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No recomendado para menores de 7 años Seis hermanas - Capítulo 1 - ver ahora
Transcripción completa

-Señorita Adela, no la encontraba,

sus hermanas ya están en el comedor.

Ahora voy.

Me parece que hoy nadie ha podido descansar en esta casa.

Elisa al final cayó rendida,

nos quedamos todas hasta que se durmió, pero...

¿Ha llamado alguien? No.

Hace unos días estaba tan satisfecho

con el compromiso de su hermana y ahora...

(SUSPIRA) La vida no vale nada

y, por lo visto, la muerte tampoco,

lo hemos dejado en ese cementerio donde nadie va a ir a visitarlo.

Doña Rosalía, mi padre no querría que perdiésemos la fábrica

y nos quedásemos sin nada.

Sabrá entender, allá donde esté, lo que estamos haciendo.

No me cabe la menor duda de que está en el cielo.

Nada le importaba más en este mundo

que sus seis hijas, pero... (SUSPIRA) No puedo dejar de pensar

que ni una sepultura con su nombre le hemos dado.

Cada vez que lo pienso, se me saltan las lágrimas.

Pues si quiere llorar, tendrá que hacerlo

en su cuarto y a solas, cuando no la vea nadie.

No, no, no se apure, Srta. Adela,

si algo he aprendido estos años es a comportarme.

Espero que sepamos hacerlo todas.

Una aprende,

con el tiempo.

Ande, dígale a mis hermanas que enseguida voy.

(SUSPIRA) Espero que esté orgulloso de mí, padre.

Les he hecho el pan como les gusta,

y les traigo la mantequilla templada.

Ayer, cuando llegamos, puse a cocer los membrillos

y les he hecho un dulce que está para chuparse

los dedos de la mano. (RÍEN)

-A usted le encanta el membrillo, Srta. Elisa.

-No, ya no. -Ah.

Elisa, siéntate, quiero hablar con vosotras,

con todas vosotras. Es importante.

Espera.

Don Aurelio tardará unos días en enviarnos el contrato,

tendremos tiempo de pensar qué vamos a hacer.

¿Y si quiere que firme padre?

Algo se nos ocurrirá. Lo que me preocupa

es la demanda del tío Ricardo. ¿Nos ha puesto una demanda?

Tenía una buena razón para volver de América.

¿Pero todas lo sabíais menos yo?

No queríamos preocuparte,

pero sí, es mejor que lo sepas.

Así que teníais razón, quiere quitárnoslo todo.

Lo ha puesto en manos de un juez, un juez que, seguramente,

llamará a declarar a padre. Todo el mundo querrá verlo,

no tendríamos que haber mentido. Elisa, ahora no.

¿Ahora no? ¿Y cuándo? Hemos hecho lo que habéis querido

y no se ha solucionado nada, es imposible que vaya a peor.

Van a descubrir que enterramos a padre y...

¡Elisa, por favor! Me estás poniendo muy nerviosa.

El tío Ricardo quiere dinero, es lo único que quiere,

no creo que padre haya estado todo el tiempo sin entregarle

su parte del negocio. No importa si tiene o no razón.

Algo importará, digo yo. Importa que el juez

llamará a declarar a padre

y no va a poder declarar. No, no va a poder,

ni firmar el contrato con Aurelio, ni ir a mi fiesta de compromiso,

ni a mi boda... -¿No vas a callarte?

-¡No puedo! Elisa, sube a tu cuarto.

Es muy niña para preocuparse por estos asuntos.

Está abrumada y tiene miedo, es normal.

¿Y quién no lo está?

-Espero que la justicia sea lenta

y que tengamos tiempo. Antes o después, le llamarán

a declarar y qué vamos a hacer. No estaremos de brazos cruzados.

-¿Y qué sugieres que hagamos? No sabemos nada de leyes.

-Llamar a un abogado, él sabrá qué hacer.

Sí, quizá pueda frenar la demanda e impedir que vayamos a juicio.

¿Y a quién llamamos? No conozco a ninguno.

El hijo de los Alarcón es notario, no sé si sirve.

Yo lo conozco, si queréis, puedo llamarle.

Antes de hablar con nadie, hay que encontrar documentación.

-¿Qué documentación? Si le ha estado enviando dinero

al tío Ricardo, habrá documentos que lo prueben, estarán guardados.

En el despacho de la fábrica guardaba lo importante.

Bien, pues habrá que ir al despacho.

Sí, voy contigo, teníamos que ir de todos modos,

hemos quedado con Salvador Montaner

para presentárselo a los trabajadores.

-Salvador Montaner es abogado,

nos contó que se licenció con honores en París.

Pues encontremos los documentos y pidámosle consejo, muy bien.

Blanca, tú ve a hablar con Cristóbal para conseguir

el certificado de defunción de padre.

Disculpadme.

¡Buenos días, señoritas!

Sr. Montaner.

Qué puntual. -Le sorprenderá, Srta. Diana,

pero yo soy capaz de muchas cosas, hasta de madrugar,

siempre y cuándo haya algo que merezca la pena hacer.

Si no os importa, centrémonos en lo que hemos venido.

Señoritas, ¿a qué se debe esta visita?

No es muy común veros por aquí. Benjamín, permítame presentarle

al Sr. Salvador Montaner. Benjamín Fuentes es el encargado

de la fábrica, lleva media vida con nosotros.

25 años, se dice pronto. -¿Podría reunir a los trabajadores?

Hay una noticia que darles. -¿Una noticia?

-Ajá. El Sr. Salvador Montaner

empieza a trabajar hoy aquí, será el nuevo director.

Eh, ¿cómo es que su padre no me dijo nada?

Bueno, tampoco me dijo que se iba de viaje.

-Bueno, aquí estamos nosotras para contárselo todo. ¿Entramos?

-Srta. Adela, quiero aprovechar la ocasión

para agradecer su confianza en mí y pedirle perdón.

¿Por qué motivo? Cuando acepté este puesto,

actué de una forma un tanto displicente,

ahora que me informé y veo la fábrica,

solo puedo decirle "gracias por confiar en mí".

Nos ha demostrado su valía con creces cerrando el contrato.

Haremos el mejor paño para billares que se ha hecho nunca.

(RÍE)

La Srta. Silva tiene algo que anunciarnos.

-Gracias, Benjamín. (CARRASPEA)

Tenemos la suerte de venir en nombre de nuestro padre

a contarles dos grandes noticias:

La primera es un nuevo pedido de paños para mesas de billar.

La otra es que, a partir de ahora,

el nuevo director de la empresa será el Sr. Salvador Montaner.

El Sr. Salvador Montaner es una persona con experiencia

y preparada, y sabemos que con él y con el trabajo de todos ustedes,

Tejidos Silva saldrá adelante. Nuestro padre está de viaje

y ha puesto en manos del Sr. Montaner

el rumbo de la empresa.

Nos ha pedido que nos hagamos cargo del negocio en su ausencia

y que les expliquemos a ustedes todos estos cambios.

Sabemos que, aunque él no esté, todo va a ir a las mil maravillas.

