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Semana Santa 2019 - Triduo Pascual, Santos Oficios - ver ahora
Transcripción completa

Fue un día como este.

Un día como este Dios padre resucitó de la entraña de la muerte al hijo.

Un día como este hizo florecer a Cristo,

que entregó su vida por amor.

Fue la primicia del reino.

Nos introdujo en el misterio del Sábado Santo

con la mirada puesta en la cruz.

Por ella, en las nuestras, la del pueblo crucificado.

Por ese continuo Sábado Santo

caminamos toda la vida en el tránsito entre la resurrección

y la cruz.

Un día como este, cuando parecía que el mal

y la desesperanza tenía la última palabra,

comienza una nueva creación entre la ausencia y el silencio.

Ahora vienen las sombras de la noche.

No tenemos miedo.

Cuando llega la oscuridad, los cristianos no nos encerramos,

sino que salimos de nuestras casas y buscamos el calor de la reunión

y el encuentro, como aquellas mujeres

de la primera Pascua, que se ponen en marcha juntas hacia el sepulcro.

La liturgia de hoy nos conducirá.

Lo visible nos atrapa hacia el misterio del amor de lo invisible.

Por eso nos reuniremos como pueblo

para contemplar el milagro de la nueva creación

que delante de nosotros Dios está realizando.

Lo hace transformando por amor a cada persona, a nuestra Iglesia

y a toda la humanidad.

Por eso, la celebración de hoy abraza todo lo que existe.

Será el fuego el que dará la bienvenida a la reunión del pueblo

de Dios.

Nos hará salir porque está fuera del templo,

como fuera salió Cristo a rescatar a los que estaban en el sepulcro.

Este sencillo fuego.

En medio de la noche, entenderemos el cirio pascual.

Con él entraremos en el pueblo, rompiendo la dureza de la noche.

La noche de tus heridas y las de la humanidad,

las de tus llantos y las de tus hermanos.

La noche de tus pobrezas y las de los pobres de la tierra.

Al llegar al altar, se desvanece la oscuridad.

Cuando nos entreguemos unos a otros, la pobreza de la luz de las velas.

Resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.

Esta noche es noche para escuchar.

Así seremos más pueblo.

Con la vida que traemos a cuesta,

escucharemos la palabra de forma nueva.

Como el relato de nuestra historia, que se le a la luz del cirio nuevo.

Veremos que todo cobra sentido en Cristo,

hasta poder cantar juntos la gloria.

La gloria de Cristo, que llena el templo de luz,

campanas, sonidos y canto.

Esta es una noche para ver y abrir los ojos del alma.

Como la primavera está en cada brote,

así contemplaremos por dónde florece Cristo.

Aprenderemos a mirar que Jesús no se baja de la cruz

ni se salta el paso por el sepulcro,

pero en el Dios vence y tiene la última palabra.

Florece de modo oculto en el dolor,

aún en lo más absurdo,

en todos los pobres de la tierra y en todos los crucificados.

Es noche para creer.

Somos testigos de todo lo que pasa.

El milagro se produce en nosotros.

Si hemos pasado por los días de cruz y muerte,

resucitaremos con él.

Pasaremos un poco más de la muerte a la vida.

Renovar hemos esta noche en nuestro

bautismo por medio del regalo del agua.

Renovar hemos la Pascua,

porque si no lo hacemos, todo sería nostalgia.

Nos quedaríamos en un bucle nostálgico y desesperado.

Así, en Cristo, venceremos.

Para el cristiano, vencer no es destruir por fuerza al adversario,

es permanecer en todo momento viviendo en Cristo,

confiando en él, continuaremos firmes frente a todas las noches

que hieren.

Porque estamos bautizados en su amor, que ha vencido y nos consagra.

Así, esta es noche para saborear, como en esta eucaristía,

Cristo nos hace partícipes de su gloria.

Cristo ya no muere más.

Se queda tocando cada pan, cada vino, cada vida

y cada pobreza para que siga este mismo camino.

Cristo tenía razón, la vida merece la pena.

Morir para que otros la tengan, merece la pena.

El amor entregado siempre merece la pena.

Cuando lo has puesto en la cruz, tiene futuro y merece la pena.

Esta es la noche donde nos asombramos porque Cristo

se queda en la humanidad, es su Iglesia,

en nuestra celebración y en todos aquellos que se entregan por amor.

Los despojados, las víctimas.

En cada llaga y cada eucaristía.

Se queda y nos conduce hacia esa Pascua que no conociera ocaso.

Cristo está vivo.

Hace de un día como este el comienzo de la nueva historia.

Feliz Pascua, hermanos.

Así, en la oscuridad, con un fuego,

comienza la celebración de nuestra vigilia Pascual.

Hermanos, en esta noche santa, en que nuestro Señor Jesucristo

ha pasado de la muerte a la vida,

la Iglesia invita a todos sus hijos,

diseminados por el mundo, a que se reúnan para velar en oración.

Si recordamos así la Pascua del Señor, oyendo su palabra

y celebrando sus misterios,

podremos esperar tener parte en su triunfo sobre la muerte

vivir con él siempre en Dios.

Oremos.

Oh, Dios, que por medio de tu Hijo

has dado a tus fieles el fuego de la luz,

santifica este fuego,

y concédenos que la celebración de estas fiestas pascuales

encienda en nosotros deseos tan santos

que podamos llegar con corazón limpio

a las fiestas de la eterna luz. Por Jesucristo nuestro Señor.

-Amén.

Después de bendecir el fuego,

también va a bendecir el cirio pascual.

Cristo ayer y hoy, principio y fin,

Alfa y Omega.

Suyo es el tiempo y la eternidad.

A él la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.

-Amén.

Colocará ahora unos granos de incienso

recordando las llagas de Cristo.

Por sus llagas santas y gloriosas,

nos proteja y nos guarde Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

El diácono toma fuego de ese fuego nuevo.

Nos habla de novedad ese fuego, ese cirio que se va a estrenar.

Pues en esta noche santa vamos escuchar varias veces,

según una antiquísima tradición,

esta es noche de vigilia del Señor.

Hemos recordado la muerte y resurrección de Jesús.

La luz de Cristo, que resucita glorioso,

disipe las tinieblas del corazón y del espíritu.

Comienza ahora la procesión de entrada.

Los fieles, como recomienda el evangelio,

quieren parecerse a esos criados que esperan el retorno de su señor

un todo para que los encuentre en vela.

Poco a poco se va a ir encendiendo la luz.

Ese cirio, que representa a Cristo,

va a ir abriendo ahora la procesión y entrando en la Iglesia,

derramándose también su luz en los fieles que le alaban.

(CANTAN EN LATÍN)

"Luz de Cristo", cantaba el diácono.

"Demos gracias a Dios".

Poco a poco se van a ir encendiendo las velas.

Luz de Cristo.

Y es cirio, que representa a Cristo,

es también la imagen de esa columna de fuego

que aparece en el antiguo testamento.

Es la luz que nos guía en las tinieblas.

La Iglesia está todavía en penumbra,

y nos indica el camino a la tierra prometida.

Luz de Cristo.

-Demos gracias a Dios.

La liturgia de esta noche, vamos a ir viendo, está llena de gestos.

Son muchos siglos celebrando la Vigilia Pascual.

Y todos estos gestos que vamos a ir viendo

a lo largo de esta celebración,

quieren ir expresando lo que la Iglesia en esta noche celebra.

El diácono pide ahora la bendición

porque va a anunciar a toda la comunidad cristiana

la alegría de la resurrección,

y lo va a hacer con el pregón pascual.

Un pregón que va a cantar el diácono.

Vamos escuchar un resumen de la historia de la salvación.

Exulten por fin los coros de los ángeles,

exulten las jerarquías del cielo,

y por la victoria de Rey tan poderoso

que las trompetas anuncien la salvación.

Goce también la tierra, inundada de tanta claridad,

y que, radiante con el fulgor del Rey eterno,

se sienta libre de la tiniebla que cubría el orbe entero.

