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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 469 - ver ahora
Transcripción completa

No he podido quitarme de la cabeza lo que me contó ayer.

Quizás fui un tanto impulsiva hablándole de...

de mi vida a un desconocido.

Pero es que, entiéndame, no es el primero

que intenta aprovecharse de una pobre viuda.

No te preocupes. Entre las dos sacaremos el negocio adelante.

-¿Entre las dos? -Compraste la tienda

para que no me quedase sin trabajo. -Sí.

Pero pensaba que ibas a hacer una prueba para ser modista

en costuras Pavón. -Lo he pensado mejor.

Modas Pavón es una de las tiendas más prestigiosas.

Como no quiero hacerle perder su tiempo,

le he traído una relación de las telas que nos interesan

para la colección de verano.

Vengo por una de sus chicas. Se hace llamar la Peineta.

Apareció en el hospital con un siete en la cara,

una herida de navaja o de cuchillo.

Lo que has hecho, es una atrocidad.

Le has destrozado la vida a esa pobre chica.

En vez de enfrentarte a mí, deberías estar agradecida.

¿Y por qué tengo que hacerlo?

He protegido tu secreto y no le he dicho a Velasco

que fuiste tú la que la rajaste la cara.

Me gustaría daros una sorpresa.

Estás embarazada. Elisa lo ha adivinado.

Sí. Estoy embarazada. Blanca, eso es maravilloso.

Enhorabuena.

Me parece muy bien que seas precavida con esta nueva amistad

y que seas honesta con ese chico.

Solo si eres sincera con él, puedes construir

algo que merezca la pena, hija.

Y yo que pensé que haber perdido a ese niño era una suerte.

Pero no. He tenido que quedarme sin él

para darme cuenta de lo muchísimo que me duele no ser madre.

Debo decirte que yo también me siento muy dichosa hoy.

¿Ah, sí? ¿Y eso por qué? Bueno, pues porque tienes ante ti

a la nueva cantante del Ambigú.

Benjamín, ¿le ha quedado claro todo lo que tiene que hacer?

Tengo que divertir al señor portugués

sin reparar en gastos. -Eso es.

Y ahora, vaya a la estación.

No queremos que el señor Gomes espere.

Nos hemos hecho cargo de una bodega que es una completa ruina.

¿Y ahora qué hacemos?

Cariño, yo no pienso perder la esperanza.

(Sintonía)

¡Uf! Por Dios, qué frío he pasado.

Me muero de dolor. He dormido toda la noche

con una piedra clavada en el costado.

Al menos, estás mejor del resfriado.

Pero todavía no te acerques a las niñas. Podrías contagiarlas.

-¿Y ese olor? -¿Te has bañado en vinagre?

Me he dado unas friegas con él.

El olor es un poco fuerte,

pero es muy bueno para aliviar los picores.

Maldito el día en que nos metimos en esos colchones.

Lo de la pulgas no es un problema. He quemado los colchones.

No podemos dormir eternamente en el suelo.

Podrías sufrir una recaída.

Cualquiera que te oiga, pensará que estoy a punto de morir.

Me preocupo por ti. Pero si quieres, no lo hago.

De eso ni hablar.

Pero no quiero que te preocupes más de la cuenta.

Ya encontraré una solución. (CARRASPEA)

Todavía estoy aquí, eh.

Una solución a eso y a la falta de intimidad.

-Ojalá fuera tan fácil. -Solo tengo que bajar al pueblo,

mientras estáis en los viñedos

y comprar lo necesario para arreglar la casa.

(RÍEN)

¿Se puede saber de qué os reís?

Tú haz lo que quieras, pero no vas a conseguir nada.

Lo hemos intentado varias veces y no ha habido forma.

¿Les dijisteis que era urgente?

En este pueblo no entienden la palabra "urgente".

Si ven que eres de ciudad, ya te toman por el pito del sereno.

No puedes juzgar a todo el mundo por lo que ha hecho

el cafre de los colchones. -¡Ja!

El colchonero, el de la luz,

el de la compañía de teléfono. Y así, con todos.

Empiezo a estar harta de este sitio

y eso que acabamos de mudarnos.

¿Te has olvidado de lo que hablamos ayer?

Vivir en estas condiciones es inhumano.

Si seguimos así, las niñas

se pondrán enfermas y yo me niego.

Cariño...

Merceditas, ¿no tienes otra cosa que hacer

en otro lado de la casa? -Sí, claro, señor.

Tengo mucho trabajo. -Gracias.

No te puedes hundir así.

Y mucho menos, delante del servicio.

Ya sabíamos que los comienzos

no iban a ser fáciles. -Pero tanto...

¿Y si no valgo para vivir en el campo?

Tú has superado situaciones mucho más difíciles.

Solo tienes que trabajar con la misma fuerza

con la que sacaste adelante Tejidos Silva.

Lo haré. Por ti.

Gracias.

Te prometo que esta noche

dormirás en un colchón como Dios manda.

No prometas nada que no esté en tu mano.

Lo que tenemos que hacer, es centrarnos en las bodegas.

Sabes que me encantaría acompañarte.

Lo harás cuando te recuperes.

Pero ahora me ayudarán Pedro y Carmen.

Seguro que ya me están esperando. Será mejor que me vaya.

Y tú abrígate bien. -Sí.

Cariño.

Lo sé.

Y yo a ti también.

No, no, no. Está bien. Lo entiendo.

Sí, por supuesto.

En otra ocasión será. Gracias.

(SUSPIRA)

Buenos días. Hace un día estupendo, ¿no crees?

Será para ti. Yo preferiría no haberme levantado de la cama.

Vaya humor que gastas. ¿Qué ha pasado?

Que levantar una librería es muy difícil.

Ya. ¿Pero qué ha ocurrido?

He estado hablando con Carmen de Burgos.

La invité a venir para que diese una firma de su libro

y así promocionar la librería, pero no puede.

Tiene un compromiso en el periódico.

Me pareció una buena forma de promocionar Catelia.

-Bueno, ya encontrarás otra forma. -No sé cómo.

¿Por qué te das por vencida tan pronto?

Porque ya le he dado muchas vueltas.

