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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 158 - Ver ahora
Transcripción completa

¿Qué más debo hacer para pedirte perdón?

¿No te das cuenta de que nos haces daño a los dos?

Háblame, es bueno que te desahogues.

(GRITA) ¡Háblame, grítame! ¡Haz algo!

¡Algo antes que este silencio!

-Creo que este no es sitio para una niña.

-Salvador, ¿no te estás precipitando?

-Diana, soy previsor.

-No quiero que sufras ni que te lleves desengaños.

Prometo...

Prometo no hacer castillos en el aire ni precipitarme,

pero cuando la conozca buscamos casa.

-¿Esto no resulta muy sospechoso?

-Si la madre tiene dificultades, habrá visto la posibilidad

de conseguirlo a costa de la hija. Legalmente puede reclamarle.

-El caso es que he enviado un telegrama al sitio

donde supuestamente está la niña.

-¿Un telegrama para qué? -Para pedir información sobre ella.

-¿Y si Olga dice la verdad y usted está equivocada?

-Necesito pruebas. -No sé que habría sido de mí

sin tu ayuda. -Eres la madre de mi hija,

no tienes por qué darme las gracias.

¿Cuándo la voy a conocer? -Mañana mismo.

Sí, ella ya lo sabe y está deseando conocerte.

-Tengo un pretendiente. -¿Pretendiente?

-¿Eso es todo? -Sí.

¿Quieres presentármelo? -Él quiere conocerle, sí.

-Significa que es un joven educado que no tiene nada que ocultar.

-Es muy educado, sí, y... Y dice que...

Que si no le da el visto bueno, no puede salir conmigo.

-Puedes traerlo a comer o a cenar, cuando quieras.

Y así haces las presentaciones.

-Me denunció por abandono del hogar.

Dijo que iba a conseguirlo por las malas, y aquí está.

La ley permite poner esta denuncia. ¿Qué puedo hacer ahora?

Podemos ir a juicio. Pero eso lleva mucho tiempo.

Sí, eso es cierto, pero, mientras tanto,

podríamos buscar a otra persona que fuera su tutor legal.

-Perdón.

-Hay que esperar a que se canse de él, porque se cansará.

Se cansará y encontrará a un joven pues más guapo

y más interesante. -Sí, ¿crees que se olvidará de él?

-La verdad es que no porque mi tío tiene dinero, mucho,

y es lo que le interesa a Elisa. ¿Es viejo? Sí.

¿Podría ser su padre? También. Le da igual.

-Eso es. -¿Don Ricardo?

-Vamos a hablar con él y le contaremos que su hija

está saliendo con un hombre muy mayor.

-Cuenta conmigo para lo que necesites,

la familia Silva es mi familia. (RÍE)

Hay que informar al juez de cambio de tutela

y usted debería acompañarme, será el tutor legal.

Qué bien que os veo a las dos, así os lo cuento.

Voy a quedarme aquí con vosotras. ¡Qué gran noticia!

Luis será mi nuevo tutor legal, así no volveré a casa de mi marido.

Germán y tú debéis buscaros otra fábrica.

Es vuestro negocio, vuestra forma de vida.

Ya lo sé, pero vender telas de otro sitio...

Por mucho que os duela, tienes que hacerlo,

eso o arruinar la Villa de París.

-Don Antonia se puso elegante, y no por don Enrique

sino por el admirador secreto. Se va a armar una buena

y no quiero que me pille en medio. -No, no va a pasar nada.

-¿Cómo lo sabes? -Creo que ella se siente halagada,

¿y qué hay de malo en sentirse halagada?

Todos tenemos ojos en la cara y podemos fijarnos en alguien,

eso no significa nada. Quiero que vuelvas al cuarto.

A mí también me gustaría, pero Luis es tu marido

y vive en esta casa, no le sentaría bien.

Me da igual cómo le siente. ¡No digas eso!

Un día reconciliaréis y verás las cosas distintas.

Eso no pasará, lo quiero fuera de mi vida y de mi vista.

Buenas tardes, ¿usted quién es? Mi profesor de canto.

Estoy harto de tus desprecios, de que no me hables, me ignores,

pero esto es un golpe bajo, ¡lo haces para hacerme daño!

Me estoy esforzando, me esfuerzo mucho.

Despide a ese hombre, por favor. No pienso hacerlo.

Por cierto, Celia va a instalarse otra vez en el cuarto.

¡Me han publicado! ¿El qué?

La entrevista que hice en la fábrica.

¿De verdad? Pone mi nombre.

(LEE) Quiero ensalzar las cualidades de la Srta. Silva

y la animo a seguir luchando por lo que cree.

No me importan las amenazas del tío Ricardo, no pararé.

El tío quiere despedir a las obreras.

Iré a la fábrica a hablar con ellas.

Si conseguimos que los compañeros os apoyen,

don Ricardo no podrá hacer nada,

porque no puede quedarse sin trabajadores.

Don Ricardo no se atreverá a despediros a todos.

¿Quién se suma a la protesta?

-A ver, el que esté de acuerdo, que levante la mano.

-Ah... -¿Pero os habéis vuelto locos?

-Eso parece. -Sí, nos vamos a unir a ellas.

Y, te lo advierto, estamos todos de acuerdo.

-En la edición de tarde acaban de publicar

que el gobernador civil va a abrir una investigación

a la comisaría donde murió la sufragista.

-¿Eso qué tiene que ver con esto?

-Es lo que piden los manifestantes, así que las protestas terminarán

y usted no tendrá que preocuparse por nada.

-Así que los obreros me retan y tú me sugieres

que reaccione no haciendo nada.

-Exacto. -¡Esto es el colmo!

No tienes ningún derecho a tratarme así,

no tengo que volver a casa si no quiero.

Blanca, yo no quiero tratarte así, pero me obligas tú.

¡Y tu cabezonería y tu comportamiento!

¿Cuándo entenderás que esto no es un capricho?

No voy a volver a casa, Rodolfo, no quiero volver.

Dámelo, Merceditas.

Hasta que no se celebre el juicio,

tengo otro tutor legal y ese no eres tú.

Esto no va a quedar así. Claro que va a quedar así

porque lo ha firmado un juez.

Y ya no puedes hacer nada más. Bueno, sí puedes,

aceptar la situación y marcharte.

Debe haber alguna manera para traerla de vuelta a casa.

-Al parecer, si tuviéramos hijos o se hubiera llevado

una propiedad de la casa, el juez me daría la razón.

-¿Y esperarás a entonces? -No tengo más remedio.

-Eso ya lo veremos.

Se va a separar de ti legalmente.

Ahora con esto se va a hacer evidente que te ha abandonado

y vive en casa de sus hermanas. ¡No me pidas semejante cosa!

(Sintonía)

-No lo dejes como nuevo, con que aguante la mercancía, me vale.

Deja que haga lo que tenga que hacer.

