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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 452 - ver ahora
Transcripción completa

Velasco ha estado hablando con Benito.

Estaba tan convencido de que Cata no lo denunciaría,

que ni se molestó en mentir. -Siempre vi a Benito como...

un joven confuso, una persona que necesita ayuda,

no como un criminal.

Rodolfo y yo fuimos a la fiesta del Sr. Sotomayor,

Federico Sotomayor, el parlamentario.

Perdona, se me había olvidado. Ojalá yo pudiera olvidarlo.

Rodolfo acabó retando a Sotomayor a batirse en duelo.

Ha llegado la citación para el examen médico.

-¿Cuándo es? -Mañana mismo.

Tengo que marcharme de España, Federico.

Y, para eso, necesito dinero, he vendido todas las joyas,

pero no es suficiente.

Y por eso te llevabas el dinero de la caja.

Gabriel cree que sigo embarazada.

Y, por lo tanto, también cree que van a concederme ese indulto.

Si de verdad me quieres, por favor, no vayas a ese duelo, por favor.

(LLORA) -Claro que te quiero, Amalia,

y te voy a querer siempre.

(LLORA)

-¿Quién lo ha traído? -Un recadero, es de don Salvador.

-Dios mío... -¿Son las escrituras de la fábrica?

Sí. Y ahora están a mi nombre.

Por favor, se lo ruego.

Marina me advirtió de que intentarías convencerme.

Pero... pero usted no... no es como ella, no...

Ah... (DISPARA)

Sabremos si nuestro cliente misterioso es Alfonso XIII.

-¿Vas a verle? -Me ha mandado otra carta.

Quiere que nos encontremos en un lugar discreto,

lejos de las miradas ajenas y de mi total confianza.

Ah... ¡Dios!

¿Operadora? Póngame con la Policía, por favor.

(Sintonía)

Ah, por fin llegas.

¿Cómo ha ido todo?

Tal y como habías planeado.

¿Le has disparado? ¿Benito está...?

Muerto, sí.

(SUSPIRA) Bien.

¿Y qué has hecho después? Cuéntame.

Me he escondido en un callejón al lado de la fábrica,

hasta que ha llegado Salvador.

No esperaba menos de alguien como él.

Cuando descubrió el cadáver, hizo lo que cualquiera,

llamar a la Policía. -¿cómo lo sabes?

¿No le habrás seguido dentro? -Claro que no.

Me he quedado escondido hasta que oí que se acercaba la Policía.

¿Y la prueba para incriminar a Salvador?

En el lugar acordado, no te preocupes.

Nadie tendrá ninguna duda de que Salvador mató a Benito.

Esta vez no se librará de la cárcel.

¿Pero qué te ocurre? ¿No estás contento?

Si todo ha salido bien. -Me siento sucio.

Es como si tuviera sangre por todas partes.

-¿No te habrás quitado los guantes? -Ni un instante.

No queremos que te relaciones con el asesinato por un descuido.

No he cometido ningún error.

Me aseguré de que nadie me viera salir.

He sido muy cuidadoso.

Estoy muy orgullosa de ti.

-Yo no me siento así. -Benito habría acabado

en unos años muerto, flotando sobre el Manzanares

por una puñalada a manos de cualquiera.

Ah, gracias, eso me hace sentir mucho mejor.

¿Entonces solo le eh quitado, qué? ¿10, 15 años de vida?

Estaba destinado a ser un delincuente, Luis.

Le has hecho un favor a la sociedad.

Si hubieras visto su cara cuando le apunté con la pistola...

Ah, estaba aterrado. Me suplicó.

Claro que te suplicó. ¿Qué iba a hacer si no?

Imagino que ha tenido que ser muy desagradable.

No le des más vueltas. Piensa que hemos cumplido

nuestro objetivo y olvídate de todo lo demás.

Ojalá pudiera.

Te vas a olvidar de todo. Y yo te voy a ayudar, Luis.

Me duele mucho la cabeza.

Voy a descansar.

(Se oyen pasos acercándose)

Diana, ¿qué haces aquí? No te enfades.

Solo quería saber cómo estaba. No puedes estar aquí.

No sé cómo te ha dejado entrar la enfermera.

No me ha dejado, me he colado.

Pero, bueno, Diana... No te enfades, por favor.

Estoy muy angustiada, necesitaba verlo.

Pues ahí lo tienes, ha perdido mucha sangre.

Pero es fuerte y muy joven.

¿Tú crees que saldrá de esta? Le han disparado.

Está muy grave. ¿Pero sobrevivirá?

Mira, prefiero ser demasiado realista,

aunque luego me equivoque.

Yo que tú me prepararía para lo peor.

Lo siento mucho.

Si hay alguna posibilidad, por remota que sea,

espero que Benito se aferre a ella. Es un luchador.

Te aseguro que aquí todos estamos haciendo lo posible por salvarle.

¿Estás bien? ¿Te acompaño a la puerta?

No, no, no, no te preocupes.

Solo que no paro de darle vueltas a algo.

No entiendo qué hacía Benito en la fábrica.

¿Por qué no le preguntas a Salvador? Quizá él sepa algo.

¿Salvador?

¿No lo sabes? ¿El qué?

Fue Salvador quien encontró a Benito herido,

él avisó a la Policía.

¿Sofía Álvarez de Terán?

La misma. ¿Con quién tengo el gusto?

Si le dijera quién soy o a qué me dedico, no me escucharía.

Así que mejor nos ahorramos las presentaciones.

No le he invitado a sentarse.

Mire, yo no soy una dama de sociedad.

Así que discúlpeme si no me ando con miramientos.

Si no se va de inmediato, voy a llamar a los guardias.

Solo vengo a darle un mensaje:

Márchese de casa de Ciro y Elisa Silva.

-¿Esto qué es, una amenaza? No, no me gustaría verla sufrir

por intentar quitarle el marido a otra.

Mire, no sé quién es usted y tampoco sé de lo que está hablando.

