Dirigido por: Julián del Olmo

El rastro de Dios, que el programa va siguiendo, le lleva a descubrir la infinidad de campos en los que la Iglesia está comprometida: pobreza, enfermedad, ancianidad, cultura, arte, vida contemplativa, minusvalías, juventud, campos de refugiados, niños de la calle, Sin Techo y Sin Tierra, mutilados de las minas antipersona, grandes catástrofes humanas, naturales o provocadas, etc.

Pretendemos hacer una comunicación que muestre el rostro de una Iglesia samaritana y provoque en la audiencia comunión, solidaridad y compromiso con los más desvalidos de nuestra sociedad y de nuestro mundo.

Nos aplicamos las palabras de Juan Pablo II: "Cada día, los medios de comunicación social llegan a nuestros ojos y a nuestro corazón, haciéndonos comprender las llamadas angustiosas y urgentes de millones de hermanos menos afortunados, perjudicados por algún desastre, natural o de origen humano; son hermanos nuestros que están hambrientos, heridos en su cuerpo o en su espíritu, enfermos, desposeidos, refugiados, marginados, desprovistos de toda ayuda; ellos levantan los brazos hacia nosotros, cristanos que queremos vivir el Evangelio y el grande y único testimonio del amor". (Juan Pablo II. Cuaresma de l986).

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Para todos los públicos Pueblo de Dios - De vocación, cura rural - ver ahora
Transcripción completa

(Música suave)

No todo el mundo tiene en su casa tantas llaves ajenas

y que le sean tan conocidas.

Estas abren puertas centenarias de espacios sagrados,

de lugares donde se celebra la vida y donde se lamenta la muerte.

Sobre las llaves, nombres propios; las de los pueblos que albergan

las iglesias y ermitas cuyas puertas abren.

Mantenerlas abiertas, como sostener viva la fe de sus gentes,

es la tarea del personaje que vamos a conocer hoy.

Mi identidad de cura rural viene un poco de lejos.

Ha estado muy alimentada, a nivel nacional, el momento rural cristiano

y a nivel de Castilla y León, de la región del Duero que decíamos,

con el foco de Villagarcía,

con hermanos insignes de Palencia, de Ávila, de Soria y tal.

Se sigue funcionando una plataforma de curas rurales.

Asisto un poco menos ahora porque no puedo

pero se alimentaban una espiritualidad y una presencia,

una valoración de lo sencillo, de lo pequeño

que también es una fuerza transformadora.

En estos pueblos pequeños acercándote a la gente

y llevándoles un poquillo de esperanza, de ilusión.

Gastar tiempo en lo pequeño ya no es rentable ni es muy valorable

a nivel pragmático, pues es sin embargo una realidad importante.

Ahí, yo creo que como diríamos en esa espiritualidad de lo rural,

yo creo que andamos por ahí muchos curas.

(Música suave)

Cuando Antonio Arroyo fue nombrado párroco

le encargaron atender 56 pueblos.

De ellos, 32 tienen todavía algún habitante.

Casi 40 años después sigue en el mismo sitio,

en San Pedro Manrique, al norte de la provincia de Soria.

Su historia es la de un niño de El Burgo de Osma

que estudió en el seminario

influenciado por el buen ejemplo de un par de curas

que le enseñaron el verdadero sentido de la vocación sacerdotal.

Esta ha sido y sigue siendo la tierra encargada pastoralmente

a Antonio: la comarca de Tierras Altas.

En el Puerto de Oncala, los molinos de viento que desafían

la aspereza del clima soriano parecen el único elemento moderno

en estos lugares donde el tiempo pareció detenerse.

El tiempo no se detiene y todas las horas hieren.

La falta de horizontes laborales

ha provocado un paulatino proceso de despoblación.

Estamos hablando de la insólita cifra

de un habitante por km².

La cabecera de la comarca, San Pedro Manrique,

donde vive Antonio, conserva unos 500 habitantes de hecho,

"de los que pasan frío", como dicen por aquí.

(CANTAN) Saber que vendrás, saber que estarás

partiendo a los pobres tu pan.

La misa de 13:00 de los domingos sigue siendo

uno de los momentos rituales de encuentro de la gente del pueblo.

