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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 467 - ver ahora
Transcripción completa

A usted ya le está esperando mi marido en la bodega

con todos los trabajadores. -Te acompaño.

no, usted no hace falta que vaya.

Una mujer no pinta "na" allí con los trabajadores.

-Iré igualmente.

Hasta que no se firme el contrato puede pasar de todo.

Entre Cándida y yo tiene clara su preferencia.

Si eso no basta, puedo ofrecerme mucho más dinero.

Me espera un trabajo muy importante en París.

Qué egoístas sois los hombres,

solo pensáis en vosotros y en vuestro trabajo.

Le estás declarando la guerra a las chicas.

-Han empezado ellas. -Da igual quién haya empezado.

No son mujeres que vengan de ambientes refinados.

Son muy peligrosas.

¿Trata de meterme miedo en el cuerpo?

No. Solo te advierto.

Marina acaba de salir de la cárcel,

no querrá meterse en líos. -¡Esa mujer está enferma!

¿Es que no lo entiende?

La venganza es lo único que la alimenta.

Está bien, no permitiré que Marina se le acerque.

He hablado con portugueses que fabrican tela de algodón

de primera calidad y a muy buen precio.

Benjamín, quiero que seamos pioneros en ese material en España.

Estoy deseando ver la cara de Cándida cuando se entere.

La verdad es que yo también.

¿Y sigues pensando en montar una librería?

Cuanto más lo pienso, más ilusión me hace.

Esto no va a quedar así.

-Déjelo correr. -Usted no me conoce.

No sabe con quién está hablando.

Lo he estado pensando y... lo más sensato es que no vayamos.

Es un viaje peligroso.

Siempre ha sido tu sueño. Sí, siempre lo ha sido,

hasta que supe que me querías.

A todo el mundo le gusta la música.

Y no quiero pecar de inmodestia, pero toco muy bien.

¡Por favor! -Está bien, toque, toque.

Sí, pero... pero chitón.

¡Porque, si se entera doña Antonia, me capa!

Tranquilo, no se va a enterar, seré discreto. Gracias.

La voy a tener vigilada, así que no haga ninguna tontería.

Una más, y nadie le va a salvar de la justicia.

¿Es legal vigilar a alguien que no hizo nada malo?

No hable de legalidad, se me revuelven las tripas.

Hoy es el primer día y no ha estado nada mal.

Si estoy animada.

A mí me basta con poder mirarte a los ojos

y ver que estás feliz por poder cumplir tu sueño.

(Se oye un zumbido eléctrico) ¡Huy!

Ah...

(Sintonía)

En esta estantería pondremos los libros de poesía.

Y, en la de al lado, pondríamos los de narrativa.

La mesa la aprovecharemos para los libros ilustrados,

llamará mucho la atención, ¿no crees?

Si los pones a mano de la gente, lo hojearán

y pondrán los dedos en ellos. -No importa.

Los libros hay que tocarlos y olerlos.

Me encanta este diseño.

Nunca entendí por qué estos sombreros se venden tan mal.

-Si te gusta, quédatelo. -No, el género que sobra

lo vamos a vender a Almacenes Márquez.

Ah, en la trastienda podríamos poner los libros de ensayo.

Me gustaría que la tienda tuviera como dos estancias.

Mucho tendrás que vaciar la trastienda

para que sea un espacio habitable. -Lo podremos hacer.

Es una pena que sea pequeña. Me gustaría poner mesa y sillas,

quizá un par de canapés para montar tertulias.

-¿Tertulias literarias? -No solo tertulias literarias,

también podríamos hablar de otros temas,

como los derechos de la mujer.

No sé, a mí me encantaría traer a gente como María de Maeztu,

que acaba de inaugurar su residencia de señoritas.

Dicen que las jóvenes allí hacen deporte al aire libre,

como los muchachos. (RÍEN)

Cuántas ideas, es abrumador.

Y también emocionante, ¿no crees?

Tienes que ayudarme a hacer un escaparate bonito.

No solo con novedades, también deberíamos poner

los clásicos que cambiaron la vida de la gente.

Yo no puedo ayudarte con eso, Celia.

-No te veo muy emocionada. -Es que yo no...

no puedo estar a tu altura, Celia. -Claro que puedes.

Tú eres muy creativa y tienes muchas ideas que aportar.

No sé cómo decirte esto.

¿El qué?

Ayer pasé por la puerta de... de la casa de Costuras Pavón.

Y vi un anuncio.

Están buscando costureras y modistas.

¿Y?

Había pensado en... en ir para que me hicieran una prueba.

(Sonido del viento)

Dame esos cubos, Merceditas, ahora voy a por más.

No se preocupe, señora, usted siga con lo suyo,

yo me encargo de traer los cubos de agua.

No quiero dejarte la parte más fatigosa.

Fatigoso es todo. Tenemos tantas tareas

que no podemos ni respirar. -Ay...

-Ni usted, ni el señor, ni yo. -Sí, eso es verdad.

Salvador ha ido a ver los viñedos.

Tengo que bajar al pueblo, a ver si nos ponen el teléfono.

-Es más urgente arreglar la luz. -Sí, de eso también me encargaré.

Pero no quiero estar aislada, sobre todo, por las niñas.

Hablando de las niñas, todavía no han pasado por agua

y yo creo que debería bañarlas. Voy a calentar un poco de agua.

Muy buena idea.

Pero ten cuidado, no la calientes demasiado

Ah, señora, siempre miro la temperatura antes de bañarlas.

(RÍE)

Ay...

(Se oye un grito de Merceditas) ¿Qué pasa, Merceditas?

¡Esto es lo que me pasa, señora! Se ha roto el pasamanos.

Pero esta madera está carcomida.

Y seguro que toda la demás también.

Esta casa es una ruina, ¡se nos va a caer encima!

Anda, no digas tonterías, tenemos que llamar a un carpintero.

Al carpintero, al fontanero, al electricista...

¡Y hasta al carbonero!

-Merceditas, ¿por qué lloras? -¿Cómo no voy a llorar, señora?

Vamos, mujer, tienes que ser fuerte.

Dentro de una semana estaremos instaladas,

ya verás cómo nos reímos de todas estas incomodidades.

Si no lloro por eso, señora.