Escúcheme, los hombres no merecen la pena.

Ah, la ha mandado Elisa, ¿verdad?

Insisto, señora, siga mi consejo.

No, es que no sigo los consejos de gente desconocida.

Por otro lado, me parece muy cobarde que Elisa traiga

a gente de su calaña para amenazarme.

Pero yo no me achanto fácilmente.

Ya me habían dicho que era una mujer con mucho carácter.

Pero para carácter el mío.

No pienso marcharme de casa de Ciro, ni de Elisa.

Ciro quiere que me quede y... y me voy a quedar.

Y, si no, hable con Elisa.

Yo ya lo he intentado por la vía diplomática,

así que ahora vamos a hacerlo de otra manera.

Aléjese de ese matrimonio, le puede hacer mucho daño.

Eso tendrá que repetírselo a la Policía.

Cuidado, porque usted tiene mucho más que perder que yo.

-No me da miedo. -Debería.

No me gustaría verla sufrir por la pérdida de un ser querido.

Bien, ya veo que ha entendido lo que se juega.

Abandone esa obcecación y márchese de casa de Elisa.

Y usted y su hijo podrán vivir tranquilos.

-Es usted una... -¿Una qué?

Mire, me han llamado de todo en esta vida

y me he enfrentado a gente mucho peor

que a una señoritinga que se cree muy lista.

Y, ahora, me tengo que marchar.

Que pase un buen día.

Ah...

-¿Qué te parecen? -Todavía no he terminado de verlos.

Ten paciencia.

Aunque, si no paras de dar vueltas me va a ser imposible.

Perdona

¿Estos bocetos son la razón por la que cancelaste

nuestra cita de anoche? -Estuve horas trabajando en ellos.

Debiste decírmelo.

No sabes lo que pensé por que rechazaras mi invitación

a ir al cinematógrafo. -Lo siento, quería sorprenderte.

-¿Sí? -Ahora te lo cuento.

Primero dime qué te parecen. -Cata, son preciosos.

¿Hay alguno que te guste especialmente?

No, de verdad, que me gustan todos.

¿Si tuvieras que elegir uno, con cuál te quedarías?

No sé, ¿a qué viene esa presión? ¿No vas a confeccionarlos todos?

Solo uno.

El tuyo.

¿El mío? -Después de...

de cómo te has portado conmigo con...

bueno, con el asunto de Benito, quería tener un detalle contigo.

Y no puedo comprarte nada, pero puedo confeccionarte un vestido.

-No hace falta. -Lo sé, pero quería hacerlo.

Así que elige el que más te guste y te lo haré con todo el amor.

(RÍE)

Está bien.

Definitivamente, este. (RÍE)

¿Aunque... podría ser con un poco menos de bordado?

Me gusta ir un poco más discreta. -Sí, lo sé.

Si tienes un lápiz, te lo modifico.

Sí, claro.

(Llaman a la puerta) ¡Adelante!

Señorita, la llaman al teléfono.

Baje, por favor, parece urgente.

Está bien. Ahora mismo vuelvo.

¡Cristóbal! ¡Blanca!

Eh... No, no te había visto,

iba distraído. Ya me di cuenta de que no me viste.

Sí. ¿Estás bien?

Sí, voy con un poco de prisa, tengo que abrir la consulta.

¿No tienes un minuto para hablar conmigo?

Me gustaría comentarte algo. No es necesario.

Por supuesto que sí, ambos sabemos lo que has hecho.

Gracias a ti, la abuela de Tristán está viva.

Ah, sí, bueno, no tiene importancia, Blanca.

No te quites mérito. Conseguiste que el mejor médico

la atendiera y, no solo eso,

sino que has estado pendiente de su evolución.

La familia de Tristán me pidió que te lo agradeciera.

Creí que no se hablaban. Bueno, has conseguido un milagro.

(RÍE) Un milagro.

Sí, gracias a ti su abuela está mejor

y su familia ha recapacitado.

Hasta el punto de que asistirán a nuestra fiesta de compromiso.

Por fin les conoceré.

Así que vuestros planes siguen adelante.

Yo quería retrasar la fiesta unos cuantos días,

por la salud de su abuela, ya sabes.

Ya. Pero está mejor y no tiene sentido.

Si lo has decidido así, solo puedo darte la enhorabuena

y desearte la mejor de las suertes.

Yo también te deseo la mejor de las suertes, Cristóbal.

Me alegro mucho de ver que podemos ser amigos.

Y, de verdad, pase lo que pase, yo siempre te tendré mucho cariño

Y yo. Somos amigos.

(Se oyen pasos acercándose)

¿Entonces quieres que deje el bordado del cuello o lo quito?

¿Te importa si hablamos de eso en otro momento?

No tengo cabeza para esto ahora.

-¿Qué ocurre? -La llamada era Velasco.

Han disparado a Benito. -¿Está muerto?

No, pero está grave.

Federico no sabe si saldrá de esta.

-¿Qué le ha pasado? -No se sabe.

Lo han encontrado inconsciente y no hay ningún testigo.

Mala suerte.

¿Podemos seguir con el boceto? Quiero hacerte el vestido pronto.

¿No te impresiona lo que te acabo de contar?

Si hubiera muerto quizá, pero por desgracia no fue así.

-¡Cata! -Tras todo lo que me ha hecho,

no pienso sentir la más mínima compasión por él.

Es una mala persona y se merece lo que le ha pasado.

Y no seré yo quien lo defienda,

pero no se puede desear el mal ajeno.

¿Podemos dejar el tema?

No quiero discutir contigo por quien no merece la pena.

¿Y qué hacemos? Seguimos diseñando el vestido como si nada.

¿Por qué no? Yo quiero borrar el recuerdo de Benito de mi vida.

Él no existe para mí. Si está herido o muerto,

no hay gran diferencia. -Pues yo no puedo.

Así que voy a hablar con Federico,

a averiguar qué es exactamente qué ha pasado.

¡Ciro!

Ciro, menos mal que has llegado. Siéntate.