No quiero que llegue tarde al trabajo.

-No se preocupe, lo arreglo rápido.

-No quiero que tengas problemas por mi culpa

y menos ahora que recuperaste tu trabajo.

-Para estar mano sobre mano...

Porque, últimamente, lo que se dice trabajar, poco.

Apenas hay encargos ni don Ricardo se preocupa por buscarlos.

-¿Tan mal están las cosas por allí?

-O cambian pronto o buscaré otro empleo,

yo y todos los demás.

¿Tanto empeño para hacerse con la fábrica para qué?

Para echarla a perder. ¡Buenos días!

¡Luis! ¿Qué haces tú por aquí?

¿Ocurre algo en casa? ¿Qué?

Que si ocurre algo en casa. No, no, no.

Venía a comprarle un regalo a Francisca,

quiero darle una sorpresa. Ah...

Yo sigo con lo mío, al final se me hará tarde.

Disculpa el ruido, mi sobrino me ayuda con el estante.

No te preocupes, haré como si no estuviera.

¿Entonces qué estás buscando?

-Algo especial, algo grande, no me importa que sea caro

con tal de sorprender a mi esposa.

Hemos recibido unos chales nuevos muy bonitos, te los muestro.

Ajá.

-¿Es un regalo por una fecha significativa?

-No, no hace falta ninguna excusa para tener un detalle, ¿no crees?

Un marido debe demostrarle a su mujer lo feliz

que le hace cada día. Ah, aquí están, mira.

Ah, muy bonitos y muy finos, tenías razón. Me llevaré uno.

-¿Cuál crees que le va a gustar más a tu hermana?

-A mí, si me permitís,

creo que Francisca odia los estampados muy llamativos,

así que creo que, entre estos tres,

el que más le gustará es este, sin duda.

(Golpes) Es su color favorito.

-Entonces seguro que le encantará. -Soy de los que piensa

que un matrimonio se cuida cada día,

no importa que sea lunes, martes, aniversario o cumpleaños.

¡Para mí cada día especial junto a Francisca!

-Eso que dices es muy bonito.

-Gracias, y sé que ella siente lo mismo que yo.

-Esto ya está.

Yo me voy. -Ni me di cuenta de que seguías.

-A mí me pasa lo mismo con usted.

Buenos días. -Gracias, Gabriel.

¿Entonces se lo envuelvo para regalo?

-¿El qué? -El chal.

-Ah, sí, sí, adelante.

-Rosalía me ha dicho que estaba esperándome.

-Disculpe que me presente sin avisar,

creo que debía saberlo, yo no me lo creo.

(Llanto de bebé) -¿Qué ocurre? ¿Es grave?

-¿Y ese niño? -Es Germán, mi sobrino.

Rosalía lo cuida mientras Adela y Germán están en la tienda.

Normalmente es muy bueno, pero lleva todo el día revuelto.

-¿Le pasa algo? -Rosalía dice que son cólicos.

¿Pero de qué quería hablarme? -Sí, he venido porque...

Tengo que darle una gran noticia, señorita.

Las manifestaciones por Azucena Barbero

llamaron la atención de las autoridades

y tomarán cartas en el asunto.

-Abrirán una investigación? -Ya lo han hecho,

ayer se hizo público, querían mantenerlo en secreto

hasta que no tuvieran una conclusión.

-Han detenido al comisario. -¡No es posible!

¿Está seguro? -Sí, totalmente.

La noticia me llega de alguien del juzgado.

Ese hombre pagará por la muerte de la sufragista.

-¡Ah, lo hemos conseguido!

Perdón. (RÍE)

Es la emoción que... -No es para menos.

Al fin y al cabo, nada de esto hubiera sido posible sin usted.

-No, el mérito no es solo mío, yo organicé las manifestaciones,

pero la gente se unió porque era una causa justa.

-Bueno, piense que si las autoridades han actuado así,

más que por justicia ha sido por evitar un escándalo.

-Señal de que se está removiendo algo en la sociedad.

-Ojalá sea cierto.

-Yo sé que las cosas no van a cambiar de golpe,

pero es un primer paso y...

A mí me enorgullece formar parte de él.

-¿Tomándote un respiro?

-Yo y todos esos hombres.

¿Cómo es que a media mañana no hay nada que hacer?

-Es normal en estas circunstancias,

si no entran pedidos, poco se puede trabajar.

-La Villa de París ha encargado telas a otra fábrica,

Germán era el mejor cliente en la ciudad,

pero tras cómo le trató mi tío... Mi padre se revuelve en su tumba.

-Deja en paz a los muertos. -Siempre decía que

un cliente contento era como un seguro de vida.

Él y Germán se conocían desde siempre.

-Eso no es lo único. Hemos recibido quejas

de las tiendas de Valencia y Barcelona.

Se han buscado a otro proveedor.

-Esto es el principio de fin para Tejidos Silva.

Me tío lleva la fábrica a la ruina con su gestión.

-Lo hemos intentado todo para echarle, pero ha sido imposible.

-La fábrica todavía es mía y de mis hermanas,

tenemos que hacer algo.

Quizá si hablamos con Bernardo... -Lo siento, pero no puedo ayudarte,

tengo que ocuparme de un asunto muy importante.

-¿Qué es más importante? -¿Lo has olvidado?

-¿Qué? -Diana, voy a conocer a mi hija.

-Ah, sí, perdona, lo había olvidado.

-Y estoy... estoy nervioso.

¿Y si llora al verme? ¿Y si le caigo mal?

Porque las hijas de Bernardo me odian.

-Es porque Purificación las puso en tu contra.

-Seguro. ¿Y cómo debo dirigirme a ella?

¿Cómo la llamo? ¿Hija? ¿Eh?

-Pues, no sé, supongo que harás

lo que te salga del corazón cuando la veas.

O quizá... -¿Quizá qué?

Dilo. -No.

-Di lo que ibas a decir.

"Es evidente que cuando la vea no es mi hija".

-Yo no he dicho nada. -Bueno, te voy a ayudar

a encontrar la forma de acabar con tu tío

cuando resuelva lo de mi hija.

(Llanto de bebé)

-Ah, señora... ¿Está bien Germancito?

Ah, todos los niños tienen días malos, no se preocupe.

Tiene aquí fuera una visita que quiere hablar con usted.

Seguro que es Rodolfo, dígale que estoy indispuesta

y no puedo atenderle. No, mejor, dígale la verdad,

que no quiero verle. No se trata de don Rodolfo,

sino de su cuñada.

¿Marina?

¿Qué querrá?

Pues no lo sé, señora, solo que quiere hablar con usted.

¿La hago pasar?

Sí.

(SUSPIRA)

Gracias por recibirme, Blanca.

¿Quieres tomar algo? Eres muy amable,

pero no puedo quedarme mucho rato.

-Si no me necesitan, voy con el niño. Con permiso.

Siéntate, por favor.

