Presentado por: Eduard Punset Dirigido por: Eduard Punset

El economista Eduard Punset presenta este espacio de divulgación científica. El contenido del programa abarca la medicina, la química, las Tecnologías de la Información y la Comunicación y todas aquellas disciplinas que puedan englobarse bajo el paradigma de la ciencia.

Según el propio Eduard Punset

"REDES nació en Madrid, y durante la primera temporada contábamos en el plató con la presencia de famosos artistas o empresarios acompañados de científicos. Aportaba dinamismo, pero nos dimos cuenta de que debíamos profundizar en el conocimiento científico si queríamos que los propios científicos se dieran cuenta de que sus investigaciones también importaban en la vida cotidiana de la gente, y que la gente descubriera hasta qué punto la utilización del método científico en lugar del dogmatismo iba a transformar sus vidas. La ciencia estaba transformando el mundo.

Estoy contento de que REDES fuera un programa pionero en la comprensión pública de la ciencia, en la utilización del primer plató virtual de la televisión en España, en el recurso a la animación 3D y de las videoconferencias. Al principio, éstas se entrecortaban a menudo y los desfases entre el discurso y la vocalización daban una apariencia de extraterrestres a los entrevistados.

REDES se trasladó en 1997 a Sant Cugat, desde donde todavía se coproduce entre TVE y el grupo de científicos y periodistas jóvenes que constituye la productora smartplanet. Este equipo ha logrado demostrar que ciencia y entretenimiento se pueden unir para que en este tercer milenio la ciencia, por fin, irrumpa en la cultura popular.

El blog de Eduard Punset: http://www.eduardpunset.es/

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Para todos los públicos Redes - Somos supersociales por naturaleza - Ver ahora
Transcripción completa

SUBTITULADO POR Teletexto-iRTVE.

El cerebro humano está diseñado para poder relacionarse

con 150 personas aproximadamente.

Esta cifra, conocida como el “número de Dunbar”,

se repite a lo largo de la historia y atraviesa todas las culturas.

Eduard Punset ha charlado con Robin Dunbar,

profesor de antropología evolutiva de la Universidad de Oxford,

para entender cómo la evolución

ha forjado nuestra manera de relacionarnos con los demás

y descubrir los entresijos de la especie más social

de las que habitan el planeta: la nuestra.

Estamos hablando de la irrupción de la ciencia en la cultura popular,

y esto no sólo ha cambiado la estructura social

y la manera de pensar que tenemos,

sino que nos ha permitido reparar en cosas que antes nos costaba mucho,

por ejemplo, ¿cuál es el impacto de la risa?

Sabemos que es bueno, pero ¿cuán bueno y en qué condiciones?

¿Por qué nos gustan las estaturas más altas,

si nos gustan las estaturas más altas,

a la hora de buscar un trabajo?

Hemos heredado del pasado cosas como el nepotismo,

el dar trabajo a la gente que es familiar o que es conocida nuestra.

¿Las redes sociales en qué medida influyen en nuestra vida?

Has escrito que las especies que viven en grandes manadas anónimas

y que son promiscuas tienen cerebros más pequeños que las otras.

A primera vista parece extraño, ¿verdad?

Sí que parece extraño.

Pero lo fundamental es que el cerebro evolucionó

para permitirnos organizar las relaciones con los demás.

E imagino que, en el contexto de las manadas anónimas de muchos animales

o las bandadas de muchas aves,

en el fondo no importa tanto con quién se interactúe,

y no es preciso un gran ordenador para entenderlo.

En cambio, las especies que establecen vínculos de pareja,

especialmente las que se unen para siempre,

en lugar de cambiar de pareja cada año o en cada época de cría,

tienen muchas dificultades para gestionarlo.

Es un reto para el que hay que tener un cerebro mayor, probablemente.

Se requiere un cerebro mayor.

Te has hecho famoso en el mundo entero

por un número que lleva tu nombre: el 150, el “número de Dunbar”.

