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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 364 - ver ahora
Transcripción completa

¡Alonso! Por Dios, dime cómo están.

(ALONSO) Están vivas.

Gracias a Dios. Están vivas.

Diana, escúchame bien, por favor.

Están vivas, pero graves.

Debes cuidar lo que haces,

porque tu imagen afecta a la mía y a la reina.

Se acabaron este tipo de comportamientos.

Pues si no vamos a vernos en hoteles elegantes

ni tampoco en mi pensión, ¿dónde nos vamos a ver?

Creo que tengo el lugar perfecto. No tiene muchos lujos,

pero no levantaremos sospechas de nadie.

Ciro ha cogido su petate y se ha ido.

¿Que se ha ido? ¿A una pensión?

¿A Valladolid? -No lo sé.

¿Cuántas veces se rieron a mi costa?

¿Por qué se iban a reír? -Elisa estuvo con otro hombre.

Estuvo conmigo antes de conocerte.

Pero en cuanto te vio, solo pensaba en ti.

Me voy a ir a Inglaterra a cuidar de Adela y de la niña.

Claro. Lo único que lamento,

es no poder acompañarte.

Marina ha despertado.

¿Y si te vienes conmigo a Inglaterra?

-¿Y Aurora? -Que se venga con nosotras.

-¿No te importaría? -Claro que no.

Voy a buscar billete para las tres.

Estaba en mi despacho y me disponía a marchar,

cuando, de pronto, sentí un mareo.

No recuerdo nada más, hasta despertar aquí.

Damián, piensa por un momento lo que estás diciendo.

Ya, ya sé que nos ayudaría.

Pero estoy casada contigo, ¿recuerdas?

Y eso sería bigamia. -No. No solo es un pecado mortal.

Podría ir a la cárcel.

Lo siento. -¿El qué?

No haber muerto. Porque eso es

lo que Celia y tú habríais deseado, ¿verdad?

¿Por qué has dicho que Celia y yo te queríamos muerta?

Las discusiones que hemos tenido,

los enfrentamientos en el hospital.

¡Ayúdenme, por favor! ¡Aparte!

¡Nooo!

Doctor, ¿qué le pasa? -Espere un momento.

¿Has conseguido los pasajes? -No.

Y eso que he estado toda la tarde de un lado para otro.

¿Tan difícil es conseguir un pasaje a Londres?

Ojalá fuese difícil. Pero es imposible.

(Sintonía)

No entiendo cómo puede estar tan tranquilo, tío.

No lo estaba. Pero lo que cuentas, me tranquiliza.

¿Qué? Marina ha vuelto en sí.

Eso ya lo sabía. Lo que no tenía ni idea,

es lo de la amnesia, que nos viene bien.

Recuerda que Aurora y yo no nos llevábamos bien con ella

y que teníamos desacuerdos constantes y eso es reciente.

No tanto como el secuestro

ni los días que la tuvimos encerrada.

Si fuese así, ya nos habría denunciado.

¿Y qué pasa si nos miente y sí que se acuerda?

-¿Y qué sentido tendría eso? -No lo sé.

Es lo que le parece a Aurora.

Aurora puede estar muy nerviosa.

Marina es retorcida, pero no tanto.

Estoy seguro que si se acordara de todo,

ya se lo habría contado a la policía.

Está bien. Pongamos que es así.

¿Qué pasa si termina recordando?

No sé lo que dice la medicina a este respecto.

¿Es posible que la amnesia desaparezca

y vuelvan todos los recuerdos?

Aurora dice que sí es posible.

Pero, también, que un recuerdo traumático se queda enterrado

en la memoria para siempre.

Confío en que la hayamos traumatizado hasta ese punto.

Por favor, no se comporte como una bestia.

Hablamos de algo grave y actúa como si le diera igual.

Claro que no. Incluso, llamé al abogado

para que tenga todo listo.

Aunque vosotras estáis en mejor posición para hacer algo.

¿Nosotras qué podemos hacer?

Aurora es la enfermera de Marina.

Si yo hubiese tenido la oportunidad de tenerla tan cerca,

no se hubiese despertado. -Eso ya lo hemos hablado.

-Aurora no es una asesina. -Es una pena. Pero ya es tarde.

Me conformo con que Aurora nos mantenga informados

sobre cualquier cambio en Marina.

¿Y yo qué puedo hacer?

Influir en la investigación del inspector Velasco.

¿Cómo voy a hacer tal cosa?

Eres su amiga, te respeta.

Incluso, comparte contigo mucho de sus hallazgos.

Eso era antes. Ahora ya no me deja meter la nariz en sus informes.

Tienes que conseguir que lo haga, que te escuche, que te consulte.

En tu mano está impedir que nos relacionen con el caso.

Incluso, desviar las sospechas hacia otro lado.

Si hago eso, se dará cuenta en un santiamén.

Velasco no es tonto y está obsesionado con este caso.

Celia, estamos al borde del abismo.

Puede que nuestras vidas dependan de ti.

Está bien. Haré lo que esté en mis manos.

¿Tenemos alguna noticia de cómo sigue Adela?

Celia, ¿qué haces aquí?

He venido a hablar con tu padre.

¿Y de qué estáis hablando?

¡Ay, don Alonso! Dichosos los ojos.

He venido a ver a mi sobrina Adela, pero no está. ¿Qué ha pasado?

¡Ay! No me digan ustedes... -Tranquila.

Justamente, el doctor Salgado me estaba contando.

Cuéntenos, doctor, por favor.

Señora, doña Adela tiene una serie de fracturas

y va a tener una recuperación dolorosa y lenta.

Pero eso no es lo más importante.

¿Qué es lo más importante?

La fractura de la base del cráneo,

en la columna, ha empeorado y tiene acumulación de pus.

Entonces, ¿le van a operar de eso?

No. No, porque está en un sitio muy delicado

y la intervención sería demasiado peligrosa.

Entonces, ¿qué se puede hacer?

Por lo pronto, vamos a esperar.

Hay veces que se reabsorbe solo. -¿Y si no?

Pues si no, tendríamos que asumir el riesgo de la cirugía.

¡Ay, Dios mío! Y todo por mi culpa. ¡Ay, Señor!

Adela se empeñó en acompañarme en mi operación

y, por eso, ha venido hasta aquí.

Adolfina, esto no es por su culpa.

Esto demuestra que Adela es extraordinaria.

Ay, ya. Pero si no hubiera sido por mí,

ella estaría ahora tranquilamente,

jugando en casa con... con su niña.

¡Ay! ¿Y la niña? ¿Dónde está la niña?

