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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 450 - ver ahora
Transcripción completa

Usted ya no está embarazada.

¿Quién más sabe esto?

Sólo Cata y usted.

Ver a un antiguo cliente mío,

ponerle cara...

Antes este tipo de situaciones me daban igual.

Yo era Amalia "La Cachetera".

Pero ahora soy Amalia,

la futura esposa de Rodolfo Loygorri.

Necesito que firme un informe médico

confirmando que sigo embarazada

y que todo progresa adecuadamente.

Me está pidiendo que mienta.

Le pido que salve mi vida.

Asume que no quiere verte.

Lo asumiré cuando sepa toda la verdad.

Incluso lo que me oculta.

Seguir a Cata es la única forma de averiguarlo.

¿Estás decidida? -Sí.

¿Qué hace usted aquí?

Fuera, estamos ocupados. ¿No lo estás viendo?

Le dirás a Benito que vaya a la fábrica

a robar unos documentos, algo que necesitamos

para hacer daño a Salvador.

Cuando Benito llegue a la fábrica

no se encontrará con Salvador, sino contigo.

¿Te has parado a pensar que pueda ser una estafa?

Yo creo que es alguien con mucho dinero

que quiere mantener el anonimato.

O alguien que no quiere que su familia sepa

que se gasta muchísimo dinero en coches.

¿Entonces piensas seguir sus instrucciones?

Al pie de la letra.

Señoras, disculpen,

acaba de llegar su hermana Elisa.

Tiene fiebre y me parece que está muy débil.

Creo que el Dr. Loygorri debería verla cuanto antes.

¿Usted ha pasado las paperas?

Sí, yo gracias a Dios las he pasado.

Elisa tiene que estar aislada.

¿Me tengo que quedar aquí? Sí, es lo mejor.

Me gustaría que fuera don Cristóbal

quien hiciera el informe para el juez,

para la petición del indulto.

Puedo procesar esa petición.

Pero eso conlleva un sinfín de trámites burocráticos

que lo único que conseguirá es retrasarlo todo.

¿Tan importante es el médico? -Tristán, inténtelo.

¿Y esto?

No sé, se le habrá caído a Cristóbal.

Mañana se la daré.

¡María!

¿Desea algo el señor?

Sí, lleve esta carta al correo inmediatamente.

Corriendo a hacer esto, corriendo a hacer lo otro.

En esta casa no se para

y eso que cada vez somos más criadas.

Elpidia. -Perdone. ¿Le he molestado?

No, no, no te preocupes. -Lo siento, me tengo que ir.

Tengo que ir a por jengibre para un ungüento.

Ni que fuera fácil conseguir eso, ¿eh?

¿Es que hay alguien enfermo en la casa?

Sí, doña Elisa. Tiene paperas.

Pero doña Elisa vive con su marido.

Pero se ha quedado aquí para que la atendamos.

No quieren que contagie al pobre Leandro.

El hijo de doña Sofía. Usted la conocerá.

Es la mejor amiga de Elisa.

Se acaba de quedar viuda de don Carlos.

Pobrecito, Dios lo tenga en su gloria.

Esperemos que Elisa sane pronto.

Pues sí, porque es muy mala enferma.

Así que Dios le oiga, ¿eh?

¿Puedo ayudarle en algo?

No, gracias, doña Rosalía ya ha ido a buscar a Blanca.

¡Huy, pero si tengo una carta

para la señorita Blanca que ha llegado a primera hora!

Todavía no se la he dado. Es del Sr. Loygorri.

De don Rodolfo. -Sí.

No, de don Cristóbal.

Ya me ha parecido a mí también raro.

Porque ayer estuvo atendiendo a Elisa.

Yo puedo entregársela

en persona a doña Blanca cuando la vea.

Sí, si es tan amable. Si me hiciera el favor.

Hay días que a una le faltan las horas.

Y hoy es uno de esos. Así que gracias.

(LEE) "Querida Blanca, voy a escribirte en esta carta

lo que ayer no me atreví a decirte en persona."

Disculpe que la moleste.

No, no es molestia, más bien una sorpresa.

Vengo a abusar nuevamente de su generosidad.

Sé que sabrá ayudarme.

Siéntese.

Haré lo que esté en mi mano.

Bueno, y al alcance de su bolsillo, claro.

Comprenderá que desde la última vez que la ayudé

no me fíe demasiado de usted.

Siento haberme marchado de la forma que lo hice.

Pero no tuve otro remedio.

Dígame, ¿qué quiere?

Necesito que me ayude a fugarme del país.

¿Otra vez?

Para qué, si luego se va a entregar a la justicia.

No, esta vez no.

Si me quedo me condenarán a garrote.

¿No le había llegado el indulto?

Aún no.

Pero está a punto de conseguirlo.

¿Cómo se va a arriesgar ahora?

Tiene la libertad en la palma de su mano.

No se equivoque, no soy libre.

Soy prisionera de una mentira

que está a punto de descubrirse.

(LEE) "Si no deseas contestar a esta carta

entenderé que has decidido seguir adelante

con tu compromiso con Tristán

y olvidar lo que hubo entre nosotros.

Lo mismo que yo he tratado

de hacer todo este tiempo sin éxito.

En cualquiera de los casos te deseo lo mejor.

Siempre tuyo: Cristóbal."

Tristán.

¿Qué, hace mucho tiempo que me esperas?

Blanca.

No sé, es que no esperaba verte aquí.

Como habíamos quedado para merendar.

Sí, quería...

quería visitarte y no me podía esperar.

He querido venir cuanto antes,

antes de empezar mi jornada. Bueno, ya que estás aquí

pues así te comento unos detalles

para la fiesta de compromiso.

Dime.

Mira, pues yo había pensado servir una cena fría.

Como no vamos a ser muchos invitados

pues así podemos estar todos de pie,

charlando unos con otros. ¿Te parece?

Esta vez me voy a asegurar de que no sirvan cerdo.

(RÍE)

Tristán, ¿qué te pasa?

Te acabo de gastar una broma y ni siquiera te has inmutado.

Perdón, ¿qué... qué decías?