Afirmas que los chimpancés, los humanos,

gestionamos bien un grupo de 150, ni más ni menos.

A diferencia de lo que ocurre en otros mamíferos o en las aves,

el tamaño de los grupos sociales de las especies de monos y simios

guarda relación con el tamaño de su cerebro.

Creemos que lo que sucede es que los primates han aprovechado

el tipo de cognición o psicología

que otras especies utilizan para las relaciones monógamas

y la han hecho extensiva a todos los miembros de su grupo,

para crear amigos, por así decirlo.

De ahí la relación tan estrecha

entre el tamaño cerebral y el tamaño del grupo en los primates.

El ser humano no es más que la versión más radical de este fenómeno:

tenemos el cerebro más grande y los grupos más grandes.

Nuestros grupos sociales suelen incluir a unas 150 personas.

En algunos la cifra es ligeramente menor y en otros mayor,

pero por lo general tenemos unos 150 amigos y allegados,

incluidos nuestros parientes.

Con los que realmente podemos estar en contacto y saber algo de ellos;

no hay que pecar de ambiciosos.

No. No hablamos de amigos en Facebook

donde podemos tener varios miles de amigos si queremos.

Sin embargo, si tenemos una gran cantidad de amigos en Facebook,

a muchos, en realidad, apenas los conocemos.

Si les pidiéramos un favor, probablemente no nos lo harían.

Robin Dunbar es el descubridor de lo que se conoce como número de Dunbar,

un parámetro del que hemos hablado anteriormente en Redes

y que se refiere a la cantidad de personas con la que nos relacionamos,

de forma más o menos cercana.

En promedio, tenemos vínculos con otras 150 personas, aproximadamente.

En distintos ámbitos y culturas,

se repiten las estructuras sociales de este tamaño.

150 es la cantidad de personas a las que deseamos unas felices fiestas

a través de las postales navideñas,

y los miembros de las unidades básicas de los ejércitos

y de los clanes tribales.

También son, de media, 150,

los habitantes de la mayoría de poblados,

desde el Neolítico hasta la Revolución Industrial,

y los contactos que mantienen los académicos

con otros que estudian en su mismo ámbito de investigación.

Incluso en las empresas se ha descubierto que,

aquellas con este número máximo de trabajadores,

se organizan de forma espontánea

y prima la colaboración entre los individuos.

En cambio, cuando la compañía se hace más grande,

se han de establecer jerarquías para imponer el orden,

disminuye el compañerismo y crecen la competición y el absentismo laboral.

Aunque vivimos en un mundo lleno de ciudades pobladas

por millones de individuos,

seguimos manteniendo una red social

impuesta por los límites de procesamiento de la mente.

De la misma forma que la capacidad de un ordenador

está definida por el tamaño de su memoria y su procesador,

nuestra habilidad para manipular información sobre la vida social

está limitada por el tamaño de la parte más frontal de nuestro cerebro.

Sin embargo,

no caigamos en la tentación de creer que 150 es un número bajo.

Al contrario.

Somos los primates con mayor cantidad de amigos y conocidos con diferencia.

Y también con el cerebro más grande.

Los científicos tienen la sospecha

de que el amor tiene algo que ver en esto.

Al fin y al cabo, los cerebros de los animales monógamos

son los de tamaño mayor.

No debería extrañarnos, si tenemos en cuenta

que elegir una pareja para pasar el resto de tu vida y entendernos

requiere de una gran capacidad para observar cómo es, cómo se siente

y cuál es la mejor manera de entenderse para evitar conflictos.

¿Sabes? Sugieres otra cosa fabulosa,

y es que hemos subestimado la importancia de tocar a alguien

en relación a verlo o escuchar su voz.

Dices que el tacto implica tantas cosas relacionadas con la confianza,

con confiar en alguien de verdad,

que no se puede subestimar su importancia.

¿Qué puedes decirme del tacto?

