Dirigido por: Julián del Olmo

El rastro de Dios, que el programa va siguiendo, le lleva a descubrir la infinidad de campos en los que la Iglesia está comprometida: pobreza, enfermedad, ancianidad, cultura, arte, vida contemplativa, minusvalías, juventud, campos de refugiados, niños de la calle, Sin Techo y Sin Tierra, mutilados de las minas antipersona, grandes catástrofes humanas, naturales o provocadas, etc.

Pretendemos hacer una comunicación que muestre el rostro de una Iglesia samaritana y provoque en la audiencia comunión, solidaridad y compromiso con los más desvalidos de nuestra sociedad y de nuestro mundo.

Nos aplicamos las palabras de Juan Pablo II: "Cada día, los medios de comunicación social llegan a nuestros ojos y a nuestro corazón, haciéndonos comprender las llamadas angustiosas y urgentes de millones de hermanos menos afortunados, perjudicados por algún desastre, natural o de origen humano; son hermanos nuestros que están hambrientos, heridos en su cuerpo o en su espíritu, enfermos, desposeidos, refugiados, marginados, desprovistos de toda ayuda; ellos levantan los brazos hacia nosotros, cristanos que queremos vivir el Evangelio y el grande y único testimonio del amor". (Juan Pablo II. Cuaresma de l986).

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Para todos los públicos Pueblo de Dios - Pobres de lujo - ver ahora
Transcripción completa

Sin dejar Madrid,

nos dirigimos por la autovía del Norte a Sanchinarro,

un barrio con aires de grandeza

que surgió de la nada a principios de este siglo.

Cuando todavía esta tierra era campos de labranza,

los dominicos construyeron un convento

y los hermanos de San Juan de Dios un albergue para los sintecho.

(Continúa música)

El albergue de Santa María de la Paz,

de los hermanos de San Juan de Dios,

abrió sus puertas en 1986, con 120 camas.

El edificio fue reformado en varias ocasiones.

En los 32 años de existencia más de 2500 personas,

que no tenían dónde caerse muertas,

encontraron aquí techo, cama, comida y, sobre todo, un hogar.

Me llamo José María,

pero también podría llamarme Antonio, Ángel,

Gustavo, Fernando,

o con otro cualquiera de tantos nombres de hombre

que habitan el mundo y lo llenan de sentido.

Y me llamo así, con muchos nombres, porque la vida que os quiero contar

es la vida de muchas personas y no la de una sola.

Nuestras vidas son historias de cada uno,

pero a la vez historias un poco de todos nosotros.

-Las personas que residen en este centro

tienen estancia temporal,

pero, vamos, una estancia temporal de media-larga estancia

que los técnicos, el equipo interdisciplinar,

un poco evalúan el tiempo que puede pasar.

Lo que pretendemos, sobre todo, que recuperen su dignidad,

que se sientan como en un hogar

y poco a poco ayudarlos en su proceso de recuperación.

(Música)

Los hermanos de San Juan de Dios,

ante la disyuntiva de restaurar el viejo edificio

que tenía importantes deficiencias, y construir uno nuevo,

optaron por lo segundo.

(Continúa música)

Querían hacer un albergue que dignificara

a los más desfavorecidos y excluidos de la sociedad.

En 2015, arquitectos y constructores pusieron manos a la obra

y el 14 de mayo de 2017 el hermano Jesús Etayo,

superior general de la Orden Hospitalaria,

inauguró las nuevas instalaciones.

Nuevo edificio, moderno, adecuado,

para atender las necesidades de las personas.

(Aplausos)

(Música)

(Vítores)

Las personas que pueden ser acogidas en este centro

son aquellas que no tienen hogar, que no tienen recursos,

y normalmente en este centro, dadas las características,

que son personas que decimos que dentro del sector son cronificados,

vienen derivadas de otros recursos,

donde que por distintos motivos, o que no son adecuados

o han fracasado en otros itinerarios, digamos, de búsqueda de empleo

o de socialización, vienen aquí para estar en un espacio de recuperación.

(Música)

El nuevo edificio, de 3800 m²,

está estructurado en tres plantas.

Tiene 110 camas, solo para hombres.

En habitaciones dobles, con cuarto de baño,

escritorio, calefacción y ventanas al exterior.