En un principio, pensé en ofrecer descuentos.

En otro momento, pensé en regalar algo con las mismas.

Pero todo eso cuesta dinero.

Y yo me lo gasté todo montando la librería.

Bueno, pues invita a otro escritor a que firme.

Yo no conozco a nadie del calibre de Carmen.

Yo creo que te estás olvidando de alguien que sí conoces.

Alguien muy famoso y que tiene

mucho mucho éxito. -¿Quién?

La ilustre Cruz Galván.

(Llaman a la puerta) Doña Cándida, ¿está usted ahí?

Estados Unidos.

Un hijo.

¿Qué haces aquí? Te advertí que no quería volver a verte

en mi despacho sin mi permiso.

Y he seguido sus órdenes al pié de la letra.

Solamente, he venido porque tenía que hablar con usted.

No se preocupe. No he cogido nada, si es lo que piensa.

Más te vale. ¿Qué es lo que quieres?

Me he enterado de que esta tarde tenemos que pasar

una revisión médica. ¿Es cierto?

Esta es una casa de prestigio y aquí ningún cliente

se ha contagiado nunca de lo que no debe.

Me alegro. Pero por mí no se preocupe.

No hace falta que yo me someta a ese examen.

Estoy perfectamente sana.

Eso lo tendrá que decir el médico, ¿no crees?

No, no me ha entendido.

No pienso pasar por eso.

¿Se puede saber qué inconveniente tienes en ello?

Con el examen, ninguno.

Pero... con el médico encargado del reconocimiento, sí.

Las chicas me han dicho que se trata

del doctor Cristóbal Loygorri.

¿Y qué? ¿Ahora te va a dar pudor desnudarte

delante de tu antiguo marido?

No se trata de eso. No quiero que sepa que trabajo aquí.

¿Y qué más te da lo que piense?

Este trabajo te permite un plato de comida que llevarte a la boca.

Pero si lo que prefieres es no trabajar aquí,

yo no pondré ningún impedimento para que te vayas.

Sabe que dependo de este trabajo para subsistir.

Bueno, pues, entonces, ya sabes lo que tienes que hacer.

¿Qué haces? -Estoy apartando la ropa

que no le sirve a Dolores para dársela a Blanca.

En breve, tendrá que tener preparada la canastilla.

¿No te parece un poco precipitado?

¿Y si el embarazo no sale bien?

Bueno, no puede quedarse paralizada por el miedo.

El tiempo vuela y como se descuide, se pone de parto

y no tiene nada listo. -Vosotras sabréis.

Le diré a María que se ponga con tu maleta.

La tendrás lista a primera hora

de la tarde. -¿Qué maleta?

¿Qué maleta va a ser? La de tu viaje a Portugal.

Ay, es verdad, que no te lo había dicho.

-¿El qué? -Se ha cancelado el viaje.

-¿Y te avisan hoy? -Hace un par de días.

-¿Y cómo no me avisas? Lo sé. Entre el trabajo

y el embarazo de Blanca, se me pasaría. Lo siento.

¿Para cuándo habéis pospuesto el viaje?

No. Si no hace falta que vaya a Portugal.

Viene un portugués a Madrid. -Ah.

Pero mira la parte buena. Así no me separo de vosotras.

Ni nosotras de ti.

Entonces, ¿volverás a casa pronto hoy?

No, no. Me ha salido otra reunión en Toledo.

Ah. Si es que no se puede tener todo. ¿Qué se le va a hacer?

Oye. Se me está ocurriendo.

Portugal no porque está muy lejos y por la niña,

¿pero por qué no te vienes a Toledo?

¿A Toledo?

¿Qué voy a hacer en Toledo,

mientras estás con tu cliente? -Es una ciudad preciosa.

Merece ir solo por el paseo. ¿Te apetece?

Rodolfo, es que no puedo.

-¿Por qué? -Porque he quedado con Blanca

para darle la ropita del bebé.

¿Y no lo podéis hacer otro día?

Verás. No es solo por la ropa.

Antes, cuando hemos hablado, la he notado muy agobiada.

Yo creo que se quiere desahogar conmigo.

Ya iremos otro día a Toledo

tú y yo solos. -Como quieras.

Luego te veo. -Sí.

¿Operadora? Sí.

Con casa Silva, por favor.

No hacía falta que me acompañaras, hombre.

Vas a llegar tarde a la fábrica. -Lo primero es lo primero.

Además, últimamente, estoy llegando a casa a las tantas.

Por llegar más tarde, no pasa nada.

¿No me digas que hoy también vas a llegar a altas horas?

Anoche, cuando llegaste, ya me había dormido.

A mí tampoco me gusta nada, pero mientras siga

el portugués aquí, pues tengo que acompañarle.

¡Ja! ¿Pero ese hombre a qué ha venido?

¿A trabajar o a divertirse? -Yo no sé a qué ha venido.

Lo que tengo claro, es que hoy me toca estar con él también.

Rodolfo tiene una cita en Toledo con un cliente

y no le puede atender. -¿Pero qué haces con él

tanto rato y hasta tan tarde? -Lo llevo a sitios por ahí.

Sitios. No creo yo que haya muchos sitios decentes

abiertos a esas horas. -Yo no he hecho que sean decentes.

Vamos a ver, Benjamín.

¿De qué clase de sitios estamos hablando?

Pues sitios de esos, donde conoces

compañía femenina.

-¡Benjamín! -Pero yo no hago nada.

Yo me limito a llevarlo allí, a buscarle mujeres y ya está.

Pero yo no participo en sus correrías. Sigo órdenes.

¿Pero que has...? ¿Has visitado una casa de lenocinio?

Si me pide que le busque mujeres, ¿dónde quieres que vaya,

a una confitería? -A ninguna parte.

Deberías haberle dicho que eres un hombre casado

y que le debes un respeto a tu mujer.

Te juro por la memoria de Petra que no hago nada.

Vamos, ni siquiera de pensamiento.

Es que ni me fijo en cómo son esas mujeres.

Bueno, miento. En una sí me he fijado.

-Mira qué bien. -Sí. Pero no es

por lo que tú te imaginas. Si me dejas que te explique...

