Retratos con alma La 1

Retratos con alma

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No recomendado para menores de 12 años Retratos con alma - Programa 7 - ver ahora
Transcripción completa

La academia recibe la visita

de la gran impulsora de la educación femenina

en España, María de Maeztu.

Buenos días a todas. -Buenos días.

-Es un honor tenerla aquí. -El honor es mío.

Con un discurso a favor

del individualismo... Estamos lejos de ser independientes.

Otros marcan nuestros caminos.

...motiva a las alumnas a que empiecen a pensar

por sí mismas.

(Sintonía de "Retratos con alma")

Hoy, nuestros protagonistas nos hablarán

de los problemas de la mujer

para acceder a la enseñanza.

En los años 60, era complicado ser investigadora.

Se pensaba que las mujeres no estábamos capacitadas

para hacer investigación. Entonces yo era invisible.

Yo me recuerdo a mí misma muy pequeña pensando:

"¿Yo para qué vengo al colegio a hacer vainica?".

Yo esperaba que aquí

iba a venir a cosas más interesantes.

Ahí se formaron muy buenas cabezas feministas.

De la movilización feminista que lucha por la igualdad.

Creo que la mujer se merece la misma posición que el hombre.

No contra los hombres, sino con los hombres.

-Claro que soy feminista.

Porque feminista es estar a favor de la igualdad.

Y de cómo persisten actitudes que discriminan a la mujer.

Se volvió y me dice: "Tú, a la cocina". Así.

Yo me quedé así y digo: "Mira,

yo me voy a ir a la cocina, pero tú vas a quitar el caldero,

y, como es mi casa, no se va a poner".

He estado en comidas en las que ya no era micromachismo.

Es que era un poco de violencia de género. El señor que decía:

"Tú te callas, porque de esto no sabes nada".

Entonces ya te cabreas. Y dices:

"Mira, me interesa lo que dice tu mujer,

lo que dice ella,

y, si sigues en este plan, yo me voy".

Después de casi 100 años

y a pesar de lo que queda por hacer,

estoy segura de que María de Maeztu estaría muy orgullosa

de ver cómo las mujeres han tomado las aulas

y superan en número a los hombres dentro de las universidades.

¿Qué papel ha jugado la educación en la liberación de la mujer?

Sin educación, no hay conocimiento y no hay libertad.

La mujer ha llegado donde ha llegado gracias a la educación.

Es la base, es absolutamente la base de todo.

Yo creo que hay que educar a la mujer desde pequeña

para que realmente sea lo más igualitaria posible que el hombre.

La liberación es una trampa.

La ha condenado a un trabajo que no le gusta

y no le ha quitado el trabajo de la casa.

Si la mujer pertenece al mundo de la educación

como alumna o como profesora

para que la sociedad sea mejor...

Es 1841,

un nuevo y peculiar alumno irrumpe en la Facultad de Derecho.

Viste capa, levita y sombrero

y prácticamente no habla con sus compañeros.

Bajo este disfraz se esconde Concepción Arenal,

que tuvo que adoptar una apariencia masculina

para cumplir un sueño que ahora

está al alcance de casi todas las mujeres: estudiar.

Nuestra presencia en el ámbito

educativo

y en el educativo superior

tiene una corta historia.

Es que estamos hablando de un siglo.

Y con mujeres que tenían que ir o bien con el permiso legal

del ministerio

y sobre todo con el tutelaje

de tu padre o tu marido, que quisiera que estuvieras allí.

Al final, estamos hablando de 100 años y pico.

Es muy poco.

María de Maeztu es la primera catedrática que tiene nuestro país.

Pero Concepción Arenal se tuvo que disfrazar de hombre

para poder ir a la universidad y sentarse en las aulas

y que la aceptarán.

Las primeras mujeres que van a la universidad

lo hacen con una lucha heroica.

Se veían en un mundo completamente rodeadas de hombres

y de hombres que les cuestionaban el derecho a estar allí.

Incluso la capacidad para poder estar allí.

En ese sentido, son nuestras heroínas y las mujeres

en las que nos tenemos que mirar para saber nuestra historia,

que nos ha traído donde estamos,

que es compartiendo en igualdad

la educación, la formación y todo.

Hemos estudiado la historia con nombres de varón,

con nombres de hombres.

Pero el de María y tantas otras,

incluso la Sin Sombrero,

que eran las de la Generación del 27,

se veían solapadas por otros hombres.

Algunas tenían más fuerza y podían brillar un poco más.