¿Te preocupa algo?

Nada, sólo estaba pensando en la fiesta de compromiso.

No sé, es que llevas varios días serio,

como si estuvieras triste por algo.

¿Yo?

No, en absoluto.

No me mientas, Tristán, sabes que lo odio.

Está claro que no te puedo ocultar nada.

Lees en mí como si fuera un libro abierto.

¿Entonces qué es lo que pasa?

No quería preocuparte.

Sé que estás muy ocupada con los preparativos

de la cena de compromiso y...

Pero se trata de mi abuela.

¿Tu abuela?

Tiene neumonía.

Desearía ir a visitarla a Granada,

que es donde ella vive,

pero mi familia no me deja hacerlo.

Vaya, lo siento mucho.

¿Pero y por qué no me lo has dicho antes?

No quería que te sintieras responsable

por la mala relación que tengo con mi familia.

Por supuesto que me siento responsable.

Me siento muy culpable de todo lo que está pasando.

Blanca, yo no me arrepiento de nada.

Te lo he dicho mil veces.

Es cierto que me gustaría que las cosas fueran

de otra manera, pero eso no depende de nosotros.

Mira, ¿y por qué no retrasamos

la fiesta de compromiso unos cuantos días?

No. Sí.

Así te da tiempo de ir a Granada

y estar con tu abuela. A mí no me importa.

Es que no me dejarían verla.

No serviría de nada.

Prefiero que sigamos con nuestra vida.

Mi familia recapacitará, estoy seguro.

¿Y qué médico la está atendiendo?

No sé, me gustaría al menos poder hacer algo por ella.

Cristóbal ha contactado con un médico sevillano.

Ah, bueno, entonces me quedo más tranquila.

Buscará al mejor.

Cristóbal es un hombre de palabra.

En cuanto ese médico certifique que he perdido al niño

me apresarán y esta vez harán que cumpla mi condena.

Garrote vil.

Por eso debo marcharme cuanto antes.

¿Me ayudará a abandonar el país?

¿Quiere volver a su plan de huida?

¿El que preparamos hace tiempo?

Sí, al mismo.

Está bien.

No sabe cuánto se lo agradezco.

La documentación falsa...

No habrá que hacerla de nuevo.

¿La ha guardado?

Estos papeles tienen un precio.

Pero si ya he pagado por ellos.

Y no fueron baratos precisamente.

Ya, pero ahora cuestan el doble.

¿El doble?

¿Pero de dónde voy a sacar tanto dinero?

Pues de su esposo, el señor conde.

No puedo implicar a Gabriel en esto.

No lo hice la vez anterior y no lo voy a hacer ahora.

Él no sabe que ha perdido a su hijo.

Saberlo le destrozaría.

Y conocer mis planes aún más.

Cándida, por favor, no puedo pedir todo ese dinero

sin dar explicaciones. Se lo ruego.

Venda sus joyas.

La esposa de un señor conde debe tenerlas, y muy buenas.

No puedo vender todas mis joyas

sin levantar las sospechas de Gabriel.

Y yo no puedo estar perdiendo el tiempo

porque tengo muchas cosas que hacer.

El trato que le propongo es lo que hay.

Está bien, trato hecho.

Muy bien, cuando me llegue el dinero empezaré

con los preparativos de su huida.

Y ahora, si me disculpa...

¿Y esa qué quería?

No me digas que busca empleo. -No.

Acabamos de cerrar un trato.

Y creo que vamos a tener un extra para...

para darnos algunos lujos.

Lo celebro.

Creo que es la primera vez que le vendo la misma cosa

a la misma persona dos veces.

Y doblando el precio la segunda vez.

Estoy muy orgulloso de ti, Cándida.

¿Por qué no comemos?

Y así celebramos nuestros éxitos.

Me encantaría, pero estar tarde

tengo algo importante que hacer.

Celia, por favor, tenemos que hablar.

No, no tienes por qué darme ninguna explicación.

Me ha costado entenderlo, pero al final tu vida es tuya.

Necesito hablar contigo.

prefiero que no me ocultes nada más, Cata.

Lo que viste entre Benito y yo no es lo que imaginas.

¿Imaginar?

Cata, no había mucho espacio para la imaginación.

Al final mis ojos vieron lo que tú me ocultabas.

Que es que a pesar de todo has decidido volver con Benito.

No, eso es mentira, yo no he vuelto con él.

Deja de hacerme esto, por favor.

Un día me dices una cosa, al día siguiente otra.

Prefiero que no nos volvamos a ver,

es lo mejor para las dos.

Benito me está chantajeando.

¿Cómo?

Amenazó con airear nuestra relación.

¿Pero Benito sabe que tú y yo...?

Nos sorprendió sin que nos diésemos cuenta.

Amenazó con contárselo a mi familia

si no accedía a sus deseos.

Dios mío.

Se ha encaprichado conmigo, Celia.

Y yo no sé qué hacer.

Pensé que cediendo una vez bastaría.

Pero no es así, él no se cansa.

Alguna forma habrá de pararle los pies.

¿Cómo? Ya hablaste con Salvador en su día

para que me dejase en paz y mira lo mal parado que salió.

Celia, Benito no tiene escrúpulos.

No es el muchacho impulsivo y descarado que yo creía.

Es... es mucho peor.

¿Fue él quien te prohibió me vieras más?

Sí.

¿Ahora lo entiendes?

Yo no quería, ¿pero qué otra cosa iba a hacer?

Pues podías habérmelo contado, Cata.

Tenía demasiado miedo.

No sé, juntas nos podríamos haber enfrentado a esto.

Podríamos haber encontrado una solución.

Aún no es tarde para eso, ¿no?

Siento mucho todo

lo que te ha hecho Benito, de verdad.

Y estoy dispuesta a ayudarte en lo que necesites.

Pero no me pidas nada más.

¿Qué quieres decir?

Pues yo que al principio tenía muchas reticencias

porque tenía la muerte de Aurora muy reciente.

Y ahora yo...

creo que me precipité.

Hablas como si ya no sintieras nada por mí.

