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No recomendado para menores de 16 años Reinas - Capítulo 5 - ver ahora
Transcripción completa

(ANNA) "No olvidemos que estamos casados".

-"Puede remediarse".

-Enhorabuena, lord Darnley, seréis rey por toda la eternidad.

¿Cómo va a matar al padre de su hijo?

Con la ayuda de Bothwell.

¡Que nadie se mueva!

Pues mira lo que hago con tus órdenes.

(Disparo)

(LLORA AMARGAMENTE)

El rey de España se va a hacer inmensamente rico

gracias a sus colonias.

No podemos permitirlo. No tenemos suficientes barcos.

Lo que hace falta, majestad, es saber emplearlos bien.

-Así tendremos la información necesaria

para evitar los abordajes.

(ISABEL) "El secretario del rey Felipe desea veros".

"¿Cómo ha llegado a tu poder?".

Fue hallado en la torre tras la fuga del príncipe Carlos.

Es el perfume de la reina.

Me maltratas y me humillas con tu actitud hacia otras mujeres.

"¿Y qué has pensado hacer con tu dama?".

Es la amante de mi marido.

El rumor es cierto.

"Vuestra prima va a volver a casarse".

(BOTHWELL) "Tu hermano puede desembarcar.

Su ejército es superior".

¡Por Escocia! -¡Por Escocia!

"No es un conflicto",

es una sublevación.

Los lores no lo reconocen como rey.

Podría enviarlo a un exilio temporal.

(MAITLAND) "Hay cambio de planes".

¿Qué? Iréis a un castillo de Loch Leven,

custodiada.

(BOTHWELL) "Volveré con refuerzos".

La fuerza y el valor de los guerreros escandinavos

es conocida en toda Europa. -Consideraos mi invitado.

Lord James, conde de Bothwell, quedáis detenido

por el asesinato del rey de Escocia, lord Darnley.

(MORAY) "Debes abdicar".

(MARY SETON) "Y vos",

el regente.

(MORAY) "Firma tu abdicación.

Encerradla".

Y que no tenga comunicación sin mi consentimiento.

De una forma u otra, pagaréis por esto.

(CORO, CANTAN EN LATÍN)

Las noticias son contradictorias, señor.

-Las mías no.

En los dos últimos meses,

9 galeones portugueses, 12 españoles y 6 franceses

han sido interceptados, todos cargados.

Los que no llevaban oro y especias, llevaban algodón...

Y todo eso lo ha hecho la reina Isabel, claro.

No hay ninguna prueba cierta.

Solo hay una forma de averiguarlo.

Escoltando nuestros navíos con galeones de la Armada

y apresando a los barcos piratas.

(ANTONIO PÉREZ) Buena idea.

Así vaciaremos antes las ya escuálidas arcas de su majestad.

Eso no ha tenido gracia.

-Majestad.

No pretendo ser indiscreto,

pero si vuestra pasada relación con la reina fue como dicen,

sería mejor una visita oficiosa.

Tengo que ir a poner orden en Flandes.

Esta sería una nueva oportunidad.

-¿Vuestra hermana? -Por supuesto.

Ha sido reina de Portugal.

La única mujer que ha sido admitida en la orden.

Y tiene experiencia de gobierno.

Y también me ayudará con el príncipe Carlos,

una de mis pesadillas.

(Fuego crepitando)

¿Seguimos sin noticias?

Hace más de un mes que recibimos la última.

Llevamos casi nueve encerrados en este lugar deprimente.

¿Hasta dónde va a poner Dios a prueba mi resistencia?

Mi señora, su destino es mantenerse fuerte,

por Escocia, por usted misma y por todos nosotros.

El no saber es más angustioso que las malas noticias.

Algo tiene que pasar.

Esto no se puede prolongar más tiempo.

Mi marido cayó en la trampa del virrey de Noruega.

Y ahora se encuentra encarcelado en Dinamarca.

-Esto es una ratonera, mi señora.

De la que hay que conseguir escapar, cueste lo que cueste.

Pero no sé cómo. -Somos un puñado de criados,

la mayoría mujeres,

contra casi un centenar de soldados, y ni siquiera estamos armados.

El hermano de mi carcelero...

-¿George Douglas?

Es el que manda en el castillo, ¿no es así?

-En ausencia de lord William, sí.

Decidle que quiero verlo.

-¿Para qué?

-Es un ser primitivo y brutal que solo obedece órdenes.

No conseguiremos nada. Haz lo que te pido.

-Mi señora.

-George Douglas es un auténtico patán.

Dicen que solo se encuentra cómodo en el campo de batalla.

No tengo alternativa.

Y te aseguro que no le soy indiferente.

No.

Por Dios, mi señora,

no hagáis algo así. Tranquilízate.

La intención no significa que lo consiga.

Pero ¿y si os hace daño?

Es hombre libidinoso,

con mucha soledad acumulada;

pero respeta mi condición de reina.

Creo que lo podré manejar.

Me horroriza solo pensarlo.

Se me está agotando el tiempo.

