Presentado por: Eduard Punset Dirigido por: Eduard Punset

El economista Eduard Punset presenta este espacio de divulgación científica. El contenido del programa abarca la medicina, la química, las Tecnologías de la Información y la Comunicación y todas aquellas disciplinas que puedan englobarse bajo el paradigma de la ciencia.

Según el propio Eduard Punset

"REDES nació en Madrid, y durante la primera temporada contábamos en el plató con la presencia de famosos artistas o empresarios acompañados de científicos. Aportaba dinamismo, pero nos dimos cuenta de que debíamos profundizar en el conocimiento científico si queríamos que los propios científicos se dieran cuenta de que sus investigaciones también importaban en la vida cotidiana de la gente, y que la gente descubriera hasta qué punto la utilización del método científico en lugar del dogmatismo iba a transformar sus vidas. La ciencia estaba transformando el mundo.

Estoy contento de que REDES fuera un programa pionero en la comprensión pública de la ciencia, en la utilización del primer plató virtual de la televisión en España, en el recurso a la animación 3D y de las videoconferencias. Al principio, éstas se entrecortaban a menudo y los desfases entre el discurso y la vocalización daban una apariencia de extraterrestres a los entrevistados.

REDES se trasladó en 1997 a Sant Cugat, desde donde todavía se coproduce entre TVE y el grupo de científicos y periodistas jóvenes que constituye la productora smartplanet. Este equipo ha logrado demostrar que ciencia y entretenimiento se pueden unir para que en este tercer milenio la ciencia, por fin, irrumpa en la cultura popular.

El blog de Eduard Punset: http://www.eduardpunset.es/

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Para todos los públicos Redes - Estamos programados, pero para ser únicos - Ver ahora
Transcripción completa

Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

Después de charlar

con los especialistas que más saben sobre la mente y el cerebro,

y a medida que hurgaba en el corazón de la gente

para analizar lo que les pasaba por dentro,

me di cuenta que el verdadero y único poder residía en la mente.

En este programa especial,

nos gustaría explorar algunas de las claves

para enfrentarnos a las grandes incertidumbres

que acosan a los homínidos.

En los últimos años,

una de las lecciones más importantes que nos deja la neurociencia

es el valor fundamental del inconsciente.

Investigaciones como las del psicólogo John Bargh,

de la Universidad de Yale,

han permitido probar que la intuición

es una fuente del conocimiento tan válida como la razón.

Nosotros, la gente de a pie, siempre habíamos pensado

que el inconsciente era algo muy útil para las pequeñas cosas

pero que, para las cosas más complejas,

era necesaria la conciencia.

Nunca se nos ocurrió que, solamente con el inconsciente,

pudiéramos llevar a cabo procesos cognitivos complejos.

¡Es realmente una revolución!

¡Y no estoy seguro de que la gente de la calle

sea realmente consciente de eso!

No, no creo que lo hayan asumido todavía.

Siempre ha imperado la noción de que la conciencia iba primero,

de que todo arrancaba en la conciencia,

y de que las cosas

se tenían que hacer con conciencia, deliberadamente.

Una de las cosas que estamos descubriendo

es que, incluso en la persecución de objetivos conscientes,

las motivaciones, las cosas que uno quiere,

las evaluaciones, las preferencias, lo que a uno le gusta o no...

¿Debería casarme con ella o no?

¡Exacto!

Todas estas cosas se fundamentan y basan

en la información del sistema inconsciente.

Así que el inconsciente entra en juego y nos influye,

y a menudo nos aporta la respuesta a estas preguntas.

Incluso cuando creemos que estamos haciendo algo conscientemente,

con atención y conciencia,

en realidad hemos llegado a la respuesta de un modo rápido

mucho antes de lo que creemos.

¿Es correcto pensar que el nuevo concepto de inconsciente

tiene mucho más que ver con el afecto y el control de las cosas

que el antiguo concepto de inconsciente?

Sí, mucho más, mucho más.

Antonio Damasio y otros científicos

han destacado la importancia del afecto y de los sentimientos.

Damasio fue realmente el primero en decir que los sentimientos

son muy importantes a la hora de tomar una decisión o elegir algo:

¡nos dan la respuesta correcta!

Si «sentimos» que algo está bien o mal, lo haremos o no.