Alégrese también nuestra madre la Iglesia,

revestida de luz tan brillante;

resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.

Por eso, queridos hermanos,

que asistís a la admirable claridad de esta luz santa,

invocad conmigo la misericordia de Dios

omnipotente,

para que aquel que, sin mérito mío,

me agregó al número de sus diáconos,

infundiendo el resplandor de su luz,

me ayude a cantar las alabanzas de este cirio.

El Señor esté con vosotros. -Y con tu espíritu.

-Levantemos el corazón.

-Lo tenemos levantado hacia el Señor.

-Demos gracias al Señor,

nuestro Dios.

-Es justo y necesario.

-En verdad es justo y necesario

aclamar con nuestras voces

y con todo el afecto del corazón

a Dios invisible, el Padre todopoderoso,

y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre

la deuda de Adán

y, derramando su sangre,

canceló el recibo del antiguo pecado.

Porque estas son las fiestas de Pascua,

en las que se inmola el verdadero Cordero,

cuya sangre consagra las puertas de los fieles.

Esta es la noche en la que sacaste de Egipto

a los israelitas, nuestros padres,

y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.

Esta es la noche en que la columna de fuego

esclareció las tinieblas del pecado.

Esta es la noche en que, por toda la tierra,

los que confiesan su fe en Cristo

son arrancados de los vicios del mundo

y de la oscuridad del pecado,

son restituidos a la gracia y son agregados a los santos.

Esta es la noche en que,

rotas las cadenas de la muerte,

Cristo asciende victorioso del abismo.

¡Qué asombroso beneficio

de tu amor por nosotros!

¡Qué incomparable ternura y caridad!

¡Para rescatar el esclavo, entregaste al Hijo!

Necesario fue el pecado de Adán,

que ha sido borrado por la muerte de Cristo.

¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!

Y así, esta noche santa

ahuyenta los pecados,

lava las culpas,

devuelve la inocencia a los caídos,

la alegría a los tristes.

En esta noche de gracia,

acepta, Padre santo,

este sacrificio vespertino de alabanza

que la santa Iglesia te ofrece

por medio de sus ministros

en la solemne ofrenda de este cirio,

hecho con cera de abejas.

¡Qué noche tan dichosa

en que se une el cielo con la tierra,

lo humano y lo divino!

Te rogamos, Señor,

que este cirio, consagrado a tu nombre,

arda sin apagarse

para destruir la oscuridad de esta noche,

y, como ofrenda agradable,

se asocie a las lumbreras del cielo.

Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,

ese lucero que no conoce ocaso

y es Cristo, tu Hijo resucitado,

que, al salir del sepulcro,

brilla sereno para el linaje humano,

y vive y reina glorioso por los siglos de los siglos.

-Amén.

Y comienza ahora la liturgia de la palabra.

Apagamos las velas.

Queridos hermanos, con el pregón solemne de la Pascua,

hemos entrado ya en la noche santa de la resurrección del Señor.

Escuchemos en silencio meditativo la palabra de Dios.

Recordemos las maravillas que Dios ha realizado

para salvar al primer Israel.

Y cómo en el avance continuo de la salvación,

al llegar los últimos tiempos,

envió al mundo a su Hijo

para que, con su muerte y resurrección,

salvara a todos los hombres.

Mientras contemplamos la gran trayectoria

de esta historia santa, oremos intensamente

para que el designio de salvación universal

que Dios inició con Israel, llgue a su plenitud

y alcance a toda la humanidad por el ministerio

de la resurrección de Jesucristo.

Vamos a escuchar ahora un diálogo entre Dios,

a través de las lecturas, y el pueblo.

A través de él salvo y las oraciones que vamos

a ir escuchando después de cada uno de los salmos.

Lo hará el celebrante, Monseñor Juan del Río.

Escucharemos siete lecturas del antiguo testamento.

Que nos van a ir desgranando los momentos importantes

de la historia de la salvación.

Lectura del libro del Génesis.

Al principio creó Dios el cielo y la tierra.

Dijo Dios:

―"Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza;

que domine los peces del mar, las aves del cielo,

los animales domésticos, los reptiles de la tierra".

Y creó Dios al hombre a su imagen,

a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó.

Dios los bendijo; y les dijo Dios:

―"Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla;

dominad los peces del mar,

las aves del cielo

y todos los animales que se mueven sobre la tierra".

Y dijo Dios:

―"Mirad, os entrego todas las hierbas

que engendran semilla sobre la superficie de la tierra

y todos los árboles frutales que engendran semilla:

os servirán de alimento.

Y la hierba verde servirá de alimento

a todas las fieras de la tierra,

a todas las aves del cielo,

a todos los reptiles de la tierra

y a todo ser que respira".

Y así fue.

Y vio Dios todo lo que había hecho,

y era muy bueno.

Palabra de Dios. -Te alabamos, Señor.

Envía tu espíritu, Señor,

y repuebla la faz de la tierra.

Bendice, alma mía, al Señor;

¡Dios mío, qué grande eres!

Te vistes de belleza y majestad,

la luz te envuelve como un manto.

Asentaste la tierra sobre sus cimientos,

y no vacilará jamás;

la cubriste con el manto del océano,

y las aguas se posaron sobre las montañas.

-De los manantiales

sacas los ríos,

para que fluyan entre los montes;

junto a ellos habitan las aves del cielo,

y entre las frondas se oye su canto.

Desde tu morada riegas los montes,

y la tierra se sacia de tu acción fecunda;

haces brotar hierba

para los ganados,

y forraje para los que sirven al hombre.

Cuántas son tus obras, Señor,

y todas las hiciste con sabiduría;

la tierra está llena de tus criaturas.

¡Bendice, alma mía, al Señor!

Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

A cada una de las lecturas le seguirá una oración

que dice el celebrante y que es también una petición al Señor.

Dios todopoderoso y eterno, admirable en todas tus obras,

que tus redimidos comprendan como la creación del mundo

en el comienzo de los siglos, no fue obra de mayor grandeza

que el sacrificio de Cristo en nuestras Pascua inmolada

en la plenitud de los tiempos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amén.

-Lectura del libro del Génesis.

En aquellos días,

Dios puso a prueba a Abrahán. Le dijo:

―"¡Abrahán!".

Él respondió:

―"Aquí estoy".

Dios dijo:

―"Toma a tu hijo único, al que amas, a Isaac,

y vete a la tierra de Moria

y ofrécemelo allí en holocausto

en uno de los montes que yo te indicaré".

Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios,

Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña.

Entonces Abrahán alargó la mano

y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.

Pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:

―"¡Abrahán, Abrahán!".

Él contestó:

―"Aquí estoy".

El ángel le ordenó:

―"No alargues la mano contra el muchacho

ni le hagas nada.

Ahora he comprobado que temes a Dios,

porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo".

Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado

por los cuernos en la maleza.

Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto

en lugar de su hijo.

El ángel del Señor volvió llamó a Abrahán

por segunda vez desde el cielo y le dijo:

―"Juro por mí mismo, oráculo del Señor:

por haber hecho esto,

por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único,

te colmaré de bendiciones

y multiplicaré a tus descendientes

como las estrellas del cielo

y como la arena de la playa.

Tus descendientes conquistarán las puertas de sus enemigos.

Todas las naciones de la tierra se bendecirán

con tu descendencia, porque has escuchado mi voz".

Palabra de Dios.

-Te alabamos, Señor.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;

mi suerte está en tu mano.

Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas,

y mi carne descansa esperanzada.

Porque no me abandonarás en la región de los muertos

ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,

me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

Oremos.

Oh, Dios, que admirable creaste al hombre

y de modo más admirable aún lo redimiste.

Concédenos resistir sabiamente a los atractivos del pecado

para alcanzar la eterna gloria.

Concédenos, Señor, ser fiel, como tu siervo Abraham,

padre de todas las naciones.

Y responder dignamente a la gracia de tu llamada.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amen.

Esta tercera lectura tomada del libro del éxodo

nos cuenta el paso del pueblo de Israel por el Mar Rojo,

que marcó la historia del pueblo.

