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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 363 - ver ahora
Transcripción completa

Necesito concentración, con tus interrupciones es imposible.

Si estuviese atento al negocio,

no tendría que venir a recordarle sus obligaciones.

-¡Que te marches! -¡Mo me grite!

La fábrica será suya; pero yo no le pertenezco.

Voy a dejar Tejidos Silva,

quiero abrir una fábrica independiente.

Espero entonces su respuesta,

ya sea para comprar mi parte de la fábrica

o para dejar las cosas tal y como están.

Ayer Curro me dijo que no quería saber nada de mí,

que la escogía a usted.

Te acostaste con Carlos, ya casado con Sofía,

que era tu mejor amiga. Y te quedaste embarazada de él.

Estoy convencido de que quieren abrir una fábrica de telas.

Lo que explica el empeño de Montaner

en quererme vender su parte de Tejidos Silva.

Te propongo que olvidemos todo lo que ha pasado

y que nos perdonemos el uno al otro.

Yo quiero lo mismo que tú, Carlos. Lo mismo.

Mire, yo creo que nadie es capaz

de mantener su secretos para siempre.

Y, si usted quiere descubrir de qué pie cojea la Srta. Soledad,

pues... -Tendré que darles mi bendición.

Si queréis seguir adelante con esa boda,

no seré yo quien se oponga.

Y desde hoy me comprometo a tratar a Soledad

como si fuera mi hija.

A mi marido le ha surgido un contratiempo

y ha tenido que marcharse antes. (RÍE)

No se apure, querida.

Aunque estará de acuerdo conmigo en que, de nuevo,

su marido no ha estado a la altura de las circunstancias.

Al principio, solo queríamos que Marina firmara una declaración

confesando los crímenes de Germán y Carolina.

Así que el tío decidió encerrarla y torturarla.

Por eso Aurora y yo tenemos que salir de España pronto.

Marina.

Marina.

He tenido... la sensación de que ya nunca más

vamos a volver a estar todas juntas.

Cariño, eso es una bobada.

O un presagio.

(Claxon)

(Se oye un derrape)

(Sintonía)

¿Para qué te quiere ver mi tío hoy?

No sé, espero que sea para hacerme una buena oferta

por mi parte de la fábrica. -Conociéndole, no será buena.

Conque nos dé para arrancar la nuestra, será suficiente.

Pero tendrás que regatear un poco.

Porque, si no, puede sospechar que hay gato encerrado.

No aceptes a la primera. -Está bien, tranquila, lo haré.

Pero acepta alguna, ¿eh?

Porque necesitamos el dinero.

Mañana hemos quedado con el dueño del edificio.

-Madre mía, qué cabeza. -¿Te habías olvidado?

Creo que me he dejado el maletín en el salón.

Salvador.

¿Encuentras tu maletín? -No, no lo encuentro.

Ah, ¿no lo habrás dejado en otro sitio?

No, estaba justo aquí.

-Salvador... -Diana, ¿quieres esperar

un segundo, por favor?

El maletín, que está aquí.

(Suena el teléfono) (RÍE)

¡Qué cabeza!

Toma. -Si seguimos así,

no saldremos de casa. -¡Señora, tiene una llamada

desde Inglaterra!

Debe de ser Adela, que ha llegado a Aberdeen.

-No, al principio parecía un abejorro

que se coló en el aparato, por el zumbido.

Pero resultó ser un tal Sr. Alonso.

-¿Alonso?

Qué raro.

¿Alonso? Dime.

(ALONSO) Diana, ¿me oyes bien?

No, no muy bien.

¿Ocurre algo? -Te llamo por Adela.

¿Alonso? Dice que llama por Adela.

¿Y... le ha pasado algo?

No lo sé, la voz va y viene.

¿Alonso?

Alonso, ¿me oyes?

(ALONSO) Sí. -Ah.

Ahora te oigo. Dime, ¿le ha pasado algo al tren?

Al final, no... no pudo conseguir billetes de tren

y le alquilé un coche para que la llevara.

-¿Y ya ha llegado a Aberdeen? -No.

-¿Por qué?

Alonso, me estás asustando.

¡Alonso! Alonso, ¿me oyes?

Han tenido un accidente.

¿Qué ha pasado?

¿Y están bien?

Diana, tu hermana está...

¿Qué? ¿Qué? ¡Alonso!

¡Alonso! -¿Qué...? ¿Qué pasa?

Alonso... ¡Ay!

Adela, que ha tenido un accidente.

Y no sé nada más, se ha cortado.

Cariño, tranquila, tranquila, ya verás como están bien.

Si estuvieran bien Alonso no habría llamado, no con ese tono.

No ganamos nada poniéndonos en lo peor.

¿Y cuándo va a volver a llamar?

Eh, no lo sé.

Sabes que, por culpa de la guerra,

las comunicaciones son muy difíciles. Cálmate.

-¿Pero cuánto va a tardar? ¿Cuánto? -No lo sé.

A veces tardan minutos, horas,

incluso días. -¿Días?

No puedo esperar días a que llame, ¡no aguanto!

Sé que estoy pidiendo un imposible, pero debes calmarte.

(Suena el teléfono)

-¿Alonso? -Sí.

Alonso, por Dios, dime cómo están.

-Están vivas. (SUSPIRA) Ah...

¡Gracias a Dios!

Están vivas. -Diana, escúchame bien, por favor,

están vivas pero graves.

¿Cómo de graves? Por favor, dile a mi hermana que se ponga.

Necesito hablar con ella. -No se puede poner.

¿Por qué? ¿Tan grave está?

Está en el quirófano ahora mismo, sabré algo cuando salga de ahí.

¿Y la niña?

¡Alonso! Alonso, por Dios, ¿cómo está la niña?

Eugenia también está muy mal.

Se la han tenido que llevar a un hospital especial para niños.

¡Dios mío!

(LLORA) -Diana, escúchame bien.

He llamado al embajador y a todos mis amigos de Londres.

Les voy a conseguir los mejores médicos, ¿vale?

Sí, sí, sí.

Alonso, ¿tú las has visto?

