La historia de 'Seis Hermanas' transcurre en 1913. Las hermanas Silva son el alma de las principales fiestas de la alta sociedad. Guapas, educadas, amables y refinadas, las seis hermanas disfrutan de una existencia sin contratiempos hasta que un terrible acontecimiento cambia sus vidas para siempre.

Una historia de superación, de lucha y de falsas apariencias. Amor, humor y, sobre todo, emociones, 'Seis Hermanas' decididas a cambiar las cosas.

Estas son las seis hermanas:

Celia Freijeiro da vida a Adela, la mayor de las hermanas Silva, aunque más que una hermana es para todas ellas una madre. Es conciliadora, responsable y madura. Marta Larralde es Diana, la hermana empresaria. Carismática, emprendedora, impulsiva y algo cabezota. Candela Serrat se pone en la piel de Celia, la intelectual de las Silva, una chica perspicaz, intelectual y algo callada. Mariona Tena es Blanca, la perfecta prometida, guapa, presumida y sociable. María Castro encarna a Francisca, la artista de la familia. Inquieta, divertida y con talento para la música. Y Carla Díaz dará vida a Elisa, la pequeña de las Silva, una joven dulce, inteligente y frágil.

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No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 489 - ver ahora
Transcripción completa

(SOLLOZA)

(CON VOZ DÉBIL) Amalia.

Estás bien.

Sí. Ahora sí.

Ya me encargo yo. Gracias. (TOSE)

Siéntate. Venga, túmbate.

(TOSE)

Cuando he visto la cama vacía,

pensé que llegaba tarde, cariño.

Yo he tenido ese mismo miedo

todos estos días pensando que no iba a volver a verte.

Pero sin ningún reproche.

Sí. Lo sé.

Lo sé, cariño.

Sé que lo hiciste para evitar mi sufrimiento.

Ya ves que no te he hecho ningún caso.

-Tan cabezota como siempre. -¡Chis!

Si no he venido antes, ha sido...

porque... porque no he podido.

No he podido, cariño. -Ya.

Pero ahora ya da igual por qué no he podido,

porque ahora estoy aquí.

Y no me voy a mover de aquí. Nadie me va a separar de ti.

No. Hasta que me vaya.

No. Hasta que te cures.

Aquí el único culpable es Luis, madre.

Pero si yo me hubiera negado... -A saber qué barbaridades

habría hecho por ahí. Estaba loco.

Estaba claro que, tarde o temprano, habría acabado mal.

Ya sé que yo también me enfadé con usted

por contratarle, pero no debe culparse.

Madre, usted obró de buena fe, por su buen corazón.

Y las buenas intenciones no deben castigarse.

¿Ni siquiera aunque tengan estas consecuencias tan terribles?

Ni siquiera.

Además, por suerte, todo ha terminado bien.

¿Bien, hijo? Ha muerto un hombre.

No siento ninguna lástima por ese hombre.

Mucha gente ha sufrido por su culpa.

El mundo estará mejor así.

Vaya. ¿A qué has venido?

¿A interrogarme por la muerte de Luis

o a hablar con mi madre, a ver qué le sonsacas a ella?

Para lo que le va a servir...

Vengo a deciros que ya hemos detenido

a los asaltantes que nos dieron

la paliza a Simón y a mí. -Anda, mira.

Pero, sobre todo, vengo a pedir disculpas.

Doña Antonia, siento mucho cómo me comporté con usted.

Y a ti, Gabriel, no... no sé qué decirte.

Esos hombres no tenían nada que ver contigo,

pero, aun así, no debí dudar de ti.

Te conozco. Sé perfectamente que nunca habrías hecho algo así.

Bueno, me alegro de que por fin haya caído de la burra.

Por mi parte, disculpas aceptadas.

No. No será tan fácil.

¿Qué te crees, que con un "lo siento" se arregla todo?

Creía que eras mi mejor amigo

y jamás me había sentido tan traicionado.

Gabriel, lo siento de corazón.