Me gustas, Cata.

Pero también me duele que no hayas confiado en mí.

Y que no te haya importado mentirme ni verme sufrir.

Sí que me ha importado, y mucho.

¿Qué otra opción tenía?

Mi familia no es tan tolerante como la tuya.

No, en eso te equivocas.

A mí me costó mucho

que mis hermanas me entendieran.

No sabes cuánto.

Y yo no voy a volver atrás. ¿Me entiendes?

Lo siento, Cata.

Si necesitas ayuda ya sabes dónde estoy.

Pues ya está.

Gracias, Merceditas.

Esta noche ha tenido tanta fiebre

que ha dejado el almohadón empapado.

¿Ha llamado Ciro?

No, todavía no.

No querrá despertarla tan pronto.

Bueno, lo normal hubiera sido

que hubiera llamado a primera hora de la mañana

para ve qué tal he pasado la noche.

Pues no habrá querido molestarla.

Estará trabajando y...

seguro que se pasa a lo largo del día a verla.

Señora, ¿adónde va?

A mi casa.

¿Pero cómo se va a ir? Está usted enferma.

Y de algo muy contagioso.

Tiene que quedarse aquí aislada

para no contagiar a Leandro.

Ya, es que lo que no es justo es que yo tenga que salir

de mi casa y no ese crío.

Señora, está usted enferma.

Tiene fiebre y no sabe lo que dice.

No me trates como una niña.

Pues deje usted de comportarse como tal.

Tráeme mi ropa ahora mismo.

Señora...

¡Ah, ay!

Vamos a la cama. A la cama.

Huy, ¿qué ha pasado?

Tranquila, que ya puedo yo sola.

Tiene que descansar.

Bueno, dormiré un poco. Pero luego me voy a mi casa.

¿Otra vez él?

Ese cliente misterioso insiste mucho.

Está interesado en un Dudley Bug de 4 cilindros.

Ese coche es una maravilla de la ingeniería.

Y al alcance de muy pocos.

Con la guerra han bajado mucho de precio.

Pero siguen siendo prohibitivos.

Está claro que nuestro cliente misterioso sabe elegir coche.

Un motor de 4 cilindros nada menos.

¿Qué piensas hacer?

Habrá que aprovecharse

del interés de este hombre por coches caros.

Debe ser alguien muy acaudalado.

Quizá un empresario de la siderurgia,

es ahora con lo que se gana dinero con la guerra.

No entiendo a qué viene tanto secretismo.

¿Por qué ocultar su nombre?

Lo he estado pensando.

¿Y si se trata de un político de renombre?

Quizá nuestro presidente.

O alguien de la nobleza.

¡Será posible! ¡Es él sin duda!

Sí. -Amante de los coches,

que insiste en permanecer en el anonimato.

Alfonso XIII. Esto empieza a tener sentido.

Eso lo explica todo,

que quiera permanecer en el anonimato,

que insista en no darse a conocer en persona

y que quiera que destruyas toda su correspondencia.

No quiere que se le critique por comprar coches caros.

Dicen que tiene una buena colección.

Se le ha visto circular

con diferentes modelos del Hispano-Suiza.

Debemos llevar este asunto con suma discreción.

Es una pena que no podamos airear esta venta.

Nos daría mucha publicidad que se supiese que lo compró el rey.

Ah, bueno, al menos nos llevaremos un buen pellizco.

Ajá. Nos dará a conocer a sus íntimos.

-Políticos, nobles... -Gente de mucho, mucho dinero.

Y con muchas ganas de gastarlo en nuestros coches.

Nos vamos a hacer de oro.

¡Tristán!

(SE GUARDA EL PAPEL EN EL BOLSILLO)

No quería molestarle, me parecía que estaba anotando algo.

Sí, bueno, tengo tantas cosas en la cabeza que,

si no las apunto, se me olvidan. Lo entiendo perfectamente.

A mí me sucede lo mismo ahora que me he reincorporado

a la abogacía a tiempo completo. Muy bien.

Iba camino de visitar a un futuro cliente.

No le robaré mucho tiempo, quería darle noticia de su abuela.

Son buenas noticias. ¿Se pondrá bien?

Verá, prefiero ser cauto porque se trata de una mujer

de edad avanzada, y eso dificulta la recuperación.

Pero mi compañero de Sevilla se muestra esperanzado.

Mi abuela es una mujer fuerte. Muchas gracias por su ayuda.

No hay de qué. Sabe que lo aprecio, si puedo ayudarle en lo que sea...

No sabía que me tuviera tanto aprecio.

Así es. Me ayudó en el juicio contra la fábrica de relojes

y eso no lo olvido.

Ya, pero la cosa salió mal.

Cualquier otra persona me habría guardado rencor.

Tristán, perdimos el juicio por mi culpa.

Si hubiera aceptado el dinero que ofrecían los dueños,

como usted aconsejó, la cosa sería diferente.

¿No me responsabiliza de aquello? En absoluto.

Al contrario, valoro mucho lo que hizo.

De hecho, le considero un amigo.

Y espero que vea en mí a otro. Sí, claro.

Tristán, ¿qué ocurre? ¿Hice algo que le molestara?

Dígamelo.

No, no me lo tenga en cuenta. Estoy crispado por el trabajo.

Será mejor que me marche. Todos tenemos días complicados.

Muchas gracias por todo.

Y, si tiene alguna otra novedad sobre mi abuela, comuníquemelo.

Pierda cuidado. Lo haré encantado.

¿Y qué se puede hacer al respecto?

Desde luego, estamos hablando de un delito:

Benito ha chantajeado a Cata.

Yo sabía que ese chico era problemático,

pero pensé que tenía un buen fondo.

Que me equivoqué es obvio.

El problema es que no se puede hacer nada

si Cata no cursa una denuncia contra él.

-No lo hará. -¿Por qué no?

Saldría a la luz su orientación.

Y ella no quiere que su familia lo sepa por nada del mundo.

Entonces no se puede hacer nada.

Algo habrá que se pueda hacer.

Y, para empezar, ¿por qué no hablas con Benito?

