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Para todos los públicos Pueblo de Dios - Se hace misión al andar - ver ahora
Transcripción completa

(Música cabecera)

(Música)

Este pueblo que ha sido tan castigado por la guerra, ¿no?

Que está renaciendo y que, cada día, está con nueva esperanza

de ir mejorando, de ir prosperando, de ir luchando por la vida.

(HABLAN EN OTRO IDIOMA)

(Música)

Begoña de Couto, médico y misionera, pertenece a la congregación

de las Hijas de la Caridad y lleva nueve años viviendo

y trabajando en Balombo, una pequeña ciudad

de la provincia de Benguela, en Angola.

Todas las mañanas, bien temprano, recorre las polvorientas calles

que separan su casa del hospital que dirige.

Cada día tiene su afán, aunque en este rincón africano,

cada día trae demasiados afanes para esta misionera.

Aun así, aquí encontró un lugar en el mundo.

Para mí, Balombo, vamos, Angola... me llena mucho.

Esa realidad, ese sueño, sientes que ese es tu lugar.

Es mucho más de lo que esperabas, mucho, mucho más.

Y te entusiasma cada día. No dejo de dar gracias a Dios

todos los días cuando voy al trabajo, cuando estoy aquí...

de poder estar aquí. Me siento muy feliz. No necesito más.

Realmente, descubres la felicidad. Es otra realidad distinta

a la que a veces presentan y está ahí.

Y la tenemos aquí tan sencilla. Y me la han enseñado, pues...

Me la ha enseñado la comunidad y la vocación,

pero también el día a día de aquí y la gente que me rodea,

con la gente que trabajo.

Poco a poco y gracias a las peticiones de ayuda

de las Hijas de la Caridad, el hospital de Balombo va mejorando.

(CANTAN EN OTRO IDIOMA)

Con ayuda de Manos Unidas, acaban de estrenar este "jango",

que es un espacio cubierto que, durante la mañana,

sirve de consulta de pediatría.

Por la noche, lo usarán muchas madres de niños ingresados

y que, normalmente, traen otros niños a los que hay que cuidar.

En África, eso del "hijo único" no se sabe lo que es.

Mientras, en su consulta, Begoña no descansa,

asumiendo la realidad de escasez de medios en la que se encuentra.

En Europa, tenemos ya asumido que parece que podemos conseguir

tantas cosas... Cuando llegas aquí, dices:

"Trabajamos, luchamos, somos instrumentos

en manos de Dios". Pero, realmente, quien tiene

la última palabra no somos nosotros. Nosotros vamos a luchar,

vamos a trabajar, pero la vida no está en nuestras manos.

Muy pocas veces he visto yo a un africano rebelarse

ante la muerte. Gente joven que se está muriendo y que lo saben,

pues lo asumen todo como parte de la vida.

Desde que nacen, están en esa lucha de vida y muerte

y de alegrías y sufrimientos. A veces, a la familia le cuesta

un poco más que al mismo enfermo. Sus primeros pasos de angustia,

de rechazo... A lo mejor, ellos los asumen de otra manera

porque también están acostumbrados al sufrimiento y al dolor.

A veces me preguntan... Entonces, ¿qué pasa?

¿Esas mamás no tienen esa pena? Digo que es mentira porque esas mamás

pasan muchísima pena también porque quiere mucho a sus hijos,

como cualquier madre. Lo que pasa es que ellas asumen

que su hijo, en un momento, pues tiene que marchar,

que no es cuando ellas quieren. Yo no he visto a ninguna madre

que estuviera contenta, ninguna quiere que se muera su hijo

o el familiar cercano. Tienen mucha fe.

Ellas hablan mucho de Dios pai, es que Dios es pai...

Creo que viven la fe con muchísima más fuerza que nosotros

y eso les hace aceptar las cosas de otra forma.

(Música)

Albania es un país pequeño.

Tiene una extensión similar a la de Galicia.

La población no llega a los 3 millones,

aunque las estadísticas arrojan una cifra escandalosa

de emigrantes.

Casi 6 millones de albaneses viven fuera de su país.

En Albania, apenas hay industria. Las familias sobreviven

con lo poco que da la tierra. Se trata de un país pobre,

sin infraestructuras y con unos índices de corrupción alarmantes.

Estamos en el sur, muy cerca de la ciudad universitaria de Elbasan,

en plena zona rural.

Una región de mayoría musulmana hasta que la dictadura comunista

prohibió a Dios por ley.

Hoy, la presencia de cristianos es mínima.

