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Semana Santa 2017 - Santos Oficios (Alcalá de Henares) - ver ahora
Transcripción completa

Buenas noches, hoy es Sábado Santo.

Después de las celebraciones del jueves y el Viernes Santo,

la iglesia en la vigilia Pascual está de alegría

por la resurrección de Jesucristo.

La Vigilia Pascual es la celebración por excelencia de los cristianos,

la más importante.

Está llena de expresiones litúrgicas que introducen al creyente

en el misterio que se celebra.

Los signos se suceden y nos proponen para ayudarnos a comprender

la grandeza de lo que estamos celebrando.

La celebración de la vigilia es muy expresiva.

Se comienza con la liturgia de la luz, el fuego del brasero,

enciende la luz del cirio pascual,

que a través del templo envuelto en la oscuridad de la noche,

termina prendiendo en una multitud de luces portadas

por todos los fieles.

La luz del cirio nos habla de Cristo resucitado.

La luz ha vencido a las tinieblas.

El segundo momentos de la palabra.

La santa iglesia llena de fe en las promesas del Señor

contempla las maravillas que Dios

realizó desde el principio en favor de su pueblo.

La palabra de Dios leída en esa celebración con paz

y reposo nos narra la historia

de la relación de la humanidad con el Señor.

La iglesia nos recuerda en esta no será historia de la salvación.

Comenzando con la creación,

pasando por la creación y liberación del pueblo de Israel

y el testimonio de los profetas.

Con la resurrección de Jesús entendemos que todo lo que ocurrió

formaba parte del plan de Dios para la humanidad.

Esta, incluso sin tener plena conciencia de ello,

desde siempre quería la reconciliación definitiva con Dios,

que solo podía darse en Cristo crucificado

y resucitado de entre los muertos.

El tercer signo es el agua, que nos recuerda las aguas del mar Rojo,

la profundidad y la muerte como el misterio de la cruz.

Pero enseguida se redescubre, como un manantial,

capaz de generar vida en medio de la muerte.

Se hace vivo a través del bautismo.

Se culmina la celebración pascual

con la invitación a participar en la mesa del Señor, la eucaristía,

preparada para su pueblo.

Para vivir con plenitud esa vigilia que acabo de describir,

es importante caer en la cuenta de que la resurrección de Jesús

no es solo un suceso que ocurrió en un momento de la historia.

Es mucho más.

Es un acontecimiento que traspasa la historia de la humanidad.

Lo que celebra hoy la iglesia nosotros la victoria de Cristo,

su reacción acaecida hace casi 2000 años,

lo que hoy celebramos es también nuestra victoria.

Y es bueno que situemos esta solemne celebración de la Pascua

en nuestra vida ordinaria.

No debemos vivir esta celebración como algo exterior a nosotros,

como si este acontecimiento tuviera que ver poco con mi vida,

con mis preocupaciones cotidianas, mis temores y mis esperanzas.

Pudiera parecer como si fuera algo del pasado,

ciertamente extraordinario,

y que la palabra

y predicación de Jesucristo se lo fuera como una exhortación

y un modo de comportarse verdaderamente admirable,

pero imposible de vivir y muy lejos de nuestras tareas diarias.

Pudiera parecer como si Jesús

si solo fuera un modelo extraordinario de vida,

un líder moral, quizás el más grande de la historia de la humanidad

y que su resurrección pudiera significar la confirmación

por parte de Dios por parte de Jesucristo.

Pero la resurrección de señoras es mucho más que eso.

Si solo fuera eso, todo seguiría igual, nada habría cambiado.

La humanidad seguiría siendo esclava de su pecado

y viviría así por miedo a la muerte.

Lo que hoy celebra la iglesia no es solo la resurrección de Jesucristo,

su victoria sobre la muerte,

lo que hoy celebra la iglesia de la resurrección de Jesucristo

y la resurrección nuestra.

La victoria de Jesucristo sobre la muerte

y sobre el pecado es también nuestro pecado que se convierten

en fuente de misericordia.

Quien primero experimentar la misericordia es Jesús,

que en su resurrección la recibe primero en sí mismo,

pues el amor del Padre es más fuerte que la muerte.

Es entonces cuando se revela a sí mismo como fuente inagotable

de misericordia nos exhorta a cada uno a ser misericordiosos

como el Padre.

Esa es la gran verdad que hoy celebramos,

que nuestra vida está unida a la de Cristo

y pasamos de la vida a la muerte.

Estamos entrando en una vida nueva que no conoce la muerte

y que se entrega sin reservas a los demás.

Lo que sucedió ya sacramentalmente en el bautismo,

nuestra incorporación a Cristo tiene que irse realizando día a día,

en la fe, en la esperanza y en el amor.

Iluminando y transfigurando nuestros pensamientos, nuestras palabras

y nuestras acciones en la vida diaria, en todo lo que sentimos

y hacemos, aún en las cosas más pequeñas.

En esta noche santa cada uno debemos asumir también nuestro papel.

Dejemos que la llama prenda, no solo en la candela litúrgica,

sino especialmente en nuestro corazón.

Feliz Pascua de resurrección a todos.

-Queridos hermanos,

en esta noche santa en que nuestro Señor Jesucristo

ha pasado de la muerte a la vida,

la iglesia invita a todos sus hijos diseminados por el mundo

a que se reúnan para velar en oración.

Si recordamos así la Pascua del Señor,

escuchando su palabra y celebrando sus misterios,

podremos esperar tener parte sobre la muerte

y vivir con él en Dios. Oremos.

Dios, que por medio de tu hijo has dado a los fieles

la claridad de tu luz.

Permite que está Pascua encienda en nosotros deseos

--esta

para llegar a las fiestas de la eterna luz.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Cristo, ayer y hoy,

principio y fin.

Alpha y Omega.

Suyo es el tiempo y la eternidad.

Por los siglos de los siglos, amén.

Por sus llagas

santas y gloriosas.

Nos protejan

y nos guarden

Jesucristo nuestro señor, amén.

Y del fuego que se acaba de bendecir, ese fuego nuevo,

también se enciende este cirio,

un nuevo cirio que esta noche nos habla de novedad.

Hemos visto cómo el obispo de la diócesis de Alcalá de Henares,

desde donde celebramos esta Vigilia Pascual,

ha encendido este cirio que anuncia a Cristo resucitado,

que ahora entra en la iglesia a oscuras.

Y poco a poco se irá encendiendo la luz.

Luz de Cristo,

demos gracias a Dios.

Y de salud del cirio pascual,

este cirio nuevo recién bendecido y encendido,

poco a poco van a ir tomando la luz.