El albergue es una moderna y confortable residencia

que verdaderamente dignifica a los sintecho.

Los propios residentes la califican de hotel de lujo

porque no le falta detalle.

Cuántos hoteles de tres estrellas quisieran tener

la categoría de estructuras y de servicios

que tiene el albergue de Santa María de la Paz.

Indudablemente, no parece un albergue, eso es obvio.

Y, bueno, la estancia ha mejorado considerablemente

en todos los aspectos, en cuanto a convivencia en sí

y en cuanto a servicios en general.

-Buena cama, buena comida.

Es un hotel de cinco estrellas. -No se pase, no se pase, hombre.

Todos nos merecemos cosas buenas, ¿no?

Todos. ¿No le parece, Pepe?

Haya pasado lo que haya pasado, pues bueno...

-Sí, señor.

-A veces recibimos críticas o comentarios:

"Pues para estas personas tanto..."

Y, personalmente, suelo decir: "Sí, y más".

No porque sean especiales, porque son personas.

Entonces, todos queremos algo bueno.

Si hemos podido buscar, si hemos tenido posibilidades,

¿por qué no, por qué no?

Es verdad que el edificio no soluciona todo,

pero sí facilita, sí facilita.

Y a todos nos facilita el entorno en el que estamos.

Por eso está bien, queremos que siga así

y buscaremos que sea mejor,

incluso nos gustaría poder dar más respuesta

a situaciones en las que estamos trabajando,

pero no queremos que porque sea una persona pobre, sin hogar,

le tenga que servir cualquier cosa.

(Música)

El año pasado se atendió a 151 personas.

El 60% españoles,

la mayoría con edades entre 40 y 65 años.

El presupuesto del albergue se cubre con aportaciones

de la Orden Hospitalaria, donativos privados

y subvenciones oficiales.

La gente que hay aquí, pues hay de todo tipo.

Puede haber gente con estudios básicos,

gente que... no tenga estudios,

pero principalmente gente muy... muy preparada.

Gente que ha sido abogado,

gente que ha tenido su propio negocio

y, bueno, por circunstancias de la vida, acaban en la calle,

se empieza a torcer todo...

Entra en juego también el tema de los consumos

y de las adiciones, a veces, otras veces no.

Las malas relaciones, la desestructuración familiar...

Y al final acaban entrando en este proceso de exclusión social.

-No se trata de recoger a la gente para que no la veamos por la calle.

Eso no soluciona nada.

Quizá puede solucionar la conciencia del que nos encontramos

a alguien en la calle y nos duele ver a alguien en la calle,

pero el problema no se soluciona llevando a la persona a otro lado.

De hecho, este es el día a día de nuestro trabajo.

No se trata de cambiar objetos de lugar,

se trata de la persona que ha estado o está en la calle

poderle ayudar, acompañar.

De muchas formas, y no solamente en instituciones,

sino en la calle, en la forma de educar que tenemos a los niños,

en la forma que tenemos de comportarnos en nuestro barrio,

eso influye mucho.

Muchas personas que llegan aquí nos dicen:

"Hermano, yo no quería que me diese la gente una moneda o un bocadillo,

hubiera querido que me mirasen a la cara".

Me lo dicen muchas veces.

Que me mirasen a la cara y me dijeran:

"¿Cómo está usted?" O "¿Cómo se llama?"

(Música)

Después del desayuno, el albergue se pone en movimiento.

El equipo técnico se reúne para evaluar las actividades

que se están realizando y programar otras nuevas.

Se trata de que el albergue tenga vida

y los acogidos se sientan en su casa.

Los residentes hacen talleres, pasan por los despachos

de las trabajadoras sociales y psicólogos,

y los que tienen alguna dolencia por la enfermería.

Lo más fácil es hacer la casa y pintarla y decorarla,

es hasta fácil, pero hacer que esa casa sea hogar,

que tenga calor, que sea entrañable, que yo me sienta a gusto

los años o el tiempo que yo esté aquí,

es lo que nosotros pretendemos en Santa María de la Paz.

Y no estamos solos,

aquí hay mucha gente que colabora para hacer hogar:

voluntarios, bienhechores, personas que nos visitan,

que nos apoyan a la distancia.

El hogar requiere muchos elementos, ¿no?

