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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 476 - ver ahora
Transcripción completa

¿Qué os parece si sellamos la paz con un buen apretón de manos?

Venga.

Mañana volvemos al trabajo sin tener en cuenta

los malentendidos. Y borrón y cuenta nueva.

¿Le parece bien? -Me parece perfecto, Sr. Montaner.

No mejorarás si no pones fe en el futuro.

-No me queda ninguna. -Tienes que hacer los ejercicios,

te guste o no. Y yo te voy a ayudar quieras o no.

No me toque. ¡No me toque, no me toque!

¿Por qué no ha venido tu amigo Velasco?

Creo que deberías buscarte a alguien más accesible.

Oh, no. Simón Gorís no se rinde nunca.

Aunque él no lo sepa, abriré la caja de caudales de su corazón.

Créeme. -Vaya a visitarle, por favor.

Solo usted tiene la paciencia necesaria

para hacerle cambiar de actitud.

Está bien, iré a visitarle.

Pero usted tiene que tranquilizarse.

Le aseguro que todo se arreglará.

Estás perdiendo la cabeza, Marina.

Si descubro que estás detrás de esta paliza,

tu hijo sabrá la verdad. -Ni se te ocurra.

Desde hoy y durante un tiempo,

usted será el único responsable de la fábrica.

Se nota que lo ha arreglado, porque realza su figura.

¡Oh!

No sé quién se ha pensado que soy yo,

pero no vuelva a hacer eso.

Tu amigo pierde el tiempo.

Ya sé que puede ser efusivo y, quizá, un tanto extravagante.

Pero también es muy buena persona y muy divertido.

Demasiado para mí. No tengo interés en su compañía.

Esa joven no es buena para ti.

Madre, eso no es una razón ni una explicación, ni es nada.

No se llama Amparo, se llama Elisa.

Estoy bien. No te preocupes.

Si te has puesto así por mi culpa, por verme actuar,

te juro que no volveré a subirme a un escenario.

Me ha encantado, Amalia.

Por favor, dame otra oportunidad, Gonzalo.

Elisa, me has mentido y reconoces que has hecho cosas... horribles.

Me gustaría poder decir que me alegro de haberte conocido,

pero sería mentira.

(Sintonía)

No puedes sacarte a ese muchacho de la cabeza, ¿no?

No solo es por eso, padre.

Pero, ya que saca el tema, me gustaría preguntarle algo.

Dime, dime.

Si Gonzalo me ha dejado ha sido por las cosas horribles

que le contó Cándida de mí. -Pero que son ciertas.

-Sí, pero me habría perdonado si su madre no estuviera en contra.

Supongo.

Padre, yo sé que usted aprecia mucho a Cándida

y ella le aprecia a usted.

Por eso me preguntaba...

si usted podría hablar con ella

para convencerle de que mis intenciones son buenas.

¿Te crees que no lo he intentado? Pero en esto Cándida es inamovible.

No quiere que te veas con su hijo. -¿Pero por qué?

Padre, si yo siempre me he portado muy bien con ella.

Intercedí por ella para que pudiera verle a usted.

Y podría haberle contado a Gonzalo a lo que se dedica su madre,

pero no lo he hecho.

Padre, es que no entiendo por qué se comporta así conmigo.

No sé, a mí también me cuesta entenderlo.

Querrá proteger a su hijo.

¿Protegerle de mí? ¿Tan mala soy?

(RÍE) No. No, mira, para cualquier madre,

ninguna mujer es buena para casarse con su hijo.

Siempre ha sido así. -Qué injusto.

Bueno, es el instinto maternal.

Mi madre, bueno, tu abuela, que en paz descanse,

también era así.

Cualquier mujer que le presentaba, ninguna le parecía bien.

A todas les encontraba pegas.

Y, si no tenían defectos, se los inventaba.

Padre, si es que yo entiendo que Cándida quiera proteger a su hijo.

Lo que no entiendo es por qué él le hace caso.

Bueno, eh... la opinión de una madre suele ser importante.

Lo sé, yo también tengo mucho respeto por su opinión.

Pero, padre, ¿qué quiere que le diga?

Cuando yo quiero a alguien de verdad,

me da igual lo que usted piense.

Es que me da igual lo que todo el mundo piense.

Me guío por el corazón. -Lo sé.

Y admiro tu tenacidad.

Pero no todo el mundo es así.

Pues, entonces, igual Gonzalo no es un hombre de verdad.

Si él no es capaz de anteponer su corazón

a la opinión de su madre, es que no te merece.

-¿Lo dice para que me sienta mejor? -No, no, no.

Lo digo porque me preocupa que vayas a unir tu vida

a la persona que no es la adecuada.

