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No recomendado para menores de 16 años Reinas - Capítulo 2: El matrimonio, razón de estado - ver ahora
Transcripción completa

Cuando me fui de aquí solo tenía cinco años.

Sed bienvenida, majestad. Gracias, hermano.

(KNOX)¿Es que acaso pensáis celebrar misa aquí?

(MORAY) Que lleve puesta la corona, no significa que tenga el poder.

¡La reina Isabel de Inglaterra!

(CECIL) Me parece que enfrentarlas es la solución.

-¿Y que gane la mejor, verdad? (CECIL) La peor será la que gane.

Necesito que renuncies formalmente al trono de Inglaterra.

Soy descendiente de Enrique VII

y por tanto heredera al trono de Inglaterra.

Si ella pretende inquietarme, yo haré que no pueda dormir.

Insiste en que abrace la reforma protestante.

No necesito un rey, sino un amante.

(MÉDICO) Es viruela.

(CECIL) Si la reina muere sin descendencia,

puede ser nuestro final.

Si conseguimos hacernos con Escocia,

entraremos en Inglaterra.

(MAITLAND) David Rizzio es en realidad un espía del Santo Padre.

Tendréis fuerza suficiente para optar al trono de Inglaterra

e imponer vuestra religión en ambos países.

Quiero que tratéis la propuesta de matrimonio

con el príncipe don Carlos.

Admitámoslo, sin los hugonotes no habríamos vencido.

-Os dije que no nos fallarían.

-Hay algo mucho más poderoso que cualquier Dios: el dinero.

Volvamos al campamento.

Al final del día lo retrasaremos para que se rindan.

-El rey estará satisfecho.

-El rey no es más que un mocoso que no se entera de nada.

Es su madre la que pactó con los hugonotes

para que traicionaran a los ingleses.

Vivimos en una tierra gobernada por mujeres.

Está perdiendo mucho pelo.

-Pero parece que la fiebre la ha aliviado.

Yo diría que está fuera de peligro.

-Bueno, todavía es pronto para saberlo,

pero reacciona bien a las infusiones de hierbas.

-Su cara es lo que me preocupa. Tiene muchas pústulas.

-Quedarán pequeñas marcas. El ataque fue muy fuerte,

pero el aceite de sándalo va a ser de gran ayuda.

-Querida, la enfermedad es muy contagiosa, deberías marcharte.

-Soy su amiga y su consejera.

-También mi esposa.

Y no quiero que tengas problemas.

-¿Y las marcas?

-Lo mejor sería que desaparecieran. No podría soportarlo.

-¿Y Dudley?

-El bastardo no volverá hasta que ella esté fuera de peligro.

Pero, querida, ¡estás muy bien!

Nunca he estado mejor.

Y preparada para el baile.

Lord Cecil,

sospecho por vuestra cara que venís a amargarnos la fiesta.

Traigo malas noticias de Francia.

¿Y cuándo no?

Disculpadnos.

Nuestro ejército ha sido derrotado en Le Havre.

La traición de los hugonotes ha sido determinante.

-¡Malditos bastardos!

Yo mismo negocié esa alianza. Pagarán cara su traición.

Si negociaras igual que fornicas, yo dominaría el mundo.

140 000 coronas y 6000 hombres sacrificados para nada.

Menuda ruina.

-La oportunidad de provocar una guerra civil en Francia

merecía la pena. Sí, ya lo habéis visto.

Odio las guerras.

Me repugnan y me hacen perder demasiado tiempo y recursos.

Pero a veces son irremediables.

Como mujer, no las necesito.

Los hombres usan la espada como el símbolo de su pene:

largo, afilado e hiriente, y la mayoría de las veces, inútil.

Entonces, ¿qué sugerís?

El mar nos aísla, pero también nos protege.

Tenemos que convertir a Inglaterra en una fortaleza inexpugnable.

-El mar será nuestro mejor aliado.

-Esa fortaleza siempre tendrá un punto débil que no podemos ignorar.

-¿El clima? -Escocia.

No sé cómo os las arregláis, lord Cecil,

pero siempre terminamos hablando de mi prima.

María puede convertirse en un gran problema para nuestro país.

-Sobreestimáis a esa reina.

-Sé de sus movimientos para contraer matrimonio.

-¿Por Maitland? ¿Vuestro espía que os ha vendido a la primera ocasión?

-Vuestra prima María pretende reforzar Escocia

casándose con el príncipe don Carlos, el hijo del rey Felipe.

Felipe no cometerá el error de enemistarse con nosotros.

Nuestras relaciones son frías, pero cordiales.

Fue el marido de mi hermanastra y rey de Inglaterra.

No estéis tan segura. Nuestra derrota en Francia nos debilita.

Todas las guerras debilitan.

Y solo pensáis en arrastrarme a ellas.

No podíamos perder la oportunidad

de provocar el ascenso del protestantismo en Francia.

Pero al parecer, los hugonotes no son de fiar.

Olvidaos de Francia, lord Cecil. Volvamos a Escocia.

¿Por qué creéis que Felipe quiere casar a su hijo con María?

El botín lo merece.

¿Qué botín?

Vuestro trono, señora.

¿Es que no voy a poder tener ni un día de tranquilidad?

Igualmente, lo consideraré. ¿Algo más?

Nada, majestad.

Siempre a vuestro servicio.

(Se abre y cierra a puerta)

-Yo no me fiaría de él. Es un intrigante.

Cierra la boca. Tiene razón. Tengo que controlar a María.

¿Otra guerra?

Desnúdate.

Pienso mejor después de desahogarme.

Piden dinero sin parar.

Inconvenientes de ser el rey de un imperio, majestad.

¡Estos tendrán que esperar!

Y si nuestros alquimistas no dan con la fórmula para crear oro,

los virreyes y el emperador tendrán que administrarse mejor.

La unión con Escocia sería muy útil.

La que yo quería ya es imposible.

¿Ha llegado ya el emisario de la reina?