Yo no quiero meterme...

-Creo que lo va a hacer, ¿verdad? -Pues sí.

Pues sí, porque te recuerdo que cuando tú no podías andar,

también descargaste tu rabia en nosotros.

Y seguimos allí hasta que volviste a caminar.

Piensa eso.

Y ahora, os dejo solos.

Gracias, doña Antonia.

Tu madre es una mujer muy sabia.

Sí. Tiene esa mala costumbre.

-¿Cuál? -¿Cuál va a ser?

Tener razón.

Entonces, ¿me perdonas?

Claro que sí, hombre. Ven aquí. Para eso están los amigos.

¿No se les podía haber ocurrido una idea peor?

Jugarse la casa, esta casa, otra vez a las cartas.

-¿Y están todas de acuerdo? -Todas ellas.

Ahora mismo acaba de salir don Salvador

con las escrituras. -Se han vuelto locos.

¿Qué va a ser de nosotras ahora?

A ver, un poquito de tranquilidad.

Las señoras no han perdido la cabeza.

Don Salvador es buen jugador de cartas.

Si decidió jugarse la casa, es porque está convencido

de que ganará. No está tan loco.

Va a jugarse la casa en la misma timba

en la que perdió el cuadro de doña Elisa y los viñedos.

¿De verdad sigues pensando

que las señoras no han perdido la cabeza?

Bueno.

¿Y qué vais a hacer si pierden la casa?

Yo lo tengo claro. Me vuelvo al pueblo.

Vine aquí buscando una vida mejor y al final será verdad

que como en casa, en ningún lado.

Yo supongo que haré lo mismo. Me iré al pueblo con mi hija.

¿Y ustedes? -Bueno, a mí todavía me queda

el trabajo en la fábrica. Con eso nos apañamos, ¿no, Rosalía?

Claro que sí. Pero lo que me preocupa,

es el futuro de los señores.

Por culpa de esos viñedos, doña Diana vendió la fábrica

y don Salvador se quedó sin su negocio de los coches.

No tienen nada. ¿Qué va a ser de ellos y de esas niñas?

Sí. Nuestros jefes han tenido muy mala suerte.

Primero, la enfermedad de don Rodolfo y ahora esto.

Bueno, no nos pongamos tan en la tremenda, eh.

Que don Salvador todavía puede ganar esa partida.

Al final, va a depender todo de unas benditas cartas.

Al fin y al cabo, ¿la vida qué es?

Las cartas que te tocan y cómo las juegas.

A mí contigo me tocó un as de corazones, Benjamín.

(RÍEN)

Pero me temo que ahora nuestras vidas dependen

de las cartas que les toquen a don Salvador.

Y Dios quiera que sean buenas,

porque el resto de nuestro futuro se decide ahí.

A la gente normalmente la muerte

les coge desprevenidos.

No se pueden despedir de la gente que quieren.

Yo voy a tener esa suerte.

-Yo quiero que veas crecer a tu hija.

Amalia, ¿tú... le hablas de mí?

Y escucha, quiero que me prometas algo.

Yo la voy a cuidar. Mucho. -Ya lo sé.

No es eso.

Quiero que me prometas que...

vas a seguir adelante sin mí

y que... vas a estar abierta...

al futuro.

-¡No! Calla, calla.

Cállate, no digas eso.

No tengo por qué rehacer

ninguna vida que no tiene por qué ser rehecha.

Cariño, escúchame.

No creo en otra vida que no sea la de estar a tu lado.

Eso creo.

Yo... Yo no no necesito...

rehacer nada.

Quiero vivir los años que me queden...

de nuestra hija y de tu recuerdo,

porque, si hay una vida eterna,

yo no, yo no quiero compartirla con nadie más.

Yo creo más en el resto...

del tiempo que nos dé el universo. Así, contigo.

Lo veo.

Y voy.

La casa de la familia Silva.

Llega tarde. Ya temía que no viniese.

De hecho, dudé si venir.

¿Por qué?