¿Entonces por qué lloras? (SUSPIRA)

-Celia, por favor, entiéndeme. -Te entendería si me contases

por qué quieres hacer esa prueba teniendo tu propia tienda.

Yo solo digo que quiero hacerla.

Y es muy difícil que me cojan, se presentarán muchas mujeres.

Por favor, háblame. Dime algo.

¿Qué quieres que te diga, Cata?

¿Que compré esta tienda para ti? Pues te lo digo.

Hice un gran desembolso para que no te quedaras sin trabajo.

¿Has comprado esta tienda solo por mí?

No, para las dos, porque pensé que te haría ilusión

si embarcásemos en un proyecto juntas.

Y me hace mucha, pero no entiendo de libros.

Yo no puedo organizar tertulias, ni recomendarlos.

Te he dicho mil veces que eso se aprende.

Eso se aprende si tienes cabeza para eso.

Lo mío son los hilos y las costuras.

No te hace ilusión empezar un negocio conmigo, ¿verdad?

Sí, sí, sí que me hace.

Pero me da mucho miedo decepcionarte.

¿Más que ahora?

Entiéndelo, por favor, Celia, ponte en mi lugar.

Tener la oportunidad de trabajar en Costuras Pavón

no se presenta todos los días.

Haz lo que quieras, Cata.

Yo no soy quién para decirte lo que debes hacer.

A mí no me importa no tener agua, ni luz.

Yo soy una luchadora, siempre he llevado la vida a cuestas.

¿Entonces, por qué estás así?

(LLORA)

Porque la vida que llevamos aquí me recuerda a mi pueblo.

A lo que quería tener con Raimundo

y que se nos ha ido al traste.

Pensé que, al venir con nosotros, te olvidarías de tus problemas.

Y resulta que ha sido al revés.

¿Pero qué necesidad tenía Raimundo de destruir nuestro matrimonio?

Con lo felices que hubiéramos sido los tres.

Con agua y luz, porque nosotros sí que tenemos en el pueblo, ¿eh?

Bueno, Merceditas, y aquí también vamos a tener.

Ah...

Y, ahora, ¿qué le cuento yo a mi niña cuando sea mayor?

¿Que su padre es un infeliz que ha preferido irse

detrás de unas faldas que cuidar de su familia?

Estoy segura de que encontrarás la manera de contarle las cosas

a tu hija y... tampoco hace falta darle todos los detalles.

Ya.

Contarle que ha dejado encinta a una criada no me parece de recibo.

Me quedaré callada para que la niña no le coja tirria a su padre.

Merceditas, dime una cosa,

después de todo lo que ha pasado,

¿todavía sigues queriendo a Raimundo?

¡Ah! Señora, me hace usted

una pregunta muy difícil de contestar.

Perdona que sea un poco indiscreta

pero, bueno, como veo que necesitas desahogo...

Pues, mire, hay días que me gustaría verle sufrir

como un cochino en la matanza.

Y otros que daría la vida por él.

Veo que tienes sentimientos encontrados.

Me estoy volviendo loca.

Y yo creo que también es porque echo mucho de menos a mi hija.

Si pudiera achucharla no me entrarían estas llantinas.

Cuando estemos instalados, podrás traerla.

Bueno, viendo cómo está la casa, no me parece muy buena idea.

Merceditas, tú me conoces muy bien, sabes que no me rindo fácilmente.

Y no voy a parar hasta convertir esta casa en un hogar

para que puedas traer a tu hija y ser, de verdad, feliz.

¿Eh?

Estás empezando a preocuparme, Benjamín.

Qué mala cara tienes. -No he pegado ojo esta noche.

Sabía que este viaje me quitaría el sueño.

Bueno, pero solo es un simple viaje a Portugal,

tampoco te vas a la Conchinchina.

Además, seguro que Oporto es una ciudad preciosa.

Me da igual Oporto, soy de mi casa, de mi gente,

de mi barrio, no de andar por ahí.

Bueno, pero vas con el Sr. Loygorri.

Tú te pegas a él y ya está, no lo veo yo tan complicado.

¿Y si me pierdo, qué? ¿Eh?

O me hablan en portugués y no me entero de qué dicen.

O me hablan en cristiano o no atiendo.

Bueno, para eso está el Sr. Loygorri,

que tiene estudios. -¿Y si no está?

¿Y si entra en una reunión y me deja solo?

Si llega la hora del almuerzo,

¿cómo pido torreznos, un chato de vino?

Bueno, hombre, si se trataba de eso, pues te puedo preparar

un hatillo con viandas para todo el viaje.

Y te puedo meter una frasca de vino.

Rosalía, ¿y si no vuelvo?

¿Pero cómo no vas a volver? ¿Pero qué perra te ha dado?

Esas cosas pasan, en los viajes pasan cosas, imprevistos.

¿Y si no sé volver? (RÍE) Te voy a buscar yo.

Sí, que me vas a encontrar en un país extranjero.

Por Dios, Benjamín, no te lo tomes así.

Deberías considerarlo una oportunidad para conocer mundo.

No quiero conocer mundo, eso para otros.

Estoy bien así. Si me cuesta ir al pueblo

a visitar a mi tía Virtudes. -¡Mira, Benjamín!

Si tienes miedo, te enfrentas al miedo.

Y lo superas, como has hecho otras veces.

Yo siempre me he sentido muy orgullosa de ti.

Me tiemblan las piernas. ¿Qué orgullo ni qué perro muerto?

Pues yo me siento orgullosa de ti, porque si el Sr. Loygorri

quiere que le acompañes es porque confía en ti,

porque haces bien lo que haces. -Lo que le pasa a ese

es que no tiene ni idea ni de tejidos ni de máquinas.

Le da miedo no enterarse de lo que le cuenten.

Por eso me quiere a mí allí con él. -¡Pues más a mi favor!

El señor Loygorri te necesita, él sin ti no es nada.

También tú deberías sentirte orgulloso.

-¿Tú crees? -Pues claro que sí.

Anímate, hombre. Además, así tendrás

muchas cosas que contarme a tu regreso.

(RÍE) Eso será si me entero de algo.

Gracias, Rosalía, me voy más animado.

Ay, pues me alegro mucho. Y ahora mismo te voy a comprar

un pijama nuevo, por si te toca compartir habitación con Rodolfo.

No había caído en eso. Pero, hombre, pero...

si me toca a mí compartir habitación con Rodolfo...

