Retratos con alma La 1

Retratos con alma

Miércoles por la noche

Programa presentado por Isabel Gemio, en él cada semana se analizan los distintos temas tratados en 'la otra mirada' y, a través de testimonios de destacadas personalidades y de mujeres pioneras en distintos ámbitos, se realiza un paralelismo entre esas historias en la ficción y las historias reales de mujeres contemporáneas que sufren las mismas dificultades. Un reflejo de los conflictos históricos aún presentes a nuestro alrededor, como las libertades de la mujer, la sexualidad, la familia, la mujer en el ámbito laboral, la educación o las mujeres pioneras, entre otros, y que también contará con el punto de vista masculino.

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No recomendado para menores de 12 años Retratos con alma - Programa 8 - ver ahora
Transcripción completa

La historia y la vida tienen dos formas

de ser entendidas: la del hombre

y la de la mujer.

Durante años,

la visión femenina

o la otra mirada

no fue tenida en cuenta. Pero no dejó

de tener peso en la sociedad.

Es que no hay un único camino ni uno mejor.

Lo importante

es que os escuchéis.

Abuelas, madres, esposas,

hijas,

han sido mujeres que han marcado

a una generación de hombres

y a las que no se debe olvidar.

(Sintonía de "Retratos con alma")

Hoy, nuestros protagonistas nos hablarán de la importancia

de valorar el pasado.

Yo a mi madre la clasifico ahí,

entre esas mujeres que fueron

tan valientes cuando lo tenían todo en contra

para ser motor de cambio social.

Han llevado a cabo lo que han podido

teniendo en cuenta que su lugar en el mundo

estaba lleno de responsabilidades.

De cómo son las mujeres de su generación.

La primera que empezó a reivindicar un papel más igualitario

de la mujer fue mi hermana María.

Y eso le costó

muchas broncas y peleas con mi padre sobre todo.

Sara es mi mujer. A mí me ha hecho mejor persona.

Me ha hecho entender la vida

y la profesión de otra manera. Y, sobre todo,

me ha dejado claro que la profesión es una cosa,

pero lo importante es todo lo que está detrás.

En este caso, nuestro bebé.

Y de lo que esperan para el futuro.

A mí me gustaría que en mi generación

pongamos los valores para que en un futuro

no muy lejano, en 30 años, haya la misma igualdad.

No tener que hablar de esto más.

Ni de feminismo ni de machismo ni nada.

El día que esto no exista, estas conversaciones,

estas maneras de ver diferentes y por qué pasa esto o lo otro,

ese día será el triunfo total.

Detrás de un gran hombre

siempre hay una gran mujer.

Una frase tan cierta como inexacta.

Las mujeres no somos personajes secundarios ni musas.

Al final es solo cuestión de adverbio.

Miren qué bien suena junto a un gran hombre

siempre hay una gran mujer.

Y junto a una gran mujer siempre ahí, seguro, un gran hombre.

Ellos lo tienen claro.

¿Cómo les han marcado las mujeres de su vida?

Yo soy así gracias a las mujeres que han pasado por mi vida.

Soy una persona alegre, trabajadora, luchadora

y con las ideas muy claras.

Las mujeres de mi vida me han marcado en la parte de la educación

en el respeto y el amor por la cocina.

Las mujeres han sido importantes en mi vida porque he sabido conocer

a través de ellas lo diferentes que pueden ser de nosotros.

Las mujeres para mí han sido fundamentales.

A mí me han educado para ser feliz, para romper barreras.

He tenido que romperlas

para pasar de lo que pensaran los demás.

Para mí, mi madre y mis hermanas han sido referentes de lucha,

referentes intelectuales, referentes de valentía,

referentes de autogestión, he tenido suerte.

Yo no sería yo sin las mujeres que me han rodeado,

sin lo que ellas me han enseñado. Estoy en deuda eterna.

Me han marcado muchísimo.

Han inspirado muchas de mis canciones

y de mis acciones. Y lo que soy es gracias a ellas.

Napoleón dijo que el porvenir de un hijo es obra de la madre.

Esperemos que no culpase a la suya del desastre de Waterloo.

Pero todos y todas somos quienes somos

gracias a nuestras madres.

Mi madre lo tuvo muy difícil.

Estamos hablando de que mi madre

se autogestiona su carrera. Ella no viene

de una familia de artistas.

Viene de la posguerra,

de un contexto social muy duro.

Y donde que una mujer quiera ser actriz a los 20 años y se convierta

en una figura pública y autogestora a los 24,

pues es todo

un motor de cambio social.

Y yo, a mi madre, la clasifico ahí,

entre las mujeres que fueron tan valientes

en épocas donde lo tenían todo en contra

para ser motor de cambio social.

