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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 482 - ver ahora
Transcripción completa

¿Y estás así por mí?

Por la blenorragia que me contagiaste.

Demuéstrele a Elisa

que su relación está por encima de todo,

incluso de su madre.

¿Cómo?

Pues no hay prueba de amor más grande

que pasar por el altar.

¿Cómo ha podido hacerlo después de todo lo que me hizo?

Se puso de rodillas suplicándome

y yo no supe qué hacer, no tenía nada.

-Debía haberlo echado a patadas.

Se lo advierto, o le despide

u olvídese de que tiene un hijo, ¿me ha entendido bien?

Elisa Silva, ¿quieres casarte conmigo?

Sí.

-Esta mañana iba a ir a la tienda para ver unos libros,

cuando me encontré a Cata besándose con un hombre.

Su soldadito, sin duda.

No, no puede ser. ¿Estás seguro?

Sé lo que es un beso.

Puedo hacerte una demostración. -No hace falta. ¿Qué más viste?

Poco más, no me atreví a entrar.

Mira, le he mentido a mi mujer

diciéndole que íbamos a las bodegas.

Vamos, Salvador, sólo te pido una mano más, ¿vale?

¡Todos me utilizan para su beneficio cuando les conviene!

¿Pero cómo se atreve a hablarme así?

Yo soy una señora y la dueña de este local.

Y he decidido que usted no trabaja más aquí y punto.

Rosalía me ha dicho que estabas aquí.

¿Cuándo has vuelto? -Eh...

Hace un rato. Estaba muy cansado y necesitaba descansar.

No me extraña, con la de curvas que tiene esa carretera.

¿Quieres que te dé un masajito en los hombros?

-¿No te importa? -No.

-Los tengo destrozados del viaje. -Ah...

-Oh... -Pensé que te quedarías

en las bodegas hasta mañana.

Sí, sí, iba a hacerlo, pero te echaba de menos.

Así que solucioné los problemas rápido

y cogí el coche de regreso. -Yo también te echaba de menos.

Se me hace muy extraño dormir sin ti a mi lado.

-¿Ah, sí? -Ajá.

Pues, si quieres, podemos recuperar el tiempo perdido.

(RÍE) ¡No, Salvador, para, para! ¡Para!

¡Para! Que alguien podría oírnos.

Llevamos un tiempo casados,

nadie se escandalizará a estas alturas.

Tenemos invitados.

Si lo dices por Julio, no tiene por qué preocuparte.

¿Se ha marchado a otro sitio?

¿Se puede saber por qué lo dices en ese tono?

¿Te molesta su presencia? -No, no es eso.

-¿Entonces, qué? -Es que...

Rodolfo me ha dicho que lo conocía.

Y me dijo que era un vividor

y que en su vida no había hecho otra cosa

que aprovecharse de los demás

y derrochar el dinero de su familia.

La gente, cuando es joven, comete muchas estupideces.

Pero luego maduran. -¿Tú crees?

Pues a mí no me parece que haya madurado mucho.

Me da miedo que sea una mala influencia para ti.

¿No te parece que soy mayor para saber lo que hago?

No me parecías muy mayor cuando desatendiste

tus obligaciones para irte de juerga con él.

Cariño, eso no volverá a pasar.

Y para asegurarnos, ¿por qué no le dices

que se vaya a otro sitio?

¿A otro sitio? No puedo hacer eso.

Está pasando por un mal momento. No pienso darle la espalda.

Además, Julio es un hombre nuevo y yo también.

Tengo responsabilidades y las asumo.

Está bien. Pues que se quede.

Bien.

Vamos a dar un paseo con las niñas.

Me gustaría. Me gustaría, pero estoy agotado.

Necesito descansar un poco. -Está bien.

-Bien. -Ya me voy yo sola.

Bueno.

Hola. Si vienes a ver a Celia...

No. No la busco a ella. Sé que está en Barcelona.

Si vienes a por un libro,

date prisa, por favor. Estaba cerrando.

-¿Tienes una cita? -Sí. Con la cama.

Ha sido un día complicado y estoy deseando irme a mi cuarto.