¿Lord Maitland? Está al llegar.

Que pase en cuanto llegue.

Majestad.

Isabel, tu visita es lo más agradable

que me ha ocurrido esta mañana. -Oh...

Y mis noticias lo son aún más.

El príncipe Carlos mejora rápidamente.

Su operación ha sido un éxito. Ah, ¿sí?

Absolutamente.

Camina con normalidad, sus dolores de cabeza han desaparecido y...

¿Y por eso mata perros y gatos por puro placer?

¿Y ciega a caballos de las cuadras reales?

Eso es mentira.

Tiene pequeños brotes de cólera, pero nunca ha llegado a eso.

Y es por falta de cariño.

No será del tuyo, ya que se lo profesas con generosidad.

Es sensible y frágil, nos necesita.

A veces pienso que he sido excesivamente tolerante con él.

Se ha criado sin madre desde que apenas era un bebé.

Al contrario. Mis hermanas le dieron más amor

del que goza la mayoría de los niños.

Acaba de tener una caída que ha podido costarle la vida.

Persiguiendo enloquecido a una cortesana,

Dios sabe con qué intenciones.

¿Para esto has venido?

El príncipe Carlos ha recuperado la alegría y la confianza en ti

al enterarse de que...

querías su matrimonio con la reina María Estuardo.

Eso fue antes. No está preparado.

Cree que Lord Maitland ha venido a tratar las condiciones del enlace.

Te ruego que reflexiones.

Una negativa le podría provocar una recaída probablemente irreparable.

Querida,

las uniones entre casas reales

son estratégicas, no sentimentales.

-Majestades, ha llegado Lord Maitland,

emisario de su majestad María Estuardo.

Dile que espere.

Déjanos solos.

-No olvides mis palabras, majestad.

Majestad, me habéis dado un susto de muerte.

-¿Se ha desbocado el caballo? No, amigas, me desboqué yo.

Quería huir de mí misma. No sé perdí la cabeza.

-¿Por qué? Las cosas van cada vez mejor.

-Escocia es más católica cada día.

-No habéis firmado el tratado de Edimburgo.

-Y contáis con el apoyo y el dinero de Francia, de España

e incluso de la Santa Sede.

Estamos permanentemente vigilados por los barcos de Isabel,

que parece conocer todos mis movimientos.

-El canal de la Mancha es su punto flaco contra Francia.

Y yo, su obsesión ante toda Europa.

No es esta la vida con la que soñé.

Majestad, tenéis que ser fuerte. Habéis sido educada para ser reina.

Esa preparación choca frontalmente con mi sensibilidad de mujer.

Y es ahí donde todo lo que se me ocurre pierde su sentido.

Majestad, tenemos que tomar decisiones.

En una palabra: tenemos problemas. No.

Problemas tienen los inseguros, los negativos y los cobardes.

¡Tenemos problemas! Dejadnos. Tú quédate.

¿Qué ocurre?

Maitland. Además de traidor, es un inútil.

¿Se ha vuelto a pasar al enemigo?

Peor. Viene con las manos vacías.

¿Qué?

La mala salud del príncipe Carlos de España

y el odio que te sigue teniendo tu suegra Catalina de Médicis

nos cierran las puertas de un matrimonio católico.

¿Y de mi hermanastro qué sabemos?

Acumulando lores disidentes y pactando hasta con el diablo.

Va todo muy deprisa.

Mary, ¿nos permites un momento?

¡Caro David!

Es la primera vez que me llamas así.

¿Qué estamos buscando? ¿Un marido? ¿Cualquier marido?

¿Uno católico? ¿Un gran rey? ¿Una figura decorativa

o un semental real que me pueda hacer infeliz el resto de mi vida

con tal de asegurar la descendencia?

Demasiadas preguntas como para no equivocarme en la respuesta.

Tengo que ser tan directa como sincera.

Por supuesto.

Quiero casarme contigo.

Pero, majestad... ¿Ahora soy majestad?

Perdona, me has pillado desprevenido.

¿Qué eres para mí?

Tu amigo, tu confidente, tu músico.

Y el compañero de mi soledad. No digas eso.

Por lo que veo, estoy condenada

a vivir incompleta como reina y sola como mujer.

Buenas noches...

amigo.

(MUCHOS) ¡Dios salve a la reina! ¡Dios salve a la reina!

-Majestad, el pueblo os adora.

Mi buen John. No les queda más remedio que adorarme.

Lo que no entiendo es por qué organizamos tantos fastos

por un periplo en barco.

Esta expedición es algo más que un simple viaje, majestad.

Sois socia de Hawkins.

¿Socia? Más bien su patrocinadora.

La construcción de ese barco ha vuelto a vaciar mi tesoro.

La inversión merecerá la pena, majestad.

Tenéis muchas esperanzas en el mar, amigo mío.

Según mis estudios,

el mar ocupa las tres cuartas partes del globo terráqueo.

Quien domine el mar, dominará el mundo.

Con vos nunca dejo de aprender.

Ningún monarca puede presumir de un tutor como el mío.

Como reina tenéis que ser

tan inteligente como el mejor de vuestros sabios,

tan valiente como el mejor de vuestros soldados

y tan rica como el mejor de vuestros comerciantes.

¿Y tan zorra como la mejor de mis prostitutas?

(MUJER) ¡Dios salve a la reina! (MUCHOS) ¡Dios salve a la reina!

(MUCHOS) ¡Dios salve a la reina! ¡Dios salve a la reina!

¡Dios salve a la reina!

Majestad, me honra contar con vuestra presencia

en un día tan importante.

No me lo perdería por nada del mundo.

Podremos transportar hasta 700 africanos.

Sobreviviendo la mitad, el negocio será muy suculento.

¿Dónde pensáis venderlos? En las costas de Borburata.

Venezuela.

Así es, majestad.

Marchad con Dios, caballeros.

El prestigio de Inglaterra está en vuestras manos.

Majestad.

Y su economía.

(Tres golpes de lanza)

Eran soldados vuestros, no lo podéis negar.