En total, los feligreses a los que Antonio atiende

durante diez meses al año son unos 700.

Otra cosa bien distinta es el verano, cuando la población

se multiplica porque la gente acude a sus pueblos en vacaciones.

La dispersión de los núcleos de población en la comarca

hace que Antonio, como todos los curas rurales,

se pase horas en el coche.

Volante en mano, su trabajo se desarrolla en el área que surge

de trazar un radio de 30 km desde San Pedro

ya sea con sol, con lluvia o bajo la cada vez más escasa nieve.

Accidentes, a Dios gracias, no he tenido ninguno

pero con el hielo..., que igual es peor que si hay nieve.

La nieve engancha, a lo mejor, más el coche o lo ves más claro

pero el hielo negro, que dice la gente, que es

cuando ha llovido, se ha derretido la nieve

y se queda el color del asfalto, vas más confiado

y tres o cuatro veces sí que se ha espantado el coche

y he ido a la cuneta. Una vez se me dio la vuelta

y en el momento ese me di un susto grande.

Me parece que con este son seis coches,

seis coches; y al año...

Cuando estábamos dos compañeros, Jesús y yo,

calculábamos al año unos 25 000 km.

Una parte fundamental del trabajo de Antonio, o Toño, como le llaman,

es la visita a los vecinos de los pueblos.

¿Nati? Muy buenas. Hoy lo acompañamos a Valtajeros,

donde viven todo el año siete personas, entre ellas Nati.

Para los escasos habitantes de la treintena de pueblos

de la parroquia la visita de Antonio es muy gratificante.

Lo agradecemos porque es muy buena persona.

Lo que pasa es que tiene muchísimo trabajo porque ahora,

como no salen sacerdotes, tiene que hacer cantidad...

de pueblos y no llegan.

Claro, aquí, como hay menos público...

Pues va donde hay más, es lógico.

Luego todo eso lo pones a cocer.

La visita de Antonio está llena de sentido.

No solo se trata de interesarse por la vida de vecinos y feligreses.

Es también hacer presente la cercanía del pastor,

aquel que como recuerda el Papa Francisco,

debe oler a oveja.

Yo creo que es también la Eucaristía.

Encontrarte con ellos en sus casas, que te cuentan sus historias,

las penillas, hablamos, rezamos, me dan un rosquillo.

Es como una presencia... necesaria, creo yo.

Yo creo que buena, que pastoralmente es importante.

De cara a ellos y de cara a mí. ¿Cómo haces presente el Evangelio?

En realidad es pequeñita, la gente mayor. Con una presencia.

Creo que la presencia de calidad, empleando tiempo.

Aunque a veces en las Eucaristías tenemos que ir corriendo,

yo cuando voy a los pueblos, a las casas...

Cuatro casas en un pueblo, pues estoy una tarde entera

y si me he llegado a dos, vuelvo otra vez; empleando tiempo.

En el mundo rural los pobres son los mayores.

Tienen familias, prefieren estar en los pueblos.

Hay mucha gente de hijos que andan fuera que te agradecen.

Dicen "he venido este fin de semana a ver a mi madre y dice

'ha estado Toño viéndonos', y te han contado

porque con la trabajadora social habéis estado", ¿sabes?

Yo creo que son valores que lleva el Evangelio:

los servicios de presencia y de acompañar.

En ese ritual de la visita a las personas mayores

no puede faltar diariamente el encuentro con los ancianos

de la residencia de San Pedro Manrique.

No hay pueblo grande de Soria donde no haya una residencia

que acoja a personas de los pueblos de la comarca y aún de más lejos.

Yo creo que te piden, sobre todo, cercanía

y que estés pendiente de sus vidas.

¿Quién soy yo? ¿Cuántos días me has visto al decir misa?

El Antonio, el cura.

Ahí vamos descubriendo todos la presencia de Dios en sus vidas.

A eso hay que dedicarle tiempo.

Sobre todo que estés pendiente de sus vidas.

La vida de la gente mayor de los pueblos es compleja.

Tenemos mucho contacto con los sanitarios,

con los trabajadores sociales porque hay cosas que te las cuentan

y profesionalmente son más de ellos, o ellos te cuentan...

