Pueblo de Dios
Pueblo de Dios
Domingo a las 11.30 horas  

Dirigido por: Antonio Montero

El rastro de Dios, que el programa va siguiendo, le lleva a descubrir la infinidad de campos en los que la Iglesia está comprometida: pobreza, enfermedad, ancianidad, cultura, arte, vida contemplativa, minusvalías, juventud, campos de refugiados, niños de la calle, Sin Techo y Sin Tierra, mutilados de las minas antipersona, grandes catástrofes humanas, naturales o provocadas, etc.

Pretendemos hacer una comunicación que muestre el rostro de una Iglesia samaritana y provoque en la audiencia comunión, solidaridad y compromiso con los más desvalidos de nuestra sociedad y de nuestro mundo.

Nos aplicamos las palabras de Juan Pablo II: "Cada día, los medios de comunicación social llegan a nuestros ojos y a nuestro corazón, haciéndonos comprender las llamadas angustiosas y urgentes de millones de hermanos menos afortunados, perjudicados por algún desastre, natural o de origen humano; son hermanos nuestros que están hambrientos, heridos en su cuerpo o en su espíritu, enfermos, desposeidos, refugiados, marginados, desprovistos de toda ayuda; ellos levantan los brazos hacia nosotros, cristanos que queremos vivir el Evangelio y el grande y único testimonio del amor". (Juan Pablo II. Cuaresma de l986).

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Para todos los públicos Pueblo de Dios - Tacumbú, la cárcel que libera - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

En pocas ocasiones encontramos una historia con tanta fuerza

protagonizada por alguien con tanta tenacidad.

Es la historia de quien encuentra luz donde hay más oscuridad,

de quien descubre la salida en el laberinto,

de quien vislumbra la esperanza allí donde todo es desaliento,

de quien allá el hueco por el que atravesar

el grueso muro de la injusticia.

Ese alguien tiene un nombre: Luis Arias.

Y es el capellán del penal Tacumbú.

(Música)

Como todas las mañanas,

a las puertas de esta cárcel de Asunción, en Paraguay,

el padre Luis se encuentra con Miriam,

la abogada con la que trabaja codo a codo

en la que aquí llaman pastoral carcelaria.

Se trata de un servicio de la diócesis

creado para atender a la población reclusa,

tal y como sucede en todos los lugares

donde la Iglesia está presente.

El penal de Tacumbú es el mayor de Paraguay.

Casi la mitad de todos los presos del país están aquí,

en un complejo de patios, celdas y módulos

mantenidos en pésimas condiciones.

En Tacumbú están hacinadas las 3400 personas internas,

ya que doblan la capacidad del centro.

La gran mayoría está a la espera de juicio

y muchos matan su tiempo con el consumo o tráfico de drogas.

La cárcel es una cosa monstruosa.

Yo siempre le digo a ellos...

que este no es lugar para nosotros. Estamos por aquí de paso.

Pero ya no tenemos que juzgarlo...

y se tienen que visitar las cárceles y los hospitales públicos

para saber cómo está el país.

Y mira, y así es... el resultado muy catastrófico será.

Nuestro recorrido por pasillos, patios y galerías

desemboca en el módulo D.

Este módulo es un oasis en medio de la prisión.

La razón es sencilla:

aquí trabaja el servicio de pastoral penitenciaria

que ha reformado las instalaciones y tiene un amplio proyecto

de trabajo y asistencia con los internos.

Como dice Luis, la Iglesia no puede desentenderse de la cárcel.

La puerta de la cárcel está abierta si uno quiere entrar a trabajar.

Con ese no tenemos que estar agradecidos.

Nadie nos impide entrar a ayudarle.

Hoy hay un ambiente distinto en el penal.

Es día de visita y algunos familiares

comparten un rato de la mañana con los internos.

La gran mayoría de los reclusos no reciten visitas

y, por tanto, ni tienen el consuelo de sus familias

ni algo tan sencillo como calzado o ropas nuevas.

Quien no falla en su compromiso con la gente de la cárcel

es el equipo del padre Luis.

Hay personas que están llamadas para ingresar dentro de la cárcel.

Y hay otras personas que pueden apoyar desde afuera.

Yo sé, incluso dentro de la familia, a veces un familiar cae preso

y no todos sus familiares le pueden visitar.