(Gritos)

Siempre lo son.

Nunca lo he negado.

No puedo controlar a todos mis hombres.

Hay mucho descontento, no saben a quién obedecer.

A mí, por supuesto, lo contrario es sublevación.

No cobran a tiempo sus salarios,

no ven progresos de gobierno ellos solo saben luchar.

Y matar a nuestro pueblo.

No os quejasteis cuando acabamos con la rebelión de Huntly.

Empiezo a dudar de que vos mismo no impulsarais esa rebelión.

¿Y con qué interés? ¿Obtener un ejército?

Lo que tengo es la simpatía de muchos clanes.

¿Podéis decir lo mismo?

Tengo la simpatía de un pueblo por completo.

¿Estáis segura? Cada vez que vengo a Edimburgo,

veo a más gente reunida bajo el balcón de Knox

que bajo el vuestro.

Los locos siempre resultan divertidos.

Los traidores en cambio no. ¿Qué queréis decir?

Nada. Nunca he sido buen orador.

Por eso perdí mi puesto como consejero.

Oh, por cierto, ¿dónde está mi sustituto?

Está en Francia, en misión diplomática.

Se comenta que os está haciendo de casamentero.

Para no ser un buen orador,

tienes la lengua muy afilada, querido hermano.

Os ruego me perdonéis, majestad.

Si me disculpáis, creo que no soy bien recibido aquí.

Podéis iros.

Se está haciendo muy poderoso.

Siempre lo ha sido. Considerado un héroe antes de tu llegada.

Tiene muchos aliados.

¿Crees que cuenta con el apoyo de Isabel?

No, al menos de momento.

Si lo tuviera, no dejaría que sus hombres saquearan aldeas.

Los tendría bien pagados, bien alimentados y bien fornicados.

Hoy estás más bella que nunca.

Déjalo, Rizzio, no estoy de humor.

Grandes noticias de Escocia.

-No me lo digas. Una gran cosecha de cardos este año.

-Deberías respetar más la tierra de tu familia.

-También debería ser uno de los favoritos de la corte

y, sin embargo, Isabel me trata con desprecio.

-Mejor el desprecio que el aislamiento.

¿O ya has olvidado los meses que estuvimos encarcelados?

-No lo he olvidado Ya pagarán por ello. Lo juro.

-Los juramentos tienen más credibilidad

sin una copa en la mano.

-Madre, por favor, ya no soy un niño.

Cuéntame esas noticias.

-El Parlamento ha restablecido los títulos de tu padre.

Por fin vuelve a ser el conde de Lennox.

-Y algún día lo seré yo. -No.

Tú estás destinado a ser algo más grande.

-Siempre quise ser papa. El blanco me favorece.

-No digas tonterías. Serás rey de Escocia algún día.

-¿Y eso por qué?

-Tu prima María está buscando marido.

Ha sido rechazada por las casas reales de España y Francia.

-Ten cuidado, nunca has sido buena conspirando.

-Si María quiere un marido, nosotros se lo daremos.

-Brindo por ello, madre.

(KNOX) Voy a ir a hablar con esa mujer

y te aseguro que nadie va a poder pararme.

¿No os parece suficiente ultraje

celebrar misas y frivolizar con media corte

para que además pretendáis que un hereje católico

se convierta en rey de los escoceses?

Buenos días, reverendo.

Compruebo con satisfacción que vuestra mala educación

y vuestra tendencia a la cólera no han quebrantado vuestra salud.

Maldita seáis. Tranquilo, lord Maitland.

El reverendo se va a excusar de forma inmediata.

Tengo la obligación sagrada

de velar por el alma de los escoceses.

Lo haréis de forma más eficaz

cuidando de vuestro corazón y vuestro hígado,

que debe de estar podrido por la hiel.

Mi cuerpo goza de mejor salud que vuestro espíritu.

De momento.

Deberíais comportaros con más respeto delante de la reina.

El respeto se gana.

-Es mujer y vuestra reina. -Dos graves problemas

que unidos llevarán a nuestro país al desastre.

No hagáis que olvide que sois reverendo. Retirad esas palabras.

-¡Y de forma inmediata!

Caballeros, por favor, calma, sean piadosos.

¿No se dan cuenta de que la actitud del reverendo es así

porque no ha debido de tener madre?

Tiene un problema mental.

-¿Yo? Nunca he estado más lúcido.

¿Habéis tenido madre?

Qué estupidez. ¿Qué estáis insinuando?

Vuestro odio a las mujeres solo puede venir del rencor

de haber sido abandonado por vuestra madre.

O de algún problema físico o mental inconfesable.

Estoy perfectamente y sois vos quien representáis

lo peor que le ha ocurrido a nuestro país.

Y vos, lo mejor. Qué lástima que no os puedan coronar reina.

Vengo a hablar de vuestro matrimonio.

Sí, a desearme que sea muy feliz.

Lo he visto según atravesabais esa puerta.

Gracias, podéis retiraros.

Si osáis casaros con un hereje católico,

podréis ser acusada de alta traición.

-Estáis llegando demasiado lejos.

Traición ¿a quién?

-A la Iglesia protestante de Escocia.

Soy la reina, soy católica

y no he obligado a mis súbditos a cambiar su religión.

Solo faltaba. Sería más fácil cambiar de reina.

Y eso es potestad de los nobles.

¿Os atrevéis a amenazarme?

Me tomo la licencia de advertiros por vuestro bien.

Ya tiene quien se ocupa de su seguridad.

¿Vos? No ofendáis a Dios.

-Ni vos a la reina.

Reverendo, se me está agotando la paciencia.

A partir de ahora permaneceréis confinado en vuestro domicilio.

-¿Me estáis encerrando? ¿Vos?

Solo podréis salir a instancias mías.

Mi voz seguirá escuchándose.

Pero yo me libraré de vuestra presencia. Maitland, la guardia.

No os atreveréis, soy la palabra de Dios.

Si es así, él os salvará.