Pero las tapaba hasta Lorca, las tapaba Dalí,

las tapaban grandes.

Y hay una generación de hombres hecha por hombres.

Y esas mujeres no aparecen en los libros.

Y me cuesta decirte algo más que una frase de ellas.

María de Maeztu abanderó sin descanso la educación

de las mujeres como herramienta

para su libertad. Está claro que la base

de todo movimiento está en la educación.

No se puede hacer una revolución

si desde pequeño o de pequeña, ahora hay que decir ambos géneros,

en la escuela no se cultiva.

María ejerció la docencia de una manera original

y diferente, importada de América.

Clases al aire libre, colonias,

nada de de memorizar ni de castigos.

Le debemos mucho porque tuvieron que pasarlo muy mal

para romper esas barreras.

Al tiempo, también demostraron que el camino que teníamos

que seguir todas

era ir a la escuela, a la universidad y a la educación.

La situación actual de la mujer en las aulas

tiene una gran deuda con María de Maeztu

y otras intelectuales de la época.

Yo recuerdo que en el colegio había

dos grupos.

Todo el mundo empezaba bachillerato,

que el que yo estudié tenía siete años.

A partir de cuarto, podías estudiar magisterio

o podías hacer cultura general.

Eran dos o tres años más, hasta los 17,

y las que queríamos estudiar

seguíamos el bachillerato hasta los 17 años,

las que queríamos ir a la universidad.

Pero se estudiaba porque te gustaba estudiar,

no por un título para trabajar.

La verdad es que no tengo muy claro

hasta qué nivel estudió mi madre y eso.

Pero sí sé que fue muy emprendedora.

Fue de una forma que repercutió en nuestra familia, en los hijos.

Mis hermanas han sido emprendedoras.

En mi familia, no había esa distinción.

La vida en mi casa era una vida de igual a igual.

Allí no había chicos y chicas, éramos los cuatro como podíamos.

Era una lucha por la igualdad.

Solo teníamos un hermano y siempre era una lucha

contra las diferencias

que había en la casa por todo.

¿Mis hermanos? No, mis hermanos no podían

ni limpiar los zapatos los domingos para salir.

Ya te llamaban: "Oye, Nati, límpiame los zapatos".

Nos han educado en la igualdad y por eso también

tengo yo muchos problemas.

Mi padre en ningún momento me ha dicho

que dejara de hacer algo por ser mujer.

Sino que yo puedo hacerlo todo, ir como me da la gana

y decir y hablar como me dé la gana.

-A mis hermanos, mi madre

les planchaba la ropa y yo me la tenía que planchar.

La mujer era para casarse y tener hijos

y la casa y se acabó.

Luego, se casaron y cambió la cosa.

Y han cambiado pañales, han hecho de todo.

Pero en casa con mi madre, no. Ella tampoco los dejaba.

Yo tenía una madre

que, hace muchos años,

tenía su propia profesión y su dependencia económica.

Y mi padre y mi madre, con todos mis hermanos varones,

nos trataban a los tres por igual.

Y nunca se plantearon

que mis hermanos fueran a la universidad y yo no.

Las monjas pretendían convertirme en un angelito para el matrimonio.

Con lo cual, vivía una cierta esquizofrenia de valores.

Nos enseñaban cocina, a coser, urbanismo,

porque se suponía que íbamos al colegio a aprender,

pero que nuestro futuro era de esposas y madres.

Durante 40 años, la Sección Femenina se hizo cargo

de educar a la mujer.

Tras los logros de la Segunda República,

se volvió a separar por sexos y a dar asignaturas diferentes

a chicos y chicas

en función de lo que se esperaba de ellos.

Yo hacía vainica, que se me daba fatal.

Me desesperaba.

Y me recuerdo a mí misma muy pequeña pensando:

"¿Yo para qué vengo al colegio a hacer vainica?".

Yo esperaba que aquí iba a venir a otro tipo de cosas

un poco más interesantes.

Ahí se formaron muy buenas cabezas feministas.

Al chocar con la vainica, algunas nos dimos cuenta

que por la vainica no iba a ser.

Los nuevos centros incluían nuevas asignaturas

como las materias de escuela del hogar,

que preparaba a las chicas.

Las niñas reciben nociones sobre nutrición.

Todas ellas

concluirán siendo excelentes amas de casa.

He aquí una alumna que ha aprovechado las vitaminas muy bien.

Mi madre pertenecía a la Sección Femenina.