Cada vez tengo menos que perder,

y debo agotar cualquier posibilidad.

(Llaman a la puerta)

No lo haga. Déjeme a mí.

Este animal,

si cede solo lo hará para cobrarse una pieza de caza mayor.

Conozco al personaje.

(Puerta abriéndose)

(Puerta cerrándose)

-¿Me habéis mandado llamar? Así es.

Hace tiempo que no hablamos,

y la soledad y la rutina me están haciendo mella.

Sentaos, por favor.

Mary, déjanos solos.

(Puerta abriéndose)

(Puerta cerrándose)

(Copa rellenándose)

¿Vino? Sí, gracias.

En los peores momentos suele ser el mejor compañero.

Por vos, señora.

Que vuestros problemas no destruyan tanta belleza.

Gracias, George.

¿Os puedo llamar George?

Por supuesto.

Alguien que ha dedicado gran parte de su existencia

en los campos de batalla

debe de poseer un gran sentido de la justicia.

¿No estoy en lo cierto?

También puede ser un sanguinario que disfruta matando.

¿Así se define, George? Yo no.

Pero tanto los que me rodean como mi propia familia

creen que mi única habilidad es con la espada y la ballesta

haciendo rodar cabezas.

Entonces le pido perdón.

No entiendo.

En nuestros breves encuentros os imaginé diferente,

pero si es así como os definís, esta visita no tiene sentido.

¿Qué esperabais de mí?

A un hombre tan masculino como íntegro,

y que me miraba con una intensidad que yo interpreté erróneamente.

Os vuelvo a pedir perdón.

No os habéis equivocado.

Desde que os conocí, habéis sido el objeto de mi deseo

y mi desasosiego.

Les dije a mis soldados que si os pasaba algo,

lo pagarían con su vida.

Destino cruel. ¿Qué queréis decir?

Estamos los dos encerrados en una terrible prisión.

Vos, víctima de la incomprensión y el desprecio

de vuestra propia gente;

y yo, víctima de intrigas políticas y ambiciones inhumanas.

Nunca pensé poder hacer esto.

Vuestro olor me trastorna.

Y yo, como católica y reina, debo ser honesta.

Dejadme disfrutar el momento.

Si me entrego a vos,

sería la primera y la última vez.

¿Por qué?

Porque no tendría alternativa.

O me dejáis escapar...

o tendré que matarme.

¿Mataros?

Jamás.

"Tiamus".

"Migratiónibus".

Hermano, disculpa la tardanza.

Tenía que terminar unas labores.

Pero te he traído esto, que sé que te encanta,

para que me perdones.

Juan y María.

Portugal ha perdido a una reina,

pero yo he recuperado a dos hermanas

y España, a una maravillosa regenta.

¿Cómo? Tengo que viajar,

y mi ausencia se puede prolongar.

Sería mi deseo que te encargaras del gobierno

durante el tiempo que dure la... -Majestad.

¿Dais vuestro permiso...?

Disculpad. -Isabel.

¿Me buscabas a mí o a mi hermana?

-Pues la verdad es que...

-La verdad es que siendo una de mis principales damas de honor,

y por la forma en que has entrado...

Hermana, realmente... Di lo que has sabido,

que mi sobrino está enfermo en Lisboa.

Ya me lo han comunicado.

Se curará de la tosferina y se recuperará pronto.

Puedes retirarte.

-Majestad.

Señora.

(Puerta cerrándose)

-Tu esposa, nuestra querida Isabel,

está pasando por un momento personal difícil.

El mío tampoco es fácil.

Necesito un heredero varón y me ha dado dos hijas,

a quienes adoro, pero... Pero la solución no es un bastardo.

Duras palabras, hermana.

Si me consideras con la capacidad suficiente

para regentar tu imperio,

comprenderás que, desde el respeto y el cariño,

no pueda ignorar lo que está ocurriendo.

¿Qué está ocurriendo?

Isabel llenó la corte de alegría, de cultura francesa,

y, a pesar de ser el vuestro

un matrimonio concertado entre casas reales,

llegasteis a parecer la pareja perfecta.

Y así es. Así fue.

Ahora Isabel es un alma en pena que no encuentra su sitio,

y tú, un rey abrumado por enormes responsabilidades

que busca compensaciones en terrenos pantanosos.

No entiendo lo que dices ni tampoco te quiero entender.

Yo no haría nada que fuera contra los designios de Dios.

Sería conveniente que trasladase a mi dama Isabel de Osorio

con sus dos hijos

a un lugar en que los niños se educaran

sin la rígida influencia de la corte.

Y que ayudaras a tu hijo, el príncipe Carlos,

y a tu esposa Isabel a tener una vida serena.

Nunca he dejado de hacerlo.

Ella no lo ve así.

Seguro que tanto ella como tú

resolveréis los errores que puedan haceros infelices

y separan vuestros destinos.

Mi rey.

Haré todo lo que esté en mi mano.

Gracias por la regencia, hermano, la acepto gustosamente.

Mujeres...

