Dirigido por: Julián del Olmo

El rastro de Dios, que el programa va siguiendo, le lleva a descubrir la infinidad de campos en los que la Iglesia está comprometida: pobreza, enfermedad, ancianidad, cultura, arte, vida contemplativa, minusvalías, juventud, campos de refugiados, niños de la calle, Sin Techo y Sin Tierra, mutilados de las minas antipersona, grandes catástrofes humanas, naturales o provocadas, etc.

Pretendemos hacer una comunicación que muestre el rostro de una Iglesia samaritana y provoque en la audiencia comunión, solidaridad y compromiso con los más desvalidos de nuestra sociedad y de nuestro mundo.

Nos aplicamos las palabras de Juan Pablo II: "Cada día, los medios de comunicación social llegan a nuestros ojos y a nuestro corazón, haciéndonos comprender las llamadas angustiosas y urgentes de millones de hermanos menos afortunados, perjudicados por algún desastre, natural o de origen humano; son hermanos nuestros que están hambrientos, heridos en su cuerpo o en su espíritu, enfermos, desposeidos, refugiados, marginados, desprovistos de toda ayuda; ellos levantan los brazos hacia nosotros, cristanos que queremos vivir el Evangelio y el grande y único testimonio del amor". (Juan Pablo II. Cuaresma de l986).

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Para todos los públicos Pueblo de Dios - Mozambique misionero - ver ahora
Transcripción completa

(Música cabecera)

de sentir libertad.

(Música)

Al sudeste de África, Mozambique es uno de los países

que más han visitado los equipos de "Pueblo de Dios"

en los últimos años.

Mientras que las reservas de gas y petróleo y el titanio

atraen el interés de los inversores extranjeros,

la mayoría de la población del país

vive de una agricultura de subsistencia

y las infraestructuras dejan mucho que desear.

Casi el 40 % de los mozambiqueños vive en la pobreza absoluta.

En todas las ocasiones, hemos atravesado África

para contar aventuras misioneras de gran calibre.

Fueron historias de entrega, de constancia,

de superación de las adversidades, en un país con grandes problemas.

Hoy queremos recuperar algunas de esas historias,

protagonizadas, casi siempre,

por españoles que han dejado lo mejor de sus vidas

en esa tierra al sur del continente africano.

(Música)

Situada en la provincia de Gaza, al sur del país,

Chalucuane es una pequeña población con poco más de 7000 habitantes.

Parte de ellos se concentra en el núcleo urbano,

mientras que el resto se disemina por la periferia rural.

Chalucuane sería un pueblo más del sur de Mozambique,

si no existiera el centro de salud,

un lugar por el que este pueblo es conocido en toda la región.

En 1979, en plena guerra civil, tras la independencia del país,

los habitantes de esta zona estaban condenados a vivir y a morir

sin asistencia médica.

Ante esto,

el hospital rural de Chókwè pidió a las Hijas de la Caridad

que acudieran en ayuda de esta población.

Las misioneras,

conociendo la pobreza en la que estaba sumida la población,

aceptaron la oferta.

A pesar de que el sistema político imperante en aquellos años

no permitía la presencia de comunidades religiosas,

las Hijas de la Caridad abrieron el centro sanitario.

Desde entonces,

Chalucuane dejó de ser un anodino pueblo del sur de Mozambique

para convertirse en un lugar bien conocido por su centro de salud.

Yo veo que este centro de salud es muy importante

porque es el único punto de referencia

para mucha población que no tiene acceso

a un centro distrital que pueda atenderlos.

Además, que los hospitales rurales que se encuentran en esta zona

aún prestan servicios muy deficientes.

El transporte,

el ir hacia ellos, para ellos es muy difícil.

Es una zona donde hay todavía muchos curanderos

y existen muchas tradiciones culturales que los mantienen

con condiciones que favorecen la enfermedad.

La misionera mexicana Adela Orea, doctora y directora del centro,

dedica buena parte de las mañanas a pasar consulta

y a atender a los pequeños.