Mi madre quería hacer

teatro intelectual, quería hacer

otro teatro protesta y lo empezó a hacer con el TEU,

con la generación de mi padre, hicieron títulos

que eran incómodos para el franquismo y la pretransición

y que supusieron mucho.

¡Mary, la envidia es un pecado capital!

-¡Abigaíl! -Ten cuidado, Mary,

¿y si tomas la forma de un pájaro? Eso es magia negra.

-Mi madre me aportó unos valores básicos

que creo que tienen que acompañar

a tu personalidad y a tu persona en lo que hagas en la vida.

Lo primero, yo nací en una familia donde éramos cuatro hermanos.

Yo era el pequeño. Gracias a que buscaba a la hija nací yo.

Normalmente, las parejas, con un niño o dos ya han cumplido.

O tres máximo.

Entonces, en aquella época, ella buscaba la niña,

y con el afán de buscar a la niña salí yo.

No estuvo muy contenta porque era una desilusión para ella.

Quería una niña y, de pronto, otro niño más, que ya tenía tres.

Pero mi abuelo le decía: "Dios te va a dar lo que te hace falta".

Y así fue.

Luego, la hemos querido mucho hasta que falleció en 2013

de una enfermedad cardiovascular.

Íbamos al hospital con ella, la bañabas,

duchabas, íbamos de compras juntos.

Fui como su hija que no tuvo.

Ella me marcó el respeto a mis hermanos, la educación

de trabajar en equipo, los valores

de la cocina.

La búsqueda del mejor producto, cómo tratarlo.

El guiso, que nosotros en casa éramos mucho de guisos,

de escabeches, de pepitoria.

Bueno, de la cocina tradicional de aquella época.

-Mi madre tenía el sueño

de ser artista como yo.

Ella tenía el sueño de dedicarse a la música, cantaba muy bien.

Mi madre siempre ha cantado bien.

Y empezó a participar en concursos siendo adolescente.

Y pudo venirse a Madrid, porque tuvo una oferta de un mánager,

a iniciar una carrera discográfica con 15, 16 años. Igual un poco más.

Y ella

tuvo la experiencia de que mi abuelo no le dejó.

No le dejó venirse a Madrid ni iniciar esa carrera

porque eran otros tiempos.

Y que una hija, chica, mujer,

se fuera a Madrid a iniciar una carrera artística,

todo esto, con el machismo de entonces, no era concebible.

Entonces mi madre siempre ha tenido ese sueño frustrado.

Luego, con el tiempo y por suerte,

lo acabó viendo realizado en mí.

Pero es un ejemplo de que tampoco mi madre

Pero es un ejemplo de que tampoco mi madre

tuvo las mismas oportunidades

por los tiempos y por ser mujer.

-Las actrices, porque todas son actrices en mi familia,

y que han conformado esta saga que viene de mi bisabuela,

Amparo Piqueras, por parte de madre,

yo soy quinta generación por parte

de madre y cuarta por parte de padre,

imagínate si influenciaron

con formas distintas de ver la profesión

y viviendo épocas muy diferentes.

Y mi madre, con 18 años, no fue al colegio, tenía preceptores en casa.

Mi madre, con 18 años, era primera bailarina, sabía tres idiomas,

que eso, saber inglés, francés e italiano,

porque la familia con la que vivía eran italianos, decías:

"Madre, qué preparación sin haber pisado un colegio".

-Tan pronto y ya bailarina profesional.

Era un sueño.

Recuerdo que mi debut fue en Verona.

Luego, recorrí Italia, Francia, Suiza, Alemania...

Regresé a Madrid convencida de haber triunfado

y decidida a no abandonar jamás el baile

que llenaba todas las aspiraciones de mis 15 años.

Pero mi madre trabajaba más que cualquiera.

Tenía clases de cultura general, clases de todo.

Y mi madre empezó a trabajar de bailarina, de hecho.

Te hablo de vidas muy especiales,

mujeres que se divorciaron, que se casaron varias veces,

como mi abuela María Fernanda,

que tuvo tres maridos, dos hijos con padres distintos.

Han vivido su vida como cualquier mujer de ahora,

pero en épocas donde no era normal vivir la vida así.

Y sé quiénes fueron los Reyes Católicos.

-¡Gaspara!

La niña sabe quiénes fueron los Reyes Católicos.

¿Quién se lo ha enseñado? -¡Yo no!

Que nunca lo supe. -Los tiempos modernos.

Llegará el día en el que queráis saber más que nosotros.

-Mi madre es Mercedes. La Mercedes

le dicen en mi pueblo. Mi madre para mí lo es todo.

Es mi bandera.

Ella también trabajó, era costurera.

Trabajó mucho tiempo

sin salir de casa.

Tenía el taller de costura en lo que era el sótano de mi casa.

Lo hacía porque de esa manera podía conciliar más y estar con nosotros.