Si no te importa esperar un momento,

me gustaría hablar contigo. -¿Conmigo por qué?

¿Le ha ocurrido algo a Celia? -Sí.

Pero ella aún no lo sabe.

Siento inmiscuirme en vuestras vidas,

pero no permitiré que nadie le haga daño a mi amiga.

-¿Quién iba a hacerle daño? -Tú.

No quiero ser tan directo,

pero sé que te estás viendo con ese amigo tuyo,

ese supuesto familiar, de forma íntima.

Sé que os habéis besado.

-¿Me estás espiando? -No. Os han visto.

Por favor. Por favor, no se lo digas a Celia.

Te juro que no es lo que parece.

Yo creo que es bastante evidente. Pero bien, explícame.

Explícame cómo son las cosas.

Andrés no es amigo mío.

Es mi prometido.

-Tu prometido. -Sí. Espera.

Cuando conocí a Celia, Andrés estaba

en la Guerra de Marruecos. Hacía mucho que no tenía

noticias de él. Pensé que había muerto.

Por eso no se lo conté a Celia.

Y ahora ha vuelto para que lo retomemos

donde lo dejamos, en el compromiso.

¿Ese muchacho sabe de la existencia de Celia?

No. Bueno, sí. Pero cree que solo es una amiga.

Lo sé. Lo sé. Suena miserable.

Lo miserable es seguir dando esperanzas a ese muchacho.

A no ser que sigas enamorada de él. -Le quiero.

Y estoy enamorada de Celia. Pero es que ella nunca

podrá darme lo mismo que Andrés.

Ya veo. Prefieres la seguridad al amor.

Somos muy diferentes, Velasco.

Ella es una intelectual. Y yo no.

¿Y qué futuro tenemos así? -El amor no tiene nada que ver

con la cultura de cada uno. -Al principio, no.

Pero las afinidades importan.

Con el tiempo, ella acabará cansándose.

Con Andrés no tengo que demostrar nada. Somos más parecidos.

Los dos queremos una vida tranquila y formar una familia.

Esas son nuestras aspiraciones.

¿Y crees que con Celia no lo tendrías?

Pero es que, aun así, la quiero mucho.

No sé qué hacer.

Desde luego, tienes que sincerarte con ella,

antes de que las cosas vayan a más.

Sí. Pero Celia está en Barcelona.

No quiero tener esta conversación

por teléfono. -No. No busques excusas.

Está bien.

Te prometo que hablaré con ella cuando regrese.

Pero necesito un poco de tiempo hasta tomar la decisión definitiva.

Esto no es una decisión fácil.

Bueno, ¿me guardas el secreto?

Está bien. Pero decídete pronto

y yo le contaré toda la verdad a Celia.

No puedes estar jugando con los dos.

Qué bien hueles. Dan ganas de comerte a besos.

Julio, a ver si nos van a denunciar

por escándalo público. Que me lleven preso.

Con tal de que me encierren a tu lado, me da igual.

Vámonos a la pensión. -No, no.

A mi pensión no. No podemos.

La otra noche no ponías tantos reparos.

Ya. Pero la dueña me ha dejado bien claro

que no admite visitas de desconocidos.

Como vuelva a verme con alguien, me echará.

Bueno. Bueno, si no hacemos ruido,

nadie se enterará de que estamos allí.

No. ¿Y por qué no vamos a tu hotel?

Allí hay más comodidades, ¿no?

No me alojo en ninguno.

Estoy en casa de un amigo. O mejor dicho,

en la de su mujer y sus hermanas, que también viven allí.

¿Qué pasa?

¿Tu amigo no será... Salvador Montaner?

¿Le conoces?

(RÍEN)

Vaya con Salvador.

Por mucho que vaya de hombre responsable,

al final, sale la pasta de la que está hecho el muy bribón.

Pues no es ni la mitad de hombre que tú.

Me vuelves loco.

Y eso que todavía no he empezado. Mira. Vamos a hacer una cosa.

Nos vamos a ir a casa de las Silva.

Entraremos sin hacer ruido y nadie se dará cuenta.