A Fernando, que llegó muy mal a Chalucuane,

le han detectado unos pequeños bultos.

En el centro no cuentan con medios para estudiar su caso

y Fernando tendrá que ir al hospital de Chibuto.

Pablo, de 10 años, nació en África del Sur.

La desnutrición que padece

quizás le produjo su insuficiencia cardíaca.

El pequeño Pablo no las tiene todas consigo

porque los síntomas indican también una posible tuberculosis.

Aquí, las camas se reservan para los casos más graves,

como el de la pequeña Nomsa, de 2 años.

La niña comenzó a estar enferma de noche.

Entonces, ella, según su tradición, comenzaron a preparar raíces

y remedios tradicionales para que dejara de convulsar.

Como la convulsión siguió,

entonces, fue que pensaron que tenían que traerla al hospital.

Esta niña llegó aquí

ayer por la tarde, con muchas convulsiones.

Tiene malaria cerebral.

Tiene cinco cruces en el resultado.

Pero ya tiene secuelas neurológicas.

Si pueden observar cómo mece los brazos

y las piernas.

Ahora conseguimos

bajar la fiebre y que deje de convulsionar.

Solamente que la secuela neurológica está muy presente

y todavía no sabemos cómo va a evolucionar.

(Música)

Hace cuatro años, el centro de salud de Chalucuane

vivió el peor momento de su historia,

cuando, prácticamente, desapareció por las inundaciones del año 2000.

Las lluvias torrenciales, el desbordamiento de varios ríos

y la aparición del ciclón Eline, sembraron el caos en el país.

Un millón de personas resultaron damnificadas en la región sur

y medio millón se quedaron sin hogar.

Puentes, carreteras y vías férreas

quedaron completamente intransitables en algunas zonas

durante muchos días, y el caos se apoderó del país.

Las misioneras tuvieron que vivir y cuidar a los enfermos

durante varios días sobre los tejados del centro.

Todos los ancianos que tenían las misioneras

en una pequeña residencia murieron.

Incluso una embarazada tuvo que dar a luz

encaramada a las ramas altas de un árbol.

En el año 2000, la inundación fue una tragedia muy difícil de recordar,

que afectó a toda la población de esta zona.

El agua llegó hasta donde termina la parte oscura.

Esta es la casa de la partera.

Pero con esa altura,

vosotros se pueden imaginar las dimensiones

de sufrimiento,

porque muchas personas quedaron ahogadas

y, hasta la fecha, nunca se consiguió saber el número de víctimas.

Alrededor de nuestra casa encontramos 25 cadáveres

que nunca se pudieron identificar.

El nombre de Chupanga proviene de chipanga,

es decir, fortaleza.

Y aludía a un puesto colonial portugués del siglo XVIII.

Más tarde, se instaló una prisión de esclavos

que eran llevados camino de Oriente para ser vendidos.

A finales del XIX, se sucedieron los misioneros

y los Sagrados Corazones hicieron de este lugar

un gran centro educativo.

La guerra acabó con aquello hasta que, en 2006,

los Sagrados Corazones volvieron para reconstruir la misión.

Cuatro años después, Chupanga vuelve a estar viva.

El amanecer aún está reciente

cuando un par de mujeres se poner manos a la obra.

Sobre el fuego de leña, en unas enormes ollas,

se disponen a preparar una especie de papilla

que la misión reparte entre los niños más pequeños.

Algunos de ellos no les importa esperar,

con su plato en la mano,

las casi dos horas que se tarda en cocinar lo que aquí llaman la papa.

Los pequeños, aunque no son huérfanos,

ya heredaron un hambre de siglos,

y saben que hoy, al menos hoy, van a comer algo.

(Niños cantando)

Y antes, la oración de acción de gracias.

Al escucharlos,

surgen las eternas preguntas que se hace un mundo saciado.

Una especie de letanía que termina siempre reclamando

el final de tanto dolor y tanta injusticia.

(REZAN CANTANDO)

(Alboroto)

Cada mañana se oficia el rito que aleja el fantasma del hambre.