Apenas hay 5000 católicos en una extensión

que equivale a la mitad de Galicia.

(Música)

Al ir por las casas, observamos que estos niños

estaban encerrados. El problema era, entre comillas,

la vergüenza que tenían de sacar a estos discapacitados de casa.

Tenían miedo de que salieran. Quisimos derrumbar este muro

y fue cuando empezamos los 10 días de campamento de verano

para estos niños.

Se trataba de una novedad, la gente que pasaba

se detenía a mirar y se quedaban maravillados.

Nuestro objetivo, que siempre les hemos explicado a los padres,

es que vean que estos chicos son iguales a los demás.

En segundo lugar, que los padres no se deben avergonzar.

Que son chicos a los que deben dejar salir porque son normales,

como todos.

El objetivo es que valoren lo que hay dentro de ellos.

(Campanas)

Antes de los 40 años de comunismo,

esta región era completamente musulmana.

Cuando las hermanas llegaron, no había ni un católico en la zona.

La única presencia cristiana era la de un pequeño grupo

de ortodoxos.

La iglesia es un regalo de ayuda a la iglesia necesitada.

Un regalo para los católicos y, sobre todo,

para los albaneses que han estado cuatro décadas privados de Dios.

(CANTAN EN OTRO IDIOMA)

En 1992, al mismo tiempo que las Hijas de la Caridad,

también llegó don Giuseppe. Este sacerdote orionista atiende

a la minoría cristiana en esta región del sur albanés.

Las hermanas comenzaron a acoger niños casi sin querer.

Al poco de llegar a Mollas, las llamaron desde el hospital

para darles un niño. Llevaba varios meses en el hospital

sin padres y sin padecer ninguna enfermedad.

Lo acogieron. Ya han pasado 20 años.

En Albania, no existe el acogimiento familiar.

Los pequeños que no pueden estar con sus padres o que son huérfanos

viven en grandes internados.

Las hermanas viven en su casa con siete menores.

Todos están bajo su tutela legal.

A ninguno le falta el cariño de estas Hijas de la Caridad,

que son hermanas y los quieren como madres.

La casa-familia ha surgido como una necesidad.

Los niños eran abandonados a su propia suerte.

También porque, inicialmente, en Albania los niños

no eran tenidos en mucha consideración.

-Cuando nosotras llegamos, supimos que muchos de estos niños

eran vendidos o utilizados para tráfico de órganos.

Abrimos la casa con un primer bebé que hoy tiene 20 años

y que estudia en la universidad.

(Música)

Las Hijas de la Caridad llegamos aquí en 2004.

Porque los padres nos llamaron a colaborar con ellos,

los padres paúles.

Y esto era lo que llaman aquí "mato", selva, ¿no?

Entonces, lo llamaban Ontupaia, que significa "el salto del león"

o "donde los leones saltan". Entonces, llegaron aquí las hermanas

y estuvieron mucho tiempo viviendo en un almacén,

que los padres habían hecho. Cuando la gente, la población,

se dio cuenta de que aquí había unas hermanas que hacían escuela,

que daban promoción a las mujeres, alfabetización...,

pues vinieron de la selva y se fueron ubicando por aquí

en cualquier lado, ¿no? Aleatoriamente, donde les parecía,

allí plantaban la casa.

Cuando llegamos nosotros, no había agua, no había luz,

no había nada... Poco a poco, fuimos pidiendo al Gobierno

que pusiese agua, que pusiese luz...

Bueno, ya hemos conseguido bastante. Ahora es un barrio superpoblado.

Aquí vino a vivir hace años el obispo de Nacala,

el misionero paúl, Germano Grachane.

Yo estoy bien porque mi casa está en el corazón del pueblo pobre.

No necesito salir de aquí y mi presencia aquí fue intencionada

desde el principio. Podría haber construido el Obispado

en la zona noble, pero vine aquí, donde no había calles, no había agua,

no había luz, no había nada.

(Música)

Uno de los primeros proyectos de las hermanas fue animar

a las familias para que registrasen a sus hijos.

Cuando comenzamos a hacer las visitas domiciliarias en el barrio,

nos dimos cuenta de que la mayoría de los niños no estaban registrados.

Para las familias, no tenía importancia ni valor.

Entonces, empezamos a exigirlo para el que quería matricular

a los niños en nuestra escuela. Tenían que estar

en el Registro Civil. De ahí, también surgió la necesidad

y nosotras animamos y motivamos para que lo hiciesen en la práctica.

(Música)

El centro de salud Akumi es muy querido por los vecinos

de Ontupaia.