Estos sentimientos vienen de algún lugar:

del inconsciente,

de los sistemas que nos dicen si está bien hacer algo o no,

como cuando tenemos corazonada sobre lo que estamos a punto de hacer...

esa intuición, esa reacción visceral,

es producto de los antiguos mecanismos inconscientes.

¿Y qué hay de nuestro libre albedrío,

la capacidad de obrar por reflexión y elección?

La libertad de ser responsables de algo...

¿quedaría en entredicho esta antigua idea de la libertad?

Lo más importante de esta investigación

son las implicaciones que tiene para el sistema legal,

para la responsabilidad personal, para la moralidad... de hecho,

se está generando mucho debate ahora mismo sobre todo este tema

entre los expertos, por Internet, en los blogs....

¿Qué repercusión tiene esto sobre la responsabilidad personal?

Lo que fluía de aquella conversación

rompía un buen número de tópicos y permitía comprender

descubrimientos mucho más recientes e incontrovertibles,

como el realizado por John-Dylan Haynes:

resulta que las neuronas deciden diez segundos antes

de que lo hagan las personas observadas individualmente.

Descubrimiento que, sin duda,

cuestiona la solidez

de un concepto muy antiguo como el libre albedrío.

Realizamos un experimento con un escáner cerebral

en el que las personas debían tomar decisiones muy sencillas.

Podían decidir si pulsaban un botón a la izquierda u otro a la derecha.

En este caso,

sientes que eres totalmente libre de elegir, de hacer una cosa u otra,

no hay nada que te obligue a elegir una opción o la otra.

Registramos la actividad cerebral de las personas

y descubrimos que podíamos predecir su decisión,

si iban a pulsar el botón de la izquierda o de la derecha,

siete segundos antes de que la hubieran tomado.

Es decir, no siete segundos antes de que pulsaran el botón,

sino siete segundos antes, ¿Antes?

incluso de que pensaran que habían decidido cuál iban a escoger.

¿Somos conscientes de una decisión o no lo somos?

No, hay muchas cosas que ocurren en el cerebro y en nuestro inconsciente

que no experimentamos conscientemente.

Se produce un gran procesamiento en segundo plano.

El cerebro procesa previamente todas las opciones inconscientemente

y al final, cuando te decides,

es cuando interviene la mente consciente.

Entonces lo que me estás diciendo,

y corrígeme por favor si me equivoco,

es que el cerebro

inicia este proceso diez segundos antes de que tomes la decisión.

Sí.

Y lo segundo que me cuentas acerca del experimento

es que un poco antes, quizá siete o cinco segundos antes,

el cerebro ha elegido qué botón vas a pulsar.

Así que, John,

¿podemos descartar el libre albedrío,

que interesa tanto a la gente

o, como dices en algún sitio,

esto se hace inverosímil?

Creo que la ciencia, a estas alturas,

no puede descartar el libre albedrío por completo.

Aún existe la posibilidad de que el libre albedrío exista,

pero lo hacemos muy inverosímil.

Estamos empezando a descubrir el hecho increíble

de que miles de millones de personas

han vivido sin saber lo que les pasaba por dentro.

Resulta evidente que sólo los procesos automatizados

como la respiración o la digestión

se acercan a la perfección;

sobre todo, comparados con los procesos

que percibimos como mucho más conscientes,

como elegir trabajo

o fijarnos en el lugar de residencia.

Solo una parte ínfima de la estructura cerebral

se ocupa del consciente aprendido.

El resto, que es casi todo,

se ocupa del inconsciente intuitivo y emocional.

Ahora sabemos que algunos procesos cognitivos extremadamente complejos

se almacenan en el inconsciente y no en lo que llamábamos la conciencia.

Otra de las últimas y grandes revelaciones

de las ciencias cognitivas,

como la que ha realizado el equipo dirigido

por el psicólogo Gerd Gigerenzer,

es que está recomponiendo los resortes

que articulan las decisiones inconscientes.

Es curioso, porque probablemente, hace unos diez años,

si dijeras que tomas decisiones de una manera no racional,

te insultarían la gente.

Vamos, que no se te consideraría serio.

Sin embargo, hoy en día esto ha cambiado, literalmente.

Bueno, creo que forma parte

de los resultados novedosos que tenemos ahora,

es demostrar que la intuición puede llegar a ser mejor

que los modelos de elección racional o la regresión múltiple

o los programas estadísticos más complejos...