-¿Yo? -Sí, tú eres policía.

Amedréntale para que no vuelva a amenazar a Cata.

Está bien, hablaré con él.

Le diré que puede ir a la cárcel, espero que con eso sirva.

Yo también. Cata no se merece estar en manos de ese sinvergüenza.

Imagino que, ahora que Cata te ha contado la verdad,

os habréis reconciliado.

-No. -¿Por qué no?

Porque después de que me ocultara todo esto, no confío tanto en ella.

-Estaba muerta de miedo. -Sí.

Y puedo entender su miedo y sus mentiras,

lo que no puedo es estar con alguien que no asumirá quién es.

Cata tiene tanto miedo de que su familia se entere

que vivirá para siempre ocultándose.

-¿Acaso no lo hacemos todos? -No.

Yo ya no tengo nada que ocultar.

Así que ayer estabas ilusionada con la idea de empezar algo con Cata

y hoy no quieres volver con ella. Muy lógico todo.

¿Tanto te cuesta entender que desconfíe de ella?

Simplemente digo que tu reacción es un poco desmedida.

Ayudaré a Cata en todo lo que sea necesario,

pero eso no significa que quiera volver con ella.

¿Por qué? Sigue gustándote, eso no cambió de un día para otro.

Además, tú también pasaste por ese pánico.

Y me enfrenté a ello.

Y ya pasó, no quiero volver a vivir lo mismo una y otra vez.

O sea, que no sigas.

Celia, si le das la espalda ahora,

seguramente Cata no supere sus miedos.

Se sentirá sola, desamparada.

¿Qué habría sido de mí sin tu ayuda?

¿O de ti sin la ayuda de Aurora?

Sé comprensiva con ella, ponle las cosas más fáciles.

(Llaman al timbre)

-Buenas tardes, Rosalía. -Buenas tardes.

-He venido a ver a Elisa.

Pues lo lamento, pero no va a ser posible.

Sé que está en esta casa convaleciente por unas paperas.

Precisamente por eso no le puedo dejar pasar.

Vamos, que yo pasé las paperas el siglo pasado.

(SUSPIRA) Lo siento, pero no puede usted verla.

Pero tú no eres quién para prohibirme eso.

A menos que sigas órdenes de alguna de mis sobrinas.

Efectivamente, tío.

Usted no es bien recibido en esta casa.

No puedes impedirme que vea a mi hija.

Está enferma, estoy preocupado.

Si así fuera, no haría nada que le avergonzara.

¿Otra vez me vas a echar en cara mis negocios?

Es dueño de una casa de tolerancia.

Qué manía tienes en ser abanderada de la moralidad,

precisamente tú, que toda la ciudad sabe que has sido inmoral.

Rosalía, ya puede retirarse. Preferiría quedarme, señora.

No, no se preocupe.

¿Quieres que repasemos tu pasado? ¿Quieres que rememoremos

ciertos asuntos relacionados con los hermanos Loygorri?

Márchese ahora mismo o llamo a la Policía.

Eres una hipócrita. Mi educación no me permite decirle

lo que realmente pienso de usted.

Toma, házselo llegar a mi hija, por favor.

Hasta otro día.

Me da un poco de apuro tratar un tema tan personal pero, bueno,

usted ya casi es de la familia.

Por favor, confíe en mí. Cuénteme lo que quiera.

Como ya habrá llegado a sus oídos,

mi matrimonio con Salvador no atraviesa su mejor momento.

Lo lamento mucho. ¿No solucionaron sus diferencias?

Por desgracia, no. Y me temo que cada día

se hace más evidente que no es una simple crisis. Es algo más.

Por eso me gustaría contar con la ayuda de un abogado

para que me asesore en determinados asuntos.

La asesoraré en lo que necesite.

No es lo que yo quisiera, pero temo que Salvador

me pueda dar una sorpresa y, bueno, me gustaría estar prevenida.

Dígame, ¿qué es lo que desea saber exactamente?

¿Qué derechos tendría yo en caso de que Salvador pidiese

la nulidad matrimonial?

-¿Habla de la fábrica o la casa? -De todo.

No quiero que me pase lo mismo que a mis hermanas.

Blanca y Adela se quedaron sin nada.

Al casarse, los bienes de la esposa pasan al marido.

Por desgracia, la ley es como es.

Las mujeres pierden sus derechos cuando se anula el matrimonio.

Pero eso es muy injusto, la fábrica es herencia de mi padre.

-La ley es la ley. -¡La ley es una basura!

Lo siento, lo siento.

¿Y... no hay algún modo de impedirlo?

Podría haber un modo, pero dudo que le guste.

Benito, estaba buscándote.

-Pues me ha encontrado, inspector. -¿Tienes un momento?

El que tarde Raimundo en volver con otra botella de licor.

¿Qué juego te traes con Catalina?

-¿De qué me está hablando? -No disimules.

Los dos sabemos que has estado chantajeándola

y sometiéndola a tu voluntad. -Eso es mentira.

Vas a pasarte una buena temporada entre rejas.

Es un farol, Cata no ha podido decirle nada.

-De modo que es cierto. -No.

Pero Cata no puede denunciarme porque no tiene nada que denunciar,

es mi novia. -No es lo que ella afirma.

¿Ella o su amiguita Celia?

Recurren a usted para que me meta miedo,

pero no van a llegar más lejos.

No, teniendo en cuenta lo que podría salir a la luz,

no sé si me entiende. -Perfectamente.

¿Sabe, inspector? Uf...

Igual me adelanto a ellas y las denuncio por depravadas.

Soy inspector de Policía,

y todas las denuncias que se interponen

pasan por mi despacho.

-¿Y qué? -La tuya acabará directamente

en la papelera y yo te acusaré de obstrucción a la justicia.

Deje en paz a Catalina o, la próxima vez que te vea,

acabarás entre rejas, ¿entendido?

¿Y cuál sería ese modo?

Quiero saberlo, estoy dispuesta a lo que sea.

Tendría que adelantarse y pedir usted la nulidad matrimonial.

-¿Con eso bastaría? -No. Por supuesto que no.