¿Crees que se van a poner bien?

¿Alonso?

¿Alonso?

Se ha cortado.

(LLORA)

¿Pero ha respondido a tu pregunta?

(LLORA) -Diana, yo...

No, no digas nada.

(LLORA)

¡Señora, perdone!

Elpidia dice que su hermana y la niña han sufrido un accidente.

Me lo ha parecido oír, no escuchaba tras la puerta.

Estaba aquí al lado. -Así es.

Y están muy graves. -¡Ah!

Ay, señora, siéntese, no vayamos a tener otra desgracia.

(DIANA LLORA)

Yo me voy, yo no puedo aguantar aquí quieta

hasta que suene el teléfono otra vez.

Me voy a Inglaterra. -Diana, tranquila.

Tranquila, ¿tiene que ser justo ahora?

Adela y mi sobrina me necesitan.

Ya, pero antes tendremos que avisar a tus hermanas

y ver qué pasa.

Está bien, hablaré con ellas.

Pero luego me iré.

Aplazaremos todo hasta mi vuelta.

(SOLLOZA)

Antes me preocupaba cuando no venías a dormir,

ahora solo me enfada.

¿Por qué?

¿Me querías a tu lado en la cama? Vaya, eso sí que sería una novedad.

No, al menos podrías cuidar las formas.

Nadie me ha visto llegar, Blanca, si es lo que te preocupa.

No lo digo porque esta sea tu segunda noche fuera,

sino por tu comportamiento en la fiesta.

¿Acaso no di el discurso que don Emilio y tú me preparasteis?

Sí, pero te fuiste de repente, sin avisar y a escondidas.

No creo que nadie me echara en falta.

La gran protagonista de la noche era su excelentísima, la baronesa,

y no su consorte. La reina quería despedirse

de nosotros, de los dos. Tendrías que ver la cara que puso

cuando preguntó por ti y supo que te fuiste sin despedirte.

No quería llamar la atención con mi marcha.

Pues lo hiciste y para mal. Lo siento, Blanca.

Y ahora que no se puede hacer nada, ¿podemos hablar de otra cosa?

Ahora soy baronesa y primera dama de la reina.

Debes cuidar lo que haces

porque tu imagen afecta a la mía y a la reina.

¡Se acabaron estos comportamientos! ¿Me oyes?

Te recuerdo que, por muy baronesa que seas,

sigues siendo mi mujer. Y en esta casa mando yo.

Por favor, para mandar debes saber cómo hacerlo y,

en más de una ocasión, demostraste no saber.

Yo creo que sí. Y te recordaré cuál es tu lugar.

Necesitas de mi posición y de mi amistad con la reina

para hacer algo en política.

Gracias a tus amistades me han expulsado del partido.

Y te hemos dado una oportunidad con Dato, ¿o no?

¿Una comisión para hacer un monumento

que es motivo de burla para toda España?

¡Blanca, no me hagas reír!

Disculpe, señora, no la interrumpiría

si su hermana no hubiese dicho que es grave.

-¿Qué te han dicho? -Solo que están graves las dos.

(SUSPIRA)

Lo siento tanto.

Celia, ¿qué haces?

Yo no puedo irme a Alemania estando mi hermana así.

Lo entiendo, pero quedándote aquí no puedes hacer nada por ella.

-Necesito saber qué pasa. -Y lo sabrás en Alemania.

Si son difíciles las conexiones desde aquí, imagina desde Alemania,

un país enemigo de Inglaterra. No puedo irme así.

Necesito estar al lado de mis hermanas,

como ellas necesitarán que yo esté a su lado.

Sí, y lo entiendo.

A ver, ¿qué hacemos si Marina despierta?

Es un riesgo que estoy dispuesta a correr.

Ya he hablado con Diana, con Blanca y con Soledad

para ver qué... qué decisiones vamos a tomar.

Ellas han estado a mi lado en los momentos difíciles

y yo no puedo fallarles ahora. -Y yo lo entiendo.

Es solo que me da miedo lo que pueda pasarnos.

¿Pasarnos? No. Tú te vas a Alemania y me esperas ahí.

¿Qué? ¿Y si Marina despierta y te señala?

-Por lo menos, tú estarás a salvo. -No me voy a ir.

No tenemos que quedarnos las dos.

Estás dispuesta a asumir ese riesgo por tus hermanas,

porque las quieres. A mí me pasa igual contigo.

No me pidas que me vaya. -No me hagas esto.

Pasamos mucho tiempo separadas.

Si Clemente no pudo apartarnos, no lo hará Marina. Nos quedamos.

Mi amor, tranquila, todo se va a arreglar, ¿sí?

A ver, yo puedo ir al hospital, así estaré más cerca de Marina

y ver cómo evoluciona.

Está bien, yo iré al periódico para hablar con el director,

a ver si me guardan la plaza. -Bien.

Tranquila, tranquila.

(LLORA) No puedo más. -Elisa, ¿qué pasa?

Es Ciro.

Después de todo lo que he hecho por él y...

me ha dejado. -¿Pero por qué?

Se ha enterado de que estuve embarazada y...

y que no puedo tener hijos porque perdí ese.

Pero él sabía lo de tu esterilidad y le daba igual.

Sí, pero no sabía que había estado con Carlos.

Me ha llamado mentirosa por ocultárselo.

Yo pensaba que se lo habías contado.

Pensaba hacerlo, pero no mientras Genoveva estuviera por aquí.

¿Eso no será una excusa de Ciro para volver con ella?

No. No, Genoveva no tiene la culpa.

Ciro le dijo que se fuera y ella reconoció su derrota.

La culpa de todo la tiene Carlos.

-¿Carlos? -Sí.

Carlos le contó todo mientras estuvieron en el calabozo.

Si hubiésemos ido cuando te dije.

No es excusa, Carlos es un sinvergüenza.

Y es mi marido, así que modérate.

¿Le vas a defender después de lo injusto que ha sido?

Bueno, ya no es tan injusto.

Me ha perdonado igual que yo le perdoné a él.

Y va a aceptar a nuestro hijo como... como propio.