Lectura del libro del Éxodo.

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés:

"¿Por qué sigues clamando a mí?

Di a los hijos de Israel que se pongan en marcha.

Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo,

para que los hijos de Israel pasen por medio del mar, por lo seco.

Yo haré que los egipcios se obstinen

y entren detrás de vosotros,

y me cubriré de gloria a costa del faraón

y de todo su ejército, de sus carros y de sus jinetes.

Así sabrán los egipcios que yo soy el Señor,

cuando me haya cubierto de gloria a costa del faraón,

de sus carros y de sus guerreros".

Se puso en marcha el ángel del Señor,

que iba al frente del ejército de Israel,

y pasó a retaguardia.

También la columna de nube de delante se desplazó de allí

y se colocó detrás, poniéndose entre el campamento

de los egipcios y el campamento de Israel.

La nube era tenebrosa y transcurrió toda la noche

sin que los ejércitos pudieran aproximarse

el uno al otro.

Moisés extendió su mano sobre el mar

y el Señor hizo retirarse el mar con un fuerte viento

del este que sopló toda la noche;

el mar se secó y se dividieron las aguas.

Los hijos de Israel entraron en medio del mar,

en lo seco, y las aguas les hacían de muralla a derecha e izquierda.

Los egipcios los persiguieron y entraron tras ellos,

en medio del mar: todos los caballos del faraón,

sus carros y sus jinetes.

Era ya la vigilia matutina cuando el Señor

miró desde la columna de fuego y humo

hacía el ejército de los egipcios

y sembró el pánico en el ejército egipcio.

Trabó las ruedas de sus carros, haciéndolos avanzar pesadamente.

Los egipcios dijeron:

―"Huyamos ante Israel, porque el Señor lucha por él contra Egipto".

Luego dijo el Señor a Moisés:

―"Extiende tu mano sobre el mar,

y vuelvan las aguas sobre los egipcios,

sus carros y sus jinetes".

Moisés extendió su mano sobre el mar;

y al despuntar el día el mar recobró su estado natural,

de modo que los egipcios, en su huida,

toparon con las aguas.

Así precipitó el Señor a los egipcios en medio del mar.

Las aguas volvieron y cubrieron los carros,

los jinetes y todo el ejército del faraón,

que habían entrado en el mar.

Ni uno solo se salvó.

Mas los hijos de Israel pasaron en seco por medio del mar,

mientras las aguas hacían de muralla a derecha e izquierda.

Aquel día salvó el Señor a Israel del poder de Egipto e Israel

vio a los egipcios muertos, en la orilla del mar.

Vio, pues, Israel la mano potente que el Señor

había desplegado contra los egipcios,

y temió el pueblo al Señor, y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo.

Entonces Moisés y los hijos de Israel

cantaron este canto al Señor...

Cantemos al Señor su misericordia.

Cantemos al Señor su misericordia.

Cantaré al Señor, gloriosas es su victoria,

caballos y carros ha arrojado en el mar.

Mi fuerza y mi poder es el Señor,

Él fue mi salvación.

Él es mi Dios: yo lo alabaré; el Dios de mis padres:

yo lo ensalzaré.

El Señor es un guerrero, su nombre es "El Señor".

Los carros del faraón los lanzó al mar,

ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.

Las olas los cubrieron, bajaron hasta el fondo como piedras.

Tu diestra, Señor, es magnífica en poder,

tu diestra, Señor, tritura al enemigo.

Los introduces y los plantas en el monte de tu heredad,

lugar del que hiciste tu trono, Señor;

santuario, Señor, que fundaron tus manos.

El Señor reina por siempre jamás.

Cantaré al Señor, gloriosa es su victoria.

Oremos.

También ahora, Señor, vemos brillar tus antiguas maravillas

y, lo mismo que en otro tiempo manifestaba tu poder,

al librar a un solo pueblo de la persecución del faraón,

hoy asegura la salvación de todas las naciones

haciendo las renacer por el agua del bautismo.

Pedimos que los hombres del mundo entero

lleguen a ser hijos de Abraham y miembros del nuevo Israel.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amen.

Vamos a escuchar ahora una lectura del profeta Isaías,

que nos relata de manera poética

como quiere ser el amor de Dios para con su pueblo.

Lectura del libro de Isaías.

"El que te hizo te tomará por esposa,

su nombre es Señor de los ejércitos.

Tu redentor es el Santo de Israel, se llama Dios de toda la tierra.

Como a mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor,

como a esposa de juventud, repudiada", dice tu Dios.

"Por un instante te abandoné, pero con gran cariño te reuniré.

En un arrebato de ira te escondí un instante mi rostro,

pero con misericordia eterna te quiero", dice el Señor, tu redentor.

"Me sucede como en tiempo de Noé:

juré que las aguas del diluvio no volverían a cubrir la tierra,

así juro no airarme contra ti ni amenazarte.

Aunque se retiren los montes y vacilen las colinas,

no se retirará de ti mi misericordia,

ni mi alianza de paz vacilará", dice el Señor, que te quiere.

¡Oh afligida, zarandeada, desconsolada!

Mira, yo mismo coloco tus piedras sobre azabaches,

tus cimientos sobre zafiros,

te pondré almenas de rubí,

y puertas de esmeralda,

y muralla de piedras preciosas.

Tus hijos serán discípulos del Señor,

tendrán gran paz tus hijos.

Tendrás firme asiento en la justicia.

Estarás lejos de la opresión, y no tendrás que temer,

y lejos del terror, que no se te acercará.

-Palabra de Dios. -Te alabamos, Señor.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

-Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Señor, sacaste mi vida del abismo,

y me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos, dad gracias a su nombre santo.

Su cólera dura un instante, su bondad, de por vida.

Al atardecer nos visita el llanto,

por la mañana, el júbilo.

Escucha, Señor, y ten piedad de mí.

Señor, socórreme.

Cambiaste mi luto en danzas.

Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

Oremos.

Oh, Dios todopoderoso, multiplica, fiel a tu palabra,

la descendencia que aseguraste a la fe de nuestros padres,

y aumenta con tu adopción los hijos de la promesa;

para que tu Iglesia vea en qué medida se ha cumplido ya

cuanto los patriarcas

creyeron y esperaron.

Por Jesucristo, nuestro Señor. -Amén.

La lectura del profeta Isaías

no muestra la voluntad del Señor de trasladar a su pueblo sus caminos.

Lectura del libro de Isaías.

Así dice el Señor:

"Oíd, sedientos todos, acudid por agua,

también los que no tenéis dinero:

venid, comprad trigo, comed sin pagar

vino y leche de balde.

¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta,

y el salario en lo que no da hartura?

Escuchadme atentos, y comeréis bien,

saborearéis platos sustanciosos.

Inclinad el oído, venid a mí: escuchadme, y viviréis.

Sellaré con vosotros alianza perpetua,

la promesa que aseguré a David:

a él lo hice mi testigo para los pueblos,

caudillo y soberano de naciones.

Tú llamarás a un pueblo desconocido,

un pueblo que no te conocía correrá hacia ti,

por el Señor, tu Dios,

por el Santo de Israel, que te honra.

Buscad al Señor mientras se le encuentra,

invocadlo mientras esté cerca.

Que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes.

Que regrese al Señor, y él tendrá piedad,

a nuestro Dios,

que es rico en perdón.

Mis planes no son vuestros planes,

vuestros caminos no son mis caminos, oráculo del Señor.

Como el cielo es más alto que la tierra,

mis caminos son más altos que los vuestros,

mis planes, que vuestros planes.

Como bajan la lluvia y la nieve del cielo,

y no vuelven allá sino después de empapar la tierra,

de fecundarla y hacerla germinar,

para que dé semilla al sembrador y pan al que come,

así será mi palabra, que sale de mi boca:

no volverá a mí vacía,

sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo".

Palabra de Dios. -Te alabamos, Señor.

Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.

Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.

Él es mi Dios y Salvador:

confiaré y no temeré,

porque mi fuerza y mi poder es el Señor,

él fue mi salvación.