Tendría que justificar los motivos de seguridad

y adornarlos. -¿Adornarlos cómo?

Alegando que su marido le ha sido infiel, por ejemplo.

No, no quiero airear más ese tema.

Ya lo hice en el juicio contra Úrsula y, por esa razón,

estamos ahora aquí. -Diana, escúcheme,

si quiere una opción de quedarse con la fábrica de su familia,

demostrará hasta qué punto su matrimonio fue un error.

El adulterio no basta solo. -¿Y qué más podría alegar?

-Maltrato. -¿Qué ha dicho?

Si dice que Salvador la ha maltratado,

podrá reclamar los derechos de la fábrica.

¿No hay otra manera?

No. No la hay.

Pero eso es algo muy grave.

Si digo algo así, estaré mintiendo.

Y, lo que es aún peor,

ya puedo olvidar cualquier relación con Salvador.

Para siempre.

Por eso, ha de pensar muy bien qué es lo que quiere hacer.

Trato de ser lo comprensiva y paciente que puedo.

Entiendo que tu madre se quede hasta que se recupere,

no que haga de nuestra casa la suya.

Ella solo quiere que estés a gusto.

Pues que deje de entrometerse tanto.

-No lo hace con mala intención. -¿A ti te parece normal

que mandara mis vestidos a arreglar sin consultarlo?

Vale, hablaré con ella. Hablaré con ella.

Y le diré que no vuelva a hacerlo. Seguro que no se repetirá.

-Gracias. -Bien.

Y, por favor, no saques las cosas de quicio.

Mi madre actúa de buena fe.

-Está bien. -Bien.

Oye, sé que estás inquieta últimamente.

Por las noches te oigo dar vueltas, levantarte,

pasear por la casa. La espera del indulto es...

muy angustiante. Pero tienes que ser fuerte

y tener fe y paciencia, ¿vale?

Es más fácil decirlo que ponerlo en práctica.

Cariño, ¿acaso hay algo más que te preocupe?

Sabes de sobra que puedes confiar en mí, sea lo que sea.

No, no hay nada más, solo deseo que llegue el indulto.

Tristán nos ha asegurado que eso está hecho.

Y también va a lograr que sea Cristóbal

quien certifique el embarazo.

-Ojalá sea así. -Cuando lo confirmen,

será cuestión de días que firmen el indulto.

-Unos cuántos días más. -Exacto, unos cuantos días más.

¿Qué son unos cuántos días más después de todo lo que pasamos?

No le des más vueltas, cariño, ya nada malo puede pasarnos.

Ven aquí.

Perdona, me he encontrado con Diana y me entretuve hablando con ella.

¿Pero va todo bien? Sí, nada, son...

asuntos de la fábrica. Ah...

¿Cómo se encuentra Elisa? Pues muy bien.

Merceditas dice que ya no tenía fiebre,

así que estoy muy contenta. Ven, vamos a sentarnos.

¿Eso es buena señal? Por supuesto que sí.

Por cierto, ¿cómo está tu abuela?

Casualmente, me he encontrado hoy con Cristóbal y me ha dicho

que su colega médico la está atendiendo

y parece que está mejor. ¡Esas son excelentes noticias!

Pero no pareces muy contento.

Pero eso es porque Cristóbal prefiere

no lanzar campanas al vuelo. Me parece bien que sea precavido.

Si Cristóbal te dice que está mejor, es que lo está.

Él nunca miente al dar un diagnóstico.

No, no sé, me sentiría más aliviado si hablara con mi abuela

o con alguien de la familia. Yo te entiendo.

Pero confiemos en que mejorará y, mientras tanto,

hay que darle gracias a Dios por cuidar de ella.

¿Te refieres a rezar? Sí.

Siempre que me siento angustiada, rezo. Y así me tranquilizo.

Mira, esta Biblia es... bueno, era de mi madre.

Ella fue quien nos enseñó a rezar.

Y siempre decía que... que no hay que pedirle nada a Dios,

sino agradecerle por todo lo que nos da.

Ya, pero yo no sé si voy a saber rezar.

¿Pero por qué? ¿Los judíos no rezan?

No. Para ellos, el Creador no tiene forma.

Ah... Ni tampoco mandó a Su Hijo

a la Tierra para que muriera crucificado en la cruz.

Los judíos aún esperamos...

esperan a que llegue el Mesías.

Pero... si Dios no tiene forma, ¿entonces cómo es?

Como un rayo de sol o una tormenta. ¿Cómo es?

Bueno, no se hacen esas preguntas.

Simplemente, no necesitan imaginárselo.

Pues cuéntame más, me parece muy interesante.

Bueno, en lugar de la cruz. Sí.

Se usa la estrella de David. Ajá.

Los dos triángulos superpuestos de la estrella israelita

expresan la íntima relación

que hay entre el Creador y la humanidad.

"Yo soy de mi amado y mi amado es mío".

¡Qué bonito!

¿Quieres que... te cuente algo más?

Por supuesto que sí, me parece muy interesante.

¡Celia! -¿Tienes un momento?

Sí, sí, claro, ¿qué quieres? ¿Por qué estás aquí?

He venido a decirte que Velasco ha hablado con Benito.

-¿Y? -Ya no tienes nada que temer.

Le ha dejado muy claro qué pasará si sigue chantajeándote.

-Muchas gracias. -También quería pedirte otra cosa.

Perdóname.

No tengo nada que perdonarte, has sido siempre muy buena conmigo.

No, esta mañana he sido muy injusta contigo.

Cuando más me necesitabas, yo te he rechazado.

No te entiendo.

Cata, puedes contar conmigo.

Yo también tuve miedo a ser rechazada durante mucho tiempo

e hice cosas... inimaginables.

-Si tú eres una valiente. -Ahora.

Pero estuve mucho tiempo ocultando la verdad.

Tenía miedo a perder a mi familia, mi trabajo, a...

a ser rechazada por la sociedad entera.

Pero vivir con miedo no es vida.

¿Y eso cómo se hace?

Yo no puedo decir la verdad a mi familia, no puedo.