-Vaya. -De hecho, no te molestaré más.

Mañana por la mañana regreso a mi casa con él.

-Me alegro. -Ay, Elisa, nadie lo diría.

Me alegro por ti, pero...

la verdad que, sin Ciro, aquí me voy a sentir muy sola.

Si Carlos me ha perdonado, ¿cómo no te va a perdonar Ciro?

-Es que estaba muy enfadado. -Elisa, se le pasará, vive aquí.

Os veis a diario.

(SUSPIRA)

Ciro ha cogido su petate y se ha ido.

¿Que se ha ido?

¿Dónde? ¿A una pensión, a Valladolid?

No lo sé.

Anda, ven aquí.

(SUSPIRA) -Ay...

¿Me puedo sentar?

¿Qué es eso? -Mis cosas.

-¿Te vas de casa de Elisa? -No. A veces me gusta

recoger toda mi ropa y pasearla por Madrid.

¡Claro que me he ido! -¡Tranquilito!

-No puedo estar tranquilo. -Pues inténtalo,

así solo empeorarás las cosas.

-No, las cosas no pueden ir peor. -Bueno, pues para arreglarlas.

¿Quién te dijo que quisiera arreglarlas?

Lo mío con Elisa se ha acabado.

¿Y adónde vas? ¿De regreso a Valladolid?

No, he alquilado una pensión.

Eso es que aún hay esperanza.

Eso es que no sé qué hacer con mi vida.

Cuando le digo a Genoveva que no quiero nada con ella,

sé que Elisa... -Que Elisa estuvo conmigo.

Pero no es para tanto, debes perdonarla.

Hay cosas que no se perdonan. -Eso pensaba hace unas semanas.

¿Pero sabes qué? Que he perdonado a Sofía.

Y, por primera vez en mucho tiempo, me siento feliz.

Tú deberías hacer lo mismo y perdonar a Elisa.

Y no solo de palabra, sino de corazón.

-No puedo. -Todo esto fue culpa mía.

No te tendría que haber dicho nada. -Al contrario.

Te lo agradezco, así por lo menos supe lo que había.

Sofía y yo estábamos casados cuando nos engañamos mutuamente,

eso es mucho más grave. -Lo llevasteis en privado.

En cambio, lo de Elisa y ese niño que perdió,

¿cuánta gente lo sabrá? -¿Y qué?

¿Cuántas veces se reirían a mi costa?

-¿Por qué se iban a reír? -Estuvo con otro hombre.

¿Y eso qué más da? Fue antes de conocerte.

Desde que te vio en el hospital solo ha pensado en ti.

Yo pensaba que me casaba con una postulante,

una mujer virtuosa e inmaculada.

Pero la realidad es que ni conservó su pureza.

¿Así que es por eso, Ciro?

Por Dios, no seas anticuado. ¿Y si fuese viuda qué?

Además, tanto tú como yo hemos estado en Marruecos

y sabemos lo que es aquello. Tú casto y puro no eres.

¿O sí?

Ciro, ¿tú has estado alguna vez con... con una mujer en...

en una situación íntima?

Pues no.

Vaya, así que...

sin estrenar.

(RÍE)

Ese frutero no es de fiar.

Cuando puede, te cuela dos manzanas podridas...

o tres. (SUSPURA)

Te tengo dicho que revises siempre el género, Elpidia.

Debió ser mago en otra vida, o carterista,

tiene las manos muy rápidas. Te descuidas dos minutos

y te echa el género malo que está para echar a perder.

Cuando te das cuenta es tarde. -Pues cambia de frutería.

¿Azúcar?

-¿Y eso? -Para usted.

Yo no te he pedido nada, no necesito nada.

No llevo mucho tiempo aquí, pero empiezo a conocerla.

Casi se cae redonda cuando supo del accidente de Adela y la niña.

Bueno, pero ahora ya estoy bien.

Mujer, mejor estará cuando se lo tome.

Déjese cuidar, no le pasará nada. (SUSPIRA)

Está bien. Dos cucharadas, por favor.

Una y dos.

Ya sé que creerá que soy muy borrica, ¿eh?

Y con razón, pero tengo ojos y veo lo mucho

que le importan las Silva.

Las he criado a todas ellas. -Si yo lo sé.

Tiene usted una situación muy difícil.

¿Qué quieres decir? -Lo vi en muchas casas

y en amas de crías. Una deja a sus hijos

en el pueblo con las abuelas

y primas y se tiene que ocupar

de los hijos de las señoras. El mundo al revés.

Yo no me quejo. No me he quejado nunca.

He sido muy feliz criando a las niñas Silva.

Pero usted no es su madre.

Entiendo que les tenga cariño, pero no son sangre de su sangre.

¿Qué me estás queriendo decir?

Siempre será la criada y ellas siempre serán las señoras.

Es normal que se sienta triste

y que sufra por sus desgracias, pero no son su familia.

Si lo que quieres, es confortarme,

deberías decirme que doña Adela va a ponerse bien,

que pronto recibiremos una llamada del hospital

diciendo que se ha curado.

Yo si quiere, se lo digo, señora.

Pero, por lo visto, la cosa está muy grave.

La próxima vez que me quieras consolar,

por favor, espera que te pida ayuda.

¿Le molestó lo que le dije?

Perdóneme. Si soy muy torpe.

En cuanto al frutero, no te preocupes.

Mañana iré a verle para hablar con él.

¿Se ha enfadado conmigo? Lo único que quiero, es ayudarla.

Entonces, vete a hacer tus faenas. Y procura esmerarte.

Que ayer no barriste bien debajo de la cama de doña Diana.

Bueno, pues lo dejaré como los chorros del oro.

Pero dígame que no se ha enfadado. -No.

No me he enfadado. Tienes razón. No soy más que una criada.

Y tú también. De modo, que obedece y espabila.

Me da una cosica aquí dentro dejarla sola...

No te preocupes, que sola voy a estar estupendamente.

Y ahora, márchate. O, de lo contrario, voy a pensar

que tu preocupación por mí es una excusa para no trabajar.