Para San Juan de Dios esto es vital, ser hogar.

-Nos damos cuenta de que hemos perdido muchas cosas por el camino,

pero también nos damos cuenta de que no lo hemos perdido todo

y nos queda la humanidad, nos queda la dignidad.

Los residentes colaboran en lo que pueden.

Unos limpian los patios y otros hacen trabajo de campo.

Javier le tiene declarada la guerra a los hierbajos

que nacen junto a las placas solares.

He sido perro de la calle 27 años y medio,

he sido un drogadicto, un alcohólico, un pastillero.

Pero me dio esto, me trajeron aquí.

Yo me creí que no me iba a recuperar, pasaron tres años

y vi la oportunidad de quitar hierbajos

y es mi vida el quitar hierbajos.

Y mi Radio Olé, que siempre me pongo mi Radio Olé, y soy feliz.

Pepe tiene 66 años

y es una de las personas que lleva más tiempo en el albergue.

Ahora está esperando que la trabajadora social

le encuentre una residencia donde pasar el resto de su vida.

Estaba roto.

Murió mi madre y me encontré en la calle.

Dormía en la calle.

Fui a San Juan de Dios y me atendió doña Lourdes.

-¿Y ahora se encuentra mejor, Pepe? -Ahora me encuentro mejor.

-¿Y qué nota usted? ¿Qué nota usted?

-Bienestar. Seguridad.

Me encuentro mejor.

-El perfil de gente que accede a nuestro centro

son señores de 40 a 65 años.

Cuando cumplen los 65 años se tramita la residencia

junto a los Servicios Sociales y nosotros les acompañamos

en ese proceso.

En el albergue te puedes encontrar personas de toda clase y condición

que por una razón u otra acabaron en la calle.

Elio es informático y lleva cuatro años

en el albergue de Santa María de la Paz.

De momento esta es su casa y se encuentra a gusto.

Estaba en una posición, no vamos a decir excesivamente elevada,

pero sí en un estatus social medio-alto.

Desgraciadamente, y por circunstancias de la vida,

que me atribuyo mi mala gestión de mis ingresos,

me vi abocado a estar casi, no en las cloacas,

pero tocándolas, en los umbrales de las cloacas.

La fuerza mental que me impuse y me autoimpuse en aquel momento

fue lo que me hizo seguir adelante.

Bien es verdad que también por conocimiento

y por el estar en un momento delicado,

preguntaba y me dirigieron a esta organización

de Santa María de la Paz.

-La denuncia nuestra y la de San Juan de Dios hoy día

con las personas sin hogar es recordarte que es uno como tú,

uno como tú.

(Música suave)

-En nuestro caminar por la vida fuimos fuertes

para pedir ayuda a los demás, para llamar a una puerta

y entrar a través de ella en un hogar,

cuando ya solo la calle parecía esperarnos.

Las personas que vienen al albergue llegan con sus vidas rotas.

Con paciencia y terapias,

los profesionales tratan de curar las heridas del alma,

y en muchos casos lo consiguen.

Aunque cada uno tiene su historia, la convivencia es buena.

Yo tenía mi hogar, mi sitio, mi trabajo y todo lo demás.

Pero, como ya he dicho en anteriores ocasiones,

pues me equivoqué de persona, simplemente.

Parece mentira, pero fue así.

Entonces, pues en el momento que se fue mi ex,

pues yo no me lo creía...

Pero poco a poco me iba dejando cada vez más, cada vez más,

me fui del trabajo también.

Trabajaba de cara al público y era imposible.

Estuve de baja por depresión y eso es un círculo vicioso

que te vas deteriorando día a día.

Luego, para más inri,

pues como no encontraba consuelo en ningún sitio, de ninguna forma,

pues me dediqué a lo más cobarde, que es el alcohol.

Yo no me acordaba que sabía dibujar, ni pintar, ni escribir,

ni nada de eso, estaba todo olvidado.

Y eso, he vuelto a surgir.

Porque en el momento que ya ves una luz

y un motivo, algo para vivir, es cuando te dan ganas,

por lo menos a mí, de seguir adelante.

O sea, que ahora mismo mejor que hace...

mejor que hace muchísimos años.

-En el momento en el que te quedas en la calle

eres un ciudadano de segunda.

