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No recomendado para menores de 16 años Reinas - Capítulo 1: El regreso - ver ahora
Transcripción completa

Felipe II, el monarca más poderoso del siglo XVI,

luchó denodadamente por mantener el catolicismo en todos sus reinos,

especialmente en Europa,

donde un crecimiento del protestantismo

ponía en peligro su objetivo.

Isabel I de Inglaterra,

la reina virgen con una vida llena de enigmas,

momentos dramáticos y extravagancias,

estuvo muy cerca de casarse con Felipe II,

quien ya había sido Rey de Inglaterra

tras su boda con su hermanastra María Tudor,

apodada "La Sanguinaria".

Su inteligencia y cultura

hicieron que Isabel convirtiera a Inglaterra

en uno de los países más poderosos de Europa.

María Estuardo, reina de Escocia

con derechos sobre el trono de Inglaterra,

católica en un país protestante al que llegó llena de dificultades,

expulsada de Francia cuando enviudó de su primer marido, Francisco II,

y que se convertirá en la reina mártir.

Tres personajes que entrelazaron sus destinos

en la construcción de una nueva Europa.

¿Nerviosa?

Bueno, no sé...

Emocionada tal vez.

Cuando embarqué, me sentía triste

y ahora estoy encantada de regresar a casa.

Ya se ve tierra, majestad.

(Graznido)

(Graznidos)

Cuando me fui de aquí, solo tenía cinco años.

Apenas tengo recuerdos de mi infancia.

Volvéis a Escocia como reina, mi señora.

Y seréis recordada para siempre.

(Murmullos)

¿Es aún bienvenido?

Majestad, la tormenta atrasó nuestra llegada. Sin duda...

Sin duda, esta es una de las muchas dificultades,

pero... gracias de todas formas, mi fiel Melville.

Actúa con completa humanidad.

-Bienvenida, majestad. Levantaos, por favor.

Disculpad... que no hayan venido otros dignatarios a recibiros.

Señor alcalde, no se preocupe.

Nuestra partida desde Francia fue apresurada y la cruzada no ayudó.

Un carruaje os llevará hasta el castillo.

Vuestro hermano y el resto de lores os aguardan.

Prefiero ir a caballo.

Mis doncellas me acompañarán.

Como gustéis.

Gracias, señor alcalde.

No olvidaré su bienvenida.

(Relinchos)

(Relinchos)

(Trinos)

Como podéis ver, no es precisamente la corte de Francia...

No necesito un gran palacio. Prefiero construir un gran reino.

Sed bienvenida, majestad.

Gracias, hermano. Esperaba veros en el puerto.

Caballeros, es un honor estar aquí.

Espero hacerme acreedora de este recibimiento.

Por favor, aceptad

este pequeño obsequio como prueba de nuestro respeto y admiración.

Una Biblia...

Muy oportuno.

Sé que están alarmados porque soy católica,

así que quiero aclarar este asunto cuanto antes.

Majestad, no os preocupéis.

Ya habrá tiempo...

Mi primera resolución como reina de Escocia será no alterar

el estado religioso del país.

-Una resolución muy acertada, majestad.

No he terminado.

Pero demando reciprocidad en dicho acuerdo.

Es decir, tanto yo como mis sirvientes seguiremos

profesando la fe católica sin ningún tipo de inconveniente.

(GRITANDO) ¿Es que acaso pensáis celebrar misa aquí?

Sí, mi vociferante amigo.

En la intimidad de mi palacio.

Si celebráis la misa, seréis culpable de idolatría.

En Escocia, un pecado más grave que el asesinato.

Dejadme adivinar.

No me cabe la menor duda de que estoy hablando con John Knox,

líder de la Reforma protestante. Así es, el mismo.

Conozco vuestros escritos, reverendo.

Me asombró especialmente el que publicasteis

contra las mujeres gobernantes.

Obviamente, no os gustamos.

La monarquía femenina es repugnante.

Una mujer con poder es una aberración de la naturaleza,

y, como tal, debe ser exterminada. El Antiguo Testamento

ofrece el camino a seguir: Jezabel, Athalia...

Decididamente, no os gustan las mujeres.

Solo cuando se salen de su cometido. La Biblia lo dice...

Interpretáis las Sagradas Escrituras a vuestra conveniencia.

Me interrumpís.

Es uno de los privilegios de ser vuestra reina.

Seguro que más de uno de los presentes daría su fortuna

por haceros callar para siempre.

(Risas)

Refrescadme la memoria, hermano.

Si, como dijo San Pablo,

"no hay más poder que el que procede únicamente de Dios

y los poderes vigentes están investidos de Dios",

¿cómo justificáis el asesinato de reyes

que proponéis en vuestros libros?

Cuando el rey no es digno de su pueblo,

el consejo de lores debe tomar el control

en nombre de Nuestro Señor Jesucristo.

Recordadme qué significa "cinismo". Señora, ¿me insultáis?

¡No! Pero no pongáis en duda mi autoridad.

Mi cortesía tiene límites.

Si vuestros súbditos os aceptan como su reina,

tendré entonces que vivir bajo vuestra autoridad.

(SARCÁSTICA) Bien, bien...

Esa actitud os hará gozar de buena salud.

Y ahora, si me disculpáis,

tengo mejores cosas que hacer que discutir con vos.

