Pueblo de Dios
Pueblo de Dios
Domingo a las 11.30 horas  

Dirigido por: Antonio Montero

El rastro de Dios, que el programa va siguiendo, le lleva a descubrir la infinidad de campos en los que la Iglesia está comprometida: pobreza, enfermedad, ancianidad, cultura, arte, vida contemplativa, minusvalías, juventud, campos de refugiados, niños de la calle, Sin Techo y Sin Tierra, mutilados de las minas antipersona, grandes catástrofes humanas, naturales o provocadas, etc.

Pretendemos hacer una comunicación que muestre el rostro de una Iglesia samaritana y provoque en la audiencia comunión, solidaridad y compromiso con los más desvalidos de nuestra sociedad y de nuestro mundo.

Nos aplicamos las palabras de Juan Pablo II: "Cada día, los medios de comunicación social llegan a nuestros ojos y a nuestro corazón, haciéndonos comprender las llamadas angustiosas y urgentes de millones de hermanos menos afortunados, perjudicados por algún desastre, natural o de origen humano; son hermanos nuestros que están hambrientos, heridos en su cuerpo o en su espíritu, enfermos, desposeidos, refugiados, marginados, desprovistos de toda ayuda; ellos levantan los brazos hacia nosotros, cristanos que queremos vivir el Evangelio y el grande y único testimonio del amor". (Juan Pablo II. Cuaresma de l986).

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Para todos los públicos Pueblo de Dios - Siria, héroes del silencio - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

"Pueblo de Dios ha viajado a Alepo y Damasco

para conocer en vivo y en directo el desastre de la guerra.

Y el valor de los misioneros

que se quedaron el país para ayudar a su pueblo.

Aún a riesgo de perder la vida."

A los maristas,

se nos ofreció la posibilidad de irnos a otra comunidad.

Fuera de Siria.

Hemos consultado a la comunidad, hemos hablado,

hemos rezado

y hemos tomado la decisión comunitaria de quedarnos.

(Música)

"Siria ha entrado en su noveno año de guerra,

Con un saldo de más de medio millón de muertos.

13.000.000 de refugiados y desplazados, cinco para del país.

Y ocho de desplazados internos.

Alepo, capital económica del norte de Siria,

es una de las ciudades más castigadas por la guerra.

La batalla de Alepo comenzó el 23 de julio de 2012,

Y finalizó el 16 de noviembre de 2016.

Los muertos y heridos se cuentan por miles.

Los desplazados por cientos de miles.

Y las pérdidas económicas por millones de dólares.

Alepo ha pasado de 2.000.000 de habitantes, a medio millón.

Nos falta el gasóleo, nos falta gas,

nos falta la electricidad.

Nos falta y se encarece mucho todo

lo que es necesidades primarias.

Yo creo que hoy no hay derecho

de que el bloqueo contra Siria siga.

Eso no está permitido. Estamos en el siglo XXI.

En el siglo XXI es una vergüenza que una ciudad como Alepo

haya sido dividida en dos partes.

Es una vergüenza hoy,

que también se haga contra un pueblo

un bloqueo que le impide vivir dignamente

como cualquier persona en esta tierra.

Esa es la responsabilidad de los grandes de este mundo.

No se puede permitir que haya gente

que va a sufrir hambre, sed,

falta de medicamentos,

va a sufrir de cosas esenciales a su vida.

Porque hay una decisión en cualquier parte del mundo

que quiere impedir

esos intercambios internacionales.

"Empezamos nuestra visita a la ciudad por el casco histórico

y descubrimos que las bombas y misiles,

lo han reducido a escombros.

Solo queda en pie La Ciudadela,

un antiguo palacio-fortaleza

donde estuvo apostado el ejército sirio,

durante la batalla de Alepo.

El zoco, pulmón económico de la ciudad,

con más de 6.000 tientas, ha desaparecido.

Ocupaba 12 kilómetros de calles y callejuelas.