No tengo mucho tiempo, hay un problema con un cliente

y debo solucionarlo. -Se trata de Leandro.

-¿Le ha pasado algo? -No, le puede pasar.

Tienes que ayudarme. -A ver, tranquilízate, cuéntame.

¿Qué es lo que sucede? -Esta mañana me ha abordado

una mujer en el Continental. Yo no sabía quién era, pero...

ella sabía muchas cosas sobre mí. -¿Y qué quería?

Me ha amenazado con hacerle algo al niño

si seguía viviendo en vuestra casa. -No tiene mucho sentido.

¿Una perfecta desconocida diciéndote algo así?

Ya, pero he estado pensando y creo que detrás de todo

está Elisa. -¿Ya estamos con esas?

Elisa está enferma, está metida en la cama.

Por eso ha mandado a una mujer ahora, para que me dé un susto.

Tenía toda la pinta de ser amiga de don Ricardo.

Quizá tenía algo que ver con don Ricardo.

Piénsalo bien, Elisa no llegaría tan lejos.

Han amenazado con hacerle algo a mi hijo.

Y si le pasa algo, no me lo perdonaría, me muero.

Así que no me digas que piense con frialdad, no puedo.

Tranquilízate, no le pasará nada.

Elisa me odia, es capaz de cualquier cosa.

Elisa no te odia.

Esto tendrá que ver con don Ricardo.

Intenta meterte miedo en el cuerpo para que te marches.

Elisa volverá a casa y así podrá verla.

¿Y cómo estás tan seguro?

Don Ricardo trató de convencerme de que trajera a casa a Elisa.

Pero si Leandro sigue con nosotros,

es imposible para que no le contagie.

-¿Y tú qué le dijiste? -Tranquila.

No voy a permitir que nadie os eche de mi casa.

A don Ricardo le quedó claro, por eso te amenaza,

para que te asustes y te vayas tú misma.

Tarde o temprano la verá, no sé por qué se arriesga.

No tiene sentido. -No le des más vueltas.

¿Cómo no le voy a dar más vueltas?

Han amenazado a mi hijo, ¿eso lo entiendes tú?

Y yo creo que detrás de todo está Elisa pero, claro,

tú dices que no. -Elisa os quiere.

Acuérdate cómo estaba antes de caer enferma.

Y, pese a todo, sigues siendo su mejor amiga.

No conoces a tu mujer.

Claro que la conozco. Es cariñosa, es dulce y...

y nos quiere a ti, a Leandro y a mí.

"Nos quiere...".

Ciro, estás ciego, necesitas que alguien te abra los ojos.

Yo quiero que sepas con quién te has casado.

-Federico. -¡Buenos días! ¿Quieres un café?

No, gracias. Solo venía a saber si hay más detalles

sobre lo que había ocurrido con... con el ataque de Benito.

Tu cuñado dio aviso de que lo encontró herido

en la fábrica. Cuando llegamos, se estaba desangrando,

totalmente inconsciente, no pudo decirnos quién le disparó.

¿Y no hay pruebas?

¿Ni un testigo que viera salir al sospechoso?

¿Testigo? Era noche cerrada.

¿Y qué hacía Benito en la fábrica a esas horas? O Salvador.

Ninguno de los dos trabaja ahí ya desde hace tiempo.

Eso es lo que intento averiguar.

Salvador nos ha dado unas explicaciones un tanto vagas.

Creo que puede tener problemas.

¿Por qué? ¿No sospecharán de él?

Es el único con motivos para dispararle,

tuvieron conflictos antes.

-Celia... -Perdóname, Federico, es imposible.

Salvador jamás haría algo así, debe haber otro sospechoso.

Todos los indicios apuntan a él. La paliza que le dio.

Los dos estaban solos en la fábrica.

-¿Y él qué dice? -Tendrá que explicarse mejor,

si quiere dejar de ser sospechoso.

¿Y si hubiera alguien más con motivos suficientes

para querer matar a Benito?

¿Por qué? ¿Tienes información que nos pueda ayudar,

alguna pista que apunte en otra dirección?

No. Solo que sé que Salvador no pudo hacerlo.

Si lo hubiera hecho, ¿por qué llamó después a la policía?

Quizás, para no levantar sospechas.

Es absurdo. Las ha levantado, igualmente.

Tiene que haber alguien más.

Sea quien sea el agresor, está claro que disparaban a matar.

No querían darle un escarmiento ni asustarle.

Dispararon a matar a Benito.

Ojalá Benito despierte pronto

y nos cuente qué ha pasado. -Eso espero.

Aunque no pondría la mano

en el fuego por Salvador. Ni por él, ni por nadie.

A veces, la gente no es lo que parece.

¿Qué quieres decir con eso?

Prométeme que me vas a guardar el secreto.

Es lo más fuerte que tenemos, don Ciro.

Gracias, Raimundo.

Entonces, ¿no le dio clases de francés?

Nunca. León era solo su prestamista.

Tuvo que recurrir a él porque no podía pagar los pagarés.

El asunto de los pagarés ya me lo explicó Elisa.

Ciro, todo se lo gastó con caprichos para ella.

Y una cantidad desmedida.

Por eso, tuvo que ponerse en sus manos,

porque solo él podía sacarla de ese apuro.

Ese asunto ya está más que olvidado.

No entiendo por qué tenemos que seguir dándole vueltas.

Ciro, es que... no solo era su prestamista.

También era su amante.

Necesito otra copa.

Ella se volvió loca por él.

Estaba muy enamorada.

Él se cansó de la situación y desapareció.

Pero... ¿estás segura que era así?

Quizás, Elisa cometió un desliz

y se arrepintió, como nosotros. -Ciro.

Quería abandonarte para fugarse con él.

-No puedo creérmelo. -Ella estaba enamorada de él.

Él solo era un buscavidas y quería quedarse con su dinero.

Con tu dinero.

No puede ser verdad.

En el fondo, sabes que sí que puede ser.

Ya.