¿Qué me dices?

-¿Y si nos descubren? -Eso es lo mejor.

Es lo que más me gusta, el riesgo. Y a ti también, ¿verdad?

Vamos.

Ahí la tiene. No se encuentra muy bien.

Estará rendida. No se preocupe, María.

Ya me encargo yo.

Amalia.

Blanca. No te he oído llegar. Me he quedado dormida.

No te preocupes. María me ha dicho que no te encuentras muy bien.

Pero mira con quién he venido.

Mi niña.

Qué dormidita está. Sí.

Tan ajena a todo lo que está pasando.

Cristóbal ya me ha dicho lo que ha pasado. ¿Cómo estás?

Saber que lo que tiene Rodolfo es culpa mía, me mata, Blanca.

Pero aun así, estoy tranquila.

Cómo admiro tu templanza. Yo no sé si habría reaccionado

como tú, si Rodolfo me hubiera dicho lo mismo.

Conozco a Rodolfo y sé que lo que me dijo,

no fue por rencor ni con desprecio. No. Claro que no.

Sé que lo hizo para obligarme a dejarlo marchar.

Se sacrificó por mí, Blanca.

Y es más duro todavía.

Bueno, tranquila.

No pienso dejarle solo, Blanca.

Voy a ir todos los días al hospital.

No pienso abandonarle ahora.

Por mucho que me humille, me da igual.

Eres tan fuerte. No. Esto lo haría cualquiera.

¿O es que tú dejarías abandonado a Cristóbal?

No. Por supuesto que no.

De verdad que si hay algo que necesites,

solo tienes que pedírmelo. Pues...

Pues sí, Blanca. ¿Podrías quedarte

con la niña unos días más? Ay, por supuesto que sí

Además, yo estoy encantada.

Sé que contigo está muy bien. No. No le faltará de nada.

Además, es una niña muy buena. Y vamos a volver

muy pronto, las dos. Por favor.

Sí. Bueno, me voy, así descansas un poquito.

Gracias, Blanca. No hace falta que me las des.

(SUSPIRA)

Blanca. María.

Blanca se ha dejado los guantes.

Acaba de salir. ¿Quiere que vaya a buscarla?

Bueno, es igual. Ya vendrá a buscarlos otro día.

(SUSPIRA)

¿Qué le parece, padre? Se quiere casar conmigo de inmediato.

¿Y no crees que vas demasiado deprisa con ese muchacho?

Lo sé. Pero es que también sé que es el hombre de mi vida.

Aunque no daré el paso sin contar con su aprobación.

No quiero cargar con esa responsabilidad. Ni hablar.

Si te digo que no, ¿cuánto tiempo tardarías

en reprocharme que no te he dejado ser feliz? No.

No voy a reprocharle nada.

Esta vez, quiero hacer las cosas bien.

No es la primera vez que escucho eso de ti.

Las experiencias que he vivido, me han ayudado a darme cuenta

de cuándo lo que siento es amor

y cuándo es un capricho. -¿Y por qué no te das

más tiempo para comprobar que eso es cierto?

No me gustaría que cometieses los mismos errores del pasado.

Es que yo puedo darle tiempo, pero no tengo nada que pensar.

Estoy muy segura de lo que quiero hacer.

¿Igual que con Ciro? -No. Con Ciro fue diferente.

Yo con Ciro me casé pensando que era mi última oportunidad,

que si no le decía que sí, nadie más me lo pediría.

¿Y ahora sientes que es diferente?

Ahora yo también estoy enamorada.

Padre, es que creo que con Gonzalo nunca he tenido

una confianza tan especial.

Siento que podemos hablar sin palabras.

No, si al final va a resultar que esto que sentís

es amor verdadero.

Y si es así, no puedo ponerle trabas.

Así que, bueno, tienes mi bendición para casarte con Gonzalo.

-¿De verdad? -Sí.

Gracias.

(Suena el timbre)

Los guantes.

Blanca...

Le dije que está a punto de acostarse,

pero insistió en verla. -¿Qué hace aquí?

¿Esperaba a otra persona?