(SUSPIRA)

¿Pero la Casa Real aún no ha enviado las especificaciones

del nuevo pedido? -No. Parece que se va a retrasar.

Aplázalo y da prioridad a los demás clientes.

Llamaré, a ver qué ha pasado. Aunque ya me lo figuro.

-Bueno. -Vamos, date prisa.

Llegas pronto.

Subamos a su despacho. Tengo que contarle algo.

No hará falta. Voy a ser muy breve.

Ni Diana ni tú os saldréis con la vuestra.

-¿A qué se refiere? -A eso de Tejidos Salvana.

¿Creíais que no me enteraría?

Mirasteis inmuebles, hablasteis con clientes,

diseñasteis un cartel. Qué nombre más ridículo,

Tejidos Salvana. ¿A quién se le ocurrió?

-¿Eso qué más da? -Es verdad.

Lo único que tienes que saber,

es que no compraré tu parte ni dejaré que la vendas.

Vuestra fábrica murió antes de nacer.

Ya le puedes decir a Diana que vuestra jugarreta fracasó.

Y ahora, voy a trabajar, a ver si tranquilizo

a los clientes de la Casa Real, que los tenéis muy revueltos

con vuestras absurdas ideas.

-Don Ricardo, espere. -Ya está todo hablado.

No he venido a hablarle de esto.

-¿Qué quieres? -Adela y su hija han sufrido

un accidente y están muy graves. -Lo siento muchísimo.

Si hay algo que pueda hacer.

Una cosa son nuestras rencillas profesionales,

pero otra muy distinta, la familia. -Se lo agradezco.

Sí hay algo que puede hacer. -Lo que sea.

No le cuente nada a Elisa.

Sus hermanas no quieren preocuparla hasta que no se sepa nada más.

¿Cree que podrá hacerlo?

Deberíamos esperar a Soledad.

¿Has avisado a Soledad? Diana, no es nuestra hermana

y casi no conoce a Adela. Claro que lo es.

Y esta noticia le afecta tanto como a nosotras.

Por Dios. No compares lo que sienta yo

o cualquiera de nosotras, con lo que sienta ella.

No es el mejor momento para discutir.

Adela no lo querría así. En eso tienes razón.

¿Solo en eso?

Perdón por la tardanza. Tuve que atender a una clienta

que ya estaba en la tienda antes de cerrar.

-Gracias por venir. -Al menos, no soy la última.

Elisa aún no ha llegado. -No la avisé.

Ah. Y a Soledad sí. Blanca, por favor.

No pasa nada. ¿Por qué no avisaste a Elisa?

Por la misma razón que no le dije nada a Francisca. Por compasión.

Elisa está muy ilusionada con su boda y es muy sensible.

Esto arruinaría su felicidad. -En eso estoy de acuerdo.

Elisa lo ha pasado muy mal últimamente.

Será mejor no preocuparla, hasta no saber más noticias.

Me parece bien. Como también me parece bien

lo de Francisca. Con un embarazo tan delicado,

es mejor no decirle nada hasta no saber algo definitivo.

¿Definitivo? Qué mal suena eso.

Me refería a saber algo.

Lo sé. -¿Ha dicho Alonso dónde llamarle?

-No. Se lo preguntaré la próxima vez que llame.

Aunque, tal y como están las comunicaciones

con Inglaterra, a saber cuándo será eso.

No sé si podré soportar tanta angustia, de verdad.

Yo no lo voy a hacer.

Me voy a ir a Inglaterra a cuidar de Adela y de la niña.

Claro. Lo único que lamento,

es no poder acompañarte. Yo no puedo dejar la tienda ahora.

Y tú tienes que preparar

tu viaje a Alemania, ¿no? -No.

He decidido quedarme. Ni Aurora ni yo nos podemos ir

en estas circunstancias.

Celia, gracias.

Aurora, ¿pero qué hace aquí?

Pensaba que estaba camino de Alemania.

Cambio de planes.

Cuéntemelo, mientras se toma una taza de café. ¿Le parece?

Gracias. Me vendrá bien.

¿Y qué ha ocurrido? ¿Algún problema con el periódico o los trenes?

Adela y su hija han tenido un accidente en Inglaterra.

Celia no quiere moverse hasta que no tenga más noticias.

Dios mío. ¿Se encuentran bien?

Madre mía.

Dígale a Celia que, para lo que necesite,

que no dude en llamarme.

Dígale que los médicos y los hospitales ingleses

son los mejores. No podrían estar en mejores manos.

Tengo un buen amigo allí.

Podría llamarle para que vaya a verla.

No se preocupe. Un amigo de la familia está con ellas.

Me alegra saberlo. Le quería pedir un favor.

¿Sería posible recuperar mi puesto de trabajo

hasta que nos vayamos? Sé que es muy precipitado.

Ayer mismo le dije que siempre habría un lugar aquí para usted.

No pensaba cumplir mi palabra tan pronto,

pero puede reincorporarse.

Muchas gracias. No podría llegar en mejor momento.

¿Tanto me ha echado de menos?

Necesito una enfermera de confianza,

para una paciente muy especial.

Marina ha despertado.

Aurora, ¿se encuentra bien?

Sí. Sí, disculpe.

No pasa nada. Supongo que le habrá afectado oír

que Marina ha despertado. ¿Por qué dice eso?

Según he oído, se hicieron buenas amigas.

Sí, pero... últimamente, nos habíamos distanciado.

Ya. ¿Cómo está?

Muy débil, como puede figurarse.

¿Y ha dicho algo? Al despertar, lo primero que dijo,

es curioso, preguntó por Celia.

¿Por Celia? Aunque pensándolo bien,

es normal, ¿no cree? ¿Por qué?

Ayer, poco antes de marcharse, yo le di recuerdos para Celia.

Marina debía estar recuperando la consciencia y lo oyó.

Supongo que debe ser por eso. Sí. Sí, claro.

¿Podría verla? No, no. Está descansando

y la policía está vigilándola. ¿Cómo?

Sí. Y eso que ya tienen al supuesto agresor.