Solamente tocamos a alguien cuando queremos a esa persona

o intentamos conseguir un trabajo.

¡O cuando queremos despedir a alguien!

La explicación se remonta

a que la manera que tienen los monos y simios de crear amistades,

de entablar relaciones con otros individuos,

es a través del acicalamiento,

y no se trata solamente de quitarle una cosa de la piel a otro animal,

sino que es como un masaje,

produce una sensación de bienestar y felicidad

parecida a la que se consigue con el ejercicio físico

o el masaje hoy en día.

Así pues, tocarse físicamente resulta muy importante

a la hora de transmitir la fuerza emocional de una relación.

Por supuesto, nosotros estamos muy dominados por el lenguaje:

el lenguaje evolucionó

y se ha convertido en una parte muy importante de nuestra psicología,

por lo que tendemos a pensar primero en las palabras de los demás,

sin acabar de entender las emociones subyacentes,

y es el tacto lo que crea gran parte de las emociones,

¡porque con las palabras se puede mentir!

¡Efectivamente! Siempre digo algo parecido.

Cuando alguien me dice: "nos llevamos bien porque podemos hablar"

le respondo: "sí, ¡y hablando la gente se confunde también!"

Es verdad, y probablemente el lenguaje, cuando pasó a ser escrito,

al parecer al principio no era más que un acuerdo contractual:

"te daré lo que quieres

a cambio de que tú me des una determinada cantidad de dinero",

así que, en realidad, el lenguaje se escribía para otorgar un contrato.

¡O para las declaraciones de impuestos!

Es cierto, ¿no? Porque de eso se trata.

Volviendo al tema del tacto y de estar cerca de los demás,

es fantástico cómo los chimpancés, con el acicalamiento,

nos enseñaron lo importante que era. Lo aprendimos de ellos.

Creo que todos los monos y simios y, por tanto, también nosotros,

ya que formamos parte de la familia de primates,

simplemente utilizamos el acicalamiento o el contacto físico

de un modo natural,

porque era muy importante para entablar relaciones estrechas.

Además, en cualquier relación o interacción,

se logra una idea más clara de la intención de las palabras de alguien

según la manera en la que te toque.

A menudo te recomiendan que, si vas a despedir a alguien,

a echarlo del trabajo,

es mejor tocarle en el hombro y decirle: "está usted despedido".

Para compensar. Sí. Para reducir el dolor.

Increíble, ¿no? ¿Crees que la gente era consciente de todas estas cosas

antes de que la ciencia irrumpiera en la cultura popular?

Me parece que la respuesta es que,

intuitivamente, más o menos lo entendíamos,

pero sin una comprensión completa,

puesto que todo lo que pertenece a la parte emocional de nuestra psicología

se halla en el hemisferio derecho del cerebro,

mientras que el lenguaje está en el izquierdo,

y no termina de haber una buena conexión.

Podemos hablar de las emociones en cierta medida,

pero no podemos expresarlas demasiado bien con el lenguaje.

Solamente pueden hacerlo los poetas. Solamente los poetas.

Nuestro pasado evolutivo forma parte de nuestro día a día.

Muchas de nuestras reacciones más instintivas

se pueden explicar desde esta perspectiva.

El color claro del cabello nos trae reminiscencias de la infancia,

ya que los niños suelen ser más rubios que los adultos.

Como los hombres tienen un radar para buscar parejas jóvenes

que le garanticen una descendencia sana y fuerte,

es frecuente que, sin darse cuenta,

muchos se sientan más atraído por las rubias.

A los bebés les hablamos de una forma muy peculiar.

Ese lenguaje espontáneo exagera nuestras expresiones.

Aunque no pretendamos hacerlo,

estamos enseñándoles a percibir las emociones de los otros,

lo cual será fundamental para que puedan integrarse en la sociedad.

Solemos subestimar el poder del tacto con respecto a la vista o al oído,

pero las caricias no nos mienten;

son la vía de comunicación más sincera e íntima.

