PARAÍSOS CERCANOS es una producción documental de Televisión Española que sigue la tradición de las narraciones clásicas de la literatura de viajes, la que nos hizo descubrir nuevamente las tierras de Granada de la mano Gerald Brenan, o conocer la magia de las islas griegas leyendo a Lawrence Durrell.

PARAÍSOS CERCANOS acerca los países a la curiosidad de un futuro viajero.

Le sugiere destinos a la medida de sus posibilidades, pero también a la medida de su imaginación porque, además, PARAÍSOS CERCANOS quiere llegar a la gente que no podrá desplazarse a los lugares que proponemos.

PARAÍSOS CERCANOS transmite al espectador el placer del viaje y anima a los que quizá no hayan ido más allá de una playa del Mediterráneo, a entrar en una oficina de turismo y pedir un mapa.

Ese siempre será el primer paso para empezar un viaje. Un viaje que no importa cuan lejos sea porque, por encima del destino, está el camino a recorrer.

Por encima de lo imaginado está la sorpresa. Aunque sólo nos desplacemos unos kilómetros, habremos ganado un territorio que agranda las fronteras de nuestra experiencia.

PARAÍSOS CERCANOS se produce y emite desde hace años y cada temporada ofrece una remesa de nuevos documentales.

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Subtítulos de Paraísos cercanos - Madeira, la isla verde

