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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 449 - ver ahora
Transcripción completa

Cata se me declaró y me dijo que me quería.

Y ahora que por fin yo he dado el paso,

me ha rechazado. Celia, te mereces una explicación.

Tienes que hablar con ella.

Ojalá la vida te lo devuelva con la misma moneda.

-¿Sabes qué pienso? -No me interesa.

Dos no bailan si uno no quiere. Yo no le busqué, fue al revés.

Estás jugando con fuego, tienes que tomar una decisión

y hablar con ellas antes de que sea tarde.

Las dos son de armas tomar,

capaces de cualquier cosa para proteger lo suyo.

No está bien usar a las niñas para hacernos daño uno al otro.

-Estoy de acuerdo. -Al fin estamos de acuerdo en algo.

Bueno, eso no era tan extraño.

-¿Qué haces? -Me trató de una forma tan fría

que, claro, me puse furiosa y lo estropeé todo.

Tú no estropeaste nada, Diana, él no quería arreglar nada.

Vamos a saludar.

-No. -¿Qué te pasa?

Me dio un mareo al levantarme y quiero estar sentada.

-No puedo tener hijos. -Eso me da igual, lo sabes.

Sí, pero tampoco me dejas adoptar.

Quiero formar una familia, quiero... quiero sentirme completa.

Yo lo hice porque no... no te veía preparada.

Pero esta mañana, al verte con el niño, cuidando de él,

atenta... -¿Qué?

Que quizá ha llegado el momento.

-¿Voy a ser abuelo? -Sí.

(RÍE) -Cuando el niño llegue a casa,

Sofía no podrá apartarme de Ciro. Y se tendrá que ir.

Las cosas son muy difíciles, Celia. Tienes que entenderlo.

No puedo entenderlo si no me lo cuentas.

-No hay nada que contar. -Mírame a los ojos.

Que otro hombre te robe la novia, ya es humillante;

pero que lo haga una mujer... (RÍE)

No voy a tolerar una sola humillación más.

Una más. Una sola más

y te juro por Dios que no podrás contarlo.

¿Tiene alguna novedad del juzgado?

Ya tengo listos los informes y la petición de clemencia.

Pero el juez quiere algo más. -¿El qué?

Que un médico certifique su embarazo.

Un médico verá cómo evoluciona tu embarazo y tu salud.

¡No necesito que me vea un médico! No permitiré que nadie se acerque.

¡Úrsula! ¡Úrsula, mi vida!

(Sintonía)

(Se oyen pasos acercándose)

(LLAMA A LA PUERTA) Úrsula. Doctor.

Me gustaría volver a casa. ¿Es grave?

No, no es grave.

Pero Tristán y Gabriel hicieron bien en traerla.

Creía que el empeño de Gabriel de ver un médico era una exageración.

Entiendo que haya sido molesto pasar aquí la noche,

teníamos que hacerle las pruebas. No, no, lo entiendo.

Y se lo agradezco.

¿Entonces qué... qué es lo que me pasa?

Los análisis confirman que tiene una infección.

¿Qué clase de infección?

No está extendida y su sintomatología

no es preocupante,

pero deberá guardar cama, al menos de momento.

¿No puedo volver a la tienda? No es conveniente.

Pues eso sí que es un fastidio.

Los días se me hacen eternos en casa.

Yo le aconsejo que me haga caso. Mientras pueda marcharme.

Sí, no hay inconveniente, hoy mismo le daré el alta.

Pero, antes...

creo que usted debería contarme algo.

¿Yo? No.

Verá, Úrsula, la infección se ha producido

por el aborto que ha sufrido.

¿He perdido al niño?

Las señales son evidentes, ha tenido que notarlo.

No, no he notado nada.

Úrsula, entiendo que es doloroso, pero no se haga de nuevas conmigo.

Le aseguro que no he notado nada diferente.

He tenido pérdidas todo el embarazo.

¿No creyó que debía acudir a un médico?

No me encontraba mal. Creo que está claro lo que pasa.

Y ahora entiendo que usted se negara a que la examinara.

No quería que descubriera la verdad.

Usted ya no está embarazada.

Y se ha comportado de una manera muy irresponsable.

El aborto podría haber acarreado consecuencias graves.

La hemorragia... Fue un aborto espontáneo.

Pensé que estaría débil un par de días y nada más.

No es tan sencillo, Úrsula.

De hecho, ha tenido suerte. No me encuentro mal.

Voy a llamar a Gabriel para que tome nota

de todos los cuidados que usted necesita.

Yo puedo cuidarme sola muy bien

¿Tampoco le ha contado a él que ha perdido al niño?

Gabriel está sufriendo mucho.

Se lo diré cuando esté más tranquilo.

Claro. ¿Y su situación judicial no tiene nada que ver en esto?

Doctor, por favor, no le diga nada a Gabriel.

¿Quién más sabe esto?

Solo Cata y usted.

Por mí no se preocupe, yo me debo a mis pacientes.

Muchísimas gracias. No se tome esto a la ligera.

Si no se recupera adecuadamente,

podría devenir en una enfermedad mucho más grave.

Seré rigurosa con el tratamiento. Úrsula.

Hablamos de que podría perder la capacidad para engendrar.

Le juro que me voy a cuidar.

Y... y no tengo palabras para agradecer su discreción.

No me las dé. Hago lo que hubiera hecho cualquier médico.

No. No, usted es una buena persona.

Y... y por eso me atrevo a pedirle algo.

No tuve más remedio que fingir un desmayo.

¿Y así lograste evitar saludar a ese caballero?

Sí. Pero a expensas de pasar unos nervios terribles.

¿Y se puede saber quién era ese señor?

Federico Sotomayor, un antiguo cliente mío.

Y, encima, ahora es parlamentario. Imagínate que me reconoce.

Bueno, pero dudo mucho que un político se atreviera

a aceptar en público... ya me entiendes.

Ya, pero el hombre se veía apurado e inventaría que nos conocemos

de algún otro evento y Rodolfo podría notar su incomodidad.

Pero Rodolfo ya conoce tu pasado y te perdonó.

Pero no es lo mismo perdonar que olvidar, Blanca.

Pero tenéis una nueva vida juntos, una hija, preciosa, además.

Y el pasado es el pasado.

Ver a un antiguo cliente mío, ponerle cara,

sería como un bofetón de realidad para Rodolfo.

