Retratos con alma La 1

Retratos con alma

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No recomendado para menores de 12 años Retratos con alma - Programa 6 - ver ahora
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En los años 20,

luchó por cumplir su sueño de ser bióloga.

Voy a demostrar que puedo ser bióloga.

Rompió dos barreras a la vez,

que la mujer trabaje fuera de casa

y, la segunda, hacerlo

en un ambiente dominado por los hombres.

(Sintonía de "Retratos con alma")

Hoy, nuestros protagonistas nos hablarán

de la incorporación de la mujer a trabajos masculinos.

La figura del chef está claro que es un señor.

Pero, hoy día, las mujeres

hacen un trabajo de la misma calidad y categoría.

Creo en las personas por encima de los sexos.

Cualquier persona está capacitada para hacer todo por igual.

De la presión a la que se somete a las mujeres

en puestos de responsabilidad. Yo creo que las mujeres

no nos hemos dado cuenta de que hay un derecho

que no tenemos ninguna

y lo tienen todos los hombres,

y es el derecho a la mediocridad.

De cómo el peso de la conciliación familiar recae sobre la mujer.

Que la conciliación vaya acompañada

de la corresponsabilidad.

Que los hombres también asumamos

esa cuota de responsabilidad que nos corresponde.

El secreto está

en que uno a veces trabaja más fuera y otro trabaja más dentro.

Y la responsabilidad de la educación de los hijos

tiene que estar repartida.

Y de todas las barreras que quedan por superar para conseguir

una igualdad real.

Lo que hay que cambiar

es la mentalidad.

Es el imaginario colectivo, son todas esas visiones preconcebidas

de los roles que se asignan por género.

Ha pasado un siglo y la mujer ha logrado estar equiparada

legalmente al hombre en lo profesional.

Parece que 100 años de lucha han dado sus frutos.

Pero ¿está madura esa fruta?

La brecha salarial, los techos de cristal

hacen que esa manzana esté muy verde.

¿Existe la igualdad laboral entre hombres y mujeres?

No existe la igualdad laboral

y el porqué está en el modelo social

que sigue siendo androcéntrico y heteropatriarcal y asimétrico.

Estoy convencida de que existe la igualdad laboral.

Porque cuando alguien se pone en un mundo laboral,

es que va a entregar lo mejor.

Yo trabajo con quien da lo mejor de sí.

No, y el que no lo vea, no lo sepa o no lo quiera saber, miente.

No existe.

No existe igualdad entre mujeres y hombres.

Tampoco hay un abismo, se ha avanzado mucho.

Y, en mi profesión, creo que hay bastante igualdad.

Yo creo que no existe la igualdad laboral.

En mi mundo, hay más equilibrio

porque hay un gran déficit.

Si me dices del acceso de la promoción, existe igualdad.

A día de hoy, más de un 60 %

de los miembros de la carrera judicial son mujeres.

En 1963,

Valentina Tereshkova se convirtió en la primera astronauta.

Consiguió su gran sueño de llegar al espacio.

Pero, para otras muchas que optaban

a trabajos masculinos,

lograrlo era casi tan difícil como alcanzar las estrellas.

Cuando yo empecé en el año 70, había medios de comunicación

que no tenían en la redacción baño de mujeres.

A lo mejor, en la empresa, el baño que había estaba destinado

a las secretarias, pero no se consideraba

que en la redacción tuviera que haber un baño.

Yo empecé en los 70 y éramos pocas mujeres.

Como reporteras, en televisión,

prácticamente éramos dos reporteras pisando calle.

¿Qué crees que la mujer periodista puede aportar a la información

que no pueda aportar el hombre?

Pues creo que esto, el ser una mujer.

Es decir, la visión femenina de todos los problemas.

Hay una idea de que la mujer solo puede hablar de cocina.

Y esto es un error.

Se puede hablar de política internacional

pero desde un ángulo femenino.

Rosa María Calaf puede hablar de cualquier cosa.

Que tengas suerte. Así lo espero.

El reporterismo de guerra es un reporterismo de testosterona.

Sí que es verdad que, hace unos años, ahora no,

en un informe de la Federación Internacional de Periodistas,

se decía que el 54 % de las coberturas informativas

en conflictos lo cubren mujeres.

Sean periodistas locales o extranjeras.

Y, por ejemplo, en Afganistán, la guerra de Afganistán,

pues en Pakistán, los equipos, las jefes de equipo

de las televisiones éramos mujeres.

Tenemos a dos guardias de la revolución

y son dos distintos tipos de guardias.

Uno de ellos es el profesional y el otro, el voluntario.