Navegamos hacia una isla en medio del Atlántico, al norte de las Canarias. Su nombre evoca frondosidad, exuberancia. Al acercarnos, el contraluz del atardecer nos hace vislumbrar una silueta de tierra. Apreciamos la costa vertical, pequeñas poblaciones salpicando la cubierta vegetal. La isla verde. Jardín flotante en el paraíso. La perla del Atlántico. Es Madeira. Música En medio de un anfiteatro natural, se asienta la capital de Madeira: Funchal. Cinco siglos atrás, colonos portugueses llegaron a este lugar, a esta bahía soleada y brillante. Aquí crecía con abundancia el hinojo. "Funcho", en portugués. Por eso, se le di el nombre a la nueva ciudad: Funchal. Con los años, creció la población gracias a la situación estratégica. La isla de Madeira, a 900 kilómetros de Lisboa, estaba en ruta hacia las colonias portuguesas de África, Oriente y América. En consecuencia, la ciudad y, en especial, su puerto fueron debidamente protegidos por fortalezas. La del Pico. De San Lorenzo. Y Santiago. Posteriormente, fue el comercio internacional de productos tropicales lo que atrajo la atención sobre Madeira. Un fenómeno más moderno, el turismo, ha terminado de conformar la isla. Estos cambios no han conseguido cambiar el alma de su capital. Funchal se conserva como en siglos pasados, cuando venía la aristocracia europea para experimentar la lujuria del trópico, el paraíso en la Tierra. Sin embargo, el Funchal actual difiere mucho del de antaño, el de los campos de hinojo. Hoy en día, Funchal es una ciudad tradicional y moderna de unos 100 000 habitantes. Capital y mayor localidad de Madeira. El resto de la población hasta llegar a los 250 000 habitantes, se sitúa en pequeñas localidades desperdigadas por el litoral. Especialmente, en la costa sur. En el centro de la isla y en la costa norte, las poblaciones son más escasas y pequeñas al estar sometidas a las inclemencias provocadas por la altura o el viento y el mar. la isla fue descubierta por el portugués Joao Gonçalves Zarco en el año 1421, 71 años antes del descubrimiento de América. El capitán portugués encontró un territorio colonizado por grandes bosques. De ahí su nombre: Madeira. A partir de entonces, la historia y vida de sus habitantes está ligada a la de Portugal. Lo portugués marca. Y la capital de la isla, Funchal, es el mejor ejemplo de ello. En la actualidad, Madeira es una de las regiones autónomas de Portugal. En la céntrica e histórica plaza del Municipio, junto al ayuntamiento, 150 años después de su creación en 1569, la Compañía de Jesús estableció un colegio. Y, como es lógico, el edificio respondió al estilo imperante en Lisboa, el manuelino, en honor al monarca Manuel I de Portugal. En esta corriente artística, la arquitectura no enmascara la estructura del edificio. Arcos, bóvedas y volúmenes se muestran de forma simple y funcional. En contraste, la pintura decorativa es intensa. La utilización de azulejos proporciona luminosidad y color a los elementos geométricos o figurativos que conforman un entorno exuberante. Cerca del colegio de los jesuitas, tenemos otro importante edificio histórico. La catedral de Funchal, llamada la Sé. Construida a principios del siglo XVI, la edificación siguió el estilo marcado por la metrópoli. Las piedras de mampostería usadas son de origen volcánico, material abundante en la isla que contrasta con las paredes encaladas. A partir del siglo XVI, Funchal pasó a convertirse en un importante puerto entre Europa y las colonias. Se transformó rápidamente en una ciudad próspera desde la que embarcaba la producción de azúcar y vino, principales productos de exportación de la isla. Funchal sigue siendo el lugar natural de entrada y salida de viajeros y productos de Madeira. El puerto no es el único lugar por el que se desarrolla esa actividad. El moderno aeropuerto de Funchal ha tomado el relevo. Sobre la base del turismo, tres millones de visitantes al año, se desarrolla un sector que ocupa a tres de cada cuatro madeirenses. Madeira forma parte de un archipiélago en el Atlántico. Es la mayor de las islas. Tiene 57 kilómetros de largo y un ancho máximo de 22 kilómetros. La isla de Porto Santo está a 40 kilónetros de Madeira y es la segunda en superficie. Existen dos grupos de islas deshabitadas de mucho menor tamaño. Todo el archipiélago es de origen volcánico. La isla de Madeira emergió del mar hace ocho millones de años como consecuencia de la erupción de tres volcanes. Su costa presenta las muestras de aquel choque entre tierra y mar. La temperatura del agua, influida por la corriente del Golfo, oscila entre 26 grados en verano y 17 grados en invierno. La posición geográfica del archipiélago, subtropical, favorece un clima con predominio de temperaturas suaves y agradables. Unido a la humedad del mar, favorece una espesa vegetación. La topografía de Madeira es montañosa. Los restos de los tres extintos volcanes han dado paso a un macizo que desciende abruptamente desde 1862 metros hasta el mar en apenas 10 kilómetros. El centro de la isla es una gran meseta despoblada que en invierno, se cubre de nieve. Aquí, el clima subtropical se vuelve alpino. La altitud y el viento hacen que la vegetación sea rala. El extremo este de la isla contrasta