-Y aún hay más. -¿Más?

Si Elisa quería adoptar a una niña,

no solo era porque se le había despertado el deseo de ser madre.

Ni tampoco porque quería formar una familia contigo.

¿Y por qué, si no?

Ella quería que te olvidaras de la desaparición

de la Cruz del Mérito Militar.

Se la dio a él para poder pagar una parte de las deudas.

Ciro, escúchame. Yo ya sé que todo esto te causa mucho dolor.

Pero no podía ocultártelo más.

Sofía.

Júrame por tu hijo que todo lo que me has contado, es verdad.

Sabes que nunca te engañaría con algo así.

Pero si te tienes que quedar más tranquilo,

lo juro.

Lo siento. Tengo que ir a tomar el aire.

Si quieres, te puedo acompañar.

No, no. Gracias.

¿Robó la caja de la tienda? ¿Estás seguro?

Y tanto. Ella misma me lo confesó.

¿Pero por qué haría eso? Es absurdo.

Úrsula está casada con un conde.

Va a necesitar ese dinero, si quiere seguir adelante

con sus planes. -¿Qué planes?

Úrsula me confesó que había perdido el niño que esperaba.

Sufrió un aborto natural.

Pobre. ¿Y Gabriel?

No lo sabe. Ni él ni nadie.

¿Te imaginas por qué?

Su indulto.

Si no hay embarazo, no se lo concederán.

Está intentando fugarse, antes de que las autoridades se enteren.

Y me ha pedido que le guarde el secreto.

-¿Y qué vas a hacer? -Bueno, no lo sé.

Mi trabajo consiste en hacer cumplir la ley.

Pero si la delato, la ejecutarán.

Y Gabriel no te lo perdonará.

Ni yo a mí mismo, tampoco.

¿Entonces?

Tengo que escoger entre mi carrera y mi mejor amigo.

¿Y por qué no hablas con él?

Úrsula me suplicó que no lo hiciera.

No quiere preocuparle o que él decide huir con ella,

sería su perdición.

Gabriel cree que va a tener un hijo.

¿Qué quieres? ¿Que tire su vida por la borda?

¿Que lo deje todo por fugarse con Úrsula?

Si se lo cuento, es lo que pasará.

¿No será que no quieres que se aleje de ti?

En esto no puedes ser egoísta.

Es la vida de Gabriel. Él decide.

No quiero vivir sin él.

He renunciado a ser correspondido,

pero no quiero vivir sin su amistad

porque decida fugarse con Úrsula donde quiera que vaya.

Federico, lo perderás igualmente,

si descubre que sabías la verdad y no le dijiste nada.

¿Entiendes ahora mi dilema?

Perdona. No te había visto. -Ya.

¿Estás diciendo que lo he hecho aposta?

¿Adónde vas? ¿Y el guiso?

Voy a llamar a mi marido para ver cómo está.

¿Algún problema? -Podías haberlo hecho esta mañana,

como yo, que los huevos no se baten solos.

-¿Le has llamado? -Es lo primero que hice

al levantarme. No como tú, que ahora te acuerdas.

-No me hables así. -Te hablo como quiera,

que soy la única que se preocupa por él.

Porque te sientes culpable.

-¿Quién yo? -Sí, tú.

Tú provocaste el desmayo de mi marido

y ahora quieres limpiarte la conciencia.

No. La tengo como los chorros del oro, no como otras.

¿Qué tienes que decir de mí?

Si no hubieras vuelto, estaríamos tan felices.

-¡Eres una fresca! -¡Y tú una arpía!

De las que van de buenas e inocentes. A las tuyas las calo.

¡Pero bueno! ¿Queréis callaros? ¿No os da vergüenza?

-Empezó ella. -¡Si me ha llamado fresca!

No quiero oír ni una palabra más.

¡Está todo el día insultándome!

¿Cómo podéis pelearos por Raimundo?

¿No os dais cuenta de que juega con las dos?

Mi marido nunca haría eso. ¿Ah, no?

Pues te ha dejado por otra. ¿Te parece poco? Te está engañando.

Y tú no te rías, que a ti te dice que te quiere

y que la dejará, pero no lo hace. Te está mintiendo.

Claro, porque me quiere a mí, me lo ha dicho.

Que te está engañando. Que se va a ir conmigo.

Os está regalando los oídos a las dos,

pero de verdad, de verdad, no os quiere a ninguna.

Si no, no os haría sufrir así.

Pero como si no hubiera más hombres en el mundo,

que tenéis que pelearos por Raimundo.

-Es que Raimundo es mi marido. -Te has acordado un poco tarde,

porque has estado estos meses

muy bien sin él. -Se acabó.

Si no sabéis comportaros como os corresponde

a la casa en que trabajáis, tendré que despediros. ¡A las dos!

Así que vosotras mismas.

Siéntese, por favor.

Me ha intrigado su mensaje.

¿Para qué quería verme con tanta urgencia?

Verá. A un asunto personal del que me quiero ocupar.

Y quién mejor que usted para ayudarme.

Quiero hacer mi testamento.

¿No es usted un poco joven para eso?

Quizás, le ocurre algo.

Gozo de una salud excelente, gracias a Dios.

Pero uno nunca sabe lo que le depara el futuro.

Es mejor estar preparados. -No es mala filosofía.

Déjeme un momento que saque mi cuaderno

y empezamos cuando usted quiera.

Quiero legar todo lo que tengo en favor

de mi prometida y de nuestra hija.

Pero usted sabe que, al no estar casados,

no tiene derecho a ninguno

de sus bienes. -Soy consciente. Sí.

¿Y no prefiere esperar a la boda para redactar el testamento?

Sería mucho más sencillo.

Ya, pero si me pasar cualquier cosa,

Amalia no recibiría nada.

Quiero asegurarme de que no queda desprotegida. Cuanto antes, mejor.

Está bien. Quizás, podría nombrar a su hija como única heredera

y a doña Amalia, la albacea de sus bienes.