No, a ese viaje sí que no voy.

No he dicho nada, olvida el pijama.

Que no, no, hasta ahí podíamos llegar.

Compartir habitación con Rodolfo...

¡Ahora hablaré con él! Que se apañe, ¿eh?

No le voy a acompañar a ese viaje.

¡Pero, Benjamín, por Dios...!

(SUSPIRA)

Cándida, tenemos un problema muy serio.

¿Qué pasa ahora, Marina?

¿Quién te ha dicho que te sientes?

Me han robado, alguien entró en mi habitación

y me ha quitado el dinero. -¿Y cómo lo dejas a la vista?

Lo tenía bien escondido, no soy tan estúpida.

Han revisado mis pertenencias hasta encontrarlo.

No entiendo por qué dices que tenemos un problema,

el problema solo lo tienes tú.

Ah, ¿roban en su casa y le da igual?

Mira, hace mucho tiempo que perdí la ilusión

de que mis chicas se llevaran bien.

Y, como bien te dije, esto es la jungla.

Usted y yo sabemos quién es la ladrona.

Quiero que la llame ahora a este despacho

y que me diga que no me ha robado.

Pues no pienso hacer semejante cosa.

Las chicas están muy ocupadas y no las voy a distraer

con un asunto que es solo vuestro y al que no le doy importancia.

Me ha robado todo lo que gané la semana pasada.

¿A eso no le da importancia? -Ya te lo avisé.

Te lo has buscado tú sola.

Porque has llegado aquí como si fueras una dama

de la alta sociedad, mirando a las demás por encima del hombro.

Y ellas llevan más tiempo que tú.

No sabía que la antigüedad concediera privilegios.

Da experiencia, y deberías haber tenido otro talante con ellas.

¿Qué quiere, que las invite a chocolate con churros?

No pienso hacerlo, me parecen repugnantes.

Ese sentimiento es recíproco, seguro.

Disfruta con lo que me ha pasado, ¿verdad?

¿Disfrutar? No.

Lo único que creo es que te lo has buscado tú sola.

Y espero que aprendas la lección.

¿Qué lección? Usted se sienta aquí a pasar el día en su despacho

mientras nosotras nos sacamos los ojos las unas a las otras,

¿y le da igual?

¡Menuda forma de llevar un negocio! -A mí no me hables en ese tono.

Ahora te irás a tu habitación, vas a dejar de quejarte

y vas a aprender a ser más humilde.

Yo no acepto lecciones de humildad de nadie.

Pues deberías, porque no lo sabes, pero has tenido mucha suerte.

Que La Peineta te ha robado el dinero, puede ser,

pero no eres la primera que llega

con esos aires de grandeza y esa chulería.

Y alguna ha acabado con la cara rajada.

Prefiero que me rajen la cara a que me roben el dinero.

Pues aprende a guardarlo. Y ahora vete.

Así, tapadita.

Señora, doña Blanca está aquí.

Muy bien, hazla pasar, gracias, María.

Chis...

Ay, Blanca, gracias por venir. Tu recado me ha dejado intrigada.

Perdona los términos de mi mensaje,

fue una mezcla entre capricho y necesidad.

Así que no es tan urgente ni tan grave.

No, a menos que el aburrimiento sea algo grave.

Bueno, eso siempre puede resultar mortificante.

(RÍEN) Lo sé. Siéntate, por favor.

Pero es un gusto venir a verte.

La próxima vez no exageres tanto con tus recados.

Tenía muchas ganas de preguntarte cómo estás.

Supongo que algo decepcionada por no poder viajar a París.

Bueno, está más decepcionado Cristóbal, si te digo la verdad.

Además, no hemos anulado el viaje, lo vamos a aplazar

hasta que las fronteras se abran. Bueno.

Si quieres que te sea sincera, yo me alegro un poco

de que no viajes tan pronto, te iba a echar de menos.

(RÍE) ¿Te está costando adaptarte a tu nueva vida de casada?

(RÍE) Sí. No es que me queje,

yo estoy muy a gusto con Rodolfo y la niña.

Pero... pero es como si, al ser madre,

dejaras de ser mujer. Pero eso no tiene que ser así.

A ver, yo no soy madre, pero yo creo que las dos cosas

pueden ser compatibles. Pues lo serán, pero no en mi caso.

Me da vergüenza reconocer que... que echo de menos a mi marido.

Bueno, está trabajando mucho últimamente, ¿no?

Sí, y no solo eso. Es como si ahora solo me viera como madre.

Hemos perdido, no sé, la complicidad que teníamos,

las ganas de seducirnos, de jugar como antes...

No quiero darte más detalles. No te pido que me des más detalles.

Pero, no sé, yo creo que estas cosas van y vienen.

Y yo estoy segura de que dentro de poco vas a estar

a gusto con él otra vez. Y a disfrutar como hacíais antes.

Bueno, ojalá tengas razón. Y, mientras tanto,

tienes ahí a la niña, que es preciosa.

Si me quejo de vicio. Además, es tan buena...

Eso parece. Ay, ¿podría cogerla en brazos?

Claro. ¿Sí?

Se acaba de quedar dormida. ¡Ay, Amalia!

¿Qué pasa, Blanca? Blanca, a ver, siéntate.

¿Qué te ha pasado?

Ay, no sé. Me acabo de marear.

En esta habitación hace mucho calor.

¿Quieres que le pida a María que te traiga una manzanilla?

Ay, Blanca, ¿estás bien?

Hola, Elpidia. Deja que te eche una mano, que vienes cargada.

-Yo no quiero tu ayuda. -Sé lo que has pasado,

lo que has sufrido. Solo quiero decirte que lo siento.

No hay nada que sentir. Lo que ha pasado, es lo mejor.

Lo mejor... No creo que perder un hijo

sea plato de buen gusto. -Lo que no es de buen gusto

es tenerlo contigo. -Me había figurado

que el cielo me bendeciría con un varón.

¡Cállate! ¿Cómo puedes ser tan sinvergüenza?

Mujer, un hijo es un hijo.

No dejo de pensar en ti, que lo has perdido

y aquí estás, tan campante.

Eso tiene fácil solución. Deja de pensar en mí

y no te acerques, que no te quiero ver.

-¿Por qué me dices eso? -Me has arruinado la vida.

Vete lejos si no quieres que avise a las autoridades.