con la exuberancia del resto de la misma. En la punta de San Lorenzo, el protagonista es el mar. La costa, sin la protección que ofrecen las altas montañas, es barrida por el viento y azotada por el agitado mar. Solo la pequeña población de Caniçal, protegida de los vientos del norte, permanece como lugar habitado. En el extremo contrario, en el oeste, el faro de Punta de Pargo ilumina hacia América. Durante 70 años, este fue el lugar conocido más a occidente del mundo. Más allá, solo quedaba América por descubrir. Las altas cumbres retienen los frentes atlánticos. La lluvia está presente en casi todos los meses del año. Estas precipitaciones, al descender, se vuelven torrenciales y se precipitan al mar por empinadas laderas. La fuerza hidráulica excava la tierra y socava el terreno produciendo las conocidas "ribeiras". Estos profundos barrancos se extienden alrededor de la isla conformando la orografía madeirense. Cuando llega la lluvia, los cauces provocan el asentamiento de los sedimentos en la costa. Su acumulación en la orilla del mar crea unas características lagunas litorales que muestran la contraposición de fuerzas entre el mar y una costa que trata de asentarse con los materiales que arrastran los fenómenos meteorológicos. Los hombres y mujeres de Madeira, prestos a aprovechar las facilidades de la naturaleza, han construido sobre esta tierra huertos y, en ocasiones, pequeños asentamientos que muestran el aprovechamiento del entorno por parte de quien no tiene más que lo proporcionado por la naturaleza. Sobre este territorio, se ha forjado una sociedad que ha hecho del aprovechamiento y conservación de sus recursos la base de su prosperidad. De los 741 kilómetros cuadrados de la isla, dos terceras partes están catalogadas como reservas naturales. Los bosques de laurisilva, húmedos y muy densos cubrían la isla antes de que los colonizadores los incendiasen para establecer granjas y cultivos. Por la conservación y riqueza biológica, mucha de ella endémica, los bosques de laurisilva de Madeira fueron declarados patrimonio de la humanidad en 1999. Hoy, conscientes de su importancia, los habitantes de la isla los cuidan y contribuyen a su propagación. Los eucaliptos, que fijaron un terreno erosionado, están siendo sustituidos por especies que compusieron los originales bosques autóctonos. Los madeirenses cuidan esta valiosísima herencia que hace de la isla uno de los lugares del mundo con las biodiversidad. De su riqueza natural, forma parte un abanico de plantas exóticas. La mayoría proviene de varias partes del mundo, traídas por comerciantes y marineros de vuelta a casa. En el Jardín Botánico de Funchal, se cultivan más de 2000 especies de todo el mundo. Aquí, estas plantas foráneas encontraron un hábitat similar a su ambiente original. Se adaptaron y prosperaron. Las benefactoras condiciones de clima y humedad hacen que las plantas se desarrollen en un ciclo natural casi carente de estaciones. Este hecho favorable ha propiciado que los habitantes de la isla manifiesten una pasión por la belleza de las flores y el cuidado de sus jardines. Los jardines aquí son algo más que una afición. Algunos de ellos, pertenecientes a ricos comerciantes o propietarios, como el Monte Palace, están abiertos al público y son punto de encuentro de ociosos e interesados por el tema. Recorriendo sus caminos, nos sumergimos en un entorno de gran belleza. Proliferan las especies tropicales y autóctonas integradas en entornos armónicos. El encuentro con rincones inspirados en Oriente es un aliciente más para continuar recorriendo los 80 000 metros cuadrados. La costa de Madeira es abrupta, dominada por altos acantilados. Las playas, escasas y pequeñas, son de bolos y arena negra. Solo la playa artificial de Machico es de arena procedente de Marruecos. Aquí están algunos de los acantilados más altos de Europa. También es posible observar cascadas que se precipitan en el mar. Estos puntos de interés congregan a los visitantes que se desplazan por la isla realizando paradas intermitentes para contemplar el paisaje mientras dejan correr el tiempo hasta la siguiente parada contemplativa. La altura atrae al hombre. Esta costa vertical, peligrosa, que dificulta la llegada por mar, no es apta para el turismo de sol y playa. Pero el madeirense ha encontrado una forma de, respetando la costa, poder disfrutar del mar. En Puerto Moniz, en el extremo noroeste de la isla, ha creado piscinas marinas. Aprovechando el pie erosionado de antiguos acantilados, ha construido diques que remansan el agua sin impedir una renovación constante. Así ha posibilitado el baño sin peligro en un mar bravo y profundo. Y ha construido un entorno de gran belleza que recuerda los jardines orientales de agua y piedra. Madeira es uno de los pocos sitios en el mundo donde no hace falta subir a un barco para ir a los puntos de buceo. Al ser la isla la cima de los sumergidos volcanes, el fondo marino desciende de forma abrupta y permite alcanzar grandes profundidades cerca de la costa. A él se han adaptado especies tropicales y subtropicales que atraen a submarinistas de todo el mundo en cualquier época. Para los que lo prefieran, en el acuario de Puerto Moniz, el visitante