El obispo, los celebrantes,

también en la procesión participan los catecúmenos,

los que van a ser bautizados esta noche,

sus padrinos, los catequistas que los han preparado.

Luz de Cristo, demos gracias a Dios.

Y poco a poco la iglesia se va llenando de luz.

En esta vigilia,

una de las celebraciones más antiguas ante la iglesia

y la celebración más importante de todo el año litúrgico

porque esta fiesta, la Vigilia Pascual,

la celebración de la resurrección de Jesús,

es el centro de todas las celebraciones de la iglesia.

Durante estos días, y especialmente esta noche,

tenemos que estar atentos a todos los signos.

Luz de Cristo, demos gracias a Dios.

Les invitaba a estar atentos a todos los signos

que la liturgia nos ha reserva para esta noche.

Hemos empezado con un fuego fuera de la iglesia,

con la iglesia con poca luz.

Poco a poco ha ido aumentando la luz en esta iglesia magistral

de Alcalá de Henares

a medida que el diácono anunciaba a los fieles que Cristo es la luz,

que Cristo rompe las tinieblas de la noche.

Esta noche también

tenemos la renovación de las promesas bautismales.

Aquí también habrá bautizos,

se bendecirá el agua que recibiremos después sobre nosotros.

Una noche para escuchar la palabra de Dios.

Ahora hay más lecturas que en otras celebraciones.

Y es que las lecturas del Antiguo y el Nuevo Testamento

quieren hacernos comprender,

explicarnos el misterio que celebramos.

Vamos a escuchar ahora el pregón pascual.

Será Juan José Baena

quien, después de haber pedido la bendición al obispo,

ha inciensado el cirio pascual,

y también ahora el libro donde está el pregón de la Pascua.

Escuchamos con atención a qué nos invita a la iglesia celebrar

esta noche.

Exhorten los coros de Los Ángeles.

Exhorten los coros de los ángeles.

Exhorten las jerarquías del cielo.

Y por la victoria de rey tan poderoso.

Que las trompetas anuncien la salvación.

Goce también la tierra,

inundada de tanta claridad.

Y que, radiante con el fulgor del rey eterno,

se sienta libre de la tiniebla

que cubrirá el oro entero.

Alégrese también nuestra madre, la iglesia,

revestida de luz tan brillante.

Resuene este templo

con las aclamaciones del pueblo.

Por eso, queridos hermanos,

que asistís a la admirable claridad de esta luz santa,

invocad conmigo la misericordia

de Dios omnipotente.

Para que aquel que, sin mérito mío,

me agrego al número,

--agregó

infundiendo el resplandor de su luz,

me ayude a cantar las alabanzas de este cirio.

El Señor esté con vosotros.

Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.

Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario aclamar con nuestras voces

y con todo el afecto del corazón

a Dios invisible

el Padre todopoderoso.

Y a su único hijo,

nuestro Señor Jesucristo.

Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre

la deuda creada

y, derramando su sangre,

canceló con misericordia el recibo del antiguo pecado.

Porque estas son las fiestas de Pascua,

en las que se inmola el verdadero cordero,

cuya sangre consagra las puertas de los fieles.

Esta es la noche

en que sacaste de Egipto a los israelitas,

nuestros padres,

y los hiciste pasar el mar Rojo por caminos secos.

Esta es la noche

en que la columna de fuego

esclareció las tinieblas del pecado.

Esta es la noche

en la que, por toda la tierra,

los que confiesan su fe en Cristo

son arrancados de los vicios del mundo

y de la oscuridad del pecado.

Son restituidos a la gracia

y son agregados a los santos.

Esta es la noche

en que, rotas las cadenas de la muerte,

Cristo asciende victorioso del abismo.

De qué nos serviría haber nacido,

si no hubiéramos sido rescatados.

Qué asombroso beneficio

de tu amor por nosotros.

Qué incomparable ternura y caridad

para rescatar al esclavo, entregarse al hijo.

Necesario fue el pecado de Adán

que ha sido borrado por la muerte de Cristo.

Feliz la culpa

que mereció tal redentor.

Qué noche tan dichosa,

solo ella conoció el momento

en que Cristo resucitó de entre los muertos.

Esta es la noche de la que estaba escrito,

será la noche clara como el día.

La noche iluminada por mi gozo.

Y así esta noche santa

ahuyenta los pecados,

lava las culpas,

devuelve la inocencia a los caídos.

La alegría a los tristes.

Expulsa el odio,

trae la concordia,

doblega a los poderosos.

En esta noche de gracia

acepta, Padre Santo, este sacrificio vespertino de alabanza.

Que la santa iglesia te ofrece por medio de sus ministros,

en la solemne ofrenda de este cirio,

hecho con cera de abejas.

Sabemos ya lo que anuncia esa columna de fuego,

ardiendo en llama viva para gloria de Dios.

Y aunque distribuye su luz,

no mengua al repartirla.

Porque se alimenta de esta cera fundida

que elaboró la abeja fecunda

para hacer esta lámpara preciosa.

Qué noche tan dichosa

en que se une el cielo con la tierra,

lo humano y lo divino.

Te rogamos, Señor,

que este cirio consagrado a tu nombre

arda sin apagarse

para destruir la oscuridad de esta noche

y, como ofrenda agradable,

se asocie a las hogueras del cielo.

Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,

ese lucero que no conoció caso y es Cristo.

Tu hijo resucitado que, al salir del sepulcro,

brilla sereno

para linaje humano.

Y vive y reina glorioso,

por los siglos de los siglos.

Amén.

Hemos escuchado el pregón pascual cantado por Juan José Baena.

Esta es la noche, ha repetido varias veces.

Comienza ahora la liturgia de la palabra.

Queridos hermanos,

con el pregón solemne de la Pascua

hemos entrado en la noche santa de la resurrección del Señor.

Escuchemos en silencio meditativo la palabra de Dios.

Recordemos las maravillas que Dios ha realizado

para salvar al primer Israel

y cómo en el avance continuo de la historia de la salvación,

al llegar los últimos tiempos, envió al mundo a su hijo

para que, con su muerte y su resurrección,

salvara a todos los hombres.

Mientras contemplamos la gran trayectoria de esa historia santa,

oremos intensamente para que el designio de salvación

que Dios inició con Israel llegue a su plenitud

y alcance a toda la humanidad

por el misterio de la resurrección de Jesucristo.

Vamos a escuchar ahora las lecturas.

Podemos sentarnos y apagar los sirios.

--cirios

Una especie de diálogo entre Dios, que irá hablando a su pueblo.