Esto no se sabía hace diez años y es algo muy novedoso.

Por ejemplo, hace diez años no se sabía,

pero resulta que tomamos mejores decisiones

si tenemos en cuenta una buena razón que si tenemos en cuenta diez.

Esto es nuevo totalmente, ¿eh?

Sí, es nuevo.

Hasta ahora cuando la gente se basaba en uno o dos motivos solamente,

esto se consideraba irracional.

Se creía que era mejor esperar y sopesar todos los factores,

esto era lo esperable para tomar la mejor decisión...

Hay muchos ejemplos que lo corroboran,

pero permíteme que cite uno muy sencillo:

Imagina que estás en el concurso «¿Quién quiere ser millonario?»

y llega la pregunta del millón de euros,

que es la siguiente:

¿qué ciudad tiene más habitantes, Detroit o Milwaukee?

¿Qué crees?

El tiempo corre...

pues le hicimos esta pregunta a los estadounidenses,

y hubo división de opiniones:

el 60 % se inclinó por Detroit (que es la respuesta correcta),

pero el resto optó por Milwaukee.

Luego, hicimos esta misma prueba con alemanes,

que sabían poquito sobre Detroit,

y la mayoría ni siquiera había oído hablar de Milwaukee.

¿Qué crees que pasó?

¿Qué proporción de alemanes crees que acertó la respuesta?

Lo sorprendente es que prácticamente todos.

Muchos más: el 90%.

¿Y cómo es posible que las personas con menos información

realicen sistemáticamente mejores inferencias

que las que saben más cosas?

Aquí se aplica una regla general muy sencilla,

que denominamos heurística de reconocimiento:

«escoge lo que conozcas».

Los alemanes habían oído hablar de Detroit, pero no de Milwaukee:

ése es el motivo.

La ignorancia parcial puede ser útil

y siempre sucede así cuando en el mundo real

el reconocimiento del nombre

está correlacionado con lo que se quiere saber.

Finalmente, resulta que hemos podido zanjar el debate

que ha existido durante décadas entre dos bandos:

los que creían en la programación genética y cerebral,

y aquellos que creían en la experiencia individual.

Esta lucha ha sido sustituida ahora

por el descubrimiento de la plasticidad cerebral.

El cerebro cambia continuamente con la experiencia,

que deja huellas profundas y, por supuesto, los cambios ocurren

a niveles diminutos en lo que llamamos sinapsis,

donde las neuronas entran en contacto unas con otras.

Nuestros estudios

se centran en entender cómo se desarrolla el cerebro.

Es una ciencia realmente nueva, de hecho,

sólo existe desde hace unos cinco o diez años,

desde que utilizamos tecnología como la neuroimagen

-las resonancias magnéticas cerebrales-

que nos permiten hacer un escáner del cerebro de una persona viva,

para ver cómo se desarrolla éste a lo largo de la vida.

Y estos estudios de investigación muestran claramente

que el cerebro sigue desarrollándose durante décadas

y una etapa del desarrollo especialmente crucial

es la adolescencia.

Entonces el nuevo concepto es la plasticidad del cerebro...

A diferencia de lo que se pensaba,

de que con la edad las neuronas dejaban de crecer.

Ahora hemos descubierto que no,

que la edad no es un obstáculo y que seguimos aprendiendo y cambiando,

de distintas formas pero durante toda la vida, ¿no?

Sí, sí, es cierto.

El desarrollo, los cambios en el número de conexiones celulares

y también en la velocidad

con la que las células se pueden comunicar...

parece que todo va cambiando de forma natural

durante décadas o más incluso;

y además, existe otro tipo de plasticidad

que surge cada vez que aprendemos algo nuevo.

Cada vez que aprendemos una palabra nueva o un nuevo rostro,

algo cambia en nuestro cerebro,

la fuerza de las conexiones entre las células cambia.

Y sabemos que podría seguir así para siempre...

durante toda la vida.

Sarah, me han comentado

que se podría desarrollar el concepto de plasticidad cerebral,

de hecho se podría hacer después de dos o tres experimentos.

Bueno, uno de los primeros experimentos

fue un estudio hecho en Londres sobre los taxistas londinenses,

de una de mis colegas en la Universidad de Londres.

Allí, para llevar un taxi tienes que saberte no sé cuántos miles de rutas,

creo que son unas veinticinco mil rutas...