puede conocer y observar cómodamente una amplia representación de la fauna marina del archipiélago. La lluvia llega a la isla desde el norte. Así que la cuenca sur, más bonancible en temperaturas, es también la más seca. Para compensar este desequilibrio, se han construido levadas desde hace 500 años. "Levada", en portugués, significa llevar. Estas acequias recogen el agua de las cumbres y la llevan a la zona sur, hacia las áreas cultivables. No solo la trasladan. Le quitan su fuerza devastadora al discurrir por desniveles pequeños. Esta es una de las característica de los pobladores: su capacidad de adaptación al entorno, aprovechándolo en su favor e intentando no alterar su esencia. Hay más de 2000 kilómetros de levadas que constituyen uno de los atractivos de la isla. Las hay por todas partes. Las sendas que corren de forma paralela a los cauces son caminos que los turistas aprecian. Discurriendo entre bosques de una naturaleza preservada, el "trecking" o, más sencillamente, los paseos se hacen amables gracias a la información sobre su dificultad, distancia y puntos de avituallamiento o interés para el visitante. El agua, que de forma abundante está presente en la isla, se concentra en los lugares altos. Es utilizada en la actualidad para generar energía hidráulica. No se le priva al líquido elemento de su fuerza al caer. En la meseta, se pensó situar el aeropuerto. Pero los fuertes vientos lo desaconsejaron. Al no disponer de otro terreno más o menos llano, los habitantes decidieron construirlo sobre el mar. El aeropuerto es la obra de mayor envergadura de la isla. Denominado Aeropuerto de Funchal, ha pasado de los 1800 metros iniciales a los actuales 2781 metros de longitud. De esta manera, el pasajero pierde parte de la emoción que conllevaba aterrizar en una pequeña pista sobre el mar y ha ganado en seguridad. La parte nueva de la pista es una obra imponente. Soportada por 180 pilares que constituyen un monumento de ingeniería. Cada uno tiene un diámetro de tres metros. Y la altura máxima es de 50 metros. Con un relieve sinuoso que obliga a crear superficie donde no la hay, la construcción de carreteras que permitan el transporte no ha sido fácil. Desde hace pocos años, para los que quieren conocer la isla, hay una moderna red de carreteras que ha horadado montañas. En apenas una hora, podemos recorrer la distancia entre Funchal y el lugar más alejado. Otro ejemplo de cómo los madeirenses se adaptan a su entorno, doman la naturaleza y la aprovechan en su favor es la creación de playas artificiales. Se han empezado a construir estructuras que retienen la apreciada arena dorada que muchos visitantes demandan. Caleta, antigua población pesquera, ya ha comenzado a ver los frutos de este esfuerzo que la cambiará para siempre. Si bien los paseos por la isla y el disfrute de su flora atraen a un gran número de turistas, las islas de Madeira ofrecen otras alternativas. Para quienes buscan sol y playa, Porto Santo, a dos horas en barco desde Funchal, es la solución. La pequeña isla, de 11 por 6 kilómetros, ofrece una playa virgen de nueve kilómetros preservada por dunas. Podemos disfrutar de un baño, dar un largo paseo por la playa. Después del chapuzón, podemos recorrer la capital, Vila Baleira, que con sus 5000 habitantes, es el núcleo más poblado y visitar la Casa de Cristóbal Colón, que se casó con la hija del gobernador antes de ir a Portugal y después, a España, donde su entrevista con la reina Isabel cambiaría el mundo. Atravesando la capital, llegamos a la costa norte. En contraposición con la arenosa costa sur, es una costa vertical. Restos de antiguas dunas fósiles se mezclan con restos volcánicos. El contraste entre ambos litorales se acentúa por la escasa distancia que los separa. El interior de Porto Santo es árido y sin apenas vegetación. Donde el viento sopla con más fuerza, se sitúan los característicos molinos, capaces de girar sobre sí mismos en busca del más intenso viento. Por su aspecto lunar o porque se tiene la sensación de estar navegando o porque vemos un horizonte de 360 grados, merece la pena llegar hasta aquí, pararse y esperar. La relación de los madeirenses con su entorno no siempre fue amable. La destrucción de los bosques se inició casi desde su descubrimiento. La necesidad de tener terrenos para cultivar acabó por diezmar los bosques. La primera actividad agrícola de relevancia fue el cultivo de la caña de azúcar, poco frecuente en Europa, y casi considerada como una especia. La producción atrajo a la isla a comerciantes judíos, genoveses y portugueses. El cultivo de la caña era el motor de la economía de la isla. La industria de la caña de azúcar se desarrolla hasta el siglo XVII, cuando se incentiva la producción desde Brasil, lo cual perjudicó a la economía de la isla. A partir del siglo XVII, el vino será el producto agrícola más importante. el vino será el producto agrícola más importante. Una de las consecuencias de la actividad comercial desde el siglo XVI hasta el XVIII es el intercambio de caña y vino por obras de arte. Especialmente, con los Países Bajos. Gracias a esta circunstancia, podemos ver una importante colección de pintura flamenca en el Museo Sacro de Funchal. También se exponen