Retratos con alma La 1

Retratos con alma

Miércoles por la noche

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No recomendado para menores de 12 años Retratos con alma - Programa 5 - ver ahora
Transcripción completa

Las protagonistas de la serie

Roberta y Ángela

buscan su propio camino.

Siento que no es mi sitio.

Pero los prejuicios

les impiden

llevar su vida.

-En esta sociedad,

si eres mujer y no sabes

controlarte, mal asunto.

(Sintonía de "Retratos con alma")

Hoy, nuestros protagonistas

nos hablarán del papel de la mujer

en la familia tradicional. Las madres trabajaban

en casa

y era un poco de desdoro si tenías una madre trabajadora.

Les tenía que ir mal en esa familia para que la mujer trabajara.

De su falta de libertades.

Las mujeres de mi casa, pues...

libertad, poquita.

Han tenido muy poca libertad por parte de mi madre.

De lo que supuso la ley del divorcio.

Yo solo he defendido

a mujeres y, si era de mutuo acuerdo, a los dos.

La llegada del divorcio supuso la constatación legal

de que una mujer socialmente

podía estar sola y no pasaba nada.

Y de los retos de la mujer

dentro del nuevo modelo de familia. Nos damos cuenta

de que no somos "Superwoman"

y eso es lo que me ocurrió a mí hace seis años.

Empecé a perder el control

y a darme cuenta de que no era la madre perfecta.

Madre y esposa, la independencia de la mujer entraba en conflicto

con la vida marital y el ama de casa debía sacrificarse

por el marido y los hijos.

Esto ha cambiado y la familia de siempre convive con nuevas fórmulas

como la familia monoparental,

los matrimonios homosexuales o los amos de casa.

¿Cómo ha cambiado el papel de la mujer en familia?

La diferencia que hay entre la generación de mis hijas y la mía

es el arrojo con que afrontan todo.

Son sabedoras de que se pueden comer el mundo y me encanta.

He vivido toda la transformación de las mujeres.

Yo diría que soy de la primera generación de mujeres

que se incorporaron masivamente al mundo universitario.

La familia ha cambiado mucho.

La mujer tiene mucho más carácter,

tienen una capacidad alucinante.

No creo que haya cambiado tanto porque el 90 %

de las excedencias por maternidad

o cuidado de mayores las cogen las mujeres.

Dos de cada tres matrimonios

acaban en divorcio en la actualidad.

Algo impensable cuando el sí quiero era para toda la vida

y el objetivo de la mujer, ganar la carrera de la fertilidad.

Siempre digo que a los hombres y a las mujeres

supuestamente nos ponen el mismo camino a recorrer,

pero unos tienen metros lisos

y a otras nos ponen metros valla.

A partir de 1970, es cuando en España

se obliga a la educación de las niñas. ¿Por qué?

Porque antes, a los diez años, con que supieras

coser, bordar y hacer las cosas del hogar,

porque su fin, como era casarse y atender al marido,

pues no permitía la educación.

Mi madre me decía a mí: "Niña, tú sé muy lista,

pero a ellos les gustan tontas".

Y entonces yo ponía cara de tonta a ver si ligaba un poquito

porque, si no, a lo mejor no te querían.

Yo me casé en el año 72.

Y en aquella época, las mujeres todavía teníamos que pedir permiso

a los maridos para tener el pasaporte,

no podíamos tener cuentas bancarias a nuestro nombre,

así que yo pertenezco a la prehistoria.

Me casé con 19 años. Pero a mí no me hubiera gustado

que una hija mía se casara tan joven.

Lo que estaba peor visto de todo

era no casarse. En las chicas, por supuesto. Y, además,

ya las madres se empezaban a poner un poco nerviosas

cuando las niñas cumplían 25 años.

Si a los 25 años

no tenías novio formal,

date por muerta, porque es que esto era una cosa

que se autoalimentaba.

No tenías novio a los 25, no se te acercaba nadie

porque eras rara porque no tenías novio, y no te casabas,

y entrabas en una especie de bucle horrendo

del que todas mis amigas querían huir.

Muchas veces te casabas con el equivocado.

Con el primero que pasaba te casabas

para no convertirte en esa cosa tan horrible

que era ser la solterona.

Los solteros eran los solteros de oro. Y eran unos inútiles perdidos.

Tenías que tener una madre que te permitía el oro,

porque siempre había alguien

que tenía que arreglar tu vida cotidiana.

Pero eran solteros de oro.

No te ha pescado ninguna, eres una aspiración.

Teníamos que mirar a los solteros de oro con adoración.

Y la solterona, pobre, que se ha quedado para vestir santos.

O para desnudar obispos, yo qué sé.

Son situaciones de estas que...

Y ese era el papel que se ocupaba.

