Pueblo de Dios
Pueblo de Dios
Domingo a las 11.30 horas  

Dirigido por: Antonio Montero

El rastro de Dios, que el programa va siguiendo, le lleva a descubrir la infinidad de campos en los que la Iglesia está comprometida: pobreza, enfermedad, ancianidad, cultura, arte, vida contemplativa, minusvalías, juventud, campos de refugiados, niños de la calle, Sin Techo y Sin Tierra, mutilados de las minas antipersona, grandes catástrofes humanas, naturales o provocadas, etc.

Pretendemos hacer una comunicación que muestre el rostro de una Iglesia samaritana y provoque en la audiencia comunión, solidaridad y compromiso con los más desvalidos de nuestra sociedad y de nuestro mundo.

Nos aplicamos las palabras de Juan Pablo II: "Cada día, los medios de comunicación social llegan a nuestros ojos y a nuestro corazón, haciéndonos comprender las llamadas angustiosas y urgentes de millones de hermanos menos afortunados, perjudicados por algún desastre, natural o de origen humano; son hermanos nuestros que están hambrientos, heridos en su cuerpo o en su espíritu, enfermos, desposeidos, refugiados, marginados, desprovistos de toda ayuda; ellos levantan los brazos hacia nosotros, cristanos que queremos vivir el Evangelio y el grande y único testimonio del amor". (Juan Pablo II. Cuaresma de l986).

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Para todos los públicos Pueblo de Dios - Paraguay, semillas de esperanza - ver ahora
Transcripción completa

(Música cabecera)

(Música)

"Las buenas noticias no son noticia",

afirma el viejo dicho periodístico.

En este programa nunca nos lo hemos creído.

Entre la selva de trágicas realidades,

el mundo también está lleno de buenas noticias.

Nosotros procuramos ser notarios de ellas.

En esta ocasión, hemos ido al corazón de Paraguay.

Allí, doña Malú, Margarita, Valentina,

Alexis, Norma, Beata o Herminio,

nos han contado esas buenas noticias,

que tienen que ver con su vida, con sus sueños,

que tienen que ver con sus esperanzas.

(Música)

Paraguay es uno de los países con mayor desigualdad social

en América Latina.

Y esa situación se recrudece en la zona rural,

donde casi la mitad de la población vive bajo el umbral de la pobreza.

El país tiene en la agricultura su principal fuente de riqueza

y dicha riqueza está en manos de unos pocos grandes productores.

Los datos nos aclaran que el 1 % de los propietarios

poseen más del 70 % de las tierras cultivables.

Por tanto, trabajar por el desarrollo del campesinado paraguayo

es una prioridad social.

Sí se merece un aplauso para todas.

En el departamento de Caaguazú, en el centro de la región oriental,

trabaja la Fundación Celestina Pérez de Almada.

Esta destitución, entre otras actividades,

realiza proyectos de desarrollo para familias campesinas.

Cuenta con el apoyo de Manos Unidas, la ONG de la iglesia española.

(Gallinas)

Alexis Vera es el técnico agrícola de la fundación.

Y uno de los responsables del proyecto que se lleva a cabo

entre la población de la comunidad de San Ramón.

Lo que se pretende, y se está consiguiendo,

es que los pequeños agricultores de la zona mejoren su producción

y tengan capacidad para comercializar el excedente.

Esta familia anteriormente comía mal.

Compraban verduras.

Comían, por ejemplo, por decir,

solamente cebolla, tomate y locote.

Y esos productos compran de las despensas.

Ahora, esos productos

más la cebolla, tomate, locote, lechuga, repollo,

remolacha, zanahoria...

La tienen en la misma finca. Las tienen en su propia huerta.

Entonces, la calidad es única porque todo es orgánico.

Los chicos se iban al colegio y no aprendían mucho

porque no tenían las vitaminas necesarias en la comida, por decir.

Y ahora creo que con este trabajo

eso se ve, loablemente.

Los profesores y los educadores de la escuela

mencionan eso principalmente.

El proyecto con estas personas abarca un amplio plan de formación

para sacar de la pobreza a las familias.

El trabajo de Alexis

se centra en los aspectos técnicos de mejora de los cultivos.