No deben tenerlas todas consigo.

Hay algo más que debe saber. ¿El qué?

No sabes cómo agradezco que no te vayas.

Con lo de Adela y tú tan lejos, no sé si podré soportarlo.

Llámame cuando sepas algo. Sí.

Si Alonso llama con noticias,

os avisaré inmediatamente. Bueno, me voy.

Yo también me voy.

-¿Puedes esperar un momento, Celia? -Sí, claro.

-¿Te has vuelto loca? -Es lo que tenía que hacer.

Quedarse aquí, con lo que habéis hecho,

sería una temeridad. -Lo sé.

Dios mío. Espero se solucione cuanto antes

y que Adela sane, antes de que Marina se despierte.

-Eso ya da igual. -¿Por qué?

Hablé con el director de "El Heraldo"

para pedirle que me guardara la plaza y me dijo que no.

-Vete ya. -Hay otro seleccionado.

Sale esta tarde. -Lo siento.

A mí me da igual. Lo importante ahora, es Adela.

También me preocupas tú. No quiero que acabes en la cárcel.

Ni yo quiero acabar ahí.

¿Qué ocurre? ¿Te hace gracia visualizarme en la cárcel?

¿Y si te vienes a Inglaterra?

¿Y Aurora? Se quedó por mí. No puedo hacerle eso.

-Que se venga con nosotras. -¿No te importaría?

Claro que no. Ahora voy a buscar billete para las tres.

De verdad que no sabíamos qué hacer.

No te preocupes. Pronto estaremos lejos de aquí,

camino de reunirnos con Adela.

Nunca había probado el servicio de habitaciones.

Me gusta más que ir a un restaurante y así

no hay que esperar para el postre. -¡Amalia!

-¿Qué pasa? -Que nos puede ver alguien.

Ayer no te preocupaba tanto.

Ayer era de noche y no había tanta gente en la calle.

Está bien. Tendré más cuidado.

Pero llevas toda la tarde muy nervioso. ¿Qué te pasa?

Creo que esta mañana, saliendo de la habitación del hotel,

alguien nos vio. Un antiguo compañero del partido.

Si estaba ahí, también tendría algo que ocultar.

No. Qué va. Estaba con su mujer. Es muy chismosa.

Le va a faltar tiempo antes de contar

que me vieron con... -¿Con una mujer como yo?

Con una mujer...

Con una mujer que no es mi esposa.

Está bien. Entiendo que ahora tienes una posición en la política.

Y tampoco me apetece enfrentarme a Blanca.

Tendremos que ser más cuidadosos.

Bueno, se acabó lo de ir a hoteles tan elegantes.

Te puedes cruzar con un conocido en cualquier momento.

-Ya lo he visto -Podemos vernos en mi pensión.

Allí nadie hará preguntas ni nos molestará.

¿Qué pasa? ¿Que los pobres sois más discretos que los ricos?

Cada uno va a lo suyo. La gente humilde bastante tiene

con sus problemas, como para pensar en los de los demás.

Amalia, lo siento, pero no quiero que nos veamos

en una pensión de mala muerte.

-Que es donde yo vivo. -Entiéndeme.

Quiero que nuestros encuentros sean una forma de evadirnos

de nuestras vidas, de los problemas.

Y eso no lo encontraremos en tu pensión.

Si no vemos en hoteles elegantes,

ni en mi pensión, ¿dónde nos vamos a ver?

Mira. Creo que tengo el lugar perfecto.

No tiene muchos lujos,

pero no levantaremos sospechas de nadie.

El seguimiento de la luz es bueno.

¿Y la dilatación de la pupila? La correcta.

Está claro que médicos y enfermeros

somos los peores pacientes.

Ya sé que te lo he preguntado antes, pero debo volver a hacerlo.

Estás más descansada y despejada. Haz un esfuerzo.

¿Qué es lo último que recuerdas?

Estaba en mi despacho y me disponía a marchar,

cuando, de pronto, sentí un mareo.

Y ya no recuerdo nada más, hasta despertar aquí.

Una amnesia retrógrada asociada al trauma.

Usted trabajó en psiquiatría.

¿Conoce algún caso como este?

Suele pasar en pacientes que han pasado

por una situación muy dolorosa.

Debido a las lesiones que le ha provocado,

porque la mente bloquea ese recuerdo.

¿Y en algún momento, se recupera la memoria?

A veces, sí. Y a veces, no.

Si es cierto que me han... secuestrado,

golpeado y disparado,

quizás, sea mejor seguir así y no recordar nada de eso.

Solo lo bien atendida que me he encontrado al despertar.

La mente es sabia.

Aurora, siga usted examinándola y continúo con las visitas,

que las tengo un poco descuidadas.

Luego vengo, Marina. Muy bien, doctor.

El pulso es firme.

Eso significa que te estás recuperando.

Lo siento. -¿El qué?

No haber muerto. Porque eso es

lo que Celia y tú habríais deseado, ¿verdad?

-Marina... -¿Qué vas a hacerme?

Me basta con dar un grito para que entren los policías.

-¿Qué vas a hacer tú? -¿Yo?

Sí. ¿Qué vas a hacer? ¿Qué le vas a decir a la policía?

-¿A la policía? -¿Por qué has dicho

que Celia y yo te queríamos muerta?

Las discusiones que hemos tenido,

los enfrentamientos en el hospital.

Y porque Celia está convencida de que maté a Germán y a Carolina.

¿Eso es lo que recuerdas?

Tener malos deseos no es un delito, que yo sepa.

Quiero que sepas que ni Celia ni yo

hemos deseado nunca tu muerte

¿Y por qué estás tan nerviosa?

Por todo esto que te ha pasado a ti.

Y por lo que has dicho cuando has despertado.

Me he sentido acusada. Y yo no te he hecho nada.

Necesito un termómetro.

Voy a buscarlo.

¿Cómo que me case con Gabriel?

Damián, piensa por un momento lo que estás diciendo.

Ya. Ya sé que nos ayudaría,

pero estoy casada contigo, ¿recuerdas?