-¿Puedo decir algo? (AMBAS) Claro.

-Empieza una nueva época en Tejidos Silva,

una gran época, seremos los mejores

en vestir mesas de billar

y, realmente,

estoy encantado de que la familia Silva

me haya elegido para capitanear este barco;

una empresa que, como todos saben...

-Creo que ya es suficiente. -Bueno, todos a trabajar, vamos.

Benjamín, ¿puede enseñarle

el resto de la fábrica al Sr. Montaner?

Creo que es bueno que tome contacto

con el funcionamiento de la fábrica.

Informen al resto de trabajadores de su incorporación,

¿quién mejor que usted para hacerlo?

Sí. Vamos al despacho de nuestro padre

a solucionar unos asuntos. Muy bien, ¿me acompaña?

Blanca, creía que habíais resuelto esto sin mi ayuda.

Lo sé, y lo intentamos, créeme, Cristóbal,

pensé que era así. Sé que te estoy pidiendo demasiado.

Sí, me estáis pidiendo demasiado.

¿Pero qué esperas que haga? El...

Cura de la parroquia

dice que, si no se lo enviamos, tendrá que hacer una notificación.

Y exhumarán el cadáver de vuestro padre.

Sí. Es una locura, esto no es un juego.

No sé cómo habéis podido llegar hasta aquí.

Lo que me pides ahora sí pone en riesgo mi carrera.

Tienes razón,

no tenía que haber venido, pero no sabía qué otra cosa hacer.

Tengo miedo, Cristóbal,

perdóname. Blanca...

No va a pasar nada, si estaré bien.

No mientras,

no sabes hacerlo.

Te juro que, si pudiera volver atrás,

lo cambiaría todo, pero es que no puedo.

Solo espero que la fábrica

de tu padre vaya muy bien a partir de ahora,

porque como se descubra todo esto,

tendré que buscarme otro oficio.

No, nunca se sabrá,

al menos por nosotras.

Gracias, Cristóbal, de verdad, no sé cómo voy a pagarte todo esto.

Deja la deuda guardada,

cualquier día puedo necesitar cobrarla.

Petra, ¿tú sabías algo de esto?

-No, no sabía nada, me acabo de enterar como vosotros.

-Yo no entiendo nada, ¿un nuevo director?

-¿Qué quieres entender? Es simple, no hay dinero

para pagarnos a nosotros, pero para él sí,

eso es lo que les importamos.

No sabía que eran tan guapas las hijas del patrón.

-Tiene seis y dicen que todas así. -Conozco a Montaner,

es cliente del café de mis padres.

-Un señorito, como todos, teníamos suficiente con el patrón.

-No nos quejemos, tenemos trabajo, es lo importante.

-Eso es cuando te pagan; si no, esclavitud.

-Mi padre dice que es un retraso, pronto cobramos.

-¿Cuándo es pronto? ¿Una semana? ¿Un mes? ¿Un año?

-No lo sé. -Tengo la mala costumbre de comer,

beber y pagar mi renta, y no puedo sin mi sueldo.

No tengo ni cuatro reales, los que guardaba para mi familia

los gasté esta semana, no aguanto. -No eres el único que está así.

-¿No hay trabajo para estar aquí perdiendo el tiempo?

-Estamos comentando novedades. -¿No piensa decir nada?

¿Alguna opinión tendrá de lo que está pasando?

-No creo que tenga nada que decir, ni yo, ni vosotros.

-No opino lo mismo. -Llevo 25 años trabajando

para don Fernando y confío en el patrón

y en sus decisiones. -Yo le digo una cosa,

hemos aguantado lo que pudimos, es hora de hacer algo.

-¿De qué estás hablando?

-De ir a la huelga. -Pero, Petra,

¿los estás escuchando? ¿Pero estáis locos o qué?

¿Ahora precisamente que viene un buen pedido?

¿Ahora ir a la huelga? -Ahora es el momento,

cuando estamos en situación de apretarle,

que vea que sin nosotros no es nadie.

-Para que eso salga bien tendrían los obreros,

todos, que ir a la huelga, y eso no va a ocurrir.

-¿Y cómo está tan seguro? -Saben lo que es la lealtad.

-Eso ya lo veremos.

(Pasos)

-Señorita, ¿qué hace usted ahí?

(SUSPIRA) En ningún lugar de la casa me encuentro bien.

-Se me parte el alma de verla tan triste y decaída,

parece usted una flor en un jarrón sin agua.

-No estoy triste, Merceditas,

estoy enfadada con mis hermanas y con el mundo.

(Timbre) -¡Ah!

-Merceditas, ¡no abras! -Pero si están llamando.

-Son Carlitos y Sofía, pero no quiero verles.

-Le vendría bien distraerse, no se van a ir,

saben que estamos dentro. -Diles lo que sea para distraerles,

que me he muerto o lo que se te ocurra.

(SUSPIRA)

-¡Pero bueno!

Lo siento, pero la Srta. Elisa no va a bajar.

-Merceditas, si no hemos dicho nada.

-Pero sé que vienen a buscar a su amiga.

-¿Por qué no va a bajar?

-Porque no puede. -¿Cómo que no?

Es la prueba de vestido de mi puesta de largo,

tiene que venir conmigo. -Pues ya le digo

que no va a poder ser. -¿Por qué no?

-Porque está indispuestas. -¿Indispuesta?

Eso le digo a mi madre cuando no quiero hacer recados con ella.

-Sí, es la típica excusa.

-Dinos la verdad. -Si ya se lo he dicho,

la Srta. Elisa no se encuentra bien.

-Sé más específica, ¿qué tiene? -Pues enfermedad, malestar general,

dolor de cabeza, sí, eso es, le duele muchísimo la cabeza

y se le van los ojos hacia atrás y se marea la pobrecita,

y no puede salir del retrete, perdonad.

-¿Y ha venido el médico? -No, todavía, pero está al llegar.

-Pues déjenos subir a verla, le animará estar con sus amigos.

-¿Por qué insisten tanto? Si suben les contagiará

lo que tiene, eso es, se pondrán todos enfermos.

-Te estás poniendo roja como un tomate, eso es que mientes.

-Si ya me lo decía mi madre: "Mientes mal, Merceditas,

y eso no es bueno, en la vida conviene saber mentir".

-¡Dile que baje de una vez! -Es que no quiere verles,

¡no quiere salir de su cuarto! Ya está, lo dije.

¿Quién me mandará ir con paños calientes?

No quiere verles, ¡punto! -¡Vamos!

-¿Vamos? ¿Adónde? -A buscarla.

-¡Señorita, no puede subir! ¡Me reñirá por no impedirlo!

Es tan rebelde como ella

que, por salirse con la suya, hacen lo que sea.

-Ella es así, no acepta un no por respuesta.

-Me recuerdan las dos a una potrilla que tenía mi padre,

no hubo manera de domarla, ni con látigo ni con mimos.

-Ah... Muy bien. -Ah...

-¡No estás mala! ¿Por qué no quieres vernos?