Será mejor que se vaya. No estoy para visitas.

Ni hablar. No voy a permitir que nadie me eche

de su lado nunca más. A partir, se hará lo que yo diga.

¿Se ha vuelto loco?

Voy a llamar a la policía.

-¿Qué hace? ¡Siéntese! -Déjela.

¡No vuelva a ponerme las manos encima!

¿Pero qué...?

¡Dios mío!

(TOSE) ¡Fuego!

¡Fuego! ¡Socorro!

(TOSE) ¡Fuego! ¡Se ha incendiado

la caldera, señores! ¡La caldera se ha incendiado!

-¿Qué ocurre? -Yo iré a la cocina.

Saca a las niñas y avisa a todos.

Hay que salir de aquí. -Sí.

¡Fuego! ¡Hay fuego! ¡Rápido, salid!

¿Qué está pasando con tanto grito?

¿Qué haces tú aquí? ¿Qué haces aquí?

¿Qué ocurre? ¿Por qué hay tanto humo?

Hay fuego en la casa. Rápido, salid.

Vamos. Hay que salir de aquí. Vamos.

¿Qué hace? Siéntese.

Necesito salir.

No hace ni media hora que fue al cuarto de baño.

Necesito salir de la casa.

¿Y cree que yo se lo voy a permitir?

Don Luis.

Apelo a su compasión.

Mi marido está ingresado en el hospital.

Está muy grave. -Eso a mí me da igual.

De aquí no va a salir nadie.

Le prometo que si me deja salir,

volveré a cantar en el Ambigú con usted.

No podría cumplir con su promesa, aunque quisiera.

Me han despedido.

Pero yo eso lo puedo arreglar.

Puedo convencer a Antonia.

O podemos encontrar otro café-teatro, eh.

El número que teníamos gustaba mucho.

Podríamos encontrar trabajo en otro sitio

y volver a cantar juntos.

Es lo único que le pido, don Luis.

Por favor, déjeme salir.

¿Tan mal se encuentra su marido?

Creo que se está muriendo.

Lo siento.

Está bien. No se preocupe.

La dejaré marchar.

¿Adónde cree que va?

¿De verdad se lo ha creído?

-Es usted despreciable. -Siéntese.

¿Qué esperaba que hiciera?

¿Esperaba que me diera lástima su maridito?

¿Cree que me importa un bledo que Rodolfo Loygorri muera?

Una rata menos. -No le consiento

que hable así de él. -Por supuesto que me lo consentirá.

Me va a consentir eso y mucho más.

¿Y sabe por qué?

No me mires.

¿Sabe por qué?

Porque ahora me pertenece.

Hola. -Hola. Gracias.

No sabes lo que me ha costado encontrarlas. He tenido que ir

a cuatro floristerías. Nadie tenía azaleas.

Es que no es la flor más apropiada para regalar.

-Es que no te acuerdas, ¿no? -¿De qué?

Te regalé azaleas la primera vez que fuimos a pasear juntos.

Es verdad.

Me dijiste lo mismo que ahora,

que no eran las flores más apropiadas para regalar

porque son las que llevan las novias en su boda.

Y yo no lo sabía, así que nunca más te regalé azaleas.

Hasta ahora. Con la boda cada vez más cercana,

pues he pensado que igual sí podía regalarte un ramo.

No sé. A mí me parecen preciosas.

Como tú.

Te estoy abrumando, ¿verdad? Lo siento. Perdóname.

Ya sabes que soy un poco torpe.

No es eso.

Que sí. Que sí que es eso. Si dijimos que íbamos a tener

paciencia y mírame ahora, que vengo con flores y con besos.

No son las azaleas ni los besos, Andrés.

Entonces, ¿qué es?

Chiquitina.

Dime algo. Oye, ¿qué pasa?

No puedo casarme contigo, Andrés.

Lo siento mucho, pero no puedo.

¿Pero por qué?

Yo ya no soy la muchacha que conociste.

Bueno, ¿y te crees que yo soy la misma persona

que antes de irme a la guerra?

Pero yo no te pido que seas nada.