Tranquila, que se la llevaron a un hospital infantil.

-¿Por qué? -Sus pulmones estaban afectados.

-No. ¡Ay, por Dios! -La niña está grave,

pero se va a recuperar. Hay que tener confianza.

Pero pobrecita, sin su madre y sola en un hospital,

con gente que no habla ni siquiera su idioma.

Afortunadamente, la niña está en un hospital

donde hay unas monjas españolas, ursulinas,

que se están haciendo cargo de ella.

Sí, pero yo tendría que ir a acompañarla.

También quisiera estar aquí, cuando venga Adela.

¡Ay! ¿Qué hago, doctor?

Es que yo no me puedo dividir en dos.

Celia me estaba contando las novedades

sobre la salud de Marina. Como comprenderás,

me gustaría que la asesina de mi hija se curase,

para que pagase con la cárcel todo lo que ha hecho.

¿Y esa información no se la puedes dar por teléfono?

Parece que no te hace ilusión verme.

No es eso. Es... Es que estoy triste.

Ciro se ha ido, padre. -¿Por qué?

Se ha enfadado y ha roto mi compromiso.

Bueno... ¿Seguro que no será

una pelea normal de enamorados que estás sobredimensionando?

Ya sabemos lo que te gusta el drama y la exageración.

Padre, no es una exageración.

Ciro ha cogido sus cosas y se ha ido.

¿Pero qué ha pasado?

Pues nada, que...

Supongo que todo ha ido demasiado rápido

y le han entrado dudas.

Pero dices que estaba enfadado. ¿Le has dado motivos?

No.

Hemos discutido alguna que otra vez,

pero por preparativos de la boda. -Lo que yo decía.

Una pelea de dos personas que se quieren.

No le des más importancia, hija.

Padre, no se quiere casar conmigo.

Habla con él. Ya verás cómo todo se arregla.

Elisa, tu padre tiene razón.

Estando tan cerca de la boda, es normal que tengáis riñas.

Estáis con los nervios a flor de piel.

Sí. Eso es cierto. Estamos muy nerviosos

y eso no ayuda a solucionar nada.

Gracias, Celia.

Rodolfo, ¿tienes un minuto?

Claro, claro. Ahora, en esta casa, la ocupada eres tú.

Como bien sabes, yo estoy bastante ocioso.

De eso, precisamente, quería hablarte.

No tienes por qué estar ocioso.

Ah. Te recuerdo que si me echaron del partido,

es por tu culpa. Mira que estás pesado.

Puedes entrar en el partido del Gobierno,

que es mucho más importante.

Solo tienes que ganar méritos y eso está en tu mano.

Blanca, querida, el partido de Dato es muy conservador.

No creo que admitiera en sus filas a un barón consorte,

alguien incapaz de alcanzar la baronía

sin la mediación de su esposa.

Precisamente, gracias a mi mediación, puedes entrar.

¿Sí? ¿Y eso cómo? Al final, la estatua

a Miguel de Cervantes se va a situar

en la nueva Plaza de España y ya estás en la comisión.

Que no sirve para nada. Claro que sirve.

Si te implicas en la construcción de esa nueva plaza,

estarás a dos pasos del gobierno. Por favor.

No me metí en política para remodelar plazas. Gracias.

¿Y también piensas despreciar el homenaje a Miguel de Cervantes?

Una pena no haberle conocido.

Podíamos haber jugado a las cartas juntos.

No, espera. Era manco. No podía sostener los naipes.

Una pena. Esa historia de la que te mofas,

se ha convertido en prioridad nacional.

Teníamos una primera edición de "El Quijote".

¿Puedes prestarme atención?

El Presidente del Gobierno está muy preocupado por este asunto.

Es cierto, que ahora te codeas con la realeza

y tienes información privilegiada. Emilio me ha dicho

que Eduardo Dato está muy preocupado

porque no consigue recaudar fondos y acabar las obras.

La persona que consiga ayudarle, quedará muy bien situada.

¿Y quién será esa persona? Tú tienes muy buenos amigos

en la banca y conoces a muchos inversores.

El Gobierno estará encantado de que les ayudes.

Muy bien. Gracias por la información.

Y ahora, si no te importa, haré algo

que ningún hombre ocioso debe descuidar:

la tertulia del Club Social.

Eres muy ambicioso, así que no finjas

que este tema no te interesa, porque no me lo creo.

¿Soy muy ambicioso? ¿O tanto como tú?

(SUSPIRA) Tanto como yo.

Muy bien. Gracias por reconocerlo.

Me voy a la tertulia. Rodolfo, sé que tu actitud

es muy hostil hacia a mí,

pero... ¿puedo pedirte un favor?

Puedes intentarlo.

Mi hermana Adela está muy grave en el hospital

y es muy urgente que alguna de nosotras viaje hasta allí.

Diana está dispuesta a hacerlo, pero no le encontramos pasaje.

Quizás, alguien en el Club Social

sepa alguna manera de viajar a Inglaterra.

Mira. ¿Por qué no se lo preguntas a tu reina, que es inglesa?

¡Por el amor de Dios! Esto es una cuestión familiar.

Deja a un lado tus complejos y ayúdame, por favor.

¿No has leído la prensa? No.

Alemania declaró una guerra submarina.

Atacarán cualquier barco que se acerque a Inglaterra.

Nadie quiere viajar hasta allí.

¿Inglaterra se dejará morir de hambre?

Sabes tan bien como yo, que hay cientos de barcos

que desafiarán a los alemanes. Barcos de guerra

y mercantiles, por la parte que les toca.

Hay gente que podrá viajar hasta ahí y yo quiero saber cómo.

Y yo me pregunto, Blanca, por qué debería ayudarte,

con la cantidad de humillaciones que he sufrido por tu parte.

Porque tu madre te educó en la creencia

de que no hay nada más importante que la familia.

¿Mi madre?

Sí que tienes que estar desesperada para recurrir

a la memoria de mi madre para convencerme.

Rodolfo, el favor que te pido, no tiene nada que ver

con ambiciones personales.

Esto es una cuestión familiar.

Por favor.

Veré qué puedo hacer.

No puedo más. Intento hablar con Alonso, pero no lo consigo.

Las líneas no funcionan. -¿Por qué no llamas a la centralita

y preguntas qué pasa? -Eso hice.

Intentan restablecer las comunicaciones,

pero no saben cuánto tardarán.

No será fácil hablar por teléfono

con un país en guerra y rodeado de agua.

Adela y la niña me necesitan a su lado. ¿No lo entiendes?

Lo sé. Pero hazte a la idea de que no será fácil,

si es que lo conseguimos.