¡Majestad!

¿Perdón, señora?

Si vivís bajo mi autoridad,

debéis dirigiros a mí como "majestad".

-Estaréis cansada, majestad.

Caballeros,

debemos dejar sola a la reina.

Gracias por su presencia y sus atenciones, caballeros.

Creo que me queda un arduo trabajo por hacer.

¡Amigos,

me alegro mucho de veros!

-¿Su majestad sigue cazando?

-Deben estar a punto de regresar. -Hace tiempo que partieron.

-Seguro que están cobrando buenas piezas.

¡Hermana, qué sorpresa tan agradable!

No os esperaba.

Mateo.

-Majestad,

sabemos que la reina Isabel de Inglaterra

está financiando a Guillermo de Orange.

¿Isabel?

(RÍE)

Está arruinada.

-Precisamente necesita expandirse.

-Eso... se arregla con nuestro ejército.

-Perdonad que discrepe.

Ya ha habido suficiente derramamiento de sangre.

El apoyo de la Santa Sede es básico.

Recordad nuestros tratos con su Santidad.

-Mejor siempre

la diplomacia que las armas.

Tengo que dominar la situación lo antes posible.

Europa está al borde del desastre.

Caballeros, en marcha.

-Majestad, deberíais descansar. Vuestro último ataque de gota...

Lo primero son mis vasallos,

la justicia y mantener el orden en el imperio.

¿Y su salud?

Está en manos de Dios, Él proveerá.

Vamos a palacio, el tiempo apremia.

Querida hermana,

tendrás que cuidar de nuevo al príncipe Carlos.

Él te adora y es pieza fundamental en el futuro de Europa.

-Será un placer, hermano.

¡Su majestad la reina Isabel de Inglaterra!

(Carraspeo)

-Majestad. Estáis más bella que nunca.

Sois muy halagador, "sir" Hawkins. ¿Qué me traéis?

Un grupo de nativos de Sierra Leona.

¿Salvajes?

No exactamente, majestad. Son una raza trabajadora.

Con la disciplina adecuada

pueden ser muy útiles.

(HABLA EN OTRA LENGUA)

Por su tono, no sé si está saludándome o insultándome.

Están felices por encontrarse ante su majestad.

Y desean haceros un regalo.

Es precioso. Gracias.

Si os complace, majestad,

bailarán para mostraros sus capacidades artísticas.

Y mientras tanto, me gustaría hablaros

de mis futuros proyectos.

-Hum...

Que así sea.

(Suena música de percusiones)

(Bailan al compás de la música)

-Majestad, próximamente quiero encabezar

otra expedición a Sierra Leona.

Y deseáis que yo la financie, como si lo viera...

Si me permitís explicaros su objeto...

-¿Importar bailarines?

-Escuchadle, señora.

-Como ya os he dicho,

Sierra Leona es una tierra de hombres fuertes y trabajadores.

Podemos comprar hombres y convertirlos en esclavos.

¿Pretendéis llenar Inglaterra de esclavos desnudos?

Desde luego que no, majestad.

Pero en el Nuevo Mundo los necesitan.

Si compro esclavos en Sierra Leona y los vendo en Santo Domingo,

el beneficio puede ser muy cuantioso.

Esto empieza a interesarme.

Con lo obtenido, traeré productos del Nuevo Mundo

que venderé aquí y multiplicaré los beneficios.

Si todo sale como espero,

podremos crear una ruta comercial que enriquezca tanto

a su majestad como a su siempre colaborador.

¿Qué necesitáis?

Tres barcos y dinero para comprar esclavos.

Os daré tres barcos.

¿Y el dinero?

¿Por qué comprar algo que se puede obtener gratis?

He oído que esos barcos negreros portugueses navegan sin escolta.

Comprendo, majestad.

Lord Cecil, despachad con "sir" Hawkins

los términos del acuerdo.

-Como ordenéis, majestad.

-Brillante y perversa, como siempre.

Todo el mundo cree que nado en la abundancia.

Nada más lejos de la realidad.

Bueno, es mejor así. También creen que eres virgen.

Nada más lejos de la realidad.

(Sigue la música de percusiones)

(GRITAN)

(ENFADADO) ¿Reinar?

¡Por encima de mi cadáver!

-Fue coronada reina de Escocia

cuando apenas tenía unos meses, hace 18 años.

Para ser una potencia europea, alguien debe llevar nuestra corona.

-Pero no una mujer..., y mucho menos católica.

Si le damos el poder, nos arrastrará a la perdición, como hizo Jezabel

en Israel. -Cálmese, reverendo.

Que lleve puesta la corona... no significa que tenga el poder.

Aquí está bien. Sigamos.

A ver...

Me encanta, muy bien.

Esas cortinas quedarán perfecta aquí.

¿Está todo a vuestro gusto, majestad?

Por favor, en la intimidad tratadme como lo que soy.

Vuestra hermana.

Es un honor serviros, querida hermana.

Creo que juntos haremos grandes cosas.

No dudo en que me serviréis bien, hermano.

Quiero presentaros a David Rizzio, mi consejero particular.

¿Consejero? Creí que solo erais un músico.

Tengo la suerte de que mis consejos suenan a música

en los oídos de la Reina.

Él es lord Maitland, mi mano derecha.

