www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.12.2/js
3914958
No recomendado para menores de 16 años Reinas - Capítulo 4: Venganza. El Informe Rosso - ver ahora
Transcripción completa

"María ya tiene un pretendiente: lord Darnley".

-O me consigues los poderes de auténtico rey

o juro que haré que te arrepientas.

-Está descontrolado. Ya no lo necesitamos.

El futuro rey de Escocia está en camino.

-Tenemos que hablar.

¿Qué hacéis? -¿Lord Maitland?

Proceded.

¿Os habéis vuelto loco?

¡No, por favor! -Acabad con él.

(CECIL) "Rizzio ha muerto. ¿Y ella?".

(CECIL) "Ha controlado la rebelión con ayuda de Bothwell".

Nos hemos librado del espía del papa,

pero seguimos sin controlar Escocia.

"Sois la vergüenza de la Corona".

Una semana de encierro en la torre te tranquilizará.

Pasas mucho tiempo con él, demasiado para mi gusto.

"Las murmuraciones que llegan son traición".

-Ni una palabra de mi visita.

Una persona ha venido a veros y a haceros una propuesta.

-Soy el barón de Montigny.

"Un carruaje con uno de mis hombres de confianza

os espera. No os detengáis ante nada".

No vuelvas a inmiscuirte en asuntos de Estado.

Estás advertido.

Estoy arruinada. -Así es, majestad.

"Reuniré al Parlamento y solicitaré más fondos".

-Vuelve a tener dinero. Isabel vuelve a ser peligrosa.

"El futuro de Escocia está en vuestro vientre".

Algún día será Jacobo VI, rey de Escocia.

"Reconoceré al hijo de María"

como legítimo heredero del trono de Inglaterra.

-Es vuestro trabajo detenerlo. -María es ambiciosa

y Bothwell, un temerario. Pronto llamarán a vuestra puerta.

"No olvides que estamos casados. -Eso puede remediarse".

-Enhorabuena, lord Darnley. Seréis rey por toda la eternidad.

(Trinos, graznidos de aves)

Es precisa la mayor serenidad.

Veo Europa en llamas.

Sangre en la cristiandad.

El peligro de la invasión otomana y el auge del protestantismo.

Sin olvidar la necesidad de evangelizar el Nuevo Mundo.

-Se han conseguido cosas más difíciles, santidad.

-¿Convocasteis a Miquel Ghislieri? -Espera ser recibido.

-Que pase.

(Se abre la puerta)

-Santidad.

-Sois el representante perfecto

para cumplir los designios del Señor.

-Hemos recibido del rey Felipe, nuestro buen amigo,

tristes noticias sobre los Países Bajos

y especialmente sobre Escocia. -Venid.

Este es el informe Rosso.

-Esos son los nombres de los heréticos

que han asesinado vilmente a nuestro enviado, David Rizzio.

-¿Algún contacto con Edimburgo? -El hermano de David,

Giuseppe Rizzio, y lord James Bothwell

os están esperando.

-No volveremos hasta que la justicia divina sea satisfecha.

-Que el Señor os guíe.

Esto está yendo demasiado lejos. ¿Estáis completamente seguro?

Mis informadores son certeros.

¿La han visto hacerlo? ¿Ordenarlo? ¿Pagar a los sicarios?

Todos los indicios apuntan a ella.

De mí cuentan atrocidades y son todas burdas mentiras.

¿Cómo va a matar al padre de su hijo?

Con la ayuda de Bothwell.

Dicen que viven un apasionado romance.

Tonterías.

También decían que estaba muy enamorada de Darnley.

Ya, pero no le perdonó la muerte de Rizzio

y lo cierto es que no sabe estar sola.

Si para estar acompañada

yo hubiera tenido que matar a quien me sobraba,

me habría tenido que cargar a media Inglaterra.

¿Acaso es cierto lo de Moray?

No os entiendo, majestad.

Claro que me entendéis, perfectamente.

¿De dónde ha sacado ese ejército que ha reunido en la frontera?

Eso se consigue con dinero.

¿Tienen mis arcas algo que ver con ese asunto?

Lo he hecho por vuestra protección y el bien de Inglaterra.

Moray me repugna.

Solo espero que no os hayáis equivocado

y menos en mi nombre.

La próxima vez consultadme.

Podéis retiraros.

-Majestad.

¿Disgustada? Furiosa.

Si los nuestros nos pierden el respeto,

¡qué harán nuestros enemigos!

¡Hombres! Frágiles y violentos, dependientes y ambiciosos.

Pero no podemos estar sin ellos aunque los odiemos.

Aún lo echáis de menos. ¿A quién?

A Dudley.

No exactamente.

Pero me complacía tenerlo tan bien amaestrado.

Excelente. Yo lo hago con mis caballos.

¿Montarlos?

Y sustituirlos cuando ya no es de mi agrado su galope.

Os aconsejo que hagáis lo mismo.

No tengo ninguna carrera que ganar

y la tensión de los problemas me disminuye la libido.