-Porque no estoy de humor. -Ah, así es esa

es la auténtica razón. -Sofi, hoy quiero estar sola,

no soy buena compañía para nadie. ¿No puedes entenderlo?

-Claro que lo entiendo, no comprendo es el porqué.

Dime, ¿por qué quieres estar sola? -Ah...

Eres mi amiga, ¿no? -Por supuesto.

-Pues entonces podrás respetar mi decisión,

ahora márchate, por favor.

-Ya entiendo, debo ejercer de amiga

y respetar que me dejes sola en un día importante como este.

-No estás sola, está Carlitos. -Él no cuenta.

Es que no sé qué te pasa,

lo único que sé es que tú me obligarías a ir contigo

a la prueba de tu vestido.

(SUSPIRA) -La puesta de largo

es un día muy importante y lo quiero compartir contigo,

aunque tengas la peste.

-Oye, ¿vamos ya o qué? Que me aburro.

-¿Pero, bueno, cómo te atreves? -Bueno, ¿qué pasa?

-¡Fuera, es un dormitorio de señoritas!

-¿Qué tiene de especial?

Es como cualquier otro. -No, me voy a cambiar.

-¿Vais a tardar mucho? -¡Fuera!

(SOFÍA RÍE)

(Golpes)

-Aquí no está. No hay ningún documento

donde figure si padre pagó al tío Ricardo

su parte de beneficios durante todos estos años.

Pues solo nos queda un sitio donde mirar.

¿Sabes dónde está la llave? Yo no, ¿y tú?

Si lo supiera no te lo preguntaría.

(SUSPIRA) ¿Y ahora qué hacemos?

Llamar a un cerrajero.

-Señoritas Silva, ¿todavía por aquí?

Sí, estamos buscando una documentación

que necesita nuestro padre.

Adelante, por favor, supongo que saben mejor

que yo dónde encontrarla. (RÍE)

Es mi primer día en mi despacho.

-La llave tendría que estar en alguna parte.

-Supongo que su padre olvidó decirles dónde.

No hemos tenido ocasión de preguntarle.

¿Por dónde anda ahora? -Por América.

Por América en general.

-Quizá, si me dicen qué necesitan, yo puedo ayudarles.

Pues, precisamente, lo que... Eh, me temo que no.

Muchas gracias, pero no, no nos puede ayudar.

Diana...

Es un asunto familiar. -Si tiene que ver con la empresa,

también me incumbe, su padre ha querido contratarme.

-¿Cómo tengo que decirle que no? Que no nos puede ayudar

Sr. Montaner, ¿podría dejarnos un momento a solas?

Necesito hablar con mi hermana. Por supuesto.

-Es un engreído, no le soporto.

Pero tal vez nos pueda ayudar. No.

Diana, le voy a contar lo de la demanda.

Necesitamos encontrar los documentos de padre

antes de consultar con un abogado, lo dijiste.

Pero no los encontramos, quiero que nos asesore.

Le hemos contratado para hablar con los clientes

que no tratan con nosotras, no para que trabaje.

Lleva unas horas y se cree dueño de la fábrica.

Le pagamos, no veo inconveniente en aprovechar su conocimiento.

¿Quieres que compartamos con él nuestros problemas?

¿Confías en él? Porque yo, sinceramente, no.

De momento, demostró su valía, consiguió cerrar el contrato.

Ganando una partida de cartas. El modo es lo de menos,

a él le interesará tanto resolver este asunto como a nosotras.

¿O se te ocurre una idea mejor?

El párroco se quedará conforme, del certificado de defunción

puse el nombre que dijiste, mi firma y número de colegiado.

Siento ponerte en peligro. Blanca, si algún día se descubre,

adiós a mi licencia para ejercer y vosotras...

No pasará nada, te lo aseguro. Guárdatelo.

¡Ah, Rodolfo! (RÍE)

¿Esta es la manera de tratar a tu prometida?

Me has hecho esperar más de 10 minutos.

Mi hermano es un gran conversador, seguro que te ha contado

alguna batallita del hospital o de su arte para hacer

resucitar a los muertos. Oye, Rodolfo...

Por lo menos a los gravemente heridos,

a los muertos todavía no, cualquier día te pones con ello

y lo sacas adelante, tienes talento para eso y para mucho más.

No me gusta que bromees sobre ciertos menesteres.

Ni hablara en serio. (RÍE)

¿No decías que tu madre tenía que comentarnos algo?

Ah, ¡buenas, doña Dolores! ¿Qué tal, Blanca?

¿Cómo estás? Hijo, no tienes buena cara,

¿te encuentras bien? Yo estoy perfecto.

Justamente estábamos hablando de usted,

pero debo decirle que el vestido es maravilloso.

¿Se lo han confeccionado en la villa de París?

No, en el mismísimo París. Rodolfo, tienes que llevarla,

sería un buen destino para vuestra luna de miel,

yo puedo organizaros el viaje en un santiamén.

Me encantaría. ¿Sí? Pues no se hable más,

me pondré con ello enseguida. Déjate llevar por mi experiencia

y ya verás qué bien te va. ¿Aquí quién se casa?

Igual a los novios les gusta opinar, ya sabe.

Eh, hijo, querido, ¿sabes que ya he dejado

de preguntarme por qué sigues todavía solo?

Vaya por Dios. (RÍEN)

-¿Has leído los ecos de sociedad hoy?

Ah, no he tenido tiempo, la verdad.

Pues busca, aunque debería haberse esmerado

en hacer una crónica un poco más... un poco más...

¿Más extensa? Sí, extensa, más florida.

A los Romanones les dedicaron media página

y su fiesta no fue ni la mitad de concurrida

que la nuestra; por lo hablar de lo escaso que fue el ágape

y del horripilante vestido de su hija.

-Qué afición tiene por los adjetivos, madre.

Ah, salgo... Bueno, quiero decir,

que sale usted guapísima, doña Dolores.

La foto es maravillosa. Pero lee, que te va a encantar.

La familia Loygorri tiene el placer de anunciar el compromiso

de su primogénito Rodolfo Loygorri con doña Blanca Silva,

que ha tenido lugar en el casino de la capital hace dos días.

La boda tendrá lugar el próximo...

21 de septiembre. 21 de septiembre.

En la parroquia de San Ernesto. ¿Te ocurre algo, querida?

Hay una errata en la fecha. Una errata no.

Se me olvidó comentároslo.

He pensado que si mantenemos la fecha prevista,

se nos va a juntar con el enlace...

El enlace, Rodolfo, de... -Sánchez-Dávila, madre.

-Eso es. Y ya no sería lo mismo.

Si queremos salir los únicos en la prensa,

tiene que ser en septiembre.

Es adelantarlo todo un poco, pero tal y como

lo pienso organizar, va a salir todo perfecto.

Tú fíate de mí. Septiembre es

el mes ideal. Sí, ideal.

No veo el momento en que llega la boda.

Es el día más importante en la vida de una mujer.

Si me apuras, de su padre.

A los hombres les cuesta desprenderse de sus hijas.