-A su servicio, majestad.

Señor Rizzio...

Hermano, es bien sabido por vos

que abandoné este país siendo una niña.

Así que os necesitaré para ayudarme

a gobernarlo. -Será un honor.

En Francia

me asegurasteis que no ambicionáis mi corona. Por eso quiero apoyarme

plenamente en vos.

Los bastardos no tenemos ese tipo de ambiciones.

No nos podemos permitir

tal lujo.

¿Y qué otras ambiciones se pueden permitir los bastardos, señor?

Supongo que las mismas que vos, Rizzio.

Que mi hermana sea feliz

en el país que le ha tocado reinar. No dudo que seré feliz...

Y ahora, si me disculpan, estoy agotada del viaje.

Quiero descansar antes de la cena. Muchas gracias por todo, hermano.

¿Qué opináis?

-Es inteligente, segura de sí misma...

-Muy atractiva, y creo que ambiciosa.

Tiene la fuerza de los Estuardo.

-Son nuestros genes.

-¿Será controlable? -Soy el regente.

Y su hermanastro.

Está estrenando juguete, démosle tiempo.

-El que me preocupa es ese tal Rizzio.

-Demasiada confianza con la reina. -Bueno, es su consejero.

-En la intimidad, puede.

Pero tengo entendido que es un espía de la Santa Sede.

-¿Un tentáculo del papa?

¿Por qué en Escocia?

-Pura ambición.

Así tendría España, Francia y Escocia

bajo su influencia católica.

-Claro. Si María afianza su reinado católico,

Isabel estará rodeada.

-Una alianza y algo de dinero bien invertido,

y los ingleses pueden verse borrados del mapa.

-¿Y eso nos conviene? No me gustaría ver a la Santa Inquisición

asesinando gente por los prados escoceses.

-Bueno...

No adelantemos acontecimientos. Aquí puede pasar de todo.

-Desde luego.

Últimamente, los reyes caen como moscas.

(Caballos al trote)

(AZUZA AL CABALLO)

(AZUZA DE NUEVO)

(RÍE SATISFECHA)

Una vez más, la yegua gana al semental.

Eres imprudente. No es una buena cualidad para una reina.

Y tú, demasiado lento.

Buena cualidad para un amante, pero mala para un jinete.

¿Otra carrera hasta las caballerizas?

Eres incansable.

¿Quieres acabar conmigo?

Todavía no, es que me encanta... cabalgar.

(Golpes y voces de espadachines)

Lord Cecil os está esperando.

-"Eso es imposible".

María no firmará el tratado según está redactado.

-No podemos tener dos reinas en la misma isla.

¿Me habéis llamado para conspirar?

-Vaya, ¿os escandalizáis? Creía natural la traición en vos.

-Solo si el fin lo requiere.

De vos se dice que eliminaríais a vuestro propio padre

si os sintierais amenazado. -¿Lo creéis así?

-Sí, ¿por qué?

-Nunca haría eso.

¿Tanto queréis a vuestro padre?

-Considero que son más peligrosos los hijos.

-¿Entonces qué pretendéis?

-Una de las dos sobra. -No os andáis por las ramas.

-Nuestra verdadera amenaza son España y Francia,

y dos reinas nos debilitan.

-Y por tanto...

-Me parece que enfrentarlas

es la solución. -Y que gane la mejor, ¿verdad?

-No. La peor será la que gane.

Es lo más conveniente.

(Gemidos)

Qué placer.

Qué sensación.

Sí, bastante mejor que cuando nos encerraron en la Torre de Londres.

Si nos hubieran encarcelado juntos, habría sido más morboso.

Para nada, querido.

Sin duda tu morbo se multiplica ahora

por dejarte hacerlo con tu reina.

Que puede perderme en cualquier momento

si no me convierte en su rey.

Los hombres, insaciable Robert, para lo único que valéis

es para copular, y, sinceramente, no todos con el mismo acierto.

Por lo tanto...

Insinúas que no siempre te satisfago...

Digo que los hombres tenéis fácil sustitución.

Cómo te gusta dominar...

Por nosotros.

Por que dure.

Cualquier día

te poseo por donde Dios manda...,

te dejo preñada...

y no tendrás más remedio que hacerme rey.

Te aseguro que Dios no se mete en semejantes intimidades.

Y no necesito un rey, sino un amante.

Y el trono, y un heredero.

¿Mío? Eso ni loca. Terminan convirtiéndose

en la mortaja de sus padres.

A la pareja le dan razón de ser sus hijos.

No insistas más. Nunca me casaré, ni tendré un heredero

que me asesine por la noche mientras duermo.

Yo te protegería. ¿Cómo?

¿Igual que protegiste a tu esposa?

Eres cruel.

Sabes que la quería

y que no estaba a su lado cuando sufrió el accidente.

Ella fue muy oportuna, y tú fuiste muy hábil.

La mejor virtud de las mujeres de mis amantes

es saberse morir a tiempo.

¿Cuántos ha habido

antes que yo? Me ofendéis, "sir" Dudley.

¿Olvidáis acaso que aún soy virgen?

-Majestad, lord Cecil

desea hablar con vos. Decidle que voy enseguida.

Buenos días, majestad.

¿Recordáis que os he hablado

de lord Maitland, del consejo escocés?