Un recordatorio de... de lo que hice.

Yo entiendo que esto para ti sea incómodo

y que, en cierto modo, quisieras evitarlo.

Tuve que improvisar, ¿qué podía hacer?

No creo que sea lo mejor fingir un desmayo

cuando encuentres a alguien del pasado.

Antes este tipo de situaciones me daban igual.

Yo era Amalia, la Cachetera.

Pero, ahora, Amalia, la futura esposa de Rodolfo Loygorri.

Y me siento morir cada vez que pasa algo así.

Amalia, si Rodolfo te ha escogido a ti no ha sido por casualidad,

sino porque te quiere de verdad.

Yo solo quiero olvidar mi pasado, quiero ser mejor.

Rodolfo te quiere tal y como tú eres.

Eso dice él. Ajá.

Pero es que yo creo que Rodolfo se merece una señora.

(RÍE) Pero si en eso has mejorado mucho.

Mira, si ahora mismo entrara un desconocido por aquí,

seguro que diría: "Aquí está toda una señora".

(RÍE)

Pero eso es mérito tuyo. Bueno...

Por las clases. Pero, aunque mejore mi educación,

no puedo deshacerme de mi historia.

Blanca, temo que me reconozcan.

Mira, yo sé que todo esto es muy difícil de sobrellevar,

y te lo digo por experiencia, pero seguro que la gente se olvidará.

Hasta que encuentren a una nueva víctima que criticar.

Esto es así.

¿Y si un día avergüenzan a Rodolfo públicamente por mi culpa?

¿Y si él pierde la paciencia o deja de amarme?

Amalia, nunca en mi vida había visto a Rodolfo

que ere a alguien como te quiere a ti.

Ah... ¿Eso crees?

(SUSPIRA)

Bueno, ¿qué tal con Tristán?

Pues bien, bien.

Lleva unos cuantos días un poco ausente, pero bien.

¿Pero y no has probado a hablar con él

o preguntarle qué le pasa? Sí, sí que lo he probado.

Pero, no sé, creo que me está ocultando algo.

Bueno, puede que Tristán solamente esté un poco inquieto.

Ha tenido muchos cambios últimamente y en poco tiempo y...

Bueno, puede ser que sí o puede ser que no.

Pero mi intuición no suele fallarme.

Y, si se arrepiente de haberse convertido.

Ay...

(Se oyen pasos acercándose)

Disculpen, señoras. ¿Desean algo más?

Ah, no. Muchas gracias. Con permiso.

Estoy desesperada, doctor.

Si descubren que no estoy embarazada,

me condenarán a muerte. Se podrá recurrir la sentencia.

La razón por la que me conceden el indulto

es porque se supone que espero un hijo.

Si no, ya me habrían ejecutado.

Es imposible que un médico no descubra que no está encinta.

Si miente, agravará su situación. No puede mentirle a un juez.

Estoy condenada a muerte, ¿qué puede empeorar mi situación?

Ayúdeme, por favor. ¿Cómo quiere que la ayude, Úrsula?

Necesito que... que firme un informe médico confirmando

que... que sigo embarazada y que todo progresa adecuadamente.

Me está pidiendo que mienta.

Le pido que salve mi vida.

Es eso lo que hacen los médicos, salvar vidas.

Escúcheme. Ya he pasado por esto.

Y, créame, nunca sale bien. Pretende que mintamos a un juez,

¿pero no se ha parado a pensar

en las posibilidades de que nos descubran?

Doctor, por favor.

Mi vida está en sus manos.

(Se oyen pasos acercándose)

Federico, lamento molestarte en el trabajo,

pero necesito hablar con alguien. -No, no pasa nada.

Espero un informe que debería haber llegado ayer.

¡A este paso va a llegar la semana que viene!

¿De verdad no molesto? -No, no, no, siéntate, por favor.

Cuéntame, ¿qué ha pasado con Cata?

Ah, ¿tan obvio es que vengo a hablar de ella?

Me acerqué a la tienda para que me explicara

una razón de por qué había roto conmigo de repente.

-¿Y cuál fue su reacción? -En vez de darme una razón,

simplemente esquivó mis preguntas.

Bueno, a lo mejor no quería hablar del tema.

Tenías que haberla visto, Federico,

te digo que hay algo más, algo que no me cuenta.

Quizá para ella sea menos doloroso romper drásticamente

que seguir siendo amigas.

Tenías que haberla visto, Federico,

te digo que hay algo más, algo que se me escapa.

Celia, los dos hemos pasado por descubrir nuestra naturaleza

y sabemos que no es fácil.

Entiendo que pueda haber gente que prefiera mirar hacia otro lado,

o negar la evidencia. -Sí, lo sé.

Y había tenido sentido hace unos días,

pero no ahora, no después de todo lo que hemos pasado.

¿Y qué harás? ¿Volverás a hablar con ella?

No creo que insistir sea bueno. -No puedo quedarme sin saber.

-Presionándola no conseguirás nada. -¿Y qué hago?

Esperar a que quiera sincerarse contigo.

¿Esperar de brazos cruzados sin hacer nada?

¿Y si tiene un problema y necesita ayuda?

Si es así, acudirá a ti. Aguarda, no la atosigues.

No, no puedo esperar, Federico. Más bien, no quiero.

Y, si no es mucho pedir, ¿podrías seguirla?

Así, si está metida en un apuro, lo sabremos.

-Celia... -¿Qué? Lo sé.

Pero su actitud me tiene muy intranquila.

No puedo utilizar mi tiempo en un asunto personal.

Solo puedo seguir a sospechosos y, que yo sepa,

Cata no ha cometido un delito, solo ha roto contigo

Está bien, si no puedes hacerlo tú, ya lo haré yo.

¿No te parece que estás siendo un poco infantil?

No, mi intuición me dice que hay algo raro,

algo que no me cuenta. -Asume que no quiere verte.

Lo asumiré cuando sepa toda la verdad, hasta lo que me oculta.

Seguir a Cata es la única forma de averiguarlo.

-¿Estás decidida? -Sí.

Bueno, pues lo único que me queda

es pedirte que tengas muchísimo cuidado.

¡Oh!

-Era monísima. -¿Qué tal? ¿Cómo ha ido?

Nuestra visita al hospicio ha sido estupenda.