Debes estar preguntándote a qué he venido.

La verdad es que sí, nuestro último encuentro fue tenso.

Y lo siento.

No estuve a la altura de las circunstancias,

por eso vine a pedir disculpas.

Vaya, eso sí que es una sorpresa. Sé que no s excusa,

pero doña Dolores me advirtió tantas veces en tu contra que...

Y teniendo en cuenta lo que había pasado...

Con Cristóbal quieres decir.

Todavía me duele recordarlo.

Las dos sabemos cómo es doña Dolores,

tiene el don de manipular, lleva toda la vida

haciéndolo con sus hijos. Sí.

Por su culpa, Cristóbal ha renunciado el puesto

que le ofrecían en Martos, y eso no se lo perdonaré nunca.

Discúlpame, pero no sé por qué has venido a contarme esto.

Porque quiero hacerte una propuesta,

unámonos, hagamos frente común contra esa mujer.

Sé que no volveremos a llevarnos igual de bien, es la realidad,

pero juntas podemos evitar

que doña Dolores se meta en nuestras vidas.

Por fortuna, eso a mí ya no me afecta.

¿Eso crees? Doña Dolores no consentirá que pongas

a la familia en boca de todos,

hará lo que sea para que vuelvas a casa Loygorri.

¿Qué dices? ¿Quieres ser mi aliada?

-¿A que está exquisito?

(RÍE) Sí, mucho.

Un poco fuerte a lo mejor.

-Pero es como a ti te gusta, ¿no? -Ah, sí.

Si pudieras traerme un poco de azúcar.

-Ahora mismo.

-Eh, tú, que me estás evitando, ¿qué hay de lo mío?

-¿Cómo de lo suyo? -No te hagas el tonto,

¿qué has averiguado? -Nada, ¿yo qué quiere que le diga?

Yo he estado observando, escuchando

y yo no he notado nada raro.

¿No será una fantasía suya? -Que no son fantasías,

que tengo un admirador. -¿Y cómo lo sabe?

-Pues porque lo sé, y no dudes tanto de tu jefa.

-Don Antonia, yo entiendo que usted se pueda sentir sola,

aburrida, con una vida rutinaria todos los días aquí metida,

siempre lo mismo... -¿Pero qué inventas? ¡Que no!

¡No son ensoñaciones mías! Es verdad, mire, tengo la prueba.

Míralo.

Eh, mira... (LEE) Me pareces guapa

hasta con el olor de lo fogones pegado a la piel

y me pareces hermosa hasta con tus carnes generosas.

-¡Anda, un ripio! Perdón, no le escuchado sin querer.

(LEE) Tuyo, te desea sin remedio y con desesperación...

Y aquí tendría que estar la firma, pero con esta mancha no se ve.

¿Ves como sí tiene un admirador?

¿Ves como sí es un hombre inteligente y culto?

Se nota en la manera de expresarse.

-Antonia, yo... ¿Cómo le digo yo esto?

-Esa carta es mía.

-¿Qué?

-¿Pero cómo?

¿Tú eres mi admirador?

¡Ay, qué decepción más grande!

-A ver, que hace nada decía que quien la había escrito

era un hombre inteligente, educado, culto, elegante...

-¡Por eso siempre me decías que doña Antonia

es una mujer de buen ver y nunca me cuentas nada del café!

¡Tú eres el admirador!

-Merceditas, no es lo que parece, de verdad.

-Huy, cada vez que escucho esa frase es lo que parece.

Merceditas, yo lo siento mucho, la verdad, pero te aseguro

que no he hecho nada para propiciar esta situación.

-Doña Antonia, usted no me interesa nada,

entiéndame bien. Merceditas, la única

que me interesa a mí eres tú. (LLORA) Qué disgusto más grande.

¡Eres un mentiroso! -¿Pero qué pasa aquí?

-Pues, nada, resulta que Raimundo está enamoradísimo de mí.

-Don Enrique, dígale usted la verdad, por favor se lo pido.

-¿Todavía me guardas rencor?

Fuiste testigo de los desprecios de Rodolfo y doña Dolores

cuando me mudé a esa asa y nunca me ayudaste.

Pensé que me apoyarías, Marina.

Tenía motivos para no apoyarte, ¿no crees?

Blanca, las dos nos hemos daño mucho daño mutuamente.

Por mi parte lo siento, de verdad, pero ahora es la oportunidad de...

De unirnos y ayudarnos. ¿Y tú qué ganas con todo esto?

Yo no vivo en esa casa, no sé en qué voy a influenciarla.

¿En qué te beneficia que nos unamos en contra de ella?

Porque sé que sigues hablando con Cristóbal

y que él aprecia mucho tu opinión. Ah...

Creo que podemos conseguir que deje de manipularle.

Piénsalo, por favor. No tengo nada que pensar

porque ya sé la respuesta.

Haría todo lo que fuera por poner a esa mujer en su sitio.

Acompáñame, por favor.

Y si esta carta no llegó a su verdadera destinataria,

es decir, Merceditas, es porque Raimundo la manchó

y tenía que volver a escribirla.

-Yo no te iba a mandar una carta manchada de vino.

-¿Entonces es cierto que esta carta es para mí?

¿La mujer hermosa de carnes generosas del ripio soy yo?

-Claro, mujer. Mira, yo lo escribo otra vez

y te la mando como Dios manda. -No, si a mí me gusta así.

-¿Qué te pasa, mujer? -Nada.

-Bueno, estás enfurruñada, anda, que se te nota a la legua.

-Bueno, pues si tú lo dices, estaré.

-Si no me lo quieres contar, no me lo cuentes.

-Pues pasa que me hacía ilusión tener un admirador

que no fuera Raimundo, claro está.

Pero siempre le gusta a una que le digan cosas bonitas.

-¿Aunque no se las diga su marido? -Precisamente por eso,

porque no me las dice mi marido. -¿Ya estamos otra vez con eso?

-Es que es verdad, Enrique, nunca me escribes cartas de amor,

ya sé que no es lo tuyo pero, no sé, llevamos tantos años juntos

que hay veces que parece como si...

Bueno, ¿qué más da? Déjalo. -No, no, no, "déjalo" no.

¿Parece como si qué? -Pues que ya no te gusto.

-Pero si yo te adoro. -Ya, ya lo sé,

pero no es eso. -¿Entonces qué es?

Ya me estoy perdiendo. -Pues que ya no me rondas,

ni me cortejas, ni me dices cosas románticas.

-Pues lo haré. -Ya, bueno...

-¡Claro que sí! Que sepas que esa carta

se la dicté prácticamente entera a Raimundo.

Él me pidió ayuda porque es incapaz de juntar dos palabras.

Ya decía yo que detrás de esas palabras había

un hombre maduro, culto, inteligente...

-Este, ¿quién va a ser? (RÍEN)

-Un momento, ¿pero seguro que pensabas en mí

cuando escribías esas cosas tan bonitas?