Desde luego.

-Majestad.

Acabo de cumplir uno de mis más fervientes deseos.

Gracias. Nunca esperaría tal refinamiento

de un escocés. Debería conocernos mejor.

De quien me gustaría conocer

hasta el último detalle es de mi prima, vuestra reina.

-Dicen que es especialmente hermosa.

¿Y eso a quién le importa? El físico no gobierna.

-En el caso de vuestra prima sí.

No os entiendo.

Con su belleza,

despliega tal encanto natural

que tiene totalmente fascinado a su pueblo.

-No tiene nada que ver, los súbditos ingleses adoran a nuestra reina.

¿Estáis llamándome fea?

-El talento y la personalidad

no necesitan estética.

Cada vez os siento menos escocés.

-Y cuanto más lo conozcáis,

más útil lo veréis para nuestra causa.

Es la mano derecha de Moray,

hermanastro y hombre de confianza de vuestra prima.

Buen aliado, lord Cecil. Siempre adelantándoos al futuro.

¿Puntos débiles? Ninguno.

Excepto... ligeros trastornos de salud...

Ah, bueno, y la persecución implacable de John Knox.

¿Mi prima continúa celebrando misas?

-Todos los domingos.

Podría decirse que está convirtiendo su capilla privada

en un centro de conspiración contra su majestad.

-Peligroso. Hay que atajar eso cuanto antes.

En cuanto firme el tratado de Edimburgo.

-Eso no lo hará jamás.

-¿Por qué estáis tan seguro, lord Maitland?

-¡Dudley, amigo mío!

Qué sorpresa, no esperaba veros aquí.

¿Os conocíais de antes?

-"Sir" Dudley tiene la habilidad de aparecer en cualquier sitio,

incluso donde no se le espera. Cuide sus descortesías.

Nunca estuve de acuerdo con ese tratado,

pero ahora nos puede venir bien.

Prácticamente nos habían invadido los franceses.

-Y Escocia era la entrada del catolicismo.

-Con María al frente, se renueva la situación de emergencia.

-He oído que proliferan las misas por el norte.

Mi prima puede no ser peligrosa por sí misma,

pero me temo que la utilizarla contra mí.

La religión fortalece a los pobres y a los fanáticos.

-Su consejero privado, David Rizzio,

es en realidad un espía del Santo Padre.

-Si ese bastardo del papa interviene, nos estrangulará.

-Obliguemos a María a que se convierta a la fe protestante.

La describís como encantadora y presumida.

Eso coincide con frívola.

No esperará quitarme el trono, ¿verdad, Cecil?

-Casada y con un heredero, eso sería imposible sin una guerra.

-Eso mismo la digo yo constantemente.

-Con alguien que tenga nivel para ser rey de Inglaterra.

Quiero reunirme con mi prima.

Voy a hacerle entender, que, si no firma,

en vez de su prima, me convertiré en su peor pesadilla.

¡Dudley!

Más grande, señor Bautista. Ha de ser más grande.

Este monasterio es un reconocimiento a los beneficios

que nos ha otorgado Dios. Y han sido muchos.

Como deseéis, majestad.

-Majestad, hemos recibido noticias de Escocia.

La reina María envía parabienes y espera reestablecer

el comercio con nuestro país y el intercambio de embajadores.

Nos alegramos de su retorno a Escocia.

Su catolicismo pondrá en su sitio a esa hereje de Isabel.

-Nos convendría firmar una alianza con ella.

-Eso pondría en pie de guerra a Inglaterra. Y tal vez a Francia.

-No tememos a nadie.

Poseemos el mejor ejército. Caballeros,

por favor...

María tiene una cualidad que nos interesa.

-Por supuesto. Que es católica. Y que es viuda...

Y el príncipe está soltero.

-Majestad, el príncipe es demasiado joven.

Tiene 16 años. Los mismos tenía yo

cuando me casé con mi primera esposa.

Visión de futuro, caballeros.

Se lo he dicho muchas veces.

Majestad, permitidme que os presente al hermano Rodrigo López de Segura.

Desea haceros un regalo.

"Libro de la invención liberal y arte del juego del ajedrez".

¿Lo habéis escrito vos?

-Así es, majestad.

No me convence este juego.

El rey no hace apenas nada.

Es la reina quien ostenta todo el poder.

Al contrario, majestad.

Es un juego de estrategia.

El rey tiene la inteligencia. La reina solo es su instrumento.

Son como los leones.

La hembra caza para el macho, que es el dueño de la manada.

Y a veces es... sacrificada para la supervivencia del rey.

Esto es demasiado peligroso, majestad.

Este bosque es conocido sobre todo por sus ladrones.

-Lord Cecil,

dejad de temblar como una novicia.

Quiero que el encuentro sea lo más discreto posible.

-Discreto sí, pero no temerario.

Por nuestro bien habría sido mejor que nos acompañase la guardia.

Habríamos llamado la atención

y todo el mundo sabría que estamos aquí.

No es esa mi intención.

Este lugar es indigno

de una reina.

A mí me encanta. Lo he elegido yo.

¿Vos, hermana?

Le parecía misterioso y romántico.

Ellos nos pidieron el encuentro

y yo he decidido el sitio.

Me muero por ver la cara de mi prima cuando entre aquí.