Pero en tu caso, tratándose del mayor de los Loygorri,

tu padre no cabrá en sí de gozo cuando te vea en el altar.

-Necesito un poco de agua. -Madre, ¿no se le hace tarde?

Ya es la hora de la novena. -Ay, cierto.

Gracias por avisarme. Bueno, te dejo el periódico.

Pero no lo arrugues. Pienso enmarcarlo.

Salgo divina, ¿no te parece?

Es cierto que Tejidos Silva es de los dos hermanos.

Pero nuestro tío Ricardo jamás se ocupó de nada.

Y ahora viene exigiendo sus derechos.

-Ya veo. Reclama los beneficios

de todos esos años y tener poder de decisión,

respetando su porcentaje. -Eso es.

Nos gustaría que nos aconsejaras sobre cómo proceder

en este asunto. ¿Yo?

Como abogado. Claro.

Sí. Los abogados estamos acostumbrados a enfrentarnos

a este tipo de temas a diario. Sí.

-Debe haber algo que podamos hacer.

¿Y bien? -Estaba pensando.

Repasando mentalmente las leyes al respecto.

Seguro que encontraremos la manera de parar la demanda.

Evitar que su tío se salga con la suya.

-Me gustaría estar tan convencida como usted.

-¿Puedo pedirles algo? Usted dirá.

Márchense y déjenme trabajar sobre el asunto.

Desearía repasar la jurisprudencia al respecto.

Soy muy puntilloso con estos temas.

Por eso obtuvo tan buenos resultados

en sus estudios. Precisamente por eso.

A veces, por una coma mal puesta

en un procedimiento, se ha ganado un juicio.

Les haré llamar en cuanto esté

todo preparado. Estupendo.

Señoritas.

Telefonista, con Bernardo Angulo, por favor.

Creo que es la primera boda en la que en vez

de una pareja de novios, se casan tres.

Ya sabes cómo es. A ver.

Rodolfo, ¿no crees que tu madre se está precipitando

un poco demasiado con todo esto? No sé.

A mí me hacía ilusión casarme en primavera.

Y con todo esto, no podré organizarlo tal como había pensado.

Mira, cariño. ¿Has visto? Jóvenes guapos y enamorados.

Somos la viva imagen de la felicidad, querida.

Cariño, ¿me estás escuchando?

Ya sabes que adoro a tu madre, pero, no sé,

a mí me gustaría sentirme un poco

más protagonista el día de mi boda.

Soy la novia. ¿Te acuerdas?

Ya. Pero tienes que entenderlo, cariño.

La mujer no tiene hijas y lo que más ilusión le hace

en el mundo, es esta ceremonia.

Dale un poco de margen. Además, yo no sabía

que querías casarte en primavera.

Te lo había comentado muchas veces.

¿Ah, sí? Sí. Sí, sí, sí.

Sabes que soy un poco desastre con las fechas.

Y septiembre me pareció un mes idóneo.

¿Verdad que lo comentamos?

No me metáis, que, como bien dice madre,

yo nunca me voy a ver en esa tesitura.

Cristóbal, por favor, algún día conocerás

una mujer que te hará cambiar de opinión

y, entonces, seré yo quien te ayude a lidiar con ella

y con madre. Créeme, eso no va a pasar.

No sé a qué te refieres con eso, la verdad.

Cariño, que eres una mujer extremadamente inteligente.

Y estoy convencido que sabrás llevar a mi madre y disfrutar

el día de nuestra boda, el 28 de septiembre.

21 de septiembre. El 21 de septiembre.

Será una boda espectacular.

Con la novia más guapa que jamás haya visto.

Blanca, dile la verdad. Cuéntale el motivo

por el que no te quieres casar en septiembre.

Rodolfo.

Hermano, tu suegro...

Viaja.

Quiero decir, que... Ya, ya. Que viaja.

De hecho, ahora está de viaje.

Sí, claro. Pero antepondrá la boda

de su hija a sus negocios, digo yo.

Y estará aquí a tiempo.

Eso esperamos.

Seguro que sí. Me voy al banco.

Cariño, disfruta de los preparativos

como haría cualquier novia.

¿De acuerdo? Lo haré.

Tendrás la mejor boda, créeme.

Cristóbal. Hermano, que pases buen día.

Pensé que me ibas a dar plantón. -Disculpa la tardanza,

pero los que trabajamos tenemos unos horarios

que cumplir, deberes, responsabilidades.

Y ahora, ¿se puede saber a qué viene tanta prisa?

-Yo también trabajo. Tengo deberes, responsabilidades. Esas cosas.

Por eso, necesito tu ayuda. -¿Trabajo tú?

-No pongas esa cara como si te hubiera dicho

que padezco una enfermedad.

-¿Qué tipo de trabajo? ¿Quién te contrató?

¿Has aceptado? -Por partes.

Soy el nuevo flamante director de Tejidos Silva.

Y sí, he aceptado.

-Eh... Vamos a ver, Salvador.

¿Me estás diciendo que tú eres

el nuevo director de Tejidos Silva?

-Es una broma, ¿no?

Eh... No... No doy crédito. ¿Me lo explicas, por favor?

-Tengo que quedar bien en mi primer día.

Hay un asunto con una demanda de don Ricardo.

-Te han puesto una demanda tu primer día.

-Contra mí, no. Contra don Fernando Silva.

Tengo que ver qué puedo hacer.

-Déjame adivinar. Otra vez te haces pasar

pasar por abogado. -Casi lo soy.

-No tienes ni aprobado del Derecho Romano de primero.

-Bernardo, solo te pido que la leas

y me digas qué puedo hacer. -No, Salvador. No.

Te lo dije hace mucho. Tienes que sentar la cabeza,

estudiar, olvidarte del juego, las mujeres.

-Son muchas cosas. -No me hiciste caso.

¿Al final qué pasa? Siempre soy yo

el que te saca de los entuertos. Y no. No me da la gana.

-Te echo caso. Estoy sentando la cabeza.

Tengo un trabajo serio. Hasta tengo un despacho.

-Lo del despacho, me lo creo. El resto no.

-Me he dado cuenta que tenías razón.

¿No te hace feliz eso? -Sigo sin creerte.

-Bien. Si no quieres ayudarme, no pasa nada.

Pero si fracaso en mi intento de convertirme

en un hombre serio y de bien, también será responsabilidad tuya.

-¿Es responsabilidad mía que hayas dilapidado tu herencia?

¿Que tengas afición tanta por gastar

y tan poca por trabajar? -Siempre con el mismo paripé.

Empiezas diciendo que no. Te convenzo.

Acabas diciendo que sí. Ganemos tiempo y dime que sí ya.

Eres el abogado más brillante que conozco.

Y encima, tengo la suerte de que seas mi mejor amigo.

-¿Y por qué es esa demanda, exactamente?

-Es una contrademanda. Donde manifiestan

que se ven perjudicadas por la demanda de su tío

y relatan la versión de sus hechos.

-¿Y cree usted que esto será

suficiente para frenarle? -Suele funcionar.

No hay mejor defensa que un buen ataque.

