Dirigido por: Julián del Olmo

El rastro de Dios, que el programa va siguiendo, le lleva a descubrir la infinidad de campos en los que la Iglesia está comprometida: pobreza, enfermedad, ancianidad, cultura, arte, vida contemplativa, minusvalías, juventud, campos de refugiados, niños de la calle, Sin Techo y Sin Tierra, mutilados de las minas antipersona, grandes catástrofes humanas, naturales o provocadas, etc.

Pretendemos hacer una comunicación que muestre el rostro de una Iglesia samaritana y provoque en la audiencia comunión, solidaridad y compromiso con los más desvalidos de nuestra sociedad y de nuestro mundo.

Nos aplicamos las palabras de Juan Pablo II: "Cada día, los medios de comunicación social llegan a nuestros ojos y a nuestro corazón, haciéndonos comprender las llamadas angustiosas y urgentes de millones de hermanos menos afortunados, perjudicados por algún desastre, natural o de origen humano; son hermanos nuestros que están hambrientos, heridos en su cuerpo o en su espíritu, enfermos, desposeidos, refugiados, marginados, desprovistos de toda ayuda; ellos levantan los brazos hacia nosotros, cristanos que queremos vivir el Evangelio y el grande y único testimonio del amor". (Juan Pablo II. Cuaresma de l986).

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Para todos los públicos Pueblo de Dios - Hospitalidad sin fronteras - ver ahora
Transcripción completa

(Música cabecera)

(Música cabecera)

(Música)

Un programa como "Pueblo de Dios", que nació hace 35 años,

ha sido testigo de cómo han surgido en el seno de la Iglesia

muchas iniciativas sociales.

Han sido proyectos que tenían como objetivo

luchar contra la pobreza

y favorecer el desarrollo de los más empobrecidos.

Hoy, contamos el caso de una de estas instituciones,

empeñada en hacer crecer en todos los continentes

la semilla de la hospitalidad.

(Música)

La ONG Juan Ciudad,

fundada por la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios en España,

cumple 25 años de vida.

Nuestro archivo está lleno de imágenes de lugares de África,

Asia o América, donde Juan Ciudad desarrolla sus proyectos.

La ONG se creó, como ellos cuentan,

para proporcionar unos niveles dignos de salud y bienestar social

a aquellas personas que viven en regiones desfavorecidas del mundo

y que carecen de acceso a servicios de atención sociosanitaria

por diversos motivos.

Pobreza, desastres naturales, conflictos...

Los servicios centrales de Juan Ciudad

están en el complejo sociosanitario

que la Orden Hospitalaria tiene en Madrid,

y donde se encuentran, entre otros, el hospital de San Rafael

y el albergue de San Juan de Dios.

Un pequeño grupo de profesionales trabaja en las diferentes áreas.

Proyectos de cooperación, voluntariado, ayuda humanitaria,

comunicación, sensibilización y secretaría técnica.

En estos 25 años,

se han hecho más de mil proyectos en 27 países.

Se puede afirmar que aquella idea inicial

de los Hermanos de San Juan de Dios fue realmente exitosa.

Cada provincia tenía una Oficina de Misiones,

que llamábamos entonces,

donde hacíamos cooperación internacional,

pero de un modo más como se hacía al principio.

Lo que tratamos es unirnos las tres provincias

para hacer esta cooperación internacional,

porque así uníamos sinergias, uníamos dirección,

y también teníamos la contraparte,

que eran también hospitales nuestros en África, en América o en Asia.

En la jerga de la cooperación internacional,

las contrapartes son aquellas instituciones

que reciben la ayuda de las ONG

y se encargan de llevar adelante el proyecto.

En el caso de Juan Ciudad, sus contrapartes son los centros

que la Orden Hospitalaria tiene repartidos por el mundo.

Es decir, desde allí se solicita la ayuda,

y aquí la ONG busca los fondos para hacer realidad la petición.

El hecho de que los responsables de cumplir con el cometido

sean los propios hermanos

genera gran confianza entre los donantes

por el prestigio de la orden.

(CANTAN EN SU IDIOMA)

-Sin este contexto histórico y de carisma

que tenemos los Hermanos de San Juan de Dios,

pues Juan Ciudad no significaría nada.

A mí me gusta recalcar esto, porque somos lo que somos

gracias a lo que han sido y son los Hermanos.

-A veces, cuando hablamos de las ONG, decimos que son... asépticas.

Yo digo que todas están bautizadas.

Y la nuestra está bautizada por la hospitalidad.

Yo creo que eso es lo que da confianza a la gente.