Durante mucho tiempo,

estas familias campesinas trabajaban como podían,

desconociendo nuevas soluciones

a problemas que se plantean en el trabajo cotidiano.

Acá no había asistencia técnica.

No había un técnico que les mostrara,

que llegara a la finca

a decirles cómo podían salir de esa situación.

Ellos aprendieron a hacer huertas de sus ancestros.

De su abuelo, abuela.

Y antes, por ejemplo,

uno hacía huertas en plena tierra buena.

Nosotros le decimos rosado ahí donde todo crece.

Una tierra muy buena.

Entonces, eso, a partir de hace años cambia ese sistema.

Entonces, hay que ponerle abono, hay que plantarle buena forma.

Y ahí influye el resultado, el trabajo del técnico

en la conciencia de las personas.

(Música)

Esta mañana hay reunión del grupo de beneficiarias

del proyecto de la comunidad de San Ramón.

Son 60 mujeres,

cuyas familias van a mejorar porque está recibiendo una formación

que incluye producción agroecológica,

nutrición familiar y medicina tradicional.

Además, se les provee de herramientas, alambrado y abonos.

Nosotros consideramos que las mujeres son factor de cambio

en una comunidad.

Para comenzar, son las jefas de hogar,

son las responsables de la familia, son las educadoras en el hogar.

Son las que tienen que traer la comida,

son las que tienen que lidiar con los hijos,

son las que tienen las mayores responsabilidades en el hogar.

-Yo soy una mujer guerrera que críe a 13 hijos.

Ahora mismo, todavía seis de ellos van a la escuela.

Entre mi marido y yo, con el cultivo de nuestras huertas,

salimos adelante.

Antes teníamos materiales muy malos para trabajar la tierra.

Ahora, con los nuevos productos, es más fácil.

De la huerta sale todo para la educación de nuestros hijos.

Por lo que ganamos podemos pagar uniformes, cuadernos, lápices...

Anteriormente, teníamos muchos problemas

porque teníamos que comprar toda la verdura.

Ahora, hemos logrado tener una huerta buena.

Con ello comemos

y con lo que nos sobra lo llevamos al mercado

y ganamos un poco de dinero para el resto de nuestras necesidades.

-Mi sueño es que nunca nos falte la hortaliza,

que sigamos con la huerta para que toda nuestra vida tengamos esto.

Y que mis hijos recuerden que nunca nos faltó verdura.

Ese es mi sueño.

(Música)

El proyecto que se está desarrollando

en esta comunidad campesina

incluye también mejorar las condiciones sanitarias

y las de la escuela del lugar.

Para llevar adelante todo eso

y otras iniciativas que mostramos en este reportaje,

se cuenta con la ayuda de Manos Unidas.

Esta ONG de la iglesia española

ha financiado casi 30 proyectos en Paraguay

durante los últimos siete años.

Gran parte de ellos son, como este, de carácter agropecuario.

No hay ayuda del Estado.

Los proyectos que han venido y que nos han ayudado

son de los de Manos Unidas y las ONG de aquí.

De nadie más.

Tengo 42 años y nunca tuvimos un proyecto como este.

Nunca.

-¿A quién le vamos a ayudar?

-Anteriormente, teníamos mucho problema

porque teníamos que comprar toda la verdura.

Ahora, hemos logrado tener una huerta buena.

Con ello comemos

y con lo que nos sobra lo llevamos al mercado

y ganamos un poco de dinero para el resto de nuestras necesidades.

Mi sueño es que nunca nos falte la hortaliza.

Que sigamos con la huerta para que toda nuestra vida tengamos esto.

Y que mis hijos recuerden que nunca nos faltó verdura.

Ese es mi sueño.

-Y la oportunidad es que nosotros, a través de...

En la misma comunidad de San Ramón

vive la familia formada por Paulino, Gerubina y sus cinco hijos.

Como tantos campesinos paraguayos,

viven de una frágil economía de subsistencia

que apenas les da oportunidad

para salir del círculo de la pobreza.

Hace unos meses entraron a formar parte del proyecto

y su huerta ya ha comenzado a cambiar notablemente

desde que recibieron las primeras ayudas.