¿No os preocupa que vuestra prima

no os haya hecho una invitación oficial

y este encuentro sea un tanto irregular?

O bien lo ha querido hacer más íntimo

o se está protegiendo de un posible desencuentro.

Sed prudente.

Isabel puede ser peligrosa.

Tranquilo, hermano.

Somos dos primas que lo único que quieren es conocerse personalmente.

Eso es todo.

Eso y que el hecho de que seáis católica

choca frontalmente con el Tratado de Edimburgo.

Que pretende obligaros a ratificar.

¿Y renunciar al catolicismo? Jamás.

No es solo vuestra fe. Un matrimonio con un francés o español

y peligraría la soberanía de Inglaterra.

Todos países católicos. Es una buena idea.

Solo me casaré por amor.

Y si es un príncipe católico, muchísimo mejor.

Insisto, guardaos bien de Isabel.

Las mujeres son más civilizadas que los hombres,

incluso en Inglaterra.

Conducidme a vuestra mejor habitación.

Mary, ya sabes lo que tienes que hacer.

Ya han llegado.

¿Dónde está mi prima?

Aquí.

Lord Maitland, es mucho más bella

de como me la describisteis.

Querida prima,

ardía en deseos de conocerte.

Después de tanta correspondencia, es como si te conociera

de toda la vida. Eres tan bella,

tan...

Tan angelical.

Y tú prodigas tanta seguridad y personalidad.

Ya me habían ponderado tu inteligencia

y tu capacidad de gobierno.

Espero no defraudarte.

Quiero presentarte a mis consejeros, lord Cecil y "sir" Robert Dudley.

Ah, "sir" Dudley, he oído hablar mucho de vos...

Debéis ser un gran consejero.

Majestad, nada me da más placer que servir bien a mi reina.

Dejadme que os presente a mi trovador particular.

A falta de un mejor consejero,

tengo un magnífico músico a mi lado.

Mi fiel... Rizzio.

-Majestad, como verá,

no le falta sentido del humor.

Espero que me recuerde.

Soy el conde de Moray, regente de Escocia

y hermano de la reina. ¿Cómo poder olvidaros?

Fuisteis pieza fundamental en la firma de nuestro Tratado

de Edimburgo. Prima, te traigo un obsequio.

Mi retrato.

Es precioso.

Me tienes que presentar al pintor.

¿No tienes un buen retratista?

Me gustan más los paisajes.

Se dice que al último pintor que la retrató lo mandó decapitar.

Toma, el mío. A ver qué te parece.

¡Oh!

¡Un anillo!

Es maravilloso.

-Majestades, tal vez podríamos tomar un refrigerio

mientras hablamos del tema que nos ha reunido aquí.

¿A qué os referís?

Yo he venido a conocer a mi prima.

Por supuesto, y yo también. Pero el tiempo es oro y, como sabes,

tu condición de católica, que yo respeto,

hace imprescindible que ratifiques nuestro tratado.

¿Ese es el motivo?

Me parece un tema bastante delicado. Se firmó en mi ausencia

y sin mi consentimiento. Para que, entre otras cosas,

pudieras tener un país en paz donde reinar.

Un país donde reino. ¿Cuál es el problema?

Como católica, podéis concertar alianzas

que perjudiquen a nuestro país. -¿Por qué haría una cosa así?

¿Para apropiarse de mi reino, por ejemplo?

Soy descendiente de Enrique VII

y, por tanto, heredera al trono de Inglaterra. No tengo necesidad

de quedarme con nada que realmente

ya me pertenece. -¿Veis a lo que me refiero?

Puedes estar tranquila.

Nunca haría tal reclamación mientras estés viva.

Hay una obsesión patológica a mi alrededor sobre mi sucesión.

El que no me quiere ver casada y preñada,

me quiere ver muerta.

-¿Muerta?

Eso no ocurrirá mientras yo viva.

Tranquilo, querido amigo. Tengo la intención de sobreviviros

a todos. Ojalá pudiera decir lo mismo.

-¿Os sentís amenazada?

-De ninguna manera, goza del cariño y del respeto de todos sus súbditos.

Pues...

como no queremos perder nuestros reinos,

mejor unidas que enfrentadas por un tratado.

Completamente de acuerdo. Olvidémoslo.

Pero debes renunciar formalmente al trono de Inglaterra.

¿Bromeas?

Ni puedo ni quiero renunciar a un derecho divino.

¿Derecho divino?

¡Qué estupidez!

No tenemos alternativa. O estás conmigo

o estás contra mí.

-Majestades... ¿Me amenazas?

Tu existencia amenaza la paz de Inglaterra.

Y la tuya me priva de la corona.

Pero, tranquila, que no soy tan ambiciosa y sabré esperar.

Testadura e ilusa como tu madre.

Mejor ser testadura

que ejecutada por adulterio y brujería como la tuya.

He venido aquí como prima y amiga

para reforzar nuestros reinos con una alianza.

¿Qué alianza? Es una imposición en la que solo puedo perder.

Te creía más inteligente. Y yo a ti, menos autoritaria.

-Creo que es mejor dar por terminado el encuentro.

-Estoy de acuerdo.

Tendrás noticias mías. Sí, por favor, mándame tu retrato.

Soldados, acompañadles a la frontera.