Como tú tienes el deber de tener hijos y casarte,

pues tú no puede ser una mujer soltera, eres una solterona.

Y ellos, si han logrado no caer en las manos de una,

pues son los solteros de oro que tienen que estar deseados

por todas las que han quedado para vestir santos.

Había una situación distinta.

Para unas, era una desgracia no conseguir el sueño de su vida

y, para otros, era una suerte no haber caído

en una obligación social que les imponían.

Los usos amorosos de los españoles en el XX

poco tenían que ver con los de ahora.

Los noviazgos eran castos, los besos cortos

y los cortejos seguían igual.

(HOMBRE) Normalmente,

donde empiezan a verse es en la fuente.

La chica va con los cántaros y, claro, en vez de echar

un viaje de agua, echa tres con el fin de verse más.

(PRESENTADOR) Hasta que por fin llega él

en forma de galán y, cogidos de la mano, se van hacia la umbría,

a recitar ese poema sin palabras que nunca se cansarán de repetir.

Tanto iba el cántaro a la fuente que, al final,

llegaba la pedida de mano.

He venido porque me quiero casar con su hija.

Pues ella verá, pero sois pequeños.

Ahora, si os empeñáis...

Una propuesta de matrimonio

que sería para toda la vida.

Y a la mujer le costaba decir que no.

# Todo el mundo me dice que me debo casar. #

Yo llevo ya 22 años de casada y de eso ya no entiendo nada.

# Pero yo no quisiera perder mi libertad. #

Hay que aguantar bueno y malo.

# Soy feliz cuando el viento me acaricia.

# Soy feliz cuando el sol quema mi piel.

# Quisiera ser como la espuma. #

Como la vida, hasta la muerte.

# No me quiero casar.

# No me quiero casar. #

Una mujer, cuando se casaba, era obligatorio

dejar el puesto de trabajo.

Luego vino la indemnización por dote,

que solo se la daban a las mujeres si se iban del trabajo.

Ya no era obligatoria. Y eso determinó... ¿Por qué?

Porque sabían que, cuando te casabas, te dedicabas

a tu marido y ya no eras rentable en una empresa.

No, las madres, por supuesto, todas trabajaban en casa.

Y era un poco desdoro si tenías una madre trabajadora.

Debía irles muy mal en esa familia para que la mujer trabajara.

Era como decir: "Están tan necesitados que la madre trabaja".

Las posibilidades laborales no era muy gloriosas.

Sí hablaba idiomas,

muy bien, pero, en aquella época, a lo único que podías aspirar

era a ser secretaria internacional.

Me acuerdo que me puse a leer los artículos clasificados

en el periódico, a ver los anuncios,

y vi uno que decía:

"Hágase rico plantando champiñones".

Y dije: "Mira, esto de los champiñones me interesa".

Porque vivíamos en una casa que tenía jardín.

Entonces, mandé por correo,

vino un kit fantástico de champiñones

que costó una fortuna, con tal mala suerte que, yo,

en vez de dedo verde, tengo dedo negro y murieron todos.

Así que tuve que volver a leer los anuncios y encontré otro que decía:

"Soy profesor de escritura creativa,

escritor y doy clases de literatura".

Siempre he sido una gran lectora de toda la vida.

Y dije: "Pues vamos a probar".

Así empezó todo.

Empecé a publicar.

Por eso digo que, en la vida, lo he hecho todo al revés.

Empecé a trabajar después de ser madre y después de casarme.

Las mujeres del clan Habichuela

eran muy especiales porque trabajaban de noche,

trabajaban en los tablaos,

y se levantaban a las 8 de la mañana a llevar a sus hijos al colegio.

Y sin embargo tenían esa capacidad para poder estar

en los dos sitios y, sobre todo, llevar un dinerito a tu casa

porque, en aquella época, era muy duro

ganar dinero y la verdad que lo hicieron muy bien.

# Ah, que tú me acariciabas

# y me dabas tanta gloria,

# yo te tengo que borrar,

# gitana, de mi memoria. #

Exigimos educación y trabajo.

Porque era lo que necesitábamos.

Ser educadas y tener libertad para educarte

y tener derecho a trabajar sin tener que pensar si eras mujer.

Así todo, era normal, cuando llegaba un hombre

a una empresa, le decían: "Servicio militar cumplido".

Era lo que había entonces.

Y a nosotras nos preguntaban si teníamos novio,

si nos íbamos a casar, si queríamos tener hijos.

Yo no tengo hijos.

Y me acuerdo que, en aquel entonces, te decían:

"Es que una mujer sin hijos es como un jardín sin flores".

Y digo: "Pues yo tengo un césped en el que me puedo revolcar".

Porque a las mujeres se las valoraba por esas cosas.