Mi madre es una mujer muy de izquierdas. Y dice:

"Sí, pero es lo que había, a mí me tocaba ir".

"Y me tocaba hacer cosas

que pertenecen...".

No hacerlo no era ser rebelde,

es que ahí es donde estaba aprendiendo

desde hacer barro a leer o a hacer gimnasia,

que mi madre hacía un montón de deporte.

La educación física adquirió una gran presencia

para conseguir mujeres vigorosas

y fuertes para tener hijos

y cuidar de la familia.

El deporte hará de ellas

mujeres sanas, ágiles y alegres.

Bien formadas, bien nutridas y en buena forma física.

Ese era el objetivo de la Sección Femenina

para conseguir a la mujer ideal.

Yo tenía muy claro

que como yo era feliz era trabajando.

Es que se me notaba.

Y desde luego, por mucho que lo intentara,

yo no iba a ser nunca un ama de casa al uso.

Mi caso, como el de otras mujeres que han sido profesoras,

se puede considerar algo especial para la época.

A mí me rodeaban amigas

que no daban clase ni trabajaban,

no trabajaban fuera la casa, que eran amas de casa,

algunas de las cuales eran...

exageradamente dispuestas para limpiar

y para comprar y para tener su casa

como los chorros del oro.

Yo tenía una cuñada a la que quise mucho,

que desgraciadamente ya murió, que decía:

"En mi casa, las moscas patinan".

Era su orgullo, que su casa fuera lo mejor.

Pero era feliz así.

No vayamos a pensar que ella tenía una sensación

de sometimiento o rebeldía.

Ella no se rebelaba.

Al contrario, se enorgullecía.

Y le parecía horrible

que yo estirara las sábanas

y las doblara y no las planchara.

Era una diferencia grande de mentalidad.

Nos educaron en absoluta igualdad.

Es que no había roles.

En mi casa, mi padre no era el padre que presidía la mesa.

Se sentaba porque era lo típico,

igual que yo me siento ahora cuando llegan los nietos.

Yo me siento en mi sitio, pero no tengo

la concepción, la conciencia de presidir la mesa.

Tengo la conciencia de que soy uno más y de que me da igual.

Y mi padre era igual.

Mi padre nunca ejerció de padre en el sentido estricto

de veneración, respeto, miedo. Yo jamás he tenido miedo a mi padre.

Quizás más a mi madre que a mi padre,

que era mucho más ejecutiva.

Desde pequeña, siempre lo tuve claro.

Yo siempre quise estudiar Derecho.

No me conformaba con la situación que vivía mi madre,

que solo se dedicaba a la casa.

Yo me preguntaba por qué no se puede ser gitana y estudiar,

tener un trabajo además de hacer esas labores.

Decidí estudiar, pero mis padres no se enteraban

de que yo me lo tomaba en serio.

En sexto de primaria, los profesores se reunieron con mis padres

para comunicarles que la chica era muy trabajadora

y le gustaba estudiar.

Desde ahí, mi padre me dijo que me iba a apoyar en todo,

que yo me preocupara de estudiar, que de lo demás se encargaba él.

Estudié hasta el instituto.

Soy del medio rural y fui la primera mujer gitana

que accede al instituto.

Antes de matricularme, en verano, se reunieron toda mi familia,

primos, tíos, abuelos,

para decidir sobre la continuidad de mis estudios.

Claro, en la comunidad gitana,

es toda la familia la que tomamos las decisiones,

no solo padres e hijos.

También tíos y abuelos.

Y quien tiene mayor potestad es el abuelo.

Y ahí entraron en conflicto mis tíos

diciendo que cómo iba a ir una moza a estudiar,

que no estaba bien visto, que había que casarme como a todas.

Y mi abuelo dijo que si yo valía para estudiar,

que tirara para adelante, que ya era hora de cambiar.

Durante toda mi trayectoria académica, he tenido altos y bajos.

Ha habido momentos en los que dudaba.

Pensaba: "A lo mejor dedico este tiempo

y no lo consigo

y he perdido la oportunidad de poder conocer a un gitano

con el que casarme". Porque el problema que hay

es que, como los gitanos nos casamos jóvenes,

si tú ya superas esa edad, es más difícil

encontrar a una pareja de tu edad gitano.

Si tú estudias, los gitanos no te van a ver como la gitana tradicional

que algunos de ellos quieren, entonces he tenido mis bajones.

Otras veces entraba a la universidad y me veía yo sola:

"¿Qué hago, estoy loca? ¿Por qué estudio?".