Escúchame, la persona que esté a tu lado tiene que demostrarte

que tú eres lo más importante para él.

-Gracias, padre. -No, y no te aflijas.

Seguro que vas a encontrar un hombre digno de ti, ya verás.

Ah...

Vaya...

Mi amigo, el... agente de Policía.

Ya has bebido demasiado.

¿Y a ti qué te importa lo que yo haga, eh?

No soy uno de tus delincuentes

para que me digas y ordenes lo que debo hacer.

Yo no te ordeno nada.

Solo soy tu amigo y me preocupo por ti.

Si tanto te preocupas, acércame otra botella. Esa está vacía.

Como quieras. Pero que sepas que no te va a ayudar

pasar los días borracho.

No te pongas condescendiente, odio cuando haces eso.

¿No te gusta que te hable así?

Está bien.

Está bien, pues me dejaré de paños calientes y...

y seré franco y directo.

Por favor.

No sabemos si vas a recuperar la movilidad en las piernas.

-Gracias. -Y todo esto te lo has buscado tú.

Tú solo. Te lo has buscado conduciendo de esa forma temeraria.

-Esa es tu opinión. -No, esa es la verdad.

Tu madre te regaló ese coche, pero no te obligó a ir rápido.

Si nos hubieras hecho caso a los que dijimos que no corrieras,

esto no hubiera ocurrido. -Nadie conduce es coche despacio.

¡Eso es una tontería!

Una excusa de cobardes para no afrontar tus propios errores.

Errores que, seguramente, te obliguen a pasar

el resto de tus días en esa silla de ruedas.

¿Es así como quiere que te trate?

Sé que lo estás pasando muy mal. -No, no lo sabes.

No puedes imaginarte lo que es esto, Velasco.

Yo sé que no quieres seguir así para siempre.

Claro que no.

Pero tampoco... tampoco quiero falsas esperanzas,

vivir con la incertidumbre de si seré un inválido

el resto de mi vida es...

es mucho peor que saberlo con certeza.

Mientras luches, siempre habrá esperanza.

Tengo miedo, Velasco.

Y el alcohol es lo único que me...

alivia esta sensación horrible de angustia.

Tendrás que buscar otra solución.

Porque beber solo lo está empeorando todo.

Déjame solo, anda.

Está bien, como quieras.

Pero que sepas que, aunque no estemos aquí,

estamos contigo.

¿Pero es que no puedes parar ni un momento?

-¿Qué quieres? -¿Qué voy a querer? Que comas algo.

No puedo, no tengo tiempo.

Esta mañana has salido pronto de casa,

sin desayunar, y te va a dar algo.

Si estoy viviendo más pronto estos días es porque

es la forma que tengo de solucionar el trabajo.

Bueno, razón de más para alimentarte bien.

Salir de casa con el estómago vacío no es bueno.

Pero, aparte de alimentarme, tengo que ser el encargado

y, además, atender los asuntos del despacho que hacía Rodolfo.

Benjamín, en comer algo de pan y de embutido no se tarda nada.

Si tan siquiera me entra, estoy tan nervioso

que se me cierra el estómago.

Eso será hasta que te acostumbres a la nueva situación en la fábrica.

No me voy a acostumbrar.

Si atiendo a los obreros, descuido a los clientes.

Me centro en los clientes, no trabaja nadie.

Vaya, pues sí que parece complicado, sí.

Pero tú vales para esto y mucho más.

No, no, no, gracias por tus palabras,

pero a mí esto me viene grande.

Cosas más complicadas has hecho por esta fábrica.

Muy complicadas sí, pero tanto no.

Que no me cuadran las cuentas.

Yo no sé qué he hecho mal o en qué me he equivocado,

pero, si seguimos así, los pedidos no llegarán a tiempo.

Y, entonces, si se retrasan los pagos,

la fábrica se irá al garete.

-¿Pero tan grave es? -Muchísimo, muchísimo.

Y, si no reaccionamos pronto y bien,

no habrá manera de recuperar Tejidos Silva.

Pues tienes que hablar con don Rodolfo y...

y contarle lo que está pasando. -¿Crees que no lo he hecho?

Es que ni siquiera quiere escucharme.

Dice que confía plenamente en mí. -Bueno, eso es muy bonito.

Sí, me deja todo el trabajo y no me da opción a decir que no.

-Eso no es tan bonito. -Por eso no como, ni duermo

y me paso el día solucionando pequeños problemas.

Y los principales crecen, crecen y no sé qué hacer.

Pues tienes que hablar con don Rodolfo

Y hacerle ver que esa solución que propone de dejarte al mando

no le va a traer nada bueno a la fábrica.

-Ojalá pudiera. -¿Y por qué no vas a poder?