Y eso sería bigamia. No. No solo es un pecado mortal.

Podría ir a la cárcel.

Claro que te estoy escuchando,

pero no puedes obligarme a hacer eso.

Damián, por favor. Damián, no...

Tengo que dejarle. Hasta luego.

¿Qué te pasa? ¿Con quién estabas hablando?

Con un proveedor.

¿Con un proveedor? Parece que discutíais.

Algo terrible tiene que haberte dicho, porque estás temblando.

Dime la verdad. ¿Con quién estabas hablando?

Se lo he dicho. Con un proveedor.

No me mientas. Eso no justifica tu estado.

No. Claro que no lo justifica.

Pero mi ánimo no está así por eso,

sino por lo que la he hecho llamar.

Cuéntame.

Adela y su hija han tenido un accidente.

-¡Ay, Dios santo! -Están graves.

Es lo único que se sabe, por ahora.

-¡Ay, Dios mío! -Tranquilícese.

¿Quiere un vaso de agua? -No. Quiero que me lo cuentes todo.

¿Qué ha pasado? ¿Cómo ha sido? ¿Cómo están?

Le prometo que no se sabe nada más.

¿Entiende mi estado ahora? -Claro.

¡Dios mío! Voy a la iglesia a rezar por ellas.

Por favor, que esa niña es

todo lo que me queda de mi hermano.

Viene Elisa. Las hermanas no quieren decirle

nada para no preocuparla.

Por favor, sea discreta. -Sí.

Ay, qué caras. ¿Ha pasado algo?

-No. -Cualquier diría que venís

de un funeral. -Es que...

Es que su marido sigue en el preventorio.

Está grave. -Eso.

Vaya. Lo siento, Antonia.

Gracias, señorita.

Bueno, ya sabe. Si necesita cualquier cosa de mí, dígamelo.

Somos casi familia. Tenemos una sobrina en común,

la hija de Adela. -Sí. Tiene razón.

¿Pero es que le ha pasado algo malo a Enrique?

Pues que está muy grave. Y es todo lo que sé.

Y hasta que no vuelvan a llamarme, pues estoy en vilo.

Antonia, anímese. Que ya sabe lo que se dice.

La esperanza es lo último que se pierde.

Permítame que la corrija, pero lo último que se pierde,

es lo primero que nos es dado, la vida.

Y es horrible cuando no sabes si ese momento

le llegó a alguien que quieres.

Si me disculpan.

Buenas tardes.

Ay, pobrecita, eh.

Aunque yo también tengo mis problemas que atender.

-Seguro. -Venía a por unos apliques

para mi sombrero.

Claro.

¿Me llamaba? Pasa, cierra la puerta.

Nuestra común amiga, Marina, ha recobrado la conciencia.

¿Cómo? No, por Dios, no, no.

¿Quieres calmarte? ¡Cómo quiere que me calme!,

esto es el fin, adiós a Francisca y a mi hijo

Cállate un momento. ¿Es que no se da cuenta?,

¡iremos a la cárcel o al garrote, estamos acabados!

Así está mucho mejor, escúchame,

he hablado con el abogado, no todo está perdido.

Pues, no entiendo cómo. Porque me ocupé

de que no haya ninguna prueba. ¿Y qué? Ella nos delatará.

Pero, será su palabra contra la nuestra.

La policía investigará y puede que encuentren indicios,

pruebas, testigos, cualquier cosa. ¡Te quieres callar de una vez!

Claro que la policía hablará con nosotros

y nos interrogará, ¡duramente!,

pero, si estamos firmes, no nos pasará nada.

Si empezamos con los miedos, las dudas y balbuceos

como los tuyos, entonces, sí, estaremos perdidos,

¿has entendido lo que te digo?

Sí.

¿Puedo contar contigo en esto,

sabrás mantener la boca cerrada o tendré que cerrártela yo?

Claro que no, no hará falta que me cierre la boca

y sí, cuente conmigo, desde luego, no diré ni una sola palabra,

no solo por usted, ¿de acuerdo?, sino por mí.

Eso es lo que quería oír.

Pero, aún así, creo que esto acabará mal.

Rosalía, acabo de enterarme del accidente de doña Adela.

Don Alonso, todavía no ha llamado para dar noticias,

si es lo que quiere saber. Estoy preocupado por doña Adela

y la criatura, pero, también, estoy preocupado por usted.

¿Por mí?, pues, aquí me tiene y ya ve que estoy bien.

No es normal que esté usted bien,

aquí me tiene usted para lo que necesite.

¿Sí?, pues, colóqueme esa lata ahí al fondo, que pesa mucho.

Sí, claro, para lo que me necesite es para lo que me necesite,

pero, no me refería a eso, quería decir que usted

puede conmigo desahogarse

o si necesita un hombro sobre el que llorar.

No lo necesito. Rosalía, sé que usted es una mujer

abnegada y fuerte, pero, es natural que esté triste,

usted crio a las Silva como si fueran sus hijas.

Pues, claro que estoy triste y preocupada porque es lo normal,

pero, no necesito el consuelo ni el apoyo de nadie.

Yo insisto, lo que usted necesite...

Sí, lo que yo necesite, usted está dispuesto,

me ha quedado claro, pero, ahora, lo que quiero

es que me dejen tranquila y que no me agobien.

No, no, disculpe.

Oh, Benjamín, pero, qué puntual has venido para nuestra cita,

eso es que tenía ganas, ¿eh, pillín?

Ay, señora, qué cara, ¿me necesita para algo más?

¿Has acabado las habitaciones? Sí, señora.

¿Y guardaste la ropa limpia? Sí.

¿Y dejaste lista la cena? Sí, hice un bizcocho

así de grande por si vienen a desayunar doña Blanca

y la Srta. Celia y Soledad.

Bueno, pues, entonces, puedes marcharte.

Vale. Y que lo paséis bien.

Rosalía... No, no necesito nada,

gracias, Benjamín. No insistas, no se le vaya

a ocurrir algo y vámonos a pasarlo bien

que vaya día que llevamos, hala, hasta luego, ¿eh?

Adiós.