No. Mejor, te ahorras los detalles.

Si me fijo en ella, es porque la conozco.

Cuando te diga quién es, te quedarás de piedra.

¿Cómo? ¿Que yo también la conozco?

Y tanto. Marina.

¿Marina? ¿La asesina de mi hija?

La antigua señora Loygorri trabaja allí.

¿Pero estás seguro? ¿No la habrás confundido

con otra persona? -La he visto con estos ojos.

Marina es una de las meretrices de esa casa de tolerancia.

¡No me lo puedo creer!

Pero no se quede callado, Benjamín. Cuéntemelo todo.

¿Qué? ¿Qué tal se le ha dado la noche de ayer?

Un absoluto desastre. La gente apenas se rasca

el bolsillo cuando yo toco en solitario. Son tacaños.

Unos listos es lo que son.

Es una pena que la Cachetera no venga a cantar más veces.

El otro día dejaron muy buenas propinas

cuando la acompañé al piano.

Pues mire, a lo mejor, está usted de suerte,

porque me ha comentado la Cachetera

que a ella le gustaría cantar aquí de forma más asidua.

-¿Estás seguro? -Sí. Y además, que ella canta

por el placer de cantar. No le importa el dinero.

Con lo que se podría quedar usted con las propinas.

¿De verdad? Es una noticia maravillosa.

Por fin podré comer dos veces al día.

No lo diga muy alto, porque como se entere doña Antonia,

se queda ella con las propinas.

Tranquilo. Mantendré el secreto por la cuenta que me trae.

¿Cuándo empieza? -Por ella, esta noche.

¿Esta misma noche?

Voy a prepararlo todo. Tiene que salir todo perfecto.

(Suena el piano)

¡Váyase! ¡Váyase, rápido!

¡Váyase, rápido, que viene Gabriel! ¡Váyase!

¡Hombre! -Hola, Raimundo.

¿Quién tocaba el piano? -¿Qué piano?

El nuestro. Me ha parecido escucharlo desde la calle.

Sí. Yo también lo ha oído.

No. La gramola. La estaba probando para que no se estropeara.

-Qué bien suena esa gramola. -¿Verdad que sí?

Es muy buena. ¿Por qué no se sientan,

me dicen qué quieren tomar y se lo sirvo?

-Tráenos dos chatos, anda. -No, no.

Para mí, una tisana, a ver si me calma los nervios.

Todavía estoy mareado.

¿Tú también? ¿Por el paseo en coche?

Vamos, hombre. No seas exagerado.

¿Exagerado? Un poco más y cambio la peseta.

No vuelvo a subirme en un coche contigo en toda mi vida.

Muy bien. Tú te lo pierdes.

Deberías conducir con más cabeza o tendrás un accidente.

Perdona. Otro accidente. -Lo del lechero solo fue un susto.

Sobre todo, para él. Pero mañana puede que sea para ti

y más grave. ¿Quieres acabar en una cuneta?

Claro que no. Solo quiero divertirme.

Así que no te pongas pesado.

¿Es que me quieres matar de hambre, mujer?

No me había dado cuenta de la hora. Disculpa.

Claro, como tú no te deslomas trabajando

para traer el pan a casa.

Cuidado con el pan.

Me cago la leche. El queso.

Buenas.

¿Puedo ayudarla en algo, señora?

¿Y don Salvador? ¿Se encuentra mejor?

Bueno, todavía está un poco congestionado.

Hoy tampoco podrá venir.

Estos de ciudad son todos iguales.

En cuanto caen cuatro gotas de nada, se ponen enfermos.

Mi marido y yo hemos estado toda la noche hablando

sobre cómo poder sacar las bodegas adelante.

-¿Y le deja opinar en eso? -En todo.

Por mí, pueden hablar todo lo que quieran,

pero la plaga es la plaga. En esta vid no crecerá

ni un solo racimo sano. -En estas no.

Pero hay otras que no se han visto afectadas.

Habrá agricultores dispuestos a vendernos su producción.

¿Y para qué quieren gastarse los cuartos

comprando la uva de otros?

Pues para hacer vino y embotellarlo como vino Silva.

Seguramente al principio no sacaremos mucho beneficio.

Pero al menos no perderemos un año y nos servirá

para ir conociendo el mercado.

Así que por favor elabore un listado

con los agricultores de la zona

para que podamos ponernos en contacto con ellos.

¿Me ha oído?

Perfectamente.

Pero antes tendría que consultarlo con su marido.

¡Pedro!

¿Consultar el qué?

Lo que usted quiere que haga.

Pero si ya se lo he dicho.

Con todos mis respetos, señora, usted no sabe nada de esto.

El campo es cosa de hombres. -¡Pedro!

¡Tú cállate!

Quien se va a callar es usted.

¡A callar y a obedecer lo que yo le digo!

Mientras trabaje para nosotros

las cosas se harán a nuestro modo.

¿Entendido?

Discúlpele, señora,

es que al hablarle así le ha humillado.

Esto no es la ciudad.

Aquí las cosas son diferentes.

¿Qué hace aquí?

Perdón, Srta. Cata, no pretendía asustarla.

No, no se preocupe,

estaba distraída esperando al Sr. Loygorri.

¿Habían quedado?

Pensé que no sería necesario.

¿Sería posible hablar con él? Sólo le robaría unos minutos.

No, es que no es cuestión de tiempo.

El Sr. Loygorri no está.

Vaya, eso sí que es un contratiempo.

Pero yo estoy al cargo de la fábrica mientras tanto.

Si puedo ayudarle en algo...

Eso espero.

Este es el pedido según el presupuesto

que Tejidos Silva envió a Modas Pavón.

¿Y cómo es que lo tiene usted?

Porque me han encargado hacerlo.

Y necesitamos varios rollos de tela.

Pero está aquí todo detallado. -Un momento.

¿Usted trabaja para Modas Pavón?

Sí.

Yo tenía entendido según Rosalía que usted estaba

al cargo de la librería que ha abierto la Srta. Celia.

También.

También le ayudo.

Pero no quiero renunciar a mi pasión por la moda.

Pues la admiro. No sé de dónde saca tiempo

para hacer tantas cosas a la vez.