Tanto en material como en asesoría técnica.

(Música)

El paso siguiente será el de cambiar la actual cocina abierta

por otra mejorada.

La tradicional forma de cocinar provoca, sobre todo en las mujeres,

varias patologías respiratorias y oculares.

Además, una nueva cocina ahorra leña,

mejora las condiciones de limpieza

y reduce el tiempo dedicado a preparar alimentos.

La forma de cocinar así molesta mucho a los ojos

y me duele la cabeza.

También tengo que cuidar a mis hijos del fuego.

Sabemos que pronto podremos utilizar una cocina nueva.

Es un sueño que tengo hace mucho tiempo.

El barrio de Toro Blanco está a 5 km del centro de la ciudad de Caaguazú.

El lugar es una mezcla urbana y rural

donde los caminos de tierra permiten llegar a casas y negocios,

como el que nos trae hasta aquí.

Se trata de la panadería de la familia de Juana María Machuca.

(Música)

La Fundación Celestina Pérez de Almada

realizó en este lugar un curso de panadería artesanal.

Y varias personas, al final de su formación,

decidieron poner en marcha su negocio.

De eso hace ya cuatro años

y la panadería marcha viento en popa.

(Música)

Lo que aprendí también fue cómo relacionarme,

a no pelear, a ayudar,

a participar con otras organizaciones.

Antes no queríamos organizarnos, éramos muy dispersas.

Superamos conflictos

y hemos participado en actividades comunitarias.

Solo con esfuerzo se puede salir adelante y prosperar.

(Música)

La huerta de Juana, a quien aquí llaman doña Malú,

es realmente espectacular.

(Música)

El verde intenso de las verduras llama la atención

mientras ella las recorre cuidando para que todo vaya bien.

Al fondo de su finca,

y aprovechando los conocimientos adquiridos durante el curso,

doña Malú también construyó una pequeña piscifactoría.

(Música)

Ella ha sido la líder del grupo de mujeres del barrio de Toro Blanco

y sigue siendo un ejemplo para muchas compañeras,

que ven en ella a alguien que no se cansó nunca de luchar y de trabajar

para sacar adelante a su familia.

Es que nosotros no trabajamos con las mujeres

para que superen a los hombres,

sino para que sean compañeras de ellos.

Decía: "Dios los creó hombres y mujeres

para complementarnos".

Tenemos distintos roles, tenemos distintas potencialidades.

Y, bueno, si nosotros favorecemos que la familia esté unida,

que la familia avance,

que los chicos estén bien nutridos,

que tengan algún otro tipo de ambición,

evitar la migración de jóvenes, por ejemplo,

que tengan un nivel de arraigo,

que encuentren en su comunidad algo importante que hacer.

Eso es muy importante.

(Música)

A unos 25 km de Caaguazú,

se encuentra la comunidad de Guayaki Kua.

(Música)

Desde hace varios años,

la Fundación Celestina Pérez de Almada

trabaja con las familias campesinas de este lugar.

La solidaridad española también se ha dejado notar

gracias a la financiación de Manos Unidas

para que esos proyectos puedan mejorar la vida

de estos agricultores y ganaderos paraguayos.

(Música)

Una de las 180 mujeres de Guayaki Kua que ha recibido ayuda

ha sido Norma.

Ella antes solo trabajaba en la chacra,

es decir, es su pequeño pedazo de tierra cultivable.

(Música)

Tuvo su primer hijo a los 17 años y después vinieron otros cinco más.

Y a todos los sacó adelante.

Norma participó de los cursos de formación

para poderse dedicar a algo más rentable

y que le diera la posibilidad de pagar los estudios de sus hijos.

Vio que la cocina era lo suyo

y decidió montar un sencillo restaurante

en los terrenos de su casa,

junto al camino que atraviesa la comunidad de Guayaki Kua.

Hola, ¿cuánto le debo? -8000.

(Música)

Después de tanta formación recibida,

ya me sentí capaz de poner en marcha mi negocio de comida.

Comencé a hacer helado de mandioca.

Luego, hice chipa y empanada.

Vi que tenía éxito.

Procuro ser simpática con la gente y relacionarme bien con todos.