Que no te voy a hacer nada. Solo quiero ayudarte.

Que no quiero ayuda, que puedo bien sola.

A ver, yo entiendo que estés afectada.

Entiendo que estés enfadada conmigo y con la vida.

No quiero que entiendas nada. Solo quiero que me dejes en paz.

¿Por qué me tratas tan mal?

He dejado a mi mujer por ti. -No me hagas reír,

si fue Merceditas la que puso tierra de por medio.

Es lo mejor que podía hacer, porque tú solo puedes hacer

infeliz a la gente. ¡Aparta y déjame pasar!

¿Estás segura de que no quieres una infusión?

Gracias, María. No hace falta.

Gracias.

No sé. Esta mañana me he levantado sin apetito

y he desayunado muy poco.

Y tampoco he dormido mucho, así que será eso.

Tampoco tienes mal color.

Ay. A ver si estás embarazada.

Amalia.

Amalia, eso es imposible.

Hace un tiempo, estuve muy enferma

y los médicos me dijeron que nunca podría tener hijos.

Ay, qué horror. Yo no sabía eso.

¿Y cómo lo has llevado?

Pues, al principio, muy mal, la verdad.

Y luego, no me quedó más remedio que hacerme a ello.

Blanca, yo tengo buen ojo para eso y creo que tienes

todos los síntomas de un embarazo.

Mira, Amalia, yo no quiero subestimar tu intuición,

pero confío más en los médicos. No en vano, me he casado con uno.

¿Estás segura de que te dijeron que te habías quedado estéril?

Completamente. Vamos a tener que buscar

otra explicación a mi mareo.

Los mareos, la pérdida de apetito, de sueño.

Yo creo que deberías ir al médico, aunque sea a que te revise.

Está bien. Iré para que te quedes más tranquila. ¿Contenta?

Sí.

Toma un poco más de agua.

He notado mejoría en usted.

Tiene menos fiebre y la inflamación ha bajado.

Eso hay que celebrarlo con un vaso de whisky.

Con un gran vaso de agua y un chorro de limón.

Ni se le ocurra tocar el alcohol. Doctor, ¿ni por compasión

me va a dejar tomar un trago? El agua es para las ranas.

Un hombre mayor como yo necesita

el sabor amargo de un whisky. Ya.

Mal médico sería si se lo permitiese.

Así que hágame caso.

No se preocupe. Tengo una centinela de lo más estricta.

¿Su hija Elisa? Así es.

Nunca pensé que podría preocuparse de alguien

que no fuese ella misma,

pero me he equivocado. Así que lo está cuidando bien.

Me alegro. No solo me está cuidando.

Se desvive por mí, día y noche.

Y le confieso que estoy un poco preocupado por ella.

¿Por qué? Hace lo que todo hijo debe hacer

con sus padres, llegado el caso.

Ojalá yo hubiera podido estar más cerca de mi madre

cuando me necesitó. Elisa no tendrá ese remordimiento.

Pero Elisa es una mujer joven

y no quiero que una muchacha de esa edad esté encerrada

en una casa cuidando a un padre enfermo. No me parece sano.

Yo daría gracias de tener tan buena enfermera.

Yo la noto triste. Sí. Ha perdido la alegría

¿Sabe? A veces, echo de menos su frivolidad,

sus mentiras, sus enredos. Y la reconozco más en eso,

que en este especie de abnegación en la que vive.

La gente cambia. Y por lo que me cuenta,

el cambio es a mejor. No. No es a mejor.

Mi hija no es así.

Y pienso que se está metiendo

en un pozo muy negro.

¿Quiere que hable con su hija para que vuelva a ser

la niña consentida que era antes? No, no.

Me conformo con que la anime a salir, a dar un paseo,

a conocer gente, salir a una fiesta.

Está bien. No creo que tenga mucha influencia sobre ella,

pero si usted está más tranquilo, hablaré con su hija.

Se lo agradezco, doctor.

Así que este ha sido un mal año.

Sí, señor. Las tormentas arrasaron con todo.

Y para colmo, tuvimos una plaga de cochinilla.

No puede ser que la cochinilla

les cogiera por sorpresa. Se puede combatir.

Eso dice usted, que es de ciudad y de esto entiendo poco.

Pero la realidad es otra. -He leído que hay productos

que pueden combatir la cochinilla.

Si no hubiera llovido tanto, sí.

Pero se acumuló tanta humedad,

que no habían sulfatos que pudieran con el bicho.

Y se ceba con todo: la raíz, el tronco, las hojas.

¿Me está queriendo decir que la cosecha está arruinada?

A ver si usted sabe cómo sacarla adelante.

Lo mismo, con un poco de suerte, se lo dicen

en alguno de esos libros. -Dígame.

¿Desde cuándo sabe todo esto?

Las tormentas fueron antes de navidades

y la cochinilla empezó a dar la cara al templar el invierno.

De eso hace ya más de un mes.

Más o menos.

No me puede ser que el hombre que me vendió

las tierras no me dijera nada. (RÍE)

Yo, si le quiero vender un burro, no le digo que está cojo y tuerto.

Si no lo ve usted, pues ya es asunto suyo.

En pocas palabras, me han estafado.

No me meto en asuntos de señoritos.

Bastante tengo con sacar esto para adelante.

Si me lo encuentro, se va a enterar de lo que vale

un peine por venderme tierras baldías.

Tampoco exagere.

Un mal año se da de vez en cuando.

Pero eso no quiere decir que estas tierras sean malas.

Mi familia come de esto desde hace varias generaciones.

Está bien. Dígame una cosa.

Este año, ¿cuánto vino sacaremos? -¿Este año?

-Sí. -Yo, más bien, me centraría

en el siguiente.

¿Me quiere decir que este año no va a haber cosecha?

Ya ha visto cómo están las cepas.

Piense en el dicho: "Año de poco, vísperas de mucho".

No, Pedro. Esto no puede ser. Yo acabo de llegar con mi familia.

No podemos esperar un año entero.

El campo es el campo, señor Montaner.

Esto es lo que hay.

Benjamín, ¿por qué ha parado la máquina?

Ahora mismo, iba al despacho a hablar con usted.

-¿De qué? -Verá. Es que hay una cosa

que me preocupa mucho, que me quita el sueño.

Lo necesito bien despierto porque se nos acumulan los problemas.