(Trinos)

Estos tonos vivos contrastarán con su vestimenta.

Felipe siempre va de negro.

Qué belleza. No sabía que íbamos de fiesta.

El rey de España va a venir a verme.

¿Esta noche?

Claro que no. Estás espectacular.

Es de los pocos hombres con los que me hubiera casado.

Él te lo pidió.

Y convenció a mi hermanastra de reincorporarme a su corte.

Por alguna razón, siempre ha estado de mi parte.

Solo puede ser por interés, despecho, amor...

¿Por qué no te casaste con él?

Acabábamos de enterrar a su esposa.

Y además, si quería sobrevivir, solo podíamos ser amantes.

Nada más.

Te admiro, querida.

Aunque creo que tienes un arduo camino ante ti.

Depende.

Los papeles de reina y esposa, eso es del todo imposible.

Tu visita a estas horas me anuncia algún problema.

¿No es así?

¿Tu salud ha vuelto a resentirse?

A quienes me quieren ver muerta diles que tendrán que esperar.

Mi marido nunca contaría esto, pero yo soy sobre todo tu amiga

y no tengo más remedio.

Al tema, por favor.

Tras haberte concedido el dinero que solicitaste,

el parlamento se ha retractado.

Quieren acabar con mi vida de lujos.

Por tu viruela.

Estoy curada. Pero eres humana,

y para ellos, vulnerable.

He sobrevivido a mi hermana,

a la torre, a conjuros, hasta al mal de amores.

He podido y seguiré pudiendo con todo.

Incluso con esto.

¿Y ese cadáver?

El peaje de vuestra libertad.

Esperemos que se quede solo en eso. Vamos, no hay tiempo que perder.

Pronto descubrirán vuestra ausencia. ¿Qué significa esto?

-¿Venís con nosotros?

-Si me quedo, soy hombre muerto.

Os advertí que no podríais esperar nada más de mí.

¿Ni salvar mi vida cuando la he puesto en juego

por salvar la vuestra?

Está bien, que se cumplan los designios del Señor.

¡Rápido, vamos!

¡Oh! ¿Qué has hecho? -No necesitamos más problemas.

Su hermano vendría a buscarlo con sus soldados.

Pero no podemos dejarlo así. Señora, usted ya ha hecho bastante.

Vamos.

Dame esto.

¡Rápido, vamos, vamos!

(HOMBRE) Remad. (MARY SETON) Remad.

Necesito poner fin a esta situación.

Es insoportable.

Has cometido tu última fechoría.

A partir de hoy serás confinado en la torre,

sin correspondencia y sin ninguna comunicación con el exterior.

Me tiraron un balde de agua sucia, ¿es que no lo sabes?

No puedes ir incendiando las casas de nuestros súbditos,

y mucho menos con ellos dentro.

Eres un cínico.

Tú los desprecias más que yo.

Encerradlo, vamos.

Mándame una de tus malditas momias incorruptas

para entretenerme.

¡Oh, Juan de Austria! Otro gran lameculos.

-Perdón, majestad.

¿Sí?

Noticias de Escocia.

La reina María escapó de su cautiverio.

¿Adónde? No lo sabemos, majestad.

No habrá muerto, ¿verdad?

Intentad contactar con ella

y prestadle toda la ayuda necesaria.

Lord Maitland me lo entregó personalmente.

-Oh.

Si nos hubiéramos librado de esa zorra...

cuando yo lo dije...

¡Maldita sea!

Id a descansar.

Os daré una respuesta cuando hable con la reina.

¿La reina está sola?

Majestad, disculpad mi intromisión,

pero traigo importantes noticias de Escocia.

Espero que justifique su inoportunidad.

(GEORGE DOUGLAS) "¡Soltadme, canallas!".

¡Habéis sido mis compañeros en 1000 batallas!

¡Cobardes! ¡Traidores, bastardos!

-No lo hagas más difícil.

-Hermano, líbrame de esta vergüenza.

-¿Cómo osas hablar tú de traición y vergüenza?

-¿Serás capaz de matar a tu hermano?

-Te has matado tú solo.

La hombría no radica en los testículos,

sino en responsabilidad y lealtad. -No lo prolonguéis por más tiempo.

Es patético.

Vuestro hermano nos ha puesto en ridículo,

además de en peligro. -¡Dejad de presionarme!

En mi casa decido yo. -Hasta ahora

ha decidido mi hermana

y la evidente debilidad de vuestro hermano.

-No hagas caso a sus palabras.

Te sirvo mejor batallando que muerto.

-¿Cómo pudiste dejarte engatusar así? -Decidid, lord Douglas.

¿Sois fiel a Escocia...

o a un hermano en celo, descerebrado y débil?

-¿Débil? -¡Basta!

-¡Hijo de perra! -Basta.

-Déjame morir con dignidad,

en el campo de batalla.

¡Soy un soldado!

-Se me parte el corazón.

Que Dios nos perdone.

¡Rápido, proceded!

-Adiós, hermano.

(Hachazo, sangre vertiéndose)

-Yo ya he cumplido con mi hermano.