-¿Y en quién iba a pensar si no, amor mío?

Pero si tú eres mi musa.

-¡Ay, mi Enrique!

(Llaman a la puerta)

-Señorita Celia. -Siento venir sin avisar,

espero no interrumpir. -Bueno, iba a comer,

pero puedo comer acompañado.

Pocos manjares tengo para ofrecerle, ya ve.

-Muchas gracias por el ofrecimiento,

pero mis hermanas me esperan.

-Pero un vasito de vino sí me va a aceptar, ¿verdad?

-Siéntese.

-Si no le importa, voy a ir comiendo ya,

tengo que volver a la fábrica. -Por favor, no quiero molestar.

-Bueno, ¿y qué le trae por aquí? Hace mucho tiempo que no nos...

Que no honraba a esta casa con su visita.

-La verdad es que no sé muy bien por qué he venido.

Bueno, en realidad sí.

Me ha pasado algo y...

Creo que usted es la única persona capaz de entenderme.

-Últimamente no entiendo nada, señorita.

-Ya verá como esto sí.

-Hoy, cuando salía de la escuela de maestras,

iba distraída leyendo y me equivoqué de tranvía.

-Pues vaya faena, ¿verdad? ¿Y eso qué tiene que ver conmigo?

-Cuando me quise dar cuenta estaba en las afueras de la ciudad,

cerca del cementerio y...

Me acerqué a visitar la tumba de Petra.

Yo pensé que le gustaría saberlo,

pero veo que solo he conseguido entristecerle haciéndole recordar.

-No se puede recordar lo que nunca se olvidó.

-¿Piensa en ella a todas horas?

-Y sueño con ella casi todas las noches.

Y es tan real que, a veces, me levanto por las mañanas

y pienso que estará ahí, en la cocina trasteando, y...

Y no. A veces pienso que estoy perdiendo la cabeza.

-No diga eso ni en broma.

Lo que le ocurre es señal de que la echa mucho de menos.

A mí también me pasa.

A veces me encuentro a mí misma...

Intentando ir a contarle algo que me acaba de ocurrir.

-Pues eso ya no va a volver a hacerlo nunca más.

-En eso se equivoca. -¿Qué dice?

-Si de algo me ha servido la experiencia de hoy es para...

Para ver que sí puedo ir a contarle las cosas.

Yo pienso que, allí donde esté, me está escuchando.

-Bueno, eso es creer que Dios es bueno y misericordioso

y yo no sé si lo es,

porque conmigo no lo ha sido.

-¿Entonces por qué va al cementerio?

¿Por qué deja flores frescas en su tumba?

-No, no.

Ese debe ser el Sr. Angulo,

yo no he vuelto por allí desde que la enterré.

Es demasiado doloroso para mí.

-Benjamín, yo no pretendo decirle lo que tiene que hacer, pero

le iría bien ir y hablar con ella.

Sería una manera de asumir lo que ha pasado.

A mí me ha ido bien.

-Una vez lo intenté

y solo llegué hasta la parada del tranvía.

Allí me quedé sentado tres horas.

-Si quiere, la próxima vez puedo acompañarle.

Iremos juntos.

Estoy segura de que a Petra le gustaría eso.

-Se lo agradezco, señorita,

cuando esté preparado se lo haré saber, pero...

Ahora me resulta imposible.

(Llaman a la puerta)

Adelante.

Ayúdame a recoger esto y llevarlo al desván, Merceditas.

¿Es la ropa del bebé? ¿Ya la estás guardando?

¿Para qué voy a dejar que ocupe sitio algo que no usaré?

Podríamos tener otro hijo.

¿Quieres sustituir a un hijo por otro?

Yo no quería decir eso y lo sabes.

Es lo que has dicho. No acierto con nada de lo que digo.

Veamos si acierto con algo de lo que hago.

Es un regalo.

Cuando lo he visto sabía que era para ti.

¿No vas a abrirlo siquiera?

Ah... (CARRASPEA)

Espero que te guste.

Un chal. Ah...

Ahora que llega el invierno deberías protegerte la garganta.

Muy bien, un detalle.

Y, ahora, si no te importa...

¿Ni siquiera vas a probártelo? ¡Deja de hacer eso, por favor!

Si no te gusta lo puedes cambiar, había otros.

Deja de ser encantador y amable, deja de comportarte

como si fuéramos un matrimonio normal

porque no lo somos. Podríamos serlo.

¿Cómo? ¿Olvido que perdí a mi hijo por tu culpa?

Yo solo intentaba... Sé lo que intentabas.

No olvidaré qué pasó aunque me regales un chal

o cualquier otra cosa, por muy cara que sea.

Sería un precio barato a pagar. ¿Qué hago para pedirte perdón?

¿Qué hago? Quiero que todo sea como antes.

Nada, no soy la misma de antes, Luis.

¿Cuándo te vas a dar cuenta? Nunca.

No me pienso rendir. Ten un poco de dignidad

y sal del cuarto, anda, antes de que te eche.

Ah...

¿Este chal es suyo? -Ah, sí.

Se me debió de caer sin querer. -No se preocupe,

mejor guárdelo en su regazo, sería una lástima

que se estropease algo tan fino.

-Bueno, ustedes me dirán qué les sirvo.

-Para mí un oporto, como siempre, ¿y para la Srta. Elisa?

-Una limonada, por favor. -Enseguida.

-Ah...

-¿Le preocupa algo? La noto inquieta.

-Ah, es que debo contarle algo.

-Solo hay una forma de averiguar qué le preocupa, adelante.

-Verá, hablé con mi padre, como usted me pidió,

y le he transmitido su deseo por pedirle permiso para cortejarme.

-¿Y qué ha dicho al respecto?

-Al principio resultó muy sorprendido,

comprenda que mi último pretendiente jamás tuvo ese gesto.

-Los jóvenes andan perdidos, no saben qué son buenos modales.

-Mi padre opina así, por eso está encantado.

-¿Entonces acepta recibirme formalmente?

-No, no exactamente,

él opina que, con una reunión formal,

no sabrá qué clase de hombre es usted.

-¿Entonces?

-Propone organizar una comida un poco más familiar.

Que todo sea menos ceremonial.

¿A usted qué le parece? -A mí me parece muy bien. Bien.

-Le advierto que mi padre es muy exigente.

Y puede que a veces resulte intimidante.

-Quizás a jóvenes impresionables.

Pero uno tiene mucha vida a sus espaldas.

No tengo nada que ocultar.

-Claro.

-Gracias, Enrique. -No hay de qué.

-No parece muy ilusionada con la noticia.

¿Tiene dudas sobre mí? -No. Por supuesto que no.

-¿Se ha dado cuenta de que soy viejo y aburrido?

-No. Claro que no. Cada vez estoy más segura

de que usted es el hombre que me conviene.

Por eso no veo por qué tiene que someterse

al juicio de mi padre. Yo ya estoy segura de mi opinión.