Yo soy uruguaya, llegué a España en el 65.

Nos llamaban la atención las familias tan grandes.

A mi madre le decían: "¿Solo tiene cuatro hijos?".

Como diciendo qué barbaridad, qué pocos.

Mis amigos todos tenían diez hermanos y cosas por el estilo.

Yo tenía mucha envidia,

porque me parecían casas muy divertidas con tantos niños.

Yo tenía una amiga que la madre tenía 18 hijos.

Y le dio un premio de natalidad Franco

y le da un piso de 70 metros.

Solo cabían los padres y dos hijos.

Eran todas esas contradicciones.

Según los fundamentos de la época,

la prole numerosa era beneficio

para la sociedad.

Y usted, cuando se case,

en su nueva vida, le surgirán problemas

que solucionará maravillosamente.

Fíjese qué gran ejemplo está dando.

Cuando se tenían cuatro hijos,

la familia adquiría rango de familia numerosa.

Si se llegaba a 12, se adquiría el título

de familia numerosa de honor.

El papel de la mujer desde tiempos de mi madre

ha cambiado un mil por uno.

Empezando porque,

ya te digo, porque tienen control

sobre sí mismas

y esto las hace sentirse bien

y no se supeditan a nada, con lo cual pueden ser ella mismas.

A partir de ahí, ya... todo viene rodado.

Entré en la Facultad de Derecho

gracias a mi madre, que dijo: "Mis niñas estudian todas".

Somos cuatro chicas con carrera.

Y me acuerdo que, terminando la carrera,

yo me había metido en el Partido Comunista,

era más roja que nada, defendía

presos políticos y trabajadores

y me creía la reina del Chantecler.

Hasta que un día llego a la cárcel

de Jaén a ver unos presos políticos que estaban en huelga de hambre,

eso fue en el 68,

y entonces no me deja entrar el director.

Y digo: "Me voy ahora mismo a denunciarle".

Voy al juzgado, me siento muy seria:

"Que vengo a denunciar al director".

Y todos: "Qué valiente".

Nombre, Cristina Almeida Castro. Profesión, abogada.

Qué lista. Edad, 23 años tendría yo.

Y dice: "Estado civil".

Mira, me había casado yo por primera vez hacía unos meses.

Tenía una cara de tonta... La que se te queda.

Y, al final, digo: "Casada".

Y se para el juez, se para el secretario,

y me dice: "¿Está ahí su marido?".

Digo: "No, mi marido estará en Madrid durmiendo".

"Yo he venido aquí con el 600".

Y dice: "Es que usted no puede denunciar".

Y dice: "En nombre de usted lo tiene que hacer su marido".

Y yo, que había leído las discriminaciones,

yo creía que eran las lecciones por si te caían en el examen,

pero, allí, sentada, me di cuenta

de que era para mí y para todas las mujeres.

Yo me vine a Madrid que parecía una Fittipaldi

y el 600 parecía un Maserati.

Y cogí a mi marido para que me hiciera el permiso.

Porque yo decía: "Me he echado marido,

pero, para representante legal, me hubiera buscado otro mejor

o más espabilado".

Pero eso me dio una sensación de que alguien

era dueño mío, de mis actos, que me cambió la vida.

Los matrimonios

duran en España una media de 16 años.

Las estadísticas dicen que el amor no es para toda la vida.

Eso sí, un ex es para siempre.

Ya lo dijo Groucho Marx:

el matrimonio es la principal causa del divorcio.

Yo colaboré

en la elaboración

de la ley del divorcio

porque el ministro Francisco Fernández Ordóñez

estaba dispuesto a escuchar la realidad

y a cambiarla.

Con la aprobación de la ley del divorcio,

conseguimos que las mujeres supieran

que podían poner

punto final a un martirio conyugal,

a una situación insoportable.

Es una buena ley factible de mejorar.

Por ejemplo, a mí me parece que el hecho de que, para una separación

se exijan todavía causas,

es algo que está fuera del contexto

de la realidad social del país.

Y que, por ejemplo, no sea una causa de separación

el que una persona haya dejado de querer

también me parece un tema grave.

Yo me casé en el 68, éramos más pobres que las ratas.

No se me ocurrió separar mis bienes

porque ninguno de los dos teníamos nada.

Pero cuando fuimos creciendo, estábamos separados,

yo no podía comprar una casa, yo no podía hacer ningún acto

de disposición que no le afectará a él,

iba todo a gananciales.

Entonces, en mayo del 75,

la ley permitió hacer capitulaciones,

cuando aún no había venido el divorcio.

Yo recuerdo que lo llamé:

"Oye, por favor, vamos a separar los bienes".

Yo me podía intentar comprar una casa,

que la tenía alquilada, pero me la vendieron.