Una cosa importante que tenemos nosotros, me parece,

que trabajamos con nuestras contrapartes,

que es una garantía.

La gente que conoce a los Hermanos sabe que con Juan Ciudad

se llega al sitio, se llega al destino.

Se aprovecha lo que se hace.

Los voluntarios se encuentran en un ámbito

que ellos ya han conocido si pertenecen a la familia

hospitalaria de San Juan de Dios,

o al menos saben que se ejecuta en la forma que lo hace

la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.

En ese sentido, yo creo que eso nos identifica mucho

y que ayuda a que la gente confíe.

Juan Ciudad cuenta con casi mil socios repartidos por toda España.

Los socios son personas físicas o jurídicas,

como los centros de la Orden,

que se comprometen a contribuir periódicamente

para apoyar y sostener las actividades de la ONG.

También hay donantes y bienhechores que apoyan las actividades

y proyectos de forma esporádica.

La base social es imprescindible para que cualquier ONG

lleve a cabo los objetivos que se ha propuesto.

La mayoría de las ONG se dedican igual a la emergencia,

al desarrollo, a la educación.

Juan Ciudad aporta eso, la salud;

y dentro de la salud, la salud mental.

Diríamos que la salud mental, o la enfermedad mental,

es la pobre entre las pobres.

Que la salud mental es la más maltratada de todas las patologías

es un hecho que hemos comprobado a lo largo de los viajes

que el programa ha realizado por el mundo para tratar este tema.

Hace ya 14 años, fuimos a México a contar el trabajo

que los Hermanos de San Juan de Dios hacían en el Distrito Federal.

También visitamos el sanatorio que la orden mantiene en Zapopan,

muy cerca de Guadalajara.

Uno de nuestros últimos reportajes sobre el trabajo de Juan Ciudad

y el apoyo a la salud mental lo hicimos en Piura,

al norte de Perú. Allí, los Hermanos tienen abierto

el Centro de Reposo San Juan de Dios,

uno de los pocos lugares del norte del país

donde las personas con enfermedad mental

son atendidas con gran profesionalidad.

Hoy en día, solo la mitad de la población mundial

tiene acceso a tratamientos para trastornos mentales graves

en atención primaria,

lo que no implica que ese tratamiento

sea efectivo e integral.

Hay países en vías de desarrollo donde el 90 % de las personas

con enfermedad mental no reciben tratamiento.

Juan Ciudad, dentro de su trabajo de sensibilización,

está concienciando sobre la necesidad de promover

la salud mental como elemento indispensable

para el desarrollo integral de cualquier sociedad.

Una dificultad que hemos tenido siempre es la salud mental.

Se daban ayudas para todo tipo de proyectos,

pero lo que tenía que ver con salud mental no se reconocía.

Eran el descarte de la sociedad.

En la medida que nosotros como Hospitalarios,

como Hermanos de San Juan de Dios,

como una organización de los Hermanos,

trabajamos con este tipo de personas,

estamos ayudando a que el enfermo sea atendido.

A que esta persona, que es descartada,

tenga derecho a vivir de una manera más digna,

e incluso políticamente reconocido, porque recibe subvención

para poder desarrollar proyectos en favor de este tipo de personas.

África subsahariana es una región especialmente cuidada

por los proyectos de Juan Ciudad.

La razón es sencilla.

Las carencias con las que cuentan países como Ghana, Benín,

Sierra Leona, Camerún, Senegal o Mozambique,

donde la Orden Hospitalaria está presente.

En términos generales, el estado sanitario de la población africana

se caracteriza por una fuerte incidencia

de las enfermedades infectocontagiosas.

En el caso concreto de la malaria, por ejemplo,

esta provoca la muerte en un millón de personas al año.

El 90 % de ellas, en África.

También hay que anotar la alta prevalencia

de la malnutrición en niños

y la elevada mortalidad maternoinfantil.

A las enfermedades endémicas tropicales propias de la región

se suman enfermedades casi erradicadas

en otras regiones del mundo, como la tuberculosis,

o bien altamente controladas, como el sida.

En 2013, un equipo de nuestro programa visitó el hospital San José

en Monrovia, Liberia,

para contar las celebraciones con motivo de su cincuentenario.

Nadie podía imaginar que unos meses después

una de las mayores tragedias sanitarias

marcaría para siempre la historia de ese rincón de África.

El hermano Miguel Pajares, el hermano Patrick,

la hermana Chantal y otros muchos a los que habíamos conocido

murieron al año siguiente.

En marzo de 2014,

se declaró la epidemia de ébola en Guinea-Conakry,

y pronto pasó a países como Sierra Leona y Liberia.