Comprobamos que Alepo,

una de las ciudades más antiguas del planeta,

ha dado un salto atrás de cientos de años."

Teníamos una pequeña tienda familiar.

Y vivíamos de ella.

Las bombas la destruyeron y nos quedamos sin nada.

La guerra ha sido la ruina para mi familia

y todos los comerciantes de Alepo.

-La guerra es dividir a la gente.

Separar a las personas.

Matarlas, destruir, perder la confianza en el otro.

Porque el otro puede ser mi enemigo.

La guerra es un desastre de las personas humanas

y también al mismo tiempo,

es perder el futuro.

Perder también la esperanza de un posible futuro.

Porque se sabe cuando se empieza una guerra,

pero no se sabe cuando se va a acabar.

Y cómo se va a acabar.

La guerra ha sido una gran tragedia para todos.

Hemos llegado a carecer de luz y de agua.

El jefe de los terroristas,

utilizaba el agua como arma de guerra contra la población.

Algo totalmente inhumano.

Veíamos a personas mayores, y a discapacitados,

esforzándose para coger un poco de agua en los pozos.

Y luego, subir las escaleras de los pisos oscuras,

porque no había luz.

La dignidad de la gente ha sido pisoteada.

"La gran mezquita omeya del siglo VIII,

una de las más bellas del mundo,

declarada Patrimonio de la Humanidad,

también fue reducida a escombros.

Ahora está resucitando de sus cenizas

con ayuda económica de un país islámico.

La guerra ha sido una guerra total.

De la que nada ni nadie se ha librado.

Las catedrales greco-católicas y maronita,

en el barrio cristiano de la ciudad,

también fueron bombardeadas,

pero se están reconstruyendo.

En la catedral maronita de San Elías,

la más grande de las catedrales de Alepo,

encontramos al arzobispo que nos hace de guía.

Dice que, cuando comenzó la batalla de Alepo,

muchas familias se refugiaron en las catedrales y mezquitas

porque eran más fuertes que las casas.

Pero también cayeron."

La guerra de Siria, no es guerra de religión.

No fue una guerra interna

entre dos comunidades que se oponían.

Fue una guerra importada del exterior.

Nos aportó también esa posibilidad

de abrirnos las puertas

como cristianos, como maristas,

a nuestros compatriotas musulmanes.

Ellos también estaban necesitando

tantas cosas como a los cristianos.

Es verdad que hemos servido a los cristianos,

pero también a los musulmanes.

Y los musulmanes,

han descubierto la realidad cristiana,

la realidad del servicio a partir de los valores del Evangelio.

"Los orígenes de las Iglesias cristianas de Siria,

se remontan a las primeras comunidades apostólicas.

Antes de la guerra,

había en Alepo 250.000 cristianos.

Y entre muertos y desplazados dentro y fuera del país,

apenas quedan 20.000.

Cuando grabamos este reportaje,

había dos obispos ortodoxos y dos sacerdotes secuestrados."

Basta ya de guerra.

La guerra solo trae destrucción de casas y personas.

Por eso, gritamos desde este templo destruido por la guerra.

Y desde el corazón de Alepo, para que se oiga en todo el mundo.

Basta de guerra.

Porque la guerra es violencia y nosotros queremos la paz.

Por supuesto,

habrá que hacer concesiones para llegar a una paz verdadera.

La paz es una bendición de Dios.

Pedimos a todos los cristianos que oren por la paz en nuestro país

y en todo el planeta.

"Esto es lo que queda del colegio de los jesuitas.

Con cerca de 2000 alumnos.

El último jesuita que quedaba en la ciudad escribió en su diario:

'No damos abasto a enterrar a los muertos,

los niños están atemorizados

y mucha gente está abandonando la ciudad.

Y nadie sabe si va a salir con vida'."

Aquí estamos en la casa de los jesuitas,

antiguo colegio que ha servido mucho tiempo

y ha sido bombardeado durante la guerra.