Y sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.

Dad gracias al Señor, invocad su nombre,

contad a los pueblos sus hazañas, proclamad que su nombre es excelso.

Tañed para el Señor, que hizo proezas,

anunciadlas a toda la tierra;

gritad jubilosos,

habitantes de Sión:

"Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel".

Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.

Oremos.

Dios todopoderoso y eterno,

multiplica fielmente tu palabra.

Y que la descendencia que aseguras de a la fe de nuestros padres

aumente la adopción de tus hijos de la promesa

para que así tu Iglesia vea como se ha cumplido

en gran medida cuanto creyeron y esperaron los patriarcas.

Para que en ningún hombre desconfíe de ti

y por tu inspiración te llene de gracia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amén.

Seguimos todavía en el antiguo testamento.

El libro de Baruc ahora nos va a hablar

de la fidelidad a los planes de Dios.

Lectura del libro de Baruc.

Escucha, Israel, mandatos de vida;

presta oídos para aprender prudencia.

¿A qué se debe, Israel, que estés aún en país enemigo,

que envejezcas en tierra extranjera,

que estés contaminado entre los muertos,

y te cuenten con los habitantes del abismo?

Es que abandonaste la fuente de la sabiduría.

Si hubieras seguido el camino de Dios,

habitarías en paz para siempre.

Aprende dónde se encuentra la prudencia,

el valor y la inteligencia;

así aprenderás dónde se encuentra la vida larga,

la luz de los ojos y la paz.

¿Quién encontró su puesto o entró en sus almacenes?

El que todo lo sabe la conoce, la examina y la penetra.

El que creó la tierra para siempre y la llenó de animales cuadrúpedos;

el que manda a la luz, y ella va,

la llama, y le obedece temblando;

a los astros que velan gozosos en sus puestos de guardia,

los llama, y responden:

"Presentes", y brillan gozosos para su Creador.

Él es nuestro Dios, y no hay otro frente a él;

investigó el camino de la inteligencia

y se lo enseñó a su hijo, Jacob,

a su amado, Israel.

Después apareció en el mundo y vivió entre los hombres.

Es el libro de los mandatos de Dios,

la ley de validez eterna:

los que la guarden vivirán; los que la abandonen morirán.

Vuélvete, Jacob, a recibirla,

camina a la claridad de su resplandor;

no entregues a otros tu gloria,

ni tu dignidad a un pueblo extranjero.

¡Dichosos nosotros, Israel,

que conocemos lo que agrada al Señor!

Palabra de Dios. -Te alabamos, Señor.

Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma;

el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante.

Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón;

la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.

La voluntad del Señor es pura y eternamente estable;

los mandamientos del Señor

son verdaderos y enteramente justos.

Más preciosos que el oro, más que el oro fino;

más dulces que la miel de un panal que destila.

Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

Oremos.

Dios todopoderoso y eterno, esperanza única del mundo,

denunciaste por la voz de tus profetas

los misterios de los tiempos presentes.

Atiende complacido los deseos de tu pueblo,

para el que ninguno de tus fieles puede progresar en la virtud

sin la inspiración de tu gracia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amen.

Escuchamos ahora la última lectura del Antiguo Testamento.

Es del profeta Ezequiel.

Nos muestra la preocupación de Dios por su pueblo.

Quiere reunirlo y dar un corazón nuevo.

Lectura de la profecía de Ezequiel.

Me vino esta palabra del Señor:

"Hijo de Adán, cuando la casa de Israel

habitaba en su tierra, la profanó con su conducta,

con sus acciones;

como sangre inmunda fue su proceder ante mí.

Entonces derramé mi cólera sobre ellos,

por la sangre que habían derramado en el país,

por haberlo profanado con sus idolatrías.

Los esparcí entre las naciones, anduvieron dispersos por los países;

según su proceder, según sus acciones los sentencié.

Cuando llegaron a las naciones donde se fueron,

profanaron mi santo nombre; decían de ellos:

'Estos son el pueblo del Señor, de su tierra han salido.

Sentí lástima de mi santo nombre,

profanado por la casa de Israel en las naciones a las que se fue'.

Por eso, di a la casa de Israel:

Esto dice el Señor:

'No lo hago por vosotros, casa de Israel,

sino por mi santo nombre, profanado por vosotros,

en las naciones a las que habéis ido.

Mostraré la santidad de mi nombre grande,

profanado entre los gentiles,

que vosotros habéis profanado en medio de ellos;

y conocerán los gentiles que yo soy el Señor,

Oráculo del Señor,

cuando les haga ver mi santidad al castigaros.

Os recogeré de entre las naciones, os reuniré de todos los países,

y os llevaré a vuestra tierra.

Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará:

de todas vuestras inmundicias e idolatrías

os he de purificar.

Y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo;

arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra,

y os daré un corazón de carne.

Os infundiré mi espíritu,

y haré que caminéis según mis preceptos,

y que guardéis y cumpláis mis mandatos.

Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.

Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios'".

Palabra de Dios.

-Te alabamos, Señor.

Como busca la cierva corrientes de agua,

así mi alma te busca a ti, Dios mío.

Como busca la cierva corrientes de agua,

así mi alma te busca a ti, Dios mío.

Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo:

¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

Cómo marchaba a la cabeza del grupo, hacia la casa de Dios,

entre cantos de júbilo y alabanza, en el bullicio de la fiesta.

Envía tu luz y tu verdad; que ellas me guíen

y me conduzcan hasta tu monte santo,

hasta tu morada.

-Que yo me acerque al altar de Dios,

al Dios de mi alegría;

que te dé gracias al son de la cítara,

Dios, Dios mío.

Como busca la cierva corrientes de agua,

así mi alma te busca a ti, Dios mío.

Oremos.

Oh, Dios, poder inmutable y luz sin ocaso,

mira con bondad a tu Iglesia,

y, según tus eternos designios,

lleva a término la obra de la salvación humana;

que todo el mundo experimente y vea

cómo lo abatido se levanta,

lo viejo se renueva y vuelve a su integridad primera,

por medio de nuestro Señor Jesucristo,

de quien todo procede.

Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

-Amén.

El paso entre el antiguo y el Nuevo Testamento

está marcado por el canto del Gloria.

(Coro en latín)

Durante el tiempo de Cuaresma no se rezaba, no se cantaba.

Esta noche, de una manera especial, se canta el gloria,

suenan las campanas, se encienden las velas

para que toda la Iglesia deslumbre.

Una luz que anuncie la resurrección del Señor.

(Coro)

(Coro en latín)

Oremos.

Oh, Dios, que has iluminado está noche santísima

con la gloria d e la resurrección del Señor,

aviva en tu Iglesia el espíritu de adopción filial

para que renovado en cuerpo y alma nos entreguemos plenamente

a tu servicio.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,

que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo,

y es Dios por los siglos de los siglos.

-Amén.

Antes del Evangelio escuchamos una lectura del Nuevo Testamento,

donde se nos cuenta el sentido que tiene la resurrección de Cristo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

Hermanos:

Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo

fuimos incorporados a su muerte.

Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que,

así como Cristo fue resucitado de entre los muertos

por la gloria del Padre,

así también nosotros andemos en una vida nueva.

Porque, si nuestra existencia está unida a él

en una muerte como la suya,

lo estará también en una resurrección como la suya.

Comprendamos que nuestra vieja condición ha sido crucificada

con Cristo, quedando destruida nuestra personalidad de pecadores,

y nosotros libres de la esclavitud al pecado;

porque el que muere ha quedado absuelto del pecado.

Por tanto, si hemos muerto con Cristo,

creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo,

una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más;

la muerte ya no tiene dominio sobre él.

Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre;

y su vivir es un vivir para Dios.

Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado

y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Palabra de Dios. -Te alabamos, Señor.

-Reverendísimo padre,

os anuncio un gran gozo,

el Aleluya.

Aleluya, aleluya, aleluya.

-Aleluya, aleluya, aleluya.

-Aleluya, aleluya, aleluya.

-Aleluya, aleluya, aleluya.