Ahora, quiero a mis pies la cabeza de la vuestra.

Y que la maldición caiga sobre el responsable de esta locura.

No olvidéis las capas.

Voy a países más fríos que España.

¡Isabel!

María.

¿A qué debo tan placentera visita?

Ardías en deseos de vernos, ¿a que sí, hermano?

-Sabes que me encanta ayudarte con tu equipaje.

Esta vez es un largo viaje.

Ya lo veo.

Pero deberás estar en contacto permanente.

Pues claro. Sabrás que María será mi regente

y cualquier... -Esta vez, la primera comunicación

deberá ser con ella.

¿Me he perdido algo?

Esta es tu oportunidad. ¿Oportunidad de qué?

Hay que ver lo torpes que pueden ser los hombres,

incluso siendo reyes.

-El varón que completará nuestra familia

puede estar en camino.

¡Un heredero!

Pero... ¿cómo no me lo has dicho antes?

Qué pregunta... Porque antes no estaba embarazada.

No es uno de tus alquimistas astrólogos.

En unos seis meses llenará el Alcázar de dicha.

Bendito sea Dios.

Acortaré mi viaje todo lo que pueda.

-¿Adónde vas? Primero a Amberes, luego a Londres.

Debo detener a Isabel antes de que sea tarde.

-Cuídate mucho.

Y tú, mi querida esposa.

Bueno, los dos. -Los cuatro, dirás.

Qué feliz soy.

Tomad, mi reina.

-¿Qué...? ¿Qué es esto?

¿No lo reconoces?

Es uno de tus pañuelos.

Fue hallado... en un lugar inoportuno.

Por favor, durante mi ausencia, no lo vuelvas a perder.

Esa aventura con el siempre ambicioso Dudley

no ha ayudado mucho.

-¿Y qué te esperabas?

Le hiciste quedar como un necio.

-Era el mayor necio de la corte, idóneo para la misión.

-El favorito de la reina es un asunto grave que contemplar.

Deberías permitirle sus deslices.

Dios sabe que no querría ser reina ni por todo el oro del mundo.

-¿Y por qué los demás sí? ¿Por qué lo desean todos tantísimo?

-Está en la sangre, supongo.

Los que no lo tienen, lo anhelan.

El mundo es así, William, siempre lo ha sido.

-Esa maldita reunión con Felipe es una farsa.

Dios sabe que necesita un marido, pero no a cualquier precio.

-Felipe es un buen partido, lo fue antes y lo es ahora.

-¿Cómo puedes contemplar esa posibilidad?

¿Casarse con el católico más poderoso del mundo?

Oh, Dios bendito.

-Es mejor aliado que enemigo.

Y además es rico. -Bah, apariencias.

Su imperio se está desmembrando.

Esos piratas no dejan entrar naves con tesoros en Cádiz hace meses.

-Esos piratas...

Llámalos por su nombre. -Yo administro el dinero,

no pregunto por su origen.

-Hipócrita. Escucha lo que dices. -Mejor que escucharte a ti...

Te he oído.

Si no recuerdo mal,

¿no es un vestido distinto al que escogisteis

para recibir a su majestad? -Parecéis una novia.

-Yo lo veo algo excesivo para un encuentro diplomático.

Bueno, si el encuentro va más, no tengo más que quitármelo.

-No olvidemos que ya os pidió matrimonio una vez.

Bueno, no es probable mientras su mujer aún viva.

-Siempre podéis ser su amante.

Mildred, por favor.

Oh, perdonad, majestad.

Es que no conozco parejas fieles desde que estoy en la corte.

-Ya sabéis a qué viene, majestad.

(MELVILLE) "Su majestad, la reina".

-Bienvenida, majestad.

Gracias, lord Yester. Ha sido un duro y largo viaje.

Que no se refleja en vuestro magnífico aspecto.

Estáis pletórica. Y dispuesta a luchar.

-Teniendo por enemigo a vuestro sanguinario hermano.

Medio hermano.

El resentimiento y la ambición lo han convertido en un canalla.

Con todo respeto, majestad, todos nos preguntamos lo mismo.

Os escucho.

Sabiendo que él tomaría el poder... ¿Cómo pude abdicar en mi hijo,

siendo un bebé? (YESTER) Perdonad la osadía.

Tanto mi vida como la de mi hijo corrían peligro.

-Así pasó, es un hecho.

Seamos prácticos.

Veo con sorpresa y satisfacción

algunos protestantes entre vosotros.

Es una reunión política, no religiosa.

Es un hecho de justicia reconoceros como la legítima reina de Escocia.

Me dais mucha fuerza para defender la libertad y la tolerancia.

El trono de Escocia se ha convertido

en el deseo de mucha perversidad.

-Cuando supimos que habíais conseguido escapar,

redactamos este escrito de adhesión a vuestra causa.

-Está firmado por ocho condes, nueve obispos,

18 lores, 12 abades y casi un centenar de barones.

Conde de Argyll, estáis al mando del Ejército, ¿no es así?