Pero al final he tenido claro qué es lo que debía hacer.

Ya verá. Lo vamos a pasar bien en la fiesta.

¿Qué tal si nos vamos? Es en las afueras.

Iremos dando un paseo.

Siéntese.

Prefiero que sea aquí mismo, ahora.

¿Pero qué dice? La fiesta no es aquí.

Julio, por favor, deje esta farsa ya.

Sé quién le envía y para qué.

El otro día, me pareció sospechoso en el Ambigú

y le seguí hasta la casa de tolerancia.

Les oí hablar a Cándida y a usted.

¿Y por qué ha venido?

Cándida no iba a parar hasta dar conmigo.

Ya estoy cansada de huir.

Pero tampoco quiero acabar mis días en una zanja a las afueras,

medio devorada por las ratas.

Nadie se merece ese final.

Aquí encontrarán mi cuerpo enseguida.

Solo le pido que lo haga rápido, por favor.

No, no puedo.

No aquí. No así.

Puede pasar gente.

Sí que puede. Yo le ayudaré.

No voy a gritar.

Nadie reparará en nosotros.

No lo entiendo.

¿Por qué quiere morir?

Es como tengo que acabar.

Ya nadie podrá hacerme más daño

del que he soportado todo este tiempo.

Al principio, todo ese dolor me contaminó como una enfermedad,

como... un veneno.

Solo deseaba hacer daño

y vengarme de todos lo que me habían hecho sufrir.

Y cuando lo conseguí,

solo obtuve más dolor...

y me alejé...

aún más de lo único que buscaba.

¿Y qué buscaba?

Lo que buscamos todos en esta vida:

importarle a alguien.

Pero nadie derramará una sola lágrima por mí.

He fracasado, Julio.

Toda mi vida ha sido un error.

Y ya no puedo más.

Ya no puedo seguir sufriendo más.

Ayúdeme a acabar con esto.

Por favor.

¿Pero, cuánto dura una partida de cartas?

Depende, Salvador las mide en puros.

Una vez estuvo en una que duró cinco puros,

pero, no puros normales, no, puros cubanos,

de esos que son como barras de pan.

¿Y que dure tanto es buena o mala señal?

No lo sé, si lo supiese no estaría así.

Que tarde tanto es una mala señal,

fue a recuperar los viñedos no a jugar por jugar.

No sé, supongo que no puede llegar y apostar la casa

contra los viñedos así, directamente,

tendrá que hacer apuestas más bajas e ir subiendo.

Esas partidas son como...

Salvador, qué ha pasado.

¿Aún tenemos la casa?,

di algo, por favor.

Las escrituras de la casa,

la de las bodegas y en un par de horas

tendréis de vuelta el retrato de vuestra madre.

Lo sabía.

¿Lo sabías?

¿Cómo lo has hecho, cómo fue?

En fin, la partida fue eterna,

en cuanto se confiaron, ataqué.

Mañana leerá sobre su muerte en los periódicos.

Si no se fía y no quiere pagarme, no lo haga.

-Si le soy sincera, pensé que no iba a tener agallas para hacerlo.

Pero está claro que no hay nada como tener un buen motivo

para armarse de valor.

-La quería muerta y muerta está.

Aquí está todo.

¿Algo más?

No, de hecho, como usted suponía me voy de la ciudad esta noche

y no creo que regrese nunca.

¿Qué negocios te traes con ese hombre?

Ese hombre ha matado a Marina.

Por fin se ha hecho justicia.

No sabes cuánto te lo agradezco.

No lo he hecho por ti, ni por tu hija Carolina,

lo he hecho por mí.

Marina me ha quitado lo más valioso de mi vida,

a mi hijo.

Mis hermanas no me hacen caso, están preocupadas con la casa.

No tengo motivos para estar así? -Claro que sí, Elisa.

Si necesitas un hombro para llorar, puedes contar con nosotros.

-Es que lo que necesito es otra cosa.

Dinero.

-¿Dinero? -¿Dinero?