Yo suelo decirles a ellos. Mira, no se quejen ni tengan rencor

por nadie que no les visiten. No es fácil visitar la cárcel.

No se enojen con nadie. Si tu amigo no viene, si tu hermano no viene,

porque pasa así, hay hermanos y hermanas, padres...

que no van a visitar a sus hijos... Pero no te enfades. Es así.

No es fácil entrar en la cárcel. Es una vocación.

Yo, al principio, creo que fui elegido para esto.

Yo estoy totalmente desubicado en una parroquia.

No sé que hacer, no sé a quién atender ni qué decirle.

Sin embargo, aquí me brota la palabra fácilmente porque...

Fui enviado para esto.

La pastoral penitenciaria atiende a los internos del módulo D

en varios campos: asistencia legal, psicológica, espiritual

y formación laboral.

La obsesión de Luis y su equipo es que, al menos,

aprendan la gran lección de la cárcel:

es tan terrible que hay que hacer lo posible por no volver.

-¿Cómo está? -Todo bien.

-¿Qué tal?

Entre otras cosas, porque la mayoría sale peor de como entró.

Los que consumían poco, consumen mucho después

y los que robaban aprendieron a robar con otro sistema en conjunto

y con una cadena de gente. Es cierto que es muy difícil.

Te puedes educar tan mal como salir muy bien formado también.

Si no se orienta, sale peor, evidentemente.

Se necesita ser orientado, ser educado en la cárcel.

Porque en la cárcel ya comienza la educación.

Comienza el hábito al trabajo, el hábito a la disciplina.

Hasta este rincón del penal de Tacumbú

ha llegado la solidaridad española.

En este caso, a través del apoyo de Manos Unidas.

Hace un par de años pidieron a esta ONG

su ayuda para financiar la compra de varias máquinas de coser

y la formación laboral en corte y confección

de un grupo de reclusos.

Estamos muy agradecidos a la gente de Manos Unidas

por haber traído todas las máquinas. Y estamos contentos.

Todos los compañeros están felices de eso.

Tenemos cantidad de compañeros

que están estudiando corte y confección.

Ojalá de aquí a un buen tiempo

este lugar lo industrialicemos de a poco

porque tenemos compañeros, tenemos internos jóvenes,

que están sin hacer nada y la máquina...

es importantísima para nosotros.

Yo tengo compañeros que antes no sabían nada.

Es a primera vez que alguno conoce una máquina

y ahora es profesional, algún compañero. Profesional.

Y... Y todo eso...

Uno encuentra acá una posibilidad de adquirir conocimientos.

Es mucho y tenemos que valorar muchísimo

y yo creo que estamos orgullosos de eso, digámoslo así.

Gracias a las máquinas y a la formación,

financiados por Manos Unidas,

se ha creado un taller de confección de prendas deportivas,

uniformes de trabajo, sábanas, toallas, etcétera.

Todo ello dentro del programa de reinserción sociolaboral

que se hace en el módulo D.

Como resultado de este programa, ya hay un buen número de personas

que han recobrado la ilusión por aprender un oficio

y se han dado cuenta de que, en el futuro,

podrán ganarse la vida así.

No puedo dejar de agradecerle a Manos Unidas, ¿por qué razón?

La rehabilitación es posible.

Y se ha dado esta rehabilitación. Y estoy tan contento por eso...

Manos Unidas puede ver y, a su vez, la gente que ayuda a Manos Unidas,

pueda ver que se ha hecho una inversión.

Esa es la satisfacción que tengo.

Este es el milagro. Un milagro palpable.

El trabajo de la pastoral no lo lleva solo el capellán.

Varios profesionales de la psicología, la abogacía

y el trabajo social colaboran en que los reclusos

aprovechen esta oportunidad.

Y no solo trabajan los que vienen de fuera.

Dentro también hay un equipo formado por los propios internos

que se responsabiliza de toda la labor.

Nosotros estamos orgullosos

del trabajo que realizamos acá adentro

porque en dos años de vida

que estamos cumpliendo en este diciembre

hemos conseguido muchas libertades y el cambio de personas...

gente que estaba tirada por el pasillo y también tenemos...

Es un cambio muy importante para nosotros.

Realmente vemos el laboro que hacemos acá adentro,

como compañeros, porque yo soy interno también.

Se ve y eso me orgullece.