-Ya, pero... -Siento contarle una mala noticia.

Los portugueses han cancelado nuestra visita a Oporto.

-Ah. ¿Y cómo es eso? -Un contratiempo. Lo sé.

-Lo siento. -Era buena ocasión

para conocer a ciudad.

¿Y qué explicación le han dado? Si se puede preguntar.

Uno de los portugueses viene a España.

Va a hacer una visita a la fábrica y nos va a contar

los entresijos de cómo fabricar

una tela de algodón de primera calidad.

Quiero que usted le reciba y le trate muy bien.

-¿Yo solo? -Sí.

Tranquilo, que habla español. Tome nota de todo lo que le dice

y sea su acompañante en su visita a Madrid.

Se llama Joao Gomes. -No se preocupe,

que le llevaré de paseo por Madrid.

Gracias. Sabía que podía contar con usted.

Si me permite, voy a volver al trabajo.

Benjamín, ¿qué era eso tan importante que quería contarme?

Ah, nada. No se preocupe.

¿Que no se preocupe? Ha dicho que se trataba

de un problema que no le dejaba dormir.

Bueno, eh...

Lo que yo quería decirle...

Benjamín, por el amor de Dios. ¿El qué?

Que yo estoy muy a gusto trabajando con usted.

Eso es lo que quería decirle. A veces, nos callamos lo bueno.

Y no hay que hacer eso, porque así nos va.

-Que está a gusto. -Sí.

Bien. Le agradezco su franqueza.

Le dejo trabajar. -Gracias.

"Estoy muy a gusto. Estoy muy a gusto".

Qué tontería más grande.

Cristóbal, ¿puedo pasar? Elisa, claro. Adelante.

Me ha dicho mi padre que querías verme.

¿Cómo está? Bueno, yo lo encuentro mejor.

¿Se puede curar? Verás. Prefiero no pensar

en milagros, pero antes era muy pesimista

y empiezo a no serlo tanto.

Aunque la verdad es que no te llamé para hablar de esto.

¿Y para qué me has llamado? Siéntate, por favor.

Verás. Tu padre me ha dicho que, últimamente, no te ve buen color.

Y quería comprobarlo con mis propios ojos.

Bueno, que yo sepa, estoy como siempre.

Puede que estés un poco más apagada.

¿Estás saliendo últimamente a la calle?

No puedo. Estoy cuidando de mi padre y de Leandro.

Tu padre no necesita que estés todo el día pendiente de él.

Incluso él puede hacerse cargo del niño durante unas horas.

No. Eso es lo que te habrá dicho a ti.

Mi padre da dos pasos y se ahoga.

Tengo que estar pendiente de él constantemente.

No pongas la excusa de tu padre para pasarte el día encerrada.

Si es que tampoco me apetece salir.

Desde que se fue Ciro, ahora mi vida está acabada.

Pero, bueno, ¿cómo puedes decir eso?

Cristóbal, mi marido me ha abandonado.

Y tampoco tengo amigas. Tenía una, pero se ha ido

a Francia y no sé si está viva.

Bueno, tienes a tus hermanas. Sí.

Dos fuera, una a punto de irse

y otra demasiado pendiente de sus folletines.

Cada día me siento más alejada de ellas.

Quizás, tú también te has alejado mucho de ellas. ¿No crees?

Pero son tus hermanas. Puedes retomar

la relación con ellas siempre que quieras.

Lo único que me apetece, es cuidar de mi padre y de Leandro.

Pues ni a él ni al niño le vendrán muy bien

tener cerca a una persona con esa tristeza.

(SUSPIRA)

¿Y qué es lo que puedo hacer? Lucha contra eso.

Sal a la calle. Pero no digo salir a la botica de la esquina

a por unas medicinas. Sal a pasear, diviértete.

Conoce gente, relaciónate.

Si es que yo ahora mismo no puedo pensar en eso.

Ahora el único sentido que le veo a mi vida,

es ayudar a los que me rodean.

Bueno, entonces, ¿por qué no sales a pasear con Leandro?

¿Lo estás sacando?

Pues no mucho, la verdad. Ya.

¿Y quieres que el niño desarrolle problemas respiratorios?

Dios mío. ¿Crees que les estoy perjudicando por dejarle en casa?

No. Pero también le vendrá bien salir a la calle,

tener estímulos fuera de la casa.

Bueno, eso sí lo puedo hacer.

Si a Leandro le viene bien, pasearemos.

Hoy mismo. ¿De acuerdo?

Toma.

-¿Qué es esto? -Es un regalo, para ti.

¿Un regalo? Pero si no es mi cumpleaños.

Anda. Ábrelo.

Es tuyo.

¿Pero usted se ha vuelto loca?

-¿Te gusta? -Madre, ¿pero cómo se le ocurre

comprarme un deportivo?

Esto le habrá costado una fortuna.

Bueno, para algo tiene que servir el dinero

de la Villa de París. -Sí.

Podría haberlo guardado para más adelante.

El dinero está para gastarlo.

Y viendo lo feliz que te ha hecho, eso no tiene precio.

Pero, madre, es...

es un deportivo precioso.

Me muero de ganas de probarlo. Venga aquí.

No sabes la discusión que me ha llevado conseguirlo.

Porque había un senador que también

estaba muy interesado en este mismo modelo.

¿Y cuándo nos lo entregan? Me han dicho que tardan meses.

Bueno, Salvador me lo comentó. -Tardar, tardan.

A no ser que la compradora sea muy pesada.

-¿Consiguió que lo entreguen antes? -Menuda es tu madre.

¿Y cuándo nos lo entregan?

Está aparcado en la puerta.

-¿Qué? -En la puerta.

(BALBUCEA)

¿Qué le pasa? ¿Por qué me mira así?

Ahora eres como un niño abriendo un regalo.

Como esa vez que te regalé soldaditos de plomo.

¿Te acuerdas? -Claro que me acuerdo.

Pues ahora mismo estás poniendo la misma cara.

Sí, pero con una diferencia.

Que antes no podía conducir, pero ahora sí.

-¿Qué haces? -Póngase la chaqueta,

que nos vamos a dar una vuelta.

Ahora mismo vamos a probar ese deportivo.

No puede ser.

¿Malas noticias? ¡Oh!

Que hemos ganado. ¡Que mi sombrero

ha ganado el concurso, Germán!