-En vuestro nombre, sí, majestad.

¿Cuántos soldados tenemos? Unos 5000.

Serían 8000 si no hubieran tendido una trampa a mi marido.

Se hace duro.

Y sigue preso en Dinamarca. Lo salvaremos.

Es cuestión de estrategia.

Aún faltan lores y barones por llegar.

Reuniremos cerca de 6000 hombres.

-No, el problema no es el número, es la dotación.

-El Ejército de Moray tiene mosquetes y cañones.

¿Y nosotros? -Nuestros soldados luchan

con espadas y picas.

Los que esquiven el fuego enemigo,

apenas podrán combatir cuerpo a cuerpo.

Esas armas modernas provienen del dinero de mi prima Isabel.

Todo está perdido. De nada sirve lamentarse.

Hay que idear un plan estratégico.

Y cuanto antes, mejor.

(FLEMING) Depende.

A veces, la inteligencia y la estrategia

ganan más batallas que la fuerza. -Recordad el Caballo de Troya.

¿Qué sugerís?

-Como sabéis, soy el propietario del castillo de Dumbarton.

Lo recuerdo perfectamente.

Cuando era niña, pasé allí los últimos días

antes de partir a Francia.

Es una fortaleza inexpugnable.

Bien pertrechado, nuestro ejército podría resistir años de asedio.

¿Acabo de escapar de una prisión y me invitáis a encerrarme en otra

con la única esperanza de que nos salve el tiempo?

Somos muy vulnerables en campo abierto.

En Dumbarton tendremos más posibilidades y ganaremos tiempo.

-Es más que una buena idea, es la única.

Atraeremos al grueso del ejército de Moray

y una vez allí concentrado,

los aliados atacarán por la retaguardia.

-En meses, Escocia volvería a ser nuestra.

-Dumbarton no os fallará, majestad. Os lo garantizo.

Entonces en marcha. El tiempo es oro.

-Dios salve a María Estuardo, reina de Escocia.

(TODOS) ¡Dios salve a la reina!

¿Qué sucede? ¿Dónde está la reina?

-En la alcoba.

-¿Vistiéndose?

-Y torturándome.

-El rey Felipe lleva una hora esperando.

-Si tuviera más dignidad que yo, se iría.

-Amigo Hatton, estar celoso de un rey

y en tiempo de guerra es una necedad.

Además, está felizmente casado.

-Eso puede ser un problema para él, pero no para ella.

Quiere estar sola.

-La mujer, tal vez, pero la reina no se lo puede permitir.

Majestad.

(SUSPIRA) Lo sé.

Al rey más poderoso de Europa no se le puede hacer esperar.

Y menos cuando nuestros barcos atacan los mercantes españoles

y financias la revuelta contra él en los Países Bajos.

Nada de lo que dices es oficialmente demostrable.

Siempre creí

que conservabas su retrato en tus aposentos por cortesía.

Pero ahora veo que hay mucho más.

Tengo mucho que agradecerle.

Me liberó de la Torre.

Si menciona tus piratas y la financiación de sus enemigos,

deberás ser muy persuasiva

para convencerlo de tu agradecimiento.

Estoy obligada a cumplir con mi deber como reina.

No puedo ignorar mis deseos. Yo...

A veces creo que me voy a volver loca.

Lo estás haciendo de maravilla

y la prueba es

la situación financiera y estratégica de Inglaterra.

Por la que pago un altísimo precio.

Isabel,

me he permitido decirle al rey Felipe que no te encuentras bien

y que por tratarse de él, preferirías recibirlo ¿en privado?

Solo a una mujer se le habría ocurrido.

¿Dónde está?

En el Salón de Audiencias.

Tráemelo.

(Relincho)

El ejército de Kirkcaldy controla la aldea de Langside, mi señora.

¿Cuántos hombres? Imposible saberlo.

Están apostados en la ribera del río Clyde.

¿Creéis que podremos cruzar el río sin entablar batalla?

Mi señora, lo dudo mucho.

Gracias, Lord Argyll.

-No podemos retroceder.

El ejército del conde de Morton nos pisa los talones.

Y no creo que Moray ande muy lejos con el resto de sus fieles.

¿Vos qué opináis, conde?

-La única posibilidad de llegar a Dumbarton

es cruzando el río Clyde,

aun a riesgo de sufrir cuantiosas bajas.

No querría sacrificar vidas en un esfuerzo inútil.

Si retrocedemos,

el ejército del conde de Morton nos masacrará a campo abierto.

Hay que romper el frente de Kirkcaldy.

¿Y si no lo rompemos? Que Dios nos proteja.

Por favor, dejadme sola.

(Puerta abriéndose)

Permitidme presentaros a Christopher Hatton.

-Majestad.

-Y a Lady Anne y Lady Cristina,

que gozan de la confianza de la reina.

Espero que mi visita no haya sido inoportuna.

No os preocupéis, majestad.

La reina y yo somos buenos amigos.

De haber sabido de su enfermedad, la habría pospuesto.

Felipe.