Te acepto y te quiero tal cual eres ahora.

Es que no sabes cómo soy.

Claro. Claro que sí lo sé.

No, Andrés. No lo sabes.

Hace tiempo que lo tengo claro.

No te lo dije en las cartas porque estabas en el frente

y sé que necesitabas mi apoyo, pero ahora es diferente.

Sé que eres un buen hombre y no te mereces esto, de verdad.

No puedo mentirte. Mi vida no está en Valencia

despachando en una ferretería. -Para mí eres lo más importante.

Si no quieres que nos vayamos a Valencia, no nos vamos.

Si no quieres ferretería, no hay ferretería.

-Andrés... -Pero escúchame. Yo te quiero

y tú me quieres. ¿Qué más da lo demás?

Por favor, Andrés.

¿Es que tú no me quieres?

(Teléfono)

No lo cojan.

-Puede ser importante. -Nos quedaremos con la duda.

Por favor, déjeme cogerlo.

Le prometo que no contaré nada. -Le he dicho que no.

Por fin ha acabado ese sonido horrible.

Don Luis.

No conseguirá nada reteniéndonos aquí.

Ahora solo ha sido el teléfono.

Pero pronto vendrán y llamarán a la puerta.

Le estoy hablando.

Más tarde o más temprano, llamarán a la puerta.

-Y se irán por donde han venido. -No.

Se preocuparán por nosotras, sospecharán.

Por favor. -¡Cállese!

¡Cállese! En beneficio de todos.

No puedo escuchar la música.

Acabará con sus huesos en la cárcel. ¿Lo sabe?

Yo no voy a volver a la cárcel.

No.

Si sigue así, lo hará.

Pare, por favor.

Yo no voy a volver a la cárcel.

Antes, me quitaré la vida.

Después de matarlas a ustedes dos, naturalmente.

(TOSEN)

¿No deberíamos echar más agua? No.

Eso crearía más humo. Es mejor así, con tierra y arena.

¿Han conseguido ustedes apagar las llamas?

Eso parece. ¿Se encuentra bien?

Sí, sí. No se preocupe, doctor. Rosalía, ¿le cuesta respirar?

No, no. Es solo este humo

que se me agarra a la garganta y me pica.

Si es eso, no se preocupe, no es nada.

Hemos apagado el fuego, pero habría que abrir

para que se vaya el humo.

Menos mal que todo ha quedado en un susto. Unos minutos más y...

No quiero ni pensar en lo que hubiera podido ocurrir.

Y con las niñas en casa. -No pensemos en eso ahora.

Lo importante es que estamos bien.

Será mejor que avise a los demás para que puedan entrar.

(TOSE)

Prometió usted que se ocuparía de dar el aviso

para que arreglaran la caldera.

-Y... -Y no lo hizo.

Acabo de llamarles ahora mismo y no tenían recado de usted.

Rosalía, se me fue de la cabeza. Y creo que ahora no es momento

de reproches. -¿No es momento?

¿Casi nos quemamos vivos por su culpa y no es momento?

Ha estado a punto de ocurrir una tragedia

por causa de su dejadez, señor Montaner.

¿Va a someterme ahora a un juicio sumarísimo?

Yo prometí cubrirle las espaldas delante de su esposa

con ese asunto de su supuesta visita a las bodegas.

Rosalía, ya está bien. -Rosalía, ya está bien.

Y a cambio, usted prometió ocuparse de dar el aviso

para que arreglaran la caldera sin falta.

Julio, espera.

Iba a volverme a la cama, ahora que todo está en orden.

Vaya susto. -¿Te refieres al incendio?

¿O al que me he llevado al ver a Marina durmiendo aquí?

-¿La conocías? -Por desgracia, sí.

Entiendo que tú no. -No. La conocí ayer mismo.

Y la metes en esta casa sin saber nada de ella.

Ya sabes cómo son estas cosas.

Uno se toma una copa de más y se deja llevar por los instintos.

Esa mujer mató al marido de mi hermana.

-No lo sabía. -Y no fue al único miembro

de esta familia al que intentó matar.