Estoy encantada con que me corteje.

-Es muy halagador por su parte, Elisa.

Pero las cosas hay que hacerlas como Dios manda.

-¿Y cómo es eso? -Siguiendo las normas.

Una casa que se construye sin cimientos,

se viene abajo al primer golpe de viento.

No hagamos eso con nuestra relación.

-Está bien. Si es lo que usted desea.

-Así me gusta. Aunque entiendo sus reticencias

a presentarme formalmente.

-Pero que no es por usted.

Es por mi padre. Ya le he dicho

que es un hombre muy especial

y no es fácil ganarse su confianza.

-Déjemelo a mí. Le llevaré algún obsequio.

¿Qué le gusta? ¿Una botella de vino?

-Mejor puros. Habanos. Le encantan.

-Ojalá fuera ya mañana.

No veo momento de poder cortejarla como se merece.

¿Y has notado algún síntoma? ¿Fiebre o te has sentido débil?

No. Nada. Me he tomado la temperatura

varias veces al día desde que empecé el tratamiento

y me encuentro bien. Es una magnífica noticia.

Si no han aparecido los síntomas, es que no estás contagiada.

¿De verdad? Al final ha sido un susto.

Háblalo con tu médico, pero te recomendaría

que dejaras el tratamiento.

No es necesario que sigas tomándolo.

No sabes cuánto me alegra oír eso.

Será mejor que me marche. Sí.

Cristóbal, hay algo que quería comentarte.

Estuvo Marina para disculparse conmigo.

Ella se siente muy avergonzada por lo que hizo, Blanca.

Y sé que ella no es así. Siempre atiende a todo el mundo.

Si ya lo sé. Es una buena enfermera.

Me enfadé mucho cuando me enteré, porque si te hubiera examinado yo

o cualquier otro médico, te hubiéramos dado un tratamiento

en condiciones. Se quedó en un susto.

Habéis hablado y te pidió perdón. Sí. Todo está bien.

Ahora solo falta que te decidas a volver

a casa con Rodolfo. Eso no va a pasar.

Lo dices muy segura. No sé qué va a ser de mí

en un futuro, pero lo que sí sé

es que necesitaba salir de esa casa.

Y no estoy en condiciones de perdonarle.

No seré yo quien te diga lo contrario.

Seguro que vino a hablar contigo y te ha dicho

lo muy arrepentido que está.

Sí. Y es sincero. Eso no cambia nada.

Yo te digo lo que veo en él.

Es un arrepentimiento sincero, por si te sirve de algo.

No me sirve. He llegado al límite.

No tengo ni ganas ni fuerzas de perdonar.

Todos hemos comido errores. Todos.

Y no me gusta verte ni a ti ni a mi hermano sufrir así.

Pero sé que tomar una decisión, sea una u otra, es cosa tuya.

Sí. Sí, así es.

Bien. Será mejor que me vaya o Marina se va a preocupar.

Sí. Te acompaño a la puerta.

Cuando he llegado, estaba en el correo.

Y al ver el remite, casi me da algo.

¿Carmen de Burgos? ¿Te acuerdas de ella?

Como para olvidarla. Hablabas de ella día y noche.

¿Sigue en Argentina? Me felicita por mi liberación

y por las movilizaciones que llevaron a la detención

del comisario. ¿Llegó la noticia hasta Argentina?

No. Carmen está en contacto con varios grupos sufragistas

y supongo que le habrá llevado por ellas.

¿Y vuelve a Madrid? De momento, no.

Pero ahora viene la gran noticia. ¿Qué?

Va a publicar un libro de cuentos

y me ha pedido que escriba uno para incluirlo.

A mí. Enhorabuena, Celia.

Estoy que no me lo creo. ¿Y sobre qué escribirás?

Sobre los ángeles de la guarda.

Antes no creía en ellos, pero ahora...

-Necesito hablar contigo. ¿Y esos modales?

¿Desde cuándo se entra en un cuarto sin llamar?

Desde que este es el cuarto de mi esposa.

Eso no es excusa. Estoy harto de esta situación.

Antes me he marchado, pero esta vez no me pienso mover

hasta que hablemos. -Me voy a estudiar...

No. No te vas a ninguna parte.

¡Ánimas del purgatorio! Pero si está todo

como cuando he salido. ¡Merceditas!

-Menos mal que ha venido. Yo ya no sabía qué hacer.

-¿A ti te parece normal tener la cocina así?

Parece que pasara un tifón. Todo manga por hombro.

-El niño no me dejó ni un minuto libre.

Además, han estado los técnicos del teléfono,

que no han podido arreglarlo. -Excusas.

He estado casi dos horas fuera.

En este tiempo, podrías haber dado de comer al niño,

atendido a los técnicos y arreglar todo esto.

-Que no, doña Rosalía. No he podido organizar la cocina

porque Germancito no paraba de llorar.

Yo creo que tiene fiebre.

-¿Has probado a ponerle compresas frías?

-Sí. Y le he dado manzanilla, como hizo usted ayer. Pero nada.

Estoy muy preocupada. Yo ya no sabía si ir a buscar

al médico, esperarla a usted o ir a avisar a doña Adela.

-Esto ya no es un cólico. ¿El teléfono no funciona?

-No. -Vete a buscar al doctor Loygorri.

Deprisa. -¿Usted cree que es grave?

-Pues no sé. A lo mejor es un simple resfriado,

pero más vale prevenir.

(EL BEBÉ LLORA)

-Ya. Ya, cariño. Ya.

Ya verás cómo pronto te pones bien.

Se ha instalado en este cuarto porque yo se lo he pedido.

¿Qué será lo siguiente, poner un candado?

-Calmaos, por favor. Si sigues irrumpiendo

en este cuarto, así lo haré.

No puedes estar hablando en serio.

Ponme a prueba. ¿Hasta cuándo va a durar esto?

¿Cuánto tiempo más? ¿Meses? ¿Años? ¿Qué es lo que pretendes?

En cinco o diez años, esta casa estará vacía.

Tus hermanas se habrán casado todas.

O ya no estarán viviendo aquí.

¿Tú y yo qué? ¿Solo en la casa sin hablarnos?

¿Hasta cuándo seguirás tratándome peor que a un perro?

Si no insistieras en arreglar algo roto.

Esto es muy incómodo. Será mejor que os deje.

-No te preocupes. No creo que haya nada más

de lo que hablar. Lo intenté todo.

Bien. Al fin lo asumes.

Francisca, ¿no te parece que estás siendo un poco dura?

¿Te pones de su parte? No.

Sabes que Luis y yo tenemos nuestras diferencias,

pero tú no eres así. Tan rencorosa, tan cruel.

Hace falta que recuerde lo que pasó.

Francisca, no me puedo imaginar por el dolor por el que pasas.

Pero él no tiene la culpa.