Yo recuerdo una compañera rusa, Anna Politkóvskaya,

que fue asesinada por su trabajo en Chechenia,

que siempre comentaba

que lo primero que cuesta, la primera batalla que hay que ganar,

es la de que te dejen ir

a hacer los temas.

Eso ha cambiado ahora bastante.

Cuando yo empecé, era evidente.

La primera lucha estaba en la empresa

para que pudieras ir a hacer esos temas

que supuestamente no eran temas femeninos.

Las mujeres estuvieron atadas a profesiones

como modistas, secretarias, enfermeras, y apenas se les dejaba

alzar el vuelo.

Bueno, a algunas sí.

Para ser azafata hay que ser bonita

y dominar el inglés.

Luego, se las orienta en el estilo rosa real,

ya famoso

en todo el mundo.

La figura del chef es muy claro que es un señor.

Yo me convertí en chef por un crecimiento personal

que me dio la fuerza de ponerme

al frente de mi equipo humano.

De esto hace 30 años.

En aquellos momentos, sí había equipos de cocina de empresas

que no permitían la entrada de mujeres

porque eran todos masculinos.

Creían que distorsionarían no sé si el machismo

que había dentro de ese equipo masculino.

Ahora, después de 30 años, me atrevería a decir

que no hay ningún establecimiento en el mundo

que vete la entrada a la mujer.

Estamos ahí y nos estamos incorporando poco a poco.

Por lo tanto, habrá tantas chefs como ellas decidan.

No me he sentido nunca vetada.

Ni ridiculizada.

Ni ignorada.

Sí que he vivido, a veces,

en congresos gastronómicos

o en "show cookings" dedicados a la profesión,

he visto esa sonrisita: "¿Y ahora esta qué nos va a mostrar?".

Eso lo he percibido.

Todos tenemos esta sensibilidad en un ambiente.

Pero, cuando desarrollas tu trabajo, esta persona,

en el momento que se saca esas gafas del prejuicio,

te ve realmente un chef.

Señoras, vamos a convencerles con nuestro trabajo.

Que ninguna mujer crea que por ser mujer

va a tener un descuento en nada.

No, eso es una competición hacia la calidad.

Por lo tanto, pongámosle calidad

y no pasemos, no les disculpemos

cuando pretenden obviarnos.

Yo tenía, aparte de demostrar que era capaz

de hacer lo que estaba haciendo,

yo sé que, por ejemplo, a mis espaldas, había a veces críticas,

nunca en base a la calidad del trabajo,

siempre tratando de desacreditarte como persona

de mil maneras,

y de mí, por ejemplo, se ha dicho que tenía mi trabajo

porque era espía.

Algo que me parece muy gracioso.

En cuanto al trato que recibes como mujer

en esas situaciones,

por ejemplo Irán fue donde más complicado me fue trabajar

poco después de la llegada de Jomeini.

Para entrevistarlo, había muchas personas, autoridades,

religioso políticas, porque están mezcladas,

que no querían que lo entrevistara.

Y conseguí entrevistar al que era su mano derecha entonces,

el presidente del parlamento,

Rafsanyaní,

a condición de que lo entrevistara sin mirarle.

Él estaba a mi derecha y yo hablaba en dirección al traductor

y el traductor le hablaba a él y él le contestaba al traductor

y el traductor a mí. Pero yo no le podía mirar.

Y, por supuesto, que fuera vestida, en el caso de Irán,

con el chador, que es ese velo negro largo.

Y tampoco podía mostrar

ningún mechón de pelo

ni por supuesto las orejas ni nada de todo eso.

El hecho de que yo, como cualquier mujer iraní,

tenga que ir vestida así, pese a los 30 grados,

no es una pura anécdota.

Es una muestra más de este debatirse

entre el pasado y el futuro que constituye el presente de Irán.

En otros lugares, aceptaron que les entrevistarse

siempre que me mantuviera a un metro y medio de distancia o más.

Esos momentos claramente son muy discriminatorios.

Con el tiempo y gracias a una revolución,

la mujer accedió a trabajos tradicionalmente masculinos.

Lo que provocó una imaginería femenina.

Eso sí, no libre de condescendencia

a la hora de hablar de sus nuevas responsabilidades.

También el arriesgado servicio de seguridad

cuenta con agentes femeninos

que son unos ángeles de Charlie a la española

con pistola y todo.

Puestos a recordar algunas de las labores nuevas de las mujeres,

nada tan pintoresco y arriesgado

como el trabajo de estas bellas celadoras

para reparar averías en las líneas.

El riesgo es evidente.