Puedo ver en vuestro rostro el de Jezabel.

Siempre lo mismo. ¡Fuera!

¡No! Vuestro reinado es una perversión que pronto acabará.

Rizzio, libradme de esta pesadilla.

¡No os acerquéis a mí! Maldigo el día en que las mujeres

se apropiaron del derecho a gobernar.

Un momento. ¿Y por qué enfermiza razón

no opináis lo mismo de la reina Isabel?

Vuestra prima es la excepción. Ella es virtuosa,

inteligente y ejemplo de los valores de la reforma.

Que no salga hasta que haya pedido perdón públicamente.

Si estoy encerrado, ¿cómo voy a poder excusarme públicamente?

Es cierto. Entonces prefiero que no salga.

-¿Estáis bien, majestad?

Sí. Este diablo me descoloca. Fanáticos protestantes...

Qué intensidad.

En el sexo siempre siento que hay una especie de venganza.

(DUDLEY) ¿Por qué dices eso?

Es pasión lo que me provocas.

A veces pienso que quieres partirme en dos.

Hacerte definitiva y completamente mía.

¿Por qué los hombres tenéis que convertir

siempre el sexo en un reto? ¿Qué hombres?

¿Estás viendo a otros hombres? A decenas.

¿Por qué me torturas?

La corte está llena de hombres,

pero ellos me presionan o me aburren.

Tú no.

(Se abre la puerta)

-¡Oh! Perdón, perdón.

Ni te muevas, que contigo no he terminado todavía.

Pasad, lord Cecil, os esperaba.

-Pero yo no.

-Si queréis vengo más tarde. ¿Lo tenéis?

Lo... Lo acabo de terminar. ¿Cómo ha quedado?

Por este edicto, tendréis el derecho de veto

sobre la elección de esposo de la reina María.

¿Veto?

Si se intenta casar con alguien que me suponga una amenaza,

invadiré Escocia. -¿Tenemos dinero para eso?

Si no tienes algo positivo que proponer, quédate pensando.

-Ella quizá lo imagine. Por eso no firmará el tratado.

-Su matrimonio con un católico iría contra la reforma protestante.

¿Para qué estamos pagando al reverendo Knox?

Encerrado en su casa no nos sirve para nada.

-Sigue predicando desde el balcón.

Tal vez su muerte nos sería más útil que su encierro.

Ya lo había pensado. Podría ser muy desestabilizador.

Pero pasajero. Bueno...

-No para él.

Parece que mi prima está dispuesta a volverse a casar, ¿no es así?

-Eso me temo.

Pues ayudémosla.

¿Cómo?

Casándola con un lord inglés de nuestra confianza.

-¿En Escocia?

Sería perfecto.

Solo así yo sería más flexible

y la consideraría sucesora al trono de Inglaterra.

A mi muerte, por supuesto.

-¿Casándola con un lord inglés y protestante?

Las dos coronas se fortalecerían con un matrimonio mixto.

-¿Habláis en serio?

Tengo hasta el candidato.

-Ah. Por favor, majestad.

Es atractivo, de noble cuna, se muere por ser rey

y sabe satisfacer a una reina.

No os estaréis refiriendo a... A mi fiel Dudley, sí.

-Majestad, yo jamás podría... No finjas.

Por una corona serías capaz de todo.

Todo menos desatender los deseos de mi reina.

Vuestras reinas. Porque seríamos dos.

Falta saber si tendréis energía suficiente.

-Con el debido respeto, majestad,

esto que proponéis me parece impropio y escandaloso.

A mí me parece brillante.

Incluso podríamos vivir juntos como una gran familia.

¿No tenéis nada que decir?

-Sí.

Que para mí la felicidad de la reina es lo primero.

Y aceptaré cualquier sacrificio con honor.

No os hagáis el mártir. Mi prima es hermosa y deseable.

Y vos sois un fornicador compulsivo.

Solo tendréis que alimentaros mejor.

-Si no controlamos a vuestra prima,

los católicos volverán a tomar Londres

y el papa se paseará en góndola por el Támesis.

-No, si yo puedo evitarlo.

-¿Vos?

La reina María os considerará un insulto

y os devolverá a la corte con este edicto metido en el...

¡Lord Cecil! No os pongáis vulgar, por favor.

Mejor me callo. No fortalece vuestros argumentos.

Mi promesa de sucesión al trono es demasiado tentadora

incluso para una reina católica. Y la asegurará si firma.

-Y yo puedo ser muy persuasivo.

-No tenéis la menor probabilidad.

¿Alguna idea mejor?

Necesito tiempo.

Con vuestro permiso.

(Se abre y cierra la puerta)

-¿Y si María se enamora locamente de mí?

Solo corres peligro si eres tú el que se enamora de ella.

Siempre me da miedo entrar en este lugar.

No sé cómo te puede gustar esto.

Más que gusto es respeto y protección.

Son santos que dieron su vida por la Iglesia.

Provocan...

admiración, no miedo.

Una carta de mi madre.

Insiste en que te convenza

para que me acompañes a la conferencia de Bayona.

Irás con el duque de Alba, ya está decidido.

Seréis una perfecta representación.

Se va a hablar de religión, no de política.

Por parte de Francia irán mi madre y cuatro de mis hermanos.

¿No estaremos en desventaja?

No, es Francia la que tiene problemas de herejía, no nosotros.

¿Y si los hugonotes cruzan la frontera?

Que lo hagan.

Cortaré la cabeza a sus líderes y acabaré con el problema.

Es la recomendación que haré a tu madre a través del duque de Alba.

¿Qué es lo que te retiene? ¿El príncipe?

Su salud física y mental. ¿Mental?

No me perdona que no lo casara con María Estuardo.

Dice que está enamorado de ella.

Tiene un retrato suyo que lleva a todas partes.

Mi hijo no sabe lo que dice. Empiezo a pensar que está...

loco.

Dios vuelve a ponerme a prueba con él.

No está loco.