¡Os equivocáis!

Son estúpidamente necesarios y relajan muchísimo.

¿Los caballos?

Y los que los cuidan, también.

Ya te he dicho que no tengo intención de llamar a Dudley.

No me refería a eso, precisamente.

Permitidme que os traiga una sorpresa.

Majestad,

permitidme que llame vuestra atención sobre Christopher Hatton.

Pertenece a vuestra escolta.

-Es un gran honor serviros, majestad.

-Para mí también.

Es muy consolador contar con amigos leales y de confianza.

-Siempre a vuestra total disposición.

Vuestra compañía compensará los duros momentos de mi reinado.

-Isabel, querida,

el secretario del rey Felipe, Antonio Pérez, desea veros.

-Hazle pasar. -Enseguida.

-Señora.

Disculpad mi osadía,

pero dado el afecto que profesáis al príncipe Carlos,

pensé que querríais saberlo. -¿Qué ha pasado?

-Alguien lo ayudó a salir de la torre.

El carcelero apareció muerto. Probablemente envenenado.

-¿Y el príncipe? -Escapó en un carruaje.

-¡Que Dios lo proteja!

-Pero luego el duque de Alba fue tras él

y lo ha devuelto al Alcázar escoltado por soldados.

-¡No! -Señora,

si oso importunaros en este momento

no es solo por la devoción que sentís por el príncipe Carlos.

Hay dos razones más.

-¡Habla!

-Estoy convencido

de que el duque de Alba es un peligro para la Corona.

-Has dicho que había dos razones. ¿Cuál es la segunda?

-Se rumorea que el rey ha encontrado una pista

de quién lo puede haber ayudado a escapar de la torre.

-¿Con el carcelero muerto?

-Es cuanto sé.

-¿Y el príncipe?

-Incomunicado, en espera de ver al rey.

-¿Se sabe algo del barón de Montigny?

-Su majestad, como sabéis,

vino en representación de los nobles de Flandes,

pero el duque de Alba convenció al rey

de que los Países Bajos necesitan mano dura.

Su ambición es solo comparable a su crueldad.

-No has contestado a mi pregunta. ¿Se sabe algo del barón?

-Regresó a Flandes sin lograr sus objetivos.

No sé más.

-Gracias, mi buen y fiel amigo,

tendré en cuenta tu comportamiento y tu información.

-Lo hago por vos y por la Corona,

pero también os ruego la máxima discreción.

-Por supuesto.

-El rey me decapitaría si conociera esta visita.

-Ve tranquilo y cuéntame

cualquier cosa que sepas del príncipe Carlos.

Házmelo saber.

-Así se hará. Señora.

-¡María!

-¿Señora?

-Llama a doña Juana. Deseo verla. -Sí.

-Es urgente. Díselo a ella y solo a ella.

-Así lo haré, señora.

Bendita tú eres entre todas las mujeres

y bendito es el fruto...

¿Cómo os encontráis, majestad?

Mejor.

Gracias a tus cuidados, Mary.

Mi madre me enseñó el mejor remedio contra las migrañas.

No sé qué haría sin ti.

Solo intento cumplir con mi obligación,

que también es un placer.

Ya lo sé. No solo eres mi dama de compañía.

También eres mi mejor amiga.

(Golpes en la puerta)

-Majestad, traigo noticias de Edimburgo.

¿Sí? Lord Bothwell ha sido absuelto.

¿Y el hermano de Rizzio? También absuelto.

Vuestro suegro, el conde de Lennox,

no ha quedado satisfecho con el veredicto.

Es hora de volver a Edimburgo. -Pero, majestad, aún estáis débil.

Estoy bien.

Y estaré mejor cuando regrese a Edimburgo.

Tengo un país que gobernar.

Melville, prepara los caballos.

Mary, sígueme, por favor.

(Truenos)

Es Bothwell. Esperad aquí.

¿Estás bien, María?

Sí. ¿Qué significa esto?

He venido para llevarte a Dunbar. Edimburgo ya no es seguro.

¿Por qué? Tu hermano puede desembarcar.

¿Mi hermano?

No tiene ni el atrevimiento ni el poder para hacerlo.

Te equivocas. Tienen un ejército superior al nuestro.

¿Cómo es posible?

Isabel, te lo advertí.

Bastarda estéril.

No creí que se atreviera a tanto.

No importa. Mi deber es estar con mi pueblo.

He de ir a Edimburgo.

Vendrás conmigo a Dunbar, María, por las buenas o por las malas.

No me hagas elegir entre mi reino y tu amor.

No es solo por amor.

Mira esto. Ahórrame la lectura y dime qué es.

Es un documento por el que ocho obispos,

nueve condes y siete lores del Parlamento

te aconsejan que te cases con un escocés.

Eso los apaciguará y no te retirarán su apoyo

si te enfrentas a tu hermano.

¿Y quién será ese escocés? ¿Tú?

¿Hay mejor candidato?

Está bien. Me iré contigo a Dunbar.