No podía disponer si no era en esa situación.

Y eso me pareció terrible.

El no tener la libertad ni para él ni para mí de ser libre.

El primer año de la ley del divorcio

fue abrumador

el número de divorcios que se presentaron.

Y las que han presentado

la demanda de divorcio

mayoritariamente han sido las mujeres.

Yo tengo la sentencia número 2 o 3.

Porque el divorcio solo lo podían pedir

los que ya llevaban separados mucho tiempo.

Voy a decir una cosa que a lo mejor no le gusta a los hombres,

pero los hombres se divorcian

cuando ya tienen otra relación.

Porque la vida solitaria y la vida cotidiana son muy duras.

Y eso de tenerlo todo preparado a no...

Y las mujeres lo sentían como una pérdida global.

No solo de afecto, que quizá no era tanto, era una pérdida

del padre de sus hijos, de quedarse con los hijos,

una cierta vergüenza social o fracaso social.

Pero que, cuando pasaban los primeros momentos,

entraba una alegría en el cuerpo...

Era muy duro ver...

una pareja separarse

en aquella época.

También era muy raro.

Porque no se separaban así porque sí.

Eso era un paso muy grande.

La mujer, en aquella época,

aguantaba carros y carretas.

Que no hubiera divorcio hasta el 81 me parece fuerte.

Yo me he divorciado gracias a esta ley.

Me casé con mucha ilusión, pero las cosas, como siempre, no...

No tienen que funcionar siempre y me parecía una necesidad.

Yo lo veo surrealista.

En esa época, las mujeres no se podían divorciar.

Estaba muy mal visto.

Porque es parte de la libertad del ser humano.

Que el hombre no quiera estar con la mujer o viceversa

debe estar permitido.

(MUJER) Me separé en el 88.

Me divorcié en el 88. Si la cosa sale mal, pues sale mal.

Muy difícil de creer que la gente tuviese que aguantar a su pareja

dependiendo de su estado por el hecho

de que no se podía legalmente una divorciar.

Yo, en mi caso, me divorcié

un poco más adelante, yo me divorcié en el año 83.

Bueno, me separé, me divorcié más tarde.

Y sí recuerdo que mis amigas me decían:

"Bueno, ¿y qué vas a hacer ahora, tú sola, una separada?".

Cosas así. Pero yo nunca sentí ese peso.

También estuve muy apoyada por mi familia.

Así que me fui a vivir a Londres,

que papá estaba destinado allí.

Y, bueno, las cosas con papá siempre son más fáciles.

Los segundos matrimonios...

Yo me casé

en el año 88.

Y un poco antes,

publiqué un libro, "El síndrome de Rebeca".

Estoy muy orgullosa porque he acuñado un término en psicología.

Síndrome de Rebeca es la sombra de un amor anterior.

Cómo influye en la vida de una persona

la sombra del ex.

Y que te condiciona a la hora de volver a buscar pareja.

Y entonces está escrito en ese momento

en el que yo me volví a casar y veía cómo se emparejaba la gente.

Entonces algunas personas, por ejemplo,

eligen el clon de la persona

con el que han estado casados.

Y repiten... Repiten.

Hay casos, por ejemplo, Sarkozy,

Carla Bruni y la primera mujer de Sarkozy son idénticas, de chocar.

Y como él hay muchos casos.

Rod Stewart, todas sus mujeres

son rubias con el pelo largo, un poco gorditas.

Hay muchos hombres que buscan siempre repetir el esquema.

Y las mujeres, con bastante frecuencia, buscamos la antítesis.

Esto me fue mal, ahora deme otro modelo distinto.

Por lo menos en mi caso fue así.

Mis dos maridos se parecen como un huevo a una castaña.

Antes de 1981,

no es que el amor fuera irrompible, es que no quedaba

sino que aguantarnos.

Y ese fue uno de los argumentos

de Fernández Ordóñez en su defensa de la ley del divorcio.

No podemos impedir que los matrimonios se rompan,

pero sí disminuir el sufrimiento de los matrimonios rotos.

Tuyo hasta el fin de mis días, Romualdo.

Oye, ¿quién es ese Romualdo?

# Soy yo. -¿Qué vienes a buscar?

# -A ti. -Ya es tarde. #

¡No me mientas!

# Ahora soy yo la que quiere estar sin ti. #

¡Espabila de una vez, hombre!

# Olvida mi nombre, mi cara, mi casa y pega la vuelta.

# -Jamás te pude comprender. -Vete, olvida... #

Como vuelvas a levantarme la voz, te echo de esta casa a patadas.

# Yo tuve tres maridos y a los tres envenené. #

Afortunadamente, no hizo falta llegar a los extremos de Massiel,

porque en julio de 1981 se aprueba la ley del divorcio.