-Eso sería perfecto. -Entonces, solo quedaría hacer

un inventario exhaustivo de toda la masa

que vaya a heredar. -Rodolfo.

Perdona. No sabía que estabas ocupado.

Buenos días, don Tristán.

No pasa nada. ¿Querías algo?

Saber si te apetece acompañarnos a Dolores y a mí

a dar un paseo por el parque.

Si quieres, puedo esperarte. -Por mí, no hay problema.

Puedo volver cuando tenga listo

el inventario a incluir en el testamento.

¿Qué testamento?

Perdone. Creí que lo sabía.

-Déjame que te explique. -No necesito ninguna explicación.

Si estás haciendo testamento,

es porque estás empeñado en batirte en ese duelo.

¿Duelo? ¿Usted se ha vuelto loco?

Tristán, lo que yo haga o deje de hacer,

no es asunto suyo. Usted limítese a hacer su trabajo.

Ni hablar. Se lo prohíbo. -Amalia, que no tengo

más remedio que acudir a ese duelo.

Se trata de nuestro honor. Lo hemos hablado.

¿De qué nos servirá el honor cuando estés muerto?

¡De nada! -No pienso morirme.

¿Y por qué quieres hacer testamento?

¿Es que no te preocupa dejar huérfana a Dolores? Y a mí, viuda.

Te lo advierto. Si no te echas atrás

en eso de batirte en duelo,

me iré y no volverás a verme nunca más.

-Escúchame, por favor. -No quiero.

O renuncias a ese duelo o me perderás.

Que no puedo echarme atrás. He dado mi palabra.

Ya se le pasará. Mujeres.

¿Seguimos con lo nuestro? -Sí.

Sí. Hablé con él sobre el informe de Secuéllamos.

En cuanto lo autorice, te digo algo. Eso es.

Un saludo.

Federico, quería hablar contigo.

Tú dirás.

Solo quería saber si habías tomado una decisión

respecto a lo que hablamos ayer.

He estado pensando sobre ello.

No es fácil para mí.

No me vas a ayudar, ¿verdad? Me vas a delatar.

No. Te equivocas.

Voy a guardar tu secreto.

No le contaré a nadie lo del aborto ni lo del robo.

Podrás marcharte lejos, sin que Gabriel intente detenerte.

¿De verdad?

Perdona que dude, pero me cuesta creer

que vayas a traicionar tus principios por mí.

No quiero cargar con tu muerte sobre mi conciencia.

Eres la mujer de Gabriel.

Y él es lo más importante para ti.

No me parece justo que pagues con tu vida

por la muerte de un miserable como Damián.

¿Al fin confías en mí?

Durante mucho tiempo, tuve mis dudas

sobre la clase de persona que eras.

Pero sé que la muerte de Damián fue en defensa propia.

Y sé que quieres a Gabriel. -Así es.

Pues será mejor que ahora te marches, cuanto antes.

Alguien podría descubrir tus planes

y ponernos en un aprieto a los dos.

Nunca olvidaré lo que has hecho por mí

No sé de qué me hablas.

Hazme un favor.

Cuida de Gabriel en mi ausencia.

Te va a necesitar.

Intentaré explicarle por qué lo has hecho.

Dile que le quiero

y que le querré siempre.

Hola. Llegas en el momento oportuno. No hay nadie.

Así que podemos elegir la tela de tu vestido.

Lo siento, pero no vengo a hablar de eso.

Mujer, si vas a tardar dos minutos. Mira.

Este me gusta mucho. Además, el color te favorece.

Cata, no insistas. No es el momento.

Quiero hacerte una pregunta

y quiero que seas lo más honesta posible.

¿Qué ocurre? Estás muy seria.

¿Has tenido algo que ver con el intento

de asesinato de Benito? -¿Perdona?

Que si has contratado a alguien para que le disparara.

Es una pregunta muy sencilla.

Por supuesto que no hice algo así. ¿A qué viene?

Después de lo que Benito te hizo, quizás,

en un impulso, decidiste... -No me puedo creer

que pienses eso de mí. -No te juzgo.

Pero quiero saber la verdad.

Después de todo lo que Benito te ha hecho,

yo no te culparía de que intentaras vengarte.

Pero no ha sido así.

Y jamás intentaría quitarle la vida.

Y que dudes de eso, me parte el corazón.

A mí no se me habría ocurrido nunca algo así.

Pero tu reacción esta mañana ha sido tan fría.

¿Qué querías? ¿Que llorara por él?

No. Pero te has alegrado, incluso, les has deseado la muerte.

Y lo sigo haciendo. ¿Eso me convierte en asesina?

-No, no lo hace. -¿Alguna pregunta más

o puedo seguir con lo que estaba haciendo?

Cata, anoche teníamos una cita y la cancelaste de repente.

¿Dónde estaba?

Ya te he dicho que me pasó toda la noche

haciendo los bocetos de tu vestido. ¿No me crees?

No se trata de mí. Sino de que tengas una coartada

por si la policía pregunta.

¿Tienes algún testigo? -Me pasé toda la noche

sin salir de mi habitación. Puedes preguntar a la casera.

Cata, yo te creo. Pero también quiero que la policía te crea.

No te enfades.

¿Cómo has podido dudar de mí?

Lo siento, Cata. No volveré a hacerlo.

Ciro.

Que ya no soy contagiosa.

Cristóbal me ha dado el alta. -Me alegro por ti.

Qué ganas tenía de volver a casa.

No es que aquí no esté bien, pero contigo estoy mejor.

¿Qué pasa? ¿No me has echado de menos?

Ya te he dicho que no soy contagiosa. Me he curado.

-Sofía me lo ha contado todo. -No sé qué te habrá contado,

pero ya la conoces. No te puedes fiar de ella.

Quiero oír la verdad de tus labios.

Necesito que tú me lo digas.

No sé de qué me hablas.

Te hablo de que León no era tu profesor de francés,

sino tu amante. Y no solo eso.

Un prestamista que te ha sacado todo lo que ha podido.