¿Qué pretendes que haga? Que te pongas en su lugar.

Luis se desvive por compensarte.

Y no es justo que lo trates así. Él también sufre.

No voy a olvidar lo que pasó.

Tiene que haber otra forma de que te enfrentes a ello.

Porque así solo conseguís sufrir los dos.

Piénsalo, por favor. Tú no eres así.

No tengo nada que pensar.

Y deja de meterte en mi vida, por favor.

Deja de meterme tú.

¿Cómo? Me has obligado a presenciar algo

muy incómodo. Y me has utilizado para herir a Luis.

Así que si opino, es porque tú me obligas.

-Si no te importa, ya revisaremos los cuadrantes

de los turnos mañana. Ahora tengo que ocuparte

de algo muy importante. -Como diga.

Vuelvo al trabajo. -Bien.

A primera hora. Lo prometo. -De acuerdo.

-¡Dios mío! Menos mal que te encuentro.

Necesito hablarte. Es urgente.

-¿Qué quieres? Tengo prisa. -Se trata de Olga.

-No quiero discutir. Tengo que reunirme con ella.

Es importante. Necesito estar tranquilo.

-De eso se trata. No sé a quién conocerás,

pero no será a Magdalena Viñas.

-Y eso lo sabes por una de tus corazonadas.

-Esta vez te lo puedo demostrar.

-¿Hasta cuándo vas a seguir obsesionada con que me engaña?

-Es la verdad. Mira.

En cuanto lo he recibido, vine corriendo a enseñártelo.

-¿Qué es? -La respuesta del internado

donde Olga dice que está la niña.

-¿Te has reunido con ellos a mis espaldas?

-Solo quería averiguar la verdad.

Te dije que conseguiría pruebas y lo hice.

¿No vas a leerlo?

-En el centro no hay nadie con el nombre de Olga Viñas.

-Hubiese preferido equivocarme mil veces

y ahorrarte este decepción.

-Esto no puede ser.

Y la foto que me dio, ¿de quién es?

-Podría ser cualquier niña.

-Se llevó mi dinero. Se inventó todo esto

con tal de desplumarme.

-Lo siento.

-No me quedaré de brazos cruzados. -¿Adónde vas?

-A buscar explicaciones. -Espera. Te acompaño.

-Me da igual lo que te diga la señorita Blanca, Merceditas.

Tienes que dejarnos pasar a estos señores y a mí.

-Pero comprenda que yo solo hago mi trabajo.

¿Qué ocurre aquí? Doña Blanca, le juro

que intenté que me dieran el recado.

No te preocupes. Ya puedes retirarte.

Usted dirá a qué viene esta visita. Lo sabes bien.

¿Dónde están? ¿Dónde está el qué?

Las acciones de Tejidos Silva

que le compré a tu tío. No sé de qué me habla.

No te hagas de nuevas. Sabía dónde guardaba esas acciones.

Y el día que te fuiste, desaparecieron de mi casa.

¿Y usted cree que las tengo yo? Eso es absurdo.

Señores, procedan. ¿Pero qué hacen?

¡No pueden revisar mi casa! Claro que pueden.

Hay una orden de registro.

Invéntese las infamias que quiera, pero no va a conseguir que vuelva.

Eso ya lo veremos.

¿No ve que está haciendo el ridículo? Yo no he robado nada.

Y no pienso volver a su casa.

Hemos encontrado algo.

-Gracias, agente.

Así que no te habías llevado nada, eh.

¿Y esto?

¿Lo reconoces?

No había visto esta carpeta hasta hace dos minutos.

Seguro que alguien la ha puesto aquí para inculparme.

¿Te estás escuchando, Blanca?

¿Qué es esa excusa barata de que alguien quiere inculparte?

Ha sido Marina. De ahí ese afán suyo

por disculparse y hablar conmigo.

Todos los culpables hacéis lo mismo,

echarle la culpa a otro.

Pero las pruebas hablan por sí mismas.

Y, desde luego, no mienten como lo haces tú.

Pagarás por esto. Mi único error ha sido

no darme cuenta de la clase de personas que son las dos.

Nunca debí confiar en ustedes.

Seguro que todo ha sido cosa suya.

Si fuese tan malvada como me pintas,

en estos momentos dejaría que los guardias te encarcelasen.

Pero, en cambio, te voy a dar la oportunidad de rectificar,

siempre y cuando te vuelvas a casa.

Esta es mi casa, mi hogar,

la casa de mi familia. Te equivocas, Blanca.

El juez le quitó a mi hijo Rodolfo la custodia sobre ti

porque no tenéis hijos y porque, supuestamente,

no tenías nada en tu poder

que fuese propiedad de los Loygorri.

Pero ahora ya has visto.

Ellos son testigos. O te vienes conmigo a casa,

o terminas en prisión. Estoy cansada de sus amenazas.

Bueno, pues, entonces, tú decides.

Eso sí. Pregúntales a tus hermanas

cómo se está en una celda fría y húmeda.

Ellas saben bastante de todo eso.

Al menos, deme unos minutos para preparar mis cosas.

Desde luego, querida.

La paciencia es una de mis muchas virtudes.

(Llaman a la puerta)

-Salvador.

-¿Tenías pensado marcharte a alguna parte?

-Estaba dejando la maleta lista antes de llevar a la niña

a reunirse contigo. -Ah. ¿Y Magdalena?

-En casa de una amiga. La recogeré ahora.

-Estás tan acostumbrada a mentir que sale solo.

-¿Perdona? -No hay ninguna niña.

En el internado no hay ninguna Magdalena Viñas.

¿Por qué me has mentido?

-No es lo que crees. -¿Ah, no?

-No. -¿No pensabas irte a Argentina

con mi dinero mientras yo pago la deuda?

-Será mejor que cuente la verdad.

O nos veremos obligados a llamar a las autoridades.

-¿A cuántos ilusos más engañaste con el cuento de la niña?

-Sí. Sí, quería sacarte el dinero.

Pero no todo lo que te he contado es mentira. Tienes que creerme.

-Bien. Dile que salga.

Dile a la niña que salga. -Yo no me inventaría una cosa así.

-¿Y por qué te iba a creer?

Es evidente que te has inventado todo para sacarme los cuartos.

Y no hay ninguna gira por Argentina.

-Magdalena es real. -No es eso lo que dicen

en el internado. Deje de mentir, Olga.

-Magdalena existió. Pero murió.

Murió.

-¿Y eso? ¿No puedo abrazar a mi esposo?

Espero que no dejes nunca de hacerlo.

Es que antes nos teníamos que esconder, pero ya no.

Puedo abrazarte cuando yo quiera.

Claro. Aunque se me hace raro.

¿Que estemos casados? Que estemos casados,

que estemos tranquilos, que pasemos el día juntos.

Se me hace raro ser feliz.

¿Qué hacías? Estoy desempaquetando

el género nuevo que nos acaba de llegar.