Es muy joven, está solo un poco confuso.

Supongo que tú lo sabes mejor que yo.

Pasas mucho tiempo con él.

A veces demasiado, para mi gusto.

Por favor, Felipe. Esa insinuación es un insulto a mi persona.

Las murmuraciones que llegan a mis oídos son algo más que un insulto.

Son traición.

Yo...

No es justo que pagues tus cambios de humor conmigo.

¿Me puedo retirar?

Yo no te he llamado.

Estáis muy guapo, conde de Leicester.

Bueno, supongo que he nacido para ser noble.

Espero que mi prima sepa valorar tan extraordinario presente.

Cuando desenvuelva el regalo y vea lo que hay dentro, se volverá loca.

-Es hora de partir, Dudley.

-Conde, si no os importa.

Me he ganado el título sirviendo bien a nuestra reina.

-Poneos en marcha, señor conde.

Id con Dios.

-¿Con cuál de ellos?

-Es muy arrogante. Y vos, muy imprudente, majestad.

Y vos sois tremendamente pesado, lord Cecil.

Dios, qué lugar tan horroroso.

¿Es que no hay ni un buen arquitecto en toda Escocia?

-Por favor, Henry. Compórtate como un buen escocés.

-Eso es imposible,. Me habéis educado como a un príncipe inglés.

-Aquí puedes ser rey.

Y en Inglaterra nadie nos quiere. No te olvides de ello.

(MELVILLE) Majestad, Lady Margaret Douglas, condesa de Lennox,

y su hijo, Enrique Estuardo, lord Darnley.

Querida tía.

-Majestad. Estáis radiante. Qué alegría veros por fin.

¿Primo?

-Es un honor, majestad.

Es un placer conoceros.

Nuestra prima Isabel

me ha retenido en Inglaterra desde que nací.

Yo habría hecho lo mismo.

Majestad, su primo es un lord inglés y católico,

raro ejemplar en Inglaterra.

Ahora que mi padre vuelve a ser conde de Lennox,

por fin soy libre de regresar a Escocia...

y ponerme a vuestro servicio.

Me podéis ser muy necesario. Y creo que compartís aficiones.

-Os vais a entender de maravilla.

Como vos, mi hijo es un gran jinete.

-Me encanta la cetrería.

-Es un gran cantante, y bailarín. ¿También bailarín?

Vuestra visita me ha cogido desprevenida.

Intentaré improvisar un recibimiento como merecéis.

Rizzio, acompañadlos hasta sus aposentos.

Por favor.

(Trinos)

Ah, Maitland.

Qué agradable sorpresa.

Os hacía en Francia.

-Regresé ayer.

Y yo os imaginaba en otras camas. -Bueno,

llevo tres días esperando a que me reciba vuestra reina.

En algo debía ocupar mi tiempo.

-No creo que a vuestra reina le gustase si se enterara.

-Entonces no dejemos que eso ocurra.

¿Qué queréis?

-María os recibirá mañana.

Y enfundad bien vuestra espada.

(Música renacentista)

(Aplausos)

(Aplausos)

Sin lugar a dudas,

posees la biblioteca más extensa de Inglaterra.

Esto no es más que la décima parte de cuanto tengo.

¿Los has leído todos? No.

Hay algunos para los que aún no estoy preparado.

Por favor, leed esto.

¿Otro documento "007"?

No son números, majestad.

Es la representación de unos anteojos.

Este tipo de documentos son solo para sus ojos.

Y los vuestros.

¿Estas cifras son reales?

Si no me equivoco, creo que son muy aproximativas.

Tú nunca te equivocas.

Según esto, el rey de España se va a hacer inmensamente rico

gracias a sus colonias.

El Nuevo Mundo está lleno de oro, plata y metales preciosos.

Dinero es poder.

Y si Felipe acumula más poder, será nuestra perdición.

No podemos permitirlo.

¿Qué sugieres?

Para que toda esa riqueza pueda llegar a España,

ha de atravesar un océano.

El mar.

Estás obsesionado con el mar.

Estoy obsesionado con el porvenir de Inglaterra, majestad.

No tenemos suficientes barcos.

No hacen falta muchos barcos.

Lo que hace falta, majestad, es saber emplearlos bien.

Como el de Hawkins.

Hay muchos más hombres como Hawkins, majestad,

dispuestos a serviros.

Yo me encargaré de adiestrarlos.

Solo falta vuestro beneplácito.

Lo tienes.

Majestad.

Dudley.

Sí, majestad, Robert Dudley. Nos conocemos.

Nos conocimos en Francia.

Sí, os recuerdo bien.

¿Estáis al corriente del contenido de estos documentos?

No en profundidad.

Uno es un insulto a mi condición de reina

y el otro a mi condición de mujer. La reina Isabel

intenta protegeros. ¿Prohibiéndome casarme

con quien me plazca? -Un matrimonio inconveniente

pondría en peligro... Su trono, no el mío.

Y para colmo el mensajero sois vos.

-Con todos mis respetos... Es sorprendente

que habléis de respeto viniendo con esto.

-No creo que seáis la persona adecuada

para opinar de un asunto tan grave. Es mi secretario.

-Yo solo obedezco los deseos de mi reina.

Lo sabemos sobradamente.

Por eso me parece más ultrajante

que os ofrezcáis como posible esposo.

Vuestra prima pensó que os satisfaría su ofrecimiento.

¿Y vos no tenéis opinión?

¿Os consideráis un trozo de carne que se pasea de cama en cama?

Tengo la dignidad y el rango suficiente

para casarme con vos.

Soy conde de Leicester, maestro de caballería

y consejero privado de la reina Isabel.

Conocemos el tipo de consejos que dais a mi prima;

pero yo no los necesito.

Lord Dudley, su majestad está muy ocupada.

Demasiado sola también.

Y si no encuentra marido que la quiera, la proteja

y le dé descendencia...

puede pasarlo muy mal.

Majestad.

Señores, tenemos demasiados frentes abiertos.