Ella nos llevaba al cole, luego trabajaba y lo hacía todo.

Dejó de trabajar y al final se dedicó a la crianza

y a la educación de sus hijos.

De mi madre he aprendido muchas cosas y lo vivo a diario.

La llamo siempre cuando termino un programa.

Su opinión, la de alguien que no tiene nada que ver con la tele,

de alguien que a priori dirías qué me puede enseñar

sobre la televisión cuando tú ya llevas trabajando 17 años,

pues su palabra es la última que escucho siempre.

Y jamás me ha dicho que no haga nada,

pero todo lo que me dice lo dice de entrañas

y confío mucho en ella.

Roberto siempre ha sido un niño muy bueno

y yo siempre he estado orgullosa de él.

Y ahora pues fíjate. -Imagínate las vecinas.

Mi madre, que falleció

hace tres, cuatro años,

en su momento era avanzada.

Antes de conocer a mi padre, antes de casarse, trabajaba.

Tenía carnet de conducir, conducía.

Que, cuando me enteré de eso, yo flipé.

A mi madre no la he asociado...

Hasta hace pocos años, no la asocié

con el carnet de conducir.

Yo la he visto siempre en el asiento de al lado.

Y nunca la vi conducir.

Pero sí que luego me contó que había tenido el carnet.

Pero también,

como un caso clásico de la época de los 50,

se casa, empieza a tener hijos

y esa parte profesional desaparece de su vida.

Y ella se concentra y se dedica a ser ama de casa

para cuidar a sus hijos, a mi padre.

Y mi madre mostraba esa pequeña frustración.

Siempre decía: "Yo os adoro, los hijos son lo más".

"Ahora, igual, si yo llego a nacer 30 años después...".

A ella le gustaba pintar mucho, en fin, una serie de cosas.

Lo que es el desarrollo integral.

Ahora, afortunadamente, y todavía se puede mejorar mucho,

pero ahora vivimos unos tiempos

donde tienes muchas más cosas al alcance.

Estamos hablando

de una época reciente, donde, para las mujeres, había una parte

en la que se decía: "Por aquí no. Vosotras tenéis este camino".

Eso era algo que ocurría

en el deporte.

El barón Pierre de Coubertin,

padre de las olimpiadas modernas, pensaba

que una mujer en un estadio haciendo deporte

era antiestética, poco interesante

e incorrecta.

Hace años, nadie diría que una mujer podría entrenar

con pesas sin temor a perder su encanto.

Y es una mujer que trabaja, Sagrario Aguado,

la que ejecuta estos ejercicios aplicados a conseguir

una forma física que le permite practicar deportes,

principalmente atletismo.

La opinión del barón, compartida por muchos,

no favoreció la normalización de la mujer en el deporte,

convirtiendo a la deportista profesional en rara avis.

Mari Carmen Hernández, actual campeona de España,

hija y esposa de campeones,

que acude a su entrenamiento en compañía de sus hijos,

es un claro exponente

de que la mujer casada puede compaginar sus quehaceres domésticos

con el deporte.

El entrenador,

en este caso, es el propio padre.

En la actualidad, y a pesar de los triunfos de muchas mujeres,

el deporte profesional es cosa de hombres.

Entre otros motivos, por falta de visibilidad y patrocinios.

Entre los 100 deportistas con más ingresos

figura solo una mujer.

Lo que demuestra que la brecha

todavía es enorme.

El caso de mi madre, además es perito mercantil,

también estudió, su formación,

es decir,

también tenía una formación académica inusual.

Era muy difícil que las mujeres trabajasen fuera de casa,

pero es que era difícil que trabajasen.

No conseguía convencer a mi jefe para que cesara sus atenciones.

Mandaba más mi madre.

Mi madre tiene un sentido práctico,

es muy gestora.

Y mi padre era un poco más "hippie", era un poco más relajado,

más hedonista,

y entonces se ocupaba más mi madre

y decidió más mi madre y buscaba más la casa que comprar.

Gestionada y mandaba más mi madre.

(Zarzuela)

# Señorita que riega la albahaca,

# ¿cuántas hojitas tiene la mata? #

-Mi madre Teresa se hizo cargo,

junto con mi padre, del negocio familiar.

Y montaron el Coque en Humanes.

La casa estaba arriba, en el ático.

Estaba el salón, con el restaurante y la cocina,

y abajo estaba el bar.

Compaginaba la casa y el negocio, porque estaban unidos.

Se levantaba y ya estaba en el negocio.

Mi madre era ama de casa y trabajaba en el restaurante.

En aquella de poca, ya tenía dos empleos.

Me estaba dando el pecho y mi abuelo Coque le decía:

"Vas a quemar al niño".

Estaba guisando,

me ponía una servilleta para que no me saltase el aceite.