Y el pueblo corresponde con los salmos y la oración

que después de cada una de las lecturas hará el celebrante.

Lectura del libro del Génesis.

Al principio creó Dios el cielo y la tierra.

Y dijo Dios:

"Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza,

Vio Dios que la luz era buena

y separó la luz de la tiniebla.

Llamó Dios a la luz día y a la tiniebla llamó noche.

Pasó una tarde, pasó una mañana. El día primero.

Y dijo Dios:

"Exista un firmamento entre las aguas

que separe aguas de aguas".

E hizo el firmamento y separó las aguas de debajo del firmamento

de las aguas de encima del firmamento. Y así fue.

Llamó Dios al firmamento cielo.

Pasó una tarde, pasó una mañana, el día segundo.

Dijo Dios:

"Júntense las aguas de debajo del cielo en un solo sitio

y que aparezca lo seco". Y así fue.

Llamó Dios a lo seco tierra y a la masa de las aguas llamó mar.

Y vio Dios que era bueno.

Dijo Dios: "Cúbrase la tierra de verdor,

de hierba verde que engendre semilla.

Y de árboles frutales que den frutos según su especie

y que lleven semillas sobre la tierra". Y así fue.

La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según su especie.

Árboles que daban fruto y llevaba semilla según su especie.

Vio Dios que era bueno.

Pasó una tarde, pasó una mañana. El día tercero.

Dijo Dios:

"Existan lumbreras en el firmamento del cielo

para separar el día de la noche, para señalar las fiestas,

los días y los años.

Y sirvan de lumbrera en el firmamento del cielo

para iluminar sobre la tierra". Y así fue.

E hizo Dios dos lumbreras grandes,

la lumbrera mayor para regir el día,

la lumbrera menor para regir la noche y las estrellas.

Dios las puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra,

para regir el día y la noche,

y para separar la luz de la tiniebla.

Vio Dios que era bueno.

Pasó una tarde, pasó una mañana, el día cuarto.

Dijo Dios:

"Bullan las aguas de seres vivientes

y vuelen los pájaros frente al firmamento del cielo".

Creó los grandes cetáceos y los seres vivientes que se deslizan

y que las aguas fueron produciendo según sus especies.

Y vio Dios que era bueno.

Luego los bendijo Dios diciendo:

"Sed fecundos y multiplicaos.

Llénense las aguas del mar y que las aves se multipliquen en la tierra".

Pasa una tarde, pasó el día quinto.

Dijo Dios: "Produzca la tierra seres vivientes según sus especies.

Ganados, reptiles y fieras según su especie". Y así fue.

E hizo Dios las fieras según sus especies,

los ganados según sus especies en losa reptiles según sus especies.

--y los

Y vio Dios que era bueno.

Dijo Dios: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza,

que domine los peces del mar, las aves del cielo,

los ganados y los reptiles de la tierra".

Y creó Dios al hombre, a imagen de Dios lo creó.

Varón y mujer los creó.

Dios los bendijo y les dijo Dios:

"Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla.

Dominad de los peces del mar,

las aves del cielo y todos los animales que se mueven

sobre la tierra".

Y dijo Dios: "Mirad, o se entregó todas las hierbas que engendran

semillas sobre la superficie de la tierra

y todos los árboles frutales que engendran semilla.

Os servían de alimento.

Y la hierba verde servirá de alimento a todas las fieras

de la tierra, todas las aves del cielo.

A todos los reptiles de la tierra y a todo ser que respira". Y así fue.

Vio Dios todo lo que había hecho y era muy bueno.

Pasó una tarde, pasó una mañana, el día sexto.

Así quedaron concluidos el cielo, la tierra y todo el universo.

Y habiendo concluido el día séptimo la obra que había hecho,

descansó el día séptimo de toda la obra que había hecho.

Palabra de Dios.

(Música de órgano)

Envía tu espíritu, Señor.

Y recuerda la paz de la tierra.

Envía tu espíritu, Señor.

Y recuerda la paz donde la tierra.

Dios mío, qué grande eres.

La luz te envuelve como un manto.

Envía tu espíritu, Señor.

Y recuerda la paz de la tierra.

Asentarte la tierra sobre sus cimientos

--Asentaste

y no vacilará jamás.

La cubriste con el manto del océano

y las aguas se posaron sobre las montañas.

Envía tu espíritu, Señor.

Y recuerda la paz de la tierra.

De los manantiales sacas los ríos

para que fluyan entre los montes.

Junto a ellos habitan las aves del cielo

y entre las frondas se oye su canto.

Envía tu espíritu, Señor.

Y recuerda la faz de la tierra.

Cuántas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con sabiduría.

La tierra está llena de tus criaturas.

Bendice al Señor.

Envía tu espíritu, Señor.

Y recuerda la faz de la tierra.

Oremos.

Dios, que admirablemente creaste al hombre y lo redimiste.

Concédenos resistir sabiamente a los atractivos del pecado

para alcanzar la eterna alegría.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amén.

Lectura del libro del Éxodo.

El señor dijo a Moisés:

"Di los hijos de Israel que se pongan en marcha.

Extiende tu mano sobre el mar

y divídelo para que los hijos de Israel pasen por medio del mar,

por lo seco. Yo haré que los egipcios se abstienen

y entren detrás de vosotros

y me cubriré de gloria a costa del faraón oteo su ejército,

de sus carros y sus jinetes.

Así sabrán los egipcios que yo soy el señor,

cuando me haya cubierto de gloria a costa del faraón, de sus carros

y sus jinetes".

Se puso en marcha el ángel del señor,

que iba al frente del ejército de Israel, y pasó a retaguardia.

También la columna de nube que iba delante de ellos se desplazó

y se colocó detrás,

poniéndose entre el campamento de los egipcios y el de Israel.

La nube era tenebrosa y transcurrió toda la noche

sin que los ejércitos pudieran aproximarse el uno al otro.

Moisés extendió su mano sobre el mar

y el Señor hizo retirarse el mar con un fuerte viento del este,

que sopló toda la noche.

El mar se secó y se dividieron las aguas.

Los hijos de Israel entraron en medio del mar, en lo seco,

en las aguas les hacían de muralla, a derecha e izquierda.

Los egipcios los persiguieron y entraron tras ellos,

en medio del mar.

Todos los caballos del faraón, sus carros y sus jinetes.

Era ya la vigilia matutina

cuando el Señor miró desde la columna de humo y fuego

hacia el ejército de los egipcios,

y sembró el pánico en el ejército egipcio.

Trabó las ruedas de sus carros, haciéndoles avanzar pesadamente.