La Orden Hospitalaria y la ONG Juan Ciudad

lanzaron la campaña "Paremos el ébola en África del oeste"

tras la petición de ayuda de los hospitales de Lunsar

y Monrovia.

El ébola nos rompió el corazón.

El corazón de la misión, que era la comunidad de hermanos.

Y es que los tres hermanos que había allí murieron.

Y así es como cuando fueron de aquí,

cuando decidimos de aquí,

después de todo el problema que hubo aquí, en España,

con la venida de los misioneros infectados de ébola,

los que se habían quedado allí se sentían un poco abandonados.

Y me comentaban ellos

que cuando llegó allí el hermano Agustino,

Roberto y la hermana María Ángeles,

ellos vieron abrirse una ventana de esperanza

porque realmente pensaban que no íbamos a ir allí.

Pero yo creo que supimos dar respuesta.

No nos entendió todo el mundo de la misma manera.

Todavía hay gente que no entiende cómo actuamos.

Yo sí que quiero aprovechar esta ocasión

de dar las gracias a la sociedad española,

también al Gobierno español, porque ellos nos apoyaron mucho,

y luego hemos podido, gracias a todos,

restablecer y reabrir los hospitales.

Y hoy en día podemos decir con orgullo

que los hospitales están funcionando,

adaptados a una nueva situación, porque la situación es distinta,

y aunque no hay ébola, pero se han tenido que adaptar

para impedir que, si un día surge el ébola,

no entre a los hospitales y no mate a nadie

que se necesita para que atienda a los enfermos de ébola.

Hace 10 años, visitamos uno de los hospitales

que también sufrió el azota del ébola,

el de Lunsar, en Sierra Leona.

Allí conocimos al hermano Manuel García Viejo,

que fue repatriado ya muy enfermo a causa del virus

y falleció en Madrid en aquel trágico verano de 2014.

(HABLA EN INGLÉS)

-El hermano Manuel, yo siempre lo digo,

a mí me impresionó por su bondad.

Es una de las mejores personas que yo he conocido.

La verdad es que transmitía esa bondad.

Y trabajador incansable.

No había sábados ni domingos ni fiestas de guardar.

Estaba todos los días a todas las horas en el hospital.

Y aunque estuviera muy cansado,

siempre tenía un momento para estar con nosotros,

que éramos los voluntarios.

Para jugar contigo, tomarse una Coca-Cola,

o lo que fuera.

Realmente es una persona que no deja indiferente.

Y allí, en el hospital de Sierra Leona,

la falta de Manuel se nota mucho.

La gente lo echa muchísimo de menos.

Quien habla así es Ana Ortega,

anestesista pediátrica en el madrileño Hospital de La Paz.

Ana es una de las muchas voluntarias que han colaborado con Juan Ciudad

yendo a hacer su trabajo fuera de nuestras fronteras.

En su caso, a Sierra Leona.

La ilusión de mi vida desde que era estudiante

era, cuando tuviera una experiencia, poder ir a trabajar a África

en mis periodos de vacaciones o cuando fuera.

Y el contacto con los Hermanos de San Juan de Dios

es porque yo trabajaba en el hospital de Barcelona con ellos.

Entonces, fue muy fácil.

A través del programa de hermanamiento

y del hermano Fernando Aguiló se dio la oportunidad de ir

el primer viaje a Sierra Leona en el 2007.

Y a partir de entonces, hasta hoy ha sido así.

He seguido más o menos viajando con diferentes organizaciones,

y con los Hermanos de San Juan de Dios

he viajado en tres ocasiones a Sierra Leona.

La última, hace un año escasamente.

La diferencia es ir con una organización religiosa

a ir, a lo mejor, un grupo de médicos digamos seglares.

Pues no tiene nada que ver.

Cuando tú llegas a un hospital de los Hermanos,

todo tiene una organización.

Los hermanos que trabajan allí todos están para lo mismo,

que es para trabajar para los enfermos, para el hospital.

Se preocupan mucho del voluntario que va,

que no le falte de nada, que esté cómodo, que esté tranquilo.

Y las cosas que necesites para trabajar, todo te lo ofrecen.

Es distinto cuando vas a un hospital

que no está gobernado por una orden religiosa.

Sobre todo, con los Hermanos, pues esa hospitalidad

para mí es lo que les define.

Y que son trabajadores incansables con los enfermos.

Se dedican, desde que se levantan hasta que se acuestan,

los ves a todos los hermanos que están en el hospital.

O haciendo cosas para la gente del hospital.