Si hubiera otro problema,

siempre tenemos la tranquilidad

de poder contar con usted y con su experiencia.

Por supuesto. Muchísimas gracias.

No se hace una idea de lo mucho que le agradecemos su gestión.

¿Verdad?

Gracias. -De nada, señorita Diana.

Si quieren, puedo llevar yo el documento,

así me presento ante don Ricardo como su abogado.

-No se preocupe. Lo solucionaremos nosotras.

Ya ha hecho suficiente. -Como quieran.

Entiendo que no han podido hablar con su padre.

No me gustaría retrasar la firma del contrato.

Don Aurelio está inquieto y no querría

que esto suponga ningún problema. -No lo hará.

Mi padre ya está al corriente.

Lo solucionaremos cuanto antes.

Primero, voy a ver al tío Ricardo

con este documento. Que vea que no lo tendrá

fácil con nosotras. Estupendo.

Les acompaño a la salida.

-Ahí está la pequeña de los Silva. -La he visto entrar

con sus amigos. -No sé si decirle algo.

-¿Qué le vas a decir? Es una cría.

No enredes, Carolina.

-Es una cría, pero un mensaje sí le podrá llevar a su padre.

No nos sirve las telas y estamos como estamos.

Eso sí lo podrá decir. -Ni se te ocurra.

Ya hablaremos nosotros con don Fernando.

No tenemos por qué molestar a ninguna de sus hijas.

-¿Qué os parece?

-Perfecto. -¿Solo perfecto?

-No hay nada más que perfecto.

-Si estuvieras como siempre, hubieras dicho tres adjetivos.

Está claro que no es el vestido más bonito

que has visto nunca. -¿Cuánto has dicho que cuesta

el vestidito? -Carlitos, por favor.

Hablar de dinero es una vulgaridad.

-Es que gastarse todo eso en un vestido que te pondrás

un día, me parece... -¿Un día? Si piensas

que es solo un día, no entiendes nada.

-Carlitos, no es solo un día. Es el día de la puesta de larga.

Es el día más importante de nuestra vida.

Es el día que pasamos al otro lado.

En el que los hombres empiezan a mirarnos como mujeres.

Mujeres de las que se pueden enamorar.

-Bueno, yo creo que os volvéis un poco locas

dándole tanta importancia. -Así que es eso.

-¿Qué dices? -Estás así de melancólica

por mi puesta de largo.

-Claro que no. -Te entiendo.

Si fueras la primera en ponerte de largo,

me moriría de envidia. -¿Te crees que tu puesta

de largo es lo más importante? Hay gente con problemas

más importantes. -¿Qué problemas?

-Milagros, por favor. ¿Puede irse un momento?

-Claro, señorita Sofía.

-Sí. ¿Qué problemas? ¿Tienes problemas?

-Yo no. Pero hay gente que sí.

-Elisa, que puedes contárnoslo.

Somos tus amigos. No es normal

que no quieras vernos. Y menos, que le digas

a Merceditas que nos mienta sobre tu salud.

-No es nada. Qué pesados. -¿Seguro?

-Seguro. Estás muy guapa.

Tu vestido es... maravilloso, fastuoso

y original. -El vestido está bien.

No me quejo. Pero tampoco es para tanto.

Antes de que te des cuenta, estaremos aquí

los tres juntos y tú te estarás probando

un vestido aún mejor que este. -¿Aún más caro?

-Y a tu fiesta acudirán los Villalta.

Y su hijo bizco, Waldo.

Será el primero que te saque a bailar.

-Bizco, cojo y tartamudo.

El hijo de los Villalta lo tiene todo.

Voy a avisar a Carolina para

que te ayude a quitarte el vestido.

-Gracias.

Padre, qué bolso tan bonito lleva. -Anda.

Es de una de las señoritas Silva.

Se lo debió dejar ahí arriba.

-Si tuviera algo tan valioso como eso,

me lo iba dejando por ahí. Lo que hace tener dinero.

Da igual un bolso que 20.

Nosotros preocupados por cobrar y ellas tendrán

los armarios llenos de zapatos. -No hables así.

-¿Así cómo? ¿Qué he dicho?

¿No es verdad que nadan en dinero

y yo solo tengo un bolso remendado?

-Mira. Estás hablando igual que Jesús.

Ten cuidado. Os absorbe el seso a todos.

-A todos no. Todavía hay trabajadores

que no apoyan la huelga.

-¿Ah, sí? ¿Muchos? -Bueno, la mitad

de la plantilla no apoya la huelga.

Pero Jesús no se rinde. Es muy convincente.

-Ese muchacho con sus soflamas nos va a traer un problema.

-Padre, aquí el problema es que no cobramos.

Y yo le aseguro que estoy con usted.

Pero, a ver, es que algo de razón tiene Jesús.

No debe extrañarle que la gente esté alterada.

-Gabriel, un momento. Hazme el favor, anda.

Lleva este bolso a casa

de las señoritas Silva. -Hombre, ¿ahora?

-Te va a llevar diez minutos. Si prefieres,

ponte a cargar cajas. -Bueno, usted sabe convencer.

-Anda, toma. Se lo das en mano a una de las señoritas.

Y trátalo con cuidado. -Sí. Sí.

-Si es que no estás en lo que tienes que estar.

¿Crees que esa es forma de limpiar el polvo?

-¿Y qué quiere que haga? -Que lo hagas como es debido.

No que lo pasees de un sitio para otro.

Coges el objeto a limpiar,

le pasas un paño y cuando esté bien limpio,

lo vuelves a depositar donde estaba.

-El polvo tardará un suspiro en volver a posarse.

-Pues lo vuelves a limpiar. Ese es tu trabajo.

Creí que lo habrías comprendido.

En esta casa las cosas se hacen bien, a conciencia,

como le gustan a don Fer...

Como le gustaban a don Fernando.

-No es por seguir rezongando, pero don Fernando

poco puede decir ya del polvo de los cuadros.

No se ponga triste, doña Rosalía, que me contagia.

Y si me pongo a llorar, le inundo la casa,

que soy muy exagerada para todo.

Y para derramar lágrimas,

la que más. -Estoy bien.

-A mí no me engaña, que bien sé yo lo que le duele

haber perdido al señor.

Entre sueño y sueño, la oigo rezar muchas noches.

-Anda. No te creo. Si tú roncas más que hablas.

Y eso es mucho decir.

-Doña Rosalía, ¿no se lo ocurrirá a don Fernando

aparecerse en forma de fantasma, verdad?

-¿Pero qué cosas dices?

-No sería ni el primer muerto ni el último.

-Anda. Por favor, deja de decir tonterías

y vete a la cocina, que está manga por hombro.

A ver si se te van esas tonterías de la cabeza.

-Sí. Adelante.

Buenas tardes. ¿Se puede? Por supuesto, adelante.

Adela. Esto sí que es una sorpresa.

Toma asiento, por favor. Gracias.

Supongo que no me esperaba.

Lo cierto es que no. Entiéndeme.

Tras el recibimiento del otro día...