obras de temática religiosa de la época. Junto a estas pinturas, hay una colección de objetos que fueron de uso cotidiano por parte de acaudaladas familias y que hoy contemplamos como obras de arte. El vino de Madeira tiene su origen en los barcos que paraban aquí como lugar de aprovisionamiento en su viaje a América. A la vuelta, observaron que expuesto al calor y la humedad, había mejorado. Este vino fue del gusto de la colonia británica que comercializó y produjo. En el centro de Funchal, las bodegas Blandy's permiten hacer un recorrido por las fases de elaboración del vino. Al final de la visita, es difícil resistirse ante algunas de sus variedades. El vino de Madeira es un vino tonificado, vigoroso, con un contenido entre 16 y 22 grados de alcohol. Sus dos principales características son el envejecimiento con calor y la preoxidación del vino. Tenemos cuatro tipos de vino. Seixal, que es seco y acompaña a ensaladas y pescado. Tenemos el Bordanho, un vino más seco y se toma con patés y quesos. Tenemos Gual, que es más oloroso y acompaña a frutas tropicales o pudins. Y finalizamos con Malvasía, que es más dulce y acompaña muy bien al chocolate o al café. Hasta la llegada de los primeros visitantes, el peso de la actividad agrícola fue determinante en la formación de la sociedad local. La fabricación en mimbre, un recurso fácil de obtener y abundante en la isla, es un ejemplo de esta adaptación. En el interior, en Camacha, está el centro de producción de objetos de mimbre. Esta fibra vegetal, una vez recogida, es hervida, donde adquiere su característico color ámbar. Una vez secada, llega a las expertas manos de artesanos que crean utensilios para las labores del campo, menaje para las cocinas o un mueble doméstico. MUy cerca, en Santana, podemos ver la utilidad de un material que brinda la naturaleza. El mimbre es impermeable. Eso hizo que fuera utilizado como cubierta de las casas. El transporte de mercancías o personas siempre ha sido una dificultad a superar. Durante mucho tiempo, la fuerza animal o humana era la única forma de superar el sinuoso relieve de la isla. Para facilitar el transporte de grandes cargas, se utilizaba un carro que, en vez de ruedas, tenía patines. Estos trineos movidos por bueyes se desplazaban sobre caminos construidos con un material que abunda en la isla y al que se le saca buen partido: cantos rodados. Colocados de forma conveniente, facilitan el movimiento, delimitan áreas o, simplemente, decoran. Aunque solo haya quedado como diversión, todavía hoy en Funchal, podemos ver y disfrutar de esta forma peculiar de transporte al que pocos visitantes renuncian. El mercado de labradores, abierto todos los días en Funchal, congrega a locales y visitantes en torno a los productos de la tierra y del mar. Caminar entre los puestos de los labradores es percibir un ejemplo colorista de la llamada exuberancia del trópico. En una parte aireada, pero protegida del sol, verduras, frutas exóticas, flores traídas por los agricultores. En la otra, los frutos del mar. No podemos olvidar que Madeira es una isla y, junto a la actividad agrícola, la tradición pesquera está asentada. En el mercado, podemos comprar o simplemente curiosear. Atunes, cabrachos. Pero el que llama la atención es el espada preta, el pez más característico de las islas. Pescado a gran profundidad, el cambio de presión hace que adquiera ese aspecto flácido en la superficie. Eso y su imponente dentadura. Situado en la costa sur, muy cerca de Funchal, Câmara de Lobos es el principal puerto de Madeira. Se llama así porque antes de llegar los primeros pobladores era refugio habitual de focas y lobos marinos. Sus calles conservan la imagen de una típica población marinera. Poco parece haber cambiado el día a día de estos hombres que perseguían ballenas o el bacalao del banco de Terranova. Hoy son capitanes de tripulaciones de visitantes ansiosos por ver grandes cetáceos en los alrededores de la isla. Al este de la isla, en Caniçal, está el Museo de la ballena en un lugar que destacó por la caza de estos mamíferos. Aquí se homenajea a los hombres que lucharon contra estos animales. Este espacio recoge la memoria de lo que supuso para los isleños la pesca de la ballena. Y es un centro de conservación e investigación de ciencias del mar. Entre las prioridades del museo, está ejercer una labor educativa con las jóvenes generaciones. Como en otras actividades que los niños realizan por los espacios naturales de la isla, aquí se les enseña a disfrutar, respetar y conservar la naturaleza. El Museo de la ballena de Madeira trabaja de forma integrada en tres áreas principales: ciencia, museo y educación. Con la ciencia, investigamos y generamos conocimientos que ponemos a disposición con exposiciones y servicios educativos. Todo esto con el objetivo de acercar a las personas el mar y sensibilizar sobre la conservación de la naturaleza y sus recursos. De esta forma, podremos contribuir al desenvolvimiento sostenido de la isla y la calidad de vida que ambicionamos. El puerto de Funchal está en la ruta que realizan numerosos cruceros que se desplazan desde el Caribe hasta Europa. A los madeirenses les gusta decir que el turismo empezó aquí. Tan rotunda