Sois responsables de su seguridad.

(Campanadas)

Como sabréis, me he propuesto retomar el Concilio de Trento.

Gran idea, santidad. Contáis con todo mi apoyo.

Las ideas reformistas de Lutero y Calvino

nos están haciendo muchísimo daño. No dejan de ser meros teólogos.

Herejes, sí, pero teólogos.

Me preocupan más quienes les sustentan desde el poder.

Isabel.

Santidad, si queremos que el mundo siga siendo católico,

debemos eliminar a Isabel.

Si no, el protestantismo se extenderá por el Nuevo Mundo

y entonces ya no habrá remedio.

Duras palabras las vuestras.

Sobre todo, pronunciadas entre estas cuatro paredes.

Los herejes deben ser eliminados de la faz de la tierra.

Aunque lleven corona.

Estoy de acuerdo con vos.

Vuestra Santa Inquisición ha demostrado ser todo un acierto.

Una de las conclusiones del concilio

ha de ser extenderla a Italia y Francia.

Muy acertado, santidad.

Pero acabar con un pecador de Castilla

no es lo mismo que acabar con la reina de Inglaterra.

Santidad...

¿Puedo ser directo con vos? Desde luego.

Vuestro predecesor me tenía una inquina extrema.

Nunca me perdonó mis posesiones en Nápoles,

de donde era originario. Eso es agua pasada.

Nuestros enemigos aprovecharon esas malas relaciones.

Vos también pactasteis con Isabel cuando os convino.

Era la única forma de que abandonara el continente.

En este juego hay tres participantes,

y la mayoría de las veces

Francia se acuesta como aliada y se levanta como enemiga.

Es lo natural de un francés.

¿Y Flandes? ¿Y Escocia?

No os preocupéis por Flandes.

Y en cuanto a Escocia, vuelve a ser católica, sí.

Que haya una católica en el trono

no significa que todo el país lo sea.

Escuchadme.

Si conseguimos hacernos con Escocia, entraremos en Inglaterra.

Francia ya lo pretendió... y le salió muy mal.

España no es Francia.

¿Qué sugerís?

Sugiero convencer a María

de la conveniencia de contraer matrimonio con mi hijo,

el príncipe Carlos.

Excelente disparo, majestad.

Tenéis una puntería magnífica. ¿Cómo lo hacéis?

Es fácil.

Imagino la cara de mi prima en lugar de la diana.

(Risas)

¿Es tan fea como dicen? Horrorosa.

Pero tiene aún más fea el alma.

Otro estupendo disparo, majestad.

Continuad vosotras.

Demos un paseo, Rizzio.

Aquí no, Rizzio, pueden vernos.

Es que no soporto verte así... Tan... preocupada.

No estoy preocupada, sino decepcionada.

Creí que Isabel sería más razonable. Te envidia.

Por tu inteligencia, pero sobre todo... por tu belleza...

¿Hasta dónde crees que sería capaz de llegar mi prima?

Hasta donde le permitamos. Deberíamos reforzar tu seguridad.

Acabas de preocuparme. No exageres. Nunca llegaría a tanto.

Teme por su trono y económicamente no puede permitirse una guerra.

Podrías ser su principal objetivo.

Dame soluciones.

De sobra sabes que solo tienes una solución.

¿Cuál? Viene tu hermano.

Desde la reunión con Isabel está tenso y agresivo.

No me fío de él. Pero ¿te fías de alguien?

Solo de ti, majestad.

Buenos días, majestad. Buenos días, hermano.

Por muy temprano que venga a ver a mi hermana,

siempre os encuentro a su lado.

Para mí, los asuntos de la reina no descansan.

Y vos tampoco. Le pedía consejo

sobre cómo actuar ante la actitud de mi prima.

Y yo iba a decirle que debe contraer matrimonio.

Me sorprendéis, Rizzio.

Por su egolatría, Isabel ni quiere casarse ni tener descendencia.

¿Adónde queréis llegar?

Si María se casa, los ingleses la verán como una reina responsable

capaz de garantizar el futuro de su país.

Eso no es tan fácil. Escoceses e ingleses tienen

grandes diferencias. Deja que termine.

Si termináis casándoos con un príncipe católico,

español o francés,

tendréis fuerza para optar al trono de Inglaterra

e imponer vuestra religión en ambos países.

Isabel no lo permitirá.

Será la guerra. A eso mismo

me refiero.

Habláis así porque no será la sangre de vuestro pueblo

la que corra en el campo de batalla. No me hagáis reír.

Masacrasteis a vuestros compatriotas aliados

con los franceses sin parpadear. ¡Miserable!

¡Retirad esas palabras ahora mismo! ¡Basta!

¿Desenvaináis ante mí? Discutiendo no arreglaremos nada.

Tenéis razón, majestad.

Creo que aquí estoy de más. Con su permiso.

Adelante.

Cuida tus provocaciones. No siempre podré defenderte.

Es mejor tener un enemigo fuerte que un aliado débil.

Con tu llegada ha perdido todo su poder.

Tendremos que andar con cuidado.

Necesito a Moray para controlar a los lores.

No nos queda más remedio que acudir

a Maitland.

No me gusta Maitland. Siempre es demasiado amable.

Corre el rumor de que nos espía para Isabel.