Eso sí, sólo queremos practicarla con los más allegados.

Sin embargo, en presencia de más de dos personas,

la forma de comunicación cambia.

En un grupo, el equivalente al tacto es la risa.

Ayuda a establecer vínculos con aquellos a los que conocemos poco

y nos hace sentir bien.

La impulsividad masculina está relacionada

con un mayor crecimiento del sistema límbico en los hombres,

que les hace propensos al despliegue de su conducta más física,

la cual resultó, en nuestro pasado, un método

para que las hembras evaluasen sus cualidades

como posibles padres de sus hijos.

Y, en contrapartida,

las mujeres han desarrollado un tamaño mayor en el neocortex,

zona del cerebro donde se generan las habilidades sociales

que permiten solucionar de forma pacífica

los conflictos provocados por el ímpetu masculino.

Hay otro secreto de la vida: se trata del tema de la risa.

Especialmente la risa colectiva, cuyo efecto es claro,

lo he visto en películas y vídeos.

La risa colectiva une a la gente, ¿qué opinas?

Creemos que la risa evolucionó cuando el tamaño de nuestros grupos

empezó a aumentar más allá de lo que se podía cohesionar

únicamente con el acicalamiento.

La cantidad de tiempo que se puede dedicar al acicalamiento social

tiene un límite claro, porque intervienen solamente dos personas,

cuando estamos en un grupo,

lo primero que hacemos es reprimir las manifestaciones de este tipo:

las caricias, arrumacos, etcétera.

Es cosa de dos,

y normalmente se crea un problema si se intenta hacer a tres.

Y, para poder mantener grupos tan grandes

como los que surgieron con la evolución del ser humano,

es necesario un mecanismo

que traslade los componentes más emocionales

a las relaciones a mayor escala.

Y creemos que la risa lo permitió,

porque puede haber cuatro o cinco personas riendo a la vez,

mientras con el acicalamiento es cosa de dos.

Imaginemos ahora, porque también lo has investigado,

imaginemos que tengo que encontrar una pareja, buscar una pareja,

o encontrar un trabajo, cualquiera de los dos ejemplos me sirve.

Lo primero que deberé cuidar es la ropa: si es adecuada o elegante,

otra de las cosas importantes será también si soy alto o muy bajito.

Y es gracioso, porque me he dado cuenta, corrígeme, Robin,

que la gente está convencida de que no puede modificar su estatura,

en cambio, cree que fácilmente puede cambiar su gordura.

Muchos creen que pueden adelgazar si quieren,

pero saben que no pueden cambiar su altura.

¿Todas estas cosas importan realmente en una relación amorosa,

o cuando uno busca trabajo, o las hemos exagerado un poco?

¿Qué opinas de estas cosas?

En las relaciones amorosas, hay una serie de criterios

que cada sexo utiliza para conseguir la mejor pareja,

o por lo menos la mejor pareja que se pueda permitir:

nunca puedes conseguir la pareja perfecta, no es posible,

más bien la mejor que esté disponible

y por la que puedas competir con éxito.

Y este tipo de decisiones suelen ser mucho más complejas en las mujeres.

Ellas barajan muchos más criterios a la hora de hacer balance.

Algunos son físicos, como por ejemplo la forma del rostro, la estatura,

ambas cosas suelen indicar la presencia de buenos genes

y, por tanto, que el hombre puede engendrar niños

con la mejor combinación posible de características.

Otros criterios son sociales, psicológicos:

¿Se te da bien el lenguaje? ¿Bailas bien?

Las mujeres utilizan esas características

para juzgar la calidad de un hombre.

Hay muchas cosas así, que los hombres pueden utilizar y aprovechar

para mejorar su manera de presentarse.

Incluida la ropa, sí.

Y hay otro criterio que, sobre todo en las sociedades tradicionales,

es muy importante en las elecciones de pareja de las mujeres:

la riqueza que pueda ofrecer el hombre,

especialmente en las sociedades agrícolas.