Y como os podéis imaginar, bombardear una casa es decir,

dejar muertos y cadáveres entre las ruinas.

Yo mismo, después de que haya sido liberada la ciudad de Alepo,

he visto cráneos y cadáveres.

Eso es la consecuencia de la guerra,

una consecuencia terrible que se pierde a la persona humana

y también edificios y centros educativos.

Se pierde también a todo lo que permitía

a la civilización de construirse

en esta ciudad tan bonita de Alepo.

"La destrucción del país en general y Alepo en particular,

tiene dimensiones apocalípticas.

La reconstrucción de edificios y personas va para largo.

Algo se mueve, pero poca cosa,

porque el país tiene una economía de guerra

y las familias sobreviven como pueden.

Según la ONU,

el 80% de los sirios

está por debajo del umbral de la pobreza.

En Alepo están dos hermanos maristas sirios,

*y Georges Sabé,

dedicados en cuerpo y alma a ayudar a los más necesitados.

La pequeña comunidad de hermanos

se ha agrandado con los maristas azules,

hombres y mujeres que se distinguen porque,

cuando están en acto de servicio, llevan cazadora azul."

Vivíamos el día a día,

y empezábamos nuestro día a las 7:00 de la mañana,

pero a las 19:00 de la tarde era muy tarde para nosotros.

Teníamos que estar en casa, cerrando puertas,

temiendo a cualquier bombardeo.

Qué se podía hacer.

Pasé muchas horas y momentos de miedo,

el miedo era, si tenemos que decidir

si los niños iban a venir a nuestra casa o no,

porque había bombardeos en las calles.

El perder, con el miedo, se pierde algo.

Se pierde una persona, se pierde la realidad.

Yo he tenido miedo,

noches no he podido dormir porque había bombardeos alrededor

de nuestra propia casa.

Sí que he tenido miedo.

"La casa de los maristas siempre está preparada para acoger

a todo el que llama a su puerta.

Durante la guerra,

la comunidad acogió a 30 familias que habían perdido sus casas."

He pasado seis meses en nuestra propia comunidad,

viviendo, compartiendo la comida y la vida,

Soportándonos de un momento a otro,

y también, en la guerra,

lo que nos fue muy duro es saber

que hay muchas familias que dejaban el país

y muchos de los que conocíamos bien,

que se marchaban de aquí.

"La comunidad marista,

con los maristas azules a la cabeza,

se volcó con las víctimas de la guerra

para cubrir sus necesidades más perentorias.

Durante cuatro años,

repartieron agua por el barrio y durante seis años,

bolsas de alimentos

a más de mil familias cristianas y musulmanas.

Contaron con ayuda de Manos Unidas y SED,

ONG de los Hermanos maristas que, en los últimos años,

aportó más de 300.000 euros para ayuda humanitaria."

Alepo sufrió de falta de agua, luz,

hubo problemas también difíciles de comida y de ropa.

Y nosotros hemos respondido a esas necesidades,

furgonetas para distribuir agua a las casas.

Alquiler para la gente que no tenía casas,

Había que aportar también comida,

había que responder realmente a las realidades.

SED ha desarrollado durante muchos años

e incluso antes de la guerra,

una colaboración con los maristas azules.

A través de formación de jóvenes,

de agua potable, reparto de comida.

Y cuando la guerra llegó, se ha intensificado.

Y, poco a poco, ha ido evolucionando,

según las circunstancias de esta situación bélica.

Se ha ayudado en salud,

en reparto de leche,

se ha hecho muchas cosas.

Y ahora queremos dar un último empujón,

un esfuerzo de transformación

de proyectos de profesionales.

"La guerra no solo ha arruinado edificios,

sino lo que aún es más grave,

ha destruido física, psicológica, emocional,

social y espiritualmente a infinidad de personas.