Qué rápido. No esperaba que lo enviasen tan pronto.

La fábrica con la que hablé dijo que tenía muchas existencias.

Son estampados muy coloridos.

Seguro que a las clientas les encantan.

Me dijeron que tenía una calidad inmejorable.

Pero mira. Esto se arruga con solo mirarlo.

Tendremos que venderlo a buen precio, entonces.

Mis clientas son muy exigentes.

No sé si esto se venderá con facilidad.

¿Y qué vamos a hacer, entonces? No lo sé.

Tejidos Silva no fabrica como antes.

Y encima, no nos sirve a tiempo.

Y el nuevo proveedor deja mucho que desear.

Si sirviera de algo que mis hermanas y yo

hablásemos con mi tío, pero es inútil.

Solo empeoraría las cosas. No es culpa vuestra.

Ya. Me siento responsable por no poder hacer nada

para que la fábrica no cayese en sus manos.

Lo que no entiendo es por qué quería hacerse con la fábrica

para dejar que se hunda. Creo que tiene otros negocios

de su época en América. Y que son esos negocios

los que realmente le interesan. ¿Y la fábrica?

¿Quería que no la dirigiéramos?

¿Qué sentido tiene eso?

Pero, Merceditas, ¿qué haces aquí?

Es que los teléfonos no funcionan.

He venido lo más rápido que he podido.

¿A qué viene tanta urgencia?

Tienen que acompañarme. Vamos. Deprisa.

-¿Qué pasa? ¿Es el niño? -Sí.

¿Qué? ¡Vamos!

-¿Qué ha pasado con mi hijo? Germán, las llaves.

Apenas tenía dinero. Ya sabes cómo es el teatro.

Hay temporadas buenas y otras que no tienes de nada.

Y yo nunca he sido muy ahorradora,

así que cuando Magdalena enfermó de tisis,

destiné todos los ahorros en intentar salvarla.

Pero fue en vano.

Era tan pequeñita cuando murió.

Si es que tenía tres añitos solo. Tres añitos.

-Tres años. -Sí.

-Tú no eras el padre. Si lo hubieras sido,

te habría pedido ayudar desde el principio.

Desde que murió Magdalena, no he hecho más

que dar tumbos y tumbos.

Y me he pasado meses sin salir de casa.

-Hasta que te salió lo de la gira por Argentina.

-Era mi oportunidad de alejarme de tanto dolor,

haciendo lo que más me gustaba.

Pero no tenía dinero para los gastos.

-¿Y por qué acudió a Salvador, después de tanto tiempo?

-Leí en el periódico una noticia,

que se ponía al frente de Tejidos Silva.

Y el resto de la historia ya la conoce.

Salvador, no todo lo que te he contado es mentira.

Tienes que creerme. Cuando te dije que Magdalena era

muy goloso, cuando te conté cómo era su muñeca favorita

y el cuento que más le gustaba. Todo eso era verdad.

Yo no te mentiría en algo así. -Me podías haber contado la verdad.

-¿Me habrías ayudado? ¿Habrías pedido dinero al banco

si supieras era para mí?

En fin. Qué más da.

Toma. Está casi todo.

No llegué a comprar el pasaje. Así que...

Por favor.

-Esperemos que no se haya ido aún.

-Si no, ¿dónde puede estar?

-Don Ricardo.

-Carlos, Sofía. ¿Qué hacéis por aquí?

-Estábamos esperándole. Es que necesitábamos hablarle.

-Hoy tengo prisa, pero si queréis acompañarme,

podéis contármelo por el camino. Voy hacia casa.

-Mejor no. Preferimos hablar aquí.

No queremos que Elisa se entere.

-Está bien. Decidme.

-Empieza tú. -Es que tampoco sabemos

cómo contárselo para que no se lo tome a mal.

-¿Por qué no vas al grano y decidiré cómo me lo tomo?

-Se trata de Elisa. -¿Qué le pasa?

-Tranquilo. Está bien.

-Pero nos preocupa mucho su manera de proceder

en los últimos tiempos. -Créame que no lo hubiésemos

importunado si no lo creyésemos necesarios.

¿Usted sabe que Elisa está recibiendo

las atenciones de un caballero?

-Lo sé. ¿Y qué tiene eso de particular?

-Que ese caballero es mi tío. -¿Tu tío?

-¿Es algún hermano menor de tus padres?

-No. Es el hermano mayor de mi padre.

Debe ser de su quinta, más o menos.

-¿Tiene mi edad? -Año arriba, año abajo.

-¿Cómo es posible? No me contó nada.

-Está cegada por el dinero de don Hilario.

Y por mucho que le digamos que no puede entablar

relaciones con un hombre de esa edad, no nos hace caso.

-A mí tendrá que escucharme. Dejadlo en mis manos.

-Nos vamos. -Hasta otro día.

-Por lo que más queráis, no me denunciéis.

-Salvador y yo no queremos perjudicarla,

pero entienda que es difícil confiar en su palabra.

-Le juro por la memoria de mi hija

que lo que he contado es verdad.

Si la hubieras conocido. Magdalena era un ángel.

Era un ángel, mi niña.

(LLORA)

-Toma. Cógelo.

Lo necesitarás para tu pasaje a Argentina.

Te lo debo. Puede que la niña no fuera mía,

pero podría haberlo sido.

Y quiero pensar que te hubiera ayudado,

si me hubiera enterado de que estaba enferma. Quédatelo.

-Gracias, Salvador.

Te prometo que te lo devolveré en cuanto reúna todo el dinero.

-No hace falta que me lo devuelvas.

Me basta con quedarme con la conciencia bien tranquila.

Y no volver a verte nunca más.

Vamos.

-¿Por qué no dice nada el doctor Loygorri?

Lleva mucho tiempo con él.

-Será un enfriamiento. A los niños les ocurre a menudo.

-¿Y por qué se ha puesto tan nervioso

y os ha echado de la habitación?

Si nos ha hecho llamar...

¿Qué le notasteis al niño? Si ya se lo he dicho.

Germancito no paraba de llorar y la última vez

que fui a atenderle, vi que estaba ardiendo.

A doña Rosalía le pareció extraño que tuviera otra vez

fiebre y me mandó a avisar al médico.

Germán, está en las mejores manos. Todo saldrá bien.

Hace un rato que no se le oye llorar. Eso es bueno, ¿no?

-¿Cómo está mi hijo, doctor?

Don Germán, tome asiento. Y, Adela, tú también.

No quiero sentarme. ¿Cómo está mi hijo?

¿Tan grave es? Me gustaría traer buenas noticias,

pero lo siento. No he podido hacer nada por él.

¿Cómo...? ¿Cómo no ha podido hacer nada?

Tenía la fiebre muy alta. Intenté bajársela,

pero me resultó imposible. Suba y siga intentándolo.

Germán, por Dios. No. Mi hijo está bien.

Mi hijo está bien. ¡Suba y siga intentándolo!