Ah, ¿habéis conocido a vuestro futuro retoño?

(AMBOS) ¡Sí!

Ha sido un flechazo.

Es verdad, en cuanto hemos entrado, los dos la hemos visto.

Y ella nos ha visto a nosotros.

Es monísima, tendrá dos añitos.

Tan cariñosa... se ha puesto a llorar cuando nos íbamos.

-Ay, qué rica. -Sí, es morena, de ojos grandes.

-Sí. -Se podría decirse que parece a ti.

-O a ti. (RÍEN)

Me la imagino correteando por aquí y estoy encantado de la ilusión.

Yo también. Acoger a una niña en nuestro hogar que nos...

(AMBOS) Necesita.

Estamos tan compenetrados que nos acabamos las frases.

-Somos un matrimonio unido. -Me alegro.

¿Y ahora qué debéis hacer?

Pues el proceso es largo y complicado,

pero estoy seguro que Elisa,

que es una mujer de muchos recursos,

sabrá cómo podremos agilizarlo.

Claro, Elisa es capaz de cualquier cosa.

Deberíamos hablar con las hermanas para saber los procesos a seguir.

-Ajá. -Por supuesto. Espero que imaginéis

que adoptar a una criatura es una gran responsabilidad.

Claro que sí, pero estamos preparados.

Y eso es lo que más nos ha unido.

Una prima mía también adoptó a una niña

y las religiosas no se lo pudieron nada fácil.

-¿Por qué? -Bueno, tenían que cumplir

muchos requisitos y tardaron mucho en dársela.

Bueno, a veces la amabilidad y la persuasión hacen milagros.

Sí. Y Elisa sabe muy bien cómo.

Ya, yo solo digo que en el hospicio no ponen las cosas fáciles.

Y es natural, son niños que vienen de sufrir mucho

y las hermanas desean buscarles sitios donde sean muy felices.

-Claro. -Y donde... no haya conflictos.

Quizá tu prima no les causó buena impresión.

Pero con nosotros están encantados.

Han dicho que somos la pareja perfecta para la adopción.

Ah, me alegro, me alegro.

Hablaré con mi abogado para que prepare la documentación.

Perfecto.

(RÍE)

¡Mira que eres mezquina!

Adoptar a una pobre criatura solo para ganar tus batallas.

Bueno, Sofía, yo diría que tú eres peor.

No hay nadie peor que tú.

Yo no perdería el tiempo, asumiría que he perdido

y empezaría hacer las maletas.

Ya, pero Ciro le prometió a Carlos que estaríais siempre conmigo

y que no podíais... -Sofía, ya has oído a Ciro.

Este es un hogar para una familia, tú aquí sobras.

Salvador, ¿me puedo sentar un momento aquí contigo?

Sí, sí, por favor, siéntate. ¿Te interrumpo?

Es un asunto de trabajo, puede esperar. No te preocupes.

Disculpe, un café con leche, por favor.

¿Cómo estás? Bueno.

Haciéndome a esta nueva situación.

Imagino que no tiene que ser nada fácil.

No, no lo es. Echo mucho de menos a las niñas.

Y ellas te echan mucho de menos a ti. Y no solo ellas.

Si no te importa, prefiero no hablar de Diana.

Lo entiendo, pero... ¿Te envía a hablar conmigo?

Gracias. Por supuesto que no. Pero me parte el alma verla así.

Siento que estos conflictos te aflijan, pero es cosa nuestra.

Tenéis un maravilloso matrimonio, es una pena echarlo a perder

por cabezonería y por orgullo. Es algo más complicado que eso.

Mi hermana Diana tiene un carácter muy difícil.

¿Difícil? Vaya, bonito eufemismo.

Y que siempre le ha gustado salirse con la suya,

desde que era muy pequeña. Y lo ha perfeccionado con los años.

Y también sabes que, detrás de esa tozudez,

hay un corazón enorme y que te quiere muchísimo.

Pues menuda forma peculiar de demostrarlo.

Ella te necesita a su lado. Y tú la necesitas a ella.

Y las niñas os necesitan juntos.

Las niñas no tienen culpa de nada.

Pero tampoco puedo regresar, si ella sigue tratándome así.

¿De verdad crees que la culpa de todo esto

solo la tiene mi hermana? Claro que no.

¿Acaso harías las cosas de manera distintas,

si pudieras volver a empezar desde el principio?

Evidentemente... Mi hermana también.

Por eso, creo que tenéis que daros una segunda oportunidad,

porque los dos lo estáis deseando.

Escúchame. Te doy la razón en todo,

pero hay algo fundamental que no sabes.

No puedo volver con Diana porque no confía en mí.

Sé que el asunto de Benito es desafortunado.

¿Cómo puedo creer que yo le di una paliza a ese rufián?

Diana es la persona que más me conoce.

Ella lo lamenta muchísimo.

No es suficiente con lamentarlo. Salvador, está destrozada.

Y a mí me duele mucho veros así.

Antepone la palabra de los demás a la mía.

¿Tú crees que eso es propio de un matrimonio que se quiere?

Blanca, lo siento, pero Diana no confía en mí.

Y yo, después de este lamentable episodio, tampoco confío en ella.

No está en la casa.

Ya te lo he dicho.

Benito dijo que llegaría a última hora.

¿Te lo has pensado mejor?

-Eres tú el que tiene dudas, no yo. -Como para no tenerlas.

Matar a Benito y hacer que Salvador parezca

el responsable de su muerte, tal vez, sea demasiado.

Nada es demasiado cuando se trata de hacer sufrir a las Silva.

Es un poco tarde para andarse con remilgos.

Ya le he puesto un señuelo a Salvador.

¿Ya? ¿Cómo que ya? ¿Sin decirme nada?

Te lo estoy diciendo ahora, Luis.

Y no hay un minuto que perder. Hay que planearlo todo ya,

si queremos que sea perfecto.

Está bien, está bien.

¿Qué tengo que hacer? -Le dirás a Benito que vaya

a la fábrica a robar unos documentos,

algo que necesitamos para hacer daño a Salvador.

No sé, invéntate lo que sea.

-¿Y qué más? -Al mismo tiempo,

citaremos a Salvador en la fábrica, pero un poco más tarde.

De acuerdo. ¿Pero cómo lo haremos?

La parte que te corresponde, es sencilla.