Cualquier diría que se ha ido a Pernambuco.

Mira, esto no lo tendrías que saber,

don Rodolfo está enfermo, por eso me encargo yo de todo.

-¿Qué me dices? ¿Y está grave? -Supongo que sí.

No se le puede molestar ni para que firme un albarán.

Pero esto no se lo tienes que contar a nadie.

No, no, no se lo contaré a nadie, siempre y cuando tú te comas esto.

Que, si no, te vas a poner malo, como él.

Y, entonces, sí que la fábrica se va a ir a la ruina.

Si sigue así, la fábrica se irá a la ruina de todas formas.

Benjamín, creo que puedo ayudarte en este asunto.

¿Tú? Tú no sabes nada de la fábrica.

No, no, no, yo no, pero...

se me ocurre quién podría echarte una mano.

Ya he tendido la ropa, a ver si madrugando

más con los pájaros me respetan la colada.

(Suena el teléfono)

(Suena el teléfono)

(Suena el teléfono) Ya contesto yo, Merceditas.

(Suena el teléfono)

Dian Silva, ¿dígame?

Claro, sí, pásemela.

¿Una llamada de Tejidos Silva?

(BENJAMÍN) Doña Diana. -¿Benjamín? ¿Sucede algo?

¿Están bien mis hermanas? -Sí, sí, su familia está bien, sí

Ah, como no me llama usted nunca, me asusté.

-Y hace bien en estar asustada. -¿Por qué?

Pues, verá, han ocurrido cambios en la organización

de la dirección de la empresa que creo que debería conocer.

Yo ya no estoy vinculada con la fábrica.

Ya, pero estoy convencido de que querrá estar informada,

porque es grave. -Me asusta

Don Rodolfo está enfermo,

me ha pedido que yo siga siendo el encargado

y asuma sus labores en la dirección de la fábrica.

-¿Rodolfo está enfermo? -¿Qué le pasa?

-Chis. -Sí, pero me ha pedido

que no lo comente. Así que, por favor,

no se lo diga a nadie. -Tranquilo, tranquilo.

Me encuentro francamente desbordado de trabajo

e incapaz de asumir la situación actual.

Vaya, lamento mucho oír eso

Me temo que, si sigue así, habrá que cerrar la fábrica.

Yo trabajo todo lo que puedo, pero yo no tengo ni idea

de gestión comercial, ni clientes. Y esto se está desbordando.

No sé qué decirle, Benjamín, yo... me duele en el alma

oírle decir eso, pero ya no soy la dueña de la fábrica ni...

ni tengo capacidad alguna de decisión.

Sí, sí, sí, ya, ya, lo sé. Y perdone que la moleste,

pero yo he pensado que, a lo mejor, pues usted podría aconsejarme.

No sé qué decirle, estando tan lejos

y sin conocer los detalles, pues me resulta un poco difícil.

Ya, claro, tendría que revisar los libros de cuentas

y las facturas para ponerse al día.

Claro. Y, estando aquí, es un poco complicado.

-Me hago cargo. -Haga lo que usted pueda, Benjamín.

Espero que Rodolfo se recupere pronto.

Y ojalá sea así, sí.

Bueno, espero que les vaya bien todo por allí.

Abrazos fuertes de Rosalía y míos.

Muchas gracias, otro grande de nuestra parte.

Adiós. -Adiós.

-¿Qué le ha contado don Benjamín, si no es indiscreción?

Rodolfo está enfermo y...

ha dejado a Benjamín con todo el trabajo y, claro,

el pobre hombre no puede con todo.

-Vaya, pobre don Benjamín. -Pobre fábrica.

Por lo que contaba y su tono,

parece que Tejidos Silva tiene los días contado.

-¡Simón, buenos días! -Buenos días.

Eh, ¿qué desea? Como ve, estoy... estoy trabajando.

Lo sé, y por eso estoy aquí.

-Quería presentar una denuncia. -Sí, claro, ¿y cuál es el motivo?

Quería... denunciar un robo.

Eh, siéntese, siéntese. Por favor, tome asiento.

Y cuénteme los detalles. -Ha sido un robo sin miramientos

y a plena luz del día. -Ah, ¿y qué le han sustraído?

El corazón.

Y creo que usted ya sabe quién ha sido.

Mire, caballero, como le he dicho, estoy trabajando

y no tengo tiempo para tonterías. (RÍE) ¡Venga!

No se ponga así, solo ha sido una broma.

Ya sé que es una persona seria,

por eso me pareció un reto hacerle reír.

Y ya veo que no lo he conseguido. -Pues no, no lo ha conseguido.

Además, no suelo reírme mientras estoy de servicio.

No me molesta que sea tan serio, casi diría que me gusta.