No solo crece el protestantismo en Europa,

sino que Castilla y Aragón, con sus fueros distintos,

son lugares que dan protección a los enemigos de la corona.

Majestad, nunca la conspiración y el asesinato

han sido tan habituales como en la actualidad.

-Cierto.

El mayor peligro lo tenemos en los hombres de más confianza.

Hoy en día, el engaño es el único medio de comunicación

de los países.

Necesitamos tener la mayor información posible,

y la mejor. -Eh...

Harto difícil, majestad. Sí, pero imprescindible

para la supremacía imperial de España.

-Eso requiere mucho dinero.

En el Nuevo Mundo,

la información es controlada por la Santa Inquisición.

Y aquí voy a crear la mayor red de información

que haya existido.

-Gran idea.

Así tendremos la información necesaria

para evitar los abordajes a nuestros barcos.

Demasiados piratas ingleses.

-Perdonad la interrupción, pero creo que la ocasión lo merece.

Querida Isabel.

Ven aquí.

¿Qué me traes aquí?

El maravilloso cuadro que tanto deseabas,

"El jardín de las delicias".

Señores, observen la fuerza y la valentía

de este pintor, El Bosco.

(Puerta abriéndose y cerrándose)

Ni siquiera lo consideró.

Me rechazó de pleno, me despreció como a un lacayo.

Sus doncellas se reían de mí. -Os lo advertí.

Estúpida presuntuosa, rechazar el trono de Inglaterra...

-No, no estáis entendiendo.

Del tratado en el que la reconocíais como sucesora al trono,

aquí no viene nada.

Lord Cecil.

Estoy esperando vuestra explicación.

-Sabía que era inútil el ofrecimiento

subordinándolo al matrimonio con Dudley.

-El día menos pensado os corto el cuello.

-Procurad que duerma. Volved a contravenir mis órdenes

y no será necesario. -Eh... Señora,

pensé dejar la proposición para cuando hubiera...

un mejor candidato. -¡Maldito bastardo!

¡Quietos!

-No volváis a ponerme la mano encima.

(Puerta abriéndose y cerrándose)

Me excitas mucho cuando te enfadas.

-Debía haber ido como un gorila en celo para ver a María.

Mi prima es tonta rechazándote.

No tiene ni idea de lo que se pierde.

-Me había hecho a la idea de ser rey de Escocia.

Ese bastardo de Cecil...

Nos ha engañado.

Quítatelo de encima.

¿No ves que te desprecia?

Es frío y calculador,

pero es la única cabeza en Inglaterra aparte de la mía

que tiene un poco de sentido común.

Gracias por subirme la autoestima.

Cecil te la jugará.

No solo no pienso cortarle la cabeza,

sino que le tengo que estar agradecida.

Me arrepentí de enviarte como regalo a mi prima.

Te quiero para mí sola.

¿Y qué pasa con mis deseos, no cuentan para nada?

Tus deseos son los míos, querido.

Ya has sido recompensado por satisfacerlos.

¿A qué esperas para quitarte la ropa?

No estoy de humor.

Desnúdate.

¿Es una orden?

Sí.

Majestad, ¿habéis pensado en contraer matrimonio?

De sobra sabéis que sí.

Si no, no habríais regresado a Escocia.

¿Tan transparente soy?

Tranquilizaos, es un defecto masculino.

Como reina, estoy obligada a casarme y tener herederos.

No voy a cometer el mismo error que mi prima Isabel.

¿Y como mujer?

¿Como mujer? Creo en el amor.

Pero a veces pienso que no me lo puedo permitir.

Ya estuve casada una vez y no fue por amor.

Tal vez es cuestión de encontrar al hombre adecuado,

que cumpla todos los requisitos para ser el compañero de una reina.

Y ese sois vos, ¿verdad? Estoy seguro.

Sois bella, simpática e inteligente,

todo lo que un hombre puede desear.

Y además soy reina. De Escocia.

Si os casáis conmigo, lo seréis también de Inglaterra.

¿Lo ves?

El amor solo dura unos segundos en los labios de los reyes;

luego se transforma en pura estrategia.

Si me dais la oportunidad,

mi estrategia será llenar de amor nuestra vida.

Ponedlas en agua y distribuirlas por mi gabinete.

Sí, majestad.

Lord Cecil.

Solo viendo vuestra forma de caminar

sé cuándo tengo que preocuparme. -Así es, majestad.

¿Escocia? Sí, majestad.

Mi prima se ha transformado en un dragón rampante

y está destruyendo York

con las llamaradas de sus fauces. Por favor, majestad.

El asunto es serio.

Hablad. María ya tiene un pretendiente,

como vos deseabais, un lord inglés.

Empieza a entrar en razón. Todo lo contrario.

Os desafía sin pudor.

Es católico e incómodo para vuestra corona.

¿Incómodo? ¿Qué queréis decir?

Tiene derecho a ser rey de Inglaterra

según testamento de vuestro padre. ¿Su primo?

¿Enrique Estuardo? Efectivamente, lord Darnley.

¿Ese pusilánime degenerado, rey de Inglaterra?

Delira.

Jamás.

Majestad, vuestro hermano continúa ganando adeptos.

Si no nos enfrentamos a él ahora, se hará demasiado poderoso.

Pero es mi hermano. No, ya no.

Ahora es un enemigo de la corona.

Bothwell está al frente de 2000 hombres,

esperando vuestra orden.

¿Se protegerá la vida de mi hermano?

Es una batalla, no un juego de damas.

Está bien.

Dad la orden.

(Relincho)

¡Por María!

(Relinchos)

(MAITLAND) Majestad, vuestro hermano ha sido derrotado.

En estos momentos huye hacia el exilio.

Por fin buenas noticias.

Permitidme presentaros al artífice de la victoria:

James Hepburn, conde de Bothwell. -Majestad.

Bothwell, vuestra fama os precede. Y a vos vuestra belleza.