Está muy céntrico y cuenta con la esmerada atención

de las Hijas de la Caridad. Mozambique es uno de los países

con más prevalencia de sida en todo el mundo.

Ocupa el octavo lugar. Por desgracia, es de los pocos

en los que el número de personas infectadas sigue creciendo.

Uno de los motivos que empujaron a las Hijas de la Caridad

a venir a Ontupaia fue la atención de estos enfermos.

Desde su llegada, las personas con VIH han encontrado

en estas misioneras a sus enfermeras, sus amigas,

sus hermanas...

(Música)

El último censo realizado en Honduras

arroja algunas cifras llamativas.

El país cuenta con una población cercana

a los 9 millones de habitantes

de los que 3 millones y medio son menores.

Es decir, de cada 10 hondureños,

cuatro aún no han cumplido los 18 años.

Un 40 % de la población es menor de edad.

Otros datos alarmantes tienen que ver con los 200 000 huérfanos,

los 10 000 menores que viven en situación de calle

y los dos niños asesinados cada día

en uno de los países más violentos del mundo.

El barrio de Suncery es uno de los barrios...

se podría decir, más conflictivos

en el sector sureste de San Pedro Sula,

ya que en sus orígenes fue centro de prostitución de San Pedro Sula.

Por algunas reglamentaciones legales, esto desaparece,

pero la problemática se manifiesta.

Y siendo el punto más vulnerable los niños.

-Niños que no terminan la escolaridad,

que abandonan también.

Todo eso nos hace preocuparnos mucho mucho por la educación.

¿Cuál es el papel de la Iglesia en el mundo de la educación? Pues...

Estar presentes, crear valores...

(Música)

El hogar tiene, en este momento,

81 niñas de entre 5 y 18 años acogidas en el centro.

Se organizan en tres grandes grupos:

las pequeñas, las medianas y las mayores.

Para atender a las niñas hay un equipo de educadores

y, sobre todo, una comunidad de siete Hijas de la Caridad

empeñadas en sacarlas adelante.

porque muchas de ellas necesitan un acompañamiento especializado.

Las niñas aquí, algunas, sino la mayoría,

necesitan apoyo profesional. Sobre todo en psicología.

Nosotros aquí les llevamos a las diferentes clínicas,

a Teletón, a Salud Mental, con los hermanos de San Juan de Dios,

a alguna clínica privada también en psicología

y también nosotras tenemos aquí, en casa, una psicóloga que ahorita,

en este momento, es infiel,

pero que la pretensión es que se quede porque valoramos mucho

el quehacer del profesional en psicología en estos hogares.

El mantenimiento del hogar es casi un milagro.

Covide-Amve financia las becas para el estudio de 40 internas.

Cada una de ellas recibe 400 E al año

para cubrir los gastos de material escolar y uniformes

a lo largo de todo el curso.

La sociedad de San Pedro Sula

también nos apoya con algunas donaciones.

Aquí la gente es muy solidaria.

Cuando se enteran de lo que es el hogar,

cuando se dan cuenta, están prontos a ayudarnos.

-Las niñas del hogar San José participan en diferentes talleres

para que tengan una amplitud de conocimientos

porque se les hace conciencia de que en un futuro no se sabe

si ellas van a lograr tener un estudio superior.

Por lo tanto, cuando ya se encuentren en el campo laboral,

deben tener herramientas ellas

para poder salir adelante con algún oficio.

(Música)

(Música tradicional)

Estamos en los Andes, en la frontera entre Bolivia y Perú,

a 4000 m de altura.

La falta de oxígeno dificulta cualquier esfuerzo.

Aquí solo sobreviven los rebaños de llamas y alpacas.

De la mano de la ONG española Covide-Amve

vamos a conocer las misiones de los padres paúles

y las Hijas de la Caridad

en las fronteras de Bolivia con Perú y Chile.

Los misioneros paúles vinieron a este rincón de Bolivia en 1994.

El obispo de la diócesis del alto, ante la falta de clero,

les invito para que se hicieran cargo de dos parroquias rurales.

Desde hace más de 20 años atienden un centenar de comunidades

desde las misiones de Italaque y Moco Moco.

El padre Adan es norteamericano. Era profesor de matemáticas

en la Universidad de Saint John, en Nueva York.

Dejó los Estados Unidos para venir a esta misión vicenciana.

Yo te bautizo, Beltrán,

en el nombre del Padre

y del Hijo

y del Espíritu Santo.

Ingas es un distrito originario indígena

del que dependen siete comunidades.

Está a 3 km de Moco Moco.