Cuando lo averigüe se lo contaré.

Ahora si no le importa hacer el pedido.

Es que tengo un poco de prisa. -No, enseguida.

En cuanto lo tenga se lo llevaré a la librería.

No hace falta que se moleste.

Es mejor que lo envíe al Taller de Costura Pavón.

No es ninguna molestia. Además, la Srta. Celia

me dijo que me pasara para ver la librería.

Así mato dos pájaros de un tiro.

Prefiero no mezclar las cosas. -¿Y qué hay de malo?

Así tendrá el albarán antes. Y evitamos el riesgo

de que se pierda en Correos, que no sería la primera vez.

Verá, don Benjamín,

es que Celia no sabe de mi segundo empleo.

Perdone que me meta...

¿Pero por qué se lo ha ocultado?

Es un poco complicado de explicar.

Sólo le pido que si la ve no le diga nada.

Celia es como una hija para mí.

No me pida que le mienta.

Pero por eso mismo se lo digo, para no hacerle daño.

Le juro que se lo voy a contar.

Pero necesito un poco de tiempo.

Pues dese prisa, tarde o temprano lo descubrirá.

Y puede que sea peor. -Ya, lo sé.

Pero intente que no lo averigüe

por un descuido suyo, por favor.

Y si no le importa hacer el pedido.

Es que de verdad tengo mucho prisa.

Usted se encarga de eso.

Y recuerde enviarlo a las oficinas.

Muchas gracias, don Benjamín.

De verdad, no hace falta

que me tomes la tensión. Estoy bien.

¿Quieres dejarme hacer mi trabajo?

Soy médico. ¿Lo recuerdas?

¿Vas a estar así de pesado durante todo el embarazo?

¡Chis, chis!

Bueno, ¿y qué, estoy bien?

Cristóbal.

Estupendo, 12/7.

¿Ves? Es que lo sabía.

Es que no basta con que tú lo sepas, debo comprobarlo.

Yo entiendo que estés preocupado.

Pero no me ayuda que estés todo el día pendiente de mí,

de lo que hago o dejo de hacer, de lo que como...

Quiero disfrutar del embarazo,

no pasarlo como si fuera una enfermedad.

Lo sé, Blanca, y siento hacerte sentir así.

Es sólo que... Quieres que todo salga bien.

Y yo también.

Pero no podemos controlarlo todo.

Lo que tenga que ser, será.

Además, nuestro pequeño

o pequeña sigue creciendo fuerte y sano.

Así que no nos preocupemos más de la cuenta.

Siempre me reía de los padres primerizos que venían a verme

a la consulta muertos de miedo.

Y ahora soy igual que ellos.

Resulta encantador ver que no eres tan perfecto.

Ya.

¿Te vas ya al hospital?

Sí, no puedo cancelar las citas a última hora.

¿Siempre tienes que ser tan responsable?

Bueno, eso fue lo que te enamoró de mí.

Bueno, más bien a pesar de eso.

Rodolfo. Siento interrumpir.

Hola, hermano. ¿Pero tú no estabas en Toledo

con un cliente?

Sí, pero la reunión ha terminado antes de tiempo.

He venido a recoger a Amalia.

¿Amalia? No, Amalia no está aquí.

¿Cómo que Amalia no está aquí?

Lo que quiere decir Cristóbal es que Amalia acaba de salir.

Ah, bueno, si me doy prisa tal vez la alcance.

Bueno, no iba a vuestra casa.

¿Cómo que no? Al salón de belleza.

Así que no te recomiendo que vayas allí.

¿Y eso por qué? Pues imagínate el escándalo

que montarían las clientas

si las ves con los rulos puestos.

Sería un situación un poco incómoda.

La esperaré en casa. No os molesto más.

¿Por qué le has mentido?

¿Qué pasa con Amalia?

Me hubiera gustado venir antes,

pero la llegada de mi hijo me ha tenido muy ocupada.

Pero todo ha salido según lo que habías planeado, ¿no?

Mejor. No sospecha nada

de los negocios que tengo entre manos.

Y todo gracias a ti.

Pues eso deberías recordarlo más a menudo.

¿Por qué dices eso?

Porque no me gusta que me engañen, Cándida.

No he podido hacerme con la Villa de París.

Pero he utilizado tu dinero en comprar la relojería

que hay en la misma calle.

La verdad es que no me interesa mucho.

¿Pero se puede saber qué te pasa

que tienes un humor de perros? -¿Tú qué crees?

(TOSE)

Si te preocupa que no te devuelva el dinero

estate tranquilo, porque yo siempre pago mis deudas.

¡El dinero es lo de menos!

(TOSE)

Cándida, sólo pido a cambio lealtad.

¿Y cuándo te he fallado yo a ti?

¿Creías que no me iba a enterar

de que tienes bajo tu techo a la asesina de mi hija?

Así que es eso.

Ni siquiera te molestas en negarlo.

No es lo que crees, Ricardo. -Pues explícamelo entonces

porque no lo puedo entender, te lo juro.

No entiendo cómo sabiendo lo que esa mujer

me ha hecho sufrir le abres las puertas de tu casa.

No le he dado refugio.

Sólo he dejado que caiga en mi tela de araña.

Marina es muy peligrosa. Cuanto más estés de ella mejor.

Esa mujer es capaz de todo.

Y yo también...

por ti.

¿Pero qué hablas?

La he dejado entrar en mi casa para que pague con creces

todo el daño que te ha hecho.

Si me hubiera negado se hubiera ido

y no hubiera recibido su castigo.

¿Ahora te parece tan mal lo que he hecho?

¿Amalia ha vuelto al Ambigú? ¿A cantar?

Sí, lo echaba mucho de menos.

Y se aburre muchísimo en casa todo el día sin hacer nada.

Cuando se entere mi hermano se va a poner hecho una furia.

Por eso no quería decírselo.

Y le he prometido que le guardaría el secreto.

Blanca, ¿para qué te metes en esto?

No lo sé. No pude negarme.

Y espero que tú hagas lo mismo.

Mi hermano tiene derecho a saberlo.

Si se lo dices la obligará a dejarlo.