Y yo ahí empecé a mamar un poco la profesión.

Yo recuerdo, con muy poca edad,

que diferenciaba las chuletas de aguja de las de riñonada,

los diferentes pescados, la dorada, la lubina.

Sin quererlo ni beberlo,

tenía una educación gastronómica potente.

Mi madre trabaja mucho.

Aparte de tener cuatro hijos,

hacía "Estudio 1" por la mañana

en televisión y luego se iba al teatro.

Y, luego, hacía un anuncio

del Ajax vestida de antigua.

La recuerdo yéndose de gira

a principios de julio y volviendo después de El Pilar a casa.

Grandes trabajadores.

Esta profesión ha sido para ellos todo.

Pero sí que recuerdo el gran respeto,

cómo han vivido esto tan bien,

cómo se han ido acomodando a circunstancias y a tiempos.

Pero sí les ha marcado ser mujeres distintas en su época.

Será mejor poner las cosas claras.

A los maestros les gusta mucho mandar y aquí eso no marcha.

Aquí, el que manda soy yo.

-Podíamos llegar a un acuerdo. -¿Cuál?

-No mandar ninguno de los dos. Podríamos ser buenos amigos.

-Mal negocio.

Los amigos tienen que ser iguales y mirarse de frente.

Tú bajas los ojos cuando yo te miro.

Además... eres mujer.

-¿Es algo malo ser mujer?

-Con respecto a mi madre, es una historia...

particularmente dolorosa.

Mi madre murió cuando yo tenía 14 años.

Yo recuerdo cosas de mi madre

muy lejanas.

Cuando veo alguna película de ella y la oigo,

recuerdo vagamente cómo era su voz.

Si estoy violenta contigo, es por lo mucho que te quiero.

Me da pena que a un hombre que vale lo que tú

lo traten como a un cualquiera en la oficina.

-"Mi madre era una persona encantadora".

Era una persona muy cabal y con gran sentido del humor.

Muy avanzada laboralmente.

No creo que socialmente lo fuera.

A ver, la madre que yo conocí, no la que han conocido

mis hermanas, que es distinta,

venía de una guerra civil.

Acababa de terminar la guerra en 1939.

La madre que yo conocí tenía que sacar adelante

una casa.

Y unos hijos.

Y eso marcaba mucho

sus puntos de vista y su manera de actuar.

Todos sabíamos que quien mandaba en casa era mi madre.

Cuando falleció, mi hermana Julia,

mi hermana Irene y, en menor medida, yo,

notamos mucho ese vacío.

Ese vacío se nota cuando muere el padre,

pero en el caso de mi madre, cuando faltó ella,

el vacío era el doble.

Había un vacío afectivo y un vacío económico.

Si una madre define la personalidad,

las abuelas dejan una huella imborrable.

Los que las hemos conocido guardamos en nuestro corazón

su cariño y sabiduría.

Sin ellas nada sería igual.

-Yo casi me crié con la madre de mi padre, con mi abuela Mercedes.

Su casa parecía un patio de vecinos.

Todos los nietos y primos pasábamos por allí.

Y nos quedamos a diario a dormir allí

por estar con ella y estar con los primos.

Era el punto de encuentro de la familia.

Y tengo recuerdos muy bonitos.

En el caso de mi abuela Mercedes, recuerdo que fue

una mujer luchadora y muy trabajadora para su época.

Ella trabajaba en un almacén de aceitunas en mi pueblo,

Alcalá de Guadaíra, en Sevilla. Tuvo seis hijos.

Un varón y cinco hembras.

Y fue una lucha constante.

De mi abuela aprendí a no rendirme.

Lo sacaban de donde no había. A mí nunca me faltó nada

con ellas.

Deseaba que llegasen las Navidades

para que me diesen el aguinaldo y cumplía la pobre.

A mi bisabuela yo no la vi nunca trabajar.

Mi bisabuela, por ejemplo, era madre de Ismael Merlo.

Ella decidió no trabajar nunca fuera de Valencia.

Quería estar con sus hijos. Ella terminaba su función

en valenciano y se iba a Barrachina

a comprar pasteles para sus hijos para el vasito de leche.

Nunca quiso moverse de allí.

Sin embargo, tienes a María Fernanda.

Mi abuela María Fernanda estuvo en Hollywood

en la época en la que se hacían las versiones europeas

de las películas americanas.

Y hacían la versión de "La mujer X", además fue justo

el paso del mudo al sonoro,

y la eligieron para varias películas.

La primera mujer impactante en mi vida

seguramente fue mi abuela materna,

doña Juanita. Era todo un carácter.

Además, mis abuelos

eran profesores

y llegó la Guerra Civil

y, como no era republicano oficialmente,

pues le prohibieron ejercer

y ya no pudo ejercer el resto de su vida.