¿Empezamos una tanda de reproches o hablamos en serio?

Esa es una frase que podía haber dicho yo.

Vengo a hablar de la demanda contra mi padre.

Te prometo que hubiera preferido llegar a ver

a mis sobrinas con media docena de paquetes de regalos.

Supongo que mi hermano no te ha enviado

para arreglar las cosas. ¿Arreglarlas? No.

No me ha enviado a arreglar las cosas.

Sino a decirle que, a partir de ahora, cualquier tema legal

que nos afecte, lo hable con nuestro abogado.

¿Abogado? Vaya. Nos asesora

y nos ha dicho cuál es la mejor manera para defendernos.

Mi padre no quiere volver a hablar con usted nunca.

Espera, Adela.

Me da igual que mi hermano no quiera hablarme.

Me da igual que se quede eternamente en ese viaje suyo.

Me da igual que recurráis a abogados.

A partir de ahora, las cosas van a cambiar.

Soy accionista de Tejidos Silva.

Y voy a estar al tanto de todo.

Es usted un cínico, tío. Lo que quiere, es hundirnos.

Quiero lo que es mío. Y lo que es de mi padre.

Aún no puedo demostrarlo, pero estoy segura

que mi padre le enviaba dinero.

Menos de lo que me correspondía.

Nunca se implicó en la fábrica. Lo dejó solo.

No. No puedo decir que eso sea mentira.

Aunque podría no sorprenderte mucho los motivos.

También me apellido Silva. Mis padres, tus abuelos

fundaron esa fábrica. Tengo derecho.

¿Derecho? Un derecho que ejerceré.

Si quiere guerra, tío, no piense que no vamos a luchar.

Buenas tardes.

Basilio.

-¿Sí, señor? -Quiero que me hagas un encargo.

Quiero que te enteres de quién es este hombre,

Salvador... Montaner.

Quiero hablar con él.

(Timbre) -Qué impaciencia.

Qué mala educación.

¿Sí?

(SILBA)

-Oiga, joven, ¿desea usted algo o ha venido solo para molestar?

-¿Es la casa de los Silva? -Así es.

-Verá. Soy un trabajador de Tejidos Silva.

Una de las señoritas se ha dejado este bolso

en el despacho del nuevo director y...

-Ah. Es el bolso de la señorita Diana.

-¿Puedes usted llamarla? Si no es molestia.

-No. Puede usted entregármelo y yo me encargaré

de dárselo. Y le agradezco mucho que haya venido a devolverlo.

Le digo que puedo entregárselo yo misma.

¿Qué pasa? ¿No se fía? -Me fío, me fío.

Pero, verá, don Benjamín me ha pedido

que se lo entregara en mano a una de las señoritas

y eso es lo que voy a hacer.

-Y si don Benjamín le pide que pase la noche al raso,

¿también lo hará? -Puede que sea pobre,

pero a bienmandado no me gana nadie.

-Y a testarudo tampoco, por lo que veo.

Espere un momento, si es usted tan amable.

(Toques de piano)

(Ópera en italiano)

(CANTA EN ITALIANO)

Bien. Tengo problemas para llegar

a los agudos. No, Francisca.

La afinación era perfecta. Pero esto no.

¿Qué pasa? Cantar no es solo técnica.

Es otra cosa. Luis, yo no sé si sé hacerlo.

A ver. La música es técnica, por supuesto que sí.

Es concentración, afinación, rigor.

Pero también es placer, tranquilidad.

Tiene que haber esfuerzo, pero sin notarse.

El público debe sentir que se canta

con la misma naturalidad con la que se habla.

Así que intenta relajarte.

-Perdón. No quería interrumpir.

¿Quién es usted y qué hace aquí? Soy Gabriel Gutiérrez.

Trabajo en la fábrica de su padre.

¿Quién le ha dado permiso para pasar al salón?

Nadie, la verdad, para ser sincero.

¿Entonces? Venía a devolver el bolso

de su hermana Diana, que lo ha dejado...

Traiga, que se lo doy. Preferiría dárselo a ella.

Ya, pero el bolso es mío.

No es mío, pero se parece mucho a uno mío.

No se preocupe, que yo se lo daré.

Solucionado. Entonces, me voy.

Sí, váyase. Y gracias.

Por cierto, me ha gustado mucho eso que cantaba.

Lo siento. Le he dicho mil veces a Rosalía

que no interrumpan nuestras clases. Tranquila.

¿Qué te dije? La afinación era perfecta.

Hasta a él le ha gustado.

No me conformo con una buena afinación.

Bueno, el resto poco a poco.

María Barrientos no lo consiguió en unos pocos meses,

sino en años de trabajo duro.

Practicaré toda la tarde, lo prometo.

Francisca...

¿Don Fernando se encuentra en casa?

Debo tratar un asunto con él.

No. Lo siento mucho...

pero sigue de viaje.

¿Y no sabes cuándo regresará? No.

¿Sucede algo? Preferiría hablarlo con tu padre.

No es nada grave. No te apures. ¿Seguro?

Habitualmente, tu padre es muy puntual con los pagos

y este mes se ha retrasado. No es que tenga una urgencia...

Sí, claro. Ha estado muy ocupado últimamente,

pero cuando regrese, te pagará. No lo dudo.

Nos vemos pasado mañana, entonces. Sí.

Hasta pasado mañana.

#Ay, ay, ay. Qué bien estoy.#

Le tuve que echar. Una cosa es fiarle

a un cliente de los de siempre

y otra, que te monte un escándalo así porque sí.

Pero te aseguro que vuelve. Con el rabo entre las piernas

y pidiendo perdón. Menudo es.

-Enrique, ¿tú crees que a Gabriel le pasa algo?

-¿Qué le va a pasar? -Míralo,

ahí embobado con la Chelito.

-Sí. La Chelito tiene el don de embaucar a los hombres.

Menos a mí. A mí no. Solo tengo ojos para ti.

-Mira que hemos tenido cantantes y nunca le he visto como hoy.

Le he llamado y me dice que le deje disfrutar de la música.

-¿Eso ha dicho? -¿Desde cuándo al niño

le interesa la música? -A lo mejor no le interesa

y te lo ha dicho para que le dejes en paz.

-El escote de la Chelito es lo que le gusta, como a todos.

-Edad tiene para que le guste.

-¿Una mujer de mala vida para nuestro hijo?

Si yo lo puedo evitar... -La queremos para que cante,

no para casarla con el niño.

-Gabriel, hijo. ¿Tú estás bien?

¿Tienes algo que contarle a tu madre?

-¿Yo? ¿De qué? -Si a ti te gustara una mujer...

¿Qué sé yo? Pongamos por caso, la Chelito.

Tú me lo dirías, ¿no?

-Qué cosas tiene. ¿Qué me va a gustar?

No se puede ser más basta y más vulgar.

Por no saber, no sabe ni cantar.

-Ya decía yo que no te podía gustar.

-¿Qué sabrás tú si sabe cantar o no?

La Chelito tiene buena voz y mucho arte.