-Aleluya, aleluya, aleluya.

-Aleluya, aleluya, aleluya.

(CANTA EN LATÍN)

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Señor esté con vosotros.

-Y con tu espíritu.

-Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

El primer día de la semana, de madrugada,

las mujeres fueron al sepulcro

llevando los aromas que habían preparado.

Encontraron corrida la piedra del sepulcro.

Y entrando, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús.

Mientras estaban desconcertadas por esto,

se les presentaron dos hombres con vestidos refulgentes.

Ellas quedaron despavoridas y con las caras mirando al suelo

y ellos les dijeron:

"¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?

No está aquí. Ha resucitado.

Recordad cómo os habló estando todavía en Galilea,

cuando dijo que el Hijo del hombre

tiene que ser entregado en manos de hombres pecadores,

ser crucificado y al tercer día resucitar".

Y recordaron sus palabras.

Habiendo vuelto del sepulcro, anunciaron todo esto a los Once

y a todos los demás.

Eran María la Magdalena, Juana y María, la de Santiago.

También las demás, que estaban con ellas

contaban esto mismo a los apóstoles.

Ellos lo tomaron por un delirio y no las creyeron.

Pedro, sin embargo, se levantó y fue corriendo al sepulcro.

Asomándose, ve solo los lienzos.

Y se volvió a su casa, admirándose de lo sucedido.

Palabra del Señor.

-Gloria a ti, Señor Jesús.

-Querido señor vicario general,

equipo de gobierno del arzobispado castrense,

rector del seminario, seminaristas del seminario Juan Pablo II,

queridos diáconos, queridos militares,

guardias civiles y policías,

paz a los de cerca, paz a los de lejos.

Cristo es nuestra paz.

Con estas palabras quisiera que fuera la felicitación

más afectuosa y llena de bendición

para nuestros militares desplazados

en las 19 misiones internacionales que tiene España.

En estos momentos, capellanes castrenses en las diversas misiones,

también en comunión con esta Iglesia catedral,

realizan los sacramentos pascuales

en los cuales algunos de nuestros militares

recibirán el sacramento del bautismo.

Paz a los centinelas de la paz,

que son los que hacen posible la defensa,

hacen posible la libertad y la independencia de nuestro país.

Que Dios les otorgue la valentía,

el compromiso y la lealtad que tiene con los militares,

guardias civiles y policías,

y le alcance también a sus familias.

Ellos nos defienden de una gran plaga, de muchas plagas.

Entre otra, la del terrorismo internacional.

Por eso, en esta noche pascual cuando el Evangelio nos pregunta:

"¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?".

Es la gran pregunta de la historia.

El hombre, desde que es hombre se pregunta: "¿Quién soy yo?".

El misterio del universo está dentro del propio hombre.

Por eso el hombre, buscando al que vive, hace ídolos.

Los ídolos siempre esclavizan.

Hará ídolo al sol o a la luna,

a las estrellas y a todos los fenómenos naturales.

Y no encontraron la paz, y no encontraron al viviente.

Por eso Dios no abandonó a sus criaturas desde el primer momento.

Si grande fue crear el universo, visible e invisible,

grande fue también la redención de Jesucristo.

No dejó que el hombre muriera en el pecado de origen.

Y a lo largo de los siglos,

partiendo de un pequeño e insignificante pueblo

nacido de Abraham, padre de la fe,

ir a respondiendo pedagógicamente

como el gran viviente seduce el corazón,

nos saca de las esclavitudes.

Los israelitas experimentaron que eran esclavos.

El Dios de Abraham, de Isaac

y de Jacob los sacó de la esclavitud.

Ese Dios da una alianza eterna:

"Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios".

Y veremos cómo ese Dios es como un esposo, como padre,

como una madre, que se presenta tan cercano al pueblo de Israel,

que los mismos israelitas se sienten orgullosos

de esta elección divina.

Pero todo esto estaba encadenado a una nueva creación.

Y Abraham, habiendo hablado los profetas

de que Dios cumpliría su palabra:

"El verbo se hizo carne y habitó entre nosotros".

Por lo tanto, el mesías anhelado por los profetas,

anunciado por los profetas y anhelado por los patriarcas,

se ha cumplido en Jesús de Nazaret.

Él es el gran viviente.

Alguna persona puede preguntar: "¿Cómo es el gran viviente?".

Ayer, en el oficio de tinieblas, el gran oficio de Viernes Santo,

lo veíamos crucificado y abandonado y, al final,

en una nueva tumba puesto por José de Arimatea.

¿Cómo es el gran viviente?

¿Cómo es que no hizo algo en la cruz?

¿Cómo no se reveló a los romanos,

a los pecadores, a la muchedumbre que pedía su crucifixión?

Y se hubiesen convertido.

Camino de Dios, hermanos.

No son nuestros caminos.

Por eso Dios nos ha redimido en medio del ocultamiento de la verdad,

como veíamos ayer.

¿Cómo puede crucificar un crucificado?

Hoy vemos, en esta noche santa,

como la piedra de la tumba ya no está, se ha movido.

Pues miren ustedes, si los cristianos creyéramos

en un mito, si nosotros nos hubiésemos inventado

que Jesucristo ha resucitado,

hubiésemos puesto por testigos a gente importante de su tiempo, ¿no?

Los evangelistas ponen a las personas

más insignificantes de aquel entonces, como eran las mujeres.

Tanto es así que no las creen ni siquiera en los discípulos.

Pero en ellas están representadas,

en esas mujeres que van anónimamente

con los ungüentos y pensando quién les modera la piedra,

y en esa sencillez e ingenuidad

está representados todos dos los pobres de la tierra,

todos los limpios de corazón.

No se descubre viviente en la prepotencia,

sino en la humildad.

Esto representa María Magdalena

y las otras mujeres que van al sepulcro.

Nadie les echa cuenta.

En aquel tiempo ni siquiera las mujeres

podían ser testigos en un juicio.

Por eso llega Pedro, el que le había negado.

Llegará después el discípulo amado, Juan.

Y ven los restos de la pasión,

el lienzo con el que cubrió el sagrado cuerpo de Dios.

Allí quedó impresa la imagen de un Dios tan cercano

que se ha quedado con nosotros para toda la vida.

No busquemos a Dios en la fantasía humana,

no busquemos a Dios en los fenómenos naturales.

No busquemos a Dios en la filosofía que mata el alma.

Busquemos a Dios siempre en lo sencillo, en lo humilde.

Porque solamente ahí se se manifiesta Dios.

"Aquel que no escucha la voz de los pobres,

no puede oír la voz de Dios".

Hoy os digo, queridos telespectadores,

queridos enfermos, queridos amigos

que seguís estos oficios desde la catedral castrense,

no busquéis al viviente desde la soberbia de la vida,

desde la soberbia de la pensión, del pensamiento,

de sentirse uno satisfecho.

Cuanto más humildes seamos, más descubriremos que Jesucristo

no se quedó en la cruz.

La cruz es un paso necesario para la resurrección.

A ti, enfermo, aquí, que estás abandonado,

a ti, que está solo en tu casa, te digo:

"Por tu cruz pasará la resurrección".

¿Cómo descubrirás al gran viviente,

al resucitado, al que ha vencido la muerte y el pecado?

Solo con la pureza de tu corazón.

Por eso, en esta noche santa, hay tres elementos importantes.

Primero, la humildad.

Pedir al Señor que nos dé la fe y la humildad

de esas mujeres que fueron las primeras testigos

de la resurrección.

Una vez más, los pobres,

los insignificantes de este mundo son los predilectos de Dios.

No hay fe en la resurrección si no hay humildad de corazón.

Segundo, la prueba de que creemos en la resurrección

y de que Cristo vive en nosotros y nosotros en Cristo

es que tenemos alegría, que tenemos esperanza en la vida.

Si no tenemos esperanza, estamos muertos.

Cuando muere la esperanza, muere el cultura.

Por eso, hermanos, Cristo es nuestra esperanza.

Cristo es la fuente de nuestra alegría.