Mis compañeros han sido conscientes de las barreras

que he superado porque conocían mis limitaciones como mujer,

por ir sola, tomar mis propias decisiones...

Eso sí lo veían ellos como barreras que yo tenía que superar.

Cuando salíamos de clase y nos íbamos a tomar algo,

ellos sabían que yo estaba limitada

porque mi familia me permitía estudiar, pero hasta ahí.

No se me dejaba irme después de clase por ahí.

Y ellos eran conscientes de eso.

Ha sido un reto para mí y también para mi familia,

pero finalmente he conseguido lo que yo quería,

ser abogado.

Y había carreras como Derecho

o como Medicina

en las cuales el número de mujeres era mínimo.

En mi época, creo que había dos o tres chicas

que estudiaban Medicina

y algunas que estudiaban Derecho.

Pero el machismo estaba imperante en algunas carreras.

Yo recuerdo un catedrático

que, en Derecho Canónico,

cuando hablaba del matrimonio

y de los impedimentos

y de todo lo que concierne a las parejas, decía:

"Señoritas, pueden salirse de la clase,

tienen esta parte aprobada".

Para que no se enteraran de las cosas

que hablaban del matrimonio.

Eso ha pasado en la Universidad de Sevilla.

Había carreras como Derecho en las cuales

algunas salidas no estaban permitidas.

Por ejemplo, el otro día oí yo a Cristina Almeida

diciendo que ella, cuando terminó Derecho,

por ley no podía ser jueza.

No podía ser jueza, no podía ser diplomática, no podía ser militar,

había muchas cosas que no podía ser

porque estaban vedadas para la mujer.

Entonces ¿qué íbamos a hacer?

En mis tiempos, se decía:

"Las hay guapas guapísimas y de ciencias,

feas feísimas y de letras".

Fui elegida magistrada del Constitucional

no procediendo de la carrera judicial,

esto hay que decirlo, sino de la universidad.

Creo que es más fácil porque en la carrera judicial,

hace años, en el franquismo,

no le estaba permitido a la mujer ser juez.

Y en consecuencia, cuando, en una carrera se asciende

por escalafón, es muy difícil que las mujeres

lleguen a los puestos altos.

Me encontré con muchas dificultades que se pueden resumir

en que había que demostrar siempre

que se era buena en lo que se hacía.

La capacidad. Había que demostrarla en todo momento.

Que lo podías hacer igual que un hombre.

Al hombre no se le exigía demostrar eso.

Se le daba por sentado, se le presumía su capacidad.

Bueno, el sector jurídico está masculinizado

siguiendo esa regla general de que la mujer,

para ser compatible

su decisión de maternidad

y de cuidado de hijos,

tiene que quedarse en puestos menos exigentes.

En la base puede haber muchas mujeres,

pero en los puestos relevantes,

las profesiones se masculinizan.

Yo hice la carrera

de Ciencias Químicas desde el año 1955

a 1960. Pero ya éramos bastantes mujeres

en nuestra carga.

Éramos la tercera parte de mujeres.

Es decir, no era yo la única mujer que había en el curso.

Lo que pasa es que, cuando ya empecé a hacer la tesis

en el año 1961,

ahí sí había muy pocas mujeres, prácticamente no había.

Y ahí sí se me discriminaba por el hecho de ser mujer.

Se pensaba que las mujeres no valíamos para investigación.

Entonces yo era invisible o no se me tenía en cuenta,

se me discriminaba.

Cuando estuvimos en Estados Unidos en el laboratorio Severo Ochoa,

no sentí ninguna discriminación.

A mí, Severo Ochoa me trataba como una persona

independientemente de mi sexo.

Cuando volvimos a España,

iniciamos un trabajo conjunto mi marido y yo.

Dentro del laboratorio, no teníamos problemas.

Teníamos doctorandos que dirigíamos unos él, otros yo,

pero, para el exterior, yo era la mujer de Eladio Viñuela.

Y, al cabo de unos pocos años,

Eladio, que era una persona muy generosa,

a quien le gustaba que yo fuese independiente,

decidió abandonar el tema con el que trabajábamos los dos

para iniciar un nuevo tema de trabajo.

Y así yo podía demostrar a mis colegas

si era capaz o no de salir adelante.

El caso es que salí adelante, tuve el apoyo siempre de mi marido

y pasé de ser la mujer de a ser ya Margarita Salas.

La revista "Consigna" decía:

"El niño mirará al mundo, la niña mirará al hogar".