-¿Y está en la calle? -Ya ves cómo funciona

la justicia en este país.

Te juro que si... de haberlo sabido...

Pero uno no va pidiendo certificado de penales

a todas las mujeres con las que se quiere encamar.

No me importa con quién te encames, mientras no lo hagas en esta casa.

Mira, Julio, creo que lo mejor para todos es que te vayas.

Hoy mismo, sería perfecto.

-¿Así? ¿Tan de repente? -Creo que hemos sido

bastante hospitalarios contigo. -Sí, sí. Claro que sí.

Pues no se hable más. Recoge tus cosas y márchate.

Bueno, eso debería decidirlo Salvador, ¿no crees?

Al fin y al cabo, fue él quien me invitó a instalarme aquí.

No te preocupes. Si necesitas que Salvador te lo diga,

te lo va a decir.

Hoy me siento generoso. ¿Qué te parece si te invito a tomar

algo en el club? ¿Qué me dices? -No lo sé.

Después del paseo de ayer, acabé reventado.

No, no, no. El doctor Loygorri dijo que tienes que dar paseos

cada día para fortalecer las piernas.

Venga. Anímate, hombre.

Ya. ¿Estará allí tu amigo, el poeta?

Bueno, eso es difícil de saber.

Simón es poco predecible. No le gusta planear.

Prefiere dejarse llevar por el impulso del momento.

-Ya. -¿Por qué lo preguntas?

Pues porque no me gustaría coincidir con él.

¿No te cae bien?

Bueno, digamos que me incomoda.

Ya. Sí. Sí. Lo entiendo.

Simón puede ser un poco cargante.

Su amaneramiento, no para de hablar,

está continuamente haciendo bromas.

Pero es buena persona y es muy divertido.

No lo dudo.

Creo que sus virtudes compensan con creces sus defectos.

Bueno, eso será para ti.

Pero ve, ve con él. Yo prefiero quedarme aquí en casa.

Eres mi amigo y me gustaría que le dieras una oportunidad.

Con el tiempo, tal vez.

Hoy por hoy, si no te importa, prefiero evitarlo.

Está bien. Como quieras.

Y ándate con cuidado, Velasco.

Creo que a Simón le gusta demasiado provocar.

¿Y qué?

-Se debería guardar las formas. -Las formas.

Si sigue comportándose de una forma tan provocadora,

tan amanerada, lo único que va a conseguir

es que alguien le dé una paliza y no me gustaría

que tú estuvieras con él cuando eso suceda.

Es como si dieras por hecho que va a ocurrir.

Anda ya, Velasco. Tú y Celia ya habéis pasado por eso

y erais mucho más discretos que él. Por eso me preocupa.

La gente es despiadada, Federico. Despiadada e hipócrita.

Pueden hacer la vista gorda,

si guardas los cadáveres en el sótano.

Pero ay de ti, si los sacas a pasear.

Blanca.

¿Cómo te encuentras?

Ahora lo entiendo. Las mujeres de mi vida

vienen a verme por orden de antigüedad.

¿Eso significa que Amalia no ha venido a verte todavía?

No.

Pero...

Pero cuéntame. ¿Cómo está mi hija Dolores?

Ay, pues más que bien. Ilumina la casa con su sonrisa.

Siempre tuvo esa habilidad. Es una niña maravillosa.

Y muy buena. Aunque creo que ha sacado

el carácter de tu madre, sobre todo,

cuando se enfada y cuando llora.

Rodolfo.

Cuéntame más cosas de ella.

Llevo aquí todo el día solo y tengo ganas de charlar.

¿Qué te pasa, Blanca? No, nada.

Que me sorprende que Amalia no haya venido a verte todavía.

No se lo puedo reprochar, después de decirle

que esta enfermedad es culpa suya.

¿Pero cómo le has dicho eso? Tenía que alejarla de mí, Blanca.

Tenía que evitarle todo esto.

Bueno, pero ella sabe que no la has engañado,

sabe que lo has hecho por eso, ¿no?

La maldición de los Loygorri.

Siempre nos casamos con mujeres más inteligentes que nosotros.