Tener una granja grande o pequeña

influye en lo bien que se puede criar a los hijos

y, si analizamos la historia de Europa,

veremos que las familias en las que sobrevivieron más niños

hasta la edad adulta

fueron las que tenían más tierra, y no hablamos aquí de la nobleza,

sino de campesinos.

Afirmas algo que no estoy seguro de que todo el mundo que nos escuche

nuestros telespectadores lo aceptará,

y es que el profesor dice que la manera de contar chismes

de los hombres difiere de la de las mujeres.

Las mujeres tiene una manera muy, muy especial de chismorrear,

y los hombres suelen ser muy distintos.

¿Cuáles son?

Son distintos en algunas cosas y no en otras.

El chismorreo, en este sentido,

es la manera de pasar el tiempo con alguien.

Con chismorreo no me refiero a los cotilleos malintencionados,

sino a la charla informal, por así decirlo.

En las conversaciones, descubrimos que, aunque los hombres y las mujeres

dediquen la misma cantidad de tiempo a hablar sobre chismes, en realidad

¿Cuánto tiempo? En tiempo social, unos dos tercios.

Sí, un 65% del tiempo total de conversación.

Esto no es así en el entorno laboral: en el trabajo se habla de trabajo;

pero en una situación social, en una situación cotidiana,

dedicamos la mayor parte del tiempo a hablar de chismes

sobre uno mismo, sobre los demás.

Pero lo que pasa es que los hombres y las mujeres

utilizan el lenguaje de forma muy distinta.

Los hombres lo usan mucho más para exhibirse:

cuando conversan, especialmente con mujeres,

suelen hablar sobre temas técnicos, más basados en conocimientos,

por ejemplo: "¿a que no te sabes las composiciones de Mozart?"

Conocimiento técnico y objetivo.

En cambio, las mujeres tienden a charlar mucho más

sobre la naturaleza de las relaciones.

Las mujeres hablarán de lo social, de las conexiones sociales.

Sí, las relaciones sociales.

Y es importante,

porque saben construir mejor que los hombres la base de la vida social.

Sí. Esto es así en todos los primates.

Tanto en monos y simios como en humanos,

el núcleo de la vida social lo forman las hembras, las mujeres,

y es como si los machos estuvieran más al margen.

Así las relaciones masculinas suelen ser menos estables a largo plazo,

un poco más políticas,

se basan en un objetivo aquí y ahora;

mientras que las relaciones entre mujeres son mucho más duraderas

y suelen basarse más en la familia y a ser más sociales, en este sentido.

¿Qué tienen los famosos que sus vidas nos atraen tanto?

¿Somos cotillas por naturaleza? ¿O es una tendencia de origen cultural?

Que nos interese la vida de los otros es algo de lo más natural.

Lo que ocurre con los famosos es que, gracias a la tecnología,

vemos sus caras cada día,

y eso hace que nuestro cerebro se confunda

y se crea, de forma inconsciente, que los conoce.

Pero ¿de qué nos sirve ser así?

¿Tiene una utilidad evolutiva toda esta información innecesaria

sobre líos, peleas, bodas y rupturas?

Parece que sí.

Somos animales jerárquicos por naturaleza

y nos interesa saber qué hacen los que están por encima de nosotros

en el estatus social.

Es por eso que sentimos tanta curiosidad por los ricos y poderosos.

En concreto, nos sentimos especialmente atraídos

por sus miserias y tragedias.

De forma inconsciente, nuestro cerebro ha evolucionado

para querer saber cosas negativas de ellos,

porque los considera como rivales potenciales

y que sus problemas nos podrían beneficiar.

También chismorreamos sobre nuestros pares, sobre la gente que conocemos.

Esta tarea ocupa más del 65 % del tiempo que dedicamos a hablar.

Nos interesa, sobre todo, lo malo que le pueda pasar

a los que están por encima nuestro en la jerarquía social.