Estas imágenes

demuestran que, si se lo proponen,

las mujeres pueden llegar a puestos muy elevados.

Ejemplo de ello fue Lina Morgan.

Pionera como empresaria teatral que, en 1985,

vio cumplido su sueño de comprar el Teatro de la Latina de Madrid.

# Como en carnaval. #

Es verdad que en el mundo del humor, del humor,

ha habido más humoristas hombres que mujeres.

Es verdad.

Mari Santpere, me acuerdo ahora por ejemplo.

Beatriz Carvajal en su momento.

Y no consigo... Las Virtudes.

Y no consigo acordarme de muchas más.

De verdad, en mi profesión, no se le ponen puertas a las mujeres.

No se les cierran las puertas.

A lo mejor es que el mercado demanda más al hombre.

A lo mejor vende más el hombre en el humor

como vende más la mujer en otros ámbitos.

Cuando eres la única mujer entre muchos hombres,

algo no está bien, cuando somos la mitad de la población.

Algo no funciona bien.

Tengo episodios de humillaciones.

Lo he dicho muchas veces.

Hasta hace muy poco,

me daba pudor ponerme faldas

porque me parecía que entonces ya, por mí misma,

estaba haciendo una diferencia.

La música popular,

hasta hace poco, era prácticamente exclusiva.

Solamente existían mujeres intérpretes

y casos aislados de mujeres compositoras.

Los grandes nombres...

son hombres.

Seguro que vamos por la calle y preguntamos a 20 personas

y, de esas 20 personas,

si tienen que dar diez nombres de músicos importantes,

dan ocho de hombres y dos de mujeres como mucho.

Sería muy soberbio por mi parte

pensar que yo he hecho nada

por el mundo de la mujer en la televisión.

Si me puedo poner medio tantito,

es que me dieron la oportunidad y la aproveché y quedé bien.

Y entonces hice que el resto de las mujeres no quedaran mal.

Cuando yo presentaba el "Un, dos, tres...",

se vendió el formato a los ingleses.

Entonces los ingleses vinieron a ver cómo grabábamos,

cómo se hacía.

Y al terminar, como yo hablo inglés,

yo era un poco la traductora de ellos aquí.

Y me dice

uno de los productores después: "¿Usted se da cuenta

de que es la primera mujer en la televisión mundial

que presenta un concurso?".

Y yo dije: "No". Esto ha sido...

Me refiero no a un concurso de media hora.

No, no, no.

Un concurso que era el buque insignia de una televisión.

El "prime time" de los viernes en la noche.

Eso ha sido un feudo exclusivamente masculino.

Yo, hasta ese momento, no era consciente.

Buenas noches y muchas gracias por acompañarnos una vez más.

Ahora, mirando atrás, me doy cuenta

que, si yo, en el momento que presenté el "Un, dos, tres...",

que menos mal que Chicho mandaba mucho,

porque fue el empeño de él,...

toda la gente le decía que España no iba a aceptar

que una mujer hiciera el papel de tahúr.

Que hiciera de pícaro.

Y él se empeñó y dijo: "No, esto lo hace Mayra y lo tiene que hacer".

El hecho de que yo saqué adelante el "Un, dos, tres...",

que no pasó nada, que tuvo más audiencia todavía,

si yo, en vez de eso, me la pego,

no muy hubieran aceptado,

no hubiera gustado mi labor,

hubieran tardado 30 años más

en que se pensara en otra mujer para un concurso.

De lo que fuera. Y sin embargo, al no ser así,

ya hoy el sexo no es algo por lo que no te dejen presentar.

Si no porque no te vean o vean más a otro hombre, etcétera.

La prueba es que los países que compraron el "Un, dos, tres...",

Inglaterra, Holanda, Portugal,

todos lo presentaron hombres, ninguno lo presentó una mujer.

Muy buenas noches.

Ya me diréis qué tiene que ver Grecia con ustedes.

Mucho.

(TODOS) Mucho, mucho, mucho.

(CHICA) Hay profesiones más destinadas a los hombres.

Aunque no tendría que ser así.

Por ejemplo, mecánica, la chapa y pintura de coches, todo eso.

Mi familia trabaja en eso y es que solo hay hombres en ese campo.

(MUJER) Hay profesiones en las que el hombre

es el hombre y la mujer es la mujer, y no. Son iguales.

Los bomberos, el hombre y la mujer también es bombera.

La policía igual. Que sea igual.

Bombero es un trabajo que también...

La sociedad no ve a la mujer capacitada

para aguantar la manguera, no sé.

(MUJER) Es verdad que hay profesiones

que requieren más fuerza.