Afortunadamente, a pesar de las muchas dificultades,

hemos dejado muy atrás esa frase lapidaria,

ya que, tanto en el colegio como en la mayoría de las casas,

prima la educación en igualdad.

La gran diferencia entre mi modelo educativo

y el que hay ahora

es que ahora hay coeducación entre chicos y chicas.

Se enseña a niños y niñas las mismas cosas por igual.

Yo recuerdo que yo tenía asignaturas específicas

por ser niña cuando era pequeña.

Desgraciadamente, lo que sí es verdad

es que hay muchas titulaciones en las que hay pocas mujeres.

Y es muy inquietante. Hay muchas titulaciones

con las que el desarrollo humano

está diseñando el futuro, me refiero

a las nuevas tecnologías,

todo lo que tiene que ver con las ingenierías,

donde hay muy pocas mujeres, y esto me preocupa mucho.

Me preocupa porque, si ahí se va

a diseñar el mundo,

como no haya suficientes mujeres

diseñando eso, se va a seguir diseñando desde solo una mirada.

Y no soy de las que piensa que una mirada pueda ser mejor que otra,

lo que digo es que el mundo y la naturaleza

ha conformado dos miradas y dos mitades,

lo masculino y lo femenino.

Y ahí se está lidiando la batalla del futuro.

La batalla no está en la Facultad de Derecho.

A mí me preocupa cuántas ingenieras de domótica

va a haber para que ellas digan si la domótica

la ponemos al servicio de mejorar nuestra salud

o hacia cualquier locura

donde la realidades virtuales

nos estén llevando a sitios hacia donde no deberíamos ir.

Cuando empecé a estudiar Ingeniería Informática,

lo primero que llamaba la atención era el poco porcentaje

de compañeras chicas que tenía.

Éramos unos 200 alumnos

y, de chicas, en mi clase empezamos cinco.

En toda la promoción seríamos como unas 40 o 50.

Y luego, según te vas especializando,

ese porcentaje va bajando.

Cuando entramos en la especialidad Inteligencia Artificial,

éramos tres chicas, que somos las que terminamos.

Me decanté por Ingeniería Informática

porque le vi potencial en cuanto a crear cosas.

Ya no crear contenidos, como una web o un blog,

sino el potencial que tiene la tecnología de poder crear

lo que quieras y que eso tenga un impacto en el mundo real.

Una vez terminé el grado en Ingeniería Informática,

cursé el máster que me dio acceso al doctorado.

Esto han sido cinco años.

Y el caso de discriminación,

si bien durante la carrera

era algo a nivel de comentarios, de un comentario puntual,

una vez que sales al mundo real, como le llamamos nosotros,

sí que notas que de verdad hay sesgos

y hay este comportamiento de evaluar de nuevo

tu valía o de poder destacar

al mismo nivel que el resto. Sí que es algo que se nota.

Se nota porque, primero, eres una clara minoría.

Es muy normal que, en una empresa,

seas la única desarrolladora o que haya quizá otra compañera.

Pero generalmente las mujeres están en recursos humanos,

con lo cual,

si ya se notaba antes en cuanto a los números,

ahora se nota mucho más y eso te causa también inseguridad

a la hora de expresar tus ideas,

a la hora de que tengas un ambiente en el que puedas hablar cómodamente

con tus compañeros.

Porque ya, claro, los temas de conversación,

simplemente por el hecho de estar dominado por hombres,

ya cambian.

¿Qué te puede pasar también?

Que por ser mujer piensan que tú no eres la jefa.

Aquí se da el caso, cuando voy a dar la clase

de programación,

antes me pasaba más, cuando te veían entrar, te decían:

"¿Cómo vas a ser tu profesora?".

Hay unos roles que no están asumidos

y si te ven joven además, ya de por sí cuentas con ese aliciente.

A pesar de que cada vez

hay más presencia femenina en el mercado laboral,

la imagen del jefe se asocia al hombre y las mujeres

en puestos directivos

todavía son una excepción.

-En mi caso, siempre he tenido mujeres por encima de mí.

Y no hablo de mi abuela ni de mis tías.

Hablo de jefas.

En mi caso, casi siempre me han dirigido coordinadoras,

directoras y jefas.

Las plantas superiores, donde están los grandes,

como no las he visitado nunca, solo sé que hay hombres de oídas.

Hay un desembarco masivo de mujeres

y mujeres muy listas y que están sacando los números 1.

Yo he entrevistado a montón de mujeres de IBM,

directoras generales,

y yo he trabajado con directoras generales

y me he llevado fantásticamente.