Pero contra mi voluntad.

Considéralo un rapto.

Buena presentación.

Miquel Ghislieri, ¿o me equivoco?

-Perdonad. ¿Lord Bothwell?

-No, él es mi señor. -Por favor, perdonadlo.

Hace dos días que esperamos y el hermano Miquel es todo pasión.

-Y la paciencia no es una de sus grandes virtudes.

-Oímos que estabais presos.

-Fuimos juzgados, pero eso es pasado, Miquel.

-¿Y lo de lord Darnley?

-Un... accidente. No preguntéis.

-Procurad que formemos parte de esos accidentes.

El Santo Padre, antes inquisidor general,

no lo entendería de otra manera.

-Razones personales le impedían esperar.

-Las mismas que nos impiden contar con su presencia.

James tiene graves problemas que resolver.

-Estamos informados.

-Tomad.

Tenéis mejores dianas.

¿Y bien? ¿Quién estará al mando?

-El mejor: Lamberto Macchi.

-De acuerdo.

En adelante, siempre nos reuniremos aquí.

(CARLOS) ¿Qué estás haciendo?

Esta nieve no es suficiente.

Es para llenar toda la estancia y la cama.

¡Más nieve!

Tú,

desnúdate y pruébala.

-¿Yo, señor?

-Sí.

Tú.

Si no está suficientemente fría, enfermaré.

Desnúdate.

¡Deprisa, cretino! ¿Acaso no sabes que la nieve se derrite?

-Por Dios bendito, Carlos, ¿qué estás haciendo?

-¿Me ha parecido oír "Carlos"?

Cuando te dirijas a mí, trátame de majestad.

-¿Es que no me reconoces?

Soy tu tía Juana.

-Sé quién eres, maldita ramera.

La puta que me abandonó y se marchó a Portugal.

-Debes calmarte. Ya he vuelto.

-Tarde, muy tarde, ahora ya no necesito a nadie.

Soy el rey de los Países Bajos.

-Aquí hace mucho frío, encended la chimenea.

-¡Que nadie se mueva!

O quemo el Alcázar.

-Por favor, calma.

La fiebre debe de hacerte delirar.

-Delirar.

Delirar.

Delirar.

Delirar.

¿No voy a heredar del imperio de los Austrias?

¿No soy el único hijo no bastardo del rey Felipe II

y nieto del emperador Carlos V de España y de Alemania?

-Sí,

pero estás enfermo y todos tenemos que cuidar de ti.

-¿Todos?

¿Como mi padre encerrándome con esos dos verdugos

o como el asesino envidioso del duque de Alba que es su cómplice?

¡Sois todos unos canallas conspiradores!

Métete en la nieve.

¡Del todo!

¿Qué gritos son esos?

¿Qué está pasando aquí?

Vaya, hace tres días que esperaba tu visita.

Bien sabe Dios que eres uno de los asuntos que más me preocupa.

¿Asunto? Yo no soy ningún asunto.

Soy tu hijo,

tu único hijo y heredero

y pienso vivir solamente para poder rezarte en tu tumba

para que Dios te perdone por todo el daño que me has hecho.

(CHASQUEA LOS DEDOS)

¿Por qué los echas? Dime.

¿No quieres testigos de tus fechorías?

-Carlos, por favor, le estás hablando al rey.

-Sí, al rey

¡y a mi padre!

Cúbrete.

¿Adónde me llevas?

A ningún sitio, no quiero que te pongas peor.

Estoy mucho mejor que tú,

por eso no me has dejado ser rey de los Países Bajos

ni casarme con María Estuardo.

Vístete de una vez.

¿Es una orden?

-Felipe, por favor.

-Bien.

Pues mira lo que hago con tus órdenes.

¡Muere! -¡No!

(CARLOS) ¡Cobarde!

(Disparo)

-Tranquilo.

(CARLOS LLORA HISTÉRICO)

(CHISTA)

(LLORA) Ya pasó todo.

(LLORA) Cálmate.

(JUANA CHISTA) Ya está.

Tranquilo.

Este hecho no ha ocurrido.

Al príncipe se le disparó el arma accidentalmente.

Retírense.

¿Qué sabemos de Moray? -Permanece a la expectativa.

-No tiene suficientes aliados.

(LUGARTENIENTE) Os equivocáis, lo apoya Inglaterra en pleno.

-He de convertirme en rey

lo antes posible.

-Entonces también vendrán a por vos.

-Pues que Dios los proteja.

Hay que darse prisa.

-Esa mujer nos llevará al desastre.

-¿Isabel?

-María.

-Vale un millón de veces más que cualquiera de vosotros.

-¡Pero, señor!

-¿Así pretendéis ayudarme?

-¿Estáis seguro de lo que vais a hacer?

-Completamente.

Y si tenéis la menor duda, podéis marcharos libremente.

Padre nuestro, que estás en los cielos,

santificado sea tu nombre,

venga a nosotros tu reino.

hágase tu voluntad...

Qué energía.

No es energía, es ira.