Isabel.

Lamento no haber podido recibiros en el salón,

pero estoy indispuesta.

Dejadme ver.

Pues no sé qué enfermedad tendréis,

pero os sienta muy bien.

No os curéis nunca.

Majestades, seguro que tendréis mucho de qué hablar.

Si excusáis nuestra presencia...

Por supuesto.

Cuando alguien como tú ha significado tanto en mi vida,

prefiero no volver a verla.

Si solo has venido por razones de estado,

prefiero que no me lo digas.

Nunca sabemos la verdadera razón por la que hacemos las cosas.

Haré como que no he oído esa descortesía.

No llames a la sinceridad descortesía.

Te amé durante años.

Y por eso decidiste no casarte conmigo.

Permíteme que no te crea.

Los monarcas ni podemos ni debemos casarnos

con quien nos provoca las más fuertes pasiones.

Por eso tú tienes esposa y amante.

Querida Isabel.

Solo una pregunta que me ha torturado muchos años.

Sea cual sea, me apena de veras.

Ya tenías un primogénito.

El príncipe Carlos.

Conque una posible esterilidad

no te hubiera hecho repudiar a la reina de Inglaterra.

No. Fue su protestantismo lo que repudié.

El rey más católico de España.

Lo imaginaba.

Ven conmigo.

Me has acompañado todo este tiempo.

Nunca lo habría imaginado. Está claro.

¿Qué quieres que haga con esto?

Que os vayáis los dos con Dios.

El hombre y el rey.

Pero, Isabel...

Y la guerra con Francia

y tu ayuda a mis enemigos de los Países Bajos

y tus barcos piratas expoliando mi flota.

Tengo entendido que tu Dios te da instrucciones directamente.

Consúltale. Yo no llego a tanto.

Isabel, nunca olvides que como rey tengo grandes obligaciones.

Pues cumple con ellas.

No tengo la menor idea de lo que me acusas.

Como quieras.

Conoces el camino.

La mujer nunca debe decidir por encima de la reina.

Adiós, Isabel.

Adiós...

(Puerta abriéndose)

Majestad.

(Multitud, disparos)

(Explosiones, gritos)

(Gritos, disparos)

(Disparos)

Huid, majestad.

¡Huid!

Protegedla con vuestra vida.

María ha vuelto a escapar.

-Es escurridiza. Capitán, corred la voz.

Un título nobiliario y tierras para quien me traiga a María.

-¿Viva o muerta, señor?

-Me da igual.

(Disparo, grito)

¡Corred! ¡Yo los entretendré!

(Disparo)

Eh.

Eh. -Eh.

Por favor, por favor.

(HOMBRES RÍEN) Por favor.

¡Por favor!

Ven aquí.

Por favor.

-Se acabó la carrera, su majestad. Si me dejáis libre, os haré ricos.

¿Lleváis el dinero encima? Entonces no hay trato.

-Nunca he fornicado con una reina. ¿Y tú?

Alto.

-Hay que llevársela a Moray. -Bueno, han dicho viva o muerta.

Y sería un desperdicio no aprovechar la ocasión

antes de rebanarle el pescuezo. ¡No!

¡No lo pongas más difícil, joder!

(Dos disparos)

-¿Estáis bien, majestad?

Ahora sí, gracias a vos.

Os llevaremos a un lugar seguro, majestad.

Creo que ya no queda un lugar seguro para mí en Escocia.

He sido derrotada demasiadas veces.

Muchos combatiremos hasta la muerte por vos, majestad.

De momento, os necesito vivo, lord Hamilton.

¡Bendito sea Dios! ¡Qué alegría!

-Parece un milagro. Os creíamos prisionera o peor.

Estos lores obraron el milagro. Son héroes.

-Es muy fuerte. Agua y comida para nuestra reina.

Ha cabalgado horas sin descanso. -Sentaos, mi señora.

-¡Qué felicidad!

De nuevo con mi señora, y está viva.

Viva, pero destruida y vencida. -No habléis así.

No tengo escapatoria.

(HAMILTON) Hemos perdido la batalla, no la guerra.

Si me rindo, mi medio hermano me volverá a encerrar

y tarde o temprano se deshará de mí.

Los clanes se rearmarán pronto y tendréis un ejército de nuevo.

Nadie acompaña a los débiles y derrotados.

(SETON) Sois la reina

y nos encargaremos de protegeros hasta que cambien las tornas.

Seamos realistas.

No tenemos nada para contrarrestar a nuestro enemigo.

-Seguro que los reyes de Francia o España

pueden conseguirnos las armas necesarias.

Francia está inmersa en una sangrienta guerra civil

y España...

España tiene frentes abiertos en medio mundo.

Flandes, el más cercano.

¿Y qué pensáis hacer?

Si no puedes con todos tus enemigos,

pacta con el que te sea más útil.

Traedme papel y tinta.

¿Sinceramente esperas que me coma esto?

Las truchas están nadando en grasa.

¿Qué ocurre?

-La reina no está de buen humor.

Esto es una porquería.