Su población ronda los 1000 habitantes.

Debido a su cercanía con Perú, el contrabando ha sido

una de las principales actividades económicas de la localidad.

Morir antes que esclavos vivir.

La misión colabora con la escuela a través de becas,

del comedor escolar y de la entrega de material.

Los misioneros católicos también han tenido mucho que ver

en la recuperación de los bailes prehispánicos.

La parroquia organiza cada año un concurso que ha sido clave

para recuperar el orgullo de las raíces aymaras.

(Música)

Una vez al mes la misión distribuye alimentos

entre las familias más pobres.

Se trata de un proyecto de la Cáritas parroquial

que no cuenta con ningún tipo de apoyo ni subvención externo.

¡Feliciano Bomperez!

No se regala la comida,

sino que se entrega a los que más lo necesitan

por un precio simbólico.

Es un modo de dignificar la pobreza.

Por cada kilo de comida, el precio es de un boliviano.

Al cambio, unos 15 céntimos de euro.

Entre las personas que están en la lista

hay familias con más de tres hijos, madres solas y ancianos

que no reciben el bono dignidad del gobierno.

Gente que no tiene ningún tipo de ayuda.

(Viento)

Hola, buenos días. -Buenos días, ¿cómo estás?

-Muy bien. ¿De dónde vienes? -Desde Cali. Voy hasta Chile.

Pero en la frontera no me han dejado pasar.

Me pusieron problemas porque tengo que llevar solvente

y no tengo donde quedarme.

-Pasa conmigo. -Gracias.

Estamos entre Chile y Bolivia,

a 4000 m de altura,

rodeados de volcanes que alcanzan los 6000

y tienen nieves perpetuas.

Aquí las temperaturas, a pesar del sol, son frías.

Durante las noches de invierno

el termómetro alcanza con facilidad los 15° bajo cero.

El viento es intenso y muy molesto.

El año 2011 llegaban las Hijas de la Caridad

a esta inhóspita misión de frontera.

El obispo de la diócesis boliviana de Oruro

les pidió que se hicieran cargo de los migrantes.

Se estaba asfaltando la carretera internacional

y cada vez eran más las personas que llegaban hasta aquí

buscando una vida mejor en Chile.

Muchos de ellos eran rebotados en la frontera

y se quedaban en Pisiga sin dinero

y sin esperanza para combatir el frío

en este cruel desierto del altiplano.

Me robaron la cartera con parte de la plata que tenía del viaje,

con mi cédula de identidad...

-¿Y ahora qué vas a hacer?

-Pues estoy esperando a que mis hermanas, que viven allá en Chile,

estén solucionando... -¿En qué parte?

-En Santiago. -Lejos.

-Ellas están solucionando un pequeño papel

y van a mandar a recoger por mí.

Pero el motivo de que vine aquí es porque no tenía donde llegar,

no tenía dinero para pagar un hospedaje ni para comer.

-Lo que hacemos es acoger a las personas que vienen.

Por lo menos, lo que yo recibido, son todos de Colombia.

Y estos vienen desde allí y pasan por diferentes países,

como Ecuador, Perú, Bolivia, y llegan aquí...

Tardan..., unos dicen ocho días, diez días,

pero vienen cansados...

Han sido muchos maltratados.

Son gente vulnerable.

Vienen a buscar un trabajo digno.

Se les acoge, se les proporciona

todo lo que realmente nosotros tenemos para ofrecer,

que es comida, pueden dormir,

pueden estar tranquilos, con paz,

porque vienen desechos moralmente

porque han sido robados y destrozados moralmente.

-¡Madre! La cuerdita, por favor, para...

-¿Hay agua? -Amárralo bien.

-Aquí en el pueblo no hay agua. El agua es muy escasa.

Es una suerte el día que tengamos agua, como hoy,

que viene con mucha abundancia y con fuerza.

Generalmente no hay agua y hay que jalar con los baldes,

llenar los depósitos para lavar las sábanas

de nuestros hermanos migrantes.

-Llegué el día de ayer y no he tenido incomodidades,

no he tenido quejas, están siempre al cuidado

y pendiente de uno, de que le falta, de si ya comió

o si tienes frío te presta una manta,

si te vas al baño te daba jabón...

La acogida aquí ha sido totalmente excelente.

(Música créditos)

  • Se hace misión al andar

Pueblo de Dios - Se hace misión al andar

05 nov 2017

En su opción por los más pobres, las Hijas de la Caridad están presentes en los países y lugares donde la gente vive en situaciones de gran vulnerabilidad y muchas veces de alto riego.

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