¡Que se lo va a poner la duquesa!

¡Lo hemos logrado! (RÍE)

Adela.

Lo has logrado. Tú lo has logrado.

Yo no tenía confianza en ese diseño.

¡Qué hombre de poca fe! Era muy atrevido.

Pensaba que la duquesa querría algo convencional.

Estaba segura que teníamos que hacer algo así,

porque ella quería llamar la atención.

¿Y eso? Si no, ¿para qué iba a hacer

un concurso de sombreros? Esta noticia no puede ser mejor.

Tu diseño adornará la cabeza

de una de las nobles más importantes del país.

Y saldrá en toda la prensa.

Con lo que eso significa: publicidad.

Y con el mejor escaparate posible: la propia duquesa.

Tendremos a todas las clientas que vendrán a buscar

un sombrero como ese. ¡Ay, qué ilusión, Germán!

Vamos a remontar el negocio. Ya verás.

Y lo más importante es que las cosas

empiezan a irnos bien a ti y a mí.

Y no tenemos nada de qué preocuparnos,

ni de Carolina ni de nadie. Solo tenemos que ser felices.

Vaya. Sí que te has dado prisa.

Me has asustado.

Ya has desmantelado toda la tienda.

Espero que Cata te haya echado una mano.

Lo que me ha echado Cata, es un jarro de agua fría.

¿Por eso estabas tan triste?

Sí. Lo de Cata me afecta. Pero no.

Es que me he emocionado al recordar todo el empeño

que le puso mi hermana a este sitio para que funcionara.

Y ahora creo que entiendo mejor a Diana

y el peso que debió sentir cuando falleció mi padre

para sacar adelante su legado.

Aunque esto solo sea una tienda de sombreros.

Era, porque ahora vas a vender libros, ¿no?

¿Y eso está mal?

¿Debería sentirme como si traicionara a mi hermana?

No, no, no. Qué va, qué va.

Conque aquí haya una Silva, estas continuando su legado.

Da igual si vendes sombreros, vajillas o libros.

Yo creo que Adela querría que dejaras atrás el pasado

y miraras hacia adelante.

Pues a mí me gustaría echar marcha atrás

y estar aquí probándome un sombrero con el consejo de mi hermana.

Normal.

A veces, nos aferramos al pasado porque nos da miedo.

Lo que ya hemos vivido, nos da seguridad. Tiene su lógica.

Pero hay que saber cerrar un capítulo en la vida

para poder abrir otro. Eso me lo enseñaste tú.

No sé. La verdad es que a mí el futuro me da vértigo.

Bueno, entonces, también deja de lado el futuro.

Lo importante es el presente, el aquí y el ahora,

lo que tienes delante, lo que haces. Así que disfrútalo.

-¿Pero cómo, si estoy aterrada? -Claro.

Pero porque no paras de atender

a todo lo que no tienes que atender.

No pienses en si la tienda va a ir bien o mal.

Céntrate en qué libros quieres tener.

En dónde los vas a colocar,

en si quieres montar recitales o firmas de libros

o tertulias.

Eso es todo lo que quiero hacer. Pues, deja de pensar y hazlo,

hágalo, señorita Celia.

Y si necesitas ayuda, ya sabes dónde estamos los amigos.

Gracias.

Los sueños se cumplen pocas veces,

así que si este es uno de ellos, sonríe

y disfruta.

¿Me permite?

Por favor, no sé qué le pasa, es nuevo.

Tenía una varilla suelta, ya está.

Pero, no hace falta que lo abra no está lloviendo.

Ah, pues, yo había notado una gota.

Eso indica que tiene usted una sensibilidad extraordinaria.

Gonzalo Villarino.

Amparo.

Amparo,

qué nombre más bonito.

Sugiere protección y refugio.

Pues, poco refugio puedo ofrecer con un paraguas roto.

¿Me permite?

¿El niño es suyo?

Sí.

Ahí tiene la explicación de su nombre,

usted es el refugio de ese niño.

No sabe hasta qué punto eso es cierto.

¿Por qué lo dice?

Porque mi marido murió

hace unos meses en el frente francés.

Lo lamento mucho.

¿Era francés?

No, español.

Pero, se alistó en el ejército

para ayudar a sus hermanos europeos.

Admiro a la gente que tiene esa gallardía,

yo, jamás me alistaría en una guerra que no es mía.

Supongo que soy un cobarde,

no como su marido.

Bueno, se me hace tarde, si me disculpa.

Soy un cobarde en las lides bélicas,

pero, no en las sociales.

En ese campo puedo ser muy audaz.

¿Qué hace?

Sólo quería darle un ejemplo de mi audacia.

Buenas tardes.

Qué maravilla, madre, qué libertad, no me diga que no fue

la experiencia más maravillosa de su vida.

Sí, lo que quieras, pero, déjame que me siente y me recupere.

Pero, madre, ¿qué le pasa, hombre?

Que no sé si tengo el corazón para tantas emociones, hijo.

Pero, si he conducido muy despacio tal y como me pidió.

Despacio al principio, luego, te emocionaste

y empezaste a embalarte, a embalarte y madre mía.

Fue solo un momento, quería comprobar

a qué velocidad llegaba el coche

sentir el ruido del motor, la vibración.

Que sí, pero, pensé que el coche se nos deshacía ahí mismo.

Ha sido el mejor regalo de mi vida, madre.

Pues, yo, sinceramente, prefería los soldaditos de plomo.

Pero, bueno, si tú estás feliz, yo, también.

Aunque me prometerás que no me volverás a obligar

a subirme a ese coche del demonio. Pero, si lo pasó en grande, mujer.

Que no, Gabriel, de verdad,

que creía que el corazón se me salía del pecho.

Pero, eso es porque está acostumbrada al coche

que le regalé, pero, esto es un deportivo

y como me lo regaló pues, la llevaré a un montón

de sitios preciosos y no vuelva a decirme que no volverá a subir.

Bueno, tú quieres deshacerte de mí

porque, vamos, si vuelvo a subirme a ese coche,

te digo que me da un síncope y me muero.

Si a usted le pasa algo, yo me voy detrás.

Anda que no eres zalamero tú ni nada,

no hay como regalarte algo para que te pongas

cariñoso con tu madre. Ya, pero, qué sería de mí

sin la única mujer de mi vida.