¿Más problemas? Nada importante.

Deslealtad, debilidad, miedo.

¿Debo preocuparme?

No, y menos en tu condición de raptada.

Me gusta esta sensación.

Y tras el rapto...

viene la violación.

¿Cuál es vuestro favorito, majestad?

Lo sabéis perfectamente.

A mí me gustan todos.

-Majestad.

Noticias de Escocia.

El rumor es cierto. Vuestra prima va a volver a casarse.

Qué obsesión por oficializar la lujuria.

Y decidme, ¿quién es el afortunado esta vez?

Bothwell.

¿Qué? ¿El presunto asesino de su marido?

Está completamente loca.

Es más imprudente de lo que imaginábamos.

Ella misma provocará su caída.

Solo necesita un leve empujón.

Que sin lugar a dudas vos le daréis.

Por el bien de Inglaterra, como siempre.

Estúpida romántica.

(Cantos religiosos)

(CURA) "In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti.

"Gloria in excelsis Deo et in terra pax hominibus bonae voluntatis".

"Laudamus te, benedicimus te, adoramus te,

glorificamus te,

gratias agimus tibi propter magnan glorian tuam".

"Domine Deus, Rex caelestis...".

-Por fin, aquí está.

(CURA) "Deus Pater omnipotens".

"Domine Fili unigenite, Iesu Christe, Domine Deus,

Agnus Dei, Filius Patris,

qui tollis peccata mundi, miserere nobis".

Por el poder que me ha sido otorgado,

yo os declaro marido y mujer.

Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.

-¡Por Escocia! (MUCHOS) ¡Por Escocia!

Majestad.

¿Así está bien?

Perfecto, gracias.

Mi padre tenía mucha razón.

¿Sobre qué, majestad? Sobre todo.

La extraña personalidad de los franceses,

el peligro que supone Inglaterra

y la importancia estratégica de los Países Bajos.

Pero vuestro Imperio alcanza Laos, Vietnam y las Filipinas.

Amberes, con su puerto,

es la ciudad más rica e importante de Europa.

Es el foco de control y desarrollo de la nueva Europa

y mi hijo se alía con el enemigo para destruir el Imperio

y me obliga a acusarlo de alta traición.

Es difícil gobernar tantos países

sin contar con la confianza plena de los más próximos.

Los Países Bajos necesitan al duque de Alba.

Basta de contemplaciones.

Majestad, alternativamente, vuestra inteligencia y perspicacia

os hacen inclinaros hacia la casa de Alba o la casa de Éboli.

¿Qué quieres decir?

Que cuanto menos poder tengan, menos peligrosas serán.

No, te equivocas. Considero leales a ambas.

Además, los Éboli son negociantes

y los Alba, los mejores combatientes.

Las ambiciones juntas pueden ser sumamente peligrosas.

No, imposible. Mantienen diferencias irreconciliables.

Esta puede ser la prueba de que no hay nada imposible.

Es el perfume de la reina.

Fue hallado en la torre tras la fuga del príncipe Carlos.

¿Y cómo ha llegado a tu poder?

Mi misión es proteger e informar a su majestad

de cualquier detalle que ponga en peligro la Corona.

Ah, Isabel. Adelante.

-Buenos días, majestad.

Antonio. Hola, pequeños.

Solo venía a saber qué tal vuestro ataque de gota.

Mejor.

Duelen más los problemas de estado que esta maldita gota.

Mi hijo no deja de darme problemas.

Es joven, algo alocado también.

Y está en una edad difícil.

Es un traidor enfermizo con más ambición que cerebro.

Poco a poco veréis cómo se convierte en vuestra mano derecha.

¿Pueden ir los niños a montar?

No lo sé. ¿Acaso os lo merecéis?

¿Eh? (AMBOS) Sí.

Por supuesto, querida. (AMBOS) Gracias, majestad.

-Vamos.

-Hermosa mujer.

E inteligente. Es la mejor de las damas de mi hermana.

Con vuestro permiso, majestad.

Puedes retirarte.

Eres impetuoso.

Y no muy dado a la reflexión. -Lo llevo en la sangre, padre.

Es un rasgo de los Ruthven. -Exacto.

Pero yo he sabido guardarme y te he podido ver crecer.

El secuestro del rey Jacobo y de su valido Aran

ha sido un desastre.

Están ambos libres.

Y tu objetivo ha fracasado.

Debemos desaparecer un tiempo. -No estés tan seguro.

La muerte de Rizzio salió bien porque estábamos todos de acuerdo.

Escúchame.

Retírate, padre.

Ya es muy tarde. Y guárdate de la noche.

Sí.

Vete.

-Lord Ruthven.

¿Me recordáis?

-¿Os conozco? -Sí.

-Tenemos amigos en común,

eh... lord Andrew Care... -Ajá.

-Y el que fue sacerdote,

Henry Champ. -Sí.

-Buenos amigos, pero no son católicos.

-Nosotros tampoco.

Si queréis sentaros a la mesa,

será un placer poder cambiar impresiones.