Los egipcios dijeron:

"Huyamos ante Israel porque el Señor lucha con él

ante Egipto".

Luego dijo el Señor a Moisés: "Extiende tu mano sobre el mar

y vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus carros y jinetes".

Moisés extendió su mano sobre el mar

y al despuntar el día el mar recobró su estado natural,

de modo que los egipcios en su huida toparon con las aguas.

Así precipitó el Señor a los egipcios en medio del mar.

Las aguas volvieron y cubrieron los carros,

los jinetes y todo el ejército del faraón que había entrado en el mar.

Ni uno solo se salvó.

Más los hijos de Israel pasaron en seco por medio del mar,

mientras las aguas hacían de muralla a derecha e izquierda.

Aquel día salvó el Señor a Israel del poder de Egipto

e Israel vio a los egipcios muertos en la orilla del mar.

Vio pues Israel

la mano potente que el Señor había desplegado contra los egipcios.

Y temió el pueblo al Señor,

y creyó en el Señor y el Moisés, su siervo.

Entonces, Moisés y los hijos de Israel

entonaron este canto al Señor.

Cantemos al Señor, sublime su victoria.

Cantemos al Señor, sublime su victoria.

Cantaré al Señor, sublime es su victoria,

caballos y carros ha arrojado en el mar.

Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

Él es mi Dios, yo lo alabaré.

El Dios de mis padres, yo lo ensalzaré.

Cantemos al Señor, sublime es su victoria.

El Señor es un guerrero, su nombre es "El Señor".

Los carros del faraón los lanzó al mar,

ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.

Cantemos al Señor, sublime es su victoria.

Las olas los cubrieron,

bajaron hasta el fondo como piedras.

Tu diestra, Señor, es magnífica en poder,

Tu diestra, Señor, es fuerte y terrible.

Tu diestra, Señor, tritura al enemigo.

Cantemos al Señor, sublime es su victoria.

Los introduces y los plantas en el monte de tu heredad,

lugar del que hiciste tu trono, Señor,

santuario, Señor, que fundaron tus manos.

El Señor reina por siempre jamás.

Cantemos al Señor, sublime es su victoria.

Oremos.

Dios, padre supremo de los creyentes,

que multiplicas sobre la tierra los hijos de tu promesa,

con la gracia de la adopción y por el misterio pascual.

Hiciste de tu siervo a Abraham padre de todas las naciones.

Concede a tu pueblo

responder dignamente a la gracia de tu llamada.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amén.

Lectura de la profecía de Ezequiel.

Me vino esta palabra del Señor, hijo de hombre,

la casa de Israel profano con su conducta

y sus acciones la tierra en que habitaba.

Me enfurecí contra ellos por la sangre que habían derramado

en el país y por haberlo profanado con sus ídolos.

Lo dispersé por las naciones

y anduvieron dispersos por diversos países.

Los he juzgado según su conducta y sus acciones.

Al llegar a las diversas naciones, profanaron mi santo nombre,

ya que de ellos se decía:

"Estos son el pueblo del Señor

y han debido abandonar su tierra".

Así que tuve que defender mi santo nombre,

profanado por la casa de Israel

entre las naciones adonde había ido.

Por eso, di a la casa de Israel,

esto dice el señor Dios:

"No hago esto por vosotros, casa de Israel,

sino por mi santo nombre,

profanado por vosotros en las naciones a las que fuisteis.

Manifestaré la santidad de mi gran nombre,

profanado entre los gentiles

porque vosotros lo habéis profanado en medio de ellos.

Reconocerán las naciones que yo soy el señor, oráculo del Señor Dios.

Cuando por medio de vosotros les haga ver mi santidad.

Os recogeré de entre las naciones,

os reuniré de todos los países y os llevaré a nuestra tierra.

Derramaré sobre vosotros un agua pura que los purificará.

De todas vuestras inmundicias os he de purificar.

Os infundir un corazón nuevo.

Arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra

y os daré uno de carne.

Os infundir en mi espíritu

y haré que camináis según mis preceptos

y que cumpláis mi mandato.

Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.

Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios". Palabra de Dios.

(Música de órgano)

Como busca la tierra corrientes de agua.

Como busca la tierra corrientes de agua.

Así mi alma te busca a ti, Dios mío.

Tienes sed de Dios, del Dios mío.

Cuándo entrará a ver el rostro de Dios.

Como busca la tierra corrientes de agua,

así mi alma te busca a ti, Dios mío.

Como marchaba la cabeza del fruto, hacia la casa de Dios.

Entre llantos de júbilo y alabanza,

en el bullicio de la fiesta.

Como busca la tierra corrientes de agua,

así mi alma te busca a ti, Dios mío.

Envía tu luz y tu verdad,

que ellas me ríen.

Y me conduzcan hasta tu nombre santo, hasta tu morada.

Como busca la tierra corrientes de agua,

así mi alma te busca a ti, Dios mío.

Envía tu luz y tu verdad, que ellas me guien,

y me conduzcan hasta tu monte santo, hasta tu morada.

Como busca la tierra corrientes de agua,

así mi alma te busca a ti, Dios mío.

Oremos.

Oh Dios, que para celebrar el misterio pascual

nos instruyes con las enseñanzas de los dos testamentos,

concédenos penetrar en los designios de tu amor

para que, en los dones que hemos recibido,

percibamos la esperanza de los bienes futuros.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amén.

-Al despertar este mediodía, solemnidad de la Pascua,

cantamos el himno de nuestra alabanza y nuestra súplica.

La iglesia estalla de júbilo,

se encienden las luces y las velas del altar para cantar gloria.

(Coro)

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos,

te adoramos, te glorificamos.

Te damos gracias, Señor Dios, rey celestial, Dios Padre

todopoderoso.

Señor, hijo único, Jesucristo.

Señor Dios, cordero de Dios, hijo del Padre.

Tú, que quitas el pecado del mundo,

ten piedad de nosotros.

Gloria, gloria.

Tú, que quitas el pecado del mundo,

atiende nuestra súplica.

Tú, que estás sentado a la derecha del Padre,

ten piedad de nosotros.

Gloria, gloria.

Porque solo tú eres Santo, solo tú, Señor,

solo tú, altísimo Jesucristo,

con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.

(Coro)

Oremos.

Oh Dios, que has iluminado esta noche santísima

con la gloria de la resurrección del Señor.

Aviva en tu iglesia del espíritu de la adopción filial

para que, renovados en cuerpo y alma,

nos entreguemos plenamente a tu servicio.

Por nuestro señor Jesucristo, tu hijo.