Y si requieren más fuerza, a lo mejor la mujer no llega.

Yo creo que, hoy en día, la mujer está igual de preparada,

la mujer puede ser ingeniero, puede ser médico o cualquier cosa

que se proponga porque es igual de válida que el hombre.

(MUJER) Sí que, a "grosso modo", el albañil

es el albañil y la limpiadora, la limpiadora.

Pero depende de uno mismo.

El cambio está en uno, no en la gente.

En el acceso a la educación, no hay

ninguna diferencia entre los chicos y las chicas.

Entre los niños y las niñas. Lo que sí es cierto todavía,

si nos damos cuenta, es que a las mujeres se les dirige

hacia un tipo de actividad consecuencia de la educación,

pues actividades o profesiones más en el ámbito social,

o sanitario,

y mucho menos en el ámbito tecnológico,

en el ámbito de las ciencias puras.

Que son las que tienen luego

las remuneraciones más altas.

Yo soy ingeniera informática

y soy también la CEO de Libelium, que es una empresa

que se dedica a crear sensores conectados a Internet.

Dentro del mundo de la tecnología, es un mundo considerado de hombres.

Y la verdad

es que no tengo ningún recuerdo

salido de tono que me torture especialmente

cuando empezaba, que yo tenía 24 años.

Era una combinación de mujer joven letal

en muchas reuniones.

Casi lo mejor que me podía pasar era tener una actitud paternalista

porque lo siguiente era que te hicieran proposiciones

de otro tipo o que no te tomaran en serio.

En 2014, fui la primera mujer en recibir

el Premio Nacional Joven Empresario.

Y es cierto que parecía que la noticia pesaba más

por ser la primera vez que una mujer ganaba este premio

que el hecho de la meritocracia.

Todos estos premios, al final, hay un sabor agridulce,

porque tú trabajas durísimo,

bastante difícil es que las mujeres quieran presentarse

y luchen por acceder a este tipo de premios,

donde generalmente los jurados masculinos,

y, cuando consigues ganar,

siempre alguien te lo amarga:

"Claro, como eres mujer, te lo han dado".

Y dices: "Jo, ahora resulta que es que, encima,

cuando ganamos algo y cuando conseguimos destacar en algo,

tenemos que excusarnos y volvernos a explicar".

Si gana un hombre, nadie lo plantearía.

En siete horas, puedes ir y volver

a Atenas en avión o ver dos veces "Ben-Hur".

Eso podría hacer una mujer

con las siete horas semanales que dedica más que el hombre

a las tareas del hogar.

Sí, nos hemos incorporado al mundo laboral, pero ¿a qué precio?

Las mujeres, con pasos pequeños y sólidos,

estamos entrando en todas las profesiones.

Nos estamos incorporando.

Pero hay una cosa a tener en cuenta.

Las horas que merece y reclama esta profesión.

Para ponerse al frente de un equipo humano,

de un restaurante, necesita tener salvaguardadas

las espaldas afectivas

y familiares como lo tienen ellos.

Ellos se han perdido ver

cómo el niño arrancaba a andar

o la niña aprendía a ir en bicicleta.

Porque no estaban ahí, pero tenían quien se ocupara.

La mujer debe sacar esa culpa que la sociedad nos pone:

tú debes cuidar de los niños.

Yo soy madre de dos hijos.

Ahora, últimamente, en una entrevista, me preguntaron

si yo tenía mucha capacidad maternal.

Yo tuve hijos porque quería tener hijos y tocaba.

Pero aplaudo a la persona

que renuncia a una profesión para dedicarse a sus hijos

porque lo entiendo, porque yo a mis hijos los embarqué

al trabajo como me embarcaron a mí mis padres

y como los padres de mi marido

le embarcaron a él. Por lo tanto, estos niños

han estado con nosotros en la tienda.

Cuando abrimos el Sant Pau, Raúl tenía doce, Mercè, seis.

Eran niños ya crecidos, pero, cuando eran bebés,

estaban en la tienda.

Yo recuerdo, cuando abrí el Sant Pau, servicios en la cocina

con los niños de doce y seis llorando, vamos para casa.

Y yo, llamando a mi madre: "Por favor, venlos a buscar".

Sí, es esa familia con un soporte familiar detrás

para que te ayuden a tirar adelante.

Para tirar adelante un restaurante fuera de la ciudad, como Sant Pau,

debes tener un socio maravilloso como es mi marido,

que lo entienda y esté dispuesto a cruzar un desierto muy seco.

Yo sola no lo habría conseguido, estoy convencida.

Ni él solo tampoco.