-Os lo devolveré. Mi padre ahora no me deja acceder a las cuentas.

-Elisa, ¿para qué quieres ese dinero?

-Para comprar un viaje, a Boston.

Yo sé que Gonzalo es el amor de mi vida.

Y sé que, por mucho que él diga, está enamorado de mí.

Y no me voy a rendir.

-Gonzalo no es el amor de tu vida, es tu hermano.

Y él se ha ido porque se ha dado cuenta que vuestra relación sería...

una aberración.

-¡No hables así de mis sentimientos! -No soy yo.

Cualquier persona a la que le preguntes, te va a decir lo mismo.

Es inmoral y depravado.

Con el tiempo, te darás cuenta y nos agradecerás

que no te hayamos dejado ese dinero.

-Es que el dinero no es tuyo.

Carlos,

dime qué opinas. Carlos...

¡Déjale hablar!

-Vamos a ver, Elisa. Yo sé que para ti esto es terrible.

Estabas muy enamorada de Gonzalo y muy ilusionada por casarte con él,

pero también sé lo que es sentir...

que te lo has perdido todo y que ya no hay esperanza.

-Es que sí la hay, por eso me quiero ir a Boston.

-Estás buscando un solución desesperada

para algo que ya no la tiene,

igual que hice yo con el sanatorio.

-No, no es lo mismo. -No, no es lo mismo, Carlos.

Lo tuyo fue una tragedia y esto... es un error.

Y da gracias que no llegó más lejos. -¿Y qué hubiese pasado...

si Gonzalo y yo no hubiésemos sabido que éramos hermanos?

Que nos habríamos amado, sin prejuicios.

Habríamos sido felices. -Ya, pero es que lo sabéis, Elisa.

Y eso lo cambia todo. ¿No te das cuenta?

Nadie lo hubiese aceptado, jamás, ni siquiera el propio Gonzalo.

Por eso estás aquí, sola.

-Esperaba más apoyo de parte de mis amigos.

-Para hacer lo correcto, sí.

-Mira, Elisa, tú me tendiste la mano cuando yo no encontraba solución

y yo ahora lo voy a hacer contigo.

Por experiencia, sé que... con el paso de los días,

lo que hoy es un dolor... terrible,

pues se va convirtiendo en algo más llevadero,

hasta que llega un día en el que lo superas por completo.

Y yo aún estoy en ese proceso. Y estoy empezando a ver la luz.

Tú aún estás en tinieblas.

No te preocupes, va a llegar un día en el que te vas a sentir bien.

Y mientras, vamos a estar aquí nosotros para ayudarte.

-¿Es que os pensáis que todo se pasa,

que de todo se aprende?

Pero no,

hay heridas que te hacen daño y otras que te matan.

Y yo ya he pasado por varias de las primeras y sé que esta no es así.

-Elisa, eres una melodramática.

Se te pasará también esta vez, ya lo verás.

-Elisa, por favor, no pierdas la esperanza.

-Claro.

Carlos, nosotros deberíamos irnos.

Mis padres están con el niño y ellos se tienen que ir al teatro.

Mi amor.

Anímate.

Vamos.

Pues, a mí, tu hija no me da ninguna pena,

por lo que sé, Gonzalo la abandonó como me abandonó a mí.

Ha vuelto a Boston

y me ha pedido que no le mande dinero ni que intente dar con él,

que me olvide de que tengo un hijo.

También, es mi hijo y te juro que hablé con él

e intenté convencerle para que te perdone.

Pues, ya veo lo bien que lo has hecho.

Tu primera tarea como padre... Pero, ¿cómo tienes tanto descaro?,

no solo mientes a tu hijo, me mientes a mí,

y, ahora, me reprochas que no ejerciera de padre.

Pues, era tu primera oportunidad y has fracasado.

Son tus mentiras y no mis errores los que nos llevaron

a esta situación tan grave, Elisa no se merecía esto,

tú, sí.

Una madre no merece oír eso.

La palabra madre te viene grande, querida.