Con lo cual, mi abuela

tenía que hacer la doble tarea,

por un lado,

toda la organización casera con seis hijos

y, a la vez, trabajar

porque era la única que podía trabajar de toda la familia.

Yo solía ir todos los sábados, cuando vivía en Bilbao,

de chaval, con 10 o 12 años, solía ir a comer los sábados a su casa.

Y era como meterte en un tsunami

porque es que la energía,

el carácter,

estamos hablando de una gente

absolutamente admirable.

Aunque mis dos abuelas han sido relevantes en la familia,

yo tuve más trato con mi abuela materna, Dolores,

a la que, según la leyenda familiar, soy clavada,

contra toda evidencia,

pero parece que en carácter sí que nos parecíamos.

Ella murió en el 98,

meses antes de que yo publicara mi primera novela,

por lo tanto

no me vio publicando.

Pero tenía una absoluta confianza en mí.

Era muy extrovertida, exactamente igual que la nieta.

Era mucho más diplomática de lo que nunca llegará a ser la nieta.

Y era alguien

de una inteligencia superior a la media

y también con una percepción de la psicología

y de las dobleces del ser humano muy excepcional.

Era además una gran narradora.

Conocí a mi abuela Amparo, la madre de mi padre,

que era una gran cocinera.

Recuerdo todavía los filetes empanados,

lo arroces en la cazuela,

como si la estuviese viendo ahora.

Y a la madre de mi madre,

Isidra,

no la llegué a conocer porque falleció muy joven,

antes de que yo naciese.

Sí que es verdad que ellas dos tenían

una ADN de respeto

por la naturaleza,

por la sostenibilidad.

Ya en aquel entonces lo tenían,

la huerta, la granja, el restaurante, la taberna.

Y eso marcó mucho mi carrera.

# Cocinero, cocinero. #

Las mejores croquetas son las de mi padre o como mi abuelo

no cocina nadie. Son expresiones

que no solemos escuchar.

# Siempre que vuelves a casa,

# me pillas

# en la cocina. #

Algo pasa en el trayecto de la cocina de casa

a la del restaurante para que se pierdan

el 90 % de las mujeres

por el camino.

Ya tenemos concursantes

en plena faena,

que no calificamos como propia de su sexo,

ya que, en el arte culinario, los talentos masculinos también brillan.

Ellas se ven relegadas a alimentar

a la familia.

# Macarrones caldosos son los que hago, señores.

# Mis macarrones caldosos van con su tocino y morcilla. #

Mientras que a ellos se les adjudica

la cocina con mayúsculas.

Se celebra el Concurso Nacional de Cocineros,

que continúa brillantemente

los certámenes de destreza

en el oficio.

El máximo galardón fue para Bautista Jáuregui, de San Sebastián.

En esa época, de los 25 a los 40,

un hombre en mi profesión lo tiene más fácil

porque no tiene que hacer el paréntesis para ser madre.

Con tanto talento,

si estás un año o dos años con tu bebé, ¿qué ha pasado?

Me he salido del carril.

Y si eres hombre, lo tienes más fácil.

Si eres mujer, más difícil.

Y esto ocurre desde hace tiempo.

Hoy tenemos a don Juan María Arzak.

Cuando se habla de unos cocineros, de artistas de la cocina,

salen a relucir nombres de hombres.

¿Es que la cocina no es de mujeres?

-No, también, perfectamente.

-¿Por qué se llevan todos los premios?

-Pues no lo sé.

En la lista de los mejores 50 restaurantes

del mundo, no hay

mujeres cocineras.

De los 11 con 3 estrellas Michelín

en España, solo uno de ellos tiene al frente

a una mujer.

-La alta cocina requiere mucha constancia,

mucho talento, mucha creatividad.

Cuando alguien nace con ello, da igual el sexo.

No entienden de sexo el talento y la creatividad.

Seas mujer o seas hombre,

si naces con ello, al final los proyectas.

Todo el mundo sabe quién es Hitchcock o Einstein,

pero pocos conocen a Alma Reville o Mileva Marić,

esposas de estos dos genios que seguramente deben parte

de su genialidad a sus olvidadas compañeras.

Cuántas mujeres de gran talento han quedado únicamente en mujeres de.

Sara es mi mujer, mi compañera de oficio, de vida,

y es una de mis mejores amigas.

Ella es periodista. Y eso es muy importante.

Yo no lo busqué nunca ni ella tampoco.

Pero nos encontramos en un momento de nuestras vidas en el que

nos hemos hecho el uno al otro mejor persona.

Para mí Sara marcó un antes y un después.

Parece que soy un romántico, aunque ella dice que no,

pero a mí me ha hecho

mejor persona.

Me ha hecho entender la vida y la profesión de otra manera.