Puestos a tener un traidor,

mejor que ese traidor sea de los nuestros.

Ese encuentro con María ha sido un completo error.

Está inquieta, furiosa...

-Eres su amiga, le pudiste aconsejar no hacerlo.

-Y tú eres su amante, y a ninguno nos hace maldito caso.

-No olvides que, antes de amiga o mujer, es reina.

-Bueno, es reina por accidente.

Parece que María no tardó en restregárselo

y recordarle que la reina de Inglaterra y de Escocia era ella

por sucesión y por designio... divino.

-Sí, bueno, María es el problema.

¿Dónde estabais?

Cuidando tu baño.

Si para eso hacen falta dos personas, no quiero imaginar

lo que necesitaríais para gobernar.

-Tranquilízate. Si fuera por él, viviría cosido a tu falda.

Sí. Siempre que esa falda condujese a un trono.

-¿Por qué...? ¿Por qué me haces pagar tus tensiones?

¿Qué te pareció mi prima?

¿Puedo ser sincero?

Ya has dicho bastante.

¿Cómo se puede ser tan estúpido?

Mi prima tiene la agresividad de los débiles.

Pero, sin control, puede ser un peligro.

-¿Y cómo viste a su hermanastro, el regente Moray?

Sobornable,

adulador... y nada de fiar.

-Isabel, no tienes nada que temer de María.

Es hermosa...

y, al parecer, hace con los hombres lo que le apetece.

Isabel, realmente no entiendo lo que quieres decir.

Decide de qué lado estás antes de cometer un error irreparable.

(CON RABIA) Si ella pretende inquietarme,

yo haré que no pueda dormir.

No estáis comiendo nada, majestad.

Es desagradable, fría, calculadora y ambiciosa.

Olvidadla.

-Al menos mientras cenáis.

-Ya sabéis que los disgustos os afectan al estómago.

Y mi prima me corta la respiración.

Esta carta es un nuevo insulto.

Insiste en que abrace la Reforma protestante.

-Os lo pido, majestad, comed algo.

Y por si fuera poco, ahora también he de preocuparme por mi hermano.

Majestad, señoras...

Se supone que cenábamos en el gran salón.

No estoy de humor.

¿Es que... pasa algo?

Dejadnos un momento. Os llamaré más tarde.

Estás infinitamente mejor desnuda.

Eres un cínico.

¿A qué viene eso?

Dices que me deseas,

pero me obligas a ofrecerme como esposa a toda Europa.

Me siento como mercancía. ¿Tan pronto te has cansado de mí?

Tu matrimonio no tiene nada que ver con nuestra pasión.

Es una cuestión de estado.

¿Qué? ¿El matrimonio o nuestra pasión?

El matrimonio.

Creía que los romanos erais más románticos.

Y yo, que las escocesas erais más frígidas.

Cualquier príncipe católico nos vale.

Incluso un infante.

Lo dicho, eres el romanticismo personificado.

Siento... ser tan pragmático.

¿Cómo me perdonarás?

Tú sabrás...

Oh, Rizzio.

Esta pasión me está volviendo loca.

¿Quieres que pare?

Si se te ocurre parar, haré que te corten... la cabeza.

Si mi prima es realmente virgen, no sabe lo que se pierde.

¿Por qué paras?

Tienes unas manchas muy extrañas en la espalda.

¿Qué dices?

Y en la cara también.

(Puerta abriéndose)

Varicela.

-¿Es grave?

-Bueno, en los niños, no.

Pero en los adultos puede provocar incluso la muerte.

-¿Quién lo sabe?

-Aparte de nosotros, sus cuidadoras.

-Que no salgan de aquí.

Nadie debe conocer la enfermedad de la reina.

Nuestro futuro puede depender de ello.

-No os preocupéis, lord Cecil.

-Esto confirma mis temores.

Si la reina muere sin descendencia, puede ser nuestro final.

-Me he ofrecido mil veces a ser su esposo.

-No insistáis, Dudley.

Ella no os considera digno de ser su rey.

-No hablamos de dignidad. Estamos hablando de descendencia.

-Ya hemos tenido suficientes bastardos en nuestro trono.

-Pues no nos ha ido nada mal.

¿Deseabais verme, majestad?

Sí, lord Maitland. Iré directamente al grano.

¿Qué os parecería si os hiciera mi hombre de confianza?

Esta proposición me pilla por sorpresa, majestad.

Ya lo veo, os estáis ruborizando.

No sabía que entre vuestras virtudes estuviera la falta

de ambición. ¿Qué decís?

¿Os interesa el cargo, Maitland?

Desde luego, majestad.

Muy honrado.

Con una condición. Decidme.

Debéis dejar inmediatamente de espiarme

para lord Cecil.

Majestad, no tengo palabras...

Me temo

que os hemos pillado in fraganti y ahora tenéis que cambiar de bando.

Otra vez.

Estáis ofendiéndome. Tranquilo.

Olvidaré vuestras indiscreciones si a partir de ahora me sois leal.

Contad con ello, majestad.

Vuestra primera misión consistirá en viajar a España.

Quiero que tratéis la propuesta

de matrimonio con el príncipe Carlos.

¿El hijo del rey?

Apenas es un niño y goza de poca salud.

El clima escocés le sentará bien.

