lo que tengas que decir.

Bueno, es que...

la llegada de Sofiya y todo lo que ha pasado estos días,

pues me ha hecho pensar.

Me ha hecho pensar en mi pasado,

de dónde vengo...

y me he hecho muchas preguntas para saber quién soy yo de verdad.

Bueno, tú eres Olga, nuestra hija.

Perdóname, cariño, continúa.

A ver, sí.

Ante todo soy vuestra hija.

Pero, de repente, es como si tuviera un hueco enorme dentro de mí.

Siento que falta una parte de mí.

-¿Dónde quieres llegar?

(SUSPIRA)

-Me gustaría que me ayudaseis a encontrar a mis padres biológicos.

(SUSPIRA)

-Le conté la verdad.

Que su admirada hermana

tenía un amante y la noche que murió estaba con él.

-Ya sé que no quiere irse a vivir contigo,

a tu pisito de obrero.

¿Cuándo comprenderás que solo eres una diversión?

-Ayer conocí a Sergio Mayoral.

Me pareció un hombre maravilloso.

Alto, guapo, bien educado.

Te aseguro que conozco perfectamente a Sergio Mayoral.

Créeme, una mala elección

puede llevar al sufrimiento permanente.

¿Estás diciendo que mi madre se equivocó al casarse con mi padre?

Apareció él. -¿Él...?

-Y si las miradas matasen,

yo ya llevaría horas en la morgue.

-¿Que si es tan guapa en persona?

No me puedo creer que me preguntes esto.

No, ¡cálmate tú!

No, no, ¡cálmate tú!

La otra.

(SUSPIRA) Ponme la cuenta, Salima, por favor.

-¿Qué tal la tertulia?

-Tres mamarrachos soltando obviedades.

Es que hay demasiado mamarracho suelto.

Quiero hablar contigo lo de irnos a vivir juntos.

(SUSPIRA) Rober, estamos trabajando.

-Te invito esta noche a cenar.

-¿Para qué? ¿De qué quieres que hablemos?

-Ay, no quiero volver a Suiza sin, por lo menos...

haber cenado una noche contigo.

Ya no soy la misma niña tonta de hace casi 30 años.

Por favor, concédeme esto.

Como nos pilló por sorpresa, capeamos el temporal.

Pero esta noche espera una respuesta.

Sí, después de la decepción de Sofiya,

me ha extrañado que haya salido con esto, la verdad.

Y está claro que debemos apoyarla. Claro que sí.

Pero... si vamos a ayudarla a encontrar a sus padres biológicos,

no lo vamos a tener fácil. (NIEGA)

El incendio de los archivos nos va a complicar mucho la tarea.

(LLORA) ¿Qué le va a pasar a mi prima?

Que tendrá que responder por lo que ha hecho.

No solo es la autora intelectual y principal beneficiaria,

sino que, a diferencia de usted, no está cooperando.

He tenido muchas dudas sobre cómo plantearte algo...

y quiero hacerlo ahora. Es ahora o nunca.

-¿Qué ha "pasao"?

-Pues que estoy hasta las mismas narices ya

de tener que aguantar a cuatro chorizos de tres al cuarto

que no paran de jugarse la vida en la calle

por cuatro perras asquerosas, maldita sea, si es que...

me pongo de mala leche.

-No entiendo qué ha "pasao",

pero si necesita mi ayuda para lo que sea...

-Vamos a ver si me puedes ayudar.

¿Por qué no te comportas con dignidad,

como un comisario, como un adulto?

Ya está bien. En primer lugar,

yo no he montado ninguna bronca en público a Martín.

Dicen que te has comportado que como si fueras mi dueño.

¿Tan terrible es que me preocupe por ti?

¿Por qué te tienes tú que preocupar por mí?

¿Somos algo?

  • Capítulo 101

Servir y proteger - Capítulo 101

18 sep 2017

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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