Y a los clientes les encanta. -¿Qué sabrán

lo que es una buena voz? -Me parece una fresca del montón.

-Lo que digo es que cuando oyes una buena voz, lo sabes.

Te emociona y te llega al alma.

-¿Qué quieres? Que la echemos solo porque a Gabriel

no le gusta cómo canta.

La Chelito tiene su público y es fiel.

-Una legión de viejos verdes que vienen a verla,

a consumir poco y a montar bronca.

-Son clientes. -No quiero ese tipo de clientes.

Quiero una clientela de calidad, que sepa apreciar

un buen espectáculo y no solo

el escote de la cantante. -¡Toma! Y yo.

Pero no podemos echarla. No es fácil buscar

un sustituta con lo que podemos pagar.

-Hay que echarla, padre. No se puede cantar peor.

-¡Benjamín! -Señor.

-A ver. A ver. ¿Se puede saber

por qué las máquinas están paradas?

-Los obreros, que están hablando de la situación.

-¿Hablando de qué situación? Deberían estar trabajando.

-Llevan tres semanas sin cobrar.

-¿Se puede saber por qué no han cobrado?

-¿No ha hablado usted con don Fernando?

-Evidentemente, no. ¿Qué está pasando?

-No sé si soy la persona adecuada para hablar de esto.

-Benjamín, soy el nuevo director.

Le exijo que me cuente qué está pasando.

-Pues que después de tres semanas sin cobrar,

los ánimos están muy caldeados y hay alguno

que está alborotando de más.

-¿Alborotadores? -Pero poca cosa.

Que los conozco bien. Son gente de fiar.

No creo que vayan a la huelga. -Perdón. ¿A la huelga?

-Sí... -Benjamín, debemos continuar

con el encargo de don Aurelio. No podemos parar las máquinas

¿Se puede saber por qué no me han contado esto?

-No creo que le hayan ocultado información.

-Nadie me ha dicho que se les debe

tres semanas de sueldo a los trabajadores.

Si llego a saber... -Mire. Llevo 25 años trabajando

en esta empresa. Siempre se ha pagado puntualmente.

-Parece que ahora no. -Bueno, ya.

Pero son tiempos difíciles. A don Fernando

no le están saliendo las cosas como esperaba.

-Benjamín, hágame el favor. Reúna a los trabajadores.

-Tengo que hacerle una visita a las Silva.

(Timbre)

Gracias.

-Inesita, ya me encargo yo.

Señor Montaner, qué sorpresa tenerle por aquí.

-Venía a ver a su hermana Diana.

Le agradecería si pudiera avisarla.

-¿Está seguro que no puedo ayudarle yo?

-Pues mucho me temo que no.

-Una verdadera lástima. -Es urgente.

-Señor Montaner. -Tenemos que hablar.

-Elisa.

-Me han engañado.

Mi primer día y mire con lo que me encuentro.

No me dijeron la verdad y está mal.

Nunca hubiera aceptado trabajar

si sé que la fábrica está en esta situación.

-Perdone, pero no sé de qué habla.

-De un negocio que no tiene ni para pagar a sus trabajadores.

De una revuelta, una huelga. -Sigo sin saber de qué habla.

Me parece su tono muy exagerado. -¿No me cree?

Venga conmigo. Lo entenderá enseguida.

(HABLAN A LA VEZ)

-Benjamín, el señor Montaner me ha dicho

que nadie está trabajando.

No podemos permitirnos que el turno de tarde

esté parado. ¿Qué sucede? -Se niegan a trabajar

mientras no se les pague.

-¡Huelga! (TODOS) ¡Huelga!

-¡Silencio! De uno en uno.

-Señorita Silva, Señor Montaner.

Los obreros de esta fábrica estamos en huelga.

-¿Es usted el portavoz? -Lo soy.

Hemos hablado y creemos que esta es la única opción

que nos han dejado. -¿Cómo que la única?

-Espere. Déjele que hable.

No tenía ni idea de que hubiese retraso con el pago

de los jornales. -Pues ya lo sabe.

-Hemos pasado una mala racha en cuanto a pedidos.

Pero eso se acabó. Sabéis que hay

una importante remesa de paños para Villar

y en cuanto se entregue, habrá liquidez.

-Ya nos sabemos ese cuento.

Ya hemos estado trabajando con la promesa

de que más tarde recibiríamos los sueldos.

-¡Tenemos que dar de comer a nuestros hijos!

(MURMURAN) -No nos venga con eso

de que nos entiende. -¡Silencio! ¡Venga!

¿Ha tenido alguna vez miedo a que le echen de su casa

por no pagar la renta? ¿O miedo a pasear

por su barrio porque debe dinero al del colmado,

al de la carnicería? -Yo le entiendo.

-No diga que nos entiende y no nos insulte.

-Solo queremos cobrar nuestro jornal.

-Y solo trabajaremos cuando tengamos lo que se nos debe.

(TODOS) ¡Huelga! ¡Huelga! -Escuchadme...

-¡Silencio! ¡Silencio!

-No es este un tema para tratar con una mujer.

-No voy a consentir ni una falta de respeto.

Si tanto están hablando de derechos, deberían darse cuenta

de que la señorita Silva es tratando de entenderles.

Tendrán que escucharle o les daremos la espalda ahora.

Señorita Diana, puede continuar.

-Yo...

Les pido perdón a todos

y les aseguro que vamos a...

-Se han cometido errores en la gestión de la fábrica. Sí.

Pero ahora, los tiempos van a cambiar.

Tenemos un nuevo pedido

que dará ingresos para pagarles a todos.

-Siempre hablando de futuro. -El señor Montaner

se acaba de incorporar y apenas ha podido hacerse cargo

de lo que aquí sucede. Les pedimos un poco de tiempo.

¿Verdad, señor Montaner? -Sí.

Un poco de tiempo no se le puede negar a nadie.

Les pagaremos cómo sea. -Díganos cuándo.

Es lo que queremos saber.

¿Cuándo cobraremos? -Al final de la semana.

-Sí. -¿Y por qué habríamos de creerla?

-La señorita Silva ha hablado

en nombre de su padre, nos ha pedido perdón.

Ha dado su palabra de que nos pagará

en unos días. Para mí, es suficiente.

-¿Y si pasado ese tiempo siguen sin pagar?

-Mira, entonces, no me cabe duda de que tú mismo

organizarás una huelga. ¡Venga!

Todo el mundo a trabajar. ¡Vamos!

-Ignoraba que las cosas estuviesen así de mal.

-¿Mal? Es una palabra que se queda corta.

Deberíamos estar hablando de desastre, de caos, de ruina.

Sería más realista. La gente se manifiesta

porque lleva mucho tiempo sin cobrar.

-¿Quedan libros por comprobar?

-Ah. ¿En alguno estará el milagro

que cuadre las cuentas? ¿Cómo no se me ocurrió?

-No estoy de ánimo para sus ironías.

Desconocía el estado de estas cuentas.

-Qué alivio. Me alegra saber que no me engañó

al ofrecerme el puesto de director.

-No fui quien se lo ofreció. -Cierto.