Yo siempre me encomiendo a Dios y a la Virgen

para que me dé salud para poder seguir trabajando.

Con el proyecto de Manos Unidas comencé con un pequeño local

y luego, con mucho trabajo, lo he ido ampliando

y hemos crecido en este tiempo.

Estoy muy agradecida porque he criado a mis hijos

y han podido estudiar.

Es algo que yo no pude hacer.

Chipa, vorí vorí, empanadas, chipa guazú, la sopa paraguaya...

Los platos típicos de la gastronomía popular del país

son los que piden los clientes a Norma.

A las 3:30 de la mañana ya está en pie para encender el horno

y poner en marcha todo lo que necesita

para elaborar sus platos.

Yo me siento muy realizada actualmente.

Mis tres hijas aprendieron conmigo la cocina y el negocio.

Esto para mí es muy importante porque veo que les he dado un futuro,

que se pueden ganar la vida honradamente.

Antes estábamos en la pobreza.

Ahora ya no. ¿Qué más puedo pedir?

Conocer a Norma es poner nombre y apellidos a tantas personas

cuya vida cambió realmente

en el momento en el que alguien les ofreció una posibilidad.

No se trató de regalarle nada,

sino de abrirle esa puerta que, hasta entonces,

había estado cerrada en su vida.

Por aprender, hasta se animó a leer y a escribir.

Yo no tuve la oportunidad de estudiar.

A la profesora le costó mucho enseñarme

porque no sabía ni cómo agarrar el lápiz.

Mi marido me estuvo ayudando mucho

a hacer las tareas que me mandaba la profesora.

Para mí, es muy importante saber leer y escribir,

hacer las cuentas.

Ahora, ya nadie puede engañarme en mis negocios.

Ahora, me siento diferente, mejor,

más segura de mi misma, más persona.

A los 40 años aprendí a leer y escribir.

(Música)

La vida de la familia de Andresa Godoy también cambió

cuando entraron a formar parte de los proyectos de desarrollo

ofrecidos a la gente de esta comunidad.

Como ellos ya tenían un toro,

se les ofreció la posibilidad de adquirir un par de vacas.

A medida que iban naciendo los terneros,

se fueron repartiendo entre los miembros del Comité.

Actualmente, hay cinco miembros

que pertenecen a dicho comité de producción láctea.

Hacen acopio de la leche recogida

en una instalación que han montado en el barrio.

Y el camión de una factoría viene una vez por semana

a recoger la producción.

(Música)

Tenemos, realmente, buena tierra. Tenemos agua.

Un buen clima, realmente.

Y la gente muchas veces eso valora.

Y los trabajos se realizan de una manera

entusiasmada.

En esta comunidad, por decir,

a las 4 o las 5 de la mañana

ya todo el mundo está trabajando en su finca.

Realizando tareas pecuarias.

Ordeñan vacas,

dan de comer a las gallinas, a los chanchos...

Entonces, la producción de autoconsumo y demás cosas

se hacen en la misma finca.

Y se aprovechan los recursos.

Pero para aprovechar los recursos debemos tener esa conciencia

y esa educación.

Y ahí influye el trabajo del técnico.

La educación, de darle...

Que el productor pueda saber valorar

el trabajo de finca.

Porque muchas veces los productores están en sus fincas,

pero no ven los recursos que tienen.

Viene un técnico

con otra mirada, con otra visión,

y les hace ver a aquellas personas.

Principalmente, a los productores.

Entonces, le estimula y le da un pequeño aliento

y tiene resultados.

Nuestro último destino en este recorrido por Caaguazú

es el barrio Constitución, en el extrarradio de la ciudad.

Aquí se fueron asentando familias venidas del interior,

donde las condiciones del campo paraguayo

no se lo ponían fácil para sobrevivir.

En este lugar, asequible para vivir, han ido levantando sus casas

y buscando la forma de ganarse la vida.

Algo parecido les sucedió a Herminio y Beata.

Pero ellos tuvieron la suerte de encontrarse

con los proyectos financiados por Manos Unidas.

Los técnicos de la Fundación Celestina Pérez de Almada

les han aconsejado para mejorar la producción de su pequeño huerto.