Que contigo vive y reina la vida del Espíritu Santo

y es Dios, por los siglos de los siglos.

-Amén.

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los romanos.

Hermanos, cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús

fuimos bautizados en su muerte.

Por el bautismo,

fuimos sepultados con él en la muerte

para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos

por la gloria del Padre,

así también nosotros andemos en una vida nueva.

Pues si hemos sido incorporados a él en una muerte como la suya,

lo seremos también en una resurrección como la suya.

Sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con Cristo

para que fuera destruido el cuerpo de pecado

y, de este modo, nosotros dejaremos de servir el pecado.

Porque quien muere, ha quedado libre del pecado.

Si hemos muerto con Cristo,

creemos que también viviremos con él.

Pues sabemos que Cristo,

una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más.

La muerte ya no tiene dominio sobre él.

Porque quien ha muerto, ha muerto al pecado de una vez para siempre.

Y quien vive, vive para Dios.

Lo mismo vosotros.

Consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

(Música de órgano)

Ante la cuaresma no se cantaba el aleluya.

Esta noche el diácono anunciará

al obispo que vamos a cantar el aleluya.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Aleluya, aleluya.

Aleluya.

(Música de órgano)

Este es el día en que actuó el señor.

Sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Dad gracias al Señor porque es bueno.

Porque es eterna su misericordia.

Aleluya, aleluya.

Que lo diga la casa de Israel.

Es eterna su misericordia.

Que lo diga la casa de Adán,

es eterna su misericordia.

Que lo digan los fieles del Señor.

Es eterna su misericordia.

Ese es el día en que actuó el Señor,

sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Dad gracias al Señor porque es bueno.

Porque es eterna su misericordia.

Aleluya, aleluya.

Escuchad, hay cantos de victoria

en las tiendas de los justos.

La diestra del Señor es poderosa.

Es excelsa la diestra del Señor.

La diestra del Señor es poderosa.

Es excelsa la diestra del Señor.

Este es el día en que actuó el Señor.

Sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Dad gracias al Señor porque es bueno.

Porque es eterna su misericordia.

Aleluya, aleluya.

El diácono,

después de haber pedido la bendición para proclamar el Evangelio,

lleva el libro de los evangelios en procesión.

El Señor esté con vosotros.

Y con tu espíritu.

Lectura de Santo Evangelio según san Mateo.

-Gloria a ti, Señor.

Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana,

fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro.

Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor,

bajando del cielo y acercándose,

corrió la piedra y se sentó encima.

Su aspecto era de relámpago

y su vestido blanco como la nieve,

los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos.

El ángel habló a las mujeres:

"Vosotras, no temáis.

Ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado.

No está aquí.

Ha resucitado, como había dicho.

Venid a ver el sitio donde yacía

e id aprisa a decir a sus discípulos:

"Ha resucitado de entre los muertos

y va por delante de vosotros a Galilea.

Allí lo veréis".

Mirad, os lo he anunciado.

Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro,

llenas de miedo y de alegría

corrieron a anunciarlo a los discípulos.

De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:

"Alegraos".

Ellas se acercaron,

le abrazaron los pies y se postraron ante él.

Jesús les dijo:

"No temáis,

id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea,

allí me verán".

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

Pues hemos terminado la proclamación de las lecturas

con el evangelio.

Y nos disponemos a escuchar las palabras de homilía

de Monseñor Juan Antonio Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares.

No está aquí, ha resucitado.

Esta es la mejor de las noticias.

La noticia o el acontecimiento

que cambia el rumbo de la historia.

Es curioso.

No acabamos de celebrar en el Viernes Santo

Acabamos de celebrar en el Viernes Santo

la muerte de Jesús en la cruz.

Él ha conseguido la victoria sin abatir a ninguno de los otros

que le llevan a la muerte.

Sin destruir a ninguno de los que le condenaban como inocente a morir.

Su muerte ha sido nuestra victoria porque es la victoria del amor.

Os decía ayer tarde que Jesús en la cruz está orando los salmos

y está dialogando con el Padre.

Ese diálogo no se interrumpe.

Lo descienden de la cruz, lo llevan a la sepultura

y antes de que se corrompa,

Dios Padre, por el Espíritu Santo, lo ha resucitado.

Y esta es la respuesta de Dios ante el sufrimiento inocente,

la respuesta de Dios Padre

ante aquel que ha muerto por nuestros pecados

y por nuestra salvación.

Dejarse matar ha sido nuestra victoria.

Insisto, la victoria del amor.

Y eso que ha sucedido en él,

no solo queda como un acontecimiento del pasado,

Cristo no pertenece al pasado.

Cristo está vivo, está resucitado.

Y la prueba de que está vivo y resucitado,

son estos hermanos adultos que van a ser bautizados esta noche.

Ellos, después de una catequesis de tres años,

por la fe y el bautismo,

se van a incorporar a la victoria de Cristo resucitado.

Y van a cambiar su ser.

El Señor les dará por su gracia todo lo que nos había prometido

desde Abraham que se ha cumplido en Jesucristo

y ahora lo cumple para ellos.

Y ellos, como adultos que van a recibir el bautismo,

es el signo más claro de que Cristo está vivo y ha resucitado.

Porque ellos han sido alcanzados por su gracia,

de tal manera que esta noche van a pasar a formar parte de la iglesia,

cuerpo de Cristo,

y van a ser incorporados a Jesucristo.

Por tanto, no estamos celebrando simplemente algo que pasó,

sino que estamos celebrando

el hoy permanente de la victoria de Jesucristo.

En un lugar, para nosotros, casi innombrable

se ha dado el giro a la historia.

Ahora podemos renacer a la esperanza.

Ahora podemos participar de la victoria de Jesucristo

y arriesgarnos, por medio de la esperanza,

a servirle con todas nuestras fuerzas.

Queridos hermanos,

que vais a recibir el bautismo esta noche,

es un acontecimiento que cambia todo el signo de vuestra vida.

No solo os incorporáis a participar en los sacramentos

y la escucha de la palabra con todos los fieles bautizados,

los que formamos la iglesia,

sino que, a partir de ahora, vuestro yo pequeño queda engrandecido

por el yo de Jesucristo.

Es algo que venía siendo prometido.

Es un nuevo Génesis, es algo que comenzó con Abraham,

algo que continuó con los profetas,

algo que acontece esta noche para vosotros,

que particiréis para renacer al hombre del resucitado.

--participaréis

Es un acontecimiento de gracia porque Cristo no ha resucitado

y acabó todo con él, sino que todo comenzó con él.

Es una nueva creación

y él ha querido hacernos participar de su mismo triunfo.