Siempre creí ver en ti algo bueno,

algo que los demás no veían, pero, me equivocaba

porque eres un hombre malvado, mezquino y egoísta.

Qué bien te retratas con tus insultos.

Y por eso has vivido solo y morirás solo.

Yo, por lo menos, tengo una hija.

Eres tú, quien acabará sola, Cándida, ¿no te das cuenta?,

eres tú quien echó de su vida a toda la gente que te quiere.

No sé de qué me hablas.

Yo no te quiero y nunca te he querido,

solo me has traído desgracias

y, ahora, vete y no vuelvas a mi vida.

Sé que no sientes lo que dices,

pero, cuando quieras arrepentirte, será demasiado tarde.

(CÁNDIDA LLORA)

Lo siento mucho, señora, pero...

la posibilidad de que perdieran la casa

nos ha desasosegado tanto que...

no hemos podido empezar a preparar la cena hasta estar seguras

de que esto seguiría siendo nuestro hogar.

-No tiene por qué disculparse, no nos importa cenar tarde.

-Pero esté tranquila, que a partir de mañana

la cena se servirá a las 9, como siempre.

-Muchas gracias, doña Rosalía.

Avise a Elisa, todavía no conoce las novedades.

-Gracias.

¿Puedo pasar?

-Claro, eres el héroe del día.

-Ayer no decías lo mismo.

De hecho,

dabas por terminado lo nuestro. -Estaba muy enfadada.

-Pues ya no tienes por qué preocuparte,

las únicas cartas que pienso tocar son las que traiga el cartero.

Se acabaron las juergas y las tonterías.

Decirte que...

voy a tomarme en serio hasta los anuncios de crecepelo del periódico.

-¿Das por hecho que te voy a perdonar... otra vez?

-Doy por hecho

que voy a luchar por estar a tu lado hasta conseguirlo.

Ya no nos vamos a enfadar por las juergas o las cartas,

porque eso ya se acabó.

Si me perdonas,

te aseguro que surgirán muchas otras cosas por las que vamos a discutir

y mucho. -¿Crees que así te voy a perdonar?

-Sí. Esta vez y siempre,

porque, digas lo que digas...

o te pongas como te pongas,

te quiero demasiado como para rendirme.

No paras de darme disgustos.

Créeme que no es lo que yo quería.

Pero, es lo que pasa

una y otra vez.

Somos muy diferentes.

Como la noche y el día.

Y como la noche y el día,

uno no puede existir sin el otro.

Y por mucho que me enojes

y me saques de mis casillas, como yo hago contigo,

pienso volver a tu lado

una y otra vez

porque sin ti no puedo ser yo.

Si te perdono,

no va a ser por tus palabras,

señor, don zalamero.

Aunque, bueno, has conseguido hacer una declaración sin usar

la palabra amor, lo cual ya...

Ya sabes que tengo mis momentos.

Si te perdono es porque a mí me pasa lo mismo,

podría vivir más tranquila sin ti, pero,

no sería feliz.

Así que,

tendremos que seguir peleándonos.

Y reconciliándonos.

(Llaman a la puerta)

Le traigo una tisana

que ya verá que...

¡Doña Elisa, por favor, qué le ha pasado!

Doña... ¡Doña Rosalía!

(Gritos)

¡Doña Rosalía!

(Llanto)

¿Cómo está, Cristóbal?

Si estoy respirando, digo yo que estaré bien.

El carácter no le ha cambiado.

Está perfectamente, solo ha sido un susto.

Menudo susto, gracias, Cristóbal. Nada.

¿Tan desesperada estabas?

Desaparecer, me pareció la única solución.

Bueno, Elisa,

no te preocupes, te entiendo, perfectamente,

y si no quieres hablar, no pasa nada.

Pero, quiero que sepas que no estás sola,

que siempre nos tendrás a nosotras.

Eso es lo que te da fuerzas para seguir adelante,

te lo digo por experiencia.

Gracias.

Prométeme que no lo volverás a hacer.