Hay en común un trabajo, cada uno en su profesión

pero compartiendo muchas veces... Porque a una persona mayor

se le ha fallecido un hijo o ha tenido un problema,

tiene el corazoncillo triste, tiene la situación social complicada

y le duele la espalda,

es decir que hay que ir a sanar toda la persona.

El domingo se ha levantado fresco y soleado.

Desde el alto de una loma cercana

el pequeño pueblo de Cerbón se contempla por completo.

Se respira sosiego y quietud, apenas rota por algún tractor

que recorre los caminos que conducen a las fincas de labor.

Hoy toca misa en Cerbón pero no en la inhóspita y fría iglesia

de origen románico de las afueras del pueblo

sino en el local parroquial donde los feligreses caben de sobra.

Esta es una solución más que digna para celebrar misa de forma cómoda,

especialmente en los largos y fríos inviernos sorianos.

Ahora viene el pobre hombre cuando puede,

generalmente cada 15 días. No le da para más la cosa.

Pero es un hombre "olé".

-Además, hablando del Antonio es un compañero insaciable de bueno.

Tiene mucha soltura, mucha familiaridad

pero han cambiado los tiempos, como digo.

Antes, en todos los pueblos de Soria había

un sacerdote que hacía de maestro y sacerdote.

Cerbón, como tantas poblaciones sorianas, parece un espejismo.

Sus casas, bien cuidadas, dan la sensación de estar habitadas.

Pero solo en vacaciones.

El resto del año 15 personas dan vida al pueblo.

La vida aquí es cómoda.

Tenemos en invierno nuestra calefacción.

Tenemos que vienen a vender de todo: carnes, pesca,

frutas. Luego también vas de viaje;

si vas a Soria y coges lo que sea. Se vive bien aquí en el pueblo.

Lo que pasa es que te da rabia que no haya

un remanente de niños por ahí pero bueno, ¿qué vas a hacer?

Hay que tomar la cosa como es y nada más.

-Falta la alegría que había antes.

Antes ibas a la escuela, salías al recreo.

Los domingos, yo fui músico también, músico de oído nada más.

Estábamos cuatro o cinco músicos de tocar el laúd,

nada más que a oído. Acompañaban con una guitarra.

-Estamos viendo que igual cerramos el pueblo.

Luego se quedará para fines de semana y demás.

¿Qué vas a esperar?

Cerrar un pueblo no es tan sencillo aunque vayan quedando pocas personas

que lo habiten durante todo el año.

En muchos casos, mantener vivos el recuerdo y el cariño

al lugar de sus orígenes son motivos más que suficientes

para que los pueblos no mueran del todo.

Que los ángeles te conduzcan al regazo de Abraham.

De todas formas, en el quehacer cotidiano de Antonio

los entierros son más frecuentes que los bautizos.

Desde Oncala, en el valle donde nace el río Cidacos,

se suceden varios pueblos por el camino que nos llevará

hasta Sta. Cruz de Yanguas. Nos detenemos en Las Aldehuelas.

Las personas en la puerta de la pequeña iglesia

y un grupo de dulzaineros nos indican

que la fiesta está a punto de comenzar.

Se trata de la Romería de S. Marcos.

No hay procesión, al menos en estas tierras de Soria,

sin el pendón del pueblo, que se prepara minuciosamente

para sacarlo al menos una vez al año.

Antonio, que acaba de llegar, se reviste para la celebración.

La romería que celebran en Las Aldehuelas es muy peculiar.

Comparten la fiesta con el pueblo que está a 2 km: Valloria.

Los vecinos de ambos lugares salen en procesión por la carretera

que une ambas poblaciones. A mitad de camino se encuentran,

hacen un saludo protocolario con sus pendones

y regresan juntos a Las Aldehuelas por la sencilla razón

de que la imagen del santo está allí. Una vez que termine la fiesta,

los de Valloria la llevarán a su pueblo

y allí la custodiarán hasta el año que viene.

Por eso vienen con unas andas vacías que, al final del día,

servirán para portar al santo.

La misa con la que se celebra la fiesta tiene un aire sencillo,

de celebración de verdad entre vecinos.

...de S. Marcos en la tradición popular y rural era una fiesta

como de acción de gracias por la primavera.