Lo hemos conseguido porque hemos sido dos dispuestos

a cruzar ese desierto seco, a no renunciar

a esa familia y a dedicarles el máximo

para que el proyecto fuera viable.

Han sido más felices mis hijos viendo a su madre feliz

y activa y conectándoles esa capacidad de hacer cosas.

Y diciendo que las mujeres sean libres de elegir,

quedarse en casa y ser felices

u organizar una carrera y tirar para delante

lo que es todo el equipamiento afectivo y familiar

y dedicarse A una profesión

que la sienten, que las motiva.

El hogar es de los dos. Y se ha repartido de forma natural

el trabajo.

Es un hombre muy meticuloso, muy ordenado, tan ordenado como yo.

Le gusta tener las cosas impecables.

Me felicitan a menudo porque tengo las flores muy bonitas,

tanto en casa como en el establecimiento.

No me ocupé nunca de ellas. Siempre se ocupó el Toni.

Yo creo que es lo que debe hacer.

Vamos a borrar eso de me ayuda en casa.

No, no, la casa es de los dos.

Perdonen, no es tarea solo femenina.

(MUJER) Cuando me quedé embarazada,

tuve mucho pánico.

Por fin había conseguido algo a lo que yo aspiraba,

muy importante, que era la dirección de "Anda ya"

y, de pronto, dices: "¿Qué hago? Me he quedado embarazada".

He atrasado el embarazo todo lo que he podido porque para mí el trabajo

lo es prácticamente todo,

soy una persona ambiciosa.

Ha sido una decisión personal.

Pero lo he atrasado porque no veía muchos casos

de mujeres dentro de los medios de comunicación,

de mi entorno, que luego se pudiesen incorporar al trabajo fácilmente.

Veía que salían perjudicadas.

Mi trabajo es muy exigente porque me levanto a las 4 de la mañana,

pero eso también es duro sin estar embarazada.

No noto nada especial. Cada vez estoy más cansada,

pero lo llevo muy bien.

Y sí que mucha gente me pregunta

hasta cuándo voy a estar trabajando.

Y me agobia, porque eso no es algo que se decide.

Tú dejas de trabajar cuando ya te lo dice el médico

o necesitas hacerlo porque estás cansada.

Si no, hasta el último día puedes trabajar.

(Música disco)

Sí que noto que tengo que estar

más alerta.

O, al menos,

yo me impongo ese objetivo, que no me pillen.

Porque me siento como si me estuvieran mirando con lupa

y todo el tiempo: "¿Y estás bien, cuánto vas a aguantar?".

"¿Y cuándo vas a dejar de venir?".

Y piensas que, en principio, no tienes que dejar de venir a trabajar

hasta que no tenga a tu hijo.

Pero mi idea es estar hasta el último día trabajando.

Me sorprende.

"Pero ya veremos, porque esto te limitaría". No sé.

Es verdad que, cuando tomas esa decisión, tienes pánico

porque te preguntas si luego contarán contigo.

¿Van a tener miedo porque voy a estar al 100 %?

¿Voy a poder estar al 100 %? Incluso tú te lo planteas.

Es verdad que yo cuento con una persona, con mi marido,

que sé que me apoya mucho y que va a poder asumir el rol de padre.

Y vamos a compartir y vamos a conciliar de verdad entre los dos.

Y estoy más tranquila y eso les he dicho ya

a todos mis jefes y a mí misma,

en plan de que yo tengo mis tiempos.

Y creo que lo voy a poder conseguir.

Aunque conciliación suena a palabra actual, hace décadas,

la sociedad española ya se enfrentaba al problema.

Eso sí, por aquel entonces,

todavía no lo habían bautizado así.

(MUJER) Pero tengo muchos hijos

y no puedo llevarlos como necesito llevarlos.

Yo voy a trabajar y están pasando mucha necesidad.

Soy abogado y me preocupan mucho

los problemas de promoción de la mujer.

(PERIODISTA) ¿Cuál es su profesión? -Somos médicos los dos.

-¿Qué les impide o por qué no quieren tener hijos?

-Aparte de considerar que las primeras épocas del matrimonio

son para ayudarnos, para conocernos mejor,

estoy haciendo Pediatría

y para mí es muy importante.

Conciliar no solo era un problema, sino también una excepción.

A principios de los 70, solo un 21 % de las mujeres

trabajaba fuera de casa.

¿Y quién cuida el hogar? -Yo, quiero compaginar ambas cosas.

Trabajar en el hogar y fuera.

-¿Es posible? -Creo que sí.

¿Su mujer trabaja? -Sí.

¿Está usted de acuerdo?