Cuando Benito llegue a la fábrica,

no se encontrará con Salvador, sino contigo.

Espera. ¿Eso quiere decir

que tengo que ser yo...? -Sí.

Tienes que matarle.

(SUSPIRA)

Marina, Benito es solo un muchacho.

Tiene toda la vida por delante. -Pero si no le soportas.

Cada día que pasa bajo nuestro techo,

siempre te quejas de su insolencia. -Es verdad.

Es un inútil y un desagradecido.

Pero no es razón suficiente para matar a nadie.

Por favor, Luis, mírame.

Benito, un día, puede intentar defenderse y hacerme daño.

Tú no querrás eso, ¿verdad?

No. Tienes razón.

Bien.

Pues sigamos con la segunda parte del plan.

Hay que dejar pruebas en casa de Salvador.

¿Dónde? ¿En casa de las Silva

o donde vive ahora? En ninguna será fácil.

Si no es en su casa, será en su coche, Luis.

Pero, por favor, invéntate algo.

Deja de poner pegas. -Está bien.

Vamos, alegra esa cara.

Esta será la venganza que tanto tiempo llevamos esperando.

Desde luego. Le arruinaremos la vida a Salvador

y a Diana con él, pero...

no puedo evitar sentir lástima por Benito.

A mí tampoco me gusta la idea de que muera.

Pero hay que elegir.

¿Qué es más importante?

¿Ese muchacho o conseguir nuestro objetivo?

Doctor, gracias por haber venido. Es muy amable de su parte.

Pero mi mujer acaba de acostarse. Está descansando.

Pues, entonces, no se preocupe. Volveré en otro momento.

Buenos días, doctor. Buenos días.

¿Cómo se encuentra? Muy bien. Mucho mejor. Gracias.

Me alegro. Úrsula me ha contado

que le diagnosticó una pequeña infección.

Sí. Le dije que guardara reposo y me alegro de que me haga caso.

Bueno, ya que la examinó, ¿cómo va el embarazo?

Bien. Bien. Sin incidencias. Todo normal.

Qué alivio. Después de tantas molestias

como ha tenido, empezaba a preocuparme.

Ya. La molestia de Úrsula se debía a la infección.

En dos o tres días, estará completamente recuperada.

Supongo que es normal, en caso de padres primerizos, ¿no?

Siempre temiendo lo peor.

Llegué a pensar que la vida de mi hijo corría peligro.

Es normal alarmarse. En caso de un padre primerizo, más aún.

Doctor, yo no quisiera poner en duda su palabra,

Dios me libre, que sabe que yo no le aprecio mucho,

le aprecio muchísimo.

Es que a mi nuera la veo muy desmejorada.

Se debe a una infección. Eso es todo.

En mi embarazo, no tuve infección ninguna.

Estaba radiante. No he tenido el pelo y la piel mejor

en toda mi vida. -Que su embarazo fuera

de una manera, no significa que todos sean de la misma.

-Bueno. -Parece mentira que le tenga

que recordar el infierno por el que ha pasado Úrsula.

Gabriel tiene razón. No se preocupen más.

En unos días, estará mejor. Claro que sí. Por supuesto.

Si yo no pongo en duda su palabra. Vamos, Dios me libre.

Confío plenamente en usted. Usted es una eminencia.

Me ha salvado la vida. Y recuerde que...

Sí. Que tengo que descansar. Lo sé.

No hago otra cosa que dormir. ¿A que sí, Gabriel?

Sí. Bueno, vendré en otro momento

a ver a su mujer. Gracias, doctor. Le acompaño.

Adiós. Adiós.

Tendría que haber visto la cara

que se le puso a Sofía cuando se enteró

de lo del hospicio. Estaba verde.

Y, entonces, ¿han visto algún niño?

Hay una niña ideal para nosotros. Además, es muy práctico,

porque tiene dos años y así te quitas

la fase en la que solo saben llorar.

¿Y Sofía, ha dicho cuándo se va?

No, mejor aún. Hemos dejado entrever

que ahora que vamos a formar una familia,

no hay espacio en la casa para más intrusos.

-Son noticias excelentes. -Ya lo creo.

Querida, ¿se encuentra bien?

Sí. Bueno, me duele un poco la cabeza.

Lo cierto es que estoy algo destemplada.

¿Quiere que le pida una infusión?

No. No es nada.

Quería quedar con usted para decirle

que todos sus consejos me han sido muy útiles.

-Entonces, ¿le han servido? -Ya lo creo.

En realidad, esa táctica la había usado antes

con mis hermanas y con mi padre.

Yo fingía ser una niña encantadora y pedía unas monedas

para un vestido o unos zapatos.

(CON VOZ DULCE) "Papá, de verdad, lo necesito".

Pero no se trata solo de eso.

Ya. Ya me he dado cuenta.

Se trata de hacer ver a los demás que tú eres

como ellos querrían que fueras.

Los hombres son tan simples. Es increíble

que gobiernen el mundo. -Pues sí.

Cuando Ciro se dio cuenta de que iba en serio

con lo de formar una familia, se volvió loco.

Está casi más enamorado que el primer día.

Me alegro mucho, niña.

Ya se ha olvidado de la promesa que le hizo a Carlos.

Así que todo es perfecto.

Ahora tiene que seguir fingiendo ese carácter sumiso.

¿Todavía?

Cándida, es agotador ser amable todo el tiempo.

Ya. Ya sé cómo se siente. Pero hasta que su amiga

no se haya ido de casa, no habrá ganado la guerra.

Tiene razón.

Seguro que está rabiosa y la provoca, pero no escuche.

Usted compórtese como un ángel.

Así lo haré.

Gracias, Cándida. Todos sus consejos son útiles.

Me apetece más café.

¿Quiere otro y así charlamos un rato más?

Pues lo cierto es que estoy...

algo destemplada y no me encuentro bien.

Igual, sería mejor que fuera a casa a descansar.

Yo creo que tiene fiebre.

Mejor, la acompaño a casa. Vamos.

No. Pago yo. En agradecimiento.

Gracias.

Diana.

Estos ya le están pequeños a Elisa.

Qué rápido crecen.

¿Has hablado con Salvador? Sí. He hablado con él.

Deduzco que no traes buenas noticias.