No puedo con esta angustia.

Tengo que viajar a Inglaterra.

Pero no a costa de poner en riesgo tu vida.

Ya leíste lo de los submarinos.

No se puede viajar. Es peligroso.

No he pegado ojo y no lo haré hasta estrechar la mano de Adela.

Salvador, tienes que ayudarme, por favor.

Claro que te voy a ayudar.

Tenemos que encontrar un medio seguro para viajar, si lo hay.

(Llaman a la puerta) Sí. Adelante.

Con su permiso. Señor, ya he averiguado

el motivo de los problemas con su envío de whisky escocés.

Usted preguntó y yo he querido saber la causa del retraso.

Muy bien. ¿Y qué le han dicho?

Que debido a la contienda, el whisky escocés no llega a España

y tardará mucho tiempo en llegar.

Entonces, pida coñac, que solo tienen que atravesar los Pirineos.

A menos que lo pidiéramos de contrabando, claro.

Pero costaría más del doble. -Doña Rosalía, no tenemos

la cabeza ahora para hablar de licores.

Oh. Disculpen.

Rosalía, espere.

-¿Ocurre algo, señor? -¡Rosalía!

Es usted un genio. Esa es la solución.

¿La solución a qué, señor?

Buenos días.

Aquí tiene el libro de cuentas.

Imagino que vendrá a revisarlas para ver si hoy no falta nada.

Pues no hace falta que me saques el libro,

porque no vengo por eso.

La veía tan seria, que pensé...

Porque vengo en son de paz.

Vengo a pedirte disculpas.

Eso sí que es una novedad.

Verás. Tú no tienes hijos, así que es difícil

que puedas entender lo que una madre

es capaz de hacer por ellos.

Yo, a mi hijo le quiero proteger como una leona a su cachorro

frente a una manada de hienas. No sé si me entiendes.

Claro que la entiendo. Me pide disculpas

y, de paso, me insulta. Yo no soy ninguna hiena, Antonia.

Y Gabriel ya no es ningún cachorro.

Te estoy explicando cómo lo veía antes.

No cómo lo veo ahora. Yo sé que me excedí contigo

y, por eso, vengo a pedirte disculpas.

Solo te pido que te pongas en mi lugar.

Está bien. Acepto sus disculpas.

Aunque es difícil que te pongas en mi lugar,

porque, bueno, tú no tienes hijos y, además, tampoco tienes

muchos recuerdos de tus padres, ¿verdad?

A mi padre no llegué a conocerlo. Y a mi madre, poco la vi.

Según tengo entendido, tu madre te dejó muy joven en un internado.

Sí. Así es. Y, quizás, por eso no puedo ponerme en su lugar,

porque, para mí, una madre es alguien que te deja

en otras manos y te visita de vez en cuando.

Claro. Debe de ser duro crecer sin una madre.

A falta de ella, tuve varias.

Las monjas del internado siempre me trataron con mucho amor.

Pues tuviste mucha suerte,

porque las monjas no siempre son tan cariñosas.

¿Y qué internado era? -Eran monjas francesas.

Y le aseguro que a mí siempre me trataron muy bien.

Ah, francesas.

¿Y de qué congregación eran?

Antonia, ahora soy yo la que le pide

que se ponga en mi lugar. No me haga traer a la memoria

una etapa de mi vida tan dolorosa

y que, por suerte, ya está en el olvido.

Claro, claro. No quería ser insensible.

Solo quería que charláramos un poco,

ahora que hemos hecho las paces.

Quizás, en otro momento. Ahora tengo muchísimo trabajo.

Pues tendrás que buscar un hueco para ultimar

los detalles de la boda, eh.

Que luego se echa el tiempo encima. A ver, por ejemplo.

¿Has enviado ya las invitaciones a los familiares?

A mis hermanas, se las daré en persona.

¿Y los familiares de fuera de Madrid?

Mira que el correo, a veces, tarda una eternidad.

No se preocupe. Sé de unas primas en el levante,

pero no las conozco de nada.

¿Y tus abuelos? ¿No tienes trato con ellos?

Mi madre era huérfana. -Vaya.

Así que no tienes familiares. -Antonia, por favor.

Si me disculpa, tengo que rematar unos pedidos.

Bien, bien. No quería entretenerte. No...

Bueno, pues ya me voy.

Me voy mucho más tranquila de lo que entré, Soledad.

Con Dios. -Con Dios.

¿Es que no lo ven? Las rutas de contrabando.

Puedes viajar a Inglaterra por las mismas rutas

que utilizan los contrabandistas.

¿Cruzar el mar escondida en un barril de whisky?

La mercancía no viaja sola. Hay gente que las transporta.

Basta con saber quiénes son y unirse a ellos.

Pero, señor, eso es ilegal.

Doña Diana entraría en Inglaterra de un modo clandestino.

Pero una vez allí, supongo

que Alonso me ayudaría a legalizar mi situación.

Rosalía, estamos en una situación desesperada.

No tenemos tiempo ahora para pensar en pequeñeces.

Pues a mí, embarcarse con una tripulación de delincuentes

no me parece ninguna pequeñez.

A saber qué podrían hacerle esos brutos

a una dama como doña Diana.

Bueno, ahí doña Rosalía lleva razón.

Menos mal que le queda un poco de sentido común.

Además, ¿cómo íbamos a conseguir hablar con esos contrabandistas?

-¡Señora! -Solo lo digo por preguntar,

para tener toda la información.

Para saber de criminales, hay que hablar con criminales.

-Mi tío. -Don Ricardo traficaba con opio.

Y estoy seguro de que no ha interrumpido

el envío por culpa de la guerra.

Lo trasladaba a Inglaterra

eludiendo todos los controles. Él sabrá cómo hacerlo.

Rosalía, me está atravesando con su mirada.

No, solo espero su respuesta, señora.

Pues, mi respuesta es que no voy a pedirle

ningún favor a mi tío.

Oh, menos mal.

¿Vas a cerrar la puerta a la única posibilidad

que tienes de reunirte con tu hermana?

No quiero hablar con él, Salvador, habrá otra alternativa

para que viaje a Inglaterra. Como quieras.

Dígame si reconoce a alguno de estos hombres.

Por favor, tómese su tiempo, ¿de acuerdo?

Para mí, son todos iguales, inspector, unos desconocidos.

Bueno, a lo mejor recuerda algún rasgo,

una cicatriz, una verruga, alguna calva en el pelo...

Ojalá pudiera ayudarle, pero, no recuerdo nada.

Bueno, pues, sí recuerda,

ha referido momentos anteriores a su ataque.