-Hombre, no, pero por necesidad económica, tiene que hacerlo.

¿Su trabajo fuera de casa le ayuda a ser más feliz?

-Sí, porque así saboreo los ratos en casa.

La mujer al final siempre acaba en casa.

¿El hombre necesita más libertad? -Más libertad.

-¿La mujer, menos? -Menos.

Bueno, mi mujer, es verdad, que tomó una decisión

muy importante en su momento.

Ella trabajaba en una compañía aérea

y de repente nos juntamos con cuatro niños.

¡Pam!

Uno cada uno y dos entre nosotros.

Entonces ella volaba bastante

y estaba cuatro días o cinco a la semana fuera de casa.

Esto es muy duro. Hay que vivirlo y es duro con niños pequeños.

Llegó un momento en el que yo también viajaba.

Gira, bolos, tal, viajaba mucho y los niños

estaban solos.

Bueno, con una persona en casa.

Entonces ella...

Yo recuerdo que me llamaba desde algún hotel,

pues había veces que llorando incluso.

"No soporto esta situación...". Bueno...

Al final, yo le dije: "Mira, estoy aquí, pero también viajo mucho".

Lo hablamos. Al final lo hablamos y decidimos...

Ella decidió, realmente, que quería dejar de volar.

Yo le propuse que pidiera una situación en tierra.

No, al final, quiso, prefirió, ella, por su propia decisión,

hablando conmigo, pero decidiéndolo ella, el dejar de volar

y dedicarse a sus hijos.

Cosa que yo siempre le estaré profunda y eternamente agradecido.

Porque yo sé el valor que tiene el que una persona tenga

un desarrollo profesional.

Lo bien que te hace sentir ante la sociedad, ante ti.

Lo a gusto que estás cuando dices:

"Joder, soy esto y sirvo para la sociedad".

Cuando no tienes eso, solo te dedicas a tu familia,

te falta ese otro lado que es, para mí,

es un pilar importante en tu vida. Y sacrificarte

por eso es impagable.

Yo le estaré eternamente agradecido solo por eso.

Lo de las renuncias laborales es complicado

porque las mujeres siempre hemos tenido que tener

una capacidad de trabajo doble.

De trabajar fuera y, las que lo hacíamos,

teníamos que trabajar en casa también.

Claro, volvemos a lo mismo. Yo estoy en una situación atípica.

Por ejemplo, en mi casa, cocinaba mi marido.

Y quien mayoritariamente iba a la compra era él,

pero porque le gustaba.

Como le gusta cocinar, le gustaba comprar la comida.

Provocaba, por una parte, gran envidia en mis amistades

y, por otro lado, un y este qué sabrá hacer.

Sabe Dios lo que decían de mí a mis espaldas, no lo sé.

Pero, bueno, eran cosas de la época.

No sé bien lo que es la conciliación familiar.

Sí. -Yo no.

-Yo sí lo sé.

Pues la conciliación familiar es las ayudas o...

O...

Sí, bueno, ayudas que la empresa facilita a la mujer

para poder seguir trabajando y, además,

ejercer como madres y llevar la casa...

Pues eso.

¿La conciliación familiar?

-¿Tú sabes lo que es? -No.

Ni idea.

(CHICA) ¿Sabes lo que es?

-No. -Que tanto el hombre como la mujer

tiene el mismo derecho a realizar trabajos domésticos

como hacer la cama, lavar los platos, los niños...

-Claro, como debe ser.

La conciliación familiar, bajo mi punto vista,

es que la mujer no tenga obstáculos

para desarrollarse profesionalmente y, en la familia,

puedan participar los dos... -Que los horarios sean compatibles.

-Exactamente.

-Para que la familia pueda convivir más.

(CHICA) Pues la conciliación familiar, o sea, yo, lo que entiendo

es que tú puedes relacionar y puedes convivir...

-En tu núcleo familiar... -...con tu trabajo y tus deberes.

¿No? -Sí.

-Pero a la vez que estás a gusto y puedes estar con tu familia

y puedes dedicar su tiempo y tener, digamos, una vida positiva

más allá de trabajar.

-Sí. -Vamos, yo lo veo así.

(MUJER) Yo tengo niña y niño

y, si tengo que enseñar algo a uno de los dos,

enseño a los dos por igual a hacer su cama,

a recoger el baño, porque la casa la compartimos todos.

No es tarea solo de las niñas. Y hace años era como se educaba.

Mi madre sí que quería haber estudiado,

fue una frustración para ella

porque tenía 14 años cuando la Guerra Civil

y, cuando terminó, pues 17, 18 años.