¿Es cierto que rompisteis los barrotes de vuestro encierro

y bajasteis por un muro de 30 metros de altura,

matando a media docena de soldados?

Fue mucho más fácil. Bueno, soborné a un carcelero.

Os estoy muy agradecida. Los lores escoceses

me hacían la vida imposible. Los conozco bien.

A partir de ahora estaré a su servicio.

-No obstante, parte de vuestra seguridad

pasa por que encontréis cuanto antes un rey para Escocia.

Seguramente en breve os daré buenas noticias.

Gracias otra vez.

-No tengo la menor duda de que sabrá elegir, señora.

-Majestad, os surgen pretendientes como setas.

Es muy masculino, pero un poco tosco.

Mi primo reúne mejores cualidades.

Se complementan de maravilla.

Yo me quedaba a los dos.

¿Dónde está Rizzio?

Buscadlo.

(JADEA DE PLACER)

"Bocatto di cardenale".

Eres fantástico.

Tienes habilidades que se acercan a la brujería.

Dicen que el mejor sexo lo hacen las personas más inteligentes.

¿Y con las mujeres?

Me gustan dominantes y poderosas.

Pero sensibles.

¿Como María?

Se comenta que eso tú lo sabes bien.

Rumores.

Quiero su confianza, su cariño.

Y tú tienes que ayudarme a conseguirlo.

Lo que pretendes es el reino de Escocia,

no disimules. Y de Inglaterra.

¿Te imaginas?

Yo, el rey, y tú...

nuestro mejor consejero.

No haré nada

que no considere bueno para nuestra reina.

¿Tienes alguna duda? Sería un buen marido, mejor rey,

y tu amante perfecto.

Si te ayudo y me traicionas, no dudaré en desenmascararte.

Y si lo haces, los primeros en conocer tus hábitos

serán tus amigos de Roma.

¿Tenemos un pacto?

Mucho más que eso.

Tendremos dos reinos.

Mira.

Acabo de descubrir cómo se aparean dos escorpiones.

(Canto de grillos)

Caballeros, los he reunido aquí

porque hay un tema de máxima importancia

que quiero poner en su conocimiento.

Estamos a vuestra disposición. -María Estuardo, reina de Escocia,

pretende casarse. -Oh, un feliz acontecimiento

que no vendría mal a la corona inglesa.

Monseñor, cuando le competa ese asunto al rey de Francia,

no dudaré en pedir su opinión.

Entonces, ¿qué hago aquí?

-Conocemos y apreciamos las ofertas de su corona.

Encontramos al futuro rey de Escocia...

inconveniente y desestabilizador.

-Es un lord inglés. -Pero católico.

-Y con cuentas pendientes con su majestad.

Sigue siendo políticamente incorrecto.

-Y eso, ¿en qué nos afecta?

Esta boda es hostil a nuestra corona,

por lo que cualquier pacto o tratado comercial o estratégico

que hicieran sus países con Escocia

lo podríamos tomar como una declaración de guerra.

-No pienso que estéis en grado

de hacernos ningún tipo de prohibiciones;

y menos aún al imperio español. -¿Nos ha traído para informarnos

o para amenazarnos directamente? -No os ofendáis, señor.

Es la realidad. -¿Qué decís?

-No se trata de ningún ultimátum.

Pero la reina Isabel se hará con el control de las islas.

Y no ha de tardar mucho tiempo.

Así que estamos dispuestos a mantener las mejores relaciones

con España, Francia y Austria, siempre y cuando...

-Siempre que asfixiemos a la reina de Escocia.

-Os mantendremos informada. -Majestad.

-Arrogante vanidoso.

El español te ha insultado sin paliativos

y el francés estaba claramente hostil.

Es inadmisible. Sí...

Ya he visto cómo querías clavarles tu espada.

Cuando hablo, permites que Cecil me avergüence,

y si me callo, me avergüenzas tú.

Además de reina, soy mujer.

Y desde que conociste a María,

diría que has perdido hasta tu vigor sexual.

Me llamó trozo de carne. Pues a dicho trozo de carne

le está afectando profundamente.

María tiene razón.

¿En qué?

¿Cómo te atreves?

No solo me rechazas como marido,

sino que me echas en brazos de otra mujer a la que odias.

¿Dónde queda mi autoestima?

¿Y la tuya?

Los hombres profundos me provocan una mortal pereza.

No voy a continuar con alguien que me desprecia.

No insistas, por favor.

Todo tiene sus ciclos.

Y lo admitas o no, de Escocia has venido bastante fascinado.

Será cuestión de volver allí,

a ver si se me pasa el hechizo.

¡Va a casarse!

¡Va a casarse?

¿De qué estás hablando?

De María, la reina de Escocia.

Yo debería ser su marido.

Ese asunto ya no nos concierne.

Una vez más estás consiguiendo humillarme.

Te humillas tú solo con estas actitudes.

Eres el heredero del mayor imperio del mundo,

y no estás a la altura.

Has cometido un gravísimo error.

Conmigo, el rey de Escocia,

tendríamos Inglaterra y el mundo entero.

Oh.

Y, dime,

¿cómo ibas a hacerte con Inglaterra?

-Felipe, por favor, te lo ruego. -Por las armas.

Soy un gran estratega y un excelente guerrero,

no como tú, que siempre te escondes en la retaguardia.

Retírate. Estás molestando a la reina.

-Qué considerado.

Y más cuando quieres matarla

para casarte con tu sobrina Ana.

Fuera de mi vista.

Te odio.

¡Compórtate!

Es el día de tu boda. -Precisamente por eso, madre.

-No pienso dejar este mundo sin verte como rey de Inglaterra,

el país que más daño nos ha hecho. -Yo me encargaré.

¿Puedo felicitar al novio?

Por supuesto, amigo.

Perdonadnos un momento.

Tú también, madre. -No tardes.

Recuerda, no hagas esperar a la novia.

Estás más que espectacular.

-Espera a verme sin ropa.

Esto va más deprisa de lo que esperaba.

Soy inmensamente feliz.