Además, provocarás una crisis tremenda entre ellos dos.

Ya sabes cómo es tu hermano.

Y Amalia por mucho que haya cambiado sigue manteniendo

el espíritu libre de "La Cachetera".

Y es mejor dejarlo salir de esta manera tan inocente.

Por el bien de ella y por el bien de Rodolfo.

No me gustan las mentiras.

Y a Rodolfo tampoco.

Hazlo por mí, por favor.

Está bien, pero cuando esto estalle,

porque va a estallar, yo no quiero saber nada.

¿De acuerdo? ¡Ay, Dios mío!

¿Qué ocurre? ¡Es verdad!

¿Qué ocurre? Tengo que avisar a Amalia

de que Rodolfo ha venido a buscarla.

Vuelvo enseguida. Blanca, ¿pero dónde vas?

¡Blanca!

Coge una pasta, prima,

que las he traído de la Tahona especialmente para ti.

Que no tengo hambre, prima. Tienes que comer.

Alimentarte bien te ayudará a recuperarte.

No seas "pesá", que no tengo ganas.

Si sólo he venido a ver cómo estás.

Pues yo mejor. Aunque todavía no estoy

en condiciones para trabajar y eso me desespera.

No te tienes que obligar a trabajar.

Tienes que aprovechar para descansar,

que la salud es lo más importante.

Anda, mira qué curioso

que no te apliques tú el cuento.

Bueno, porque yo me encuentro bien.

Eso no es lo que me han contado a mí.

¿Por qué dices eso?

¿Qué te pasó ayer?

¿Ya ha venido Rosalía con el cuento?

No, la pobre se preocupa por ti, igual que yo.

No tenéis que preocuparos, que yo estoy bien.

Lo de ayer fue un mal día y ya está.

A ver, Elpidia, que yo imagino que perder una criatura

tiene que desgarrarte por dentro.

Pero esconder el dolor no te sirve de nada.

Ya he llorado todo lo que tenía que llorar.

A mí me parece que no.

Tú qué sabrás.

Pues sí que lo sé.

Porque yo he vivido lo mismo que tú.

¿Tú? -Pues sí, mira,

que ni siquiera tú que eres mi prima te diste cuenta.

Cuando murió mi Enrique me mataba a trabajar

día y noche para caer rendida en la cama

y que no me asaltaran los recuerdos.

¿Y te sirvió?

De nada.

Negar la realidad no la hace más suave.

Tienes que enfrentarte a ella y vivir el duelo.

Sólo así puedes salir adelante, Elpidia.

Pero yo en tu caso lo entiendo, prima.

Pero yo no llevaba 40 años con ese hijo.

Si ni siquiera llegué a verle la carita.

Pues mejor me lo pones.

Busca las excusas que quieras, pero a mí no me engañas.

Bueno, prima, yo me tengo ir, ¿eh?

Que tengo mucha tarea pendiente.

Elpidia, que no.

Que no cometas los mismos errores que yo.

Tienes que parar un poquito.

Y ya verás cómo la herida pues se va cerrando.

Que yo no puedo, prima.

Que yo no soy tan fuerte como tú.

Que yo me quedo sola con mis pensamientos y me ahogo.

Pero, prima, nadie ha dicho

que tengas que pasar esto tú sola.

¿Por qué no te quedas aquí conmigo? Y yo te ayudo.

Sí. ¿Puedo quedarme, prima?

Pero claro que te puedes quedar.

¿Cómo no te vas a poder quedar? Anda, llora.

Llora lo que quieras, anda.

(LLORA)

¿Otra vez usted?

Como cada día desde que la conocí.

Así que no finja sorprenderse.

Aunque hoy nos vemos más tarde.

Sí, el motivo de mi retraso

no tiene nada que ver con usted.

Es que he ido a visitar a unos conocidos.

¿Seguro que no lo ha hecho para evitarme?

Ay, no sea presuntuoso.

Es que tengo una amiga que partió hacia Lyon

hace unos días y aún no sé nada de ella.

Por eso quería preguntarle si sabían algo.

Lo siento, pensaba que estaba intentando jugar conmigo.

Estoy muy preocupada por ella.

Con las fronteras cerradas las comunicaciones

no deben ser nada fáciles.

Seguramente su amiga está bien.

Ya, eso es lo que intento decirme a todas horas.

Pero no puedo evitar tener el alma en vilo.

Bueno, si no ha recibido noticias es buena señal.

Cuando ocurre una desgracia enseguida se sabe.

Es cierto.

Gracias.

Al menos la espera ha servido para algo.

Tiene una sonrisa encantadora.

¿Lleva esperándome desde el mediodía?

Hace horas que no siento los pies.

Pero ha merecido la pena con tal de ver su sonrisa.

Es usted un...

Un presuntuoso, lo sé.

Bueno, iba a decir un donjuán.

Si me muestro así es...

es porque usted me ha robado el corazón.

Apenas puedo soportar la espera para verla.

Pues entonces no tendrá que esperar más.

Por favor, no se ofenda.

Sé que resulta un poco atrevido

para las costumbres europeas, pero...

pero le aseguro que mis intenciones son buenas.

No me está entendiendo.

Quiero decir que no va a tener que esperarme más

porque puede recogerme en casa.

¿Lo dice en serio? -Sí.

He hablado con mi padre sobre...

sobre su interés hacia mí.

Y me ha dado su autorización para pasear con usted.

Si se lo ha preguntado es que usted

también está interesada en mí.

¿O me equivoco?

Bueno, tampoco hace falta ponerle palabras a todo.

No.

A veces una mirada o una sonrisa bastan.

¿Le parece bien si la paso a recoger mañana a las seis?

Adiós.

(Llaman a la puerta)

¡No está abierto todavía!

Celia, abre, soy yo.

Disculpen, disculpen un momento.

Dios santo, ¿has visto la cantidad de gente que hay?

Nunca imaginé que Carmen de Burgos

despertara tanto interés.

No han venido a verla a ella.

¿Entonces a quién han venido a ver?

A Cruz Galván.

¿Qué?

Sí. Carmen no podía venir y a Velasco se le ocurrió

que yo podía sustituirla.