¿Don Luis?, qué alegría verle por aquí.

Doña Amalia, dichosos los ojos tampoco es fácil verla a usted

en un café a estas horas. Bueno, salí a tomar

un poco el aire y dar un paseo.

Y yo estaba trabajando, ya ve.

Seguí su consejo y he vuelto a la música.

Al menos, hace lo que le gusta. No del todo, le recuerdo

que fui director del conservatorio y, ahora, toco el piano en un café,

todo un viaje.

Bueno, el mío, tampoco estuvo nada mal,

de cupletista a mujer casada y madre de una hija.

Eso demuestra lo impredecible que puede ser la vida.

¿Echa de menos la música más seria?

Yo echo de menos todo,

por mis manos pasaron algunas de las mejores voces

que hoy llenan teatros en Europa

Pero, a mí, la música clásica no me va,

hace falta tener muy buena voz y mucha técnica

y yo lo que tengo es desparpajo.

El desparpajo es esencial

para enfrentarse al público, ¿no lo echa de menos?

Ay, sí.

Los aplausos.

El camerino lleno de flores, los cumplidos de los admiradores,

lo bien que me lo pasaba ahí arriba.

La verdad que sí, lo echo mucho de menos.

¿Por qué no se quita el gusanillo?

Esos tiempos quedaron muy atrás,

soy una persona diferente. No, digo, ahora,

si quiere, se arranca a cantar

y le acompaño al piano. ¿Pero, ahora?

Sí, seguro que será un gran alivio para usted.

Puede ser, no lo niego, pero, no sé si vengo preparada.

Entonces, es que no tiene una verdadera vocación.

¿Cómo que no, se sabe... se sabe la de...?

(CANTA) #Mis padres me casan con un...#

¿Esa se la sabe?, pues, arranque, vamos.

(CANTA) #Mis padres me casan con un señor de París,

tú, me quieres mucho,

pero, yo te tengo a ti.

Vestiré de sedas

y faldas de tul.#

¿Se puede saber qué estáis haciendo?

¿Qué ha pasado?

Levántate, ¿quién te ha rajado la cara?

Llevad a La Peineta a su habitación

y llama a un practicante para que le haga la cura.

Tú,

¡a mi despacho!

Esto de cenar caliente me parece un lujo.

Y con electricidad, como dos marqueses.

Solo nos falta el agua, Merceditas se pasó el día

yendo y viniendo para poder bañar a las niñas y para cocinar.

A ver si mañana lo resolvemos.

Hoy no me ha dado tiempo, bastante me parece conseguir

que nos arreglaran la luz.

¿Y el teléfono?

Eso va a ser más difícil,

me vas a tener que esperar bastante.

Poco a poco,

vamos a ir construyendo un nuevo hogar.

¿Y tú, qué tal en los viñedos?

Bien.

Bien, bien, bien.

En el pueblo me dijeron que hay una plaga de cochinilla.

Eso me ha dicho Pedro,

pero, parece ser que no es nada grave.

¿Tendremos una buena cosecha? Sí, seguro.

¿Y Carmen, ha venido por aquí?

Pues, no, no la vi, ¿y tú, qué tal con Pedro?

¿Con Pedro?, un tipo curioso, terco, conoce bien los viñedos

y creo que es de confianza.

Me gustaría hablar con él, me da la sensación

que no le gustan que las mujeres se metan en los asuntos de trabajo.

Te va a costar mucho llegar a él,

conmigo se puso una coraza por ser de ciudad

y contigo se la pondrá más grande por ser mujer.

Me lo imagino.

Pero, bueno, en resumen, ambos hemos tenido un gran día.

Sí.

Sí, sí.

Oh. Otro apagón, no, por Dios.

Tranquilo, he comprado velas.

Qué bonito.

¿Hay algo más romántico que cenar a la luz de las velas?

Sí, es muy romántico.

Pero, déjame encender una.

Romántico.

Qué guapo estás con esta luz.

(Resplandor)

¿Qué ha sido eso?

Esto es solo un trueno.

Sí, pero, ha temblado toda la casa.

No se nos caerá encima, ¿no?

¿Sabes que no hay nada más resistente

que una casa de pueblo?

Debes estar tranquila.

(Goteo)

Y no hay casas resistentes sin una buena gotera.

¿Hay algún otro desperfecto en la casa?

No, qué va,

es el primero.

Ya.

Y lo reconoces con toda la cara del mundo.

Se supone que eres la más civilizada aquí,

la única con estudios y resulta que eres la más salvaje.

Que tenga estudios no significa que no sepa defenderme.

¿Pero, cómo se te ocurre rajarle la cara a La Peineta?

Usted dijo que eso me lo haría a mí,

yo solo me he adelantado.

Le has destrozado la vida,

no va a poder trabajar.

Pues, que se lo hubiese pensado antes de robarme mi dinero.

Tú, estás loca, ¿eh?

No, yo solo sigo sus consejos.

Usted no quiso ayudarme, me dijo que lo resolviera

a mi manera y eso he hecho.

Pero, de esta forma me perjudicas a mí, ahora, tendré que buscar

a otra para sustituirla.

Bueno, tampoco sufra por eso,

no era, ni mucho menos, la más guapa,

¿es que no mira su dentadura?,

daba asco.

Es que ni siquiera puedes sentir compasión.

No me diga que le tenía cariño a La Peineta.

Yo no le tengo cariño a nadie, ni a La Peineta ni a ti,

solo pienso en mi negocio y tú lo pones en riesgo.

Yo reservo mi simpatía para los clientes,

es lo que tengo que hacer.

Y creo que no se quejó ninguno, ¿verdad?

Y eso es lo que te salva de que te eche de esta casa,

pero, este será el último incidente que te permita.

¿Está claro?

Pensé que estabas dormida.

Como no venías a verme, he venido yo.

Quería tomarme una copa

antes de acostarme.

¿Un día duro en el hospital? No, duro, no, más bien, aburrido.

¿Qué tal el tuyo? Pues, un poco raro, la verdad.

Fui a ver a Amalia

y, no sé, me entraron muchas ganas de coger a su niña en brazos.

Es que esa cría es muy tierna.

Sí, sí, que lo es.

Pero, es la primera vez que me pasa.

Ya, bueno, pues, ¿te digo una cosa?,

yo nunca la he cogido.