Le he dicho que tenía que volver a casa,

que su sitio está aquí, contigo y con las niñas

y que no tenía ningún sentido que lo echara todo a perder

por una simple discusión, pero... ¿Pero?

Dice que ya no puede volver a confiar en ti.

Es normal que reaccione así.

Ya te dije que esta pelea no era una más.

Sí. Pero pensé que me escucharía o que se lo pensaría,

pero no han servido de nada mis argumentos.

¿No va a darme otra oportunidad?

Ay, Diana, parece muy decidido.

No quiero ni pensarlo.

Yo tampoco quiero decirlo en voz alta,

pero no quiero darte falsas esperanzas

y, sobre todo, no quiero hacerte daño.

Hemos pasado por tantos problemas, por tantas discusiones.

Incluso le perdoné una infidelidad. Ya lo sé.

Pensé que nada podría con nosotros. Y ya ves.

Es normal que estés muy triste.

Estoy decepcionada.

No le reconozco. Eres muy fuerte, Diana.

Ya verás cómo esto también lo superarás.

¿A qué te refieres con esto?

¿A que nos vamos a reconciliar?

¿O a que debo superar la ruptura de mi matrimonio?

Diana, ya sé que esto es muy grave

y te lo digo por experiencia.

Pero no tiene ningún sentido seguir luchando

por una batalla que está perdida.

Salvador es el único hombre al que he querido.

No me imagino mi vida sin él.

Ya lo sé. Pero te vas a sobreponer. Y tienes a tus hermanas.

Y, sobre todo, tienes que pensar en las niñas.

(Llaman a la puerta)

Señoras, disculpen. Acaba de llegar su hermana Elisa.

Tiene fiebre y me parece que está muy débil.

Creo que el doctor Loygorri debería verla cuanto antes.

Vamos.

¿Qué tal ha ido el día?

-Bien. -¿Mucho trabajo en la tienda?

Lo normal.

-¿Qué te pasa? -Nada.

Cata, eres mi novia y lo suyo es que me digas

qué tal te ha ido el día.

Es que no me apetece contarte nada.

¿Qué mosca te ha picado?

No somos novios, ni siquiera, amigos.

Solo estoy aquí porque me obligas.

Así que hagamos lo que tengamos que hacer.

Espera.

Me gustaría que, de ahora en adelante,

nuestras citas fueran un poco más románticas.

¿Románticas?

Sí.

Es que yo, en el fondo, soy un sentimental, ¿sabes?

Te haces la dura conmigo, pero yo sé que esto te gusta.

¿Qué hace usted aquí? Fuera.

Estamos ocupados, ¿no lo estás viendo? Fuera.

Podrías habérmelo dicho. No lo sabía.

Pues se va haciendo a la idea, pero en la calle. Aire.

Espero que no tengas nada

que ver con esto. -Por supuesto que no.

Ya.

No sé por qué ha venido. Te lo juro.

Doctor, ¿qué le sucede?

Pues... tiene paperas.

A eso se debe la fiebre y el cansancio.

¿Y es grave?

Bueno, no es muy preocupante, pero han de ser cuidadosos.

Las paperas son contagiosas. Tomaremos precauciones.

Lo más probable es que a Elisa le transmitiera la enfermedad

uno de los niños del hospicio. ¿Usted pasó las paperas?

Sí. Gracias a Dios, las pasé.

Así que puedo quedarme a su cuidado.

Bien. Pues ya sabe, la higiene a rajatabla.

Perdón. Es que hay un problema.

Estamos conviviendo en casa con Leandro,

el hijo de Sofía y Carlos.

Eso lo cambia todo. Los críos son muy vulnerables

y una enfermedad como las paperas, puede ser grave.

Díganos qué tenemos que hacer.

Elisa tiene que estar aislada.

Nadie que no pasase la enfermedad, puede estar con ella.

De acuerdo. En unos días, se recuperará

y podrá hacer vida normal.

Asegúrese de que está recuperada, antes de hacer vida social.

Espere. ¿Cómo? Solo serán unos días.

Yo vendré a verte a diario y aquí te cuidarán de maravilla.

¿Me tengo que quedar aquí? Sí. Sí, es lo mejor.

¿Y quién se va a quedar contigo?

Pues Sofía y Leandro. ¿Quién si no?

Ya. Pero es que eso no fue lo que hablamos.

Ya lo sé, mi amor, pero ahora

la situación es distinta. Solo serán unos días.

¿Y Eugenia y Elisa? Ellas también son niñas.

Se podrían contagiar. Por eso, no te preocupes.

Las niñas ya han pasado la enfermedad.

Menos mal. Mejor que aquí,

no vas a estar en ningún sitio.

Mañana pasaré a verte. Que pase un buen día.

No te preocupes. Aquí vas a estar

muy bien atendida y no te va a faltar de nada.

¿No te puedes quedar más? -Sabes que me gustaría,

pero no puedo. -Cinco minutitos.

-Que no puedo. -Dos minutos.

-¡Que no puedo llegar tarde! -¡Uno, pequeñito!

Rosalía es más peligrosa que un comandante.

Y me lo echan en cara. Menuda está Merceditas.

Que si tiene más experiencia que yo, plancha mejor,

cocina mejor. -No le hagas caso.

Dentro de poco, seremos muy felices.

No sé de dónde le salen los aires de señora.

Viene de un pueblo, rodeada de gorrinos.

-Tú también. -Pero no me las doy de aires

de gran señora de nada. ¡Quita!

Yo no quiero ser lo que no soy. Soy más de pueblo que las amapolas.

¿Y qué? -Nada. Pero no creo

que Merceditas se las quiera dar de más ante ti. No es su estilo.

Tú no estás en casa, no la ves pavoneándose.

No calla ni bajo el agua. -Sí. Le gusta poco hablar.

Pero no tiene mal fondo. -Estoy soñando el día que llegue

que le digas que me has escogido a mí

y refregárselo por la cara, de engreída que es.

Que tú y yo nos vamos a ir para empezar una vida nueva.

No hace falta que seas tan dura con ella.

Me da igual. Estoy deseando dejar de verle la cara,

escuchar esa voz de pito,

todo el día hablando. -Por favor.

Es la madre de mi hija. Solo por eso, se merece respeto.

Pues empezaré a respetarla cuando ella me respete a mí.

Venga, Elpidia. No me gusta que te pongas así.

-¿Pero tú de qué parte estás? -De la tuya, mujer.