No me lo puedo creer. ¿Cómo no me has dicho nada?

Pues te lo habría dicho

si te hubieses dignado a aparecer.

Lo siento, Celia.

¿Tan importante era la reunión con tu ex compañera del colegio

que no podías ni llamar?

Ya te he dicho que lo siento.

Pero llegó tarde e insistió en que comiéramos juntas.

No te preocupes. Solo quiero pensar

en la cantidad de mujeres que hay en la puerta.

¿Estás segura de querer desvelar tu identidad?

Pues en un principio sí.

Pero se va a acercando la hora y cada vez tengo más miedo.

¿Y qué vas a hacer?

Pues ya no hay nada que se pueda hacer.

Ha llegado el momento

y hay muchas mujeres esperando en la puerta.

¿Entonces abro?

(Aplausos)

Muchísimas gracias, mi querido público.

Gracias.

Gracias, caballero.

Muy amable.

Gracias.

Vamos, caballero, rásquese el bolsillo.

Que esta sonrisa bien merece un billete.

Bueno, el próximo día

le dedicaré la canción a usted sólo.

Don Luis, esto es suyo.

¿Está segura?

Soy una mujer pudiente. ¿Lo recuerda?

Este dinero le hace más falta a usted que a mí.

Gracias.

No hay por qué darlas.

Yo no canto por dinero,

sino porque lo necesito como el respirar.

Es el alimento de mi alma.

Eso mismo pensaba yo hasta que me faltó el pan.

Entonces me di cuenta

de que la música no quita el hambre.

Bueno, pero estas propinas sí.

Así que cójalas sin rechistar.

Y ahora dígame, sea sincero, ¿cómo me ha visto?

Eh, bien, veamos...

La he visto muy segura sobre el escenario.

Tiene usted gracia y tiene desparpajo,

de eso no hay duda.

Pero sin embargo a nivel técnico

tiene ciertas carencias.

Ya. ¿Tiene solución?

Por supuesto que sí.

Los problemas de afinación se pueden solucionar fácilmente

con ensayo y ensayo.

Y para que vaya más segura con el compás

tenemos que incidir en la respiración.

Acabará por dominarlo por completo

con un buen ritmo respiratorio.

Bueno, es que no soy tan buena como Francisca.

No. Quiero decir...

Usted y ella son diferentes, no sería justo compararlas, ¿no?

Ella estudió mucho más que usted.

-Bueno, yo le propongo algo. -Usted dirá.

Quiero contratarlo como profesor particular de canto.

(RÍE) Ya lo intentamos una vez y no salió bien.

Bueno, pero yo no soy la misma mujer de antes.

No soy tan indisciplinada y tengo verdadero interés en mejorar.

¿Qué le parece? -No sé si sería buena idea.

Bueno, yo no sé lo que le pagaba Francisca Silva,

pero yo le doblo la cantidad.

¿Le interesa? -Está bien, está bien.

¿Cuándo empezamos? -Pues... no sé, mañana mismo.

-Fantástico. (RÍE)

Gracias.

Buenas noches.

Don Mateo, ¿qué tal? ¿Le ha gustado la actuación?

Me alegro mucho. Amalia.

¡Blanca, qué pena! Acaba de terminar el espectáculo,

si hubieras llegado un poco antes...

En realidad, no he venido a ver el espectáculo, Amalia.

He venido a advertirte. ¿Qué pasa?

Rodolfo ha estado en mi casa y ha estado preguntando por ti.

¡Pero eso no puede ser!

No llegaba de Toledo hasta más tarde.

Pues, al parecer, ha llegado antes.

Ay, ¿y tú qué le has dicho?

Pues que estabas en un salón de belleza.

Así que solo quiero advertirte para que no metas la pata.

Ah, sí, muchas gracias, Blanca, me salvas la vida.

Mira, Amalia, de verdad, a mí no se me da muy bien esto.

No me gusta mentir. A mí tampoco me gusta mentir.

Pero es la única forma de poder cantar.

¿Y por qué no hablas con Rodolfo?

Conoces a Rodolfo tan bien como yo.

Nunca dejará que me suba al escenario.

Y yo no quiero renunciar a esto que me hace tan feliz.

Está bien, como tú quieras.

¿Qué te pasa? No sé, he tenido un pinchazo.

Supongo que ha sido que he venido muy rápido.

Bueno, siéntate un poco, te traigo un vasito de agua.

No, no, por favor, márchate. Rodolfo te espera en casa.

No sea que sospeche que no estás en un salón de belleza.

¿Estás segura? Estoy segura. Estoy bien.

Tranquila. Bueno, voy a cambiarme.

Ah...

Muchísimas gracias.

Espero que le guste la próxima entrega.

Al final no ha ido tan mal, ¿eh?

Por favor, ¿la siguiente? -El siguiente.

Ah, perdone, no me había fijado.

No se preocupe, "ma petite chérie".

Casi me mareo de esperar tanto tiempo fuera.

Lo sentimos mucho, no sabíamos cuánta gente iba a venir.

No se preocupe, ha merecido la pena

con tal de estar delante de la gran y única Cruz Galván.

(RÍE) -Estoy que no me lo creo.

-¿Y su nombre es...? -Ah, Simón.

Su más ferviente admirador.

(RÍE) -Me postro ante usted.

No, por favor, no exagere, no es necesario.

¿Cómo que no? Es usted un soplo de aire fresco

en el mundo de la literatura. -Por favor...

Una luz en medio de tanta afectación y vanidad.

De verdad, que no es necesario, levántese.

Nadie merece tal devoción. -Es la Emily Brontë española.

(RÍE) -La Jane Austen de nuestras letras.

Y la tengo aquí, delante demí. -¿No exagera usted un poco?

-Más bien me quedo corto. (RÍEN)

¿Cómo se le ocurrió la idea de que al protagonista

se le cayese el pañuelo de Azucena cuando está a punto de embarcarse

y que saltase al agua para recuperarlo?

Ideas que tiene una.

Perdone, si no le importa, dese prisa.

Hay gente esperando. -Casi lloro de emoción

cuando Azucena corre a su encuentro y se funden en un beso.