La mujer a la que más le debo

y a la que más agradezco y la que más quiero y sigo queriendo

es a Pilar Miró. Y era un capitán general.

Con mando en plaza.

Cualquiera se enfrentaba a Pilar Miró... Era fantástica.

Hay un estudio que dice que todavía el oído humano

tiene identificada autoridad

con los decibelios de la voz masculina.

Donde se ponga una voz masculina, de prestigio,

de autoridad, de respeto...

Es muy difícil al oído humano que una voz diferente,

las mujeres tenemos unas tonalidades diferentes de voz,

que eso se identifique.

El oído humano identifica la voz de la mujer para otras cosas.

Pero no para que sean las jefas del estado

o la presidenta del gobierno.

A las mujeres nos cuesta el triple

en muchos sitios.

Es que es más.

La historia de España de los últimos 40 años

se sigue viendo por hitos masculinos.

Yo le podría nombrar ahora mismo

a 4, 5, 7, 10, 20 varones,

que los conoce todo el mundo, de la vida pública española,

y le podría poner otros 20 nombres de mujeres

que han hecho lo mismo o más, 40 años ya de democracia,

y que apenas los identificarían los españoles.

Pues eso es a lo que nos enfrentamos.

El pasado 8 de marzo, las calles

se tiñeron de morado bajo el lema: "Sin nosotras, se para el mundo".

Este movimiento reivindica

la igualdad entre hombres y mujeres dentro y fuera de la casa.

Pero ¿qué es hoy el feminismo?

Es fundamentalmente luchar por los derechos de la mujer.

Lo de la igualdad es una cosa un poco tópica porque sí,

por supuesto, pero la igualdad es igualdad salarial,

ante la ley, igualdad de obligaciones,

no solamente de derechos.

La mujer se merece la misma posición que el hombre.

No contra los hombres,

sino con los hombres por la igualdad de las mujeres

por que las mujeres sean iguales.

El feminismo es el único planteamiento social,

filosófico, ético y político

que reclama la igualdad.

Es así de simple y así de complejo.

Tenemos la oportunidad

de llegar a terminar con la desigualdad.

Terminar con este desorden que nunca debió existir

y que había porque el hombre cazaba porque era más fuerte.

Tío, ya, pero eso fue hace un millón de años.

Ya no cazamos, vamos al supermercado.

Me pongo mi chándal y los tacones y me voy al supermercado.

Pues es que...

Es muy difícil.

Yo me considero feminista porque soy mujer

y porque creo

que los derechos de la mujer

son tan importantes como los de cualquier otro.

Y no tienen por qué pisar nuestros derechos.

Que lleguemos a una entrevista de trabajo

y que se nos juzgue por lo mismo que a un hombre,

no por ser hombre o mujer.

Me considero feminista, pero sé que tengo comportamientos machistas

que no veo siempre.

-Soy feminista,

no se puede no ser feminista.

Me gusta que mujeres y hombres tengan los mismos derechos,

pero en algunas cosas nos estamos pasando.

Sí, yo soy feminista.

Yo me considero feminista.

-Defiendo a la mujer,

pero no soy de ir

a una manifestación.

Hay cosas de las feministas

que me parecen demasiado duras.

Soy totalmente feminista.

La mujer tiene que tener exactamente los mismos derechos

que el hombre para alcanzar cualquier tipo de meta.

Yo soy feminista

desde que tengo consciencia de mí misma.

Desde que me veo a mí misma,

pues esto que tienes ya ocho o nueve años,

desde que me veo a mí misma, en el mundo,

en mi familia, en mi pueblo,

con mis hermanos, con mis amigos,

ya tengo claro que yo no soy menos.

Ya tengo claro que yo no soy menos.

Y que yo quiero que me traten con las mismas posibilidades,

y ya está.

¿Cómo no voy a ser feminista si no se puede ser otra cosa?

Es que no sé si soy feminista, soy normal.

A mí esto de ser feminista o no, yo intento ser normal.

Te digo que me quedan tics,

lo que te decía antes

de te vacío el lavavajillas, te pongo la lavadora.

El te sobra. Pongo la lavadora.

Me quedan tics que son un problema de herencia cultural.

Es que son generaciones.

Nosotros estamos,

desde tiempos inmemoriales,

viviendo en una sociedad patriarcal.

Es decir, yo he pensado alguna vez: "¿Por qué en España

las mujeres no toman el apellido del marido

cuando se casan?".