Pero tampoco me gusta que os llevéis mal.

Si te parece, vamos a misa juntas.

Queremos al mismo hombre y trabajamos codo con codo.

Bien. No seréis las mejores amigas.

Pero podéis dejar de criticaros la una a la otra.

Milagro sería.

No, espera. No puedes marcharte así, enfadada.

Tengo una sorpresa para ti. -¿Una sorpresa?

Sí. Pero me tienes que esperar aquí,

tranquilita. -Bueno, date prisa.

¡Merce...! ¡Merceditas!

Merceditas, qué sorpresa.

-¿Dónde te habías metido? -En... en...

En el camerino estaba limpiando el polvo.

¿Y cómo tienes esto desatendido tanto rato?

Porque he entrado yo, pero si le da por entrar

a un desaprensivo y robar la caja...

Ya, pero con doña Antonia enferma,

tengo que hacerlo yo todo y no me da tiempo.

Pues madrugas más y no tienes el bar medio abandonado.

Claro. Mira, yo es que tengo faena.

Tengo que seguir barriendo, porque si no,

no me acuerdo qué rincones he limpiado. ¿Querías algo?

Sí. Un vaso de leche.

Ajá. Un vaso de leche. Bien.

¿Y no habrás visto a Elpidia por aquí?

¿Por qué?

Porque ha salido hace un rato de casa

a hacer un recado y todavía no ha vuelto.

A saber dónde se ha entretenido esta vez.

Le habrá surgido algún contratiempo.

Ah, algún contratiempo, dices.

Esa mujer es una holgazana.

Mira. A mí no me gusta hablar de nadie, eh.

Pero ella busca cualquier excusa para no hacer su trabajo.

Y, al final, lo tengo que hacer yo. -Ya.

Y la plancha. ¡Huy, la plancha!

La ropa queda más arrugada que antes de ser planchada.

Pero no le des más vueltas.

Seguro que vuelve para casa pronto.

¿No te acabas la leche? Es que tengo mucha faena.

Tengo que barrer el camerino.

¿Me estás echando? No, por favor, no, no, no.

A ver, si estás... si la escoba está ahí,

¿con qué barres el camerino?

Con... con otra, con otra vieja que barre peor

y por eso he venido a cogerla, ¿sabes?, esta

y, ahora, voy y ya vengo.

Un anillo.

¿Esta es mi sorpresa, una escoba? No, no, no.

Mira, llevo mucho tiempo esperando, Raimundo, me voy.

No, espera, no puedes, Merceditas está ahí fuera.

Pues, es tardísimo, me caerá la del pulpo.

Espera un poco, que yo haga que se vaya, ¿eh?

Venga, deshazte de ella o salgo y no respondo.

Sí.

Un anillo.

Ya estoy aquí. ¿Ya has terminado?

No, no... eh... jabón.

Ay, jabón, primero barrer y, luego, fregar, Raimundo.

Sí, si ya sé cómo se hace, ya lo sé.

Anda, trae, déjame la escoba y el jabón y lo hago yo.

Que no, por favor, si ya friegas suficiente

en casa Silva, no vas a fregar aquí.

Déjate de chiquilladas y trae. Que no, ¿sabes lo humillante

que sería para mí que fregaras aquí?

Como quieras, pero, por favor, primero barrer y luego, fregar.

Que sé, perfectamente, cómo se hace.

Muy bien, ya acabaste la leche. Pero, ¿qué prisa tienes?

¿Yo?, ninguna. Pues, si tantas ganas tienes

de perderme de vista, ya me voy.

No, no, no.

Merceditas, ¿cómo voy a querer perderte de vista, mujer?,

sabes que si por mí fuera estaría contigo

todos las horas del día y todos los días de la semana.

Ale, a más ver.

¿Ya se ha ido?

¿Y a ti qué te costaba esperar

a que te fuera a avisar?, casi os cruzáis.

Es que me tengo que ir, ¿y mi sorpresa?

Tu sorpresa. Anda y déjalo, Raimundo,

ya me lo das otro día.

¿No me das un beso de despedida?

No.

Gracias por acudir tan rápido a nuestra llamada,

mi mujer tenía algunas dudas.

Siéntese, por favor.

No, no se levante, Úrsula.

¿Cómo se encuentra?

Bien, gracias.

En realidad, le he hecho venir porque quiero pedirle algo.

Ustedes dirán.

Me gustaría que fuera don Cristóbal quien hiciera

el informe para el juez

para la petición del indulto, ya sabe.

Pensé que preguntarías algún detalle sobre el procedimiento.

¿Por qué tiene ese interés?

Bueno, es el médico en quien más confío.

Es lógico, pero, los tribunales

eligieron ya un médico para que la examine

y me temo que su decisión es inapelable.

¿Y no se les puede pedir un cambio?

No, eso se saldría de la norma.

De todas maneras, cualquier médico serviría

para certificar su embarazo, ¿no les parece?

Desde luego. Le harán una mínima exploración

para redactar un informe, confirmarán su estado

de buena esperanza y listo.

Ya, pero, entiéndame, Tristán, temo ese examen,

he tenido molestias durante el embarazo y, ahora,

tengo una pequeña infección.

No se preocupe, hablaré con el médico en cuestión,

le diré que extreme sus precauciones.

¿Pero, no puede intentarlo al menos?,

me sentiría más cómoda si me examinara don Cristóbal.

Además, hablé con él y está de acuerdo.

Como le digo, los tribunales son poco dados a hacer cambios.

Pero, no puede saber que se negará si ni siquiera lo intenta.

Cariño, ¿crees que...? Es que no entiendo

por qué no me podéis poner las cosas fáciles.

Verá, puedo procesar esa petición, pero, eso conlleva un sinfín

de trámites burocráticos

con los que lo único que conseguirá es retrasarlo todo.

Tristán sabe de lo que habla,

cuanto antes consigamos el indulto, mejor.

¿Tan importante es el médico para el examen?

Tristán, inténtelo y si tiene que hacer

más papeleo, hágalo, que para eso le pagamos un buen dinero.

Úrsula. Gabriel, en mi estado

y afrontando la situación en la que me encuentro,

qué menos que me examine un médico del que confíe.

Tristán, por favor, inténtelo.

Como ustedes quieran,

pero, no se lleven a engaño, el juez ya ha elegido.