Antonio lo propicia porque salpica la Eucaristía

de alusiones a la situación del pueblo, a la meteorología,

a las vidas de los que participan.

No en vano lleva casi cuatro décadas entre sus feligreses.

Siempre aprovecha estos encuentros de religiosidad popular.

Es una realidad importante porque está como muy arraigado.

Hoy habéis visto en la procesión niños pequeños

que a lo mejor por ahí les podemos ayudar a crecer en la fe.

Hay muchos niños. De los que habéis visto ya han hecho la Comunión,

están en sus ciudades. Algunos están en la dinámica de la mayoría,

que practica más o menos, pero estos momentos

son importantes porque se mezcla tradición, el pueblo, el arraigo.

Es un elemento importante de la religiosidad popular.

Esta fiesta entre Valloria y Aldehuelas, lleva 7 años.

Yo, al principio, con otros compañeros, la vivimos en declive

y se terminó por acabar. Y se ha recuperado.

En la recuperación es un poco eso, decir "tenemos una red, una historia

en este mundo grande. ¿Dónde estamos arraigados? Por eso importan".

Por eso les insisto mucho en las fiestas patronales

que son también momentos importantes.

Y en fiestas de estas, diríamos de segundo grado o así,

es importante que lo transmitan también. Yo creo que...

Pregunto a veces a un niño "¿dónde te gusta veranear,

en Valloria o en la playa?" Dice "en la playa".

Digo "en la playa, bien; pero en Valloria, también".

El tema del arraigo y de la identidad es fundamental.

La celebración continúa como la vida misma.

Ya se sabe, de la misa a la mesa.

Es la mejor forma de no ser solo cura de pueblo

sino un cura del pueblo.

Dios mío, ¿qué haríamos en esta zona sin él?

Creo que ha sabido dar un empuje, un asentamiento a que nos quedemos.

Es el que nos transmite una paz, el que nos da sosiego,

el que..., aunque no baje a misa porque si en este pueblo

la media de edad son 85 años y hay cinco,

entre que hay frío y eso, a la iglesia no baja

pero el simple hecho de que sabes que viene a visitarte por todo,

a todas las casas, que intenta apoyarnos en estas pequeñas ideas

que podemos tener, porque es el único párroco para esta zona

y dices "una fiesta más y nos inventamos otra historia".

Pero él está abierto a cualquier cosa de estas.

Es una figura importantísima aquí. Creo que es parte de nosotros, Toño.

No es nuestro cura. Es uno más en cada casa.

Esta romería de S. Marcos ha sido recuperada recientemente

tras muchos años en que la poca población que quedó

no tenía ni fuerzas para fiestas.

En los últimos años ha habido un resurgir de asociaciones

que están rescatando costumbres y tradiciones

en muchos pueblos castellanos.

No podemos intentar poblar esto porque no tiene servicios,

no tienes una tienda, no hay transporte.

Vamos a intentar que los que están no se vayan.

Es intentar mantenerlo. Pero yo entiendo

que es muy difícil que alguien se quiera venir a vivir aquí.

Intentamos, cuando hubo el auge de los molinos,

que los chicos, la gente, los jóvenes que vinieran a trabajar

se quedaran a vivir. Si acababan de trabajar a las 17:00,

¿qué hacen después aquí? ¿Qué hacen si no hay nada?

Hay que entender que se tienen que ir a Soria.

O hacemos comarca o hacemos ciudad pero sin perder

la parte que tenemos cada uno de nuestro pueblo.

Volvemos por Cerbón, el pueblo en el que estuvimos antes.

Antonio enseña a un vecino la reforma externa

de esta espléndida iglesia de aires románicos.

Cuidar y proteger el patrimonio es otra de las tareas

que traen de cabeza a los curas rurales.

Todos los pueblos tienen un templo, mínimo.

Yo diría que casi todos, dos

porque una, la iglesia parroquial, alguna ermita, y es una gestión,

una tarea fundamental y una tarea como muy permanente.

Al tener que gestionar tantos pueblos,

el tema de las obras, más grandes o más pequeñas, es siempre una faena

porque hay que estar muy encima, llamar a muchas puertas,

hacer mucha gestión y a veces se tarda en recibir las respuestas

porque las cosas de palacio van despacio. En ese sentido

son quebraderos de cabeza porque no dependes...