-¿Vuestro nombre?

-Macchi, Lamberto Macchi.

Recordad este nombre.

Estamos intentando crear un grupo de católicos arrepentidos.

La indignación nos parece un pretexto

para asesinar impunemente. -De acuerdo.

Completamente.

Caballeros.

-Es un lugar muy concurrido, ¿verdad?

-Así es.

Buena cerveza...

y buenas mujeres.

Vuestros amigos no hablan mucho.

-Solo latín e italiano.

Se habla de otro Ruthven,

que celebra ritos satánicos

y bebe sangre de doncellas a las que viola y asesina.

Con extranjeros también. -¿En Escocia?

Pero ¿qué hacéis?

¿Qué estáis haciendo? -Bebed.

-No tengo sed.

-Bebed.

Y llevad este mensaje a vuestro amigo Bothwell.

-No soy amigo de Bothwell. -Nosotros tampoco.

Pero lo persuadiréis para que convenza a María Estuardo

de hacerse protestante. -Pero yo...

-Brindemos.

¿Qué me habéis dado?

-Saludos de David Rizzio desde el más allá.

¿Qué le ha pasado a nuestro ejército?

Muchos de los lores que nos apoyaban

nos han traicionado.

¿Cuántos son?

Nos triplican en número. No.

¿Qué vamos a hacer?

De momento parlamentar, pero...

No sé por qué envían a un maldito francés como interlocutor.

(Loneta abriéndose)

Monsieur Du Croc.

Me decepciona que os prestéis a ayudar a esos traidores.

-Los lores me envían como mediador en este conflicto.

Esto no es un conflicto, es una sublevación.

Majestad, los lores tienen una propuesta.

No pienso rendirme, si es eso lo que pretenden.

Con el debido respeto, no provoquéis una masacre.

Vuestro pueblo no os lo perdonaría, ni vos misma.

-No penséis por la reina. Calma, por favor, James.

Continuad, os escucho.

Los lores quieren que rompáis vuestro compromiso

con lord Bothwell.

No lo reconocen como rey. -¿Cómo?

Ellos me obligaron

a casarme con él. Majestad, estoy aquí.

Ahora habla la reina, no la mujer.

Estaban de acuerdo en nuestra unión.

-Están convencidos de que es el asesino del legítimo rey,

lord Darnley, que Dios tenga en su gloria.

Pero ha sido absuelto.

Exigen que se celebre otro juicio.

Lo que quieren es cortarle la cabeza.

-El miedo y la codicia los conducen.

-No es el momento para divagaciones.

Decidles a los lores rebeldes que no les entregaré a Bothwell,

a mi marido.

-Os invito a que reflexionéis.

No me tenéis que contestar de inmediato.

Aunque cuanto antes lo hagáis, mejor para todos.

Podría enviarlo a un exilio temporal.

-¡María! Por favor,

no me lo pongas más difícil.

Me reuniré con todos ellos en mi corte

y pactaremos lo mejor para Escocia.

-Me parece buena idea, majestad.

Si están de acuerdo,

que me lo hagan saber con un cañonazo.

Si se niegan, que sean dos.

De acuerdo.

-No sé si sentir asco, desilusión o rabia.

¿No entiendes que estoy haciendo esto por los dos?

¡Necesitamos tiempo!

Es la única forma de conseguirlo.

Debes marchar a Francia y obtener apoyos.

Habla con la reina madre Catalina.

No te reconozco.

Y lo peor es que yo a mí mismo tampoco.

Si te pliegas a sus exigencias,

atente a las consecuencias.

Desde el principio lo has hecho todo por mí,

y te estoy más que agradecida,

pero es hora de que dejes de actuar como un militar

y empieces a pensar como un rey.

(Cañonazo)

Nunca voy a poder ser feliz.

Te diría miles de cosas,

pero desde la perspectiva del desamor,

o eres feliz...

o eres reina, esposa y madre.

Me marcho.

Nos han podido tus responsabilidades.

Cuídate, por Dios.

Y que Él nos ayude.

Volveré con refuerzos...

y buscaremos una vida mejor.

Ya está.

Ahora regresemos a Edimburgo.

Me temo que ha habido un cambio de planes.

¿Qué? Seréis trasladada

al castillo de Loch Leven.

Allí quedaréis custodiada.

¿Con...? ¿Con qué autoridad? -¡Me habéis utilizado!

Esto es un engaño. -Todo vale en el amor y la guerra.

La reina lo sabe mejor que nadie.

¡No! ¡No lo hagáis!

¡No!

¡Sois un ser despreciable y rastrero!

(Pasos acercándose)

¿Da su permiso, majestad?

Adelante, lord Cecil.

Me tenéis tan poco acostumbrada a vuestra sonrisa

que me preocupa.

¿Os hace gracia mi vestido? Eh...

María ha sido derrotada.

Y encerrada.

Dejadnos solos.

No parecéis muy contenta, majestad.

¿Y por qué debería estarlo?