¿Por qué tardó tanto en abrir, pensaba que era la policía?

No, en absoluto, ¿por qué pregunta eso?

Tranquilícese, solo era una broma. Pues, no tiene ninguna gracia.

¿Pero, por qué está tan nervioso,

acaso tiene algo que ocultarle a la policía?

Yo no tengo nada que ocultarle a la policía.

Lo que sucede es que en el pasado no tuve

buenas experiencias con las autoridades.

Lo sé, de eso quería hablarle, ya que tuvo esos problemas

con la policía y se quedó sin trabajo

y sin lugar donde vivir,

pues, Blanca, le cedió esta casa

a Francisca para que ustedes pudiesen vivir en ella.

Ajá, lo recuerdo.

Pero, ahora, la necesito.

¿Tengo que irme? No, nada más lejos

de mi intención que dejarle en la calle.

Vaya, gracias.

Pero, a cambio, necesito que me haga un pequeño favor.

Usted dirá. De vez en cuando necesitaré

esta casa para, bueno,

para asuntos privados y usted no podrá estar.

Cuando dice asuntos privados quiere decir mujeres.

Cuando digo asuntos privados

es que no quiero que me hagan preguntas, ¿lo ha entendido?

Perfectamente, sí.

¿Puedo contar, entonces, con su discreción?

Es su casa.

Y le dejaré seguir viviendo en ella siempre y cuando

no le cuente a nadie nuestro pequeño trato.

Bien, le haré saber con tiempo cuando la necesito.

Cuando esté dentro, cerraré estas cortinas

y sabrá que no puede entrar. Entiendo.

Cuando me vaya, pues, las abriré y usted podrá regresar.

Ahora, déjeme un juego de llaves para hacer una copia.

Claro, claro.

Ah, don Luis, mantenga esto un poco limpio y ordenado,

quiero causar buena impresión a mis asuntos privados.

Hola, soy el doctor Salgado, me envía la embajada.

La paciente agradecerá que le atiendan en su idioma.

Creo que no solo por eso, en la embajada

me hablaron muy bien de usted.

Espero no decepcionarles en ese caso.

Vamos a ver.

Adela, Adela.

Cómo me alegra verte abrir los ojos.

¿Qué ha pasado?

Tuvisteis un accidente de coche camino de Aberdeen.

Soy el doctor Pablo Salgado

y me ocuparé de usted a partir de ahora.

No, no se mueva, por favor, señora.

Tiene varias costillas rotas, la cadera muy afectada

y hay una fisura en la columna en la base del cráneo,

es muy pequeña y no será nada,

pero, la tenemos que tener vigilada,

así que, por favor, relájese y descanse.

Pero, ¿dónde está Eugenia?

¿Dónde está mi niña, por qué no está aquí?

Eugenia, también, resultó herida en el accidente.

¿Qué?

¿Dónde está mi niña? A su hija

la están cuidando muy bien, señora.

Quiero verla. No se puede mover, señora.

Pero, ¿por qué no traen su cunita

y se recupera a mi lado? ¿Dónde estamos?

Estamos en un hospital militar, cerca de un aeródromo.

A su niña la llevamos al hospital infantil,

está lejos de aquí, a unas dos horas.

¿Qué? Pero, ella está allí solita, sin su madre.

Tiene que saber que su madre está bien.

Pero, es que su madre, ahora, no está bien,

necesita reposar para poder verla a ella.

Por la dos, relájese e intente descansar.

Es que no lo entiendo, tengo que ver a mi niña,

ayúdenme, por favor, apártense.

¡Aah!

Espere un momento.

Velasco.

Gabriel, qué sorpresa.

¿Tú sabes la hora que es? No, la verdad, se me fue

el santo al cielo, Marina, por fin, ha despertado,

estoy revisando todo el caso para cuando pueda hablar con ella.

¿Y por qué no ha señalado

al hombre que confesó su agresión?

No ha señalado nada, tiene amnesia, seguramente,

provocada por el trauma de su agresión

y, por el momento, no recuerda nada.

Vaya, ¿y lo hará en algún momento?

No lo sé, pero, debo estar preparado.

Si llevas todo el día, seguro que lo estás,

venga acompáñame a tomar algo, así descansas un poco.

¿Y Soledad?, últimamente, te pasas todo el día con ella.

Prefirió quedarse en casa, está un poco alterada

con lo del accidente de Adela.

¿Qué accidente?

¿No lo sabes? No.

Ha tenido un accidente de automóvil en Inglaterra,

tanto ella como su hija están muy graves.

Lo siento muchísimo, por ti, también, claro, la niña es tu...

Es mi prima, por eso necesito salir y tomar algo

con un amigo mientras espero noticias.

No soporto estar encerrado en casa esperando

y paseando arriba y abajo.

¿Y Celia? ¿Qué pasa con Celia?

Aceptó un trabajo de corresponsal

en Alemania y con todo esto, ¿sabes si se ha ido?

Entonces, ¿Marina lo recuerda todo?

Cristóbal está convencido de que tiene amnesia,

ella dice que no recuerda nada, pero, cómo me miró

al quedarnos solas, estoy segura de que está fingiendo.

O, también, significa

que estás muy aprensiva, que sería normal.

Celia, créeme, Marina sabe más

de lo que dice, estamos en peligro. No te preocupes.

¿Cómo no me voy a preocupar? Nos vamos a ir.

¿Y tu hermana?

Nos vamos a Inglaterra con Diana. ¿Qué?

Te prometo que en unos días estaremos en camino

y fuera de peligro, te lo prometo.

¿Se puede saber dónde

te habías metido? Estaba preocupadísimo.

Estoy bien, ¿ha llamado Alonso?

No, aún no.

¿Has podido venderle la fábrica a mi tío?

Lo siento, pero, ha sido imposible.

¿Por qué? No sé cómo, pero, se ha enterado

de nuestros planes y no quiere comprarla.

Pero, eso no es lo que me preocupa ahora, sino tu viaje a Inglaterra,

¿conseguiste los pasajes?