Bueno, eso ya lo sabía.

Apenas llevo un día aquí y la echo tanto de menos.

Me extraña que todavía no haya venido a verte.

Iré a verla, a ver qué es lo que ha pasado.

¿Harías eso por mí? Por supuesto que sí.

Por ti y por ella.

Bueno, todavía no me has dicho cómo te encuentras.

Blanca, empiezo a asumir que esto no va a acabar bien.

No digas eso. Cristóbal dice que con el tratamiento...

A Cristóbal solo le falta darme agua bendita.

Es un luchador. No me quiere dejar ir.

Pero en sus ojos veo que no tiene nada que hacer, que me ha perdido.

No, Rodolfo. No puedes perder la esperanza.

Te lo digo por experiencia. Por favor.

¿Solo tienes dos discos? Sí.

Este no está mal.

¿No tiene hambre?

No.

Debería comer, ¿por qué no vamos los tres a la cocina

y que la criada nos prepare algo?,

lo que a usted le apetezca. No tengo hambre.

Debería comer.

(Música)

(Ruido metálico)

Estense quietas y en silencio.

Se lo dije,

le dije que se preocuparían por nosotras.

Casi siempre estoy en casa, si no abro, resultará sospechoso.

Está bien, tú, tú, vamos.

Ve a ver quién es.

Escúchame bien, ni se te ocurra hacer ninguna tontería

o tendré que matar a la señora, ¿entendiste?

Vamos, ve a la puerta.

Don Luis, tiene que parar.

Todo esto es absurdo. Cállese.

Todavía está a tiempo de echarse atrás.

He dicho que se calle.

Es doña Blanca, quiere ver a la señora.

Pero, ¿no le has dicho que no puede ser?

No, insistió en verla. Estúpida, eres estúpida,

ve a la puerta y dile que la señora no está.

Pero, no la creerá.

Es verdad, doña Blanca viene del hospital y sabe

que la señora o está en el hospital o está en casa.

Está bien.

Déjeme verla, puede que traiga noticias de Rodolfo y de la niña.

Tú, te vienes conmigo.

Voy a estar muy pendiente de usted.

Como Blanca Silva se dé cuenta de lo que sucede aquí,

las mato a todas, ¿entendido?, vamos, vaya.

Le juro que no diré nada. Tiene tres minutos, atiéndala

y deshágase de ella, inmediatamente.

Vine a verte porque me tienes muy preocupada.

¿Preocupada por qué?

No, estoy bien, solo estoy un poco mal de la garganta aún.

Tienes muy mal aspecto, ¿seguro estás bien?

Sí, no pasa nada, Blanca.

Entonces, ¿se terminó?

He roto mi compromiso con él.

¿Y te quedas con Celia?

Es de quien estoy enamorada.

Me alegro mucho.

Ambas os merecéis la una a la otra y estoy seguro

de que seréis muy felices juntas.

Pero, Andrés, tampoco se merece esto,

él es muy bueno y honrado.

Pero, por eso, precisamente,

se merecía que le contaras la verdad,

has hecho lo mejor.

Tenías que haber visto la cara que se le ha quedado.

Era como si le hubieran arrancado lo que le mantenía vivo.

He sido muy culpable, Velasco, le he roto el corazón.

Anda, ven aquí.

Ven.

Lo siento mucho por Andrés,

pero, se merecía que le contaras la verdad.

Ya no lo sé.

¿Y qué ibas a hacer?,

no podías mantener a dos personas engañadas

solo por no hacerles daño.

Eso me consuela, pero, ¿qué consuelo le queda a él?

El tiempo... lo sé bien.

Ahora, estará destrozado pero, con el tiempo conocerá

a otra joven y se volverá a enamorar

y será la persona adecuada y ambos serán felices.

Lo sé porque lo he visto muchas veces

y porque lo estoy viviendo.

Ojalá tenga razón.

Pero, ponte en su lugar,

llegas de la guerra con la ilusión de seguir tu vida

y te encuentras con esto.

No le des más vueltas,

has hecho lo que tenías que hacer.