La caída de un monarca nunca es motivo de satisfacción.

Lo que hoy le ha ocurrido a María me puede pasar a mí mañana.

Jamás.

Vos sabéis gobernar con sentido común.

Moray nunca me ha gustado.

Y, mucho menos, Maitland. -Ellos no son importantes.

Lo que cuenta es que Escocia nunca volverá a ser católica.

¿Y Bothwell?

Enviado al exilio.

Está bien, lord Cecil, id a celebrarlo.

Querida prima.

Nunca supiste gobernar.

(Graznidos)

Anna.

El tiempo te ha hecho

aún más hermosa. -Siete años.

-Agradeceré eternamente

tu acogida. -Siete años

desde que te escapaste como un cobarde

dejándome desesperada frente al altar sin ninguna explicación.

-Nunca te di mi palabra de matrimonio.

¿Para esto aceptas mi llamamiento? -No sabía cómo reaccionaría

al verte de nuevo.

-Gracias por nada.

-Por nada no, "gracias" por mi dote,

que te llevaste antes de abandonarme.

-No debí venir. -Aguarda.

En esas condiciones no irás muy lejos.

-¿Y qué otra alternativa tengo? -Darme la razón, pedirme perdón

e intentar reparar el daño que me hiciste.

-¿Crees que si no te hubiera amado

estaría aquí? -Eres un cínico.

-Soy un caballero.

¿Me habrías dicho que no viniera? -¿Y perderme este momento?

Enterremos el pasado. Sé bienvenido.

-Eso es que aún me amas.

-Tenemos muchas cosas de qué hablar.

¿Cómo has llegado a esta situación?

-Combatiendo para mi esposa, María Estuardo.

-Reina de Escocia, y católica.

-Me tendieron una emboscada en las Orcadas.

-Creo que es muy hermosa. -E inteligente.

Pero tiene malos consejeros.

-Eso ya lo veo.

-Es una situación muy complicada que no sé cómo encauzaremos.

-Todavía no me has dicho qué me ofreces a cambio de mi generosidad.

-Si lo llamas generosidad, no debería tener contraprestación.

Si es un intercambio, ahí tienes mi barco.

-¿Ese desperdicio?

-Arreglándolo un poco es un gran barco.

Muy superior al de tu dote.

Así zanjaríamos aquella deuda.

También tengo dinero y piezas de oro;

porque necesito más. -¿Qué es más?

-Un ejército de noruegos y daneses para recuperar Escocia.

-¿Cuántos? -Entre 2 y 3000 hombres.

-No son muchos para ese objetivo.

-Llegando a la frontera,

los multiplicaré por cuatro con quienes me apoyan.

-Mi primo, Erik Rosenkrantz, tiene un ejército de 4000 hombres

y una gran flota para trasportarlos hasta Escocia.

-¿Los pondría a mi disposición? -Depende.

Él no aceptará un barco maltrecho y unas monedas.

-Escocia es un país rico y grande.

Llegaremos a un acuerdo.

-Tendrás que utilizar tus dotes de convicción.

Erik no es persona fácil, y yo tampoco.

¡Oh!

¿No está muy oscuro para ti?

Me has asustado.

¿Qué estás haciendo aquí?

Es interesante que coincidamos en nuestra curiosidad.

¿Y tú?

Lo sabes perfectamente.

Me preocupa el príncipe sobremanera.

Habida cuenta que no eres su madre,

¿me puedes explicar qué sentimiento

te hace desautorizar mis órdenes visitando al príncipe?

Al final, creo que va a tener razón.

Durante años me has inducido a quererlo

y ahora lo convertís en una acusación.

Es un clamor en la corte que vuestra relación con Carlos va...

más allá de la de una madrastra.

Me ofendes, me ignoras, me maltratas

y me humillas con tu actitud hacia otras mujeres.

Estás fantaseando. ¿Fantaseando?

He visto cómo tratas a tu prima Ana,

la archiduquesa de Austria.

Es la prometida del príncipe. La trato como a una hija.

Entonces no sé por qué te sorprende

que yo trate a Carlos como a un hijo.

¡Quieta!

No me provoques.

Este alcázar tiene más de un torreón.

Que Dios te perdone si el príncipe consigue sus objetivos.

¿Destronarme?

Persigue el suicidio.

Lo único que ha tomado en estos días de encierro es agua helada.

Si se quita la vida, arderá en el infierno.

Dios lo castigará y no será tan magnánimo como yo.

Felipe, el dios del que tú hablas

no está solo a tu servicio.

¿Qué está ocurriendo ahí dentro?

-La reina está abortando.

-No sabía que estuviera embarazada.

-De gemelos.

Pero los acontecimientos la han superado.

Debo ir a por sábanas limpias.

Querido primo, os presento a James Bothwell,

de quien tanto os he hablado,

que es actualmente rey consorte de Escocia.

-Adelante, lord Bothwell.

Al parecer, mi prima no ha perdido del todo su confianza en vos.