¡Mi hijo está bien y usted se ha equivocado!

¡Germán! ¡Germán! Adela...

El niño está bien. (LLORA)

Germán, por Dios. Adela, el niño está bien.

-¿Ocurre algo? -Más bien, al contrario.

Vengo de la zona de empaquetado.

Solo hay una obrera trabajando.

-¿Y las demás? -Ese es el caso.

No hay trabajo más que para una.

Normalmente, hay tres o cuatro. Nos quedaremos sin pedidos.

-Si no actuamos, don Ricardo conseguirá

que perdamos los clientes que quedan.

-Se acaba de morir tu primo.

Que no hayas hecho acto de presencia en el cementerio,

pero podrías mostrar un poco de respeto.

-No era mi primo. Lo sabe.

-¿No tienes corazón? -Solo digo la verdad.

Lo seguirá siendo, se ponga como se ponga.

-No te consiento que hables así a tu madre.

-Lo siento mucho, señor.

Les acompaño a los dos en el sentimiento.

-¿Lo siente?

-Naturalmente que sí, señor.

Ha sido una desgracia horrible. -Horrible y evitable.

-Te dije que volverías a casa,

por las buenas o por las malas. Has elegido tú.

Que yo he elegido. Si nunca me das opción.

Las cosas siempre tienen que hacerse a tu manera.

Soy tu marido. No te quiero.

Y no quiero estar a tu lado.

Todo esto me sirvió para darme cuenta de algo.

Me di cuenta de que quiero tener hijos.

Te figurarás con quién.

¿Por qué estamos juntos? ¿Que por qué estamos juntos?

Porque te quiero. Yo siempre te he querido.

¿Y yo por qué? ¿Por qué estoy contigo?

¿Por qué acepté casarme contigo?

¿Qué ganas tú con que vuelva a vivir con Rodolfo

en contra de mi voluntad? ¿Por qué me engañaste?

Estoy trabajando. ¿En qué te beneficia a ti

que viva con Rodolfo obligada? Por más que intente buscar

una explicación, no la encuentro.

Tú no ganas nada. Claro que gano.

-El día que encuentre una tapadera mejor,

dejará morir a Tejidos Silva. -Y nos quedaremos en la calle.

-Exacto. Así que tenemos que hacer algo.

-Ya lo hemos intentado todo. -Todo no.

-¿Qué haces aquí? He entrado por la puerta de atrás.

No quería que esta vez tus padres me negasen poder verte.

¿Ya habías venido? Sí. Hace unos días.

Lo siento mucho. Imagino que lo debes estar pasando mal.

Ya. Y tú también. Yo la verdad es

que he llegado a pensar que esto podía ser lo mejor para todos.

-Es la primera vez que te veo tan alterada

por la visita de un pretendiente.

Debe ser una relación más seria de lo que creía.

-Más bien, diría especial. -¿Y qué tiene de especial?

-Bueno, que don Hilario es un hombre chapado a la antigua.

-¿Te supone un problema? -A mí no.

Pero temo que pueda suponérselo a usted.

-Por supuesto que no. -Debe estar al llegar.

Estoy desesperada, Cristóbal. No quiero estar aquí.

Pensé que os habíais reconciliado. No nos hemos reconciliado.

Me han obligado a volver. ¿Pero cómo es posible?

Tu tutor legal es don Luis. No pueden hacer eso.

En algún momento, se me escaparon de las manos las riendas.

Y ahora estamos como estamos.

-Perdóneme, pero es usted el ama de llaves.

No se puede exigir como si fuera la madre de las hermanas Silva.

-Muerta su madre y muerto su padre,

¿a quién si no a mí correspondía ese debe?

Quiero hablar con usted y contigo.

Es un asunto importante. Dinos de qué se trata.

De Blanca. ¿Y qué tienes tú que decirnos

sobre Blanca? Quiero pediros algo para ella.

Si Blanca tiene algo que pedirnos, ¿por qué no lo hace ella?

Lo ha hecho, pero no la tuvisteis en cuenta.

Mi padre me ha echado de casa.

Y también me ha dicho que me va a repudiar legalmente.

-¿Pero por qué? -Porque alguien le ha hablado

de don Hilario, de nuestra relación

y de nuestra diferencia de edad. -Alguien.

-No me ha dicho quién. -¿Y por eso te repudia?

-Me ha dicho que se avergüenza de mí y que...

Que soy una cazafortunas.

-Mira, Merceditas, Germán es una buena persona.

Ha dicho una cosa terrible. Pero yo estoy segura

de que Adela le hará entrar en razón.

-Cuando a uno se le mete una idea así en la cabeza, ya no se va.

(GRITAN)

-¿Pero qué ha pasado aquí? -No lo sé.

  • Capítulo 158

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  1. Frieda

    Por que estan bloqueando las series (Seis Hermanas) fuera de Espana?

    21 dic 2015
  2. Nadia

    :'(

    05 dic 2015
  3. Astur

    Solo se puede ver noticias, para que ofrecen series si después no se pueden ver.... Es decepcionante, hasta mi mama que tiene 85 años me tiene loca porque ninguna serie se puede ver, mejor hagan como antena tres que cobra por la aplicación y así las personas no están expensas a su" caridad" ¿¿¿¿¿¿¿¿

    05 dic 2015
  4. Niemand

    Y el cap d hoy:(:,(

    04 dic 2015
  5. Lucia

    Yo tambien soy seguidora de la serie y usuario de rtve a la carta a diario, vivo en Canada. Me gustaria saber que esta ocurriendo y espero que se resuelva pronto. Para los que vivimos fuera de España es un gran inconveniente. Piensen en nosotros.

    04 dic 2015
  6. merche

    Hola a todos. Estoy en la misma situacion que vosotros, no puedo ver ninguna serie pues que RTVE ha decidido geobloquear a los que vivimos fuera de Espana. Ellos mismos me lo confirmaron en menos de 24 horas via email. Ellos estos comentarios NO LOS LEEN. Debeis ir al final de esta pagina y donde indica "contacto", ahi podeis escribir e indicar el problema. Necesitais dar vuestro email y RTVE, os contestara; lo mas seguro lo mismo que a mi... Suerte a todos, saluds desde Arizona.....

    04 dic 2015
  7. Conchita MLambreton

    Cuando van a seguir los capítulos que siguen del 158?

    04 dic 2015
  8. ana

    Aprovechen el yt antes que tambien lo bloqueen

    04 dic 2015
  9. Betty berman

    Betty, discúlpenme! No en Facebook que pueden ver todos los capítulos de seis hermanas, es en YouTube, ok?

    04 dic 2015
  10. Xonalva

    Porque no se pueden ver los capitulos? Yo todo los dias no estoy en casa a la hora de la serie y esos dias los veo en rtv a la carta , por favor dejenos saber si es que no la voy a poder ver mas....

    04 dic 2015