¿Qué opináis sobre el divorcio? -Es estupendo.

-Sí, soy partidario.

Quizá no era el mejor momento para preguntar.

Pero existía el debate.

Todo el mundo opinaba.

Unos en contra...

No lo encuentro lógico, los hijos sufren.

Yo, en contra.

Y otros a favor de poder poner fin de forma legal

al matrimonio.

Estoy a favor. -A favor.

Ha de estar legalizado y bastante amplio.

Con matrimonios que se llevan mal, que se separen.

# El matrimonio es un mal negocio

# si no hay buen socio. Por eso digo yo:

# "Tronco, viva

# el divorcio". #

La sociedad se adaptó, no solo a su disolución,

sino también a nuevas formas de familia

gracias a la aprobación

del matrimonio homosexual en 2005.

El día que se ganó la ley del matrimonio homosexual

fue un hecho histórico.

Había salido toda la iglesia en unas manifestaciones...

Me parece que era muy importante.

La gente vio que habíamos conseguido,

no solo la visibilidad de nuestra situación,

sino el ejercicio de derechos como tales.

(MUJER) Supe que era lesbiana con 15 años.

Recuerdo que para mí

fue una liberación porque, bueno,

yo notaba que yo no sentía como mis compañeras.

Vale, ya sé qué es lo que me pasa,

pero ¿qué va a ocurrir con mi vida?

Y te vienen todos los miedos

porque tú sabes cómo funciona la sociedad.

Pensar que podía no tener una familia,

que podía no tener hijos,

que iba a quedarme sola,

eso para mí fue muy duro.

Yo empecé a tener relación con mujeres bastante tarde.

Pero tener una familia lo veía poco probable.

El hecho de casarme, tener hijos,

tampoco entraba dentro de mi diario de vida.

Hasta que no conocí a Katy,

que sí que fue nuestro proyecto.

Para mí fue el embarcarse en el proyecto de la familia,

pues ya con 38 años.

-La aprobación de la ley para mí fue como un guau,

ahora es el momento.

Porque el hecho de tener un hijo

y que no estuviera reconocido legalmente,

no tuviera sus derechos teniendo dos madres,

a mí me atormentaba.

No quería tener un hijo en esa situación.

Cuando se aprobó la ley, era como vamos, vamos, vamos,

porque ahora es el momento y, si esto lo derogan,

si ya tenemos un hijo y ya estamos casadas,

lo tendrán que mantener o tendrán que hacer algo

para no sacarnos del marco legal.

(INMA) Bueno, cuando planteamos a nuestras familias

que queríamos casarnos, hubieron ciertas reticencias.

Entonces, nuestras familias no se opusieron,

pero dijeron: "¿Por qué os tenéis que casar?".

"¿Es necesario casaros?".

Queríamos hacer una fiesta y de hecho la hicimos.

-Nos casamos

como nosotras quisimos. Eso es importante.

Pero hay que tener en cuenta

que, a veces, es un trago para la familia.

Lo que pasa que eso no puede ser una cortapisa

para tú poder vivir plenamente como otro ciudadano.

¿Por qué no tienen dos personas posibilidad de unirse?

¿Es contraproducente para la sociedad? No.

¿Afecta en algo a la sociedad que yo,

en vez de estar viviendo con una señora,

esté viviendo con un señor? No.

Es que hay que normalizar todo mucho más.

Me parece que la normalización es necesaria.

Necesaria.

Casados o solteros,

con hijos o sin ellos, homosexuales o heterosexuales,

solos o acompañados,

la clásica fórmula de papá, mamá y los niños ha ido dando paso

a otras formas de entender la familia.

¿Está el modelo tradicional en peligro de extinción?

A mí no me gustan las nuevas formas de familia.

(MUJER) Me parece que tanto madre soltera

como matrimonio homosexual,

sea de dos hombres o dos mujeres, todo es válido y legítimo.

A mí me gustaba más lo de antes.

(CHICO) Creo que no nos podemos cerrar.

En España, en 2018, todas las formas existen.

Con mi edad, estoy acostumbrada a la familia tradicional.

(CHICO) Me parece muy bien, porque damos un paso de lo que había antes.

Y es un paso para la humanidad.

La nueva forma de familia, bajo mi punto de vista,

es mejor que la anterior,

que las mujeres estábamos muy reprimidas.

Ahora, la mujer es libre.

(CHICA) Creo que tenemos que estar preparados.

Y encima, en mi caso, soy soltera

y me gustaría formar una familia

y no tiene por qué haber impedimentos

en el hecho de ser soltera para tener una familia.

(MUJER) Cuando me hacen preguntas

en relación a mi no maternidad,

me siento incómoda o etiquetada.