Por medio de la fe y por medio del bautismo.

De tal manera que nuestros hermanos que van a ser bautizados,

como todos los demás que estamos aquí participando

en esta noche santa, podemos decir: "Ya no soy yo.

Es Cristo quien vive en mí.

Esta es una mutación que cambia el ser, cambia nuestra condición

de hombres y mujeres a aquellos que van a participar en el triunfo

de la resurrección.

Es una noche santa para todo el mundo.

Esta semilla que se ha sembrado con la resurrección de Jesucristo

está llamada a ser un árbol frondoso, que es la iglesia,

que lleva en sus entrañas la misión de anunciar

la victoria del resucitado para que todos los hombres,

para que todos los que formamos los cinco continentes, el mundo,

podamos encontrar razones sentido para vivir con esperanza.

Ya todo es posible porque Cristo ha resucitado

y nos hace participar de su victoria.

Ya no estamos condenados a la muerte,

ya no estamos condenados al fracaso.

Estamos condenados a participar del sufrimiento de este mundo,

que es nuestra propia limitación,

de lo que significa la precariedad de nuestros pecados,

pero siempre enraizados en aquel que se baja de la vida

y es razón de nuestra esperanza.

Si lo comprenderíamos bien, nuestra vida cambiaría por completo.

Tenemos que dejarnos llevar por la gracia del Espíritu Santo,

vais a ser iniciados con el bautismo, con una confirmación

y participando en la eucaristía.

Los tres sacramentos que formarán en vosotros un sujeto nuevo,

que vivirá de la palabra de Dios, de la gracia de Dios

y entrará a formar parte de un yo más amplio, ello de la iglesia,

donde diréis con los demás:

"Creemos en Jesucristo, Dios padre, creemos en la iglesia".

Lo que parecía la soledad de nosotros mismos,

se ve ampliada por un sujeto amplio

de tal forma que vuestra familia a partir de ahora es la iglesia.

Donde habéis sido ayudados por vuestros catequistas

y donde ahora estáis invitados a participar

con la comunidad cristiana del triunfo de Jesucristo para que,

escuchando su palabra, celebrando la eucaristía y los demás sacramentos,

sigáis el que es el camino de la verdad y la vida.

No hay noticia más grande.

Por eso, la iglesia lo celebra en esta noche santa,

los signos son evidentes,

hemos encendido el fuego con el que comienza todo.

Es el fuego de purificación de todo lo que significa

la precariedad de nuestra vida

y es el fuego nuevo que nos invita a celebrar el paso

de la muerte a la vida, del hombre viejo al hombre nuevo,

de las tinieblas a la luz, porque Cristo ha resucitado.

Hemos entrado iluminados solo con el cirio pascual.

Poco a poco, ha ido disipando todas las tinieblas.

La luz de Jesucristo es más potente que todos aquellos

que nos pueden arrancar la fe,

todas las situaciones que nos hacen sucumbir

y entrar en el fracaso de esta vida.

Todo lo contrario, esta noche la luz disipa las tinieblas.

Todas las sombras desaparecen.

La participación en la resurrección de Cristo alumbra nuestro camino

como alumbró al pueblo de Israel por el desierto.

Hacia una tierra de libertad.

Es la tierra que vais a adquirir esta noche, la gracia de Dios,

que nos introduce en esta tierra de la promesa,

esa tierra de la libertad,

para vivir con el Espíritu Santo,

teniendo como signo de vuestra vida la calidad,

que es el contenido de los hijos de Dios.

Somos libres para amar,

somos libres para dar nuestra vida

como Jesucristo la ha dado en la cruz, sin miedo a entregarnos.

Es como el grano de trigo, que muele y surge el fruto.

La vida del cristiano es igual.

Seguir el camino de la cruz,

pero sabiendo que conduce a la resurrección y la vida.

Esta noche la iglesia junto al cirio pascual tiene,

después de toda la Cuaresma,

hoy se introduce en el paraíso.

Está todo adornado con flores.

Entramos nosotros donde el Señor tiene preparado nuestro banquete,

donde el cordero inocente se ofrece por nosotros

de tal manera que, alimentados del árbol de la vida,

no nos falte equipaje para el al cielo.

La eucaristía os introduce en el cielo.

Por la gracia de Dios nos acercamos a participar de ese banquete.

Estos son los frutos de la tierra prometida,

es el nuevo paraíso que el Señor tiene preparado para nosotros.

Anticipo de lo que después será el cielo.

Por eso, que exhulten los tronos y los coros y los ángeles.

Por fin, aquel que ha roto las cadenas asciende desde el abismo.

De tal modo que no sabe participar de la vida de Dios, de su gracia,

no se introduce en esta tierra.

Ahora, con esta iniciación cristiana

tenéis que continuar el camino de Jesucristo.

Entráis a formar parte del estipulado de Cristo.

Ser cristiano es servir a Cristo como discípulo,

reconociéndole como maestro,

sabiendo que nos conduce por los caminos hacia la salvación.

Es la Pascua, queridos hermanos.

Hemos de estar contentos.

Es la Pascua que el Señor nos hace revivir anualmente

para que nosotros vayamos adquiriendo la convicción

de que el Señor nos ha regalado la condición filial,

somos hijos y podemos hablar a Dios como padre

y él nos ha de llevar hacia el cielo.

Enhorabuena a todos. Enhorabuena a los catequistas y a los párrocos.

También a aquellos que estáis siguiendo desde casa

la celebración de la Vigilia Pascual gracias a TVE,

que llega hasta los hogares.

Una palabra particular para los que estáis en los hospitales

o recluidos en casa como impedidos.

Nada es definitivo en esta vida más que la gracia de Jesucristo.

Todos se les ha llamado a ser salvado.

No podemos dar nada como no resuelto.

Con la gracia de Dios lo podemos resolver todo.

Aquel que se sienta más solo,

que escuche esta noche el cántico de los ángeles

y el cántico del pregón pascual porque Cristo ha resucitado

llena de luz nuestro mundo, alumbra nuestro camino

y nos dirige al cielo.

Felices pascuas a todos.

Feliz paso de la muerte a la vida, de la sombra a la luz,

de las tinieblas a la vida,

que resplandece por la victoria de Jesucristo.

Y comenzará ahora la liturgia bautismal.

Primero, invocaremos a los santos con el canto de las letanías.

Después el señor obispo bendecirá el agua de la pila bautismal

y se celebrará el bautizo

de aquellos que se han estado preparando para esta noche.

Pidamos la misericordia de Dios padre omnipotente

en favor de estos siervos de Dios que piden el santo bautismo.