Entonces, se rompen todos los vínculos que tenías

con tu vida anterior, se rompen todos los vínculos

que tienes con la sociedad y tienes que asumir una nueva situación

que para cualquiera es dificilísimo asumirla,

y después cambiarla.

Entonces, se trata de dar un trato familiar,

que la persona se sienta en casa,

y a partir de ahí ya la intervención técnica

y todo lo que tenga que venir como profesional,

pero siempre desde un punto de vista humano,

que la persona no se sienta un número dentro de un albergue, no.

Que sienta que es una persona dentro de una casa grande,

con gente que mira por él y con gente que se preocupa por él.

(Música)

La cola que se forma espontáneamente al filo de mediodía indica

que es la hora de la comida.

En el albergue se hace desayuno, comida y cena.

Más de 72 000 comidas al año.

(Música)

El menú de hoy consiste en ensalada, sopa de verdura con huevo,

filete, pan y postre.

Los dulces los dona una prestigiosa pastelería de Madrid.

La especialidad de la casa es el cariño que ponen las cocineras

que preparan la comida, y los voluntarios que la sirven.

Los residentes son los señores

y los hermanos de San Juan de Dios y los voluntarios sus servidores.

Es lo que dicen el Evangelio

y las constituciones de la Orden Hospitalaria,

y aquí se cumplen al pie de la letra.

(Continúa música)

Después de la comida, algunos ven televisión

y otros descansan en sus habitaciones.

Los programas preferidos son el fútbol

y las películas del Oeste.

José María lleva tres meses en el albergue.

Padece una enfermedad crónica.

Se ha ofrecido para enseñarnos su habitación.

La habitación es de dos camas, con aseo y ventana al exterior.

Un hecho importante es que cada uno puede elegir

a su compañero de habitación, lo que da mayor intimidad.

Estos detalles hacen que los residentes en el albergue

de Santa María de la Paz sean pobres de lujo,

comparados con los sintecho que están en la calle.

Desde luego, fallos debo de tener porque soy una persona humana,

pero mala persona no. De verdad que no.

Para hacer daño no.

Envidia, no tengo por qué tener envidia a nadie

porque yo he vivido muy bien, gracias a Dios.

He trabajado muchísimo desde que era muy pequeñito.

Acabé el octavo curso, hasta EGB, pero yo lo que quería era trabajar

para llevar dinero a mi madre porque éramos seis en casa.

Queríamos salirnos del colegio

para que mi madre dejase un poquito de trabajar,

porque ha trabajado muchísimo, muchísimo, y mi padre también.

Pero yo aquí me encuentro muy bien, de verdad.

Muy tranquilo, muy a gusto.

Siento, no sé cómo explicar, como una paz.

He encontrado una paz dentro de mí que antes no la tenía.

Me encontraba muy nervioso, muy agitado.

De verdad, me encuentro fenómeno, de verdad.

(Música)

Nosotros entramos en esta casa de San Juan de Dios.

No es la única con nuevas paredes, ventanas y pasillos,

pero es nuestra casa.

El proyecto Juan Tomate consiste en el cultivo

de 44 huertos ecológicos, orgánicos y biológicos

en el recinto del albergue.

Armando cuida su cuerpo, su mente y su espíritu.

El trabajo, además de para mantenerse en forma,

le sirve de terapia.

He tenido cinco negocios propios

y trabajando en sitios siempre de élite en Madrid, ¿no?

En las mejores cadenas de restaurantes,

en las mejores discotecas.

Y, bueno, la verdad es que compensó mi juventud.

Soy cristiano, ¿no?

Es la única manera de salir adelante.

Gracias a Dios, gracias a Jesús, se puede soportar todo, ¿no?

La mayoría de los huertos están cedidos a gente del barrio

que, o bien los cuidan ellos mismos, o se los cuidan los residentes.

Los huertos están sirviendo para que los vecinos del barrio

conozcan a sus vecinos del albergue.

Los productos del huerto son de primera calidad,

y los que no se lleva la gente a su casa

van a la cocina del albergue.

El proyecto de los huertos del albergue de Santa María de la Paz

se creó para tener una tarea, un taller ocupacional,

para los residentes del albergue,

para las personas sin hogar que residen aquí en el albergue.

Y, bueno, para que pudiesen tener una tarea... diaria,

que establezcan rutinas.