-Majestad, que los errores de juventud

no enturbien nuestra colaboración.

-Sobre todo en estos momentos en que el tiempo apremia.

-Y la situación de mi país es crítica.

-Son momentos difíciles

para países divididos por diferencias irreconciliables,

como la religión, la cultura y las sucesiones dinásticas.

-Y la traición que está instalada en nuestras gentes.

-Nuestro rey, Federico II,

con gran talento y sabiendo elegir a sus virreyes,

consiguió que los enfrentamientos

no pasen de... escaramuzas fronterizas.

-Con suerte, quizá consigáis el ejército que necesitáis.

-¿Ejército?

-Majestad, la fuerza y el valor de los guerreros escandinavos

es conocida en toda Europa.

Y eso es lo que os vengo a pedir.

-Dadme vuestras razones para mi colaboración.

-¿La religión aquí no sería un motivo?

-Ningún dios debe inducir a la guerra.

Aquí no somos fanáticos.

-Entonces solo me queda ofreceros una transacción comercial.

-Tengo mi ejército dividido en cinco regiones.

Necesitaréis descansar.

Podéis consideraros mi invitado.

Os daré una respuesta lo antes posible.

Sentíos como en casa.

-No os preocupéis.

Yo me encargo.

Majestad, aún estáis muy débil.

La debilidad es algo que no me puedo permitir,

y menos cuando estoy acorralada por mis enemigos.

-Tranquila.

Son pérdidas normales después del aborto.

Estoy bien.

¿Cómo está la situación?

Los hombres de Maitland controlan el castillo.

Di mejor una mazmorra rodeada de agua,

como una isla maldita de la que solo se puede escapar en barco.

He perdido la noción del tiempo.

¿Cuánto llevamos aquí?

Seis días. ¡Oh, Dios, dame fuerzas!

Lo hará.

En los peores momentos, siempre ha ocurrido algo

que nos ha salvado de la catástrofe.

Esta vez el milagro es Bothwell.

Con él me volvió el amor.

Y llegará la libertad.

Todo va tan rápido

que aún me cuesta hacerme a la idea de vuestro matrimonio.

Ha sido providencial.

Mi apoyo, mi vida...

Mi única salida.

Y la salvación de la Corona.

Señora...

Sin su ejército estaríamos perdidos.

Ninguno de los otros lores harán nada contra Maitland o Moray.

Ayúdame a vestirme.

Mi marido nos salvará.

(HOMBRE) Lord James, conde de Bothwel,

quedáis detenido por el asesinato del rey de Escocia, lord Darnley

y el robo de la dote de la prima del virrey de Noruega,

Anna Throndsen.

-Todo esto es obra tuya.

Y como que hay un Dios que os haré pagar esta infamia.

-Encerradlo.

-Comunicadle a la reina de Inglaterra

que se ha hecho justicia y sus deseos han sido cumplidos.

-Y pensar que no me alegro...

(Trinos)

Isabel, llego de tu gabinete. ¿Estabas buscándome?

-Sí, amiga, te necesito.

-Me preocupas, amiga mía. ¿Qué es tan grave? ¿Qué te pasa?

-De todo.

Mi mundo se desmorona poco a poco.

-¿Estás enferma? -Sí.

De soledad, de angustia y de miedo.

-Tienes que ser fuerte.

-Hemos nacido en casas reales.

-Y solo por eso, ¿no hay que tener sentimientos?

-Sí.

Pero no te sirven para nada.

Nuestro único consuelo es Dios.

-Mi admirada amiga,

aprendí a amar a tu hermano porque lo admiraba

y pensé que él también me amaba. -Y claro que te ama.

Pero como ama un rey.

-¿Y cómo ama un rey?

¿Desatendiendo a su esposa, maltratando a su hijo

y ocupándose de su amante y de sus bastardos?

-¿Cómo? ¿De qué estás hablando?

-Del encarcelamiento del príncipe Carlos

y de esa dama tuya, Isabel de Osorio.

-Sabes que amo al príncipe más que a mi propia vida.

Lo cuidé como una madre cuando era niño junto a mi hermana.

-Y nunca entendió que lo abandonara

para casarse con el rey de Portugal.

-Al que ni conocía ni amaba.

Y se negó a ir a Portugal hasta el último momento.

-¿Por qué son los hombres los que tienen que torturarnos

con sus injusticias y caprichos?

Me niego a aceptarlo. -Isabel de Inglaterra

ha elegido ser el hombre de su reino,

y la reconcomen la soledad, la desconfianza y los problemas.

-Pero tiene voluntad y puede decidir.

-Por eso mi hermana entró en la orden.

-¿Para qué? -Para estar más cerca de Dios.

-Eso no me consuela.

¿Y qué has pensado hacer con tu dama?

Es la amante de mi marido.

-Eso pueden ser habladurías.

-¿Y los niños? ¿Qué son los niños, dos rumores?

El mayor es idéntico al rey.

En este instante están con él

mientras prepara el último castigo para el príncipe Carlos.