afirmación tiene que ser contrastada con la opinión de griegos, italianos e incluso egipcios. A principios del siglo XIX, atraídos por el clima bonancible, miembros de la aristocracia europea empezaron a visitar la isla en el llamado turismo de salud. Los lazos de amistad entre Inglaterra y Portugal hicieron que una importante colonia británica se estableciera aquí trayendo usos y costumbres de su tierra. La familia Blandys compró esta quinta de 1804 para convertirla en estancia de caza y veraneo que ha permutado en alojamientos. A su alrededor, se extiende el antiguo jardín, hoy llamado Jardín Palheiro. John Blandy, aficionado a la jardinería antes de llegar a la isla, se hizo traer especies vegetales de todo el mundo. Madeira conserva muchas de sus hermosas quintas, otrora residencias de príncipes y aristócratas, comerciantes, políticos o escritores. En la actualidad, su uso abarca variadas actividades. La palabra quinta se refiere a una propiedad con una extensión de terreno y con una casa de ciertas dimensiones rodeada de jardines y de árboles. Las quintas de Madeira son una opción de alojamiento ideal en un entorno natural, pero con todas las comodidades y servicios. Algunas quintas han tenido un uso diferente al destinado a cobijar a visitantes. En el Museo da Quinta das Cruces, antigua posesión de un comerciante, se encuentra el museo de artes decorativas. Podemos contemplar muebles hechos en la isla con las cajas que contenían mercancías traídas de Brasil y que pronto descubrieron los isleños que eran de maderas nobles, como la caoba, palo santo o ébano. Una colección de objetos de uso cotidiano, más que museo, con vocación enciclopédica. Aquí todo responde al buen gusto personal del coleccionista. Existen 16 quintas. Cada una, con sus características específicas. Aunque todas reúnen una historia, naturaleza y gastronomía formidables. Las hay más de diseño. Otras, urbanas. De campo o más tradicionales. Para todos los gustos. Esta forma de alojamiento es compatible con otras más convencionales, cubriendo todas las necesidades del visitante. En Madeira, convive lo antiguo y lo moderno. La Casa das Mudas, un antiguo colegio que acogió a personas con discapacidad auditiva, convive con un moderno centro de arte en el que se realizan exposiciones, además de divulgar la creación mediante talleres o conferencias. En este museo conservador del patrimonio artístico de la isla, destaca la exposición de Max Römer. Este pintor alemán se afincó en Madeira y dejó una imagen de la isla que superó fronteras, contribuyendo al reclamo exótico del territorio y sus habitantes. Los madeirenses no viven del pasado. Lo conservan, lo transforman y se lo muestran a los visitantes. La calle de Santa María, en el antiguo barrio de pescadores, es un ejemplo de lo que es Madeira. Hoy, las antiguas puertas de las casas han sido ilustradas con imágenes que atraen a los visitantes. Incluso podemos observar la transformación de casas en galerías de arte. Porque aquí, frente al derribo y la nueva construcción, han optado por no desaprovechar nada. Y mucho menos, la memoria. En 1865, Vicente Gómez Da Silva abrió un estudio en Funchal dedicado a una nueva técnica que empezaba a despuntar como herramienta para captar la realidad: la fotografía. Desde entonces, tres generaciones más de fotógrafos han retratado la vida de la isla. Hoy, convertido en museo, podemos visitar el antiguo taller y contemplar la espectacular colección de fotos con la historia de Madeira. Música En mayo, se celebra en Funchal el evento que resume la integración entre los madeirenses y la tierra que habitan: la fiesta de la flor. A la celebración acuden hombres y mujeres de toda la isla y numerosos extranjeros deseosos de disfrutar de los festejos embriagados de la belleza y hospitalidad que ofrece la perla del Atlántico. En la plaza del Municipio, se levanta el Muro de la Esperanza con las flores que traen los niños de la isla. Esta acción es más que un símbolo. Es un compromiso entre las futuras generaciones y la casa que los acoge. Más tarde, el festival de las flores se traslada a las calles de Funchal, que son invadidas por carros alegóricos de la nueva estación. Y exhiben especies florales que dejan en el aire delicados perfumes. A su alrededor, los isleños ejecutan coreografías que muestran la determinación de ir unidos en esa embarcación varada en medio del Atlántico llamada Madeira. Vivir en una isla marca el carácter de sus gentes. El aislamiento y la limitación de recursos son el origen de una adaptación al entorno como medio de garantizar la supervivencia de los pobladores. La fortaleza personal, el respeto al medio natural y la economía de recursos son características heredadas que se observan en la sociedad actual. A ello hay que unir que los madeirenses han sabido asimilar lo que viene de fuera con provecho. En muchos casos, adaptándolo a las peculiaridades de su isla. Junto a estos rasgos, está presente la hospitalidad hacia el visitante. Ese viajero que se toma la molestia de ir a su tierra y al que se le muestra con orgullo sus conquistas. Una amabilidad, en suma, que siempre está presente, discurriendo al ritmo amable propio de los países con climas bonancibles.