No, y estuve toda la tarde de un lado para otro,

compañías navieras, agentes de transporte,

incluso, visité la embajada británica.

¿Tan difícil es conseguir un pasaje a Londres?

Ojalá fuese difícil, pero, es imposible.

Adolfina y Adela, lo consiguieron hace unas semanas.

Tú lo has dicho, hace unas semanas. ¿Tanto han cambiado las cosas?

En Inglaterra ya está en toda la prensa, aquí aún no ha salido,

pero, la navieras ya lo saben.

¿El qué saben? Que Inglaterra ha bloqueado

con sus barcos los puertos alemanes,

quieren asfixiar su economía.

¿Qué tiene que ver eso con tus pasajes?

Los alemanes ya hartos, le declararon una guerra submarina

a Inglaterra sin restricciones.

¿Qué quieres decir? Que, a partir de mañana,

pueden atacar en cualquier momento cualquier barco que navegue

por las costas inglesas, buques de guerra,

cargueros, barcos con pasajeros...

¿Qué? Se espera una carnicería.

Por eso nadie quiere navegar a Inglaterra.

Es incomprensible, eso es muy peligroso.

Me da igual, no me rendiré, tiene que haber alguna manera

de viajar a Inglaterra, seguro.

Cariño, te voy a ayudar, pero, ahora, debemos descansar.

No, tengo que hablar con Celia para contárselo.

Celia, puede esperar a mañana.

No, créeme, Celia necesita saberlo cuanto antes.

Está bien, gracias, Diana...

Sí, llama si hay cualquier novedad, a la hora que sea.

Adiós.

¿Qué pasa, por qué pones esa cara?

No nos podemos ir a Inglaterra.

Es imposible conseguir pasajes.

¿Qué?

No puede ser.

Lo siento, Aurora.

Es que es increíble que no podamos hacer nada

ni por estar con Adela, ni por huir de Marina, es increíble.

Aurora, por favor, tranquila. No puedo.

Entiendo que estés nerviosa, pero, creo que lo mejor

que puedes hacer, es irte, lejos de aquí.

Pero, ¿y tú? No me iré hasta no saber

que Adela está bien. Celia, te lo dije una vez

y te lo repito, mi sitio está contigo

y no te dejaré sola, ¿de acuerdo?

Ciro se ha ido, padre. ¿Pero, por qué?

Se ha enfadado y ha roto mi compromiso.

Yo sé, perfectamente, lo que puedes hacer

para que os reconciliéis.

Sí, ya, hablar con él, pero, no es tan fácil.

Sí que es fácil si sabes lo que le pasa... y yo lo sé.

Mira, no te des tanta importancia que no tienes ni idea.

Elisa, sé mucho más de lo que te imaginas.

Doña Adela tiene unas fracturas y tendrá una recuperación

muy dolorosa y lenta, pero, eso no es lo más importante.

¿Qué es lo más importante? ¿Cómo está Eugenia?

A mí no me dicen nada, tía, ¿usted sabe algo?

Sí, tranquila, está internada en un hospital infantil.

Tía, si a mí me pasa algo, cuide de ella.

Pero, ¿qué cosas dices?

Prométamelo, tía, prométamelo.

Puedes viajar a Inglaterra

por las rutas que usan los contrabandistas.

¿Dices que cruce el mar escondida en un barril de güisqui?

Cariño, la mercancía no viaja sola, la gente la transporta.

¿Cómo conseguiremos hablar con los contrabandistas?

Señora. Solo lo digo por preguntar,

para tener toda la información.

Para saber de criminales, hay que hablar con criminales.

Mi tío. Oh, pues, purgatorio.

Aurora, es la enfermera de Marina tuvo la oportunidad de tenerla

tan cerca, y ahora no se habría despertado.

Eso ya lo hablamos y Aurora no es una asesina.

Pues, es una pena, pero, bueno, ya es tarde para lamentarse,

me conformo con que Aurora nos informe

sobre cualquier cambio en Marina.

¿Yo, qué puedo hacer?

Influir en la investigación de inspector Velasco.

Dígame si reconoce a alguno de estos hombres,

por favor, tómese su tiempo, ¿de acuerdo?

Estos días di vueltas, creo que sería un buen momento

para escribir un libro sobre el asesino del Talión,

y quién mejor para hacerlo

que usted, yo le daría toda mi investigación.

¿Haría eso por mí? Claro que sí, somos amigos, ¿no?

El servicio de barcos está interrumpido

desde Santander y lo mismo pasa

con el del Canal de la Mancha por miedo a los submarinos.

¿Y no hay más formas de viajar a Inglaterra?

Para todo hay medios ortodoxos

de hacer las cosas y otros menos ortodoxos.

Bueno, pues, me gustaría

que me hablara de esos otros medios.

Supongo que más que un viejo compañero de la guerra de Marruecos

lo que busca son mis servicios como notario, ¿no?

Así es... tengo algo muy importante que darte.

¿De qué se trata?

Carlos, debo pedirte un favor enorme.

¿Hasta qué hora cree que deambularé por las calles?

Se lo dije, hasta que no vea las cortinas descorridas,

ni se le ocurra acercarse por aquí, venga, ¡largo, largo!

Buenos días.

Aquí tiene el libro de cuentas, imagino que vendrá

a revisarlas para ver si hoy no falta nada.

Pues, no hace falta que me saques el libro porque no vengo por eso.

La veía tan seria que pensé... Porque vengo en son de paz.

Vengo a pedirte disculpas. Emilio me ha dicho

que Eduardo Dato está muy preocupado

por no recaudar fondos para acabar las obras.

La persona que consiga ayudarle quedará muy bien situada.

¿Y quién será esa persona? Tú tienes muy buenos amigos

en la banca y conoces a muchos inversores,

el gobierno estará encantado de que les ayudes.

¡Diana, escúchame, que se la han llevado, sí,

que de pronto ha empezado a decir que no veía,

que no podía moverse, se ha quedado rígida!

Mira, ha sido horroroso.

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Seis Hermanas - Capítulo 363

18 oct 2016

Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad madrileña de la época, en el Madrid de 1920.

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