-Al que no va a quedar más remedio que pagar por su traición.

-¿Y dices que lo amas más que a tu propia vida?

-Veré lo que puedo hacer.

-Si no se te ocurre nada,

pídele consejo a Dios.

-Vertiendo en mí tu dolor no vas a conseguir nada.

(Puerta abriéndose)

¿Y ahora qué ha pasado?

(KNOX) ¡Voy a ir hablar con esa mujer

y te aseguro que nadie va a poder pararme!

-Tranquilizaos, señora.

-He esperado cinco largos años

para librar a nuestra querida patria de esta puta.

-Que Dios nos ayude.

-Esta es la consecuencia de tratar mal a la familia, hermanita.

Yo ya no tengo familia.

-Por fin ha llegado el día de tu caída, Jezabel.

Igual que la ramera de Israel, pagarás por tus pecados.

-¡Viejo loco fanático!

Sois un ser despreciable.

Pegáis a una mujer y habláis de mis pecados.

Veos en la cama refocilándoos con una niña de 15 años

a mí me produce vómitos. -Habláis de mi esposa.

No, hablo de la inocente víctima de vuestra pederastia.

-No os permito ni una sola palabra más.

Precisamente eso os hará pagar delante de Dios

las aberraciones que habéis cometido

desde vuestro fanatismo.

Y vos, ¿practicáis la traición como forma de supervivencia?

-Me limito a hacer lo que creo que es mejor para el país.

Fanáticos. Traidores.

Pederastas y cobardes.

-Basta de palabrería.

Tienes que abdicar.

-¿A favor de quién?

Soltadme.

Mi hijo, ¿qué vais a hacer con él?

-Ya no es tu hijo.

¡Soltadme, soltadme!

-Es... el rey de Escocia.

-Y vos, el regente.

Como si lo viera. Eres más estúpido que canalla.

¿Cuánto crees que estos buitres

te permitirán gobernar? -Eso ya no te concierne.

Si quieres a tu hijo,

rezarás para que yo dure muchos años.

Ahora firma tu abdicación.

Hoy es un día triste para Escocia e Inglaterra.

Encerradla.

Que no tenga comunicación con el exterior sin mi consentimiento.

(Llanto de bebé)

Pobre hijo mío.

Ante Dios y ante el mundo, sigo siendo la reina de Escocia

y la madre de ese bebé que ahora me arrebatáis,

y de una forma u otra,

pagaréis por esto.

Se me está agotando el tiempo.

Cada vez tengo menos que perder

"y debo agotar cualquier posibilidad".

¿Qué es esto?

Es uno de tus pañuelos.

Fue hallado en un lugar inoportuno.

A partir de hoy serás confinado en la torre.

(RÍE ENLOQUECIDO)

-"¿Sois fiel a Escocia?".

-"Yo ya he cumplido con mi hermano".

Quiero a mis pies la cabeza de la vuestra.

-"Ahora, como regente de Escocia,

está obligado a ser nuestro aliado".

-"El ejército de Kirkcaldy controla Langside".

-No lo haga, déjeme a mí. Haz lo que te pido.

-¿Me habéis mandado llamar? ¿Vino?

"Si no puedes con todos tus enemigos,

pacta con el que te sea más útil".

"La reina y yo somos... buenos amigos".

"Siempre ha estado de mi parte".

Te amé durante años.

-"Es mejor aliado que enemigo". -Dios sabe que necesita un marido,

pero no a cualquier precio.

-"La reina María escapó de su cautiverio".

-¡Maldita sea!

No habrá muerto, ¿verdad?

"¿Dónde está María?". -No lo sabe nadie.

Mi instinto me dice que cada vez la tengo más cerca.

-Un título y tierras para quien me traiga a María.

-¿Viva o muerta, señor?

-Me da igual.

  • Capítulo 4: Venganza. El Informe Rosso

Reinas - Capítulo 4: Venganza. El Informe Rosso

14 feb 2017

Bothwell sigue adelante con sus planes: rapta a María, la viola y para reparar su honor se casa con ella, ante el escándalo general de toda Europa: no entienden cómo María se casa con el hombre al que todos señalan como el asesino de su primer marido y padre de su hijo. Incluido el Vaticano, que ha emitido un Informe Rosso para aclarar el asesinato de Rizzio. Escocia está dividida y María y Bothwell tendrán que hacer frente a sus contrarios. Al contrario que María, Isabel siempre antepone la razón de estado a sus intereses personales. Y Felipe vive abrumado con los problemas en los Países Bajos y la cada vez más evidente enajenación mental de su hijo.

Contenido disponible hasta 14 de Febrero de 2027

ver más sobre "Reinas - Capítulo 4: Venganza. El Informe Rosso" ver menos sobre "Reinas - Capítulo 4: Venganza. El Informe Rosso"
Programas completos (6)

Los últimos 52 programas de Reinas

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

El administrador de la página ha decidido no mostrar los comentarios de este contenido en cumplimiento de las Normas de participación

comentarios.nopermitidos