Tienes que aprendértelas todas de memoria.

Así que se trata de personas con una memoria espacial prodigiosa.

Ella los estudió

y se fijó en la estructura y funciones de sus cerebros.

Y lo que descubrió fue que, comparado con otros conductores,

el hipocampo, que es una parte del cerebro

que se encarga de la memoria y del aprendizaje espacial,

una parte de éste,

era mayor

Mayor, ¿eh?

en los taxistas comparado con otros conductores.

Y el tamaño de esa parte del hipocampo

tenía que ver con el tiempo que habían estado conduciendo taxis,

cosa que sugería que realmente el tamaño

tenía que ver con la necesidad de moverse por Londres.

El descubrimiento reciente

de lo que llaman plasticidad cerebral,

es decir, del hecho que las experiencias personales

dejan una huella en la estructura cerebral,

nos demuestra que no hay nada

que cambie de una manera determinada para siempre.

Este hallazgo nos revela

que estamos programados,

es cierto,

pero para ser únicos, totalmente distintos del vecino y de los demás;

de los que estaban antes y de los que vendrán después.

A la luz de lo que se ve en la calle,

la gente tiene una capacidad infinita para hacerse infeliz.

¿Tiene esta infelicidad algo que ver

con el hecho de que estemos programados para ser únicos?

Resulta que,

al no estar determinados necesariamente

ni por los genes ni los conocimientos adquiridos,

somos más libres que el resto de los animales.

Tenemos que empezar de cero, al contrario del pollito,

que sale disparado picoteando al nacer,

pero claro, nos equivocamos muchas veces.

Somos más infelices porque somos más libres.

Esa es la tesis del neurólogo Pierre Magistretti.

Ahora hay una idea, un concepto, que se basa en datos experimentales:

el concepto de plasticidad cerebral.

Es decir, nuestro cerebro

no queda codificado una sola vez y para siempre

al final del desarrollo cerebral,

tras la infancia o en la primera infancia,

sino que cambia continuamente como resultado de la experiencia.

Evidentemente, los cambios suceden en un ámbito muy pequeño,

que nosotros, los neurobiólogos, denominamos «sinapsis»,

que es donde tienen lugar los contactos entre neuronas.

Tenemos alrededor de cien mil millones de neuronas,

y cada neurona entra en contacto con diez mil neuronas más.

Por tanto, tenemos mil billones de sinapsis.

¡Es increíble! ¡Eso es muchísimo!

Pero, además,

la experiencia modifica la eficacia de las sinapsis.

Si aprendes algo, si tienes una experiencia,

entonces algunas de las sinapsis de una red concreta serán más eficaces.

Ésta es la base del aprendizaje y de la memoria.

Pero no se trata de una forma estricta de aprendizaje,

hay algo más,

porque si solamente estuviéramos marcados por lo que aprendemos,

por la experiencia que deja una huella,

¡eso sería muy determinista!

Se podría decir que cualquier cosa que hubiéramos vivido

en un momento dado de nuestra vida

establecería lo que haremos en el futuro,

¡y eso sería terriblemente determinista!

Afortunadamente, creemos que no es así.

La idea es que algunas de las huellas que ha dejado la experiencia

pueden reasociarse y crear nuevas redes, nuevas huellas,

que de hecho están ahí, a escala sináptica,

en los circuitos neuronales,

pero estas huellas no tienen una relación directa

con la experiencia original.

Es como si mezcláramos un poco las cartas...

Son distintas y eso es lo que te lleva a decir

que «estamos programados para ser únicos».

¡Exacto! Programados para ser únicos.

Estamos programados o estamos determinados

para no estar determinados.

Porque introducimos la noción de la reasociación de huellas,

que añade cierto grado de libertad en nuestra conducta.

Si no fuera así, seríamos como robots:

todo vendría predeterminado,

y no cabría posibilidad alguna de que surgiera la individualidad,

lo que nos hace únicos, la singularidad.

Los humanos, al nacer, no pueden hacer nada.

Sólo hay que mirar a un bebé: ¡no puede sobrevivir!

Así que, como humanos,

no nacemos con un sólido conjunto de instrucciones;

tenemos que aprenderlas

y las aprendemos a través de los mecanismos de la plasticidad.