Paraísos cercanos - Madeira, la isla verde

50:17 17 jul 2015

El programa da a conocer la riqueza paisajística, cultural y gastronómica del archipiélago portugués de Madeira, situado entre la Península Ibérica y las Islas Canarias. Su variado entorno natural y diversidad climática, convierte a este archipiélago en un paraíso donde los turistas encuentran todo tipo de actividades. La isla principal, Madeira, tiene la peculiaridad de ser muy estrecha y poseer en el centro dos picos de más de 1800 metros, por lo que todo está en cuesta. Además, este muro de montañas aplaca los frentes atlánticos que descargan en sus cimas, disponiendo así de agua permanentemente. La variedad paisajística y climática hacen de la isla un lugar perfecto para los amantes de la naturaleza y excursionistas. Las fintas familiares de los terratenientes locales se han convertido hoy en hoteles de lujo que acogen a sus huéspedes en un ambiente familiar.

Histórico de emisiones:

04/07/2004

06/05/2009 

02/08/2011

12/07/2012

 

El programa da a conocer la riqueza paisajística, cultural y gastronómica del archipiélago portugués de Madeira, situado entre la Península Ibérica y las Islas Canarias. Su variado entorno natural y diversidad climática, convierte a este archipiélago en un paraíso donde los turistas encuentran todo tipo de actividades. La isla principal, Madeira, tiene la peculiaridad de ser muy estrecha y poseer en el centro dos picos de más de 1800 metros, por lo que todo está en cuesta. Además, este muro de montañas aplaca los frentes atlánticos que descargan en sus cimas, disponiendo así de agua permanentemente. La variedad paisajística y climática hacen de la isla un lugar perfecto para los amantes de la naturaleza y excursionistas. Las fintas familiares de los terratenientes locales se han convertido hoy en hoteles de lujo que acogen a sus huéspedes en un ambiente familiar.

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    49:20 21 jul 2015 Polonia: situada en la frontera entre oriente y occidente, la agitada historia de Polonia ha convertido al país en el seductor  crisol de antigüedad y modernidad, que hoy contemplamos. En este viaje hemos visitado las ciudades de Poznan (cuna de la nación polaca), Wroclaw, lugar de encuentro de religiones  y nacionalidades situado en el corazón de Europa, que en 2016 será capital cultural europea; Cracovia, llamada también el alma de Polonia pues es, sin duda el corazón religioso del país y donde se encuentran enterrados los mas grandes reyes, héroes y poetas de la nación, Torun, lugar de nacimiento del gran y científico Nicolás Copérnico, cuyo espíritu. Impregna, todavía hoy toda la ciudad y Varsovia, capital de Polonia, ciudad de contrastes y llena de energía, que nos da en buena medida el carácter de sus habitantes, siempre luchadores y siempre abiertos al futuro.Histórico de emisiones:27/12/2013

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    Croacia: Un mar de islas

    50:20 20 jul 2015

    50:20 20 jul 2015 A lo largo de seis mil kilómetros de costa se extienden más de mil islas croatas, de las que sólo unas cincuenta están habitadas.Bañadas por el mar Adriático, donde se funden las esencias de la civilización occidental - Grecia y Roma - aún resuenan ecos de mitos y leyendas: Como la de Ulises, retenido por el amor de  la ninfa Calipso  durante siete años en Ogigia, que tradiciones locales sitúan en la isla de Mljet, al sur de Dalmacia. Jason y el Vellocino de oro es otra leyenda que transcurre en parte aquí, en las islas de Kvarner, llamadas en otro tiempo Apsyrtides. Estas surgieron de los pedazos del cuerpo de Apsirto, lanzados al mar tras ser asesinado por  su hermana Medea al ayudar a Jasón en la lucha por el ansiado trofeo. Tierras que vieron nacer al fundador de la pequeña república de San Marino, un cantero de Rab.  Islas donde el espíritu del Renacimiento dio luz a creaciones y personajes singulares que, como Marco Polo, abrieron otros horizontes y otros destinos para el hombre de la nueva Europa. Maravillas que se encierran en unas Islas surgidas  - como su bella estatua griega  "Apoxyomenos" - de un mar limpio, tranquilo y transparente.. Croacia, con el Mar Adriático en el Oeste bañando sus costas, limita con algunos de los países que durante años formaron parte de la antigua Yugoslavia. Con Hungría, ligada a estas tierras durante el siglo XIX cuando Croacia estuvo bajo el poder del Imperio Austrohúngaro. Y con Italia y Venecia, que igualmente ejercieron su dominio en estos lugares...Histórico de emisiones:20/12/2013 

  • Madeira, la isla verde

    Madeira, la isla verde

    50:17 17 jul 2015

    50:17 17 jul 2015 El programa da a conocer la riqueza paisajística, cultural y gastronómica del archipiélago portugués de Madeira, situado entre la Península Ibérica y las Islas Canarias. Su variado entorno natural y diversidad climática, convierte a este archipiélago en un paraíso donde los turistas encuentran todo tipo de actividades. La isla principal, Madeira, tiene la peculiaridad de ser muy estrecha y poseer en el centro dos picos de más de 1800 metros, por lo que todo está en cuesta. Además, este muro de montañas aplaca los frentes atlánticos que descargan en sus cimas, disponiendo así de agua permanentemente. La variedad paisajística y climática hacen de la isla un lugar perfecto para los amantes de la naturaleza y excursionistas. Las fintas familiares de los terratenientes locales se han convertido hoy en hoteles de lujo que acogen a sus huéspedes en un ambiente familiar.Histórico de emisiones:04/07/200406/05/2009 02/08/201112/07/2012 

  • 58:51 28 ago 2014 Essauira, Fez, Marrakech y las tierras de las Casbahs nos adentran en un país cercano geográficamente pero sorprendente para la mirada del viajero occidental. 