Un espectro que siempre acecha en tantas y tantas tierras africanas.

Y el interior de Mozambique no es una excepción.

Aquí se vive de una agricultura de subsistencia,

siempre pendientes de los caprichos del tiempo

que, últimamente,

no tiene clemencia con las gentes de Chupanga.

Los tres años últimos han sido fatales.

Primeramente, inundaciones en el 2007

que perdieron todas las cosechas.

Estuvieron dependiendo de la ayuda humanitaria.

El 2008, de nuevo, inundaciones.

El 2009 ha sido un año de seca total.

Y que no han podido trabajar hasta ahora.

Ahora están intentando cultivar alguna cosa.

Entonces, está muy mal en todas las casas, muy mal.

Y muchos de ellos será la única comida que van a comer,

por lo menos, hasta la noche.

Y algunos, si tienen otra cosa,

un poco de harina por la tarde en casa lo máximo.

Germán Fresán es el único misionero español en Chupanga.

Este navarro lleva 40 años en África.

Estuvo, primero, en la República Democrática del Congo

durante 28 intensos años,

y después, llegó a Mozambique para poner en pie esta misión

que la guerra se había llevado por delante.

Germán es el clásico misionero todoterreno,

que lo mismo celebra una misa, organiza la parroquia,

construye casas o enseña a cultivar verduras.

Esto último es lo que está haciendo con un grupo de hombres de Chupanga,

a los que animó a crear una cooperativa agrícola.

Lo que aprendió junto a su padre

en aquella huerta de su infancia navarra,

lo ha puesto en práctica en una remota aldea de Mozambique.

Yo...

Era el primer hijo de la familia, entonces,

me gustaba desde pequeño todo lo que son animales

y la huerta.

Siempre acompañé a mi padre en el huerto

y me enseñó a colocar la cuerda.

Su hermano lo colocaba y lo hacía todo torcido,

y mi padre estaba negro.

Ver las cosas torcidas...

La huerta aquí parece un jardín, todo con líneas.

Por lo menos, haces un trabajo que es bonito, al mismo tiempo.

Quedas un poco satisfecho de que ves las cosas ordenadas y todo eso.

Y lo van aprendiendo bien, lo van aprendiendo.

Una decena de hombres forman la actual cooperativa.

El misionero,

además de ayudarles con el gasóleo y con el sistema de riego,

les enseña técnicas y conocimientos básicos

para el cultivo de diferentes tipos de hortalizas.

Germán es consciente de que la presencia misionera

en cualquier parte del mundo,

va unida al desarrollo de los pueblos.

No puedes evangelizar si no luchas contra el hambre.

Y esta es la mejor manera de luchar, enseñarles a llevar a casa

otro tipo de comida al que no están acostumbrados,

a criar animales, a pescar con métodos un poco más modernos.

Esta mañana, Germán ha quedado con un grupo de pescadores

que le ha encargado unas redes.

Aquí saben que siempre pueden contar con el padre,

que es alguien que se preocupa por ellos

y, si está en su mano, les facilita la vida,

ya de por sí demasiado dura.

Las aguas del Zambeze,

además de esconder peligrosos hipopótamos y cocodrilos,

son ricas en pesca.

Embarcados en unas primitivas y pintorescas canoas,

los pescadores de Chupanga extienden sus artes

y, afortunadamente, algo pueden coger.

(Música)

En la Isla de Mozambique, el tiempo parece haberse detenido.

Aquí llegó Vasco de Gama en 1498

hace más de 500 años.

De esa época son muchas de las construcciones

que aún se conservan. En su mayoría, edificios religiosos

construidos por los colonos portugueses.

Hoy, cinco siglos después,

la comunidad cristiana sigue muy viva en Mozambique.

La comunidad cristiana de la Isla de Mozambique es muy familiar.

Está formada, sobre todo, por los chicos y chicas

que han venido a estudiar aquí y que viven en los dos hogares

de la Iglesia católica.

El resto de los integrantes de la comunidad,

los que participan en la misa dominical,

son funcionarios que también han venido de fuera.