Incluso, mi cruz del mérito que me dieron en el ejército.

¿Cómo has caído tan bajo? -Eso me pregunto yo.

¿Cómo puedes creer a Sofía, antes que a tu mujer?

-Tú aún no me has respondido. -¿Hace falta?

Ciro, Sofía está intentando hacer todo esto

para romper nuestro matrimonio.

¿Es que no te das cuenta?

¿Qué más da Sofía? Se trata de ti y de mí,

de nuestra relación. -¿Qué quieres saber?

¿Me mentiste?

¿Me dijiste que querías adoptar

para que no me diera cuenta de lo que pasaba?

-Por supuesto que no. -Por supuesto que sí.

Tú misma te avergüenzas tanto de lo que has hecho,

que no eres capaz ni de mirarme a la cara.

¿Te doy la oportunidad de que te sinceres y ni la aprovechas?

Es una pena.

No. Ciro, espera.

Gracias por venir tan deprisa.

Quiero que todo se esclarezca cuanto antes.

Siéntese. Antes de tomarle declaración, debo advertirle.

Es usted el principal sospechoso del intento de asesinato

de Benito Serrano. -¿Se ha vuelto usted loco?

Si quiere declarar en presencia de su abogado...

No lo necesito. No le disparé.

Fui a la fábrica porque quedé con un cliente

y me encontré a Benito herido.

-Y avisó a la policía. -Sí.

Ya.

¿Se puede saber por qué no me cree?

Para serle sincero, su historia es rocambolesca.

Una cita en plena noche en la fábrica

con un cliente que no sabe quién es.

Quería mantener su anonimato. No conocí al cliente.

Nuestro contacto fue por cartas. -¿Puede enseñármelas?

No. No las tengo. El cliente me pidió

que las devolviera a un apartado de correos.

Fue su condición para el trato.

¿Espera que creamos eso? Es ridículo.

A mi socio y a mí nos pareció raro.

Llegamos a pensar que podía ser Su Majestad.

-¿El rey? -Sí. Todo el mundo sabe

de su afición por los coches caros.

Cuando llegó, esperaba encontrarse a Alfonso XIII.

No. Pensaba encontrarme a su asistente.

Si me deshice de las cartas, fue porque el cliente me lo pidió.

Pregúnteselo a Ciro Altabás. Lo puede corroborar.

¿Él podrá enseñarme alguna

de esas cartas? -No.

Tampoco, claro. Solo cuento con su palabra. Nada más.

¿Quiere usted cambiar su declaración?

Inspector, le estoy diciendo la verdad.

Y ahora veo que este cliente puede ser una trampa

para que yo estuviese en la fábrica a esa hora.

Está insinuando que alguien quiere cargarle

con el asesinato de Benito. -¿Y qué otra explicación hay?

Señor Montaner, su historia cada vez es más increíble.

¿Tiene idea de quién quiere poder perjudicarle?

Discúlpeme un momento.

Disculpe.

A esta hora no tenemos clientes,

así que, podemos hablar, tranquilamente.

¿Tiene los papeles?

Qué directa es usted. No estoy para perder tiempo.

Aquí tiene su nueva identidad.

El pasaporte y la partida de nacimiento.

¿El dinero?

Aquí tiene, puede contarlo, si quiere.

No se lo tome a mal, no es que desconfíe,

pero, me gusta comprobarlo todo.

Lo que me extraña es lo rápido que lo ha conseguido.

¿Cómo lo ha hecho?

Eso no es asunto suyo.

Lucía Hernández.

Imagino que no le costará ser otra persona

porque ya se ha hecho pasar por otra alguna vez.

¿Y el pasaje a Guinea?

También está ahí.

Partirá en dos días.

Dos días para empezar

una nueva vida sin que nadie me conozca.

No parece muy contenta.

Si hago esto es porque no me queda otro remedio,

pero, si pudiese, no cambiaría nada de mi vida.

¿Tanto le quiere?

No se preocupe, todo saldrá bien,

usted es una superviviente.

Yo me siento más bien como un náufrago.

Eso es porque lleva mucho lastre con usted

y tiene que soltarlo.

Olvídese de su vida aquí,

de su pasado y de don Gabriel.

Refugiarse en la nostalgia no sirve de nada.

Habla como si usted hubiera vivido algo parecido.

Cuesta mucho,

pero, hay que echarle valor

y el tiempo es un gran aliado.

Gracias.

No lo he hecho por usted,

sino por el dinero.

Disculpe la tardanza, debía comprobar algo.

No se preocupe, me dio tiempo

para pensar quién pudo perjudicarme.

Y ha llegado a alguna conclusión.

No, a ninguna.

No me extraña, encontramos la pistola

con la que dispararon a Benito.

Eso son buenas noticias, encontrarán una huella en ella.

Sí, pero, me temo que encontraríamos las suyas,

la pistola estaba en su coche.

No puede ser, no poseo ninguna pistola.

¿Está seguro? Absolutamente, sí.

¿Y qué hacía el arma en su coche?

No lo sé, pero, no disparé a Benito, ¿por qué no me cree?

Me gustaría, pero, las pruebas dicen otra cosa.

Por el amor de Dios, soy inocente.

Lo lamento mucho, pero, eso lo decidirá un juez.

Salvador Montaner, queda usted detenido

por el homicidio frustrado de Benito Serrano.

No puede hacer eso, usted me conoce.

Por eso me duele,

pero, es mi deber.

Pero, ¿cómo le voy a tranquilizar? acusaron a Salvador

del intento de asesinato de Benito.

Por favor, cálmate, así no le ayudarás.

No me creo que le acusen de algo así, no.

Seguro que se trata de un error. ¿Y si no lo es?

(SUSPIRA) ¿A dónde vas?

A comisaría, necesito verle, hablar con él.

Déjame ir contigo, no puedes ir sola.

No te preocupes, estaré bien Diana, por favor.

Rodolfo, de verdad, ahora, no es un buen momento.