No, ahora no, pero tampoco te lo exige nadie.

Algún día podrás hacerlo y...

a mí me gustaría estar a tu lado.

Claro, como has pasado por lo mismo...

Y sé que es un camino que se hace más fácil

si no lo haces sola.

¿Quieres decir que...?

¿Tú y yo...?

Si tú quieres.

Ah...

Me gustaría tanto.

Está bien. Pero...

Pero, esta vez, sin mentiras.

Confiando la una en la otra. Juntas.

Te lo prometo. Siempre te seré sincera.

(Pasos)

¿Pero qué haces así todavía? Que es tardísimo.

-¿Ya es la hora? -Sí.

¿Qué clase de pregunta es esa? La fiesta en casa

de Federico Sotomayor está a punto de empezar.

Lo siento.

¿Te importaría mucho que no fuera?

¿Pero cómo no vas a venir, Amalia?

Confirmé la asistencia de los dos. ¿Qué excusa le pongo?

-Que estoy indispuesta. -Pero es que no lo estás.

Cariño. Cariño, habrá varias damas de la Orden de San Juan

y están deseando conocerte.

¿Y por qué?

Porque eres la futura señora de Loygorri, por eso mismo.

Es muy importante que estés junto a mí.

Mientras yo hablo de política con Sotomayor y el resto,

tú departes con sus esposas.

(SUSPIRA) -Amalia.

Amalia, ¿qué te pasa?

Quiero que vengas conmigo. No hay más que hablar.

¿Tiene que ser en la fiesta de ese señor,

donde me presentes en sociedad como tu futura esposa?

Sotomayor es un tipo importante. Lo sabes de sobra.

Ya. Pero... yo preferiría no ir.

¿Es por tu desmayo de ayer?

Cristóbal dijo que solo había sido

una bajada de tensión. -No. No es por eso.

Es que no voy a sentirme cómoda en esa fiesta.

Pues habrá muchas fiestas como esa en nuestra vida.

Alguna tiene que ser la primera.

Pero esta no.

Ah. Ya sé lo que te pasa.

Tú lo que tienes, es miedo escénico.

Quién me lo iba a decir de la mismísima Cachetera.

Todo saldrá mal esta noche.

Amalia, que estuviste fabulosa con los Duques de Alba

y eran los Duques de Alba.

Que todo va a salir fenomenal.

Además, no pienso separarme de ti ni un segundo.

Por favor, siéntate.

Hay algo que quiero contarte.

(Llaman a la puerta)

Señora, mire quién ha venido a verla.

¿Ciro?

-Buenas tardes. -Doña Sofía no ha podido

dejar pasar ni un día más sin verla.

Eso sí que es una buena amiga.

Sí. Somos amigas desde niñas, ¿verdad, Elisa?

Bueno, pues las dejo a solas para que puedan charlar.

Muy bien. Me alegro de verla, Merceditas.

¿Qué haces aquí?

Tienes un aspecto horrible, eh.

¿Dónde está Ciro?

¿Aún no ha pasado a verte?

Ni siquiera se ha dignado a telefonear.

El pobre ha estado ocupado todo el día.

Que si el trabajo, que si ir a comer fuera,

que si la siesta, que si ir al parque con el niño.

Y tú no has tenido nada que ver en todo eso, ¿no?

Estaba rendido con tanto ajetreo y ha preferido cuidar al niño,

antes que venir a verte.

Y de paso, tú me lo restriegas todo por la cara.

No sabes cuánto estoy disfrutando con todo esto.

Pues aprovecha.

Porque te queda poco. Enseguida me recuperaré, Sofía.

Volveré a mi casa.

Es la casa de tu esposo.

Te recuerdo que cuando te casaste con él,

lo tuyo pasó a ser suyo.

Exacto.

Es mi esposo, Sofía.

Veremos por cuánto tiempo.

¿Sabes qué es lo que pasa, Sofía?

Que es que tú no eres tan lista

como para recuperar a Ciro en dos días.

Yo voy a recuperarme.

Y, entonces, volveré a mi casa y recuperaré lo que es mío.

Eso decías hace poco.

Pero, vaya por Dios, enfermaste.

Parece que el destino pone las cosas en su lugar.

Espera a que me recupere.

Para entonces, ya será demasiado tarde.

Dime, amiga mía, ¿quién crees que ha ganado esta guerra?

Dime algo, por favor.

Si me odias o me desprecias.

Lo que sea, pero dime algo. Necesito saberlo.

Supongo que nuestra boda ya no podrá celebrarse.

Es imposible.

Mi pasado en esa casa de tolerancia nos va a perseguir siempre.

Lo siento, Rodolfo.

Lo siento mucho.

Entiendo que me desprecies ahora para siempre.

No haré tal cosa.

¿Cómo?

Venga, ve a arreglarte. No quiero que lleguemos tarde.

¿Pero no has escuchado todo lo que te he dicho?

Federico Sotomayor fue cliente mío en la casa de tolerancia.

Sabe quién soy en realidad.

Eres la futura señora de Loygorri, mi prometida.

Pero en cuanto me vea, me reconocerá.

Todo Madrid va a saber a qué me he dedicado.

No. No lo harán.

Esta ciudad es cínica. Mantendrán las apariencias.

Rodolfo, te avergonzarán,

por mi culpa.

Me arrepiento tanto de lo que hice.

Amalia.

Yo ya te he perdonado.

Me siento muy orgulloso de ti.

Y para mí, es un honor compartir mi vida con una mujer como tú.

Te avergonzarán.

Cariño, eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

Y me pelearé con quien haga falta,

con tal de que seas aceptada y respetada.

Venga, ve a cambiarte.

Me alegro de que hayas decidido romper con esa muchacha.

-Cata tampoco me gustaba tanto. -¿Ah, no?

No. Como ella, las hay a puñados.

-Mejor, entonces. -Ahora podrás centrarte

en hacer algo de provecho, porque tendrás que aportar algo

a esta casa, digo yo. -Aporto mucho.

Me he dejado dar una paliza por usted.

¿Le parece poca aportación? -Basta ya, por favor.