Y, bueno, muchas veces sirve para evadirse de los problemas...

En fin, sobre todo para que pudiesen realizar una tarea todos los días.

La hermana Amparo, misionera franciscana de María,

tiene 81 años y lleva 23 de voluntaria en el albergue.

Antes pasó por una leprosería, un orfanato y el Vaticano.

En el albergue ha hecho de todo.

Ahora cuida los jardines y, con discreción,

hace de madre y consejera de los residentes.

Para mí ha sido una riqueza extraordinaria

porque no conocía contacto con la gente así, marginada, ¿no?

Y me han hecho crecer mucho en muchos aspectos

y, sobre todo, el deseo y el entusiasmo por la vida.

El deseo de conocer a cada uno mejor.

Y eso de vivir un poco con ellos,

pues me han hecho bajar a la realidad, ¿no?

Para mí me han hecho mucho bien.

A ser más evangélica, me lo han hecho ellos a mí, no yo a ellos.

(Música)

La lavandería tiene mucho trabajo.

Hay que lavar y planchar la ropa personal y de cama

de 110 personas.

La ropa, marcada con el nombre y número de habitación,

se recoge y se entrega en las propias habitaciones.

La ropa personal de los residentes viene de donaciones de tiendas

que colaboran con el albergue.

En la lavandería hay 13 voluntarios de todas las clases sociales,

desde amas de casa hasta abogados y profesores de universidad.

Es una forma muy directa de conocer a personas

que no han tenido la suerte que he podido tener yo en la vida.

Bueno, colaborar en ese sentido me parece muy interesante.

Y para eso no hace falta ni ser creyente ni no ser creyente,

esto es una acción social.

Particularmente soy creyente, pero eso hubiera dado igual

porque aquí nadie me preguntó cuando vine qué hacía yo,

ni en qué creía, ni qué sabía hacer.

Te das cuenta que hay personas aquí que podrían ser tu hermano o tu hijo.

Han tenido mala suerte en la vida,

y la vida les ha llevado por un camino

en donde se han encontrado solos.

Yo no sé, hay muchas motivaciones muy distintas,

cada persona es un mundo, ¿no?

El acercarte, el ver por qué están aquí,

eso yo creo que te hace ser más tolerante,

con la sociedad incluso,

porque muchas veces los juzgamos.

Decimos: "Están aquí porque se lo han buscado".

Y no siempre se lo han buscado. Eso no.

Yo creo que te abre un poco las miras

y a tratar al otro de otra forma.

En el patio hay una gran carpa donde está el mercadillo solidario

que tiene mucha aceptación en el barrio.

(Música)

El mercadillo se nutre de donaciones de la gente.

Aquí hay de todo a precio de saldo.

Carmen, Rosa y Nieves se encargan de la recogida,

selección y venta de lo que la gente dona.

El mercadillo solidario está abierto al público

las mañanas del primer domingo de mes.

El objetivo de este mercadillo solidario, evidentemente,

además de recoger fondos y recaudar ayudas,

es, sobre todo, abrir las puertas del centro

al que no iba a entrar nunca aquí.

Entonces, con ese pretexto del mercadillo,

estamos logrando que personas del barrio, amigos, no amigos,

vengan a ver qué hacemos aquí.

La gente se encuentra en el mercadillo,

nos trae sus pertenencias o no, o solamente compran,

pero sí que también nos preguntan: "¿Qué hacemos? ¿Qué se puede hacer?"

El hermano Vidal, de 89 años, el hermano Enrique, de 84,

y el hermano Juan Antonio, de 56, son el alma del albergue.

Viven en un pequeño apartamento en la primera planta.

En realidad, el apartamento solo lo emplean para dormir

porque durante el día están con los residentes.

Para mí significa mucho el poder ayudar a los más necesitados,

a la gente sin techo, a la gente de la calle.

Es una satisfacción.

Te dan más que lo que das tú, también ellos mismos.

Y, bueno, es una cosa que te satisface por dentro, ¿no?

El poder ayudar a los demás.

(Coro)

Jesucristo también está en el albergue

y tiene su espacio propio en la capilla.

La capilla de arte y ensayo es muy acogedora

para tener momentos de oración y celebrar la eucaristía.