¿Quién fuera amado para que un hombre lo besase así?

Vaya, eh... (RÍE)

No sé qué decirle. Me alegra que le guste mi folletín.

Solo vivo para leer sus entregas.

¿Y no podría adelantarme algo de lo que pasará en la siguiente?

Ah, no le haría ningún favor.

Perdone, caballero, si no le importa...

Ya va. Ya va.

Uno no puede rendir honores a una diosa de la literatura

sin que le metan prisa. -El tiempo, que es finito.

Siempre guardaré en mi memoria este momento, madame.

(RÍE)

Puede volver cuando quiera.

Gracias.

-Qué hombre más curioso. -Fascinante.

¡Y qué valiente!

¿Has oído cuando ha dicho lo de dos hombres besándose?

Se ha mostrado tal cual es sin tapujos y sin miedos,

como si fuera la cosa más normal del mundo.

Sí. Tal vez si hubiera más valientes como él, lo sería.

Ojalá.

Perdón, ¿la siguiente?

Rodolfo, ¿qué haces aquí tan pronto?

No te esperaba hasta la noche.

La reunión ha terminado antes de tiempo y he venido a casa.

Quería pasar la tarde contigo. -Ay, qué pena.

Si lo llego a saber, habría venido antes.

¿No ibas a visitar a Blanca?

He ido a su casa a recogerte, pero no estabas.

Es que he ido a primera hora.

Pero he notado a Blanca muy cansada

y me he ido para que pudiera echarse un rato.

¿Y... dónde has ido después?

Pues, como estaba en el centro,

he aprovechado para ir al salón de belleza.

-Ah, curioso. -¿El qué?

Que, cuando he venido a casa, le he pedido la dirección a María

y he ido a darte una sorpresa,

pero allí ni estabas ni se te esperaba.

-Eh, puedo explicártelo, Rodolfo. -Eso espero.

Porque se me están pasando un montón de cosas por la cabeza,

y ninguna buena.

No verás, es que he ido al salón de belleza

y estaba lleno de gente.

Entonces, pues me he marchado a otro.

Ah... -¿A cuál?

Salones Vogue. ¿Contento?

Lo estaría si no llevaras el mismo peinado que esta mañana.

Porque no me he peinado.

He ido a ponerme una mascarilla hidratante en la cara.

Mira. Tengo la piel mucho más suave.

¿Por qué me miras así?

-Por nada. -¿No te fías de mí?

¿Pero por qué iba a mentirte?

Lo siento. Lo siento, Amalia, me fío de ti.

Pero es que, en el pasado,

ha habido tantos secretos entre nosotros...

Tú lo has dicho, eso fue el pasado, y hay que dejarlo atrás, ¿eh?

Lo sé, lo sé. Pero, por un momento, me ha dado miedo

de que volviéramos a las andadas.

Pues, tranquilo, Rodolfo, estoy casada contigo

y voy a serte fiel y leal hasta que... hasta que me muera.

¡Ay! Ah, menos mal que ha llegado, señora.

¡No se lo va a creer! -¿Qué se ha estropeado ahora?

-¡Pues nada! -¿Nada?

¡Nada! (RÍE)

-¿Por qué te ríes así? -Estoy más contenta

que unas castañuelas, señora. ¡Mire!

¡Ah! ¡Teléfono! (RÍEN)

-¿Pero cómo? -Esta tarde han venido

a ponernos la línea. Y han traído colchones nuevos.

No se lo va a creer, ¡peor tenemos luz y agua!

(RÍEN) ¡Qué bien, no me lo puedo creer!

(RÍEN)

¿Se puede saber a qué viene tanto escándalo?

Hay agua, electricidad, teléfono... ¿Cómo lo has conseguido?

-Bueno, solo lo he solucionado. -Les habrás dado una buena propina.

-No. -¿Les amenazaste con denunciar?

-No, no, eso tampoco. -¿Entonces qué has hecho

para que esta caverna sea un lugar habitable?

Solo les dije que era urgente

y se han mostrado muy dispuestos a echarnos una mano.

-Ah, ¿así, sin más? -No, sin más no.

Está visto que, en este pueblo, para que te tomen en serio,

tienes que ser un hombre. -Cuando fuiste estarían ocupados

y se les pasaría. -No lo digo solo por eso.

Esta mañana discutí con Pedro. -¿Con Pedro?

¿Pero qué ha pasado? -Le he contado nuestros planes.

Y él se ha negado a obedecerme,

dice que solo cumpliría tus órdenes.

Me dejó con la palabra en la boca.

Esto no es Madrid, las cosas funcionan de otra forma.

¿Por qué repetís lo mismo como si no hubiese solución?

En Madrid, al principio, las cosas no me fueron muy fáciles.

Pero el señor tiene razón en lo que dice.

A mí esto me recuerda a mi pueblo.

Mire, son todos unos cazurros y no les cabe en la mollera

que una mujer haga algo sin el permiso de su marido.

Estos todavía no me conocen a mí.

Si tienes paciencia, acabarás ganándotelos.

Ellos tienen que amoldarse a mí, no yo a ellos,

que para eso soy la que pago. -¿Vas a despedirlo?

Cualquiera que contrates actuará exactamente igual.

Pues no lo sé, ya se me ocurrirá algo.

Pero te aseguro que ese hombre va a acabar cumpliendo mis órdenes.

-Buenas tardes. -Siento llegar tarde,

un contratiempo de última hora. -Parece que mi destino es que

las mujeres de mi vida me hagan esperar.

-¿Hay alguien más aparte de mí? -Eso es una sorpresa.

No soy ninguna mojigata,

pero no esperaba que... que me abandonaras por otra tan pronto.

(RÍE) -¿Tan obnubilado te tiene esa...?

¿Cómo se llama? -Amparo.

Y ni se imagina cuánto me gusta estar con ella.

Menos mal que ha accedido a que nos veamos a solas.

Esto no es América, aquí hay normas sociales.

Lo sé. Tenemos el permiso de su padre.

Hemos quedado mañana para pasear. -Vaya, qué rápido vais, ¿no?

-¿No lo aprueba? -No, no es eso.