No.

En el momento antes de desmayarme

yo pensaba que me iba a morir

y sentí un miedo terrible.

Me arrepentí.

No quiero volver a pasar por eso.

Me alegra mucho que digas eso, Elisa.

Pero, al despertarme

y veros aquí,

conmigo,

me doy cuenta de lo que decías,

que no estoy sola. No, claro que no.

Además, ¿no te acuerdas de las cosas que hemos pasado estos últimos años?

Ha habido cosas buenas...

y seguirán habiendo.

Y también cosas malas, terribles,

pero todo lo hemos pasado porque estábamos juntas.

-Y siempre va a ser así. -Sí.

-A pesar de las distancias o de las ausencias.

No vamos a dejar que te hundas, porque si algo sabes hacer tú es...

ilusionarte con el futuro y salir adelante.

Siempre vamos a estar juntas porque...

Somos hermanas. Sí, somos hermanas.

Y eso es algo que,

afortunadamente, no cambiará. No.

Corría el año 1913,

la vida era sencilla y sin preocupaciones.

Estaba todo preparado para que se celebrase

la fiesta de compromiso de mi hermana Blanca

esa misma noche y todo fuese perfecto.

Ninguna de nosotras imaginábamos

lo que nos deparaba, entonces, el futuro.

¿Le queda mucho, señorita?, hay que airear los manteles,

colocas los servicios en la mesa y terminar de abrillantar la plata.

Micaela, ya veo que Rosalía está nerviosa con la cena de hoy.

No lo sabe usted bien.

Pues, dile que enseguida termino, no me queda nada.

¿Ocurre algo, Micaela?

No, que, sé que está escribiendo una novela,

¿me dejaría usted leerla?

¿A ti?, por supuesto.

Pero, cuando esté terminada.

¿Y podría decirme de qué trata, es una historia de amor?

No, es mucho más que eso,

es la historia de mi familia.

Seguro que es una gran historia,

no tarde mucho en terminarla

ya estoy impaciente por leerla.

(NARRA) A lo largo de su vida, estas mujeres se preguntaron

por qué se las juzgaba de manera distinta que a los hombres.

¿Por qué la sociedad se empeñan en recordarles

que su lugar estaba escrito desde antes?,

y que no tenían derecho a cambiarlo.

Arriba está todo listo, doña Rosalía,

solo faltan los invitados.

(NARRA) Todo el mundo tiene derecho a ser quien quiera,

haya nacido hombre o mujer.

Ellas han demostrado que aunque el camino

esté lleno de obstáculos,

siempre hay una razón para seguir adelante.

Siempre hay una razón para seguir luchando,

la de poder vivir en libertad.

Del futuro solo se sabe algo con certeza,

que no va a ser como te imaginas,

va a ser siempre diferente,

una sorpresa.

De entre los mil caminos que se tienden ante nosotros,

solo puedes estar segura, orgullosa de uno,

del que has dejado atrás.

No porque tu vida haya sido la mejor posible,

sino porque es la que te ha traído hasta aquí,

al final del camino,

al umbral de ese incierto futuro tan lleno de esperanza.

En muchas ocasiones se han equivocado

y han tenido que soportar las consecuencias de sus errores.

Ha habido momentos en los que quisieron desertar,

han sufrido la pérdida de personas que amaban.

Y el destino ha jugado con ellas poniéndolas a prueba muchas veces,

pero, juntas, supieron hacer frente a todo,

sobreponerse y seguir adelante.

Esta es la historia en la que seis mujeres

se dejaron llevar por el corazón

en contra de un mundo

que no se preocupaba por entenderlas.

Que su ejemplo sirva a otras generaciones,

que su lucha no se quede en la intimidad de la familia,

que sus logros sean públicos

para que otras mujeres sepan que se puede elegir,

que se debe elegir,

que se debe vivir, intensamente.

Esa ha sido la historia de seis hermanas,

mis hermanas.

(Música)

Seis Hermanas - Capítulo 489

21 abr 2017

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