Mis poemas favoritos son muy fúnebres.

En este momento, sus gustos literarios me son indiferentes.

¿Por qué no deja de trabajar un rato

y se viene conmigo a tomar un café?

Conozco un sitio solemne, seguro que le gusta.

No, gracias, no tengo tiempo para eso.

Pero sí lo tenía para tramitar mi denuncia.

(RÍE) Venga, anímese. Así nos conoceríamos mejor.

Estoy seguro de que, a pesar de lo reservado que es,

usted y yo tenemos mucho en común.

Escúcheme bien, usted y yo no nos parecemos en nada.

¿Cómo lo sabe?

Porque no soy tan ridículo como usted, ni tan exagerado.

Debería darle vergüenza comportarse como se comporta

y conducirse por la vida con tan poco decoro.

¿Decoro? ¿Vive usted en el siglo XIX?

Sí, sí, si para usted vivir en el siglo XIX significa

ser una persona prudente, discreta y educada,

sí, vivo en el siglo XIX.

Y desengáñese, no tenemos absolutamente nada en común.

De hecho, no quiero que me relacionen con usted.

Y, ahora, por favor, márchese.

Es verdad, no somos afines usted y yo.

Jamás sería tan cruel con una persona que apenas conozco.

Pues ahórreme conocerle más y déjeme solo.

Le deseo que jamás le traten así.

¿Quién más, aparte de los del Ambigú,

saben que has vuelto a actuar?

Cata, la modista, me estaba haciendo algunos arreglos

en los vestidos de las actuaciones.

Ya. Veo que no has descuidado ni un solo detalle.

Don Luis, que era quien me acompañaba al piano

y me estaba dando clases de canto.

¿Alguien más?

Blanca.

Me proporcionaba coartadas cuando iba a actuar

o en alguna clase.

Blanca te ha ayudado a tomarme el pelo.

Por favor, no te enfades con ella.

Fui yo quien insistí mucho mucho.

Y le fue muy difícil decirme que no.

Amalia.

El tiempo de los enfados pasó.

Qué peso me quitas de encima, Rodolfo.

Pensé que te ibas a enfadar mucho por el qué dirán.

Siento mucho haber sido así en el pasado.

Una pena que tuvieras tanto miedo a mi reacción.

Es que no quería darte un disgusto. Eso es todo.

Amalia, quiero que, a partir de ahora,

confíes en mí siempre. ¿De acuerdo?

Sí.

Lo haré.

Tú has sido quien me ha apoyado siempre,

en los peores momentos de mi vida.

Incluso has dado la cara por mí cuando todos me despreciaban.

Lo hice porque te quiero.

Y yo a ti.

Y no he estado a la altura ocultándote todo esto.

Lo siento.

Te prometo que nunca más habrá ningún secreto entre nosotros.

Y ahora que ya lo sabes,

¿qué te pareció?

Ya te he dicho que me encantó.

¿Y tú? ¿Lo pasaste bien?

Sí. Disfruté mucho.

Me gusta mucho estar en casa contigo,

pero echaba mucho de menos las tablas,

el vértigo, los aplausos.

Espero que seas un habitual de mis actuaciones.

Sí, claro. Ya te he dicho que...

¿Rodolfo? ¿Estás bien?

Me estoy mareando.

Qué raro.

¡María! ¡Trae un vaso de agua, por favor!

Ahora viene María con agua. No te preocupes.

Si quieres, podemos salir a dar un paseo y te da un poco el aire.

Gracias, María. Toma un poquito.

¿Pero qué te pasa, mi amor?

Se me va la cabeza, Amalia.

María, llama a Cristóbal, anda.

Rodolfo, cariño.

Vaya, qué casualidad.

Sí. Qué casualidad.

-¿Cómo está? -He estado mejor.

¿Qué le pasa? ¿Se encuentra bien?

Pues no, no me encuentro bien, la verdad.

Me han dado una paliza. -¿Una paliza?

¿Pero quién o por qué?

¿Sabe usted quién ha pagado para que me den una paliza?

Su querida madre. -¿Qué?

Lo que oye. Su madre, doña Cándida, ordenó que me peguen.

Esto es una broma de mal gusto.

La única persona con mal gusto, fue su madre,

por contratar a unos matones

que me dejaron el cuerpo lleno de magulladuras.

¿A qué viene una acusación tan grave?

Su madre envió a esos matones para que callara

y no le dijera a usted lo que sé de ella.

Conozco bien a mi madre como para saber que no haría daño a nadie.

Es una mujer sencilla y trabajadora. No tiene enemigos.

¿Cómo iba a tenerlos, con una relojería?

-Eso dirá ella. -Señora, no sé de qué habla.

Se debe confundir de persona. -No me confundo de persona.