Es simplemente que no pensaba que te tuviera que compartir

con nadie mientras estuvieras aquí.

No se preocupe, por muchas mujeres guapas que existan,

yo siempre la preferiré a usted por encima de todas.

¡Qué zalamero eres!

Bueno, pues, si va a ser tu novia, tendré que darle el visto bueno.

¿Así que cuándo piensas presentármela?

Todo a su tiempo, madre. ¿Nos vamos?

Descúbrase de cintura para abajo, enseguida estoy con usted.

¿Quieres que me tumbe?

¿Qué haces tú aquí? Piensa un poco.

No hace falta ser muy listo para averiguarlo.

¿Estás trabajando...? Sí. No pongas esa cara de susto.

Todavía tengo buen cuerpo para ganarme la vida así.

Aunque tú nunca supieras apreciarlo.

¿No tenías otra manera de salir adelante?

Ahora no finjas que te preocupo.

Lo que siento no tiene nada que ver con la preocupación.

Es solo que me sorprende ver lo bajo que has caído.

No me has dejado muchas opciones. No me culpes.

Esta, una vez más, ha sido una decisión tuya.

Intentar demostrar mi inocencia me costó todo lo que tenía.

Me quedé en la calle, sin nada.

Sin ni siquiera un techo donde dormir.

¿Pretendes que me compadezca de ti? ¿Cómo puedes ser tan cruel?

¿Cruel? ¿Me acusas de crueldad?

Tú... que has matado a gente y has hecho daño a no sé cuánta más.

Soy inocente. Di lo que quieras.

Yo sé la verdad. No, no la sabes.

¿Qué sabe nadie? Deberías estar ingresada, Marina.

Eres un peligro.

No te atrevas a juzgarme, Cristóbal.

Tú me has convertido en lo que soy.

¿Has cuándo vas a seguir así? ¿Qué quieres decir con eso?

¿Me vas a culpar eternamente de todo lo que te pase?

Si estás en el agujero es por tu culpa,

asume tus responsabilidad.

Es la única manera de que algún día salgas adelante.

De lo contrario, seguirás enterrándote de por vida.

Mi única culpa fue enamorarme de ti.

Ahí empezaron todas mis desgracias.

¿Y ahora vas a examinarme?

¿Tienes noticias de Sofía? No, y estoy muy preocupada.

Aunque, bueno, supongo que será normal con la guerra.

Eh, ese chico de allí no para de mirar.

Y hasta te está saludando, yo creo que te conoce.

No, no, no, no. No me suena. -Amparo.

Ah, pues tienes razón, te ha confundido con otra.

Sí, sí, sí.

Pues ahí viene.

Estoy esperando una visita,

así que necesito que te lleves a la niña a dar un paseo.

Vale, señora, ¿cuánto tiempo quiere que dure el paseo?

Pues... con dos horas será suficiente.

Ah, y es mejor que mi marido no sepa nada de esta visita.

-¿El señor sigue enfermo? -Sí.

Pues mal vamos mientras que él no venga por aquí.

No, mal no vamos a ir,

simplemente va a tener que cumplir mis órdenes.

No lo creo, señora. Y no es porque sea una mujer,

sino que no sabe "na" de esto. -Usted no me conoce.

En todas las facturas de los restaurantes se carga,

sin excepción, la comida y la bebida de dos personas.

¿Con quién si no? Si ese no conoce a nadie aquí.

Le juro a que no estuve con ese portugués

en ninguno de esos sitios. -¡No me tome por imbécil!

¡No me diga que Simón Gorís es usted!

¡No me puedo creer que no me lo haya dicho antes!

Ahora que sé quién es, me da vergüenza que piense en mí

como autora de los folletines. -Su folletín me produce

el mismo placer que usted encuentra en mis poemas.

Es una joven única, madre.

Creo que no hay una sola cosa de ella que no me guste.

Hasta su nombre me encanta, Amparo. -Lo celebro, hijo, lo celebro.

Tengo pensado hasta por dónde vamos a pasear.

Y la quiero llevar a tomar una horchata

o un chocolate, según cómo esté el tiempo.

Está claro que estás muy ilusionado.

Pero tienes que ser prudente, a mí me gustaría conocerla.

-Pronto tendrá ocasión. -La de hoy es la ocasión perfecta.

Lo que tienes que hacer es no ponerte a la altura

de tus empleados, eres la jefa.

Así que tienes que buscar la forma de ganarte su respeto.

No sé cuál es esa forma.

Para empezar, puedes dejar que yo hable con Pedro.

¡No! Eso ni pensarlo, sería como darle la razón.

Fracaso y acudo al hombre de la casa.

Esto lo tengo que resolver yo solita.

Antonia, traigo una mala noticia.

Ay... ay, mi Gabriel, ¿qué le ha pasado a mi Gabriel?

Su hijo ha tenido un accidente de tráfico.

-¡Ay, Dios mío de mi vida! -¿Y está bien?

¡Sofía!

¡Ay, gracias a Dios, estás viva! ¡Ay!

(LLORA) -Será mejor que lleve

a este pequeño a su cuna. Allí dormirá mejor.

¡Ah!

¿Qué le ocurre, señora? Ah, no sé, pero me duele mucho.

Agárrese a mí, la llevaré a su habitación

para que se pueda echar. No, no, no, no.

No puedo levantarme, Rosalía.

Llame... llame, por favor, a Cristóbal.

Enseguida.

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Seis Hermanas - Capítulo 469

23 mar 2017

Diana y Salvador se desesperan. Celia se preocupa por la expectación creada en la librería. Marina se niega a someterse a la revisión médica. Elisa descubre que Marina trabaja en la casa de tolerancia y se lo cuenta a su padre. Amalia sigue decidida a cantar en el Ambigú.

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  1. Kamino del Mar Mulero

    Carmen, totalmente de acuerdo contigo Aurora fue de lo mejor que ha pasado en la serie, Cata no tiene brillo

    25 mar 2017
  2. Carmen

    Buena novela. Pero sería bueno hacer que Aurora esté viva y regrese con Celia. Fueron de lo mejor esos capítulos cuando estaban juntas. Cata está muy simple.

    24 mar 2017