María, la señora de la casa, está en su sitial

y lleva a Jesús en su vientre.

La Virgen sentada, embarazada, de tal forma que recoge

ese momento tan especial de la Virgen,

y que además tiene mucha relación con nosotros,

porque en ese momento la Virgen es el sagrario viviente

y es la que experimenta la comunión y es la Iglesia naciente, ¿no?

Pero, claro, se nos ocurrió dar un paso más, ¿no?

De tal forma que la gente tiene la capacidad de sentarse

al lado de la Virgen y tener la cercanía

del hijo al que trae al mundo, ¿no?

Y ese lema de: "Estaba roto y me acogiste",

pues se tenía que simbolizar o representar de alguna forma.

Entonces, buscamos unas manos, y son unas manos de mujer

que tienen ese gesto de acogida,

y justo entre el espacio entre las dos manos está el altar,

que es como que las dos manos sirven para centrar ese espacio.

Este cuadro, obra de Mateo Maté,

representa ese lado, digamos oculto,

que está presente en todas las realidades,

que es la cruz.

Y ahí, detrás de una realidad hermosa, como un cuadro,

en la que todo es belleza,

hay una realidad que a veces sostiene que es la cruz y el sufrimiento.

Las vidrieras representan un Vía Lucis.

Está justo enfrente del Vía Crucis.

Era una forma de representar la cruz como luz, como alegría,

como el lugar en el que Cristo triunfa.

(Coro)

El último sábado de mes la capilla se llena de gente,

de dentro y fuera del albergue,

para orar al calor de la hospitalidad.

(Coro)

Tú que quitas el pecado del mundo.

Todos hijos de Dios, todos hermanos.

(Música)

Y llegados a este punto solo nos hace falta añadiros una cosa,

y es deciros que cuando vengáis a esta casa

lo hagáis siempre sin miedo,

porque en sus paredes siempre encontraréis escrito un mensaje.

Este mensaje:

"Por la dignidad de las personas, nadie sin calor de hogar,

nadie en la calle".

(Aplausos)

(Música)

(Música créditos)

Pueblo de Dios - Pobres de lujo

26:30 17 jun 2018

El Albergue de Santa María de la Paz de los Hermanos de San Juan de Dios, en el madrileño barrio de Sanchinarro, cuenta con nuevas instalaciones que a los ¿sin techo¿ les parecen un lujo. El reportaje muestra como una persona puede perder todo en la vida menos la dignidad.

El Albergue de Santa María de la Paz de los Hermanos de San Juan de Dios, en el madrileño barrio de Sanchinarro, cuenta con nuevas instalaciones que a los ¿sin techo¿ les parecen un lujo. El reportaje muestra como una persona puede perder todo en la vida menos la dignidad.

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  1. María Teresa Sierra Alarcón

    Este documental expresa la esencia del cristianismo que es la Misericordia y por tanto, la esencia del camino de salvación. Reproduciendo el título de un libro francés de reciente publicación aquí se hace presente "la inimaginable compasión". "Obras son amores y no buenas razones" (refranero español) y "el amor hay que ponerlo más en las obras que en las palabras" (S. Ignacio de Loyola) se pone de manifiesto con toda claridad en esta Obra de los Hnos. de San Juan de Dios.

    18 jun 2018

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    24:52 11 mar 2018 La acción social zaragozana tiene un nombre, Cáritas. Entre los voluntarios y trabajadores atienden 103 puntos de acogida y 11 centros especializados.

  • 23:20 04 mar 2018 Las Oblatas llegaron hace más de 25 años a la ciudad de Bajos de Haina, República Dominicana, para ofrecer ayuda a las trabajadoras sexuales. Los Agustinos Recolets regentan una parroquia allí y tienen un dispensario médico.

  • 24:34 25 feb 2018 Honduras, Mozambique y Bolivia son algunas de las misiones vicencianas que visitamos en este programa, con la ayuda de la ONG COVIDE-AMV.

  • Con los niños de Peravia

    Con los niños de Peravia

    24:03 18 feb 2018

    24:03 18 feb 2018 En República Dominicana, en Baní, en el barrio de los Barracones, visitamos la Escuela Villa David, regentada por las Carmelitas de Orihuela y el Hogar para niñas de la congregación de las Hijas de la Altagracia.

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