Esto es fantástico, porque deja espacio para mucha libertad;

pero también hay algunos inconvenientes:

podemos cometer errores a la hora de interpretar nuestras instrucciones.

Y por eso, probablemente,

el precio de la libertad es quizá cierta infelicidad.

Cuando observamos el cerebro,

resulta difícil encontrar un único lugar

en el que se aloje un recuerdo concreto.

Al rememorar el pasado, los pedacitos de información

vuelven a unirse desde las diferentes partes del cerebro

y eso es lo que da lugar a lo que experimentamos como recuerdos

Todo o casi todo parte de ese mecanismo preciso.

Sobre la base de estas piezas sueltas,

reconstruimos el pasado y con ello diseñamos

el andamio necesario para poder anticipar el futuro.

Hemos descubierto que imaginar el porvenir y evocar el pasado

requiere los mismos entramados neuronales.

Recordar e imaginar son cosas muy parecidas y,

tanto si miramos adelante como atrás, somos memoria del pasado

La memoria no es un registro fiel de las experiencia vivida.

El cerebro crea, completa, inventa para dar coherencia al pasado

y para interpretar qué nos depara el futuro.

Y lo que nos sugiere el profesor de psicología Daniel Schacter,

es que, si la memoria nos falla y nos juega malas pasadas,

es para unificar mejor nuestro yo presente,

con el del pasado y el del futuro.

Son alucinantes las conclusiones

que señalan la activación simultánea de áreas cerebrales idénticas

para recordar y para imaginar.

Hay una cosa que me fascina de tus últimas investigaciones y libros,

y que creo que supone una gran contribución,

es que dices que cuidado,

que existe una especie de conexión íntima

entre recordar el pasado e imaginar el futuro.

Esta es ahora la novedad que nos llama la atención

a los que trabajamos en este campo...

intentamos entender cómo utilizamos la memoria

para imaginar el futuro, lo que haremos en nuestra vida.

Hasta el momento, solíamos pensar en la memoria

como algo exclusivamente relacionado con el pasado, pero ahora,

teniendo en cuenta nuestra investigación más reciente,

cada vez nos interesa más el papel de la memoria

como algo que nos permite pensar en el futuro,

y esto es algo que estudiaremos mucho más en lo sucesivo.

Algo que también es importante de lo que dices,

me refiero a cuando hablamos del olvido.

Es decir, es necesario olvidar algunas cosas

para poder seguir adelante en la vida.

Exacto.

Es una de las cuestiones importantes

que hay que mencionar sobre los «pecados» de la memoria;

y los llamo pecados porque solemos percibirlos negativamente,

pero también tienen una parte positiva,

adaptativa, como acabas de decir.

No sería deseable tener un sistema de memoria

que mantuviera absolutamente

todos los fragmentos de información trivial.

Tenemos que olvidar ciertas cosas

para hacer espacio a las cosas importantes.

Con toda certeza, no ha habido a lo largo de la evolución

un avance más insospechado y decisivo a la vez

como el impacto de las interacciones de las redes sociales.

Nos referimos al papel creador e innovador

del intercambio de conocimientos, de chismorreos,

de impresiones, de gustos y de estados anímicos

que incitan las redes sociales en el seno de la manada.

Los antecedentes de la famosa Ruta de la Seda,

al que comunicaba con Oriente, o la del Incienso,

que acercaba el Mediterráneo a la India,

fueron verdaderamente redes sociales en las que germinaron

las civilizaciones globalizadoras del mundo actual.

Los siglos que se tardaba en aquel entonces

en generar una civilización distinta y compleja

contrastan con el presente

de las nuevas tecnologías de la comunicación.

Ahora, el impacto transformador de las redes sociales

es universal y es instantáneo.

Lo que no había ocurrido en miles de años

es la naturaleza nueva e inesperada de las innovaciones

que se desprenden de las interacciones sociales;

se está dando curso a niveles de creatividad desacostumbrados,

niveles que aceleran, sin duda, el cambio social y tecnológico.

La diferencia con el resto de los animales

era antes una pura cuestión de grado;

ahora los humanos somos realmente únicos,

gracias a las redes sociales.

Algunos científicos lo han afirmado,

y tú has dicho algo parecido...

me refiero a que nuestro intelecto superior

surgió cuando nos volvimos realmente sociales

y que estar en contacto con los demás,

tal vez por vivir tan cerca unos de otros,

ha sido lo que nos ha hecho diferentes.