-¿Sabes la última del jefe? Su mujer le ha dejado.

No me extraña nada, cualquiera lo aguanta.

Pero también nos interesa compartir las alegrías de nuestros amigos.

Quizás su suerte se nos pueda contagiar.

A mi hermano le ha tocado un viaje a Cancún.

-Anda, qué bien. -Es para cuatro personas.

El cotilleo es, además, un sistema excelente para controlar y castigar

al que se sale de las normas de conducta sociales.

-Ya sé quién se hace pis, es el perro de la del tercero primera.

-Lo sabía.

Y nos da modelos de conducta,

nos dice cómo debemos y cómo no debemos ser.

Péiname como ésta. Me encanta este pelo. Y qué joven la hace.

-¿Crees que es por el peinado? Es por el botox.

-¿Crees que lleva botox? -Mi prima se lo hizo y está igual.

El cotilleo, en resumen, nos une y cohesiona como grupo.

Nos permite, en definitiva, socializar.

Hay otras cosas que, al mirarlas, notamos que implican algo crucial.

Los seres humanos tienen una capacidad extraordinaria

de contemplar el mundo que les rodea y encontrar correlaciones entre cosas

A veces, este conocimiento se transmite a otras generaciones

mediante la sabiduría popular.

Aprendemos pequeños trucos, por así decirlo

sobre cómo juzgar a los demás.

Pero, en este contexto, lo raro es lo que mencionabas antes,

que a la hora de conseguir un trabajo

resulta que la estatura, la altura,

tiene consecuencias muy importantes sobre el salario,

sobre el éxito en los negocios y el rango salarial.

Tanto en Wall Street como en el distrito financiero de Londres,

los hombres más altos ganan más que los bajos por el mismo trabajo.

¡Y esto no se aplica a las mujeres!

No existe esta discriminación en las mujeres, pero sí en los hombres.

Lo que demuestra

que los conocimientos que se transmiten durante siglos

a veces pueden ser erróneos.

Sí. Y no sabemos por qué ocurre esto en concreto.

Puede que los hombres altos sean más listos,

pero también puede ser que en el patio del colegio, de pequeños,

hayamos aprendido a temer a los niños más altos que nosotros,

a los chavales de nuestra edad más corpulentos y altos, así que,

si entrevistamos a varios candidatos para un trabajo,

tenderemos a sentirnos, cómo decirlo, más asustados, más impresionados,

por los candidatos altos; por eso les daremos el trabajo a ellos.

Pero no comprendemos por qué se producen estas discriminaciones.

SUBTITULACIÓN REALIZADA POR: LORENA TORRES SÁNCHEZ.

Redes - Somos supersociales por naturaleza

27:26 04 sep 2011

El cerebro de las personas está diseñado para poder relacionarse con unas 150 personas. Esta cifra, conocida como el 'número de Dunbar', es una constante histórica, transversal a todas las culturas.

En un momento donde tanto auge parecen haber tomado las redes sociales, el antropólogo Robin Dunbar, charla con Eduard Punset, sobre cómo la evolución ha forjado la manera de relacionarse entre sí los seres humanos y ofrece las claves para descifrar sus fundamentos.

Histórico de emisiones:

- 01/05/2011

El cerebro de las personas está diseñado para poder relacionarse con unas 150 personas. Esta cifra, conocida como el 'número de Dunbar', es una constante histórica, transversal a todas las culturas.

En un momento donde tanto auge parecen haber tomado las redes sociales, el antropólogo Robin Dunbar, charla con Eduard Punset, sobre cómo la evolución ha forjado la manera de relacionarse entre sí los seres humanos y ofrece las claves para descifrar sus fundamentos.

Histórico de emisiones:

- 01/05/2011

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  1. PRIMO SANCHEZ

    los cocodrilos sencillamente tiran por tierra las teorias de este menda.tu te crees q en solo 15000 años -teoria actual,-pasas de ser una simple especie animal normal a un animal especial....ja!!!nuestros ancestros son muchos mas longevos sino fuera asi otra especie llevaria nuetra piel de complementos de moda.