Sí, eso sí, pero, después,

se me abre un vacío enorme en la memoria.

Bien, irá recobrando la memoria, entonces,

encajaremos todas las piezas, pero, por favor,

otro esfuerzo, revise e intente recordar.

Es que, prefiero no recordar nada,

inspector, no quiero revivir ese dolor otra vez,

no quiero saber por qué ha querido matarme

y qué he podido hacer para que alguien

me odie de un modo tan intenso.

Por favor, inspector... Doctor, por favor.

Sí, inspector, creo que es suficiente.

¿Por qué no le dejamos descansar un poco?

Sí, cómo no, de acuerdo.

Muchas gracias por su esfuerzo

y usted, doctor, no dude en avisarme

en cualquier cambio de su estado.

Por supuesto, así lo haré. Gracias.

¿Estás bien?

Veamos.

Bien, no hay fiebre, a ver qué tal el pulso.

Me estoy acordando ahora de cuando estuvimos en Marruecos

y nos traían a los soldados con aquellas heridas tan terribles.

A veces, al despertar no recordaba nada como yo ahora.

Sí, aunque la mayoría sí recordaba sus padecimientos

y eso no les dejaba dormir.

A veces, creo que en casos como ese, la amnesia

es una bendición y tú estás en la cama de un buen

hospital con todas las comodidades,

en África no teníamos tantos lujos.

Quizá por eso tengo unos recuerdos tan bonitos, como no teníamos nada,

había que exprimir cada vivencia, ¿verdad?

Cierto.

¿Recuerdas las puestas de sol en Yebala?

Imposible olvidarlas,

hasta la amnesia ha protegido ese recuerdo.

Recuerdo, también, esas escapadas a Tetuán

y aquel té con menta tan delicioso,

nunca he probado otro igual. Continúa.

Continúa, Marina, es bueno para tu memoria

que sigas hilando recuerdos, haz un esfuerzo.

Recuerdo las tormentas de arena

y que nos pasábamos días masticando tierra.

Todavía creo masticar algunos días, era un infierno.

Recuerdo el calor tan pegajoso por el día y el frío

que hacía por las noches en esa tienda tan destartalada.

Recuerdo cómo nos queríamos y cuánto nos necesitábamos.

Bueno, ha pasado mucho tiempo de aquello.

Recuerdo, perfectamente, cómo me mirabas, cómo me sonreías.

Y cuando me cogías la mano,

sobre todo, cuando estaba desanimada

y se me pasaba todo.

Me venía una corriente por todo el cuerpo.

Cuánto nos queríamos, ¿verdad?

Estás evolucionando, favorablemente.

Descansa.

Ah.

Gracias.

Tía.

Adela.

Vida mía.

¿Pero, qué está haciendo aquí, tía?

Dime, tú cómo estás.

Bueno... Esto es el mundo al revés, ¿eh?

tú venías a acompañarme a mí para mi operación

y ahora, soy yo la que, seguramente,

te acompañaré a ti en la tuya.

Pero, ¿me van a operar?

Posiblemente.

Ay, a quién se le ocurre venir hasta tan lejos

para hacer compañía a una anciana como yo.

Pues, a una sobrina agradecida

con la mujer que la ha cuidado como si fuera una madre.

Sí, tía, usted me acogió en Toledo cuando estaba en peligro,

vino a mi casa cuando murió Germán, cómo iba a dejarla yo sola, tía.

Pues, yo tampoco te voy a dejar ahora a ti.

¿Cómo está Eugenia?

A mí no me dicen nada, tía, ¿usted sabe algo?

Pues, está internada en un hospital infantil,

pero, está muy bien atendida por unas monjas españolas

que tienen una mano excepcional con los niños.

Me da igual, yo no quiero

que esté allí sola, tía, tiene que ir con ella.

Ya, pero tampoco te quiero dejar sola a ti.

Pero, si yo estoy bien, ella está rodeada

de desconocidos y no sabe lo que me angustia pensar eso, tía.

No te preocupes porque los niños pequeños

en seguida se hacen a todo lo que le rodea.

No lo sé,

pero, yo quiero que tenga una cara conocida cerca,

yo estoy bien atendida,

Alonso me cuida y el doctor Salgado, también.

Ellos la mantendrán informada, tía. Ya, pero, siento que mi puesto

es estar aquí a tu lado.

Al menos, vaya a verla, por favor, y dígame cómo está.

Sí, eso te lo prometo, Adela, mañana mismo voy a verla.

Que me parte el corazón pensar que se puede morir allí solita.

Ay, Adela, no digas que la niña se va a morir,

no quiero que se te pase la idea siquiera por la cabeza, no.

Yo le pediría que la fuera a buscar y la trajera

para que estuviera aquí conmigo. Pero, qué ideas son esas,

cómo voy a entrar a un hospital infantil

y cojer a una niña así como así.

No, no puedo, Adela, porque a Eugenia necesita

estar atendida y allí está muy bien cuidada.

Por eso le pido que vaya a verla, por favor, y me diga cómo está.

Tía...

Tía, si a mí me pasa algo, cuide de ella.

Ay, pero qué cosas dices.

Prométamelo, tía, prométamelo.

Te lo prometo.

Te prometo que tus hermanas y yo nos ocuparemos de que,

pase lo que pase, Eugenia nunca esté sola.

No sabe la paz que me da oír eso, tía.

Gracias.

Pues, me sorprende mucho que diga eso

porque pensaba que Rodolfo tenía ambiciones políticas.

Claro que las tiene, solo quiere fastidiarme.

Pues, me parece una actitud muy poco inteligente

porque colaborar en la construcción de la nueva Plaza de España,

para él sería un trampolín,

sobre todo, si consigue ubicar el dichoso monumento a Cervantes.

Lo sabe, perfectamente, pero está enfadado conmigo

porque le echaron de su partido

y porque le humilla ser barón consorte.

Y es su forma de hacérmelo pagar.

Ya se le pasará y entrará en razón,

no hay enfado que dure toda la vida.

En eso, Rodolfo es como un crio

y puede alargar su rabieta mucho tiempo.

Además, le gusta mucho hacerme sufrir.

Lo pinta como si fuera alguien muy retorcido.

Era el ojito derecho de su madre, doña Dolores de Loygorri,

no hay persona más retorcida que pisara este país.

Una pena no haber tenido ocasión de tratar más a esa mujer.

Lo poco que la vio debería de haberle bastado,

no sé cómo le atraen ese tipo de personas.

Lo digo como observador de la conducta humana, doña Blanca,

por favor, no me malinterprete.

Bueno, no hablemos más de esta parte de mi familia, por favor.