Haga lo que pueda.

Está bien, iniciaré los trámites.

Por suerte, ya pasé las paperas, pero, el doctor nos dijo

que no permitamos que el niño se exponga,

así que Elisa se recuperará en casa de sus hermanas.

Yo, claro que iré a visitarla todos los días.

¿Crees que los cuidados de Elisa te dejarán tiempo para trabajar?

Sin duda, ¿por qué lo dices?

Ha aparecido un posible y misterioso cliente

que quiere adquirir varios de nuestros coches

por eso retrasé el viaje. Eso son noticias estupendas,

¿por qué dices misterioso?

Quiere confidencialidad y está obsesionado

con que no se sepa su nombre.

Vaya. Y cuando acabe el negocio

quiere que devuelva todas las cartas.

¿Para qué quieres que se las devuelvas?

Para no dejar pruebas de la negociación.

Pues, al devolvérselas le verás en persona

y comprenderás todo este secretismo.

Negativo, quiere que se las reenvíe

a una dirección postal

y que no hable de la correspondencia que tenemos.

¿Así que nunca lo verás en persona?

¿Y si no le haces caso?

Ya no hará negocios con nosotros.

Qué extraño todo,

quizá no haya sido buena idea retrasar tu viaje

por algo tan sospechoso,

¿no piensas que pueda ser una estafa?

Creo que es alguien con mucho dinero

que quiere mantener el anonimato o, más sencillo,

alguien que no quiere que su familia sepa

que se gasta mucho dinero en coches.

Entonces, ¿piensas seguir sus instrucciones?

Al pie de la letra, no pierdo nada.

Tú sabrás, tienes más experiencia que yo,

aunque me parezca todo un poco raro.

Iré alerta, no te preocupes.

Ojalá me equivoque. Eso espero.

Es muy difícil vender un coche deportivo

imagínate encontrar con alguien que quiera hacerse con varios.

Cierto, habrá que darle una oportunidad.

Brindemos por un negocio redondo.

Podéis estar tranquilos,

tu prometida está estupendamente, hermano.

¿Lo ves, Rodolfo?, ya puedes cambiar esa cara.

¿Estás seguro? Sí, está como un roble.

Ya te dije que solo fue un mareo

y que no tenías que preocuparte tanto.

Pero, podrías hacerle una prueba más y quedarnos todos tranquilos.

Yo estoy tranquila. Pero, está bien revisar todo, ¿no?

Yo no lo veo necesario,

pero, si te empeña y a Amalia no le importa.

Es que a qué se debió ese mareo, yo no los tengo,

si pasan, será por algo, ¿no?

Habrá sido una simple bajada de tensión,

no hay que preocuparse por nada.

Claro, me encuentro de maravilla, cariño, tienes que creerme.

Está bien, no insistiré más. En ese caso, os dejo.

Me voy, se me hace tarde, buenas noches, familia.

Buenas noches, Cristóbal.

Me había asustado.

Bueno, eso es porque te preocupas por mí y me gusta,

pero, estoy bien, de verdad. De acuerdo.

Además, mañana tenemos un compromiso importante

y te necesito radiante.

¿Qué compromiso?

Federico Sotomayor, el parlamentario,

organizó una fiesta y tuvo el gesto de invitarnos.

Bueno, la verdad, es que me encuentro bien,

pero, quizá sería mejor que descansara un poco, ¿no?

Amalia, será solo un rato.

Vamos, hablo con él un momento, con el resto de los políticos

que habrá allí y nos volvemos a casa.

me encuentro un poco cansada,

de hecho, quizás será mejor que me vaya a dormir.

Vete tú a saber cómo estoy mañana para ir a esa fiesta.

Amalia, te pido que lo intentes, por favor.

No sabía que erais tan amigos el tal Sotomayor y tú.

Y no lo somos, digamos que,

para mí, sería importante ir a esa fiesta.

Pero, ¿por qué?, me apetecía más ir solos a cenar

tú y yo, sería más agradable.

Estoy convencido de ello, pero, es que, verás,

estoy dándole vueltas a la cabeza a volver a la política,

poco a poco, por eso es importante dejarse ver

y retomar viejos contactos.

Pero, tu experiencia como congresista no fue bien,

¿para qué repetir, para qué intentarlo otra vez?

Es solo una idea, seguramente, al final no haga nada,

pero, es importante que me vean en según qué círculos.

Mira, posiblemente,

encuentre futuros clientes para Tejidos Silva.

Entonces, no me necesitas para nada.

Sí te necesito, Amalia, escucha,

quiero que ingreses en la Orden de San Juan.

¿Y qué se me ha perdido a mí allí?

Es un selecto club de mujeres

de algunos de los políticos más importantes.

Amalia,

estoy intentando recuperar mi antiguo estatus.

Es importante para mí.

Bueno, si me encuentro bien, iré.

Gracias. Voy a ver cómo está Dolores.

Bien.

¿Y esto?

No sé, se le habrá caído a Cristóbal.

Mañana se la daré.

(Pasos acercándose)

Buenas noches,

me han dicho que llevas aquí toda la tarde.

Sí, no he tenido un buen día.

¿Cómo está Elisa?

Enferma, febril, quejándose,

tiene frío, luego, Rosalía le pone una manta y tiene calor.

¿Qué haces?

Escribir.

¿Un artículo? NO, una novela.

Una novela, ni más ni menos.

Sí, siempre quise escribir una y creo que estoy preparada.

Tu cara no corresponde con lo contenta

que te pones cuando escribes.

¿Qué te pasa?

De verdad, Diana, no quiero meterte en mis problemas,

suficiente tienes ya con lo que vives con Salvador.

Mi situación no empeorará por saber qué te pasa,

además, no me pienso mover de aquí hasta que me lo cuentes.

Hace días que Cata se comporta de forma extraña conmigo,

no sé, me rehúye y sé que me oculta algo.

Así que, supongo que no debía hacerlo,

pero, esta tarde me decidí a seguirla.

Bueno, estabas preocupada.

Esperé que saliera de la tienda para ver dónde iba.

¿Y?

La seguí hasta su casa de huéspedes donde ella vive.

Esperé abajo, pero, como no ganaba nada, decidí subir

y, quizá, eso tampoco debí hacerlo.

¿Y qué pasó?

Vi a Cata

con Benito.