Enseguida os enzarzáis en discusiones estúpidas.

Tenemos planes. Y tú, Benito, eres pieza clave en ellos.

-¿Clave por qué? -Necesitamos tu colaboración.

Tenemos un plan en mente para perjudicar

a Salvador Montaner. -Ah.

Claro. Lo que haga falta para darle a Montaner su merecido.

Queremos que vayas a la fábrica

y que robes una cosa para nosotros.

¿De qué se trata?

¿Eh? Ah. Se trata de unos papeles

que incriminan a Salvador en un delito fiscal. Sí.

¿Don Salvador cometiendo fraude?

Ajá. Con lo recto e intachable que parecía.

Como ves, Benito, todos tenemos secretos.

Son unos documentos que probarían

que Tejidos Silva lleva una contabilidad falsa.

Y de acabar en manos de la policía,

supondría una temporada en la cárcel para Salvador.

Pero, a ver, hay algo que no me cuadra.

Es Diana Silva quien lleva la fábrica.

Te equivocas. Ella es la directora.

Por eso lo digo. Es ella quien toma las decisiones.

En eso tiene razón, Marina. Da igual, Benito.

El caso es que el dueño es el último responsable

de lo que allí sucede. Y ese es Salvador Montaner.

Entonces, ¿don Salvador está actuando a espaldas de ella?

Sea quien sea quien lleve la doble contabilidad,

la cárcel será para el dueño de Tejidos Silva.

Ah. Ahora entiendo. Ahora entiendo.

Está bien. ¿Pero cómo voy a reconocer el cuaderno?

Yo, de contabilidad, lo justo.

Es muy fácil. Es un cuaderno contable de este tamaño.

-Sí, negro. -De tapa negra.

Pero serás tú quien tendrá que averiguar dónde lo guardan.

¿Y cuándo quieren que lo hagan?

Mañana por la noche, cuando todos los trabajadores

se hayan ido de la fábrica.

Tendrás que colarte dentro sin que te vean y robar ese libro.

Serás capaz, ¿verdad?

Pues claro. En cuanto lo tenga, se lo traeré.

Sabía que podíamos contar contigo.

Pues si eso es todo, yo me retiro. Me duele la cabeza.

Por supuesto, vete a descansar. Buenas noches, Benito.

Ya no hay vuelta atrás.

No, Luis. Y, por favor, no me vengas

con tus remilgos absurdos.

Vamos a hacer lo que tenemos que hacer y punto.

Bueno, pues ya están apagadas las luces de los talleres.

Yo cerraré la fábrica. Váyase a casa.

-Buenas noches. -Buenas noches.

-Buenas noches. -Buenas noches.

¿Por qué me has llamado? ¿Ha pasado algo?

¿Qué es esto?

Las escrituras de la fábrica.

Sí. Ya lo sé. Ya lo veo. ¿Pero por qué me las das?

Quiero que pongas Tejidos Silva a mi nombre.

¿Qué?

No quiero que, en caso de pedir la nulidad matrimonial,

tú te quedes con la fábrica.

No me puedo creer lo que estoy oyendo.

Ni siquiera se me había pasado por la cabeza pedir la nulidad.

¿Ah, no? Pues después de tu actitud de estos días,

pensé que ibas a hacerlo.

¿Eso es lo único que te importa? ¿Esta fábrica?

No. Por supuesto que no.

Pero en caso de que no nos reconciliemos,

no quiero que te quedes con aquello

por lo que tanto he luchado. -Querrás decir,

por lo único que has luchado.

-¿Por qué me hablas así? -¿Y cómo te hablo?

Solo te importa esta fábrica.

Podríamos hablar de nosotros, las niñas.

Pero no, hablemos de Tejidos Silva.

Es la fábrica que levantó mi padre.

Lleva el apellido de mi familia.

Sería injusto que te quedaras con ella.

Estoy harto de esta fábrica.

Siempre se antepone a nuestra relación.

¿Qué relación tenemos, si te has ido de casa?

¿Y qué más te da, si me has echado mil veces de casa?

¿Por qué estás tan enfadado conmigo?

Me hablas como si me odiaras.

Porque estoy harto. La de veces que has preferido

quedarte en esta fábrica por estar conmigo.

Te olvidaste hasta de nuestro aniversario.

¿Me vas a decir ahora todas las cosas que hice mal?

Sí. Por un simple pedido,

no quisiste celebrar nuestra luna de miel.

¿Te hago una lista con las veces que tú me has decepcionado?

¿Tú sabes la cantidad de sacrificios que he hecho

por nuestra relación? Dime cuántos has hecho tú.

¿Te parece poco perdonar tus infidelidades?

¿Sabes por qué te fui infiel? Por esta fábrica.

Es la peor excusa que he escuchado.

Tú ya no trabajas aquí. -No.

No me dejaste ser director, porque estabas obsesionada

por controlar. Estás obsesionada por este edificio.

Esto es mucho más que un edificio,

es mucho más que un negocio.

Después de todo este tiempo a tu lado,

me ha quedado bastante claro.

Es toda tu vida.

Cuando me conociste, sabías que esta fábrica era

muy importante para mí. ¿Por qué me lo echas en cara?

Te has olvidado de lo más importante.

De las personas.

Y por si te lo preguntas,

no voy a firmarte las escrituras.

¿Operadora? Quiero hablar con don Tristán Bellido.

Tristán, soy Diana Silva.

Olvide mis reticencias de esta tarde.

Quiero comenzar el proceso de nulidad matrimonial.

Así es.

No quiero seguir casada con Salvador Montaner.

Quiero que me des el alta para irme a casa.

Cuando estés curada. Tiene que ser ahora.

Elisa, no. Y no quiero tonterías.

Jamás debías haber permitido que Elisa saliera de esta casa.

Elisa está muy bien atendida en casa de sus hermanas.

Además, ¿qué pretendía que hiciera?

¿Que echase a Sofía? -Pues sí.

De hecho, es lo que quiero que hagas.

No pienso faltar a mi palabra.