¿Pudo conseguir algo de mi hermana Adela

con los servicios diplomáticos?

No, la comunicación con Inglaterra es casi imposible,

incluso para la reina resulta complicado saber de su familia.

Por eso, mi hermana Diana, quería ir hasta allí en persona.

No, todavía es más difícil, el servicio de barcos

está interrumpido desde Santander e igual pasa

con el del Canal de la Mancha por miedo a los submarinos.

¿Y no hay otra forma de viajar a Inglaterra?

No lo sé, debería estudiar las rutas no regulares.

¿Rutas no regulares, a qué se refiere con eso?

digamos que para todo hay medios ortodoxos

de hacer las cosas y otros menos ortodoxos.

Bueno, pues, me gustaría que me hablara

de esos medios poco ortodoxos.

Me temo, doña Blanca, que esto es información confidencial.

¿Incluso para una baronesa y primera dama de la reina?

Incluso para usted, baronesa. Pues, no lo entiendo, don Emilio,

le estoy pidiendo ayuda usted me habla de que hay maneras

poco ortodoxas de llegar a Inglaterra

y no me las cuenta.

No, espere, suficiente tengo ya con lo de mi hermana

y mi marido para que usted ahora se dedique a martirizarme.

No se enfade, por favor, sea razonable, doña Blanca,

digamos que el mundo en el que me muevo

no siempre está al alcance de todos,

pero, veré qué puedo hacer, de verdad.

Por favor.

Desde que os habéis ido Ciro y tú

de casa, estoy fatal, Sofía, es que no pruebo bocado.

Al final me quedo en los huesos. ¿Ya hablaste con Ciro?

¿Cómo?, si no sé dónde está.

Se fue de casa dando un portazo y no sé nada más de él,

estará por la calle vagando como un alma en pena.

No, vagando, no, estará en una taberna bebiendo,

como todos los hombres.

No, Sofía, Ciro no es de esos.

Tendrías que hablar con él y no estar aquí lamentándote.

¿Y si le encuentro, qué le digo?,

Sofía, no quería saber nada de mí, estaba enfadado.

Yo sé, perfectamente,

lo que puedes hacer para que os reconciliéis.

Sí, ya, hablar con él, pero, que no es tan fácil.

Sí es fácil si sabes lo que le pasa y yo, lo sé.

Mira, no te des tanta importancia que no tiene ni idea, ¿eh?

Elisa, sé mucho más de lo que imaginas.

Si Ciro está así es porque se siente intimidado por ti.

¿Intimidado?, Sofía, no sabes lo dulce que soy con él,

es que hago muchos esfuerzos por reprimir mis ataques de ira

porque no quiero que se note mi carácter fuerte,

Elisa, no me refiero a eso.

Me refiero a que no debe ser fácil estar con una mujer

que tiene más experiencia que tú.

¿Experiencia?

Ay, Elisa, ¿te lo tengo que contar todo o qué?

Sí, experiencia...

En la cama.

Bueno, ¿y tú qué sabrás?

¿Estás diciendo que Ciro nunca...?

Sé que esto sonará, terriblemente, egoísta, pero, me alegra mucho

que no se haya ido a Alemania.

No podía hacerlo estando mi hermana Adela tan grave.

Claro, ¿ha sabido algo de ella?

No, las comunicaciones con Inglaterra son muy difíciles

y no sabemos nada desde la primera llamada.

Con los nervios a flor de piel no sé qué hacer

para mantenerme ocupada y dejar de pensar en ella.

¿Pensó en recuperar su plaza de maestra?

Todavía, no, tengo la sensación de que todo va muy deprisa,

tanto que empiezo a tener vértigo,

pero, racionalmente,

creo que debería quedarme quieta y pensar bien las cosas.

¿Sabe? estos días le di vueltas, sería un buen momento

para escribir un libro sobre el asesino del Talión,

y quién mejor para hacerlo que usted.

No, no creo.

Para escribir hace falta paz y, ahora, no la tengo.

Señorita, no busque excusas,

coja la pluma que le regalé y escriba ese libro.

El asesino del Talión...

Eso implicaría hablar sobre Marina

y no sé si quiero prestarle tanta atención a una asesina.

Bueno, no solo es un retrato sobre una asesina,

creo que en esa historia hay temas literarios

como el amor, celos, venganza...

No convertiré esa historia en un folletín.

Es cierto que si nos ponemos realistas, es una historia terrible

y dolorosa, pero, en clave literaria sería muy interesante

y eso no me lo negará y quién mejor para escribirla

que usted, yo pondría toda mi investigación a su disposición.

¿Haría eso por mí? Claro que sí, somos amigos, ¿no?

Me alegra oírle decir eso.

Últimamente, tenía la sensación de que estábamos distanciados.

Bueno, a veces, los amigos

se distancian y, luego, vuelven, eso siempre es así.

A mí solo me basto que usted me dijera que se iba a Alemania

para darme cuenta de lo muchísimo que la echaría de menos.

Gracias, es muy bonito, Velasco.

Entonces, si vamos a escribir ese libro, tiene que ponerme

al día sobre el caso, qué novedades hay sobre Marina.

Bien, hoy le enseñé fotos de archivo para ver

si reconocía al hombre que le disparó, pero, nada,

su amnesia la tiene bloqueada.

Intenté apretarla un poco hasta que el Dr. Loygorri

me pidió que la dejara en paz.

A veces, el trabajo resulta antipático.

Sí, pero, ya no sé qué más hacer, ¿usted qué haría para recuperar

esos recuerdos que parece tener bloqueados de un modo u otro?

Estoy seguro de que ahí está la pieza que necesitamos

para completar este rompecabezas.

No lo sé, lo que haré es servirle otro té,

que veo que se lo ha acabado.

¿Pero, tú cómo sabes todo eso?

Carlos se lo sonsacó a Ciro.

Así que Ciro...

El hombre que da su vida por la patria y nunca...

Nunca ha intimado con una mujer. Carlos, también, se ha quedado

de piedra cuando Ciro se lo contó.

¿Y por qué se lo cuenta Ciro a Carlos?

Bueno, me imagino que buscaba... complicidad masculina.

Mira, yo, Sofía, de verdad que me cuesta creérmelo.

Sí, a mí, también, me costaría,

pero, parece que aún quedan hombres decentes.

Decentes. Sí, capaces de frenar

sus deseos y de reservarse para el matrimonio,

eso es ser una persona decente o lo que a mí me han enseñado.

Ya, pues tú no has sido muy decente con tu matrimonio.

Anda, que lo digas tú. Ya, es verdad, hemos estado igual.