Cuando yo tenía veinte y pico años,

no tenía ningún interés por la maternidad.

Luego, cuando me casé, decidí intentarlo.

Decidí intentarlo.

No pude conseguirlo de manera natural y me sometí

a un largo proceso de fecundaciones "in vitro".

Finalmente, eso no salió y decidí parar ahí.

Entras en esa carrera y, hasta que no ganas la medalla,

que es el bebé, no puedes salir.

Yo he tenido que escuchar muchas veces comentarios

en los que me siento juzgada

como mujer por el hecho de no tener hijos.

Estar en una reunión de trabajo

y el tema que está sobre la mesa se deja de lado,

el tema que tratamos, y la pregunta directa

hacia mí es:

"¿Tú no tienes hijos? ¿Y por qué?".

En un ambiente laboral

en el que no te apetece estar dando explicaciones.

O salir a comer a un restaurante y una persona que no es tu amiga,

que solo es una conocida,

te hace preguntas delante de todos

respecto a por qué todavía no estás embarazada.

Todavía no estás embarazada.

Son preguntas que incomodan.

A menudo se dice que tener hijos te hace mejor persona.

Yo eso lo he escuchado a muchas mujeres.

Desde que tengo hijos, soy mejor persona.

Yo creo que el hecho de dar a luz no te hace ni mejor ni peor,

parece una perogrullada,

pero conozco madres que son malas personas y al revés.

Es una circunstancia que no te marca la bondad.

A las mujeres que no tienen hijos se les ponen muchas etiquetas,

se supone que son mujeres tristes,

solas, raras, egoístas.

Yo, cuando vi que no iba a ser madre,

busqué modelos de no madres porque me faltaba.

Entonces hice una serie de entrevistas

a mujeres famosas que no habían tenido hijas.

Maribel Verdú es un referente para las no madres

porque ella fue la primera que se atrevió

a decir abiertamente sin avergonzarse

que no quería ser madre y que no echaba de menos tener hijos.

Y ojo, sin juzgar a las madres, es que es otra elección de vida.

Yo recuerdo cuando la entrevisté por primera vez que ella me contó

que, en las entrevistas, siempre le hacían la pregunta

de cuándo vas a ser madre.

En una ocasión, coincidió de promoción con Luis Tosar,

que por aquel entonces no tenía hijos,

y a ella le sorprendió que nadie le hiciera esa pregunta.

Y a ella se la hacían siempre.

¿Cuál es la diferencia?

Que ella era una mujer y él era un hombre, no había otra.

Creo que es hora de acabar con esos juicios

que se hacen a las mujeres que no tenemos hijos.

Y me gustaría reivindicar

que se valorara a las mujeres por lo que ellas son.

No en calidad de madres o esposas de alguien,

sino que se aprenda a realzar

el valor que cada una de nosotras tenemos

por lo que aportamos y somos.

Yo, por mi parte, y mi mujer, nos miramos

y ya, cuando nos miramos, decíamos: "Tenemos que tener hijos".

"¿Y cuántos vamos a tener?". Tres, cuatro,

pero ya teníamos esa cosa de ser padres.

Pero ahora

se vive la vida de otra manera.

Estamos más pendientes del trabajo. Vives más...

Irse de viaje...

Con los amigos...

Los hijos te atan mucho y son un problema...

No problema, pero, cuando tienes hijos,

tienes una responsabilidad muy grande.

Está bien que la gente decida eso,

el tener hijos o no.

Yo tenía muy claro que íbamos a tener hijos.

Las mujeres que no tienen hijos,

hay que respetar la decisión de cada uno.

Si ella no necesita, nosotros no somos quienes para juzgarla.

Las mujeres que no quieren tener hijos están en su derecho.

Aunque nacen para la reproducción, no están obligadas.

Me parece un derecho, no es una obligación ser madre.

Con lo cual, adelante.

(HOMBRE) Lo más importante

es que cada quien esté realizado con lo que hace.

Porque si no está realizado, nunca va a ser feliz.

Me parece una opción porque no tenemos derecho

a juzgar a nadie y cada uno que elija su camino.

Es totalmente respetable esta decisión.

Al final, cada uno... Tú lo pares, lo tienes nueve meses...

Al final es decisión de cada mujer.

Encuentro que es una cosa tan bonita...

Perderse el tener un hijo es mucha pena.

(CHICO) Traer un hijo es una gran responsabilidad.

Hay que mirar sobre su futuro

y creo que es respetable que una mujer

no quiera tenerlo para hacer su vida.

Sin embargo, nosotros hemos estado en países,

uno de ellos Alemania, o Francia, sobre todo Alemania,

he estado allá,

y, en Alemania, tienes un plus por cada hijo,

pero fijo siempre.