No busquemos entre los muertos el gozo de esta vida.

No busquemos en las cosas caducas la fuente de la felicidad.

Busquémoslo en aquel que ha vencido la muerte

y el pecado, que es Jesucristo.

Cristo es nuestra esperanza.

Y tercero, seremos testigos de la resurrección.

En medio de un mundo no creyente que sigue preguntándose dónde está Dios:

"No lo veo".

"¿Dónde está Dios cuando mueren tantos niños inocentes?".

"¿Dónde está Dios cuando se muere un ser querido?".

Tantas y tantas preguntas.

Esas preguntas no tienen respuesta desde la soberbia de la vida,

sino solo desde el humilde silencio de aquel que confía

en el gran Señor Jesucristo, hijo de Dios vivo,

que ha muerto y resucitado por ti y por mí.

Él es nuestra alegría, él es nuestra esperanza.

Por lo tanto, paz a los de lejos y paz a los de cerca.

Cristo es nuestra paz. Así sea.

Hemos escuchado las palabras de homilía de monseñor Juan del Río,

arzobispo castrense comentando el sentido

que para los cristianos tiene la noche de la Vigilia Pascual

que celebra la resurrección de Jesús.

Y ahora vamos a pasar a otro momento importante

de esta celebración, que es la celebración de los bautizos,

también de la confirmación, de algunos catecúmenos.

Queridos hermanos, acompañemos unánimemente con nuestra oración

la esperanza de nuestros hermanos.

-Acercaos los que vais a ser bautizados:

Carolina, Ariadna y Miguel.

-Los otros que vais a la fuente de la regeneración,

el Padre omnipotente os otorgue

el auxilio de su infinita misericordia.

Cantaremos las letanías, la invocación.

Señor, ten piedad. -Señor, ten piedad.

-Cristo, ten piedad. -Cristo, ten piedad.

-Señor, ten piedad. -Señor, ten piedad.

-Santa María, madre de Dios.

-Ruega por nosotros.

-San Miguel. -Ruega por nosotros.

-Santos ángeles de Dios. -Rogad por nosotros.

-San Juan Bautista. -Ruega por nosotros.

-San José. -Ruega por nosotros.

-Santos Pedro y Pablo. -Rogad por nosotros.

-San Andrés. -Ruega por nosotros.

-San Juan. -Ruega por nosotros.

-Santa María Magdalena. -Ruega por nosotros.

-San Esteban. -Ruega por nosotros.

-San Ignacio de Antioquía. -Ruega por nosotros.

-San Lorenzo. -Ruega por nosotros.

-Santas Perpetua y Felicidad. -Rogad por nosotros.

-Santa Inés. -Ruega por nosotros.

-San Gregorio. -Ruega por nosotros.

-San Agustín. -Ruega por nosotros.

-San Atanasio. -Ruega por nosotros.

-San Basilio. -Ruega por nosotros.

-San Martín. -Ruega por nosotros.

-San Benito. -Ruega por nosotros.

-Santos Francisco y Domingo. -Rogad por nosotros.

-San Francisco Javier. -Ruega por nosotros.

-San Juan María Vianney. -Ruega por nosotros.

-Santa Catalina de Siena. -Ruega por nosotros.

-Santa Teresa de Jesús. -Ruega por nosotros.

-Santos y santas de Dios. -Rogad por nosotros.

-Muéstrate propicio. -Líbranos, Señor.

-De todo mal. -Líbranos, Señor.

-De todo pecado. -Líbranos, Señor.

-De la muerte eterna. -Líbranos, Señor.

-Por tu encarnación. -Líbranos, Señor.

-Por tu muerte y resurrección. -Líbranos, Señor.

-Por el envío del Espíritu Santo. -Líbranos, Señor.

-Por nosotros, que somos pecadores.

-Te rogamos, óyenos.

Para que regeneres a estos elegidos con la gracia del

bautismo.

-Te rogamos, óyenos.

-Jesús, hijo de Dios vivo.

-Te rogamos, óyenos.

-Cristo, óyenos.

-Cristo, escúchanos.

Y ahora se bendecirá el agua de esta pila bautismal.

Tu poder será eficacia

a la humilde acción de nuestro ministerio.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

-Amén.

Oh, Dios, que realizas en tus sacramentos obras admirables

con tu poder invisible, y de diversos modos

te has servido de tu criatura

el agua para significar la gracia del bautismo.

Oh, Dios, cuyo espíritu, en los orígenes del mundo,

se cernía sobre las aguas,

para que ya desde entonces concibieran el poder de santificar.

Oh, Dios, que incluso en las aguas torrenciales del diluvio

prefiguraste el nacimiento de la nueva humanidad,

de modo que una misma agua pusiera fin al pecado

y diera origen a la santidad.

Oh, Dios, que hiciste pasar a pie enjuto por el mar Rojo a los hijos

de Abrahán, para que el pueblo liberado de la esclavitud

del faraón fuera imagen de la familia de los bautizados.

Oh, Dios, cuyo Hijo, al ser bautizado por Juan

en el agua del Jordán, fue ungido por el Espíritu Santo;

colgado en la cruz vertió de su costado agua, junto con la sangre;

y después de su resurrección mandó a sus apóstoles:

"Id y haced discípulos de todos los pueblos,

bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo,

y del Espíritu Santo".

Mira ahora a tu Iglesia en oración

y abre para ella la fuente del bautismo.

Que esta agua reciba, por el Espíritu Santo,

la gracia de tu Unigénito, para que el hombre,

creado a tu imagen y limpio en el bautismo,

muera al hombre viejo y renazca,

como niño, a una nueva vida por el agua y el Espíritu.

Te pedimos, Señor,

que el poder del Espíritu Santo,

por tu Hijo,

descienda sobre el agua de esta fuente,

para que los sepultados con Cristo en su muerte,

por el bautismo, resuciten con él a la vida.

Por Jesucristo nuestro Señor.

-Amén.

¿Renunciáis a Satanás?

¿Y a todas sus obras?

¿Y a todas sus seducciones?

(TODOS) Sí, renuncio.

-El Señor de unja.

En el nombre del Padre, del hHjo y del Espíritu Santo.

Esto se ha recuperado después de algunos siglos

en los que no se realizaba.

Aprovechar esta noche, por el sentido que tiene,

como escuchábamos en las oraciones.

Este sentido de participar en el bautismo.

¿Qué nombre? Carolina.

¿Creéis en Dios todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?

(TODOS) Sí, creo.

¿Creéis en Jesucristo su único Hijo, nuestro Señor,

que nació de Santa María Virgen, murió, fue sepultado,

resucitó de entre los muertos

y está sentado a la derecha del Padre?

(TODOS) Sí, creo.

¿Creéis en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia católica,

en la comunión de los Santos,

en el perdón de los pecados,

en la resurrección de la carne y en la vida eterna?

(TODOS) Sí, creo.

Miguel, ¿crees en Dios todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?

(TODOS) Sí, creo.

¿Crees en Jesucristo su único Hijo, nuestro Señor,

que nació de Santa María Virgen, murió, fue sepultado,

resucitó de entre los muertos

y está sentado a la derecha del Padre?

(TODOS) Sí, creo.

¿Crees en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia católica,

en la comunión de los Santos, en el perdón de los pecados,

en la resurrección de la carne y en la vida eterna?

(TODOS) Sí, creo.

¿Carolina?

Carolina, yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo,

y del Espíritu Santo.

-Amén.

Momento también este para recordar nuestro bautismo.

Habitualmente somos bautizados al poco de nacer,

cuando somos muy pequeños.

Estos pequeños, ya con más edad reciben el bautismo.

Miguel, yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo,

y del Espíritu Santo. Amén.

Recibid esta vestidura blanca.

Habéis sido revestidos con la gracia de Cristo.

Llevad esta vestidura blanca sin mancha

hasta el tribunal de nuestro Señor Jesucristo

para así alcanzar la vida eterna.

Mira qué guapa va esta.

En las oraciones de la liturgia

de esta noche se habla mucho de la novedad.