No, igual, no, lo mío fue un desliz y lo tuyo una traición intolerable.

Ah, pensé que me habías perdonado. Sí, tienes razón...

además, ahora, estábamos hablando de Ciro.

Es que no me quiero ni imaginar lo que pensaría cuando Carlos

le dijo que tuve relaciones con él.

Él, reservándose para el matrimonio y tú mira qué ventaja le llevas.

¿Y por qué me toca el único hombre decente del mundo?

Elisa, cualquiera que te oiga.

Sofía, es verdad, es que ahora,

Ciro no me va a comprender y no perdonará mi pasado.

Yo creo que lo que le pasa a Ciro es que está intimidado

y teme... teme las comparaciones.

Bueno, pues, tampoco es que Carlos.

Cállate, no quiero saber lo que opinas de mi marido

Ya, es verdad.

Bueno, y con respecto a Ciro, tú... tú tienes que hacer

algo para que se le vayan todos los miedos.

Ya me lo has dicho, hablar con él, pero, Sofía...

Es que no me refiero solo a hablar, me refiero a...

a hacer alguna cosa más práctica.

¿No estarás insinuando que quieres que yo...?

Bienaventurado el que enseña al ignorante.

Ay, por Dios.

Creo que me pediré ese chocolate.

¡Diana, escúchame, que se la han llevado, sí...

a Adela... no, no sé lo que va a pasar!

¡No, si estaba tranquila, sí, y yo le estaba leyendo!

Pues, un libro, le estaba leyendo un libro para que...

Claro, y estaba muy tranquila con los ojos cerrados...

Escúchame, Diana, que, de pronto ha empezado a decir

que no veía, que no podía moverse, se ha quedado rígida.

Mira, ha sido horroroso... ¡Que ha sido horroroso!

¡Que se ha puesto rígida, sí, sí, será por eso

que tiene en la cabeza!

¡Lo que tiene en la cabeza

que está colocado en un sitio muy malo, muy malo!

Sí, Diana... ¿Pero, tú me estás escuchando?

¿Me estás escuchando?

Nada, yo no oigo nada.

¿Diana? Alonso, Alonso, ¿me oyes?

¿Alonso?

(LLORA)

Se ha cortado.

¿Qué te han dicho?

No se oía muy bien, pero, Adela está muy grave.

¿Se la han llevado a quirófano? Sí.

¿Y la van a operar? Creo que sí

por un bulto en la cabeza o algo así.

Estaba hablando con mi tía, no con el médico, pero...

Voy a volver a llamar.

Señorita, por favor,

póngame la conferencia con Inglaterra.

Es urgente, sí, ya sé que es muy difícil,

pero, por favor, inténtelo.

Ay, qué desastre.

Todo se oía entrecortado.

Yo creo que Diana no se ha enterado de una sola palabra.

Adolfina, tiene que intentar tranquilizarse.

¿Pero cómo quieres que me tranquilice?

Adela se está muriendo y yo tengo la culpa de todo

lo que ha pasado. -Eso es mentira.

Ni se está muriendo ni usted tiene la culpa.

Tenemos que mantener la esperanza. -Sí, pero me he dado un gran susto.

Sí, pero tiene que ser más prudente con la información que les da.

Ellas están lejos y, en la distancia,

las cosas se ven peor y se sufre más.

No podemos alarmarlas.

Sí, si tienes razón, si tienes toda la razón.

Pero es que ha sido horrible. -Sí, ha sido horrible, lo sé.

(Suena el teléfono) Ay...

Ay, Diana, que Adela se nos va, sí, hija, que se nos está yendo.

Chis, déjeme hablar a mí. Diana.

(SOLLOZA) Alonso, Alonso.

¿Me oyes? Sí, Diana, te escucho.

Los médicos están con ella.

Sí, ha tenido una pequeña crisis.

Sí, pero ahora la están cuidando, no te preocupes.

Por favor, avísame cuando vuelvan.

En cuanto vuelva. En cuanto vuelva.

No te preocupes, ella es una chica muy fuerte

y muy valiente.

¿Y la niña? ¿Cómo está la niña?

De la niña no tenemos noticias todavía.

Muchas gracias, Alonso, por estar ahí.

Por favor, mantenme informada de todas las noticias.

Llámame a cualquier hora, sea de día o de noche.

Sí, sí, en cuanto las tengamos te las daremos.

No te preocupes, Diana. No te preocupes.

Mi tía está enferma, no sé si podrá soportar

tanta angustia, por favor, intenta que descanse.

-Diana, de verdad, no te preocupes. -Gracias.

(LLORA)

Salvador, tengo que ir a Inglaterra.

Tengo que estar con mi hermana Adela.

Está bien, está bien, hablaré con don Ricardo

para ver si podemos usar algunas de las rutas de contrabando.

Si es el único remedio utilizar esa vía, así lo haré.

Aunque me resulta odioso tener que pedirle el favor a mi tío.

No te preocupes, déjalo en mis manos.

-No, tengo que hablar yo con él. -No, no, eso ni hablar.

Te pondría más nerviosa de lo que estás.

Lo sé, pero debo hacerlo yo.

Hay otro asunto que tengo que zanjar con él.

¿De qué otro asunto estás hablando?

No te preocupes,

es una cosa entre él y yo.

(LLORA)

¡Pero, venga, dese prisa!

Mis asuntos deben estar a punto de llegar.

Busco mis cosas, no querrá que salga desnudo.

¿Cómo voy a pretender eso? Me conformo con que salga.

¿Cómo puede ser tan lento? -La próxima vez avise con tiempo,

no estoy acostumbrado a las prisas. -Debería estar agradecido

por permitirle vivir aquí sin pagarme ni un real.

¡Deje de quejarse y largo de aquí!

Bueno, tan pronto como encuentre mi sombrero.

Llévese el mío si es necesario. -No, ya lo he encontrado.

Aquí está. -¡Aleluya!

Oiga, don Rodolfo, eh...

¿Hasta qué hora tendré que deambular?

Ya le dije, hasta que no vea las cortinas descorridas,

no se acerque por aquí.

Eso lo entendí cuando me lo explicó, ¿pero cuándo?

Pues no sé, no lo sé, hasta muy tarde. Venga, largo.

¡Largo!

(CARRASPEA)

(Llaman a la puerta)

Buenas tardes, caballero, vengo en busca de cobijo.

¿No te has cruzado con nadie al salir, no?

Venga, pasa. -Ay, soy solo una huerfanita

que busca un poco de calor y algo de comida.

Ay, mira, aquí vas a encontrar calor.

Venga, quítate el abrigo. -¿No tendré frío si lo hago?