  • Costa Rica, fuego fértil

    Costa Rica, fuego fértil

    55:01 27 ago 2014

    55:01 27 ago 2014 Costa Rica es un país aprisionado entre dos mares, el Pacífico y el Caribe. La costa del Pacífico cuenta con una gran estructura turística y, al tiempo, permite conocer playas como la de Cocalito, que no tiene acceso por tierra y donde vive un solo habitante.Histórico de emisiones:17/07/199827/12/200919/07/2012 

  • Bali, la sonrisa de Asia

    Bali, la sonrisa de Asia

    55:34 11 ago 2014

    55:34 11 ago 2014 Bali, es una de las islas más singulares de Indonesia. Es un reducto espiritual del hinduismo donde todavía se conserva un modo de vida tradicional basado en antiguos ritos y en la búsqueda sistemática de la armonía y la belleza.                                                                                                               Histórico de emisiones:02/10/2013  

  • 54:17 05 ago 2014 Washington, la capital de Estados Unidos pese a ofrecer un de las imágenes más conocidas del mundo, la del Capitolio, sin embargo es una gran desconocida. 

  • Malta, entre dos aguas

    Malta, entre dos aguas

    55:53 04 ago 2014

    55:53 04 ago 2014 En el centro, justo donde se encuentran las aguas del Mediterráneo Occidental con las del Oriental, se alza el archipiélago maltés, que ha trazado su vida y su historia al hilo de esta posición fronteriza. 

  • 57:01 31 jul 2014 Las Montañas Rocosas guardan el alma del indio. Sus glaciares, picos, lagos y ríos perpetúan la memoria de una civilización que convivía armónicamente con la naturaleza. 

  • 52:37 30 dic 2013 Puglia es una de las regiones más desconocidas de Italia. Se trata de una península (lo que se ha venido llamando el tacón de la bota) bañada por dos mares, el mar Jónico y el Adriático, una región que se divide en 6 provincias: Foggia, Barletta-Andria-Trani, Brindisi, Lecce (y el Salento), Taranto y Bari, su capital.La Puglia , posee un riqueza y diversidad que nos lleva por un viaje a través del tiempo, desde los megalitos y menhires prehistóricos, hasta las imponentes fortalezas de Otranto o Gallipoli, pasando por las inmensas iglesias barrocas como la Basílica de la Santa Croce en Lecce, sin olvidarnos de los Trulli de Alberobello, en el Valle de Itria, patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Los castillos medievales son otro de los tesoros de la región. Los podemos encontrar en muchas ciudades debido a la dominación de Federico II, llamado ¿stupor mundi¿, por su poderosa y fascinante personalidad durante el siglo XIII. El más famoso es Castel del Monte, que se mantiene en lo alto de una colina como símbolo de su poder en la Edad Media.En él se rodó la película ¿El hombre de la rosa¿La región del Gárgano, zona montañosa con un importante Parque Natural, nos permite acercarnos a Monte Sant Angelo, lugar de peregrinación obligado para los cruzados que volvían con vida después de pelear contra los infieles. A lo largo de la costa podemos ver grandes acantilados y pequeños pueblos pesqueros bañados por el mar Adriático. Al sur del Sur, El Salento, y en el Salento, la tarantela, baile de origen ancestral donde lo religioso y lo profano se mezclan en una sola expresión. Su origen parece ser está en las picaduras de arañas que sufrían las mujeres que trabajaban en el campo. La idea de que sólo sudando podían echar fuera el veneno hacía que bailasen y girasen  al ritmo de una música machacona y obsesiva hasta caer extenuadas. Hoy, se celebra un Festival Internacional de la Taranta, que cada vez es más conocido en todo el mundo.

  • 50:22 20 dic 2013 En medio de un anfiteatro natural se asienta la capital de Madeira: Funchal.  Cinco siglos atrás, colonos portugueses llegaron a este mismo lugar, a esta misma bahía soleada y brillante. Aquí crecía con abundancia el hinojo, ¿funcho¿ en portugués, por lo que se le dio ese nombre a la nueva ciudad. Funchal. Con los años, fue creciendo la población gracias a la situación estratégica de la isla.La isla de Madeira, a 900 kilómetros de Lisboa, estaba en ruta hacia las colonias portuguesas de África, Oriente y América. Posteriormente, fue el comercio internacional de productos tropicales cultivados en la isla lo que atrajo la atención de toda Europa sobre Madeira. Un fenómeno más moderno, el turismo, es lo que ha terminado de conformar la isla. Todos estos cambios no han conseguido cambiar el alma de su capital. Funchal se conserva como en siglos pasados, cuando la aristocracia europea la visitaba para experimentar la lujuria del trópico, el paraíso en la tierra. 

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