Y es cierto que su madre tiene una relojería.

Pero es el negocio que utiliza para limpiar su imagen,

no el que le da sus verdaderos beneficios.

¿Cree que su madre podría pagar sus estudios

con una relojería? -No tengo por qué escucharla.

Cada vez tengo más claro que no la conoce

y que no está bien de la cabeza.

Sí que conozco a su madre. Se lo diré sin más rodeos.

Es mi jefa en una casa de tolerancia.

-Retire lo que acaba de decir. -Es cierto.

Yo soy una de las meretrices que trabaja para ella

La paliza me la dieron en el cuerpo y no en la cara

para no espantar a los clientes. Su madre no da puntada sin hilo.

-No le creo. -Y hace bien.

No hay que fiarse de la palabra de cualquiera.

Ni siquiera, de la de su propia madre.

Lo mejor es que lo compruebe usted mismo.

Esta es la dirección de la casa de tolerancia que regenta su madre.

Buenos días.

¿Qué te pasa?

Nada. Me estoy encargando de los pedidos.

Sí que te pasa algo. No sueles estar tan callada.

Bueno, ¿me lo vas a contar?

Está bien.

No lo he pasado nada bien desayunando con tus amigas.

¿Por qué? Si hemos pasado un rato ameno.

Tú, quizás.

Me he visto rodeada de un grupo de cotorras

que despellejaban a todas las conocidas.

Podríamos decir lo mismo de tus amigos,

los modernos. -¿Qué quieres decir?

Solo hablan de quién publica qué,

de la crítica que les ha hecho fulano,

del ensayo que está preparando mengano.

¿Te parece interesante? -Más que los cotilleos

de tus amigas. Sí, por supuesto.

Pero si no hay quién les entienda.

No se sabe cuándo están hablando en serio o en broma.

Ironía, Cata. Ironía.

Mira. Me parece perfecto que sigas viendo a tus amigos.

Pero la próxima vez, no me invites, que me aburro.

Está bien. Porque ni necesito tu permiso para ver a mis amigos,

ni quiero ir a más desayunos con tus amigas las modistillas.

¿Las modistillas? Yo también lo soy.

Ay, Cata. Ya sabes lo que quiero decir.

(Teléfono) Está bien.

Cada uno con sus amigos y punto. -Está bien.

Librería Catelia, dígame.

Hola, Simón.

Sí, claro. No. Cuéntame.

Sigue mi dedo.

¿Qué tiene? ¿Está bien?

Sí. Sí. Parece que sí.

¿Y qué es lo que ha sido?

Pues es fatiga. Así que es mejor que, de momento,

siga guardando reposo. Colócate esto, por favor.

¿Estás tomando lo que te di? Sí.

Un momento. ¿Qué es lo que te tienes que tomar.

Nada importante. Vitaminas. No te preocupes.

No, no, no. Sé perfectamente cuándo me mienten.

Y aquí me estáis ocultando algo los dos.

Estabas muy descansado cuando te dio el mareo.

Y ni siquiera me reconociste por un instante, Rodolfo.

¿Qué le pasa a mi marido, Cristóbal?

(Llaman a la puerta)

Con permiso. La comida está servida

para cuando quiera bajar. Gracias, Rosalía.

¿Sabe a quién me he encontrado por la calle, señora?

A Carlitos Terán, el amigo de su hermana Elisa.

Me ha alegrado tanto verle.

Pero me temo que ese muchacho no ha regresado bien de la guerra.

Cuando volvió de Marruecos, no estaba así.

Me ha dicho unas cosas muy extrañas

y tenía la mirada extraviada.

Pobre.

¿Le ocurre algo, señora?

¿Pero qué le pasa, doña Blanca?

¿Por qué está tan triste?

Acabo de descubrir que este mes tampoco estoy embarazada.

Sé lo mucho que desea usted tener un hijo.

Pero piense que si no es este mes, puede ser el próximo.

Y si tampoco es el próximo, ¿qué?

Pues no le va a quedar otra que ser paciente

y continuar llamando a la cigüeña. Hay que esperar.

Pero esta espera me está desquiciando, Rosalía.

Me está desquiciando.

Bueno, tendría que distraerse usted un poco.

Tal vez, debería retomar alguna de sus actividades de antaño.

Por ejemplo, participar en el programa

de las Damas Enfermeras.

O las lecturas en el club de señoras.

Cualquier cosa es mejor que quedarse aquí sentada

lloriqueando por un día que quién sabe cuándo va a llegar.

No, no, no.

No quiero molestarla. Estoy segura que va a quedar

usted en cinta muy pronto.

Rosalía, no hace falta que disimule conmigo.

Sé perfectamente que es muy difícil

que me quede embarazada. Hay muchas mujeres que les pasa.