Yo me encargaré de que no sea así.

(SUSPIRA) -Vaya con la huerfanita.

Mi vida es tan miserable,

que no tengo ni un real para comprar ropa.

Aquí no te va a hacer falta ninguna ropa.

¿Usted me va a dar calor?

Puedes estar segura.

(RÍE)

Espera, espera, espera, espera.

Hola, Cristóbal. ¡Carlos!

¿No es esta la habitación de Marina?

Sí, fue al cuarto de baño a refrescarse, ahora viene.

Pero veo que ya no recuerdas los horarios de visita.

No vengo a hacer una visita de cortesía, eso creo.

Me ha llamado Marina para que venga.

Ah, ¿y conoces el motivo? Pues no, supongo que

lo que necesita son mis servicios profesionales como notario.

¿Ella cómo se encuentra? Bien, cada día mejor.

Aún no recuerda qué le pasó,

pero presenta una evolución favorable.

Más pronto que tarde estará recuperada.

¿Y la memoria también? Eso todavía no puedo decírtelo.

Ah. -Ah, Carlos.

-Hola, Marina. -Gracias por venir.

Ven. Eh, bueno, Carlos, no me la agotes,

necesito que mantenga la cabeza bien despejada, ¿vale?

Descuida.

Os dejo solos. Me alegro de verte, Carlos.

Después vendré, Marina.

¿Y bien? ¿Para qué me ha llamado? Supongo que, más que un viejo

compañero de la guerra, busca mis servicios como notario. ¿no?

Así es.

Tengo algo muy importante que darte.

¿De qué se trata?

Carlos, debo pedirte un favor enorme.

Necesito que guardes muy bien un sobre que voy a entregarte.

¿Un sobre?

Aquí tienes.

¿Puedo confiar en ti como notario y como amigo?

Sí. Sí, sí, claro.

(Se oyen pasos acercándose)

¿Te manda tu marido para que le compre su parte de la fábrica?

No.

¿Entonces a qué has venido?

Usted y yo tenemos una conversación pendiente.

Pues, dime.

Estoy esperando a que empiece usted.

Está bien.

Te pido disculpas, no debería haberte pegado,

eso solo lo hacen los brutos y los incompetentes,

y yo no soy ninguna de las dos cosas.

-¿Está seguro? -Completamente.

Yo no, puede que usted sea un bruto y un incompetente,

pero eso no le autoriza a pegarme. -Perdí los papeles,

estaba abrumado por un montón de problemas que no vienen al caso.

No busque más excusas, no hay ninguna razón, ninguna,

que justifique ese golpe.

Bueno, ya te he pedido perdón, Diana, no voy a arrastrarme más.

Así que, si no tienes nada más que decirme...

Todavía no he terminado.

Quiero que entienda hasta qué punto me he sentido humillada.

Reconozco que, incluso, me daba miedo

venir a hablar con usted. -No saques las cosas de quicio.

Ha sido un rapto de ira del que me arrepiento profundamente.

La próxima vez no me quedaré quieta,

se lo advierto.

De acuerdo.

Ahora quiero decirle unas cosas sobre el tema de la fábrica.

Ya he hablado de ese tema con Salvador

y no me interesa comprar su parte.

Usted puede hacer lo que quiera con su dinero, para eso es suyo;

pero yo tengo derecho a abrir mi propio negocio.

-¿Para hacerme la competencia? -Quiero controlar lo que hago

y, desde que usted tiene mitad de la fábrica, es imposible.

Tú tienes derecho a tener tu propio negocio

y yo a triturar a mis competidores.

Sin levantarles la mano.

Sí, hay métodos más eficaces.

Yo entiendo la competencia de una manera menos agresiva.

Creo que hay sitio para los dos.

Pero, claro, a usted no le gusta que le hagan sombra.

No le gusta sentirse amenazado,

lo que revela una gran inseguridad por su parte.

Diana, te deseo toda la suerte en tu nueva aventura, ¿algo más?

Sí.

Necesito que me ponga en contacto

con los traficantes con los que trabajó hace tiempo.

Por fin te encuentro.

-¿Qué estás haciendo aquí? -Te estaba buscando.

Para no conocer la ciudad, bien que sabes esconderte.

Necesitaba estar solo.

No, eso no es cierto.

La soledad es horrible.

Lo único que conseguirás es emborracharte

y darle vueltas y más vueltas a tus problemas.

Está bien, no quería decírtelo por no ofenderte,

pero estoy esperando a alguien. -¿A alguien?

¿Te has citado con una mujer?

Sí que te ha cundido el tiempo, Ciro.

Sí, no eres la única que puede quedar con otros,

yo también puedo. -No lo dudo.

Eres un soldado muy guapo.

Y te han dado una condecoración.

Puedes atraer a la mujer que quieras.

Mira, Elisa, tiene que estar a punto de llegar,

así que déjame solo.

No me voy a ir, Ciro.

Elisa, no quiero hablar contigo.

Es que yo tampoco quiero que hablemos.

¿Y entonces qué quieres?

Es que, igual, si te digo lo que quiero,

Te escandalizas.

Elisa, ¿qué estás haciendo?

Te he echado de menos, Ciro.

Pero de una manera muy diferente.

No he echado de menos tus conversaciones,

tus maneras galantes, que las tienes y me encantan.

¿Entonces qué echabas de menos?

He echado de menos tu olor,

tus caricias,

tu respiración en mi cuello.

Elisa, Elisa, tenemos que hablar.

-Pero si no querías hablar. -Pues ahora sí.

Para mí el matrimonio es algo muy importante.

Y para mí también.

No, eso no es lo que me has demostrado.

Te has entrometido en matrimonio ajeno y

no fuiste capaz de mantenerte pura para tu futuro marido.

Vas a decir que no dejaste una novia en cada puerto.

Te aseguro que yo no.

Pues entonces las chicas están ciegas,

porque yo no me puedo resistir a tu presencia.

Elisa, basta.

¿Qué pasa? ¿Tienes miedo de que tu cita te pille con otra?

No hay ninguna cita, eso me lo he inventado,

pero necesito saber si quiero estar contigo o no.

Ciro, yo es que te necesito.

Es que te necesito como nunca antes he necesitado a nadie.

¿Por qué no nos vamos a la habitación de tu hotel?

¿Pero tú te estás oyendo? Eso que dices no es nada apropiado.

Las cosas inapropiadas son las más excitantes.

Cuando te conocí querías ser monja.

No te confundas, no soy ninguna fresca.

Lo que te ofrezco, te lo ofrezco solo a ti.