Hay fosas comunes, desaparecidos, mutilados, viudas, huérfanos,

mujeres violadas, niños sin escuela,

familias desplazadas y refugiadas

y personas que se han preguntado: '¿Dónde está Dios?'."

Se necesitarán muchos años para subsanar

todo el daño psicológico causado por la guerra.

De momento, hay que comenzar por los daños materiales.

Que son incalculables.

Hay que proporcionar la ayuda necesaria a la gente.

Para que pueda comer,

curarse y pueda llevar a sus hijos a la escuela.

Otro tema importante de la guerra son los heridos.

Los heridos civiles de la guerra.

La gente que está sufriendo porque hay bombas,

misiles, cohetes,

morteros que caen cerca de su casa o en su propia casa.

Hemos ofrecido esa gente,

que sufría,

una posibilidad de curarse en el mejor hospital

con los médicos de este hospital.

Hemos curado muchas personas.

"Hace dos años,

las Iglesias cristianas de Alepo

se sumaron al programa de alimentación infantil

que tenían los Hermanos maristas.

El programa "Una gota de leche",

llega a más de 3.000 niños de 0 a 10 años.

Los botes de leche serán abiertos para que no se puedan vender.

Los maristas azules hace la distribución.

Y la financiación del programa corre cargo

de "Ayuda a la Iglesia necesitada".

Que aporta 40.000 euros anuales."

A los niños menores de un año,

le damos mensualmente ocho botes de leche maternal.

Y a los de más de un año, un bote de leche en polvo normal.

El programa está ayudando al desarrollo de los niños,

porque las familias no tienen medios para alimentar bien a sus hijos.

Tengo dos hijos, uno de cinco años y otro de tres meses.

Estoy muy agradecida al programa

porque refuerza la alimentación de mis hijos.

La leche es un lujo para nosotros.

"Dos días a la semana, un grupo de 25 maristas azules,

va al campo de refugiados de Al Shabab,

que está a 30 km de Alepo.

Su presencia es un rayo de luz en la oscuridad de los refugiados,

que saben cuándo vinieron, pero no cuándo saldrán."

(Música)

"El gobierno sirio nos dio autorización

para grabar a los refugiados,

pero una agencia de comunicación nos ha servido estas imágenes."

Al principio, el campo era inevitable,

las tiendas estaban rotas, no había servicios,

muchos días no teníamos pan ni comida.

En esta nueva etapa, la situación ha mejorado,

se renovaron las tiendas y se reorganizó la vida en el campo.

Ahora tenemos pan, agua y electricidad siete horas al día.

"El campo de Al Shabab se abrió en julio de 2016,

con 260 familias,

pero hace un año, a raíz de los bombardeos de Afrín,

se incorporaron 113 familias más."

Los maristas son muy buenos con nosotros.

Muchas gracias y que Dios los bendiga.

Nos organizan actividades para niños, mujeres y hombres.

"Durante unas horas,

los maristas azules movilizan el campo.

A los niños, les ponen películas,

les reparten cuentos y les dan apoyo escolar.

Con las mujeres hacen talleres de punto,

y reuniones con los hombres.

Con ayuda de la ONG SED, Y Manos Unidas,

una vez al mes reparten alimentos,

ropa, calzado y mantas."

Nuestra presencia en el campo de Al Shabab

nos está ayudando a los voluntarios a comprender

lo que significa ser desplazado.

Queremos ser solidarios con estas personas,

compartir su sufrimiento

y la tragedia humana que están viviendo.

La relación que hemos establecido con ellos, niños,

adolescentes y mayores,

nos responsabiliza, no solo para ayudarles materialmente,

sino también para llevarles esperanza que aquí,

se pierde fácilmente.

Las condiciones de vida que tienen son horribles.

Y queremos que nuestra presencia

les ayude a mantener viva la esperanza.

"El hecho de que personas cristianas y musulmanas

se hayan quedado en Alepo

para ayudar a las víctimas de la guerra,

está ayudando a mantener viva la fe y la esperanza de mucha gente."