Nosotros empezamos a las 5 de la mañana nuestro trabajo

y termina a las 10 de la noche, cuando se hace el toque de silencio.

Para mí, la clave principal está en el trabajo.

Que el preso tenga su mente ocupada.

Tenga un quehacer.

Entonces te llega ese olvidarse un poco de lo cotidiano

y el trabajo te hace olvidar esos malos momentos

porque muchas personas tienen a su familia muy lejos

y el trabajo ayuda muchísimo.

Es un área muy fundamental para nosotros.

Esa es la parte principal.

Uno, sin trabajo, está pensando en la familia,

pensando en muchas cosas,

y termina a veces equivocándonos más de lo que ya estamos.

-Permisito, un ratito... ¿Cómo están?

Luis ha conseguido algo

que no tiene precedentes en ninguna otra prisión.

Que la capilla del penal sea considerada parroquia.

Este chico que está llegando. Yo quiero que le ayuden a él.

¿Te están ayudando?

Es una forma de resaltar y acentuar

la fuerza que también tiene el cultivo de la dimensión espiritual.

Ya le queda un tercero,

pero yo creo que no vamos a llegar a un tercero. Ya no más.

Tenemos nosotros a un Dios que es Padre Todopoderoso.

Primero es Padre y luego tiene poder como Padre.

De amarnos y darnos la misericordia

en plenitud y por eso es Padre.

Y digamos junto a él: "Padre Nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad así en la Tierra como en el cielo...".

Además de la misa, que tiene lugar en dicha capilla los domingos,

cada viernes se celebra otra en el pasillo del módulo D.

"No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal. Amén".

A María, nuestra Madre, le vamos a rezar.

Hay muchas palabras, muchos comentarios, muchas acusaciones,

pero la última palabra la tiene el Señor de la misericordia.

Yo no tengo nada contra ti. Vete en paz.

Chico...

Ha llegado la hora de la comida

y nos avisan de que nuestro tiempo en el módulo D

Está llegando a su fin.

Voy a decir la oración.

En el nombre del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Gracias, Padre Santo, por estos alimentos.

Gracias, Padre Todopoderoso, que nos alimentas

y que le das a los pobres

y que no nos hace falta nunca nada.

Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

Ahora a servir.

En la alimentación también ha habido un cambio sustancial

desde que la pastoral se hizo cargo de la cocina.

Ahora, lo que comen los internos, es de mejor calidad.

Antes, quien hacía el rancho, se llevaba parte del presupuesto

para otros fines y dejaba las ollas con muy poca sustancia.

(Música)

Vamos, chico.

Seguimos a Luis camino de la salida.

Aún hay tiempo para atender a todo el que se le acerca.

En su vocación y disfruta con ello.

Este cura que, según nos cuenta,

no podría jamás estar en una parroquia convencional,

ha encontrado entre el óxido de estas rejas

y los desconchones de los pasillos, su lugar en el mundo.

(Música)

Pero siempre hay lugar para la sorpresa

en un sitio como la prisión.

Cuando ya estamos a punto de salir,

Luis se encuentra con uno de los recursos de su pabellón

y con la alegría de saber que también va a salir.

En este caso estamos ante una persona que se preparó aquí

pero tiene su familia donde ir.

Yo siempre le ofrecí el albergue.

El albergue está en nuestras manos, para si uno no tiene a donde ir...

Si ahí no tiene donde ir, sabe dónde ir a dormir.

El trabajo de la abogada ha dado sus frutos

y ha conseguido que el juez firme la libertad condicional.

Tienes tu casita acá.

Este es uno de los momentos más emotivos

que se puede vivir a las puertas de un penal.

Claro que sí. Así estamos. Contentos con él.

Él sabe que hay un albergue donde ir a dormir si no puede viajar

y, cuando venía a veces del interior no tenía dónde dormir.

Después de un par de recomendaciones

y de ofrecerse para lo que haga falta,

Luis, que es el cura de los abrazos...

Dame un abracito.

Da el último por hoy antes de terminar su jornada.

Qué bueno. Qué buenísimo.

Mañana volverá por Tacumbú.

(Música)

Todavía no le perdemos la pista al capellán.

Queremos conocer una más de sus iniciativas

que ha nacido como fruto de la pastoral penitenciaria.