Comentamos el principio el fuego nuevo, el cirio nuevo.

El agua habla de pureza, de limpieza.

Es lo que ahora con ese gesto, ese signo, ese vestido,

esa tela blanca, se quiere representar.

Y tomando ahora los padrinos,

encendiendo la vela del cirio pascual,

estos nuevos miembros de la Iglesia recibirán esa luz

que quiere significar que reciben la vida y la luz de Cristo.

Una de la pequeña, una llama pequeña,

que tendrán también, con la ayuda de los padrinos,

de los padres, tendrán que hacer crecer, tendrán que cuidar.

Queridos padrinos y madrinas, entregar la luz a los neófitos.

Habéis sido transformados con la luz de Cristo.

Caminad siempre con la luz de Cristo

para que podáis salir con todos los santos al camino del Señor.

También estos que han recibido el bautismo

recibirán el Sacramento de la confirmación.

Acérquense los que van a ser confirmados:

Carolina, Ariadna, Miguel y Mario.

-Queridos neófito y regenerado ya en Cristo.

Transformado en miembro de su pueblo sacerdotal,

ahora solo falta recibir el Espíritu Santo,

que ha sido derramado sobre nosotros y que ellos

y sus sucesores confieren a sus los bautizados.

Vosotros recibiréis igualmente la fuerza prometida

del Espíritu Santo para que de este testimonio de la pasión,

muerte y resurrección del Hijo de Dios

y seais miembros activos de la Iglesia.

Para que predique es el Evangelio por todo el mundo mediante la fe,

la esperanza y la caridad.

Oremos.

Dios Padre todopoderoso, vamos a pedirte

que derrames el Espíritu Santo sobre estos neófitos

para que los fortalezcas la abundancia de tus dones

y hagas de ellos la imagen perfecta de Jesucristo.

Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo,

que regenerarse por el agua y el Espíritu Santo

a estos siervos tuyos y los libraste del pecado,

escucha nuestra oración y envía sobre ellos el Espíritu Santo.

Llénalos de espíritu de sabiduría y de inteligencia,

de espíritu de consejo y de fortaleza,

de espíritu de ciencia y de piedad,

y cólmalos del espíritu de tu santo nombre.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo.

La paz sea contigo.

Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo.

La paz sea contigo.

Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo.

La paz sea contigo.

Mario, recibe por esta señal el don del Espíritu Santo.

La paz sea contigo.

Será ahora toda la comunidad cristiana aquí,

reunida en esta iglesia, en todas las iglesias esta noche,

donde se celebra la Vigilia Pascual,

la que renovará las promesas del bautismo.

Es un momento en el que todos los bautizados

recuerdan su bautizo, lo actualizan,

y se comprometen a ser testigos,

como nos recordaba monseñor Juan del Río en su homilía,

ser testigos de la resurrección.

Ahora, queridos hermanos,

una vez que estos hermanos nuestros

han ingresado en el pueblo santo de Dios con los sacramentos

de la iniciación cristiana,

bautismo, confirmación y eucaristía,

ahora toda la asamblea vamos

a renovar nuestras promesas bautismales en esta noche santa.

Por el ministerio Pascual, queridos hermanos,

hemos sido renovados en el bautismo

para que vivamos una vida nueva.

Renovemos las promesas del santo bautismo,

con las que en otro tiempo renunciamos a Satanás

y a sus obras y prometimos servir

a Dios en la santa Iglesia católica, apostólica y romana.

Creéis en Dios todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?

(TODOS) Sí, creo.

¿Creéis en Jesucristo su único Hijo, nuestro Señor,

que nació de Santa María Virgen, murió, fue sepultado,

resucitó de entre los muertos

y está sentado a la derecha del Padre?

(TODOS) Sí, creo.

¿Creéis en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia católica,

en la comunión de los Santos, en el perdón de los pecados,

en la resurrección de la carne y en la vida eterna?

(TODOS) Sí, creo.

Hermanos y hermanas, esta es nuestra fe.

Esta es la fe que nos gloriamos de procesar en esta noche pascual.

Y con el agua de esa pila bautismal

ahora rociará también a los fieles para repetir el gesto del bautismo.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

La unidad del espíritu.

Con el vínculo de la paz.

Cantamos y proclamamos una sola fe,

un solo bautismo, un solo Dios y Padre.

(Órgano)

Y a partir de este momento

prosigue la liturgia como en una misa normal.

La oración de fieles y, después, la liturgia eucarística

en esta noche santa que San Agustín llamaba

la madre de todas las vigilias.

Por medio de Jesucristo, el Señor,

resucitado de la muerte por el poder del Espíritu Santo,

dirijamos en esta noche santa nuestra súplica al buen Padre Dios.

-Por todos los que reunidos en la asamblea por todo el mundo

renuevan esta noche su adhesión a Cristo Jesús.

Roguemos al Señor.

-Te rogamos, óyenos.

-Por los catecúmenos, que iluminados

por la luz de Cristo se incorporan a la Iglesia por los sacramentos

de la iniciación cristiana.

Roguemos al Señor.

-Te rogamos, óyenos.

-Por el papa, los sacerdotes,

diáconos y demás ministros de la Iglesia. Roguemos al Señor.

-Te rogamos, óyenos.

-Por el rey, por el gobierno en nuestro país,

por los gobernantes de todos los pueblos y naciones.

Roguemos al Señor.

-Te rogamos, óyenos.

-Por nuestro arzobispo Juan, por los capellanes castrenses,

por los componentes de las Fuerzas Armadas

y componentes de la seguridad del Estado.

Para que se sientan auxiliados por la ayuda

y fortaleza del Espíritu Santo.

Roguemos al Señor.

-Te rogamos, óyenos.

-Por nuestros hermanos cristianos perseguidos,

para que el Espíritu Santo les conceda fortaleza

y convierta los corazones de quienes atentan contra sus vidas

y sus tierras, y en todas partes se respete

la paz y la libertad religiosa. Roquemos al Señor.

-Te rogamos, óyenos.

-Por nosotros que, renacidos del agua

y el espíritu nos disponemos

a participar en el banquete de la Pascua. Roquemos al Señor.

-Te rogamos, óyenos.

-Señor y Dios nuestro, tú que por el poder del espiritual

es ofertado a Jesús del reino de los muertos,

para tu gloria y el poder de nuestra salvación.

Escucha la oración que la Iglesia te dirige en esta noche santa.

Apoyada en la intercesión de tu Hijo Jesucristo,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

-Amén.

Así con la preparación de las ofrendas,

comienza la liturgia eucarística también.

Estos neófitos, las vidas que han salido para la Iglesia

participarán por primera vez en la eucaristía.

(Coro en latín)

Orad, hermanos,

para que este sacrificio mío y vuestro

sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.

-El Señor reciba de tus manos este sacrificio

para alabanza y gloria de su nombre,

para nuestro bien y el de toda su Santa Iglesia.

-Amén.

Para que los sacramentos pascuales que inauguramos

nos hagan llegar a la vida eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor....

El Señor esté con vosotros.

-Y con tu espíritu.

-Levantemos el corazón.

-Lo tenemos levantado hacia el Señor.

-Demos gracias al Señor nuestro Dios.

-Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación,

glorificarte siempre Señor, pero más que nunca a exaltarte

esta noche santa en que Cristo en nuestra Pascua ha sido inmolado,

porque él es el verdadero cordero que quitó el pecado del mundo.

Resuscitando restauró la vida.

Con esta efusión de gozo pascual

el mundo entero se desbordada de alegría.

También los coros angélicos, los ángeles y los santos

cantan sin cesar el himno de tu gloria.

(Coro en latín)

-Santo eres en verdad, Padre,

y con razón te alaban todas tu criaturas.

Ya que por Jesucristo, tu Hijo y Señor nuestro,

con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo y

congregas

a tu pueblo sin cesar para que ofrezca en tu honor

un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.

Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques

por el mismo espíritu estos dones que hemos separado para ti,

de manera que sean cuerpo y sangre de Jesucristo,

Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó celebrar estos misterios.

Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado,

tomó pan.

Dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo:

"Tomad y comed todos de él,

porque esto es mi cuerpo,

que será entregado por vosotros".

Del mismo modo,

acabada la cena, tomó el cáliz.

Y dándote gracias de nuevo lo pasó a sus discípulos, diciendo:

"Tomad y bebed todos de él,

porque este es el cáliz de mi sangre.

Sangre de la alianza nueva y eterna

que será derramada por vosotros

y por muchos para el perdón de los pecados.

Haced esto en conmemoración mía".

Este es el sacramento de nuestra fe.

-Anunciamos tu muerte,

proclamamos tu resurrección.

Ven, Señor Jesús.

Así pues, Padre, al celebrar ahora el memorial

de la pasión salvadora de tu Hijo,

de su admirable resurrección y ascensión al cielo,

mientras esperamos su venida gloriosa,

te ofrecemos en esta acción de gracias el sacrificio vivo y santo.

Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia

y reconoce en ella la víctima por cuya inmolación

quisiste devolvernos tu amistad.

Para que, fortalecidos con el cuerpo y la sangre de tu Hijo

y llenos de su Espíritu Santo,

formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo Espíritu.

-Que él nos transforme en ofrenda permanente

para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos,

con María, la Virgen madre de Dios,

su esposo, San José,

los apóstoles y los mártires,

y todos los santos por cuya intercesión

confiamos obtener siempre tu ayuda.

Concederles andar en una vida nueva.

Acuérdate también Señor

de estos siervos tuyos que regenerados en el bautismo

te has dignado a confirmar con el don del Epíritu Santo

y con bondad conservarlos en tu gracia.

-Te pedimos, Padre, que esta víctima de reconciliación traiga la paz

y la salvación al mundo entero.

Confirme en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra.

A tu servidor, el papa Francisco, a nuestro obispo, al Orden Episcopal,

a los presbíteros y diáconos,

y a todo el pueblo redimido por ti.

- En el día y en la noche gloriosa de nuestra resurrección

de nuestro Señor Jesucristo te encomiendo a tí.

- En la vida del espíritu Santo,

por las siglos de las siglos.

-Amén.

(HABLA EN LATÍN)

Padre nuestro, que estás en el cielo.

Santificado sea tu nombre.

Venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.

Perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.

No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.

Líbranos de todos los males,

Señor, y concédenos la paz en nuestros días para que,

ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado

y protegidos de toda perturbación mientras esperamos

la gloriosa venida de nuestro salvador Jesucristo.

Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en

nuestros días para que, ayudados por tu misericordia,

vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda

perturbación mientras esperamos la gloriosa venida

de nuestro salvador Jesucristo.

-Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

-Señor Jesucristo, que dijiste a los apóstoles:

"La paz os dejo, mi paz os doy", no tengas en cuenta nuestros pecados,

sino la fe de tu Iglesia.

Y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.

Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

La paz del Señor esté siempre con vosotros.

-Y con tu espíritu.

Deseándoles una feliz Pascua de resurrección.

También les deseamos la paz.

Empieza la homilía con el arzobispo castrense.

Pidiendo la paz como Cristo resucitado.

Vemos como participan soldados de las fuerzas armadas españolas.

(CANTAN EN LATÍN)

(CANTAN EN LATÍN)

-Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

Dichosos los invitados a la cena del Señor.

-Señor, no soy digno de que entres en mi casa,

pero una palabra tuya bastará para sanarme.

Estamos celebrando esta noche la vigilia Pascual

en este sábado Santo,

sábado de gloria en la carrera castrense de Madrid.

A las 10:30 mañana estaremos aquí,

en RTVE celebrando la resurrección en la plaza

de San Pedro de Roma.

Será a las 10:00 de la mañana.

Se hará la eucaristía

y después a las 12 el mensaje de Pascua de que el papa Francisco.

(CANTAN LATÍN)

(Coros en latín)

El recuerdo semanal,

la memoria de la resurrección de Cristo

en el primer día de la semana,

el domingo es el origen del culto de la liturgia cristiana.

En el siglo segundo ya hay referencias a una fiesta específica,

memoria de la resurrección.

Nos hablaban de esta noche santa como la madre de todas las vigilias.

La noche más importante para todos los cristianos.

En esta noche se celebraba la dos bautizos de los catecúmenos.

Ya habían preparado la catequesis para recibir el bautizo.

(Coros en latín)

Empezábamos en la celebración que teniendo ese fuego,

bendiciendo el círio Pascual.

Este cirio presidirá todas las celebraciones.

Es uno de los símbolos más expresivas de esta Vigilia.

Ahí está la cruz con el alfa y el omega.

La primera y última letra del alfabeto cristiano.

Este cirio pascual están todas las celebraciones

a lo largo de las siete semanas de la jornada Pascual.

(Música)

Y la celebración de la vigilia Pascual

marca las fechas de la semana Santa.

Por eso daría todos los años.

En el 325 se estableció que la semana Santa

se celebrará a partir esta vigilia Pascual.

Después del equinocio de primavera

que sucede alrededor del 21 de marzo.

Por eso la vigilia Pascual varía entre el 25 de marzo y abril.

Oremos. Derrama señor en nosotros como espíritu de calidad.

Por Jesucristo Nuestro Señor.

-Amén.

-Antes de impartir la bendición solemne primero

de las palabras de felicitación y alegría.

Creemos en la buena noticia.

Creemos en el gran viviente.

Hay razones para vivir.

Hay razones para la esperanza.

Hay razones para el voto.

Cristo no se quedó en la cruz.

Con el de solicitamos.

Y resucitar amos cada día.

En la fraternidad, de la acción de gracias,

en los sacramentos y en la lucha por un mundo mejor.

Felicidades a todos.

Que esta felicitación llegue a todos los lugares de España.

Precisamente en aquellos que estén pasando por algún largo

o Viernes Santo.

A todos los interinos.

A todos aquellos que se encuentren en la prueba de la fe.

Cualquiera que esté cerca y lejos del Evangelio.

Agradecimiento a la televisión española

y a todos los profesionales que han hecho posible en los oficios

de Semana Santa en esta catedral castrense.

Y por lo tanto desecha no solo un oficio litúrgico,

sino de caminar es creando cultura.

Porque la fe es cultura.

Crea cultura.

Y la hemos visto en esta coral maravillosa.

El doctor Omar nos ha ayudado de estar durante todo el oficio.

Mi agradecimiento a los castrenses.

Al rector de la catedral porque todo esto hay que prepararlo

y todo estos días han supuesto muchísimo trabajo.

A todas aquellas personas que han colaborado en el trabajo.

A todos los, telespectadores que el señor os bendiga.

Que el gran viviente y Cristo resucitado

cubre a nuestro corazón de gozo y esperanza.

Para recibir la bendición.

Dios bendiga, y estará poderoso.

En la solemnidad Pascual que celebramos.

Compasivo os defienda de todas las ofensas del pecado.

-Amén.

-En la resurrección de tu regimiento.

Con el premio de la inmortalidad.

Los que han participado esta Semana Santa

que Dios os ayude con éxito exultante a la bendición eterna.

-Amén.

Que Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre vosotros.

-Amén.

(CANTAN LÁTIN)

Escuchamos y escuchábamos ese canto a la virgen.

Que durante el tiempo de Pascua sustituye al resto del ángel.

Así concluimos esta vigilia Pascual.

Está celebración para los cristianos.

Decía el papá Francisco en esa vida que a ella celebrado en Roma.

A Cristo se le encuentra porque está vivo.

Nosotros nos veremos mañana a las 10:00 de la mañana aquí en La 2

de televisión española.

Estaremos en San Pedro en la plaza de San Pedro

paga celebrar la misa de resurrección

que preside el papa Francisco.

En nombre de todo el equipo que ha estado trabajando estos días

les deseamos una feliz Pascua.

Que pasen una buena noche.

(Música)

(Música)

Semana Santa 2019 - Triduo Pascual, Santos Oficios

20 abr 2019

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