Y a quienes llamó y ha conducido hasta este momento,

les conceda con abundancia luz y vigor

para abrazarse a Cristo con fortaleza de corazón

y para procesar la fe de la iglesia.

Que les conceda la renovación del Espíritu Santo,

que con existencia vamos a invocar sobre esta agua.

Señor, ten piedad.

-Señor, ten piedad.

-Cristo, ten piedad.

-Cristo, ten piedad.

-Señor, ten piedad.

Santa María, madre de Dios.

-Ruega por nosotros.

-San José, su santo esposo.

-Ruega por nosotros.

Santos Miguel, Gabriel y Rafael, arcángeles de Dios.

Ruega por nosotros.

San Juan Bautista,

voz que clama en el desierto.

Ruega por nosotros.

Santa María Magdalena,

testigo del resucitado.

Ruega por nosotros.

Santos Pedro y Pablo,

columnas de la iglesia.

Ruega por nosotros.

Santos Mateo, Marcos, Lucas y Juan,

transmisores del Evangelio.

Ruega por nosotros.

Santos apóstoles de Señor, amigos del esposo.

Ruega por nosotros.

San Clemente, San Ireneo y San Cipriano,

padres de la iglesia.

Ruega por nosotros.

Santos niños, Justo y Pastor,

patronos de la diócesis Complutense.

Ruega por nosotros.

San Félix de Alcalá, mártir de Cristo.

Ruega por nosotros.

Santos Gregorio, Agustín, Atanasio y Basilio,

doctores de la iglesia.

Ruega por nosotros.

San Francisco de Asís,

icono de Cristo, pobre y crucificado.

Ruega por nosotros.

Santa Clara de Asís,

virgen de Cristo.

Ruega por nosotros.

Santa Catalina de Siena, Teresa de Jesús

y Teresa del Niño Jesús, doctoras de la iglesia.

Ruega por nosotros.

San Juan de Ávila,

pastor del clero secular español.

Ruega por nosotros.

San Diego de Alcalá,

apóstol de la caridad.

Ruega por nosotros.

San Lázaro, amigo del Señor.

Ruega por nosotros.

San Alfonso María de Gregorio, apasionado de la Inmaculada.

Ruega por nosotros.

San Juan Pablo II,

imagen de Cristo buen pastor.

Ruega por nosotros.

Todos los santos y santas de Dios.

Ruega por nosotros.

Muéstrate propicio.

De todo mal, de todo pecado, de la muerte eterna.

Líbranos, Señor.

Por tu encarnación, por tu muerte y resurrección,

por el envío del Espíritu Santo.

Líbranos, Señor.

Nosotros, que somos pecadores.

Líbranos, Señor.

Para que regeneres a estos elegidos

con la gracia del bautismo.

Líbranos, Señor.

Jesús, hijo de Dios vivo.

Reza por nosotros.

Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

Ha sido Alberto Morante,

maestro de ceremonias de este iglesia catedral,

quien ha cantado las letanías invocando a los santos.

Oh Dios, que realizas en tus sacramentos obras admirables

con tu poder invisible.

Y de diversos modos te has servido de tu criatura, el agua,

para significar la gracia del bautismo.

Oh Dios, cuyo espíritu en los orígenes del mundo

se cernía sobre las aguas para que, desde entonces,

concedieran el poder de santificar.

Incluso en las aguas torrenciales del diluvio curaste el nacimiento

de la nueva humanidad,

de modo que una nueva agua diera origen al bautizo.

Oh Dios, qué hiciste pasar por el mar Rojo a los hijos de Abraham,

para que la esclavitud fuera imagen de los bautizados.

Oh Dios, cuyo hijo, al ser bautizado por Juan en el agua del Jordán,

fue ungido por el Espíritu Santo.

Colgado en la cruz invertida de su costado agua junto con la sangre.

Y después de su resurrección mandó a los apóstoles:

"Haced discípulos a todos los pueblos.

Bautizándolos en el nombre del Padre, Hijo y Espíritu Santo".

Abre para tu iglesia la fuente del bautismo,

que está agua reciba por el Espíritu Santo la gracia de tu unigénito.

Para que el hombre creado a tu imagen

muera al hombre viejo le remarca como niño a una nueva vida

por el agua y el Espíritu Santo.

Te pedimos que el poder del Espíritu Santo por tu hijo

descienda sobre el agua de esta fuente,

para que los indultados con Cristo resuciten con él a la vida.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amen.

Queridos catecúmenos,

¿renunciáis a Satanás y a todas sus obras?

-Sí, renuncio.

-Y a todas sus seducciones.

-Sí, renunció.

-¿Creéis en Dios padre y en Jesucristo, su único hijo,

nuestro Señor, que nació de Santa María virgen, murió, fue sepultado,

resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre?

¿Creéis en el Espíritu Santo,

en la santa iglesia católica, en la comunión de los santos,

en el perdón de los pecados, la resurrección de la carne

y en la vida eterna?

-Sí, creo.

Después de haber profesado la fe en la que van a ser bautizados

los que se han venido preparando para esta noche,

recibirán ahora el bautizo.

Yo te bautizo,

en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

(Coro)

Casandra, yo te bautizo

en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Jesús, yo te bautizo

en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

-Amen.

--Amén

-María, yo te bautizo

en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Carmen, yo te bautizo

en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Lázaro, yo te bautizo

en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

-Amén.

-Melina, yo te bautizo

en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Ciprián, yo te bautizo

en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Adolfo, yo te bautizo

en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

En esta noche especialmente se administra el bautizo,

se celebra el bautismo, también la confirmación

en los que han sido ya bautizados,

los neófitos, los que han nacido a esta nueva vida,

se han ido vistiendo de una túnica blanca,

precisamente, para expresar esa nueva vida,

la vida de fe a la que han renacido.

Sois ya criaturas nuevas.

Natalie, Casandra, Jesús Carlo, Carmen, Adolfo,

Ciprián, María, Lázaro, Melina.

Habéis sido revestidos de Cristo.

Recibíd esta vestidura blanca que habéis de llevar siempre limpia

de manchas ante el tribunal de nuestro señor Jesucristo

para alcanzar la vida eterna.

Acércaos, padrinos y madrinas,

para entregar la luz a los neófitos.

Y los padrinos, aquellos que se comprometen también

a acompañar en el crecimiento de la fe a estos nuevos bautizados,

reciben esa vela,

ese cirio que está siendo encendido de la llama

que se ha tomado del cirio pascual.