Hasta que el hijo se emancipa.

O tiene 18 años.

Aquí no. ¿Cómo vas a tener hijos aquí? No puedes.

Un día, escribí un artículo

que se llama "Que vivan las malas madres".

No había oído hablar de esta asociación,

pero me daba pena

esa presión tan enorme que tienen las mujeres

por ser la mejor madre, la mejor esposa,

la mejor cocinera, la mejor todo.

Y llega un momento que es completamente ridículo.

Además, nadie te lo va a agradecer y te estás dejando tu vida

en una estupidez haciendo tartas de manzana y cosas por el estilo.

Escribí un artículo defendiendo

a las mujeres que quieren tener sus hijos

y ocuparse de sus hijos, pero sin renunciar

a las cosas que les gustan o a sus amistades.

Y entonces me escribió la directora de las Malas Madres.

Y así las conocí y me alegro que haya alguien

que se oponga a esa estúpida tiranía.

Es un club de madres con mucho sueño,

poco tiempo libre, alergia a la niñería

y ganas de cambiar el mundo.

Es lo que me ocurrió a mí.

Fui madre. No conectaba con ese estándar

o ese modelo de madre perfecta con esas normas.

Yo creía que iba a ser una madre con paciencia,

con una sonrisa, con una tarta de frambuesa.

Y que iba a ser esa madre perfecta, y no lo fui.

Cosas que nos pasan a todas porque no llegamos,

porque vamos como locas por la vida.

Pero que le damos la vuelta y nos reímos.

No es lo mismo que se te quemen

las croquetas que le ocurra a 500 000 malas madres.

Ese sentimiento liberador

de que no soy un bicho raro.

Odiamos el parque porque es aburrido y perdemos el tiempo.

Desear que llegue el lunes para descansar del finde.

Y ese tipo de cosas

que nos pasan, las compartimos y te sientes un poco mejor.

Nunca me imaginé

que un sentimiento individual

iba a convertirse en un movimiento social

y en la comunidad emocional que hoy es.

Lo que ocurrió fue eso.

Un desahogo personal conectó con una necesidad.

Alguien debía decir que la maternidad

tal como nos la venden es una mentira.

Y somos una generación de mujeres engañadas

por ese modelo social de maternidad

que te hace sentir frustración constante,

te hace sentir que eres mala madre.

La eme de madre no puede aplastar a la eme de mujer. ¿Por qué?

Porque una mala madre también puede disfrutar saliendo

a tomar un gin tonic con una amiga,

puede disfrutar creciendo profesionalmente.

Puede mantener sus "hobbys" personales.

Todas esas cosas que parece que van en contra

del concepto de buena madre.

Entonces, de repente, salimos del armario y decimos

estas verdades de la maternidad de hoy en día

y parece como que se mira de reojo.

El gran cambio de la mujer hoy en día, en la familia,

es su maternidad.

Es el momento de la desvinculación entre el modelo tradicional

en el que hemos vivido y lo que estamos viviendo hoy.

Hay una realidad que ocurre hoy día.

La mujer ha salido al mercado laboral

y el hombre no ha entrado en casa a trabajar.

Esto produce que la conciliación sea un reto.

Por eso urge luchar por una conciliación real

que pase por la corresponsabilidad.

Yo perfectamente podría haber sido amo de casa

con esas dos hijas tan guapas.

Y no habría dejado mi profesión,

pero hubiera dejado un rato mi profesión

nada más que por no perderme

esos años primeros de mis hijas, de Marina,

que eso ya no vuelve nunca más y que los echo de menos.

Ahora son personas mayores.

Lo veo perfectamente porque los hijos

los ves una vez y pasa esa edad una vez nada más.

Mi mujer y yo siempre hemos tenido claro

que lo importante para nosotros

era la educación y la crianza de los niños.

Y, desde el principio, supimos que los niños

tenían que estar los primeros años

con mi mujer, con su madre.

Para luego, en un proceso relativamente corto de tiempo,

cambiar los roles y que pasara yo a dedicarme a la crianza

de su educación.

Nosotros nos casamos muy jóvenes. Yo tenía 22 y mi mujer, 21.

Tuvimos el primero a los 26.

Cuando terminó la carrera, dio a luz a nuestro primer hijo.

Y, 14 meses después,

nació nuestra hija. Pero, como ya teníamos ese acuerdo,

ya éramos conscientes del esfuerzo personal que tendríamos que hacer

los dos para criar a nuestros hijos al 100 %,

pues la decisión no fue nada difícil.

Ella se ocupó de los niños durante los primeros seis años.

Y en ese momento, cuando los niños requieren de una atención

más material que fisiológica,

decidimos cambiar las tornas.

Cambiamos los roles.