Porque solo tú ocupas mi corazón, Ciro.

Solo quiero demostrarte que puedo ser una mujer

complaciente,

agradecida

y muy entregada.

Te pido una noche conmigo.

Y, si después de esto todavía tienes dudas,

entonces te dejaré para siempre.

No es ningún capricho, tío, necesito viajar a Inglaterra,

pero por culpa de los submarinos alemanes

me resulta imposible conseguir un pasaje.

Pero sé que las rutas del contrabando funcionan.

Sí, ahora más que nunca.

La guerra es el alimento perfecto para el contrabando.

Y, para evitar los submarinos se mueven de noche

desde Francia por zonas rocosas y de bajíos,

con balandras y gabarras,

embarcaciones pequeñas pero, bueno, más rápidas

y más fáciles de maniobrar.

¿Esos son los métodos que usted utilizaba?

Bueno, esos y otros.

Pero de eso ya hace mucho tiempo, Diana.

Pero seguro que me podría poner en contacto con esas personas.

necesito viajar en uno de esos barcos.

Tío, tiene que ayudarme.

Me estás pidiendo que haga algo muy peligroso.

Nadie le relacionará con el contrabando.

-Peligroso para ti. -No me importa, tío,

necesito estar con Adela, yo no puedo quedarme en casa

esperando una llamada. Usted me conoce,

quiero estar con mi hermana. -¿Qué tal sigue?

Mal, está empeorando.

Quiero ayudarla.

O despedirme de ella.

Diana...

(SOLLOZA) Yo sé que le estoy pidiendo algo muy difícil,

pero estoy dispuesta a asumir todos los riesgos.

Estás pidiendo un imposible.

Si no lo hace por mí o por mis hermanas,

hágalo por la memoria de mi madre.

Por favor.

Te traigo una tisana para dormir, órdenes del médico.

No quiero nada.

Seguro que lleva un calmante diluido,

estoy harta de medicinas. -Marina, no lleva nada.

Es una mezcla de tila, melisa y azahar.

Peor, no me gustan nada esas infusiones.

¿Quieres que le ponga un poco de miel?

No me apetece, llévatela.

La miel también es buena para dormir, tienes que descansar.

Ya has oído a Cristóbal.

Él sabe que a un paciente no se le debe forzar a comer.

Mira, yo te la dejo aquí, por si te apetece más tarde.

¿Y si no me la tomo me la meterás con una sonda?

No sería la primera vez, ¿verdad?

¿Qué pasa, Aurora? Te noto un poco pálida.

Tómate la infusión, te sentará bien.

¿Y por qué no has ido a la Policía?

Avisa a don Ricardo.

Si sabe lo que le conviene, vendrá.

Por razones que no le puedo explicar,

me veo obligada a deshacerme de esta llave.

Me complacería que usted, que es mi primera dama,

se hiciera cargo de ella

y la tuviera bajo su custodia hasta que se la pida de nuevo.

¿Qué es lo que abre esa llave?

Si no quiere contestarme, yo lo entiendo.

Se lo diré, pero le pido, por favor, que no lo comente.

Parece que se te ha olvidado un asunto pendiente.

¿Cómo va lo de la venta de la fábrica?

¿Don Ricardo te dio una buena oferta?

¿No pueden pensar en algo que no sea dinero?

Claro, pero de ti no me interesa nada más.

A mí de ti solo me interesa que me dejes en paz.

No me das ninguna pena.

Y, ahora, responde a mi pregunta.

-No es de fiar, te lo digo yo. -¿Averiguó algo de ella?

No, nada.

Ayer estuve en la tienda sonsacándole sobre su pasado

y no soltó prenda. -Mucha gente no habla de sus cosas.

No, no, no es por timidez.

Esa chica es muy lista, no me dio ni esto de lo que tirar.

Solo tiene que conseguir fondos para terminar la Plaza de España.

Comprenderá que eso es más fácil de decir

que de conseguir. El dinero, y menos en esas cantidades,

no crece en los árboles. -¿Siendo usted banquero

pretende hacerme creer que le cuesta conseguir inversores?

¿Cómo está mi hija, doctor?

Está con su tía.

Eso no responde a mi pregunta,

así que imagino que la respuesta no es agradable de oír.

Dígame, ¿cómo está, por favor?

Ciro me ha perdonado. -¡Ah! ¿Y la boda

Programada para el mismo día. ¿Me ayudáis con los preparativos?

La verdad, Elisa, es que Blanca y yo

estamos muy ocupadas últimamente y no tenemos mucho tiempo libre.

-¿Ocupadas? Ajá.

¿En qué? Te veo tan bien

que estoy pensando en darte el alta.

¿Qué te parece? No, no me siento preparada

para abandonar el hospital todavía.

No hay razón para que sigas aquí.

Las heridas están casi curadas,

solo debes venir cada dos días a hacerte las curas.

Ah...

Marina, ¿qué ocurre? No puedo marcharme,

tengo mucho miedo.

Si Marina no nos ha delatado ya, es porque tiene sus buenas razones.

Estoy seguro que quiere pedir algo a cambio de su silencio.

Quizá no vaya tan desencaminado, dijo que quiere hablar con usted.

-¿Y por qué conmigo? -No sé, no me lo ha dicho,

pero me ha insistido en que vaya solo

o hablará con la Policía. -Has recuperado la memoria,

si es que llegaste a perderla.

¿Cómo podría olvidar todo lo que me hicieron?

Ya sabía yo que detrás de esa amnesia

había una estrategia para complicarnos la vida.

¿Qué quiere? Hable claro.

Conseguir que te lleven en un barco contrabandista

no es tan fácil como hacerte con un pasaje de primera.

Pero eso es imposible.

Sabes a lo que me refiero.

Mi tío es un hombre de recursos, seguro que lo conseguirá.

Tal como evoluciona, esa infección no remitirá sola.

Si eso alivia mi dolor, pues... Lo hará.

Pero tengo que advertirle de que se trata de una intervención

larga y muy delicada.

¿Qué quiere decir con delicada?

¿Quiere decir que me puedo morir?

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  • Capítulo 364

Seis Hermanas - Capítulo 364

19 oct 2016

Adela no mejora y Diana está dispuesta a viajar a Inglaterra a pesar de las dificultades. Aurora descubre que Mariana está fingiendo. Elisa se entera de que Ciro se siente acomplejado porque es virgen y decide ponerle remedio. Blanca exige a Rodolfo que se comporte y no perjudique su carrera.

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  1. Daniela Gonzalez

    No se pueden ver los capitulos desde el pasado lunes, arreglenlo porfavor!

    20 oct 2016