No confiaba que fuera capaz

de hacerme con su gran cliente. Pero lo hice.

Di mi palabra. Cumplí. ¿Y ahora?

Estoy al frente de un negocio en ruinas.

Empiezo a pensar que el viaje de su padre no ha sido fortuito.

-¿Cómo puede pensar así? -Un oportuno viaje

para alejarse de los problemas económicos.

Que se encargue otro. Y ese otro soy yo.

-¿Cómo se atreve a poner en duda la palabra de mi padre?

-Mire. Aunque no lo crea, aposté por ustedes.

Hace poco volvía a la ciudad y me acompaña

una larga trayectoria de éxitos.

Su ruina será la mía. No cuente conmigo

para seguir al frente de esta gran mentira.

-¿Sabe que las ratas son las primeras en abandonar

el barco? -¿Me llama rata?

-¡Sí! -Este barco estaba en el fondo.

-Váyase. Sabía que era un error contratar a un vividor.

No quiero verle nunca más. -¿Nunca?

-¡Nunca!

-En ese caso, permítame hacer

algo que llevo deseando hacer desde el primer día que la vi.

(Portazo)

(GRUÑE)

Que no le quiera ver, no significa

que no se merezcan una explicación mis hermanas y mi padre.

(SALVADOR) Me suplica que vuelva, ¿no?

-Estoy dispuesta a pasarlo por alto, si esta tarde viene

a la fábrica a hablar conmigo.

Señor Montaner, qué alegría verle de nuevo.

Diana me contó lo del malentendido.

De verdad que no sabe cuánto le agradezco que,

dada las circunstancias, siga confiando en el proyecto.

Para mí es un placer apoyarlas en momentos tan duros como este.

-Los trabajadores amenazaron con ponerse en huelga.

-¿Por qué quieren huelga?

Se les debe semanas de jornal.

Padre ha hecho inversiones y ha gestionado la fábrica

de tal manera... ¿Estamos arruinadas?

No tenemos ni para los gastos de la casa.

No hay dinero para pagarnos.

Pero el señor Montaner no trabaja gratis.

Y si no nos pagan... Jesús te envenena.

-Jesús dice verdades como puños.

-Sigue con él y verás cómo terminas.

-Se sigue enganchando.

-Lo que le dije a tu padre. No podíamos hacer

esta tela. No la hemos hecho nunca.

-Dijiste que en tu boca no entrarían moscas.

Ya he tenido bastante. Avisa a mi padre.

-Los paños para la mesa de Villar no quedan bien.

Habría que contratar a un artesano que nos enseñe

a trabajar estos materiales. -Llámele. ¿A qué espera?

-No es barato. -Si no podemos pagar

los salarios, ¿cómo vamos a pagar a un maestros? Pensemos.

Tiene que haber una solución, aunque ahora no la veamos.

Habíamos pensado en empezar joyas o muebles.

Es una buena idea. La situación es horrible

y podemos pasar sin algunas cosas.

¿Cuánto cree que costaría este conjunto?

Si les digo la verdad, hay una mezcla curiosa

de baratijas y muebles interesantes.

Les puedo ofrecer mil duros por el lote.

¿Mil? Esperábamos algo más.

Nos estamos deshaciendo de unas pertenencias familiares.

Hemos llamado a un anticuario para que las tase.

Temes que se sepa y se descubra la verdad sobre tu padre.

Sí. Ahora es así mi vida. Mintiendo, disimulando.

Menos mal que contigo puedo ser yo.

¿Por qué tengo la sensación de que me ocultas algo?

Vas a tener que renunciar a las clases de canto.

Será temporal. Te lo prometo.

Hasta que resolvamos esta situación.

¿Sabéis lo que significa la música para mí?

Es el mejor profesor que he tenido

y estoy mejorando. Hay que reducir gastos.

¿No quieres dejar las clases

o no quieres dejar de ver a don Luis?

Ninguna de las dos. Eso me parecía.

(LEE EN ITALIANO)

Ningún hombre antes encendió la llama.

No se puede decir mejor. Quiero cantar.

¿Vas a hablar con la Chelito? Si la echamos,

nos quedamos sin cantante.

Si no tenemos cantante... -Yo sé de alguien.

-¿Tú sabes de una buena cantante? -Fantástica.

La mejor que he oído. -Anda.

¿Y quién es? -¿La conocemos?

-Creo que la solución puede estar en este libro.

¿Por qué no lo ha leído? No hemos podido.

Nos cuesta en español. Imagínese en inglés.

-Para nosotros quizás resulte indescifrable, pero...

-¿Para quién no? -Nuestra hermana Celia.

Habla cuatro idiomas, incluido el inglés.

Las Silva no dejarán de sorprenderme.

-Es mi hija. Lo sabe todo de los telares.

Así que, con lo que usted lea y con su experiencia...

-Confiamos en vosotras dos para llevar a cabo este pedido.

-Lo haremos. ¿Verdad? -Claro que sí, señorita.

-La de París es la mejor tienda.

-No sé si llegamos a tanto. Mal no nos va.

-Nos sentimos honrados de que sean nuestros clientes.

-Sabe don Fernando que no meto prisas,

pero me he visto en la obligación.

-No se lo tendría en cuenta.

Ni yo. Su pedido llegará en breve.

¿Cómo le va la tienda? Muy bien.

¿Y usted cómo se encuentra? Muy bien.

Salude a su mujer de mi parte. Sí.

Señorita Adela, me alegra mucho volver a verla por aquí.

5¿Nunca has pensado en otros hombres?

No. Pues deberías. Eres muy guapa

y muy joven. Podrías volver a casarte.

Podría. Tarde o temprano, conocerás

a alguien y lo verás todo de otro manera. Seguro.

Yo ya he elegido. Salvador Montaner.

-Ese hombre es muy mayor para usted.

-Dejará de verme como una niña.

Conseguiré que me bese. -¡Ay, madre!

Se está volviendo loca.

-Ya sabía yo que un hombre así entre tanto mujerío

no podía ser bueno. Es un fanfarrón.

-Y guapo. -Y un vividor.

-Y guapa también. -Merceditas, esto es serio

-Mi sobrina Adela me dio su misiva.

-Le recuerdo que fue usted quien puso la demanda.

-Mi hermano no me dejó otra salida.

Ahora que es usted el director, quizás la haya.

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  • Capítulo 1

Seis hermanas - Capítulo 1

23 abr 2015

Después de la muerte de don Fernando y tras la contratación de Salvador Montaner como director de la fábrica, las hermanas Silva se enfrentan a un nuevo problema: una huelga promovida por los obreros porque hace tiempo que no se les paga su salario.

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  1. Susana

    Hola, desde la República Argentina les escribo. ¿Por qué no se emitió hoy 8 de agosto el capítulo 326? Muchas gracias. Saludos.

    09 ago 2016
  2. Jorge

    Gran serie! Felicidades a los actores

    14 sep 2015
  3. Jánua

    Hola No puede ver los capítulos de seis hermanas?!?!?!?

    20 ago 2015