    01 oct 2011
  2. iván

    muy interesante ,pero 65% de chismes¿no es mucho? deberíamos dedicar más tiempo a divertirnos y jugar

    24 sep 2011
  3. CECI VILA

    MUY INTERESANTE!!COMO SIEMPRE. GRACIAS EDUARDO!! Estaría..avanzar.. CON LA RISA....

    08 sep 2011
  4. pacomitico

    No he visto deducciones más absurdas que a las que llega Dunbar, en "Somos supersociales por naturaleza", al correlacionar el tamaño del cerebro y la monogamia... No será que tanto la monogamia como el tamaño del cerebro tiene que ver con necesidad de subsistir en un mundo con recursos limitados (y duro para el hombre, a lo largo de la historia). Su conclusión del porqué se le daría antes un puesto de trabajo a los altos que a los bajos....también es para nota....(cuando si alguien siente algo como una amenaza lo que hará será alejarla lo más posible) Desde luego....

    05 may 2011
  5. adv

    bravo por los contenidos de calidad.

    02 may 2011

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    El ordenador del futuro

    00:49 19 jun 2013

    00:49 19 jun 2013 Cada dos años, aproximadamente, se dobla la potencia de los ordenadores. Sin duda, la capacidad de computación avanza a pasos agigantados, pero en un futuro no muy lejano, esta alcanzará un límite que no podremos rebasar con la tecnología que utilizamos actualmente. En este capítulo de Redes, el físico Juan Ignacio Cirac habla con Eduard Punset del desarrollo de los ordenadores del futuro, los cuales, para vencer las limitaciones futuras de la computación clásica, aprovecharán las leyes de la física de lo más pequeño: la mecánica cuántica. Y la Mirada de Elsa abordará la multitarea, una práctica que el cerebro práctica a menudo y, a veces, con exceso. ¿Somos buenos haciendo varias cosas a la vez?

  • 28:27 16 jun 2013 El neurocientífico Sebastian Seung afronta un reto titánico:desentrañar el patrón de conexiones que hay entre los 100.000 millones de neuronas de nuestro cerebro.Es el llamado conectoma humano y en él podrían residir aspectos de nuestra mente que todavía no podemos comprender. 

  • 2:01 16 jun 2013 En esta sección del programa Redes, Eduardo Punset responde a las preguntas de los jóvenes y los niños.En esta ocasión, la pregunta formulada por las dos jóvenes es:¿Todos los animales tienen cerebro?

  • 28:27 16 jun 2013 El neurocientífico Sebastian Seung afronta un reto titánico:desentrañar el patrón de conexiones que hay entre los 100.000 millones de neuronas de nuestro cerebro.Es el llamado conectoma humano y en él podrían residir aspectos de nuestra mente que todavía no podemos comprender. 

  • La capacidad plástica

    La capacidad plástica

    9:16 16 jun 2013

    9:16 16 jun 2013 En la "Mirada de Elsa", veremos cómo podemos aprovechar la enorme capacidad plástica de nuestro cerebro para cambiar nuestros comportamientos más rígidos y rutinarios.

  • 00:49 14 jun 2013  El neurocientífico Sebastian Seung afronta un reto titánico: desentrañar el patrón de conexiones que hay entre los 100.000 millones de neuronas de nuestro cerebro. Es el llamado conectoma humano y en él podrían residir aspectos de nuestra mente que todavía no logramos comprender, tales como el lugar donde residen los recuerdos. En este capítulo de Redes, Seung explica a Eduard Punset los detalles de su investigación y cómo su trabajo puede contribuir a entender mejor el cerebro y a combatir ciertas enfermedades mentales. Y en la Mirada de Elsa, veremos cómo podemos aprovechar la enorme capacidad plástica de nuestro cerebro para cambiar nuestros comportamientos más rígidos y rutinarios.

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