-¿La comida no es de vuestro agrado, majestad?

Qué pregunta más imbécil. ¿No me habéis oído?

Sentaos y comed.

Eh. No, no tengo apetito, majestad.

Os he dicho que comáis.

Yo lo encuentro bien, majestad.

Porque vuestro paladar está tan atrofiado

como vuestro sentido de la fidelidad.

Sosegaos, majestad.

No hay en toda Inglaterra nadie más fiel que yo.

Estoy perdida.

Si me dijerais que os pasa, podríais sentiros mejor.

Cínico, maquiavélico y retorcido.

Decidme, ¿dónde está María?

¿María?

Sí, María. María Estuardo, mi prima, vuestra pesadilla.

No lo sé. Bueno, en realidad no lo sabe nadie.

Ese es el problema.

Es inmune a las traiciones, a los encierros,

a los abortos, a los maridos degenerados

y hasta a los cañonazos de Moray,

que nos han costado una fortuna para nada.

No encuentro razones que fundamenten vuestros temores.

Mis temores.

Ni os los imagináis, y tampoco sus consecuencias, lord Cecil.

Os ruego, majestad, que seáis más explícita.

¡Quiere mi corona!

Y hará cualquier cosa para destronarme.

Es indestructible

y yo estoy rodeada de traidores y de inútiles.

Os equivocáis,

es frágil y vulnerable.

Seguramente habrá huido a Francia

y no tendréis que preocuparos de ella.

Mi instinto me dice que cada vez la tengo más cerca.

-Vuestro cocinero, majestad.

Respondedme a una pregunta.

¿Por qué habéis intentado envenenarme?

-Pero, majestad, ¿yo, envenenaros?

Esta comida es una bazofia que ni los cerdos se la comerían.

Lord Cecil, cortadle la cabeza.

-Pero, majestad. Por favor, tranquilizaos.

Es el mejor cocinero que tenéis.

Lleva con nosotros más de diez años.

Tiempo suficiente.

Hay que cambiar el menú y, ya puestos, las cocinas.

Cortadle la cabeza, lord Cecil, no me hagáis enfadar más.

-¡Majestad! ¡Majestad! Una carta de vuestra prima María.

Dádmela.

Lord Cecil, preparad a vuestros mejores hombres.

Nos vamos de viaje.

-Volved a las cocinas.

Casi siete años que regresé a Escocia

con la intención de reinar y servir a mi país.

Pero han sido siete años de sufrimiento, traición y muerte.

Si nada más llegar hubierais desterrado a vuestro hermano,

quizá todo hubiera sido distinto.

He cometido muchos errores. Ahora no sirve de nada lamentarse.

Tengo miedo por vos, majestad.

Inglaterra no es buen sitio para refugiarnos.

Lo sé, pero es el único que nos queda.

-¿No habría sido mejor que Lord Hamilton nos acompañara?

No quiero que cualquier movimiento mío se considere una amenaza.

Además, en el norte de Inglaterra

aún hay buenos católicos que nos ayudarán.

-Regresaremos, majestad.

La cabeza me dice que sí,

pero el corazón me augura algo bien distinto.

Es imprudente, inoportuno e innecesario.

Cuando os ponéis profundo, me encanta llevaros la contraria.

Vuestra prima es una proscrita. Vos podríais ser un conspirador

acusado de alta traición a punto de ser ejecutado,

pero ninguna opción es del todo cierta.

¿Conspirador?

No os ofendáis. Los cortesanos lo lleváis en los genes.

Y los reyes, la imprudencia. Por eso estoy yo aquí.

No me digáis que no os da morbo volver a ver a mi prima.

Sinceramente, no, y menos en estas circunstancias.

Mentís. Siempre la habéis querido ver muerta.

Y ahora vendrá por lo menos agonizante.

Así que ¿la queréis torturar?

Solo la quiero escuchar.

Me interesa esa mujer y cómo se ha podido librar de su encierro.

Bueno, seguro que enamoró al carcelero.

No sé a quién le molestan más los encantos de mi prima.

Si a vos o a mí. Es la representación viva

de la indecencia y la inmoralidad de los católicos.

Realmente, no veo tan indecente fornicar con tu carcelero.

Majestad.

Encerrada, se genera una fuerte dependencia con tu vigilante.

¿Era atractivo?

¿Quién?

No importa. La ayudó a escapar. Objetivo cumplido.

Qué habilidad para coleccionar hombres.

Este la duró muy poco. Moray lo decapitó.

Qué desperdicio.

Otro que no volverá a recuperar la razón.

¿Seguís en contacto con Moray? Por supuesto.

Ahora como regente de Escocia está obligado a ser nuestro aliado.

¿Y qué ha sido del cornudo? ¿Perdón?

De Bothwell. Aparece y desaparece en los momentos más inoportunos.

Lo apresaron y está encarcelado en Dinamarca.

Este encuentro no tiene sentido.

María está acabada.

Una leona herida y acorralada puede resultar más peligrosa.

Querida prima, qué alegría volver a verte.