Esperanza que la guerra no va a volver.

Esperanza que tendremos un futuro mejor,

esperanza que la gente pueda respetarse mutuamente.

Eso es uno de nuestros objetivos.

Es seguir aportando la esperanza.

No saldremos de Alepo

mientras que haya personas que están sufriendo.

Eso es nuestra misión,

nuestra misión es estar cerca de la gente,

aportándoles esperanza.

Si no, no vale la pena ser consagrado hoy.

(Música)

"En esta guerra, injusta como todas las guerras,

ha habido héroes silenciosos,

cristianos y musulmanes,

que salvaron muchas vidas arriesgando las suyas.

Es justo reconocerlo y agradecerlo."

Lo que ha vivido el pueblo sirio en general,

y los habitantes de Alepo en particular,

haría perder la esperanza a cualquiera.

Por eso, los que nos hemos quedado estamos transmitiendo a la gente,

que tras la oscuridad, hay luz y por tanto, hay esperanza.

"Cae la noche sobre Alepo y la ciudad se va oscureciendo

porque no hay alumbrado público en las calles.

Las bombas destruyeron las centrales eléctricas.

En el silencio de la noche se escuchan los cañonazos.

En el toma y daca de los ejércitos combatientes,

porque la guerra no ha terminado."

(Música)

"Salimos de Alepo con dirección a la capital del país,

esquivando la zona de guerra.

El panorama es desolador.

Pueblos enteros convertidos en ruinas,

campos sin cultivar desde hace ocho años.

Fuertes militares en las colinas,

tanques abatidos por los bombarderos.

Por esta carretera han pasado coches militares

de los ejércitos contendientes.

Terroristas del Daesh

y hombres, mujeres y niños en busca de refugio.

Estamos en la región de los Pueblos de Barro.

Donde vivían pastores que se asentaron en estas tierras,

cuando dejaron de ser nómadas.

Las casas se agrupan por familias.

La guerra vació el pueblo y las casas se quedaron sin vida.

Y la humilde mezquita, sin naciones.

La aparición de un rebaño de ovejas mitiga

la sensación de soledad e impotencia

ante lo que ven nuestros ojos.

En Damasco,

los bombardeos de unos y otros destruyeron barrios enteros.

La ciudad que apenas llegaba a los 2.000.000 de habitantes,

ha triplicado su población,

por la llegada de desplazados y refugiados

de otras partes del país.

En esta guerra de importación,

alguien tendría que haber dicho a los contendientes:

'Quien esté libre de pecado, que tire la primera bomba'.

Seguro que no habría habido guerra."

Nunca debemos aceptar que la guerra sea posible.

"Nos dirigimos al casco histórico para visitar la Puerta de Oriente.

Donde, según los hechos de los apóstoles,

se produjo la conversión de San Pablo.

Saulo venía persiguiendo a los cristianos.

Y al entrar en Damasco,

un rayo de luz lo derribó del caballo.

Y se oyó una voz que decía:

'Saulo, Saulo, por qué me persigues'.

Ananías,

discípulo de Jesús que vivía en esta calle

que parte de la Puerta de Oriente,

fue testigo de su conversión.

Los franciscanos han convertido la casa de Ananías en un oratorio

donde se reza por la paz en Siria y en todo el mundo."

(Música)

Pueblo de Dios - Siria, héroes del silencio

26:58 07 abr 2019

Retrato de la acción de misioneros en Alepo ayudando a los habitantes a paliar los daños de más de 8 años de guerra.

Retrato de la acción de misioneros en Alepo ayudando a los habitantes a paliar los daños de más de 8 años de guerra.

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  1. Carmen Valverde

    Me encantó el documental y quiero compartirlo pero no se puede. El amor puede salvar a Alejo. Gracias Maristas Azules. Dios los bendiga

    07 abr 2019

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