Ella empezó a trabajar. Además, con muy buen trabajo.

También tengo decir que, cuando empezó a trabajar,

ganaba más que yo

y eso también fue una decisión más fácil de tomar.

Y ella se incorpora al mercado laboral como arquitecto

y yo decido quedarme al 100 % con los niños.

Yo no sabía si iba a ser capaz

de poder llevar el día a día con los niños.

Pero me he dado cuenta de que, no solo se puede,

sino que es una experiencia maravillosa.

Cuando tomé la decisión

de quedarme con mis hijos,

mi entorno, hablamos

de hace 20 años,

que no es el mismo entorno de ahora,

no fue directamente hostil, pero sí estaba

lleno de comentarios.

Yo he tenido que escuchar la palabra calzonazos.

Es una palabra que por suerte hace mucho que no escucho.

Que me llamaran calzonazos no me suponía nada

porque yo sabía lo que hacía

y solo me daba lástima porque ellos se lo perdían.

No me arrepiento absolutamente de nada.

Ha sido la mejor experiencia de mi vida.

La volvería a repetir otra vez.

Ya estoy deseando que me hagan abuelo para volver a sentir

lo que sentía cuando estaba en un parque con mis niños

o cuando los bañaba o cuando me contaban los problemas

que tenían con algún compañero o amigo

o con alguna amiga.

Yo creo que mis hijos, cuando sean padres,

no sé la decisión que van a tomar,

porque mi decisión fue una decisión de pareja,

no fue una decisión unilateral mía,

yo espero que tomen la misma decisión que yo

para que no se pierdan

estos momentos tan maravillosos que yo pasé con ellos.

Es una decisión que ellos deben tomar en pareja.

¿Qué ocurre? Que ellos ya saben, tiene esa ventaja,

lo que ha supuesto para ellos que su padre

se encargue de su educación y del día a día.

Y eso va a ser muy beneficioso para ellos y ya tienen un referente.

Ser amo de casa genera muchas ventajas

y son experiencias únicas.

Es un viaje que no te puedes perder porque no se va a repetir.

Hay que aprovecharlo, vivir ese momento y disfrutarlo.

Ser amo de casa me parece excepcional.

¿Y yo un nombre tradicional?

Podríamos decir que sí, soy tradicional.

¿Con esto de que ayudo? Intento ayudar.

Indudablemente menos de lo que debiera y más de lo que quisiera.

¿Cuál será el papel de la mujer en las familias del futuro?

Yo vivo con cinco mujeres

en casa. Están en mayoría total.

Ellas son mujeres muy fuertes.

Cuando van a un sitio, se las ve venir

porque tiene una personalidad y una capacidad

muy especial

para ponerse ahí y decir:

"Mira, aquí estamos y sabemos lo que queremos",

como dice la canción.

# No estamos locos, que sabemos lo que queremos.

# Vive la vida... #

Muchas cambiamos el estereotipo

de madres para decir somos madres independientes

que no damos nuestra vida para esto,

sino que enriquecemos a nuestros hijos

si enriquecemos nuestra propia vida.

Desde pequeños, hay que educar en valores

de igualdad, de corresponsabilidad, del cambio de roles.

Lo que ocurre es que los roles

se perpetúan y están saliendo a otras esferas como la laboral.

Todavía nos quedan

muchas batallas y me preocupa

que la gente joven vuelva

a esos patrones que ya deberían estar olvidados.

# No estamos locos,

# que sabemos lo que queremos. #

(ROMAY) Para sentirte realizado,

solo hace falta una cosa:

ser tú mismo y estar perfectamente convencido

de que eres lo que quieres ser

o lo que te gustaría ser.

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Retratos con alma - Programa 5

23 may 2018

En el quinto programa tratamos cómo ha cambiado la figura de la mujer en la familia. El programa hace un recorrido, desde las familias más tradicionales, con todas las limitaciones que tenía, pasando por los logros conseguidos en favor de las libertades (matrimonio homosexual, divorcio…), hasta llegar a distintos modelos de familia como en el que el hombre se convierte en amo de casa o en el que algunas mujeres defienden su derecho a no ser madres y a no ser juzgadas (movimiento NoMo).

Como cada semana, el espacio recoge los puntos de vista de personalidades de distintos ámbitos, así como de personas anónimas. En esta ocasión, son la escritora Carmen Posadas, la política y abogada Cristina Almeida, Laura Baena (presidenta del Club Malas Madres), Ana María Pérez del Campo (mujer separada en los 60), Katy Pallás y su mujer (uno de los primeros matrimonios lésbicos), el cantante Antonio Carmona, Fernando Romay (exjugador de baloncesto y medallista olímpico) y María Fernández-Miranda (periodista y escritora).

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