Y sobre todo me ha dejado claro

que la profesión es una cosa, pero lo importante es

todo lo que está detrás, en nuestro caso, nuestro bebé.

-Bueno, María, mi mujer, es una persona,

una mujer increíble, muy trabajadora.

Muy divertida. No está trabajando fuera de casa.

Tomó la decisión de dejar de trabajar

cuando nació nuestro primer hijo, Pablo.

Y, luego, en seguida vino Manuela,

nuestra hija. Y de momento no ha vuelto.

Pero está ahora pensando en volver a la vida laboral fuera de casa.

Es una mujer feminista que lucha por sus derechos

y de armas tomar.

Tiene mucho carácter.

Así que sí, sí.

Pues mira, mi mujer es valenciana, es mi media naranja.

Yo creo que, el día que la conocí,

ya sabía que íbamos a estar juntos

cuando fuéramos más viejecitos.

Tiene muy claro que lo primero es la unión familiar

y, dentro de eso, tiene su horario de trabajo.

Tenemos tres hijos en común.

Y yo no sé cómo lo hace.

Puede que sea la persona que más admiro.

Nos levantamos a las 6:30.

Vestimos a los tres, les damos de desayunar,

los llevamos al colegio y cada uno hacemos nuestra labor.

Yo en el restaurante y ella en su empresa.

Y luego, ella, cuando sale de trabajar,

se tiene que preocupar de las actividades de los niños.

La ayudo en lo que puedo y siempre que puedo estoy,

pero no puedo estar todos los días.

Ella lleva un poco más el peso de los niños.

Para mí también ha sido una mujer muy importante

como mi abuela y mi madre.

Son las tres mujeres que han marcado mi vida hasta ese entonces.

Mi mujer es otra historia, otro tiempo, otra mentalidad.

Mi mujer, con 17 años, cogió la puerta,

se fue a trabajar, estuvo en el extranjero,

estuvo viviendo en Japón, en Viena.

Claro, mi mujer es del 66.

Estamos hablando ya de los años 90.

Es otro mundo el que se encuentra.

Me gusta rodearme de un tipo de mujer con mucho carácter.

Mi mujer es

una bomba andante.

Es reivindicativa,

peleona en todos estos aspectos.

Sí, sí que tuvo...

Nosotros tenemos dos hijos.

Candela, que tiene 22 años, y Mikel tiene 18.

Y sí que es verdad

que no fue sencillo tener hijos.

Mi hijo Mikel

nació con 800 gramos,

en fin,

es un milagro de la ciencia.

Y sí que es verdad que en ese momento tuvimos que plantearnos

si alguien tenía que renunciar

a parte de su vida profesional. Mi mujer es artista.

Tiene dos carreras y tal, pero la última que hizo

fue Bellas Artes y es artista.

Pero Mikel necesitaba

una atención

y sí que, durante una época de su vida,

la que tuvo que dejar más cosas a un lado

fue mi mujer.

Y es una cosa

que yo nunca le podré agradecer lo suficiente a mi mujer.

Su... Su generosidad.

Porque hubiese sido

perfectamente defendible

y loable que hubiese tenido otra reacción.

Y decir: "Oye, mi carrera es importante".

En fin, un poco más de pelea

o de llámalo como queráis.

Pero en su caso lo tuvo claro. Lo aceptó.

Sabía lo que perdía en el camino,

pero después, al final y viéndolo con perspectiva,

fue una buena decisión para todos

y ahí está mi hijo.

Y ya ella luego se reintegró a su carrera

y todo salió más o menos bien

dentro de una situación que nadie espera ni desea.

A veces se dice que la verdadera familia es

la que uno elige, sin que haya un vínculo genético.

Pero la unión que se establece con una hermana

es incomparable.

Mis hermanas han sido

la otra pieza fundamental de mi formación humana.

Irene, por un lado,

porque era la mayor, y Julia

porque ha sido la que se quedó más tiempo soltera,

incluso me ayudó a terminar

los estudios, me facilitó los medios económicos,

y siempre que han podido me han echado una mano.

Si no hubieran existido, yo no sería ni la mitad de lo que soy.

Estoy escribiendo la historia mi familia...

No la historia familia,

estoy escribiendo la historia de las mujeres de la familia.

Y cuento fundamentalmente cómo han sido

las generaciones por pares de la familia.

Empiezo con mi abuela y con mi tía abuela,

con Irene Alba y con Leocadia Alba.

Sigo con mi madre

y con mi tía, que son Irene Caba Alba y Julia Caba Alba.

Y termino con mis hermanas, con Irene

y Julia Gutiérrez Caba.

De mi sobrina Irene Escolar Navarro hablo muy poco porque no da tiempo

en el libro a hablar y porque es muy joven todavía

y tiene una carrera que hacer.

Al mismo tiempo es una catarsis de la familia.