Pero no por eso voy a perder la esperanza.

Necesito mantener la esperanza. ¿Lo entiende?

Claro que sí. Muy bien. Muy bien.

No desespere. Lo que tenga que ser, será.

Y recemos para que sea muy pronto.

Y ahora, a comer. Vamos.

¿Os creéis que no me doy cuenta de que está enfermo,

de que se marea y de que pierde la consciencia?

Son ataques breves y luego se me pasa. Si lo acabas de ver.

¿Pero cuál es la causa de lo que te está pasando?

Bueno, a ver. Es que... Cristóbal me ha contado

que hay una dolencia nerviosa relacionada

con el exceso de trabajo.

¿Me estás diciendo que todo esto es por nervios?

Los nervios pueden afectar más de lo que parece.

Los nervios y la fatiga causan estragos.

Díselo tú, Cristóbal, por favor.

Son síntomas típicos de un agotamiento grave.

Ay, por Dios, Rodolfo.

Cuántas veces te he dicho que tienes que trabajar menos

y tienes que tomarte la vida de otra manera.

Prométeme que cuidarás de él

y que estarás pendiente de que guarde reposo.

Por supuesto que lo hará.

Si te encuentras mal, llámame. ¿Vale?

Gracias. -Adiós, Cristóbal.

(SUSPIRA)

Rodolfo, ¿por qué no me has contado lo que te pasaba?

Si ya ves que no es nada. No quería preocuparte

por algo sin importancia.

Al no contármelo, casi me matas del susto.

Ha sido un lapsus momentáneo.

Prometí estar contigo en la salud y en la enfermedad.

Eso es lo que voy a hacer.

Eres demasiado buena conmigo. Creo que no te merezco.

Qué tonto eres. No digas eso. Claro que sí.

Pero prométeme que no habrá más secretos entre los dos.

Te lo prometo.

Elisa.

Gonzalo, ¿qué haces aquí? Fui a buscarte a tu casa,

pero, tu padre me dijo

que fuiste a por una revista, te estaba esperando.

¿Y qué quieres? Hablar contigo.

La última vez que me viste

me dijiste que no querías saber nada más de mí,

¿has olvidado algo?

Perdona, soy un estúpido.

En eso estamos de acuerdo.

No sé por dónde empezar,

solo hace unas horas de nuestra conversación,

pero, mi mundo ha cambiado por completo.

¿Por qué?

A veces crees que conoces muy bien a las personas

más importantes de tu vida y...

y, después, descubres que no es así.

Como tú ya me advertiste,

las cosas no siempre son lo que parecen.

Así que has descubierto a lo que se dedica tu madre.

¿Tú, lo sabías?

Media ciudad lo sabía.

y mi padre fue socio de ella.

O sea, que lo sabían todos menos yo, su hijo,

qué vergüenza. Podía habértelo dicho

al enfadarte conmigo por su culpa. Eso te ennoblece.

Además, es algo que debía decirte ella.

No tuvo el valor de hacerlo,

me he tenido que enterar por otra persona.

Lo siento.

Descubrirlo así, me ha hecho sentir mucha rabia.

Es normal. Para mí, mi madre, ahora,

es como una desconocida.

pues, tampoco es eso, Cándida es tu madre.

te quiere muchísimo.

Pues, vaya forma de demostrarlo.

Igual tenía sus razones para no decirte la verdad,

igual que las tuve yo.

Da igual, de verdad,

lo que de verdad me importa eres tú,

podríamos olvidar todo lo que ha pasado y...

y retomar nuestra relación donde la dejamos.

Me encantaría.

Sin mentiras ni secretos.

Y sin que nadie nos manipule ni nos enfrente.

Celia, iba a tomar un café, ¿vienes conmigo?

No puedo, tengo que volver a la librería.

¿Y a qué has venido, pasó algo?

Vengo de hablar con mi amigo Simón,

está muy dolido por cómo

le trataste esta mañana y no le falta razón.

No sé qué te habrá contado Simón, pero,... sí, sí, es verdad,

me he excedido, dile que lo siento.

¿Excedido, Federico?

Es que ha venido en mal momento.

¿Y eso es una excusa?

No, pero, acababa de llegar de casa de Gabriel,

hemos tenido una discusión,

he decidido que tengo que darle

su espacio, no sé yo estaba triste.

Y lo has pagado con Simón.

Pues, sí, me temo que sí.

Federico, le dijiste cosas horribles.

Ya, y no me siento nada orgulloso de ello, espero tener ocasión

para disculparme con él.

Puede que hoy te haya pillado en un mal momento, pero,

esto no es algo ocasional.

¿Qué insinúas?