En la misma ciudad de Asunción, Luis y su equipo

han conseguido levantar otro de sus sueños.

Un albergue para quienes, una vez cumplen su condena,

salen de la cárcel y no tienen adónde ir.

Yo les veía a ellos que... fácilmente retornaban a la cárcel.

Entonces, analizando y viendo, noté que faltaba un eslabón.

Faltaba... un lugar donde nosotros

les recibiéramos al salir de la cárcel.

Porque ellos notaban que sus compañeros de delincuencia

eran más generosos que nosotros porque le esperaban fuera

y le decían que aquí estaban,

y que si necesitaban dinero para su pasaje se lo ofrecían.

Eran más buenos que nosotros.

Entonces, de ahí fue

que yo comencé a perseguir y procurar por un albergue.

(Música)

Manos Unidas, la ONG de la Iglesia española,

también ha apoyado al padre Luis en esta iniciativa.

En total, Manos Unidas ha intervenido

en 28 proyectos en Paraguay durante los últimos años.

El albergue, que lleva por nombre Virgen de la Merced,

funciona desde enero de 2015 y cuenta con un total de 40 plazas.

Aquí pasan una temporada quienes salen de prisión desorientados

después de pasar muchos años entre rejas.

Se trata de que puedan, con serenidad,

elegir bien el nuevo rumbo de su vida.

(Continúa la música)

Salí en libertad y no sabía dónde irme.

No tengo padre ni madre. Están en Paraguay.

Y preguntando por ahí me contaron que había una pastoral social.

Yo no sabía la existencia de este lugar.

Y vine a pedir ayuda, como dice el lugar, albergue,

y me recibieron.

La gente no te ayuda una vez que tenés un antecedente,

que tenés los papeles sucios... judicialmente.

Es difícil conseguir trabajo. Nadie da trabajo

y por ese lado es muy difícil.

Y gracias a la pastoral, eso es lo que está haciendo,

ir a hablar con los empresarios y hablar con las empresas

y poner la cara por nosotros.

-La sociedad no está preparada para la reinserción.

Sale con el estigma de que es carcelero,

de que es ex-preso y ya se les rechaza. Automáticamente.

Y, también, hay ciertos niveles de reincidencia por esta situación.

Es una realidad.

Como me decía una persona a mí: "Yo estudié acá electricidad,

pero nadie me abre su casa para que le coloque su ventilador".

La clave de la reinserción pasa por el empleo.

Por eso es importante

que ya en prisión adquieran hábitos de trabajo

y una cierta disciplina

para que, a la salida, sea más sencillo el siguiente paso.

El padre Luis y su equipo cuentan con la ayuda de varios empresarios

que facilitan puestos de trabajo,

como el que tiene José en la panadería de un supermercado,

y que recuerda, con nosotros,

los malos tiempos pasados en prisión.

Algunos no tienen familia, algunos no tienen visitas.

Están como animales ahí en el pasillo. Están ahí...

De todo.

No tienen capacidad para comprar... una cama.

Yo sé... He estado así también y sé cómo es.

Si vos no tenés dinero, no sos nada.

Tan importante es la actitud personal

como la de quienes entran en contacto

con quien estuvo años en prisión.

Hace falta despojarse de muchos prejuicios

para acoger a un compañero.

En el nuevo puesto de trabajo de José

parece que todo ayuda,

tanto la oportunidad que da el empresario

como la que ofrecen el resto de trabajadores de la panadería.

Acá encuentro amigos, compañeros de trabajo, que no me discriminan.

Esos compañeros que están acá, no me discriminan.

Me aceptan como soy, me preguntan cómo es allá

le digo la verdad, cómo es,

cómo tienen que hacer las cosas para no pasar en ese infierno.

Es un infierno.

José quiere estudiar para obtener algún título

de formación profesional

que le permita seguir trabajando en este oficio.

Incluso sueña con tener su propia panadería.

Estoy contento.

Estar otra vez con la familia fuera, pero tal vez la luz del sol, salir,

porque allá no ves nada. Sinceramente.

Ahí no...

No hay días ni hay noches. Sinceramente.

Un mal sueño fue para mí eso.

No le recomiendo a nadie.

Ni a mi peor enemigo. no le recomiendo la cárcel.

Sinceramente.

(Música)

-Es buen chico.