De saber que ha habido unas personas muy importantes y generosas

y que han llevado a la familia al punto en el que está.

Yo siempre digo que agradezco a mis hermanos mayores,

a Jose y a María,

les agradezco el desgaste que produjeron en mis padres.

Yo era el tercero

y, cuando llegué a esa época de los 15 y 16 años,

mis padres estaban agotados, sobre todo

con mi hermana María, con lo cual,

tanto Begoña como yo salimos de rositas.

Mi hermana María fue adolescente en plenos 70.

Y claro, lo que vi yo, los enfrentamientos y las broncas

que había en casa con mi padre sobre todo

por temas de diferencia de trato.

Ella fue en mi casa la primera que empezó a reivindicar

un papel más igualitario de la mujer y de los hermanos.

Mi hermana María.

Y eso a mi hermana María le costó muchas broncas

y muchas peleas con mi padre sobre todo.

Yo tengo una visión muy divertida de este oficio

gracias a mi hermana Natalia.

Porque mi hermana Natalia, como luego se dedicó a otra cosa

y era menos empática con la profesión,

pues tenemos una visión muy irónica y divertida

de lo que nos parecía obviamente petardo de este trabajo.

Yo tengo una formación, un máster en ver

lo que era actor petardo y lo que era interesante.

Porque mi hermana y yo reíamos...

Natalia era una cosa... Es que nos meábamos de risa.

Simplemente viendo a un actor sobreactuar.

Yo siempre cuento una anécdota de una actriz.

Entonces se sobreactuaba un poco más.

Y tenía que decir simplemente: "Ya, pero sí, sí".

Y ella decía: "Pero 'sigi',... 'sigi'".

Mi hermana Natalia y yo

esperábamos el momento de la función

porque nos meábamos de risa. Era muy divertido.

He aprendido con Natalia a relativizar

este trabajo y para mí ha sido... Lo más sano

que yo tengo dentro para enfrentarme a este trabajo

es la mirada de mi hermana Natalia.

Bueno, Cayetana para mí es un ejemplo.

Para mí, Cayetana es la enana. Le digo enana

porque los hermanos somos siempre hermanos.

Es seis o siete años menor que yo.

Y, de adolescentes o cuando sus amigas querían ligar conmigo,

tal, yo que sé, pues mi hermana pequeña por el pasillo.

Pero, claro, para mí es mi hermana pequeña,

pero cuando yo veo empezar a crecer esa tarta,

cuando la veo, dije:

"Dios mío, qué titán".

Para mí fue... Cayetana es un estímulo de fuerza

y de valentía, de no amilanarse,

de fuerza, de sensatez,

para mí es un gran referente.

Yo tengo una hermana cuatro años menor que yo, se llama Merche.

Es madre de mis dos guapísimos sobrinos, Sergio y Candela.

Y a los dos nos han criado en la misma familia

y con las mismas atenciones.

Los dos tuvimos la mismas oportunidades

a la hora de estudiar. Mi padre es albañil.

No entraba un sueldo muy grande en casa,

pero mi padre sí que tuvo claro, me cogió un día del hombro y me dijo:

"Oye, estudia. Vas a tener la oportunidad

que no tuvieron tus padres".

"Estudia, porque haremos todos los esfuerzos

para que estudies". A mi hermana se le dijo lo mismo.

Yo hice una licenciatura

y mi hermana se sacó un módulo de enfermería.

Ella es enfermera y está trabajando

en una residencia de ancianos.

Es verdad que, de entrada, a ninguno de los dos

se nos marcó lo que teníamos que hacer.

A ninguno se nos dijo tira por aquí.

Tú tienes que ser médico o tú ingeniero.

Y tú, que eres mujer, dedícate a la educación infantil.

Eso no fue así. Pero mi hermana eligió esa rama

y ahí está, trabajando y ejerciendo.

Ella, a diferencia de mi madre,

sí que ha tenido la oportunidad de terminar unos estudios

y de sentirse autosuficiente laboralmente.

Las nuevas generaciones

de mujeres están más preparadas,

son más libres y alzan su voz con fuerza.

Tal y como están las cosas,

deberíamos buscar un sinónimo de futuro en femenino.

¿Qué les parece esperanza?

Una vez me dijeron que los padres educamos, no como queremos,

sino como podemos.

Hombre, yo creo que, al final,

a tus hijos, consciente o inconscientemente,

al final les siembras mucho.

Con Candela nunca he tenido la sensación

de que se haya enfrentado

a ningún tipo de discriminación por el hecho de ser mujer.

No creo.

Mi hija estudió en un colegio...

Bueno, iba a decir que en un colegio mixto.

Claro, eso viene de mi época, que yo no estudié en un colegio mixto.

Yo creo que la mayoría de los colegios son mixtos,

como debe ser.

Porque ahí empieza la educación en igualdad.