Y eso, cuando uno va ahí a trabajar, se siente muy arropado también.

Además, ves que aunque vayas una semana o diez días,

un poquito de lo que tú has hecho allí

sabes que va a tener un seguimiento de alguna manera

de los pacientes que dejas, que van a estar muy bien cuidados.

En el voluntariado internacional de Juan Ciudad

participan personas afines a los objetivos

y los criterios de la ONG.

Tras cumplir con los requisitos y la formación necesaria,

se desplazan para implicarse en acciones y proyectos

que los centros de San Juan de Dios hacen para la promoción de la salud.

¿El aspecto del parénquima hepático te parece normal?

-Lo que faltan muchas veces son cosas materiales.

Pero no cosas materiales de: "Nos vamos a llevar

el megaaparato de hacer laparoscopia". No, no.

Lo que necesitas son monitores tan sencillos como estos

o equipos de suero.

O una aguja para pinchar una vena.

Siempre hay mucha gente dispuesta a ir a África,

y cuanta más, mejor.

Pero muchas veces lo bonito de ir allí

es que tú le puedas enseñar al que se queda

a que haga lo que tú estás haciendo más o menos,

pero, sobre todo, lo que yo más echo de menos

son los recursos materiales sencillos, los simples,

no el llevar grandes cosas.

Y sí, claro, como siempre, hay que animar a la gente a que vaya.

No hace falta que uno vaya en persona,

sino que a lo mejor se apoyen determinadas organizaciones

o fundaciones que hacen viajes regulares allí.

El haber podido ir allí

y haber podido hacer algo por alguien,

aunque sea una cosa muy pequeña, pues eso queda en tu vida.

Y ese agradecimiento y esa satisfacción tuya como persona

de ser humano que ha estado al lado de otro ser humano,

es esa emoción que ya te queda, como digo yo, en tu bagaje personal.

Eso ya no se olvida.

Los proyectos de Juan Ciudad se iniciaron en África

y América Latina, respondiendo a las necesidades que llegaban

de los centros hospitalarios de la orden.

Pero, poco a poco, los planes de cooperación

se extendieron también hacia territorios asiáticos.

Me tocó viajar a Vietnam, a Filipinas y a Timor.

Y la India.

Allí descubrí que hay una realidad que la ONG podía seguir ayudando.

Desde esa dimensión, ya más a nivel de orden,

se hizo una invitación para que conocieran esa realidad.

Y hoy en día es un hecho.

La ONG colabora con la India,

ha tenido alguna actuación con Filipinas, concretamente,

donde la misión de la institución en hospitalidad

se vive de una forma distinta a como la entendemos en Europa.

Gracias al empeño de la dirección de Juan Ciudad,

se consiguieron los permisos necesarios

y un equipo de nuestro programa pudo viajar a India hace un año

para conocer los proyectos que la orden está poniendo en marcha

en aquel país.

Allí mostramos la obra hospitalaria de Kattappana,

un gran complejo social, educativo y sanitario.

Los Hermanos, que llegaron a este lugar

a finales de los años 60, han trabajado duro

para conseguir levantar el hospital con más de 400 camas

y muy bien equipado.

El centro ha cubierto la atención sanitaria de esta región,

completamente abandonada hasta que llegaron los Hermanos.

El reportaje hecho en India mostró también la figura

del hermano Fortunatus Thanhäuser.

Este religioso alemán llegó a finales de los 60 a esta tierra

y aquí vivió y trabajó durante 36 años.

Con la ayuda de los Hermanos en Alemania

y en otros países europeos y grandes dosis de trabajo,

el hermano Fortunatus lideró la obra social y sanitaria de la orden.

Tras su muerte en 2005, la fama de santidad del religioso

se ha extendido por toda la región.

A diario, su tumba es muy visitada;

y cada miércoles, tras la misa de la mañana,

los fieles se dirigen al pequeño cementerio junto al hospital.

Allí rezan y recuerdan a este misionero carismático.

De aquella visita a India recordamos a la pequeña Umai Maya,

de 12 años, y que llevaba cinco siendo atendida por los Hermanos.

Umai tiene parálisis cerebral

y, como el resto de los alumnos de la escuela, situada en Belur,

disfrutaba de su día entre un grupo de profesionales

del centro de educación especial.

Este se puso en marcha en 1998

gracias al empeño y la determinación de los Hermanos de San Juan de Dios.

Cuando los Hermanos visitaron esta zona,

se dieron cuenta de la situación que vivían muchas personas

con discapacidad psíquica

o con diferentes trastornos neurológicos como el autismo.