Iba a estudiar Magisterio, que era lo que, en aquella época,

pues era lo que las chicas de clase media podían hacer.

Y se frustró aquello por consecuencia de la posguerra.

Luego, ya, lo que sí fue es una mujer independiente.

Trabajó, fue modista, tuvo su negocio,

pero se limitó. Nunca dejó de trabajar y tenía el taller en casa.

Es decir, por el tema de conciliar, ella no quería por eso mismo

dejar a los hijos porque, si los dejaba...

Y tuvo ofertas de trabajos fuera

en el mundo de la costura y siempre dijo que no.

Trabajó en casa.

Y en ese sentido, también, quizá, todavía,

dentro de su mentalidad muy independiente,

muy de aquí estoy yo, pero a la vez un poco conservadora.

Tenía mucho miedo a lo que podría ocurrir con sus hijos,

por ejemplo, en manos de una tercera persona que les cuidara.

Dicen las estadísticas que las mujeres

cobran 6000 euros menos de media al año.

Y que solo un 23 % de las trabajadoras accede

a puestos de responsabilidad.

Algo habrá que hacer,

porque los techos, por muy de cristal que sean,

siguen siendo techos.

(MUJER) Cuando entré a trabajar en el año 71

en una multinacional de telefonía, yo tenía 18 años.

Y te encuentras con el mundo duro y lo que hay de trabajo.

El cual te sorprende enormemente y casi puede contigo.

El primer día, me dijeron: "No te preocupes,

ahora viene una niña y te lleva a tu puesto de trabajo".

Yo esperaba que la niña tuviera los mismos años que yo, 18,

puesto que era la edad

en la que se empezaba a trabajar.

Esperé a la niña y aparece una señora de unos 40 o 45 años.

Me quedé sorprendida. ¿Cómo que la niña? Esto es una señora.

Pues no, es que luego entendí que a todas las mujeres

en la oficina se las llamaba la niña.

Porque esto dáselo a la niña, esto viene ahora la niña.

La niña eran las mujeres.

¿Eso qué es lo que quería decir?

Que eras inferior, eras...

Estaba siendo una niña siempre, perpetuamente.

Yo me encontré también con que, por aquel entonces,

había unas horas extraordinarias que las tenían un poco

como complemento al sueldo.

Y las daban y daban un cupo al departamento.

Ese cupo se repartía, pero entre los hombres.

Porque las mujeres, se suponía, que no tenían por qué acceder a ello

puesto que había un padre que aportaría dinero en la casa,

había un marido que aportaría a la casa y que ellas estaban allí,

pues yo que sé, para sacar un dinerito extra, pero nada más.

Entonces yo les dije que quería mis horas extraordinarias.

Entonces lo primero fue que qué mala persona era yo

que iba a quitarle el dinero a un padre de familia

que tendría hijos y que tendría que darles unos gastos.

Y yo dije:

"Mire usted, lo primero, es que somos dos trabajadores".

"Yo no tengo la culpa de que este señor tenga un hijo".

"Pero es que usted no sabe los problemas

que yo tengo cuando salgo de aquí y me voy de la empresa".

"¿Usted sabe los gastos que tengo? ¿Usted sabe?".

"¿Yo tengo derecho?".

"Pues quiero las mismas condiciones".

Nadie me pedía que trabajara menos.

A mí nadie me decía: "Bueno, ya está bien,

no hagas nada, date un paseo por el parque".

No, yo estaba trabajando igual.

Por lo tanto yo tenía el derecho y lo tuve que luchar.

Porque se consideraba que la mujer no lo tenía.

Realmente no hay igualdad salarial.

Hoy por hoy, todavía no existe. Y es por lo que estamos luchando.

Y por lo que hubo el 8 de marzo, esa gran manifestación,

porque no hay una igualdad salarial,

hay una brecha salarial.

(CHICA) Hombre, que los hombres cobren un 22 % más

haciendo el mismo trabajo que nosotras me parece muy mal.

-Injusto. -Injusto, claro,

porque si hacemos el mismo trabajo,

en una oficina estamos haciendo lo mismo y sacándolo a la vez

con las mismas cosas, me parece mal.

(MUJER) Yo veo muy mal

que el hombre cobre más que la mujer siendo el mismo trabajo.

Lo de cobrar menos no lo he padecido.

Yo ignoraba eso de que en otros trabajos

la mujer cobrase menos.

¿Y eso cómo se consiente? ¿Los sindicatos lo permiten?

(CHICA) Yo he oído que cobraban menos.

Pero yo tampoco lo he visto.

En mi trabajo, yo nunca he visto una nómina de un compañero

y mi nómina y he visto diferencias.