No muy lejos de donde trabaja José, se encuentra Edgar,

al que todos conocen por aquí como El Pollo.

De madrugada, Edgar va al mercado central

y adquiere la mercancía que luego vende durante el resto de la mañana

frente al Hospital Bautista.

Él es otro de los muchos exreclusos

con los que trabajó el equipo del padre Luis

durante su tiempo en prisión.

Una persona que sale de la cárcel a nadie le cae bien.

Nadie piensa bien de una persona que salió de la cárcel.

En ningún lado, si vas a pedir trabajo, nadie te da trabajo.

De vez en cuando, el padre Luis y Miriam, la abogada,

se pasan por el lugar de trabajo de Edgar y se interesan por él

y por cómo le van las cosas.

No puede faltar el mate,

aunque sea en un simple bidón de plástico.

Las calles de Asunción están llenas de amigos de Luis,

a quienes un día conoció entre rejas

y ahora trabajan para ganarse la vida.

Es el caso de Edgar, de profesión herrero,

que sueña con abrir de nuevo su taller

y darle un futuro a su hijo.

Hay gente buena y hay gente que son despreciativa, que desprecian...

Eso es normal.

Pero al mal tiempo buena cara, dicen.

La única cosa, la amabilidad.

Saber hablarle a la persona. Llegarle a la persona.

Después, una vez que te conocen,

ellos nomás se quedan y te piden la fruta.

Toda persona tiene derecho a una oportunidad.

La oportunidad no se le tiene que negar a nadie.

Digo yo, no sé, también.

Con frecuencia, en la sala grande del albergue,

hay reuniones del equipo de pastoral

al que se unan algunas de las personas

que están acogidas en el centro.

Se repasan los asuntos pendientes,

se plantean los problemas y las estrategias para hacerles frente

y hacen un seguimiento de la situación,

tanto de los que están en el albergue

como de quienes aún siguen cumpliendo condena

entre los muros de Tacumbú.

Miriam, la abogada que ya hemos visto durante este reportaje,

tiene un papel importante y una historia no menos interesante.

Ella conoció al padre Luis estando presa en el penal de mujeres.

Allá aprovechó el tiempo, estudió derecho,

y ahora lleva muchos casos

de quienes, de otra forma, estarían indefensos.

Hoy en día, a mí me abren las puertas en todas partes.

La abogada del buen pastor. La abogada que viene de la cárcel.

La abogada que se graduó en la cárcel.

Me conoce la ministra de la Corte, la ministra de Justicia...

Y siempre, a mi pedido, ellos acceden.

No siempre me dan la libertad,

pero me acceden siempre a todo lo que les pido.

Permiso para ir a los cumpleaños...

Porque cuesta salir de la cárcel.

Ir al hospital si estás enferma.

Siempre hay muchas cosas que... he obtenido favorablemente.

Ya me conocen, ya tengo afinidad con ellos.

Y las chicas también, cuando llego, me abrazan todo.

"Miriam, por favor, queremos salir". "Quiero salir".

La justicia lenta no es justicia y hay que buscar una forma...

Estamos viendo, nosotros, por nuestros medios con la Iglesia,

y algunas fundaciones, procurando ver y solucionar

esa lentitud que hay en la Justicia en nuestro país,

en Paraguay, especialmente.

(Música)

Entre todos, poco a poco, están consiguiendo que,

al menos algunos de los que fueron presos en Tacumbú, no regresen.

Los hay que tuvieron la mala suerte de nacer con la condena firmada.

Otros equivocaron el rumbo a mitad del camino.

Todo se encontraron tras las rejas con el padre Luis.

A partir de entonces, comenzó su travesía hacia la libertad.

(Música)

(Música créditos)

Pueblo de Dios - Tacumbú, la cárcel que libera

24:24 27 nov 2016

En Paraguay está el penal de Tacumbú. Todos los días, el padre Luis Arias acude a visitar a los prisioneros. Con la ayuda económica de Manos Unidas ha creado talleres dentro de la cárcel y un albergue en la calle para contribuir a la reinserción de los ex convictos.

En Paraguay está el penal de Tacumbú. Todos los días, el padre Luis Arias acude a visitar a los prisioneros. Con la ayuda económica de Manos Unidas ha creado talleres dentro de la cárcel y un albergue en la calle para contribuir a la reinserción de los ex convictos.

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