Y mucho te lo debo a ti.

Espero que ese pequeño detalle no se te olvide nunca.

El primer paso es neutralizar a Isabel.

Ese es el segundo.

Recuerda, el primer paso es preñar a María.

Y no te equivoques, necesitamos un varón.

¿Has venido a provocarme?

Quería asegurarme de que estabas listo.

Ah, por cierto.

Suprime a esos muchachos de tu compañía.

¿Estás celoso? No.

Pero te necesito entero.

¿Buscáis a alguien?

¿Y vos?

¿Lo habéis encontrado?

Empieza una nueva etapa en vuestro país.

Sería conveniente ser amigos.

Sois los ojos y oídos de la reina.

Cómo negarme a tal ofrecimiento.

Bien.

Gracias.

Ayudadme con el recuento de invitados.

(Música de gaitas)

"Alea jacta est".

-La reina católica y el marido inglés.

-Bueno, es católico.

-Desde aquí no diferencio cuál de los dos es la novia.

-La que esté menos borracha.

-¿No os alegra la felicidad de vuestra reina?

-Estamos preocupados por nuestras tierras, nuestros clanes.

-¿Quién creéis que pagaría los desastres de una guerra?

-Calma, señores. Esto es solo una boda, no el fin del mundo.

Y permaneciendo unidos, ganaremos cualquier batalla

sin llegar a la guerra.

-¿Con ese rey?

-Es ambicioso y de gustos... varios y refinados.

(CURA) ...otorgado por el papa de Roma...

-Difícil de controlar. -...yo os declaro marido y mujer.

Y ahora, lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.

(Aplausos)

-¡Dios salve a la reina!

(MUCHOS) ¡Dios salve a la reina!

¡Dios salve a la reina!

¡Dios salve a la reina!

(MUJER) El vestido me encanta, es precioso.

(Murmullos y risas)

-Majestad.

Esta boda para mí ha sido tan repentina...

Me sorprendéis.

Pero estaré a vuestra disposición pase lo que pase.

Particular manera de felicitar a una recién casada.

-¡Querida! Hoy el único que os puede acaparar soy yo.

¡Que empiece la gran fiesta!

Pasemos al banquete.

(Aplausos)

(Música de gaitas)

Majestad, no es necesario que leáis todo.

¿Y si me ponéis a firmar una sentencia de muerte,

por ejemplo la de Dudley?

Entonces le haríamos un favor a la corona.

¿Qué es todo esto entonces?

Asuntos rutinarios del Tesoro y actas del parlamento.

(Puerta abriéndose)

-Con vuestro permiso.

Pasa, querido.

Acabamos de salvarte la vida.

(CECIL RÍE) -¿Cómo?

-Su majestad está bromeando.

Está de buen humor.

-Cuánto me alegro.

Porque vengo a despedirme.

¿Huis por algún motivo?

Probablemente solo pretendo conservar mi dignidad.

-¿Y eso se arregla viajando?

-Oh, se me olvidaba. Vuestra prima...

está embarazada.

¿María? Sí.

Hay otros trozos de carne que funcionan de maravilla.

Ahora es doblemente Estuardo.

-Un Tudor vale más que cien Estuardos.

-Eso mantenedlo

cuando María con su heredero en los brazos

reclame el trono de Inglaterra. Si veníais a despediros,

no demoréis vuestra partida.

Espero que el tiempo no me dé la razón.

(Puerta abriéndose)

(Puerta cerrándose)

Maldita sea.

Todos empujándome a un matrimonio inútil

mientras ella se queda embarazada a la primera.

-¿Inútil, majestad? ¿Su matrimonio, inútil?

Inútil, sí, inútil.

No soy virgen, soy estéril.

Eso no es seguro.

Tendríais que estar casada y con el hombre adecuado,

para poder confirmarlo.

Ese hombre aún no ha nacido.

Lord Cecil.

¿Qué hacéis ahí parado? Haced algo.

¿Qué, majestad?

Vuestra especialidad:

conspirar.

(CAMARLENGO) "El papa ha muerto".

"Un inquisidor papa...".

Esa es una buena mezcla.

(CECIL) "Sí, majestad,

el tesoro de la corona está prácticamente agotado".

"Soy la reina, no hay nada que puedan exigirme".

(CECIL) "Una reina sin dinero".

(BOTHWELL) "¿Qué ocurre aquí?".

¡Parad! (MAITLAND) No os metáis en esto.

Está en juego el futuro de Escocia.

¡Y no voy a permitir más locuras!

Mi prima ha dejado bien claro que no renunciará a su religión.

Deberían preocuparnos quienes la rodean.

O me consigues los poderes de auténtico rey

o juro que haré que te arrepientas.

Este nacimiento es lo peor que le podría ocurrir a Inglaterra.

-Y no debemos permitirlo.

(MUJER) Ya casi está, majestad.

¡Ah!

Yo no puedo esperar.

¿Adónde crees que vas?

Maldito cabrón.

Aguas demasiado en calma son presagio de una tormenta violenta.

"Se va a derramar mucha sangre".

(DARNLEY) "¡Larga vida al rey!". (MUCHOS) "¡Hurra!".

  • Capítulo 2: El matrimonio, razón de estado

Reinas - Capítulo 2: El matrimonio, razón de estado

31 ene 2017

Dentro de la realeza, el matrimonio siempre es una razón de estado y en la limitada oferta matrimonial disponible en esos momentos, las dos reinas estarán muy solicitadas. María, católica, joven y bella; e Isabel, protestante, menos joven pero también de gran belleza.

Felipe ya ha elegido a María como esposa para su hijo, el enfermizo y conflictivo príncipe Carlos, opción que no satisface a Isabel, que se dedicará a estorbar los planes matrimoniales de María al tiempo que le envía su propuesta personal: sir Robert Dudley, su favorito. María demora su respuesta y agasaja a Dudley, pero al mismo tiempo negocia su propia opción.

Contenido disponible hasta el 31 de enero de 2027.

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