La expansión de la Orden Hospitalaria en India

requería responder a este reto, y así lo hicieron.

Al principio, con cinco alumnos,

hasta que, en 2003, se abrieron las actuales instalaciones.

Muy lejos de India, en la clínica de San Juan de Dios en Iquitos,

al norte de la selva peruana, conocimos a Carlos,

un pequeño que vive en un poblado nativo

y que había sufrido un grave accidente.

El río había crecido.

Su madre y él tuvieron que tomar un camino sobre troncos.

Cayeron, y el niño se dio un fuerte golpe en la cabeza.

Un turista de los muchos que frecuentan la zona

se dio cuenta de la situación de Carlos y lo envió a la clínica.

El accidente le produjo un grave daño cerebral al pequeño.

Quisimos conocer de primera mano la realidad de Carlos

y de su abuela.

Para ello, navegamos por el río Nanay,

uno de los grandes de esta región amazónica.

Entramos en el territorio del grupo nativo Bora.

El camino hasta llegar al poblado de Carlos no fue fácil.

Las torrenciales lluvias amazónicas

habían dejado los senderos embarrados.

En el poblado de Padre Cocha,

conocimos cómo vivían Carlos y su abuela,

quien, gracias a una silla de ruedas que le regalaron,

podía pasearlo por el lugar.

Y el pequeño se entretenía viendo a otros niños.

La mayor parte de los fondos que Juan Ciudad emplea

en sus proyectos, a día de hoy, provienen de donantes y bienhechores

que confían en el trabajo de esta ONG.

En épocas pasadas, también provenía la ayuda

de más instituciones públicas.

Han sido años oscuros.

El Gobierno, podemos decir que desmanteló la cooperación.

Si a eso le añadimos que en los mejores tiempos

nunca España ha aportado el 0,7 %,

hemos llegado, yo creo, a un 0,5 como mucho,

hemos tenido que aprender a trabajar con menos recursos

y también hemos aprendido que tenemos que diversificar los financiadores.

En unos locales de la Fundación San José,

en el barrio madrileño de Carabanchel,

Juan Ciudad tiene el gran almacén donde guardan y, posteriormente,

envían en contenedores gran cantidad de ayuda.

Se trata, sobre todo, de material quirúrgico y hospitalario.

Equipamiento, medicinas, productos de higiene y limpieza,

y alimentos.

Normalmente, la ONG envía dos contenedores al mes.

El pasado año, enviaron productos por un valor de 1 300 000 euros.

El contenedor que cargan esta mañana es de los grandes.

Caben 24 toneladas

y va dirigido al hospital de Asafo, en Ghana.

En los 25 años de vida de la ONG, se han enviado 650 contenedores.

Alfonso, que lleva 18 años trabajando en el almacén,

se jubiló hace unos meses.

Sin embargo, le faltó tiempo para seguir como voluntario.

Unos 500 contenedores ha cargado Alfonso en estos años.

He estado tanto en África como en Latinoamérica,

y las casas de allí,

los productos que mandamos de aquí, que se manda de todo,

pues es muy necesario.

Primero, porque allí en muchos sitios no lo encuentran.

Segundo, es carísimo y no lo pueden comprar.

Entonces, la ayuda que hacemos desde la ONG

de los Hermanos de San Juan de Dios Juan Ciudad,

es muy necesaria y muy valiosa.

En nuestro viaje a Sierra Leona,

fuimos testigos de cómo el contenedor llegaba.

Como sigue llegando a día de hoy

la ayuda que se gestiona desde Juan Ciudad.

Si no existiese Juan Ciudad, habría que crearla.

Porque no es cuestión de triunfalismos,

sino es cuestión de necesidades.

La verdad es que la brecha del desarrollo,

la brecha de la pobreza, no disminuye,

sino que está aumentando.

(Música)

Ahora se cumplen 25 años de su creación.

Es momento de darles las gracias en nombre de tantos

que se beneficiaron de esa hospitalidad sin fronteras.

(Música)

Pueblo de Dios - Hospitalidad sin fronteras

26:31 26 mar 2017

La ong Juan Ciudad, creada por la Orden Hospitalaria en España, cumple 25 años. En este tiempo, se han realizado más de mil proyectos, han colaborado 750 voluntarios y se han enviado 650 contenedores de ayuda humanitaria a países de África y América Latina.

La ong Juan Ciudad, creada por la Orden Hospitalaria en España, cumple 25 años. En este tiempo, se han realizado más de mil proyectos, han colaborado 750 voluntarios y se han enviado 650 contenedores de ayuda humanitaria a países de África y América Latina.

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