Bueno, se conocen desde hace tiempo, ¿no?

Se estaban besando, Diana.

Lo siento.

Es que no lo entiendo.

Fue ella quien decidió dejarle,

fue ella quien me buscó y se quejaba de la insistencia

de Benito y, ahora, ¿esto?

Me gustaría poder ayudarte, pero...

Es que no entiendo cómo no me dijo

que prefería estar con él que conmigo.

Quizás, ella no estaba preparada.

Recuerda que para ti, tampoco, fue fácil al principio.

Sí, y entendería que no quisiera hacerme daño.

Lo que no entiendo de esto es su actitud,

este cambio de opinión

porque no se deja de querer a una persona de un día para otro.

¿No?

"Si no deseas contestar a esta carta, entenderé

que decides seguir adelante con tu compromiso con Tristán

y olvidar lo que hubo entre nosotros.

Lo mismo que yo, también, traté de hacer

todo este tiempo sin éxito.

En cualquiera de los casos, te deseo lo mejor.

Siempre tuyo, Cristóbal".

¡María!

¿Desea algo el señor?

Sí, lleve esta carta al correo, inmediatamente.

Pero, ¿ahora mismo? Sí, ahora mismo.

Es muy tarde, señor,

podría llevarla mañana a primera hora.

María, ¿no me escucha?

Llévela ahora mismo, es muy importante que esa carta

llegue a su destinatario lo antes posible.

De acuerdo, ahora mismo, señor. Gracias.

Vengo a abusar, nuevamente, de su generosidad,

sé que sabrá ayudarme. Haré lo que pueda

y al alcance de su bolsillo.

Comprenderá que desde la última vez que la ayudé no me fie de usted.

Siento haberme marchado de la forma en que lo hice.

Dígame, qué quiere.

Necesito que me ayude a fugarme del país.

Prefiero que no nos veamos, será lo mejor para ambas.

Benito me está chantajeando.

¿Cómo?

Amenazó con airear nuestra relación.

Señora, ¿dónde va?

A mi casa.

Pero, ¿cómo se va a ir?, está enferma

y de algo muy contagioso.

Quédese en casa, aislada, para no contagiar a Leandro.

Es que lo que no es justo que yo me aísle y no ese crio.

El problema es que no se puede hacer nada

si Cata no cursa una denuncia contra él.

No lo hará. ¿Por qué no?

Saldría a la luz su orientación.

Entonces, no se puede hacer nada.

Algo habrá que se pueda hacer

y para empezar, ¿por qué no hablas con Benito?

¿Yo? Sí.

Tú eres policía,

amedréntale para que no vuelva a amenazar a Cata.

Como ya habrá llegado a sus oídos, mi matrimonio con Salvador

no está atravesando su mejor momento

por eso, me gustaría contar con la ayuda de un abogado

para que me asesore en determinados asuntos.

Le asesoraré en lo que necesite.

Temo que Salvador me pueda dar

una sorpresa y querría estar prevenida.

¿Puedo ayudarle en algo? No, gracias,

doña Rosalía ya fue a buscar a Blanca.

¿Blan...? Huy, pero, si tengo

una carta para la señorita Blanca que llegó a primera hora,

la trajo el cartero y no se la di, es del Sr. Loygorri.

Ya sé que estás inquieta, últimamente, por las noches

te oigo dar vueltas, levantarte, pasear por la casa.

Sé que la espera del indulto es muy angustiosa,

pero, tienes que ser fuerte

y tener fe y paciencia, ¿de acuerdo?

Es más fácil decirlo que ponerlo en práctica.

Cariño, ¿acaso hay algo más que te preocupe?

Sabes, de sobra, que puedes confiar en mí,

sea lo que sea.

¿Otra vez él?, ese cliente misterioso insiste mucho.

No entiendo a qué viene tanto secretismo,

por qué ocultar su nombre.

¿Y si se trata de un político de renombre, nuestro presidente?

O alguien de la nobleza.

"Querida Blanca, voy a escribirte en esta carta lo que ayer

no me atreví a decirte en persona".

Es muy importante que estés junto a mí,

mientras hablo de política con Sotomayor y los políticos,

tú departes con sus esposas.

Amalia, Amalia, ¿qué te pasa?

Mira, quiero que vengas conmigo, no hay más que hablar.

¿Y tiene que ser en la fiesta de ese señor donde me presentes

en sociedad como tu futura esposa? Sotomayor es un tipo

muy importante, lo sabes de sobra.

Ya, pero, preferiría no ir.

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Seis Hermanas - Capítulo 449

23 feb 2017

Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de 1920.SEIS HERMANAS (449)

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  1. Kamino del Mar Mulero

    Buenas tardes, quiero disculparme con la producción de Bambú y con los guionistas, les falte el respeto al decir palabras impropias, y enojarme con ustedes por la manera que llevaron la serie, me deje llevar , respeto su trabajo ha sido maravilloso, esos actores tan maravillosos, el equipo técnico, en fin todos, los personajes de Celia y Aurora, me hicieron revivir mi pasado y lo mucho que sufri cuando me di cuenta que era distinta, luchando con un padre militar y un marido maltratante, y al morir Aurora lo hice parte de mi, lograron que sintiera que todo era real que yo había perdido una vez más, espero acepten mis disculpas

    26 feb 2017
  2. Carmen

    La pareja de blanca y cristobal,es la mas guapa y atractiva q habia visto en mucho tiempo. Espero q acabe bien y juntarlos prontitooooo...

    25 feb 2017
  3. Paola

    Aburren, con tanta maldad, la gente de esa época era así ? Las personas buenas donde estaban ? Eran tan idiota," algo así como la princecita en el caso Nóos.¿...?

    23 feb 2017
  4. Emocionada

    Ya quiero ver el capitulo de mañana

    23 feb 2017
  5. Celia Martinez

    Sólo que veo a todas leguas que la cuestión de Religión es estricta de la época o es de tiempo atrás y se la llevaron a ese momento no lo sél hasta no vela puede ser. PEROOO en la ideología de género que manejan la han tomado de hoy 2017, le pusieron vestido de época y "ya esta" como que No Checa.. como que esta muy disparejo esos asuntos ¿o No?

    23 feb 2017
  6. Celia Martinez

    Buenísima Novela... tan buena que lloro y río y me alegro con ella.

    23 feb 2017