Te has portado muy mal con él desde que lo conoces,

incluso, diría que te causa un rechazo irracional.

No me gusta, qué quieres que te diga,

hay gente con la que no simpatizas.

¿Pero, por qué te desagrada tanto?

Me incomoda cómo habla, cómo actúa, cómo se refiere a mí,

cómo presume de sus gustos en todos los sentidos.

¿Te molesta que una persona

viva conforme lo que es y con lo que piensa?

Celia, cada uno tenemos nuestro carácter.

¿Pero, no debería ser normal,

poder expresarse y ser orgulloso de lo que eres?

¿Dónde quieres llegar?

¿Los que somos diferentes tenemos que estar siempre ocultos?

Pues, es lo más prudente en este tiempo en el que vivimos,

además, no entiendo por qué tiene que imponerme

cómo debo sentirme, cómo debo vivir, cómo debo ser.

Nadie te quiere imponer nada, Federico.

No quiero hablar más de este tema.

Federico, yo te aprecio mucho y por eso te digo lo que pienso

y pienso que deberías vivir,

de una vez, de acuerdo con tu naturaleza.

No sé, quizá, en eso, Simón podría ayudarte.

Blanca, buenas tardes, mi amor.

Hola.

Disculpa el retraso, tuve una emergencia a domicilio

y por eso retrasé a todos los pacientes de la consulta.

Tienes que estar muy cansado. Lo estoy.

Pero, bueno, tenía ganas de verte.

¿Qué tal ha ido tu día?

pues, no he salido de casa en todo el día.

¿Por qué, estás mal?

Bueno, me levanté con mal cuerpo y, luego, tuve un disgusto.

¿Qué ha pasado?

Llevaba días pensando en que estaba embarazada

y me di cuenta de que no.

No pasa nada, mi amor.

Podemos intentarlo el mes que viene.

Y si el mes que viene tampoco, ¿qué, Cristóbal?

Entonces, el otro, Blanca y si no, el siguiente.

Me sorprende que le des tan poca importancia.

No, Blanca, no es eso, pero, nos advirtieron

que sería complicado que pudieras quedarte en estado.

Hay que tomarse las cosas con calma.

¿Y por qué algunas se quedan a la primera y yo no?

Escúchame, no te obsesiones.

Para mí, es muy importante, Cristóbal.

Por supuesto, solo quiero es que no te obsesiones, solo eso.

Es que parece que no quieras tener un hijo.

Blanca, claro que quiero tenerlo,

pero, créeme, hay cosas más importantes.

Para mí, lo importante es estar contigo,

estamos juntos, somos felices, sanos, todos no pueden decir eso.

¿Y qué, qué pasa, quién está enfermo?

Mi hermano Rodolfo.

¿Cómo que tu hermano? Sí, no quiere que nadie lo sepa,

principalmente, para que Amalia no se preocupe, pero, es grave.

Pero, ¿qué le pasa?

Sufre fatigas, mareos, incluso, se desmaya,

a veces, está consciente pero no sabe dónde está

y no reconocer a quien tiene delante.

Algún tratamiento habrá, ¿no? Llevo unos días con él,

pero, no hace efecto. ¿Y cuánto tiempo llevas?

Una semana, pero, sin síntoma de mejoría.

¿Y entonces, qué pasa, que no tiene solución?

Honestamente, no... no lo sé, Blanca.

No lo sé, a día de hoy no lo sé.

Lo siento, llevo días obsesionada en quedarme embarazada,

que no puedo... Tranquila, Blanca,

no pasa nada, no lo sabias.

Y entiendo que estemos preocupados por nuestro embarazo, pero,

esto es un ejemplo para entender que nos preocupamos

por problemas cotidianos y, de repente, nos damos de cara

con un problema serio.

Bueno, Rodolfo es fuerte.

Se va a poner bien, estoy segura.

Ojalá. Sí.

Además, me enseñaste a que hay que confiar,

que si lo deseas con fuerzas, al final todo sale bien.

Cierto. Sí.

Pero, temo una cosa, le he afectado al cerebro

y esos daños irreversibles...

Pero, cómo que daños irreversibles.

Si esto va a más,

mi hermano puede morir.

Ha pagado un buen dinero y no se lo puedo devolver

porque esto no es un colmado.

Así que ya puedes ir cumpliendo con el cliente. ¡Venga!

(Música de piano)

Gonzalo.

¿Qué haces aquí?

Yo podría hacerle la misma pregunta.

Me dieron esta dirección y me dijeron

que usted regentaba este antro.

No quería creerlo. Vine diciéndome todo el rato

que sería una mentira. Pero está claro que aquí

la única mentirosa es usted.

-¿Quién te lo ha dicho? -Una pelirroja que trabaja aquí.