¿Qué crees de esto? ¿Es cierto que basta con eso?

Solamente te pido una reflexión,

piensa en las últimas 24 horas de tu vida.

Y ahora pregúntate qué porcentaje de ese tiempo

has dedicado a pensar en temas sociales.

Descubrirás que ha sido alrededor del 99% del tiempo.

¿Cómo estará tu mujer? ¿Y tu hijo? ¿Y la persona que trabaja contigo?

¿Cuál es su intención? ¿Les vas a gustar? ¿Qué piensan?

¡No puedes desactivarlo!

Constantemente conjeturamos sobre el estado mental de los demás

en relación con nuestro bienestar.

Y es verdad.

¡Y no dejamos de hacerlo!

Tras percatarnos del increíble poder que tiene plantearse

nuestras interacciones sociales en el día a día,

queda claro que el cerebro humano

tiene que estar tremendamente comprometido con ese proceso.

Lo que intentamos descubrir ahora

es cómo calculamos nuestra posición respecto al resto,

cómo sabemos cuál es la intención de los demás,

o cuál es nuestra postura moral

respecto a un planteamiento que nos hacen.

Y en la actualidad podemos investigar

dónde suceden estos procesos en el cerebro

y qué circuitos entran en juego, si funcionan con normalidad.

La capacidad de descubrir el estado de ánimo de otra persona

es exclusivamente humana:

¿Crees que para desarrollar mejor nuestro potencial

tendríamos que tener una educación

orientada hacia la creatividad y el desarrollo emocional?

Subtitulación realizada por Juan Rosa Rivas.

Redes - Estamos programados, pero para ser únicos

28:28 22 abr 2012

Después de charlar con los especialistas que más saben sobre la mente y el cerebro, y a medida que hurgaba en el corazón de la gente para analizar lo que les pasaba por dentro, constaté que el verdadero y único poder residía en la mente. 

En este programa especial, nos gustaría explorar algunos de las claves para enfrentar las grandes incertidumbres que acosan a los homínidos.

 

Después de charlar con los especialistas que más saben sobre la mente y el cerebro, y a medida que hurgaba en el corazón de la gente para analizar lo que les pasaba por dentro, constaté que el verdadero y único poder residía en la mente. 

En este programa especial, nos gustaría explorar algunos de las claves para enfrentar las grandes incertidumbres que acosan a los homínidos.

 

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  • 28:27 16 jun 2013 El neurocientífico Sebastian Seung afronta un reto titánico:desentrañar el patrón de conexiones que hay entre los 100.000 millones de neuronas de nuestro cerebro.Es el llamado conectoma humano y en él podrían residir aspectos de nuestra mente que todavía no podemos comprender. 

  • 2:01 16 jun 2013 En esta sección del programa Redes, Eduardo Punset responde a las preguntas de los jóvenes y los niños.En esta ocasión, la pregunta formulada por las dos jóvenes es:¿Todos los animales tienen cerebro?

  • 28:27 16 jun 2013 El neurocientífico Sebastian Seung afronta un reto titánico:desentrañar el patrón de conexiones que hay entre los 100.000 millones de neuronas de nuestro cerebro.Es el llamado conectoma humano y en él podrían residir aspectos de nuestra mente que todavía no podemos comprender. 

  • La capacidad plástica

    La capacidad plástica

    9:16 16 jun 2013

    9:16 16 jun 2013 En la "Mirada de Elsa", veremos cómo podemos aprovechar la enorme capacidad plástica de nuestro cerebro para cambiar nuestros comportamientos más rígidos y rutinarios.

  • 00:49 14 jun 2013  El neurocientífico Sebastian Seung afronta un reto titánico: desentrañar el patrón de conexiones que hay entre los 100.000 millones de neuronas de nuestro cerebro. Es el llamado conectoma humano y en él podrían residir aspectos de nuestra mente que todavía no logramos comprender, tales como el lugar donde residen los recuerdos. En este capítulo de Redes, Seung explica a Eduard Punset los detalles de su investigación y cómo su trabajo puede contribuir a entender mejor el cerebro y a combatir ciertas enfermedades mentales. Y en la Mirada de Elsa, veremos cómo podemos aprovechar la enorme capacidad plástica de nuestro cerebro para cambiar nuestros comportamientos más rígidos y rutinarios.

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