Creo que los niños me producen cierta desazón.

¿Por qué dices eso?

No sé, porque no me sé comportar con ellos; cuando les hago caso

y les hago monerías, me siento un estúpido

y si los ignoro, me siento un desconsiderado,

así que, no hay escapatoria.

Porque no son tuyos

Si lo fueran, me pasaría lo mismo.

Estoy bien como estoy, gracias, no te preocupes.

No me lo creo, no te pega nada ser tan antipático con los niños.

Si me gustaran, me habría hecho pediatra.

¿Y no echas de menos a las niñas de Diana?

Al contrario, no sabes cómo agradezco el silencio

que hay ahora en esta casa.

Bueno, la verdad, es que lloraban muy a menudo.

Que no me escuche tu hermana, pero, se está mejor así.

Creo que te arrepentirás de lo que dices

cuando te cuente una cosa.

¿Ah, sí?

Esta mañana, al ir a ver a Amalia, sufrí un pequeño mareo

y ella se ha puesto a decir que seguro estoy embarazada.

Blanca, tú no puedes tener hijos.

Esta misma tarde fui a ver al doctor Cifuentes.

¿Para qué?,

si te sentías mal, podías haber venido a verme a mí.

Porque no eres especialista en eso.

Estoy embarazada.

No.

Blanca, no puede ser.

No puede ser, pero, lo es,

estoy embarazada, el doctor me lo confirmó.

Escucha, te quedaste estéril después de la enfermedad.

Es un milagro.

Al igual que tú y yo estemos juntos después de todo,

supongo que los milagros existen.

¿Te lo ha dicho el doctor, estás embarazada?

Sí, sí.

Así que, ya te puedes arrepentir

de lo que has dicho en contra de los niños.

Blanca, verás, esto lo hacía porque sabía que no podías tenerlos

y no quería que estuvieras mal...

Cristóbal. Quiero ser padre, me hace

muy feliz ser padre, no pienses que no quiero serlo.

Cristóbal. Dime.

Que ya lo sé.

¿Lo sabías? Sí.

Ven aquí y dame un beso.

Vamos a ser padres.

No me imagino una librería más agradable que esta.

Espero que los clientes la vean como tú.

no te preocupes, las dos lo sacaremos adelante.

¿Entre las dos?

Claro.

Vengo a por una de sus chicas.

¿Y quién le interesa?

La señorita Justa Sáez,

quizá, la conozca más por su apodo, se llama La Peineta.

Sí, pero, lamento decirle que ya no trabaja aquí.

Sí, lo sé, apareció en el hospital con un siete en la cara.

Tengo entendido que este trabajo va para La Villa de París,

pero, ha cerrado, y entiendo que está aquí como particular

y solo vendemos al por mayor.

Bueno, no es problema porque ahora trabajo

para Modas Pavón, así que busco mayorista.

Excelente, Modas Pavón es una de las tiendas

más prestigiosas de la ciudad.

Parece que nació usted para pasear por el escenario,

todos estaban tan contentos que casi me dejan si bebida

y sé que por don Luis y su piano no es.

Pues, si es así, no me importaría volver más veces.

Pues, encantado de recibirla a usted cuando quiera.

Oye, Raimundo, ¿y si fuese algo menos ocasional?

Espere, espere un momento, ¿qué me quiere usted decir,

quiere volver a ser La Cachetera? Veo que lo entiende.

Amparo.

Qué casualidad.

Si le he de ser sincero, este encuentro no es muy casual,

me imaginé que usted pasea con frecuencia por la zona

y me eché a la calle

con la esperanza de cruzarme con usted.

Anda, suelta esa cebolla

y cuéntame, de una vez, qué te está pasando.

El niño...

Debo decirte que me siento muy dichosa hoy, también.

¿Ah, sí, y por qué?

Porque tienes ante ti a la nueva cantante del Ambigú.

Pero, qué dices, Amalia.

Y, además, Blanca, tengo que pedirte un favor.

Me falta dinero, aquí faltan muchos billetes.

Tuve que quitarte una parte para dársela a La Peineta.

¿Cómo, por qué ha hecho eso?

La mujer vino y me pidió ayuda.

Tal y como le dejaste la cara, no podrá ganarse la vida.

La Peineta tiene lo que se merece por amenazarme.

Lo que has hecho es una atrocidad,

le destrozaste la vida a esa pobre chica.

Benjamín, es muy importante que el portugués quede contento.

Como usted diga.

Benjamín, ¿le quedó claro todo lo que tiene que hacer?

Tengo que divertir al señor portugués

sin reparar en gastos.

Eso es, y, ahora, vaya a la estación,

no queremos que el señor Gomes espere.

Merceditas, no hace falta

que disimules, sé que esta casa es un desastre.

Por cierto, ¿sabes dónde está Diana?

A ver, Benjamín, por favor, póngase en su lugar

es extranjero, en un país y ciudad desconocidos,

quién le ayudará, mejor que usted, nadie.

Pero, me pide que le busque un determinado tipo

de mujer que yo de esas mujeres no tengo ni idea ni quiero saber.

Ni que fuera el rey de España, bueno, que dicen

que de eso, precisamente, sabe mucho.

¿Dónde busco yo a una mujer así?

Benjamín, hombre, que parece

que acaba de salir usted del cascarón, por favor.

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  • Capítulo 467

Seis Hermanas - Capítulo 467

21 mar 2017

Blanca sufre un mareo en presencia de Amalia. Salvador descubre que la cosecha está arruinada. Celia se dispone a abrir la librería. Elisa conoce a un joven elegante y atrevido que la deja muy turbada. Marina tiene problemas en la casa de tolerancia. Antonia le regala un automóvil a Gabriel.

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  1. Concepció Linares Socias

    Si a mi tambien me encanta seis hermanas. Describen la epoca muy bien. Los actores están fenomenales. C4onsidero que es un buen trabajo

    17 abr 2017
  2. Concepció Linares Socias

    Si a mi tambien me encanta seis hermanas, describe la época muy bien. Los actores están fenomenales. Un buen trabajo.

    17 abr 2017
  3. Ana

    El cambio que ha dado la serie me fascina, Diana en el campo ,Celia vendiendo libros, con imajinacion 6HERMANAS tiene argumento me encantan los cambios y la novela buen trabajo.

    24 mar 2017