En la Isla de Mozambique también vive una comunidad de religiosas,

las Franciscanas de la Purísima Concepción.

Una congregación fundada por la española Paula de Jesús

en Murcia a finales del siglo XIX.

La comunidad está compuesta por tres religiosas.

La hermana Antonia es la primera española que llegó al país.

Eso fue hace 18 años.

Después de toda una vida trabajando como enfermera en hospitales,

casas sacerdotales y programas de protección a menores.

Desde que llegó a Mozambique, ha construido dos hospitales

que ha dejado funcionando en manos del gobierno.

Aunque está a punto de cumplir 70 años,

un día a la semana lo dedica a trabajar gratis

en uno de los hospitales.

El resto del tiempo lo pasa levantando obras sociales

y atendiendo a las niñas del hogar.

Todos saben que estoy feliz aquí y que mi pueblo es este,

que mi sitio es este para trabajar.

Yo me hice religiosa pensando en venir a las misiones.

Y pasaron 30 años casi

y no había manera.

Perdí la esperanza.

Y cuando yo perdí la esperanza, era la hora del Señor,

que dice: "No, ahora".

Entonces, mi superior me llamó: "¿Tú no querías ir a misiones?".

"Sí, pero como me han dicho que no lo pida más...".

"Pues prepara la maleta, que vas a África".

El Hogar Santa Marta alberga 45 niñas

de entre 12 y 22 años.

Como en el caso de los chicos,

la mayoría de las jóvenes proceden de comunidades del interior.

Las hermanas cuentan con la ayuda

de los dos sacerdotes de la parroquia.

La colaboración entre los cristianos en una sociedad de mayoría musulmana

obedece casi al instinto de supervivencia.

La gente cristiana vive en un medio islámico.

En cierta manera, se sienten asfixiados.

Tanto en el modo de vivir como en el modo de hablar.

Es fácil, por ejemplo, que digan: "Inshallah",

expresión islámica,

y no que digan: "Gracias a Dios", por ejemplo.

Porque sienten vergüenza.

(Música)

La Escuela Femenina de Nacala

es una iniciativa de las Misioneras Combonianas

que cuenta con el apoyo de las autoridades eclesiásticas

y civiles, pero, sobre todo, con el de las familias de la región,

que querían una escuela secundaria más completa para sus hijas.

Aquí se imparten los cursos que van desde Séptimo a Décimo.

Las alumnas tienen entre 12 y 16 años.

Una vez que acaban, pueden seguir estudiando durante otros tres años

el curso de técnico profesional de contabilidad y gestión.

Las chicas, en este caso, están entre los 17 y 20 años.

La Escuela Femenina de Nacala y su hogar están atendidos

por una comunidad de cinco misioneras combonianas.

La hermana Betty nació en Quito, Ecuador,

y lleva 10 años en Mozambique.

Estudió teología y periodismo.

Sus tareas pastorales han estado ligadas al ámbito educativo,

especialmente en escuelas comunitarias.

Betty sintió la llamada de Dios cuando conoció a monseñor Proaño,

el obispo de los indios y de los pobres.

El mayor problema de Nacala es el agua, y no solo para nosotras,

sino para toda la población de Nacala.

El agua aquí tenemos que comprarla.

La escuela está construida de una manera

para recoger el agua de lluvia.

Tenemos nueve cisternas y pensamos construir más.

Pero a veces la lluvia de cada año es insuficiente

para mantener a las 200 niñas que tenemos aquí.

La existencia de agua potable subterránea es casi nula.

La ciudad y las poblaciones de los alrededores

son abastecidas por un pantano, que no es suficiente

para una población que crece muy rápido.

El agua de lluvia es la única opción que tienen los más pobres

para sobrevivir.

De ahí la importancia de recoger las lluvias en cisternas y aljibes

entre diciembre y marzo

para poder abastecerse durante la estación seca,

que va de abril a noviembre.

Administramos de la siguiente manera.

Ellas tienen derecho solo a un cubo de agua por día.

Es poco, lo sabemos. Es muy poco.