Blanca, necesito tu ayuda,

Amalia se fue de casa, no sé dónde está,

De verdad, me gustaría, pero... Discutimos, me amenazó

con irse de casa si seguía adelante con la idea de batirme en duelo,

no la creí y, ahora, mira cómo estamos.

Ya te dije ayer que no solucionarías nada

poniendo tu vida en peligro y mira qué conseguiste.

Blanca, por favor, reproches ahora, no, ayúdame a encontrarla.

Debe estar en alguna pensión

o, quizá, esté vagando por las calles, sin techo.

Soy imbécil.

Tranquilízate, ya aparecerá, ya lo verás.

¿Cómo estás tan segura y si le ha pasado algo?

¿Y si ha buscado ayuda en sus antiguas amistades

que son todos una panda de indeseables?

Está aquí.

¿Cómo que está aquí?

Me pidió que no te dijera nada, pero, no puedo verte así.

Blanca, por favor, dile que necesito verla.

Lo siento, pero, me ha dicho que no quiere verte.

Blanca, te lo suplico, dile que necesito verla.

Tienes que respetar su decisión, Rodolfo.

Está bien, está bien.

Dile, por favor, que... no puedo vivir sin ella.

¿Por qué no se lo dices tú mismo?

Os dejo solos.

Amalia, perdóname.

Me he comportado como un imbécil.

Te escuché y preferí salir.

Nada ha cambiado entre nosotros.

No, Amalia, te equivocas, no voy a ir al duelo.

Pero, ¿y tu honor?

Mi honor me da igual.

Eres lo más importante de mi vida, Amalia,

la niña y tú sois lo más importante de mi vida.

¿Estás seguro, no te vas a arrepentir?

No. No quiero ser culpable

de tu descrédito y arrastrarte a una vida que no quieres.

Amalia, es al revés,

contigo me he dado cuenta de lo que quiero en la vida.

Quiero devolverte, aunque sea un poco, la felicidad que me das.

Toma,

ya verás cómo te sienta bien esta manzanilla.

Tengo el estómago un poco revuelto,

a ver si me asienta un poco.

Es normal con el embarazo, ¿no?

Sí, me pondré bien, solo necesito reposar un poco.

Al menos, ya no tendrás que preocuparte

por el examen médico. ¿Tristán consiguió retrasarlo?

Me llamó hace un rato para confirmarlo,

el juez aceptó sus argumentos,

así que esperarán a que te encuentres mejor.

Bien.

¿Bien, solo bien?

¿Qué quieres que diga, Gabriel?,

estoy demasiado cansada para alegrarme por nada

y, si no te importa, me gustaría ir a casa a dormir.

Pero, cariño, escúchame, hoy...

Está bien,

me apetecía hacer algo distinto juntos, pero,

si no te encuentras bien, ya lo haremos otra noche.

Gracias, mi amor,

por todo.

No es para tanto.

Me has cuidado como nadie lo ha hecho en la vida

y por eso te quiero, Gabriel,

y te querré siempre,

pase lo que pase.

(Pasos acercándose)

Madre, pero, ¿qué hace aquí?

pues, vine a vigilar el negocio

que si no se está encima, se va a pique.

Tendrías que ver cómo está la alacena, sucia, desordenada,

no queda ni una botella de anís.

¿Y qué pasa con las órdenes del doctor, descansar, reposar?

No te preocupes, no moveré ni un dedo, ya mandé a Raimundo

a por anís y luego, ordenará la alacena.

Pero, se alterará, madre,

dará órdenes como una posesa y se alterará.

¿Cómo que como una posesa?, mírame, si soy una balsa de aceite.

Antonia, su hijo lo dice por su bien.

Y yo se lo agradezco, claro que sí,

pero, que tenga que reposar no significa que no salga

a dar un paseo y caminando, caminando, llegué hasta aquí.

Es usted lo que no hay, madre.

¿Ves?, hala, ya descanso, ¿ves qué bien?

Anda, haz el favor, tráeme un vasito de agua.

Enseguida.

Nosotros nos íbamos a casa,

si quiere venir con nosotros en coche.

Pues, no, porque entonces,

no podría estar contigo a solas y es lo que pretendo.

¿Qué ha pasado?

¿Se puede saber por qué me robaste el dinero de La Villa de París?

Elisa, hija,

cuando la criada me dijo que estabas aquí, no me lo creía.

Qué alegría, estás de vuelta.

Sí, Cristóbal me ha dado el alta.

No sabes cuánto me alegro, me tenías muy preocupado,

intenté visitarte en casa de tus hermanas,

pero, me lo prohibieron verte y eso que insistí,

pero, son imposibles, pero, ¿qué te pasa,

por qué esa carita tan triste, eh?

Ciro me ha dejado. ¿Cómo?, si hablé ayer con él.

Prefirió irse con Sofía y el niño antes que conmigo.

Tranquilízate, Elisa,

cuéntame qué ha pasado.

Sofía se lo ha contado todo, padre.

Le ha contado lo de los pagarés, lo de mi relación con León.

Mira, da igual lo que cuente, Elisa, tú tienes que negarlo.

Ya lo sé, pero, no me ha hecho caso.

Tendré que volver a hablar

con Ciro, ¿dónde está ahora ese imbécil?

No lo sé, ha cogido sus cosas y se ha ido

con Sofía.

Lo último que me dijo es que no quería saber nada más de mí.

Al menos, te ha dejado la casa.

Padre, ¿de qué habla, qué me importa a mí esta casa?

Hija, intento ver la parte positiva.

Me quedé sola, padre.

No digas eso, siempre me tendrás a mí.

Pero, es que yo quiero a mi marido,

yo quiero a Ciro

y Sofía me lo ha quitado, esto no se lo perdonaré en la vida.

¿Y qué piensas hacer?

No sé.

Esa no es la actitud, Elisa.

Sí, ya lo sé.

Ya sé que nada se soluciona llorando.

¿Qué vas a hacer?

Voy a vengarme de Sofía.