Azaleas.

¿Te las ha regalado él? Sí.

Pues, tíralas porque si no cada vez que las veas

te acordarás de él y es peor.

¿Te importa llevártelas

cuando te vayas? Sí, por supuesto.

Andrés, ¿qué haces aquí?

¿Es este, verdad?

Este es tu nuevo novio. Joven, se está usted equivocando,

Cata y yo, solo estábamos hablando...

Velasco, ¿estás bien?

Blanca, tus guantes, te los dejaste ayer.

Gracias.

Amalia, ¿estás bien?

Sí. Nunca te vi así de nerviosa.

Ya, es que no estoy bien aún,

solo es cansancio.

Estuve en el hospital y Rodolfo me dijo que no has ido a verle aún.

No.

No he ido. Pero, ¿por qué?

Después de la conversación de ayer estabas deseando verle.

Es que he cambiado de idea,

puede ser que sea mejor que no le atosigue.

No digas tonterías, tú no le atosigas.

Además, te echa muchísimo de menos.

¿Cómo está?

Pues, si te digo la verdad, hacía días que no le veía

y está cada vez peor.

Te necesita a su lado, Amalia.

Y yo iré,

iré en cuanto pueda, lo prometo.

¿Por qué no vamos hoy?,

no me cuesta acompañarte. No, hoy no puedo, Blanca.

Amalia, de verdad, Rodolfo... ¡De verdad!,

Blanca, te he dicho que hoy no puedo.

Discúlpame.

Perdóname, no es un buen día,

creo que es mejor que te vayas, no estoy bien.

No sé qué te pasa, pero, está claro que algo te sucede.

Necesito estar sola, vete, por favor.

Está bien.

Mira, Amalia, si quieres, puedo volver con la niña.

No, la niña, no. No me cuesta nada ir a buscarla

y, luego, volver, de verdad.

Ruego, te ruego que no la traigas, iré a verla en cuanto pueda.

Está bien, me voy.

Te acompaño.

Gracias por venir y perdona. No pasa nada, te veo mañana.

He hecho lo que he podido.

Me caso.

¿No decís nada?

-¿Con Gonzalo? -Pues claro que con Gonzalo.

Bueno, ¿qué? Felicitadme.

(AMBAS) Felicidades.

¿Y cuándo seré el enlace?

Hoy, en la capilla de El Escorial.

Sofía y Carlos son los testigos.

Ahora mismo, tu hijo va camino de El Escorial con Elisa Silva.

¿Y a qué no sabes a qué van a El Escorial?

A casarse. Esta misma tarde, serán marido y mujer.

Pero, claro, como ellos no saben que son hermanos...

Ay, los arrebatos de la juventud.

-No te creo. -Yo misma le sugerí a Gonzalo

que se casara lo antes posible.

Escúcheme. Tengo una idea. Le voy a pedir permiso

para ir al cuarto de baño y voy a intentar escaparme

por la ventana o, al menos, avisar a alguien.

¿Pero qué te pasa? Vienes descompuesta.

Dime dónde están Gonzalo y Elisa, tú tienes que saberlo.

¿Por qué no empiezas por sentarte e intentas calmarte?

¿Que me calme? Acabo de saber de que se van a casar hoy

y no lo puedo permitir. -Tienes que aceptarlo.

Están enamorados y son felices, ¿por qué no van a casarse?

-No pueden casarse. -Claro que pueden.

La única persona que se opone a que estén juntos eres tú.

Padre. (RÍE)

¿Se encuentra bien?

Me encuentro perfectamente, pero...

tengo que hablar con vosotros.

Eh, quería que me aclarara unas dudas sobre la compra de hoy.

¿Es buen momento? -Voy a comer algo

y respondo a tus preguntas, ¿vale?

¿Por qué no vamos a una terraza a tomar un almuerzo?

Hay mucho que celebrar, invito yo.

-Bueno, pues vamos. (MERCEDITAS RÍE)

¿Dónde está el cuadro?

  • Capítulo 482

Seis Hermanas - Capítulo 482

11 abr 2017

Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de la segunda década del s.

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