Cosa que lo toman en toda Europa,

que ya está bien.

Que ya está bien. Y de pronto pensé:

"Probablemente porque el patriarcado fue tan brutal

que prevalecía el apellido del padre".

Soy feminista porque llegó un momento en mi vida

que había cosas que ya me hacían sentir incómoda,

que me hacían sentirme violentada.

Era algo que me estaba afectando negativamente en mi vida

y no llegaba a entender por qué.

Y llega un momento en el que te das cuenta que es a todas

y que no es casual, que es algo predeterminado, sistémico.

Entonces, cuando te encuentras con un problema así,

que además es tan masivo

como para afectar al 50 % de la población mundial,

llega un momento

en que las activistas políticas y movimientos sociales

estaba claro que teníamos que hacer algo.

Y, siguiendo la estela de las tres olas feministas anteriores,

empieza esta cuarta ola que empieza

cuando de verdad te cansas de esperar las promesas

que se han venido haciendo de igualdad

que nunca se han materializado

ni mejorado nuestras condiciones materiales.

Así, al final, apareció este último año

la Comisión 8 de Marzo

para la preparación de la huelga general.

No queremos una igualdad con los hombres

tal y como están

los hombres ahora.

No queremos igualdad para explotar

a otras mujeres. Esa no es nuestra lucha.

No lo ha sido en ningún momento.

Es algo con lo que no nos sentimos identificadas.

La perspectiva feminista no puede perder de vista

esta clase de cuestiones.

No somos simplemente mujeres y se nos explota por ser mujeres,

se nos explota por ser mujeres, obreras, precarias,

entonces es algo que determina nuestra lucha

y va a marcar de manera muy significativa

nuestras reivindicaciones.

Se invitó a las mujeres a que si no podían hacer huelga,

que no tenían por qué hacerla.

Si tienes que ir a trabajar,

ve a trabajar, pero hoy no seas tú quien cocina, no planches,

que cuide otro al niño.

Tú vete a la mani o descansa o cuídate.

Estas cosas que no puedes hacer

porque sueles desarrollar trabajos:

el trabajo de cuidados y reproductivo y el asalariado.

Entonces era un poco por esa línea.

Claro que soy feminista, pero ser feminista

es estar a favor de la igualdad, simplemente.

Lo que no entiendo es el uso negativo de la palabra.

Claro que me considero, y me considero tolerante,

solidario, y considero que vivimos en un país machista

pero porque se te va a veces

una expresión machista en una conversación.

Y hablo de "mujer tenía que ser",

que ya se dice menos, incluso en las mujeres.

Pero creo que machista no va con el género masculino,

ser machista se puede ser machista siendo

Angela Merkel, Esperanza Aguirre,

Cristina Kirchner o Margaret Thatcher.

Machista no es algo solamente del hombre,

ser machista es

una forma de actuar en contra de la igualdad.

Puede nacer de una mujer o de un hombre.

Las actitudes machistas más flagrantes las tenemos claras,

pero hay pequeños gestos,

comentarios o prejuicios tan interiorizados

que no los percibimos.

¿Sabemos qué son los micromachismos?

Cuando vamos a un bar y pedimos un alcohol,

llámese whisky o cerveza con alcohol,

y el otro pide un café,

seguro que a mí me dan el café

y a mi marido o acompañante el alcohol.

Son estos pequeños detalles de la sociedades de hoy en día,

como una mujer entra gratis en una discoteca

y el hombre tiene que pagar.

Lo que puedo decir de los micromachismos

es que los tenemos muy socializados.

Como que nos salen bien.

Los entendemos bien.

No es llamativo que un hombre llame a una mujer

por la calle guapa y es un micromachismo.

-¿Un ejemplo de micromachismo?

Bueno, el simple hecho, la tontería de quién te ayuda en casa.

A mí no me ayuda nadie, comparten tareas conmigo.

¿Un micromachismo?

Hay muchos.

Estábamos hablando de broma en el trabajo

sobre los Cuatro Fantásticos

o Iron Man, Supermán, no sé qué,

y alguien dijo: "Y Wonderwoman trae la comida".

¿Por qué tiene que ser Wonderwoman?

¿No puede Supermán hacer de comer?

-De los micromachismos nos iremos dando cuenta con el tiempo.

A veces aún tenemos expresiones

porque la lengua es así y va cambiando.

Y que ser conscientes en todos los sentidos de esas microexpresiones

que son duras y que van minando la persona,

en este caso, micromachismos, no hemos sido conscientes

hasta ahora que nos las han puesto en la cara y han dicho:

"Oye, deberías controlar lo que has dicho o el gesto que has tenido".