Así me gusta y yo estaré a tu lado apoyándote en lo que necesites.

Gracias.

Lo voy a necesitar.

Voy a recuperar a Ciro, vamos a formar una familia.

Muy bien.

A Elisa Silva no la deja nadie.

Si vienes a pedir explicaciones, puedes irte por donde

has venido, estoy cansado de defender mi inocencia.

Sé que tú no disparaste a Benito.

Han encontrado la pistola en mi coche.

Todas las pruebas apuntan a mí.

Me da igual lo que digan las pruebas, sé que no harías

algo así, lo sé con certeza.

Me sorprende oírte hablar así,

sé que habías perdido toda la confianza en mí.

Eso nunca.

Cuéntame qué ha pasado.

Cuando llegué a la fábrica

me encontré a Benito tirado en el suelo,

herido, llamé a la policía y, ahora, estoy aquí.

¿Y qué hacía Benito en la fábrica?

¿Y cómo encontraron la pistola en tu coche?

No tengo respuesta a esas preguntas,

pero, te juro que soy inocente.

Te creo.

Y, también, sé que no le diste una paliza a Benito.

Soy una estúpida por pensar lo contrario, lo siento mucho.

No, las cosas no se arreglan pidiendo perdón

y tu desconfianza ha roto algo entre nosotros.

Pero, quizá, yo pueda unirlo otra vez.

Sé que estás muy dolido,

pero, te prometo que si me perdonas...

Fueron muchas cosas, no solo lo de Benito,

nuestras discusiones,

tu declaración en el juicio en contra de Úrsula,

pero, me imagino que todo eso ya da igual.

Demostraremos tu inocencia. ¿Y de qué sirve

si nadie confía en ella? ¿Ni siquiera el inspector Velasco?

No tengo ninguna coartada,

ninguna prueba que demuestre que esa pistola no era mía

por no hablar de mi enemistad con Benito,

hasta yo mismo sospecharía de mí

No sé cómo...

Tenemos que solucionarlo.

Y la única verdad

es que si no demuestro mi inocencia,

acabarán ejecutándome.

Eso no lo digas, nunca.

Saldremos de esta como siempre.. Cómo, ¿eh?, dime cómo,

desde que entré aquí no he parado de pensar

en alguna respuesta y nada tiene sentido.

No sé quién puede estar detrás de todo esto,

no sé cómo defenderme.

Vamos a salir de esta, juntos,

lo juro por nuestras hijas.

Benito está ingresado y vivo, si se despierta y nos acusa.

No se despertará, estoy seguro.

Igual de seguro de que había muerto, ¿no?

Perdona, pero, no me fio de tu palabra.

¿Y qué hago, voy al hospital y le disparo?

No, no lo voy a hacer.

Cuando Benito despierte y cuente la verdad,

Salvador será exculpado, ya lo verás.

Le culpó una vez, ¿cómo sabemos que no lo volverá a hacerlo?

Intentaron matarle y si despierta, contará la verdad.

Si despierta, tú lo has dicho.

No hay otra forma de demostrar su inocencia.

Él habló de un cliente al que le quería comprar un coche

y lo citó en la fábrica, se comunicaban por cartas,

ni él ni Ciro le vieron nunca la cara.

Ciro, hay que hablar con Ciro.

Vine a decirle que basta de amenazas a Sofía.

Y dígame una cosa,

¿por qué iba a perder yo el tiempo con esa mujer?

Le amenazó con represalias si no se iba de mi casa,

incluso, llegó a insinuar que le pasaría algo a su hijo.

Los niños son muy frágiles a esa edad.

Como se acerque a Sofía, se las verás conmigo, ¿entiende?

Estoy a esto de contarle a mi hijo que eres una ladrona,

si no lo he hecho es porque eres la madre de mi futuro nieto.

Ese nieto no va a nacer.

¿Cómo que no va nacer?

He perdido al niño, Antonia.

Gabriel se merece saber que no será padre, ahora mismo.

Antonia.

Me casaré con él, le guste o no, y su familia se alojará aquí.

Con todos mis respetos no me parece una buena idea.

Usted no está aquí para dar opiniones,

usted está aquí para acatar órdenes.

¿A usted le gusta el teatro? No, no mucho.

Pues, Aurora iba todas las semanas, al menos, una vez; la recuerdo

el día que vino al hospital entusiasmada

con una obra de Galdós que vio la noche anterior.

¿Galdós? El autor favorito de Aurora.

He recibido una llamada de Marie Curie.

¿De Madame Curie?

Quiere conocerme y que charlemos

sobre el estudio que hice sobre el radio.

O sea, que te vas a París.

Eso parece, de hecho quiere que me incorpore de inmediato

y que nos conozcamos ya.

Sofía.

Elisa, no puedo entretenerme, tengo prisa, Leandro se quedó

con una niñera nueva y no me fio de ella, la acabo de contratar.

No, no te vas a ir, antes me vas a oír.

Hoy, al cerrar la tienda, podremos ir a dar un paseo.

Bueno, yo había pensado en otro plan.

¿Ah, sí, y cuál es?

Podríamos ir al teatro.

¿Y qué te gustaría ver?

Podríamos ver algo de Galdós, es mi autor favorito.

¿Sabes cuánto me arrepiento, Ciro?

Soy un militar, Elisa,

en la guerra, lo errores los pagas muy caros,

soy un hombre de honor, me debo a la lealtad

por encima de todo y faltaste a ese principio religioso para mí.

Pero, es que quiero estar a la altura de tu honor, Ciro.

Demasiado tarde para esas promesas, ¿no crees?

Benito sigue inconsciente, está muy grave,

los médicos se muestran muy pesimistas.

Dígame la verdad, ¿me ve capaz de matar a alguien?

Mi opinión no tiene importancia,

pero, seré muy claro con usted,

si Benito muere, hay muy pocas posibilidades

de que usted evite el garrote.

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Seis Hermanas - Capítulo 452

28 feb 2017

Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de 1920.

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