Se comprometen también a custodiar, a conservar esa pequeña llama,

que es la fe, que ahora reciben,

y que día a día irán acrecentando.

Habéis sido transformados en luz de Cristo.

Caminad siempre, hijos de la luz,

a fin de que podáis salir con todos los santos

al encuentro del Señor, amén.

Queridos neófitos,

regenerados ya en Cristo y transformados en miembros suyos

y de su pueblo sacerdotal,

ahora solo os falta recibir el Espíritu Santo,

que ha sido derramado sobre nosotros.

El mismo que envió el Señor sobre los apóstoles el día de Pentecostés

y que ellos y sus sucesores confieren a los bautizados.

Vosotros recibiréis igualmente la fuerza prometida del Espíritu Santo,

con la que, configurados más perfectamente a Cristo,

deis testimonio de la pasión y resurrección de Jesús

y os hagáis miembros activos de la iglesia

para llevar el cuerpo de Cristo en la fe y en la caridad.

Oremos a Dios padre todopoderoso

y pidamos que derrame el Espíritu Santo sobre estos neófitos

para que los fortalezca con la abundancia de sus dones,

los consagre con su visión espiritual

y haga de ellos imagen perfecta de Jesucristo.

Ahora celebraremos también el sacramento de la confirmación.

Dios todopoderoso,

que regeneraste estos siervos tuyos y los libraste del pecado.

Escucha nuestra oración y envía sobre ellos el Espíritu Santo.

Llénalos de espíritu, sabiduría e inteligencia,

de consejo y fortaleza, de espíritu de ciencia

y cólmalos del espíritu de tu santo amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Ahora irán pasando de uno en uno para ser signados con el crisma,

para recibir la plenitud del Espíritu Santo.

Natalie, recibe por esta señal el don del Espíritu Santo.

La paz del Señor esté contigo.

Casandra, recibe por esta señal el don del Espíritu Santo.

La paz del Señor esté contigo.

Jesús, recibe por esta señal el don del Espíritu Santo.

La paz de Señor esté contigo.

María, recibe por esta señal el don del Espíritu Santo.

La paz del Señor esté contigo.

Carmen, recibe por esta señal el don del Espíritu Santo.

La paz del Señor esté contigo.

Lázaro, recibe por esta señal el don del Espíritu Santo.

La paz del Señor esté contigo.

Melina, recibe por esta señal el don del Espíritu Santo.

La paz del Señor esté contigo.

Ciprián, recibe por esta señal el don del Espíritu Santo.

La paz del Señor esté contigo.

Adolfo, recibe por esta señal el don del Espíritu Santo.

La paz del Señor esté contigo.

Ha concluido el rito del bautizo, de la confirmación,

de este grupo

de esta noche ha recibido estos sacramentos.

Ahora después toda la asamblea va a renovar el bautizo en esta noche.

Una liturgia que estamos viviendo,

en la que los cantos, todas las oraciones, los adornos, los cantos,

todo apunta a esta gozosa experiencia

que celebra la resurrección.

{1-Queridos hermanos, por el misterio pascual

hemos sido sepultados con Cristo en el bautismo.

Para que vivamos una vida nueva.

Por tanto, terminado el ejercicio de la Cuaresma,

renovemos las promesas del santo bautismo con las que en otro tiempo

renunciamos a Satanás y sus obras

y prometimos servir fielmente a Dios en la santa iglesia católica.

Queridos todos,

¿renuncian a Satanás? Y a todas sus obras. Y a todas sus seducciones.

¿Creéis en Dios todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?

¿Creéis en Jesucristo, su único hijo, nuestro señor,

que nació de Santa María Virgen, murió, fue sepultado,

resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre?

¿Creéis en el Espíritu Santo, la santa iglesia católica,

en la comunión de los santos, el perdón de los pecados,

en la resurrección de la carne y en la vida eterna?

Que Dios todopoderoso, padre de nuestro Señor Jesucristo,

que nos regeneró con el agua

y que nos concedió la revisión de los pecados,

nos guarde en su gracia en el mismo Jesucristo, nuestro Señor,

para la vida eterna. Amén.

(Música de órgano)

Todo esta noche las habla de vida, de gravedad.

Todo esta noche las habla de vida.

--nos

Este agua que se ha bendecido,

que se ha utilizado para bautizar a estos,

que ahora ya son miembros plenos de la iglesia, del cuerpo de Cristo.

El obispo va repartiendo también con ese signo el agua

recordando el bautismo de cada uno de los presentes.

Ese es un gesto que, especialmente,

en este tiempo nuevo litúrgico que empieza esta noche,

se repetirá en muchas de las celebraciones.

Especialmente, los domingos,

sustituyendo al acto al inicio de la eucaristía.

La expresión del agua,

este agua que purifica, que limpia, que lava.

El agua también que es signo de vida,

esa vida nueva que la iglesia reconoce,

una fe en Cristo

cuya resurrección esta noche recuerda toda la iglesia.

A ti, Señor Jesús, dirigimos en esta noche santa nuestras súplicas.

Y serán ahora algunos de los que han recibido el bautismo

y la confirmación,

también algún catequista de los que les han acompañado,

quienes harán la oración de fieles.

Por todos los que, reunidos en asamblea por todo el mundo,

renuevan esta noche su adhesión a Cristo Jesús. Roguemos al Señor.

-Por los catecúmenos, que iluminados por la luz de Cristo

se incorporan esta noche a la iglesia.

Por los sacramentos de la iniciación cristiana, roguemos al Señor.

-Por el papa Francisco, por nuestro obispo Juan Antonio,

por todos los obispos, sacerdotes,

diáconos y demás ministros de la iglesia, roguemos al Señor.

-Por el rey, por el gobierno de nuestro país,

por los gobernantes de todos los pueblos y naciones,

roguemos al Señor.

-Por toda la humanidad que, rescatada en Cristo de la muerte,

todavía sufre en la espera de su plena liberación. Roguemos al Señor.

-Por nosotros,

que renacidos del agua y del espíritu,

nos disponemos a participar en el banquete de la Pascua

y queremos vivir en plenitud en el misterio pascual.

Roguemos al Señor.

-Señor Jesús, primogénito de entre los muertos,

que descendiste a lo más bajo de nuestra condición humana

y ascendiste la gloria del padre,

llevando contigo a la humanidad caída.

Escucha la oración de tu iglesia,

tú que vives intercediendo por nosotros,

y reinas, por los siglos de los siglos.

Concluida esa parte de la liturgia de la palabra,

continúa la celebración como una eucaristía habitual,

con la liturgia eucarística,

con la presentación de los dones de las ofrendas.

(Coro)

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