Cuando hablaste con Carlos y le prometiste

que te ocuparías de su esposa, ¿hasta qué punto te ocuparías?

¿Le vas a cubrir todas sus necesidades?

Resulta que Cata y Benito no tenían una relación.

Benito se estuvo aprovechando de ella.

La chantajeaba para forzarla.

Siempre vi a Benito como un joven confuso,

una persona que necesita ayuda.

No como un criminal. -Sí. Yo también confiaba en él.

Raimundo está ahorrando para irnos a vivir al pueblo con nuestra hija.

No. Está ahorrando para fugarse.

Pero no contigo, alma de cántaro. ¡Conmigo!

¡Ay, contigo! Ya te gustaría.

Me lo prometió. Y es un hombre de palabra y lo va a hacer.

A mí también me prometió que nos iríamos al pueblo.

Anoche, Rodolfo y yo fuimos a la fiesta

del señor Federico Sotomayor, el parlamentario.

Nada más entrar en su casa, el señor Sotomayor me reconoció.

Pensé que iba a hacer como decía Rodolfo, callar y...

No sé. Por no montar un escándalo en su propia casa.

¿Y no fue así? No.

Cariño, se lo estaba contando a mi madre.

Ya ha llegado la citación para el examen médico.

-¿Cuándo es? -Mañana mismo.

-¿Mañana? ¿Tan rápido? -Sí. Es una buena noticia.

Gabriel, tienes que hablar con Tristán,

que intente conseguir que lo retrasen un poco.

-Pero, hija... -No me encuentro bien.

Prefiero esperar un poco.

Eres un malnacido y un canalla. Deberías estar en la cárcel.

¿Y dónde deberían estar ustedes?

Si no las denuncié, es porque su perro no me lo permitió.

Tiempo al tiempo. Esto no quedará así, lo juro por mis muertos.

¿Hasta cuándo piensas seguir así? -Ay, no sé.

Mire. Yo voy a ir ahorrando. Que con el tiempo,

supongo que veré las cosas con más claridad.

Pues mira. Va a ser, más bien, más pronto que tarde.

Me gustaría que me contestaras a una pregunta.

-Claro. -¿Por qué te estabas llevando

la recaudación de la tienda?

Encontré tu carta.

Se te debió caer cuando viniste a reconocer a Amalia.

Y la vi en el suelo.

¿Y dónde está la carta? ¿La tienes tú?

Me tomé la libertad de pedirle a Amalia

que la echara al correo. ¿Blanca la ha recibido?

Supongo.

¿Quién lo ha traído? -Un recadero. Es de don Salvador.

-¡Dios mío! -¿Son las escrituras de la fábrica?

Sí. Y ahora están a mi nombre.

He cometido un error terrible.

Espero estar a tiempo de enmendarlo. Encárguese de todo.

No quiero formalizar el encargo, hasta que no nos pague una señal.

-Es un coche muy caro. -Y hay que ser precavidos.

Si se nos cae la venta, ¿a quién le venderemos el coche?

Además, hoy saldremos de dudas,

sabremos si nuestro cliente misterioso es Alfonso XIII.

-¿Vas a verle? -Me ha mandado otra carta.

Quiere que nos encontremos en un lugar discreto,

lejos de las miradas ajenas y de mi total confianza.

No hay muchos lugares así.

Yo conozco el lugar perfecto. La fábrica.

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Seis Hermanas - Capítulo 450

24 feb 2017

Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de 1920.

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  1. Raquel

    Salvador compró la fábrica con el dinero de la lotería.

    30 mar 2017
  2. May

    Puede parecer absurdo , en esa época no desayunaba nadie con zumo de naranja en Espala y además para ser tan elegantes, no saben coger la taza ni los cubiertos, podrían aprender de las series inglesas como Downton Abbey

    04 mar 2017
  3. Beatriz Jiménez

    ¿ Pues que ya se le olvidó a Diana qué la fábrica la vendieron ? Con lo cual todas las hermanas estuvieron de acuerdo e incluso cada una recibió su parte. El hecho de que Salvador la haya comprado no le da derecho a Diana a considerarla suya y mucho menos a pelearsela a Salvador pero, como siempre, seguro que el va a tener el gesto de nobleza y amor que ella, por supuesto, es incapaz. Sin lugar a dudas, Diana merece quedarse sola y sin las niñas que, al fin y al cabo, le estorban para entregarse definitivamente a la fábrica sin ninguna distracción.

    28 feb 2017
  4. Adriana

    A ver a ver nos les parece q ya han muerto muchos protagonistas y de los mas mas interesantes q tenia la novela...hagamos cuentas..Petra,Miguel,German,Adela,Carolina,Enrique,Carlos,Aurora,Dolores,Basilio y ni q hablar de los q han desaparecidos como Francisca,Bernardo,Bruna.han sacado de la comedia a unos muy buenos actores y sin desmerecer a los q quedan no son nada atractivos y ni q hablar de las historias....Ursula trillada aburrida y repetitiva q si se fuga o no q si la matan o no,Salvador yDiana q se pelean q se arreglan...un bodrio...y rellenan espacios con trios amorosos de criados otro bodrio...Ricardo y la casa de tolerancia no tiene nada interesante,Luis y Marina aburridores...ALGO Q se podria aver puesto interesante era q Tristan no renunciara y q los dos se enfrentaran a la sociedad con un romance escandaloso de un judio y una cristiana y q HICIERON el pobre se convirtió aburridisimo....lo unico se rescata un poco es la historia de Rodolfo con Amalia. Blanca y Amalia amigas intimas es ridículo!! AVER A PONERSE A TRABAJAR.q vuelva Francisca q renazca el amor con Gabriel(2hijos le mataron un poco de felicidad no estaría mal) q a Ursula le den garrote y Luis preso por intento de homicidio.....Celia q publique ese libro escandaloso...Elisa con lo descocada q es q se convierta en actriz de teatro y abandone a Ciro q hace mejor pareja con Sofia,Diana tiene q quedarse solterona por insoportable y Salvador tiene q ser gran corredor de autos. lo demas piensenlon ustedes.

    26 feb 2017
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