Pero nosotros no tenemos condiciones para darles más

porque el agua es muy cara.

Y todo este tiempo hemos pasado comprando el agua.

Las Misioneras Combonianas se han tomado muy en serio

la promoción de la mujer.

En casi todas sus casas han habilitado un hogar

donde acoger a las niñas que no podían estudiar

porque en su aldea no hay colegio.

La Escuela Femenina de Nacala es la última etapa

antes de ir a la universidad o de insertarse en el mundo laboral.

Aquí, la convivencia de las chicas es buena.

Ellas son muy diferentes porque vienen de muchos lugares

del país, no solo de aquí del norte.

Tenemos también chicas que vienen del centro del país

y del sur del país.

Y Mozambique es un país muy grande y hay muchas culturas

y muchas etnias diferentes, lenguas diferentes,

religiones diferentes.

Nosotros sentamos que ellas respeten las diferencias.

Hacemos toda una formación con ellas

para que sepan acoger a la otra como es.

Hace casi 10 años que las cámaras de "Pueblo de Dios"

captaban el momento en el que el padre Eugenio

llegaba a Nacuxa.

Por aquel entonces, nos contaba cómo iba a plantar

la semilla del instituto agropecuario.

Hoy, el centro educativo Mártir Cipriano

es un auténtico vivero de líderes.

El proyecto del Instituto Agropecuario de Nacuxa

surge en 2005.

Con él, la diócesis de Nacala y los misioneros paúles

quieren dar respuesta a tres necesidades

del pueblo macúa que habita la región.

Por un lado, estaba el hambre cíclica

que sufre el norte de Mozambique.

En segundo lugar, había una ausencia total

de formación técnica agropecuaria.

Y por último, estaban las ruinas de la antigua misión

de los combonianos, que disponía de los recursos necesarios

para sacar adelante el proyecto.

El instituto nació en el momento adecuado.

En un momento donde iba a surgir el deseo de producir mucho más,

de ser punteros en la revolución verde

y en una lucha por la autosustentabilidad

productiva del país, alimentaria del país.

Las autoridades nos apoyaron mucho.

Aunque el contexto inmediato estaba expectante.

Cuando vino el presidente de la república a visitarnos,

le dijo al pueblo: "Algunos se ríen de nosotros,

pero yo os convido a enviar a vuestros hijos al instituto.

Hay que aprender a producir mucho y a producir bien".

El padre Eugenio es un asturiano de Gijón

que creció en una familia cristiana.

Desde niño, quiso ser sacerdote.

Pero no había pasado por su cabeza venir a la misión.

Comenzó a estudiar en el seminario diocesano

para ser cura en Asturias.

Y acabó siendo misionero en Mozambique.

Bom dia. (TODOS) -Bom dia.

El padre Eugenio compagina la dirección del instituto

con la atención a la parroquia de San José de Matibane

y sus 16 comunidades campesinas.

Viví en una parroquia de paúles en Gijón,

la parroquia de La Milagrosa de Gijón la llevaban los paúles.

Allí fui bautizado, hice la primera comunión,

confirmación, la vida cristiana...

Y se murió un compañero paúl,

y una hija de la caridad me dice: "¿Por qué tú no eres paúl?".

Yo estaba en el seminario diocesano, y fruto de esa muerte me hice paúl.

(HABLAN EN PORTUGUÉS)

A mí me hace mucho bien celebrar la eucaristía.

Siempre me renueva.

Es una de las cosas más gratificantes de la vida de un sacerdote,

por lo menos en la mía.

La parroquia de Matibane está en un ambiente

donde mayoritariamente son musulmanes,

pero las comunidades cristianas, desde la independencia,

es el núcleo básico donde vive la fe cada uno de los bautizados.

Entonces, cada comunidad tiene una capilla como esta,

que es la comunidad de Nauripi, y está en el centro de la parroquia.

Todas las otras 16 comunidades

pueden venir caminando aquí más o menos en una hora.

(Música créditos)

Pueblo de Dios - Mozambique misionero

24:32 07 may 2017

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