Partid inmediatamente y mantenedme informada de las negociaciones.

¿Qué va a hacer tu hermano cuando vea que ha sido sustituido?

¿Sustituido?

Sigue siendo muy útil. No admitirá su pérdida de poder.

Siempre tan suspicaz...

Iniciará una batalla.

Pues... le combatiremos juntos.

(Pasos a lo lejos)

Majestad...

Hacemos todo lo que está en nuestras manos,

pero la fiebre no remite.

Y las heridas por la caída no terminan de cicatrizar.

En esta inmunda ciudad de agua corrompida

y repleta de enfermedades.

Creí buena idea trasladar la corte a Madrid,

pero empiezo a dudarlo seriamente.

-La ciudad está creciendo.

Muy pronto será el reflejo de nuestro imperio.

Madrid no representa nuestro imperio, que se sustenta en la fe.

Tengo pensado un lugar más digno

y que reflejará la gloria de nuestro Señor.

Así que lo habéis intentado todo...

-Así es, majestad.

Todo no, mi buen amigo.

¿Qué es esto, majestad?

Es la momia de fray Diego de Alcalá.

Fue un santo en vida y también lo es ahora.

Ayudará a sanar a mi hijo.

(Grito de terror)

Ya empieza a surtir efecto.

(GRITA ATERRADO)

Su cara es lo que me preocupa. Tiene muchas pústulas.

-"El ataque fue fuerte. -Mejor el desprecio"

que el aislamiento. ¿O has olvidado los meses encarcelados?

-Ya pagarán por ello.

Lo juro.

-No puedo controlar a todos.

A mí por supuesto.

Lo contrario es sublevación.

-No creo que a vuestra reina le gustase si se enterara.

¿Qué estamos buscando? "Un marido".

Quiero casarme contigo.

"Dinero es poder".

"Y si Felipe acumula más poder, será nuestra perdición".

No podemos permitirlo.

"Las murmuraciones que llegan a mis oídos"

son traición.

¡Puedo ver en vuestro rostro el de Jezabel!

Siempre igual. ¡Fuera! -"La reina María os considerará"

un insulto. -¡Maldito bastardo!

¡Quietos! -"Es una batalla,"

no un juego de damas. Dad la orden.

¡Por María!

-"María ya tiene

un pretendiente. Como vos deseabais, un lord inglés".

¡Jamás!

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Reinas - Capítulo 1: El regreso

24 ene 2017

Tras 13 años de ausencia, el 19 de agosto de 1561, desde la cubierta de un espléndido galeón y acompañada de un nutrido séquito como corresponde a una reina viuda de Francia, una atribulada joven de 19 años divisa tierra. Es María Estuardo, reina de Escocia.

Educada desde su tierna infancia en la corte más exquisita de Europa, llega a su país, un pobre y pequeño reino dividido por las luchas religiosas y los constantes levantamientos entre los levantiscos clanes de la nobleza escocesa, sabiamente incentivados por la inteligente reina Isabel I, cabeza de la Iglesia de Inglaterra, a quien el Papado ha declarado una guerra sin cuartel, en la que también se verá implicado Felipe II de España, el monarca más poderoso de la cristiandad.

Contenido disponible hasta el 24 de enero de 2027.

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  1. Piruli

    Pues yo estoy en Francia y tampoco puedo verla. Sin embargo vivo en la Comunidad Europea .........

    29 dic 2017
  2. David

    La serie es mala hasta decir basta, con el dineral que os habéis dejado en pagarle a la productora inglesa, podríais haber hecho la continuación de Isabel y Carlos, con Felipe II, con la productora con la que hicisteis ambas series, y habríais ganado más, tanto en calidad como en cantidad, los escenarios en esta serie son una basura, y los incluidos por ordenador de una calidad y realismo pésimos... Os habéis coronado, y nunca mejor dicho, en fin...

    08 sep 2017
  3. Katty Mariluz

    Hola estoy registrada. Descargo la serie reinas y siempre sale descarga pendiente. Como hago?

    05 may 2017
  4. Katty Mariluz

    Escribo desde Peru. Ya me registre. Quiero ver la serie reinas y La señora pero no abre. Comi hacer porfavor. Katty

    05 may 2017
  5. pequena

    En la Argentina no puedo verla y estoy registrada. Contestan estás preguntas..?

    02 may 2017
  6. s.pachecorj

    Desde Brasil no se ve. ¿¿

    22 abr 2017
  7. Lluvia León

    Por favor que alguien nos haga caso alguno.. Arreglen la pagina para q podamos disfrutar todas las series..

    22 abr 2017
  8. Elena

    En Australia tampoco puedo ver la serie Reinas, me parece extraño porque el resto de los contenidos están disponibles. Hay alguna manera de que los españoles en el exterior podamos ver la serie?

    02 abr 2017
  9. Luis

    Desde Suiza tampoco se puede ver. Alguien recibió una respuesta de rtve? Sólo veo las quejas pero ninguna respuesta que aclare el por qué?

    31 mar 2017
  10. Maria Rodriguez Garcia

    Maria Rodriguez Garcia Vivo en holanda puede ver todos los videos de las series a la carte menos los de la serie Reina me gustaria saber el porque ?y si se puede hacer algo para si poder verlos, gracias.

    16 mar 2017