Además, cultivan plantas medicinales

que luego envasan y venden por los mercados de Caaguazú.

Con ellos hablamos sobre la realidad de estos barrios

y la falta de atención que sufren los sectores sociales más pobres.

Lo primero es que tenemos falta de trabajo,

de salud y de educación.

Con respecto al tema sanitario, somos una comunidad olvidada.

Especialmente, con los niños que necesitan vacunación.

También hay que recordar que aquí hay dengue.

Es algo endémico por la falta de limpieza.

También está el problema de la sarna por la misma falta de higiene.

Hay un gran desamparo por parte del Estado

que no atiende a las personas de estos barrios.

(Música)

Diversificando la actividad

hay mayores posibilidades de tener ingresos.

Por eso, al cultivo y venta de plantas medicinales,

Beata y Herminio han añadido la elaboración de panes y dulces

que llevan a vender en los mercados del centro de la ciudad.

(Música)

Sabiendo hacer varias cosas, con los remedios,

y después que aprendemos también la parte de panadería,

de hacer los panificados, y eso nos ayudó mucho.

Y nos ayuda mucho actualmente.

Porque si no hay la venta con los remedios naturales,

se complementa con la parte de panificados y confitería.

Nos gustaría tener más beneficios

para abrir más el mercado.

Pero así, estamos elevando apenas.

Somos nosotros dos no más, pero estamos elevando

cómodamente. No sobra, tampoco falta.

Estamos viviendo así más o menos.

Cuando aún la madrugada no se ha disuelto

y la oscuridad domina en las calles,

Herminio se acerca a Radio Tavarandu,

la emisora comunitaria del barrio.

Desde aquí acompaña el despertar diario de la audiencia.

Es parte de su compromiso con la gente.

(Música)

Se trata de trabajar por cambiar la situación de la zona,

por crear conciencia de que las cosas pueden ser diferentes.

Vamos, entonces, escuchando más temas musicales aquí en la radio.

-Yo comienzo el programa a las 5 de la mañana.

A mí me motiva el amanecer guaraní.

Ese amanecer trae consigo el despertar a la gente que me escucha.

Que la gente tenga alegría, tenga paz,

porque hay muchas injusticias en salud, en educación,

en alimentación.

Hay gente que pasa hambre.

El trabajo del comunicador es importante

porque estamos informando a la comunidad,

estamos creando conciencia de lo que pasa y de las necesidades.

(Música)

La historia de Manos Unidas, la primera ONG española,

comenzó hace cerca de 60 años

por el empeño de un grupo de mujeres de acción católica.

(Música)

La mayor dificultad para acabar con el hambre,

con todas las hambres del mundo,

es creer que no se puede lograr, decían aquellas pioneras.

(Música)

Actualmente, Manos Unidas está inmersa

en lo que llaman trienio de lucha contra el hambre,

y trabaja para dar respuesta a las causas y problemas

que provocan esa lacra.

Para esta ONG hay que estar cerca de los más pobres,

reforzar el derecho a la alimentación

de los pequeños productores,

contribuir al cambio hacia unos sistemas alimentarios más justos

y educar para una vida solidaria y sostenible.

En este rincón de Paraguay se está consiguiendo.

La Fundación Celestina Pérez de Almada

tiene un agradecimiento muy especial a Manos Unidas.

Para nosotros es un agradecimiento infinito

a cada persona que aporta su grano de arena

para poder cambiar la vida de estas personas

desde tan lejos.

Realmente, están muy agradecida

porque, si no, no hubiesen tenido otra oportunidad.

Y nosotros estamos convencidos de que otro mundo es posible.

Con las manos unidas,

con el corazón abierto y con ganas de hacer las cosas, todo se puede.

(Música créditos)

Pueblo de Dios - Paraguay, semillas de esperanza

26:49 12 feb 2017

La Fundación Celestina Pérez de Almada, apoya proyectos entre los campesinos de Caaguazú, en Paraguay. Manos Unidas les proporciona el apoyo económico.

La Fundación Celestina Pérez de Almada, apoya proyectos entre los campesinos de Caaguazú, en Paraguay. Manos Unidas les proporciona el apoyo económico.

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