Sí, y viva. Yo también lo celebro.

¿Cómo?

Me cuentan que no te ha resultado fácil llegar aquí.

Ha sido todo tan injusto, tan cruel,

que te ruego me ayudes a librarme de mis enemigos,

que también son los tuyos.

Querida, en estos tiempos los enemigos se convierten en aliados

según quién sea el más fuerte.

¿Entonces no vas a ayudarme?

¿Qué necesitas?

Necesito recuperar mi trono.

¿Y sin cambiar de religión?

La religión no es como la ropa interior,

que te la cambias a tu antojo.

Pues tienes todo mi apoyo moral.

Necesito dinero, un ejército y tu complicidad.

¿Dinero?

Nuestras arcas están tan necesitadas de recursos

como su majestad lo está de ayuda.

La creíamos en Francia. Hubiera sido una sabia decisión.

¿Tenemos que hablar en presencia de este personaje?

Es mi consejero.

E instigador y cómplice de mis enemigos.

Solo por curiosidad, prima.

¿Tan poco os gustó mi querido amigo Lord Darnley

para que primero le desposarais y luego le mandaseis matar?

Eso es incierto, además de ser una provocación.

No lo veáis así.

Si os resultó tan inútil como marido, yo habría actuado igual.

Murió por una explosión mientras dormía.

Obviamente dormía solo.

Estábamos pasando una crisis.

Él necesitaba un tiempo de reflexión.

Una reflexión que lo hizo saltar por los aires.

No he venido para ser juzgada por un crimen que no he cometido.

Estamos seguros de que la pólvora no fue su majestad quien la puso.

Esto es intolerable.

No te alteres, querida. Es simple curiosidad.

Yo cuando me aburro de mis amantes los alejo de aquí,

pero no los mato.

He dicho que yo no tuve nada que ver.

Y yo te digo que no me creo ni una palabra.

Y me costaría muchísimo ayudar a una asesina.

Júralo por Dios o no tendrás de mí más que mi desprecio.

Te necesito. Sin tu ayuda, acabarán conmigo y con mi hijo.

Te ruego que me ayudes.

Eres mi única solución. Mi familia, mi prima.

¿Quién mató a tu esposo?

Bothwell.

Con quien casualmente te casaste inmediatamente después.

No tuve opción.

Me secuestró, me violó

y me obligó a casarme con él.

Eso resultaría insostenible ante un tribunal.

¿Un tribunal?

Es que me obligas a pensar rápido y tengo que protegerme.

Pero protegerte ¿de qué?

Estamos en Inglaterra. Aquí yo soy la reina.

Y no puedo ser cómplice de un asesinato.

Prima, ¿qué queréis decir?

Tranquila, con mi decisión, y porque eres mi prima,

debo protegernos a las dos.

Has abdicado.

A partir de este momento, sigues siendo mi querida prima,

pero no tengo más remedio que hacerte mi prisionera.

¿Tu qué? ¿Te has vuelto loca? Soy la reina de Escocia.

Eras.

Solo te podré ayudar reteniéndote en el castillo de Sheffield

hasta que un tribunal te declare inocente

o reniegues de una religión que no ha hecho más que darte problemas.

¡Eres una maldita bastarda!

¿Repíteme eso?

Que eres una resentida malnacida.

Veo que tenemos un problema de comunicación.

Arrodíllate.

Antes muerta.

¡Soldados!

Esta mujer ha ofendido gravemente a vuestra reina.

Arrodíllate.

Arrodíllate.

Ahora me doy cuenta de que era verdad que tu amargura,

tus enfermedades y tu incapacidad para amar

te han convertido en un ser retorcido y más que miserable.

No vas a poder conmigo, prima.

Espero que Dios te perdone.

No podemos negar la evidencia: estamos en guerra.

Si controláramos Inglaterra,

controlaríamos el océano Atlántico.

No soporto el aislamiento.

Puedo hacer lo que me plazca.

Este será el mayor triunfo de Isabel.

-¿Exhibir sus vestidos por todo el país?

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Reinas - Capítulo 5

21 feb 2017

Con apenas un año de edad Jacobo VI es coronado rey de Escocia mientras su madre, María Estuardo, cautiva y desposeída de su corona prepara su evasión de la fortaleza de Loch Leven. La reina Isabel I de Inglaterra mantendrá un encuentro con Felipe II.
María encontrará ayuda para escapar de su prisión y, una vez libre, intrigará con sus partidarios para recuperar su reino. La reina Isabel I de Inglaterra recibe con inquietud las noticias del reino vecino.
Mientras tanto, en España, Felipe tendrá que tomar decisiones drásticas sobre su familia y preparará su viaje a Flandes, con parada intermedia en Inglaterra para saludar a su antigua amiga. Poco antes, su esposa Isabel de Valois le da la noticia de está embarazada. Pronto podría tener a su esperado heredero.
Una vez libre, María buscará la ayuda de la reina de Inglaterra en un tenso encuentro entre ambas.

Contenido disponible hasta el 21 de febrero de 2027

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