Y luego, en fin, ha estudiado lo que quería.

Se fue a una universidad,

ha estado estudiando en Bath

y ha trabajado no sé dónde.

En fin,

es maravilloso ver cómo andan por la vida.

Yo tengo un hijo de 15 años.

Y es muy interesante hablar de este tema de la igualdad.

Nosotros hablamos mucho de estos temas.

Para ellos esto ya empieza a desdibujarse, en esta generación.

Yo lo percibo como muy positivo.

Pero es muy importante que el trabajo nuestro

vaya dirigido a ellos.

A mis hijos, a nuestros hijos,

los educamos en igualdad de condiciones totalmente.

Y hacemos ese esfuerzo porque sea así.

Por ejemplo, el tema de los juguetes.

Parece que los coches son para los niños y las muñecas para las niñas.

En mi caso, mi hija Manuela,

siempre quiere jugar con los juguetes de su hermano,

con los coches, con los superhéroes y con todas estas cosas.

Y pasa de las muñecas.

Y a nosotros nos parece fenomenal

que juegue con lo que le dé la gana.

En el caso de las niñas, de las jovencitas que tengo cerca

por familia o por amistades,

claro, qué voy a decir, a mí me parecen las más lindas,

las más listas, las más preciosas de todas.

Tienen en común varias cosas.

Han sido educadas con mucho amor, han tenido esa suerte.

Entonces creo que lograrán trasmitir ese tipo de cuestiones.

Han recibido la importancia de ser independientes

y de tener sus estudios.

Me parece que eso es interesante.

Tengo la sensación de que van a vivir un mundo muy distinto al mío.

Pero que estarán a la altura.

La mayor es Daniela, el mediano es Mario y la pequeña es Paula.

Los estamos educando en igualdad.

Cada uno tiene su espacio, su espacio de juego,

van al mismo colegio,

hacemos actividades iguales para ellos.

Y hay una buena relación entre la mayor, el pequeño y la pequeña.

Se llevan muy bien porque, cuando son del mismo sexo,

hay más secretos. En este caso, en el mío,

se llevan fenomenal, como si fueran del mismo sexo.

Y es lo que intentamos, educarlos en igualdad.

En la cuestión de cómo educar a los hijos,

es que tampoco hay

una cuestión de educación, es algo innato.

Vives de una manera y los hijos se suben a ese carro

o te salen al revés. Es la realidad.

Los hijos son siempre diferentes,

pero yo solo he vivido en mundos de hombres.

He tenido hermanos, hijos y sobrinos. Para mí,

es curioso.

No sabría qué hacer con una niña.

Lola es lo más importante que tengo ahora mismo en mi vida.

Y es verdad, Lola llegó pronto.

Cuando Sara y yo pensamos que nos encantaría tener un hijo,

ya había apareció.

¿A qué mundo ha llegado? Como va cambiando todo

tan pronto, las nuevas tecnologías,

todo lo que gira alrededor de la mujer también,

porque al fin y al cabo ha nacido mujer.

Espero que, cuando ya empiece a necesitar

de esas oportunidades, no estemos hablando de lo mismo

que hablaron mi madre o mi abuela.

¿Qué querrá hacer mi Lola? Pues no lo sabemos.

Que sea lo que sea con quien quiera ser,

que ame a quien tenga que amar y haga lo que le dé la gana.

Yo, para eso, siempre tengo como referente a mi madre.

Y espero que Lola me llame cuando salga del trabajo

y me cuente cómo le ha ido con sus problemas.

No sé si llegará a la confianza de, cuando tenga pareja,

que me diga: "Oye, papá, me ha pasado esto".

Ojalá, ojalá.

Porque entonces yo le diré

lo que entienda en ese momento como consejo.

Pero jamás se me va a ocurrir decirle lo que tiene que hacer.

¿Cómo es el futuro que queremos

para las nuevas generaciones? A mí me gustaría

que pongamos los valores

para que haya la misma igualdad para todos.

-Para mí, el sueño de las mujeres

sería no tener que estar hablando de esto.

Yo creo que es fundamental

que el hombre juegue un papel

de colaborador

absolutamente,

de compañero y amigo.

La equidad absoluta es algo

que debe ser incuestionable.

-Si las mujeres estuvieran más

en los puestos importantes

de las empresas, de la política

y todo esto,

nos iría mejor.

-Avanzaremos cuando suene la palabra feminismo

y a todos se nos encienda en la cara una sonrisa y digamos: "Adelante".

Estamos dejando un mundo a personas

que van a ser inteligentes,

que van a ser capaces

y que van a tener muchas posibilidades.

-La dignidad humana está por encima

de los géneros. Es la dignidad

del ser humano y es una dignidad que debemos defender todos.

Retratos con alma - Programa 8

20 jun 2018

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