Una cosa que depende de ti o de algo cercano, la haces, la solucionas,

lo hablas y ya está. Pero esto lo planteas y hasta que ves

la solución y tal pues hay que estar como muy permanente

y en ese sentido sí que es más problema que bendición.

Antonio está solo pero no del todo en su tarea como cura rural.

El Arciprestazgo de Tierras Altas lo forman tres parroquias

llamadas Unidades de Atención Pastoral:

la de Almajano, de Almarza-El Valle y de San Pedro Manrique.

Excepto la de Antonio, las demás están atendidas por tres curas

que se reparen los muchos pueblos de cada unidad.

Ven, Espíritu Santo, recupera nuestra vida.

Periódicamente se reúnen, programan actividades en común

y dialogan sobre la situación social y pastoral y los retos planteados.

Hay que intentar que quede algo.

Lo que va a quedar son personas, hombres o mujeres,

que se hagan un poco responsables de la comunidad cristiana.

Estamos preparando un grupo de formación desde hace 15 años.

Esos son los que queremos que mantengan la llama ardiendo

cuando nosotros nos vayamos porque aquí quedará algún cura,

pero viviendo en Soria y para 30 o 40 pueblos.

Tenemos que dejar todo en manos de los seglares.

Ellos van a ser los responsables.

Junto al fenómeno de la despoblación

también se está dando el de los pueblos que reviven

durante el fin de semana como segunda residencia,

una nueva realidad que hay que atender.

Es verdad que hay otros donde se están estableciendo

nuevos moradores, gente nueva que viene cada vez más,

es la segunda vivienda, viene los fines de semana.

Esos... sí que hay que hacer una tarea misionera

porque a lo mejor donde viven, en Madrid, Bilbao o Barcelona,

no tienen una experiencia religiosa, un contacto con la Iglesia

y para ellos la parroquia de referencia es de estos pueblos.

Durante 40, 50 años, estos hombres se han dedicado al mundo rural

no con la mirada de políticos o economistas

sino con la que se desprende de los valores del Evangelio.

Son curas convencidos de su opción.

Apoyan a los pocos jóvenes emprendedores, consuelan a ancianos,

recuerdan los valores que conservan los pueblos

y denuncian el olvido institucional o la falta de recursos.

Efectivamente merece la pena.

Creemos que es un aporte, un pequeño aporte,

a la humanización de este mundo.

Creo que la tarea es humanizar.

Si se trata de humanizar, Antonio ha cumplido con creces su tarea.

Psicólogo, trabajador social, animador cultural y cura,

y todo a tiempo completo.

Desde que hace 40 años se hizo sacerdote

la vida le fue dando la razón:

ha merecido la pena y la alegría.

Encuentras sentido a la vida y a la vida que estoy viviendo

en la situación en que la estoy viviendo.

También somos personas humanas y la fe tiene sus claroscuros.

Sobre todo lo físico, lo personal también tiene como sus noches;

San Juan de la Cruz ya lo decía.

Aun así, superando eso con oración, con ayuda de los hermanos...,

tampoco he pasado ningunas crisis muy vitales ni muy gordas

que hayan desestabilizado demasiado,

pues claro que ha tenido sentido y lo tiene,

y en este espacio en donde parece que no pasa nada

por la situación social en la que vivimos. Pero bien.

(Música suave)

Pueblo de Dios - De vocación, cura rural

23:47 18 jun 2017

Reportaje sobre la vida de Antonio Arroyo, párroco de San Pedro Manrique, Soria.

Reportaje sobre la vida de Antonio Arroyo, párroco de San Pedro Manrique, Soria.

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Añadir comentario ↓

  1. Jose

    Buen reportaje de la 2,fiel reflejo de nuestra tierra. Despoblación y vejez, resultados finales de esta tierra castellana, que si no lo remedia nadie, será reducido a pasatiempos de verano.Gran labor de muchos sacerdotes, los cuales no son recompensados por mucha gente ni se aprecia su trabajo.

    pasado miércoles
  2. María Lourdes Caminero Leon

    Me ha encantado, tanto el reportaje, como el trabajo de Toño. Le conozco y es una excelente persona, bueno, sencillo y humilde...

    pasado lunes

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