-Marina. -¿Y qué más da quien me lo dijera?

-Cariño, no te enfades. -¿Que no me enfade?

Lo he hecho para que no te faltara nada,

para que pudieras estudiar donde querías.

¡No! No me utilice como razón

para tener un negocio tan sucio como este.

-A mí tampoco me gusta. -Ya.

Ojalá hubiera podido elegir algo mejor.

¿Como una relojería, por ejemplo?

No quería decepcionarte, hijo.

Pero al ver tu cara, sé que hice lo correcto.

No es lo correcto. Nada de esto es lo correcto.

Ni mentir ni regentar un prostíbulo. Es inmoral.

-Te pido por favor que me perdones. -No sé si puedo.

No me perdones.

Pero tampoco me juzgues a la ligera.

He tenido una vida larga y complicada

y he tenido que tomar decisiones muy difíciles.

¿Sabe que los ladrones dicen lo mismo que usted?

Siempre hay otra opción. -Eres un ingenuo

si piensas que los colegios de élite, la universidad

y la ropa hecha a medida

sale de una triste tienda. -No siga, madre.

¿Acaso te abochorna? ¿Quería saber la verdad?

Pues esta es la verdad.

Y perdóname porque me he equivocado.

Pero esta es tu madre. -Me ha hecho mucho daño, madre.

Y ha sido tremendamente injusta con Elisa.

Por favor, cariño. Perdóname.

No sé si podré.

Pero ahora voy a corregir el error que cometí

haciéndole caso. Voy a recuperar a Elisa.

-No. Eso no. -¿Pero con qué derecho

pretende dirigir mi vida ahora?

Aléjese de mí, madre. -¡Gonzalo, por favor!

¡Gonzalo!

(LLORA)

Carlos, todos tenemos problemas,

pero, la gente que va al sanatorio es gente enferma, no como tú.

Me aterra la idea de internarme en un sanatorio mental,

pero, no veo otra solución.

Carlos, ¿qué te ha pasado para que estés así?

He hecho cosas horribles en la guerra.

Qué tardes te levantas, estás perezosa, últimamente.

¿Qué haces?

Fuera. Suéltame,

me dejarás marcas en el brazo.

¿Cómo tienes la desfachatez

de seguir en mi casa con lo que has hecho?

¿Y qué he hecho si se puede saber?

Le has dicho a mi hijo a qué me dedico.

Elisa, en todas las guerras pasan cosas así.

Gonzalo, no sé qué hacer,

¿debería contárselo a Sofía?

Debería contárselo su marido, ¿no?

Ya, pero, con ella no habla

por eso Sofía me dijo que hablase con él.

Bueno, en ese caso, cuéntaselo.

Es que no sé cómo va a reaccionar Sofía.

Ella me ha dicho varias veces que le tiene miedo a Carlos.

Cualquier ciudadano puede presentar una denuncia

y usted está detrás de esa mesa para servir al público.

Se equivoca, mi trabajo no es tramitar toda denuncia

que cualquiera quiera interponer,

debo asegurarme de que estén bien fundadas.

Si no le basta con la agresión que le cuento,

puedo añadir que esa mujer me ha coaccionado

para ejercer la prostitución.

Estoy en las últimas, amigos.

¿Y la fábrica, ya no te puedes hacer cargo de ella?

¿Habéis venido a eso?,

¿me vais a quitar la fábrica ahora que estoy enfermo?

Os tenía en mejor estima,

así que, no usaré la palabra buitres.

Elisa, por favor, no necesito que me protejas,

Elisa, necesito recuperar a mi marido,

al Carlos de siempre.

Nuestro Carlitos. Claro, por eso necesito

que me digas qué te dijo.

Hola, chiquitina.

¿Andrés?

¿No vas a darle un abrazo a tu novio?

Cuando hay que actuar, se actúa, no hay excusa que le impida

a un artista subirse al escenario, ninguna.

Sabe que a La Cachetera le encanta actuar, pero,

si no se puede, no se puede.

¿Y el público que la espera y yo?

Qué falta de respeto.

Don Luis, intente ponerse en su lugar, no cuesta tanto.

Esto no quedará así.

Ahora, intenta mover el pie o un dedo.

No puedo.

Ni lo intentaste, Gabriel. ¿Cómo lo sabe?

Porque te conozco, inténtalo, vamos.

Estoy intentándolo.

De verdad, se lo ruego, déjelo ya, ¿quiere?

Déjelo y deme la botella de güisqui, váyase, por favor.

No hay güisqui si no mueves el dedo.

¡No puedo moverlo, madre, lo intento, pero, no puedo!

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Seis Hermanas - Capítulo 476

03 abr 2017

Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de la segunda década del s.XX

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