Eso no puedo decirlo. -Yo... Claro.

Ay, los sueldos, los sueldos.

¿Cobran las mujeres lo mismo que los hombres? No, no.

Las mujeres siempre hemos cobrado menos que los hombres.

Tal vez, en el mundo del espectáculo, es donde,

hasta cierto punto, la mujer,

pues si tiene un buen tirón, es muy popular,

puede cobrar lo mismo que un hombre o más.

Pero solo casos excepcionales.

No son la norma.

Yo sé, por ejemplo, que mi querido amigo Joaquín Prat,

que en paz descanse, cobraba por hacer "El precio justo",

que lo hizo después de mi última etapa del "Un, dos, tres...",

el doble de lo que yo cobraba.

Exactamente el doble.

¡Joaquín Prats!

(Aplausos)

Gracias, bienvenidos al primer programa de "El precio justo".

Entonces yo creo que hay personas que sí,

que por el nombre o el peso,

sean mujer u hombre, cobran más que el resto.

Pero la norma es que en cualquier escalón del trabajo

la mujer cobre menos.

Es una desgracia, pero es así.

La brecha salarial, más que la cuestión lineal,

mismo trabajo, misma retribución,

que yo creo que razonablemente en el ámbito privado acontece,

la brecha salarial más preocupante es la estructural.

¿Cuál es la estructural?

La de las ocupacionales.

Normalmente las mujeres están abocadas

a actividades como la sociales,

que tiene una retribución por debajo de otras ocupaciones.

Y porque también, en muchas ocasiones,

por esas cuestiones de conciliar,

son las que van mucho en un porcentaje mayor

a trabajos a tiempo parcial.

Y no los hombres.

Esas cuestiones estructurales

son en las que tenemos que hacer mucho más hincapié.

Porque esas son realmente las más determinante de la brecha salarial.

¿Por qué una bombera ha de cobrar menos que un bombero?

¿Por qué una persona de producción cobra...? No.

Hay que partir de la base

que somos personas y debemos cobrar lo mismo

desempeñando la misma labor.

Hay que olvidarse de hombres, mujeres y sexos. Personas. De ahí,

desempeñamos una labor.

Y si es la misma labor, pues justo es que se cobre el mismo salario.

Que una mujer haga el mismo trabajo que un hombre

y cobre menos

me parece fatal.

O sea, ¿de qué?

O sea, ¿por qué? ¿Porque tengo el pelo más largo me vas a pagar menos?

No, si haces el mismo tipo de trabajo

y tienes los mismos resultados,

sea hombre, galleta o mujer o perro,

tiene que cobrar igual.

Yo creo que el techo de cristal se rompería,

como cuando hice con Carmen Santonja el "Muro invisible",

que es una letra que expresa esa sensación

de tener algo que te frena y quieres avanzar,

pero está ahí como impidiéndote que te desarrolles,

yo creo que en el valor individual.

Si tú eres buena, eres buena,

da igual tu origen, tu género,

tu cultura, tu raza, lo que sea.

# ¿Quién romperá

# el cristal? #

¿Seremos capaces de conseguir

la igualdad laboral?

Yo creo que todos tenemos que luchar.

Hombres y mujeres. No es solo una cosa de mujeres.

Y desde luego, el poder político y el poder económico.

Eso tiene que ser un trabajo de todos en beneficio de todos.

La primera que debe creer en ti eres tú.

Qué pena que alguien nos considere de segunda fila.

Por eso debemos continuar luchando hacia la calidad.

Disculpémoslos.

Porque yo no quiero tener un puesto de trabajo porque soy mujer,

sino porque soy la mejor.

Ese cambio lo tiene que hacer

la sociedad en su conjunto y tenemos que empezar en casa,

cuando criamos a nuestros hijos,

no decir: "Niña,

levanta la mesa. No, que levante el niño también

y que el niño haga la cama.

Y que el niño se lave la ropa.

Tenemos que empezar en casa.

La revolución la tenemos que empezar nosotras.

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Retratos con alma - Programa 6

30 may 2018

Uno de los principales logros de la mujer ha sido su incorporación al mercado laboral. A pesar de que quedan barreras por superar (techo de cristal, brecha salarial), hablaremos con mujeres que han logrado convertirse en pioneras en ámbitos laborales en los que los hombres son una gran mayoría.
Invitados: Carme Ruscalleda, Josema Yuste, Mayra Gómez-Kemp, Fernando Grande-Marlaska, Luz Casal, Rosa María Calaf, Alicia Asín, Cristina Bosca, Nieves Rodríguez

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