Controlar eso está bien. También creo

que algunos son una exageración.

Ceder la puerta no es ningún micromachismo.

Que decir un piropo a un hombre o a una mujer

no creo que sea micromachismo.

No,

ser un pesado, un grosero, sí que es micromachismo.

El primero que cae en el micromachismo soy yo.

Te lo dije al principio. Me queda el tic del lenguaje.

El te hago esto o te hago lo otro.

El te ese sobra.

Pero...

Pero yo he estado en comidas donde, es que ya no era micromachismo,

es que ya era un poco casi de violencia de género.

El clásico señor que decía:

"Tú te callas porque de esto no sabes".

Entonces ya te cabreas y dices:

"Mira, me interesa mucho lo que dice tu mujer o lo que dice ella".

"Si sigues en este plan, yo me voy".

Ahí sí, yo no me he callado, yo he tenido un par de veces...

Pero eso ya no es machismo,

eso raya un poco la violencia psicológica.

Ese desprecio por lo que digan.

Yo no estoy dispuesto a eso y lo he hecho saber, claro.

Me molesta mucho.

Me siento muy mal.

Me siento muy incómodo en esta situación y me voy.

Y el machismo, cuando lo noto,

a veces yo creo que soy incluso un poco grosera.

Porque doy unos cortes... horrorosos.

Un amigo, por ejemplo, decorador, cuando, por fin,

a los 22 años de casarnos,

nos compramos por fin un chalé en Heliópolis.

Entonces estamos decorándolo.

Llega y me pone este muchacho decorador,

un muchacho regular, era ya madurito,

me pone un caldero así colgando, no sé qué, unas cosas.

Yo me quedo así mirando y digo:

"No sé, pero mira, Jaime, esto no me parece a mí

que resulte una cosa un poco...".

"Que se lleva todas las miradas,

que no cubre bien el espacio,

que en este espacio habría que poner otra cosa, algunas plantas".

Se volvió y me dice: "Tú, a la cocina".

Así. No se me olvida, claro, y de esto hace 30 años.

Yo me quedo así y digo: "Mira,

yo me voy a la cocina, pero tú vas a quitar el caldero".

"Y eso, como es mi casa, no se va a poner ahí".

"Bueno, no te pongas así".

"¿Cómo que no me ponga así si me acabas de mandar a la cocina?".

"¿Es que tú te crees que yo sirvo para estar en una cocina?".

"Estás muy equivocado".

¿Llegará el momento en que no sea necesario reivindicar

la igualdad entre hombres y mujeres?

A mi manera

he vivido, he llorado,

he disfrutado, he trazado mi camino,

pero lo hecho a mi manera

y a mi manera es con el poder de mi propia libertad.

Me encantaría que en la lucha

por la igualdad de la mujer no fuera,

como ha calificado

una profesora

excelente

de la Universidad Autónoma de Madrid,

una lucha interminable.

Que esa lucha tenga un fin.

Que barreras hay.

Yo la igualdad

no la he conocido.

Ni mucho menos.

Hay muchas, muchas barreras,

pero sobre todo es muy importante la demostración de la valía.

Si tienes suficiente, no solo inteligencia,

sino tesón, ganas de trabajar,...

seriedad, responsabilidad,

pues ya está, da igual el sexo, da exactamente igual.

Me gustaría que mis dos sobrinas crecieran

en una sociedad libre sin prejuicios.

Que las dos fueran tolerantes en una sociedad

que fuera tolerante. Que sean lo que quieran ser

y que no se las cuestione, que sean libres y que nadie

les corte las alas para que sean lo que quieran ser.

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Retratos con alma - Programa 7

06 jun 2018

Hoy hablamos de las pioneras del sistema educativo como María de Maeztu, y de cómo la educación ha dado alas a la mujer para su independencia.

Hablamos con pioneras del periodismo, de la judicatura o la investigación, entre otros ámbitos, como Mª Emilia Casas (primera mujer presidenta del Tribunal Constitucional), la científica pionera Margarita Salas, Carmen Calvo (profesora universitaria y Secretaria de Igualdad del PSOE), la actriz y profesora María Galiana, Nerea Luis (estudiante de Inteligencia Artificial), Carmen Jiménez (abogada gitana), Sara Oyonarte (joven feminista) y de los escritores y periodistas Màxim Huerta y Andrés Aberasturi.

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